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	<title>Neoliberalismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Neoliberalismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Carta V a Jorge Alemán: El sacrificio &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jan 2018 18:53:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
		<category><![CDATA[Cartas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la carta V a Jorge Alemán, Ricardo Forster afirma que sin kirchnerismo no hay peronismo, resignificación de su nombre y de su historia, y que sacrificando a Cristina en pos de la unidad, se pierde inexorablemente la partida aunque se haga esa movida en nombre de vencer al macrismo y su impiadoso proyecto.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;"><em>En la carta V a Jorge Alemán, Ricardo Forster afirma que sin kirchnerismo no hay peronismo, resignificación de su nombre y de su historia, y que sacrificando a Cristina en pos de la unidad, se pierde inexorablemente la partida aunque se haga esa movida en nombre de vencer al macrismo y su impiadoso proyecto.</em></span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Forster</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Querido Jorge,</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1-</strong> No deja de extrañarme, y creo que algo de esto se desprende de tus reflexiones en el segundo punto de tu última carta, que, bajo una lógica sacrificial de raíz católica en tiempos en los que la sombra de Francisco es tan significativa y compleja, se pida la cabeza de Cristina en bandeja de plata como el gesto histórico a partir del cual se podría alcanzar la tan mentada y deseada “unidad del peronismo”. Te cito: “El combustible del odio a Cristina, a su voz de mujer interpelante,  es lo que nutre a los gorilas macristas, a los peronistas negociadores e incluso a los Kirchneristas que ven en Néstor al auténtico peronista y a ella como autora de la «grieta». Desde estos presupuestos, que como vos indicas en tu carta tienen como condición excluirla a ella no se puede negociar nada. De esa forma se perdería algo más que una elección, se perdería una identidad y un legado histórico. Por esta orientación los partidos social demócratas europeos perdieron toda su singularidad y su legado”. El reclamo del gesto sacrificial va unido a lo que se podría denominar una lógica <em>ecuménica</em>, esa misma que hace del significante “peronismo” un cajón de sastre en el que todo puede y debe mezclarse más allá de incongruencias, contradicciones insalvables, traiciones diversas, mezquindades, agachadas, travestismos continuos, oportunismos de larga data, metafísicas que hacen del legado de Perón un trascendental desprendido de cualquier fisura fáctica y de los daños irreparables que el tiempo histórico suele hacer sobre ideas, doctrinas, ideologías y proyectos políticos. La entelequia llamada “movimiento nacional” flota por encima de las mutaciones de historias y personajes, permaneciendo prístino y virtuoso a la espera de su definitiva consumación. La fórmula para lograr el triunfo nace de un chantaje sutil: “con Cristina sola no alcanza sin Cristina no se puede”. Sacrificio…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La condición para lograr la “unidad”, esa que supuestamente garantizará la victoria sobre el macrismo, es, queda claro, el gran sacrificio de Cristina. Los honestos, que son muchos, creen que ante la monstruosidad de lo que estamos viviendo bajo la forma de la restauración neoliberal hace que no quede otra alternativa que entregar la Dama aunque eso suponga –cosa que no suelen decir en voz alta– que también se entreguen las convicciones y la condición maldita que heredó el kirchnerismo de lo mejor del peronismo (incluso rescatándolo, como decía Nicolás Casullo, de su prostibularia condición noventista y de sus múltiples agachadas que vienen de lejos sin que ese duro dato de la historia alcance para desnutrirlo de sus fuentes plebeyas y rebeldes a las que volvió a poner sobre la escena nacional el matrimonio del sur tan execrado por propios y ajenos). Es tan insoportable y tan destructivo lo que sucede en la Argentina dominada por la peor derecha que, aunque haya que pagar un precio demasiado elevado, no exista –eso piensan– otra opción que la sacrificial en pos de la unidad. Los deshonestos la tienen clara, ante ellos surge una oportunidad dorada que suelen envolver en celofán de engañosa calidad: si bien Cristina sigue teniendo una alta popularidad con ella al frente no sólo que no alcanza para ganar sino que fragmenta al peronismo y profundiza “la grieta”. Lo deja huérfano de su mejor cualidad: la borrosa frontera de una unidad que permite que “todos estén adentro”. Lo que no dicen, como es obvio, es que el sacrificio es también la condición para la domesticación, otra vez, del peronismo transformándolo en la fuerza política capaz de garantizar la gobernabilidad en medio de la intemperie y la fragmentación social e institucional que seguramente dejará el macrismo. Gatopardistas, quieren que algo cambie para que nada cambie y que el kirchnerismo acabe convertido en una pieza de museo, en uno más de los rostros multiformes de un peronismo capaz de adaptarse a todos los giros de la realidad local y mundial (no sienten ningún escozor ni vergüenza al sumar a su taxonomía del amplio movimiento nacional el proyecto iniciado por Néstor Kirchner y luego seguido por Cristina como continuador neokeynesiano, en la línea temporal-peronista, del menemismo neoliberal. Cada uno tuvo su momento y su “justificación” histórica, lo continuo y trascendente es, claro, el movimiento nacional al que habría que ofrecerle el sacrificio de Cristina). Todo esto no elimina, por supuesto, la inquietante pregunta por el camino a seguir para ganar en el 2019.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2-</strong> “Esto evidentemente no quiere decir que no se deba pactar, sumar, establecer alianzas, extender todo lo que se pueda el frente antimacrista. La urgencia es evidente, pero no se puede hacer de un modo donde el kirchnerisno pierda su dimensión antagónica. Si se realiza de ese modo,  no sólo no está garantizado ganar en el 2019 y si se puede perder para siempre.” Me siento representado por lo que decís en el punto 3. Lo peor que podría hacer el kirchnerismo es imaginarse como el adalid único y virtuoso de la oposición. También le caben los errores, las defecciones, las confusiones, las malas elecciones… Cristina, si bien es quien mejor expresa hoy una opción popular contra el neoliberalismo, no puede –e imagino que no quiere– monopolizar, bajo su nombre y su impronta, el vasto movimiento opositor contra un gobierno que ejerce no sólo con impiedad el poder sino que se ofrece como el garante de una mutación histórico-regresiva de consecuencias terribles para el país. También es cierto que la realidad argentina es lo suficientemente caleidoscópica y azarosa como para invalidar, desde el vamos, cualquier teleología que se quiera portadora de la infalibilidad del curso de la historia. Así como la derecha macrista no tiene la vaca atada ni es expresión de una estrategia invulnerable y demoledora (muchos compañeros y compañeras incrédulos ante la brutalidad del giro neoliberal pasaron del triunfalismo de “no duran tres meses” al pesimismo de “estos tipos se eternizan de la mano de la genialidad de Durán Barba y de la suma del poder económico, mediático y judicial”), el kirchnerismo tampoco constituye, de por sí, el nombre de una victoria ineluctable porque contenga el liderazgo de Cristina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Creo, Jorge, que vivimos, como dicen irónicamente los chinos, “tiempos interesantes” que, entre otras cosas, no llevan escrito de forma inexorable el desenlace de esta época indigente. Me inclino, quizás por mi benjaminismo, a suponer que lo único garantizado en el devenir de la historia es la reproducción de la barbarie, que la repetición no es otra cosa que la eternización del infierno del capital que se muestra capaz de devorar pasado, presente y futuro. Pero, y por eso reivindico la interpretación de Benjamin, también estoy convencido de que la realidad se rompe por el lado menos esperado, que continuidad y ruptura se juegan al mismo momento y abren opciones muy diferentes. Ni siquiera un vidente infalible (si algo así existiese) acertaría con el laberíntico discurrir de una realidad nacional cargada de sorpresas y de giros inesperados. Poco sabemos del país que nos esperará en el segundo semestre del 2019 (puede acontecer lo peor: consolidación del macrismo y dispersión de la oposición; puede que suceda todo lo contrario: crisis de representación, agotamiento del modelo de endeudamiento, movilización social creciente, etcétera). Lo cierto es que deberíamos, desde ahora, estar preparados para las distintas alternativas que se irán abriendo y sucediendo pero focalizando en la construcción de un frente lo suficientemente amplio como para expresar a una variadísima gama de opositores y, también, capaz de ser coherente y programático y de no dejarse llevar por el falso espejismo de una “unidad” desfondante y amorfa que sea colonizada por el peronismo conservador. Insisto en que el pedido de “sacrificio histórico” que se le hace a Cristina lleva dentro suyo la captura, otra vez y quizás de manera definitiva, del peronismo, si acabase por fracasar el sueño de la derecha macrista, como continuador de la restauración neoliberal. Supone el fin del antagonismo como nutriente de lo político. En última instancia este es el objetivo de la derecha: afirmar una transformación estructural de la economía y de la sociedad argentina desarmando, también, su memoria igualitarista y sus provocaciones plebeyas que, pese a sus debilidades, incongruencias y gatopardismos siguió habitando el cuerpo zigzagueante del peronismo. Para lograr esto la derecha tiene que aniquilar al kirchnerismo, es decir, a aquello que salió al rescate de una historia arrinconada por sus propias contradicciones. El reclamo de “unidad” conlleva, si el precio a pagar es el sacrificio de Cristina, el fin de lo mejor de esa tradición popular. Por eso estoy de acuerdo con vos, Jorge, cuando escribís que “el kirchnerismo no fue un momento más de la historia política argentina, también fue su corte transversal y una invención de nuevos actores sociales y políticos” que, sin embargo, hoy atraviesa tiempos difíciles y peligrosos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3-</strong> La tentación de hablar de <em>superación</em>, siguiendo de modo esquemático la clave hegeliana, supone comprender el devenir de la historia desde una perspectiva lineal y progresiva, lo que convertiría al kirchnerismo en “la etapa superior del peronismo”. Para algunos esto sería óptimo e incluso lograría socialdemocratizar un proyecto demasiado inclinado hacia la disrupción y el exceso populista. Para otros una fantasía clasemediera que aspira a hacer del movimiento creado por Juan y Eva Perón una expresión, ahora sí, racional y progresista, depurada de su enlodamiento, de su plebeyismo y de su condición popular y hasta místico-cristiana. A los primeros la sed aniquiladora del poder económico-mediático que ha buscado, y en algunos casos logrado, transformar al kirchnerismo, a ojos de una amplia franja de la sociedad, en metáfora de una corrupción salvaje que ha dejado las arcas del país vacías (el “se robaron todo” funciona como santo y seña de esta lógica destructiva que permea conciencias desprovistas de autonomía reflexiva y conquistadas por la multiplicación inmisericorde del relato mediático) les impide dar ese paso hacia la “adaptación” y modernización del kirchnerismo que, aunque deseasen que sucediera todo lo contrario, sigue siendo una <em>monstruosidad</em>. A los segundos, ya lo señalé, les interesa, por sobre todas las cosas, dejar que la anomalía de los 12 años quede en el mejor de los casos como un vago recuerdo de una etapa necesaria pero contradictoria en la larga marcha del peronismo. De un modo u otro, y sumando la aspiración central de la derecha, todos coinciden en que el kirchnerismo es casi un fantasma del pasado, algo molesto e insistente que, sin embargo, carece de futuro. De ahí, también, que tengan que desvalorizar a Cristina, que insistan con su jubilación o, más histriónico, con su indispensable <em>sacrificio</em> “en bien del pueblo argentino y del país todo”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cristina es lo <em>insoportable, lo maldito</em> de la actualidad, aquello que no puede ser absorbido o capturado por el poder real. Su nombre recuerda que hubo y puede seguir habiendo lo monstruoso, el gran desafío a un país domesticado por la derecha neoliberal. Cristina, como primero Néstor, confrontó al peronismo con sus miserias, sus incongruencias, su deshistorización. Lo puso delante de su ahuecamiento, de una constatación dolorosa: que su nombre ha quedado desnutrido de potencia plebeya allí donde se buscó y se busca normalizarlo convirtiéndolo en funcional al Sistema. Cristina, su nombre, es sinónimo de descentramiento, de ruptura, de antagonismo. Esa es la matriz de su liderazgo y, quizás, de sus encrucijadas y límites en el interior de una sociedad dañada hasta la médula por el intento brutal de sometimiento y domesticación sostenido en la pérdida de la fuerza bruta y la potencia simbólica de lo que fuera, en sus mejores momentos, el peronismo. Digo, querido Jorge, que sin kirchnerismo no hay peronismo, resignificación de su nombre y de su historia. Sacrificando a Cristina se pierde inexorablemente la partida aunque se haga esa movida en nombre de vencer al macrismo y su impiadoso proyecto. La seguimos, abrazo grande. Ricardo</span></p>
