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	<title>Mercado archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Mercado archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Un lugar en el mundo &#8211; Por Ricardo Rouvier</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Sep 2018 00:52:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Rouvier]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El escenario regional se va alineando con la hegemonía mundial, abandonando o debilitando las experiencias progresistas. Las fuerzas políticas reformistas deben estudiar, revisar y caracterizar la etapa mundial para comprender y poder establecer un programa realista para acumular fuerzas destinadas al cambio y la evolución.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/un-lugar-en-el-mundo-por-ricardo-rouvier/">Un lugar en el mundo &#8211; Por Ricardo Rouvier</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El escenario regional se va alineando con la hegemonía mundial, abandonando o debilitando las experiencias progresistas. Las fuerzas políticas reformistas deben estudiar, revisar y caracterizar la etapa mundial para comprender y poder establecer un programa realista para acumular fuerzas destinadas al cambio y la evolución.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Rouvier*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A partir de la irrupción de Perón en la política argentina, se enfatizó un enfoque  metodológico de análisis de la situación nacional a partir de la situación mundial. Inclusive él verbaliza, con cierta desjerarquización de lo nacional al rango de “provincias”. Tomado como pasos metodológicos, el líder propone ir de lo general a lo particular, y no al revés. Esta inquietud en cuanto a los caminos del conocimiento sobre la realidad podría ser homologado a lo que en la tradición marxista se denomina “<em>caracterización de la etapa</em>”, refiriéndose al diagnóstico sobre una etapa determinada de la evolución de la humanidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las naciones desde que existen se ordenan en base a un sistema dominante que las comprende y que está, en proceso de expansión y totalización. Ese sistema se caracteriza por subsistemas que articulan la producción y distribución de la riqueza, la organización de los Estados nacionales, su interrelación en el concierto mundial que involucra a las relaciones sociales e incluye las asimetrías en el control geopolítico mundial. Y, finalmente, la construcción o deconstrucción de culturas que le dan sentido al orden general, que naturalizan el predominio de lo individual sobre lo colectivo, haciendo de cada instante vivido una eternidad en sí misma, que es la tendencia repetida a despojar de historicidad la evolución humana.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta metodología de diagnóstico señalada por Perón indicaba que si nosotros partiéramos del análisis exclusivamente local en dirección hacia lo global, hacia lo general, no lograríamos comprender muchas de las cuestiones que ocurren en el aquí y ahora. En este enfoque aparece el determinismo que se ratifica cuando Perón define el concepto estratégico de “evolución”. Desde esta mirada podríamos decir que las relaciones económicas mundiales forman un orden global que integra mecanismos de las naciones desarrolladas que imponen a las naciones periféricas condiciones que regulan el comercio, la producción, su capacidad militar y la propiedad sobre los avances tecnológicos. Este sistema mundial, o sistema-mundo, obstaculiza el desarrollo de los países dependientes, mantiene las inequidades entre naciones y asegura que los países centrales sigan siendo los principales beneficiarios de las cadenas globales de valor creadas por la modalidad ampliada de producción capitalista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se particularizan las hegemonías en cada país en el sentido de una entidad que es más que un dominio, porque agrega al orden y la subordinación, la construcción de la subjetividad de los dominados, generando la conciencia de que no hay alternativa. Hay un engarce entre lo general y lo particular, que se expresa localmente entre las fuerzas sociales y políticas que construyen su propia historia, que parece excluyente, pero no lo es, porque incluye a los principales actores del sistema mundial con las máscaras de lo vernáculo. Pero, estos actores no son figuritas automatizadas por la dependencia, sino son actores que tienen cierto grado o rango de libertad dentro de cierto rango, dado por las características propias de la hegemonía en esta etapa, de ampliación de la libertad y multiculturalismo.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El subsistema cultural en la formación de la subjetividad completa las modalidades de los otros subsistemas como la economía, y la política y constituye el cierre ideológico del mecanismo del poder. Fue un gran aporte al pensamiento crítico poder comprender mejor el paso final de un dominio en que la ideología dominante es absorbida como propia por las clases subalternas. Justamente usamos el término hegemonía con cierto rigor, diferenciándolo de dominio, porque en el primero no existe una alternativa por la eficacia en la captura en los modos de pensar y del hacer de las clases subalternas. Es decir que si hay hegemonía no está a disposición una alternativa, o síntesis superadora del interior del sistema, sino que hay que construirla; generalmente se construye en los umbrales de la decadencia del régimen. Es decir, cuando la relación de fuerzas es más desfavorable al status quo. Hoy, la relación de fuerzas es la más favorable, nos referimos al consenso y a la amenaza  de otro mundo, desde que apareció el capitalismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ha logrado el mayor avance en el proceso de globalización y en el proceso de satisfacción de necesidades, a pesar de sus crisis y contradicciones. A pesar de las profecías que continúan anticipando su desaparición, todo indica que se mantendrá por mucho tiempo bajo las condiciones de equilibrio imperfecto en el que se encuentra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La evolución objetiva y subjetiva de la ocupación física del terreno y mental por el  mercado capitalista, la democracia liberal y la creación técnica y artística han provocado que el sistema debe ser considerado como un dato ineludible para cualquier diagnóstico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El sistema-mundo es un sistema abierto (esto permite contradicciones en el bloque de poder hegemónico) que por el momento está consolidado y que integra subsistemas que establecen cierta especialización de lo social: subsistema económico con el capitalismo, subsistema político con la preminencia de la democracia de origen liberal y el subsistema de la sociedad civil, en que domina la sociedad de consumo y la cultural que va desde lo educativo, lo artístico, y lo tecnológico con un claro dominio del individualismo, el hedonismo y la sociedad del espectáculo. Para nosotros el subsistema relacionado con la producción de bienes y servicios, con el proceso de acumulación de riqueza es más importante que el resto de los subsistemas; y constituye el motor, el corazón del sistema.  Al punto que las otras estructuras pueden estar “atrasadas” en relación al régimen económico. En China Popular el capitalismo va creciendo internamente en sociedad con el Estado. Sin embargo la estructura política y social permanece con un perfil más afín a su cultura milenaria y las incidencias en ella de la revolución del ´49  y el revisionismo de Deng Xiaoping. La sociedad de consumo se abre para millones de chinos y las clases sociales emergen como una explosión, por ahora silenciosa.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://ugc.kn3.net/i/origin/http://www.danielsantoro.com.ar/images/obra590px/imagen0105.jpg" alt="Imagen relacionada" /></p>
<p style="text-align: center;">Ilustración: Daniel Santoro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La realidad de la política internacional muestra que algunos países ponen sus expectativas en la evolución de China, y esto se traduce en relaciones comerciales y tratados como una alternativa ante la omnipresencia norteamericana. En nuestro país hemos firmado, en tiempos del gobierno de CFK, un acuerdo con la República Popular y también con la Federación Rusa denominado Tratado Estratégico Integral, aún vigente. Si bien esta competencia entre las dos naciones más poderosas se ha trasladado a los países dependientes, y esto abre algunas expectativas en el progresismo, no se puede negar la diferencia y el choque cultural que significaría avanzar hacia una mayor identificación. Además, ni los rusos ni los chinos proponen extender sus modelos políticos y sociales y librar una lucha ideológica con occidente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las subestructuras están interconectadas y no son idénticas, sino que son desiguales en relación a la función que tienen y poseen distintas velocidades de evolución, según una matriz teórica. Lo central en el sistema mundo es la fábrica de riqueza, su acumulación y su distribución. Antes la hubiéramos llamado riqueza material, ahora se agrega en forma más pronunciada la economía ficticia, o sea la financiera, que se ha incorporado como un actor muy dinámico para producir y acumular riqueza provenientes de fuentes virtuales. Hoy las principales empresas del mundo, las High Tech, producen tecnología y no tienen ejércitos de proletarios en grandes establecimientos. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un sector del sistema se ocupa de administrar y ejercer el poder de las naciones y de las relaciones internacionales. Este subsistema es político y es expresado por su característica más destacada, la democracia liberal. Allí encontramos también al Estado, aquella supraentidad que estaba amenazada a desaparecer con la globalización, y no ocurrió, desvirtuando los principios que dieron lugar al neoliberalismo. El Estado ha sido un gran auxiliador del dominio mundial y del equilibrio económico –financiero internacional que acude a aliviar las periódicas crisis que sufre el sistema. Además, no hay que olvidar que la fuerte militarización de las grandes potencias es un modo de insuflar poder a los Estados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el subsistema cultural en que se localiza la generación de ideologías se observa hoy que no hay demasiada producción de dogmas, sino más bien la creación de manuales de la operación material dominante. Hay mucha producción intelectual en nuestros países dependientes sobre la identidad del neoliberalismo o del liberalismo, sin embargo la fábrica de capitalismo continúa su movimiento liderado por la  tecnología, por la autoproducción y autoreparación del sistema. La palabra clave es la innovación y su aplicación en la incesante producción de bienes y servicios destinados a los mercados fundados en la tasa de ganancia.  La tasa de ganancia sigue siendo el Dios único al que hay que someterse, el núcleo central, el corazón del sistema. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto que estamos ante un régimen de hegemonía planetaria, con crisis y contradicciones que generan  diversas especulaciones sobre el futuro del capitalismo, o de los EEUU como potencia mundial. Pero la realidad es que este esquema de dominios se va a mantener por mucho tiempo, y debemos localmente considerarlo para definir nuestro lugar en el mundo. Nuestro lugar en lo económico, en lo político y en lo cultural.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esto no niega un discurso contrahegemónico del Papa Francisco, y las acciones de movimientos sociales, sobre todo en América Latina; pero los límites con que el Vaticano se maneja en su acción política, y la escasa incidencia de las agrupaciones sociales en su demanda, no permite avizorar un cambio favorable en la relación de fuerzas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Deberíamos hacernos algunas preguntas centrales: ¿cuáles son los márgenes de soberanía que tenemos en un mundo tan interdependiente?; ¿cuál es el régimen económico que permitiría no aislarnos y asegurar la distribución para la equidad social?; ¿capitalismo de Estado o libre mercado sin límites?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La mayoría del progresismo y del peronismo de izquierda rechaza al capitalismo, y obviamente esto colisiona con la homogeneización que intenta la expansión del capitalismo en el mundo. Hay otro peronismo que quiere integrarse y advierte la eficacia de los dispositivos de dominación. Este corre el peligro de ser apendicular de la hegemonía, y aquel corre el peligro del idealismo; y entonces pertrecharse en una irrealidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estos dilemas, son los dilemas del populismo, ¿cómo integrarse a la economía mundial sin abandonar la particularidad nacional?; ¿cómo asegurar un modelo económico que garantice la acumulación y la distribución simultáneamente? ¿Cuál es el modelo de desarrollo y cuál es la matriz productiva en las actuales circunstancias? Por supuesto que las circunstancias son una mezcla entre situación mundial, regional y nacional. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El escenario regional se va alineando con la hegemonía mundial, abandonando o debilitando las experiencias progresistas. Con Trump o contra Trump, el populismo sufre un fuerte retroceso en la región.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Consideramos que las fuerzas políticas reformistas deben estudiar, revisar y caracterizar la etapa mundial para comprender y poder establecer un programa realista para acumular fuerzas de la sociedad destinadas al cambio y la evolución. Al decir fuerzas de la sociedad queremos decir que con la vanguardia no alcanza, o no sirve cuando toma tanta distancia de los ciudadanos. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es un momento fácil y sencillo, es un momento en que las palabras, las consignas puedan rápidamente flotar como humo. El esfuerzo político debería estar orientado a la construcción de una alternativa progresista y democrática que nos incluya en el mundo sin disolvernos, y sin aislarnos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 23 de septiembre de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier &amp; Asociados.</em></span></p>
