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	<title>Yael Noris Ferri archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Yael Noris Ferri archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Oscar Masotta, anacrónico &#8211; Por Yael Noris Ferri</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 May 2021 22:26:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[anacrónico]]></category>
		<category><![CDATA[Germán García]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Lacan]]></category>
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		<category><![CDATA[psicoanálisis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La psicoanalista Yael Noris Ferri propone en esta nota, pensar la actualidad de la obra de Oscar Masotta para el psicoanálisis de la orientación Lacaniana y para la cultura argentina, tomando como vector de análisis el anacronismo de sus enseñanzas.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/oscar-masotta-anacronico-por-yael-noris-ferri/">Oscar Masotta, anacrónico &#8211; Por Yael Noris Ferri</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La psicoanalista Yael Noris Ferri propone en esta nota, pensar la actualidad de la obra de Oscar Masotta para el psicoanálisis de la orientación Lacaniana y para la cultura argentina, tomando como vector de análisis el anacronismo de sus enseñanzas.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)     </em><em>   </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>                                 </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“Oscar Masotta no contaba a Jacques Lacan, sino que intentaba </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>explicarlo con una claridad expositiva que llegaba a una audiencia </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>exotérico sin ceder en el rigor esotérico que intentaba alcanzar”</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>                                                                                                            Germán García</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">L</span></strong>o primero que irrumpe es el nombre de la revista en la que encontré los primeros textos de  Oscar Masotta: <em>“Pasado y Presente”,</em> editada en Córdoba en 1965, donde está publicada su conferencia “Jacques Lacan o el Inconsciente en los fundamentos de la filosofía”. Este primer encuentro marca un pensar a <strong>Masotta en el tiempo</strong>. Nadie como él expresa esa búsqueda por sostener la transmisión del concepto de inconsciente y su dimensión anacrónica y en trabajar rigurosamente para contagiar el psicoanálisis. Un “Masotta anacrónico” mediando con los textos de Lacan, a través de los tiempos, la cultura y la lengua, porque ante todo él había comprendido que en los seminarios de Lacan existía un gran valor, anclando allí su transferencia. Eso posibilitó el ingreso de la obra de Lacan a la Argentina, introducir su enseñanza y práctica al idioma castellano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los efectos que tuvo Masotta en la cultura pertenecen a ese anacronismo, evidenciado en los grupos de estudio que convocaba fuera del ámbito académico, llegando a más de 400 estudiantes. En una de sus clases, “Leer a Freud”, revolucionó el psicoanálisis que hasta allí pululaba en Buenos Aires. Desacartona la idea de un kleinismo rígido y trae la idea sencilla y memorable de que no hay nada más lacaniano que leer a Freud, leerlo en acción, leerlo <em>patas para arriba</em>. A propósito de ello dirá: <em>“La obra de Lacan, que induce una interpretación precisa y una lectura dura de los textos de Freud, al concederle su verdadera dimensión, y si facilita el proyecto, no resuelve la tarea”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy, algunos de sus estudiantes dispersos por la lengua castellana, como decía Germán García quien más difundió la enseñanza de Masotta, forman la orientación Lacaniana. Lo testimonia el psicoanalista Miquel Bassols, quien fue presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis en el período 2014 a 2018, y actualmente Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. Su texto <em>“Oscar Masotta, un lugar de enunciación”</em> expresa que Masotta marcó un antes y un después, un corte y a la vez una causa.: el enorme entusiasmo por la transferencia de trabajo, creando lazos entre Barcelona y Buenos Aires, situándose así como antecedente de la creación de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo, no se trata de pensar exactamente el pasado sin el concepto de memoria. A propósito de ello, Didí Huberman expresa que:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>“Es la memoria lo que el historiador convoca e interroga, no exactamente “el pasado”. No hay historia que no sea memorativa o mnemotécnica: decir esto es decir una evidencia… Pues la memoria es psíquica en su proceso, anacrónica en sus efectos de montaje, de reconstrucción o de “decantación” del tiempo. No se puede aceptar la dimensión memorativa de la historia sin aceptar, al mismo tiempo, su anclaje en el inconsciente y su dimensión anacrónica.”</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este año Bassols, presentó el libro “Tendremos que encontrar un lugar para encontrarnos” de Cloé Masotta. Ese texto es un <em>memorándum</em> de cartas que Cloé rescata sobre la memoria, esa “zurcidora ciega”. Dirá Bassols: “Más allá del recuerdo encubridor, la memoria, sin embargo, dejó escritas las cosas de la vida, en mensajes que debemos aprender a descifrar, también en cartas como las que Cloe rescató a uno y otro lado del Atlántico para hacer este libro”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Leer desde el socorro de un bordado que ha creado un estilo, un significante que marca el cuerpo, hace posible que no se caiga en la banalidad del olvido, esa es, quizás, la apuesta  de Cloé Masotta. Pero ese bordado, que es la voz de Masotta, trasciende los lazos filiales. Se hace escuchar en cada libro publicado, sus clases, seminarios, su incalculable deseo por transmitir las lecturas de Lacan y hacer del discurso analítico, no una simple traducción del francés, sino la apuesta por un psicoanálisis que se mueve en la cultura. Tan grande fue su apuesta, que cuando la dictadura argentina lo amenazó de secuestro, no renunció a seguir con su transmisión de Lacan y exiliado, volvió a empezar en España, formando nuevos analistas. Los usos de un recuerdo vivo marcan el antecedente de Oscar Masotta en la  formación de la Orientación Lacaniana y en su vigencia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 1° de mayo de 2021</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de Cultura.</span></p>
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		<title>Geografías de la memoria &#8211; Por Yael Noris Ferri</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Jan 2023 22:07:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura Militar]]></category>
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		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de la lectura del libro de María Negroni "La Anunciación", la autora reflexiona desde la ficción, sobre la relevante función de la literatura para la memoria.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>A partir de la lectura del libro de María Negroni </em>«La Anunciación», <em>la autora reflexiona desde la ficción, sobre la relevante función de la literatura para la memoria.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>I</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Vivo en una ciudad en la que, según creen sus habitantes, se caracteriza por la presencia de un calicanto que encierra un arroyo cruzando de sur a norte toda la urbe, La Cañada. Sin embargo, para mí, el lugar más representativo de esta isla mediterránea llamada Córdoba, es una plaza. La plaza San Martín es un cuadrilátero, pero por alguna distorsión geográfica mental siempre la vi redonda. No entendía el porqué de esta deformación hasta que hace unos días, cuando murió Hebe, volví a esta plaza. Un <em>memento mori</em> me atravesó como un hilo que sutura el cuerpo puntada tras puntada. Llegué consternada a sentarme una vez más en ese banco verde, ahora con la compañía de un libro de María Negroni, <em>La Anunciación.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Mi mirada se clavó en San Martín. El <em>memento</em> trae lo circular de mi fijación con la plaza. Tengo cinco años. Es un día de calor como el de hoy, mi mamá me compra un helado de dos bochas, frutilla y chocolate. Entonces atravesamos la plaza tomada de la mano. Yo le pregunto por unas mujeres que caminan y por qué la gente se detiene para levantar unas fotos, y con ellas dan una vuelta a la plaza, las dejan en el piso y siguen caminando. Mi mamá me pregunta “¿vos querés?” Sí, le respondo y abro grandes mis ojos. Mi mamá me dice que no me suelte de su mano, pase lo que pase. Tomamos la foto de un chico. Lo recuerdo en blanco y negro, sonriente, menos de veinte años, lo miro, mi mamá levanta la pancarta entera, yo solo tomo el palo que la sostiene. Caminamos en ronda. Unas mujeres lloran. No entiendo lo que pasa. Se me cae el helado, no importa, camino. En la segunda vuelta mi mamá me dice si yo quiero llevarlo, le digo que sí. Me siento fuerte, la pancarta pesa mucho pero no digo nada, mi mamá llora, yo no pregunto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Abro nuevamente los ojos grandes como para despabilarme, así, como cuando se vuelve de un recuerdo. La plaza ahora está vacía, no hay ronda. Me empieza a agarrar un dolor entre medio de esa juntura de las costillas. Busco el libro. Un hombre ciego con bastón vende figuritas <em>truchas</em> del mundial…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>II</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Abro el libro de Negroni, pienso que su escritura es una apuesta importante. Quisiera tener su contacto telefónico para decirle que su libro me sostiene en días como hoy. Intento buscar el teléfono de Negroni en Google e imagino que me lee el primer capítulo. Me arrepiento. Vuelvo a mi celular, googleo cuando fue la primera marcha de las Madres de plaza de Mayo. Intento descifrar de qué año es mi recuerdo, quiero saber de esas primeras rondas. Sí, fue un jueves, fue hace 45 años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hay un detalle persistente en mis pensamientos, si le pidiera a Negroni que me leyera su primer capítulo se me cocería un poco el alma. Otro detalle, las madres además de rondar los jueves, hicieron la ronda abierta. Google me dice: «Las marchas están abiertas a todos aquellos que quieran acompañar el reclamo». Pude rondar, puedo atestiguar que la invitación fue un vacío a transitar. Cruzo estas ideas con algunas de la escritora mexicana Ileana Diéguez que recuerdo de su libro <em>Cuerpos sin duelo</em>. ¿Qué hubiera pasado si esas mujeres no hubieran puesto sus cuerpos verticales para reclamar? Insiste ahora mi pregunta ¿qué hubiera sucedido si el miedo las hubiera enmudecido, las hubiese hecho retroceder?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Estimo que la memoria no se hubiera escrito. Imagino esas madres con miedo buscando una foto de sus hijos para pegarla en una pancarta. ¿Cuál elegir? ¿Cuál es más fidedigna de su último rostro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Vuelvo al libro. En la página 13 leo «No sé cómo se cuenta una muerte, Humboldt. Y, menos, una muerte como la mía, que terminó volviéndose vida». Así abre <em>La anunciación,</em> María. Esta <em>Anunciación</em> es una nueva edición, la tengo subrayada. Me gusta hundirme en la memoria de Negroni, en esos soliloquios, en su estética de hablar sola y hacernos sentir acompañados. Porque eso hace, nos hace testigos de su dolor de su exilio, el tiempo en que la dictadura la quebró y tuvo que irse. Nunca sabremos si fue ella o la protagonista de la novela, pero un lector nunca se pregunta eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>III</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El exilio. Otro desgarro en la memoria. Cuando estaba en la facultad conocí una amiga cuyos padres debieron exiliarse en Marruecos. Su madre había estado presa en una celda de la cárcel San Martín. Cuando iba a su casa miraba una biblioteca con un escritorio empotrado en un placard. Allí se sentaba y leía. Mi amiga decía que era el único lugar de la casa en el que podía leer su mamá. Que, aún estando en otro país, permaneció encerrada por miedo. “Mi madre teme al mundo”, solía decir mi amiga.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sigo con el libro en mis manos. Marqué varias páginas. Creo, con todas mis fuerzas, que cada vez que lo leo algo de la memoria se escribe en mí. La voz del personaje es de una mujer que escribe desde lo más íntimo, de lo privado a lo público, y así narra el horror. Leo lo que marqué en la página quince, un dicho a Humboldt: “Las palabras hacen ruido como si fueran manzanas. Un mordisco y otro mordisco y, a último momento, nos dejarán con hambre. El fracaso, Humboldt, se parece al desarraigo, uno cree que algo terminó pero en verdad no hizo más que empezar y durará para siempre, como una noche estrellada, llena de fantasmas. Así fue que morí y resucité, morí y seguí luchando, y cansada y tuya para siempre, te borré de mi vida”. Sigo en la otra página donde la protagonista habla con Humboldt: “¿Te parece muy loco lo que digo, Humboldt? ¿Entendés mis palabras demasiado huérfanas? Ahora estoy en Roma. Ahora la casa de las paredes verdes está lejos. Tan lejos que parece una isla cubierta por la nieve. Me pregunto si fui feliz en ella, si lo fui sola o con vos, cuánto duró. Quisiera que llegaras, en este mismo instante, para aclarar mis dudas. Pero no hay nadie aquí, salvo mi vida privada y mi dolor. Es como si alguien hubiera abierto una herida, y después otra, y otra más, y después hubiera encerrado allí a una golondrina”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">María se debate entre su vida privada y el exilio. La novela tiene siete capítulos. Se mece la memoria en ella. Prevalece en mí la aguja del coraje clavado, allí, en la escritura novelada. Mientras leo la novela recordé a Daniel Moyano. En una entrevista que le hacen contaba que el exilio era para él una marca irreversible, una rotura en los cordones umbilicales, un dolor que se hace sentir como un desarraigo constante. Al final de la entrevista Daniel decía que el triunfo de la ética es algo que está en la memoria genética de la humanidad, eso se llama esperanza…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En las páginas siguientes la novela cuenta de Humboldt: “El 11 de marzo de 1976, tiene 22 años. No fuma. No sabe jugar al ajedrez. Partir de viaje es un hecho que no figura en sus planes, como no figuran los siete cielos del Islam, ni censorius de Smyrna que puso la nota de las estrellas fijas a una octava de la tierra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Para la SIDE, que lo tiene fichado, es un sujeto peligroso, un subversivo al servicio de intereses apátridas. La foja policial agrega: nivel de instrucción, secundaria; nivel militar, muy bueno; actitud frente a la realidad, denegatoria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿Hubiera tenido hijos? Puede ser. También puede ser que no.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En cualquier caso nunca los hubiera llamado Albano Jorge, Hermes José, Reynaldo Benito, Cesario Ángel, Jorge Rafael, Luciano Benjamín, Emilio Eduardo, Orlando Ramón, Leopoldo Fortunato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Difícil establecer con certezas cualquier cronología de sus tristezas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Carece de nombre de pila.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Todo lo que tiene es un alias: “Humboldt”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Cierro por un rato el libro, respiro. ¿Y… si el pibe de la foto en blanco y negro, el de la ronda, el que encontré y levanté era Humboldt?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Vivir adentro de una novela, eso me pasa con esta, lean…</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Córdoba, 21 de enero de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de Cultura.</p>
