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	<title>Gabriel Rodríguez Molina archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Gabriel Rodríguez Molina archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La música de la oscuridad &#8211; Por Gabriel Rodríguez Molina</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Nov 2019 17:22:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gabriel Rodríguez Molina]]></category>
		<category><![CDATA[Cantos oscuros día cruele]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Vicente Zito Lema]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En su último libro “Cantos oscuros, días crueles”, Vicente Zito Lema desgarra el silencio para cantarle a la crueldad, madre de toda pobreza. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-musica-de-la-oscuridad-por-gabriel-rodriguez-molina/">La música de la oscuridad &#8211; Por Gabriel Rodríguez Molina</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>En su último libro “<em>Cantos oscuros, días crueles”,</em> Vicente Zito Lema desgarra el silencio para cantarle a la crueldad, madre de toda pobreza. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Gabriel Rodríguez Molina*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En su último libro <em>Cantos oscuros, días crueles</em> (Ediciones La Cebra, 2019) el poeta dramaturgo y periodista hace un guiño directo a la apocalíptica obra que renovó la poesía francesa del siglo XIX, <em>Los cantos de Maldoror</em> de Isidore Ducasse (el El conde de Lautrémont). Obra que ha sido inspiración para varios escritores por su lírica crudeza y manifiesta crueldad y que ahora también sopla a través de Zito Lema. Pichón Riviere dijo alguna vez sobre Lautréamont, que al igual que Rimbaud, había sido tomado por el sufrimiento, la aventura y los cielos lejanos. Son esos mismos cielos los que en el último libro de Zito Lema cobran una presencia omnipresente, como si se formara, poema tras poema, la médula que hila delicadamente cada fragmento. Cielo lejano, crudo, litúrgico, bíblico, el que plasma Zito Lema. Un cielo, el de Zito Lema, repleto de fantasmas que circundan el misterio y la tristeza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El libro empieza con una frase sencilla y oscura “Aquí en estos días, que de vivir, morimos” y luego da paso al primer fragmento <em>La ciudad del malolvido </em>donde se intuyen las primeras impresiones: Zito Lema escribe de pie. Escribe clamando por la redención del oprimido. Vicente abre un tajo de negrura, un orificio por el cual gotea la crudeza de la oscuridad y a la vez, su contradictoria belleza. “La ciudad fue bautizada con sangre de niños.” “La ciudad ya no camina el alba” dice.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Zito Lema escribe con la última voluntad del hombre al cual le arden las cicatrices que lleva en la memoria. Cicatrices de las cuales exprime la sangre de la belleza “Desde las livianas músicas del río de piedras en el verano/desde su esquina arbolada que alienta los jóvenes besos/aparece sin daños la belleza/ la belleza no es humana.” Caen sentencias poéticas como goterones en la oscuridad que aclimata el tejido de estos cantos. El ritmo aparece en la repetición, en el acento. Y nace la pregunta como hueso, como médula nutricia. “¿Quién escribirá las últimas palabras?” “¿Alguien se sentará a la vera del jardín agreste para ver cómo crece el duraznero?”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La poesía de Zito Lema evoca el diálogo entre la belleza y la muerte, nace de esa tensión entre la que camina el ser. Y de allí exuda la extrañeza de lo cotidiano o lo absurdo que se sale de la exclamación para desanudar la acumulación de lo oscuro. En <em>La ciudad del Maldolor</em> segundo fragmento del libro, aparecen en contraste el mundo de la luz y el de las sombras y otra vez el cielo, la cruda sentencia y la interrogación forjando la carne del libro “Sonámbula se anuncia la mañana/la perfección del cielo se permite una nube pesada.” “La memoria es peor que la muerte” “¿Qué narran los pájaros de mil alas si arremete la lluvia con su puñal mientras ellos cantan?”. Y retorna a aquella sensibilidad que solo puede ofrecer la naturaleza: “Los árboles que rozaban el cielo eran la noche” o “el cielo se abre… el río se desnuda.