Entrevista a Víctor Hugo Morales: «A Cristina le diría, sólo me queda usted» – Por José Luis Lanao

Foto: Henri Cartier-Bresson
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Entrevista a Víctor Hugo Morales: «A Cristina le diría, sólo me queda usted» – Por José Luis Lanao

El periodista José Luis Lanao entrevistó para La [email protected] Eñe a Víctor Hugo Morales. En esta primera entrega de una extensa conversación, Víctor Hugo manifiesta el cansancio que le produce la pelea diaria contra el poder económico, y la mentira que domina la escena del periodismo hegemónico, y afirma que detrás del lenguaje también hay una disputa.

El proceso de transformación cultural y social que encarna el feminismo, es otro de los temas al cual Víctor Hugo se abre como instancia de cambio y aprendizaje personal.

La vicepresidenta Cristina Fernández y el presidente Alberto Fernández están presentes en la conversación: En Cristina, halla un refugio esperanzador; hacia el presidente, el pedido, o deseo, que dé una pelea grande, que es lo que el país necesita.

Por José Luis Lanao*

(para La [email protected] Eñe)

                                       “recorro tus muslos

                                               que nunca envejecen

                                                            con mi amor

                                                                    ese milagro

                                   Te tomo por detrás y te beso

                                                       mientras sueño

                                                                 que me estás soñando”

                                                       (de su libro, “La herida azul”)

Qué lejos quedan aquellos olores de la infancia. Aquella siesta con sonido de chicharras, con penumbra de maderas entornadas, con la brisa inflando los visillos y el olor del membrillo posándose calmo sobre los pliegues de lino, mientras las horas seguían su camino para merecer el sol fundiéndose en el horizonte. Dejar que la vida te abandone dulcemente, y que un dios pagano te conceda la gracia de un placer secreto. Qué más da que te prometan la inmortalidad en el paraíso si basta que una uva moscatel te estalle en los labios para sentirte inmortal aquí en la tierra.

Víctor Hugo lleva marcado en el rostro ese sol de su infancia. Esa espiritualidad de nuez moscada que hace brotar lilas de la tierra muerta. Fluye, cala, se filtra. Te exorciza el alma gota a gota, con sus sueños, con sus venas, con sus quimeras. Esa hondura humana moldeada por el tiempo que libera la profunda poesía que lo habita. Esa exploración libérrima de la condición humana de la que emana una grandeza eterna, donde sus convicciones sangran, se conmueven, palpitan. Fosiliza los tiempos, sacude los eclipses de utopías, y rumia por el desguace del lenguaje y las palabras: las inventa, las repara, las cobija. Su viento desatado, de espacios infinitos, afila las conciencias cartografiando nuestro espacio y nuestro tiempo, persuadiendo que tal vez tengamos que pensar los destinos humanos como restos de un naufragio. Su yo es su yo, solo, porque hay un otro. Hubo un tiempo en que no tuvo ganas de ponerse los ojos, y el mundo se quedó ciego, vacío, en un silencio que lo volvió desolado. En este aquí y ahora, que fluye caudaloso, le estremece la sensación de mirar de cerca un paisaje en el que se disuelven las formas, y no se distingue lo cierto de lo engañoso. Una verdad íntima que brota como la genciana entre las piedras áridas

-José Luis Lanao: Baudelaire reclamaba como un derecho humano el “irse” de lo cotidiano. Esa huida interior que horada el espacio con su capacidad de símbolo, el mito que todos llevamos dentro y que nos hace ilusionar con la idea de cambiar y dejarlo todo atrás, de desaparecer tal como somos y reaparecer siendo otros para otros y en otros lugares del tiempo y del espacio. Irse para pensarse, para entenderse.  

-Víctor Hugo Morales: El impulso de huida es una de las pulsiones más profundas del ser humano. Esa necesidad de escapar es inherente al hombre y a la mujer. Tiene connotaciones filosóficas, metafísicas, aferrada al concepto que recomendaban los clásicos, de sabiduría, de huida necesaria hacia un espacio calmo, por una realidad asfixiante. Es un deseo legítimo. Existe en mí ese deseo. Lo tengo presente. El beneficio del olvido, que es una manera maravillosa de escapar, lo estoy esperando, bien, manso, sin prisas.

