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¿Hemos arado en el mar? – Por Jorge Giles

Jorge Giles sostiene que en el voto contra Venezuela se cometieron tres errores estratégicos: se aceptó dócilmente el argumento de que allí se debatió y votó sobre los derechos humanos ; se dejaron de lado las banderas de nuestra política exterior, como la no injerencia en los asuntos internos de las naciones, y  se desperdició una oportunidad inmejorable para actuar junto  con México y otros países no alineados con los EE.UU a fin de transformar la actual correlación de fuerzas a nivel global.

Por Jorge Giles*

(para La Tecl@ Eñe)

 

La pandemia sigue enfermando y matando. La derecha en el mundo, también. El fuego intencional incendia todo el continente. El cambio climático ya es irreversible. El planeta resiste en terapia intensiva. El FMI exige el pago de la deuda externa; con recetas variadas, pero exige. Los más ricos se resisten a poner una moneda en solidaridad con sus pueblos. La lista de pálidas, continúa.

¿De dónde tomarse, entonces, para seguir teniendo esperanzas en un país y un mundo mejor?

Arriesgamos una respuesta aprendida en los calabozos: de nuestras convicciones.

Pues bien, si esto fuera así, lamentamos decir que una parte sustancial de esas convicciones fueron dejadas en la puerta de nuestra política exterior.

Perdón Néstor Kirchner. Perdón Comandante Chávez.

La libre autodeterminación de los pueblos y el sueño eterno de la Patria Grande son, según sabemos todos y todas, pilares centrales de nuestras convicciones políticas. Votar la resolución presentada por el Grupo Lima, lo peor del barrio, y separarnos del digno voto de México, conforma una elección sobre el lugar que queremos ocupar, como país, en el tablero geopolítico regional y mundial. Y esa elección tira por tierra aquel primer principio enunciado. Y aquí no importan los aderezos y decoraciones discursivas con que se justifica el voto, sino el voto en sí.

Los pocos referentes, poquísimos, que ensayaron una justificación pública del voto, expusieron un pragmatismo posibilista que no se veía desde los años 90, en pleno menemismo.

No se está discutiendo la situación de los Derechos Humanos en Venezuela. Primera falacia a desentrañar en cualquier análisis que se precie de ser honesto intelectualmente, se ubique uno donde más lo desee. Se está discutiendo poder y en ese sentido, los Estados Unidos dictan cátedra al respecto desde hace muchos años.

El Grupo Lima se creó con los gobiernos de la derecha regional para enfrentar y poner fin al proyecto de la UNASUR, de la mano del imperio del norte. De allí salió esta resolución que la Argentina votó. Esa derecha sabe mejor que nadie que golpear, morder y rasgar la piel del hermano pueblo de Venezuela, es la antesala del golpe final contra el Chavismo todo, no sólo contra el gobierno de Maduro. Y si cae Venezuela, como antes hicieron caer a la Bolivia de Evo, al Ecuador liderado por Correa, a la Honduras de Zelaya y al Brasil de Dilma y Lula, entonces, más temprano que tarde, harán hocicar al gobierno de Argentina. Estamos rodeados, es cierto. Y por eso mismo hay que romper ese cerco de la derecha con creatividad y arrojo. Ningún gobierno popular en América Latina se salvó jamás retrocediendo y abandonando sus políticas sustanciales.

En la debilidad siempre es conveniente actuar con fortaleza y convicción. Es el mejor legado de Néstor Kirchner. La tradición diplomática argentina, en tanto, reserva entre sus mejores logros la neutralidad activa ante conflictos mayores. En este cambio de época, es conveniente hacer memoria. Y agarrar los libros, que no muerden.

 

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Pero además ¿acaso esta compleja situación implica que los pueblos de la América Latina renunciaron a sus intereses históricos de construir el sueño bolivariano y sanmartiniano de la Patria Grande? Claramente, no.

En el voto contra Venezuela se cometieron tres errores estratégicos: a) se aceptó dócilmente el argumento de que allí se debatió y votó sobre los derechos humanos ; b) se tiraron por la borda las mejores banderas de nuestra política exterior, como la no injerencia en los asuntos internos de las naciones y c) desperdiciamos una oportunidad inmejorable para acumular fuerzas con México y otros países no alineados con los EE.UU. a fin de transformar, precisamente, la actual correlación de fuerzas a nivel global.