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		<title>Más Libertad Demitrópulos, para un Jujuy conservador &#8211; Por Yael Noris Ferri</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Jun 2023 15:19:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Jujuy]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad Demitrópulos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Los comensales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La psicoanalista y ensayista Yael Noris Ferri realiza una lectura de la novela Los comensales, de Libertad Demitrópulos, como obra de testimonio y resistencia. Aquí se destaca la capacidad de la novelista por visibilizar a los oprimidos, a los mestizos, a las mujeres. En un Jujuy conservador, esta novela reivindica a los borrados dándole un lugar en la patria literaria.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>La psicoanalista y ensayista Yael Noris Ferri realiza una lectura de la novela </em>Los comensales<em>, de Libertad Demitrópulos, como obra de testimonio y resistencia. Aquí se destaca la capacidad de la novelista por visibilizar a los oprimidos, a los mestizos, a las mujeres. En un Jujuy conservador, esta novela reivindica a los borrados dándole un lugar en la patria literaria.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>«Yo conozco otra tarde en</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>este cuerpo,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>otra tristeza más muerta.»</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Libertad Demitrópulos</strong></p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Libertad a las 3</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hace unos días que me despierto a la madrugada, insomne, con la terca idea de armar una cronología, un mapa, un artefacto que me permita recordar cómo llegué a cada escritor o libro que leí y marcó mi vida. El ritual se repite cada noche. Me despierto sentada en la cama con la idea de que no tengo un libro, por ejemplo, <em>La Revolución es un sueño Eterno</em> de Andrés Rivera. Luego camino hacia la biblioteca, verifico, miro mi escritorio, tomo un vaso de agua y con la inutilidad que despierta el fracaso me acuesto y me duermo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">A todo fracaso le opongo la escritura. El reloj indica las 4:01 am, escribo esta reseña en el silencio de la noche, con cuidado para no despertar al resto de la casa, descalza, pisando el piso de madera tibio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">A Libertad Demitrópulos la conocí una noche en un bar, hace poco más de un año por medio de un amigo. Tanto hablar de Libertad y su obra terminamos bŕindando por ella cada viernes en un típico bar de mi ciudad. Y se hizo coro y se hizo brindis, esperando que saliera al público una reedición de su primera novela<em> Los Comensales</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“¿De dónde vienes Libertad?”, cuentan que le preguntó una vez la mismísima Eva Perón, en el tiempo que ella se acercó para trabajar en el hogar que llevaba su nombre. Ella le&nbsp; respondió: “de su corazón, Eva, que también es el del norte argentino, tierra de wawas”. De esa tierra esta escrita <em>Los comensales</em>, publicada por primera vez en el año 1967. Su reedición la llevó adelante EUDEBA, el texto está dividido en tres partes con 110 páginas y forma parte de la Serie de los dos siglos. Me llegó de la mano del amigo Jorge Bracamonte, doctor en letras, quien además de investigar la obra de Demitrópulos, escribió el prólogo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En él leo un rescate temporal de Libertad traída a nuestros días. El prologuista afirma que esta obra se podría ubicar dentro de las novelas de testimonio y resistencia. La narrativa se destaca por el camino que realiza: “Desde María del Rosario Valero (Los comensales) hasta María Muratore, su más reconocido personaje (Río de las congojas), las obras de Demitrópulos ficcionalizan episodios históricos a través de personajes femeninos que condensan la trama con personalidades fuertes, ambiguas, desbordantes”. Me interesa esta introducción ya que podría pensarse en estrecha conexión con aquellas palabras que escribe Libertad en su tercer novela, <em>La flor de hierro, </em>“Escribir es vana cosa en una mujer, una necedad”. Este dicho fue revertido en una bella venganza de la autora, al escribir en cada oportunidad, al nombrar y rescatar mujeres de ese anonimato que hace masa. Sólo el valor de la literatura posee la capacidad de hacerlas existir, de hacer acto en la ficción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La novela retrata las dificultades de los trabajadores del ingenio Ledesma. Pero también me interesa la voz de otros desvalidos, la presencia de los pueblos originarios que en sus voces resuenan el barro de la opresión, lo que implica ser mestizo, pobre o mujer. La novela problematiza el sometimiento a los humildes retratado en su narrativa como en la literatura de Daniel Moyano, otro escritor que desplegó su fuerte aprecio por los oprimidos, pero en otro escenario como La Rioja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Libertad a las 2</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En la segunda parte de la novela, Libertad denuncia el abuso y el acoso a las mujeres en Jujuy. Todas podrían estar representadas en el personaje principal de Rosario Valero (Charito). Popular y nacida en un hogar humilde, con el destino marcado de las que nacen mujer en un pueblo. Escribe Libertad: “Por las tardes, después de regar la vereda, se paraba junto a la puerta de su casa vestida con sus ropas ordinarias, sumamente maquillada, mientras en la esquina alguno le hacía la parada, recorriendo ida y vuelta el trayecto hasta la otra esquina, innumerables veces, piropeándola al pasar junto a ella. Ella contestaba a los requiebros: &#8216;otra vez la aplanadora&#8217;, con expresión de fastidio y cuando ya entrada la noche el galán de turno le hacía la última pasada: &#8216;quisiera dormir con vos y despertarme soñando&#8217;, entraba a su casa aturdida de dolor, anhelante, incapaz de aceptar su juventud”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿Qué es ser una mujer en Balderrama? Vuelvo a repetir esa voz que subyace en la novela, la pregunta insistente, delineada, fulgurante. Algunos fragmentos asoman respuestas: “La lucha era sin cuartel. Una mujer necesitaba hacerse de valor para vivir. Ya su llegada al mundo no era aceptada por los padres: ser chancleta era una maldición para el hogar (…)”. O en la página siguiente: “(&#8230;) primero hay que crecer, un día llamar la atención con el cuerpo y concitar la lujuria, después aparecer con el fruto de la caída (ya la han voltiao)”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pese a tanto destino aplanador Charito rompe el estereotipo, se enamora, se embaraza, tiene un hijo, pero a pesar de ello, nunca será ese cuerpo que desean comer los comensales. Subsistirá a la máquina trituradora de sentido para armarse de una vida desfamiliarizada de ese tinte consumidor que destila Balderrama. Tomará la carta que le queda: “La felicidad está bien lejos de Balderrama. Hay un tren que parte por la madrugada con los que se atreven a escapar. Pero hay que tener decisión para tomar ese tren”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En ese mutismo absoluto, una huelga parece ser el tren que tomará Charito. Una lucha colectiva, una revuelta como una perforación que la lleve a la salida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Las páginas de la novela ilustran que nunca se vió en todo el pueblo azucarero indios que se han <em>yuguiao</em>. Gritan y protestan los terratenientes. Todos temen qué represalias tomará el patrón. Balderrama es huelga, polvo levantado, cuerpos y azotes que ruedan, grito que suena, protesta encabezada por el personaje de Suárez. Pero hay un detalle insólito, extravagante, que se comenta con miedo en el cuchicheo de todas las casas, así lo escriben en lengua jujeña: “¿Sabe quién se ha yuguiao con uno de los agitadores?: La Charito, la hija de doña Encarna, aquella que vivía con Valentín Riquelme. Supo tener un hijo con él, en soltera. Y mire usté, de la noche a la mañana sale yuguiándose con el repartidor de pan, Suárez, que no era repartidor de pan ni cosa que se parezca sino uno del Sur venido aquí con quién sabe qué propósitos. Parece que han escapao por la banda del río San Francisco (…)”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¡Ni sumisa, ni inerte! El nombre de Rosario Valero es sinónimo de la que no se doblega frente al patrón de estancia. Una mujer en rebeldía parece un insulto de coraje a un Jujuy conservador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>¡Libertad!</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ya es de día mientras el sol encandila mi libro por la ventana y el mismo rayo brinda calor. Camino rumbo a la cocina. El noticiero anuncia un paro de docentes en Jujuy. Me refriego los ojos mientras bato un café y me pregunto si estará allí el espíritu de Libertad. El locutor muestra unas imágenes que se parecen a la novela. Transmiten el dolor y la injusticia de un pueblo que sufre el derecho a la protesta y a una vida digna. Hay represión. Me siento para asegurarme que esto no es una terrible pesadilla. La historia no puede repetirse, no.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Vuelvo a la reseña que escribo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Las palabras de Libertad perforan el lienzo que invisibiliza a los oprimidos. La literatura es una presencia anacrónica. Su relato en esta novela reivindica a los borrados dándole un lugar en la patria literaria. Rosario Valero, es la mujer que estuvo en huelga en Jujuy mientras desde el escritorio de gobierno buscaban reprimirla.</p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Córdoba, 19 de junio de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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		<title>YO ESTOY AQUÍ PORQUE NO ESTUVE ALLÍ &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Aug 2023 15:22:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Arzoumanian]]></category>
		<category><![CDATA[Kaúkasos]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La poética de una voz genera resonancias, esa voz escribe: “yo estoy aquí porque no estuve allí”. La poeta, Ana Arzoumanian, la resonancia, en la autora de esta nota. La poesía hace memoria, hace presente a cada uno y entonces, como una oración, recordar se convierte en un arte.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>La poética de una voz genera resonancias, esa voz escribe: “yo estoy aquí porque no estuve allí”. La poeta, Ana Arzoumanian, la resonancia, en la autora de esta nota. </em></strong><strong><em>La poesía hace memoria, hace presente a cada uno y entonces, como una oración, recordar se convierte en un arte.</em></strong><strong><em></em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>11 de julio, 11 am</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">«Yo estoy aquí porque no estuve allí”. Es una frase que escribe mi amiga Ana Arzoumanian en su libro <em>Kaúkasos</em>. Recibí un fragmento recitado con su voz que lo transcribo aquí:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>La pregunta</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en una Nueva York sin jazmines vuelve</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>como leña al fuego, como agua al mar del mar</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>que no se llena, como linchamiento de encapuchados. I’m turkish.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Y yo:</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>negra negra negra. Pushkin era negro, eso dice Marina.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>En el Nieuw Haarlem donde antes</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>solo había indios; negros.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Yo una negra que está aquí</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>ahora,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>porque no estuve en Anatolia</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en ese momento.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Aquí como un barco que te busca en la orilla de los puertos</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>del mar</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>que no se llena, para que me veas mientras me hundo.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>La soga</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>con la que se ahorcaron las niñas</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en las plantaciones. Yo, una negra</em><em><br></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>consumida a latigazos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Todas las mañanas del mundo</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>yo</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>un pueblo vencido asisto</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>al nacimiento de una nación.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Woodrow Wilson y su dislexia escribiendo</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>la historia del pueblo americano. La dislexia de Wilson invadiendo México,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>con su incapacidad para leer</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>o escribir</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>otorga la autonomía</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>a los pueblos del imperio otomano. Deformaciones.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Yo estoy aquí porque no estuve allí</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en ese momento.