
La era del fetiche – Por María Pía López
5 noviembre, 2026Los personeros del supremacismo neocolonial tienen en común el desconocimiento supino de la historia de los pueblos de fe islámica –árabes y no árabes– y su contribución histórica y presente a la cultura universal.
Por Jorge Elbaum*
(para La Tecl@ Eñe)
Almanzor es una tragedia escrita por Heinrich Heine. La trama se sitúa en la Granada del siglo XV, tras la caída del reino nazarí y el triunfo de los Reyes Católicos. Retrata la persecución y el exilio que sufren los musulmanes bajo el nuevo régimen, prologados por la quema de libros islámicos y talmúdicos. Frente a esa escena, el autor judeoalemán Heine reflexiona sobre el sacrilegio que implicaba quemar textos sagrados, como el Corán, y la opresión que sufren los integrantes de la fe islámica: «Esto fue solo un preludio; allí donde se queman libros, al final también se quemarán seres humanos».
El protagonista de la tragedia, Almanzor, es el hijo de Abdullah. Ama la tierra de Granada en la que nació. Ahí residen los aromas de su infancia, los cantos de su madre, el eco de un viento cálido que lo abrazó en el perímetro de una ciudad repleta de artistas y científicos. En ese lugar correteó junto a sus amigos en el laberinto de los olivares que sus ancestros plantaron. Almanzor eligió el exilio hacia el Magreb, que lo recibió sin segregación ni imposición de ningún tipo. Pero no soportó dejar a Zuleima, el gran amor de su vida. Regresó en forma clandestina a la Península Ibérica con la intención de rescatar a su amada, que había sido entregada en casamiento, por su padre, a un caballero católico, para congraciarse con las leyes cristianas de segregación y de esa manera eludir las persecuciones. Almanzor había resistido a las presiones, pero en su camino trágico elige –junto a Zuleima– lanzarse al vacío para no abjurar de su identidad cultural y religiosa.
Una cuarta parte de la humanidad –alrededor de 1800 millones de personas– se identifican con la fe islámica. El operador propagandístico del liberticida Javier Milei, Santiago Caputo, pretendió mezclar la Causa Malvinas con las teorías supremacistas de quienes impulsan el pánico moral para advertir que Europa y Estados Unidos están siendo invadidos por salvajes musulmanes que pretenden sustituir la población blanca y cristiana por las inmigraciones magrebíes y del oriente asiático. «Ver al Reino Unido siendo colonizado por el Islam –posteó Caputo– no solo es un riesgo inminente para la causa de Occidente todo, sino que es una tragedia en términos históricos para quienes defendemos las ideas de la libertad. Esta es otra de las razones por las que la Argentina debe proyectarse con firmeza hacia el Atlántico Sur y recuperar las Islas Malvinas», dijo Caputo en un extenso posteo en X. El mensaje luego fue replicado por el presidente Milei. El pasado 12 de octubre, la diputada laborista Sagal Abdi-Wali, nacida en Somalia, se incorporó al Parlamento británico jurando sobre el Corán. Caputo vio la escena como una evidencia más de que el Reino Unido se estaba convirtiendo en un Estado islámico. A eso se suma que Londres está gobernado desde 2016 por el alcalde Sadiq Khan, del Partido Laborista. Esos dos datos fueron suficientes para que Caputo intentara manipular el sentimiento antibritánico ligado a las islas del Atlántico Sur. Quien cree estar actuando en un remake desangelado de los Peaky Blinders –sin arriesgar un palmo de su pellejo, como la historia criminal de los sinti originales– postula que «Occidente» es sinónimo de «libertad» y el mundo islámico, su contracara. (¿Sabrá el asesor presidencial que el colonialismo, el esclavismo, el autoritarismo fascista, las dos guerras mundiales y la mayoría de los genocidios documentados –incluido el que se ensañó con el continente americano– son creaciones criminales de ese Occidente que tanto admira?)
En la misma línea destinada a fragmentar a la sociedad argentina, partiéndola en pedazos de identidades diferentes o de inserciones económico-laborales diversas, se sumó Daniel Parisini, mediante la inoculación de analogías abominables: asoció la fe islámica con el terrorismo, las prácticas de violación, las decapitaciones, la toma de rehenes, la esclavitud y la pedofilia. Incluso, para hacer más escabrosa la injuria, el presidente Javier Milei amparó estas difamaciones mediante un reposteo avalado por la inscripción «tomar nota». Estos explícitos discursos de odio enunciados por «el gordo Dan» ponen en evidencia el seguidismo del discurso trumpista –que en las últimas semanas atacó al candidato demócrata al Senado por el estado de Michigan, Abdul El-Sayed, acusándolo de terrorista por la simple portación de nombre y apellido–.