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		<title>Una nueva religión: la creencia en los medios de comunicación &#8211; Por Nora Merlin</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jan 2018 23:49:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nora Merlín]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[disciplinamiento social]]></category>
		<category><![CDATA[Freud]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Masa]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nora Merlin]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión Pública]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este artículo Nora Merlin sostiene que con el objetivo de configurar el pensamiento y colonizar la subjetividad, los medios de comunicación concentrados utilizan, de forma irresponsable y sin escrúpulos, una manipulación de la opinión pública instalando creencias y prejuicios.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/una-nueva-religion-la-creencia-los-medios-comunicacion-nora-merlin/">Una nueva religión: la creencia en los medios de comunicación &#8211; Por Nora Merlin</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><span style="font-family: 'Arial','sans-serif';">En este artículo Nora Merlin sostiene que con el objetivo de configurar el pensamiento y colonizar la subjetividad, los medios de comunicación concentrados utilizan, de forma irresponsable y sin escrúpulos, una manipulación de la opinión pública instalando creencias y prejuicios. </span></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Nora Merlin*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“No hay diferencias sustanciales entre la forma de mirar televisión y el altar de una Iglesia.”</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Víctor Hugo Morales<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con el objetivo de configurar el pensamiento y colonizar la subjetividad los medios de comunicación concentrados utilizan, de forma irresponsable y sin escrúpulos, una manipulación de la opinión pública instalando creencias y prejuicios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Walter Benjamin afirmó, en uno de sus fragmentos redactado en 1921, que el capitalismo es una religión. Esta definición de asombrosa actualidad, anticipa lo que podemos denominar una nueva religión sostenida en la fe ciega en los medios de comunicación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La creencia en los mensajes comunicacionales que imponen los medios concentrados tiene una eficacia muy superior a la de cualquier religión. Constatamos a raíz de la visita del Papa Francisco a Chile y Perú que muchos católicos en lugar de desempeñarse con fidelidad al jefe de la Iglesia, lo cuestionan repitiendo el relato de <em>Clarín</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A medida que se fueron desarrollando los medios de comunicación ocuparon el lugar del ideal, construyendo y alimentando día a día una cultura de masas que cree con una convicción inquebrantable en los mensajes que aquellos emiten, lo que conforma un acto de fe y sometimiento a lo que se presenta como una nueva religión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La masa, una hipnosis colectiva, constituye el paradigma social del neoliberalismo</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud en sus inicios comenzó trabajando con el método hipnótico, advirtiendo tempranamente el tipo de influencia que la presencia y la palabra del hipnotizador ejercían. El paciente se sugestionaba, creía en el poder del médico, se volvía obediente, sumiso, obteniéndose como resultado una curación temporaria en la que los síntomas desaparecían para luego retornar. Fue ésta una de las principales razones por las que el médico vienés abandonó definitivamente ese método: comprometido con la búsqueda de la verdad, no se trataba de sugestionar y de obtener por esa vía pseudo curaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Años más tarde, ya avanzada la teoría psicoanalítica, Freud pudo demostrar que la masa poseía idéntico mecanismo de formación que la hipnosis. En ambas, el hecho de ubicar al hipnotizador o al líder en el lugar del ideal conducía a un estado de fascinación, a una creencia en su autoridad y a una obediencia a los mandatos que aquel profería sin importar si eran comprensibles o racionales: los mensajes recibidos funcionaban con una fuerza que impulsaba a obedecer incondicionalmente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud comprobó que la masa estaba basada en un enlace de tipo libidinal, amoroso, resultando el mejor sistema social para alimentar la sugestión, la obediencia colectiva e instalar una serie de construcciones ideativas que le iban a dar sustento: las creencias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La creencia</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una manera de definir la subjetividad es considerarla como un sistema social de creencias compartidas. Las creencias no constituyen algo exclusivamente mental o íntimo sino que se “apoderan” de la subjetividad, se ponen en juego en la realidad social efectiva, en los actos y elecciones, para terminar siendo la envoltura formal de repeticiones rituales. Implican modos de satisfacción que adquieren fijación, motivo por el cual van a funcionar como piedras muy difíciles de remover.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud investigó el fenómeno de la creencia en varios de sus artículos. En “Moisés y la religión monoteísta” (1939) analizó la fe en las religiones dando cuenta de que el creyente deja de lado la racionalidad y, a pesar de ser capaz de captar la irrealidad de su creencia, se adhiere a ella y la conserva como una verdad absoluta. Hace referencia a la p<a style="color: #000000;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Par%C3%A1frasis">a</a>ráfrasis de Tertuliano  <em>credo quia absurdum</em>, «lo creo porque es absurdo», para justificar que a pesar de que los dogmas religiosos sean indemostrables poseen un valor de verdad que no se fundamenta en lo racional ni en la comprensión, volviéndose irrefutables. Intentar convencer al creyente utilizando la lógica o la demostración racional producirá una sensación de impotencia similar a la de hablarle a una pared. En pocas palabras, las creencias no se fundamentan en errores de comprensión o aprendizaje sino que conforman un sistema de ilusiones que dan sentido, estabilizan, de ahí que el sujeto se aferre a ellas con un convencimiento inquebrantable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La tesis de Freud en <em>«El porvenir de una ilusión»</em> es que las creencias religiosas se basan en la añoranza de un padre, dando cuenta de una necesidad de protección y autoridad que vuelva soportable el desvalimiento humano; esta añoranza es propia de todo tipo de creencia, más allá del plano religioso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las creencias organizan y sostienen la vida funcionando como una matriz para interpretarla, condicionan las percepciones al operar como prejuicios inquebrantables capaces de sortear las evidencias que se le opongan: se cree y luego se ve. El sujeto de manera conservadora tiende a aferrarse a sus creencias, no está dispuesto a renunciar a ellas aunque pueda reconocer la irracionalidad de sus argumentos: reniega, realiza una desmentida de un trozo de realidad, como si expresara “ya lo sé, pero aun así…”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La necedad expresada en aferrarse a las creencias se articula con la pasión por la ignorancia que consiste en una inercia conservadora respecto de lo establecido, una satisfacción por no querer escuchar, ver, ni saber. Con frecuencia creciente encontramos individuos que prefieren no saber y se satisfacen en la ignorancia con el mal de la banalidad. No nos referimos en este caso a la educación formal, que por otra parte no garantiza la ausencia de esta pasión, sino a un deseo de no querer saber sostenido, por una parte, en una comodidad homeostática e inercial propia de lo instituido, y por otra, en una cobardía, un horror al saber capaz de conmocionar las creencias. Esta pasión va de la mano de la promoción del narcisismo que estimula un individualismo descarnado que intenta no ser afectado por el lazo social: “No me quiero amargar”, “no quiero enterarme”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La pasión por la ignorancia constituye uno de los mayores obstáculos para transformar la posición del sujeto y la cultura. Resulta funcional al capitalismo, de ahí que los medios de comunicación concentrados la promuevan de múltiples maneras, apuntando todas ellas al totalitarismo comunicacional, a la abolición del pensamiento crítico y, en definitiva, a la destitución del sujeto. En consonancia con esto, el neoliberalismo alimenta la cultura del entretenimiento vacío, la frivolidad y la evasión con distintos “quitapenas”, buscando arrasar con la memoria, los legados históricos y el “curro de los derechos humanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La masa, construcción laboriosa que realizan día a día los medios de comunicación concentrados, es la vía regia para la obediencia y el desarrollo de creencias muchas veces disparatadas pero indiscutidas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El poder amenaza con peligros que el mismo construye, impone prejuicios y creencias, al estilo de que el pueblo en la calle es violento, que la oposición es desestabilizadora, que Venezuela es una dictadura, etc. A través de los medios de comunicación primero se instala el miedo y luego se promete protección, inoculando en los individuos la ingenua ilusión de que si obedecen estarán a salvo bajo una supuesta seguridad protectora, que en verdad enmascara lo peor: un violento disciplinamiento social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La masa fascinada ante el “altar de la iglesia”, mientras invoca al dios del consumo por “el pan nuestro de cada día”, incorpora creencias que promocionan una resignación obediente, sacrificial, temerosa y cobarde.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una cultura democrática capaz de ir en contra del neoliberalismo y de la masa, que estimule la pluralidad de voces y cuente con mecanismos que apunten a la desconcentración del poder, constituye el mejor antídoto contra esta forma de colonización de la subjetividad que podemos caracterizar como una nueva religión.</span></p>
<p>[1] Prólogo de <em>“Colonización de la subjetividad. Medios masivos de comunicación en la época del biomercado.”</em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 25 de Enero de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Psicoanalista-Magister en Ciencias Políticas -Autora de <em>Populismo y Psicoanálisis</em>, Edit Letra Viva &#8211; Autora de <em>Colonización de la subjetividad</em>, Edit. Letra Viva</span></p>
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		<title>Los caminos recorridos &#8211; Por Horacio Rovelli</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jan 2018 15:09:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio Rovelli]]></category>
