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	<title>Memoria archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>Memoria archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Volver al pasado para recuperar el futuro &#8211; Por Eduardo Jozami</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Apr 2019 22:29:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[feminismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Madres y abuelas de Plaza de Mayo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Eduardo Jozami nos envía la ponencia que leyó en el panel de cierre del Coloquio Internacional «La memoria en la encrucijada del presente». El panel estuvo<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/volver-al-pasado-para-recuperar-el-futuro-por-eduardo-jozami/">Volver al pasado para recuperar el futuro &#8211; Por Eduardo Jozami</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Eduardo Jozami nos envía la ponencia que leyó en el panel de cierre del Coloquio Internacional «La memoria en la encrucijada del presente». El panel estuvo integrado por Judith Butler, Estela de Carlotto y el autor del texto.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por </strong><strong>Eduardo Jozami*</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En vísperas del primer milenio, los teólogos discutían si el fin del mundo se produciría al cumplirse mil años del nacimiento de Cristo o 33 años más tarde, en ocasión del aniversario de su muerte. Lo cierto es que no fueron pocos los que entonces creyeron que estaba llegando el fin de los tiempos. Al acercarse el año 2000, tampoco faltaron las predicciones, pero esta vez no tuvieron el tono desgarrado de quienes temían los rigores del Apocalipsis sino que predominó un aire celebratorio. La celebración de la hegemonía indiscutida de los Estados Unidos y de su versión de la democracia. En 1989, el bicentenario de la Revolución Francesa fue la ocasión de afirmar que había perdido vigencia no sólo el legado de ese acontecimiento histórico sino la idea misma de revolución, mientras, el rápidamente olvidado, Francis Fukuyama, anunciaba el <em>Fin de la Historia </em>y la consolidación del capitalismo liberal como paradigma excluyente de los tiempos futuros.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La caída de los regímenes del este europeo daba sustento a esos pronósticos, en sociedades que vivían en muchos terrenos ese clima terminal. El neoliberalismo de Thatcher y Reagan dejaba atrás la visión keynesiana del crecimiento económico, mientras la crisis del modelo fordista debilitaba los colectivos de producción, los sindicatos y los grandes partidos políticos de masas. Nuevas reivindicaciones y nuevos movimientos sociales, feminismo, diversidad sexual, ecología, aparecieron como esperanza de un nuevo horizonte emancipatorio en esos tiempos de crisis ideológica y desintegración social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La crisis tenía una dimensión civilizatoria porque, terminaba un tiempo en que el futuro daba sentido y legitimaba al presente. El régimen futurista de historicidad, como dio en llamársele, tenía dos figuras fundamentales, el Progreso y la Revolución. Ambas venían golpeadas durante el siglo. ¿Cómo seguir creyendo en el Progreso en un mundo que había conocido los horrores de dos guerras mundiales y el Holocausto? Cuando fue advirtiéndose la fuerte presencia en el genocidio nazi de las prácticas del colonialismo y de la racionalidad productiva de Occidente fue difícil no aceptar que el innegable avance científico y tecnológico podía coexistir con el más notable retroceso en la sociedad. En cuanto a la Revolución, parecía gozar de buena salud en los ’60 cuando los Estados Unidos eran derrotados en el pantano vietnamita, el Tercer Mundo se convertía en importante protagonista de la escena internacional y se esperaban revoluciones por doquier. Pero cuando la caída del socialismo real dio el golpe de gracia, hacía rato que declinaba la idea revolucionaria. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta crisis del futuro necesariamente se vinculaba con una crisis del pasado. En el nuevo mundo neoliberal, una sola de las dimensiones domina la constelación temporal: el presente. Por eso pudo denominarse presentismo a este nuevo régimen de historicidad. La aceleración del cambio tecnológico, la globalización financiera y las operaciones en tiempo real, acentuaron este magnetismo del presente, al tiempo que un abismo creciente nos separaba de un pasado cuya atracción se debilitaba cada vez más.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En momentos en que se afirmaba en el mundo la hegemonía neoliberal, a comienzos del nuevo siglo, nuestro país, como otros de la región, pudo liberarse parcialmente de ese condicionamiento emprendiendo un proceso de reformas de expansión de derechos, entre las que se destacaron las llamadas políticas de Memoria, Verdad y Justicia. El camino iniciado a comienzos de la restauración democrática con el juzgamiento de los principales responsables del terrorismo de estado se había desandado, poco después, cuando la presión militar impuso las llamadas leyes de impunidad. La llegada al gobierno del presidente Néstor Kirchner permitió, más tarde, reanudar el camino de Justicia, honrando la lucha infatigable de las Madres, las Abuelas y  el movimiento de Derechos Humanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La reanudación de los juicios a los genocidas impulsó una oleada de testimonios que se constituyeron rápidamente en el principal insumo de la memoria sobre la dictadura y el período de luchas populares que la precedió. Las declaraciones de los sobrevivientes de los centros clandestinos y las cárceles sustentaron la acusación contra los perpetradores y permitieron la más plena reconstrucción del horror.  No faltaron entonces cuestionamientos a esos testimonios señalando su carácter subjetivo. Sin embargo, en ello consistía tal vez su mayor riqueza, porque ese vasto tramado intersubjetivo de testimonios judiciales, literarios, periodísticos, artísticos, fue conformando la más rica recreación de la Argentina de los años ’70.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta fuerte disposición  a testimoniar fue alentada por una importante producción literaria y artística estimulada desde la segunda mitad de los años 90’ por el fortalecimiento del reclamo contra la impunidad: apareció entonces   la Agrupación HIJOS y aumentó significativamente la concurrencia en las convocatorias del 24 de marzo. Se produjo también un cambio en el modo de recordar a los desaparecidos, cuya memoria adquirió mayor carnadura cuando comenzaron a ser evocados en los lugares en que habían vivido, trabajado y militado. Películas, obras de ficción, producciones visuales, obras de teatro abordaron la experiencia de la dictadura y del período de grandes luchas populares que la precedió. Los registros fueron los más variados, desde investigaciones que reconstruían minuciosamente algunos episodios, hasta ejercicios literarios no menos ricos en su aporte al conocimiento de la época; alegatos apasionados en los que no siempre campeaba el sentido crítico junto con investigaciones que permitían recuperar materiales valiosísimos para la reflexión, como los Papeles de Rodolfo Walsh.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lugar especial entre estas obras ocupa el cine y la literatura de ficción producida por los hijos de desaparecidos sobre la vida y militancia de sus padres. Son en general obras polémicas, pero imprescindibles, que retoman el diálogo intergeneracional con actitud amorosa, pero con las dificultades, recelos y contradicciones que habitualmente manifiestan las discusiones entre padres e hijes. La muy reciente aparición de testimonios y escritos de las hijes de represores es un aporte inesperado y más que significativo. Un modo de completar la memoria muy distinto al que imaginan quienes predican una <em>memoria completa</em> para negar el genocidio e igualar el comportamiento de unos y otros. Muy distinto es el propósito que guía estos escritos que desde una mirada familiar agregan una más de las múltiples dimensiones de la tragedia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la afirmación de nuestra voluntad de memoria tuvo especial influencia el historiador Yoseph Yerusalmi quien reivindicaba la tradición del pueblo judío que había mantenido su unidad cultural, religiosa y nacional, a lo largo de los siglos, basándose en la memoria de los textos sagrados. Israel¸ que no era entonces un estado, pudo ser conocido como el pueblo del Libro. Una sentencia de Yerushalmi inscripta en una pared del Centro Haroldo Conti fue nuestra divisa: “Si me es dado elegir, me pondré del lado del ‘exceso’ de historia, tanto más poderoso es mi terror al olvido que el temor de tener que recordar demasiado”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El descubrimiento de Walter Benjamin fue aún más significativo. Frente a quienes invitaban a no volver los ojos al pasado y predicaban una reconciliación que sólo podía basarse en la negación del genocidio, el gran pensador muerto en Port Bou nos enseñaba que las luchas emancipatorias se nutrían precisamente de los dolores del pasado, que éste encierra una promesa de redención  y que -la bella frase se convirtió en consigna- debemos estar preparados para apropiarnos de ese pasado “tal como relumbra en un instante de peligro”. La mezcla benjaminiana de teoría marxista y teología judía que hubiera resultado demasiado heterodoxa décadas atrás, nos atrajo precisamente por su originalidad en un tiempo en que todas las ortodoxias se revelaban insuficientes. No hay dudas de que el autor de las póstumas <em>Notas sobre el concepto de Historia</em> expresaba en 1940 una profunda sensación de derrota, pero aún en ese momento en que el nazismo avanzaba victorioso, Benjamin no renunciaba a seguir pensando ese tiempo mesiánico que era el de la emancipación.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.revistaelestornudo.com/wp-content/uploads/2018/03/Walter-Benjamin-Flaneur-Ceasefire-Magazine.jpg" alt="Resultado de imagen para walter benjamin" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los últimos años del siglo, se había producido en Europa un importante debate en torno a la memoria del Holocausto y a los modos en que la literatura y el arte podían participar de esa conmemoración. Cuando conocimos ese proceso memorial  constatamos que la doctrina que lo alentaba –dominante también en Israel y los Estados Unidos- era bien distinta de la que surgía de nuestras incipientes reflexiones argentinas. Aunque la Shoah y sus modos de conmemoración se habían universalizado, se afirmaba, paradojalmente, su carácter único, lo que trababa cualquier mirada comparativa. Además, una visión deshistorizada del Holocausto escindía al nazismo como experiencia totalitaria de la gran crisis europea de su tiempo. Nuestra reflexión había avanzado por otros rumbos, porque precisamente trataba de situar el genocidio como culminación del proceso de golpes militares y políticas fuertemente antipopulares que conoció la Argentina a partir de 1955.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta unicidad de la Shoah fundamentaba además la negativa a su abordaje por la literatura y las artes, afirmando el carácter inefable e irrepresentable del genocidio. Ese rechazo que se expresó sucesivamente en relación a la utilización cinematográfica de las imágenes de archivo, al abordaje por la literatura de ficción y a la representación artística en general tuvo su más clara expresión en las palabras de Claude Lanzmann, autor de un notable film de 9 horas de duración basado en testimonios, quien señaló que respecto de la Shoah era obsceno todo intento de comprender.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Enzo Traverso y George Didi Huberman , que visitaron la ex ESMA en esos años, hicieron un aporte importante en estas discusiones. El primero, criticando la noción abstracta de totalitarismo que fundaba las políticas memoriales europeas y enfatizando que señalar las tendencias ideológicas y los procesos sociales que confluyeron en el genocidio, no implicaba negar cierta singularidad irreductible del acontecimiento. Por su parte, el texto de Didi Huberman, <em>Imágenes a pesar de todo, </em>que reivindicaba la exhibición de las fotos tomadas en el ingreso al crematorio de Auschwiz, constituía un alegato sobre la importancia de la fotografía y el archivo en el trabajo de memoria y en favor de una visión menos restrictiva en la relación entre el Arte y los grandes crímenes contra la Humanidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La irrupción inesperada a fines de 2015 de un gobierno que no ocultaba su escasa simpatía por las Madres, las Abuelas y las políticas de Memoria, Verdad y Justicia no tardó en manifestarse con el desfinanciamiento de los Espacios de Memoria y el escaso aliento oficial a la continuidad de los juicios. El respaldo mayoritario de la sociedad, evidenciado nuevamente en la multitudinaria presencia en las calles el último 24 de marzo, impidió en estos años un mayor avance de las políticas oficiales, dejando sin sustento político a importantes funcionarios de gobierno que tuvieron expresiones negacionistas respecto a los 30.000 desparecidos o rechazaron que pudiera calificarse de plan sistemático la represión dictatorial y la práctica de apropiación y sustitución de identidad de lo niños.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La fuerza política que hoy gobierna la Argentina (surgida en buena medida de la gran conmoción del 2001) expresión de derecha de un acontecimiento que generó lecturas y movimientos más interesantes, ha adoptado un discurso reñido con la historia que se inspira en gran medida en la Vulgata neoliberal. Ese discurso rechaza la discusión de ideas y considera innecesaria toda lectura del pasado, diferenciándose de la tradición del liberalismo conservador argentino que siempre fundamentó en la historia su derecho a gobernar.  “La historia es una abstracción y el pasado está lleno de muertos”, sentenció uno de los más importantes asesores del actual presidente- mostrando el nivel de degradación que ha alcanzado el discurso político.