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		<title>Los nuevos dioses del mercado global &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Dec 2018 22:02:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Joseph Vogl]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Subjetividad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ricardo Forster realiza una reflexión necesaria y profunda sobre las formas aniquiladoras de la subjetividad, la memoria, el tiempo y la historia en el neoliberalismo, con su correlato de máquina deseante invertida y anuladora de voluntades.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/los-nuevos-dioses-del-mercado-global-por-ricardo-forster/">Los nuevos dioses del mercado global &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Ricardo Forster realiza una reflexión necesaria y profunda sobre las formas aniquiladoras de la subjetividad, la memoria, el tiempo y la historia en el neoliberalismo, con su correlato de máquina deseante invertida y anuladora de voluntades.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Forster*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“El universo simbólico del sujeto posmoderno ya no es el del sujeto moderno: sin gran Sujeto, es decir, sin referencias que permitan fundar una anterioridad y una exterioridad simbólicas, el sujeto no logra desplegarse en una espacialidad y una temporalidad suficientemente amplias. Queda atrapado en un presente dilatado que es el único tiempo en que se juega todo. La relación con los demás se hace problemática en la medida en que la vida futura personal está siempre cuestionada. Si todo se juega en un instante, el proyecto, la anticipación, el replegarse sobre uno mismo llegan a ser operaciones muy problemáticas. De tal suerte que hoy se atenta contra todo el universo crítico y todo eso que Kant llamaba el poder (crítico) del espíritu”. </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Dany-Robert Dufour, <strong>El arte de reducir cabezas</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Joseph Vogl es un filósofo y profesor de literatura alemán que, entre sus múltiples intereses, se detuvo a estudiar el carácter fantasmagórico de nuestra época dominada por la expansión ilimitada del capitalismo en su fase neoliberal. Buscó, recurriendo a una compleja amalgama de información financiera y de interpretación teórica y literaria, penetrar en la trama simbólica de un orden económico que vino a transformar, de manera radical, no sólo las estructuras materiales de la sociedad sino que también proyecta, y para muchos ya lo logró, modificar el sentido común y el horizonte de inteligibilidad que las sociedades construyen de sí mismas. Desentrañar el funcionamiento de la máquina financiera, penetrar en sus formas laberínticas y opacas, descifrar las telarañas de su lenguaje numérico y especulativo, es parte de su intento de comprender la actualidad de un sistema que penetra la totalidad de la vida. La digitalización del mundo de la información y el consiguiente abandono del paradigma analógico, constituye uno de los puntos cardinales de la nueva configuración de una humanidad que cada vez comprende menos el sentido de los cambios que vive cotidianamente. Un frenesí enloquecedor atraviesa cuerpos y fantasías, lenguajes y sentimientos hasta hacer estallar valores y creencias que hasta antes de ayer constituían las brújulas orientadoras de nuestras sociedades. Nada más erróneo, piensa Vogl, que subestimar la determinación de un sistema-mundo, como el capitalismo en su actual estadio, por penetrar en los intersticios del individuo hasta producir las transformaciones que desvanezcan la memoria de otro tipo de sociedad. Modelar un “hombre nuevo” es la utopía, cada vez más realista, de quienes han comprendido que se trata de capturar el fondo de la subjetividad adaptándola a las necesidades del flujo indetenible del capital. Y ese flujo apunta, entre otras cosas, a eternizar el instante haciendo estallar las antiguas pertenencias y filiaciones. Una nueva temporalidad que vacía de significado el pasado y que hace del futuro una mera extensión del aquí y ahora. Es la humanidad la que está siendo objeto de una radical mutación, uno de cuyos ejes centrales tiene que ver con el tiempo y la memoria, con esas formas de conciencia a través de las que se constituyó la experiencia y que hoy son desarticuladas penetrando en la intimidad del viviente. Existe una correspondencia entre la fugacidad y la velocidad propias del flujo del capital que opera desde lo virtual y lo abstracto y el vaciamiento del sentido al que son sometidos los individuos en la sociedad del consumo y del espectáculo. Sin comprender esta dinámica resulta imposible articular una disputa. Deconstruir los mecanismos de dominación supone penetrar en esa lógica evanescente y fragmentadora que caracteriza la expansión ilimitada del capital.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Así como las sociedades de prevención modernas –escribe Joseph Vogl– alguna vez se formaron transformando los peligros en riesgos y domesticando la contingencia, ahora lo casual, lo peligroso y el torrente de sucesos indomables han regresado al centro de estas sociedades en forma de <em>tyché</em>, o casualidad, y lo han hecho adoptando un semblante arcaico: irregular, amorfo y ribeteado de no saber”<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. En esta capacidad del sistema para apropiarse de aquello que supuestamente podía dañarlo radica su fuerza para desplegarse en condiciones cambiantes y desfavorables. Quizás no se trata de “nadar a favor de la corriente” –que en este caso estaría relacionado con la “novedad”, el “peligro”, la “casualidad”–, sino actuar bajo la demanda de un freno o de una recuperación de formas de convivencia social que remiten a una memoria de sociedades no tan lejanas pero amenazadas por la lógica de la innovación y de la “destrucción creativa” propias del capitalismo. Que la incomodidad y la vulnerabilidad experimentadas en lo cotidiano se conviertan en punto de partida de las rebeldías (algo de esto están expresando los “chalecos amarillos” en Francia: detener el cambio que aniquila sus formas tradicionales de trabajo y sociabilidad). Un movimiento que podría caracterizarse como “conservador” que, sin embargo, asume una potencialidad rebelde y hasta revolucionaria. Desacelerar la máquina del capitalismo parece haberse convertido en un oxímoron cargado de intensidad y provocación. Me recuerda el extraordinario comienzo del libro de John Womack,<em> Zapata y la revolución mexicana</em>, en el que el historiador estadounidense decía: “este es un libro acerca de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución. Nunca imaginaron un destino tan singular. Lloviera o tronase, llegaran agitadores de fuera o noticias de tierras prometidas fuera de su lugar, lo único que querían era permanecer en sus pueblos y aldeas, puesto que en ellos habían crecido y en ellos, sus antepasados, por centenas de años, vivieron y murieron…”<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Paradojas de una época en la que frenar, impedir, detener, recuperar, revalorizar se transforman en santo y seña de un nuevo combate contra la injusticia y la desigualdad. La acción “revolucionaria” del capitalismo neoliberal, y eso Joseph Vogl lo analiza con solvencia, constituye la mayor descarga de violencia y autodestrucción que un sistema ha ejercido sobre sí mismo y sobre la sociedad que contribuyó a construir. Ser anacrónicos es, tal vez, el mayor gesto antisistema que hoy se pueda concebir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para Vogl el neoliberalismo –porque de esto se trata– es mucho más que un giro en el patrón de acumulación, hay en él una potencia disruptiva que lo coloca, como en otros momentos de la historia del desarrollo del capitalismo, en la vanguardia de una colosal mutación de usos y costumbres apuntalada por una expansión tecnológica que vuelve obsoletas las prácticas y los saberes que definieron la autocomprensión de la sociedad en un pasado reciente. Así como Karl Marx explicó en apenas una frase –extraordinaria en su vuelo metafórico y anticipador– la esencia de la modernidad burguesa cuando sostuvo que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, Vogl que no es Marx, analizando el carácter de nuestro tiempo dominado por lo espectral del capital, dirá que lo fugaz, lo insustancial, lo veloz, lo inmediato, lo narcotizante, constituyen el meollo de una sensibilidad que expresa el rasgo volátil, inasible, fantasmal, despersonalizado, desterritorializado y descorporalizado del viaje por el éter de los flujos financieros que marcan los rasgos decisivos del capitalismo contemporáneo.   </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.hkw.de/media/bilder/2017/woerterbuchdergegenwart/gerhard_richter.jpg" alt="Resultado de imagen para Joseph Vogl" /></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">                                                                                          </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En uno de sus libros, el que despertó mi interés desde su título con reminiscencias shakespereanas –<em>El espectro del capital</em>–, Joseph Vogl recurre a una novela de Don DeLillo –<em>Cosmópolis– </em>para introducir al lector en la psicología de los “emprendedores” de Wall Street, esos jóvenes aventureros que viven siguiendo el ritmo frenético de los bits de información y de los flujos etéreos de riquezas desmaterializadas capaces de cambiar el destino de millones de seres humanos en apenas un instante y de acuerdo al ingenio, a la toma de riesgo y a la amoralidad del agente de bolsa. “Sueña –el personaje de la novela de DeLillo– con la extinción del valor de uso, con el eclipse de la dimensión referencial de la realidad; sueña con que el mundo se disuelva en flujos de datos y con que se imponga la tiranía absoluta del código binario, y tiene su fe puesta en la espiritualidad del cibercapital, que se transpone en luz eterna a través de los resplandores y centelleos de los gráficos que brillan en innumerables monitores […]. Las palabras y los conceptos del lenguaje coloquial, dice en cierto momento, aún están demasiado cargados de restos históricos de significado, son demasiado ‘premiosos’ y ‘antifuturistas’. En contraposición, a una velocidad de nanosegundos, tal como lo dictan las oscilaciones de la maquinaria bursátil, se erradica todo rastro de la historia, que queda arrasada por el vendaval de los <em>futures</em> y sus derivados. El presente ‘resulta succionado del mundo para hacerle lugar a un futuro de mercados incontrolados y de un desmesurado potencial inversor. El futuro resulta insistente’. Así como el mercado no tiene ningún interés ni en el pasado ni en el presente y sólo hace foco en la perspectiva de ganancia a futuro, el sueño de este capital es el olvido. Habla del poder del futuro y se consuma en el fin de la historia”<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. ¿Alguna relación con nuestra actualidad nacional? ¿Le recuerda, estimado lector, algunos de los golpes de efecto para resaltar la imagen de Macri construidos desde la ficción y la impostura por los agentes publicitarios del duranbarbismo? Pero más allá de este salto a nuestra realidad que nos devuelve una semejanza con lo que es propio del neoliberalismo y de su mundialización, lo que Vogl descubre, lo que busca priorizar en su análisis, es la hondura de esta búsqueda desesperada por comprimir todos los tiempos en la lógica del “nanosegundo” del mismo modo que se intenta reducir la multiplicidad de la realidad a la bigdata con su enloquecedor uso de los algoritmos a través de los que la infinita variabilidad de lo viviente queda aplanada y homogeneizada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">DeLillo nos describe, con minuciosidad no carente de perversidad, el terrible día de este joven que ha pasado una noche de insomnio, que sólo piensa en expandir sus inversiones especulativas hasta el punto de vivir en una suerte de realidad virtual que, sin embargo, determina el destino, glamoroso u horroroso –las diferencias entre una y otra posibilidad dependen del azar o del ingenio del inversor– de un sinnúmero de seres humanos de carne y hueso. Vértigo, violencia, armazones tecnológico-informacionales que controlan todo a través de cámaras y dispositivos comunicacionales que, de modo omnipresente, colonizan todos los aspectos de la vida (la enorme limusina blanca, suerte de oficina-casa-madriguera del joven agente de bolsa, es una máquina inconcebible en donde hay todo lo que necesita para desplegar su aventura financiera, su saber holístico de los meandros del universo del capital). Más allá de su itinerario psicótico y destructivo que finaliza en el cierre de su propio destino al encontrarse con su asesino, lo que DeLillo busca mostrar –y eso es lo que le interesa a Vogl– es el proceso caótico que caracteriza al capitalismo actual. Novela de iniciación y de final de viaje donde el tiempo fluye del mismo modo aniquilador al de un sistema económico que se mueve al ritmo de la obsolescencia permanente de las cosas-mercancías y, claro, de los seres humanos que apenas si son números descartables en el juego del mercado global. Creación fantasmal de riqueza que se consume en el altar de la especulación sin que nada ni nadie pueda frenar esta locura destructiva. Autonomizado del lenguaje humano, convertido en flujo y en cifras, el capital-mercancía, abstracto en su movimiento desmaterializador, desarma todo vínculo con lo real hasta ofrecerse como una lógica virtual y binaria que, como gigantesca tela de araña, atrapa los últimos movimientos de individuos-masa reducidos a ser parte de un flujo que no alcanzan a comprender. Esta radical apuesta a la abstracción tiene consecuencias destructivas en el orden de la vida social pronunciando los procesos de fragmentación y desocialización e hiriendo de muerte a la democracia y a sus instituciones que acaban siendo absorbidas por las exigencias e imposiciones del negocio financiero que supo encontrar en las tecnologías de la digitalización su energía y su nutriente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Wolfgang Streeck, siguiendo un camino próximo al de Vogl, nos ofrece una descripción dura y cruda de aquello que ya no aparece como una amenaza lejana en el horizonte del capitalismo sino como lo propio de la globalización, ya que en “el ámbito micro de la sociedad, la desintegración sistémica y la indeterminación estructural resultante se traducen en un modo de vida infrainstitucionalizado, una vida sumida en la incertidumbre, siempre en riesgo de verse trastornada por acontecimientos sorpresivos y disturbios impredecibles, dependiente del ingenio, la improvisación hábil y la buena suerte de los individuos. Ideológicamente, la vida en una sociedad infragobernada de ese tipo puede ser alabada como una vida en libertad, sin restricciones institucionales rígidas y construida autónomamente mediante pactos voluntarios entre individuos, que acuerdan libremente perseguir sus preferencias peculiares. El problema de esa vida neoliberal es, por supuesto, que descuida la distribución muy desigual de riesgos, oportunidades, ganancias y pérdidas, que se deriva del capitalismo desocializado…”<a style="color: #000000;" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Síntesis oscura que nos ofrece una descripción incontrovertible de aquello que está suscitando la expansión indetenible del capital. Sucede que esa promesa de “sociedad infragobernada” lejos de ampliar las experiencias de la libertad lo que termina por producir es una multiplicación patológica del estallido atómico y anómico de la sociedad llevándola a niveles de desolación y desasosiego nunca antes registrado. La rebelión de “los chalecos amarillos” en Francia puede ser leída como un intento casi desesperado por frenar la potencia destructiva de las políticas neoliberales, políticas que han golpeado, centralmente, el corazón de la Francia profunda, campesina y provinciana que ve como día a día sus vidas se precarizan mientras que los ricos se vuelven más ricos (la decisión de Macron de aumentar los combustibles y la energía, además de profundizar la caída del poder adquisitivo de los asalariados y de empobrecer a los pequeños productores y comerciantes, encontró su núcleo perverso en la eliminación de los impuestos a la riqueza que terminaron por soliviantar a miles y miles de francesas y franceses que comprendieron el núcleo perverso y sádico del neoliberalismo. Lo llamativo es que Macron fue víctima de su autoconvencimiento, la certeza de una sociedad domesticada en sus núcleos íntimos e incapaz, por lo tanto, de rebelarse ante la brutal provocación del capital. En este caso fue la gota que rebalsó el vaso del descontento y la injusticia, la evidencia de lo impropio que amenaza con hacer saltar en mil pedazos la lógica del ajuste que hoy domina a la Comunidad Europea). Una rebelión de los incontables, de los invisibles para la cuenta de las finanzas, de aquellos que, al moverse interrumpiendo la pasividad de una sociedad que parecía dejarse dominar y destruir, gritan sin encontrar, todavía, una representación política y hasta descreyendo de que eso fuese necesario. En esta época de retornos oscuros, de resonancias neofascistas, no deberíamos sorprendernos si es la extrema derecha la que logra sacar rédito de las protestas. Y esto puede llegar a ser así ya que las consecuencias desocializadoras del neoliberalismo, certeramente destacadas por Streeck y por Vogl, amenazan la posibilidad de darle una canalización progresiva, igualitarista y libertaria a la rebelión de esa Francia que se siente abandonada  y amenazada pero que encontró, en la rebelión, una identidad en construcción cuyo destino todavía no está escrito. Subjetividades dañadas y capturadas por el neoliberalismo que tienen que desaprender el bombardeo continuo de la industria de la cultura y de la información –brazos ejecutores de la subjetivación del establishment–, pero que tienen que hacerlo inventando nuevas palabras y nuevas gestualidades que no acaben siendo absorbidas por las gramáticas neofascistas que están allí, agazapadas, para aprovecharse del desconcierto y del vaciamiento social, cultural y político de las últimas décadas. Todo parece indicar que “los chalecos amarillos” comenzaron a desatar el nudo de la injusticia sin que las consecuencias de esa acción puedan ser anticipadas en sus últimos resultados. Dependerá, entre otras cosas, de que surja una lengua política capaz de sustraerse al abrazo de oso del resentimiento y que redescubra el valor del igualitarismo. Lo cierto, me atrevo a escribir, que nada será igual y que nuevos desafíos seguirán a la rebelión de los franceses. Pero, ahora, regreso a DeLillo y a su aguda comprensión de la sociedad global, digitalizada y financiarizada.