Todos estos personeros del supremacismo neocolonial tienen en común el desconocimiento supino de la historia de los pueblos de fe islámica –árabes y no árabes– y su contribución histórica y presente a la cultura universal. Es muy probable que Parisini ignore las formulaciones aritméticas que incorporó en la universidad y desconozca por completo el origen del álgebra, iniciada por Al-Juarismi en el siglo IX. Es obvio que sabe poco de la historia de la ciencia, de los estudios astronómicos y quirúrgicos absorbidos por la Europa occidental durante el Renacimiento. Obviamente nunca supieron de dónde provienen las prácticas higiénicas que las tradiciones islámicas llevaron a la mugrienta Europa.
Émulos desteñidos
Los neofascistas domésticos son imitadores desteñidos de una ofensiva liderada por las corporaciones de Estados Unidos y Europa que han decidido crear enemigos internos y expandir esa violencia hacia el resto del mundo. Una agresividad que tiene como destinatarios, obviamente, a los sectores desposeídos, con el objetivo de generar niveles de fragmentación entre los trabajadores y, al mismo tiempo, instaurar una agenda de confrontaciones horizontales entre trabajadores formales, precarizados e inmigrantes. Dividir por segmentos confesionales, lingüísticos o étnicos ha sido, desde hace siglos, una cuña utilizada para evitar que los sectores populares orienten la responsabilidad de los problemas sociales hacia los grupos dominantes.
Trump habla de basura oscura cuando se refiere a los latinoamericanos. Le Pen promueve la expulsión de inmigrantes. La derecha falangista de España se ensaña con los magrebíes que son expulsados por la dictadura marroquí; Alternativa por Alemania estudia quitarle la ciudadanía a quienes no sean germanos puros, especialmente a los turcos musulmanes. Como es de esperar, los difamadores tampoco reparan en el entramado civilizatorio latinoamericano –y especialmente el argentino– en el que han confluido torrentes migratorios magrebíes, turcos y de Asia occidental.
Otro de los actores políticos en distribuir diatribas insidiosas contra el Islam fue el actual diputado libertario Luis Petri, que tres años atrás fungía de dirigente radical para dar el salto borocotizado una vez que el desquiciado presidente Javier Milei lo nombró ministro de Defensa: «Occidente está en peligro porque abandonó todas las ideas y valores que lo hicieron grande», posteó Petri. Y luego agregó: «Ya lo dijo @JMilei en Davos. Occidente está en peligro porque abandonó las ideas que lo hicieron grande y enfrente tiene un enemigo que es despiadado, que es el islamismo radical (…) El islamismo radical, que considera a la mujer como propiedad tutelada, que busca someter y eliminar a las minorías religiosas, que considera botín de guerra la esclavitud sexual, que castiga la blasfemia con pena de muerte, que glorifica el martirio suicida…».
La paradoja liberticida se hace más patética cuando se vincula este ataque con la venta de tierras a los emires qataríes y con los acuerdos hidrocarburíferos firmados con los Emiratos Árabes Unidos. El 1º de octubre, Milei viajó a París y encabezó una reunión con el sultán Ahmed Al Jaber, integrante del gobierno emiratí y presidente de Adnoc, una de las corporaciones más importantes a nivel global. Como parte de la misma política, Horacio Marín, el presidente de YPF, viene explorando la posibilidad de que Saudi Aramco, la petrolera estatal de Arabia Saudita, una de las mayores del planeta, intervenga en negocios de explotación de gas y petróleo no convencionales en Vaca Muerta. Lo mismo sucede con Catar, que es un gran importador de productos agropecuarios argentinos, además de haber firmado durante la gestión de Milei un interesante acuerdo de cielos abiertos para la operación de Qatar Airways.
El mejor amigo de mi papá se llamaba Ángel Hisas. Era descendiente de árabes. Se conocieron en el Colegio Carlos Pellegrini, de la Universidad de Buenos Aires, donde ambos fueron alumnos. Desplegaron su amistad durante toda su vida. Tiempo antes de dejarnos, le pregunté a mi papá qué había significado su larga amistad con Ángel. Me contestó: «Fue y es mi hermano». Fiel a esa fraternidad que mi viejo cultivó durante toda su vida y coherente con el testigo que me legaron mis viejos –que hoy descansan en esta tierra sagrada–, repito, como un mantra, la frase de Elie Wiesel –sobreviviente de Auschwitz–, grabada en el mármol de mi consciencia: «Juré no callarme jamás cuando los seres humanos soporten sufrimientos y humillaciones en cualquier lugar. Siempre debemos tomar partido. La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al verdugo, nunca al atormentado». Mis hermanos musulmanes no están solos.
6 de noviembre de 2026.
*Sociólogo. Periodista. Escritor. Dr. en Ciencias Económicas.

Seguí acompañándonos: Sumate a la campaña «Colaborá con La Tecl@ Eñe».
La Tecl@ Eñe viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe. Pueden colaborar con $5.000, $10.000 ó $15.000. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.
Tu aporte es importante para seguir adelante.
Muchas gracias.
Alias de CBU: Lateclaenerevista