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A pesar de su constante banalización y la reiteración de promesas de felicidad a bajo costo, el neoliberalismo tiene una matriz claramente autoritaria. En el mundo del supuesto consenso neoliberal, las grandes potencias que han resucitado el colonialismo, bombardean y arrasan sistemáticamente naciones enteras. La exacerbación de la guerra comercial y el intento de asegurarse el control de los recursos naturales plantea ominosas perspectivas para el futuro inmediato, mientras la política de rechazo al extranjero por parte de las naciones europeas genera una masa creciente de personas víctimas del hambre y la creciente degradación de sus condiciones de vida. Quienes aún tienen memoria del nazismo deberían recordar que el primer paso en el proceso que culminó con la eliminación de los judíos –como lo señaló Hannah Arendt-  fue constituirlos como <em>parias,</em> privados no sólo de la ciudadanía sino de los más elementales derechos humanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En nuestro país, socio íntimo hoy de los gobiernos de Trump y Netanhayu, esa matriz violenta se expresa en las políticas de Seguridad que han habilitado la represión a las manifestaciones, reforzado el control social y aumentado los atropellos en los barrios populares. La demagogia punitivista que toma como blanco a las poblaciones más pobres llega hasta a celebrar como una victoria todo enfrentamiento protagonizado por las fuerzas de seguridad que genere muertos, sin preocuparse por el número de éstos ni por las circunstancias en que perdieron la vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este fuerte componente autoritario no debe hacernos olvidar que la gubernamentalidad neoliberal no se apoya sólo sobre la coacción sino en un amplio trabajo sobre las subjetividades para que las personas  presten su concurso voluntario. El panóptico de Bentham era una manifestación de la sociedad disciplinaria en la que los reclusos para ser mejor controlados eran puestos en soledad. En el gran panóptico digital de hoy no existen muros que limiten la interacción ni tampoco una coacción explícita nos obliga  a ingresar en Google o en las redes sociales. Más bien, hoy cada uno se entrega vountariamente a la mirada panóptica, escribe Byung-Chul Han.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El neoliberalismo no es sólo un discurso apologético de la globalización financiera y la libertad de los mercados. Se lo ha calificado acertadamente como <em>la nueva razón del mundo</em> porque, a diferencia del liberalismo clásico, que siempre respetó la existencia de un orden político distinto de la economía, la racionalidad neoliberal pretende extender la competencia y los demás principios del mercado a todos los órdenes de la vida social. Ni la salud ni la educación u otros ámbitos donde sería necesario preservar cierta equidad social quedan excluidos de esta economización de la sociedad. Si todos comenzamos a vernos menos como miembros de una comunidad o integrantes de cualquier colectivo que como empresarios de nosotros mismos en competencia con los demás, es evidente, como lo señalara Wendy Brown, que la igualdad deja de existir como marco normativo en nuestras sociedades, porque ese concierto competitivo debe darse naturalmente en un contexto de desigualdad. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un número muy importante de argentinos nos hemos convertido en militantes de la memoria porque creemos que de ese modo se mantiene la vitalidad de las grandes tradiciones populares y se alimenta la vocación por la democracia, la justicia y la transformación social. Sin embargo, quizás deberíamos preguntarnos cómo es esa memoria que atesoramos. No queremos pensarla como un gran texto ya escrito en el que podríamos incluir sin dificultad las novedades de la historia sino al modo como Terry Eagleton definía la tarea benjaminiana: “la práctica de escarbar, salvaguardar, violar, desechar y reinscribir continuamente el pasado”  Ese carácter fragmentario con que se nos aparece el pasado, garantiza una necesaria pluralidad de la memoria. Hay naturalmente corrientes de opinión que tienen más adhesión y peso en la cultura y la política argentina, pero habrá que desalentar las versiones canónicas que cierren discusiones y le quiten al pasado ese carácter abierto e inconcluso que nos estimula a sumergirnos en él.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://latinta.com.ar/wp-content/uploads/2016/08/ECC.jpg" alt="Resultado de imagen para milagro sala" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esa memoria que es confluencia de muchos aportes políticos y culturales tiene que enriquecerse a tono con los tiempos. Es imperioso incorporar la memoria de nuestros pueblos originarios, víctimas del primer genocidio argentino. Contribuiremos así al reconocimiento de los derechos de las comunidades y se fortalecerá el repudio al racismo hoy vigente reflejado en la arbitraria detención de Milagro Sala y las prácticas asesinas que terminaron con la vida de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Como el interés por el pasado es alentado por las luchas del presente, haremos también memoria de la lucha feminista, desde las primeras sufragistas hasta Evita, recogiendo las historias  militantes que abogaron por los derechos de la mujer hasta la irrupción del<em> Movimiento ni Una Menos. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta memoria nos permitirá también mirar hacia adelante, en la medida que sepamos rastrear en el pasado los futuros incumplidos, todos aquellos posibles que no se realizaron. Sólo de ese diálogo con el pasado puede surgir una nueva mirada hacia el futuro. En el gran debate político y cultural de hoy, frente a la reivindicación de una supuesta mirada hacia el futuro que oculta la defensa de las más rancias explotaciones, desigualdades y discriminaciones, nosotros levantamos con orgullo nuestro pasado de lucha popular en su más amplia acepción. Pero no basta con eso, ese pasado debe ser revisitado con un riguroso pensamiento crítico para revisar y debatir todo lo necesario, para incorporar sin sectarismos todo lo nuevo y lo distinto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El feminismo que ha incorporado las reivindicaciones de la diversidad sexual, es hoy mucho más que un conjunto de demandas para sumar a la agenda política. Es una revolución que sacude a la sociedad, que nos interpela a todes y exige revisar las instituciones, la cultura, la vida familiar, los modos de construir poder, para erradicar el patriarcalismo dominante. Cuando se trata de condenar abusos y violencias asesinas, de expandir derechos, desterrar prejuicios, avanzar hacia una mayor igualdad y garantizar el derecho de las mujeres a disponer sobre su cuerpo, no cabe sino el apoyo más ferviente. El <em>Ni Una Menos</em> ha introducido un aire de renovación profunda en las anquilosadas estructuras y muestra un nuevo estilo de convocatoria amplia, igualitaria y participativa del que la política argentina tiene mucho que aprender. La imagen de miles de jóvenes mujeres llenando la ciudad con su irreverencia, sus pañuelos verdes y sus ganas de vivir ha quedado en la conciencia de todes y nos alienta a seguir esa lucha y todas las demás.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 22 de abril d 2019</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Abogado, profesor universitario, periodista y escritor. Ex director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Presencias del 24 &#8211; Por Luis Bruschtein</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2020 22:56:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Luis Bruschtein* (para La Tecl@ Eñe) &#160; Pensé hacer una lista de mis desaparecidos para colgar en las redes, empezando por mis hermanos Noni, Víctor<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/presencias-del-24-luis-bruschtein/">Presencias del 24 &#8211; Por Luis Bruschtein</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Luis Bruschtein*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pensé hacer una lista de mis desaparecidos para colgar en las redes, empezando por mis hermanos Noni, Víctor e Irene y mi viejo Santiago, pero me di cuenta que hubiera sido larguísima y además incompleta. Seguro que habría quedado alguien muy querido en el tintero. Pata, Cacho, Mario, Chufo, Arielito, Vicky, el Negro Eduardo, el Gordo Julio, Carlitos, Martita, Cristina, la Gallega, el Príncipe, el Yaya y así seguiría más y más. Me pasa cada 24 de marzo cuando veo las fotografías que llevan a la marcha y que publican en las redes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A pesar de todo el tiempo que pasó, es un día denso para los veteranos. Se nos llena la azotea de fantasmas, de los buenos pero también de los que duelen. Yo soñé con mi madre porque escribí algo sobre ella. Una amiga me dijo que soñó con Pacho, un compañero de JTP que era dirigente del SMATA. Y Pacho le decía en el sueño que lo mejor que habíamos hecho era haber sido como fuimos, ser nosotros mismos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pacho murió en un enfrentamiento, una acción innecesaria donde era una locura que participara un cuadro sindical representativo como él. Blanca fue la primera en criticar la concepción militarista y vanguardista que había llevado a esa situación. En el sueño de Blanquita, lo que reivindica Pacho no es eso. Es más enredado el asunto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Veo sus imágenes en las marchas y siento un orgullo enorme de todos ellos. Los que no los conocieron no lo podrían entender. El diario del lunes convierte en sabio a cualquiera. Hice todas las autocríticas del mundo y en lo personal nunca pasé de la militancia de base porque hacía muchas críticas y a veces había compañeros que eran muy cabeza de chapa, muy cuadrados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y sin embargo, lo mejor que hicimos fue haber sido como fuimos. Y decirlo me da hasta un poco de vergüenza porque yo hubiera querido ser mejor. Carajo, esas fotos. Lo veo en sus ojos, en la convicción natural y poderosa que emana de esas imágenes que sobrevuelan las marchas del 24. Se ve el gesto generoso y amoroso que se da por descontado, que ni siquiera se menciona, y que se porta como quien se pone los zapatos para caminar o se sienta cada día a la mesa y va a trabajar y come lo que le toca comer y hace el trabajo que le corresponde.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me autocrítiqué de las metidas de pata de las que formé parte y recuerdo también las discusiones y las críticas que hacía sobre algunas decisiones y las dudas sobre otras, pero era el menú que nos había servido la historia. Ojalá, con esa energía inmensa que tenían los compañeros, la historia hubiera iluminado otras opciones mejores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hablo de una consciencia-emoción colectiva de la juventud que se negaba a seguir de largo con orejeras ante las injusticias en un país que hablaba de una justicia que no había, de una democracia que no había, de una libertad que no había, de una paz que no había. El pueblo quería a Perón y de Perón no se podía ni hablar, se ocultaban los fusilamientos y los bombardeos y todo el mundo hacía como si no hubieran existido. Las dictaduras se sucedían igual que los golpes militares a pesar de que el peronismo estaba proscripto, igual que el comunismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La consciencia indignada de todas esas mentiras y la emoción intensa de que era una generación que tenía que luchar por un mundo sin ellas era algo que se compartía, se respiraba en el aire. Seguramente había mucha soberbia, pero de esa no me autocritico, simplemente lamento no haber tenido más madurez. Porque era una generación casi sin adultos. Y esas mentiras consentidas constituían el basamento de la sociedad que las había sostenido año tras año. Podríamos haber hecho lo mismo y seguir de largo y no ser como fuimos. No lo sé. El alma de esa generación traía una marca para dejar en la historia. Había sido producto de un proceso histórico y estaba definida para intervenir como lo hizo. La historia había cargado una mochila muy pesada sobre sus espaldas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es un trazo grueso. No se trata de explicar el despelote de aquellos años, simplemente trato de explicar lo que siento. Ya todos leímos el diario del lunes, sabemos lo que deberíamos haber hecho y lo que estuvo mal, y todo bien con el diario del lunes. Pero como le dijo Pacho en el sueño a Blanquita: lo mejor que hicimos fue ser como fuimos. Ellos son los 30 mil, a los que extrañaré hasta el último de mis días, a los que llevaré siempre en la memoria. Y siempre sentiremos que una parte nuestra se fue con ellos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 24 de marzo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Periodista</em></span></p>
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		<title>24 de marzo, memoria, redes y pandemia &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Mar 2021 22:29:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[24 de Marzo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El próximo 24 estará poblado de todo tipo de manifestaciones visibles, pero también deberá afrontar el desafío de procesar la incertidumbre de lo que ocurre cuando lo público sucede mayoritariamente a través de las redes virtuales. Diego Sztulwark sostiene que el ejercicio político de la memoria ha sido la constitución de una política de la verdad, tanto más verdadera y más política cuanto fue capaz de detectar las continuidades profundas entre aquel acto de guerra que fue el golpe cívico-militar de 1976 y los violentos golpes “de mercado” del presente.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El próximo 24 estará poblado de todo tipo de manifestaciones visibles, pero también deberá afrontar el desafío de procesar la incertidumbre de lo que ocurre cuando lo público sucede mayoritariamente a través de las redes virtuales. Diego Sztulwark sostiene que el ejercicio político de la memoria ha sido la constitución de una política de la verdad, tanto más verdadera y más política cuanto fue capaz de detectar las continuidades profundas entre aquel acto de guerra que fue el golpe cívico-militar de 1976 y los violentos golpes “de mercado” del presente.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000080;"><strong>00. Un 24 sin marcha</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">La pregunta sobre si el pasado tiende a repetirse cuando no se lo recuerda, o no se lo elabora, reaparece ahora ante un casi imperceptible desliz nostálgico -la plaza de mayo como recuerdo del lugar del recuerdo- de los tiempos en que aún hacíamos de la memoria una fuerza pública. El próximo 24 estará poblado de todo tipo de manifestaciones visibles, pero también deberá afrontar el desafío de procesar la incertidumbre de lo que ocurre cuando lo público sucede mayoritariamente a través de las redes virtuales.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>01. Resistir la virtualización de la realidad.</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">No es este un desafío menor, sobre todo si consideramos que el ritual de las marchas de la memoria fueron durante décadas una gimnasia persistente de articulación entre cuerpos, símbolos y palabras. Es decir, una forma de resistir la tendencia arrasadora que mediatiza la escena pública, y nos incluye, por medio de la extensión del uso de las redes sociales, en una mera extensión autogestionada -a nivel de masas- de la virtualización del mundo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000080;"><strong>02. El año que hemos vivido.