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> <img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.80grados.net/wp-content/uploads/2017/03/web-ready_anna_parini_economy.jpeg" alt="Resultado de imagen para el capitalismo y la mÃ¡quina deseante" />                                      </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Siguiendo los movimientos erráticos y aparentemente irracionales –del mercado y de la economía mundial–, en <em>Cosmópolis</em> DeLillo “trae a la memoria las crisis financieras que se sucedieron a gran velocidad desde el siglo XX hasta el XXI: desde el colapso de Wall Street de 1987 y la crisis de Japón de 1990, la debacle de los mercados de bonos en 1994 y la crisis rusa de 1998, hasta lo que se dio en llamar la burbuja tecnológica o burbuja puntocom de 2000 y el desastre de 2007 y 2008 y los años posteriores, todos hechos que, de acuerdo con las probabilidades económicas, nunca deberían haber ocurrido o a lo sumo podrían ocurrir una vez cada varios miles de millones de años”<a style="color: #000000;" href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Esa profusión de inesperados cimbronazos, que se parecen a vientos huracanados que golpean con furia la supuesta solidez de los mercados globales, constituyen una extraña dialéctica, al decir de Vogl, a través de la cual el sistema se sigue reproduciendo exacerbando su potencial disgregador, pero también son la evidencia de la anarquía que hoy domina lo que supuestamente era una lógica económica que prometía la racionalidad como núcleo de su despliegue y que sin embargo dibuja los trazos de un final posible. Recurriendo nuevamente a una metáfora literaria, Vogl dirá que al igual que “el Fausto de Goethe, este <em>homo economicus </em>(actor central de la fase actual del anarco-capitalismo financiero) pasa a ser entonces un tipo que siente la carencia en la abundancia y que, en la falta, reconoce el condicionamiento de su deseo para manejar, finalmente, el arte de la insuficiencia: querrá, desde el anhelo infinito, bienes finitos y siempre escasos. Esa sería la máquina deseante del <em>homo economicus</em>, que, con sus preferencias egoístas, efectos involuntarios, conocimientos limitados y, finalmente, un deseo que no conoce límite, quiere lo que no puede y hace lo que no quiere” (resonancias de otra frase de Marx en la que el autor de <em>Das Kapital</em> decía que los seres humanos desatan fuerzas que no controlan y que “lo hacen pero no lo saben”). “Eso implica, en primer lugar, que ese <em>homo economicus</em> moderno no entra en escena como mero sujeto racional, sino como sujeto pasional que a lo sumo regula sus pasiones aplicando una mecánica de intereses. En segundo lugar, actúa como sujeto ciego, con un saber reducido. Gesta, precisamente desde su ceguera (sin voluntad ni conciencia), la armonía de la interacción social. Por eso su hoja de vida es particular, intramundana: adquiere sabiduría desde la falta de saber y avanza con una conciencia reducida y desde un horizonte estrecho”<a style="color: #000000;" href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Así como las sociedades de una remota antigüedad creían que las fuerzas de la naturaleza remitían a poderes anímicos y a potencias sobrenaturales, los hombres y mujeres de la actualidad se sienten pequeños e insignificantes ante las tormentas que los dioses del mercado desatan sobre sus frágiles cuerpos. Que el amigo lector haga las comparaciones que crea convenientes entre este análisis de un filósofo alemán que se inspira en un novelista estadounidense y la vertiginosa entrada de nuestro país, de la mano de Macri y de sus ceos amorales, en ese doble movimiento de apropiación por unos pocos de la riqueza generada por los muchos y la puesta en funcionamiento de una tómbola en la que esos muchos son los que pierden sin terminar de comprender quién ni cómo desató esa tormenta que los deja, una vez más, desamparados ante los dioses inescrutables del mercado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El <em>sujeto pasional</em> ha desplazado, dice Vogl, al <em>sujeto racional</em> transformándolo, como no podía ser de otro modo, en un <em>sujeto ciego</em>, carente de capacidad para comprender y analizar aquello que le ocurre en un mundo que se le ha convertido en un caos indescifrable. Invirtiendo los términos de la idea deleuzeana de “máquinas deseantes”, nuestro autor establece una relación entre el <em>homo economicus </em>que habita la época del capitalismo espectral y el dominio que sobre él ejercen los afectos y las pasiones. Entre ciego y carente de voluntad para indagar sobre las condiciones de sus dificultades, este <em>homo economicus</em> se pliega acríticamente a las determinaciones del mercado hasta el punto de renunciar a sus derechos mientras sigue creyendo que sus problemas son el resultado, no de la arbitrariedad del sistema, sino de su incapacidad para realizar sus potencialidades. El triunfo del neoliberalismo es invisibilizar este proceso de internalización subjetiva de la sujeción deseante, es decir, del mecanismo a través del cual el individuo acepta gozosamente sus limitaciones. En determinadas ocasiones, que no suelen ser frecuentes, se rompe este sortilegio, esta forma espectral de la ideología, y se suele desgarrar el velo de lo real. Cuando eso ocurre algo importante conmueve las estructuras del orden sin que haya garantías respecto a la orientación o al resultado de ese desgarramiento. A veces, que también son contadas, se abre el horizonte de la rebeldía creadora que reformula las condiciones del ser social; otras, que también habitan esos momentos, la frustración de lo desvelado, el límite del cambio, pueden conducir a la exacerbación del resentimiento y de nuevas formas de autoritarismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como enseña lo que advino inesperadamente en Francia nada está escrito de una vez y para siempre en la historia. La ilusión del capitalismo es terminar con el trabajo corrosivo del tiempo histórico, es eternizar su actualidad hasta vaciar de contenido memoria y futuro. Joseph Vogl nos mostró la potencia autodestructiva que se guarda en el interior del viaje enloquecido del capital; pudimos ver de qué manera se suceden las crisis y se acelera la descomposición al mismo tiempo que también volvimos a descubrir que nada está garantizado y mucho menos el camino hacia la emancipación. Que lo que hoy está en juego en el mundo de la vida es, nada más y nada menos, que la continuidad o no de formas de socialización que rescaten a los seres humanos de ser definitivamente atrapados en los engranajes de la digitalización y el binarismo aniquilando, en ese movimiento maquínico y algorítmico, la potencia rebelde que, cuando menos lo esperamos, rompe las cadenas de la alienación y el sometimiento (a veces, esa dominación, bajo la forma espantosa de la represión y otras, las actuales en el corazón del capitalismo neoliberal, apuntalando la expansión de la servidumbre voluntaria). El personaje de la novela de DeLillo viaja hacia la consumación de su libido autodestruyéndose como si fuera una metáfora de un sistema que acelera su camino hacia el precipicio. Viajamos, aunque no nos demos cuenta, en el Titanic.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias:</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Joseph Vogl, <em>El espectro del capital</em>, Buenos Aires, Cruce, 2015, pp. 193-194.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> John Womack, <em>Zapata y la revolución mexicana</em>, México, Siglo XXI, 1978, p. XI.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Joseph Vogl, Op. cit., pp. 14-15.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Wolfgang Streeck, <em>¿Cómo terminará el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia</em>, Madrid, Traficante de Sueños, 2017, p. 55</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Joseph Vogl, Op. cit., p. 23</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Joseph Vogl, Op. cit., pp. 48-49</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 11 de diciembre de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Filósofo, profesor y ensayista argentino. Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba.</em></span></p>
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		<title>Deconstruir la libertad republicana como desafío en medio de la pandemia &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jul 2020 21:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Angelina Uzín Olleros]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una paralelismo, en medio de la actual pandemia del covid-19, entre los grupos anti cuarentena en Argentina y los anti mascarilla en Estados Unidos, ambos oponen libertades individuales afirmando que todos tienen derecho a quedarse o no en sus casas, a usar o no barbijos. Esta actitud anti es ante todo anti política, anti democrática, porque impone una voluntad individual por sobre lo social, y porque la supuesta libertad de decidir no cuidarse es en definitiva la libertad de contagiarse y contagiar a los demás.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/deconstruir-la-libertad-republicana-como-desafio-en-medio-de-la-pandemia-por-angelina-uzin-olleros/">Deconstruir la libertad republicana como desafío en medio de la pandemia &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Hay una paralelismo, en medio de la actual pandemia del covid-19, entre los grupos anti cuarentena en Argentina y los anti mascarilla en Estados Unidos, ambos oponen libertades individuales afirmando que todos tienen derecho a quedarse o no en sus casas, a usar o no barbijos. Esta actitud anti es ante todo anti política, anti democrática, porque impone una voluntad individual por sobre lo social, y porque la supuesta libertad de decidir no cuidarse es en definitiva la libertad de contagiarse y contagiar a los demás.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por Angelina Uzín Olleros*</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El 9 de julio de 2020 se conmemoró el día de la Independencia en Argentina; luego de varias intervenciones en los medios, logró instalarse la lucha mediática entre libertad política y libertad económica, desde la falsa antinomia salud-economía; su corolario fue el banderazo convocado a través de las redes. Una familia de términos se entrelaza en consignas vacías, en un ausente debate de ideas, palabras como independencia, autonomía, libertad de expresión, autodeterminación, sumadas a república, democracia, institucionalidad hasta el remate que más le gusta a un sector de la oposición al actual gobierno sobre la independencia de poderes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la teoría política moderna, el concepto de libertad puede entenderse con relación a los impedimentos externos que puedan ejercerse sobre ella y la posibilidad de autodeterminación, ser libre puede significar que no somos impedidos de realizar una acción o, por otra parte, que no debemos obedecer normas que contradigan nuestra moral. En la teoría liberal clásica ser libre significaba gozar de una esfera de acción que no es controlada por los órganos del estado; otro significado es el que emplea la teoría democrática, para la cual ser libre es poder darse leyes a sí mismo. Según Bobbio llamamos liberal a quien persigue el fin de ensanchar cada vez más la esfera de las acciones no impedidas, mientras que llamamos demócrata al que tiende a aumentar el número de acciones reguladas mediante procesos de autolegislación. En consecuencia, el estado liberal es aquél en el que el poder público sufre un mínimo de restricciones  y el estado democrático es aquel en el que más numerosos son los órganos de autogobierno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el sentido liberal el acento está puesto en el espacio no regulado por normas imperativas; mientras que en el sentido democrático, en lo que se refiere a las normas, el énfasis está puesto en la posibilidad de autonomía en la creación de las mismas. Podemos identificar, siguiendo el análisis de Bobbio, ambas tradiciones en el tratamiento del concepto de libertad, expresadas por Montesquieu: la libertad es el derecho de hacer todo lo que las leyes permiten, y  por Rousseau: la libertad es la obediencia a la ley que uno se ha prescrito.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recordemos que en la respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración?, Kant planteaba el concepto de libertad en términos de autonomía siendo el alcance de la misma más bien social, no individual. Para decirlo en términos más cotidianos: ¿Tenemos derecho a impedir a las futuras generaciones el uso público de la razón? ¿Podemos imponer leyes que perjudiquen el porvenir de nuestro pueblo? En los límites autoimpuestos por un sujeto social, la libertad de expresión, de prensa, el uso público y privado de la razón, garantiza a la actual generación y a las venideras, que nadie pueda ejercer el poder de manera autoritaria o tiránica sobre nuestros derechos, en este caso el derecho a la protesta o el derecho a fijar nuestra posición sobre un tema determinado o temas en plural.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La libertad es una propiedad del acto volitivo consistente en encauzar la conducta de manera independiente de los motivos que la provocan; así definida, la libertad es un concepto negativo, porque se niega a aceptar ciertos motivos. Pero hay un concepto positivo de la libertad: la voluntad que dice sí a la ley moral, a la autonomía y al querer autónomo; en consecuencia, la libertad, su uso, no puede ser inmoral, ni puede ir contra la voluntad colectiva porque precisamente el sujeto se sostiene en esa red de relaciones que lo constituye y lo determina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aquí nace una contradicción que ha sido debatida durante al menos dos siglos: libertad o determinación; porque continúa el problema de los límites en la esfera de nuestras acciones. Es interesante la propuesta que realiza Castoriadis sobre el problema, es imposible para el ser humano la libertad absoluta, la ausencia de condicionamientos, no se trata para él de alcanzar un estado de libertad libre de condicionamientos, valga esta redundancia, la libertad se encuentra en la posibilidad de crear nuevas formas de determinación que sean preferibles a las existentes. Somos libres en esa medida, por eso la libertad está enlazada a la creación; en nuestro continente Simón Rodríguez lo decía en otros términos: o inventamos o erramos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Crear e inventar son en esta dirección las condiciones de la libertad que contradicen a la definición liberal por excelencia que sostiene que mi libertad termina cuando comienza la libertad de otro, son libertades individuales que se enfrentan, dicha caracterización del ser libre olvida la categoría de poder, ya que no todos tenemos el poder de contrarrestar las supuestas arbitrariedades de otras libertades más poderosas que la nuestra.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://fotos.perfil.com/2020/07/13/trim/728/500/twetts-20200713-985356.jpg" alt="Twitter se convirtió en la peor herramienta de la política ..." /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para algunos protagonistas de la escena política en nuestro país la única libertad real es la del mercado, dado que es el individuo quien lucha por la ausencia de restricciones, las consignas republicanas dejan fuera del contrato social a miles y millones de sujetos despojados de todo bien material. En todo caso, los más favorecidos podrán otorgarle las sobras del banquete a los menos favorecidos, de esta manera no van a morir de hambre; juntar la comida que queda en los restaurantes y repartirla en bandejas descartables, tan descartables como esos seres humanos que quedaron fuera del reparto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La libertad para estos sectores es la de no tener límites, porque limitar nuestra circulación en espacios públicos y reuniones sociales es autoritario, aunque la situación sea la de una pandemia. El estado no debe controlarnos ni encerrarnos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A decir del Bleichmar: “Nuestro problema es contraponer el sujeto ético al sujeto disciplinado: el sujeto disciplinado no es el sujeto ético. El problema no está en el límite; está en la legalidad que lo estructura. Y hoy podemos volver a pensar cómo se constituye un sujeto que, inscripto en legalidades, sea capaz de constituir, más allá de esas legalidades, la ética. Me refiero a la construcción del sujeto ético.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta es la clave que le falta a la teoría política en general, es la de advertir que la libertad ejercitada por un sujeto que pudo constituirse como sujeto ético, se sostiene en una legalización que acepta al otro como semejante, que construye una red de prohibiciones y permisos en un marco social, que no enfrenta a las libertades individuales entre sí, sino que ensancha el horizonte de libertades sociales, por lo tanto sus valores son los de la solidaridad y la confianza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una paralelismo, en medio de la actual pandemia del covid-19, entre los grupos anti cuarentena en Argentina y los anti mascarilla en Estados Unidos, oponen libertades individuales afirmando que todos tienen derecho a quedarse o no en sus casas, a usar o no mascarilla, o tapabocas o barbijos, llámense como sea. Esta actitud anti es ante todo anti política, anti democrática, porque impone una voluntad individual por sobre lo social porque la supuesta libertad de decidir no cuidarse es en definitiva la libertad de contagiarse y contagiar a los demás. Es así que la palabra libertad en el tweet del ex presidente Macri es más autoritaria de lo que él mismo cree, porque para el sector de nuestra sociedad que él representa, la república y las instituciones incluyen a una parte del conjunto social que tiene asegurado el presente y el futuro por varias generaciones, a ellos les habla y a ellos se dirige. También existen sujetos que desde una falsa representación caen en la falsa conciencia de defender proyectos que no son los de su clase, pero la ética del capitalismo es el utilitarismo que deviene en emotivismo, por eso no existen ideas sino emociones, tan extremas que llegan al odio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el año 1992 la Convención Republicana de los Estados Unidos acuñó el término “guerras de la cultura”, en esa concepción se ubican los que hoy están en contra de las políticas de salud que intentan frenar los contagios en la pandemia; análogamente nuestros republicanos libertarios realizan estas protestas como soldados de una causa que lejos de ser libre se instala en la irreflexión y las pasiones tristes.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Paraná, 15 de julio de 2020</span></p>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Dra en Ciencias Sociales. Máster en Filosofía. Docente en UADER y UNR. Escritora.</em></span></div>