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Una negra</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>que no duerme nunca toda entera.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Escalones de vidrio laminado, madera bávara</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>y mármol rosa, ventanas triangulares</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>dispuestas como escamas y la negra</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>a la deriva</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>en un extravío que la derrumba.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>La negra ve a Joseph Brodsky en el Russian Samovar tomando vodka casero.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Ve</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>el movimiento de lo que no vive. En el extremo del decorado alguien pide mero</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>con corteza de pistacho y anís.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Las imágenes tiemblan como los negros tiemblan, no saben cómo</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>salir de la película.</em><em><br></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Algunos disparan contra la pantalla donde se presenta</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>el nacimiento de una nación.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Paso toda la noche mirando siluetas,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>los perfiles de las negras,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>una anónima aventura africana, la flagelación</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>de la revuelta negra en Surinam. Y aprieto,</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>porque las negras saben cómo aprieta</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>el mar.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Escucho la poética una y otra vez, me suena y resuena “yo estoy aquí porque no estuve allí”. Contemplo el coraje de la escritora en su prosa. Cómo una frase puede condensar tanto. Cómo esta frase, esta creación, este homenaje a la memoria no se hizo aún himno. Sí, un himno en el que nombremos a los que no están aquí, porque eran negros, armenios, judíos, niñas, niños, aborígenes, coyas… la lista sigue… repito “una negra consumida a latigazos”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>11 de julio, 17: 30 pm</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Llovizna aguanieve, logré salir del consultorio, camino a un café de esquina donde sirven cortados en jarro aún con espuma, sin flores ni corazones dibujados, en jarros y no cuencos. Me bajo del auto, cruzo lenta la acera, el viento helado calaba. Me detengo en la puerta sin poder elegir entre las tres partes que ofrece el bar. Me ganan el deseo de fumar, leer y beber. Me acobarda el frío. La moza con un ademán me indica que dentro de un sector supuestamente para fumadores, no. Me lo dice con el dedo, y mira mi mano con el cigarro apagado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Quiebro el cuerpo, giro, salgo, un hombre de casi unos setenta camina pausado hacia una mesa afuera del bar, se sienta en el medio del cruce del viento. Apoya un paraguas. La moza sale encantada: “¿Lo de siempre?” El hombre sonríe. Llovizna. Me siento frente a él, a una distancia de dos mesas. La moza le alcanza el diario en papel, el hombre lo abre, saca unos anteojos negros como los de Walsh. Lee.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Tirito de frío, captada por la imagen lo imito. Saco mi libro y le hago otro ademán a la moza que indicaría un cortado y cenicero para el pucho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Todo está gris esta tarde pero la pausa con la que se mueve el joven de setenta parece ser un foco de luz. Abro mi libro <em>Mariembad eléctrico</em> de Enrique-Vilas Matas. El libro me lleva a ese tiempo detenido donde subrayo la frase justo que empalma con <em>Kaúkasos</em> de Ana, dice:</p>



<div style="height:24px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://www.diarioarmenia.org.ar/wp-content/uploads/2020/06/Kaukasos-Ana-Arzoumanian-256x400.jpg" alt="" width="248" height="388"/></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">«La poesía no residía en la acción, sino en la interrupción de la acción». El libro transcurre en una conversación entre el autor y la artista Dominique-González Forester. Enrique escribe sobre el arte de la conversación como señales distintivas de los seres humanos. Leo en los párrafos siguientes: “Creo que podría aplicar a nosotros la frase que un día Magaritte Duras les dijo a sus vecinos de inmueble, los hermanos Priest: “De algo estoy segura: conversar, habéis conversado mucho en la vida, también eso puede ser un arte.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Le envío por WhatsApp una foto del subrayado a Ana, le recuerdo aquellos cafés en Buenos Aires, como el London City atestado de gente y sus murmullos. Allí nos sentamos en una mesa y la poeta me dice lector, yo le digo Macedonio, ella grita ¡Piglia! Al unísono decimos ¡Wislawa! Hacemos un mundo adentro de otro mundo. Múltiples referencias literarias conjugan el tiempo detenido en las múltiples acciones que rodean nuestra mesita de dos. Recuerdo mientras cierro el libro aquél poema de Goethe que escribe en el Fausto:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“¡Este es tu mundo, esto se llama un mundo!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿Y preguntas por qué tu corazón se detiene medroso en tu pecho? ¿Por qué un dolor inexplicado te estorba todo movimiento de vida?»</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El diario del vecino de mesa alumbra un titular que dice JUJUY.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Resuena “Yo estoy aquí porque no estuve allí”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>12 de julio, 10 am</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Jujuy aparece por todas partes, represión, golpes, marchas, dolor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Si estuviera en Jujuy acompañando la marcha de los docentes, la del pueblo que camina con coraje, la de la ciudad que no olvida el apagón de Ledesma, la desaparición de muchos, si estuviera allí, marcharía. El dolor y la impotencia marca. La memoria es poesía, es interrumpir el momento para hacer vivo un recuerdo, para defenderlo. La fotografía de una docente agredida detenida por haber marchado recorre las redes sociales. El dolor tiñe el día. Muchos volvemos a escribir “Nunca más”. Lo escribimos como una plegaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>12 de julio, 17 pm</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La tarde me trae aquel poema de Wislawa:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Cuanto dices produce una resonancia, cuanto callas implica una elocuencia inevitablemente política.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Leo un fragmento en voz alta del poema Hijos de la época:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Somos hijos de nuestra época, y nuestra época es política.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Todos tus, mis, nuestros, vuestros problemas diurnos, y los nocturnos, son problemas políticos.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Quieras o no,</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>tus genes tienen un pasado político, tu piel un matiz político</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>y tus ojos una visión política.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Cuanto dices produce una resonancia, cuanto callas implica una elocuencia inevitablemente política.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Incluso al caminar por bosques y praderas das pasos políticos en terreno político.”</em><em></em><em><br></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Los poemas apolíticos son también políticos, y en lo alto resplandece la luna,</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>un cuerpo ya no lunar.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Ser o no ser, ésta es la cuestión.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>¿Qué cuestión?, adivina corazón:</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>una cuestión política.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y entonces vuelvo a mi resonancia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Yo estoy aquí, porque no me llamo Carlos Fuentealba, un maestro que fue reclamo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Yo estoy aquí, porque en Córdoba el mural de Facundo Rivera me recuerda su desaparición y no estuve allí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Yo estoy aquí porque no estuve en la Rioja, al lado de Monsenor Angelelli, ese día que cuenta el escritor Daniel Moyano, ese día que salvó a dos mujeres, ese día que la dictadura fue por él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La poesía hace memoria, hace presente a cada uno y entonces, como una oración, recordar se convierte en un arte.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Córdoba, 29 de agosto de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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		<title>ENTREVISTA A MARÍA TERESA ANDRUETTO/“UNA LECTORA DE PROVINCIA” &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Nov 2023 15:52:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[“Una Lectora de Provincia”]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[MARÍA TERESA ANDRUETTO]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>n esta conversación exclusiva para la Tecl@ Eñe, a propósito de la presentación de su último libro, “Una Lectora de Provincia” de Editorial Ampersand, Colección Lector&#038;s, María Teresa Andruetto comparte su fascinante mundo literario y su profundo vínculo con la lectura. A través de las palabras de Yael Noris Ferri, exploramos un libro que es un atlas de experiencias literarias. María Teresa nos transporta a su infancia, su insilio, y la construcción de su biblioteca democrática, tejiendo una narrativa única sobre la pasión por la lectura. Además, reflexiona sobre la importancia de la voz de las mujeres en la literatura.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/entrevista-a-maria-teresa-andruetto-una-lectora-de-provincia-por-yael-noris-ferri/">ENTREVISTA A MARÍA TERESA ANDRUETTO/“UNA LECTORA DE PROVINCIA” &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>En esta conversación exclusiva para la Tecl@ Eñe, a propósito de la presentación de su último libro, “Una Lectora de Provincia” de Editorial Ampersand, Colección Lector&amp;s, María Teresa Andruetto comparte su fascinante mundo literario y su profundo vínculo con la lectura. A través de las palabras de Yael Noris Ferri, exploramos un libro que es un atlas de experiencias literarias. María Teresa nos transporta a su infancia, su insilio, y la construcción de su biblioteca democrática, tejiendo una narrativa única sobre la pasión por la lectura. Además, reflexiona sobre la importancia de la voz de las mujeres en la literatura.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Quisiera iniciar esta conversación deteniéndome en el título del libro que nos obsequia Teresa. “Una lectora de provincia” que forma parte de la Colección Lectores de la Editorial Ampersand. Y de repente recuerdo a Rodolfo Walsh, su carta a Vicki, porque esto pasa con los libros, nos evocan otros libros, otros escritores.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>“María Teresa Andruetto es una lectora del pueblo, su nombre es conocido en cada esquina de nuestra ciudad. Desde niña se dedicó a hacer literatura.Todos la conocemos como “La Tere”, La Tere del pueblo. Aquí lo voy a fundamentar para que no quede como un simple halago. ¿Qué significa ser del pueblo? Significa que lo que hace, lo hace en beneficio de toda la sociedad, del pueblo y para el pueblo. Porque su literatura es un literatura con una clara posición política que consiste en actuar contrariamente al egoísmo bastardo de un ególatra. Porque La Tere, como relata su libro, desde niña se interesó por el margen, los del margen. Ella es nuestra porque crecimos con sus cuentos, en nuestra juventud y adolescencia tuvimos sus poemas y en la adultez nos llegaron sus novelas. Mi evocación a Walsh fue porque en un momento él menciona que Vicki se había entregado a la villa y él sabía que allí había una elección. Quienes leemos a La Tere sabemos que no duda en entregar su literatura al pueblo, y eso la hace ser nuestra, nuestra escritora, nuestra lectora. Ahora te invito Tere a conversar presentándote como lo hacés en la página 157 de tu libro. Sería hermoso que nos leas un párrafo&#8230;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto</strong>: Muchas gracias Yael, a ver:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Soy descendiente de italianos, pero también soy mujer, soy latinoamericana (lo latinoamericano pesa mucho en  algunos libros míos), soy de provincia, me crié en un  pueblo, provengo de sectores medio bajos, mi paisaje de infancia es la llanura, fui joven en los setenta… podríamos ir hasta el infinito en esas capas superpuestas que conforman lo que somos.Tuve preocupación por lo social desde que era una niña y una mirada política sobre el mundo desde que era adolescente y eso ya nunca se fue, sin importar las condiciones de vida (¡tan diversas!) por las que he pasado. Pero no se trata de un programa explícito: a la hora de escribir me preocupan sobre todo las cuestiones formales (¿quién va a contar?, ¿cuál es su punto de vista?, ¿el narrador habla o escribe?, ¿a quién le dice o le escribe lo que escribe o dice?, ¿cuenta lo que vio o lo que le contaron?, ¿cuál es el tono de ese relato?, ¿es melancólico, resentido, enojoso, distante, técnico…?). Esas cosas me interesan y también me liberan, porque lo otro aparece mientras estoy ocupada en esos asuntos. Me gusta que sea así: me saca de lo unívoco, de lo autoritario con respecto al lector. No siento que deba decirle a quien lee cómo tienen que ser las cosas, cómo sería bueno que fueran; me interesa ver por qué unos personajes hacen lo que hacen o actúan como actúan, ya que en toda situación humana hay múltiples razones para vivir como se vive y actuar como se actúa. La literatura es una de las formas más interesantes de la memoria de un pueblo.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Pensando en estos once ensayos con tanta vida literaria anudada, podría decirle a los lectores que el libro para mí es un atlas, un atlas literario. Cada capítulo es un mapa de las marcas, de las líneas de tu vida lectora en anécdotas, en encuentros, en territorios que habitaste, en la infancia, en la juventud, en la adultez, en un  territorio de memorias.