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	<title>República archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>República archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La calle es la sede de la democracia &#8211; Por Carlos Raimundi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jan 2018 22:27:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Raimundi]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[asambleas públicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carlos Raimundi afirma en esta nota que el sistema de representación demo-liberal se agota en paralelo con el agotamiento moral del modelo de concentración financiera. Para re-democratizar el poder plantea retomar la idea más profunda de la democracia que proviene de la expresión pública en el ágora. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Carlos Raimundi afirma en esta nota que el sistema de representación demo-liberal se agota en paralelo con el agotamiento moral del modelo de concentración financiera. Para re-democratizar el poder plantea retomar la idea más profunda de la democracia que proviene de la expresión pública en el ágora.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong><strong>Por Carlos Raimundi*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La palabra república (res publica = cosa pública) se remonta a la Roma anterior a Cristo. Pero, tal como la conocemos, es una construcción mucho más reciente, heredada de las ideas liberales de la Europa de los siglos XVII y XVIII, y plasmada en la constitución de los EE.UU. de 1787. Los ‘padres fundadores’ de ese estado, lectores de Montesquieu y hombres de gran poder económico de la naciente burguesía, estaban llamados a construir un sistema de gobierno que representara a la nueva clase dominante en lugar de las antiguas monarquías, que expresaban al clero y la nobleza decadentes. Con ese objetivo, idearon dos grandes poderes surgidos del voto de las mayorías, el ejecutivo y el legislativo. Pero se reservaron para la élite económica el dominio de un tercer poder no mayoritario, el judicial, para que ejerciera en última instancia el control de lo actuado por los anteriores. Lo justificaban con el argumento de que se trataba de un sistema de ‘frenos y contrapesos’ capaz de impedir que se reiteraran los abusos del monarca, y, a su vez, de prevenir los riesgos de una posible ‘tiranía de las mayorías’.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se diseñó así la arquitectura demo-liberal que, durante los casi tres siglos de vigencia del capitalismo, garantizó la propiedad privada y los negocios de quienes ostentaban el poder, bajo la excusa de que con ese régimen las masas obreras también alcanzarían cierto grado de prosperidad. Ese proceso atravesó diversos momentos, algunos de ellos de tal autoritarismo y violación de derechos, que recuperar las libertades civiles que el sistema establecía (siempre en pos de permitir la libre circulación y acumulación del capital de la burguesías devenidas en oligarquías) pasó a ser un objetivo también para los trabajadores, aun cuando fueran explotados económicamente. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo, esa arquitectura llena de mediaciones cada vez más complejas, terminó por distorsionar la voluntad expresada por el pueblo a través de su voto. Los pueblos votan, pero no deciden. El sistema derivó mucho más en la concentración de poder económico, que en la distribución de poder político, y eso mella el fin último declarado, que es conseguir cuotas cada vez mayores de felicidad y autonomía. Se sigue votando, pero se es cada vez menos feliz. Es decir, el sistema de representación demo-liberal se agota históricamente, en paralelo con el agotamiento moral del irracional modelo de concentración financiera del cual es su pilar institucional. Si se quiere superar a este último, habrá que poner en cuestión también a aquel, a través de nuevas formas de ejercer el poder popular. .</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Esto significa volver a viejos esquemas autoritarios? No. ¿Significa renunciar al concepto de distribución del poder a expensas de un poder concentrado? No, precisamente lo contrario. Se trata de re-democratizar el poder, hoy absolutamente concentrado gracias a la debilidad del sistema institucional heredado del liberalismo y conocido como la república en términos clásicos. Se trata de retomar la idea más profunda de la democracia, más antigua y más genuina aún que la república, porque proviene de la expresión pública en el ágora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para la democracia moderna, el voto de la mayoría es el punto de origen de la legitimación de los gobiernos. Pero el alma del sistema se apoya en un conjunto de valores que implican la conquista de derechos para esas mayorías, el que alcancen de un mayor bienestar, el acercarse a pautas de una vida más placentera, la construcción de una sociedad más igualitaria, más soberana, el incrementar sus niveles de desarrollo. .</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando un gobierno sólo cumple con el requisito del voto, pero viola todos los demás componentes democráticos, se convierte en un gobierno con un único elemento de legitimidad, desligándose de todos los demás, como los derechos, la soberanía o la igualdad. Legítimo en su origen, se des-democratiza a lo largo de su desarrollo. Además, esta deslegitimación social genera disconformidad y las consiguientes protestas, lo que activa y enardece el aparato represivo, con lo que se amenaza el pleno y libre ejercicio de los derechos y garantías constitucionales. Se trata de una suerte de círculo vicioso que deteriora la calidad institucional: los poderes instituidos durante la fase procedimental de la democracia incurren en el incumplimiento del mandato recibido.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es así que, cuando se obturan los canales institucionales tanto en el campo económico, el campo laboral, como en el de los derechos civiles, los sectores más perjudicados llegan a un punto de inflexión en cuanto a su hartazgo, y no les queda otra posibilidad que salir a la calle, movilizarse y re-ocupar el espacio público, que es, finalmente, el lugar que alumbró a la democracia. Lejos de amenazar a las instituciones democráticas, la movilización popular, la ocupación de las calles y las plazas públicas re-sitúan a la democracia en el territorio que le diera origen, en su institución más genuina: el foro, la asamblea. Se trata de la democracia activa, protagónica, frente a la democracia fósil, insincera, simulada. Lejos de desestabilizar, el pueblo la reencauza, la re-democratiza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La calle, la asamblea pública fue la primera sede de la democracia. Y, clausurados los canales formales más tradicionales para ejercerla, vuelve a ser su sede más auténtica, hasta tanto las nuevas autoridades, como la noción más profunda de la democracia lo indica, cumplan con la voluntad popular a través de sus decisiones políticas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 27 de Enero de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Ex diputado FpV, secretario general del Partido SI.</em></span></p>
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		<title>Invitación al futuro &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Mar 2018 00:16:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es urgente reflexionar sobre nuestro Estado y sus instituciones para remontar este duro presente, afirma Raúl Zaffaroni. Se impone el deber ético de aunar esfuerzos en torno a un nuevo proyecto de Estado que deberá plasmarse en una Constitución acorde a la actual situación del mundo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><em><span style="color: #000000;">Es urgente reflexionar sobre nuestro Estado y sus instituciones para remontar este duro presente, afirma Raúl Zaffaroni. Se impone el deber ético de aunar esfuerzos en torno a un nuevo proyecto de Estado que deberá plasmarse en una Constitución acorde a la actual situación del mundo.</span></em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por E. Raúl Zaffaroni*</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se nos quiere construir mediáticamente un mundo con omisiones –no de lagunas sino de océanos-, <em>fake news </em>y <em>lawfare </em>(o <em>law far</em>), en estricta aplicación del 5º principio de Göbbels (<em>Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar</em>).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero por desgracia, incluso la malignidad tiene sus genios perversos y, como no cualquiera es Göbbels, sus principios no funcionan en manos torpes. Tampoco puede obviarse que los aplicaba con viento en popa de factores favorables, como el crecimiento económico alemán después de un cataclismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A la larga siempre se impone que la única verdad no sea la <em>posverdad</em> construida, sino la <em>realidad</em> vivenciada, que nos va exigiendo con urgencia pensar en el futuro que nos espera a los argentinos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recientemente se ha divulgado un mensaje que, si realmente es auténtico, resulta preocupante: según la versión circulante, alguien invita a que la historia no mire tanto hacia atrás y a “rememorar el futuro”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> Por cierto que esto no es producto de ninguna profunda reflexión sincretizante de Heidegger y Einstein, pero más allá del dislate, si la historia deja de mirar hacia atrás, por definición deja de ser “historia”, y si el futuro debe “conmemorar”, será porque pretende inventar otro pasado. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por el contrario, lo que proponemos es <em>mirar el presente y, con la experiencia del pasado, proyectar hasta donde podamos el futuro o, al menos, las tareas más urgentes que nos reclamará la situación presente para ser superada y para prevenir cualquier eventual reincidencia futura.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Más tarde o más temprano, nuestro Pueblo demandará soluciones a un presente demoledor, que sólo podrán surgir de los canales democráticos, o sea, de los partidos políticos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En consecuencia, el primer imperativo es cuidar la democracia y, para eso, <em>cuidar la política</em>. Esto significa, ante todo, <em>rechazar la antipolítica</em>, como demolición moral de la democracia, que trata de instalar un nuevo “que se vayan todos”, “todos son corruptos”, “son todos iguales” y similares.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La antipolítica pretende instalar un “no quiero saber nada de política” y, más aún, el “no sé nada de política ni me interesa”, para concluir que de la política “se ocupen otros”, que no son otros que los conocidos de siempre, los que demuelen la democracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La antipolítica es una invitación al Pueblo para que deje de ser Pueblo, para que renuncia a su condición de “soberano”, sintetizada en las tres letras del “Nos” mayestático, primera palabra de nuestra Constitución Nacional.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los momentos difíciles es cuando se muestra la grandeza, y creemos que ha llegado la ocasión de dejar de lado mezquindades, de perdonar agravios, de postergar ambiciones aunque sean muy legítimas e incuestionables, de recordar errores pero sólo para no volver a cometerlos, de tener presente que el insulto político no tiene la misma entidad que el personal, de alzar banderas para demostrar presencia pero no para dividir, de curar rasguños de luchas menores, de no ceder a la tentación de cualquier oportunismo, de no caer en la trampa de las distracciones y, en definitiva, de cerrar filas, sin ceder singularidades, pero sabiendo que por sobre todas ellas debe ondear la azul y blanca, con su sol bien radiante: la soberanía de nuestro Pueblo y de nuestra Nación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se trata de salvar la política por la política misma, sino por la democracia, que implica la soberanía del Pueblo y, por ende, la soberanía nacional, como presupuesto ineludible de una coexistencia en paz con un mínimo de dignidad para todos los habitantes, sin violencia, exclusión, explotación ni discriminación alguna, y para defender la vida, la libertad, la salud, la educación y, en general, el camino de desarrollo humano que debe garantizar todo Estado que sea digno del respeto de su población.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es sólo cuestión de cerrar filas para ganar una elección, en una coalición coyuntural que ante el desgaste de una gestión sólo tenga en mira un resultado electoral y nada más. Este objetivo sería inobjetablemente legítimo y válido en otras circunstancias, pero no es suficiente en la presente, porque ahora se impone remontar una regresión grave y, para eso, por lo menos, debe haber una idea o un conjunto de ideas motoras y rectoras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tratándose de política, esas ideas motoras no podrían referirse a otra cosa que al Estado, que es el escenario de la política, que ahora cruje. No en vano la antipolítica, desde los tiempos de Martínez de Hoz, quiere “achicar el Estado”, con la tradicional mentira de que eso “agranda la Nación”, cuando en verdad, en el mundo actual significa su entrega a la voracidad de los intereses financieros y a la concentración de riqueza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Muchos aspectos del Estado deben mover a reflexión y, obviamente, la definición de la agenda corresponde a los canales democráticos de la política, o sea, a los partidos. Lo único que pretendemos señalar en estas líneas es la urgencia del tema y quizá lo que consideramos un núcleo temático que no debería soslayarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es de toda evidencia que algo funciona muy mal en el Estado: un poder ejecutivo electo por una mayoría de menos del 2% de los votos, con mandato por cuatro años, compromete con deuda en dólares el futuro de los presupuestos nacionales por décadas, prometiendo entregar en poco más de un año, un país que, de seguir el actual ritmo de endeudamiento, estaría obligado a pagar por muchos años una suma superior a los 200.000 millones de dólares. Recordemos que el crédito de la Baring Brothers, contratado por Rivadavia, se terminó de pagar en la administración de Perón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Necesariamente esa suma astronómica será de dinero que no se podrá destinar a salud, educación, caminos, infraestructura productiva, desarrollo regional, etc., con el consiguiente costo de vidas humanas por atención selectiva de la salud (especialmente de niños y tercera edad), violencia por incentivación de conflictividad interna, deterioro de la previsión, aumento de delitos contra la propiedad, inseguridad laboral y accidentes viales, entre otras cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es indiscutible que quien gana una elección debe gobernar, aunque gane por un voto, pero debe hacerlo dentro de los límites que le impone la legalidad. Una democracia que permita que una mayoría coyuntural, por haber ganado una elección, pueda ejercer un poder ilimitado, no es el modelo de democracia que defendemos todos cuando invocamos esa palabra, sino que abusa de la palabra para encubrir un autoritarismo cesarista plebiscitario, modelo que, obviamente, no siempre requiere un César como cabeza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://i1.wp.com/www.celag.org/wp-content/uploads/2018/01/deReojo.jpg?resize=1280%2C640" alt="Resultado de imagen para lawfare argentina macri justicia medios de comunicación" /></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No nos confundamos: no defendemos cualquier “democracia”, sino la democracia plural, porque también se autoproclamaban democráticos el fascismo y el estalinismo.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un constitucionalista escribió hace tiempo que, en la democracia plural, la mayoría debe respetar a la minoría, porque de no hacerlo, no sólo niega los derechos de la minoría, sino también el derecho de la propia mayoría a cambiar de opinión. Este es el sentido de una democracia idónea para una coexistencia pacífica, mínimamente ordenada e igualitaria, capaz de recuperar un elemental sentido de fraternidad humana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero esa democracia es incompatible con un gobierno que compromete el derecho al desarrollo humano progresivo por décadas, encubierto con una poderosa concentración de medios de comunicación que, como parte de la concentración de riqueza, acalla toda voz disidente y obliga a la autocensura. Es de sobra sabido que los discursos y creaciones de realidad únicos siempre fueron propios de regímenes autoritarios o claramente no democráticos.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Además, en la Argentina de hoy, todo funcionario electo que tenga a su cargo alguna responsabilidad de gobierno, es fácilmente coaccionado por el ejecutivo nacional, merced a un problema que no hemos resuelto desde 1853 y que, como todos sabemos, hizo que la Provincia de Buenos Aires se segregase de la Confederación hasta 1860: el reparto de los recursos recaudados por el Estado nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tampoco lo resolvimos en 1994 y esta brecha es la que ahora aprovecha el ejecutivo, no sólo para acallar a gobernadores e intendentes, sino para forzarlos a que disciplinen a sus legisladores nacionales para votar sus proyectos de deterioro previsional, de precarización laboral, etc. De este modo va desapareciendo la separación de poderes y, con ella, el sistema de pesos y contrapesos republicano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Creemos que no es nada sano subestimar la complicada situación y la responsabilidad de quienes tienen el deber de velar por partes considerables de nuestra población y, por eso, justamente, es altamente recomendable abstenerse de repartir etiquetas de “traidor” y similares.