		<category><![CDATA[Bernardo Ginspun]]></category>
		<category><![CDATA[FMI]]></category>
		<category><![CDATA[José Ber Gelbard]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macrismo]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio Rovelli analiza en esta nota el recorrido histórico de la subordinación y dependencia económica de nuestro país y destaca cómo con la llegada del kirchnerismo se procuró la generación de empleo, la defensa la producción nacional y la búsqueda de nuevos mercados para nuestra producción fuera de la subordinación al capital internacional.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Horacio Rovelli analiza en esta nota el recorrido histórico de la subordinación y dependencia económica de nuestro país y destaca cómo con la llegada del kirchnerismo se procuró la generación de empleo, la defensa de la producción nacional y la búsqueda de nuevos mercados para nuestra producción fuera de la subordinación al capital internacional.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio Rovelli*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El nacimiento de nuestro país surgió subordinado al interés del imperio inglés, que no pudiendo tomar militarmente posesión del Virreinato del Río de la Plata lo hizo mediante acuerdos con un sector de la incipiente burguesía local atada a las importaciones y posteriormente, fue ganando cada vez más importancia, con la compra de carne y trigo y después otros alimentos y materias primas, con lo cual abaratar el costo de la mano de obra de sus trabajadores, de los esclavos, para insumos para sus industrias, y generar mercados para sus productos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ese modelo de subordinación se resintió durante la crisis de 1930, obligando a la burguesía Argentina a cierto  grado de industrialización que básicamente fue llevada a cabo por empresas extranjeras que se radicaron en el país, y en menor medida, por los estancieros que se reconvirtieron en industriales, la más de las veces asociadas al capital extranjero, pero esa etapa (Plan Pinedo) iba a profundizarse y desarrollarse en el peronismo, lo que por un lado reconvierte la economía local al pasar a sustituir parte de los que se importaba, y por otra parte, aparece el movimiento obrero como factor de poder en la nueva sociedad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los sectores conservadores, pese a que seguían siendo los más beneficiados porque en ningún momento se les cuestionó su derecho de propiedad, sí tuvieron que hacer concesiones y aceptar las regulaciones por el Estado, entre ellas la de que el Estado se apropió de parte de los ahorros monetarios de los exportadores y reguló su comercio mediante el IAPI,  que sumado a la hegemonía que iba teniendo y que acrecentó tras la segunda guerra mundial el capitalismo estadounidense, con lo que ambos sectores vislumbraron ponerle fin  a la experiencia justicialista, pero dado la importancia del mercado interno en la Argentina de mediados de la década de 50 del siglo pasado, y que vendemos al mundo alimentos cuyo mercado de referencia y principal productor son los EEUU, se continuó con el mismo modelo económico adaptado a los nuevos tiempos. Esto fue así hasta que fruto de las grandes fábricas con miles de obreros, quienes iban acrecentando la resistencia a las condiciones de trabajo y por mejor salario, por una parte, y la restricción energética por la crisis del petróleo por otro lado, pusieron fin al modelo de sustitución de importaciones generados por Pinedo y por Perón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Durante la segunda guerra mundial los exportadores locales le vendieron carne y trigo a los dos frentes, recién Argentina rompió relaciones con el eje al final de la guerra y cuando el triunfo aliado era inevitable. Pero en esa época atesoraban sus superávit en pesos y en el Banco Central, basta recordar quiénes fueron sus presidentes y directores desde que se creó en 1933, para ver que eran todos de esa “oligarquía con olor a bosta” que decía Sarmiento. Perón nombró como Presidente del BCRA a un gallego, que vivía y trabajaba de chatarrero en Lanús –Gran Buenos Aires, Don Miguel Miranda, quién más que duplicó la emisión monetaria licuando la riqueza atesorada y transfiriendo recursos a los trabajadores y a la industria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuenta la historia que Don Roque Vasalli se entrevista con Perón y le pregunta que hacía en Italia antes de hacer tanques y cañones para el Duce. Vasalli le dice que hacía cosechadoras y demás maquinarias agrícolas. Perón le pide que se instale en el país, pero Vasalli le dice que no tiene capitales suficientes; Perón le dio el predio en Firmat-Santa Fe, y a través del Banco Industrial le concedió generosos créditos (a tasas negativas) para la compra de maquinarias, equipos e insumos y pago varios meses a los trabajadores contratados que Vasalli formó y enseñó en el uso de las mismas.  Los recursos los había provisto el campo argentino gracias a la inteligencia de Don Miguel Miranda y sus colaboradores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">También Perón le confió a Miguel Miranda la expropiación de los ferrocarriles a los ingleses como parte de pago de la deuda que ese país había contraído con nosotros, y lo nombró Director del IAPI, e incluso fue el impulsor de productos nacionales (ropa, calzado, enseres personales, etc.) a bajo precio para el acceso a la población, sin embargo, mientras pululan calles, avenidas, plazas, y hasta estatuas de agentes del imperio inglés en el país, no hay una placa recordatoria a ese patriota que murió en el mayor de los olvidos.</span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No estaba agotado el modelo de sustitución de importaciones, es más, había llegado a fases de industrialización y exportaciones de ese origen que garantizaban el financiamiento de un crecimiento sostenido. El problema era el conflicto social, el repudio de los trabajadores apoyados por la población de la política represiva de los empresarios y del gobierno militar que se reflejaron en los “Cordobazos”, “Tucumanazos”, “Mendozasos”, y en que aparecen organizaciones armadas que enfrentan la situación. En ese marco es que Agustín Lanusse y un sector de la burguesía nacional (nacional porque está en el país) deciden jugar la carta de hacerlo volver a Juan Perón, que viejo y enfermo acepta retornar a un país que ya no es el que él conoce.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La historia habla con hechos, los López Rega y la burocracia sindical con el aval de los EEUU,  llevaron a crear las condiciones para que se ejecute el mayor genocidio de nuestra patria e imponer un modelo de subordinación al capital financiero internacional reflejado en la “tablita de Martínez de Hoz”, que posibilitó el endeudamiento para financiar la fuga de capitales, dejando una minoría enriquecida e internacionalizada, y el país con una deuda externa limitante y condicionante de su futuro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los planes stan by del FMI,  el acatamiento por el gobierno de Raúl Alfonsín tras la renuncia de ese otro patriota, también olvidado, Don Bernardo Grinspun, la legitimación de la deuda, el derrape por híper inflación de 1989, el menemismo  y sus diez años de gobierno con las privatizaciones, y la convertibilidad de la moneda con el dólar como si fuera un vale de $1.- = U$s 1, dando lugar a la “Alianza” con total incomprensión de la situación que termina en las aciagas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es más, la crisis del plan de convertibilidad de diciembre de 2001 y la posterior devaluación de nuestra moneda (en abril de 2002 la cotización del dólar era de $ 4.- en el mercado de Montevideo, una de las plazas del mercado negro de divisas de la Argentina) fue traspasada al pueblo argentino con medidas como la de asegurar a los empresarios la conversión de su deuda en dólares a $ 1,40.- , la brutal diferencia con el valor del mercado la pagó el pueblo con endeudamiento para subvencionar a las empresas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En todo ese escarnio, la rotura del modelo de integración en el mercado interno y su reemplazo por el de valorización financiera, en esa brutal transferencia de recursos de la población a los más ricos, se genera el dominio ideológico que hace que gran parte de la población acepte el culto al individualismo, el sálvese quién pueda, a que cada uno se forja su porvenir independientemente como le va a la sociedad, la falsa meritocracia. Perón anciano repetía <em>“no puede haber realización personal en una sociedad que no se realiza”, </em>por lo que el aislamiento de cada uno es funcional al modelo de valorización financiera que tiene a los sectores más favorecidos como únicos beneficiarios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo que pasa con el sistema previsional es un claro ejemplo, el exacerbado individualismo dice que cada uno se procure su jubilación  y que reciba según lo aportado. Lo plantea el gobierno de Macri como fundamento de su reforma previsional, que no es otra cosa que modificar el sistema de ajuste para reducir los haberes previsionales incluido el haber previsional inicial, que prácticamente era el 60% de los que se cobrara en actividad y ahora pasa a ser en torno al 40%.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Terminado en desastre el sistema de capitalización del menemismo, el gobierno de Cambiemos desiste del sistema de reparto en el sentido que no comprende que es el Estado el que debe garantizar una jubilación o pensión digna, independientemente de cuanto hayan aportado, porque lo dice la Constitución Nacional, debe velarse por la vida y su dignidad por el solo hecho de habitar el suelo argentino,  aunque en la realidad se trate de trabajadores que fueron tales por más de 30 años, con aportes plenos o no, pero que trabajaron para poder vivir y que viva su familia, la mayoría de la veces percibiendo salarios de miseria, miseria que el gobierno de Cambiemos trata de perpetuar hasta el último día de su existencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todos los jubilados y pensionados actuales y los que lo van a ser, son fruto del golpe cívico-militar de 1976 y de las pobres democracias que lo sucedieron, con plan austral, de convertibilidad y de emergencia económica, mientras se aceptaba y legitimaba la deuda contraída por los grandes empresarios que operan en el país, se aceptan sus precios y tarifas y se pagan tasas de interés astronómica por un crédito.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo cínico es que los hijos de esos empresarios, socios partícipes y principales beneficiados de la dictadura, pretenden seguir viviendo de rentas, de la bicicleta financiera con nuevas y mayores deudas externas, y seguir descargando sobre los trabajadores (en actividad o pasividad) los costos y las pérdidas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este país, tan siniestro como lo que hemos contado, aparece el gobierno encabezado en primer lugar por Néstor Kirchner, que por un lado impulsó el aumento de salarios por decreto, no decreto para anular leyes y derechos como hizo siempre la derecha en nuestro país, sino un decreto presidencial para recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores. Después armó las paritarias que no se tenían desde antes del golpe cívico-militar y se concedieron todas las libertades para que se ejerza la democracia sindical. Paralelamente generó jubilaciones y pensiones a quienes teniendo la edad (y los problemas físicos que se tienen a la edad) no tenían los aportes por la desocupación o por haber trabajado en negro en  todo el período referido. Finalmente terminó con el negocio de las AFJP, acto que le causó, le causa y le causará la persecución de la burguesía rentista a Amado Boudou, y la creación con los títulos y acciones que las AFJP tenían en su poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES (FGS). Todo ello con la construcción de un sistema de ajuste por salarios estables por convenio (RIPTE) o el ingreso del FGS el mayor de los dos, que garantizó la movilidad previsional y hasta su recomposición.