-JLL: Existe otro tipo de huida individual que trasciende lo moral, que dice mucho sobre la naturaleza de la sociedad en que vivimos. Esa huida hacia dentro para escapar del otro. Esa tendencia a medirlo todo a partir de la discreción individual, alejado de todo compromiso colectivo. Cuando la “libertad” del sujeto, a falta de otro argumento que contenga un mínimo de racionalidad, se pone por delante de los requerimientos de la solidaridad.

-VHM: Me pregunto si podremos conseguir educar nuestra capacidad para empatizar con el otro, con los demás. Con quienes nos sentimos lejanos. Ampliar nuestro horizonte ético, propugnar la acogida como pensamiento universal. Pensar de manera crítica esas nuevas formas de lo visible del universo individual enfrentado a lo colectivo. Mantener la conciencia que lo humano es contingente y que la solidaridad es un compromiso.

Foto: Carlos Brigo

-JLL: ¿El deseo de huida parte de la decepción?

-VHM: Y de la mentira. Lo que cotiza es la mentira. Yo vengo de un tiempo profesional donde la mentira no era cómoda, te llevaba al desprestigio, al destierro profesional. Se han sobrepasado todos los límites. Las palabras han perdido su rango de credibilidad, de pureza, de belleza. La grosería, la obscenidad, la vulgarización del lenguaje es algo tan normalizado que te sorprende. Vengo de una generación que decir “puta” en la radio era casi un escándalo, un sacrilegio. Detrás del lenguaje también hay una disputa. Estas ganas de desaparecer, que no será hoy ni mañana, pero será, es consecuencia del desánimo, del desasosiego, del cansancio. Uno se cansa de esta pelea constante, tan desigual, tan desproporcionada con el poder económico y mediático, tan mezquino, tan perverso, tan empecinado en su enriquecimiento personal. Tan de espaldas al país, a las necesidades de la gente. Vivimos en la sociedad del cansancio. 

-JLL: Existe un intrigante aforismo de Kafka que habla del punto de no retorno, un punto desde donde ya no es posible el regreso. “A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que el ser humano debe alcanzar, el punto de no retorno”, expresó. ¿Lo acompaña la idea?

-VHM: Conozco la idea. Estoy en ese punto. Ya no tengo punto de retorno en casi nada. Ya está. He llegado hasta aquí, y si hay una huida solo será hacia adelante. Este es un deseo interiorizado y no hay vuelta atrás. Lo necesito. Llegar a interiorizar esto ha sido muy importante y muy bueno para mí.

-JLL: ¿El aforismo de Kafka es exportable a las transformaciones sociales? Cuando el individuo se encuentra inmerso en un proceso colectivo de punto de no retorno, ¿es cuándo aparecen los cambios transformadores?

-VHM: No. No lo creo. Las transformaciones sociales nacen de los liderazgos. Como masa nos desdibujamos. Ese punto de no retorno puede acompañar, pero sin liderazgo se desvanece. La historia ha demostrado que son los individuos con liderazgo los que han realizado las grandes transformaciones sociales.

-JLL: ¿Cómo se lleva con Dios?

-VHM: Mi dios es Jesucristo. Mi construcción espiritual se reduce a lo siguiente: Jesús existió, fue un personaje muy fuerte, y construyó algo a su alrededor que mejoró la existencia del hombre y de la mujer. Todo lo demás forma parte del ritual. Rezo todas las noches de mi vida, y rezo por convicción, pero la puesta en escena del catolicismo me cuesta, racionalmente me cuesta.

-JLL: ¿Las religiones han sido el resultado de habernos hechos demasiadas preguntas?

-VHM: Puede ser, pero sólo hasta que llegó Jesús. De hecho, generó un sinfín de preguntas sin respuestas que se sumaron a las que ya existentes. El tema es más complejo de lo que parece. Mi compromiso con la religión se reduce, única y exclusivamente, a mi relación con Jesús. Jesús fue el “big bang” de un Dios positivo.

