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Deconstruir la libertad republicana como desafío en medio de la pandemia – Por Angelina Uzín Olleros

Hay una paralelismo, en medio de la actual pandemia del covid-19, entre los grupos anti cuarentena en Argentina y los anti mascarilla en Estados Unidos, ambos oponen libertades individuales afirmando que todos tienen derecho a quedarse o no en sus casas, a usar o no barbijos. Esta actitud anti es ante todo anti política, anti democrática, porque impone una voluntad individual por sobre lo social, y porque la supuesta libertad de decidir no cuidarse es en definitiva la libertad de contagiarse y contagiar a los demás.

Por Angelina Uzín Olleros*

(para La Tecl@ Eñe)

 

El 9 de julio de 2020 se conmemoró el día de la Independencia en Argentina; luego de varias intervenciones en los medios, logró instalarse la lucha mediática entre libertad política y libertad económica, desde la falsa antinomia salud-economía; su corolario fue el banderazo convocado a través de las redes. Una familia de términos se entrelaza en consignas vacías, en un ausente debate de ideas, palabras como independencia, autonomía, libertad de expresión, autodeterminación, sumadas a república, democracia, institucionalidad hasta el remate que más le gusta a un sector de la oposición al actual gobierno sobre la independencia de poderes.

En la teoría política moderna, el concepto de libertad puede entenderse con relación a los impedimentos externos que puedan ejercerse sobre ella y la posibilidad de autodeterminación, ser libre puede significar que no somos impedidos de realizar una acción o, por otra parte, que no debemos obedecer normas que contradigan nuestra moral. En la teoría liberal clásica ser libre significaba gozar de una esfera de acción que no es controlada por los órganos del estado; otro significado es el que emplea la teoría democrática, para la cual ser libre es poder darse leyes a sí mismo. Según Bobbio llamamos liberal a quien persigue el fin de ensanchar cada vez más la esfera de las acciones no impedidas, mientras que llamamos demócrata al que tiende a aumentar el número de acciones reguladas mediante procesos de autolegislación. En consecuencia, el estado liberal es aquél en el que el poder público sufre un mínimo de restricciones  y el estado democrático es aquel en el que más numerosos son los órganos de autogobierno.

En el sentido liberal el acento está puesto en el espacio no regulado por normas imperativas; mientras que en el sentido democrático, en lo que se refiere a las normas, el énfasis está puesto en la posibilidad de autonomía en la creación de las mismas. Podemos identificar, siguiendo el análisis de Bobbio, ambas tradiciones en el tratamiento del concepto de libertad, expresadas por Montesquieu: la libertad es el derecho de hacer todo lo que las leyes permiten, y  por Rousseau: la libertad es la obediencia a la ley que uno se ha prescrito.

Recordemos que en la respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración?, Kant planteaba el concepto de libertad en términos de autonomía siendo el alcance de la misma más bien social, no individual. Para decirlo en términos más cotidianos: ¿Tenemos derecho a impedir a las futuras generaciones el uso público de la razón? ¿Podemos imponer leyes que perjudiquen el porvenir de nuestro pueblo? En los límites autoimpuestos por un sujeto social, la libertad de expresión, de prensa, el uso público y privado de la razón, garantiza a la actual generación y a las venideras, que nadie pueda ejercer el poder de manera autoritaria o tiránica sobre nuestros derechos, en este caso el derecho a la protesta o el derecho a fijar nuestra posición sobre un tema determinado o temas en plural.

La libertad es una propiedad del acto volitivo consistente en encauzar la conducta de manera independiente de los motivos que la provocan; así definida, la libertad es un concepto negativo, porque se niega a aceptar ciertos motivos. Pero hay un concepto positivo de la libertad: la voluntad que dice sí a la ley moral, a la autonomía y al querer autónomo; en consecuencia, la libertad, su uso, no puede ser inmoral, ni puede ir contra la voluntad colectiva porque precisamente el sujeto se sostiene en esa red de relaciones que lo constituye y lo determina.