</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">A un año de la primera cuarentena, la atendible preocupación por los cuidados comienza a enfrentar un problema mayor: el incremento de mediaciones virtuales sobre zonas cada más vastas de la existencia. La invitación a plegarnos voluntariamente a este nuevo régimen informacional de la realidad, se ha vuelto prácticamente irresistible. La indetenible marcha del mundo digitalizado, o telecapitalismo, no hizo sino aprovechar las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria, para colonizar el medio en el que se despliegan las interacciones sociales. Hemos quedado en la incómoda o indigna posición en la que nuestras pasiones públicas y privadas, exteriores e íntimas -¿están vigentes esas distinciones?- alimentan la máquina sumaria de justicia que sentencia a priori conductas y lenguajes de personas, movimientos y gobiernos, sin que hayamos aprendido a defendernos de su pulsión devoradora.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000080;"><strong>03.  Gobierno de algoritmos.</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">Se ha escrito más sobre el gobierno de los algoritmos, que sobre el modo de resistirlos. La política convencional se ha subordinado casi sin resistencias a este nuevo régimen de la realidad, que representa los procesos vitales como si se tratase de unidades aislables de información recombinante. El telecapitalismo conquista las prácticas políticas imponiendo un tipo realismo de la imagen digital, incapaz de articularse con procesos de emancipación. A cada sentencia sin apelación del régimen de la realidad virtual los políticos de oficio responden, en el mejor de los casos, con acciones timoratas y un ostensible repliegue del lenguaje. No hay como situarse fuera de este tribunal computacional, del que participamos con nuestros dispositivos y pantallas portátiles<strong>.</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>04. Potencia de la memoria.</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">La política de la memoria, puesta de manifiesto cada 24 de marzo, constituye un perdurable ritual comunitario y transgeneracional, cuya potencia específica consiste en el ejercicio de una evaluación colectiva de los riesgos inminentes del presente. La dolorosa reflexión sobre el terrorismo de estado del pasado -Estado en sentido ampliado, que abarcó, como sabemos, participación civil, corporativa y eclesial-, se pone al servicio para la identificación del terror presente. La pregunta que vuelve cada año es ¿en qué condiciones es el recuerdo capaz de actualizar y nutrir prácticas de resistencia ante la reiteración del horror? Este modo de preguntar, hace de la memoria una práctica popular de diagnósticos del presente, un juego de identificación de aquello que conjuramos y sin embargo, no deja de volver con nuevos ropajes y por vías inesperadas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>05. Continuo guerra y política.</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">Según el teórico de la guerra Karl Von Clausewitz, «la guerra es la continuación de la política por otros medios». El doble interés de la frase radica en el continuo que establece entre términos que habitualmente se suponen mutuamente excluyentes. Y en la posibilidad de su reversibilidad, puesto que la política es también la continuación de la guerra por otros medios. El problema mayor que plantea este tipo de frases, es el tipo de cuestionamiento que carga sobre nuestro presente: ¿qué política es aquella que vemos hoy prolongarse como actos de guerra? ¿Qué guerra es aquella que actúa por debajo de lo que seguimos interpretando como actos políticos? La doble comprensión simultánea de política y guerra es un tema urgente de nuestra actualidad. Tema que la ideología de la transición democrática elaborada en la pos-dictadura en nuestra región no sabe pensar. Y que entre nosotrxs ha sido planteado por las luchas de la memoria. Son estas luchas, y no aquella ideología, la que puede ayudarnos a tocar la realidad con palabras<strong>, </strong>supone ir más allá del corset de lo políticamente correcto.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>06. Desigualdad programada.</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">La desigualdad «planificada» (como resumía Rodolfo Walsh en su Carta a las juntas, del 77) se instala y avanza, incluso cuando no se recurre para ello a un golpe de estado comparable al del 76. Hemos aprendido marchando cada 24, que el recuerdo, elevado a potencia política, no es ritual muerto, sino reunión de fuerzas en torno a lo que es necesario rechazar del presente, mirando al futuro.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>07. Políticas de la verdad.</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">El ejercicio político de la memoria ha sido entre nosotrxs algo más que el álbum de fotos en blanco y negro del pasado. Callejera y multitudinaria fue la constitución de una política de la verdad, tanto más verdadera y más política cuanto fue capaz de detectar las continuidades profundas entre aquel acto de guerra que fue el golpe del 76 y los violentos golpes “de mercado” del presente: desalojos en nombre de la propiedad privada, femicidios en nombre de una justicia divina y patriarcal, deportaciones en nombre del ser nacional, destrucción de todo sentido material igualitario en la aniquilación de lo público en nombre de equilibrios de cuentas públicas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000080;"><strong>08. Pobreza y experiencia.</strong></span><br />
<span style="color: #000000;">El contraste entre pobreza y experiencia no podría ser más claro. Mientras el mundo de los algoritmos procesa una desmaterialización -un empobrecimiento- de todo proceso existencial, discontinuando la relación entre información y vida real, las luchas de la memoria -aún con todo lo que cabe cuestionar en ellas, comenzando por sus lastres melancólicos-, enriquecen la materia subjetiva del sentido -que organiza objetivamente la existencia- creando enlaces y transiciones entre pasado y presente, entre luchas heterogéneas entre sí, entre cuerpos agredidos y actos de justicia. Esa formas de irrigar, de resistir, de invitar, de conectar, es, en su fragilidad, lo que merece el mayor de los cuidados.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 22 de marzo de 2021.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política. Autor del libro: «Vida de perro: Balance político de un país intenso, del 55 a Macri. Conversaciones con Horacio Verbitsky».</span></p>
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		<title>Memoria &#8211; Por Artemio López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Sep 2021 21:56:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artemio López]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones Paso 2021]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macrismo]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El analista político Artemio López sostiene que para analizar la importancia de las elecciones de medio término que comenzarán virtualmente con las PASO del domingo, es bueno recordar contra qué modelo de país se enfrenta el actual oficialismo. Es decir, un ejercicio de memoria.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/memoria-por-artemio-lopez/">Memoria &#8211; Por Artemio López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<div class="wp-block-group has-black-color has-text-color"><div class="wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow">
<div class="wp-block-group"><div class="wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow">
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>El analista político Artemio López sostiene que para analizar la importancia de las elecciones de medio término que comenzarán virtualmente con las PASO del domingo, es bueno recordar contra qué modelo de país se enfrenta el actual oficialismo. Es decir, un ejercicio de memoria.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Artemio López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Para conocer la importancia de las elecciones de medio término que comenzaran virtualmente con las PASO del domingo, es bueno recordar contra qué modelo de país se enfrenta el actual oficialismo. Recordemos algunos temas centrales de la gestión de Mauricio Macri y la coalición neoliberal que encabeza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Un estudio publicado por el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda en el año 2019 reveló&nbsp;que más de 50 variables económicas y sociales sufrieron un marcado deterioro durante el mandato macrista.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Con el cambio de gestión de Gobierno en 2015, se modificaron los objetivos y las herramientas de política económica. De un modelo mercado-internista, basado en el consumo y la producción local, con fuerte regulación a los movimientos de capital y del comercio exterior se pasó a otro modelo económico cuyas principales medidas tendieron a desregular los mercados”, detalla la investigación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En medio de la crisis económica, el Fondo Monetario Internacional (FMI) decidió «rescatar» la deuda argentina con un “plan de ayuda” valorado en 57.000 millones de dólares. El&nbsp;préstamo fue concedido a cambio de un severo programa de recortes financieros que terminó por generar grandes desigualdades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por ejemplo, la inflación interanual aumentó significativamente respecto a la tasa heredada en 2015, pasando del 26.9 por ciento al 55.8, para el tercer lugar mundial en puntaje inflacionario y el séptimo de las naciones con mayor caída económica en 2019.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El consumo privado en términos reales en el primer trimestre de 2019 disminuyó 1.28 por ciento en relación al primer trimestre de 2015 y la inversión cayó 12.37 por ciento en el mismo lapso. Igualmente, en el apartado del comercio exterior, el saldo promedio mensual pasó de ser positivo en 199 millones de dólares, durante los 42 meses previos a diciembre de 2015, a ser negativo en 155 millones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Las ventas de las pequeñas y medianas empresas se derrumbaron un 22.6 por ciento y las empresas existentes se redujeron un 4.1 por ciento, el salario mínimo cayó un 29.5 por ciento en términos reales, la jubilación mínima en 15 puntos y la capacidad de compra de medicamentos retrocedió un 34.5 por ciento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El informe destaca un incremento del 35.9 por ciento de la deuda pública bruta y de un 64.8 en la deuda externa;&nbsp;el riesgo país se incrementó un 60.8 por ciento y las irregularidades en el crédito subieron en 2.8 puntos, respecto al período anterior a su mandato. Todo ello con una aceleración de la fuga de capitales promedio anual de un 184.7 por ciento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Un punto aparte merece el desplome del valor del cambio dólar/peso, pues la compra de la divisa americana pasó de requerir 15 pesos argentinos a cerca de 60 que fue detenido en su escalada por la intervención del presidente electo Alberto Fernández.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El reporte del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda muestra que se produjo una pérdida del empleo privado agregado del 1.42 por ciento desde diciembre de 2015 a abril de 2019 y el desempleo aumentó tres puntos porcentuales, de 7.1 a 10.1.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Solo en 2018, 190.000 trabajadores se quedaron sin trabajo, para sumar 1.7 millones de desempleados en el último cuatrimestre del año pasado, la cifra&nbsp;más alta desde 2005.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por otra parte el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), señalaba «la desigualdad en la distribución del ingreso es la mayor del trienio 2016-2019: el 10 por ciento de quienes tienen mayores ingresos gana 21 veces más que el 10 por ciento que menos recursos recibe».&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Un documento&nbsp;de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló que en la gestión de Macri, el número de personas con inseguridad alimentaria grave aumentó a 5 millones; mientras que entre 2016 y 2018, duplicó la cifra existente y aumento aún más en 2019.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por otra parte, la obra pública del Gobierno de Macri se concentró en 700 kilómetros de caminos, pues no construyó escuelas, hospitales, ni casi infraestructura. Bajó más del 30 por ciento del presupuesto para educación, que pasó del 6.9 por ciento del PIB al 5.7;&nbsp;suspendió programas universitarios y otras políticas públicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Como parte de los recortes,&nbsp;disminuyó la cifra de ministerios a la mitad, eliminando carteras como Cultura; Ambiente; Trabajo; Ciencia y Tecnología; y Salud. En este sector desfinanció y sub ejecutó programas al tiempo que desabasteció hospitales, en vistas de desmantelar la salud pública y privatizarla. El peor gobierno desde la recuperación democrática. Memoria al votar, estimados lectores.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Gráficos Complementarios</strong></p>
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<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/pobreza.jpg" alt="" class="wp-image-8415" width="703" height="429" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/pobreza.jpg 414w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/pobreza-300x183.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/pobreza-239x146.jpg 239w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/pobreza-50x31.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/pobreza-123x75.jpg 123w" sizes="(max-width: 703px) 100vw, 703px" /></figure></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/inflacion.jpg" alt="" class="wp-image-8416" width="687" height="476" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/inflacion.jpg 414w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/inflacion-300x208.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/inflacion-211x146.jpg 211w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/inflacion-50x35.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/inflacion-108x75.jpg 108w" sizes="(max-width: 687px) 100vw, 687px" /></figure></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/actividad-economica.jpg" alt="" class="wp-image-8417" width="672" height="439" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/actividad-economica.jpg 414w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/actividad-economica-300x196.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/actividad-economica-223x146.jpg 223w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/actividad-economica-50x33.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/actividad-economica-115x75.jpg 115w" sizes="(max-width: 672px) 100vw, 672px" /></figure></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/deempleo.jpg" alt="" class="wp-image-8418" width="715" height="458" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/deempleo.jpg 414w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/deempleo-300x192.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/deempleo-228x146.jpg 228w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/deempleo-50x32.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/09/deempleo-117x75.jpg 117w" sizes="auto, (max-width: 715px) 100vw, 715px" /></figure></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 10 de septiembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Sociólogo. Director Consultora Equis.</p>