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> ¿Qué representa el cielo para el poeta? ¿Es un horizonte? ¿Es el vacío? ¿Es la idea platónica de la eternidad? ¿Es una simple tela donde proyecta sus sueños? Se desprende de <em>Cantos oscuros, días crueles</em> la esencia de la liturgia, de la ceremonia del canto que parece venir de las voces ausentes que son invocadas, se percibe el veneno de la calle, del tiempo, de la muerte, del dolor, de la injusticia. Aparece la villa, el lugar donde no hay mieles, donde “La única ley es no morir.” y “la muerte viste con andrajos”. Tras algunos poemas crudos y explícitos se puede decodificar el mensaje del poeta: La noche anuncia la muerte que se llevará consigo almas que no entrarán al cielo por haber sufrido la pobreza. Quién cargará el sudario sobre los párpados caídos de los jóvenes cuya vida se ha llevado la noche ¿El poeta? ¿Es la poesía una forma, aunque inútil, romántica, necesaria, de nombrar a aquellos que han nacido muertos y cuyos nombres nadie dirá nunca? ¿Le pertenece al poeta ese deber social? ¿Le está permitida esa clarividencia? ¿Ese rezo? Ante estas preguntas Vicente Zito Lema prefiere el grito antes que el silencio y concluye estos cantos con una visión lumínica que se asemeja a la que declaró Platón al decir “De noche, especialmente, es hermoso creer en la luz”, anunciando así una posible resurrección; escribe Vicente “La noche que amenaza eterna puede ser la víspera del día”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.topia.com.ar/sites/default/files/styles/medium/public/vicente_zito_lema.jpg?itok=zHUGWZYB" alt="Resultado de imagen para “Cantos oscuros, días crueles” vicente zito lema" /></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>Retrato de Vicente Zito Lema por Luis Felipe Noé</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Luego nos encontramos con <em>Cantos proféticos</em> escritos en prosa poética, donde la profecía (del griego <em>φαινος</em>, aparición) impregna de imágenes la ciudad que antes ha sido descripta. “Ese niño del hambre, esa luz sacrificada del hambre, con su boca bien abierta en plena desmesura del espanto que devora en la cresta de las aguas primero sus huesos, pobrecito, y más tarde su alma… todavía irredenta, dicen en los cielos, cuando el crespúsculo se cierra.” Y un dejo de sabiduría que se imprime de a frases breves que se camuflan en la prosa de los cantos, por ejemplo “Así andamos. Tratando de escuchar las músicas que aún no han nacido.” Y otra vez la pregunta que tensa “¿Alguien imagina a los dioses del amor llorando?” o “¿Solo se interroga lo que el alma sabe?”. En la profecía el poeta encuentra su fuente y espera que de ella se desprenda una sombra que lo proteja de su propio rostro frente al espejo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En <em>Cantos de las palabras y los perros de la noche</em> se percibe otra conciencia, otra búsqueda que sin apartarse del lenguaje que ha construido, toma otra musicalidad, otro ritmo para sondear territorios filosóficos que atraviesan a la –palabra- como idea (desde el punto de vista, si se quiere, platónico). Un canto oportuno que formula una pausa necesaria, como cuando amaina la tormenta. «Hay palabras que nacen como el recuerdo de la eternidad» dice, posicionando a la palabra como memoria y como origen, sintetizando: La palabra como alma. La palabra como fuente de sentido del dolor de una identidad que se afirma en el grito, una palabra que sostiene a un pueblo; la palabra como la voz del sueño y del delirio, como artificio, como cuchillo que limpia la tristeza. La palabra como la herramienta que evoca la belleza para llenar los vacíos de la historia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Llegando al final están <em>Los cantos del espanto</em> donde se acentúa la condición litúrgica y la relación entre la poesía y la pobreza, entre la verdad y el dolor, se lee: “Se busca que el niño pague/por el hombre que mató/quién pagará por el niño/que matando ya murió.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por último, algo que resume las preocupaciones que han movilizado a Zito Lema durante toda su vida: <em>Los cantos del mal, el dolor social y la locura.</em> Se lee un Zito Lema más reflexivo. Como si escribiera con la energía que ha quedado en el aire tras el extenso diluvio. Como si de esa calma aún se pudiera extraer algo del perfume del mal. Dice el dramaturgo “Un cuerpo sin alma es más triste que un alma sin cuerpo”, “Siento venir el oro del alba/preparo mi corazón en el lecho del río”, “Yo no purgo. Yo no me sirvo de los cielos. Yo no necesito musas para mis cantos. Yo no tengo entrañas.” Ya en las últimas páginas aprovecha para dedicarle un poema a Aldo Pellegrini (escritor surrealista autor de <em>La valija de fuego</em> entre otros) y cristalizar aquellas vibraciones que han dejado las rapsodias de la pobreza, dice el poeta, para despedirse, como si esa frase sintetizara la intención de los cantos, como si la tormenta pudiera condensarse en una sola gota que cae, como una lágrima, de sus ojos: “Perdón para mí, que sin piedad puse música en lo atroz”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 30 de noviembre de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>* Narrador, cronista, poeta y dramaturgo. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em><em>Publicó -El despertar de los ojos glaucos- -Lágrimas de un pájaro- y –Un cielo que llaman muerte. Forma parte de la Antología de poesía Contemporánea Latinoamericana (Buenos Aires Poetry). Participó en la residencia 2019 del TACEC (Teatro Argentino Centro de Experimentación Contemporánea). Trabajó en la Clínica Final de Obra (auspiciada por la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires) con su novela -Ensayo sobre la intimidad- bajo la tutela de Fernanda García Lao. También ha escrito La sed y Severino -sobre la muerte de Severino Di Giovanni- Un gato en un almacén extraño, Tracción a sangre (Novelas), El descanso de los animales (Cuentos) y La máquina Audivert (Crónica &#8211; Ensayo). Estudió dramaturgia con Mauricio Kartún y es cronista en el Teatro Estudio El Cuervo dirigido por Pompeyo Audivert. También ha escrito las obras de teatro Civilización (Sainete), La calle de los naranjos (Una alternativa a la masacre de León Suárez), La venganza (continuidad de Las Troyanas de Eurípides). Colabora en el suplemento cultural del Diario El Día. </em></span></p>
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		<title>Poéticas del encierro &#8211; Por Gabriel Rodríguez Molina</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Jan 2021 19:18:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gabriel Rodríguez Molina]]></category>
		<category><![CDATA[Artaud]]></category>
		<category><![CDATA[Fijman]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Pizarnik]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si Bachelard planteó en su Poética del espacio la condición natural que ocupan ciertos lugares, por ejemplo, los altillos, dentro de la cartografía emocional de las personas en relación a la introspección sensible ¿Qué imágenes se mantienen solapadas, ocultas, en los calabozos, en las salas de electroshock, en los pabellones, en los patíbulos y en los cadalsos?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><em><strong>Si Bachelard planteó en su Poética del espacio la condición natural que ocupan ciertos lugares, por ejemplo, los altillos, dentro de la cartografía emocional de las personas en relación a la introspección sensible ¿Qué imágenes se mantienen solapadas, ocultas, en los calabozos, en las salas de electroshock, en los pabellones, en los patíbulos y en los cadalsos?</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Gabriel Rodríguez Molina*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Siglo IV a.c. Esquilo escribe su Prometeo Encadenado. El titán es apresado por robarle el fuego a los dioses y llevárselo a los mortales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1398. El poeta catalán Bernat Metge escribe su obra maestra <em>El sueño</em> en el hedor del calabozo, acusado de complotar para la muerte de Juan I. Describe entonces un encuentro onírico con Orfeo, el más alto poeta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1456. François Villon es condenado a la horca. Su cuello, horas antes, empieza a retorcerse de amargura. Escribe <em>La balada de los ahorcados</em>. No lo ejecutan.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1777. Sade es arrestado. Desfilará toda su vida por los largos y soledosos pasillos de la cárcel. Esperará la guillotina sin que el filo se pose sobre la yugular y será llevado más tarde a un asilo para locos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1849. Fiódor Dostoyevski es condenado a muerte por conspirar contra el Zar. Le cubren los ojos frente al pelotón de fusilamiento y lo empujan hacia el paredón congelado. Los oficiales se relamen y se ríen hasta que llega un jinete que en un papel ofrece el indulto. Él, por dentro, se siente fusilado. De allí nace <em>La casa de los muertos</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1862. Victor Hugo toma la figura del delincuente Eugène-François Vidocq para trazar <em>Los Miserables</em> y oponerse a la pena de muerte. El personaje principal vaganbundea y se pregunta por el bien y el mal “<em>Se preguntó si era justo que la sociedad tratase así precisamente a aquellos de sus miembros peor dotados en la repartición casual de los bienes y, por lo tanto, a los miserables más dignos de consideración</em>” nos dice.