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En un marco de crecimiento económico y creación de puestos de trabajo, el kirchnerismo defendió la producción nacional y fue capaz de generar nuevos mercados para nuestra producción basándose en los acuerdos del MERCOSUR, del UNASUR, de la CELAC, de convenios de inversión y comerciales con China y Rusia, de abrir nuevos mercados fuera de la subordinación al capital internacional, que permitieron tener record de exportaciones (medidas en dólares nunca se obtuvieron las cifras de ventas externas de ese período) y dentro de ella de productos industriales, poniéndose afuera del alcance de las garras del capital financiero internacional, que el macrismo considera que es la forma (lacaya) que tenemos de vincularnos al mundo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La alianza Cambiemos recibió el 41% de los sufragios de los que votaron con un gobierno pro capital (que empodera a los empresarios como dice Gustavo Grobocopatel), sin un programa, sin proyectos claros, más allá de la mentira de la “lluvia de inversiones” y ahora del modelo Público Privado de  inversión pública y la sarta de promesas y buenas intenciones que dicen en los medios, pero sin fundamentos y sí siguiendo los pasos de los gobiernos militares, de Menem y de De la Rúa, que son los que acuerdan y se subordinan con el capital financiero internacional. Encima pide que le den tiempo, sí, tiempo para seguir fugando capitales y empobreciendo a la población.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La culpa del Kirchnerismo fue tratar de hacer un país independiente y pretender disciplinar a la clase empresaria, por ejemplo con los acuerdos con China, que los obligaba a tener que reinvertir al menos parte de su renta, sí aprovechando las ventajas naturales que el país tiene (la tierra más fértil del mundo agua, petróleo, litio, mano de obra capacitada y que se puede capacitar más), pero incorporando constantemente nuevas tecnologías y aumentando considerablemente la escala de producción, solos o asociados, para satisfacer la creciente demanda que dicho acuerdo estratégico e integral significaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Salvando el tiempo y la distancia, fue como los acuerdos que firmó con Rusia José Ber Gelbard en 1973 y 1974, incluso obligando a las empresas norteamericanas a venderles a los países socialistas, cumpliendo órdenes nacionales por estar radicadas en nuestro país. Bastó eso para que la conspiración tomara cuerpo, forma y dirección</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Antes por golpe militar y ahora por la debilidad ideológica de gran parte de nuestra población, troncharon el camino recorrido. Debemos retomarlo más temprano que tarde por el pueblo argentino y todo lo que ello significa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 26 de enero de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPA (Economía Política para la Argentina).</em></span></p>
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		<title>Retroceso civilizatorio &#8211; Por Carlos Raimundi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Feb 2018 21:49:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Raimundi]]></category>
		<category><![CDATA[democracia electoral]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carlos Raimundi analiza en esta nota el retroceso civilizatorio al que asiste el mundo bajo la ofensiva del neoliberalismo y su consecuencia natural, el neofascismo, sobre el modelo de Estados que intervienen para poner límites al poder económico, favorecer la igualdad y estimular la creación de un ambiente propicio para las libertades personales.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><em><span style="color: #000000;">Carlos Raimundi analiza en esta nota el retroceso civilizatorio al que asiste el mundo bajo la ofensiva del neoliberalismo y su consecuencia natural, el neofascismo, sobre el modelo de Estados que intervienen para poner límites al poder económico, favorecer la igualdad y estimular la creación de un ambiente propicio para las libertades personales.</span></em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por Carlos Raimundi*</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El costado mítico de la expresión “políticas de Estado”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Comienzo con un tema que aflora en muchas de nuestras conversaciones cotidianas con amigos, parientes y vecinos, y se refiere a esa idea de que los problemas de Argentina se solucionarían si fuéramos capaces de ponernos de acuerdo en los temas fundamentales y lleváramos adelante entre todos una política común, como hacen otros países.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es una idea que suena muy bien y que, en teoría, todos suscribiríamos. Pero, en realidad, son cada vez menos los países que diagraman políticas de Estado. Ha sido tan descomunal la injusticia desatada por el capital financiero globalizado y la exclusión social sobreviniente, que una grieta semejante a la que vivimos en Argentina y en América Latina se ha desatado en múltiples regiones, tradicionalmente más estables. En segundo lugar, las políticas de Estado, es decir, aquellas que expresan un consenso generalizado de la sociedad política y que por lo tanto no están expuestas a ser cambiadas bruscamente cada vez que asume un gobierno distinto, son propias de regímenes que han consolidado la hegemonía por parte de algunos de los sectores en pugna y que han constituido un bloque de poder lo suficientemente firme como para garantizar, a su vez, la estabilidad a mediano y largo plazo de esas políticas comunes. Pero en países como los de nuestra región, donde todavía está en disputa la concepción de reinstituir colonias o consolidar naciones soberanas con autonomía de criterio de sus pueblos, cada uno de los temas, aun los que debieran ser más compartidos, como las políticas de educación, de salud o de vivienda, está teñido por esa disputa ideológica primaria que tiene que ver con el modelo de sociedad. Por eso resulta tan difícil el acuerdo, y por eso resulta tan difícil también disipar la llamada ‘grieta’ existente entre esas dos concepciones de sociedad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El derrumbe de los símbolos</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En 1989 cayó el Muro de Berlín, uno de los símbolos de la guerra fría. Transitoriamente, pareció que el mundo pasaba de la coexistencia de dos polos a la unipolaridad de los EE.UU. La economía de mercado y la democracia electoral aparecían como los nuevos paradigmas organizadores del llamado nuevo orden mundial. Las dos administraciones del presidente Bill Clinton fueron la expresión de este paradigma a través de la formación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los tratados bilaterales y multilaterales en ese mismo sentido y los acuerdos para proteger la inversión extranjera y especialmente para desregular la circulación del capital financiero globalizado. Se aparentaba una relación amigable entre los Estados, pero, en la realidad, aquellas coordenadas sirvieron para destruir los modelos de desarrollo autónomo tan trabajosamente construidos en los países dependientes durante la etapa del capitalismo industrial. En esa etapa anterior, la del Estado de Bienestar, se establecía, por un lado, la primacía del capital por sobre la masa de salarios, pero, al mismo tiempo, se mantenían ciertos niveles de inclusión social y estabilidad política. Además, la figura del Estado de Bienestar se tornaba necesaria ante el riesgo de la expansión del comunismo. Pero dejó de serlo una vez que éste fue doblegado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la década de los 90, el capitalismo triunfante se desplazó definitivamente de su fase productiva a la financiera. La ganancia centrada en la producción de bienes y servicios pasó a basarse en la libre circulación de activos financieros. Lo cual, sumado a la revolución tecnológica y a la ideología dominante del neoliberalismo, suprimió la idea del ingreso universal como elemento forjador del estado de bienestar, y generó la exclusión de millones de trabajadores, cuyas familias engrosaron los bolsones de pobreza, hambre y desamparo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fue así que aquel “nuevo orden”, que había prevalecido sobre el llamado socialismo real, mostró las garras feroces del capitalismo real, multiplicando situaciones de crisis en distintas áreas del planeta. Así como en 1989 caía uno de los símbolos de la guerra fría y la bipolaridad, el 11 de septiembre de 2001 –tan sólo doce años después- se derribaba el mayor símbolo de la posguerra fría y la unipolaridad con los atentados a las Torres Gemelas.</span></p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://i0.wp.com/inmendoza.com/wp-content/uploads/2014/09/NI-96.jpg?resize=650%2C404" alt="Resultado de imagen para leon ferrari civilización y cristiana cristo" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>La civilización occidental y cristiana &#8211; León Ferrari</em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La tortura como instrumento de la seguridad</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La respuesta del entonces nuevo presidente de los EE.UU., George W. Bush, fue remplazar el paradigma del libre comercio por el de la seguridad nacional. Por primera vez, los EE.UU. aparecían vulnerables a un ataque externo. Y lejos de preguntarse cuáles eran las razones de la desconfianza, el temor y el rechazo que generaban en una gran parte del mundo, adoptaron una posición defensiva, guiada por una lógica muy particular: la mejor manera de defenderse de una posible agresión era agredir primero, dando nacimiento al concepto de la guerra preventiva. El mundo arriba así, a comienzos de este siglo, a una primera fase de lo que llamo “retroceso civilizatorio”: <em>el fin de un largo período histórico de elevación moral de la humanidad, marcado por el proceso de humanización de las penas.</em> Entre otros logros, se había avanzado hacia la abolición de los tormentos, es decir, se condenaba la tortura como método permitido de punibilidad estatal. Se partía de la convicción de que ningún beneficio obtenido en favor de la seguridad nacional o internacional por medio del vejamen a una persona humana, sería superior al daño simbólico y moral causado a todo el género humano si se sometía a un ciudadano o ciudadana a un sufrimiento extremo y despiadado. Esto no quiere decir que no existieran casos individuales y colectivos de tortura, pero eran condenados moral y jurídicamente. En cambio, a partir de la Agenda Nacional de Seguridad establecida por el presidente Bush desde 2002 en adelante, la tortura es homologada como método legítimo de obtener información en defensa de la seguridad perdida. El país que hasta ese momento aparecía como portador de los estandartes libertarios más elevados, informa al mundo que las libertades fundamentales de la persona humana deben sacrificarse a expensas de los dispositivos de control que ese país estableciera para preservar su seguridad nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El fin del debido proceso</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Asimismo, como supuestos custodios de los valores ético-políticos de occidente, los EE.UU. siempre dijeron representar las garantías procesales como la defensa en juicio, la presentación de pruebas o la portación de la verdad como justificación de sus acciones políticas. Sin embargo, su participación en Irak y Afganistán luego del 11-S, demuestran la falsedad de estas premisas “occidentales” frente al “fanatismo y la irracionalidad de Medio Oriente”. Es así que mintieron en cuanto a la existencia de armas químicas en Irak para justificar su intervención en ese país. Y eliminaron el cuerpo asesinado de Bin Laden sin dar lugar a ninguna garantía procesal propia de los derechos humanos universales. Esto no está dicho en defensa del personaje, sino para desenmascarar la hipocresía que hay detrás de los slogans a partir de los cuales nos colonizan.           </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El fin del principio de inocencia, la judicatura cambia de doctrina al servicio del poder económico </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El modelo penal que conocemos se fue moldeando con el avance del capitalismo y la revolución industrial. La miseria derivada del primero y las concentraciones urbanas formadas a partir de la segunda, multiplicaron los delitos contra la propiedad privada en las mayores ciudades. Y, si bien la burguesía no estaba dispuesta a tolerarlos, las corrientes de pensamiento más humanistas influyeron para que a la injusticia del sistema de explotación económica no se sumara la impiedad del sistema penal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se consolidó así el principio de presunción de inocencia. <em>Si bien era dañino que el culpable de un delito permaneciera libre, más dañino aún para un régimen liberal, era que un inocente fuera privado injustamente de su libertad.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy, junto con la preeminencia del valor seguridad por sobre el de la libertad y la dignidad de las personas, el principio de inocencia ha cedido su lugar a la presunción de culpabilidad. Sobre todo si se trata de funcionarios que hayan cuestionado la hegemonía del poder financiero, o de líderes cuyas políticas públicas pusieran límites a su voracidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lejos de su finalidad inicial de ser un contrapeso de posibles abusos, el poder judicial contra-mayoritario, termina gobernando en última instancia, con más poder que la propia voluntad mayoritaria del pueblo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si la evolución del liberalismo político hubiera sido verdaderamente democrática en lugar de haberse hincado ante los poderes oligárquicos, los sistemas penales estarían mucho más preparados para conjurar los delitos del poder sobre la propiedad colectiva de los pueblos –centros de salud, escuelas, vivienda, seguridad social- y los derechos de los pueblos a acceder a ella, que sólo enfocados en sancionar los delitos contra la propiedad individual. Si así fuera, estaríamos ante estándares de desarrollo e igualdad mucho más elevados, y los delitos contra la propiedad individual disminuirían contundentemente. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Corolario, el retroceso civilizatorio</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algo semejante está sucediendo en América Latina respecto de los abusos de las enmiendas constitucionales en los que los poderes derivados se apropian de la facultad constituyente desvirtuando el espíritu de las constituciones populares. Y también respecto de los abusos de los decretos emanados del poder unipersonal sobre las leyes como construcción colegiada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo ello va en dirección de la concentración del poder, es decir, en detrimento de la distribución del mismo que buscaban aquellas nacientes repúblicas liberales. Se trata de un retroceso de tintes monárquicos. Pero, a diferencia de las antiguas monarquías que gobernaban sociedades menos complejas, los actuales modelos de poder concentrado están hechos a la medida de sociedades fragmentadas, con el fin de disciplinarlas. Es decir, despojarlas de todo instrumento de autonomía y pensamiento crítico que ponga en cuestión los intereses dominantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este categórico antagonismo entre modelos de sociedad reside la mentada grieta ideológica que impide la formulación de políticas de consenso. El poder concentrado, una vez que ha cooptado el sentido común de vastos sectores sociales, construye la muletilla de que “hay que ponerse de acuerdo”, “no me hagan participar de disputas que me son ajenas”, con la finalidad de poner en ridículo a quienes sostenemos que no hay campo común con quienes procuran sociedades injustas y dominadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para nosotros, un Estado que interviene para poner límites al desenfreno del poder económico, favorece la igualdad, y esto estimula la creación de un ambiente propicio para las libertades personales. Ellos, en cambio, necesitan ocupar el Estado para que abdique de sus funciones sociales y reguladoras de la economía. Y que ese mismo Estado desertor en lo económico, refuerce sus atributos represivos, para un mayor control, disciplinamiento, ausencia de pensamiento crítico y de autonomía personal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es a esta ofensiva del neoliberalismo y su consecuencia natural, el neofascismo, a lo que llamo retroceso civilizatorio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 5 de febrero de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Ex diputado FpV, secretario general del Partido SI.</em></span></p>
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		<item>
		<title>Carta VI a Ricardo Forster &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Feb 2018 20:25:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
		<category><![CDATA[Carta VI]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Unidad Peronista]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la Carta VI a Ricardo Forster, Jorge Alemán analiza la frase de Alberto Fernández sobre el lugar de CFK en la construcción de la unidad peronista.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/carta-vi-ricardo-forster-jorge-aleman/">Carta VI a Ricardo Forster &#8211; Por Jorge Alemán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>«Con ella sola no alcanza, sin ella no se puede»</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>En la Carta VI a Ricardo Forster, Jorge Alemán analiza la frase de Alberto Fernández sobre el lugar de CFK en la construcción de la unidad peronista.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aunque nos propusiéramos tan sólo mantener una correspondencia sobre Benjamin y Lacan, en la situación actual de Argentina, tarde o temprano, la coyuntura política llamaría a nuestras puertas. En este punto es que me propongo comentar con vos la tan anhelada «unidad del peronismo «que ya parece por fin despuntar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aunque la reclamaban nuestros compañeros más «estéticos» peronismo y una gran parte de la población, la misma tiene un aire de familia con una «solución responsable a la europea». A saber, en momentos donde corre peligro el propio andamiaje de la nación y se corroe por una política devastadora del «macrismo» sobre todo lo logrado con tanto esfuerzo, parece muy sensato y pragmáticamente saludable intentar establecer un límite. Para estar a tono con el clima de época: «primero la patria, después el movimiento, etc., se impone con gran fuerza .Sin duda, en principio parece una buena noticia que incluso los que pertenecemos al ala izquierda kirchnerista debemos considerar seriamente, ya que están nuestras propias fuerzas implicadas. Ahora habrá que ver cómo se desarrollan los acuerdos programáticos y la distribución de lugares.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una frase que en estos días sobresale por su hallazgo al definir el sentido de la «unidad», me refiero a la famosa fórmula de Alberto Fernández: «con ella sola no alcanza, sin ella no se puede», fórmula que tiene el valor singular de intentar definir el lugar de Cristina en la compleja trama que se despliega en la situación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es de suponer que Alberto Fernández resume un límite estructural de Cristina en lo que concierne y está en juego en la apuesta electoral del 2019. Pero me voy a permitir, para someterla una vez más a tu juicio, analizar esta fórmula más allá de su intención explícita llevándola más lejos de su estricta conjugación electoral.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Alcanzar y poder, son los verbos aludidos en la descripción. Pero de entrada hay que subrayar que la frase es sintomática: señala y apunta a un lugar difícil de definir, un elemento que no podría ser integrado fácilmente en un conjunto. Es como si el conjunto denominado «unidad peronista» dispusiera de un elemento, en este caso Cristina, que por un lado tiene las mejores razones para pertenecer a él, incluso es el término que lo constituye y a la vez no se podría definir claramente su lugar. El verbo «alcanzar «hace referencia al número electoral y a su suma, el verbo poder es más enigmático; ¿no se puede qué, no se podría qué? con Cristina. Ese «no se puede «va más allá de los supuestos cálculos electorales. Porque el paradójico lugar que la frase de Fernández le asigna a Cristina, designa el lugar desde donde la Unidad del peronismo además de ser un proyecto electoral necesario para frenar la barbarie macrista, se definiría también como un proyecto antagónico con el Neoliberalismo. Y esto, simplemente porque su sólo nombre evoca una serie de franqueamientos del marco neoliberal que ya no se sabe si la afortunada unidad del peronismo estaría en condiciones de asumir. ¿No es este lugar indefinible de Cristina, esta condición de posibilidad y de imposibilidad que ella misma encarna, lo que nombra en la situación el verdadero lugar de la «causa»? Con lo cual, la fórmula se podría retocar, si ella está no ganamos porque si ella está vuelve la causa, y somos peligrosos. ¿La atinada unidad del peronismo se enfrenta al gobierno de Macri o es un frente antineoliberal? Aunque los dos términos de la pregunta mantienen evidentes puntos en común, no se recubren enteramente. El gobierno de Macri es un instrumento del Neoliberalismo y no al revés. Macri es el proyecto gubernamental del Poder neoliberal. Es su aplicación o uno de sus algoritmos, como se suele decir ahora. Y el lugar enigmático de Cristina es el punto crucial donde el sentido de un proyecto histórico se define.</span></p>
<p>Madrid, 12 de febrero de 2018</p>
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		<title>La Independencia que nos falta &#8211; Parte II &#8211; Por Mario de Casas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Feb 2018 21:45:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mario de Casas]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Independencia]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Simón Bolivar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la segunda entrega de La independencia que nos falta, Mario de Casas sostiene que la formula del desarrollismo debe invertirse: no era “la industrialización” la que iba a romper el atraso ganadero, sino la ruptura del estancamiento ganadero -y primario en general- lo que hubiese hecho posible un desarrollo industrial autónomo.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><strong>Segunda entrega</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>En la segunda entrega de </em>La independencia que nos falta<em>, Mario de Casas sostiene que la formula del desarrollismo debe invertirse: </em><em>no era “la industrialización” la que iba a romper el atraso ganadero, sino la ruptura del estancamiento ganadero -y primario en general- lo que hubiese hecho posible un desarrollo industrial autónomo</em>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Por Mario de Casas*</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: right;">                                                           <span style="color: #000000;"><em>Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>hasta que se hayan roto las cadenas que nos oprimen por voluntad </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>del poder español.</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Juramento de Simón Bolívar ante Simón Rodríguez. Roma, 1805.