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	<title>Raúl Alfonsín archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Raúl Alfonsín archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Un abril, un marzo (o la disyuntiva de Alberto) &#8211; Por Gustavo Ferreyra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Aug 2020 03:14:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gustavo Ferreyra]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Néstor Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Alfonsín]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Abril de 1985, Raúl Alfonsín y el “pueblo inflacionario”. Marzo de 2004, Néstor Kirchner en la exEsma y el reencuentro con el “alto pueblo”. Presente, año 2020, Alberto Fernández y sus citas a Alfonsín y Kirchner.  Marzo o abril se imponen siempre como disyuntiva en Latinoamérica. O Néstor Kirchner o Raúl Alfonsín. En Latinoamérica no hay bigamia que valga: la realidad fuerza y denuncia siempre.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Abril de 1985, Raúl Alfonsín y el “pueblo inflacionario”. Marzo de 2004, Néstor Kirchner en la exEsma y el reencuentro con el “alto pueblo”. Presente, año 2020, Alberto Fernández y sus citas a Alfonsín y Kirchner. Marzo o abril se imponen siempre como disyuntiva en Latinoamérica. O Néstor Kirchner o Raúl Alfonsín. En Latinoamérica no hay bigamia que valga: la realidad fuerza y denuncia siempre.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por Gustavo Ferreyra*</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Abril, 1985. Escondido en la historia este abril, como si estuviera en un pliegue. Si se le preguntara hoy a cualquier argentino qué hecho trascendente de la historia argentina ocurrió en abril de 1985, sería casi imposible que acertara a balbucear algo. Yo mismo, que estuve ahí, fui incapaz de recordar antes de ir a Internet que fue en el mes de abril, aunque sí recordaba el año. La declaración de la economía de guerra por parte del presidente Alfonsín ante una plaza de mayo repleta. Fue cuando –Alfonsín también- en cierta forma echó a los “jóvenes imberbes” de la plaza. Las columnas del Partido Intransigente, del Partido Comunista y de la Juventud Peronista abandonaron la plaza en medio del discurso. Habían ido ilusionadas justamente con un hecho histórico: la quiebra de la subordinación al FMI, o sea una declaración de guerra a los grandes financistas internacionales. Se encontraron con una declaración de guerra hacia otro sujeto: el pueblo inflacionario. En la Argentina hay alta inflación desde que empezó la lucha distributiva o desde tiempos inmemoriales, ya da casi lo mismo. Pero cuando el gobierno favorece al bajo pueblo (que podría sindicarse en realidad como alto pueblo y así lo voy a hacer en esta nota a partir de esta línea) aparece el pueblo inflacionario. Es el discurso que se impone, la verdad revelada, la culpa que se impone. Cuando gobierna la derecha, la alta inflación surge de la nada misma (pasan cosas, el diablo metió la cola, las variables se dispararon, etc.) Como fuere, Alfonsín se sumó, en el discurso y de hecho, al bando que señalaba al pueblo inflacionario. Se casó con las grandes finanzas. Y empezó, en ese abril, el quiebre entre democracia y alto pueblo (dos tercios de la población). Divorcio que iba a durar hasta un marzo. Casi diecinueve años más tarde.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Marzo, 2004.   Discurso de Néstor Kirchner en la ex Esma. Por muchas razones que sería para mí fatigoso enumerar, reencuentro de un gobierno con el alto pueblo. Un discurso más improvisado, más torpe incluso que el de diecinueve años atrás, pero el encuentro con el alto pueblo hace que las palabras distorsionen, que las emociones quiebren los raciocinios, que la misma astucia política se nuble por momentos. Porque el alto pueblo existe siempre y a la vez existe solo por momentos. El bajo pueblo existe siempre, día a día, momento a momento; se lo escucha en las radios, en la televisión, imprime todos los días casi todos los diarios. El alto pueblo calla, a veces por años. Un marzo, Néstor Kirchner lo sacó a la luz, se reencontró con él y, paradójicamente, el alto pueblo no estaba ahí. Fue el discurso en el que un cónyuge se declara en matrimonio y el otro cónyuge, el alto pueblo, ni siquiera se daba por enterado. En la ex Esma, había un público de personas con ideas de alto pueblo pero que no podían dar el sí por él. El sí del alto pueblo, ¿cuándo llegó? El lector sabrá. ¿El día en que vio a su cónyuge metido en un cajón se dio por enterado?