Como decía Lenin: todo es ilusión, menos el poder. La tensión Cristina-Axel es una adaptación local de ese axioma. Inesperada, precipitada, inoportuna quizás, pero dada al fin.
Por Demetrio Iramain*
(para La Tecl@ Eñe)
Las disputas al interior del movimiento popular en general, y del peronismo en particular, amenazan seriamente la supervivencia inmediata de ambos, ahondan la orfandad política que atraviesan las clases populares, y acaban dándole una sobrevida a un gobierno que en condiciones normales seguramente estaría liquidado.
El altercado principal se asienta en el distrito clave de la historia política del peronismo: la provincia de Buenos Aires, donde se originó el 17 de octubre.
Su razón de ser son las tensiones que importa un conflicto subyacente, intrínseco a la política: la lucha por la hegemonía que deriva del surgimiento inevitable de nuevos liderazgos.
Como decía Lenin: todo es ilusión, menos el poder. La tensión Cristina-Axel es una adaptación local de ese axioma. Inesperada, precipitada, inoportuna quizás, pero dada al fin.
La historia enseña que en el peronismo no existe posibilidad de concurrencia entre dos liderazgos simultáneos.
Sin embargo, ¿no habrá que inventar una historia nueva, que lo permita? Difícil el desafío.
Quizás la única síntesis probable surja de los condicionantes exógenos: Milei.
¿Alcanzará?
Este conflicto político, que se presenta bajo el traje de una discusión por la técnica electoral (desdoblamiento o no de las elecciones en la jurisdicción bonaerense), se libra sobre un volcán que, al fondo de su cráter, cada vez más cerca de la superficie, burbujea: la condena judicial contra Cristina y, por añadidura, su proscripción política.
Si ello se impusiera el sistema entraría en una zona desconocida hasta aquí: la imposibilidad concreta, formal, de que importantes segmentos sociales puedan dar mandato político y ser representados.
Para ellos la democracia dejaría definitivamente de tener sentido.
Impedir que la lava de una eventual erupción autoritaria impregne todo el sistema de representación, es un reto que se impone a todo el arco político. Aliados de Cristina y no.
Pero no todos parecen entenderlo. No aliados y sí.
¿Cómo se manifestarían en política esos millones de argentinos y argentinas, que están a punto de quedarse huérfanos de representación electoral?
El otro complemento dramático es el destino de la provincia de Buenos Aires, y junto con él, del gobernador Kicillof.
El ataque del que es víctima por parte del gobierno nacional es feroz. Hablamos de una provincia con índices de pobreza estructural consolidada hace décadas, sometida a un asedio mediático y ahogo financiero brutales.
Sin dudas, el éxito de Axel Kicillof es un imperativo categórico de todo el peronismo. Su gestión es realmente quijotesca.
Pero llevarla definitivamente a buen puerto demanda, en la era Milei, la construcción de un camino propio, que derive en su liderazgo político. No es para aliados de nadie; es para un conductor.
¿Estos condicionantes pueden demorar la disputa por la conducción del espacio? Evidentemente, no. Más bien la estimulan.
¿Acaso se puede congelar el tiempo? Bueno, en política tampoco.
Las zancadillas constantes, los hostigamientos permanentes a los que es sometido Axel, desde adentro y afuera, por propios y extraños, ajenos y cercanos, serán su prueba de ácido: si los supera tendrá todo a su favor, afianzará su liderazgo y podrá, incluso, darse con mejores posibilidades al desafío de ordenar el peronismo, algo que lamentablemente no se está logrando desde la conducción del partido.
Se dirá: recién asume Cristina; te diré: sí, pero Milei no da tiempo, ni tregua. Hay que hacerlo ya.
Mientras tanto, ¿no será una desviación idealista plantear la necesidad de sintetizar los dos extremos de esa puja? Tal vez.
Pero dar respuesta a los actuales desafíos, casi todos ellos urgentes, trágicos, perentorios, quizás implique ese ejercicio: sumar idealismos de un lado y del otro, discordantes tal vez, distantes unos de otros seguramente, pero a la vez imprescindibles, y construir un materialismo original, de nuevo tipo y de nuestro tiempo: echar a Milei y que gobierne el pueblo.