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		<title>La memoria no es un patrimonio conquistado* &#8211; Por Conrado Yasenza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Nov 2022 12:10:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Conrado Yasenza]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina 1985]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La memoria del terror, la que exige justicia, es la reconversión válida que construye un puente entre el dolor y la acción. "Argentina, 1985" se va convirtiendo en una película muy necesaria porque llega en un momento político complejo en el cual el negacionismo pareciera haber ganado  demasiado terreno político.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>La memoria del terror, la que exige justicia, es la reconversión válida que construye un puente entre el dolor y la acción. «Argentina, 1985» se va convirtiendo en una película muy necesaria porque llega en un momento político complejo en el cual el negacionismo pareciera haber ganado  demasiado terreno político.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Conrado Yasenza</strong></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hay disputa y tensión entre el ejercicio de la memoria y el olvido con el que desde las gerencias técnico-políticas del neoliberalismo se la intenta definir como una antigüedad que no encaja con el país de la modernización harto del progresismo y las políticas de Derechos Humanos. La memoria es presentada como el pasado, y ese pasado es definido como un pretérito resabio de épocas que deben dejarse atrás como en un valle de lágrimas. Son las formas o manifestaciones culturales que la derecha neoliberal expone ya sin reprimir sus impulsos primarios, junto a una burguesía de llanura que ha prometido a lo largo de nuestra historia algún proceso parecido a la industrialización. Manufacturas de clase; en ciertas ocasiones, una naturaleza plebeya que evolucionó a formas de la nobleza pastoril, en otras, una genealogía de la estirpe político-militar con deseos de Europa blanca y civilizada enclavada en sus territorios. El error literario que encendió un mundo contradictorio. Martín Fierro fue canonizado como el libro nacional; no el Facundo.<br>Allí el primigenio y fundacional fallo narrativo de la Nación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La memoria, entonces, supone también un conflicto: ser una mera recordación del pasado o volverse acto y potencia reveladora. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, los organismos de derechos humanos y un conglomerado amplio de militantes e intelectuales realizaron ese fundamental pasaje que va de la capacidad de recordación a la potencia del acto. A partir de esa instancia histórica, la memoria no fue ya el mero reservorio del pasado y su rememoración sino que tornó en acción política, en acto de resistencia ante el olvido, en lucha por la verdad y la memoria reunida en la exigencia de justicia. También en denuncia del terrorismo ejercido desde el Estado. Denuncia de las desapariciones, de las torturas, de la diagramación por regiones del territorio nacional para convertirlo en un extenso estado de excepción, con campos de exterminio organizados desde el Estado. Los campos de concentración que Rodolfo Walsh y su equipo de ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina) identificaron y denunciaron en plena dictadura cívico militar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Esa memoria deja de ser individual para organizarse social y colectivamente. Abandona la centralidad del individuo y su depósito rememorativo. Se transforma en fuerza social organizada desde los colectivos que resisten la instalación del olvido, del perdón o la reconciliación sin juicio ni castigo. El desaparecido deja de ser la representación del ingenuo e idealista individuo que simpatiza con las causas justas. Entre este individuo y el detenido-desaparecido está el militante político revolucionario que surge de la transformación subjetiva que va del individuo al sujeto político organizado. En ese sentido es que se produjeron fuertes movimientos de morigeración de la memoria o anulación del pasado donde el riesgo era que la sentencia dictada por Jorge Rafael Videla se volviera inalterable: El desaparecido es aquel que no se sabe dónde está, no tiene entidad, no está ni vivo ni muerto, es un desaparecido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Esa memoria del terror, la que exige justicia, es la reconversión válida que construye un puente entre el dolor y la acción. Esa memoria es la que ha desarticulado leyes como las de Obediencia Debida y Punto Final y la de Indultos. Es memoria que abre, que permite la investigación sobre las complicidades civiles con la dictadura genocida de 1976. Es la memoria que define el punto culmine de los procesos represivos en Argentina: El Estado anula todo vestigio de andamiaje legal y es él mismo el que asesina y desaparece seres humanos. Es la memoria que da testimonio del plan económico organizado por Jorge Rafael Videla y José Martínez de Hoz mediante el cual se decide ponerle fin al intervencionismo estatal. Es la memoria que pone en evidencia la verdadera finalidad de la muerte y la represión: El poder y el dinero. En definitiva, memoria de clase.<br><br>Durante los períodos políticos democráticos en los que la memoria fue delimitada por leyes y decretos, los derechos humanos fueron vulnerados y hasta equiparados al derecho de justicia ante casos de inseguridad. Ese planteo supone que quienes defienden los derechos humanos vinculados a Memoria, Verdad y Justicia, los restringen sólo a ese campo de acción circunscribiendo los derechos humanos al «pasado”, situación que por un lado demuestra el desconocimiento de la labor que los organismos de derechos humanos realizan en torno a hechos vinculados a la marginalidad y la pobreza, y por otro, opera junto a la construcción de sentido en detrimento de las memorias relacionadas al terrorismo de Estado y al genocidio social y económico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿Por qué ese doble ariete desplegado en torno a las memorias colectivas? Hay una continuidad histórica que lo explica, aunque con matices. La dictadura no fue sólo militar. Uno de los logros que estableció la batalla lingüística fue la de definir con precisión, como lo hiciera Rodolfo Walsh en su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, que la dictadura fue cívico-militar. Un ejemplo claro es el de la empresa Ingenio Ledesma. Carlos Pedro Blaquier y Alberto Lemos, ex presidente y ex administrador del Ingenio Ledesma, el imperio azucarero del país, fueron llevados a juicio por complicidad con los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la Noche de los Apagones, operativo militar realizado en la localidad jujeña de Libertador General San Martín; allí la dictadura y sus cómplices civiles cortaron la electricidad y secuestraron a más de 400 personas, de las cuales 33 permanecen desaparecidas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Insistir en la correspondencia política, económica e ideológica entre el programa de la dictadura y los programas de gobierno afincados en el sistema neoliberal, consolida esa correlación histórica que genera en el país ciclos de crisis recurrentes donde tanto los derechos como la memoria se ven seriamente afectados.</p>



<h2 class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-heading"><strong>Digresión que no lo es</strong></h2>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Es en este marco que Argentina 1985 se va convirtiendo en una película muy necesaria porque llega en un momento político complejo en el cual el negacionismo pareciera haber ganado  demasiado terreno político junto al avance de grupos de ultraderecha que, como durante la dictadura cívico militar, surgen para sostener un régimen capitalista cada vez más inhumano y voraz cuyo lenguaje y prácticas, tanto en dictadura como en democracia, es el de la muerte.<br>Y es necesaria también si pensamos en quienes nacieron en democracia ya que si la memoria histórica no llega a los jóvenes se cristaliza y se detiene. En ese sentido, la película es memoria en movimiento y en debate, no un patrimonio definitivamente conquistado sino un territorio en disputa, en tensión; y los hechos así lo demuestran.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>*Esta nota fue escrita para Télam y publicada originalmente en la agencia el pasado 25 de octubre. </strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Periodista. Director/Editor de La Tecl@ Eñe. Docente en UNDAV</p>
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		<title>Geografías de la memoria &#8211; Por Yael Noris Ferri</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Jan 2023 22:07:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura Militar]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[María Negroni]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de la lectura del libro de María Negroni "La Anunciación", la autora reflexiona desde la ficción, sobre la relevante función de la literatura para la memoria.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/geografias-de-la-memoria-por-yael-noris-ferri/">Geografías de la memoria &#8211; Por Yael Noris Ferri</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>A partir de la lectura del libro de María Negroni </em>«La Anunciación», <em>la autora reflexiona desde la ficción, sobre la relevante función de la literatura para la memoria.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>I</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Vivo en una ciudad en la que, según creen sus habitantes, se caracteriza por la presencia de un calicanto que encierra un arroyo cruzando de sur a norte toda la urbe, La Cañada. Sin embargo, para mí, el lugar más representativo de esta isla mediterránea llamada Córdoba, es una plaza. La plaza San Martín es un cuadrilátero, pero por alguna distorsión geográfica mental siempre la vi redonda. No entendía el porqué de esta deformación hasta que hace unos días, cuando murió Hebe, volví a esta plaza. Un <em>memento mori</em> me atravesó como un hilo que sutura el cuerpo puntada tras puntada. Llegué consternada a sentarme una vez más en ese banco verde, ahora con la compañía de un libro de María Negroni, <em>La Anunciación.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Mi mirada se clavó en San Martín. El <em>memento</em> trae lo circular de mi fijación con la plaza. Tengo cinco años. Es un día de calor como el de hoy, mi mamá me compra un helado de dos bochas, frutilla y chocolate. Entonces atravesamos la plaza tomada de la mano. Yo le pregunto por unas mujeres que caminan y por qué la gente se detiene para levantar unas fotos, y con ellas dan una vuelta a la plaza, las dejan en el piso y siguen caminando. Mi mamá me pregunta “¿vos querés?” Sí, le respondo y abro grandes mis ojos. Mi mamá me dice que no me suelte de su mano, pase lo que pase. Tomamos la foto de un chico. Lo recuerdo en blanco y negro, sonriente, menos de veinte años, lo miro, mi mamá levanta la pancarta entera, yo solo tomo el palo que la sostiene. Caminamos en ronda. Unas mujeres lloran. No entiendo lo que pasa. Se me cae el helado, no importa, camino. En la segunda vuelta mi mamá me dice si yo quiero llevarlo, le digo que sí. Me siento fuerte, la pancarta pesa mucho pero no digo nada, mi mamá llora, yo no pregunto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Abro nuevamente los ojos grandes como para despabilarme, así, como cuando se vuelve de un recuerdo. La plaza ahora está vacía, no hay ronda. Me empieza a agarrar un dolor entre medio de esa juntura de las costillas. Busco el libro. Un hombre ciego con bastón vende figuritas <em>truchas</em> del mundial…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>II</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Abro el libro de Negroni, pienso que su escritura es una apuesta importante. Quisiera tener su contacto telefónico para decirle que su libro me sostiene en días como hoy. Intento buscar el teléfono de Negroni en Google e imagino que me lee el primer capítulo. Me arrepiento. Vuelvo a mi celular, googleo cuando fue la primera marcha de las Madres de plaza de Mayo. Intento descifrar de qué año es mi recuerdo, quiero saber de esas primeras rondas. Sí, fue un jueves, fue hace 45 años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hay un detalle persistente en mis pensamientos, si le pidiera a Negroni que me leyera su primer capítulo se me cocería un poco el alma. Otro detalle, las madres además de rondar los jueves, hicieron la ronda abierta. Google me dice: «Las marchas están abiertas a todos aquellos que quieran acompañar el reclamo». Pude rondar, puedo atestiguar que la invitación fue un vacío a transitar. Cruzo estas ideas con algunas de la escritora mexicana Ileana Diéguez que recuerdo de su libro <em>Cuerpos sin duelo</em>. ¿Qué hubiera pasado si esas mujeres no hubieran puesto sus cuerpos verticales para reclamar? Insiste ahora mi pregunta ¿qué hubiera sucedido si el miedo las hubiera enmudecido, las hubiese hecho retroceder?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Estimo que la memoria no se hubiera escrito. Imagino esas madres con miedo buscando una foto de sus hijos para pegarla en una pancarta. ¿Cuál elegir? ¿Cuál es más fidedigna de su último rostro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Vuelvo al libro. En la página 13 leo «No sé cómo se cuenta una muerte, Humboldt. Y, menos, una muerte como la mía, que terminó volviéndose vida». Así abre <em>La anunciación,</em> María. Esta <em>Anunciación</em> es una nueva edición, la tengo subrayada. Me gusta hundirme en la memoria de Negroni, en esos soliloquios, en su estética de hablar sola y hacernos sentir acompañados. Porque eso hace, nos hace testigos de su dolor de su exilio, el tiempo en que la dictadura la quebró y tuvo que irse. Nunca sabremos si fue ella o la protagonista de la novela, pero un lector nunca se pregunta eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>III</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El exilio. Otro desgarro en la memoria. Cuando estaba en la facultad conocí una amiga cuyos padres debieron exiliarse en Marruecos. Su madre había estado presa en una celda de la cárcel San Martín. Cuando iba a su casa miraba una biblioteca con un escritorio empotrado en un placard. Allí se sentaba y leía. Mi amiga decía que era el único lugar de la casa en el que podía leer su mamá. Que, aún estando en otro país, permaneció encerrada por miedo. “Mi madre teme al mundo”, solía decir mi amiga.