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy Alberto cita constantemente a Néstor Kirchner y a Raúl Alfonsín. Los invoca y los une. Quizá, no esté errado en esa invocación conjunta. “Hará bien”, digo yo, que soy escritor y no político. Mi lema es: “no se puede desde la tribuna decirle qué hacer al director técnico, porque el DT maneja un oficio y tiene una información de los que uno carece”, así de sencillo. Así que…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero (ciudadano que al fin opina y que levanta el dedito) no dejo de ver que marzo o abril se imponen siempre como disyuntiva en Latinoamérica. O Néstor Kirchner o Raúl Alfonsín. En Latinoamérica no hay bigamia que valga: la realidad te fuerza y te denuncia siempre. La misma embajada norteamericana te fuerza sí o sí al matrimonio monógamo. La embajada norteamericana no deja a ningún gobernante de estas tierras bígamo o soltero, lo casa con alguien. Al menos, hasta la pandemia ha tenido, más que suficiente, el poder para hacerlo. Y Alberto no va a ser la excepción. Las extrañezas de la historia lo pusieron ahí, en el atrio de la iglesia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A veces pareciera que la historia es más lógica que un silogismo, a veces pareciera que es más extraña todavía que los seres vivos. Yo mismo, que en el 2003 voté al eterno pingüino y en el 2010 lloré su muerte, no estuve en ese acto en la ex Esma. Estaba en la pileta de ciudad universitaria, refocilándome al sol a pocas cuadras del evento. Canallita pequeño burgués. Sí, pero también las extrañezas de la historia del individuo. Porque sí estuve en la Plaza de mayo aquel abril de 1985, cuando no había votado a Alfonsín y jamás me simpatizó en lo más mínimo. Estuve, joven trotskista yo, en la columna de la Juventud Peronista, y con ella me fui de la Plaza de mayo. Caminaba al lado de un Fairlane desvencijado. Nos íbamos después de un casorio en el que la novia fue otra. Sobre el capot del Fairlane, una mujer joven lo denunciaba por un megáfono: “Ay, ay, ay, ese discurso se lo hizo Alsogaray”, gritaba destempladamente. Iba con unos jeans claros, algo ajados pero que no le sentaban nada mal. Era Patricia Bullrich.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 23 de agosto de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Escritor, novelista. Autor de las novelas “La familia”, “Piquito de oro” y “El Amparo”.</span></p>
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		<title>Raúl Alfonsin, la UCR y el neoliberalismo &#8211; Por Alberto Nadra</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/raul-alfonsin-la-ucr-y-el-neoliberalismo-por-alberto-nadra/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Sep 2020 23:00:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alberto Nadra]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Alfonsín]]></category>
		<category><![CDATA[República Democrática]]></category>
		<category><![CDATA[UCR]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En marzo de 2015, cuando la Convención Nacional aprobó en Gualeguaychú su alianza con la derecha del PRO, se concretó la temida seducción del régimen conservador. La UCR no se rompió entonces, se dobló y apartó del cauce reivindicado por Alfonsín, de su proclamado compromiso con los desposeídos y con la República Democrática.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/raul-alfonsin-la-ucr-y-el-neoliberalismo-por-alberto-nadra/">Raúl Alfonsin, la UCR y el neoliberalismo &#8211; Por Alberto Nadra</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>En marzo de 2015, cuando la Convención Nacional aprobó en Gualeguaychú su alianza con la derecha del PRO, se concretó la temida seducción del régimen conservador. La UCR no se rompió entonces, se dobló y apartó del cauce reivindicado por Alfonsín, de su proclamado compromiso con los desposeídos y con la República Democrática.