Pocas veces en la historia democrática reciente la disyuntiva se presentó tan drástica: o volvemos, o perecemos. Obtenerlo depende de muchos factores, pero uno es determinante: no equivocarse. La unidad política (no la sumatoria inconexa de voluntades variopintas), si bien compleja, se vuelve crucial.
Madres
Conozco de cerca la experiencia histórica de las Madres de Plaza de Mayo. Analizar su recorrido, comprender su práctica, entender su racionalidad, podrían aportar, y mucho, al acervo de las luchas populares en Occidente, o cuanto menos, a la actualidad del peronismo en la provincia de Buenos Aires.
Las Madres salieron a la calle como respuesta a todo lo preexistente. No las conformaba la respuesta que le daban en las iglesias, los loqueros, y los organismos de DDHH en actividad, que conocían el tamaño del genocidio en curso: hábeas corpus, formularios.
Las Madres no conocían nada de nada. O casi. Entonces pusieron el cuerpo, que era lo único que les quedaba.
Cubrieron la desesperación con ingenuidad, el dolor con inocencia, y así se curaron el miedo.
La primera condición que se pusieron fue no preguntarse entre ellas la filiación política de sus hijos, porque ese dato podía generar afinidades particulares entre las Madres y conspirar contra la única síntesis que debían alcanzar: alcanzar homogeneidad en la subjetividad del grupo y buscarlos sin importar dónde militaba cada uno.
Despojarse lo más posible de la individualidad de cada hijo o hija para darse al desafío de construir una subjetividad nueva, colectiva, propia.
Con los años esa práctica fue perfeccionándose y alcanzó una formulación teórica: socialización de la maternidad.
¿No será esta hora, tiempo de la misma búsqueda?
Armar de nuevo para cantar nuevas canciones.
Buenos Aires, 2 de abril de 2025.
*Poeta y periodista.
5 Comments
Bue…mas de lo mismo. Todos jubilando a Cristina! Y nadie dice quien esmerila a Axel? Nadie dice que Axel escucha cantos de sirena que hacen que se esmerile solito.
Sigo lo que escribe Demetrio y coincido mucho con lo que expresa.
Es un momento en el tod@s esperamos grandeza de nuestr@s dirigentes porque no hay diferencias ideológicas. Y para afirmarse un dirigente joven con posibilidades de presentarse como candidato a presidente, tiene que mostrar que tiene autonomía y puede conducir sin pedir permiso.
Apoyo alos dos ydesde hace bastante tiempo leo,ytambiénescucho que entre ambos hay un quiebre yfricciones,pero hasta
Hoy nadie ha sabido precisar oexplicar cual es elmotivo concreto deese desentendimiento,ysólo emitenopiniones y siembran dudas y temoressobre Maximo yLa Campora
Poresodesearíaque alguienpudiera explicar,por ejemplo: no se ponen de acuerdoporqurCristina quiere melones yAxel
Quiere duraznos,mientras tanto seguiré en laignoranciaimaginando situaciones
Ese es el gran dilema del moemnto, estimada Bl
anca.
La peor interna es la que no se puede explicar. Esa falta de comprensión en la calle, en el pueblo, deriva en hartazgo frente a las rencillas ombliguistas que parecen ser una constante. Eso es permanente. Y ese hartazgo resulta en indiferencia, de mínima, o, de máxima, rechazo al peronismo. Y ese rechazo perjudica directamente al político de mayor valoración del peronismo, por gestión, que es Axel Kicillof.
Horadar la figura del gobernador desde el entrismo cristinista es un grave error que, a su vez, pierde de vista el objetivo, y esto es para analizar, que es ganarle a Milei, o si quieren, potenciar al gobernador.
De nuevo: la peor interna es la que no se puede explicar de cara a la población, pero todos sabemos cuál es su origen: Una disputa de poder en torno a construcciones políticas.
Saludos.
Es lamentable lo que oasa pero no es nuevo en la historia política argentina.
Los entornos condicionan los liderazgos y a menudo impiden los acuerdos imprescindibles de los líderes.