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sigo con el libro en mis manos. Marqué varias páginas. Creo, con todas mis fuerzas, que cada vez que lo leo algo de la memoria se escribe en mí. La voz del personaje es de una mujer que escribe desde lo más íntimo, de lo privado a lo público, y así narra el horror. Leo lo que marqué en la página quince, un dicho a Humboldt: “Las palabras hacen ruido como si fueran manzanas. Un mordisco y otro mordisco y, a último momento, nos dejarán con hambre. El fracaso, Humboldt, se parece al desarraigo, uno cree que algo terminó pero en verdad no hizo más que empezar y durará para siempre, como una noche estrellada, llena de fantasmas. Así fue que morí y resucité, morí y seguí luchando, y cansada y tuya para siempre, te borré de mi vida”. Sigo en la otra página donde la protagonista habla con Humboldt: “¿Te parece muy loco lo que digo, Humboldt? ¿Entendés mis palabras demasiado huérfanas? Ahora estoy en Roma. Ahora la casa de las paredes verdes está lejos. Tan lejos que parece una isla cubierta por la nieve. Me pregunto si fui feliz en ella, si lo fui sola o con vos, cuánto duró. Quisiera que llegaras, en este mismo instante, para aclarar mis dudas. Pero no hay nadie aquí, salvo mi vida privada y mi dolor. Es como si alguien hubiera abierto una herida, y después otra, y otra más, y después hubiera encerrado allí a una golondrina”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">María se debate entre su vida privada y el exilio. La novela tiene siete capítulos. Se mece la memoria en ella. Prevalece en mí la aguja del coraje clavado, allí, en la escritura novelada. Mientras leo la novela recordé a Daniel Moyano. En una entrevista que le hacen contaba que el exilio era para él una marca irreversible, una rotura en los cordones umbilicales, un dolor que se hace sentir como un desarraigo constante. Al final de la entrevista Daniel decía que el triunfo de la ética es algo que está en la memoria genética de la humanidad, eso se llama esperanza…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En las páginas siguientes la novela cuenta de Humboldt: “El 11 de marzo de 1976, tiene 22 años. No fuma. No sabe jugar al ajedrez. Partir de viaje es un hecho que no figura en sus planes, como no figuran los siete cielos del Islam, ni censorius de Smyrna que puso la nota de las estrellas fijas a una octava de la tierra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Para la SIDE, que lo tiene fichado, es un sujeto peligroso, un subversivo al servicio de intereses apátridas. La foja policial agrega: nivel de instrucción, secundaria; nivel militar, muy bueno; actitud frente a la realidad, denegatoria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿Hubiera tenido hijos? Puede ser. También puede ser que no.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En cualquier caso nunca los hubiera llamado Albano Jorge, Hermes José, Reynaldo Benito, Cesario Ángel, Jorge Rafael, Luciano Benjamín, Emilio Eduardo, Orlando Ramón, Leopoldo Fortunato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Difícil establecer con certezas cualquier cronología de sus tristezas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Carece de nombre de pila.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Todo lo que tiene es un alias: “Humboldt”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Cierro por un rato el libro, respiro. ¿Y… si el pibe de la foto en blanco y negro, el de la ronda, el que encontré y levanté era Humboldt?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Vivir adentro de una novela, eso me pasa con esta, lean…</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Córdoba, 21 de enero de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de Cultura.</p>
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		<title>24 de Marzo: Lo que el pasado se llevó &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Mar 2023 13:35:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Angelina Uzín Olleros]]></category>
		<category><![CDATA[24 de Marzo]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe de Estado]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Myrian Lewin]]></category>
		<category><![CDATA[Olga Wornat]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La autora de la nota sostiene que este 24 de marzo debemos reivindicar la democracia, la justicia y una política igualitaria en acto; porque hay sufrimientos inevitables en toda existencia, pero sin lugar a dudas hay sufrimientos evitables y para eso la democracia debe reinventarse, renovarse, y no olvidar nunca lo que nos pasó.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/24-de-marzo-lo-que-el-pasado-se-llevo-por-angelina-uzin-olleros/">24 de Marzo: Lo que el pasado se llevó &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>La autora de la nota sostiene que este 24 de marzo debemos reivindicar la democracia, la justicia y una política igualitaria en acto; porque hay sufrimientos inevitables en toda existencia, pero sin lugar a dudas hay sufrimientos evitables y para eso la democracia debe reinventarse, renovarse, y no olvidar nunca lo que nos pasó.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Angelina Uzín Olleros*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Especial para La Tecl@ Eñe</em>.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La diferencia entre el pasado y el devenir radica en que el primero aparentemente ya fue y el segundo está siendo. A medida que el tiempo transcurre se pierde la percepción de lo que aconteció, se modifican los entornos, los miedos, las esperanzas; pero a su vez, algo queda, se repite, son continuidades en las rupturas. De la dictadura del ‘76 al ‘83 podemos decir que hay voces que aún reclaman cuerpos desaparecidos y denuncian apropiaciones; lo que pasó está pasando con otros discursos, con otras imágenes, con otras violencias, renovadas y actualizadas en un año de campañas electorales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Han quedado y van quedando asignaturas pendientes, las violencias económicas que dieron lugar al Golpe de Estado aquel 24 de marzo, los negocios que se hicieron en ese período, los empresarios que vivieron impunes y murieron sin rendir cuentas ni ser juzgados; otras que tuvieron lugar sobre las mujeres detenidas desaparecidas y detenidas sobrevivientes en los centros clandestinos de detención: violencias sexuales, violaciones, vejámenes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El filósofo norteamericano Richard Rorty publicó en 1993 en <em>The Yale Review</em>, un extenso artículo sobre “Derechos humanos, racionalidad y sentimentalismo” en el que reflexiona sobre los crímenes de guerra y la violencia sexual ejercida en los conflictos bélicos, cita textualmente fragmentos de un artículo publicado en 1992 por David Rieff&nbsp; para <em>New Yorker</em>, bajo el título “Carta sobre Bosnia” en el que afirma que “Para los serbios, los musulmanes ya no son seres humanos. Había varias hileras de prisioneros musulmanes tendidos en el suelo esperando para ser&nbsp; interrogados, y un guardia serbio los pasaba por encima con una camioneta.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Otros pasajes del artículo de Rieff son mucho más cruentos, dice: “En Bosnia Petrovac, un musulmán fue obligado a cortarle el pene con los dientes a otro musulmán… Si uno afirma que un hombre no es humano, pero el hombre es igual a uno y la única manera de identificar a ese demonio es hacer que se baje los pantalones -los musulmanes están circuncidados, los serbios no- entonces es probable que psicológicamente se esté a un paso de cortarle el pene… Jamás hubo una campaña de limpieza étnica de la que el sadismo sexual haya estado ausente.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Según Rorty los relatos de Rieff apuntan a que los serbios no consideran que se están comportando de un modo inhumano sino que están diferenciando a los que son humanos de los que no lo son; establecen el mismo tipo de distinción que se realizaron entre los Cruzados y los perros infieles o que los musulmanes negros hacen a los blancos de ojos azules. El texto de Rorty intenta demostrar en primera instancia cuáles son los criterios para otorgar la condición plena de humanidad a algunos y a otros no; se refiere a los negros esclavizados que no eran considerados por Thomas Jefferson totalmente humanos cuando afirmaba que “todos los hombres nacen libres”, por ejemplo. En ese juicio universal quedaban muchos particulares afuera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pero más adelante Richard Rorty hace referencia a las mujeres: “Cuando se trata de las mujeres, hay maneras más simples de excluirlas de la verdadera humanidad: por ejemplo, usar la palabra <em>hombre</em> como sinónimo de <em>ser humano.</em> Como los feministas y las feministas han señalado, estos usos refuerzan la gratitud del varón por no haber nacido mujer, como también su miedo a la degradación última: la feminización. El sadismo sexual que Rieff describe da cuenta del alcance y la profundidad de este último temor. Su afirmación de que ese sadismo nunca está ausente de los intentos de purificar la especie o limpiar el territorio confirma la opinión de Catherine MacKinnon de que para la mayoría de los hombres ser mujer no es una manera de ser humano.” Ser un no-macho es uno de los modos de ser no-humano concluye Rorty.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Retomo estos textos porque en un punto la lógica dictatorial en Argentina no deja de ser análoga a la de una pureza étnica, salvar al mundo occidental y cristiano de Videla del mundo no humano que acechaba contra la verdadera humanidad. Uno de los tantos capítulos que no han sido suficientemente juzgados y dados a conocer es el de los crímenes sexuales durante la dictadura que comenzó en el ’76; Miriam Lewin y Olga Wornat en su libro <em>Putas y Guerrilleras</em> (2020 Planeta) hablan de los crímenes sexuales en los centros clandestinos de detención, en esas historias silenciadas como reza el subtítulo, una guerra sin fin…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Precisamente Wornat en el libro relata las atrocidades padecidas por las mujeres en Bosnia y Herzegovina, también en Ruanda durante la guerra civil de 1990; “…fueron tomadas por la Corte Penal Internacional, a través de la resolución 1325, para tipificar los abusos sexuales como ‘crímenes de lesa humanidad’. Sin embargo, a 24 años de la finalización de la guerra en la ex Yugoeslavia, muchas sobrevivientes continúan sumergidas en el silencio, destruidas física y emocionalmente. La mayoría, cuando regresó a sus hogares, fue abandonada por su familia y repudiada por amigos y vecinos.” La autora toma una multiplicidad de ejemplos de guerras y dictaduras, recogidos en sus trabajos como periodista, que dan cuenta de las violencias físicas, violaciones y abusos perpetrados sobre los cuerpos de esas mujeres.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En el Prólogo Miriam Lewin afirma: “Fuera del campo, los sobrevivientes fueron sometidos a cuestionarios y cuestionamientos. Pero las mujeres sufrimos un estigma doble. Si estábamos vivas, era porque habíamos delatado y además nos habíamos acostado con los represores. Había existido en eso una alta cuota de voluntad propia, porque podríamos haber elegido no hacerlo. Habíamos ido contra nuestro mandato como mujeres, el de la sociedad toda y el de la organización donde militábamos. Éramos putas y además traidoras.” Más adelante en el libro comenta: “En un ancho pasillo de Tribunales, se mezclan una mañana en la misma fila por primera vez las víctimas y las mujeres de los torturadores, frente a la secretaría del Tribunal Oral que va a juzgar a los represores de la ESMA. Allí están la hermana de Alfredo Astiz, que no falta nunca, la esposa de Raúl Scheller, la militante derechista Cecilia Pando. Se escuchan las conversaciones, es inevitable.” (Pp. 161)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Al igual que ese pasillo y a 40 años del advenimiento de la democracia, se encuentran muchas mujeres que hoy recuerdan los padecimientos que tuvieron que sufrir en la dictadura, las mujeres que justifican lo que pasó, las que niegan todavía que esas violaciones a los derechos humanos sucedieron, las que militan en sectores de la política que reivindican la dictadura; en este pasillo en el que transitamos la actual democracia lo que el pasado se llevó importa por lo que ha dejado, por lo que conserva, por lo que repite. El negacionismo, el desprecio por la vida de los que no se consideran humanos o humanas, el llamado a portar armas, a combatir la delincuencia y un estado reducido a estado gendarme, porque esos sectores de la política ya han firmado el acta de defunción del estado de derecho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Lo que el pasado se llevó puede en algún remolino de ese viento de la historia traerlo nuevamente; es por eso y por mucho más que eso, que este 24 de marzo debemos reivindicar la democracia, la justicia, una política igualitaria en acto; porque hay sufrimientos inevitables en toda existencia, pero sí, sin lugar a dudas hay sufrimientos evitables y para eso la democracia debe reinventarse, renovarse y no olvidar, nunca olvidar lo que nos pasó.</p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Paraná, 22 de marzo de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*La autora es Dra. Ciencias Sociales y Coordinadora Académica Maestría en Género y Derechos/UNGS/UADER.</p>
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		<title>YO ESTOY AQUÍ PORQUE NO ESTUVE ALLÍ &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Aug 2023 15:22:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Arzoumanian]]></category>