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1897. Oscar Wilde, en la cárcel, acusado de sodomía y de mantener estrecha amistad con los hombres, escribe <em>The Profundis</em>. Una carta al amante que nunca llega. La imagen de una espera frágil y viril. En su soplo se escucha la más cruda soledad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1921. Jacobo Fijman es llevado por primera vez a Devoto para ser luego trasladado al Hospicio de Las Mercedes. Sus años se irán alargando junto al misticismo que siempre lo envolverá y el calor de su molino que lo abrigará en una larga (y quizá perfecta) letanía que lo encontrará en el manicomio por más de treinta años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1931. El anarquista Severino Di Giovanni no llega a escribir su último poema en el calabozo dónde esperó su muerte, como tampoco pudieron hacerlo Dalton, Lorca o Heraud.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1939. Artaud entra en un manicomio. Por su cabeza pasan los cables y el electroshock. Le escribirá luego cartas al director del hospital luego de haber soñado con Van Gogh, que antes, en la habitación de un asilo no tan distinto, le ha escrito a su hermano pidiendo dinero y contándole como se pasan los días en una habitación preparada para el olvido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1946. Ezra Pound es internado en el hospital de St. Elizabeth por traición a la patria. Lo declaran loco para evitarle la pena de muerte. Allí lo visita, de vez en cuando, Williams Carlos Williams. Él, con los labios gastados, con su barba blanca que oculta la piel que se ha ido desgastando, le pregunta <em>¿Estamos reducidos a ser los idiotas desvariados en la penumbra de un humor crepuscular por ser poetas? </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1971. Alejandra Pizarnik, durante la estadía en el Hospital Pirovano, escribe sobre la sala 18, allí, desenfrenada y lírica, escupe con su estilo filoso todo su canto.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-6798 size-full aligncenter" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/01/panoptico.jpg" alt="" width="640" height="480" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/01/panoptico.jpg 640w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/01/panoptico-300x225.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/01/panoptico-195x146.jpg 195w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/01/panoptico-50x38.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/01/panoptico-100x75.jpg 100w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces ¿Qué clase de energías emana el cautiverio?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si Bachelard planteó en su <em>Poética del espacio</em> la condición natural que ocupan ciertos lugares, por ejemplo, los altillos, dentro de la cartografía emocional de las personas en relación a la introspección sensible ¿Qué imágenes se mantienen solapadas, ocultas, en los calabozos, en las salas de electroshock, en los pabellones, en los paredones de fusilamiento, en los patíbulos y en los cadalsos?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué voces gimen dentro de esas paredes oxidadas?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Será la fragilidad que suscita el encierro lo que hace que estos ruiseñores canten tan fuerte?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Será el metal de la jaula una partícula más en la composición del canto?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Hace brotar el encierro, acaso, toda la pasión, la sustancia épica?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿O es el silencio, ese silencio sabio como el de las sirenas –como anhelaría Kafka- el que empuja la sangre hacia el corazón de las almas e inerva con sus ramas los subsuelos donde aquellos marginados han caminado a la sombra de una realidad que los ha expulsado de su paraíso?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Será que desde allí parte de su pluma sintió alivio?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Será que allí, en esos escombros, pudieron desprenderse de sus máscaras para que las manos trazaran su nervadura al compás de un éxodo que buscaría la belleza?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Será que esa música oscura y jadeante, con su fuerza erosiva y asfixiante, es necesaria?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Por qué necesitamos rozar los bordes para responder al instinto voraz de escribir a toda costa y así expresar a caso todos los dolores que aquejan el alma?