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Habíamos iniciado una crítica al concepto de <em>subdesarrollo</em> directamente ligada al problema de la <em>cuestión nacional</em>, que se presenta cuando un pueblo aspira a constituirse plenamente como <em>nación</em> y hay una valla que le impide alcanzar esa realización, su autonomía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La primera incongruencia del análisis desarrollista consiste, según lo que hemos visto, en ocultar la fuente misma del subdesarrollo, es decir, la inserción de economías dependientes en el sistema de la economía mundial imperialista. La segunda, en encarar la caracterización interna del subdesarrollo y concebir el combate para superarlo en términos de insuficiencia técnica, frente a la cual se requeriría más capital -léase capital extranjero- y mejores métodos e instrumentos de trabajo. Este enfoque ha llegado hoy al paroxismo con el especioso discurso sobre la “brecha tecnológica” y el famoso “know how”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El subdesarrollo se definiría entonces como pura insipiencia y no como el predominio de estructuras económico sociales que frenan e impiden el desarrollo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta curiosa concepción ha sido causa de históricos equívocos. Se pueden dar distintos ejemplos. Como cuando, frente a la crisis crónica de la ganadería argentina, se sostuvo que la producción de carnes no aumentaría si no se hacían previamente inversiones en infraestructura; o cuando no se explicó por qué, si el país  disponía de un potencial instalado para la producción de maquinaria agrícola en gran escala, esta rama industrial soportó una larga parálisis desde la última dictadura hasta fines de los ´90, que la limitó a trabajar al 40% o menos de su capacidad por falta de demanda, demanda que sí existió y se mantuvo para una producción técnicamente similar pero de bienes de consumo suntuario como los automóviles: la composición de la demanda no es independiente de la estructura socioeconómica y de las decisiones políticas de un país, que a su vez determinan el destino productivo o improductivo del excedente nacional, relación que vale para el desarrollo de importantes innovaciones técnicas que requerirían modestas inversiones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Considerando su carácter esquemático, la fórmula desarrollista puede y debe invertirse: no era “la industrialización” la que iba a romper el atraso ganadero, sino la ruptura del estancamiento ganadero -y primario en general- lo que hubiese hecho posible un desarrollo industrial autónomo. La distancia tecnológica que nos separa de los países de capitalismo avanzado es consecuencia de decisiones políticas. Lo decisivo es la incapacidad del orden ahora fortalecido por el macrismo para sortear una diferencia que justamente los meros datos técnicos -recursos naturales, centros de investigación, experiencia industrial, etc.- no muestran insuperable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con estas reflexiones hemos llegado al meollo de la <em>cuestión nacional. </em>Situación que se ha dado en distintas circunstancias en el curso de la historia moderna, según que el pueblo en cuestión a) tenga que soportar el yugo colonial directo porque no ha conquistado todavía la independencia nacional; b) esté disgregado porque aún no consigue su unidad política o c) haya superado la etapa colonial pero el yugo subsista bajo otra forma: una dependencia estructural de tipo económico-social. Éste último es nuestro caso y el de todos los países del subcontinente con los que, en realidad, deberíamos conformar una <em>nación</em> en el sentido moderno del término.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El concepto de nación</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La contribución más importante de los marxistas al estudio de la <em>nación</em> fue llamar la atención sobre la estrecha relación que había entre el ascenso del capitalismo y la cristalización del Estado-nación. Sostuvieron que el avance del capitalismo destruía los mercados autárquicos, cortaba sus lazos sociales específicos y abría el camino para el desarrollo de nuevas relaciones sociales y formas de conciencia. “Laissez faire, laissez aller”, el primer grito de guerra del comercio capitalista, no condujo en sus primeras etapas a la globalización generalizada, pero generó las condiciones para el despegue de las economías de mercado más allá de las antiguas estructuras comunitarias. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La <em>nación</em> no es cualquier tipo de comunidad. Es una formación relativamente nueva en la historia. Las formas antiguas de comunidad, por ejemplo la Ciudad-estado o los Imperios multinacionales, realizaban totalizaciones políticas que no tenían las características de las modernas naciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo que caracteriza a las naciones que se van formando en la edad moderna e irrumpen en el proceso revolucionario de fines del siglo XVIII y el siglo XIX, es un grado determinado de cohesión comunitaria que está dado por la unidad de un territorio y una lengua común amalgamados por el desarrollo del mercado interno. En otras palabras, una comunidad que ha roto las barreras feudales y el aislamiento, y ha logrado una unidad cimentada en la generalización del intercambio y, por lo tanto, en el avance del capitalismo. La consolidación del Estado-nación se explica por cuanto el capitalismo, la forma más abstracta de control de la propiedad, requería por encima de todo un sistema de leyes que sacralizara la propiedad privada y un Estado que asegurara su cumplimiento.              </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En aquel contexto, en los países sometidos o disgregados, la democracia -oposición al absolutismo político- se hacía nacionalista, patriótica; el nacionalismo germinaba entre los sectores más significativos del pueblo: campesinos, artesanos y pequeño-burgueses de las ciudades, industriales y comerciantes. Todos ellos veían en los príncipes y las aristocracias no sólo a los enemigos de la patria, sino también a los tiranos y explotadores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gran articulador de este movimiento fue la burguesía, que exigía un régimen liberal y representativo porque el individualismo político complementaba y protegía el liberalismo económico basado en la competencia, la libre contratación y la libertad de trabajo e industria, indispensables para el desarrollo fabril y comercial. Por eso mismo la burguesía pugnaba por asegurarse el mercado interno, e impulsó tanto los casos de independencia nacional como los de unidad nacional tardía -Alemania e Italia- en la Europa del siglo XIX.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Nuestra cuestión nacional</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En cambio, lo que ha caracterizado a la <em>cuestión nacional</em> en Hispanoamérica hasta nuestros días es que no ha sido impulsada por el crecimiento de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa, sino por un factor externo: la tajante división del mundo capitalista en un centro imperialista y una periferia colonial o semicolonial. La periferia de la que formamos parte entra periódicamente en crisis como consecuencia de múltiples formas de opresión, económica, política e ideológica. No ha habido un crecimiento de la burguesía en el marco del orden capitalista, como clase que genere por lo menos los cimientos para la realización del objetivo estratégico de la unidad y efectiva independencia nacional latinoamericana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el caso argentino, el proceso de industrialización -modo de acumulación necesario para la maduración capitalista de una formación social- adquirió cierto desarrollo a partir de la crisis mundial de 1929. Pero ese proceso, forzado por las circunstancias y materializado a través de medidas defensivas, no fue de carácter nacional, sino cerrada y claramente clasista, conducido por la oligarquía terrateniente.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Mendoza, 25 de febrero de 2018</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – UNCuyo</span>. </em></p>
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		<title>Hacia una nueva etapa política. Del hartazgo a la esperanza &#8211; Por Carlos Raimundi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Mar 2018 23:08:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Raimundi]]></category>
		<category><![CDATA[desgaste]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[hartazgo]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carlos Raimundi sostiene en este artículo, que el gobierno está entrando en un plano inclinado que no tiene retorno porque la pertenencia, el perfil y los intereses particulares de los empresarios devenidos en funcionarios, los lleva a profundizar cada vez más los caminos de la depredación del país. El camino de salida plantea el desafío de un cambio de fase del movimiento nacional y popular: del hartazgo a la esperanza.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Carlos Raimundi sostiene en este artículo, que el gobierno está entrando en un plano inclinado que no tiene retorno porque la pertenencia, el perfil y los intereses particulares de los empresarios devenidos en funcionarios, los lleva a profundizar cada vez más los caminos de la depredación del país. El camino de salida plantea el desafío de un cambio de fase del movimiento nacional y popular: del hartazgo a la esperanza.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Carlos Raimundi*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En una conferencia, en 2013, se puso a prueba ante 500 personas la posibilidad de que alguno de los asistentes acertara el peso de un buey que el conferencista había conducido hasta el escenario. Votó cada persona presente y ninguna dio con la verdad. Pero, curiosamente, fue el promedio entre todos los votos la cifra que se aproximó casi con exactitud al efectivo peso del animal. Esta introducción es solamente un ejemplo aleatorio de eso, por momentos intangible, pero real, que podríamos llamar “sabiduría popular”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Macri no le habla al Pueblo. Ni saluda al Pueblo, como quedó corroborado con esa escalofriante imagen en que desde las puertas del Congreso agitaba su mano hacia la nada. <em>Es un presidente sin Pueblo</em>. Habló en su discurso de “crecimiento invisible”, y, lejos de lo que algunos creen no se equivocó. Era una metáfora más de esas que se elaboran en las cápsulas de ensayo del poder, para agradar al mundo de las empresas, que es el destinatario de sus trastabillantes palabras y deshilvanadas oraciones. Su preocupación no es la pobreza, sino la tasa de ‘riesgo país’, porque de ella depende que pueda seguir endeudándonos y haciendo pingües negociados. Pero, por un lado, las consultoras internacionales y los diarios especializados ya hablan de la insustentabilidad de su política económica. Por el otro, la inflación, las tarifas, los despidos, los recortes salariales y jubilatorios, tienen su reflejo en el creciente malestar de la gente. La macroeconomía comienza a decirle “no te presto más”, y el Pueblo comienza a decirle “no te aguanto más”. Cuando esas coordenadas se encuentren, tendrá lugar el punto de inflexión que han tenido históricamente las políticas de ajuste en la Argentina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace tiempo señalamos que nadie puede anticiparse a los procesos populares, ni enunciar de antemano qué forma adoptarán. Sólo podíamos decir que sabíamos, por experiencia, que un modelo basado en el endeudamiento externo, centralidad de la ganancia financiera, apertura comercial indiscriminada, cierre de fábricas y talleres, destrucción de la industria, fuga de capitales, concentración de recursos en pocas manos, no podía terminar de otra manera que en el hartazgo de gran parte de la población. Pero no sabíamos con precisión ni cómo ni cuándo éste se manifestaría.