		<category><![CDATA[Kaúkasos]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La poética de una voz genera resonancias, esa voz escribe: “yo estoy aquí porque no estuve allí”. La poeta, Ana Arzoumanian, la resonancia, en la autora de esta nota. La poesía hace memoria, hace presente a cada uno y entonces, como una oración, recordar se convierte en un arte.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>La poética de una voz genera resonancias, esa voz escribe: “yo estoy aquí porque no estuve allí”. La poeta, Ana Arzoumanian, la resonancia, en la autora de esta nota. </em></strong><strong><em>La poesía hace memoria, hace presente a cada uno y entonces, como una oración, recordar se convierte en un arte.</em></strong><strong><em></em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>11 de julio, 11 am</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">«Yo estoy aquí porque no estuve allí”. Es una frase que escribe mi amiga Ana Arzoumanian en su libro <em>Kaúkasos</em>. Recibí un fragmento recitado con su voz que lo transcribo aquí:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>La pregunta</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en una Nueva York sin jazmines vuelve</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>como leña al fuego, como agua al mar del mar</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>que no se llena, como linchamiento de encapuchados. I’m turkish.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Y yo:</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>negra negra negra. Pushkin era negro, eso dice Marina.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>En el Nieuw Haarlem donde antes</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>solo había indios; negros.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Yo una negra que está aquí</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>ahora,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>porque no estuve en Anatolia</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en ese momento.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Aquí como un barco que te busca en la orilla de los puertos</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>del mar</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>que no se llena, para que me veas mientras me hundo.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>La soga</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>con la que se ahorcaron las niñas</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en las plantaciones. Yo, una negra</em><em><br></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>consumida a latigazos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Todas las mañanas del mundo</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>yo</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>un pueblo vencido asisto</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>al nacimiento de una nación.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Woodrow Wilson y su dislexia escribiendo</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>la historia del pueblo americano. La dislexia de Wilson invadiendo México,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>con su incapacidad para leer</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>o escribir</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>otorga la autonomía</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>a los pueblos del imperio otomano. Deformaciones.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Yo estoy aquí porque no estuve allí</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en ese momento.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Una negra</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>que no duerme nunca toda entera.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Escalones de vidrio laminado, madera bávara</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>y mármol rosa, ventanas triangulares</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>dispuestas como escamas y la negra</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>a la deriva</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en un extravío que la derrumba.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>La negra ve a Joseph Brodsky en el Russian Samovar tomando vodka casero.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Ve</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>el movimiento de lo que no vive. En el extremo del decorado alguien pide mero</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>con corteza de pistacho y anís.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Las imágenes tiemblan como los negros tiemblan, no saben cómo</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>salir de la película.</em><em><br></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Algunos disparan contra la pantalla donde se presenta</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>el nacimiento de una nación.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Paso toda la noche mirando siluetas,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>los perfiles de las negras,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>una anónima aventura africana, la flagelación</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>de la revuelta negra en Surinam. Y aprieto,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>porque las negras saben cómo aprieta</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>el mar.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Escucho la poética una y otra vez, me suena y resuena “yo estoy aquí porque no estuve allí”. Contemplo el coraje de la escritora en su prosa. Cómo una frase puede condensar tanto. Cómo esta frase, esta creación, este homenaje a la memoria no se hizo aún himno. Sí, un himno en el que nombremos a los que no están aquí, porque eran negros, armenios, judíos, niñas, niños, aborígenes, coyas… la lista sigue… repito “una negra consumida a latigazos”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>11 de julio, 17: 30 pm</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Llovizna aguanieve, logré salir del consultorio, camino a un café de esquina donde sirven cortados en jarro aún con espuma, sin flores ni corazones dibujados, en jarros y no cuencos. Me bajo del auto, cruzo lenta la acera, el viento helado calaba. Me detengo en la puerta sin poder elegir entre las tres partes que ofrece el bar. Me ganan el deseo de fumar, leer y beber. Me acobarda el frío. La moza con un ademán me indica que dentro de un sector supuestamente para fumadores, no. Me lo dice con el dedo, y mira mi mano con el cigarro apagado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Quiebro el cuerpo, giro, salgo, un hombre de casi unos setenta camina pausado hacia una mesa afuera del bar, se sienta en el medio del cruce del viento. Apoya un paraguas. La moza sale encantada: “¿Lo de siempre?” El hombre sonríe. Llovizna. Me siento frente a él, a una distancia de dos mesas. La moza le alcanza el diario en papel, el hombre lo abre, saca unos anteojos negros como los de Walsh. Lee.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Tirito de frío, captada por la imagen lo imito. Saco mi libro y le hago otro ademán a la moza que indicaría un cortado y cenicero para el pucho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Todo está gris esta tarde pero la pausa con la que se mueve el joven de setenta parece ser un foco de luz. Abro mi libro <em>Mariembad eléctrico</em> de Enrique-Vilas Matas. El libro me lleva a ese tiempo detenido donde subrayo la frase justo que empalma con <em>Kaúkasos</em> de Ana, dice:</p>



<div style="height:24px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.diarioarmenia.org.ar/wp-content/uploads/2020/06/Kaukasos-Ana-Arzoumanian-256x400.jpg" alt="" width="248" height="388"/></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">«La poesía no residía en la acción, sino en la interrupción de la acción». El libro transcurre en una conversación entre el autor y la artista Dominique-González Forester. Enrique escribe sobre el arte de la conversación como señales distintivas de los seres humanos. Leo en los párrafos siguientes: “Creo que podría aplicar a nosotros la frase que un día Magaritte Duras les dijo a sus vecinos de inmueble, los hermanos Priest: “De algo estoy segura: conversar, habéis conversado mucho en la vida, también eso puede ser un arte.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Le envío por WhatsApp una foto del subrayado a Ana, le recuerdo aquellos cafés en Buenos Aires, como el London City atestado de gente y sus murmullos. Allí nos sentamos en una mesa y la poeta me dice lector, yo le digo Macedonio, ella grita ¡Piglia! Al unísono decimos ¡Wislawa! Hacemos un mundo adentro de otro mundo. Múltiples referencias literarias conjugan el tiempo detenido en las múltiples acciones que rodean nuestra mesita de dos. Recuerdo mientras cierro el libro aquél poema de Goethe que escribe en el Fausto:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“¡Este es tu mundo, esto se llama un mundo!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿Y preguntas por qué tu corazón se detiene medroso en tu pecho? ¿Por qué un dolor inexplicado te estorba todo movimiento de vida?»</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El diario del vecino de mesa alumbra un titular que dice JUJUY.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Resuena “Yo estoy aquí porque no estuve allí”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>12 de julio, 10 am</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Jujuy aparece por todas partes, represión, golpes, marchas, dolor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Si estuviera en Jujuy acompañando la marcha de los docentes, la del pueblo que camina con coraje, la de la ciudad que no olvida el apagón de Ledesma, la desaparición de muchos, si estuviera allí, marcharía. El dolor y la impotencia marca. La memoria es poesía, es interrumpir el momento para hacer vivo un recuerdo, para defenderlo. La fotografía de una docente agredida detenida por haber marchado recorre las redes sociales. El dolor tiñe el día. Muchos volvemos a escribir “Nunca más”. Lo escribimos como una plegaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>12 de julio, 17 pm</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La tarde me trae aquel poema de Wislawa:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Cuanto dices produce una resonancia, cuanto callas implica una elocuencia inevitablemente política.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Leo un fragmento en voz alta del poema Hijos de la época:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Somos hijos de nuestra época, y nuestra época es política.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Todos tus, mis, nuestros, vuestros problemas diurnos, y los nocturnos, son problemas políticos.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Quieras o no,</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>tus genes tienen un pasado político, tu piel un matiz político</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>y tus ojos una visión política.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Cuanto dices produce una resonancia, cuanto callas implica una elocuencia inevitablemente política.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Incluso al caminar por bosques y praderas das pasos políticos en terreno político.”</em><em></em><em><br></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Los poemas apolíticos son también políticos, y en lo alto resplandece la luna,</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>un cuerpo ya no lunar.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Ser o no ser, ésta es la cuestión.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>¿Qué cuestión?, adivina corazón:</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>una cuestión política.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y entonces vuelvo a mi resonancia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Yo estoy aquí, porque no me llamo Carlos Fuentealba, un maestro que fue reclamo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Yo estoy aquí, porque en Córdoba el mural de Facundo Rivera me recuerda su desaparición y no estuve allí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Yo estoy aquí porque no estuve en la Rioja, al lado de Monsenor Angelelli, ese día que cuenta el escritor Daniel Moyano, ese día que salvó a dos mujeres, ese día que la dictadura fue por él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La poesía hace memoria, hace presente a cada uno y entonces, como una oración, recordar se convierte en un arte.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Córdoba, 29 de agosto de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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		<title>ENTREVISTA A MARÍA TERESA ANDRUETTO/“UNA LECTORA DE PROVINCIA” &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Nov 2023 15:52:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[“Una Lectora de Provincia”]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[MARÍA TERESA ANDRUETTO]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>n esta conversación exclusiva para la Tecl@ Eñe, a propósito de la presentación de su último libro, “Una Lectora de Provincia” de Editorial Ampersand, Colección Lector&#038;s, María Teresa Andruetto comparte su fascinante mundo literario y su profundo vínculo con la lectura. A través de las palabras de Yael Noris Ferri, exploramos un libro que es un atlas de experiencias literarias. María Teresa nos transporta a su infancia, su insilio, y la construcción de su biblioteca democrática, tejiendo una narrativa única sobre la pasión por la lectura. Además, reflexiona sobre la importancia de la voz de las mujeres en la literatura.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>En esta conversación exclusiva para la Tecl@ Eñe, a propósito de la presentación de su último libro, “Una Lectora de Provincia” de Editorial Ampersand, Colección Lector&amp;s, María Teresa Andruetto comparte su fascinante mundo literario y su profundo vínculo con la lectura. A través de las palabras de Yael Noris Ferri, exploramos un libro que es un atlas de experiencias literarias. María Teresa nos transporta a su infancia, su insilio, y la construcción de su biblioteca democrática, tejiendo una narrativa única sobre la pasión por la lectura. Además, reflexiona sobre la importancia de la voz de las mujeres en la literatura.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Quisiera iniciar esta conversación deteniéndome en el título del libro que nos obsequia Teresa. “Una lectora de provincia” que forma parte de la Colección Lectores de la Editorial Ampersand. Y de repente recuerdo a Rodolfo Walsh, su carta a Vicki, porque esto pasa con los libros, nos evocan otros libros, otros escritores.