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Alberto Nadra*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la funesta década del 90, casi en soledad, Raúl Alfonsín enfrentó con firmeza y fundamento al neoliberalismo, cuando en el mundo campeaba la “revolución conservadora” de Thatcher y Reagan, cuyas semillas fueron sembradas en nuestra tierra por la dictadura, germinaron con el menemismo y florecieron con el macrismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me distinguió con su afecto, continuidad de la tumultuosa amistad que lo ligó a mi padre, y pese a la dura crítica que como político formulé durante su presidencia a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida o al giro económico de la economía de guerra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya en el llano, y hasta su muerte, siguieron muchas horas de reflexión política en su departamento de la calle Santa Fe, que también fueron de constructivo intercambio entre su krausismo con impronta socialdemócrata y mi marxismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Era un período difícil para el ex presidente, cercado por los agravios del menemismo, al que la prensa hegemónica sumó un implacable silenciamiento, salvo para ofenderlo o calumniarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A ese coro se unieron -por oportunismo o convicción- no pocos dirigentes de la UCR que crecieron a su sombra, los que entonces contribuyeron a un lacerante aislamiento, y hoy malversan su legado desde las filas de Juntos por el Cambio (JxC), principal expresión de una ideología y una práctica que condenó explícitamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Seguramente en ellos pensaba el fundador de Renovación y Cambio cuando en 1996, desde el prólogo de su libro “Democracia y consenso”, se propuso <em>“…enaltecer la lucha de la UCR a favor de los principios del Estado de Bienestar y propiciar en su seno una actitud firme y sistemática contra las postulaciones del neoconservadorismo, evitando cualquier forma de seducción que la saque de su cauce</em>”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En marzo de 2015, cuando la Convención Nacional aprobó en Gualeguaychú su alianza con la derecha del PRO, se concretó la temida seducción del régimen conservador. La UCR no se rompió entonces, se dobló y apartó del cauce reivindicado por Alfonsín, de su proclamado compromiso con los desposeídos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De este modo, el centenario partido dio base territorial e institucional a un núcleo municipal, para coprotagonizar un gobierno que, como dijera el ex presidente acerca de las administraciones neoliberales, son “<em>la contrafigura de la democracia basada en la solidaridad, la participación y la búsqueda de la igualdad. Parte(n) de una filosofía del cinismo que genera resignación; propone(n) una democracia elitista que desalienta la participación y la búsqueda de la igualdad, se apoya(n) en una concepción del Estado mínimo, que solo debe ocuparse de la seguridad; se asienta(n) sobre una idea económica que confunde la libertad individual con el mercado libre; reprueba el gasto social, por injusto, fútil y peligroso; impulsa(n) una educación socialmente discriminatoria que conspira contra la movilidad social y, finalmente acepta(n) la manipulación de la opinión pública, como única forma de viabilizar políticas regresivas</em>”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los meses que lleva en la oposición, esa cúpula partidaria se muestra lejos de rectificar y tomar distancia de las peores expresiones de este pensamiento. Por el contrario, se ha impregnado de sus raíces ideológicas para fundamentar el bloqueo de todas las iniciativas gubernamentales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Que tienen que ver las vacilaciones de la dirigencia radical frente al golpe en Bolivia, o el irracional temor que siembran en relación a Cuba, con la política exterior de Alfonsín, con su rechazo del bloqueo a la isla y la defensa de la autodeterminación de los pueblos? Mucho menos se inspiran en su respuesta al ex presidente estadounidense en 1985, cuando en los jardines de la Casa Blanca dejó de lado su discurso para rechazar las políticas de ajuste y cualquier injerencia militar en el continente, luego que Regan (con similar lenguaje al que ahora usan Trump o Cambiemos para referirse a Venezuela) exigió una postura intervencionista contra “la tiranía comunista impuesta en Nicaragua”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para la cúpula de la UCR el intento de salvataje de la cerealera Vicentin, cuyos dueños expropiaron a miles de productores y al Estado con su estafa, fue una violación de la propiedad privada. Una medida “confiscatoria” dijeron, el mismo término que usara Guillermo Alchourron, un 13 de agosto de 1988 en la Sociedad Rural, para condenar la política agropecuaria del ex presidente, quien les recordó a los que lo abucheaban que “<em>se han quedado en silencio cuando han venido acá a hablar en representación