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		<title>Poder y democracia &#8211; Por Ricardo Rouvier</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Apr 2021 23:00:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El sociólogo y analista político Ricardo Rouvier afirma que con el neoliberalismo la democracia está en cuestión ya que es una institucionalidad que cohabita con mayor o menor compromiso con el poder formal y también con el poder real, al que oculta mientras deja que la política sea comprendida sólo por la legalidad.  </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El sociólogo y analista político Ricardo Rouvier afirma que con el neoliberalismo la democracia está en cuestión ya que es una institucionalidad que cohabita con mayor o menor compromiso con el poder formal y también con el poder real, al que oculta mientras deja que la política sea comprendida sólo por la legalidad.  </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Rouvier*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De lo que se trata es de comprender el mundo contemporáneo, especialmente si lo que uno quiere es transformarlo. El peso del siglo XX sobre nuestras espaldas es muy potente y cuesta avanzar con la deconstrucción que requiere definir una visión. Además, la historia sigue mostrando una dinámica de espiral ascendente en que cada etapa tendría elementos de la anterior, y otros que anuncian lo nuevo. La evolución se hace palpable en la materialidad de la innovación, si dejamos de lado aspectos que tienen que ver con la subjetividad en materia de felicidad colectiva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El corazón del sistema es aquella vieja institución conocida como la propiedad privada de los medios para generar riqueza, que desde su origen ha fundado la desigualdad, que se mantiene y se ahonda al punto que según la ONG británica Oxfam dedicada a la caridad, afirma que las ocho personas más ricas del mundo acumulan más riqueza que la mitad de la población del mundo más pobre, unos 3.600 millones de personas. No es exagerado señalar esto como un desastre humanitario, del cual la cultura ha creado la filantropía como una forma de que los ricos agraden a los dioses.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Uno de los aspectos destacados en Occidente es la democracia tal cual la conocemos, destinada a armonizar los intereses del mercado y la supervivencia del  Estado. Se expande desde la segunda guerra mundial, y funciona para el orden del espacio público, que pertenece a  un sistema más complejo, en el que se cruzan luchas por el sentido y determinaciones entre lo económico, lo jurídico y lo  político. El Estado no es el reflejo idéntico del poder real, pero afirma su existencia en la ley y la fuerza mientras subterráneamente la competencia y la concentración se realizan por detrás de la democracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La metáfora arquitectónica marxista de infra y superestructura ya no es un instrumento pedagógico eficiente (Gramsci la abandonó en 1931), pero eso no significa que no  se tengan en cuenta, en estas reflexiones, algunas categorías de análisis y relaciones intrasistema que provengan de esa fuente. El objetivo es lograr un diagnóstico profundo y objetivo, que no prescinda de la ideología del observador pero que haga un esfuerzo por lograr una mayor aproximación. Decimos ideología como proyecto del mundo, como destino; evitando acomodar la realidad a nuestras ideas previas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El desafío del siglo XXI obliga a otros mecanismos, otros dispositivos para entender la actualidad; y debería fundar una nueva praxis política. Las preguntas por la lucha de clases o  por el sujeto de la emancipación, son categorías en estado de problema, y  que son planteadas por el posmarxismo. En los casos de Laclau y Dussel, retornan al concepto pueblo desalojando la lucha de clases como motor principal. Emerge también  un conocido interrogante: ¿El uso de la democracia formal permite un escalamiento reformista a partir de la participación y las organizaciones populares? ¿La lucha democrática es insuficiente? ¿Y si lo es,  cuál es el camino?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La crisis democrática en todo Occidente supone la desilusión de una de las obras más preciadas de la civilización, al punto que por agotamiento dentro del subsistema político se alzan voces desde la extrema derecha. Aparece algo llamado, por algunos analistas, como “Autocracia Electiva”, que supone un fuerte centralismo, continuismo y un debilitamiento de las instituciones para el debate. Sospechamos que detrás de esta novedad se preparan nuevos ataques contra el populismo progresista en América Latina. Hoy, en Europa, la ultraderecha está presente en cinco gobiernos y 22 parlamentos de la alianza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por debajo de lo político &#8211; como administración del Estado y posicionamiento de fuerzas sociales y políticas &#8211; está  el poder real no visible, y el poder real maneja el mecanismo de creación de riqueza ampliada, y eso surge de la propia inmanencia del capitalismo.  Una de las promesas incumplidas de la democracia liberal según Norberto Bobbio, es la eliminación del poder invisible, o también llamado doble Estado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A pesar de esto, la democracia es preferida por la gran mayoría, pero no logra que los ciudadanos se entusiasmen con ella al punto de participar. Al contrario, la norma tácita es que cuando los hombres y mujeres ganan la calle e intervienen, la democracia está en peligro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No cabe duda que una sociedad desigual y la sospecha colectiva de la existencia de otros poderes distintos a los que aprendemos en la escuela, llena de desconfianza el vínculo del ciudadano/a con la sociedad política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En nuestro análisis, si bien tratamos de evitar el determinismo económico, no se puede negar que la modalidad de creación de riqueza es el motor dinamizador de todo el sistema, y también su incidencia en el subsistema político. A partir de las acciones de presión de los grupos concentrados destinadas a maximizar las ganancias, minimizar los impuestos y proteger la propiedad, el orden político condiciona la libertad de sus ciudadanos a aceptar el reinado del mercado.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.hoyesarte.com/wp-content/uploads/2014/01/Los-senores-del-poder-y-la-democracia-en-Espana.jpg" alt="Los señores del poder y la democracia en España - hoyesarte.com" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la  base del dispositivo hegemónico está también la  cultura correspondiente a una etapa civilizatoria que antes era considerada una superestructura determinada por lo económico, y ahora es considerada una parte indispensable del poder real que naturaliza y otorga justificación al sistema. El sentido común es una parte central de la cultura que produce consensos y reproduce cotidianamente la legitimidad del vencedor. Si no hubiera subjetividad colectiva cooptada por el poder, no habría poder efectivo. El  poder formal  está fundado en el voto universal, en la relación de mayorías y minorías y la alternancia. Y el poder oculto que no va a elecciones necesita también de un consenso que no se expresa en los mecanismos electivos sino en la aceptación por parte de la gran mayoría, de la sociedad civil como connatural. Ahí la cultura, la educación y la comunicación juegan su papel para acondicionar la subjetividad colectiva a los patrones del capitalismo y la meritocracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, produce creencias, relatos e impone costumbres sociales. Inclusive despliega, últimamente, un formidable aparato de servicios de entretenimiento. Se conjugan, se estimulan, todas estas conductas para que la hegemonía se eternice. Antes de llegar al monopolio u oligopolio mediático, el sujeto es reclutado por la sociedad a partir de su domesticación. Y en la socialización primaria se genera que el sujeto crea en su libertad más de lo que realmente tiene. Como el sistema es abierto y cambia (es un error creer que la hegemonía es sólo representada por conservadores. Esa es una tendencia más que integra el bloque dominante, también están los modernizadores) se verifica un notable incremento de las libertades civiles, y una mayor integración social en el mundo. Paradoja entre desigualdad e integración. Sí, es una paradoja de las tantas que presentan las hegemonías en la historia de la humanidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la otra punta del planeta emerge una potencia mundial fundada en el desarrollo económico de Oriente, favorecido por una avalancha inversionista proveniente del capitalismo más avanzado.  Pero hoy dentro de la competencia bipolar mundial, hay en juego dos sistemas políticos diferentes y antagónicos. Así como decimos que la democracia formal no cumple sus promesas, que fracasan los modos de representación, también nos planteamos varios interrogantes respecto al futuro del modelo político asiático a partir del protagonismo creciente de su mercado interno y su incidencia en las relaciones sociales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La actual pandemia y las crisis de las deudas externas de muchos países indican que, a pesar de la grave afectación de los sectores de los trabajadores y pobres, de las mujeres y de los jóvenes y los jubilados, la situación social irá a la cola de la recuperación económica. Hay que restablecer el consumo, y el Estado se ocupará de eso y los oferentes privados presionarán para que ocurra en los países capitalistas de mercado, y en forma mixta en la República Popular.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta no es una época revolucionaria, los caminos están bloqueados y la hegemonía económica mundial hoy transcurre con contradicciones y conflictos, con una competencia bipolar entre las superpotencias. Si cabe la posibilidad de un destino bélico, no lo sabemos, porque el entrelazamiento de intereses entre ambos es también una condición. Otra paradoja: son enemigos y son socios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este escenario plantea a los países periféricos nuevos desafíos para posicionarse en el mundo, ya que no se plantean opciones polares entre capitalismo y comunismo, o entre Occidente y Oriente. Todavía la contradicción entre la República Popular China y los EE.UU, se dirime en el plano más comercial que militar, y no hay desembarcos ideológicos por parte de los asiáticos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La contemporaneidad se estructura en la convergencia de desarrollos históricos globales que abarcan desde la biopolítica hasta la cultura digital. Los países centrales de Occidente siguen ostentando: la libertad de expresión, de prensa, el respeto por los derechos humanos, la defensa de la democracia formal. Son valores constitutivos de las naciones neoliberales; y  EEUU vuelve a enarbolarlos para su posicionamiento estratégico mundial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se dirá que hay falsedades detrás de estos valores; claro que las hay. No hay hegemonía, ni la del siglo XII o del XXI, sin adulteración. La propiedad privada de los medios de producción es anterior a los seis siglos de  capitalismo y es, como dijimos, el núcleo central del sistema y encuentra en la economía moderna la posibilidad de su máximo desarrollo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El individualismo triunfante propulsado por el neoliberalismo desplaza a lo colectivo como sujeto de transformación. La democracia formal sin participación, y en la soledad del cuarto oscuro, realiza este ideal de ciudadano libre y no de comunidad libre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La ideología dominante es el neoliberalismo, una de las identidades que se le asigna es la desaparición del Estado. Cosa que no es tan así porque recurre a él, sobre todo cuando se produce el incendio como en la crisis petrolera de los ´70,  o en la crisis de las hipotecas del  2008 o ahora con la pandemia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Estado ha sido y es un actor principal durante los seis siglos de capitalismo, pero los sectores dominantes no quieren un Estado intervencionista, tanto como que no quieren una comunidad participativa. Ambas cosas reducen el rango del individuo, aunque diría mejor: reducen el margen de maniobra del capital.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La democracia está en cuestión. Es una institucionalidad que cohabita con mayor o menor compromiso con el poder formal y también con el poder real. A este último lo oculta, hace como si no existiera, y deja que la política sea comprendida sólo por la legalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ahora, no hay una alternativa global al sistema sino intentos de reformas para mejorar su desempeño. Hay que decidir si se va a aprovechar la democracia para profundizarla.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 5 de abril de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier &amp; Asociados.</span></p>
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		<title>El peronismo ante los curtidores de la teoría neoliberal de fijación de precios &#8211; Por Artemio López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Oct 2021 13:55:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artemio López]]></category>
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		<category><![CDATA[Roberto Feletti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Artemio López repasa en esta columna los tres acuerdos de precios peronistas exitosos y a rememora la derrota de los “curtidores” de la teoría neoliberal y la supuesta superioridad del libre mercado en la fijación de precios.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-peronismo-ante-los-curtidores-de-la-teoria-neoliberal-de-fijacion-de-precios-por-artemio-lopez/">El peronismo ante los curtidores de la teoría neoliberal de fijación de precios &#8211; Por Artemio López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Artemio López repasa en esta columna los tres acuerdos de precios peronistas exitosos y rememora la derrota de los “curtidores” de la teoría neoliberal y la supuesta superioridad del libre mercado en la fijación de precios.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Artemio López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Recientemente, el flamante <strong>Secretario de Comercio Interior</strong>, Roberto Feletti se mostró partidarios de los acuerdos de precios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En esta columna vamos a señalar los tres acuerdos de precios peronistas exitosos y a rememorar, a vuelo de pájaro, la derrota por goleada de los “curtidores” de la teoría neoliberal y la supuesta superioridad del libre mercado en la fijación de precios.</p>