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Por eso, me gustaría que nos cuentes de una marca, un trazo, que responde a un recuerdo infantil en el ensayo titulado “Se distrae, se obnubila, se extravía”. ¿Qué lector a veces no pasa por esos estados? Te leo el recuerdo que aparece en la página 22 del libro:</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>“El asunto es más o menos así: mi mamá me mandó con un papelito (todavía no sabía leer, pero me fascinaba la escritura, los signos, el misterio que guardaba esa anotación de mi madre) al bar de Rabachino (bar de hombres, de vino, donde funcionaba también un almacén), a una cuadra de mi casa. Si no sabía leer, quiere decir que no tenía más de cuatro años; se trataba de un pueblo pequeño, de un barrio con calles de tierra, donde no pasaban autos… En fin, a mi madre se le ocurrió mandarme con un papelito a comprar unas fetas de patita de chancho, seguramente para resolver una comida rápida (quién sabe si no se habría arruinado otra vez el Bram Metal, el bendito calentador que cada dos por tres se atascaba, ya que no tuvimos cocina a garrafa sino hasta varios años más tarde).</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Yo tenía que darle el papelito a Lola, la mujer de Rabachino, y decirle que anotara el costo de la compra en su cuaderno. Era la primera vez que iba sola a alguna parte: iba mirándome los pies, con la vaga idea de que no debía dejar de mirarlos para evitar perderme; pero mirándolos me distraje. Cuando levanté la cabeza, desconocí el lugar: un tejido de alambre con enredaderas al lado de una casa blanca. Asustada, me arrinconé contra el tejido y unas mujeres me rodearon y empezaron a preguntarme todas al mismo tiempo cómo me llamaba. No pude decir ni una palabra. Hasta que pasó el cartero en su bicicleta, que tenía un canasto de metal adelante, lleno de cartas. Él, un varón entre esas mujeres, se bajó de la bicicleta y me preguntó si mi mamá se llamaba Cleofé. Yo dije que sí o hice que sí con la cabeza, y él (no había otra Cleofé en el pueblo) me cargó en el canasto de las cartas y me llevó a mi casa. Recuerdo que la retó mucho a mi mamá (esos retos no están en el poema, ni en la novela, ni en el texto escrito para el aniversario del asilo), seguramente porque siendo tan pequeña, debo haberle dicho que me había mandado a hacer las compras”.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto</strong>: Es un recuerdo muy antiguo, creo que ése y otros dos más que no están contados en el libro, uno sí, el de ver a mi bisabuela leyendo y preguntándole de que estaba enferma ese sí lo menciono en el libro. Pero hay otro recuerdo que no menciono que es la muerte de la hermana de una amiguita de la infancia, cuando era muy, muy pequeña, estoy hablando de cuatro años, más o menos, y que me impactó mucho. Supongo que es porque se llamaba “Teresita”&nbsp; y a mí me decían “Teresita” cuando era chica. Entonces una que era apenas más grande que yo, que había muerto de leucemia en el barrio y que era hermana de mi amiga,&nbsp; me trajo así tan tempranamente la percepción de la muerte. Y el otro recuerdo tan antiguo es este del extravío. Yo hice muchos años de análisis y en uno de los procesos de análisis, en uno de los procesos, en la primera de esas etapas, la analista me pregunta qué recuerdo lejano puedo contar y entonces aparece este recuerdo, de la vez que me perdí, cuento brevemente eso y claro, en el proceso de análisis fui viendo cómo eso quedó en mí y entró en mi escritura. Quedó de muchas maneras y se fue creando, transformando y cobrando distintas significaciones. Cuando lo conté fue porque ese episodio se contaba en mi casa, como que yo era una persona distraída. Siempre me hacían bromas que me había perdido, pero claro, lo que no había cargado de sentido es que era tan pequeña y que mi mamá, era como era, y me mandaba a hacer tareas desde muy pequeña. Después lo ví a la distancia, en la madurez, en el trabajo del análisis. Siento que ahí estaba todo, siento que ahí estaba mucho. Porque están las cartas, o sea está la escritura, está la comunicación, porque tengo un modo de estar como escritora y como persona, como docente, muy en comunicación con los otros. En ese recuerdo está la palabra de mi madre, las mujeres, la escritura en las mujeres como un acto privado, íntimo incluso la grafía. El único hombre que lleva la correspondencia, las palabras, era el hijo del maestro<strong> &nbsp;“</strong>Bono<strong>”</strong>. El maestro de mi pueblo que para entonces era un maestro grande, anciano, era un maestro que había fundado un colegio, el primer colegio de mi pueblo.“El extravío” esto de ser distraída es también el extravío de la escritura.No es el extravío que da las dolencias del alma, Creo que la escritura como extravío es un extravío donde uno se abstrae, quizás, pero es un extravío del que se puede volver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Vamos a otro mapa, tu tiempo de juventud, ahí escribís: «Cuando a fines del 75, apenas recibida, decidí resguardarme e irme de los lugares conocidos hacia la Patagonia, repartí los libros de literatura que tenía entre amigos y llevé los más comprometedores –los de política– a la casa de mis padres para guardarlos en una cómoda grande de cinco cajones. Luego me fui. 1976/77. Insilio patagónico. Un año y medio en Trelew, muy ligera de equipaje, en donde solo tenía conmigo tres libros: las obras completas de Borges, aquellas de Emecé con sobrecubierta de color verde, regalo de las compañeras de la casa donde vivía; Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino, en la edición de Minotauro; y un libro de Carlo Emilio Gadda del Centro Editor de América Latina, del que me desprendí en la más tonta de las situaciones”.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Me interesa pensar en ese momento de quiebre ¿qué te hizo elegir esos tres libros? ¿Cómo fue tu tiempo de insilio en esas obras?</em></strong></p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-11953" width="508" height="677" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-768x1024.jpeg?v=1700322423 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-225x300.jpeg?v=1700322423 225w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-1152x1536.jpeg?v=1700322423 1152w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-110x146.jpeg?v=1700322423 110w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-38x50.jpeg?v=1700322423 38w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-56x75.jpeg?v=1700322423 56w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125.jpeg?v=1700322423 1200w" sizes="(max-width: 508px) 100vw, 508px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Gentileza de María Teresa Andruetto.</em></figcaption></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto:</strong> En ese quiebre del Insilio, ni sé si era una elección llevar esos tres libros.Por un lado sí, yo sabía que tenía que ir liviana de equipaje, con muy poquito. Uno de los primeros libros que llevo son: “Las obras completas de Borges” porque me&nbsp; lo acababan de regalar<strong>,</strong> eran la editorial Emecé y tenían una sobretapa de color verde. Esas obras tienen los nombres de mis compañeras de la casa donde vivía, en los tiempos de estudiantes. Una casa donde vivíamos cuarenta y cuatro mujeres, en una planta alta y una planta baja. Me lo habían comprado entre todas.Los otros dos libros no sé… los tenía o los había comprado económicos, uno era&nbsp; del Centro Editor de América Latina, el libro de Carlo Emilio Gadda, que era un libro que tenía, porque lo habíamos leído en literatura Italiana. El libro “Las Ciudades Invisibles” de Italo Calvino ya lo había leído más de una vez, era una edición&nbsp; de Minotauro muy barata. Este libro con esos textos muy breves me encantaban y me siguieron encantando, es un libro que nunca me defraudó en las relecturas. El libro de Gadda, me gustó mucho, me gusta mucho, es un autor raro, es un autor de una escritura refinada, exquisita. Es un autor casi sin argumentos en lo que cuenta. Es un autor muy experimental, propio de un estudiante de letras de los años setenta. Lo cierto es que tenía esos tres libros. El de Borges lo tengo, lo conservo. El de Calvino lo tengo también. Muy roto, pegado, lo vuelvo a arreglar, adoro esa edición totalmente arruinada y vuelta a reparar. Tan así es el libro que se los presté a la gente del Archivo de la Memoria. Es un libro que está expuesto con todas sus pegatinas. El lomo del libro está expuesto en el Archivo de la Memoria en Córdoba. Es una muestra que se llama: “No tiene abriles este marzo del 76”, que es una frase que escribí en ese libro, el día del golpe o al día siguiente. El libro de Gadda lo perdí o lo entregué, en una situación un poco absurda que me hace pensar que yo conocía nada de la vida. Vivía en la periferia de Trelew, y en el camino al centro encontré a una mujer que lloraba, le había pasado algo que me parece era en relación a la violencia doméstica. Traté de consolarla, esta cosa mía de empatía con los otros, quería hacer algo, tampoco tenía mucha cosa para dar, pero bueno, yo quería darle algo, quería consolarla y tenía el libro de Gadda a mano, quise dárselo, ella no quería y yo insistía. Finalmente lo tomó y después, mucho tiempo después pensé que no tenía lógica esto, que era algo que quien sabe si le habría servido, si le habría gustado. Era más una necesidad mía de dar, que la de ella de recibir. Hasta que uno aprende que lo del dar tiene que ver con la necesidad del otro de recibir. Quiero aclarar que muchos libros míos fueron quemados.A veces, recibía una carta de mis padres donde decían:&nbsp; “tuvimos que hacer una fogata”. Esto se debía&nbsp; a que se encontraban amenazados por una razia militar, en el pueblo de mis padres donde había dejado los libros más comprometidos políticamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em> —Yael Noris Ferri: Diría Hélène Cixous “como se hablan las mujeres cuando nadie las escucha para corregirlas”. Esta cita que tomás de Cixous, en referencia a tu madre, la escucho como un eco en el libro. Me provocó intriga cuando la posteaste en tu muro ya que tu literatura está llena de personajes femeninos y hay un rescate a las mujeres. Contanos lo que desees sobre esto&#8230;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">—<strong>María Teresa Andruetto: </strong>Sí, la frase de Hélène Cixous me resulta extremadamente conmovedora y reveladora. Es de un libro que se llama “La llegada a la escritura”. No es casual porque ella que es una intelectual, psicoanalista, filósofa, escritora, una gran referente intelectual. Ella escribe que la llegada a la escritura, entiendo más a la escritura ficcional&nbsp; o autobiográfica, la llegada a la escritura es como un camino hacia la madre. Es muy hermoso ese libro, salvaje, me parece que en ese libro ella dice: “Se hablaban como se hablan las mujeres cuando nadie las mira para corregirlas” o “Nos hablábamos como se hablan las mujeres cuando nadie las escucha para corregirlas”. En ese decir ella se incluye, nos hablábamos como se hablan las mujeres… me parece que hay muchas cosas allí, de la intimidad, de la palabra. De la palabra entre una hija y una madre, que tanto me interesa. También hay un deslizamiento desde el patriarcado hacia otra cosa. Se supone que los varones o lo varonil, lo masculino representa el saber, el reconocimiento, el deber ser, entonces ellas se hablan de entre casa. Eso me ha interesado mucho en la escritura y alcanza a pisar su punto máximo en mi libro: “Cleofé”. Las mujeres hablándonos, las amigas, madres e hijas. Las mujeres hablándonos como podemos, como queremos, como se nos ocurre, cuando nadie nos corrige, cuando nadie nos supervisa, cuando puede haber ese modo disidente de usar la lengua, desprolijo, desacatado. Hablo como se me da la gana. Hablo con mi amiga, con mi hija, o mi amiga conmigo, como se nos da la gana. Las palabras de las mujeres, las palabras íntimas y más, que se desarman en un acto de fe, de una fe común con la otra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y sí, como lo decís, hay un rescate de mujeres. Desde chica hay una mirada ahí, creo que tiene que ver con la complejidad subjetiva de mi mamá. Ella era una mujer muy fascinante, su voz, su letra, era muy bonita también. Era por un lado muy fascinante y por el otro muy imprevisible, muy variable, con cierta inestabilidad en su carácter, en sus emociones. Yo era muy pequeña y quería comprenderla, por qué en un rato ella pasaba de un estado al otro. Veía cómo todo el tiempo ese lugar de mujer está defendiendo su lugar, luchando con el lugar de la madre. Eso se hizo expansivo en mi interés a otras mujeres.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1024x768.jpeg" alt="" class="wp-image-11954" width="812" height="609" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1024x768.jpeg?v=1700322614 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-300x225.jpeg?v=1700322614 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-768x576.jpeg?v=1700322614 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1536x1152.jpeg?v=1700322614 1536w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-195x146.jpeg?v=1700322614 195w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-50x38.jpeg?v=1700322614 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-100x75.jpeg?v=1700322614 100w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773.jpeg?v=1700322614 1600w" sizes="(max-width: 812px) 100vw, 812px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Gentileza de María Teresa Andruetto.</strong></em></figcaption></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: “Para leer bien un libro hay que leerlo como si uno lo estuviera escribiendo. Empezando por no sentarse en el estrado con los jueces y en su lugar permaneciendo de pie en el banquillo con el acusado”, dice Virginia Woolf. Esa relectura sostenida, en un tiempo como ese de tanta soledad e introspección, fue un gran aprendizaje. Lo decís en el capítulo Lectura rumiante, ¿podés explayarte en este corazón de cómo lee una lectora de provincia?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto:</strong> ¿Cómo lee una lectora de provincia? Lee como puede, un poco el libro es esto. El paso por distintos modos de leer, cómo lee una niña en un pueblo donde no hay librerías, no hay bibliotecas, un poco en la escuela. Después cómo lee una adolescente en un lugar donde no se lee mucho, no se lee tanto, en un lugar donde ella va queriendo leer. Cómo lee una chica que llega desde el pueblo a la ciudad, desde el pueblo a la Universidad. Esto me pasaba mucho, cree que todo lo que lee o estudia es poco, para poder aprobar una materia, entonces resulta que lee mucho más de lo que le piden. Lee siempre tratando de estar a la altura de lo que le puedan pedir. Entonces el profesor cita nombres y ella los anota, los busca, los lee, los rastrea por todos lados. Ese modo de leer rastreando, buscando, ya no se fue. Tampoco se fue ese gusto de estudiante de los primeros años setenta que leíamos mucho la relación entre literatura y política, literatura y sociedad. Es la idea que promueve que un escritor no está solo en la ciudad, no es un árbol solo es parte de un bosque. Escribe en un país, en un contexto, en una lengua. Eso empiezan a ser los libros para mí. Un árbol en un bosque. Lo de lectura rumiante, es porque hubo una voracidad, en la niñez en la infancia, así como hacen los rumiantes que mastican tragan, devuelven, vuelven a masticar y tratan de digerir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Con el capítulo “Los locos, los cuerdos y los que tiran de la cuerda” el atlas de tu libro inicia con una oración que me emocionó. Escribís: “Cuando regresé del insilio tuve que hacer una biblioteca, esa fue democrática”. Pienso en una biblioteca democrática hoy, a 40 años del regreso de nuestra Democracia. Más atrás contás que Borges en casi todos sus poemas se figuraba el paraíso como una biblioteca, digo, quién lo ha perdido todo pero ha ganado la vida, vuelve empezar, y vos volviste de casi cero ¿cómo fué ese tiempo? ¿qué es una biblioteca democrática?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">—<strong>María Teresa Andruetto: </strong>Yo digo una biblioteca democrática cuando pude empezar a comprar libros, después de mi insilio y con el regreso de la democracia a nuestro país. También pasé años muy duros en la dictadura, de mucha carencia económica. No solo perdí los que tenía, sino que tampoco compré libros esos años. Mi vida en el insilio se redujo a la sobrevivencia. Empiezo a comprar libros en el 84, cuando empiezo a trabajar, a dar talleres, a dar clases. Esos años los recuerdo como de una pulsión, una fuerza, un deseo, en ese despertar democrático, en esa primavera del 86, 87, ahí se hizo mi biblioteca desde cero.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Córdoba, 18 de noviembre de 2023.</p>
