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	<title>Yo acuso archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Yo acuso archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Yo acuso, de Roman Polanski</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Mar 2022 20:53:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Román Keszler]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro y Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Roman Polanski]]></category>
		<category><![CDATA[Yo acuso]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En un presente asediado por la creciente y preocupante multiplicación de los discursos de odio, el film más reciente de Roman Polanski busca la enunciación autoral de una minoría para construir el alegato victimizante del “artista maldito” frente al escándalo que lo involucra por delitos sexuales. Con esta clave de lectura, Román Keszler hace una crítica “a contrapelo” de Yo acuso, reflexionando sobre las relaciones entre el autor y la obra y los conflictos entre ética y estética.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/yo-acuso-de-roman-polanski/">Yo acuso, de Roman Polanski</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>En un presente asediado por la creciente y preocupante multiplicación de los discursos de odio, el film más reciente de Roman Polanski busca la enunciación autoral de una minoría para construir el alegato victimizante del “artista maldito” frente al escándalo que lo involucra por delitos sexuales. Con esta clave de lectura, Román Keszler hace una crítica “a contrapelo” de Yo acuso, reflexionando sobre las relaciones entre el autor y la obra y los conflictos entre ética y estética.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Román Keszler*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Basta el nombre propio en los umbrales del film y, pocos segundos después, el semblante tembloroso del militar degradado; el vaho frío que sale de su boca mientras parten la espada; los símbolos arrancados del uniforme como una amputación sádica; todo el dramatismo y la terrible belleza del escarnio público del Capitán Dreyfus. Con sólo dos elementos que en seguida empiezan a formar una serie de paralelismos, <em>J&#8217;accuse</em>, el nuevo retorno de Roman Polanski, lleva a una zona incierta entre el cine y la vida. Desde que ese apellido célebre dejó de ser sólo el dato autoral que legitima un discurso y pasó a significar también la referencia de un escándalo –que incluye una condena por estupro y numerosas acusaciones públicas por abuso sexual– la controversia creció alrededor de la pregunta inagotable por las relaciones entre el autor y la obra. Con la decisión de traer al presente la historia del militar francés de origen judío injustamente degradado por el antisemitismo de la III República, Polanski elige prescindir del amparo que podía encontrar en la autonomía del texto, y va más allá. Consciente de las evocaciones que su nombre propio produce, el <em>auteur </em>explota las resonancias que recorren dos tramas separadas por más de un siglo: aquella zona de su biografía donde esa figura pública de cineasta franco-polaco de raíces judías recibe una sanción judicial y una social, por un lado y, por otro, la acusación fraudulenta por espionaje que humilló a Dreyfus y dividió a la sociedad francesa de fines del siglo XIX y comienzos del XX. El director de <em>El bebé de Rosemary</em> incita continuidades, estimula semejanzas y lejanos o cercanos parecidos, promueve entrecruzamientos –Polanski se inscribe también aquí con un fugaz cameo en la materialidad de su película–. Y lo hace con la forma y la mirada de una narrativa clásica, un revisionismo crítico y una estética de la decadencia. Si la cámara busca un punto de vista donde los hechos asomen desde la imparcialidad de lo neutro, revelando a Dreyfus como víctima de un entramado de intereses políticos y prejuicios racistas, el deterioro y la disfuncionalidad edilicia de las sedes institucionales y de sus funcionarios, componen una figuración cáustica, que denuncia el desinterés de la sociedad francesa finisecular por la verdad y la muestra posesa por esa otredad omnipresente en la cinematografía polanskiana: el Mal en la diversa vastedad de sus rostros, gruñendo, soltando baba y mostrando los dientes. Dreyfus encadenado a su cama en el cruel y solitario confinamiento del fin del mundo en la Isla del Diablo; Dreyfus insultado por una multitud enardecida hasta la sinrazón y escupido en las escaleras que