Pero no es nuestro propósito detenernos a considerar exclusivamente una cuestión de principios; dejando en claro, que los militantes populares se nutren existencialmente de esos principios para hacer política o, caso contrario, se transforman en meros operadores de la vieja política. Ya en los noventa nos decían que el mundo cambió y era mejor adaptarse antes que sean “otros” los que ocupen esos espacios de poder. Y fue así que muchos se convirtieron lisa y llanamente, en esos “otros”. Se trata en cambio de reafirmar, apasionada y racionalmente, como lo hicimos siempre, de que ningún proyecto que se precie de nacional, popular y democrático, puede crecer en el seno del pueblo (perdón por la licencia setentista) abandonando sus banderas, o lo que es peor, intentando explicar lo inexplicable.

¿No es mejor reservarse y preservar una cuota de estas convicciones para desarrollarlas cuando haya otras condiciones internas y externas?

¿No es mejor decir que no se comparte lo votado en la ONU, porque más que nunca somos hermanos con el pueblo venezolano y porque les estaremos agradecidos de por vida por la solidaridad en la Causa Malvinas y la ayuda económica cuando el gobierno de Néstor Kirchner navegaba entre los escombros que le dejó el neoliberalismo?

¿No es mejor decir que pese a esta crisis provocada por la posición oficial seguiremos apoyando y defendiendo al gobierno nacional ante los ataques furiosos de una oposición de ultra derecha que lo hostiga en clave destituyente?

¿No es mejor decir que somos una coalición de gobierno y que por lo tanto las contradicciones internas las resolveremos democráticamente en el momento que las circunstancias lo ameriten?

Las preguntas vienen al caso porque muchos tememos que la frustración, la desconfianza, el desánimo, arrastre a muchos espacios populares por igual, en el caso que esos espacios se atrincheren en la defensa acrítica del error estratégico cometido. Dependerá de cómo se procese esta instancia crucial para saber qué responder al interrogante que plantea el título de nuestra nota. Nos gustaría responder que no hemos arado en el mar, como se lamentó el Libertador Simón Bolívar, allá lejos y hace tiempo.

Y así será si no nos ganan el fundamentalismo de las patrullas perdidas ni el pragmatismo posibilista que lo explica todo. Ojalá el gobierno enmiende su error y abone el sueño inconcluso de la Patria Grande. Ojalá.

 

Buenos Aires, 8 de octubre de 2020.

*Periodista y escritor. Su último libro publicado es «Mocasines, una memoria peronista», editado por la cooperativa Grupo Editorial del Sur (GES)

4 Comments

  1. Ungue dice:

    De acuerdo querido cumpa Jorge debemos criticar a fondo sin abandonar el barco en manos de la derecha y el imperialismo que estan preparando a toda prisa el golpe blando o duro

  2. Nery Rapoport dice:

    Impecable como siempre querido compañero Jorge Giles!!!Maestro de militantes!!!Cuanto aporte siempre a la formacion politica!!!Cuanta falta nos hace a la militancia tu aporte!!!

  3. Chiche dice:

    Segui escribiendo Jorge, que nos alienta a seguir resistiendo todas las maniobras para vaciar de contenido al Proyecto Nacional y Popular.

  4. […] IntroducciónJorge Giles sostiene que en el voto contra Venezuela se cometieron tres errores estratégicos: se aceptó dócilmente el argumento de que allí se debatió y votó sobre los derechos humanos ; se dejaron de lado las banderas de nuestra política exterior, como la no injerencia en los asuntos internos de las naciones, y  se desperdició una oportunidad inmejorable para actuar junto  con México y otros países no alineados con los EE.UU a fin de transformar la actual correlación de fuerzas a nivel global.Por Jorge Giles* (para La Tecl@ Eñe)La pandemia sigue enfermando y matando. La derecha en el mundo, también. El fuego intencional incendia todo el continente. El cambio climático ya es irreversible. El planeta resiste en terapia intensiva. El FMI exige el pago de la deuda externa; con recetas variadas, pero exige. Los más ricos se resisten a poner una moneda en solidaridad con sus pueblos. La lista de pálidas, continúa.¿De dónde tomarse, entonces, para seguir teniendo esperanzas en un país y un mundo mejor?Arriesgamos una respuesta aprendida en los calabozos: de nuestras convicciones.Pues bien, si esto fuera así, lamentamos decir que una parte sustancial de esas convicciones fueron dejadas en la puerta de nuestra política exterior.Perdón Néstor Kirchner. Perdón Comandante Chávez.>Fuente: La Tecla Eñehttps://lateclaenerevista.com/hemos-arado-en-el-mar-por-jorge-giles/ […]

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