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>“María Teresa Andruetto es una lectora del pueblo, su nombre es conocido en cada esquina de nuestra ciudad. Desde niña se dedicó a hacer literatura.Todos la conocemos como “La Tere”, La Tere del pueblo. Aquí lo voy a fundamentar para que no quede como un simple halago. ¿Qué significa ser del pueblo? Significa que lo que hace, lo hace en beneficio de toda la sociedad, del pueblo y para el pueblo. Porque su literatura es un literatura con una clara posición política que consiste en actuar contrariamente al egoísmo bastardo de un ególatra. Porque La Tere, como relata su libro, desde niña se interesó por el margen, los del margen. Ella es nuestra porque crecimos con sus cuentos, en nuestra juventud y adolescencia tuvimos sus poemas y en la adultez nos llegaron sus novelas. Mi evocación a Walsh fue porque en un momento él menciona que Vicki se había entregado a la villa y él sabía que allí había una elección. Quienes leemos a La Tere sabemos que no duda en entregar su literatura al pueblo, y eso la hace ser nuestra, nuestra escritora, nuestra lectora. Ahora te invito Tere a conversar presentándote como lo hacés en la página 157 de tu libro. Sería hermoso que nos leas un párrafo&#8230;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto</strong>: Muchas gracias Yael, a ver:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Soy descendiente de italianos, pero también soy mujer, soy latinoamericana (lo latinoamericano pesa mucho en  algunos libros míos), soy de provincia, me crié en un  pueblo, provengo de sectores medio bajos, mi paisaje de infancia es la llanura, fui joven en los setenta… podríamos ir hasta el infinito en esas capas superpuestas que conforman lo que somos.Tuve preocupación por lo social desde que era una niña y una mirada política sobre el mundo desde que era adolescente y eso ya nunca se fue, sin importar las condiciones de vida (¡tan diversas!) por las que he pasado. Pero no se trata de un programa explícito: a la hora de escribir me preocupan sobre todo las cuestiones formales (¿quién va a contar?, ¿cuál es su punto de vista?, ¿el narrador habla o escribe?, ¿a quién le dice o le escribe lo que escribe o dice?, ¿cuenta lo que vio o lo que le contaron?, ¿cuál es el tono de ese relato?, ¿es melancólico, resentido, enojoso, distante, técnico…?). Esas cosas me interesan y también me liberan, porque lo otro aparece mientras estoy ocupada en esos asuntos. Me gusta que sea así: me saca de lo unívoco, de lo autoritario con respecto al lector. No siento que deba decirle a quien lee cómo tienen que ser las cosas, cómo sería bueno que fueran; me interesa ver por qué unos personajes hacen lo que hacen o actúan como actúan, ya que en toda situación humana hay múltiples razones para vivir como se vive y actuar como se actúa. La literatura es una de las formas más interesantes de la memoria de un pueblo.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Pensando en estos once ensayos con tanta vida literaria anudada, podría decirle a los lectores que el libro para mí es un atlas, un atlas literario. Cada capítulo es un mapa de las marcas, de las líneas de tu vida lectora en anécdotas, en encuentros, en territorios que habitaste, en la infancia, en la juventud, en la adultez, en un  territorio de memorias.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Por eso, me gustaría que nos cuentes de una marca, un trazo, que responde a un recuerdo infantil en el ensayo titulado “Se distrae, se obnubila, se extravía”. ¿Qué lector a veces no pasa por esos estados? Te leo el recuerdo que aparece en la página 22 del libro:</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>“El asunto es más o menos así: mi mamá me mandó con un papelito (todavía no sabía leer, pero me fascinaba la escritura, los signos, el misterio que guardaba esa anotación de mi madre) al bar de Rabachino (bar de hombres, de vino, donde funcionaba también un almacén), a una cuadra de mi casa. Si no sabía leer, quiere decir que no tenía más de cuatro años; se trataba de un pueblo pequeño, de un barrio con calles de tierra, donde no pasaban autos… En fin, a mi madre se le ocurrió mandarme con un papelito a comprar unas fetas de patita de chancho, seguramente para resolver una comida rápida (quién sabe si no se habría arruinado otra vez el Bram Metal, el bendito calentador que cada dos por tres se atascaba, ya que no tuvimos cocina a garrafa sino hasta varios años más tarde).</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Yo tenía que darle el papelito a Lola, la mujer de Rabachino, y decirle que anotara el costo de la compra en su cuaderno. Era la primera vez que iba sola a alguna parte: iba mirándome los pies, con la vaga idea de que no debía dejar de mirarlos para evitar perderme; pero mirándolos me distraje. Cuando levanté la cabeza, desconocí el lugar: un tejido de alambre con enredaderas al lado de una casa blanca. Asustada, me arrinconé contra el tejido y unas mujeres me rodearon y empezaron a preguntarme todas al mismo tiempo cómo me llamaba. No pude decir ni una palabra. Hasta que pasó el cartero en su bicicleta, que tenía un canasto de metal adelante, lleno de cartas. Él, un varón entre esas mujeres, se bajó de la bicicleta y me preguntó si mi mamá se llamaba Cleofé. Yo dije que sí o hice que sí con la cabeza, y él (no había otra Cleofé en el pueblo) me cargó en el canasto de las cartas y me llevó a mi casa. Recuerdo que la retó mucho a mi mamá (esos retos no están en el poema, ni en la novela, ni en el texto escrito para el aniversario del asilo), seguramente porque siendo tan pequeña, debo haberle dicho que me había mandado a hacer las compras”.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto</strong>: Es un recuerdo muy antiguo, creo que ése y otros dos más que no están contados en el libro, uno sí, el de ver a mi bisabuela leyendo y preguntándole de que estaba enferma ese sí lo menciono en el libro. Pero hay otro recuerdo que no menciono que es la muerte de la hermana de una amiguita de la infancia, cuando era muy, muy pequeña, estoy hablando de cuatro años, más o menos, y que me impactó mucho. Supongo que es porque se llamaba “Teresita”&nbsp; y a mí me decían “Teresita” cuando era chica. Entonces una que era apenas más grande que yo, que había muerto de leucemia en el barrio y que era hermana de mi amiga,&nbsp; me trajo así tan tempranamente la percepción de la muerte. Y el otro recuerdo tan antiguo es este del extravío. Yo hice muchos años de análisis y en uno de los procesos de análisis, en uno de los procesos, en la primera de esas etapas, la analista me pregunta qué recuerdo lejano puedo contar y entonces aparece este recuerdo, de la vez que me perdí, cuento brevemente eso y claro, en el proceso de análisis fui viendo cómo eso quedó en mí y entró en mi escritura. Quedó de muchas maneras y se fue creando, transformando y cobrando distintas significaciones. Cuando lo conté fue porque ese episodio se contaba en mi casa, como que yo era una persona distraída. Siempre me hacían bromas que me había perdido, pero claro, lo que no había cargado de sentido es que era tan pequeña y que mi mamá, era como era, y me mandaba a hacer tareas desde muy pequeña. Después lo ví a la distancia, en la madurez, en el trabajo del análisis. Siento que ahí estaba todo, siento que ahí estaba mucho. Porque están las cartas, o sea está la escritura, está la comunicación, porque tengo un modo de estar como escritora y como persona, como docente, muy en comunicación con los otros. En ese recuerdo está la palabra de mi madre, las mujeres, la escritura en las mujeres como un acto privado, íntimo incluso la grafía. El único hombre que lleva la correspondencia, las palabras, era el hijo del maestro<strong> &nbsp;“</strong>Bono<strong>”</strong>. El maestro de mi pueblo que para entonces era un maestro grande, anciano, era un maestro que había fundado un colegio, el primer colegio de mi pueblo.“El extravío” esto de ser distraída es también el extravío de la escritura.No es el extravío que da las dolencias del alma, Creo que la escritura como extravío es un extravío donde uno se abstrae, quizás, pero es un extravío del que se puede volver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Vamos a otro mapa, tu tiempo de juventud, ahí escribís: «Cuando a fines del 75, apenas recibida, decidí resguardarme e irme de los lugares conocidos hacia la Patagonia, repartí los libros de literatura que tenía entre amigos y llevé los más comprometedores –los de política– a la casa de mis padres para guardarlos en una cómoda grande de cinco cajones. Luego me fui. 1976/77. Insilio patagónico. Un año y medio en Trelew, muy ligera de equipaje, en donde solo tenía conmigo tres libros: las obras completas de Borges, aquellas de Emecé con sobrecubierta de color verde, regalo de las compañeras de la casa donde vivía; Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino, en la edición de Minotauro; y un libro de Carlo Emilio Gadda del Centro Editor de América Latina, del que me desprendí en la más tonta de las situaciones”.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Me interesa pensar en ese momento de quiebre ¿qué te hizo elegir esos tres libros? ¿Cómo fue tu tiempo de insilio en esas obras?</em></strong></p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-11953" width="508" height="677" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-768x1024.jpeg?v=1700322423 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-225x300.jpeg?v=1700322423 225w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-1152x1536.jpeg?v=1700322423 1152w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-110x146.jpeg?v=1700322423 110w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-38x50.jpeg?v=1700322423 38w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-56x75.jpeg?v=1700322423 56w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125.jpeg?v=1700322423 1200w" sizes="auto, (max-width: 508px) 100vw, 508px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Gentileza de María Teresa Andruetto.</em></figcaption></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto:</strong> En ese quiebre del Insilio, ni sé si era una elección llevar esos tres libros.Por un lado sí, yo sabía que tenía que ir liviana de equipaje, con muy poquito. Uno de los primeros libros que llevo son: “Las obras completas de Borges” porque me&nbsp; lo acababan de regalar<strong>,</strong> eran la editorial Emecé y tenían una sobretapa de color verde. Esas obras tienen los nombres de mis compañeras de la casa donde vivía, en los tiempos de estudiantes. Una casa donde vivíamos cuarenta y cuatro mujeres, en una planta alta y una planta baja. Me lo habían comprado entre todas.Los otros dos libros no sé… los tenía o los había comprado económicos, uno era&nbsp; del Centro Editor de América Latina, el libro de Carlo Emilio Gadda, que era un libro que tenía, porque lo habíamos leído en literatura Italiana. El libro “Las Ciudades Invisibles” de Italo Calvino ya lo había leído más de una vez, era una edición&nbsp; de Minotauro muy barata. Este libro con esos textos muy breves me encantaban y me siguieron encantando, es un libro que nunca me defraudó en las relecturas. El libro de Gadda, me gustó mucho, me gusta mucho, es un autor raro, es un autor de una escritura refinada, exquisita. Es un autor casi sin argumentos en lo que cuenta. Es un autor muy experimental, propio de un estudiante de letras de los años setenta. Lo cierto es que tenía esos tres libros. El de Borges lo tengo, lo conservo. El de Calvino lo tengo también. Muy roto, pegado, lo vuelvo a arreglar, adoro esa edición totalmente arruinada y vuelta a reparar. Tan así es el libro que se los presté a la gente del Archivo de la Memoria. Es un libro que está expuesto con todas sus pegatinas. El lomo del libro está expuesto en el Archivo de la Memoria en Córdoba. Es una muestra que se llama: “No tiene abriles este marzo del 76”, que es una frase que escribí en ese libro, el día del golpe o al día siguiente. El libro de Gadda lo perdí o lo entregué, en una situación un poco absurda que me hace pensar que yo conocía nada de la vida. Vivía en la periferia de Trelew, y en el camino al centro encontré a una mujer que lloraba, le había pasado algo que me parece era en relación a la violencia doméstica. Traté de consolarla, esta cosa mía de empatía con los otros, quería hacer algo, tampoco tenía mucha cosa para dar, pero bueno, yo quería darle algo, quería consolarla y tenía el libro de Gadda a mano, quise dárselo, ella no quería y yo insistía. Finalmente lo tomó y después, mucho tiempo después pensé que no tenía lógica esto, que era algo que quien sabe si le habría servido, si le habría gustado. Era más una necesidad mía de dar, que la de ella de recibir. Hasta que uno aprende que lo del dar tiene que ver con la necesidad del otro de recibir. Quiero aclarar que muchos libros míos fueron quemados.A veces, recibía una carta de mis padres donde decían:&nbsp; “tuvimos que hacer una fogata”. Esto se debía&nbsp; a que se encontraban amenazados por una razia militar, en el pueblo de mis padres donde había dejado los libros más comprometidos políticamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em> —Yael Noris Ferri: Diría Hélène Cixous “como se hablan las mujeres cuando nadie las escucha para corregirlas”. Esta cita que tomás de Cixous, en referencia a tu madre, la escucho como un eco en el libro. Me provocó intriga cuando la posteaste en tu muro ya que tu literatura está llena de personajes femeninos y hay un rescate a las mujeres. Contanos lo que desees sobre esto&#8230;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">—<strong>María Teresa Andruetto: </strong>Sí, la frase de Hélène Cixous me resulta extremadamente conmovedora y reveladora. Es de un libro que se llama “La llegada a la escritura”. No es casual porque ella que es una intelectual, psicoanalista, filósofa, escritora, una gran referente intelectual. Ella escribe que la llegada a la escritura, entiendo más a la escritura ficcional&nbsp; o autobiográfica, la llegada a la escritura es como un camino hacia la madre. Es muy hermoso ese libro, salvaje, me parece que en ese libro ella dice: “Se hablaban como se hablan las mujeres cuando nadie las mira para corregirlas” o “Nos hablábamos como se hablan las mujeres cuando nadie las escucha para corregirlas”. En ese decir ella se incluye, nos hablábamos como se hablan las mujeres… me parece que hay muchas cosas allí, de la intimidad, de la palabra. De la palabra entre una hija y una madre, que tanto me interesa. También hay un deslizamiento desde el patriarcado hacia otra cosa. Se supone que los varones o lo varonil, lo masculino representa el saber, el reconocimiento, el deber ser, entonces ellas se hablan de entre casa. Eso me ha interesado mucho en la escritura y alcanza a pisar su punto máximo en mi libro: “Cleofé”. Las mujeres hablándonos, las amigas, madres e hijas. Las mujeres hablándonos como podemos, como queremos, como se nos ocurre, cuando nadie nos corrige, cuando nadie nos supervisa, cuando puede haber ese modo disidente de usar la lengua, desprolijo, desacatado. Hablo como se me da la gana. Hablo con mi amiga, con mi hija, o mi amiga conmigo, como se nos da la gana. Las palabras de las mujeres, las palabras íntimas y más, que se desarman en un acto de fe, de una fe común con la otra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y sí, como lo decís, hay un rescate de mujeres. Desde chica hay una mirada ahí, creo que tiene que ver con la complejidad subjetiva de mi mamá. Ella era una mujer muy fascinante, su voz, su letra, era muy bonita también. Era por un lado muy fascinante y por el otro muy imprevisible, muy variable, con cierta inestabilidad en su carácter, en sus emociones. Yo era muy pequeña y quería comprenderla, por qué en un rato ella pasaba de un estado al otro. Veía cómo todo el tiempo ese lugar de mujer está defendiendo su lugar, luchando con el lugar de la madre. Eso se hizo expansivo en mi interés a otras mujeres.