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Si la locura es el reverso de la soledad –como dijera Abelardo Castillo- que aloja el reverso del encierro?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Olvido? ¿Poesía? ¿Fe? ¿Fantasmas? ¿Muertos?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Son los muertos los que hablan a través de ese cuerpo olvidado?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Son todos los que antes estuvieron allí, en ese mismo lugar, pudriéndose, viendo pasar las horas del otro lado de las rejas?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Son ellos los que jalan las cuerdas del campanario de dónde vemos emerger, ahora, el vuelo de las palomas que migran sin que nadie las vea hacia las tierras más altas y más desiertas?</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 2 de enero de 2021</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Gabriel Rodríguez Molina (1995, La Plata, Buenos Aires) es narrador, cronista, poeta, letrista y dramaturgo. Estudia Medicina y Filosofía en la Universidad Nacional de La Plata. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Publicó los libros <em>El despertar de los ojos glaucos</em>,<em> Lágrimas de un pájaro</em>,<em> Un cielo que llaman muerte, Me necesitan las flores me necesita el silencio y Severino (Libro publicado por la Ed. Sudestada cuya adaptación teatral se estrenará durante el 2021)</em>.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Participó de la Residencia para artistas del TACEC (Teatro Argentino Centro de Experimentación y Arte Contemporáneo) y formó parte de la Antología de poesía Contemporánea Latinoamericana (Buenos Aires Poetry). Trabajó en la Clínica Final de Obra (auspiciada por la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires) con su novela <em>Ensayo sobre la intimidad</em> bajo la tutela de Fernanda García Lao. Estudió dramaturgia con Mauricio Kartun y fue cronista del Teatro Estudio El Cuervo dirigido por Pompeyo Audivert.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el transcurso del 2020 grabó <em>Güor. Cantata del Museo Sepulcro</em>, homenaje al Cacique Ranquel Mariano Rosas, obra de la cual es autor. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Escribió también <em>Poemas de amor locura y muerte </em>(poesía)<em> Nueve Tumbas</em> (cuentos, a editarse en el 2021), <em>La máquina Audivert</em> (anti crónica) y las obras de teatro<em> Duelo Criollo</em>, <em>Arlt: el poeta en las nubes</em>, <em>La vida puerca </em>y <em>Desiertos los bosques sagrados</em> (Continuidad de Las Troyanas de Eurípides). </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Colabora con el Diario <em>El Día</em> de La Plata y con las revistas Ágrafos (Washington D.C.) y Buenos Aires Poetry (Buenos Aires). </span></p>
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		<title>Hegel: 5 indicios sobre poética &#8211; Por Gabriel Rodríguez Molina</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/hegel-5-indicios-sobre-poetica-por-gabriel-rodriguez-molina/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Apr 2021 19:50:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gabriel Rodríguez Molina]]></category>
		<category><![CDATA[Hegel]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Poética]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“La poesía es la primera forma bajo la cual el espíritu llega a la verdad” enuncia Hegel en su olvidado libro –Poética-.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/hegel-5-indicios-sobre-poetica-por-gabriel-rodriguez-molina/">Hegel: 5 indicios sobre poética &#8211; Por Gabriel Rodríguez Molina</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>“La poesía es la primera forma bajo la cual el espíritu llega a la verdad” enuncia Hegel en su olvidado libro –Poética-.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Gabriel Rodríguez Molina*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu si no chocaran con el destino, esa vieja roca muda.</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Hölderlin</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li><strong><span style="color: #000000;"><em>“La poesía es la primera forma bajo la cual el espíritu llega a la verdad”</em></span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hegel ante todo era un poeta. Un ser sensible abierto a las influencias de la poesía, abierto al cauce sensible que la poética teje para hacer pasear al espíritu por los lugares más desconocidos, más bellos y más extraños. Por eso Hegel, curioso en esencia, intenta encargarse, percibir algo (la parte domable, digamos) de su propia experiencia poética, no olvidemos todas sus amistades y sus inicios como poeta, como tampoco podemos olvidar el vínculo primigenio que existe entre la poesía y la filosofía, dos monstruos que formulan preguntas, dos animales que ponen la interrogación frente los pasos del ser, es decir, dos formas de llegar a los abismos, a los bordes de lo real, dos formas de habitar los límites que nuestro propio cuerpo o nuestros propios ojos nos imponen.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<ol style="text-align: justify;" start="2">