de la dictadura. Y son también los que se han equivocado y han aplaudido a quienes han venido a destruir la producción agraria argentina. No son los productores agropecuarios”</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La UCR se une al hipócrita y desestabilizador festival reaccionario acerca de la corrupción. Muta de víctima en victimaria, para reiterar el escenario montado contra la gestión radical en el inicio de la recuperación democrática. Entonces, en abril de 1987, Alfonsín le cerró la boca a monseñor Medina, el vicario castrense que acusó a su gobierno de “coimas” y “negociados, imputación que sería retomada por la prensa hegemónica y el propio Carlos Menem: con su habitual descaro lo consideró “el gobierno más corrupto de la historia”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://diariopulse.com/wp-content/uploads/2017/10/Raul-Alfons%C3%ADn-Sociedad-RUral-Argentina.jpg" alt="El día que la Sociedad Rural abucheó a Raúl Alfonsín — Pulse" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta conducción se suma genuflexa al rechazo corporativo a la declaración de servicio público esencial del sistema de comunicaciones digital, al proyecto de aporte extraordinario de las grandes fortunas, a cualquier control de precios o regulación estatal. Se pliegan a la cantinela neoliberal en lugar de compartir las definiciones del líder radical, para quien “…<em>el mercado requiere ser regulado para evitar deformaciones tales como monopolios y oligopolios y que además el Estado no puede abandonar su papel redistribuidor, ya que el mercado aumenta la brecha entre el rico y el pobre”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Corren solícitos en defensa de los multimillonarios negocios del grupo Clarín, al cual el ex presidente frenó temporalmente en su avanzada hegemónica y de cuyo diario insignia advertía que “…<em>se especializa en titular de manera definida, como si realmente quisiera hacerle caer la fe y la esperanza al pueblo argentino</em>”, o del que Cesar Jaroslavsky, añadiera que “ataca como partido político y, si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La cúpula radical repite, con los monopolios mediáticos, que las regulaciones ponen en peligro la libertad a la que hacía referencia el ex jefe del bloque de diputados de la UCR, pero omiten que para Alfonsín eran necesarias para frenar la expansión de las posiciones dominantes en el sector: “…<em>el correlato insustituible de la libertad de prensa es el igualmente importante derecho del pueblo a una correcta información y al acceso igualitario a todas las opiniones en los medios de comunicación. Dicho de otro modo, el fundamento de la libertad de prensa es doble: debe garantizar la libertad de expresión y resguardar el derecho a la información y el pluralismo</em>”, prevenía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Poco tiene que ver la advertencia sobre “<em>Una oposición que intentara la anulación del gobierno se alejaría de las reglas de juego del sistema democrático</em>” con el bloqueo de JxC al debate en Diputados, incluida su impugnación judicial a una sesión parlamentaria, nunca tan brutalmente expresada como por el senador Luis Naidenoff, quien directamente promovió la intromisión de la Corte Suprema en caso sancionarse un proyecto del poder Ejecutivo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sus parlamentarios traban el proyecto de reformas al fuero federal con argumentos que van desde una búsqueda de impunidad (que no logran ubicar concretamente en ningún artículo) hasta lo “inoportuno” de reformas parciales “en momentos de crisis como la que atravesamos”, pasando por lamentar “nuevos temas de discrepancias y de divisiones entre los argentinos”. Sugerente, los entrecomillados pertenecen a (algunos de) los cuestionamientos formulados al pluralista Consejo de Consolidación de la Democracia que Alfonsín impulsó en 1985, con un objetivo mucho más ambicioso, y en tiempos aún más difíciles: la reforma de la Constitución Nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Con qué autoridad hablan de la democracia, la república y la libertad, dibujando una imagen recortada y pasteurizada del ideario de Raúl Alfonsín?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“<em>Democracia </em>-escribió el fallecido líder radical-<em> es vigencia de la libertad y los derechos, pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales: tenemos libertad, pero nos falta la igualdad. Tenemos una democracia real, tangible, pero coja e incompleta y, por lo tanto, insatisfactoria: es una democracia que no ha cumplido aún con algunos de sus principios fundamentales, que no ha construido aun un piso sólido que albergue e incluya a los desamparados y excluidos.