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		<title>QUIERO APARECERLOS &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Dec 2023 17:10:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Quiero aparecerlos”, es la enunciación firme del autor Gabriel Orge en su libro Latir y Revelar. Fotografía, Arte y Memoria.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-67fec4c7361a1b80eb371622bb436aba"><strong>“Quiero aparecerlos”, es la enunciación firme del autor Gabriel Orge en su libro <em>Latir y Revelar. Fotografía, Arte y Memoria</em>.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f6ea289e95a8d79d0966aaa0f29c51c"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



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<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f9eeb3178ce56f31d64d8a983ef7d4f6">Transitaba un lunes de agosto del año 2017, cerraba el consultorio luego de una larga jornada. Mientras caminaba pensaba que la angustia no solo se respira en el consultorio, también se manifiesta en un pesado clima social. Las noticias anunciaban la oscura desaparición de un joven al que se le buscaba, su nombre era Santiago Maldonado. Fue visto por última vez el 1 de agosto en la provincia de Chubut, en medio de un violento desalojo que realizaron efectivos de Gendarmería Nacional, durante una protesta de organizaciones mapuches. ¿Dónde está Santiago? nos preguntamos, escribimos su nombre en los muros de las redes sociales. Seguía caminando, mi teléfono comenzaba a emitir las alertas de notificaciones. En barrio Cofico un artista estaba proyectando la fotografía de Santiago, en un muro ubicado entre las calles Bedoya y Roque Saénz Peña. Me emocionaba verlo “Apareciendo”, la gente que transitaba se detenía y sacaba fotografías, otros llevaban velas encendidas. Gabriel aparece a Santiago y es una pequeña sutura al dolor. En su libro narra: “Se enfría la tarde en la hora azul, escasea el color cuando llega la noche. La oscuridad no es ciega, revela lo que el día esconde. Entonces proyecto una ausencia, la encuadro sobre la costura de hormigón o en la textura del follaje. Ahí mismo sobre el terreno del dolor no hay olvido. Instalo el recuerdo que echa luz sobre las sombras. Me emociono siempre, repito el gesto una y otra vez. Es análogo, analógico, mágico, revelar para que aparezca”. Su proyecto “Apareciendo” nace un 18 de setiembre de 2014 a ocho años de la segunda desaparición de Julio López. En su taller, Gabriel giró el proyector hacia la ventana de su departamento “y el rostro de Julio López ocupó el vacío de la medianera de enfrente”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3abf6b9571ca1ab1015a98daab747bf3">El arte del libro es una fusión de sus recuerdos de infancia, sus marcas y la obra que crea, cada vez. En el capítulo denominado “El golpe”, el artista transmite a sus lectores: “Repetí el gesto de proyectarlo en la barranca de Ctalamochita. Entreverado en las moras y sauces costeros apareció Julio, ahí mismo donde floté por primera vez”. El recuerdo de un tío, dos mujeres, el dolor y un río de donde es oriundo, hicieron flotar también a Julio López. Los pasajes del libro poseen el registro testimonial de cómo se arma la obra. Su trabajo de investigación, las lecturas, conocer al ausente, las entrevistas y el valor de la estética brillan en el libro. Su escritura late también con el arte de fotografiar, una forma de escribir con imágenes, ”hilvanar”, como dice el autor. Juega con hilos, el recuerdo del nombre de su abuelo Ángel, panadero y artesano del cuero, trae una enseñanza, trenzar con hilos. Su obra será como lo relata: hacer aparecer a 17 jóvenes desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado en la ciudad de Rafaela con el tiempo necesario para trenzar los hilos y armar una estructura. Destaco mi subrayado en el testimonio de Gabriel: “sobre los hilos van apareciendo los retratos de los diecisiete jóvenes. La proyección de sus rostros arroja luz sobre la trama de la historia que nos toca deshilvanar.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab7b760cc5c309066d5eefdccc1ce6d8">Recuerdo a Martín Kohan cuando se pregunta si la memoria es transferible y qué función ocupa el recuerdo. Para ello escribe un libro con sus “Me acuerdo”. Gabriel Orge, apareciendo recuerda, hace justicia y arma memoria colectiva. Habitantes de pueblos originarios, hombres y mujeres desaparecidos por el terrorismo de Estado, pibes víctimas del gatillo fácil, judíos, todos aparecen y el artista instala sus nombres como un ritual redentor. Uno a uno les devuelve su identidad.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="697" height="1024" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-697x1024.jpg" alt="" class="wp-image-12149" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-697x1024.jpg?v=1703956135 697w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-204x300.jpg?v=1703956135 204w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-768x1129.jpg?v=1703956135 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-1045x1536.jpg?v=1703956135 1045w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-1394x2048.jpg?v=1703956135 1394w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-99x146.jpg?v=1703956135 99w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-34x50.jpg?v=1703956135 34w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-51x75.jpg?v=1703956135 51w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/12/Tapa-Latir-y-revelar-final-1-scaled.jpg?v=1703956135 1742w" sizes="auto, (max-width: 697px) 100vw, 697px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Latir y Revelar. Fotografía, Arte y Memoria.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1433683fc3918aa59c2da77dccb056dc">El lector encontrará en este libro una libreta de viaje, la belleza de sus obras y su palabra abierta a la vida dando testimonio. Finalmente, dejo aquí un poema que está invisible en el libro, en un encuentro instantáneo, contingente, en la cárcel de Miguelete, Uruguay. Allí, un editor y el artista intercambian otro libro, cuando todavía éste no había sido escrito. El libro en cuestión se llama <em>Cielo libre. Imaginar la libertad, poemas de presos políticos</em> de José Luis Tagliaferro autor, y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Cristian Mirra Ilustrador. Editado por Valore italiano Lilamé.2016. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4ea318e2037c5afd089e26d70326d5ad">Finalizo esta reseña con un poema de sus páginas.</p>



<div style="height:28px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a2a4096f7ec0cb47bcd35fd84c9c2ccf">“He perdido los ojos por no verte</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e292105111aa02c25492546f23c929f4">&nbsp;y mi boca es un vacío sin tu nombre</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00a5448c42d9373e840384d696abc966">&nbsp;y mi mano toca piedra inerte</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0f2d74e188fe26a890d3a463d9e275d1">&nbsp;espera la caricia que la asombra</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-820996934d3ca67d326fb895a3526063">&nbsp;y el silencio es muralla que se yergue</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5d9d098c5179bdb4814d6d15f3d0e44e">&nbsp;y perduro, pues solo soy, un hombre.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98e092fd8b06819c1300186d192f9b2b">&nbsp;Me ofrecen un cielo de parcelas</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e6aae59557478074d5a690e622cb577">&nbsp;un cielo para mí sin horizontes</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0cd51522f1ec4353bcae1c14f847f316">&nbsp;y una cruz señalada por estrellas</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e644754d74f6b8e9922ec664fc854f83">&nbsp;hace latir mi pecho por su norte.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d345a6bdad44f3137a5d02dfd384d89f">&nbsp;Desconozco las voces que me acechan</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-22c9fcf86e041576357d8eae39a2298b">&nbsp;y resisto y crezco cada golpe”.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d4966db0d124b9a37a63280389ea3aef"><strong>Acerca del autor de </strong><em><strong>Latir y Revelar. Fotografía, Arte y Memoria</strong></em>, <em><strong>Editorial Lote 11.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f804630d3b8bb7024b0add5812c661f1">Gabriel Orge nació en Bell Ville, provincia de Córdoba. Es fotógrafo, docente, artista visual. Desde el año 2000 coordina el proyecto Manifiesto Alegría, taller de experimentación orientado a la producción y formación en torno a la fotografía contemporánea. Recibió distintos premios y becas, entre ellos el 1er Premio adquisición del Salón Nacional de Artes Visuales 2015 con la obra Apareciendo a López en el río Ctalamochita. Latir y Revelar. Fotografía, Arte y Memoria recibió una mención especial por parte del jurado del Premio Burnichon al libro mejor editado en Córdoba (2022/2023).</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dae4fc9500292462fc60949109f59762">Córdoba, 30 de diciembre de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9065b0c23d2ef1e93473275e7cf0c9ec">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri%2F&amp;linkname=QUIERO%20APARECERLOS%20%E2%80%93%20POR%20YAEL%20NORIS%20FERRI" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri%2F&amp;linkname=QUIERO%20APARECERLOS%20%E2%80%93%20POR%20YAEL%20NORIS%20FERRI" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri%2F&amp;linkname=QUIERO%20APARECERLOS%20%E2%80%93%20POR%20YAEL%20NORIS%20FERRI" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri%2F&amp;linkname=QUIERO%20APARECERLOS%20%E2%80%93%20POR%20YAEL%20NORIS%20FERRI" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri%2F&amp;linkname=QUIERO%20APARECERLOS%20%E2%80%93%20POR%20YAEL%20NORIS%20FERRI" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri%2F&amp;linkname=QUIERO%20APARECERLOS%20%E2%80%93%20POR%20YAEL%20NORIS%20FERRI" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri%2F&#038;title=QUIERO%20APARECERLOS%20%E2%80%93%20POR%20YAEL%20NORIS%20FERRI" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/quiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri/" data-a2a-title="QUIERO APARECERLOS – POR YAEL NORIS FERRI"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/quiero-aparecerlos-por-yael-noris-ferri/">QUIERO APARECERLOS &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>LIBROS: INSTANTE ETERNO &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/libros-instante-eterno-por-yael-noris-ferri/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Feb 2024 16:57:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Alfa y Omega]]></category>
		<category><![CDATA[Aurora Venturini]]></category>
		<category><![CDATA[Eva]]></category>
		<category><![CDATA[Eva Perón]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña del libro de Aurora Venturini, Eva, Alfa y Omega y Pogrom del cabecita negra.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/libros-instante-eterno-por-yael-noris-ferri/">LIBROS: INSTANTE ETERNO &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b47c04e32f9c9939c03e668fb4a45e9d"><strong>Reseña del libro de Aurora Venturini, <em>Eva, Alfa y Omega y Pogrom del cabecita negra.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f6ea289e95a8d79d0966aaa0f29c51c"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1c830b9c2fa07c6dcabec0b5695cf3cc"><em>“La ciencia histórica deberán ejercerla los historiadores y yo soy una escritora que aunque requiera del apoyo de algo acaecido en la realidad, crea fantasiosamente.”</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c183026f3da941f2cd2e45b9c9a68db6"><em>Aurora Venturini</em></p>