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Debido a esa convicción nos opusimos y no consentimos desde un principio el acuerdo con los fondos buitre, la eliminación del cerrojo que limitaba el endeudamiento, la eliminación de retenciones, la re-primarización de nuestra economía, el ajuste social. Aun cuando tantas voces nos dijeran que no debíamos poner obstáculos a las primeras medidas adoptadas por un gobierno democráticamente votado. No se trataba de un antojo, ni de un oposicionismo caprichoso. Lo hicimos porque sabíamos que eran precisamente aquellas primeras medidas las que sentarían las bases de un modelo socialmente insustentable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El cansancio colectivo se hizo esperar, pero no tiene retorno. Se hizo esperar no sólo debido al ocultamiento mediático de las verdaderas características y consecuencias del modelo, sino a todo un complejo dispositivo de persuasión cuyo inicio data de varios años, y se propuso una capilaridad muy profunda, contó con elevados recursos financieros y estrategias de penetración altamente estudiadas, y trasciende las fronteras nacionales para extenderse por toda la región. Un dispositivo de persuasión diseñado más allá de nuestras fronteras, que cuenta con organizaciones intermedias creadas al efecto y que ha gastado mucho dinero en el entrenamiento de políticos, empresarios, jueces, editores, periodistas y otros formadores de opinión. No se trata sólo de un monopolio mediático. Se trata de todo un sistema de interpretación como el que inculca la publicidad de una trabajadora de una fábrica de pastas o de un trabajador de una fábrica de hielo que atribuye los cortes de luz a la conducta de las y los ciudadanos de a pie que poseen aire acondicionado, y no a la desinversión de las empresas, que gracias al aumento de tarifas han incrementado ostensiblemente sus ganancias pero no han invertido para mejorar el servicio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este sistema de falsedades había penetrado profundamente en el registro simbólico de partes muy importantes de nuestra población. Se creó así todo un clima de desprestigio respecto del gobierno anterior, basado en asociarlo con la corrupción y el despilfarro, frente a lo cual el macrismo vendría a poner orden, pese a lo doloroso que ello resultara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mucha gente de buena fe creyó, durante todo este tiempo, en el mensaje de que lo principal era odiar al kirchnerismo. Gente trabajadora y honesta para la cual, como consecuencia de aquella profunda estrategia de persuasión que va mucho más allá de lo mediático, le pasó inadvertido el clásico modelo de saqueo neoliberal vigente, porque el objetivo central se reducía a saturar la agenda con la idea de que el kirchnerismo “se había robado todo” y que de esa “pesada herencia” no se podría salir sin sacrificio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Supongamos que fuera verdad que el kirchnerismo “se robó un PBI”. De ser así, hoy, que estamos gobernados por personas supuestamente probas, estaría disponible para acciones de gobierno y políticas públicas aquel dinero del presupuesto que nosotros robábamos y ellos no, más los 200.000 millones de dólares ingresados en concepto de deuda externa. Es decir, tendrían que agregarse miles de escuelas a las 2.000 construidas por el kirchnerismo, decenas de universidades populares a las 19 creadas por el kirchnerismo, millones de computadoras para las y los estudiantes, fabricadas en el país al igual que las autopartes y los electrodomésticos. La mentira es inocultable, como lo es para cientos de comerciantes que votaron a Macri influenciados por el odio impuesto a su interpretación simbólica, pero que en su realidad concreta sufren el marcado descenso de sus ventas. En fin, cada vez más gente se está dando cuenta de la mentira.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Durante todo este tiempo estuvieron centrados en odiarnos, debido a una supuesta ruta de dinero jamás encontrada, y que en todo caso conduce a las guaridas fiscales donde Macri y los funcionarios de su administración esconden el dinero que evadieron del país. Y mientras tanto, le quitaban la fuente de trabajo, las paritarias, la educación, el haber jubilatorio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gobierno está entrando en un plano inclinado que no tiene retorno. ¿Por qué, si en todo orden de la vida hay posibilidad de rectificación, este gobierno no tiene retorno? Porque la pertenencia, el perfil y los intereses particulares de los empresarios devenidos en funcionarios, los lleva a profundizar cada vez más los caminos de la depredación del país. No tienen otra posibilidad que acentuar el endeudamiento, la fuga de capitales, la concentración de riqueza y el ajuste, porque actúan en beneficio de los grupos que representan, y que ocupan transitoriamente el poder del Estado. Son eso, no pueden ser otra cosa ni ir para otro lado.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://www.fmamericanoticias.com.ar/fmadmin/imagenes/CFK%20acto%2021%20jun.jpg" alt="Resultado de imagen para cfk de espaldas y frente a la multitud" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se trata de un plano inclinado que se inició en diciembre, en ocasión de tratarse la reforma previsional, y que no tiene retorno desde dos puntos de vista. La descomposición del modelo en el plano macroeconómico que ha llevado hasta el límite al endeudamiento desenfrenado, y el hartazgo colectivo respecto de la inflación, las tarifas y la incertidumbre laboral: se conecta el “no te presto más” con el “no te aguanto más”. Allí se produce el punto de no retorno definitivo, y vamos camino a esa situación. Y cuando se llega a esa situación, se producen dos consecuencias convergentes: todo aquello que se nos hizo creer, se desploma, incluso la sonrisa angelical teatralizada profesionalmente por María Eugenia Vidal. Y todo aquello que se nos hizo demonizar, se revaloriza, como por ejemplo la talla política de Cristina. <em>Los próximos tramos de la política se encargarán de desmentir a aquellos que intentaron montarse en el desgaste de Cristina, incluso desde nuestro propio espacio político</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo se está haciendo cada día más evidente. Teníamos un problema muy serio, y era la separación preparada por toda aquella ingeniería de penetración mental y cultural del poder, entre la realidad cotidiana cada vez más angustiante que viven millones de compatriotas y su interpretación política. Vivíamos una realidad concreta tremenda, y sin embargo parte de la población hablaba de otra cosa: de una herencia, del pasado, de una ruta de dinero que nunca se descubrió, y no de la realidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">`Estamos ante un cambio de fase que torna más cercana la realidad concreta con lo que habla cada vez más gente. Eso es lo que demuestran diversas expresiones, y especialmente los cánticos que se propagan espontánea y masivamente ante la menor insinuación. La masificación espontánea de los cánticos de crítica al gobierno está demostrando que ingresamos a un nuevo estadio de la comprensión popular. No sabíamos cómo sería, pero sabíamos que iba a suceder. <em>Los calendarios sociales trascienden a los calendarios políticos y electorales. Son, más bien, los que re-democratizan a una democracia gastada.</em>  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nosotros, desde el movimiento nacional y popular, también tenemos que cambiar de fase. Ya no alcanza con seguir describiendo los flagelos del macrismo, porque el pueblo ya los captó. Seríamos galardonados con el premio al pesimismo, y el futuro sólo se construye en base a la esperanza. Tenemos que plantear el camino de salida, porque muchos compatriotas pueden desanimarse mucho al ver las magras condiciones en que el macrismo está dejando al país.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al no haber votado las leyes fundacionales que abrieron las compuertas para la aplicación de este modelo, tenemos la autoridad política para repudiar una deuda infame que deberá ser pagada por quienes se beneficiaron de ella, no por el pueblo argentino a través del recorte de políticas sociales y productivas. Y tendremos la autoridad y el coraje político para recuperar la soberanía tecnológica del INTI, del INVAP, de la industria satelital, de fabricaciones militares. Y la autonomía del fondo de sustentabilidad del ANSES para garantizar la movilidad jubilatoria. Y haremos la profunda reforma judicial que se necesita para reconstruir un tejido institucional que sirva a los intereses del Pueblo y no de las oligarquías dominantes. Y así sucesivamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y con esa capacidad de irradiación de un horizonte de futuro, reconstituir la mayoría política. El sindicalismo argentino va un paso adelante en ese sentido. Miles de trabajadores estaban en la calle por sus derechos, con prescindencia de si el dirigente de su sindicato los había convocado o no. El trabajador se movilizó por sus creencias, no por su dirigente. De esa misma manera se construye la unidad política. Es eso lo que congregará a la unidad entre aquellos dirigentes que se hayan mantenido fieles a sus creencias y su pueblo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La mayoría no deviene de una suma matemática de dirigentes, sino más bien de esa capacidad de volver a enamorar en base a una esperanza. Eso agrupará a los dirigentes, pero, fundamental y primordialmente, al Pueblo.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 8 de marzo de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Ex diputado FpV, secretario general del Partido Si</em></span></p>
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		<title>Peronismo y humanismo crítico &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Mar 2018 14:48:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macrismo]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio González analiza las implicancias del llamado a la unidad del peronismo y sostiene que la base de un frente capaz de derrotar al macrismo está en la capacidad de amalgama de todos los que perciban el modo de expropiación económica y cultural al que está sometido el país. La peronización del macrismo y la urgencia electoral es otro de los puntos de análisis de González en este texto.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/peronismo-humanismo-critico-horacio-gonzalez/">Peronismo y humanismo crítico &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Horacio González analiza las implicancias del llamado a la unidad del peronismo y sostiene que la base de un frente capaz de derrotar al macrismo está en la capacidad de amalgama de todos los que perciban el modo de expropiación económica y cultural al que está sometido el país. La peronización del macrismo y la urgencia electoral es otro de los puntos de análisis de González en este texto.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>I</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Persiste el ciclo del peronismo? Es necesario que los peronistas que actúan como tales –es decir, respondiendo sin mayores exigencias al llamado de una identidad-, perciban bien el modo profundo de esa significación, y por lo tanto, qué implica un llamado a la “unidad del peronismo”. A nadie puede dejar de llamarle la atención, ahora, que se llaman peronistas personajes ubicados en lugares de fuerte expresión política en el esquema macrista. Están tan a la vista, que el pensamiento crítico, absorto, no alcanza a dar cuenta de ello. ¿No será entonces mejor dejar de lado la reflexión sobre el jefe de la bancada <em>macrista</em> en el senado, el senador <em>peronista</em> Pichetto; el jefe de la bancada <em>macrista</em> en diputados, el <em>peronista</em> Monzó, los numerosos peronistas que votan la legislación que hace aprobar el gobierno en las cámaras, y los notarios gobernadores peronistas que rezan, y no sólo por intereses de “gobernabilidad presupuestaria”, por el cuadro de insignias del angélico presidente Macri y la incauta libélula Vidal? El que desee ingresar sin problemas al dilema existencial que propone la llamada “unidad del peronismo”, es aconsejable que aparte ese cáliz del peronismo enterrado por convicción en las arenas cambiantes de cambiemos. Pero esas arenas resisten con su difusa identidad a los juegos de espejos macristas a pesar de todos los temas que figuran en la carpeta del peronismo clásico; estatizaciones –se niegan-, industrialización –se la combate – distribución de la renta –se la hostiga. ¿Entonces el peronismo sería un rincón cultural de la conciencia que podría abarcar cualquier plan económico? Esta idea el menemismo no la inventó, pero la promovió por doquier. ¿Es la misma que se invoca hoy? Fijeza cultural y mutabilidad económica. ¿Es serio eso?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No cabe duda que pensar las cosas así, escudito en la solapa e integración a todos los planes neoliberales “exitosos” que se presenten, es el colmo del oportunismo, para calificarlo de una manera clásica. Los promotores de la “unidad del peronismo” en su trazo más grueso, ponen cierto empeño, a veces más o menos leve, en aclarar que esos peronistas no entrarían en la “unidad peronista”. Pero de inmediato se genera el problema de las categorías, “exhaustivas y excluyentes”. No se diga entonces que está aclarado este problema.