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Raúl Alfonsín jamás concibió la democracia, la república o la libertad en abstracto, sino que batalló con aciertos y errores por la República Democrática y la Democracia Social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Su convicción de que “<em>Con la democracia se come, se cura, se educa</em>” mantiene absoluta vigencia, a contramano de la prédica neoliberal, e incluso la de algunos que levantan de manera miope y excluyente las banderas de lo nacional y popular.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque fueron y son tareas pendientes, porque todavía la República Argentina no es una República Democrática, porque no lo será mientras no coman, se curen y eduquen todos los argentinos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 21 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Político, escritor y periodista </span></p>
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		<title>Argentina, 2022 &#8211; Por Juan Chaneton</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Oct 2022 11:53:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Juan Chaneton]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina 1985]]></category>
		<category><![CDATA[Juicio a las Juntas]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Madres de Plaza de Mayo]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Alfonsín]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El reciente estreno de la película "Argentina 1985" motiva al autor de esta nota a poner en contexto epocal el juicio a las juntas militares recordando las posiciones frente a lo actuado por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Ciudad de Buenos Aires y el gobierno radical de entonces; el papel fundamental de las Madres de Plaza de Mayo y la valorización del gobierno de Alfonsín que, como dice el autor, constituyó un "inequívoco bálsamo garantista” comparado con “el infame retroceso que significó el menemismo en todos los órdenes de la gestión de los asuntos de interés nacional para la sociedad argentina".</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>El reciente estreno de la película «Argentina 1985» motiva al autor de esta nota a poner en contexto epocal el juicio a las juntas militares recordando las posiciones frente a lo actuado por la&nbsp;Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Ciudad de Buenos Aires y el gobierno radical de entonces; el papel fundamental de las Madres de Plaza de Mayo y la valorización del gobierno de Alfonsín que, como dice el autor, constituyó un «inequívoco bálsamo garantista” comparado con “el infame retroceso que significó el menemismo en todos los órdenes de la gestión de los asuntos de interés nacional para la sociedad&nbsp;argentina».</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Juan Chaneton*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La capacidad técnica y política de proyectar una fuerza militar propia a grandes distancias es el hecho puro y duro que permite a un Estado-Nación desempeñarse como actor global de la política internacional. La Argentina hace mucho que renunció a pretensión tan alejada de sus posibilidades pero sigue completamente vigente el aserto de que, en el conflictivo y complejo marco de la globalización actual, ningún país puede aspirar a ser tenido en cuenta en el escenario global, y, por ende, a cumplir con eficacia el fin que legitima su existencia como Estado con derecho a tal existencia, si no cuenta con unas fuerzas armadas aptas para la elemental defensa de lo elemental: sus costas, sus fronteras, su espacio aéreo y, con ello, las condiciones de una integración virtuosa con sus vecinos del mapa geopolítico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La degradación de los ejércitos a policías parroquiales perseguidoras de narcomulas y rateros de menor cuantía es el primer paso en el sentido apuntado de envilecer y destruir la fuerza militar nacional que es el único activo con que se puede aspirar a que una eventual «soberanización» de la Argentina (la ajustada expresión es de Mempo Giardinelli) se mantenga en el tiempo como política de Estado. Se trata del primer paso que propone Patricia Bullrich para dar inicio al proceso de revolcar a las fuerzas