-JLL: En el siglo XVII Spinoza ya hablaba de un Dios “positivo”, más próximo a la naturaleza humana. Su idea de que “cuerpo y alma” eran un mismo ente, consagró a un Dios más terrenal, más cercano. Su Dios “le decía”: deja de tenerme miedo, deja de pedirme perdón, no te puedo decir si hay otra vida, vive como si no la hubiera. ¿La ha vivido así?

-VHM: Desde siempre la filosofía se presentó como una confrontación legítima a la religiosidad. Es una rivalidad antigua, que en ocasiones, encuentra puntos de encuentro. La búsqueda de la verdad a través de la sabiduría, en un mundo tan condicionado por la espiritualidad, responde a una necesidad legítima del ser humano. La rigidez dogmática de aquella época consiguió un efecto de búsqueda ilustrada sobre la religiosidad. En el plano personal puedo decir que la vida me ha regalado más de lo que he merecido. La he vivido con intensidad, con plenitud, sin temores. He sido excesivamente afortunado. Tengo una familia maravillosa que me acompaña en todo momento, y la fortuna también me ha acompañado en mí profesión. No es falsa modestia. Si me dieran a elegir, la volvería a repetir.

-JLL: Durante siglos hemos dominado la mente, el útero y el sexo de la mujer. ¿No deberíamos pedir perdón?

-VHM: Es una ironía difícil de instrumentalizar, pero que evidencia una historia de opresión muy desajustada con lo humano. Fue muy doloroso para ellas, y muy cómodo para nosotros. Hubo márgenes de libertad que nos censuramos y en el arrastre las llevamos a ellas. Sin duda, habría que pedir perdón. Una manera de hacerlo es acompañando este proceso liberalizador. Me interesa el feminismo como herramienta de transformación, no sólo de la mujer sino también del hombre. El hombre también ha padecido y sufrido con el machismo, aunque no haya sido consciente de ello.

– JLL: ¿Existe este acompañamiento o es más teórico que real? 

-VHM: Existe. La mujer desea que el hombre la acompañe, pero si no hay respuesta, caminará sola. Ya está caminando. A veces sola, a veces acompañada. Al final venció el derecho a decir no, algo tan sencillo como eso.

-JLL: Algunas mujeres reivindican que el verdadero punto “G” está en el oído. Que los hombres debemos escuchar más y mejor.

-VHM: (Ríe) Se están haciendo escuchar, lo que no sé si se están haciendo entender. Soy muy de impronta feminista, pero en ocasiones el mensaje se desdibuja. Hay que ser muy contundente en la solidez argumental, para evitar esa toxicidad que lo permea todo. La evolución es lenta, pero el cambio cultural es profundo. Es la revolución más importante de la historia en lo cultural. 

Foto: Archico de AM750.

-JLL: ¿Qué le diría a Cristina Fernández?

-VHM: A Cristina le diría: sólo me queda usted.

-JLL: ¿Y al presidente Alberto Fernández?

-VHM: Que se de el gusto de una gran pelea. De una pelea grande, que es lo que este país necesita. De romper lazos con la pertenencia. Pasar de teatros donde te miman a espacios donde te miran mal. Hay determinadas miradas, que si vienen desenfocadas, al final te fortalecen. La valentía más grande es romper con las pertenencias. Alberto, en la construcción de su vida política, alternó con toda la gente que ahora tendría que pelearse. Esa es la pelea grande de la que hablo. Que se sacuda esa pertenencia, la buena onda de tendedor de puentes, de constructor de relaciones, de valedor de una cierta confianza. No digo que no sea necesaria determinada cercanía, pero en mi opinión, este es el momento de  enfrentarse. El momento de que te miren mal. De una pelea grande. Sabemos que está en la línea, que está en el plano ideológico. Eso no se discute. Pero lo difícil es romper con la pertenencia. Lo más difícil que hay es abrir un diario y que no te importe lo que dice. Lo más difícil que hay es ser Cristina. Yo creo que un día Alberto se va a levantar, y mientras se ata los zapatos va a decir: salgamos a que nos miren mal.  