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mucho se está hablando del <em>Lawfare</em>, como combinación del monopolio mediático creador de realidad y segmentos de la justicia. Como método lo único nuevo es el nombre, pero lo demás es reiteración de lo sucedido después de los golpes de Estado de 1955 y 1976. La diferencia no es de método sino de circunstancia: ahora lo emplea un gobierno electo pero que, al igual que los “de facto”, dispone de una altísima concentración de medios de comunicación y casi no tolera voces críticas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El extremo judicial del ahora llamado <em>Lawfare </em>tampoco es gratuito, sino que resulta de una institucionalización defectuosa del Poder Judicial. No existe ninguna estructura judicial semejante en un país democrático: cinco personas, en nuestra Nación, sin que la Constitución ni ninguna ley los autorice, por mera decisión pretoriana, se han proclamado desde décadas como la última instancia de todos los procesos que se tramitan en nuestro territorio, emitiendo unas 15.000 sentencias por año.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En estas condiciones, es elemental pensar que las ideas rectoras deben referirse principalmente a un serio replanteo institucional del modelo de Estado que necesitamos para navegar un mundo en que domina el capital financiero transnacional. En particular, salta a la vista la necesidad de replantear y fortalecer sus instituciones republicanas y democráticas.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No puede ocultarse por más tiempo que hemos llegado a la actual situación como resultado de una institucionalidad defectuosa, que permite a un ejecutivo coyuntural comprometer nuestro destino por décadas, que debilita las bases del federalismo, del régimen municipal, de las mayorías en las Cámaras del Congreso, de la independencia judicial, es decir, que no sólo está debilitando a la democracia, sino al propio sistema republicano de gobierno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Constitución manda que nuestro sistema de gobierno sea republicano, representativo y federal. ¿Pero qué nos queda de República si se opaca la separación de los poderes y su sistema de controles? ¿Qué nos queda de “representativo” si el ejecutivo se permite coaccionar a los legisladores a través de los gobernadores? ¿Qué nos queda de federalismo si los gobernadores deben ir al pie del ejecutivo para conseguir los recursos para pagar a sus administraciones?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es urgente reflexionar sobre nuestro Estado y sus instituciones. El proyecto de Estado plasmado en la Constitución de 1853-1860-1994 ya no funciona, y el de 1949 fue brutalmente cortado por un bando militar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Prueba clarísima de las falencias de nuestro proyecto de Estado plasmado constitucionalmente, es que éstas han permitido que lleguemos a esta situación de verdadera crisis institucional y de compromiso de nuestro desarrollo futuro por décadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Será urgente pensar cómo remontar el presente, pero será difícil hacerlo con un barco que institucionalmente hace agua cuando, al mismo tiempo, apremia acorazar la nave para superar las olas tempestuosas del mundo actual y, lo que no es un detalle menor, también para evitar que el enorme esfuerzo de recuperación que hagamos sea neutralizado nuevamente en el futuro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un proyecto de Estado es tarea de toda la ciudadanía, canalizada a través de los vehículos naturales de la democracia plural. No se trata de una tarea de juristas; ningún equipo de sabios encerrados en un laboratorio podrá alumbrar un proyecto de Estado democrático. Será obra de juristas asegurar su forma, su envase por así decir, pero el contenido siempre será responsabilidad de todos y todas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es sólo la política lo que está en juego, sino el Estado como palco sobre el que ésta se desarrolla y los pilotes democráticos que lo sostienen. En esta hora se impone el deber ético de aunar esfuerzos, cerrar filas, pero en torno a un nuevo proyecto de Estado que, en algún momento, se debería plasmar en una Constitución acorde a la actual situación del mundo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Comenzar a pensar hoy en una nueva Constitución futura, en un proyecto de Estado como condición para remontar la actual situación y prevenir su recurrencia, es una urgente tarea política de enorme dimensión, pero no por eso se deben bajar los brazos antes de comenzar. No debe nadie atemorizarse por la magnitud de la tarea. No es posible marchar hacia el futuro con depresión ni dejar que el pesimismo inmovilice. Todo puede fracasar, pero ningún mal es eterno en este mundo, y tampoco es irremediable, porque el Pueblo y la Nación seguirán existiendo.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si San Martín hubiese pensado como algunos deprimidos y pesimistas, no hubiese cruzado los Andes; sin embargo, Chile es independiente, pese a Cancha Rayada.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 3 de marzo de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">*Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires        </span></em></p>
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		<title>La transparencia perdida &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Aug 2018 23:01:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Angelina Uzín Olleros]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[República]]></category>
		<category><![CDATA[televisión]]></category>
		<category><![CDATA[transparencia]]></category>
		<category><![CDATA[Verdad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El proyecto de la incomunicación es político y ha sido delineado de tal modo para que sigamos encadenados a las sombras de la realidad. Su objetivo es dejar expuesta la supuesta transparencia para poder ver la corrupción política de los otros.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-transparencia-perdida-por-angelina-uzin-olleros/">La transparencia perdida &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El proyecto de la incomunicación es político y ha sido delineado de tal modo para que sigamos encadenados a las sombras de la realidad. Su objetivo es dejar expuesta la supuesta transparencia para poder ver la corrupción política de los otros.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Angelina Uzín Olleros*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para  La Tecla Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuál es hoy la delgada línea entre realidad y ficción, máxime cuando esto significa una frontera genuina entre lo verdadero y lo falso. Durante el largo período de la historia de las ideas y el ejercicio de memorias puestas sobre las escenas políticas o abandonadas en museos, la verdad ha mutado y devenido como resultado de grandes construcciones históricas y sociales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se puede expresar una verdad ficcionalmente, la alegoría de la caverna tantas veces traída a los grandes temas del conocimiento y el saber es una muestra de eso. Hay metáforas verdaderas, que comunican verdades. Verdades artísticas, como los poemas de <em>Canto general</em> de Neruda. Verdades amorosas como los encuentros entre enamorados y encuentros populares en las calles. Verdades científicas de los investigadores nuevamente castigados por los recortes. Verdades políticas que surgen al calor del acontecimiento o en los sujetos fieles al pasado de auténticas políticas de justicia social e igualdad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Platón se anticipa en aquella alegoría a lo que hoy podemos pensar a partir del teatro, el cine, la televisión y las redes sociales. Puestas en escena, backstage, cortometrajes y films, gifs, histories, imágenes ensambladas musicalmente; como consecuencia de esto hoy somos selfies, secuencias, recortes, fragmentos ante los demás espectadores. La <strong>denuncia</strong> de la verdad como dogma y del poder como dominación, no es la <strong>renuncia</strong> a la verdad y al ejercicio del poder como capacidad para cambiar realidades injustas. Considero que aquí está el núcleo del problema.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La forma en que se muestra la pobreza, la violencia, la inseguridad, la corrupción ha transformado en espectáculo el sufrimiento humano. Una vez más las víctimas reemplazan al ciudadano. El recorrido por la miseria, la falta de asistencia, la ausencia de puestos de trabajo, los edificios que se caen a pedazos, las ruinas del estado de derecho; postales de un pasado que vuelve trágicamente: fábricas cerradas, hospitales que expresan el deterioro del cuerpo social, personas en situación de calle arropadas con los restos que arroja la intemperie en la que estamos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Umberto Eco reflexionaba hace mucho tiempo sobre la relación entre información y ficción, distinguía entre una “paleotelevisión” y una “neotelevisión”, decía que existe una dicotomía fundamental a la que recurren la opinión pública y las teorías de la comunicación, por un lado los programas de información y por otro los programas de ficción; los primeros comunican la verdad y los otros se dedican a entretener.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo la verdad circula en ambos y la mentira también. “La diferencia entre estos dos tipos de programa se refleja en los modos en que los órganos de control parlamentario, la prensa o los partidos políticos promueven censuras a la televisión (…)  rige la opinión generalizada (que se traduce en comportamientos políticos y culturales) de que los programas informativos poseen relevancia <em>política</em>, mientras que los de ficción sólo tienen importancia <em>cultural</em>, y como tales <em>no</em> son competencia del político (…) Esta diferencia se refleja también en la legislación democrática, que persigue las falsedades en acto público pero no los delitos de opinión.”<a style="color: #000000;" href="#_edn1" name="_ednref1">[i]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Delitos de opinión</strong>, que son los que prevalecen en la televisión actual, opinión pública televisada irresponsablemente ante la ausencia de una episteme pública.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La mayoría de las personas observan la realidad a través de pantallas, televisores, celulares, computadoras, ipod, tablets; la posibilidad de hacer zapping y elegir un programa o un periodista, de optar por una versión acerca de lo real crea la ilusión de libertad, libres para oír, libres para ver; sin embargo las censuras operan por doquier y se exponen grandes simulacros para decir que la verdad está ahí servida ante una mesa o un panel en el estudio de TV o en un programa de radio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quién es el testigo verdadero y dónde están las pruebas verdaderas del delito. Es el desafío al que sometemos nuestra razón ante la sinrazón de los que imponen una supuesta verdad y expresan una tremenda mentira. Obviamente hay mentiras y mentiras, sabemos que el slogan “pobreza cero” es una de ellas, hasta los portadores de esa frase lo reconocieron. Pero el latiguillo de la “transparencia” sigue ahí en el pobre discurso presidencial. Transparencia es una palabra que como concepto hace referencia a un doble rostro: el de la verdad y el de la moral. Vaya si es complejo el tema, porque no hay nada más inasible que el velo que no deja ver la verdad o la venda que no permite ver la justicia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La dinámica oscurantista de los incomunicadores crea malentendidos todo el tiempo. El proyecto de la incomunicación es político y ha sido delineado de tal modo para que sigamos encadenados a las sombras de la realidad, su objetivo es dejar <strong>expuesta</strong> la supuesta transparencia para poder ver la corrupción política de los otros, mientras que la opacidad ética de los que hoy gobiernan sigue impune. Desmontar la escena de este proyecto requiere de un trabajo y un esfuerzo intelectual y moral enorme, moral en el verdadero sentido de la búsqueda del bien (sin banalizarlo) para contrarrestar el conservadurismo de  la lucha contra el mal de los “fiscales de la república” (que sí lo banalizaron).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jean Baudrillard habla del <em>crimen perfecto</em>, que es el asesinato de la realidad y su desaparición irreversible, es perfecto porque no deja huellas, no hay cuerpo del delito, el cadáver de la realidad ha sido cubierto y no permite que la verdad de su destino sea develada. Baudrillard lo dice así: “Vivimos en un mundo en el que la más elevada función del signo es hacer desaparecer la realidad y enmascarar al mismo tiempo esa desaparición. El arte no hace hoy otra cosa. Los medios no hacen hoy otra cosa. Por eso están condenados al mismo destino”.<a style="color: #000000;" href="#_edn2" name="_ednref2">[ii]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La transparencia es en definitiva un simulacro, es una transparencia perdida en un cementerio sin cadáveres, donde no hay culpables de los crímenes y por si esto fuera poco jamás se presentaron ni se presentarán los <strong>arrepentidos</strong>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref1" name="_edn1">[i]</a> Eco. Obra citada. Págs. 203-204.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref2" name="_edn2">[ii]</a> Baudrillard, Jean. <em>El crimen perfecto</em>. Pág. 8. Anagrama. Barcelona. 2009.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entre Ríos, 21 de agosto de 2018</span></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Dra en Ciencias Sociales . Máster en Filosofía. Docente en UADER y UNR. Escritora.</em></span></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="https://twitter.com/AngelinaUzinO" target="_blank" rel="noopener undefined" data-content="https://twitter.com/AngelinaUzinO" data-type="external">@AngelinaUzinO</a></span></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="http://angelinauzinolleros.com/" target="_blank" rel="noopener undefined" data-content="http://angelinauzinolleros.com" data-type="external">angelinauzinolleros.com</a></span></p>
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		<title>¿Qué es una fundación política? &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Dec 2019 17:24:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto y Cristina]]></category>
		<category><![CDATA[humanismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[República]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio González sostiene en este artículo que con la asunción de Alberto Fernández como presidente y de Cristina Fernández como vicepresidente, asistimos otra vez en la Argentina a un espíritu fundacional que llama a la unidad nacional al tiempo que sugiere tácitamente que esa unidad es tan necesaria como condicionada por el hecho de que su enunciación contiene su necesaria dificultad. González afirma que la experiencia política que se abre en la Argentina está relacionada con una de sus tradiciones, la más notoria pero la menos mencionada, la de un humanismo crítico a la espera de un nuevo nosotros activo, que sabrá criticar justamente las descaminadas opciones de lo humano que ofertó el mercado torpe del ideario neoliberal.	</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/que-es-una-fundacion-politica-por-horacio-gonzalez/">¿Qué es una fundación política? &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Horacio González sostiene en este artículo que con la asunción de Alberto Fernández como presidente y de Cristina Fernández como vicepresidente, asistimos otra vez en la Argentina a un espíritu fundacional que llama a la unidad nacional al tiempo que sugiere tácitamente que esa unidad es tan necesaria como condicionada por el hecho de que su enunciación contiene su necesaria dificultad. González afirma que la experiencia política que se abre en la Argentina está relacionada con una de sus tradiciones, la más notoria pero la menos mencionada, la de un humanismo crítico</em></strong><strong><em> a la espera de un nuevo nosotros activo, que sabrá criticar justamente las descaminadas opciones de lo humano que ofertó el mercado torpe del ideario neoliberal.  </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por </strong><strong>Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>1. Dos discursos</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dos discursos ajenos al costumbrismo y a la trivialidad indulgente que domina la política nacional, han sacudido el cuerpo general de la razón crítica argentina. Uno, el discurso de Cristina Kirchner ante los jueces de Comodoro Py, pleno de recusaciones fundadas en el método argumentativo y la pasión por la restitución de una verdad quebrantada. Y el otro, el de Alberto Fernández en su asunción, que trazó un sugestivo panorama de la situación de la República, donde se postuló una reposición del campo político democrático -es decir, de una socialidad crítica y madura al mismo tiempo-, lo que con el gobierno anterior, destructivo y autodestructivo a la vez, casi había desaparecido. Ahora bien, cada discurso empalma con el otro, cada cual es la entrelínea del que lo antecede y lo sucede, al enérgico rechazo de Cristina a un sistema judicial obediente a pactos oscuros que lo ponen al borde de su extinción, le sigue la afirmación de Alberto sobre un “nunca más” a ese tipo de justicia en operaciones, que sigue la ruta y los objetivos de la gendarmería demolicionista de la historia, la sociedad y las personas, la cual ensayó el macrismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué significa decir “entrelíneas”? Que un discurso se yuxtapone a otro como la institución penetra a la pasión y la pasión a la institución. El discurso del Presidente estuvo repleto de alusiones fundantes, que luego trataremos de explicitar mejor cuáles serían sus notas distintivas. En primer lugar, el nombre propio de Alfonsín, el primero que aparece en la lista de menciones que acaso han sido deliberadamente pensadas para que el discurso de Alberto flote en una atmósfera propiciatoria, puntuada de sutiles simbolismos. Luego la serie de “Nunca más”, casi todos ellos ligados a trazar una línea demarcatoria entre pasado y presente -cuestión a discutir, un sentido rectilíneo es consustancial a los grandes discursos, aunque la historia con sus flujos subterráneos suele burlarla-, junto a los recuerdos de Néstor Kirchner y Esteban Righi, el primero como maestro político, el segundo como fuente nutricia de sus estudios sobre el Estado de Derecho. Hacia el final, el agradecimiento a Cristina Kirchner, a la que le confiere las notas de generosidad y visión estratégica. Decir estratega, desde luego es decir conductor, según la larga descendencia griega de este concepto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se nombra, salvo lectura apresurada o desatenta de nuestra parte, al Perón y al peronismo, dando por sentado, desde luego, que es desde esos nombres implícitos que el orador enuncia lo que estamos escuchando. Pues bien, no se trata en este momento de hacer ningún análisis del discurso, ciencia infusa que no practico, sino de situar un discurso en el océano de la acción política. Quizás a la manera de Hannah Arendt, aunque no aseguro serle enteramente fiel, al decir que el pensamiento escrito discursivo se formula como una promesa, y anticipa en su capacidad enunciativa una suerte de contrato de lectura -uso libremente este dudoso concepto-, por el cual el horizonte de expectativas que se formula, son eso mismo, expectativas. Ellas podrían no cumplirse pues la voluntad que las explicita se deberá enfrentar a obstáculos no expresados o bien desconocidos, por los cual el concepto abstracto, pero necesario, de Argentina Unida, revelaría su imposibilidad por el tenor de las luchas no declaradas que contiene. Declaradas esas pugnas de intereses diferenciados, constitutivos de todo orden político, por sí inestable, el discurso puede quedar prendido solo a sus promesas, pero eso no quiere decir que no sean en sí mismas una revelación. Lo que revelan es precisamente lo que parece su contrario, una acción en la que se forja el sujeto, configurado entonces como una unidad frágil de pensamiento y acción, revelación de la novedad para el ser político que la recibe como efecto discursivo, que no es diferente a la vida activa, sino su <em>espera</em> como efecto demorado. Por eso cuando se produce, parecería un efecto sin causa, lo que Maquiavelo llamó <em>veritá effetuale</em>, esto es, lo que pasa en la dialéctica secreta de lo real, sin aparente textualidad, como si los hechos brutos dirigieran la decisión, pero la decisión, finalmente, es la potencialidad del texto, discurso u oración del político.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">               <img decoding="async" class="aligncenter" src="http://www.eltucumano.com/fotos/cache/notas/2019/12/10/818x460_191210163733_37270.jpg" alt="Resultado de imagen para discurso de alberto presidente en la asamblea legislativa" /></span></p>
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<p><strong><em>2. El dilema fundacional</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dicho esto, divagación necesaria, volvamos a la importancia del discurso que consideramos fundacional, por todos sus reconocimientos y entronques con un pasado que estaba latente -pues no se adopta una idea de historia lineal, sino de un pasado que está a la espera, esperando no su repetición, sino su versión, en todo caso su penúltima versión-, y que retorna con una modalidad de retorno fundativa. Es decir, no interfiere en la historia efectiva, sino en uno de sus capítulos repudiables, que se manifestaron como todo aquello con lo que hay que cortar, más allá de cierto pesimismo del que impone un tajo al flujo historia, en el sentido de que elementos o corpúsculos preexistentes en la época que toca a su fin, siempre permanecen como vestigios que no dejan de ser nuevamente suscitados en la época que se desea fundacional. Alfonsín habló también de una fundación o una refundación y al mismo tiempo inauguró la idea de un pluralismo social, advirtiendo así que la sociedad que había imaginado el peronismo que lo antecedió se tornaba un comunitarismo reacio al vivir plural. Una revista oficial del alfonsinismo se llamaba precisamente así.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero el dilema era que el fundador -que no se llamaba jefe, ni caudillo, ni conductor-, no obstante, obstruía la cadena de pluralidades, esos eslabones equivalentes que años después Laclau explicaría que uno de ellos sería una sobrecarga vacía que explicaría a los demás. El fundador alfonsinista no lo sabía, y deseaba pasar por lo que no era, siendo verdaderamente un eslabón superior, un meta-eslabón respecto a una pluralidad no menos existente por el hecho de que también era interferidas por una figura que se hallaba por encima de ellos, por ser precisamente quien le daba su nombre, tal como ahora quedó registrado en el propio discurso de Alberto Fernández.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este discurso de la asunción, como ya se ha dicho, la idea fundadora no sutura nada de lo abominable del período inmediatamente anterior, pero llama a la unidad nacional, y nunca deja de sugerir, tácitamente, que esa unidad es tan necesaria como condicionada por el solo hecho de que su enunciación contiene su necesaria dificultad. No es necesariamente la fórmula deconstructiva de Laclau, el ser “necesario pero imposible”, pero en algo se le acerca. Tal unidad contiene la permanente dialéctica del conflicto, de manera constituyente. No en vano se denuncia <em>también</em> la coalición mediático-judicial, hecha por Cristina en la misma sede en que ella se manifiesta, ese sórdido edificio de Comodoro Py, el viejo asiento de Vialidad Nacional, si mal no recuerdo. En los últimos tiempos fue la sede de una vialidad cuyas vías eran el secreto del procedimiento que había creado una ficticia pero letal superestructura judicial que intercambiaba su arbitrio juzgatorio con las corporaciones mediáticas, bien conocidas, en la oscura dialéctica de la ilegalidad dentro de la legalidad. Eso dejó en ruina a un sector mayúsculo del mundo judicial más elevado, y a buena parte del mundo periodístico que actuó en las tinieblas. La denuncia de Cristina, <em>in situ,</em> para empelar esta expresión judicial, se hizo en el propio<em> locus</em> donde estas tropelías eran ejecutadas.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://www.nuestrasvoces.com.ar/wp-content/uploads/2019/12/2019120cfk.cristina.comodoro.py_.jpg" alt="Resultado de imagen para cristina alegato en juicio 2019" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Su discurso, como una sentencia maestra, imputó con veracidad a los que la imputaban inverídicamente. La verdad es inherente a las secuencias internas de un discurso, a su vehemencia, a su naturaleza efectual que en sí misma produce el efecto inmediato desestructurante en el estrado donde se sitúan los enjuiciadores que serán enjuiciados. Cristina produce una gran escena donde el único juicio lo producía la historia. Cuando se dice que ella es la única que absuelve, los jueces que no sirven a la verdad, sino que apelan a una justicia con desvíos intrínsecos provocados por ella misma -un para-sí corporativo que hace circular datos secretos sin verosimilitud, tal como ocurre con las finanzas que se arrogan su propia clandestinidad de circulación-, serán jueces que se verán ante una perentoria conminación de devolverle piezas esenciales a una nueva justicia realmente independiente.</span></p>
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<p><span style="color: #000000;"><strong><em>3. Alberto y Cristina </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El presidente no podía hacer un discurso que omitiera este “je acusse” de Cristina, pero si no debía pasarlo por alto, debía decirlo de otra forma, en el plano de la apelación a un consenso general, a lo que llamó un <em>contrato de ciudadanía social</em>, que al mismo tiempo que sugiere una tradición contractualista, al invocar al “ciudadano social” ya de por sí introducía en el cuadro del ciudadano  roussoniano, la ciudadanía social que corresponde a un mundo de las multitudes naufragas, donde la flexibilidad laboral y la precariedad general de la vida son las amenazas a conjurar. Esta consigna de ciudadanía social contractual se convierte entonces en una bandera contraria al neoliberalismo. Y de modo explícito.  El eco en el discurso de Alberto respecto a la definición de Cristina sobre el nudo trágico que protagonizan las corporaciones mediáticas, las jurídicas y los servicios de informaciones, fue el concepto novedosísimo de <em>Estado Secreto</em>, estrictamente lo contrario al ciudadano social contractual. Son conceptos de un abanico que sale de infinitas conversaciones, rescatadas por grandes escritos de la historia de la teoría política, que encuentran así su modo de convertirlas en <em>veritá effetuale</em>. En la voz, ahora, del presidente y la vicepresidenta de la Nación. Esta última, en un discurso posterior a la fiesta musical en Plaza de Mayo -donde, digo de paso, hay que afinar mejor los conceptos estético-políticos bajo los cuales un evento de esta naturaleza debe presentarse-, citó <em>La Cabeza de Goliat</em> para señalar la histórica malformación entre el núcleo metropolitano de Buenos Aires y Gran Buenos Aire respecto del “interior del país”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este título corresponde a un libro de Ezequiel Martínez Estrada, escrito en 1940. Haber citado a este autor en horas muy plenas en las que se menta el retorno del peronismo, significa algo muy importante. Pues este autor fue siempre considerado un “gorila”, “gorila de izquierda” en todo caso. Pero en la historia de la escritura argentina es imposible pasarlo por alto, además de que su relación con el peronismo, es hora de reconocerlo, es mucho más compleja que lo que la lectura habitual suele considerar. Rasgos de apertura, entonces, que se corresponden con el modo en que reafloran identidades que se deben mirar a sí mismas en su propio tránsito hacia su alteridad constructiva, su otro provechoso, su adversario fructífero, que por ser considerado “enemigo”, impidió durante mucho tiempo observar realmente quienes eran los personajes que detentaban y detentan el obstáculo contra lo popular, no una abstracta oligarquía sino precisamente los núcleos móviles que bajo el sustrato de los nuevos poderes mundiales, emergen un día con máscara judicial, otro día financiera, otro día comunicacional y al día siguiente se colocan el nombre de “economías de la información“ y así esquivan la percepción unilineal -aunque históricamente es un real concreto-, de lo que en el pasado se llamó oligarquía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El famoso autor del <em>18 Brumario</em> escribió que <em>Bonaparte III</em> “daba un golpe de estado todos los días”. Gobernaba con mentalidad golpista. Eso pasaba con el macrismo, y ahora se mostrarán con una cutícula republicana, pero ya maniobran con sus espasmos y taconeos. Comienzan a decir que hay un gobierno bicéfalo. Examinemos esta “acusación republicana”. Cristina, al decir de Alberto, es una estratega. Difícil definir tal cosa, pero ensayemos una frase. Lo es quien hace del tiempo que se abre ante sí no una inmediatez, lo hace quien hace de los discursos que escucha a menudo, no una interpretación literal. El estratega tiene la inmediatez en la mediatez y lo literal en lo no literal. Para decirlo más claro, así no me dicen que escribo en difícil, el o la estratega viven cada singularidad efectiva en medio de un cálculo incierto y de un sinfín de metáforas disponibles que dejan caer su intensión retórica, convirtiéndolas en objetos de la cotidianeidad hablada. Además, es estratega quien intuye que su plenitud de presencia también se compone de la percepción de que está demás. Se propone así una paradoja, ser más en cuanto se dispone a quedar en menos. Por eso, cuando se detalla como “generosidad” su indicación de Alberto Fernández -indicación que no es un dedazo, sino una facultad carismático-democrática, al decírselo así no está dicho todo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Generosidad hay, pero es una generosidad que inevitablemente ofrece un lugar y crea otro de mayor importancia. Hay sin duda un interés desinteresado, máxima moral de las más relevantes, pero esto debemos entenderlo como la invención de un campo de irradiación que no es posible describir con palabras del politólogo, sino con las intuiciones del apostador ante el abismo. Pienso en el jugador de Dostoievski, que me perdonen los que piensan que estoy exagerando. De tal modo que no solo no se resiente la institucionalidad republicana, sino que ahora sí comienza la república verdadera, la que se estuvo a punto de perderse en la boquita pintada de la Carrió, cuando esta venerable palabra salía de sus labios amamarrachados.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://img.lagaceta.com.ar/fotos/notas/2019/12/10/tmb1_en-la-plaza-alberto-cristina-cerraron-noche-hablandoles-multitud-reuters-828073-233940.jpg" alt="Resultado de imagen para alberto y cristina fiesta plaza de mayo" /></p>
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<p><span style="color: #000000;"><strong><em>4. </em></strong></span><span style="color: #000000;"><strong><em>No hay gobierno bicéfalo, hay república con densidad social </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De tal modo que hay ahora varias figuras que hacen al nuevo oropel decisivo del Estado. El presidente que ha dado suficientes muestras de su autonomía, de su crecimiento personal en la campaña, de sus sutileza y ubicuidad, que no se la debe a nadie más que a su propia sensibilidad que despierta ahora ante multitudes, y en recintos vibrantes y tensos, cuando antes era un parlamentario ducho en tenidas televisadas y de charlas entre cofrades que seguían con atención su arte de la moderación. Ahora está también ante el abismo sin perder su cantábile, el cantar moderado, libre y articulado. Ha ganado mucho con eso, y debe convivir como primer magistrado con la segunda magistrada de la república, que a su vez encarna la entrega de un don, hecho que la saca del papel secundario que cumple en la institución para ponerla también en una primacía de la extra-institución, allí donde está la ciudad abierta de los libres productores y los ciudadanos del contrato social. Es una forma compleja de la amistad política, como se vio en el palco musical de la Plaza de Mayo, con la vicepresidenta hablándole de usted al presidente, indicando suavemente algunos pasos a seguir y dificultades que conoce por experiencia propia. Y el Presidente, obligado a vigilar constantemente su voz autónoma, que todos también le reclamamos, y ella desde luego que también, respondiendo con la anécdota no intrascendente de cuando conoció a Néstor, o sea, al mismo tiempo que ahora fue indicado, desde antes él ya estaba allí. Su real autonomía es parte del rol de Cristina, cuyo inédito papel de vicepresidenta debe mantener la vigilia sobre los ecos de su nombre en la sociedad. Así como también debe cuidar que la tensión creativa con el presidente no se desbarranque. El republicanismo se intensifica y se hace democrático, radicalmente democrático, porque todos debemos cuidar esta configuración que es inobjetable institucionalmente e inobjetable en el corazón herido de una sociedad movilizada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No hay un gobierno bicéfalo. Hay una institucionalidad cada vez más compleja, como corresponde a estas sociedades castigadas, que si no buscan el camino de estas formas de poder cuyo sentido plural se muestra en la convivencia de la sutileza política con el arte de afirmar una presencia en la donación de lugar, de crear disposición en lo que parece un retiro, caerían nuevamente en la falsía del gobierno anterior. En ese gobierno había un comando ubicado en movimientos secretos de las finanzas y los plexos comunicacionales reticulares que asfixian lo social, y un presidente que bailoteaba como un pájaro descoyuntado en un balcón que se sabe bien lo que significa. Alberto y Fernández no se mostraron juntos en ese balcón, en el que no iban justamente a danzar como un cuzco despatarrado, sino a agitar poderosos recuerdos del memorial argentino que acaso convenía mantener en sordina, amortiguando los efectos de una mímesis con un pasado en el que sin dudas hay piezas enmohecidas disponibles para su revisión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La experiencia política que se abre en la Argentina está relacionada con una de sus tradiciones, la más notoria pero la menos mencionada, la del humanismo crítico. La <em>humanitas</em> de las nacionalidades, que cuidan de su inherencia a una identidad siempre en movimiento, pero tampoco descuidan a la patria universal, el destino de lo humano viviente que se encuentre donde sea, bajo los lazos territorios que sean, las religiones que sean, las razas, los sexos, los géneros que sean, los sistemas políticos que sean. A pesar del hilo de violencia que fundan todas las naciones y sociedades, hoy es posible tener una sensibilidad abierta hacia esa <em>humanitas</em>, que no deja de saber lo rudo de toda historia. Porque lo sabe, inclina la balanza de los lazos intergrupales y sociales, hacia esa <em>humanitas</em> crítica. Todo se reclina sobre la condición humana, como basamento último del llamado a una unidad en la dispersividad conflictiva de las existencias. ¿Quiénes lo vieron así? Echeverría en el <em>Dogma Socialista</em>, Alberdi en <em>El crimen de la guerra</em>, Hipólito Yrigoyen, con el krausismo, una doctrina de la “oración laica”, que compartió con Sandino, Martí, Rodó y el batllismo uruguayo, ahora degradado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No vale condenarla por idealista, porque era un conocimiento sobre la sacralidad de los pueblos, o sea, sobre su derecho a la autonomía y a la justicia social. Son mencionables asimismo las fuentes humanistas del peronismo, con sus dos alas, el humanismo nacionalista comunitarista de Perón y el humanismo de izquierda de Cooke, y en estos días, el humanismo del discurso de Alberto Fernández que habló de una “mirada de humanidad” en su alocución iniciática, y Cristina, en su recusación a los estrados de las operaciones jurídicas, que mostró que cada vez que se muestra que no hay justicia en la justicia, a esta hay que refundarla apelando al estrato anterior a todas las cosas, la voz humana articulando su autodefensa con la evidencia de lo que se quiere para sí mismo, es válido porque es lo que se desea convertir en ley universal. Por eso digo: hay otra vez en la Argentina un espíritu fundacional, que se demuestra aun los que no estaban preparados para encarnarlo, pues ahora hablan como si esas notas de emancipación colectiva los tocara sin que lo hubieran percibido. Actuar en consonancia con una nueva época sin percibirlo es la prueba máxima de que hay un humanismo crítico a la espera de un nuevo <em>nosotros</em> activo, que sabrá criticar justamente las descaminadas opciones de lo humano que ofertó el mercado torpe del ideario neoliberal. Sobre estas plataformas construiremos.              </span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 13 de diciembre de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Sociólogo, escritor y ensayista. Ex Director de la Biblioteca Nacional. </em></span></p>