lo llevan a un tribunal amañado; Dreyfus convertido en traidor y estigmatizado sin medida ni límite por testimonios falsos y pruebas engañosas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Delante de esa sucesión dramática y visual, que produce incómodos ecos entre la ficción y la no-ficción, el espectador se descubre como un protagonista perplejo y sorprendido de un juego de equivalencias que tiende a resignificar las historias enhebradas: la tragedia Dreyfus, la controversia Polanski. La mirada retrospectiva que <em>J&#8217;accuse</em> dirije hacia un hito de la historia de Francia revierte, entonces, exculpatoriamente sobre la discutida figura de Polanski. Como un filtro visual de la era digital, el Dreyfus de Polanski muestra una imagen mejorada del cineasta, del ciudadano franco-polaco, del hombre que porta el nombre propio en cuestión… del autor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En una hora donde los discursos de odio se multiplican, Polanski parece buscar para su pieza más reciente el lugar victimizante de una enunciación colectiva: la de una minoría que grite la exoneración del “artista maldito”, incluyéndolo en siglos de sufrimiento y persecución.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pero el “mecanismo Polanski” necesita una recepción obediente para lidiar con estas tensiones entre ética y estética… Y –podemos celebrarlo– siempre habrá espectadores para una audiovisión “a contrapelo”.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 17 de marzo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Lic. y Prof. en Letras. Guionista y Productor de contenidos. Docente de guion audiovisual e introducción al discurso audiovisual en la Universidad de Palermo. Escribe sobre cine en distintos medios.</p>
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		<title>Yo Acuso, capítulo catorce del folletín “LA CARRIÓ – Retrato de una Oportunista” – Por Carlos Caramello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Nov 2022 23:56:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Caramello]]></category>
		<category><![CDATA[Capítulo catorce del folletín “LA CARRIÓ]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Yo acuso]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este capítulo se realiza un repaso de algunas de las denuncias contra Cristina Fernández con las que Carrió cimentó su carrera de denuciadora serial, y que en su mayoría terminaron siendo desestimadas.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>En este capítulo se realiza un repaso de algunas de las denuncias contra Cristina Fernández con las que Carrió cimentó su carrera de denuciadora serial, y que en su mayoría terminaron siendo desestimadas.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Carlos Caramello*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>“La maledicencia es</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>la hermana tímida</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>de la calumnia”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Proverbio Chino</strong></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>«Tu única función es denunciar, es para lo único que servís». </em>La frase, que puso en serio riesgo la estabilidad de Juntos por el Cambio, la disparó Mauricio Macri, como para confirmar que él es el nuevo elefante en el bazar de vidrios de Murano que es la política. El objeto de tamaño insulto, como se sabe, era La Diva de Quitilipi que, naturalmente, se puso loca y juró que no le iba a hablar nunca más. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Si debiéramos musicalizar la escena nos vendría bien “Sinceramente Tuyo”, el viejo tema de Joan Manuel Serrat, sobre todo en su estribillo cuando dice: <strong>“</strong><em>Nunca es triste la verdad/Lo que no tiene es remedio</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Porque a fuerza de ser sinceros, Lilita es una especialista que, de arranque nomás, cimentó su carrera en la denuncia. Lo que ha llevado a la política al complejo mundo de su judicialización y, además, ha desanimado la acción misma de hacer política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y lo peor es que, las más de las veces, esas denuncias no han tenido ni pies ni cabeza, se han usado con fines non sanctos, han embarrado situaciones, personas, familias, historias… y todo para nada. O al menos nada constructivo. Y si sólo es para destruir… hummmm.