<li><strong><span style="color: #000000;"><em>“La poesía es más antigua que el lenguaje” </em></span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> ¿Cómo llegar entonces a rozar algo del alma, porque Hegel cree en el alma, si no es a través de la bello? Para eso es que plantea en su libro <em>Poética</em> las condiciones que percibe él no pueden faltar en cualquier intento que tenga uno para iniciar su camino en la poesía, lo que es lo mismo decir en el arte, en la práctica de preguntar, de confrontar el absurdo y, sobre todo, de confrontar las pasiones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> La poesía, como la filosofía, es una forma de la pasión, una manifestación que se vale por sí misma, una energía autónoma y libre que no depende más que de su origen para inquietar y atravesar al ser en su más enajenado contexto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La poesía, no como respiro o como válvula de escape sino la poesía como una forma de mirar al mundo, una forma de relacionarse con lo real, una forma de caminar, de preguntarse, de relacionarse con el otro, la poesía como la primera forma de hacer filosofía, eso es lo que plantea Hegel, la poesía como el movimiento mismo, no el fin, la poesía como el gesto, la forma de llegar a ese terreno llano que es el de no encontrar respuesta.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<ol style="text-align: justify;" start="3">
<li><strong><span style="color: #000000;"><em>“La poesía es el principio espiritual de nuestra naturaleza íntima”</em></span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En su libro <em>Poética</em> Hegel detalla y hace, como un cirujano, una anatomía comparada entre las diversas ramas de la poesía (lírica, dramática, épica) sustrayendo la esencia, ese exudado medular, esa columna vertebral que fue buscando en los rincones  de su biblioteca, en las pequeñas esquinas que presenta porque toda biblioteca esconde dentro de sí una ciudad y es en los  lugares más remotos, los más polvorientos y más olvidados donde Hegel encuentra pequeñas llaves que le sirven como talismán para formular su pensamiento.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<ol style="text-align: justify;" start="4">
<li><strong><span style="color: #000000;"><em>“En el interior de la poesía hay una existencia extraña” </em></span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En fin, estos breves indicios son apenas unos pétalos que se acercan a derramar su perfume en las finas praderas que teje el tiempo, y a la vez, son la invitación cordial que la poesía formula a través de los seres para no ser olvidada. Porque el ser necesita a la poesía, su espíritu en algún momento le pedirá formular esas preguntas, ansiarán esas manos tomar el cuenco para regar la semilla y espectarán sus ojos hasta ver el brote pequeño emerger de la tierra, gozará su alma al oler el perfume y elevará su voz en ese silencio íntimo que hará el cuerpo al experimentar esa frágil sensación de inmortalidad que tiene la persona al detenerse frente a la poesía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No debemos perder entonces el carácter íntimo ni la pasión por los secretos, ni olvidar el sentido musical de la vida que se distingue del pensamiento para doblegar la percepción finita con el martillo de la imaginación, porque como dice Hegel, es la imaginación lo que hace poético un tema y debemos inervarnos de esa imaginación para poder caminar las calles de nuestra vida con gracia, debemos convocar a ese signo desnudo para que oriente nuestra brújula en este teatro y creer en la verdadera sustancia de las cosas, en la potencia que anida en cada raíz que aún no vemos, en la sabia antigüedad que madura en nosotros mismos a través de ella, en la liberación a la que se acontece cuando uno se acerca y la toma para ir al hueso del espíritu, para perforar la piel y las palabras, la razón y la locura. Y Hegel lo hace, va desde el centro a la periferia, como si se tratara de un guía que va con el machete haciendo el camino desde el pulmón de la selva hacia las orillas donde esperan los barcos para la huida.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<ol style="text-align: justify;" start="5">