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		<title>Deconstruir la libertad republicana como desafío en medio de la pandemia &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jul 2020 21:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Angelina Uzín Olleros]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una paralelismo, en medio de la actual pandemia del covid-19, entre los grupos anti cuarentena en Argentina y los anti mascarilla en Estados Unidos, ambos oponen libertades individuales afirmando que todos tienen derecho a quedarse o no en sus casas, a usar o no barbijos. Esta actitud anti es ante todo anti política, anti democrática, porque impone una voluntad individual por sobre lo social, y porque la supuesta libertad de decidir no cuidarse es en definitiva la libertad de contagiarse y contagiar a los demás.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/deconstruir-la-libertad-republicana-como-desafio-en-medio-de-la-pandemia-por-angelina-uzin-olleros/">Deconstruir la libertad republicana como desafío en medio de la pandemia &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Hay una paralelismo, en medio de la actual pandemia del covid-19, entre los grupos anti cuarentena en Argentina y los anti mascarilla en Estados Unidos, ambos oponen libertades individuales afirmando que todos tienen derecho a quedarse o no en sus casas, a usar o no barbijos. Esta actitud anti es ante todo anti política, anti democrática, porque impone una voluntad individual por sobre lo social, y porque la supuesta libertad de decidir no cuidarse es en definitiva la libertad de contagiarse y contagiar a los demás.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por Angelina Uzín Olleros*</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El 9 de julio de 2020 se conmemoró el día de la Independencia en Argentina; luego de varias intervenciones en los medios, logró instalarse la lucha mediática entre libertad política y libertad económica, desde la falsa antinomia salud-economía; su corolario fue el banderazo convocado a través de las redes. Una familia de términos se entrelaza en consignas vacías, en un ausente debate de ideas, palabras como independencia, autonomía, libertad de expresión, autodeterminación, sumadas a república, democracia, institucionalidad hasta el remate que más le gusta a un sector de la oposición al actual gobierno sobre la independencia de poderes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la teoría política moderna, el concepto de libertad puede entenderse con relación a los impedimentos externos que puedan ejercerse sobre ella y la posibilidad de autodeterminación, ser libre puede significar que no somos impedidos de realizar una acción o, por otra parte, que no debemos obedecer normas que contradigan nuestra moral. En la teoría liberal clásica ser libre significaba gozar de una esfera de acción que no es controlada por los órganos del estado; otro significado es el que emplea la teoría democrática, para la cual ser libre es poder darse leyes a sí mismo. Según Bobbio llamamos liberal a quien persigue el fin de ensanchar cada vez más la esfera de las acciones no impedidas, mientras que llamamos demócrata al que tiende a aumentar el número de acciones reguladas mediante procesos de autolegislación. En consecuencia, el estado liberal es aquél en el que el poder público sufre un mínimo de restricciones  y el estado democrático es aquel en el que más numerosos son los órganos de autogobierno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el sentido liberal el acento está puesto en el espacio no regulado por normas imperativas; mientras que en el sentido democrático, en lo que se refiere a las normas, el énfasis está puesto en la posibilidad de autonomía en la creación de las mismas. Podemos identificar, siguiendo el análisis de Bobbio, ambas tradiciones en el tratamiento del concepto de libertad, expresadas por Montesquieu: la libertad es el derecho de hacer todo lo que las leyes permiten, y  por Rousseau: la libertad es la obediencia a la ley que uno se ha prescrito.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recordemos que en la respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración?, Kant planteaba el concepto de libertad en términos de autonomía siendo el alcance de la misma más bien social, no individual. Para decirlo en términos más cotidianos: ¿Tenemos derecho a impedir a las futuras generaciones el uso público de la razón? ¿Podemos imponer leyes que perjudiquen el porvenir de nuestro pueblo? En los límites autoimpuestos por un sujeto social, la libertad de expresión, de prensa, el uso público y privado de la razón, garantiza a la actual generación y a las venideras, que nadie pueda ejercer el poder de manera autoritaria o tiránica sobre nuestros derechos, en este caso el derecho a la protesta o el derecho a fijar nuestra posición sobre un tema determinado o temas en plural.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La libertad es una propiedad del acto volitivo consistente en encauzar la conducta de manera independiente de los motivos que la provocan; así definida, la libertad es un concepto negativo, porque se niega a aceptar ciertos motivos. Pero hay un concepto positivo de la libertad: la voluntad que dice sí a la ley moral, a la autonomía y al querer autónomo; en consecuencia, la libertad, su uso, no puede ser inmoral, ni puede ir contra la voluntad colectiva porque precisamente el sujeto se sostiene en esa red de relaciones que lo constituye y lo determina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aquí nace una contradicción que ha sido debatida durante al menos dos siglos: libertad o determinación; porque continúa el problema de los límites en la esfera de nuestras acciones. Es interesante la propuesta que realiza Castoriadis sobre el problema, es imposible para el ser humano la libertad absoluta, la ausencia de condicionamientos, no se trata para él de alcanzar un estado de libertad libre de condicionamientos, valga esta redundancia, la libertad se encuentra en la posibilidad de crear nuevas formas de determinación que sean preferibles a las existentes. Somos libres en esa medida, por eso la libertad está enlazada a la creación; en nuestro continente Simón Rodríguez lo decía en otros términos: o inventamos o erramos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Crear e inventar son en esta dirección las condiciones de la libertad que contradicen a la definición liberal por excelencia que sostiene que mi libertad termina cuando comienza la libertad de otro, son libertades individuales que se enfrentan, dicha caracterización del ser libre olvida la categoría de poder, ya que no todos tenemos el poder de contrarrestar las supuestas arbitrariedades de otras libertades más poderosas que la nuestra.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://fotos.perfil.com/2020/07/13/trim/728/500/twetts-20200713-985356.jpg" alt="Twitter se convirtió en la peor herramienta de la política ..." /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para algunos protagonistas de la escena política en nuestro país la única libertad real es la del mercado, dado que es el individuo quien lucha por la ausencia de restricciones, las consignas republicanas dejan fuera del contrato social a miles y millones de sujetos despojados de todo bien material. En todo caso, los más favorecidos podrán otorgarle las sobras del banquete a los menos favorecidos, de esta manera no van a morir de hambre; juntar la comida que queda en los restaurantes y repartirla en bandejas descartables, tan descartables como esos seres humanos que quedaron fuera del reparto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La libertad para estos sectores es la de no tener límites, porque limitar nuestra circulación en espacios públicos y reuniones sociales es autoritario, aunque la situación sea la de una pandemia. El estado no debe controlarnos ni encerrarnos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A decir del Bleichmar: “Nuestro problema es contraponer el sujeto ético al sujeto disciplinado: el sujeto disciplinado no es el sujeto ético. El problema no está en el límite; está en la legalidad que lo estructura. Y hoy podemos volver a pensar cómo se constituye un sujeto que, inscripto en legalidades, sea capaz de constituir, más allá de esas legalidades, la ética. Me refiero a la construcción del sujeto ético.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta es la clave que le falta a la teoría política en general, es la de advertir que la libertad ejercitada por un sujeto que pudo constituirse como sujeto ético, se sostiene en una legalización que acepta al otro como semejante, que construye una red de prohibiciones y permisos en un marco social, que no enfrenta a las libertades individuales entre sí, sino que ensancha el horizonte de libertades sociales, por lo tanto sus valores son los de la solidaridad y la confianza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una paralelismo, en medio de la actual pandemia del covid-19, entre los grupos anti cuarentena en Argentina y los anti mascarilla en Estados Unidos, oponen libertades individuales afirmando que todos tienen derecho a quedarse o no en sus casas, a usar o no mascarilla, o tapabocas o barbijos, llámense como sea. Esta actitud anti es ante todo anti política, anti democrática, porque impone una voluntad individual por sobre lo social porque la supuesta libertad de decidir no cuidarse es en definitiva la libertad de contagiarse y contagiar a los demás. Es así que la palabra libertad en el tweet del ex presidente Macri es más autoritaria de lo que él mismo cree, porque para el sector de nuestra sociedad que él representa, la república y las instituciones incluyen a una parte del conjunto social que tiene asegurado el presente y el futuro por varias generaciones, a ellos les habla y a ellos se dirige. También existen sujetos que desde una falsa representación caen en la falsa conciencia de defender proyectos que no son los de su clase, pero la ética del capitalismo es el utilitarismo que deviene en emotivismo, por eso no existen ideas sino emociones, tan extremas que llegan al odio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el año 1992 la Convención Republicana de los Estados Unidos acuñó el término “guerras de la cultura”, en esa concepción se ubican los que hoy están en contra de las políticas de salud que intentan frenar los contagios en la pandemia; análogamente nuestros republicanos libertarios realizan estas protestas como soldados de una causa que lejos de ser libre se instala en la irreflexión y las pasiones tristes.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Paraná, 15 de julio de 2020</span></p>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Dra en Ciencias Sociales. Máster en Filosofía. Docente en UADER y UNR. Escritora.</em></span></div>
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		<title>Per saltum al vacío &#8211; Por Jorge Giles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Sep 2020 01:26:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jorge Giles afirma en esta nota que en una etapa histórica signada por la pandemia y por la crueldad de las clases dominantes, la decisión de la Suprema Corte de Justicia constituye el desafío más potente contra el delicado equilibrio que deben mantener los tres poderes que sustentan la República, el Estado de Derecho y la Democracia.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;"><strong>Jorge Giles afirma en esta nota que en una etapa histórica signada por la pandemia y por la crueldad de las clases dominantes, la decisión de la Suprema Corte de Justicia constituye el desafío más potente contra el delicado equilibrio que deben mantener los tres poderes que sustentan la República, el Estado de Derecho y la Democracia.</strong></span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Giles*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No hay tiempo que perder. Definir conceptualmente la etapa política e identificar  a los enemigos del Estado de Derecho, son dos imperativos esenciales para quienes construimos y defendemos la Democracia desde distintos lugares. Así en el gobierno y así en el llano. Seguramente hay otros imperativos en el terreno de las demandas sociales, laborales, ambientales, culturales; todos, absolutamente todos, atravesados por la pandemia y sus consecuencias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero pasa que al interior del período de excepción que atraviesa el mundo, la región y el país, se ha venido incubando desde la derecha política, las clases dominantes y el poder mediático concentrado, un golpe destituyente contra el gobierno democrático de Alberto Fernández. Esos poderes están en maniobra. No escondamos la cabeza. No neguemos lo que vemos. No edulcoremos el drama que se avecina, inexorablemente, si no somos capaces de aceptar que estamos ante una encrucijada histórica. Y no es una encrucijada más, que se suma a la saga de otras que ya vivimos; esta vez la encrucijada es global y requiere de todos los sectores democráticos una creatividad capaz de enfrentar el embate desestabilizador con nuevas categorías políticas que puedan y sepan cabalgar sobre las tradiciones de lucha que nos conformaron como pueblo y como nación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este marco la decisión de la Corte Suprema merece una lectura política que vaya más allá del entrevero con jueces designados por el largo dedo del poder en tiempos de Macri. Y esa lectura hay que hacerla en voz alta y con la lengua de los oprimidos. Es decir, hablando con una voz clara y potente. Para que nos entendamos: la decisión cortesana constituye el desafío más salvaje que hayamos conocido contra el delicado equilibrio que deben mantener los tres poderes que sustentan la República, el Estado de Derecho y la Democracia. Como si fueran miembros de un supra poder, ningunearon explícitamente al Poder Legislativo, al Poder Judicial y al Poder Ejecutivo. Vaya paradoja: los que no fueron elegidos por el voto popular, se atreven a desconocer a los que sí fundan el ejercicio de su función en la voluntad democrática de la sociedad.  Así estamos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los cortesanos actúan en un contexto donde hay una derecha desatada y desquiciada que quiere poner rápido fin al viejo pleito con los gobiernos populares a través de la ruptura del Estado de Derecho. Esta vez no le dieron tiempo al gobierno democrático ni  siquiera para que desarrolle sus políticas sanitarias en defensa de la vida en plena pandemia. Por el contrario, utilizan las limitaciones que impone la pandemia a los sectores de la sociedad con más conciencia social y solidaria al punto de renunciar al derecho de ocupar el espacio público. Y es allí donde pueblos como el nuestro saben dirimir sus reclamos y la defensa de las conquistas sociales y políticas amasadas en décadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Retenida la fuerza popular en sus casas, en una gran mayoría, apuntan sus cañones contra el punto neurálgico de esa fuerza: Cristina Fernández de Kirchner. Es que fracasaron en su vano intento de esmerilar y quebrar la unidad política de la fórmula presidencial y entonces ahora van por todo. Y en ese todo, Cristina sigue siendo “el hecho maldito del país burgués”, parafraseando al gigante Cooke.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En definitiva, estamos en una etapa signada por la pandemia y por la crueldad de las clases dominantes que operan a la sombra de las terapias intensivas. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La incertidumbre en el mundo es total. En la Argentina, también inmersa en esa incertidumbre global, tenemos la certeza de contar con un gobierno decidido a cumplir su contrato social con la Democracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero no sirven los pronósticos mediatizados de la vieja normalidad pre-pandémica; sólo valen las voluntades en pugna por una nueva hegemonía de los oprimidos, en su más amplia y honda acepción. Y para eso hay que hablar más y hablar claro. Cuando el presidente llamó “nazi fascistas” a las hordas antidemocráticas que se manifiestan contra el gobierno nacional y contra la salud de los argentinos, estaba hablando muy claro. Ese es el camino discursivo a seguir. El gobierno hace muchas cosas bien a favor de los intereses populares, pero no siempre dice bien esas cosas y al no decirlas bien, el relato dominante es el que imponen las grandes usinas de difusión antidemocráticas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Insistimos en llamar  la atención sobre el imperativo de conceptualizar correctamente el momento actual porque es evidente que la derecha pretende vaciar de contenido la democracia; si finalmente lo logra, volveríamos a entrar en un callejón más que oscuro.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La forma de enfrentar esta maniobra destituyente es hacerlo frontalmente activando todos los mecanismos legales y constitucionales que dispone el Estado; y a la par, haciendo valer y haciendo sentir, a propios y extraños, la cantidad de votos obtenidos en las elecciones del 27 de Octubre del año pasado. No del siglo pasado, sino del año pasado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay que pasar a la ofensiva política y cultural en todos los terrenos posibles que nos permita la pandemia. Las redes y las paredes hablan. Y en esa ofensiva, legitimada por la voluntad popular expresada en las urnas, la ciudadanía toda debiera imaginar las formas pacíficas de expresarse sin atentar contra los cuidados de la salud que nos debemos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es el gobierno, claramente, el que tiene la mayor capacidad de alzar la voz con la misma lengua de los oprimidos con que siempre habló el peronismo en tiempos de encrucijada.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 29 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Periodista y escritor. Su último libro publicado es<em> «Mocasines, una memoria peronista»</em>, editado por la cooperativa Grupo Editorial del Sur (GES)</span></p>
