A partir de experiencias como los escraches a los genocidas o las intervenciones gráficas en los juicios por delitos de lesa humanidad, impulsadas por H.I.J.O.S, es necesario pensar cómo estas acciones rompieron silencios, construyeron resistencias y habilitaron nuevos consensos sociales, abriendo preguntas sobre su vigencia y resignificación en los contextos actuales.
Por Larisa Kejval*
(para La Tecl@ Eñe)
La carrera de comunicación nace en 1985, junto con otras carreras de la UBA, con el objetivo de defender y fortalecer la renacida democracia. Apenas diez años después, la agrupación H.I.J.O.S. nace afirmando, junto al resto de los organismos de derechos humanos, que esa democracia no podía sostenerse sin juicio y castigo para los genocidas. No es complicado de entender el porqué del estrecho vínculo que existe, entonces, entre la carrera y la agrupación H.I.J.O.S. No hay democracia si no hay justicia, no hay futuro sin memoria.
Por aquellos años, el escrache era una herramienta común de los organismos: allí donde la justicia no estaba, se hacía presente el escrache. Un gesto, un recuerdo de que la sociedad no olvidaba ni perdonaba; de que la reconciliación con genocidas era de las élites gobernantes, no del Pueblo. El principio era simple: marcar los lugares donde vivían los genocidas, mostrarles que “a donde vayan los iremos a buscar”. Hacer que el barrio, sus vecinos y vecinas, supieran que convivían diariamente con asesinos y torturadores. El método, como tal, fue largamente analizado. Generó debates e intercambios profundos en el mundo académico.
Es en este mismo sentido que proponemos la actividad “Escrache, condena social y comunicación: ¿nuevas? prácticas para ¿nuevos? Contextos”, como modo de volver a reflexionar en torno a las prácticas y las estrategias comunicacionales que se desprendían de estas experiencias de resistencia colectiva. El escrache, las intervenciones artísticas durante los juicios por delitos de lesa humanidad a los genocidas, invitan a ser pensadas como modos de ruptura de los silencios (por ese entonces casi abrumadores), así como formas de abrir caminos a nuevos debates que, en esos momentos, permitieran la construcción de nuevos consensos en torno al accionar criminal de la dictadura.
Quizás por obra de la casualidad, quizás porque la historia así lo requiere, pero estas tres décadas de H.I.J.O.S. y las cuatro de la Carrera de Comunicación se hacen carne justo en este momento, en este contexto actual en donde los consensos democráticos están fuertemente tensionados y la derecha extrema busca reinstalar la idea de los dos demonios. Se presenta aquí la oportunidad de habilitar la pregunta en torno a la vigencia y resignificación de estas herramientas, que en forma histórica permitieron dar cuenta de los modos de resistencia y denuncia que implicaban organización y planificación colectiva.
Es la celebración de estas décadas de existencia de ambas organizaciones, lo que funciona como las excusa ideal para manifestar esta unidad en tiempos difíciles. Se trata de un buen argumento para generar la posibilidad de compartir experiencias de comunicación y acción de los organismos de derechos humanos, para trabajar aportes en la construcción colectiva de las luchas y resistencias en conjunto con la universidad pública. Con herramientas y prácticas que consideramos que se potencian en común, con la memoria como verbo, consideramos fundamental toda instancia de encuentro para reflexionar, analizar, debatir y, sobre todo, construir.
Los años de historia de H.I.J.O.S. están atravesados por la comunicación, por las palabras como justicia y por la denuncia de los silencios. Encontrarnos con estudiantes y docentes de comunicación para pensar qué de estos 30 años de la agrupación pueden anclar en esta coyuntura, nos parece una forma más de organizarnos para transformar la realidad.
Los 40 años de la carrera de comunicación están atravesados por el compromiso con los derechos humanos, por el acompañamiento a los organismos en la búsqueda de justicia, por la memoria como ejercicio irrenunciable de la universidad pública y por la tarea comprometida en la formación de cuadros que aporten a la defensa de la democracia y de los derechos del Pueblo. En una coyuntura donde el Gobierno tensa todos y cada de esos principios, la búsqueda de la organización colectiva, de la construcción con otros actores, es una obligación, incluso, ética.
Viernes 29 de agosto de 2025.
*Larisa Kejval, Directora de la Carrera de Comunicación – Facultad de Ciencias Sociales – UBA.
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