armadas por el barro de un descrédito que el pasado dictatorial cívico-militar-empresarial-confesional del período 1976-1983, justificó sobradamente en su momento histórico pero que ya hoy, y como dijo Hebe de Bonafini en la penúltima Marcha de la Resistencia (diciembre 2020), debería dejar de ser la vara con la que se mide y se exige de esas fuerzas un compromiso activo con el pueblo trabajador de la Nación en la perspectiva de un proyecto de país autónomo, industrial, popular y no atado a ningún hegemonismo global, pues, se infiere que esa debería ser la opción cuando se trata de un país, como la Argentina, con un 50 % de pobreza e indigencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Con premura digna de mejor causa y sin mirar un poco más lejos que el límite que marca la punta de su nariz, mascaritas varias se suman, a estas horas, al tren fantasma de la oportunidad progresista, celebrando, en línea con lo anterior, lo mismo que Marc Stanley, el embajador estadounidense, siempre que los militares vituperados no sean los «marines» con que los Estados Unidos derrocan y desestabilizan gobiernos a escala global.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por lo demás, hay que decir que aquel juicio a los criminales de aire, mar y tierra (que no podrían haber hecho nada de lo que hicieron sin la inicial luz verde estadounidense), fue rechazado y repudiado por las Madres de Plaza de Mayo que, hay que decirlo también, tuvieron siempre una pobre opinión de la política de derechos humanos del presidente Alfonsín. Y ello se debía, básicamente, al hecho, persistentemente denunciado por ellas, de que tal «juicio a las juntas» fue <em>selectivo</em> de cabo a rabo, con lo cual se dejaba fuera de la punición a muchos torturadores y asesinos del período dictatorial. En este sentido y con el natural sesgo técnico, se expresó, por aquella época, el jurista, Marcelo Sancinetti (autor de «Derechos Humanos en la Argentina post dictatotial) quien fulminaba el criterio del tribunal de punir en base a la responsabilidad por arma y no por juntas, con lo cual se presumía <em>iuris et de iure</em>, es decir, sin admitir prueba en contrario, que cada comandante conocía sólo lo que había acontecido en su arma, lo cual era como decir que Videla o Galtieri no sabían que en la Esma se torturaba, pues el arma de ellos era el Ejército y no la Marina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Es una pena que estos debates estén ausentes en la película <em>Argentina 1985</em>, pues si de debates&nbsp; formativos y bienvenidos se tratara, éste debería ser, sin duda, uno de ellos. Y en la base de esos debates habita un núcleo incandescente y duro. Era el clima de época, expresado por las Madres, que venían luchando, en soledad, contra el terrorismo de Estado desde mucho tiempo antes. En términos muy generales, la crítica de la ideología y la ideología de la crítica, permite inferir, como señalamiento fundamental de las Madres de Plaza de Mayo, que el proceso de desmilitarización de la sociedad argentina no era encarado por Alfonsín ni con la convicción ni con la energía que eran imprescindibles para consolidar la convivencia democrática, y ello se debía, sedicentemente, a que, en última instancia, el interés y la función de clase del Estado, bajo una forma dictatorial, no difiere sustantivamente de ese interés bajo una forma de Estado parlamentaria. No obstante lo cual el balance histórico exhibe hoy, con las ventajas que proporciona el transcurso del tiempo, la evidencia de que Alfonsín fue un inequívoco bálsamo garantista, sobre todo si se proyecta su gobierno contra el infame retroceso que significó el menemismo en todos los órdenes de la gestión de los asuntos de interés nacional para la sociedad argentina.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://media.lacapital.com.ar/p/50b82a951041d90531034e8f1e99fd76/adjuntos/203/imagenes/006/099/0006099372/adolfo-perez-esquivel-y-las-madres-la-primera-marcha-la-resistencia-el-10-diciembre-1981-foto-telam.jpg" alt=""/><figcaption><em>Adolfo Pèrez Esquivel y las Madres en la primera marcha de la resistencia el 10 de diciembre de 1981. (Foto: Télam)</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Tal posición de las Madres, queda de manifiesto en el discurso de Hebe de febrero de 1989 («Queremos saber qué pasó»; mensuario «Madres, Año V, N° 50, Ed. especial, p. 7), en el que analiza el estado de cosas y posibles causas del ataque armado cometido contra el regimiento militar de La