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		<title>Conversar y conducir &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Feb 2021 18:14:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Daniel Rosso afirma en esta nota que la estrategia del gobierno no es sólo tranquilizar la economía, también es tranquilizar el lenguaje. Junto al indudable acierto de poner a toda la sociedad a conversar, Rosso sostiene que es necesario eludir la trampa antidemocrática, que es la que proponen medios hegemónicos y Juntos por el Cambio: la que desconoce que las elecciones existen, que concentran el poder en uno de los contendientes y que éste, con los instrumentos del Estado en sus manos, tiene la responsabilidad de llevar a la práctica las políticas por las que fue votado.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Daniel Rosso afirma en esta nota que la estrategia del gobierno no es sólo tranquilizar la economía, también es tranquilizar el lenguaje. Junto al indudable acierto de poner a toda la sociedad a conversar, Rosso sostiene que es necesario eludir la trampa antidemocrática, que es la que proponen medios hegemónicos y Juntos por el Cambio: la que desconoce que las elecciones existen, que concentran el poder en uno de los contendientes y que éste, con los instrumentos del Estado en sus manos, tiene la responsabilidad de llevar a la práctica las políticas por las que fue votado. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Tranquilizar el lenguaje</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La palabra política suele sorprender: como si fuera un hechicero, el ministro de Economía, Martín Guzmán, le hizo decir a Marcelo Bonelli lo que la administración de Alberto Fernández dice habitualmente. Lo fue guiando con sus preguntas hasta que sucedió el sortilegio: el discurso del gobierno terminó pronunciado por uno de los periodistas orgánicos del mayor grupo concentrado de medios de la Argentina. La grieta por un instante desapareció y los dos lados de la frontera ideológica coincidieron en un discurso común: en que la gestión de Macri fugó, por lo menos, una parte de la deuda que contrajo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">«¿Cuánto le debemos al FMI?», preguntó Guzmán. «54 mil millones», dijo Bonelli. El ministro corrigió: «El Gobierno anterior tomó un préstamo de 55 mil millones y le debemos 45 mil millones».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Guzmán repreguntó: «En qué momento pasó eso». «Con Macri», respondió Bonelli. «¿Y para qué se usó esa plata?», volvió a preguntar el ministro. El periodista respondió: «Parte se fugó y parte se intentó recomponer reserva».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es evidente que el grupo mediático, que sabe cómo atacar las declaraciones del oficialismo, no supo qué hacer con las preguntas de Guzmán. Obligado a responder, en el vertiginoso tiempo televisivo, Bonelli terminó contestando con las palabras del gobierno. El Periodismo de guerra balbucea cuando se le pide respuestas. Está preparado para atacar, no para contestar. La maquinaria bélica cruje cuando no se les ofrece un blanco. Por eso, la estrategia del gobierno no es sólo tranquilizar la economía: también es tranquilizar el lenguaje. Mientras, la oposición mediática tiende a hacer lo contrario: agitar y tensionar los discursos. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Una sociedad en estado de conversación</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gobierno de Alberto Fernández es un gobierno en conversación. A través de las reuniones con los productores rurales, con los grandes empresarios y con los sindicalistas, ha puesto a conversar y a debatir a la totalidad del sistema económico. En simultáneo, a través de las sesiones extraordinarias en el Parlamento, ha puesto a dialogar al conjunto del sistema político.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es un gobierno con una utopía gramatical: en él, las palabras circulan, se relacionan, se enfrentan, se encastran y acuerdan. No está mal: la conversación pública es uno de los rasgos específicos de la democracia. La inflación, en cambio, es el territorio de la economía concentrada. Por supuesto: ésta es un fenómeno multicausal y tiene diversas explicaciones. Pero aquí privilegiamos su dimensión de puja distributiva y de hecho de fuerza por parte de los actores con mayor poder relativo dentro de las cadenas de valor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras la democracia pone a circular horizontalmente las palabras, la economía concentrada hace subir verticalmente los precios. Son dos lenguajes: el de la política y los argumentos, por un lado, y el del poder económico y la fuerza corporativa, por el otro. ¿Qué es lo que intenta el gobierno con el análisis de las cadenas de valor? Tratar de que la inflación ya no sea un fenómeno sin sujeto, es decir, sin los responsables de que los precios suban. Por eso, para Alberto Fernández, conversar es transparentar. Es decir: hacer visible la estructura legal del saqueo al que son sometidos los consumidores argentinos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es una gran apuesta: llevar la lógica de la inflación, como hecho de fuerza, al interior de la democracia, como lógica de la deliberación. La democracia, de este modo, avanza: intenta discutir allí donde hasta ahora ha habido mayoritariamente decisiones arbitrarias. Por eso, la inflación es también una categoría política: porque en ella se imponen las decisiones unilaterales del empresariado concentrado. No por casualidad, varios de los movimientos desestabilizadores contra los regímenes constitucionales desde 1983 fueron “golpes hiperinflacionarios”. La inflación es una sucesión de hechos de fuerza de los cuales las hiperinflaciones son sus condensaciones. La inflación sin control, entonces, es más una continuidad que una ruptura con el régimen dictatorial. No es un dato menor la decisión gubernamental de intervenir en las cadenas de valor: con ella, la democracia intenta ingresar en uno de los espacios donde se mantiene cierta lógica predemocrática, la de la formación de los precios. Si ello se logra, las cadenas de valor, además de una secuencia de acumulación privada, pasarían a ser un circuito de deliberación pública.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://images.clarin.com/2019/10/03/el-diputado-mario-negri-y___9u9r49z-_1200x630__1.jpg" alt="Resultado de imagen de &quot;Manifiesto por la esperanza democrática&quot; ucr" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Una oposición que busca desesperadamente una dictadura</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras tanto, Juntos por el Cambio necesita tener enfrente un gobierno autoritario para, por contraste con él, construirse como una oposición republicana y democrática. En esa línea, la UCR dio a conocer un documento llamado «Manifiesto por la esperanza democrática», firmado por Mario Negri, Luis Naidenoff, Ernesto Sanz y Jesús Rodríguez, entre otros, en el que llaman a la construcción de un “polo republicano”. Sostienen: «un ejercicio de creatividad política requiere conformar un polo de poder republicano lo suficientemente amplio, estable y visionario, que dispute con chances de éxito y con propuestas claras la conducción del Estado, pero que además esté dispuesto a garantizar el pluralismo y a recuperar el sentido del lenguaje político, distorsionado por el despotismo demagógico en sus manifestaciones más autoritarias”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto, algo falló: los firmantes del documento se intentan diferenciar de un autoritarismo que no es fácil de encontrar en el estilo de Alberto Fernández. Más aún: lo que tienen enfrente es un gobierno que hace conversar a todos los integrantes del sistema político y económico. La UCR es un partido en busca de un contraste que no encuentra. Por eso, en la búsqueda desesperada de un dictador llegan hasta Gildo Insfrán. Para ser Alfonsín necesitan la dictadura genocida. Pero, como no la tienen, inventan campos de concentración en Formosa. Es la política como utilería: Mario Negri imitando a Alfonsín y enfrentando a un supuesto autoritarismo kitsch – nerista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> <img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.elciudadanoweb.com/wp-content/uploads/2021/02/desabastecimientojpg-1.jpg" alt="Resultado de imagen de La imputación por parte de la Secretaría de Comercio Interior a las empresas Mastellone, Fargo, AGD, Danone, Molinos Cañuelas, Bunge, Molinos Río de la Plata, Unileve" /></strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Entre la conversación y la fuerza</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El lenguaje debe ser tranquilizado, pero la fuerza del Estado debe ser sostenida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una dialéctica implacable en el estilo presidencial: mientras más deja sin contraste a la oposición a través de su conversación permanente, más le resta al Estado el uso de la fuerza legítima contra las corporaciones. Por el contrario, mientras más despliega sus políticas transformadoras más se ofrece como contraste “autoritario” para la oposición “democrática”. La conclusión es sencilla: la intervención discursiva de Juntos por el Cambio consiste en convertir políticas populares en estilo autoritario. La respuesta del gobierno, la mezcla exacta entre comunicación defensiva y estrategia transformadora, es combinar conversación y uso legítimo de la fuerza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Llevar la democracia a lugares a donde aún no ha llegado – como los controles de precios &#8211; exige de la conversación pero también del uso de la fuerza legítima que le fue delegada al gobierno en las elecciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si la inflación es un hecho de fuerza, garantizar su control reclama otra fuerza: la que emana legalmente del Estado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los grandes medios construyen escenarios donde esa fuerza del Estado democrático es considerada ilegitima: por ejemplo, si el presidente afirma que va a aplicar retenciones o cupos de exportación lo que dicen es que está  amenazando. No sólo no quieren la intervención del Estado: actúan como si el Estado – y su representación democrática – debieran disolverse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La democracia debe existir sin Estado y las elecciones deben desaparecer luego de realizarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Proponen una democracia que funcione sin la memoria de sus resultados. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es el intento de imponer un nuevo régimen de desapariciones en el marco de la economía mediática concentrada: si no pueden evitar el triunfo de un gobierno popular y no logran dividirlo o debilitarlo, entonces intentan dejarlo sin memoria y sin historia inmediata. De allí que, en ese marco, el ideal para ellos es que el gobierno converse eternamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es decir: que actué como una parte más y no como quien fue elegido para tener la última palabra. Para ellos, la gestión gubernamental debe intervenir como si no se le hubiera delegado el poder. Debe ser un lugar vacío. Por eso los medios concentrados y la oposición denuncian que el “vacío” de la actual administración es ocupado por el poder vicepresidencial. Es el peor de los vacíos: el que ha sido llenado por el fin de la conversación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, junto al indudable acierto de poner a toda la sociedad a conversar, es necesario eludir la trampa antidemocrática: la que desconoce que las elecciones existen, que concentran el poder en uno de los contendientes y que éste, con los instrumentos del Estado en sus manos, tiene la responsabilidad de llevar a la práctica las políticas por las que fue votado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La imputación por parte de la Secretaría de Comercio Interior a las empresas Mastellone, Fargo, AGD, Danone, Molinos Cañuelas, Bunge, Molinos Río de la Plata, Unilever, P&amp;G, Paladini y Potigian, por retención o falta de entrega de sus productos para la comercialización, es una buen ejemplo de intervención del Estado utilizando la fuerza de la ley en contra de la fuerza arbitraria de la economía concentrada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Paradójicamente, la conversación interminable entre iguales es la negación de la democracia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de febrero de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</span></p>
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		<title>Palabras vaciadas. Palabras expropiadas &#8211; Por Estela Grassi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Jun 2021 03:27:44 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Las expresiones de la principal oposición política, de los discursos de los comunicadores y medios más irresponsables y desaprensivos, y de grupos de manifestantes que exhiben una actitud imperativa frente a medidas de cuidado de la comunidad ante la pandemia, ponen en juego términos que remiten a valores fundamentales como la libertad y la democracia, o bienes culturales valorados como la educación, contrapuesta a la salud pública o el trabajo, puestos en un registro emotivo que los vuelve totalmente abstractos. Es decir, desconectados de la práctica y de su materialidad. Una estrategia que se desarrolla en el terreno del adversario para defender sus propios valores. Así, se neutraliza el debate y se desarma la crítica política, expropiada de sus enunciados más caros, de sus propias palabras.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/palabras-vaciadas-palabras-expropiadas-por-estela-grassi/">Palabras vaciadas. Palabras expropiadas &#8211; Por Estela Grassi</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Las expresiones de la principal oposición política, de los discursos de los comunicadores y medios más irresponsables y desaprensivos, y de grupos de manifestantes que exhiben una actitud imperativa frente a medidas de cuidado de la comunidad ante la pandemia, ponen en juego términos que remiten a valores fundamentales como la libertad y la democracia, o bienes culturales valorados como la educación, contrapuesta a la salud pública o el trabajo, puestos en un registro emotivo que los vuelve totalmente abstractos. Es decir, desconectados de la práctica y de su materialidad. Una estrategia </em></strong><strong><em>que se desarrolla en el terreno del adversario para defender sus propios valores. Así, se neutraliza el debate y se desarma la crítica política, expropiada de sus enunciados más caros, de sus propias palabras. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Estela Grassi*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Las palabras hacen trampa</span><br />
<span style="color: #000000;">Nunca creo en lo que nombran las palabras</span><br />
<span style="color: #000000;">Las palabras del temblor, del desatino</span><br />
<span style="color: #000000;">Las palabras que desvíen el destino</span><br />
<span style="color: #000000;">Las palabras son sagradas, buen amigo</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Las palabras me hacen falta</span><br />