<div style="height:14px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>1.</strong> Viajemos, entonces, al año 1952, cuando Juan Domingo Perón crea la Comisión Nacional de Precios y Salarios que tenía la función de vincular aumentos salariales con los niveles de productividad y evitar aumentos de precios no justificados. Las medidas de control o acuerdo de precios que generó el “Pocho” lograron revertir la situación, y la inflación pasó del 38% en 1952 al 4% en 1953 y cayó al 3,8% en el año 1954. Por otra parte, en términos generales, puede decirse que el nivel de actividad económica, en su conjunto, se reactivó y pasó de una caída de 6% del PBI en 1952 a un crecimiento del 5,4% en 1953.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">«La serie estadística histórica sobre la distribución funcional del ingreso muestra dos años clave: 1954 y 1974. En ambos se alcanzó la máxima participación de los asalariados en el Producto. «Hacia 1954 el Producto Bruto Interno se ubicaba un 10% por sobre el del año 1952, mientras que el incremento de precios había sido tan solo del 8% acumulado bianual, los salarios reales mantenían los niveles de principios de la década y la participación de los trabajadores sobre la renta fue la máxima en la historia nacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En este sentido, la serie estadística histórica sobre la distribución funcional del ingreso muestra dos años clave: 1954 y 1974. En ambos se alcanzó la máxima participación de los asalariados en el Producto. En 1954, el registro fue de 50,1%, alcanzándose así el deseado fifty-fifty.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Frente a esto, como sabemos, la reacción conservadora apeló al golpe de Estado para derrocar al gobierno peronista y desarticular el proceso socioeconómico que permitió conquistar la Justicia Social, conquista que siempre supuso en el país transitar etapas de acuerdos de precios.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>2.</strong> En el año 1973, con el regreso definitivo del General Perón, el Pacto Social, que impulsara como principal medida de política económica supuso también acuerdo de precios, y fue tan exitoso que logró bajar la inflación drásticamente del 100% existente, cuando iniciara el gobierno el “Tío” Cámpora, al 30% en solo un año.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Luego, acontecimientos políticos, trágicos unos y muy desestabilizantes otros, como el asesinato de Rucci, la muerte del General Perón y la ausencia de poder político que supuso, impulsaron el sabotaje permanente al “Plan Gelbard” por parte del poder económico transnacional, la izquierda mágica y la derecha esotérica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">«En el año 1973, con el regreso definitivo del General Perón, el Pacto Social, que impulsara como principal medida de política económica supuso también acuerdo de precios, y fue tan exitoso que logró bajar la inflación drásticamente del 100% existente. «Este proceso desestabilizador hizo trepar el IPC al 76% en pocos meses y forzó la renuncia del ministro elegido por Perón, “maldito” para la derecha, que se opuso a la política de distribución del ingreso, y para la izquierda, que nunca entendió la apuesta peronista a un capitalismo con equidad. Gelbard fue perseguido ferozmente por la dictadura de Videla-Martínez de Hoz en 1976, que le quitó su nacionalidad argentina. Se exilió en los Estados Unidos y murió, apátrida, en octubre de 1977. Sus restos reposan en un cementerio de California.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Muerto Perón, la ofensiva contra el plan Gelbard finalmente culminó con el llamado «Plan de los Tres Chiflados», en referencia a López Rega, Celestino Rodrigo, autor del “Rodrigazo”, y el siniestro Caballo de Troya neoliberal Ricardo Zinn, integrantes todos ellos de la, en esos días, nutrida orden esotérica «Los caballeros de Fuego», que sostenía, entre otras lindezas y así lo expresaba López Rega en reuniones de gabinete, que Perón era la reencarnación de un Faraón Egipcio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Zinn, liberal y antiperonista furioso, reconoció explícitamente que su plan tenía como objetivo de fondo la destrucción del modelo político social implementado a partir de 1946 y que tuvo su recomienzo a mediados del año 1973 con la llegada al gobierno de Héctor Cámpora y Juan Perón, a punto de que ya en el año 1974, y también como efecto del control de precios, la participación de los trabajadores en el Producto alcanzó el 47,0%, ¡segundo récord histórico!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Así las cosas, vemos que el plan de acuerdo de precios implementado por Gelbard y sostenido políticamente por Perón, no fracasó como consecuencia de asépticas “inconsistencias de teoría económica”, como pretenden hacernos creer los gurúes neoliberales -incluido el ex ministro Lavagna , otro prócer al que ya le haremos pelo y barba-, sino que fue fracasado por la ofensiva política de los sectores conservadores que no culminaron su tarea sino hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y las consecuencias por todos conocidas.</p>



<div style="height:14px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>3.</strong> Por último, llegamos al año 2006, durante la etapa más reciente de acuerdos de precios que fue desplegada exitosamente por otro gran patriota peronista, Néstor Kirchner, que supuso la muy oportuna eyección del Ministerio de Economía de Roberto Lavagna, quien, según Kirchner, en lugar de establecer compromisos efectivos con los formadores de precios «éste tomaba cafecito».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En efecto, en los inicios del año 2006, con el sistema de controles de precios funcionando, la inversión de la curva histórica de impacto de la inflación desagregada por quintiles de población (cada una de las cinco partes en que se divide la sociedad) resultó una nota destacada de la política económica tras la partida de Lavagna.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Las consecuencias casi inmediatas del acuerdo de precios del año 2006 fueron inmejorables. Veamos esto más de cerca.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En el quintil poblacional más bajo -el 20% más pobre de la sociedad-, el 46,6% del ingreso del hogar se destina a alimentos y bebidas, por lo que moderar la inflación de la canasta básica alimentaria resulta central para mejorar las condiciones socioeconómicas de la población más vulnerable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En el lapso comprendido entre los meses de enero de 2002 y mayo de 2003, la inflación de la canasta básica de alimentos duplicaba el Índice de Precios al Consumidor general (IPC). Esta relación IPC/Canasta alimentaria se alteró drásticamente durante la gestión de gobierno de Néstor Kirchner, y hasta el ante último trimestre de gestión del ex ministro Lavagna, los alimentos aumentaban mucho menos que el IPC general.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Esta relación virtuosa para un país en crisis socioeconómica de la profundidad que tuvo la Argentina -que supone el aumento de la canasta alimentaria por debajo el IPC general- cambió sustancialmente en los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2005, cuando se proyectaba una inflación anualizada de canasta de alimentos del 24,7% lo que hubiera supuesto, por el lado del gasto de los hogares, 1,2 millones de indigentes más -no existía la Asignación Universal por Hijo como mecanismo compensador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Este enorme fracaso de Lavagna en el control inflacionario que de persistir hubiera generado un gran deterioro social, tras la implantación de los acuerdos de precios se detuvo, y los sectores más vulnerables recibieron a partir de enero de 2006 mucho menor impacto inflacionario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El alza del índice de precios en alimentos y bebidas de 2006 para el 20% más pobre fue del 3,3%, para el segundo quintil, 20% mayoritariamente clase media baja, fue del 3,8%, y para el tercer quintil, clase media plena, ascendió apenas al 3,8%, valores inferiores al 4,9% del aumento general de alimentos y bebidas, y muy por debajo del 25% de canasta básica que dejara como pesada herencia Lavagna.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">De esta forma, mediante el control en el año 2006 Néstor Kirchner, mediante el acuerdo de precios, logró que el índice inflacionario de 2006 bajara al 9,8% anual, 2,5 puntos por debajo del nivel del año anterior, cuando había trepado a 12,3% y, muy especialmente, se detuvo drásticamente el aumento de la canasta básica de alimentos que cayó 20 puntos en un año.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 15 de octubre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Sociólogo. Director Consultora Equis.</p>
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		<title>La Tensión Democrática: Entre los Votos y los Negocios &#8211; Por Carlos Caramello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Feb 2022 15:06:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Caramello]]></category>
		<category><![CDATA[Democracias posmodernas]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[posibilismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carlos Caramello sostiene en esta nota que el ejercicio de la política se ha vuelto en Argentina y en el mundo, un atributo del Mercado; un discurso vacío de ideología y centrado en el posibilismo, cualidad esencial para nuestras posmodernas democracias.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Carlos Caramello sostiene en esta nota que el ejercicio de la política se ha vuelto en Argentina y en el mundo, un atributo del Mercado; un discurso vacío de ideología y centrado en el posibilismo, cualidad esencial para nuestras posmodernas democracias.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Carlos Caramello*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)&nbsp;</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>“Cuanto más siniestros son los deseos de un político,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Aldous Huxley</strong></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ahíta de sentencias cínicas -que sólo sirven para justificar inequidades- la política (en Argentina y en el mundo), fluye por un torrente de embustes y sofismas que la llevan a su peor destino: convertirse en un atributo del Mercado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“<em>Al gobernar aprendí a pasar de la ética de los principios a la ética de las responsabilidades” </em>sostuvo, alguna vez, don Felipe González parafraseando a Max Weber cuando hablaba de la ética de la convicción vs. la ética de la responsabilidad. De esos días a este destino de provisión y pertenencia que los poderes fácticos detentan sobre los mandamases partidarios podría decirse que ha corrido demasiada ideología bajo los puentes de la Historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Políticos con los modos y la moral del ex presidente español se vienen sirviendo de paráfrasis similares para acomodar, su discurso posibilista y su intrigar interesado, a estas posmodernas democracias líquidas en las que el poder de los votos parece estar permanentemente en tensión con el poder de los negocios. ¿Son una novedad? ¿Representan alguna innovación en la panoplia de liderazgos? Para nada. Arturo Juaretche se diferenciaba del común de la clase política explicando que, a diferencia de muchos otros, él se había “<em>subido por la Derecha y se bajaba por la Izquierda</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Esa asiduidad, esa monserga, esa especie de falta de sorpresa que acompaña hoy al biotipo dirigencial (tanto que algunos tienen que ser avalados por figuras sin mácula para que sus candidaturas sean viables) hace que los clones artificiosos se vuelvan cada vez menos útiles a las expectativas de sus patrones y, entonces, los señores del Poder, empiecen a trabajar con enjundia en su postergado pero nunca extinto objetivo de apropiarse definitivamente de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Instrumentos hay: muchos y variados. Desde el escandalete de denuncias cruzadas hacia el interior de un partido (ver el sainete del PP español) hasta la aparición de un <em>influencer </em>nacional<em> (</em>pero nada popular<em>) </em>queen las redes recauda, en 24 horas, 100 millones de pesos (que aportan los propios patrones a cuentas de los propios patrones) para ayudar a una provincia que se incendia (por fuegos provocados por los propios patrones). Todo esto pasando por la más perversa e infinitamente impúdica de las jugadas: vaciar la política de ideología o, lo que es lo mismo, hacerle creer a la gente (y utilizo este sustantivo colectivo con premeditación y alevosía) que el equilibrio político está en el Centro… allí donde habitan <em>los buenos</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Mentiras. Calumnias. Infamias. Nada más alejado del equilibrio que el Centro (al menos cuando de gestión política se trata). El verdadero equilibrio es la confrontación de ideas contrapuestas, el choque de objetivos dispares, la acción y reacción de fuerzas antagónicas. La toma de decisiones políticas siempre-siempre es (y así debería seguir siendo) un <em>subóptimo</em> en donde alguno de los actores va a resultar indefectiblemente perjudicado: el lado hacia el cuál se incline la balanza será determinado por la fuerza, la enjundia y la voluntad de los sectores en pugna.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Eso es hacer política. Eso es producir los equilibrios sociales sobre los que el Estado tiene responsabilidad definitiva. Lo demás es la fantasía pueril de una parte de esa sociedad que pretende un mundo feliz… al estilo Aldous Huxley. Y la tentativa de los que proyectan <em>la política de la antipolítica</em> con el fin de apropiarse de los bienes del Estado. Y también de los hombres y mujeres que lo habitan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“<em>Tengo un multimedio, una fábrica de zoquetes, una cervecería artesanal a cielo abierto, acciones en la ensambladora de drones, un triplex en Barrio Parque, 2 jueces federales, 1 fiscal, 4 diputados nacionales, varios provinciales y algunos intendentes y concejales desparramados por el país</em>”: el <em>discurso húmedo</em> con el que sueñan los patrones de los patrones. Una suerte de guión de conversación para cocteles en la Embajada y encuentros casuales en el campo de polo. La dirigencia política que defecciona (en Argentina y en el mundo) incumpliendo sus contratos electorales y abusando de su rara cualidad de conocer el precio de todo y el valor de nada, trabaja para que hagan realidad esas fantasías.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por eso hay que abrazar a los que abrazan un ideal,&nbsp; los que colman de sentido a la política, los que no se entregan al facilismo de lo posible, los que rehúyen del <em>masomenismo</em>, los que son capaces de jugarse la historia en un gesto. Hay que cuidarlos. Porque de los otros, hay montones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hay que seguirlos. Y escucharlos. Y mirarse en sus ojos. Y abrazarlos. Y repetirles al oído las palabras de ese héroe de entrecasa que tenemos los peronistas llamado Envar “Cacho” El Kadri: “<em>Perdimos. No pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos y tendremos razón en seguir intentándolo. Y ganaremos cada vez que algún joven sepa que no todo se compra ni todo se vende, y tenga ganas de cambiar el mundo</em>”.</p>



<div style="height:34px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 25 de febero de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros “Zonceras argentinas al sol” y “Zonceras argentinas y otras yerbas”, y “Los profetas del odio”. Su último libro editado es “Zonceras del Cambio, o delicias del medio pelo argentino”.</p>