-JLL: ¿Con la deuda estamos de rodillas y no lo sabemos?

-VHM: Tal vez debamos definir el grado de inclinación del reclinatorio. Hay que recordar que el Fondo le hizo imponer retenciones al gobierno de Macri. Ya sabemos al poder que nos enfrentamos. Podríamos estar en otro escenario, con una reforma laboral y una reforma previsional ya hecha, y no ha ocurrido.

JLL: ¿Que no hayamos llegado a estos niveles de presión del Fondo, es producto de un cambio estructural de pensamiento del organismo, asociado a una culpa reconocida por el endeudamiento, o es parte de la firmeza del gobierno en las negociaciones?

-VHM: Desde los dos lados se ha abonado el camino. No se quieren hacer daño. Hay que esperar. Vamos a ver dentro de unos meses. Tenemos dos casos testigo a futuro para saber cuánto manda el Fondo. Uno es la movilidad jubilatoria, que en julio se tendrá que resolver, y el otro es el salario. Si el salario no mejora, la reforma laboral está hecha. Las herramientas del apriete las siguen teniendo ellos. El acuerdo fue una imposición del Fondo, con una contrapartida exigida por el Gobierno de suavizar las exigencias. Como diciendo, déjame hacer, que no te vas a quedar sin cobrar.

-JLL: En ocasiones, la ciudadanía cae en la simpleza de pensar que el FMI es tan solo un prestamista de última instancia, y no un ente ideológico disciplinario en la reparación económica de los países deudores. El Fondo estaba muy debilitado hace unos años. Hoy, parece que no tanto.   

-VHM: Ese es el gran reproche. El Gobierno debió salir desde el primer día a “patearse” los foros internacionales y exponer con detalles -con puntos y comas- el salvaje endeudamiento producido por el organismo con el gobierno anterior. Fue un crimen a pleno día, y le han hecho creer al mundo que sólo nos dieron una bofetada. Se dejó pasar el tiempo, y al final los hombres de negro volvieron sobre sus pasos como si aquí no hubiera pasado nada. Este es el gran reproche que le hago al gobierno de Alberto.      

Del hecho de que todo sea irrepetible nace la belleza de estar vivo. Somos lo que hemos querido recordar. Víctor Hugo muta y permanece. El mar lanza los dados en cada oleaje calmo de su vida pequeña, la de sus rasgos cotidianos, poéticos, mundanos, concebidos como una utopía del espíritu, como una teoría del afecto, del cobijo, del significado de los cuerpos, de las políticas de la noche, de las aristas de la historia y del peso de la identidad. A nuestro lado pasan muchas almas, pero muy pocas logran despertarnos. Como esta voz combativa, que recoge en su seno de brazos de azaleas, a todos los perdedores de todas las batallas. Un instrumento de diálogo, de consenso, de memoria y de mañana. Solo el arte ha dado sentido a la caótica aventura de la vida y cuando esta se extinga, más allá de la crueldad humana, el sueño de la belleza aún seguirá siendo el único motivo para sentirse orgulloso de haber pasado por este mundo escuchando a Víctor Hugo. 

Buenos Aires, 13 de junio de 2022.

*Periodista. Colabora en Página 12, Revista Haroldo y El Litoral de Santa Fe. Ex periodista de “El Correo”, Grupo Vocento y Cadena Cope en España. Jugador de Vélez Sarfield, clubes de España, y Campeón Mundial Juvenil Tokio 1979.

4 Comments

  1. Editjo dice:

    Impresionante nota. Belleza de texto. Es una nota para conservar.
    Muchas gracias José Luis y Victor Hugo

  2. Excelente nota de J l Lanao a un hombre con mayuscula , creo que VHM no se da cuenta la impronta que deja su labor diaria. Es un maestro irrepetible, un señor periodista. GRACIAS TECLA Ñ.

  3. Rosa Rieznik dice:

    Belleza y profundidad en las respuestas de VHM, excelentes y sutiles las preguntas, citas y señalamientos de JLL. Coincido con Editjo, es una nota para conservar