<span style="color: #000000;">Me hacen falta cien millones de palabras</span><br />
<span style="color: #000000;">…</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Las palabras hacen trampa</span><br />
<span style="color: #000000;">Nunca creo en lo que nombran las palabras</span><br />
<span style="color: #000000;">Ahí se esconden muchos tontos importantes</span><br />
<span style="color: #000000;">…</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Las palabras me hacen trampa</span><br />
<span style="color: #000000;">Nunca creo en lo que dicen tus palabras</span><br />
<span style="color: #000000;">Las mías son iguales siempre meten confusión</span><br />
<span style="color: #000000;">La tensión entre tus versos y el lenguaje</span><br />
<span style="color: #000000;">La tensión entre mis besos y tu amor&#8230;</span><br />
<span style="color: #000000;">…</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Las palabras son traiciones de alto vuelo.</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Las palabras me hacen falta</span><br />
<span style="color: #000000;">Me hacen falta cien millones de palabras</span><br />
<span style="color: #000000;">….</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Mis palabras&#8230;las palabras..</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Las palabras –  </strong></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Fito Páez</strong></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">D</span></strong>esde que los contagios por Covid-19 se dispararon, alcanzando picos que superan el  momento álgido del pasado año 2020 y que llevaron a admitir una segunda ola tan catastrófica como “un tsunami” según el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, los efectores de salud comenzaron a saturarse y sus trabajadores a ser, nuevamente, los héroes y heroínas anónimas a quienes, sin embargo, ya nadie aplaude. En la semana del 5 de abril se vieron largas colas de personas buscando corroborar si sus síntomas eran manifestaciones de la infección por el virus o si el contacto con enfermos los había contagiado aunque no tuvieran fiebre ni dolores. Y las y los agentes de esos servicios debieron extender sus jornadas de trabajo, de por sí agotadoras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esas colas contrastaban con las que, hasta ahora, se hacen en los centros de vacunación porque las formaban personas jóvenes, no los adultos mayores ansiosos que luego se fotografían con el “carnet de la primera dosis”. Extrañamente, muchas y muchos se veían conversando a menor distancia de la que se recomienda para evitar los contagios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aunque la “segunda ola” era esperada desde hace tiempo y aunque por todos los medios se conocían sus efectos de muertes y padecimientos en aquellas regiones donde ya la transitaron o la estaban transitando, no se encaró una política activa de controles efectivos de las medidas de cuidado. Después de más de un año de pandemia, aunque los datos de infectados, muertos y  vacunados siguieron ocupando a los medios de comunicación,  “la pandemia” había dejado de tener el impacto de lo extraordinario y, como en las largas guerras, el riesgo se disolvió en la cotidianidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero la “segunda ola” llegó al fin, antes que la suficiente cantidad de vacunas, cuya producción y distribución fueron debidamente depuradas de cualquier vestigio de solidaridad y cooperación internacional para ser, como toda la producción farmacéutica, un recurso más del poder en la geopolítica internacional. Nuevamente, entonces, se impuso qué hacer para controlar la propagación del virus, en un contexto en el que se da la paradoja de un gobierno extremadamente preocupado por las formas republicanas, democráticas y dialoguistas, y una estrategia opositora que aprovecha esa misma preocupación por las formas para presentar cualquier medida de gobierno como un ataque a la libertad, a la república o a la democracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Así, las medidas en materia sanitaria, independientemente de su adecuación, corrección, eficacia o conveniencia,  volvieron a convertirse en blanco de esa estrategia por la acción de la principal oposición política, de los discursos de los comunicadores y medios más irresponsables y desaprensivos y de grupos de manifestantes que, aunque poco numerosos, exhiben una actitud imperativa, muy distinta de las formas de manifestación de los sectores sociales más desposeídos que, sumando riesgos a los que son propios de las condiciones de extrema pobreza, demandan por recursos básicos para la sobrevivencia, encolumnados tras agrupaciones cada vez más fragmentadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué pueden tener en común estos movimientos de reacción a las medidas sanitarias con tendencias similares en el mundo o con movidas en la región, más allá de que se inscriban en la historia particular del país, donde la confrontación peronismo-anti peronismo juega o suma un plus a su movilización?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Reacciones similares de derechas, radicales, irreflexivas y vehementemente emocionales se mostraron en Europa (en España, en Francia, en Alemania). Pero también, más cerca y más peligrosas, esas son características del bolsonarismo en nuestra vecindad. Y con Brasil se comparte el hecho de que la elite social y política y los medios de comunicación, aceptaron y contribuyen a hacer sentido común de ese discurso insensato, mezcla de patrioterismo y gestos patoteros, acá representados por Patricia Bullrich, y de misticismo, al estilo de Elisa Carrió. Pero para hacerlo más complicado, envuelto en el celofán del republicanismo y la ilustración y con “la libertad” como bandera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo o por qué pueden abrazarse estas expresiones, a primera vista, irrazonables? Y más allá de los gestos, ¿cuáles son los rasgos que las hacen peligrosas y eficientes, al mismo tiempo? Son preguntas, se puede arriesgar con algún intento de examen, aunque no es fácil desagregar los hilos que traman lo que parece un clima de época global con un estado de cosas y de la política, particular de la sociedad argentina.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La clase  y la ideología</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algunas observaciones para empezar. Entre las principales notas de la versión online del diario <em>La Nación</em> del lunes 19 de abril, está la que informa e ilustra acerca de los abrazos y reclamos por la presencialidad en colegios de algunas localidades del Gran Buenos Aires, después del DNU del Poder Ejecutivo Nacional que dispuso clases virtuales por dos semanas en el AMBA y que la CABA resistió, dejando instalado un conflicto institucional grave, porque un tribunal de justicia local se impuso al Estado federal y luego la Corte Suprema tomó de hecho una medida sanitaria, al fallar a favor de la presencialidad en las escuelas decidida por el gobierno local.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la nota de referencia se consignan los colegios cuyas autoridades, alumnos y padres los “abraza” reclamando su apertura. Son todos colegios de gestión privada cuyos nombres no tienen que ver con las banderas argentinas que portan las y los manifestantes y con las que luego reclamaron en las puertas de la Quinta de Olivos. Algunos de esos colegios citados son: Colegio Michael Ham (Vicente López), Saint Mary of the Hills School (San Fernando), Florence Nightingale (Acassuso), Saint Gregory’s College (Vicente López) y, un poco más inscripto en la cultura local, aunque sea por los nombres, los colegios San Gabriel (Vicente López) y Santa María (Pilar).  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Protestas y movilizaciones, sabemos, no dejaron de producirse desde el primer momento del final de la llamada Fase 1 de las restricciones sanitarias. Protestas de los movimientos sociales por las tantas necesidades insatisfechas, algunas de educadores y hasta de enfermeras y enfermeros, en demanda del reconocimiento de su estatus de profesionales, cancelado por el Gobierno de CABA. Ni sus contenidos ni sus escenificaciones presentan, en estos casos, ninguna novedad. Son reclamos por derechos sociales, denuncian su conculcación, muestran desigualdades profundas. Y aun cuando violan las medidas sanitarias, no encuentran ni denuncian restricciones a su libertad, a pesar de que la violencia estatal suele ser moneda corriente en sus vidas cotidianas, sea directa o por inacción frente a la inseguridad en sus barrios más o menos precarios, por la presencia de redes de delincuencia cada vez más extendidas, y cuyas víctimas principales son las y los jóvenes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Son las movilizaciones de otra clase (en sentido sociológico y también de otro tipo) las que constituyen una marca de época. Las que desafían abiertamente las medidas sanitarias y reclaman una libertad que no les falta, que en ningún momento es puesta en juego. Repiten en la calle lo que vociferan los comunicadores que denuncian peligros a la libertad de prensa mientras distribuyen insultos y hacen espectáculos que, a la clase ilustrada cuya libertad y republicanismo dicen defender, debería o se supone que debería, parecerles de extrema ordinariez.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo son o qué muestran externamente las movilizaciones de esta clase social? Se mueven en vehículos (gama media-alta para arriba), buena ropa, mujeres rubias, muchas y muchos mayores. Y portan banderas argentinas, únicamente banderas argentinas y pancartas improvisadas; a veces cantan el himno nacional. Los medios les prestan micrófono y cámara (muchos más micrófonos, cámaras, minutos de radio, notas periodísticas on line que a los que vienen de a pié desde los barrios pobres). Las señoras quieren hablar, no muestran ninguna inhibición, están seguras de representar la verdad, de ser la nación, toda la nación, nada más que la nación, expropiada a “la gente” por una banda de corruptos (de “chorros”, suelen vociferar sin mucha delicadeza de clase; por la dictadura, claman otras). Aunque se trate de un gobierno que no vio luz y entró, sino que ganó elecciones libres y limpias. Claro que con los votos de los “vagos, sucios y malos”, choriplaneros, en la versión de “la gente”.  Y tan libres como pueden ser elecciones enmarcadas en campañas plagadas de trolls, denuncias falsas, mentiras y discursos irrelevantes. Lo dijo la señora que esperaba ser atendida en una casa de pastas de Palermo cuando un joven ofrecía vender bolsitas de basura: esos votantes (pobres) son los que “la tienen podrida”, ¿por qué?&#8230; “porque nos roban”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sabemos con Bourdieu<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> que las ciencias sociales pueden reconstruir la topografía de las clases sociales según los diferentes capitales valiosos que detenten (económico, cultural, simbólico), pero reconoce el mismo autor, y demostró E. P. Thompson<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, que las clases sociales se constituyen en sujetos de la historia en las luchas, en la movilización de símbolos, en la construcción de alguna identidad. “Ganar” en esas luchas es poder instaurar los propios intereses también como de interés general. O disponer de recursos y de medios para imponer intereses particulares en intereses de todos. Lo novedoso en los procesos que se observan desde hace ya algunas décadas, es que esa imposición (hegemonía cultural e ideológica) no parece pretender un orden de dominación en el que sus intereses se impongan a todos,  sino una escisión, un orden acotado y propio, donde aquellos que “tienen podrida” a la señora de Palermo no existen, no son reconocidos ni para imponerles algún interés. Como antes (o peor) de las revoluciones burguesas y liberales, cuando la servidumbre tenía la misma cualidad que los objetos (como se ilustra en la película Ammonite, cuando Charlotte, la joven señora londinense le dice a su amada Mary, turbada ante la presencia de la sirvienta que las ve besarse con pasión, que no se preocupe porque solamente  “es la criada”).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El barrio cerrado, la escuela privada, la salud prepaga son, desde hace tiempo ya, los medios legítimos de pertenencia, extendida ahora al otro lado del río: en Punta del Este no solamente se vacaciona, ahora se va a vivir “en libertad” y lejos de los indeseables hasta que se cumpla la propuesta de Susana Giménez de que “si hay mucha pobreza que la gente vaya al campo (…) a plantar, a tener gallinas en el gallinero”. Sin embargo, faltaba ganar las calles, delimitar un lugar incontaminado (el Obelisco, ya que la Plaza de Mayo la ocupan los “indeseables”, por eso hubo que vallarla), enarbolar los símbolos nacionales apropiados también como distintivos “propios”. La “minoría intensa” de las manifestaciones vocingleras se inscribe en esa disputa de clase, no para imponer sus intereses como de interés de todos, sino simplemente sus intereses como propios. No quiere decir que la imposición sea exitosa e irremediable, sino que ese es el punto. Violencia simbólica en su manifestación más cruda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parte de esa disputa es, también, la resistencia a la contribución solidaria dispuesta por una ley del Congreso de la Nación, por parte de algunos de los más ricos de los ricos alcanzados por esa obligación. Para ellos, la contribución es confiscatoria de un patrimonio acumulado gracias al solo mérito, aunque muchas de sus trayectorias no demuestren la mentada capacidad emprendedora que algunos, por cierto, sí ostentan, aunque ésta nunca se habría podido desarrollar en soledad, ni debería volcarse a un puro oportunismo que lucre con las necesidades y los infortunios sociales. El contexto de pandemia profundizó la desigualdad precisamente porque la producción de bienes y servicios indispensables, sectores críticos para que la vida continúe, son y devinieron aún más, en mercancías lucrativas. Los alimentos, las comunicaciones y, en el extremo, las vacunas, exponen la materialidad de esa escisión de la sociedad, en la que esos aportes extraordinarios se comprenden como un gasto injusto para atender “vagos”. Violencia material, en su modalidad más abusiva.</span></p>
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<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-7644 size-full aligncenter" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas1.jpg" alt="" width="960" height="640" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas1.jpg 960w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas1-300x200.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas1-768x512.jpg 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas1-219x146.jpg 219w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas1-50x33.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas1-113x75.jpg 113w" sizes="(max-width: 960px) 100vw, 960px" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La ideología y las clases. Las palabras vaciadas</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“No me vas a encerrar” dice un señor que participa de una manifestación contra las restricciones impuestas por el DNU del Poder Ejecutivo Nacional a principios de abril. “No creo en el Covid, yo no me vacuno”, levantan sus carteles los libertarios frente a la Casa Rosada. Aunque son unas 100 personas, <em>La Nación</em> online (09-04-2021) difunde numerosas fotos, igual que de los bares de Palermo, con el título de “La noche seguirá”.  “…!que no nos roben el futuro, por favor!” ruega Gastón Bivort, director general del Colegio Santa María, de Pilar ante la disposición de suspender por dos semanas las clases presenciales. “Quiero mi libertad” clama una mujer de mediana edad en su pancarta que levanta por el techo levadizo de su auto, aunque no hay nada ni nadie que la retenga ni la amenace. Una imagen que se repite idéntica el 25 de Mayo.  Las vacunas producen “mutantes epidemiológicos” dice, entonces, un grupo autodenominado “Médicos por la verdad”, y otro afirma que con la Sputnik V se inoculan imanes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“La democracia está en peligro”, “fenomenal avance de concentración de poder” del presidente, “infectadura”, eran términos de una carta firmada por “intelectuales”, cuando se impusieron las primeras fases del aislamiento social y obligatorio para enfrentar la circulación del virus, tal como ocurría en la mayoría de los países del mundo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Uso ilegal del terror sanitario”, se decía por entonces. “Tragedia cultural… anarquía… falta de libertad individual” escribe en su carta una lectora de <em>La Nación</em> el domingo 18 de abril. Una nota corta que, no obstante, diverge de la vacuidad de las consignas anteriores porque es un texto más elaborado en el que afirma que quienes más van a sufrir por esta tragedia son “quienes creen que no trabajar o estudiar es placentero”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué características tienen estas expresiones, muchas de las cuales lindan con lo ridículo y son disparatadas, pero que en ocasiones son dichas con gestos adustos por personajes centrales, no marginales de la política o por comunicadores supuestamente premiados? Es el caso de la ex ministra de Seguridad, cuando después de excavar en la Patagonia en busca de contenedores con dinero y de no hallarlos, afirmaba que, sin embargo, había marcas “con forma” de los mismos. O de la dirigente Carrió que, entre otros tantos delirios a los que es dada, aseguraba que Fabricaciones Militares estaba produciendo armas para La Cámpora. O hacían circular que el Papa Francisco guardaba el dinero de la corrupción K en el Vaticano.  