<li><strong><span style="color: #000000;"><em> “La poesía revela el alma, el sentido íntimo de las cosas, sus propios secretos”</em></span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero Hegel sabe que no es sin dolor, sin mordidas de serpientes venenosas ni rasguños de las ramas afiladas ni con el frescor de la infinita lluvia que saldrá. Porque se trata de estar a la intemperie, peleando con los impulsos más antiguos de la tierra, avanzando sin avanzar y caminando sin caminar, pensando en esa utopía que alguna vez alguien nos hizo soñar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recurre, entonces, Hegel, a su memoria más íntima y personal, convoca, para hablar de poesía a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Goethe, pero también va más allá y nos trae a Sófocles, a Eurípides, a Esquilo, a Aristófanes, al Antiguo Testamento, al Korán, a Salomón, a las sentencias áureas de Pitágoras, a Plauto, a Aristóteles, a Voltaire, a Calderón, a Hesíodo y a Parménides, a la Ilíada y a la Divina Comedia, a las Odas de Píndaro, a las poesías de Hafis, al Fausto, al Cid, al Hamlet.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esos son los pinceles que utiliza Hegel para pintar su autorretrato de lector y de poeta. Como si se tratara de una confesión estos nombres pasean en su <em>Poética</em> como si vivieran juntos en la misma manzana y se juntaran a la tarde a tomar el café con uno que se acerca tímidamente y arrima una silla en la mesa grande del bar. Porque allí, sostendrá Hegel, está la verdad, y eso es en definitiva lo que lo seduce a su poeta interior, lo que lo lleva a buscar en esa potencia misteriosa el encuentro desnudo con la verdad, y sabe que la única forma de llegar a su cita en el imperio de las sombras es la poesía. La siempre fiel poesía.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata,  10 de abril de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>*</strong>Gabriel Rodríguez Molina (1995, La Plata, Buenos Aires) es narrador, cronista, poeta, letrista y dramaturgo. Estudia Medicina y Filosofía en la Universidad Nacional de La Plata. Publicó los libros <em>El despertar de los ojos glaucos</em>, <em>Lágrimas de un pájaro</em>, <em>Un cielo que llaman muerte</em>, <em>Me necesitan las flores me necesita el silencio</em> y <em>Severino</em> (Ed. Sudestada).       </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Durante el 2019 participó de la Residencia para artistas del TACEC (Teatro Argentino Centro de Experimentación y Arte Contemporáneo) y formó parte de la Antología de poesía Contemporánea Latinoamericana (Buenos Aires Poetry).       </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Trabajó en la Clínica Final de Obra (auspiciada por la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires) con su novela <em>Ensayo sobre la intimidad</em> bajo la tutela de Fernanda García Lao y estudió dramaturgia con Mauricio Kartun.       </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el año 2020 grabó «Güor. Cantata del Museo Sepulcro. Homenaje al Cacique Ranquel Mariano Rosas» obra integral para orquesta de la cuál es autor.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Escribió las obras de teatro: Severino, el infierno tiene nombre (<em>a estrenarse durante el 2021</em>), Duelo criollo (sainete fundacional) Desiertos los bosques sagrados (Continuidad de las troyanas de Eurípides) y Arlt, el poeta en las nubes (pieza onírica en un acto).    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Actualmente colabora con el Diario El Día y con las revista Ágrafos (Washington D.C.) y La Tecl@ Eñe.      </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Redes:<a href="https://www.instagram.com/gaaborm/ https://www.facebook.com/gabriel.rodriguezmolina">  https://www.instagram.com/gaaborm/ https://www.facebook.com/gabriel.rodriguezmolina  </a></span></p>
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		<title>Libros: Invocación del guerrero &#8211; Por Gabriel Rodríguez Molina</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/libros-invocacion-del-guerrero-por-gabriel-rodriguez-molina/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Aug 2021 14:37:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gabriel Rodríguez Molina]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Felipe Noé]]></category>