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		<title>Necesidades y derechos. Lo (in) decible y lo que no se dice &#8211; Por Estela Grassi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Jun 2022 18:15:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los dichos y declaraciones de Javier Milei y Carlos Rosenkrantz deberían conducirnos hacia una indagación que lleva al punto de intersección entre política-cultura; es decir, a ese punto donde se produce sentido y se constituyen personas/individuos sociales o personas/individuos radicalmente individualistas y egoístas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Los dichos y declaraciones de Javier Milei y Carlos Rosenkrantz deberían conducirnos hacia una indagación que lleva al punto de intersección entre política-cultura; es decir, a ese punto donde se produce sentido y se constituyen personas/individuos sociales o personas/individuos radicalmente individualistas y egoístas.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Estela Grassi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Dos informaciones circularon, una detrás de otra, cuando terminaba el “mes de la patria” y dieron mucho que hablar y escribir. Cada una corresponde a manifestaciones <em>públicas</em> de personajes <em>públicos</em>, ambos funcionarios <em>públicos</em>: Javier Milei, diputado nacional y activo miembro de la “casta política” a la que denuncia y se propone eliminar; y Carlos Rosenkrantz, vicepresidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Respecto de lo expuesto por Milei, no haría falta decir mucho, si no fuera porque lo más reproducido es lo más superfluo. O es lo más superfluo lo que da título a la mayoría de las notas que pueden hallarse en una búsqueda. Jorge Fontevecchia realizó una muy extensa entrevista al susodicho, junto con el dirigente social Juan Grabois. Entre muchas cosas dichas, lo que parece indecible, fue allí dicho: morir de hambre puede ser una elección, frente a la sobrexplotación, según la moral libertaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El diálogo se desarrolla así, en lo más esencial, cuando Grabois intenta argumentar que no hay libertad en la situación extrema de tener que elegir “…entre no comer y ser explotado durante 18 horas, o 14 horas o diez horas -dice- yo elegiría ser explotado. Pero esa no es mi voluntad”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Cómo que no -responde Milei- también podés elegir morirte de hambre y morirte…”&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sigue un intercambio y el periodista, incrédulo, pregunta entonces:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Javier, ¿vos <strong>sinceramente defendés el derecho a morirse de hambre?”</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Cada uno puede hacer de su vida lo que se le da la gana”, es la respuesta.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>…</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Si tenés la posibilidad de trabajar y alguien lo eligió, prefirió no trabajar y que sus hijos se murieran de hambre”, insiste.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Siguen los intercambios y sus argumentos en el mismo sentido, hasta que Grabois introduce un ejemplo, pretendiendo mostrar el absurdo de esos argumentos:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“En tu concepción -le dice a Milei- sería legítimo que alguien le compre un brazo a un tipo porque le gusta coleccionar brazos”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Esto es lo que sigue y con eso es más que suficiente para comprender lo extremo de una argumentación sin ningún sustento moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>M:</strong> Si alguien se lo quiere vender, ¿cuál es el problema? </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>G:</strong> Te aseguro que vas a encontrar mucha gente dispuesta a vender su brazo a cambio de una vivienda para su familia. Ahora, eso es una inmoralidad, es una monstruosidad que no se puede aceptar, porque eso es la imposición de la perversión del poderoso. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>M:</strong> Ese es el error. Porque decís que el tipo decida sobre su cuerpo, si quiere utilizarlo para financiar algo, para dárselo a los hijos. Y en el fondo, cuando tenés un Estado que te saca el 50%, (es) como que te hubiera cortado la mitad del cuerpo, es muchísimo peor”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sin embargo, en la presentación de su libro <em>El camino del libertario, </em>luego de confesarse devoto de San Expedito (pág. 37), narra una experiencia laboral de mala paga y de mal trato, que lo llevó a hacer juicio a su empleador y obtener una indemnización que le permitió vivir 4 años. Eso sí, a pura pizza, pero alimentando bien a su perro (pág. 38). Si no fuera un economista con cierta <em>expertise</em> como para ser contratado por grupos empresarios o poder cobrar diez mil dólares por una conferencia, ¿hubiera optado por dejarse morir y dejar morir a su perro Conan, para quien quiere las mejores condiciones de vida y por quien está dispuesto a los mayores sacrificios? O para no dejar morir a su perro ¿hubiera optado por dejarse sobre explotar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buena parte de las notas y comentarios se detuvieron, sin embargo, en la coincidencia entre los entrevistados, acerca de que los manteros (vendedores ambulantes) no deben ser expulsados por la policía. Incluso <em>La Nación</em> tituló así la información: <em>Javier Milei y Juan Grabois coincidieron en la defensa de los manteros: “Tenemos una alianza táctica”</em> (lanacion.com, 31-5-2022)<em>. </em>Los fundamentos, como es de imaginar, son inconciliables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Que a esta altura del desarrollo de las ideas pueda sostenerse y proponerse públicamente que las opciones de las personas en condiciones de extrema precariedad son expresión de su libre albedrío, parece un despropósito. Pero viniendo de quien viene no sorprende y se inscribe en el renacer de una corriente de ideas que, de materializarse, llevaría a la destrucción de la vida en la tierra, de la que podrán salvarse ese puñado de privilegiados y privilegiadas que se construyen bunkers o ya exploran privadamente el espacio exterior. El resto -y quizás hasta los y las Milei de estas pampas- flotarán en el infinito.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://media.canalnet.tv/2022/05/juan-grabois-y-javier-milei-repo-20220527-1363409.jpg" alt=""/><figcaption><em>Foto: Net tv</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por sobre las simplificaciones e indignaciones varias, más interesante es desentrañar los presupuestos teóricos en los que se basa la conferencia que el vicepresidente de la Suprema Corte de Justicia expuso en un encuentro sobre Justicia, Derecho y Populismo en Latinoamérica, organizado por la Universidad de Chile. El tema y los problemas implicados son más complejos y más sofisticados que aquello a lo que lo reducen, en general, los medios y las redes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Según puede reconstruirse, entre otros conceptos y en distintos tramos de su charla, el juez Rosenkrantz dijo lo siguiente:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Hay una afirmación que yo veo como un síntoma innegable de fe populista y en mi país se escucha con frecuencia, según la cual detrás de cada necesidad debe haber un derecho. Obviamente un mundo donde todas las necesidades son satisfechas es deseado por todos, pero no existe. Si existiera, no tendría ningún sentido la discusión política y moral [&#8230;]. No puede haber un derecho detrás de cada necesidad porque no hay suficientes recursos para satisfacer todas las necesidades, a menos que restrinjamos qué se entiende por necesidad y que se entienda por derecho a las acciones que&nbsp;<a href="https://www.pagina12.com.ar/420231-la-sobrina-de-juan-carlos-maqueda-que-hace-temblar-a-la-cort">no son jurídicamente ejecutables</a> […] En las proclamas populistas hay un olvido sistemático de que detrás de cada derecho hay un costo. Se olvida que, si hay un derecho, otros, individual o colectivamente, tienen obligaciones. Y honrar obligaciones es siempre costoso en términos de recursos y que no tenemos suficientes recursos para satisfacer todas las necesidades.»</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hay, en estos pocos párrafos, al menos tres cuestiones implicadas que son, no solo ideológicas, sino también teóricas y políticas: la cuestión misma de “las necesidades”; el problema “de la escasez”; y el “costo de los derechos” y su sostenimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>1-</strong>Empecemos por las necesidades. Aunque mucho se ha escrito y teorizado al respecto, una referencia a la filósofa húngara Agnes Heller<a href="#_ftn1">[1]</a> puede relevar de más argumentos para esta ocasión. Heller distingue un «límite existencial» más allá del cual «la vida humana ya no es reproducible como tal», por lo que no corresponde hablar de necesidades propiamente, sino de la mera existencia humana. Una condición básica y necesaria que permite, entonces, plantearse «necesidades sociales». Recuerda que es «&#8230; con el desarrollo en sentido capitalista de la productividad, como el mantenimiento de la mera existencia física puede dejar de ser para el hombre irrevocablemente un problema y un fin en sí mismo en función del cual configurar la actividad cotidiana; los hombres no trabajan ya sólo para llenar su estómago y el de sus hijos y para protegerse a sí mismos y a su familia de la muerte por aterimiento». (Heller: 32). Esto bastaría, también, para dar por resuelto el problema de la escasez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pero para no permanecer en el registro particularista del problema que se desprende de esos pocos párrafos citados -acaso insuficientes para una interpretación justa de las palabras del juez-, avancemos un poco en el razonamiento de Heller. Lo fundamental de la cita consignada en el párrafo precedente es que nos advierte que la sobrevivencia en condiciones de precariedad e indigencia obstruye la satisfacción de necesidades sociales. Dicho en términos que nos resultan familiares, las condiciones de indigencia son un límite existencial para el desenvolvimiento de una vida verdaderamente social. Es decir, una vida que presupone un conjunto de “necesidades sociales básicas” que, en el transcurso de la formación y desenvolvimiento del Estado moderno, fueron dando lugar al desarrollo de instituciones <em>ad hoc</em> (sistemas educativos, de salud, de seguridad social, etc.) que desmercantilizaron parte de los bienes y servicios correspondientes y <em>socialmente </em>necesarios. Se hicieron escuelas, hospitales, viviendas sociales, se instituyó la jubilación, se desarrolló el transporte público, se construyó la red de servicios sanitarios e iluminación pública, etc.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Estas intervenciones fueron estratégicas en la estructuración política y económica (en la normalización del mercado capitalista) del Estado nacional. Más allá de la materialidad de las obras y su uso y consumo por la población, la política pública hacía parte de la normalización de una cierta cultura legítima (moderna y de una vida de trabajo), de la conformación de la identidad y pertenencia a la comunidad nacional, de la disciplina (laboral y ciudadana). No obstante, el reconocimiento (o no) de las necesidades sociales, los alcances, estándares y modos de acceso a los satisfactores han sido siempre materia de disputa social, lucha política y también de debate técnico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Inscripta en estos procesos va la historia de la institución de los derechos y de su interpretación. Y a esas diversas y contradictorias interpretaciones -tal como queda de manifiesto en el debate desatado en torno a las expresiones del juez- le subyacen las diferentes y opuestas concepciones y proyectos políticos acerca de la sociedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">De esas disputas, da cuenta el deterioro de los servicios públicos que la reciente pandemia de COVID19 hizo patente cuando hubo que afrontar un aluvión de casos. Pero aún más demostrativo de las cualidades de los proyectos políticos en pugna es que ya antes de la pandemia debió declararse la “emergencia alimentaria”, lo que demuestra que se había sobrepasado aquel límite existencial para la satisfacción de necesidades sociales, que señala Heller.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La alimentación insuficiente, el techo que no llega a ser abrigo y los servicios de salud saturados, que mantienen la vida al límite de su extinción, no son condiciones que permitan la reproducción, si por ella se entiende una existencia social acorde a la continuidad y proyección de, y en, la comunidad de pertenencia. En otras palabras, el cuidado y la protección de la vida es condición necesaria para que se satisfagan las necesidades que la comunidad promulga como valiosas, que se requieren para su desarrollo material y -tanto más- moral, y para la normalización de un orden político legítimo. El problema o la diferencia es cuando ese orden político desestima a una parte de la población.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Si, como está ya dicho, la educación universal, los servicios educativos gratuitos, la obligatoriedad de educarse y, finalmente, el derecho a la educación, fueron un pilar fundamental en la constitución del Estado nacional entre finales del siglo XIX y gran parte del XX, en las últimas décadas, el modelo de desarrollo político-económico que pugna por imponerse no contempla un sujeto/ciudadano universal. Ya no se trata de formar e integrar ciudadano/as y trabajadore/as, sino individuos capaces de desenvolverse en un mercado restringido y altamente competitivo por la intensificación sin precedentes del desarrollo tecnológico que permite el reemplazo de trabajo humano, provoca la rápida obsolescencia de numerosas especialidades y que transformó la vida cotidiana en general (los modos de trabajar, comunicarnos, comprar, usar los servicios).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pero las consecuencias para la sociedad no derivan del desarrollo tecnológico, sino del ordenamiento y de la regulación política de las nuevas necesidades sociales que se generan y hacen a un/a sujeto competente en el nuevo orden. &nbsp;Así, la vida social hoy se hace inconcebible sin la infraestructura de servicios básicos (red de agua, energía y caminos), pero también sin conectividad (Internet y telefonía celular) porque estas redes son las que ahora van entretejiendo el territorio, canalizando vínculos diversos y son el recurso de acceso a los requerimientos (las demandas) de la producción, y para el desenvolvimiento de la vida cotidiana (tramitaciones, consultas, educación, ocio, etc.). En tanto son requerimientos de la vida contemporánea se tornan derechos para desenvolverse en ella y enfrentan al Estado con la necesidad de su satisfacción o, en su defecto, de configurar una comunidad política restringida y excluyente.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://images.pagina12.com.ar/styles/focal_3_2_960x640/public/2022-06/551704-whatsapp-20image-202022-06-03-20at-204-11-10-20pm.jpeg?itok=aIRjGtbV" alt=""/><figcaption><em>Foto. Página/12</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>2-</strong> Respecto de la cuestión de la escasez de los recursos, es una idea asociada a la presunción de que las necesidades humanas son ilimitadas. Si esto es así (puede serlo) entonces los recursos se tornan escasos. Pero este principio no puede generalizarse sin más, cuando lo que primero asoma es que, al día de hoy de la historia humana, la infinitud de necesidades solo parece valer para un puñado de humanos y humanas (de acá y del mundo) que parecen estar dispuestos y dispuestas a acaparar los recursos. Incluso aquellos que, para una inmensa mayoría, les son indispensables para conjurar el riesgo de morir por inanición o aterimiento. De hecho, las necesidades enumeradas antes son bien delimitadas. Como está dicho en el punto precedente, la asociación entre necesidades y derechos en un Estado democrático no deviene de los deseos ilimitados de sus miembros y miembras, si no del derecho a la vida, en primer lugar, y de las exigencias para el desenvolvimiento competente en la vida social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En nuestro país, el incumplimiento del derecho a la vida se expresa con la máxima gravedad en las situaciones de hambre y hace patente la inconsistencia de este razonamiento. Si antes de la pandemia ya se había declarado la emergencia alimentaria, esa situación no ha hecho más que agravarse, ahora en el contexto de una guerra que nos queda lejos. Es decir, sin que nada permita explicarla por “escasez” de recursos en un país productor de alimentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sobre las necesidades más recientes de comunicación citadas antes, bastan los argumentos con los cuales la Cámara Federal de Justicia suspendió el DNU 690/2020 que, en el contexto de la pandemia de Covid19, declaraba servicio público a las telecomunicaciones (telefonía celular, Internet y televisión por cable). En términos de la resolución de suspensión, se trataba de <em>“tutelar los derechos de la parte actora</em> (empresas) <em>y a garantizar el derecho de los usuarios</em> (clientes) a recibir y a continuar recibiendo el servicio involucrado,&nbsp;evitando una disminución en la calidad del servicio ofrecido». <a href="#_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Es decir, las necesidades y el derecho se subordinaron a la capacidad de acceso al mercado respectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>3-</strong>Queda, por