<div style="height:18px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0c1ace749448558c1a6e9a11588ac8fb">«En el país no debería haber ni demasiado rico ni demasiado pobre”</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13912e2c81de7f7840f4a535ebaabd36">&nbsp;Aurora Venturini retratando a Eva niña.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46e77837557d18d3fa30f9082537ce5e">“El instante es la eternidad”, escribe Goethe. ¿Será que los recuerdos fugaces pero profundos hacen eternidad?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-94362d1ac350d99de103806821e1563e">Miro la portada del libro. La fotografía captura a un grupo de futbolistas y Eva con zapatos de tacos altos y un vestido a lunares, parece abrir el partido, apenas tocando con su pie la pelota. Mi padre tenía un recuerdo recurrente, lo narraba casi en todas las navidades, tenía el nombre de Eva. Era su instante eterno, su mayor sorpresa. La historia transcurre cuando él tenía diez años, en un barrio. El era el único que tenía una pelota de fútbol en toda la manzana. El potrero quedaba cerca. Jugaba con los vecinos a escondidas de mi abuela. Un día los siete pibitos deciden escribirle una carta a Eva. Le piden la vestimenta de un equipo de fútbol, de cualquier color y una pelota de fútbol. Cada uno firma la carta. Juntan monedas y la mandan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f5fd3bf911de17c29f3cd22b391f42c3">La pelota se estaba gastando y ya todos se habían olvidado de la carta. Su madre, mi abuela, le había jurado que no le compraría ni una más. Una tardecita, mientras se escapaba al potrero los primeros días de diciembre, un camión estacionó en la puerta de la casa esquina donde vivía y preguntaron su nombre, Mi viejo cuenta que tenía la pelota en la mano y le temblaban las piernas. Bajaron cinco cajas, todas decían “Con amor de Eva Perón”. Los amigos llegaron y empezaron a abrirlas, era el sueño de la infancia, el instante. Las cajas tenían remeras y pantalones haciendo juego, y cuatro pelotas de fútbol. No podían creer que la damita les había cumplido el sueño. Mi padre se emocionaba cada vez que lo narraba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f46cc09d2e0e553313f7985be1bb4acc">La Narrativa de Aurora vuelve a reeditarse en este ejemplar con sus dos novelas cortas «Eva, Alfa y Omega» y «Pogrom del cabecita negra». En la primera novela del libro encontramos una voz que transmite lo cercano y profundo de una amistad. Aurora no escribe a una Eva de película. Aurora realiza la operación escritural de afectos, el dolor, la soledad, la enfermedad y el amor en Eva como quien lo ha vivido allí a su lado, como su verdadera amiga. ”La dama de la esperanza”, “la presidenta sin sillón”, “Hermanita de los pobres, de los cabecitas negras”, “La abanderada de los pobres”, son algunos de los nombres con los que se dirige a Eva. En fragmentos breves nos trae para estos tiempos la presencia viva de una mujer que en la política se aventuró contra los ricos para abrir un camino de igualdad. Asistimos a la Eva niña, la muchachita que había perdido a su padre, la que declamaba en soledad, la que había vivido en Los Toldos&nbsp; con los mapuches. Aurora escribe: “La niñez de Evita difería de las nuestras. En vez de asistir a clase regularmente se iba a las tolderías con un micrófono que le improvisó Juancito; llevaba dinero, no mucho, pero sueldos que mamá nos asignaba; compraba caramelos, facturas, chocolate para la leche de los pequeños mapuches cuyos padres tenían vacas…”</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-12396" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra-1024x576.jpg?v=1707325036 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra-300x169.jpg?v=1707325036 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra-768x432.jpg?v=1707325036 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra-1536x864.jpg?v=1707325036 1536w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra-260x146.jpg?v=1707325036 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra-50x28.jpg?v=1707325036 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra-133x75.jpg?v=1707325036 133w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/02/Eva-Alfa-y-Omega.-Y-Pogrom-del-cabecita-negra.jpg?v=1707325036 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d3ae9cafc439bccc5da29f56dd5a8069">Personajes fundamentales en la biografía de Eva, dialogan con Aurora. Su hermana Blanca, con quien llora y se confiesan en amistad la ausencia de Eva o transitan una tarde en la Confitería Ideal pensando que a “Perón no le da el cuero”. O su hermano Juan Duarte, quien la trae a Buenos Aires., quién la apoya en la carrera artística en sus primeros pasos como actriz. Su madre Juana, personaje que hace su aparición en el primer capítulo, se encuentra jugando una timba, temiendo que Eva la descubra: Aurora escribe la escena: “La señora es la mamá de Evita Duarte de Perón”, ”Si Evita se entera que venimos de timba, nos mata”. La complicidad con la familia de Eva, la reconstrucción de una memoria viviente, los chistes entre ellas,&nbsp; lo que manifiesta lo femenino que hace lazo en el resplandor de la amistad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1460f7dc18de85cd04693b003e6b0748">No cabe una sola duda que el relato es de una amiga que la conoce y en ese conocer la retrata. Me detengo en una página que me emociona, porque es un monólogo interior, de coraje y dolor, el monólogo interior de Eva. Transcribo unas líneas: “Señor dale un recreo a mi dolor no lloraré acaso esté pagando alguna deuda para entrar limpita al cielo /cómo será ese sitio? ¿Cómo será mi última hora? permíteme un año más en este mundo porque tengo que hacer una fundación para los ninos, para los ancianos. Mi pueblo está en cadena de oraciones desea tu Buena voluntad”. La autora recuerda en esos momentos de dolor por perder a Eva al poeta José Martí. Quien nombra a Eva como “la niña que murió de amor”. Todo el monólogo es un arte escritural, no posee casi signos de puntuación en la primera página. Aurora juega con las mayúsculas para abrir cada oración.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3c24246aa1b4deada40b1800c6400daa">Al final del libro aparece su segunda novela, <em>Progrom del cabecita negra</em> quien fuese premiado en 1973 por la Municipalidad de La Plata. Progrom narra la historia marginal de Moncho, que a sus veintinueve años, salido de la cárcel y de los institutos inicia una búsqueda a la familia desmembrada que perdió en la infancia. El retrato de un cabecita negra, que aún recuerda la carita de sus hermanos cuando los separaron y llevaron a distintos institutos de menores. La belleza narrativa que nos obsequia Aurora aparece en el fulgurante deseo de transmitir la pobreza desde cerca, el desgarro de los institutos en los que como sabemos cuentan sus biografías ella misma trabajó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-80f2d1dfc01898bf3bfa297080b109c8">Cierro un minuto el libro, se acerca la moza, una muchacha y me dice: ¡Qué lindo libros tiene! Asombrada la miro, ella toma el de Eva y me cuenta: “A esta señora yo la estudié en Historia, sí, es la que nos ayudó a que las mujeres podamos votar”. Un pensamiento me da esperanza en este enero de tantas incertidumbres.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c47d1282059971293a049b580b6d387b">“¿Te leo flaca?”&nbsp;Sonríe y me susurra: un ratito.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff55afe4351d9f8cf5d77cef79dad824">Córdoba, 7 de enero de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9065b0c23d2ef1e93473275e7cf0c9ec">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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		<title>TU QUERIDA PRESENCIA &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Jul 2024 18:48:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Che Guevara]]></category>
		<category><![CDATA[El libro “Testimonios argentinos sobre el Che”]]></category>
		<category><![CDATA[Gregorio Bermann]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El libro “Testimonios argentinos sobre el Che” una obra inconclusa de Gregorio Bermann, da cuenta del encuentro, en Cuba, de dos hombres que marcaron la memoria de Latinoamérica: Bermann y el Che Guevara.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/tu-querida-presencia-por-yael-noris-ferri/">TU QUERIDA PRESENCIA &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13b2edbb71fde17a49f31f91f1923ed7"><strong><em>El libro “Testimonios argentinos sobre el Che” una obra inconclusa de Gregorio Bermann, da cuenta del encuentro, en </em></strong><em><strong>Cuba</strong></em><strong><em>, de dos hombres que marcaron la memoria de Latinoamérica: Bermann y el Che Guevara.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f6ea289e95a8d79d0966aaa0f29c51c"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:44px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7aeb9b5f7c03e4e37fdd577797cad6df">&nbsp;“Y su memoria</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5dc766821d982b3661894e48f8d2bae6">está en el corazón de los jóvenes y late en su pulso.”</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f1d8895c855998787c153e6f3fec09c"><strong>G. Bermann</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2557b425187963b6ef121267fc387b3d">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-48d77f417b6c7233b36762bb4016b47b">seguir naciendo?</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ea39dbcd2fd1a7f631347248dd627a4f"><strong>Eduardo Galeano</strong></p>



<div style="height:44px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8a5ba84fcd365f9488bac0c313b72c78">E<a>n la ciudad de Córdoba pisaron sus tierras y habitaron sus calles dos hombres que marcaron la memoria de Latinoamérica: Gregorio Bermann y el Che Guevara. </a>Para mi asombro, habiendo leído sus libros y obras, no imaginé que ambos habían tenido encuentros, conversaciones, y que establecieron una amistad. La prueba de ello llega a mis manos en formato de libro: “Testimonios argentinos sobre el Che” una obra inconclusa de Gregorio Bermann, con presentación, notas y establecimiento del texto por Gabriela Baglione y Marcelo Casarin, Editorial del CEA/Colección Gregorio Bermann.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fc69ac905741d60c907e1dc1c38614d5">En las primeras páginas del libro, los compiladores plantean una pregunta tajante y crucial, que atraviesa todas las páginas: ¿Cuáles pueden ser las motivaciones para escribir un libro sobre el Che? Los testimonios, cartas y manuscritos que habitan la obra darán respuesta a ella.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a026ca3c150630d700524133eecdba49">Sabemos que el Che Guevara muere en Bolivia en 1967. El interés y amor que despertaba la presencia del Che en este humanista, doctor en psiquiatría y partícipe de la reforma universitaria, Gregorio Bermann, despiertan su deseo por escribir este libro. Los compiladores escriben en su presentación sobre el vínculo que los une, compartiendo el mismo norte:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a84b9015d3078c9b3e1d453462020f7c">&nbsp;“Gregorio Bermann fue cautivado por la figura de Guevara, en quien encuentra varios elementos con los que identificarse: la formación de médico, el amor por la lectura y la escritura: estar escribiendo, aun en medio de las inclemencias de la vida; estar escribiendo, tener a mano un cuaderno, una bitácora, es algo que une a Bermann con Guevara. Y, además, la vocación de servicio, la militancia de las causas justas y, en muchos momentos, la declinación del yo por el nosotros, que el Che lleva tantas veces a límites incomprensibles, y que en la vida de Bermann también aparece con frecuencia como un norte.”</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="778" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/bermann2-1024x778.png" alt="" class="wp-image-13301" style="width:672px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/bermann2-1024x778.png?v=1720982698 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/bermann2-300x228.png?v=1720982698 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/bermann2-768x584.png?v=1720982698 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/bermann2-192x146.png?v=1720982698 192w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/bermann2-50x38.png?v=1720982698 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/bermann2-99x75.png?v=1720982698 99w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/bermann2.png?v=1720982698 1305w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Gregorio Bermann</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e34485d066448fb39648c82dc7327d64">&nbsp;En 1968, Bermann escribe el prólogo de este libro y, en la búsqueda de su creación, solicita a diferentes allegados que conocieron al Che que dejen por escrito un testimonio, semblanza y hasta cartas.&nbsp; Todo ese material llega a manos de Bermann, pero él no llega a publicar este libro. Es en 2023 que, gracias al Archivo Gregorio Bermann y al inmenso rescate que, realizado por los compiladores de estos documentos, manuscritos, bocetos, cartas donadas al archivo por la familia Bermann, los lectores podemos celebrar el deseo cumplido de este libro ya publicado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bd7f17fab78be7c4f3e6c1d54b9d3115">¿Se conocieron el Che y Bermann?&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-91329f641b0fbd06f9f3ab18f55f5f75">En el apartado del libro titulado “Mis encuentros con el Che”, Bermann alude a tres entrevistas que pudo tener con el comandante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d4f3e5d709c7ac8bda1c1db716ddc643">Más allá de las fechas y lugares que propone dicho testimonio, deseo rescatar un encuentro donde El Che habla de Córdoba. Escribe Bermann: “Guevara se interesó particularmente por Córdoba, donde yo residía, y me preguntó por el Dr. Enrique Barros, que había sido un tiempo el médico que lo trató en su infancia por el asma, y a quien había escrito desde Sierra Maestra, sin obtener respuesta. Me dijo que desde los tres años residió en Córdoba, frecuentando entre otros a los hijos de González Aguilar; conoció a mis hijos. Se graduó de bachiller en el Deanfunovsky (se refería al Colegio Nacional Deán Funes). Había iniciado estudios de Ingeniería, que abandonó para ingresar a la Facultad de Medicina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff04cd44fc1b68e62d94eada8a364bdb">Guevara era el hombre menos ególatra que conocí, nunca hablaba de sí mismo, ninguna vanidad asomaba en sus palabras, rehuía las referencias a su persona, pasado y actividad”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1afbe8f580d212744a70f6b82bae3662">Este relato nos invita a reflexionar, como sucede en otras páginas del libro, sobre el genuino interés del Che por su ciudad de infancia y adolescencia: Córdoba, su gente, su honrada búsqueda por el amor al otro. Bermann relata como su madre en ocasiones se preguntaba “por qué y cómo aquel muchacho “cordobés” había llegado a ser el Che”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db8fa3036f1487f5f9042aa969aea394">El libro marca, como es el interés del autor, la presencia del Che. Resalta una línea que divide la historia, es un rescate a su memoria, pero, ante todo, los lectores asistimos a un Che lleno de vida, preocupado e interesado por su interlocutor. Las páginas siguientes nos transmiten una vasta correspondencia, dactiloescritos, notas manuscritas y breves testimonios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-375d0a2e97982e10a799d52aa6549498">Entre las cartas que escribió Bermann y que habitan el libro, elegí un fragmento de esta destinada a Haydée Santamaría:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-989f0e241e31ea4992d52e7b2d802c28">“[&#8230;] Es verdad que morir por la patria es vivir, que los grandes revolucionarios no terminan con su muerte física.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d30e985f6a4d9c136bddf556fbb74e4d">En un homenaje que le hicimos en Córdoba dije que los argentinos no podíamos seguir siendo los mismos después del Che: algo está cambiando radicalmente dentro de nosotros: la conciencia de un deber incumplido.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2c32edee03f1268aafe02ea4a37c84e6">De los testimonios fuera de serie me impactan y hasta resultan un inmenso hallazgo, el que se rescata de Julio Cortázar, “Mensaje al hermano”. Transcribo un breve fragmento:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3cf80a304b8341f9838ad69ca71f2b9a">“Usa entonces mi mano, una vez más, hermano mío, de nada les habrá valido cortarte los dedos, de nada les habrá valido matarte y esconderte con sus torpes astucias. Tomá escribe: lo que me quedé por decir y por hacer lo diré y lo haré siempre contigo a mi lado, solo así tendrá sentido seguir viviendo”. Julio 10 de octubre de 1967</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://i.pinimg.com/736x/17/5e/33/175e335ee57e2e599c7e81211d6b0993.