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En este y otros capítulos del libro haremos un repaso de algunas (recordarlas y denunciarlas todas convertiría esto en un volumen difícil de trasladar y mucho más de leer), las más sonadas y, por supuesto, las que siempre terminaron siendo absueltas o, lo que es peor, desestimadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Empecemos, entonces, con una persona que ha sido objeto de innumerables acusaciones -ante la Justicia y mediáticas- por parte de Lilita: Cristina Fernández de Kirchner.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Con una bajeza que sólo cabe en la cabeza y en el corazón de los canallas constitutivos, en 2016, Elisa Carrió realizó una denuncia contra Ofelia Wilhelm, madre de Cristina y Fotios Cunturis, ambos miembros de la cooperativa «El Aldabón», a la que se contrataba para realizar un servicio de «finishing» de los envíos de ARBA, es decir el «<em>empaquetado, preparación y repartición de la correspondencia</em>«.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La denuncia de la conductora de la Coalición Cívica decía que se trataba de «<em>la simulación de una relación contractual entre una cooperativa que no opera como tal, el Correo Argentino y la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (Arba) con el consecuente desvío de fondos en detrimento del Correo Argentino por al menos 10 años</em>«.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Carrió denunció, además, que «<em>el valor del convenio citado sería de aproximadamente 61 millones de pesos tan solamente en cinco de los diez años de duración del contrato (entre 2011 y 2015), cobrando relevancia que la cooperativa no estaba registrada como prestador oficial de correo y por tanto el Correo Argentino no podía subcontratarla</em>«.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El fiscal Di Lello imputó a la madre de Cristina pero le pidió a Carrió detalles de la investigación realizada por su cuerpo de asesores, y también se dirigió al fiscal Carlos Stornelli para solicitarle que precisara si se encontraba investigando a través de una causa penal o investigación preliminar estos hechos. No había nada. Nada de nada. Ofelia Wilhelm falleció a mediados de abril de 2019 y casi nueve meses más tarde, la justicia resolvió archivar la causa por inexistencia de delito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>«Mi madre se amargó mucho y sufrió mucho, porque no estaba acostumbrada a estas cosas de la política. Hoy sacaron una sentencia diciendo que se archiva la denuncia por inexistencia de delito, no existía delito»,</em> dijo Cristina ese día: «<em>Se murió sin saber que la habían acusado de algo que ni siquiera era delito</em>«.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Lamentablemente, la denuncia a repetición y sin mirar, se ha vuelto parte de “<em>esas cosas de la política</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">A través de nuestro remanido uso del flash-back, peguemos un salto en esta película y vayamos a 2012, año en el que Cristina Kirchner recibe la primera denuncia en su contra siendo presidenta. La autora: Elisa Carrió, por supuesto. En un expediente caratulado «Marco del Pont Mercedes y otros sobre defraudación contra la administración pública» constaba una denuncia por “<em>irregularidades en las restricciones a la compra de dólares y el uso de las reservas del Banco Central</em>” presentada ante la jueza María Romilda Servini. El fiscal Carlos Stornelli rápidamente procedió a imputar a la entonces presidenta y al resto de los funcionarios incluidos, entre los que figuraban Ricardo Echegaray y Guillermo Moreno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Carrió sostenía que restricciones a la compra-venta de dólares, establecidas por las resoluciones de Marcó del Pont y el DNU 298/03 firmado por Cristina Kirchner habían limitado «<em>de manera arbitraria, irrazonable e ilegal el acceso al mercado cambiario</em>«. Y agregaba que se trataba de «<em>una discriminación arbitraria y manifiesta</em>» en perjuicio de los argentinos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La denuncia fue archivada en 2018 por inexistencia de delito pero, durante seis años (si, leyó bien, seis años de trámites, papeleo, gastos, declaraciones, abogados, costas, etc.), “<em>vermut con papas fritas y good show</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En 2013, Carrió consiguió juntarles la cabeza a dos de sus denunciados preferidos: Cristina y Ricardo Lorenzetti, a la sazón, presidente de la Corte Suprema de Justicia de entonces. El