último, el tema del costo de los derechos. Sin duda, los derechos (su aseguramiento, más bien) tienen costos que se pueden calcular y se expresan en el presupuesto del Estado que cada año aprueba (o rechaza) el Congreso de la Nación. Basta pensar en el costo de la seguridad. Los cuerpos policiales, los diversos estamentos de la “justicia”, la gendarmería, etc. suponen altos costos para los Estados. Pero aunque la seguridad está entre uno de los derechos primarios de ciudadanos y ciudadanas y de las obligaciones del Estado, muchas y muchos no tienen seguridad ni justicia. Ni qué decir de la red de servicios cloacales, de agua, energía, recolección de basura, etc. O de calles y caminos transitables y bien iluminados, sólo para pensar en bienes y servicios que no pueden proveerse individual y privadamente, sino que requieren “obras públicas” que tienen costos pero que, como es visible, no están disponibles (no honran el derecho) más que para una parte de la población, aunque son indispensables para la existencia misma de la sociedad contemporánea. La construcción y reparación de calles y caminos o de aeropuertos, o de un gasoducto, o la iluminación pública, etc. etc., tienen costos, satisfacen necesidades y realizan derechos de la ciudadanía que no todas o todos ven cumplidos. Por eso, los gastos del Estado no son, como se deja traslucir en las críticas de sentido común, sólo aquellos de la asistencia social a los más desaventajados, sino mayoritariamente los que sostienen la infraestructura de servicios para la vida y para la producción, que está desigualmente distribuida en cantidad y calidad y sin la cual, las propias inversiones de capital no son rentables. Aquellos que, más allá de los delirios de Milei, son bienes y servicios colectivos que nadie podría proveérselos privadamente. Para más claridad: nadie puede por su propia cuenta extenderse una red privada de agua potable o abrirse y asfaltarse una calle propia o un pedazo de autopista. Y, aunque Lewis tenga un aeropuerto privado en el sur argentino, no sirve a ninguna inversión productiva de capital, que la debe tener donde existen los recursos para que su rentabilidad le permita el consumo lujurioso que ostenta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">A esos costos para asegurar la productividad del capital y también el bienestar de quienes tenemos luz, gas, internet, calles iluminadas, etc. (como debe tener el juez al que le preocupan los costos de los derechos) van los impuestos y no únicamente a los planes sociales para quienes, en muchos casos, no tienen acceso a esos servicios básicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En suma, las necesidades resultan ilimitadas y costosas únicamente si se piensa en términos “thatcherianos”. Es decir, si se presupone que la sociedad no existe, que sólo hay mercado e individuos que, como cree Milei, pueden decidir si venden un órgano o mueren de inanición, igual que otros pueden decidir construirse un bunker o una nave para viajar al espacio exterior o fabricar armas para que se maten otros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pero si se piensa en términos diferentes acerca de la existencia de las sociedades humanas como trama de lazos en y con los que nos identificamos, y a los Estados nacionales como espacios políticos de pertenencia, el devenir de las necesidades en derechos de las personas, hace a su propia existencia y desenvolvimiento como comunidad y, también, como un espacio económico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>4-</strong> Finalmente, una preocupación frente a los procesos actuales en los que se da la posibilidad de, son atractivos y hasta se vuelven una exigencia para la derecha tradicional, los discursos políticos antisociales y autoritarios como el de quienes se erigen en libertarios pero están dispuestos a usar la fuerza del Estado para imponer su ideología. Es una preocupación que lleva al punto de intersección política-cultura. Es decir, a ese punto donde se produce sentido y se constituyen sujetos o sujetas. Personas/individuos-as sociales o personas/individuos-as radicalmente individualistas y egoístas.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.clarin.com/img/2021/09/05/acto-de-cierre-campana-de___KBZaXQOnW_720x0__1.jpg" alt=""/><figcaption><em>Foto Maxi Failla.</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ahí se plantean preguntas como ¿dónde va haciendo pie -es decir, no lo inventa- este individualismo virulento que permite decir que dejar/se morir de hambre puede ser una opción, no de un/una suicida, sino una opción racional en el mercado? ¿Qué permite hacer creíble que los recursos no alcanzan para alimentar a todos en medio de la opulencia extrema y como nunca, de unos pocos? ¿Qué es lo que habilita ese discurso que, a la vez, habilita esa imagen inconsistente y tan precaria de la vida humana? ¿Cómo es que lo más extremo de lo antisocial se volvió decible y se convirtió en discurso y meta política deseable? ¿y en una moralidad, aunque sea inmoral? ¿Cómo es creíble que el poder se reduce a poder político y Estado, mientras que el “poder poderoso”, el que constriñe y condiciona las opciones hasta la posibilidad de comer se volvió tan natural (izado)?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Aunque conduzca al absurdo, se trata de un discurso político radicalizado que, sin embargo, le compite con ferocidad a los discursos políticos clásicos de la ciudadanía y ni qué decir, de la igualdad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Las explicaciones y justificaciones que tenemos más a mano refieren al desencanto con la política. Pero hasta ahí, ¿no estamos sumando más culpas a “la política” y “los políticos” aunque, por cierto, dan muchos motivos? ¿No es un modo de darle la razón a Milei, que se propone eliminar “la casta” de la que él forma parte, en tanto que compite en el campo político? &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La hipótesis tiene sustento, pero también parece insuficiente, porque hace tiempo que los movimientos de izquierda ofrecen otra opción al desencanto y al individualismo. Quizás haya que hurgar más profundamente para buscar en qué tinieblas o en qué escondrijos de la humanidad presente se mantenía agazapado-a ese individuo-a violento-a y anti social, a la espera de que algún Milei lo y la habilitara a decir lo indecible y lo y la liberara de la moral humanista que, al menos, alentaba la indignación ante el sufrimiento y la injusticia del hambre y la desigualdad extremas. Comprender (en el sentido socio-antropológico) parece hoy una misión imposible, pero tendríamos que intentarlo, más allá de lo visible.</p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><a href="#_ftnref1">[1]</a> Agnes Heller (1986): <em>Teoría de las necesidades en Marx</em>, Barcelona, Península.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><a href="#_ftnref2">[2]</a> <a href="http://tiempojudicial.com/2021/12/21/la-justicia-federal-fallo-en-contra-del-dnu-sobre-el-servicio-de-telecomunicaciones/">http://tiempojudicial.com/2021/12/21/la-justicia-federal-fallo-en-contra-del-dnu-sobre-el-servicio-de-telecomunicaciones/</a></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 20 de junio de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Dra. en Antropología. Profesora Consulta de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Investigadora del Instituto Gino Germani.</p>
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		<title>La Patria o el desafío de la comunidad organizada* &#8211; Por Conrado Yasenza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Oct 2022 12:49:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Conrado Yasenza]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[Mercado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cómo pensar la idea de Patria en tiempos de neoliberalismo financiero, y cómo pensar, a través de los tiempos, la relación de los hombres con el mercado y de los hombres con el suelo patrio, con la tierra, con la Matria y su naturaleza.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Cómo pensar la idea de Patria en tiempos de neoliberalismo financiero, y cómo pensar, a través de los tiempos, la relación de los hombres con <strong><em>el mercado</em></strong> y de los hombres con el suelo patrio, con la tierra, con la Matria y su naturaleza.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Conrado Yasenza*</strong></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hace ya unos años leí “Vivir afuera”, gran libro de Enrique Fogwill. De alguna manera, aquel libro manifestaba un clima de época que auguraba la consolidación globalizadora mercantilista, con una idea sencilla que hasta pudo haber pasado desapercibida: los cuerpos, los ciudadanos, las personas, no pueden circular libremente por rutas y caminos ya que la territorialidad del mercado ha sembrado sus retenes. El recorrido o la circulación por los territorios es tal si el mercado accede a ello. Allí están, nacen y se reproducen las autopistas. El viaje, el traslado, la circulación es sólo posible si antes se paga el peaje. Para ello se proyectan y se construyen, y es ahí donde se impone la idea de mercado como organizador espacial y territorial del movimiento de los cuerpos, cuerpos objetivados, cuerpos líquidos, intercambiables y descartables; cuerpos que se realizan en la venta de sus cualidades de consumo bajo una ornamentación posmoderna, una pátina de subjetividad acorralada. Eso que los filósofos del siglo XXI denominan sistema neoliberal, ese ir por las almas, como lo expresó Margaret Thatcher.<br><br>Es así como el mercado nos roba el cuerpo objetivo, el cuerpo de la Patria. Esa Patria, que es necesario pensar como idea o noción aún más antigua que la de Nación o Estado.<br><br>¿Qué es la Patria? Podríamos decir que supone la pertenencia a un territorio, a un suelo, implicado en una historia diferencial, una historia propia y común, que produce las condiciones para que surja un pueblo que culturalmente se diferencia y se acerca a otros. Pero la palabra Patria, como lo expresó León Rozitchner, pudo ser la palabra Matria, ya que el suelo patrio es el suelo materno, la pachamama, que en la cultura de gran parte de nuestra región significa la primera y más profunda&nbsp; relación con la tierra. Patria o Matria: Quizás es en esta primera occidentalización donde emerge el dominio patriarcal, donde comienzan a esbozarse las primeras diferencias de clase: los que están incluidos y los que no; los que están arriba y los que están por debajo, los que pueden desear y los que no; y también aquellos que en tiempos amables son contenidos por el concepto de Patria: los extranjeros.<br><br>Entonces la Patria sería ese lugar primario donde las relaciones humanas son abarcadas y compartidas. La Patria ligada a la noción de comunidad pero también al territorio, a la tierra, al recorrido del suelo patrio y a la historia de ese recorrido. Pero cuando toma forma el concepto de Patria se tejen suposiciones: la existencia de una tierra, la satisfacción de necesidades básicas, la cooperación entre los habitantes de esa tierra, y la producción que satisfaga esas necesidades que alteran la relación con la naturaleza y las relaciones entre los hombres.<br><br>Habrá que pensar entonces en cómo la idea de Patria se conjuga con la de mercado, y cómo a través de los tiempos, el mercado ha dominado la relación de los hombres entre sí y de los hombres con el suelo patrio, con la tierra, con la Matria y su naturaleza. Allí el desafío de armonizar ese paño habitable donde también entra en juego el goce.<br><br>Aquella alusión inicial a la novela de Fogwill remite a las complejas relaciones que los hombres y mujeres han establecido con su cultura, su economía y su historia. Esa demarcación de peajes mercantilistas que delimitan el recorrido, la habitabilidad y la comunión con el territorio, es lo que simbólicamente manifiesta la idea de vivir afuera, la distinción entre estar incluido y estar excluido. Las restricciones del mercado en su faceta neoliberal-financiera sólo hablan de dominio y reducción de esas condiciones necesarias para que exista la Patria, para que haya historia. Y para que haya historia y Patria debe haber un Estado que oficie de garante y articulador del bienestar general para que el pueblo pueda organizarse en comunidad, sin desentenderse de la conflictividad de intereses y desigualdades que genera el capital financiero. De no existir un Estado fuerte y eficiente, la Patria es devorada por un sistema que se autoreproduce ilimitadamente.<br><br>Convalidar el imperio total del mercado -porque de ese dominio no hemos salido: es más, aceptamos ese sino como ineludible- es restablecer las condiciones de reducción cultural, política e histórica de una Patria -y de un suelo materno-&nbsp; que en sus más de doscientos años ha vivido escasos momentos, raros momentos de felicidad y relativo dominio de las variables socio-económicas enlazadas a la idea del mayor bien común posible. Y ello es así porque la Patria se asienta en una materialidad que las izquierdas desconocen o desatienden luego de descubierta, mientras que la derecha siempre supo de ella, fue en su búsqueda, la conquistó y reservó para sí.<br><br>Por ello es que habitamos un mundo y una región que no ha podido modificar esa relación material, cultural y política cuyo lenguaje hegemónico es la prevalencia de la producción de bienes que exceden lo necesario.<br><br>Un nuevo signo lingüístico debe oponerse a esas estructuras económicas para que las relaciones de sociabilidad, solidaridad y cooperación se establezcan al calor de comunidades para las cuales el peaje para acceder a la vida no sea exclusivamente el consumo de bienes económicos efímeros ni la pregnancia del individualismo hedonista, sino la realización colectiva en el marco de condiciones dignas de trabajo, salud, educación y también recreación. Es decir, la comunidad organizada.<br><br>A partir de aquí, el desafío de pensar la Patria, su cultura, sus lenguajes, sus relaciones de producción y su historia; la pasada y la que debemos construir para realizarnos en ella.</p>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><br><br><strong>*Esta nota fue escrita para Télam y publicada originalmente en la agencia.</strong><br>Periodista, director de la Revista La Tecl@ Eñe, y docente en UNDAV<br></p>
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		<title>VIDA DE PERROS &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Apr 2023 22:57:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