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>El Che </em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-81a052fc026938e1d7eca0b18eb6729d">Otro testimonio impactante por su belleza y detalles humanistas del Che es el de Gustavo Roca, quien describe un Che romántico, para ser más preciso, un incurable romántico. Transcribo un subrayado del testimonio llamado “El hombre nuevo”. El Che argentino:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-857a8280d71a9c68cbf97fe80cf14326">“Guevara era, así, un espíritu a la vez apasionado y tierno, nutrido por un gran sentimiento de amor, capaz de las emociones más simples y naturales del hombre; pero estaba armado al propio tiempo por una voluntad de acero que había pulido –les dice a sus padres– con “delectación de artista”. Era, sin duda, también –no podía dejar de serlo–, un incurable romántico, una suerte de moderno Quijote del siglo XX. ¡Claro que lo era! ¿Y por qué no habría de serlo? Todos los grandes revolucionarios en la historia fueron, en el buen sentido de la palabra, buenos; y, también en el buen sentido de la palabra, románticos; y desparramaron amor y ternura por el mundo. Y mucho más Guevara, que llega a la revolución –parejos estímulos– por el camino de la emoción y por el camino de la inteligencia; por un sentimiento de repulsa y rebelión frente a la injusticia y por un proceso de conocimiento y reflexión intelectuales que le arman ideológicamente para combatir esa</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-864cd395291608c7bf471612094b7d25">injusticia que su sensibilidad descubre y repele. Los sentimientos y la inteligencia se integran y conforman el revolucionario y el hombre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b7f785079811a7b6efb82ec04d06d52d">(&#8230;) ¿Puede el hombre –se pregunta Gramsci– dominar su destino? ¿Hacerse, crearse una vida? Y se responde: “El hombre es un proceso y, precisamente, el proceso de sus actos”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b34a937a44596b0f27fdcd52da9d445">Los lectores podremos celebrar esta obra concluida, gracias a Gabriela Baglione y Marcelo Casarin, que hacen del archivo voces que en los documentos aún nos hablan.</p>



<div style="height:24px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c5337aa4d24415285ba3bac7f3eb3ba8"><strong>Nota:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9d4a90a32e6e6575726e0171bbce0af5">El libro puede descargarse de manera gratuita en el siguiente link <a href="https://rdu.unc.edu.ar/handle/11086/549410">https://rdu.unc.edu.ar/handle/11086/549410</a> y el archivo Bermann puede visitarse en el siguiente Link <a href="https://archivogregoriobermann.sociales.unc.edu.ar/archivo/">https://archivogregoriobermann.sociales.unc.edu.ar/archivo/</a></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-85187298caa29260564493c34d77e8b9">Córdoba, 14 de julio de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9065b0c23d2ef1e93473275e7cf0c9ec">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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		<title>LA VOZ DE LAS AUSENTES &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Oct 2024 15:15:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA["La mujer que no éstá"]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[María de los Ángeles Fornero.]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una lectura del libro “La mujer que no está”, de María de los Ángeles Fornero.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-63e319318b94ca2e21987f6321959f21"><strong><em>Una lectura del libro “La mujer que no está”, de María de los Ángeles Fornero.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f6ea289e95a8d79d0966aaa0f29c51c"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39aee02a6a7ccb7db1e1bde7c829d9c5">Mi madre mezclaba un limón tres varas de cinta</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6337d92dde1870ff90e955bae6616850">&nbsp;siete dientes de ajo con yerbabuena sal incienso y perejil</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-26eb1d734890113369fbeca6aa796699">&nbsp;y pasaba la mezcla por siete pilas de agua bendita</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8bb63b418e8a851ef06ecf8cdbe398fc">&nbsp;para llamar a la suerte y librarse del mal.</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1751b537299839d2bf4a83111245099">NADA sé de amuletos ni de hechicerías</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64e5d44695a67a3033d120101484ebd2">&nbsp;pero conozco a aquellos que siembran la miseria</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-12db144ed561f1af2b872e91d185dfb2">&nbsp;y la muerte y sé que con ellos no habrá conciliación.</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ea341e19d9e2bdfced81f84d572fa7b2"> <strong>Glauce Baldovin</strong></p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1292a2e49335a22ffd08fe397fee44af">Tengo la manía de perderme leyendo, me fascina que eso suceda, me sumerjo en un libro y todo lo que las páginas narran se vuelven mi vida. Quizá la manía inició con la preceptora de segundo año de mi secundaria, que tuvo la feliz idea de enviarme como castigo a la biblioteca a pensar porque le había respondido mal a la docente de matemáticas. Y si me pierdo, elijo perderme en cada libro que pueda alojarme y vuelvo, acá, para contar un subrayado, un paréntesis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b722c5ed6957315771d1c5ecb573fbc5">Este prefacio, es para hablar de una gran novela que me detuvo en estos días: “La mujer que no está”, Editorial Alción 2023, de María de los Ángeles Fornero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0df23f35447a35a28ac90037a92c7e6c">Toda esta vuelta para traerla, acá a esta máquina,</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab2f247a70b17e48556c1b42f6aaf0c1">&nbsp;a estas teclas,</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6b195d7adccee70f0a7c36a36f891f90">&nbsp;a esta escritura que la va a traer,</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18453ceb5817bad0ee3d633d756eab07">&nbsp;porque es así como se hace memoria, es así como a veces uno puede.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-24a1f7e1924fb78bbc7632216ae8a3f0">¿Cómo se hace con el dolor? La pregunta irrumpe, galopa en mi corazón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a1feb75a36c032c7b030b3a42b7cd4e">¿Cómo se vive con el desgarro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-015b47931f3926f57e51e86c93ba1456">¿Cómo se cubre la herida para seguir en la vida? A veces se escribe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a6f275c7b66387ebae19167eb667fc6">&nbsp;En ese tejido de hilos que es la vida, María de los Ángeles Fornero escribe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-427e75ec643965c5edaa4dc14372169c">Su prosa resplandece en un afán de escribir la novela con un ritmo que atraviesa al lector con la voracidad de una búsqueda. La búsqueda transcurre en una ciudad: Villa María, que trae sus bares, sus calles, su comisario, su ir y venir diario. Pero la fuerza mayor no solo está en la fuerte y conmovedora narrativa. La luz viene de su poética, que podemos encontrar en la voz de una mujer asesinada: María Eugenia Lubaki, a quien la autora hace hablar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9b4f373c2a247529a52ff98eff394a2">La novela inicia con una llamada telefónica que no se contesta, o mejor dicho, que quien contesta es una máquina que repite una y otra vez: “El celular al que usted llama se encuentra apagado o fuera del área de servicio”, tajante intrépido vacío abre el hilo narrativo. A partir de allí las hipótesis abundan en torno a la ausencia de Eugenia, el dolor abunda, compañero de la incertidumbre y la pregunta se instala: ¿dónde está Eugenia?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2fe391d27a4fb43074eaf46b5de82b06">En la página 26 la autora pincela un retrato de ella:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6c3286dab08de0833b802111c921d87">“A los manotones y señales de espejos, María Eugenia vino a dar pasos nuevos, cursar una secundaría acelerada nocturna, que no terminó cuando se casó; anotarse en un gimnasio para bajar un par de quilitos, salir a bailar, conocer nuevas gentes, y estar cerca de los abrazos fáciles de los hijos de “sanguiches” de milanesas con mayonesa casera. Cosa de madre. Una mujer con un alma fuerte que no se da por vencida ni aún vencida y no se la pierde de vista, así nomás. Un poco altanera, con humor portátil, un tsunami en el corazón y en las piernas y una luna llena en el rostro. Bastante a contra tormentas. María Eugenia es pura voz.” Este retrato se hace eco en las voces y los nombres que la buscan: “Nora”, su amiga que intuye que Eugenia no se iría sin decirles algo, la hija que extraña que su madre no llame para despertarla, que no la rete porque está en quinto año de la secundaria y se durmió. La piba la piensa, la llama, el mensaje automático sale, sigue lo cotidiano y el hueco de una ausencia profunda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b7f845ec0c09f485ebe4167b0764fdd">En las páginas siguientes, como lectora sigo la búsqueda, unos policías que pasan la foto, de mano en mano, en cada lugar donde estuvo Eugenia, el banquero que dice algo así, como “imposible no recordarla, es muy bonita, la vio sola…”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e47744ad5be4627fb90cfaf5a8ace9c">Abajo, en las capas subterráneas de la lengua de la novela, aparece lo que se sabe y no se dice, el estereotipo de un machismo que se respira en el hedor de los comentarios que transcurren.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ea885f7c1572f3c787bd94949a107233">“Una ausencia del hogar de una mujer de 38 años un viernes a la noche”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62d0f168d2acdf330c53b069487b0095">Vestida de jeans elastizado negro, linda, que sale con amigas, el rumor es el hedor del pueblo, de la negación, de que es una mina perdida un viernes a la noche…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-44c0a9f3d0f1178c0c9b9bdbcd6f60ed">Las capas muestran que el prejuicio y el estereotipo se hacen presentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c98d2f98db229596a44b635a51b7721e">Eugenia habla, piensa en su hermana Gloria, habla desde donde esté:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0382a80b7482398440739038d38672f0">“<em>Se va a morir la Gloria cuando se entere no se va a juntar los trocitos se va a rehacer entre la maraña de odios y lo va a buscar con una escopeta le va a querer arrancar la poca humanidad que le queda me adoraba la gloria…”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-039e544523146d4c2ef89ac41d8d21bc">Su voz quiebra al final de la página 35, su voz es un fuego para que arda justicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29918a28057c6f593dd08713ee6cdd17">Su voz escrita en manuscrita es un detalle de la autora para hacer escuchar, en disonancia con el resto del cuerpo.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/10/619cfda3-6156-4c7c-addd-86beded32602-1-819x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-14113" style="width:421px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>María de los Ángeles Fornero.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc24ee13466e8d9099e9e2d862e4322e">La narración de las páginas siguientes nos anuncia a los lectores que no hay fiscal, ni comisario, que comande la búsqueda solos. El acontecimiento surge, las amigas han decidido tomar la lucha de la búsqueda por su cuenta:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-376dff00e0b1cd57948ef21e4d82bf26">“Entre llamadas y corridas, de la policía al hospital, del departamento de Eugenia al diario se fue tensando la garganta y angostando el tiempo. Si hay dos mujeres reunidas y una que falta en cualquier barrio de Argentina es motivo para una marcha. Tres metros de tela y una pintura negra: “Justicia por Eugenia”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29fb786fe55090f72ae87972931af23e">Y la voz de Eugenia suena:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bbb2df276720712f9c1d7dbc3935c20">“<em>Soy canto apagado hay aplausos en las calles alcanzo a ver pancartas con mi foto”</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0642d1d6e779b3dd814c69034e1fa1b8">Esta es una novela donde el relieve está en defender la vida, el coraje en la denuncia escrita y la memoria como el acto político literario. Hay un preciso trabajo entre literatura y memoria. La memoria, para conservarse en el seno de una sociedad, adviene como relato, y esa narración necesariamente tiene un sujeto que rememora. “La mujer que no está” nos lleva a un planteo ético qué hacemos con los que han sido víctimas, en este caso de un femicidio. Recordé a Paul Ricoeur y su concepto de “deber de memoria”. Ricouer plantea que “debemos a los que nos precedieron una parte de lo que somos”; este es un concepto al que nos invita a reflexionar el deber de memoria al acto rememorativo. La justa memoria es un logro futuro con el que tenemos el deber ético y jurídico de comprometernos. El relato literario puede volver a experiencias anteriores y mostrarlas siempre disponibles y susceptibles de ser significadas de nuevo. Quizá esta es la invitación renovada, novelada en la apuesta singular de María de los Ángeles Fornero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72da54a095d01ac000fc17a675e7c1c0">La novela está inspirada en el femicidio, caratulado como desaparición de Mariela Bessonart en el 2005. Transcurrieron 18 años, sin novedades, pero con la lúcida búsqueda de que este libro la trae y no solo a ella, sino a cada una de las víctimas que nos faltan.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b36b679e9d388a6b22669edebb739b0">Córdoba, 30 de octubre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9065b0c23d2ef1e93473275e7cf0c9ec">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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		<title>NANINA: LO DESFAMILIAR NOVELADO &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Feb 2025 03:16:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Germán García]]></category>