		<category><![CDATA[Peste y memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Vicente Zito Lema]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En su última obra Vicente Zito Lema hace un raconto de su obra y con nuevos poemas canta como si invocara, al soplar el polvo que ha dejado el viento sobre las máscaras del tiempo, a su más preciada diosa: La memoria.  </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/libros-invocacion-del-guerrero-por-gabriel-rodriguez-molina/">Libros: Invocación del guerrero &#8211; Por Gabriel Rodríguez Molina</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>En su última obra Vicente Zito Lema hace un raconto de su obra y con nuevos poemas canta como si invocara, al soplar el polvo que ha dejado el viento sobre las máscaras del tiempo, a su más preciada diosa: La memoria.  </strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Gabriel Rodríguez Molina*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">S</span></strong>i, como escribió alguna vez el gran poeta alemán Goethe &#8211;<em>Un hombre ve en el mundo lo que lleva en su corazón</em>&#8211; el corazón de Vicente Zito Lema está hecho de pura memoria, la que pareciera conformar un músculo latente que el poeta ejercita desde la palabra acudiendo quizá a la vieja costumbre de los diálogos que perfumaban las tardes de los antiguos gimnasios griegos. Porque el poeta trae siempre al Otro, vuelve sustancia su carne, dialoga todo el tiempo con lo ausente, hace llaga de ese dolor y convoca a los gusanos del olvido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>¿Qué hiciste con el amor mientras el otro sufría?</em> Pregunta al inicio de este nuevo libro gestado desde el encierro (Peste y Memoria, Poéticas; Editorial Gráfica 29 de Mayo con obras de Luis Felipe Noé). Y esa pregunta golpea, en todo el libro, como si fuera una llave que entrega el poeta, acaso como si conformara, esa pregunta, una de las cuerdas que se tensan en la lira con la que luego, como el eterno Orfeo, deberemos pulsar para calmar al Cancerbero que se manifiesta página tras página en forma de hedor, de rémora, de oscuridad, de baldío, de sangre, de muerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La carne del olvido es descalcificada por el poeta con el escalpelo de la memoria que se viste de poesía con los harapos de la belleza: Hoy sabemos (dice Vicente) el silencio mueve los labios del espanto … la palabra abre el cofre donde los dioses encerraron esperanza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el umbral, entonces, que se teje entre la fuerza de lo ausente y la crudeza de la palabra, mezcla particular entre lo sagrado y lo profano que ha cultivado Vicente Zito Lema a lo largo de los años, aparecen los espejos, los monstruos, la peste. Y tras esas estacas, esos clavos que perforan los huesos, aparece siempre la sangre de la belleza ¿Alguien plantará flores para la mañana? Se pregunta ¿Quién moverá el cielo mañana? Insiste mostrando la estela de un futuro posible, tal vez un vestigio del hondo final: Aunque tiemble/como una bestia herida/siento que es una eternidad/lo que falta de la vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En ese jardín que muestra Vicente contemplamos entre las flores del mal los cardos del olvido, entre el perfume de la belleza las flores de la vida que levitan, invisibles, entre las reflexiones que, poéticas, se instalan como engranajes perfectos entre la oscura bilis que parece teñir el óleo: No dejes callar la música de tu corazón, susurra la voz del poeta, las nubes rojas son la sangre de los locos, detalla esa mano con aromas de hierba que traza palabra por palabra el esqueleto de un cuerpo insepulto. Pero el poeta no se cansa, se arremanga y sigue cavando el pozo que se ha propuesto, acaso para arrojar su propia voz y dejarla como semilla. Canta, el poeta, sin elevar la voz, pero con pulso preciso: El infierno está en la tierra, intuye. El cielo se detiene, enuncia. La poesía será hecha por todos los hombres, concluye, sintetizando su posición, dejando como una plegaria esa oración a orillas de un cielo al que le ha cantado con la invocación con la que los antiguos guerreros llamaban a sus más preciados dioses en los momentos más duros de la batalla.</span></p>
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<p><span style="color: #000000;">VICENTE ZITO LEMA: Peste y Memoria | Poéticas &#8211; Con obras de Luis Felipe Noé (Editorial Gráfica 29 de Mayo, <em>180 páginas</em>)</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 12 de agosto de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>* Narrador, cronista, poeta y dramaturgo.</em></span></p>
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