Disparates que, sucesivamente, fueron organizando el discurso político y la disputa ideológica: corrupción, república/democracia, libertad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lindan con lo ridículo pero ponen en juego términos que remiten a valores fundamentales (la honestidad y la trasparencia en el manejo de la cosa pública, o la libertad y la democracia, tan caras a los y las argentinas, después de la dictadura) o bienes culturales valorados, como la educación, contrapuesta a la salud pública en este momento o el trabajo, según se suceden los acontecimientos, puestos en un registro emotivo que los vuelve totalmente abstractos. Es decir, desconectados de la práctica (de la libertad y de la democracia) y de su materialidad (de las condiciones de la educación o del trabajo realmente existentes. Una estrategia que, en términos de Regine Robin<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, va “sobre el terreno del adversario para defender sus propios valores”. Así, neutralizan el debate y dejan desarmada a la crítica política, expropiada de sus enunciados más caros, de sus propias palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y también a las ciencias (principalmente las sociales y humanas) que desde hace tiempo ven vaciados los referentes metateóricos de sus argumentaciones y desjerarquizada la información empírica (el ex presidente Macri hizo gala de su menoscabo). El rescate de la ciencia y los científicos (pretendida al inicio por Alberto Fernández, cuando definió a su gestión como un “gobierno de científicos” y cuando asentaba la credibilidad de sus medidas en el equipo de expertos sanitaristas, al iniciarse la pandemia) también se reinscribe en este maremágnum  y en estas disputas por el valor y la veracidad de las palabras, en un estado cultural en el que el tono circunspecto no hace a los datos más verdaderos,  al tiempo que el registro emotivo de la realidad es inmune a los fundamentos empíricos y a los argumentos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El principal contrincante del presidente, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, avanza sobre el terreno que Alberto Fernández pretendió como reivindicación de su gobierno: Rodríguez Larreta resiste las medidas dispuestas por la autoridad nacional con sus mismos recursos: “todo lo que decidimos lo hacemos basándonos en datos” enfatiza con gesto grave en cada conferencia de prensa con la que se hace de la última palabra después de la del Presidente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si la pandemia es una excusa para concentrar el poder y las restricciones a la circulación, a la presencialidad en las escuelas y para “dominarnos y mantener ignorantes”, aun cuando se saturen los hospitales y haya tantos muertos como si se accidentaran dos aviones colmados de pasajeros cada día, el diálogo deviene imposible. El programa <em>A Dos Voces</em>, del canal TN del 24 de abril constituyó una muestra palpable de esta imposibilidad. El titular de la Unión Argentina de Entidades de Salud y dueño de Swiss Medical Group, <a style="color: #000000;" href="http://https/www.perfil.com/noticias/protagonistas/belocopitt-harto-pavadas-propios-medios-comunicacion-grupo-america.phtml">Claudio Belocopitt,</a> expuso con la mayor contundencia el estado de los servicios de salud y su saturación. Presentó un panorama desolador si no se fijaban restricciones que corten la circulación del virus, tal como finalmente ocurrió. Realista, insistió en el problema sanitario, incluso en la necesidad de asistir a quienes no puedan trabajar, aunque haya que emitir “papelitos de colores”, fueron sus palabras. Que lo dijera un gran empresario de la medicina prepaga, dueño de la más top de las prestadoras, daba más contundencia al argumento: si se quiere cuidar lo más posible la salud, todo lo demás se subordina, incluso la economía. Luego de los casi 15 minutos de su enfática exposición era imaginable que los demás panelistas tomarían nota de sus datos y argumentos, los registrarían, propondrían caminos de acción. Notablemente, en las intervenciones que siguieron, de una representante de Padres Autoconvocados, de ex funcionarios y de políticos invitados al programa, no se advirtió ningún registro de la presentación de Belocopitt. Lo mismo daba si no hubiera estado en el panel, si no hubiera hecho nadie tan dramático diagnóstico. El problema siguieron siendo las palabras: la libertad en peligro, la educación, olvidada de la mitad de niños pobres que, con o sin presencialidad, tienen el futuro comprometido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Libertad bajo </em></strong><strong><em>coacción: la palabra expropiada </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fernán Quirós, el ministro casi estrella de la CABA, puso el punto en el lugar exacto desde donde enfocar el problema sanitario, los “comportamientos individuales” y la resistencia de su gobierno: «Los libertarios de mi partido no quieren restricciones», habría dicho (LPO, 07/04/2021). En su entorno relativizaron sus dichos, lo que no importa mucho, porque el comunicado del partido al que pertenece confirmó la resistencia a medidas sanitarias que nada tienen que ver con las “libertades fundamentales” si no fuera porque la libertad (la palabra) está en terreno adversario (volviendo a Robin), dicho esto más allá de los partidos, sino –como digo antes- de la/s clase/s y los alcances de sus visiones del mundo (el mundo de “la gente”).  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">«Estamos convencidos de que debemos defender la mayor normalidad posible, que implica garantizar el derecho a la educación, el trabajo y el ejercicio de las libertades fundamentales», dice allí la dirigencia de Juntos por el Cambio no únicamente del PRO, porque las fotos muestran también a dirigentes de la UCR en primer plano. Un partido nacido republicano y devenido libertario. “Larreta desafía el decreto de Alberto y estira el horario nocturno hasta la medianoche”, porque si no, los comensales de los restaurantes “perderían el segundo turno” (LPO, 08-04-21), lo que desde el punto de vista libertario parece ser más riesgoso que el virus. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y las palabras que fueron contra la más sangrienta dictadura, son devaluadas, vaciadas y recargadas con pólvora mojada en la contienda. “No te tenemos miedo… Se acabó la paciencia de los mansos. Te metiste con la educación de nuestros hijos. Ni olvido ni perdón (Twit de Pablo Avelluto – 20-4-2021 -8:09 p.m. #ABRANLASESCUELAS). ¿Qué tan valiente necesita ser el ex secretario de Cultura?  Simplemente se expropian las palabras, que se vuelven alardes en un campo sin minas, pero insuflan los pechos de quienes llevan la bandera (nacional y de la educación) como propiedad privada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y si San Martín instaba a los pueblos de la América criolla a liberarse del dominio colonial insistiéndoles en que “Seamos libres, lo demás no importa”, la señora rubia que enarbola esa leyenda en la manifestación anticuarentena del 25 de mayo reduce aquella gesta al más puro individualismo, mientras un orador del acto le exige la renuncia al presidente de la Nación y pide a los presentes que dejen de pagar sus impuestos y encabecen una “rebelión fiscal”.  Y en tanto las palabras vaciadas inspiran las bombas en locales partidarios.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="wp-image-7645 size-full aligncenter" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas2.jpg" alt="" width="1000" height="654" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas2.jpg 1000w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas2-300x196.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas2-768x502.jpg 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas2-223x146.jpg 223w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas2-50x33.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/05/marchas2-115x75.jpg 115w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Una visión a-social del mundo </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por cierto, preexisten y coexisten otros riesgos para la vida, para la salud y para la libertad de un amplio conjunto de compatriotas. Son los riesgos que entraña la pobreza, la condición en que viven más del 50% de niñas y niños en este país. Una pobreza alimentada por la desigualdad social que ahora potencia el contexto de pandemia, pero que no llegó con el Covid-19. “Hay hambre en la Argentina” repetía desde antes de asumir el actual Ministro de Desarrollo Social de la Nación. Pero la pobreza creció con la pandemia, en la misma medida que el enriquecimiento obsceno de un grupo (aquí y en el mundo), según surge de reciente información que brinda la revista Forbes, pero no únicamente. Entre ellos hay argentinos que preocupados por las “libertades fundamentales”, que no se quieren perder el segundo turno en los restaurantes y van a la Justicia para no pagar la contribución solidaria o radican sus empresas en Uruguay. Pero claro, si las palabras cambian de sentido porque sus contenidos son parte de la contienda, también hay palabras que se mantienen como tabú. Como  “compatriotas”, en el terreno de las ideologías libertarias y neoliberales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aprendimos en la escuela primaria (cuando era común, además de pública y gratuita) la máxima según la cual “los derechos (o la libertad) de cada uno terminan donde comienzan los derechos (y la libertad) de los demás. Una máxima que se sigue hallando hasta en conversaciones corrientes, con los más diversos contenidos porque el problema, siempre, es por el contenido y por los límites. ¿Qué derechos? Derecho de cada uno y cada una a disponer libremente el curso de su vida. Pero, ¿dónde esa disposición encuentra el límite de “los demás”? El problema del lazo entre el “individuo y los demás (una sociedad/una comunidad)” se plantea desde que el individuo se impuso al grupo y desde que la comunidad dejó de ser solamente el grupo “natural” (étnico y/o religioso) y su constitución exigió un esfuerzo de imaginación y un trabajo sin fin de recreación de la pertenencia. La nación, el país o la república (tan mentada y vapuleada en estos tiempos) que el Estado (cada Estado) expresa y representa, es obra humana, proyecto e imaginación política de creación de una comunidad, no obstante, dividida. De ahí los riesgos de fractura si aquel trabajo de recreación no encuentra otro arraigo que la interpelación al localismo (la ciudad, cada provincia) o al solo individuo meritorio y autosuficiente y su (imaginaria) “libertad fundamental” de hacer  la propia voluntad sin límite aunque los demás perezcan.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los libertarios y los neoliberales creen (son creyentes de un templo secular) que tienen derecho a hacer lo que les venga en gana (y así lo hacen) aunque pongan en riesgo a los demás que se les crucen, y que eso es una libertad fundamental.  No usar tapabocas, participar de fiestas masivas, no guardar el aislamiento preventivo cuando se sospecha la portación del virus, alentar la desobediencia a las restricciones que se disponen para menguar su circulación, son comportamientos del mismo tipo que conducir a alta velocidad y pasarse los semáforos en rojo. Son conductas que conculcan el derecho de los demás a no enfermarse o a usar la calle. Son comportamientos egoístas que coinciden con suponer que la acumulación extrema de riqueza es solo producto del propio mérito.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Está en su naturaleza? No, son comportamientos sociales que arraigan en una ideología que desconoce el entramado de lazos que constituyen una sociedad, más allá de los lazos que trama el capital. Son comportamientos sostenidos en la ignorancia de que la libertad de las personas (de todas) tiene condiciones para ser tal. La primera es la vida, la de desenvolver la propia existencia en condiciones tales que la alejen del hambre y el desamparo. La existencia común (en los dos sentidos: de existencia corriente y de existencia de todos) solo puede desenvolver como común (en comunidad) sobre un piso de reconocimiento que respalde la protección de cada particular ante los avatares diversos. Es ese piso el que ponen reiteradamente en cuestión los libertarios que privilegian una libertad abstracta, y los neoliberales que privilegian su capacidad de acumulación sin límites, tras la que se inclinan los gobernantes que, sin embargo, deberían ser responsables.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">»No estamos de acuerdo con restringir la circulación, pero lo haremos&#8217;, es un modo de permitirla, de transferir la responsabilidad del gobernante a la decisión individual, entre un conjunto de gentes que da muestras de no registrar al prójimo porque comulgan y reproducen una ideología que solamente reconoce individuos dispuestos a hacer su propia voluntad. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso la igualdad, por ahora, es otra palabra tabú en el terreno adversario. Merece cuidarse, quedan pocas y, como dice Fito, “hacen falta cien millones de palabras”.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Bourdieu, Pierre: “Espacio social y génesis de las clases”. En: <em>Sociología y cultura</em>. Grijalbo, 1990 (1984)</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Thompson, Edward P.: <em>Tradición, revuelta y conciencia de clase. </em>Ed. Crítica, Barcelona, 1984.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Robin, Régine: Discurso político y coyuntura. En: <em>Revista Ensambles</em> Primavera 2020, año 7, n.13.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 1° de junio de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Dra. en Antropología. Profesora Consulta de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Investigadora del Instituto Gino Germani.</span></p>
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		<title>Olor a podrido &#8211; Por Juan Chaneton</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Jan 2022 18:18:55 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[oposición política argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En Argentina uno puede cruzarse, ya sea mirando la televisión o leyendo el diario, con desopilancias tales como Novaresio y Pichetto hablando de literatura, con Carrió citando a Habermas o con algún agudo periodista contándonos cómo Felipe González le contaba a Julio Sanguinetti que la democracia es una ética de la derrota. Ética de la derrota, dicen, y se emocionan con el socorrido lugar común. Que no sólo es vulgar: en su boca también es mentira. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>En Argentina uno puede cruzarse, ya sea mirando la televisión o leyendo el diario, con desopilancias tales como Novaresio y Pichetto hablando de literatura, con Carrió citando a Habermas o con algún agudo periodista contándonos cómo Felipe González le contaba a Julio Sanguinetti que la democracia es una ética de la derrota. Ética de la derrota, dicen, y se emocionan con el socorrido lugar común. Que no sólo es vulgar: en su boca también es mentira, y huele mal.&nbsp;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Juan Chaneton*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Con el paso del tiempo he notado que el paso del tiempo auspicia el sedentarismo, ese resignado modo de vivir en el que la quietud no es jactancia sino rutina, y la cavilación deviene menos elección que costumbre. De ahí nace, a su vez, una consecuencia: la reflexión medio sentenciosa a la que nos invita el obligado reposo&nbsp; suele inducir a terceros neutrales al equívoco de tomar por versación acuciosa lo que no es sino el fruto agridulce de una opción impuesta por la biología.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y toda vez que no sólo de pensares y barruntes vive el&nbsp; hombre, le puede ocurrir que, como observador a la fuerza y si habita en la Argentina, se cruce, ya sea mirando la tevé o leyendo el diario, con desopilancias tales como Novaresio y Pichetto hablando de literatura, con Carrió citando a Habermas o con algún agudo periodista contándonos cómo Felipe González le contaba a Julio Sanguinetti que la democracia es una ética de la derrota.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y en esto quiero detenerme, en esta pobre sentencia quiero detenerme a sabiendas de que las recién referidas cavilosidades a que nos empuja la vida son menos una actividad de la inteligencia que la trivial costumbre de un espíritu sin otro incentivo que aspirar a una tenue felicidad cotidiana.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Aquello que el español le proponía al uruguayo era ni más ni menos que aceptar la derrota, lo cual nada tiene de virtud como para que a tal conducta del perdidoso se la eleve al sagrario del ejemplo público. Decir que la democracia es una ética de la derrota es un enunciado del tipo de los que aconsejan ser pobre pero honrado, o comunican que la casa es chica pero el corazón es grande, o&nbsp; dictaminan que no hay mal que por bien no venga. Se trata de una sarta o de una ristra&nbsp; -según se prefiera-&nbsp; de ramplonerías con las que calza bien aquella que causa la admiración de algunos, proferida por el quisling peninsular, un hombre a quien la senectud no lo arredra y su pasado no le causa rubor.