Tablada el mes anterior. Dijo Hebe, allí: «Son hechos que les sirven perfecto para que los milicos se reivindiquen, que les sirven a los políticos corruptos y comprometidos en la época de la dictadura y en la actual. Entonces, ¿para qué se hizo?, y ¿por qué se hizo? &#8230; Siempre dijimos que hay que buscar nuevas formas de lucha. Las Madres las hemos encontrado: caminar en silencio durante 12 años. Hemos conseguido que el mundo nos conozca, que la gente sepa que decimos la verdad y no somos violentas&#8230;». Por la misma época, los periodistas holandeses Eis Wiegant y Arthur Maandag, del diario Haarlems Dagblad, decían, entrevistados por Herman Schiller (activista precursor en la Argentina en la lucha por la defensa y promoción de los derechos humanos y que, también en aquellos años, denunció la presencia en el país, del genocida nazi Abraham Kipp: «En nuestro país, las Madres de Plaza de Mayo son valoradas como un hecho histórico. Compartimos con admiración la dignidad y la entereza con la que exigen saber qué pasó con sus hijos. También admiramos su lucha para que se castigue a todos los criminales que actuaron durante el período militar». (Ib., p 5).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y así las cosas, sospecho que en las escuelas de periodismo públicas y privadas de la Argentina, tampoco se les está contando nada de esto a jóvenes de poco menos o poco más de veinte años, a los que, queriendo o sin querer se los desinforma acerca de los detalles más recónditos de una tragedia cuyas consecuencias ellos/as van a tener que afrontar en soledad cuando la edad adulta sea su realidad y su verdad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Viva la democracia y muera la dictadura, entonces, pero si ésta va a ser la conclusión final de los actuales arrestos «democráticos» de unos entusiastas de ocasión, tenemos que advertir que Perogullo no se especializa en estos temas y no debe ser consultado aquí. Es mucho más lo que está en juego cuando se habla de democracia y de dictadura. Está en juego, por ejemplo, el capítulo de la teoría del Estado y el derecho atingente a forma y contenido del primero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Cuando la realidad cotidiana viene en modo extremadamente complicado es preciso aferrarse muy fuerte a la teoría pues es ésta la que nos permitirá no naufragar en la mar gruesa de la confusión. Por caso, el fascismo es la forma política que asumen las formaciones sociales capitalistas cuando les empieza a llegar la hora de la crisis sistémica. Lejos de toda perspectiva catastrofista, hay que estar atentos al diversionismo ideológico fascista, pues el fascismo también ha sabido ejercer (y lo hace todavía) la crítica de la democracia liberal. Pero es una crítica fascista a la democracia y, por fascista, es una crítica mentirosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y el fascismo ha tenido teóricos. Carl Scmitt, uno de ellos. La existencia de la «Entidad Política Unitaria» (EPU) se mide en relación a la guerra -dice el jurista alemán-. Si la EPU (el Estado) puede impedir una guerra en su contra pero no tiene fuerza para desatar la guerra que lo afirme como una EPU, esto significa que la EPU no existe. Es la típica situación -dice Schmitt- de las democracias liberales, fragmentadas en partidos y atadas a componendas. De modo que aquí hay una crítica de Carl Schmitt a esas democracias: impiden arribar al punto más alto de la politicidad, es decir, impiden la EPU, y la EPU es el desiderátum último de la política y sólo se puede «hacer política» si hay EPU. Reemplácese EPU por Estado nacionalsocialista y todo cobra el sentido en que hablaba el autor citado (C. S., «El concepto de lo político»).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pues quien quiere democracia, ha de saber que en democracia hay que discutir, pues el debate en el espacio público es de la esencia de «la democracia». Y para debatir hay que argumentar. Y para argumentar hay que buscar los argumentos en la propia formación. Y ésta sólo se parecerá a algo aceptable y eficaz en términos políticos cuando el estudio haya hecho su parte en el magín de los supuestos polemistas al servicio del pueblo. La molicie y la pereza son enemigas de lo bueno si su resultado es la inopia conceptual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La cabeza colectiva de una institución sufrió, cuando el siglo pasado se inclinaba hacia su mediodía, el embate de una prensa que del mismo modo arremetió contra conciencias