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		<category><![CDATA[Mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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		<category><![CDATA[Violencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan sostiene en esta nota que el reduccionismo y la simplificación de la noción de libertad, que no es sólo potestad de Javier Milei, alentó la posibilidad de que un discurso como el suyo ganara espacio; y advierte Kohan, que no habría que descartar que el poder de atracción que Milei ejerce pueda responder menos a la libertad que proclama, que a la violencia con que lo hace.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Martín Kohan sostiene en esta nota que el reduccionismo y la simplificación de la noción de libertad, que no es sólo potestad de Javier Milei, alentó la posibilidad de que un discurso como el suyo ganara espacio; y advierte Kohan, que no habría que descartar que el poder de atracción que Milei ejerce pueda responder menos a la libertad que proclama, que a la violencia con que lo hace.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Martín Kohan*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Adónde está la libertad</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;no dejo nunca de pensar.</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Pappo</strong></p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Alguna vez, en una entrevista, Javier Milei contó cómo fue que hizo que los tres perros que tiene eligieran sus propios nombres. Procedió del siguiente modo: preparó el alimento para perros, proclamó el nombre X, uno de sus perros acudió, él coligió que había elegido llamarse X, de ahí en más pasó a llamarse X. Luego hizo lo mismo con el nombre Y, y con el perro que acudió a ese llamado; y luego lo mismo con el nombre Z, y con el perro que vino y eligió llamarse Z.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Puede que algunos encuentren simpática la historia; a otros, probablemente, los remitirá a esos siniestros entrenadores de perros de los relatos de Mario Bellatin. El punto es que esta anécdota personal cobra a la vez un sentido político, porque revela con nitidez cuál es la concepción de libertad que asume Javier Milei y cuáles son sus límites concretos. Por lo pronto, parece pasar por alto que fue él quien eligió los nombres, los perros solamente respondieron. Pero además, y sobre todo, no hay que ser un Konrad Lorenz para advertir que cada uno de los perros de Milei se acercó por la comida y no por el nombre que él había proferido, y mucho menos por elegir ese nombre y querer que fuera el suyo. Vinieron por hambre y no por otra cosa. Vinieron porque sentían hambre y no ganas de llamarse de una manera o de otra. No estaban eligiendo nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El episodio es ilustrativo porque muestra, en una escena simple y hogareña, hasta qué punto en la concepción de la libertad de Milei se relega el factor de la necesidad. Donde había una necesidad (la más elemental, la más primaria: la necesidad de comer), Milei creyó percibir una elección enteramente libre (no un derecho, como suele decirse, sino un acto de libertad evidentemente falso). No vio animales con hambre, sino seres eligiendo libremente el nombre con el que querían ser llamados. No vio hasta qué punto puede haber, si no una determinación completa, sí al menos un fuerte condicionamiento sobre un acto que, para él, luce libre e incondicionado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ya se habrá arreglado Milei con los perros y sus nombres. Es el reduccionismo y es la simplificación de la noción de libertad lo que ahora nos interesa; es esa concepción abstracta de una libertad envasada al vacío que no es solamente de Milei. Podría decirse incluso que ese vaciamiento y ese aplanamiento de la noción de libertad, que eran previos, alentaron la posibilidad de que un discurso como el suyo prosperara y ganara espacio. Aunque no habría que descartar que el poder de atracción que Javier Milei ejerce pueda responder menos a la libertad que proclama, que a la violencia con que la proclama. Que sea su violencia, más que otra cosa, lo que a unos cuantos fascina. Porque en otros políticos (pienso en Espert o en Fernando Iglesias, por ejemplo), la agresividad no deja de lucir un tanto calculada, administrada por estrategia, algo que ellos en última instancia manejan. La agresividad de Javier Milei, en cambio, luce cabal, luce genuina, y está claro que se le vuelve inmanejable, está claro que se le va de las manos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Libertad y violencia, entonces. Y antes: libertad o necesidad. Pienso ahora en Patricia Bullrich, que no termina de unirse a Milei pero tampoco de desistir de hacerlo. ¿Qué es lo que la atrae de él exactamente? ¿Qué parte es la que la lleva a acercarse? ¿Y hasta qué punto, cuando se acerca, cuando amaga con una alianza posible, lo hace porque así lo quiere o lo hace porque lo necesita, no ya para obtener alimento, pero sí para obtener más votos?</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 20 de abril de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Escritor. Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.</p>
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		<title>LAS SOCIEDADES, A VECES, SE SUICIDAN &#8211; POR EDUARDO GRÜNER</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Oct 2023 15:54:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Grüner]]></category>
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		<category><![CDATA[Estado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Eduardo Grüner sostiene, recurriendo a Freud, que las sociedades están tan construidas sobre la agresión, el odio y el “instinto de muerte” como sobre la solidaridad y la cooperación, y afirma que no puede surgir ningún loco de la motosierra sino allí donde no se ha indagado sobre el proceso de fascistización social cotidiana, pero muy violenta, que ha venido creciendo en los últimos años.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Eduardo Grüner sostiene, recurriendo a Freud, que las sociedades están tan construidas sobre la agresión, el odio y el “instinto de muerte” como sobre la solidaridad y la cooperación, y afirma que no puede surgir ningún loco de la motosierra sino allí donde no se ha indagado sobre el proceso de fascistización social cotidiana, pero muy violenta, que ha venido creciendo en los últimos años.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Eduardo Grüner*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></strong></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Es interesante comprobar cómo, en situaciones de intensa crisis como la actual, inevitablemente se produce un <em>ritornello</em> de frases “optimistas”, destinadas a tranquilizar las conciencias biempensantes del progresismo <em>cool</em>. Por ejemplo, la que afirma que no hay que desesperar porque, a fin de cuentas, ninguna sociedad se suicida. ¿De dónde sacaron, quienes afirman tal cosa, esa peregrina idea? Basta leer rápidamente algún texto de Sigmund Freud – <em>El Malestar en la cultura</em> o <em>Más allá del principio del placer</em>, pongamos- para que una ventisca mínimamente realista barra con esa ilusión sin porvenir (para aludir a otro ensayo del mismo autor), y nos enteremos de que las sociedades están tan construidas sobre la agresión, el odio y el “instinto de muerte” -incluyendo la propia- como sobre la solidaridad, la cooperación, etcétera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ahora bien, si no se le quiere creer al insigne profesor vienés, no hay más que echar una sucinta ojeada a la historia. ¿O no se “suicidó” la muy culta y racional sociedad alemana en 1933? ¿O no se “suicidó” nada menos que el imperio romano hace cerca de 2000 años? ¿O acaso hoy mismo no se está “suicidando” -con todos nosotros adentro, claro- el capitalismo mundializado entero, que sabe muy bien que está destruyendo la naturaleza de la que dependemos para la vida, y sin embargo le importa un bledo? ¿O, a escala por ahora más acotada pero no menos dramática y más urgente, Rusia / Ucrania o Israel / Palestina? ¿Entonces, por qué los orgullosos argentinos habríamos de ser menos que esos ilustres ejemplos? ¿Invocaremos, una vez más, nuestra famosa “excepcionalidad”? No, señores, sepan que somos tan capaces de suicidarnos como cualquier otro país, sociedad, cultura o civilización. Faltaba más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El problema es que no nos gusta mucho indagar críticamente las razones del suicidio. Preferimos adjudicarlas a no se sabe qué fatalidad del “país de mierda”. Que el próximo 22 de octubre, o quizá en noviembre, exista la posibilidad de un suicidio colectivo de magnitud descomunal, ¿es un azar, una contingencia fortuita, una maldición bíblica? Por supuesto que no: hay una historia. Y va de suyo que no todos/as tenemos la misma responsabilidad en el entramado de esa historia. Pero, al mismo tiempo, todos formamos parte de ella, y mejor que nos pongamos a pensar seriamente qué es lo que esa historia ha hecho con / de nosotros. Y más aún, como hubiera dicho Sartre, qué es lo que somos capaces de hacer con eso que nos han hecho y que hemos hecho -o dejado de hacer-.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sí, también “dejado de hacer”. Entre tantas otras cosas, hemos dejado de ejercer, en el campo de lo político, una imaginación, una audacia, una resolución crítica que nos permitiera construir una alternativa popular autónoma que nos sustrajera a la dependencia respecto de las variantes repetitivas que el sistema se digna ofrecernos. Variantes que obviamente no son todas iguales &#8211; ¿hasta cuándo se nos obligará a repetir esta perogrullada? -, pero <em>ninguna</em> de las cuales, según los casos, pudo o quiso sustraerse a ser rehén de los verdaderos “poderes fácticos”, como se usa llamar ahora a la buena y vieja clase dominante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y es así que llegamos a esta instancia donde <em>todas</em> las variantes potencialmente ganadoras en las próximas elecciones, no por no ser iguales (¡ufa!) dejan de ser <em>todas</em> “de derechas”. Es decir que, como diría Alejandro Horowicz, el verdadero ganador de las próximas elecciones va a ser el PNA (Partido Nacional del Ajuste)<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>. Hasta ese punto hemos perdido la batalla: estamos presos de una extorsión <em>de facto</em>, por la cual se nos conmina a que votemos a la derecha “aceptable” para impedir que gane la derecha insoportable, según el ya clásico y afrancesado modelo “Macron, para que no Le Pen”. Es obvio que necesitamos que gane lo menos peor; pero es una “ganancia” puramente negativa:&nbsp; no se nos puede exigir que nos enamoremos de una necesidad, o siquiera que la convalidemos con un voto <em>deseante</em>, cuando -si es que lo cometemos- ese voto sería apenas crasamente instrumental, o patéticamente resignado.&nbsp; Y si alguien se resiste a olvidar sus principios para tragarse semejante gigantesco sapo, se lo acusará de hacerle el juego… a la derecha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">O sea: con el viejo truco del chivo emisario, se lo hará responsable de que gane el “malpeorismo” sobre el “malmenorismo”, como si el verdadero responsable no fuera un gobierno pusilánime -por no decir cómplice- que fue el que (después del puntapié inicial de Macri, de acuerdo) terminó de hacer posible la aparición del monstruo y del enojado hartazgo de “la gente”, que es su alimento. Y así estamos ante la posibilidad del mayor triunfo que el “sistema” podría pedir: que ante la inoperancia de las políticas “progres” retornaran Menem y Macri disfrazados de ¡¡lo “nuevo”!!, bajo la hoja dentada de una motosierra (aún) sin estrenar. Como decía el genial Kierkegaard, una auténtica repetición siempre aparece como una novedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y sin embargo, la cosa tiene su lógica, que no es <em>solamente</em> culpa de los gobiernos: a través de las últimas décadas, el poder del capital mundializado, con la inestimable ayuda de los grandes medios y las redes antisociales (sus nuevos aparatos ideológicos), produjo un profundo proceso de <em>des-ciudadanización y des-politización</em>, un barrial de indiferencia y / o desconfianza hacia la política -esa política que sigue siendo “la de arriba”, puesto que no supimos imponer “la de abajo”-, en el que pescan a sus anchas las neoderechas que fingen ser “off-casta”. Que ellas sean o no “fascistas” es una discusión más complicada. Tal vez también aquí estemos pecando de falta de imaginación, recurriendo a categorías histórico-generales que tenemos a mano, y absolviéndonos de pensar la singularidad de ciertos fenómenos. Puede ser que después de un detallado análisis crítico lleguemos a la conclusión de que, efectivamente, tal o cual candidato melenudo y gritón es fascista (o su candidata a vice, que en ese terreno parece más consistente). Pero todavía falta ese análisis. Y, además, no se trata simplemente de las <em>personas</em>. No nos hagamos la vida tan fácil.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://calamoliteratura.files.wordpress.com/2016/10/sacrificio-tarkovski-offret.png" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Fotografía: Sacrificio – Andréi&nbsp;Tarkovski.</em></figcaption></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Mientras tanto, de todos modos, y como todavía no hemos descubierto la manera de pensar sin conceptos (aunque sabemos bien que jamás podrán ser totalmente reducidos a ellos los objetos concretos), propongamos, para tratar de empezar a pensar la “novedad”, los siguientes: primero, el de <em>Nihilismo</em>. Entendemos por tal cosa -en un sentido amplio que puede vincularse a la antigua categoría sociológica de <em>anomia</em>&#8211; el dramático hundimiento de valores, principios, códigos simbólicos, etcétera, que caracteriza al estado actual de muchas sociedades occidentales, no solo la nuestra. Ya a principios de la década del 60 Theodor W. Adorno comenzaba a detectar este síntoma, que él llamaba <em>neutralización</em>. Y advertía que no se trataba de un simple ánimo de pesimismo inofensivo, sino que su “está todo mal”, en lugar de convocar a una transformación positiva de la realidad, es un llamamiento abstracto a la destrucción de lo humano, como ya lo había demostrado lo que taquigráficamente se llama “Auschwitz”<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El segundo concepto a proponer es el de <em>Ridículo</em>, o mejor, <em>ridículo político</em>, idea acuñada hace algunos años por la filósofa Marcia Tiburi<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>. Esta noción da cuenta de una sustitución “estética” (en el sentido de la “estetización de lo político” de la que hablaba Walter Benjamin): si en los fascismos clásicos operaba el registro de lo <em>trágico</em>, en las “nuevas” neoderechas es reemplazado por el de lo <em>cómico-ridículo</em> (que es el semblante de personajes como Trump, Bolsonaro, y no digamos Milei). Pero, que no se nos malentienda: este rasgo de ridiculez no quita un ápice de peligrosidad a la situación. En el contexto nihilista / neutralizador / destructor del “que se vaya todo al carajo”, la enorme seducción de la comicidad es que se puede hacer el peor de los males sin culpa, como si fuera un gran chiste. Para que todos nos <em>matemos</em>, literalmente, de risa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En fin, ya sabemos que en la política que realmente importa la instancia electoral es solo un momento. Pero sería necio negar que hay “momentos” que condensan de forma catastrófica, en la superficie, todas las corrientes subterráneas que atraviesan cotidianamente a la sociedad. Es eso lo que tendríamos que haber aprendido a observar con más cuidado, para no vernos tan sorprendidos. No puede surgir ningún loco de la motosierra sino allí donde de alguna forma se ha creado un consenso sobre la conveniencia de talar el bosque. El loco es un <em>efecto</em>, no la causa. Y eso va mucho más lejos, y más profundamente, y más atrás en el tiempo, que el anecdotario de las ridiculeces de un candidato. No se trata tanto de discernir si tal o cual candidato es “fascista”, sino de indagar en la fascistización social, “microfísica”, cotidiana, pero muy violenta, que ha venido creciendo en los últimos años, y que ha transformado en verosímiles cosas que hace no mucho tiempo hubieran sido impensables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y algo más. Tendremos que hacernos a la idea de que la política, tal como la conocimos en los últimos 40 años, no existe más. La motosierra es un síntoma y un símbolo -lástima que de contornos siniestros-: el sistema de partidos, la lógica representativa, la idea misma de “representación”, han volado por los aires. El Estado como árbitro más o menos “bonapartista” tiene muy debilitado su prestigio. El Mercado (ese del que en los ´90 se decía, muy sabiamente, que “vota todos los días”) organiza hasta lo que podemos o no concebir en nuestras cabezas, con el comando a distancia del Imperio y del “sociometabolismo del capital”<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>. Y nuestro lenguaje político -del cual ya decía Aristóteles que era lo que nos hacía propiamente humanos- se ha degradado hasta el punto en que ya no sabemos bien cómo hablar, ni qué decir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ya estamos pues en un período de barajar y dar de nuevo, o bien de esfumarnos como “lo sólido que se desvanece en el aire” que citaba Marx. El destructivo <em>ridículo nihilista</em> que parece ser el estado dominante en nuestro mundo solamente puede ser contenido y combatido -perdón por la insistencia- “desde abajo” y multitudinariamente. Porque, como solía decir nuestro amigo y maestro León Rozitchner, “cuando la sociedad no sabe qué hacer, la filosofía no sabe qué pensar”.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Horowicz, Alejandro: <em>El kirchnerismo desarmado</em>, Buenos Aires, Ariel, 2023</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Adorno, Theodor W.: <em>Sobre la teoría de la historia y de la libertad</em>, Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2019</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Tiburi, Marcia: <em>Ridículo Político</em>, Ed. Record, 2017</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><a id="_ftn4" href="#_ftnref4">[4]</a> Noción ya canónica que le debemos a Istvan Meszárós, para indicar que “capital” no es solo una categoría estrechamente económica, sino el ordenamiento mismo de la vida, incluyendo la “psicofísica”. Sin duda, tiene un parentesco con el <em>biopoder</em> de Foucault o la <em>biopolítica</em> de Agamben o Esposito, pero a nuestro juicio cala más hondo. Cfr. <em>Beyond Capital</em>, Londres, Merlin Press, 1995.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 16 de octubre de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Sociólogo, ensayista y crítico cultural. Doctor en Ciencias Sociales de la UBA. </p>
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