		<category><![CDATA[Nanina]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Piglia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La memoria colectiva de un pueblo está en los relatos y las novelas. Recordando la gran amistad que tenían Germán García y Ricardo Piglia, la autora de este artículo nos habla de un nombre recuperado, de un libro secuestrado: Nanina.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/nanina-lo-desfamiliar-novelado-por-yael-noris-ferri/">NANINA: LO DESFAMILIAR NOVELADO &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3ece6b91257e87a26632e761000ffff3"><strong><em>La memoria colectiva de un pueblo está en los relatos y las novelas. Recordando la gran amistad que tenían Germán García y Ricardo Piglia, la autora de este artículo nos habla de un nombre recuperado, de un libro secuestrado: </em>Nanina<em>.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f6ea289e95a8d79d0966aaa0f29c51c"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:56px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-655a274b448aaf0473788cdefb56750f">“<em>¿Quién empezaría así? Uno que huyó de la casa paterna, mientras esperaba</em><em></em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd8538a4ba2950f72e3aad67d9ef562c"><em>el tren, con el deseo de alcanzar la eternidad de la poesía, con la desolada</em><em></em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-937454f7bd68aab4e3314c82c93b2a36"><em>decisión de convertirse en nadie para sus padres y en alguien para los otros”</em><em></em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-821737a1a9066d3de3993f152719be74"><strong>Miserere. Germán García</strong></p>



<div style="height:57px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb3b054fbbf8324faebc80a1b94182a7">En Argentina durante la dictadura militar se realizó una quema de libros, la <em>bibliocastía</em>, práctica hitleriana que se excusaba en la purificación del orden ciudadano. Mi ciudad, Córdoba, fue centro de dos grandes fogatas públicas. La primera se realizó el 2 de abril de 1976 en la escuela secundaria comercial Manuel Belgrano. Ese día el interventor Carmelo Barceló recorrió la biblioteca, seleccionó 19 libros (entre los autores estaban Marx, Engels, Margarita Aguirre, Godio y Martí) y procedió a quemarlos en el patio a la vista de numerosos estudiantes como testigos. La segunda gran fogata se produjo el 29 de abril, Menéndez ordenó la quema colectiva de libros que habían sido secuestrados de bibliotecas, colegios y universidades en los días previos. No sabemos cuántos libros se quemaron, o cuántos se secuestraron, o cuántos se enterraron. El valor del número no se halla en la cantidad, sino en el repudio de la práctica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e15a60343adb66aec42460acbae6a776">La memoria colectiva vino al rescate de los libros de la mano del editor y escritor Ricardo Piglia. Se publicará entre 2011 y 2015 con una serie a la que se llamará “serie del recienvenido del Fondo de Cultura Económica”. Su operación será sacarlos de la hoguera o ponerlos bajo la lupa del lector. Recupera obras que tras su primera publicación fueron ignoradas, censuradas u olvidadas por el canon que estableció una casta de intelectuales vinculados, abierta o tácitamente, al poder. Piglia zurce tal ruptura a través del prólogo que antecede a cada uno de los textos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-92c457498ce30a2f3f9fde994c701b88">En la serie encontramos: <em>Río de las congojas</em>, de Libertad Demitrópulos; <em>Cuentos Completos</em>, de Ezequiel Martínez Estrada;<em> Minga</em> de Jorge Di Paola; <em>&nbsp;La educación sentimental de la señorita Sonia</em> de Susana Constante, <em>En breve cárce</em>l de Silvia Molloy; <em>La muerte baja en el ascensor</em> de María Angélica Bosco;<em> Oldsmobile</em> de Ana Basualdo; <em>Vudú Urbano </em>de Edgardo Kozarinsky; <em>Cavernícolas</em> de Héctor Libertella, <em>Gente que Baila</em> de Norberto Soares; <em>Hombre en la orilla</em> de Miguel Briante y está que elegí para hoy <em>Nanina</em> de Germán García.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="471" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia.jpg" alt="" class="wp-image-14742" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia.jpg?v=1739329991 720w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia-300x196.jpg?v=1739329991 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia-223x146.jpg?v=1739329991 223w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia-50x33.jpg?v=1739329991 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia-115x75.jpg?v=1739329991 115w" sizes="auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ricardo Piglia y Germán García.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ac6a0f759991ea6ec24fa01d4a0ec92">Ricardo Piglia escribe en el prólogo de <em>Nanina</em>: “Aquí lo que se narra es la épica de estar lejos de casa, perdido en el mundo; no hay rebeldía adolescente o inversión de valores, sino un escape hacia el lirismo, la sexualidad y la fantasía. En <em>Nanina </em>—como en <em>El juguete rabioso</em>— la literatura es la tabla de salvación, lo que se escribe y el descubrimiento del poder del lenguaje, permiten desoír el oráculo familiar, las determinaciones sociales y el destino heredado. Esa aspiración a la fuga le da al libro una euforia narrativa que seguramente fue lo que percibieron los censores cuando lo prohibieron en 1968”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a7752f6ec84586a72f5e84373d86a334">La memoria colectiva de un pueblo está en los relatos. Las novelas nos posibilitan pensar que el número puede ser reemplazado por el nombre como una operación de rescate. Ricardo Piglia nombraba a Macedonio Fernández como el “clásico imposible”. Su trabajo como lector y escritor marcó una y otra vez asuntos a cerca de la figura del autor, sobre su obra, la forma de publicarla y los modos en que se la leía. Todos esos elementos eran, según él, parte de la misma obra. La marca de enseñanza macedoniana que Piglia aprendió y explotó destaca que no existe un solo modo de hacer literatura. En ese sentido la <em>Serie del Recienvenido</em> parte de la obra de Piglia, otra forma de contar su historia. De esta obra y recordando la gran amistad que tenían Germán y Ricardo, hoy puedo hablar de un nombre recuperado, de un libro secuestrado: <em>Nanina.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b2547ccf6cbfdb26e63d8993f6855737">¿De qué se puede acusar a un escritor y su obra para prohibirlo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7111f3ac6bf1926cf42c1066a5761384">El secuestro fue realizado en las librerías porque decían que la novela ofendía a la moral pública, por el uso que hacía del lenguaje coloquial en la sexualidad y por incluir declamaciones de tipo anarquista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60a8a3e0300b6f9e1bdcf9c375ecdeac">Mi primer vector de lectura descubre la obra como una novela de desfamiliarización. La novela habla sobre el fin de la niñez, el descubrimiento del mundo adulto y la juventud del protagonista. Es la novela de un chico mutilado cuya resurrección precaria no suele ser la norma sino la excepción. El entorno del mundo adulto transcurre entre lo familiar y la presencia de un padre que describe así:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0354adcf5a66d981c5033908086fafb5">“Papá quería un camino donde la memoria no se anule, para olvidar las cosas avergonzantes, un camino que no tuviera vergüenza ni martirio: sólo infancias de hombres”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d323a5ad1008fbf635c1a50eaca1a4c">Y lo familiar transcurre en la vida pueblerina de Junín: “…Hablamos de Junín,</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ff7fe730dc9952f13f70fae6ec5b4fd">—¡Gran pueblo! —Dijo él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a566a4d88f958643d0fce8f8744cb0c6">Yo dije:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a321e461036d56b15c1a469279f28192">—Pueblo chato, pueblo-pueblo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a64e5dd6f9979d9a5689862fe620c808">Un padre con esbozos de locura, acompañado por el retrato de una madre apática que amaga envenenarse, que compra fiambre enmohecido y soporta los golpes de su marido, el hermano encarcelado y la abuela prepotente y cínica, se componen en una crítica despiadada a la institución familiar.</p>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="718" height="1012" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia.jpg" alt="" class="wp-image-14740" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia.jpg?v=1739329909 718w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia-213x300.jpg?v=1739329909 213w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia-104x146.jpg?v=1739329909 104w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia-35x50.jpg?v=1739329909 35w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia-53x75.jpg?v=1739329909 53w" sizes="auto, (max-width: 718px) 100vw, 718px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Germán García</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d22c65633833fcb4985b8ef8f3528135">Uno de los grandes aportes de Lacan al psicoanálisis es que “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”. Entender que el sujeto en su constitución es hablado por el otro. Esta es una posible lectura que invita a realizar el psicoanálisis como discurso. Existe esta primera lengua familiar. Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia, que nos habla. Y este “nos”, subraya Lacan, debe entenderse como un complemento directo, en el sentido de que somos hablados por nuestra familia en esa trama de discursos que llamamos destino.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6edd6ddbd97be2c439dfdcf87fbf715c">¿Cómo sortear esa lengua-destino?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0e82841474b839729930d8b5318a61fe">¿Cómo saltar esa soga para entrar a otra cosa?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3d52b53b6c34d8ba7b883bfc7938439">&nbsp;Por allí transita <em>Nanina</em>, para desfamiliarizarse de una condena familiar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4c81eb041cec0f02aca77385d412ca02">El padre del protagonista trabaja en un taller, un destino al que se verá condenado él mismo cuando termina la primaria: “Veo desde mi puesto al flaco cuidándose las manos. Los pocos pelos engominados, las herramientas envueltas en un trapo, el mameluco impecable y su lugar de trabajo que más que una máquina de rectificar bujes, por la limpieza, parece una peluquería para damas. Y ya no me gusta más la máquina (…) y cada día niego, lo que de la misma manera había afirmado en los primeros dos años y veo los mamelucos, ya sin cara, ya con caras que no me gustan, apretados contra los tornos, los guinches, las piedras de esmeril, las rectificadoras y tengo ganas de escapar”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8be0aab351ec31c8e4d40e49f9f9375b">Escapar hacia la escritura, un protagonista que se avergonzaba de las manos con grasa y deseaba vestir las manos con manchas de tinta, de polvo de tiza. De manera simultánea aparecen el protagonista y el autor mostrando la pasión por construir un escritor: “Imaginaba un poema y lo borraba en la cabeza misma. Imaginaba un cuento y anotaba el comienzo, la parte del medio y el final en un papel. Luego, si lo escribía, era de otra manera, pero la mayoría de las veces metía los papelitos en la mesa de luz hasta que eran tantos que los domingos de limpieza terminaba por tirarlos por la ventana de mi pieza a la calle”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5d2d4edd64ae973d91c26ef7162fe974">En una entrevista que se le hace a García respecto a su deseo de escribir, responde: “siempre me acuerdo de Henry Miller, en los bares me enseñó a sacar agua de las piedras. Si no tenés qué escribir, escribís: ‘no se me ocurre nada’. Sacar algo de nada…”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8f2fcd615d77f0dc63f68a4731f297ac">En su texto <em>La familia del Otro</em> Miquels Bassols considera que “un análisis es una «desfamiliarización» de lo más familiar”, atravesar lo que nos ha constituido, desfamiliarizarse consigo mismo, y eso es “encontrar en su historia lo que no se justifica por su mito o por su fantasma familiar”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-caba908b2a39b3c66aa27f300dd12efc">Un poeta que sale de la lengua materna, de la lengua familiar y hace pasar ese trauma por la lengua de la literatura. Esa es la operación que destaco de este escritor. Desfamiliarizarse del destino marcado, traicionar la primera lengua.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-665ce7468c0b65e20cc04ab919d3e4d3">La consecuencia lógica con la que se topó el psicoanálisis freudiano fue también desfamiliarizar al sujeto, cuando se percató de la extremada alienación que a finales del siglo XIX y toda la primera mitad del XX se le exigía a todo sujeto: conservar el patrimonio, ser igual que los padres, repetir sus <em>patterns</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fcd376e34f1f1f1179a8109c833d4f68">Ya sea por la lengua de la poesía o por la lengua del psicoanálisis, Germán salta la estereotipia de <em>la lengua</em> familiar haciéndose un lugar de enunciación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-54217796bdda5bbbf57228988aa9a2bf">García intenta responderse, a la pregunta: ¿cómo se hace para olvidar lo traumático de la muerte de un padre?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce97e9a9e7f56c735ac67e35530f13dd">La posible solución que encuentra es un efecto de escritura. Se vela a través de la escritura, se cuela su sentido, novelarlo, contarlo y volverlo a contar de todas las maneras posibles. Pero tal vez lo más importante, quitarle el sentido traumático. El problema con el sentido es que “el sentido siempre es religioso”; siempre que se da sentido a la vida, a la existencia, al síntoma mismo, se hace religión, por eso la cura analítica, el psicoanálisis, no apuntan al sentido, sino a reducirlo, es decir, a ese real que señala un sinsentido en el sujeto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ac6759a843b3c34d8ce0e4ff36c9da9"><em>Nanina </em>es denunciatoria, rompe el canon literario del clásico cuento de Borges en los años 60. Se sabe que Germán no venía del círculo de la literatura clásica, pero esto no impidió que su estilo se destaque en la época. La utilización de un lenguaje coloquial, lo desacartonado de los diálogos, destacan una diferencia. Arman un estilo, es decir, esa marca significante en un cuerpo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3c5fc5e6309eaf87cff62afc6deb910e">La primera edición de <em>Nanina</em> data de agosto de 1968. En ese tiempo Germán García fue condenado a dos años de prisión, pero su abogado Bernardo Beiderman logró reducir la condena a seis meses, con la prohibición de salir del país: “Estaba orgulloso porque decía ‘República Argentina vs. Germán García’, me parecía bárbaro (risas)”, comenta en un reportaje en la revista <em>Acheronta</em> (2001). Rebelde frente a lo moralista, el mismo García contesta a dicho proceso con otro libro: <em>Proceso a Nanina</em>donde criticaba con nombre y apellido al juez y al fiscal operante. Jorge Álvarez lo publicó en la colección “Narradores”.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd2a56d6b2cd2bac17d2095f67893469">Córdoba, 12 de febrero de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9065b0c23d2ef1e93473275e7cf0c9ec">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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