motivo era que, según la chaqueña, la Corte Suprema había realizado un pacto espurio con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner para aprobar la reforma judicial. El escrito, presentado ante el juez Rodolfo Canicoba Corral, solicita se investiguen los “<em>posibles delitos contra poderes públicos y el orden constitucional, abuso de autoridad y violación de deberes de funcionario público, extorsión y amenaza</em>”. Adjunta una presentación sobre el tema realizada ante la OEA y acusa a la Presidenta y al titular de la Corte de haber “<em>pactado cajas</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Una pavada tridimensional. Tanto que la mencionada reforma fue finalmente declarada inconstitucional por la propia Corte Suprema. Además de ser rápidamente desestimada por el juez Julián Ercolini. Pero no es un detalle menor que casi simultáneamente, presentó otra denuncia con un objeto procesal ligeramente diferente, se supone que buscando una suerte de <em>fórum shopping</em> que no consiguió porque este segundo intento no recibió impulso de acción de parte del fiscal Eduardo Taiano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">De todas maneras, el objeto subyacente fue cumplido, la noticia apareció en <em>Clarín</em> con el llamativo título: “Reforma Judicial K: Carrió llevó su denuncia de ´Pacto Espurio´ entre Cristina y Lorenzetti a la Justicia”. Si no te condenan los jueces, por lo menos te sanciona el Gran Diario Argentino.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Naturalmente no son las únicas. En su compulsión por denunciar a Cristina trató de vincularla al caso Ciccone (causa armada para escarmentar a Amado Boudou si la hay), la acusó de “<em>liberar la zona para que asesinaran a Nisman</em>” (se supone que para el Comando Venezolano Iraní), por el desplazamiento del juez Luis María Cabral y hasta pidió el juicio político de la Presidenta por no actualizar el impuesto a las ganancias. La mayoría de las causas, desestimadas por inexistencia de delito. Pero, para cerrar el capítulo, una joya del absurdo de esta “<em>denunciadora serial</em>”, como alguna vez la mencionó Cristina sólo para no citarla por su nombre y apellido.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En 2013, el gobierno decide introducir una modificación en su metodología para medir el índice de precios y esto hace que no se publiquen los números de la pobreza. En abril, un grupo de legisladores liderados por Lilita denuncian a Cristina y a Axel Kicillof por «<em>la desaparición social de los argentinos que viven en la pobreza mediante la no publicación de las estadísticas del Indec</em>«.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Desaparición”, qué palabrita para nuestra Patria. La verdad es que, una vez más, la cosa pasa por una operación mediática: el Gran Diario Argentino titula: «Presión Opositora: Denunciaron penalmente a Cristina y Kicillof por ocultar la pobreza” y, en el cuerpo de la nota, destacan: “<em>La denuncia</em> -tal como anticipó ayer Clarín-, <em>fue presentada por los dirigentes imputa a la Presidenta, el ministro y funcionarios del Indec, de acuerdo a los artículos 248 y 249 del Código Penal, por falsear, omitir y demorar la publicación de las estadísticas sobre la pobreza</em>”. En ese “tal como anticipó ayer Clarín” se subsume todo lo que esta operación significa: la búsqueda de una condena social; la estigmatización del adversario por medios falaces; la mentira como argumento de campaña. Naturalmente, el juez Casanello la desestimó en julio de 2014 por inexistencia de delito, a instancias del propio fiscal Gerardo Di Masi. Pero ya no importaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hace poco tiempo, Carrió dio un reportaje a un programa de LN+ y, en ese marco, dijo para confirmar que ella es una chica buena: “<em>Ni con los que acusé tengo bronca, ni con los que acusé. Y los vi a todos ir presos</em>”. Quiero hacerle notar, doctora, que tal afirmación es falaz: los que usted denunció no están presos. Es más, alguna es vicepresidenta de la República y otro es gobernador de la Provincia de Buenos Aires, además de que un tercero sigue siendo juez de la Corte Suprema así que también en ESO, que se supone es “<em>para lo único</em>” que sirve, ha fracasado.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 12 de noviembre de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Licenciado en Letras, escritor, periodista y analista político.</p>
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