subjetivas ahora, cuando otro siglo no se inclina hacia ningún cuadrante sino que pugna por arribar a su mediodía. Aquella cabeza colectiva a la que los monopolios mediáticos le enseñaron que Dante Caputo era un hombre de izquierda aleccionado por «la cuarta internacional» y que Alfonsín era un caballo de Troya comunista implantado en la prístina y sana sociedad argentina para ponerla de rodillas frente al siempre vivo totalitarismo liberticida mundial, aquella cabeza colectiva fue la cabeza de una institución, las fuerzas armadas, que se enteraban de lo que creían que estaba sucediendo por lo que les decía el grupo Clarín y el diario <em>La Nación</em> en sus diferentes modalidades y repetidoras. Este veneno mediático, que ayer alienó a una conciencia colectiva, hoy hace lo propio con una conciencia subjetiva, la de un hombre que vive, así dice, de fabricar objetos de madera y que alucina, frente a su espejo, en la misma onda extraviada que ayer curtían los asesinos de uniforme, es maravilloso el poder de la palabra mediática proferida por un alguien escondido que nunca rinde cuentas, y eso que es la manzana podrida que tiene podrida de odio y violencia a toda la sociedad argentina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y no sólo las Madres tenían una visión de las cosas que aguaba la copa con que, en aquellos años de vino y rosas democráticos, unos entusiasmados celebraban el regreso de la vida y el derecho. Un jurista argentino, laureado <em>summa cum laude </em>en Europa, decía, en la facultad de Derecho de la UBA, cosas como éstas: «Cuando llegó la democracia, presenciamos que los escogidos para tallar el cáliz democrático eran todos, o predominantemente, funcionarios que lo habían sido de la dictadura. Aquellos que habían jurado por los estatutos del gobierno militar eran encargados de levantar las banderas de la libertad, de los derechos fundamentales. Bien pronto pasó, igualmente, la primavera libertaria, y esos mismos que muy poco antes habían dicho que los delitos cometidos durante la dictadura, ya por su propio contenido, eran inamnistiables, convalidaron luego, cuando el poder requirió lo contrario, las llamadas leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Los hombres de Derecho no reaccionaron casi en absoluto; yo solicité entre los profesores de Derecho Penal que hiciéramos una declaración, pero no tuve éxito. Era el año ’87. Muchos cargos personales de entonces dependían de que uno no dijera nada en contra. En los años ’90, incluso, nuestro claustro eligió como Decano, en anterior administración, a uno de esos funcionarios que lo habían sido durante la dictadura, que luego les tocó juzgar y condenar a los ex &#8211; comandantes, y más tarde, en cambio, convalidar aquellas leyes; es decir, todo siempre coincidiendo, en cada caso, con las pretensiones del poder político. Podrá ser coincidencia, pero no afortunada. (Marcelo A. Sancinetti: <a href="http://www.derecho.uba.ar/derechoaldia/colacion/discurso-pronunciado-por-el-dr-marcelo-a-sancinetti/+1502">http://www.derecho.uba.ar/derechoaldia/colacion/discurso-pronunciado-por-el-dr-marcelo-a-sancinetti/+1502</a>).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Lo que extraña es que, después de una tirada como esa, el doctor Sancinetti haya asumido defensas inexplicables y no haya entendido que, si «la democracia no obraba así, es decir, selectivamente como en Nürenberg, el Estado argentino se quedaba sin fuerzas armadas y un Estado sin brazo represivo es un Estado que no existe, y un Estado inexistente es un Estado que no puede cumplir el cometido de clase para el cual irrumpió en la dramática humana cuando la tribu de homínidos hacía poco tiempo que había dejado atrás a su ancestro animal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Tal vez todo se deba a que «&#8230; algunos creen que la justicia es una religión, y se creen sacerdotes y vestales de dicha religión. Entonces, lo que deben ser principios jurídicos y de justicia devienen en dogma, que es lo que caracteriza a la fe religiosa&#8230;” (senadora Cristina Fernández de Kirchner, sesión sobre destitución juez de la Corte Suprema Antonio Boggiano/ 2005). Aire fresco, ahí.</p>



<div style="height:37px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 21 de octubre de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Abogado, periodista y escritor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">jchaneton022@gmail.com</p>
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