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Si bien se mira, semejante banalidad es un plagio tardío de aquel aristotélico «término medio» que supo ser adoptado como bandera y causa por conservadores de todas las layas y de todo el orbe, pues el buen perdedor es siempre un hombre -o una mujer- equidistante de ambas puntas del espinel convencidos de que todos los extremos son malos, como&nbsp; solía decir mi tía Clotilde. De esta clase es el postulado gonzaliano de tan buen suceso periodístico en el Río de la Plata y que nos invita a participar de una fiesta en la que unos celebran lo que otros aceptan mientras los que pierden de verdad son siempre los mismos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">De modo que la «ética de la derrota» y el «término medio» aquilatan una estirpe rancia, agusanada&nbsp; y poco feliz: el griego de ayer difundió también que el sol giraba en torno de una Tierra inmóvil,&nbsp; en tanto el andaluz de hoy consideró que los GAL -esa Triple A española- eran una&nbsp; plausible herramienta&nbsp; de la democracia. A aquél lo desmintió Giordano Bruno; a éste, el espíritu de Puig Antich y sucesivas víctimas de la democracia moncloísta y monárquica. La verba de Aristóteles fue cimiento de la Inquisición y sus hogueras; el inspirado vislumbre del Nolano, anticipatoria luz que dio pábulo a las libertades que vivimos hoy.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Cada quién, en fin, reposa sus verdades sobre piedra o sobre barro. Ética de la derrota, dicen, y se emocionan con el socorrido lugar común. Que no sólo es vulgar; en su boca también es mentira.&nbsp; Aceptar la derrota&#8230; siempre que el que nos derrota no sea Yrigoyen, o Salvador Allende, o Lula, o Lugo, o Zelaya &#8230; ¡Bulshit &#8230;! La democracia -esta democracia-, más y mejor que una ética de la derrota, es una moral del engaño y una estadística tramposa. Aquí y allá. En el cielo, en la tierra y en todo lugar, como decía (y tal vez todavía dice) el catecismo católico cuando se refería a la ubicuidad de Dios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¡Pues qué, si no&#8230;!&nbsp; Dicen una cosa pero hacen otra. No aceptan la derrota. Tan pronto como clavan las guampas en el barro de un resultado electoral adverso, su «ética» pasa a consistir en el resentimiento, la irresponsabilidad&nbsp; y el odio. Dejaron al país sin presupuesto y pretenden que la culpa la tenga un diputado oficialista porque elevó el tono de voz y se les paspó el tujes. Tartufismo en estado puro se llama eso. Pretexto miserable para hacer lo que mejor saben: impedir. <em>Hic et nunc</em>, el pretexto.&nbsp; ¡Hic, Negri, Hic salta&#8230;! ¡Aquí está Negri, aprovechemos ahora&#8230;! &nbsp;Palos en la rueda. Eso hacen. ¡Ética de la derrota!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">No tienen vergüenza los que dicen «república» y «democracia» cada vez que se desabrochan la bragueta para evacuar el resentido efluvio de su costumbre y no le hacen asco a nada para empujar a un gobierno a la dificultad aunque esté en juego la democracia y la república. ¡Y había que verlos&#8230;! Por caso, aquel&nbsp; excelente muchacho&nbsp; de recursos nada vastos que supo ser teta y corpiño con el hijo del padre de la democracia cuando la oportunidad&nbsp; lo aconsejaba y ahora que alcanzó el nirvana de una banca se hace el enojado en patético remedo del&nbsp; Chacho Jaroslasvski -de aquellas impostadas efusiones del Chacho Jaroslavski-&nbsp; pero sugiriendo -en ese instante en que&nbsp; insulta- la sospecha de que la mediocridad medio pelo tiene mil caras, una de las cuales el insolente viene a revelarnos, y cuando se retire nadie recordará de él ninguna idea como no sea la de haber pedido la palabra para decir «pelotudo».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y no sólo escupen para arriba. También se hacen encima. Pues no habían contado con la astucia de los hechos, de los crudos hechos: las provincias pierden ahora 180 mil millones de pesos. ¿Qué obra pública van a hacer ahora? Y encima protestan. Lo hubieran pensado antes. En el presupuesto que voltearon estaban las partidas para esa obra pública que ahora se las van a tener que ir a pedir al buen Magoya.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Culminó el año y culminó esta isabelina comedia de las equivocaciones en que ha devenido el espíritu del pueblo argentino que confía sus asuntos, públicos y privados, al arbitrio de una «casta» que incluye a éstos pero también, y en lugar cimero, a Javier Milei y a José Luis Espert. Liberales, libertarios y libertontos&nbsp; se encaman en las mismas sábanas y derraman en ese tálamo indecente las leches rancias de su ideología.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Se ha ido otro año, y aunque Helsingör queda en Dinamarca algo huele mal en la Argentina. Hasta el monseñor Ojea se baña, entre gozoso y ofendido, en el agua bendita y un poco servida de la impiadosa indiferencia ante el dolor de un joven. Celebra el prelado que un niño argentino que duerme en la calle haya sido encarcelado porque se afanó unas hostias. Las hostias consagradas al Verbo, su carne y su sangre, han sido desagraviadas de ese modo, de ese cristiano modo. No Homo-ousios y sí Homo-i-ousios, decía Arrio. Una simple iota griega hacía la diferencia. Si lo primero, es el mismo Dios el que estaba en esa cornucopia que el ladrón se llevó. Si lo segundo, es «como si» estuviera Dios. Es un símbolo. Esto último decía Arrio derrochando sentido común y casi lo queman. De modo que a no hacer tanto ruido, Ojea, que es su opinión contra la de Arrio, el que discutió con Atanasio, nada menos, o sea, una opinión más, la suya. El niño chorro no cometió pecado mortal, sino venial, de los que habilitan la apelación, derecho al Paraíso previa escala técnica en el Purgatorio, no joda amigo, y preocúpese de que al «ladrón» no lo torturen en la comisaría. Dominus boviscum&#8230;&nbsp; Et cum spiritu tuo, Ojea &#8230; Ad náuseam &#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Olor a podrido en la Argentina.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 4 de enero de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Abogado, periodista y escritor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><a href="mailto:jchaneton022@gmail.com">jchaneton022@gmail.com</a></p>
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		<title>Sobre conversar y perseguir &#8211; Por Alejandro Kaufman</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Aug 2022 14:27:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El ensayista Alejandro Kaufman sostiene que para las derechas el tercio tribunalicio de la división de poderes debe ampliar su influencia lo más posible y para tal propósito se postula siempre ampliar las atribuciones judiciales, ya sea criminalizando o judicializando diversos aspectos de la vida en común.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>El ensayista Alejandro Kaufman sostiene que para las derechas el tercio tribunalicio de la división de poderes debe ampliar su influencia lo más posible y para tal propósito se postula siempre ampliar las atribuciones judiciales, ya sea criminalizando o judicializando diversos aspectos de la vida en común.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Alejandro Kaufman*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La institución republicana, conformada por sus tres poderes, reconoce en uno de ellos, el que contiene las prácticas parlamentarias, el espacio del que cualquier persona podría formar parte y donde lo que se llama debate es naturalmente algo que así puede ser designado, no obstante las limitaciones normativas y reglamentarias que lo regulan. La asamblea congresal no es ámbito de libre pensamiento y expresión, pero los admite porque los necesita por su propia índole, y sobre todo en tanto expone públicamente una experiencia oratoria conversacional. Hablar en una reunión parlamentaria no se sujeta a la determinación de cierto resultado, razón por la que las minorías pueden y quieren expresarse con independencia (relativa) de su propia y efectiva gravitación. El poder judicial, en cambio, es donde lo que se designa como debate no tiene como propósito ni aun de manera limitada o con arreglo a fines argumentativos una manifestación libre de la expresión, sino una confrontación como resultas de la cual debe paradigmáticamente arrojarse una resolución en términos binarios e inequívocos, de culpabilidad o de inocencia, de punición o de absolución. Dicho todo esto en forma casi solo metafórica, del modo en que una sociedad heterogénea, diversa, constituida por múltiples capas de sentido y de competencias, puede asistir a la escena de los poderes constituidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por fuera de los poderes institucionales republicanos se desenvuelve otro ámbito que se supone tan necesario y aun indispensable como aquella tríada, que es la llamada opinión pública, los medios, la prensa, las redes sociales, las reuniones sociales de distinta índole. Desde el punto de vista de los propósitos emancipatorios constituyentes de la institucionalidad republicana democrática, la esfera pública permite ampliar aquello que en los parlamentos está sujeto al orden de la representación, e interactuar de manera legítima con el poder asambleario. Integrantes del poder legislativo no tienen ninguna limitación para manifestarse públicamente. Son quienes representan de manera plena el carácter político de sus investiduras. No hay limitaciones sobre qué pueden decir, ni dónde, ni cuándo. Gozan de la libertad de expresión en la misma medida que todo el resto de la ciudadanía. No hay contradicción ni incompatibilidad entre integrar un cuerpo parlamentario y ejercer el periodismo o cualquier otra forma expresiva pública. Solo la politicidad establece determinaciones que dependen de su propia dinámica, y no de limitaciones reguladoras de la palabra, arrojada a su libre expresión. Sabemos bien, o <em>deberíamos</em> saberlo, o al menos saber <em>cuán lejos de la realidad</em>…, que la vitalidad de una institucionalidad democrática, aun si los demás poderes proceden como se supone que deben, depende de la circulación de la palabra en términos conversacionales, de debate y esclarecimiento, de concurrencia hacia las multitudes con lo que se tenga para decir. En ese sentido, una banca parlamentaria y una redacción de prensa o cualquier otro sitial expresivo comparten una afinidad intrínseca. La misma persona puede ejercer ambos desempeños sin entrar en contradicciones con sus derechos ni con sus obligaciones. En ambas esferas, lo que suceda dependerá de la trama política en que cada punto de enunciación encuentre su inserción. Se puede hablar o se puede callar, se puede opinar o se puede informar, se puede reflexionar o discutir lo que sea. Hay afinidades y diferencias, desde luego, pero hay más cercanía -o debería haberla- entre estas dos instancias de la palabra pública que entre ellas y los otros dos poderes. En los otros dos poderes no hay libre pensamiento sino responsabilidades: cierto que ambos pueden manifestarse como libre expresión individual ciudadana en la esfera pública, pero con las limitaciones y regulaciones que imponen sus responsabilidades. En el caso del poder judicial, la palabra que administra justicia está sometida a determinaciones muy precisas y rigurosas, por las que cualquier transgresión o negligencia puede inhabilitar toda una situación decisoria -es por lo que “hablan por los fallos”- y, sobre todo, el conjunto de la actividad judicial tiene como solo destino y temporalidad el arbitraje entre dos instancias y el juicio unívoco a favor de una de ellas. El carácter dramático de la escena es inconmensurable con la naturaleza eventualmente polémica tal como circula la palabra en la esfera pública o en el parlamento. El drama judicial que decide entre la libertad y la prisión, entre la culpabilidad y la no culpabilidad, solo se desenvuelve en una singular situación limitada en el tiempo, entre la acusación y el veredicto. El corolario binario de las prácticas tribunalicias es por donde cualquier persona, no importa su instrucción o disposición intelectual o cultural, puede asistir al resultado. Hay solo dos opciones, digamos aquí en términos de la narratividad constitutiva del litigio, y para cualquiera es perceptible y comprensible si se trata de a o b, blanco o negro. En términos narrativos el uso de la escena tribunalicia en las ficciones, o aun en la esfera de la opinión, sirve para legitimar y justificar una organización binaria de los asuntos. Cualquiera que sea la posibilidad que se tenga de conocer o profundizar en los términos del proceso, es factible asistir a las discordias constitutivas del juicio y aguardar el resultado como si de una disputa deportiva se tratara, en la que se atendiera a los resultados, más allá del juego. Es decir: lo específico de los discursos jurídicos es que son estratégicos, comienzan con debate y prueba, y terminan con el veredicto. Los discursos conversacionales se insertan siempre en los flujos de sentido, incluso más allá de la muerte acuden a la <em>conversación infinita</em>. A los efectos narrativos, el guión tribunalicio es de una inequívoca eficacia dramática y transmisiva, reforzada por la moralidad del resultado y con más razón por la pena, por el dolor infligido a quien sea y por lo que sea. La punición responde de manera esencial a una forma de encarar la vida social, opuesta a su contrincante ideológico discursivo, que es la conversación, la disposición a conversar como hilo conductor de la existencia. La conversación, desde una perspectiva emancipatoria, se postula como gravitación decisiva de la vida en común, y la administración de justicia, como <em>estado de excepción</em>. La administración de justicia se lleva a cabo sobre las excepciones cuando los conflictos no se han resuelto como diferencias conversacionales. Las diferencias conversacionales son el fundamento de lo que llamamos democracia, y la resolución de litigios atiende a las excepciones, cuando el libre juego del intercambio discursivo queda subyugado por la violencia. Tanto más “robusta” o “vibrante” (ambas palabras usadas en otras sociedades, en otros países, para otros contextos, aquí proferidas a veces de manera extemporánea) será una institucionalidad democrática, cuanto más conversaciones tengan lugar y menos juicios y pleitos sean necesarios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Para no abundar en el presente texto que se desea breve: las derechas son aquellas formas del pensamiento y la acción que ponderan la inflicción de dolor como organizadora de la vida en común, como administración del miedo y de la apelación a la obediencia que permitan instalar, sostener o ampliar la desigualdad. Para las derechas el tercio tribunalicio de la división de poderes debe ampliar su influencia lo más posible. Para tal propósito se postula siempre ampliar, como es obvio, las atribuciones judiciales, ya sea criminalizando o judicializando diversos aspectos de la vida en común o ampliando la extensión de las penas. Pero también se llevan a cabo otras acciones menos obvias, como sustituir las prácticas conversacionales por difamaciones y descalificaciones, porque dichas prácticas no arrojan resultados binarios y por ello mismo requieren más tiempo y dedicación, un mayor compromiso de la expresión y de la recepción (entonces lo parlamentario es siempre irrelevancia, pérdida de tiempo, dilapidación de recursos y cháchara). En la esfera pública lo que promueven las derechas es convertir todo lo que pueda tener un carácter conversacional, de elaboración y temporalidades diferidas, en formas miméticas de las prácticas tribunalicias. Es por ello, y no por un accidente de incomprensible y misterioso origen, que la esfera pública es conducida a estructurar sus significaciones en forma mimética con el poder judicial, y entonces las intervenciones públicas se convierten masivamente en símiles tribunalicios, metáforas que escenifican el debate entre acusación y defensa con resultados binarios, en lugar de debates “de ideas” como tanto se repite de manera vacía y falaz. Esta concomitancia retórica y categorial es decisiva más allá de cuanto se verifique en formulaciones deliberadas y explícitas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Para las derechas la diferencia entre una dictadura y una república democrática es solo metodológica, mientras en todo lo demás, es decir, en sus propósitos políticos, se trata de los mismos objetivos y prácticas simbólicas. Escindir a la sociedad entre puros y réprobos, pasar el tiempo en tramitar tales distinciones y naturalizarlas. Suscitar en la conciencia colectiva la audiencia que asiste a un juicio permanente en donde todos los asuntos se distinguen en las categorías binarias que la dictadura tenía como programa, la lucha contra la subversión y contra la corrupción. Subversión ha trocado en otras palabras de uso común eufemístico, corrupción se mantiene intacta. La inconmensurabilidad metodológica entre una y otra forma de existencia institucional, la primera criminal contra la humanidad y exterminadora, la segunda presuntamente sujeta a derecho, nos ha distraído durante décadas del pasaje gradual en la vida en común desde un supuesto de convivencia democrática hasta una coexistencia estructurada por las lógicas de la derecha. En otras palabras, <em>es hacer que el</em> <em>estado de excepción</em> (las narrativas jurídicas, las prácticas tribunalicias, la resolución binaria, forzosa y limitada de los conflictos) <em>se convierta en regla</em>. Que la esfera pública se convierta en un tribunal que dispensa condenas y dictamina absoluciones. Así, hasta que alguna vez se le ponga límite al abuso de minorías de poder sobre toda una sociedad. Abuso sistemático e impune al que denominan democracia y libertad de expresión. Ojalá.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 29 de agosto de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Profesor universitario, crítico cultural y ensayista. Es profesor titular regular en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Instituto de Investigaciones Gino Germani, dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales.</p>
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