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1024x768.jpeg" alt="" class="wp-image-11954" width="812" height="609" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1024x768.jpeg?v=1700322614 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-300x225.jpeg?v=1700322614 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-768x576.jpeg?v=1700322614 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1536x1152.jpeg?v=1700322614 1536w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-195x146.jpeg?v=1700322614 195w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-50x38.jpeg?v=1700322614 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-100x75.jpeg?v=1700322614 100w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773.jpeg?v=1700322614 1600w" sizes="auto, (max-width: 812px) 100vw, 812px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Gentileza de María Teresa Andruetto.</strong></em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: “Para leer bien un libro hay que leerlo como si uno lo estuviera escribiendo. Empezando por no sentarse en el estrado con los jueces y en su lugar permaneciendo de pie en el banquillo con el acusado”, dice Virginia Woolf. Esa relectura sostenida, en un tiempo como ese de tanta soledad e introspección, fue un gran aprendizaje. Lo decís en el capítulo Lectura rumiante, ¿podés explayarte en este corazón de cómo lee una lectora de provincia?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto:</strong> ¿Cómo lee una lectora de provincia? Lee como puede, un poco el libro es esto. El paso por distintos modos de leer, cómo lee una niña en un pueblo donde no hay librerías, no hay bibliotecas, un poco en la escuela. Después cómo lee una adolescente en un lugar donde no se lee mucho, no se lee tanto, en un lugar donde ella va queriendo leer. Cómo lee una chica que llega desde el pueblo a la ciudad, desde el pueblo a la Universidad. Esto me pasaba mucho, cree que todo lo que lee o estudia es poco, para poder aprobar una materia, entonces resulta que lee mucho más de lo que le piden. Lee siempre tratando de estar a la altura de lo que le puedan pedir. Entonces el profesor cita nombres y ella los anota, los busca, los lee, los rastrea por todos lados. Ese modo de leer rastreando, buscando, ya no se fue. Tampoco se fue ese gusto de estudiante de los primeros años setenta que leíamos mucho la relación entre literatura y política, literatura y sociedad. Es la idea que promueve que un escritor no está solo en la ciudad, no es un árbol solo es parte de un bosque. Escribe en un país, en un contexto, en una lengua. Eso empiezan a ser los libros para mí. Un árbol en un bosque. Lo de lectura rumiante, es porque hubo una voracidad, en la niñez en la infancia, así como hacen los rumiantes que mastican tragan, devuelven, vuelven a masticar y tratan de digerir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Con el capítulo “Los locos, los cuerdos y los que tiran de la cuerda” el atlas de tu libro inicia con una oración que me emocionó. Escribís: “Cuando regresé del insilio tuve que hacer una biblioteca, esa fue democrática”. Pienso en una biblioteca democrática hoy, a 40 años del regreso de nuestra Democracia. Más atrás contás que Borges en casi todos sus poemas se figuraba el paraíso como una biblioteca, digo, quién lo ha perdido todo pero ha ganado la vida, vuelve empezar, y vos volviste de casi cero ¿cómo fué ese tiempo? ¿qué es una biblioteca democrática?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">—<strong>María Teresa Andruetto: </strong>Yo digo una biblioteca democrática cuando pude empezar a comprar libros, después de mi insilio y con el regreso de la democracia a nuestro país. También pasé años muy duros en la dictadura, de mucha carencia económica. No solo perdí los que tenía, sino que tampoco compré libros esos años. Mi vida en el insilio se redujo a la sobrevivencia. Empiezo a comprar libros en el 84, cuando empiezo a trabajar, a dar talleres, a dar clases. Esos años los recuerdo como de una pulsión, una fuerza, un deseo, en ese despertar democrático, en esa primavera del 86, 87, ahí se hizo mi biblioteca desde cero.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Córdoba, 18 de noviembre de 2023.</p>
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		<title>CONTRA EL FETICHISMO DEL PRESENTE &#8211; POR EDUARDO RINESI</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/contra-el-fetichismo-del-presente-por-eduardo-rinesi/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jul 2024 00:44:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Rinesi]]></category>
		<category><![CDATA[fetichismo del presente]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Presente político]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Scalabrini Oríz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este artículo Eduardo Rinesi reflexiona acerca de lo que denomina el “fetichismo del presente”, una forma de pensar el tiempo político que vivimos sin tener en cuenta que nunca somos sólo presente sino también historia, memoria y esperanza, y lo que con ellas sepamos hacer colectivamente.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/contra-el-fetichismo-del-presente-por-eduardo-rinesi/">CONTRA EL FETICHISMO DEL PRESENTE &#8211; POR EDUARDO RINESI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-344a9a3464d9ed707c7af06a8f75cc04"><strong><em>En este artículo Eduardo Rinesi reflexiona acerca de lo que denomina el “fetichismo del presente”, una forma de pensar el tiempo político que vivimos sin tener en cuenta que nunca somos sólo presente sino también historia, memoria y esperanza, y lo que con ellas sepamos hacer colectivamente</em></strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1c06d5d081d6ae1fc6c20055f9d838f7"><strong>Por Eduardo Rinesi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3ee4d549188f5b3bab75fd302a5504f4">Un precioso texto reciente de mi amiga María Pía López llama la atención respecto a la centralidad del problema del tiempo en el discurso actual de la derecha en la Argentina. Querría retomar esa preocupación de María Pía por discutir los modos en los que hoy se piensa entre nosotros esta cuestión fundamental del tiempo, solo que introduciendo respecto a su abordaje un doble desplazamiento. Primero, porque no querría considerar acá el problema del tiempo en su dimensión cuantitativa (cuántos años deberían pasar para que podamos jubilarnos, cuántas horas deberíamos trabajar por día) sino en su faz cualitativa, en la que tengo la impresión de que asistimos a una mutación fuertemente empobrecedora. Segundo, porque no me interesa examinar acá el modo en que piensa hoy la derecha que enfrentamos, sino el modo en que <em>nosotros mismos</em> estamos pensando (creo yo que bastante mal) este problema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d268aea9b6d47e11c9dbe530b599cf61">Desde hace varios meses, en efecto, buena parte de nuestros esfuerzos de comprensión de nuestra vida colectiva giran en torno a la pregunta por cómo fue que pasó lo que pasó, qué tipo de sociedad es esta que produjo, como expresión o como síntoma, que una figura como la del actual presidente de la Nación haya sido elegida por una amplia mayoría de nosotros para gobernarnos. Y es así como venimos leyendo una cantidad de análisis (muchos muy buenos, desde ya) sobre el tipo de individuos posesivos, egoístas y mezquinos (y por añadidura punitivistas y crueles) que nos hemos vuelto, y a los que el <em>discurso </em>posesivo, egoísta, mezquino, punitivista y cruel del, primero candidato y ahora presidente, ha logrado <em>interpelar </em>con tanto éxito. Este fenómeno suele explicarse (y está muy bien) aludiendo a los cambios que produjeron en nuestra sociedad los procesos de desindustrialización, desestatización y consiguiente transformación de nuestras identidades colectivas desde mediados de los años ´70, a los que han venido a sumarse un conjunto de cambios culturales, tecnológicos y de todo tipo, que han determinado, se nos dice (y también está muy bien), la forja de esos hombres y mujeres aislados, <em>solos</em>, en que nos hemos convertido, y que tan verosímil y razonablemente resultarían receptivos a la retórica del presidente y de su equipo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1ac6b00307cde60f8dde89e9d75e25f9">Todo esto, repito, está muy bien, aunque tal vez resulte también algo parcial. En un temprano escrito de 1971, un joven e incisivo Horacio González protestaba contra los intentos de reducir al mayor movimiento político de las masas argentinas a un epifenómeno de las modulaciones que había asumido en el país el proceso de acumulación del capital o de industrialización por sustitución de importaciones. Contra ese “societalismo” (que era también un “sociologismo” González estaba discutiendo contra las corrientes dominantes de la sociología de Gino Germani y de sus discípulos), de lo que se trataba era de no perder de vista la dimensión propiamente <em>política </em>del fenómeno que se trataba de pensar. Creo que la advertencia nos sirve también en <em>este </em>momento, que es el nuestro, que no me parece posible pensar (que me parece fuertemente despolitizante suponer que es posible pensar) <em>apenas </em>como la manifestación de un conjunto de transformaciones “estructurales” que lo explicarían. Pero tan inconveniente como este <em>societalismo</em>, como este –digamos– “fetichismo de la sociedad”, me parece a mí, en este tipo de interpretaciones, es lo que me gustaría llamar un <em>presentismo</em>,un fetichismo <em>del presente</em>, que pretende que esa sociedad que se expresaría en las disposiciones de sus miembros a escuchar y aceptar tales o cuales mensajes, o a votar tal o cual programa de gobierno, es –y es solamente– <em>esta sociedad presente que es la nuestra</em>, encapsulada sobre sí y sin vasos comunicantes con el pasado del que viene ni con el futuro hacia el que va. Las más sofisticadas técnicas sociológicas de extracción de información sobre los sujetos nos informan lo que esos sujetos <em>son</em>, y eso que esos sujetos son parece ser todo lo que importa conocer.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://libreriaelextranjero.com/wp-content/uploads/2016/03/Elhombre-que-est%C3%A1-solo-y-espera-Scalabrini-Ortiz.jpg" alt="" style="width:538px;height:auto"/></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-65aac61a5dfd56cf7c3d6e5f4ae48ca9">Hablé más arriba de hombres y mujeres “solos”, y viene enseguida a la memoria el precioso ensayo de Raúl Scalabrini Ortiz de comienzos de los años ´30, <em>El hombre que está solo y espera</em>, que describe a esos individuos humillados, tristes, que en las mesas de los cafés de Buenos Aires –había caído Hipólito Yrigoyen– miraban en silencio el fondo de sus pocillos como buscando allí las razones de su frustración y su derrota. Estaban, en efecto, solos, aislados de los demás (con los que apenas si participaban, escribe Scalabrini, en alguna que otra conversación de circunstancia) y de la vida política de un país gobernado por una dictadura. Pero dependiendo de cuántos años de edad les supongamos es posible que algunos de ellos hayan participado, en sus años mozos, de la revolución de 1890, es más posible todavía que varios hayan tirado alguna piedra o algún tiro en la de 1905, y es casi seguro que la mayoría haya formado parte de la gran épica electoral de 1916. <em>Y eran también (aunque tal vez no lo supieran, aunque tal vez estuvieran demasiado tristes o amargados o enojados para percatarse) la oscura o sorda memoria de esas luchas que habían sido las suyas. </em>Y por lo demás, estaban todos –escribe Scalabrini– <em>a la espera</em>. Esperaban, sin saber que esperaban ni qué esperaban. Pero cuando catorce años después, una cierta tarde de octubre, salieron a la calle y cambiaron la historia para siempre, fue el propio Scalabrini el que acuñó la frase “el subsuelo de la patria sublevado” para aludir al modo en que esas viejas memorias del pasado volvían para abrir el presente hacia un futuro diferente. Nunca somos sólo lo que somos. El presente es siempre más complicado que eso. Hay política porque el presente es más complicado que eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f0a53ddc62c2f1132a0b52aaa663f767">No otra cosa quiere decir, por cierto, la célebre frase de cierto conturbado príncipe de tinta y de papel: <em>“The time is out of joint”</em>, el tiempo está fuera de quicio, que significa, por cierto, que entre otras muchas cosas que <em>también </em>significa, que el presente no es nunca plenamente contemporáneo de sí mismo, que nunca somos <em>apenas </em>lo que las fuerzas de la historia han hecho de nosotros en el movimiento en el que nos trajeron hasta este punto en el que estamos, porque siempre somos también, <em>al mismo tiempo</em>, la memoria de lo que fuimos o de lo que quisimos ser y la expectativa de un futuro que no sea la pura repetición de las dimensiones más intolerables del presente. Cinco años antes de que Scalabrini publicara su notable ensayo, un joven escritor de Buenos Aires, yrigoyenista como él, y que además era su amigo y se le parecía bastante más que lo que vendría a hacerlo en las décadas siguientes, lo escribiría en el gran estilo que ya había conquistado. Dice Jorge Luis Borges, en efecto, en el ensayo que da título a <em>El tamaño de la esperanza</em>, de 1926: “Mi argumento de hoy es la patria: lo que hay en ella de presente, de pasado y de venidero. Y conste que lo venidero nunca se anima a ser presente del todo sin antes ensayarse, y que ese ensayo es la esperanza. ¡Bendita seas, esperanza, memoria del futuro, olorcito del porvenir, palote de Dios!”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0f6a16619bc267c5a6b34c2900dae81d">Memorias sordas, entonces, pero siempre pasibles de ser actualizadas, de las luchas, los sueños y las utopías del pasado, y espera o esperanza de lo por venir. De esas solicitaciones del pasado y del futuro al tiempo que vivimos (es el tema, por cierto, de ese gran lector de Shakespeare que fue Carlitos Marx) está hecha la política, que existe justo porque existen la memoria y la esperanza. En este tiempo de oscuridad que atravesamos, la esperanza no es ninguna candorosa forma de negar la gravedad de lo que ocurre, sino la materia prima de la política que tenemos la tarea de hacer para cambiar las cosas. Nunca somos sólo lo que somos. Nunca somos sólo lo que la historia ha hecho de nosotros. Somos también (debemos ser, también) lo que, de la mano del recuerdo de lo que fuimos, sepamos hacer colectivamente con eso que la historia ha hecho de nosotros, para darle y darnos una nueva oportunidad.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a24c6bb126d9b93faca2713e6b07b3a3">Buenos Aires, 28 de julio de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-afb44ea6ccc1a07c568181b1fe620e24">*Filósofo y politólogo.</p>
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