Aquí nace una contradicción que ha sido debatida durante al menos dos siglos: libertad o determinación; porque continúa el problema de los límites en la esfera de nuestras acciones. Es interesante la propuesta que realiza Castoriadis sobre el problema, es imposible para el ser humano la libertad absoluta, la ausencia de condicionamientos, no se trata para él de alcanzar un estado de libertad libre de condicionamientos, valga esta redundancia, la libertad se encuentra en la posibilidad de crear nuevas formas de determinación que sean preferibles a las existentes. Somos libres en esa medida, por eso la libertad está enlazada a la creación; en nuestro continente Simón Rodríguez lo decía en otros términos: o inventamos o erramos.

Crear e inventar son en esta dirección las condiciones de la libertad que contradicen a la definición liberal por excelencia que sostiene que mi libertad termina cuando comienza la libertad de otro, son libertades individuales que se enfrentan, dicha caracterización del ser libre olvida la categoría de poder, ya que no todos tenemos el poder de contrarrestar las supuestas arbitrariedades de otras libertades más poderosas que la nuestra.

 

Twitter se convirtió en la peor herramienta de la política ...

 

Para algunos protagonistas de la escena política en nuestro país la única libertad real es la del mercado, dado que es el individuo quien lucha por la ausencia de restricciones, las consignas republicanas dejan fuera del contrato social a miles y millones de sujetos despojados de todo bien material. En todo caso, los más favorecidos podrán otorgarle las sobras del banquete a los menos favorecidos, de esta manera no van a morir de hambre; juntar la comida que queda en los restaurantes y repartirla en bandejas descartables, tan descartables como esos seres humanos que quedaron fuera del reparto.

La libertad para estos sectores es la de no tener límites, porque limitar nuestra circulación en espacios públicos y reuniones sociales es autoritario, aunque la situación sea la de una pandemia. El estado no debe controlarnos ni encerrarnos.

A decir del Bleichmar: “Nuestro problema es contraponer el sujeto ético al sujeto disciplinado: el sujeto disciplinado no es el sujeto ético. El problema no está en el límite; está en la legalidad que lo estructura. Y hoy podemos volver a pensar cómo se constituye un sujeto que, inscripto en legalidades, sea capaz de constituir, más allá de esas legalidades, la ética. Me refiero a la construcción del sujeto ético.”

Esta es la clave que le falta a la teoría política en general, es la de advertir que la libertad ejercitada por un sujeto que pudo constituirse como sujeto ético, se sostiene en una legalización que acepta al otro como semejante, que construye una red de prohibiciones y permisos en un marco social, que no enfrenta a las libertades individuales entre sí, sino que ensancha el horizonte de libertades sociales, por lo tanto sus valores son los de la solidaridad y la confianza.

Hay una paralelismo, en medio de la actual pandemia del covid-19, entre los grupos anti cuarentena en Argentina y los anti mascarilla en Estados Unidos, oponen libertades individuales afirmando que todos tienen derecho a quedarse o no en sus casas, a usar o no mascarilla, o tapabocas o barbijos, llámense como sea. Esta actitud anti es ante todo anti política, anti democrática, porque impone una voluntad individual por sobre lo social porque la supuesta libertad de decidir no cuidarse es en definitiva la libertad de contagiarse y contagiar a los demás. Es así que la palabra libertad en el tweet del ex presidente Macri es más autoritaria de lo que él mismo cree, porque para el sector de nuestra sociedad que él representa, la república y las instituciones incluyen a una parte del conjunto social que tiene asegurado el presente y el futuro por varias generaciones, a ellos les habla y a ellos se dirige. También existen sujetos que desde una falsa representación caen en la falsa conciencia de defender proyectos que no son los de su clase, pero la ética del capitalismo es el utilitarismo que deviene en emotivismo, por eso no existen ideas sino emociones, tan extremas que llegan al odio.

En el año 1992 la Convención Republicana de los Estados Unidos acuñó el término “guerras de la cultura”, en esa concepción se ubican los que hoy están en contra de las políticas de salud que intentan frenar los contagios en la pandemia; análogamente nuestros republicanos libertarios realizan estas protestas como soldados de una causa que lejos de ser libre se instala en la irreflexión y las pasiones tristes.

 

Paraná, 15 de julio de 2020

*Dra en Ciencias Sociales. Máster en Filosofía. Docente en UADER y UNR. Escritora.

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