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>II</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El peronismo sin más está atravesado por todas las reales y efectivas contradicciones económicas y existenciales del momento. Así que su unidad podría ser –por hablar filosóficamente- una mala infinitud. Se pensará que esto siempre es así; pero más fácil será decir que este sería un peronismo para reemplazar al macrismo, más o menos en sus mismos términos, corrigiendo tal o cual exceso en la política económica, tal o cual exceso en la “política verbal”, tal o cual exceso en la súper-representación de los intereses empresariales en estado puro, un empresario de sector = un ministro. Ahora bien, podrá decirse que esto es considerar con mucho escepticismo el modo en que se usa el vocablo “peronismo”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No lo es. Ningún compañero que se sienta incluido en esa identidad debe dejar de pensar en esos temas precisamente en nombre de una expresión verosímil e histórica de la identidad. Porque no existe un peronismo “verdadero”, que sería el que depurado después de sacarles las crestas menemistas, macristas, y que al final de la larga marcha hacia el carozo, no deje aparecer un Perón concluyente: tercermundista perfecto y para los más exigentes, un Cooke lector de Sartre o de Lenin. El peronismo es sólo y nada más que una memoria, y eso no es poco sin mucho. Son los que lo emplean para colocarlo como etiqueta de unidades indiferenciadas, como frascos de una farmacopea, o que toman todo según uno de los lados de la perinola, los que usufructúan el último mendrugo de la innegable capacidad que tiene esa invocación –que resuena con tintes dramáticos en los pliegues rememorantes del colectivo social argentino-, para congregar a entusiastas compañeros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que nadie sienta esto como una ofensa. El peronismo es un campo nominalista donde todos, incluso el macrismo, en especial el macrismo, hacen sus operaciones. Es el territorio donde no hay impostores porque de antemano se ha sustraído la idea de verdad. Al no haber peronismo verdadero –salvo el que sepa recrear como un hilo vibrante del pasado trágico del país-, tampoco hay impostores, sino solo especuladores del diccionario venerable de la historia nacional. Es duro decirlo, pero es así. La historia del peronismo hecha con criterios reformuladores y actuales está por hacerse porque lo impiden –sin saberlo, acaso debemos decir-, los que lo invocan protegidos, aún hoy, por la infinidad de frases contradictorias del General, una de las cuales siempre va a caber en el repertorio copioso de los practicantes habituales de la política no menos habitual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para tener la conciencia tranquila frente a la historia del peronismo, hay que hacerla no como un historiador profesional con documentación exquisita en la mano, sino recordando todas las palabras que hemos empelado en nuestra vida militante que creímos que anudaban las necesidades de un presente dado con una herencia que obligatoriamente nos pertenecía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tampoco es así. El peronismo formuló una maquinaria arácnida, iba desde el “peronistas somos todos” hasta la expresión habitual de la invectiva de “traidor”, y desde “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista” hasta “si un peronista se cree más que lo que es, se trasforma en oligarca”. Evidencias de una identidad siempre en movimiento, lo que le garantizaba perdurabilidad y al mismo tiempo le daba tal dispersividad, que finalmente producía ortodoxias tan diversas, que cada ortodoxia tenía como reverso su propia heterodoxia. ¿Pero entonces no hay un piso mínimo de aglomeración de hechos que permita reconocer la identidad a través de sus mutaciones, y las mutaciones a través de la identidad?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con el menemismo ya se hizo difícil pues estaban dispuestos a abandonar la idea del Estado centralizador y la soberanía económica del país –piezas molares del peronismo-, pero se mantenían ciertos rituales, diversas heráldicas, la idea del “jefe”, que además, en este caso, tenía una gran capacidad adaptativa, incluso reflejada en las estetizaciones diversas a las que era sometida su figura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Miles y miles de peronistas aceptaron que ese nombre quedara como un pellejo vacío en cuanto a su memoria programática misma, mientras seguía en uso el conjunto de ritualidades, con su fuerza dramática tan reconocible. El mismo Perón, cuando consideraba las etapas con las que evolucionaba toda historia, mencionaba un período de construcción ideológica (equiparable a los enciclopedistas franceses), otro de institucionalización  y otro de consolidación doctrinaria. Así hablaba. Como sea, esta esquiva sucesión de etapas, con el que todo proyecto político sueña prolongarse en la historia, no tiene siempre la misma suerte de la Revolución francesa, quizás la que lo habría cumplido más acabadamente. De la publicidad de ideas a la creación de instituciones ya sólidamente rocosas, impermeables a lo social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La perdurabilidad casi siempre tiene que ver con el exceso de ritualización. En el caso del peronismo, fue alcanzado de distintas maneras por la paradoja central que lo fundó, postular la unidad nacional (y para ello era necesaria una movilización de masas que a la vez originaba rechazo) y promover un lenguaje revolucionario (que entretejía los ecos de las dos grandes revoluciones contradictorias de la época, y producía una división en las izquierdas y el nacionalismo). Toda esta complejidad estaba destinada a perdurar menos por su audaz operación política –que cerraba un ciclo entero en la Argentina-, que por los picos dramáticos a los que alcanzaba el peronismo con los constantes sacudones en la escena política. El concepto de “movilización”, tomado de viejas doctrinas prusianas –que en algún momento molestó al entonces peronista Carlos Astrada-, el fresco resumen de todos los enemigos en la idea de “oligarquía” –que atrajo a no pocos sectores de izquierda-, y el gusto por las vicisitudes cambiantes que elevaban la temperatura social constantemente, fueron núcleos de atracción del peronismo histórico que explican su arraigo y verosimilitud. Primero, el cautiverio de Perón y el modo en que irrumpió en la Plaza de “las patas en la fuente”. Luego, el bombardeo a la Plaza del 55; antes la ruptura con la Iglesia –uno de los pilares del 45-, después el vertiginoso incendio de las iglesias, los años de exilio, y un Perón que poco a poco se asentaba en lo que llamó “el rol de padre eterno”. La adopción del nombre de “resistencia” para miles de grupos, no necesariamente interligados entre sí, que se caracterizaban por distintos tipos de acciones contra los sucesivos gobiernos que habían proscripto al peronismo, generaban acciones arriesgadas y no pocos martirologios. Y como cierre de un largo ciclo de casi dos décadas, la vuelta de Perón, dónde tenía que optar qué actitud tomar frente a las “formaciones especiales “ –prefirió llamarlas así-, que eran un fuerte síntoma de época, entre el tercermundismo, los socialismos en cada nación dependiente, y la lucha armada como método de acción, todo lo cual hizo de los dos o tres años que antecedieron al gobierno de Perón, un ramillete de actividades entre la tragedia colectiva y el festejo de las figuras más arriesgadas de la hora, en el itinerario iluminado del “guerrillero heroico”. ¿Cómo no ver estrías poderosas de la memoria allí?</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://adribosch.files.wordpress.com/2015/10/elecciones-2015-2108528w620.gif?w=620&amp;h=349" alt="Resultado de imagen para peron menemismo" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IV</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo esto ocurrió en una napa superior de la actividad histórica, donde se movían miles y miles de nuevos movilizados, en una suerte de nueva superestructura cultural radicalizada que tenía distintas contemplaciones, alianzas  o aversiones hacía lo que permanecía, esos aires graníticos del antiguo peronismo doctrinario, que tenía su propia lista de sacrificados y su lenguaje ya definitivamente cerrado en una doctrina que admitía adhesiones de lenguas diversas –la de Arregui, Puiggrós, Jauretche, el marxismo nacional, el fanonismo sartreano populista, el malditismo cookista etc.-, pero que en su fondo último tenía guardado las 20 verdades, clavadas en la carne social durante la década estatal del peronismo, fortísima en dictámenes, consignas, imágenes, historias de redención. Y por añadidura, el “llevo en los oídos una música maravillosa”, que derramaba hacia un futuro de improbables lo que sin embargo es un balance siempre pendiente entre las acciones de igualitarismo social, de redención grupal, de astucias políticas diversas –en general arropadas bajo el nombre de “conducción”-, y de guerras internas, tal como las satirizó Soriano en su momento, pero que tenían más gravedad que el aire bufo que este novelista les dio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>V</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al ocupar toda la escena, el peronismo –como obra magna de su conducción basada en “si voy con los buenos me quedo solo”, protagonizó una batalla campal en su propio seno, literalmente expresada en Ezeiza en 1973, donde puede considerarse que se cierra su ciclo vital.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dicho esto, el peronismo en su forma activista y operante –en su praxis y su estética-, ha cerrado su productividad histórica. Pero no es lo mismo si lo consideramos una memoria abierta a múltiples significaciones, que deben originar –en los grupos y personas que lo invocan-, una actitud interpretativa novedosa. Una hermenéutica social, democrática y de izquierda popular, regida por lo que provisoriamente llamaremos un humanismo crítico. Ya en el intercambio de cartas entre Jorge Alemán y Ricardo Forster se esbozan estos lineamientos. Pero aunque inspirados en ellos, me hago cargo también en su integridad de lo que aquí se dice.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es evidente que hay una urgencia en 2019. La urgencia es una interesante categoría política. Significa que el tiempo es un ser inaprensible y pone límites a todo sin que sepamos cuándo ni dónde. “Actuamos a contrarreloj”. ¿Cuándo no es así en la acción política? Toda la discusión sobre el agrupamiento de fuerzas debe tener una dimensión temporal –en  este caso el ciclo electoral-, una dimensión cualitativa –el Frente se rige por una conceptualizad explícita y pública, en general de índole programática-, y una dimensión trans-profesional. Esta última se refiere a como proceden los políticos profesionales y cómo debe proceder el político de lo que surge, ante el numen de la urgencia que para muchos, también para mí, debe presidir lo que se haga. Me refiero a políticos que miden lo real en términos de “con esto no alcanza”, o sin esto es imposible pero con esto solo no va. Siempre el pensamiento de la escasez como posible de ser resuelto en una sumatoria de agregados ya existentes, sin que se prevea la emergencia de nada novedoso o contingente. ¡Si la escasez es siempre inspiradora así como está! La política se convierte entonces en un arte de trastienda oficiado por los profesionales que saben lo que “alcanza”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por otro lado, la urgencia tiene que ver también con la posibilidad de afinar la definición de lo que es el gobierno de Macri. Neoliberalismo, sí, de acuerdo. Offshore, of course. Deuda externa que después compran en parte ellos mismos, endeudamientos imposibles de pagar, desprecio del mundo del trabajo, no sólo salarial sino también en cuanto a la dignidad del trabajo, incesante conflicto de intereses, que dicen querer cuidar pero que es el motor interno de este grupo de “asaltantes del poder”, trabajar en forma determinista por los intereses que simultáneamente los poseen –ellos a los intereses y los intereses a ellos-, y que al mismo tiempo “representan” en su condición de “funcionarios con cargos en el Estado”. El Equipo, o sea, la gran conjuración de los tecnócratas. ¿Cómo definirla pues?</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://www.diariocalchaqui.com/img/2015/12/Macri-y-el-peronismo-1-650x400.jpg" alt="Resultado de imagen para macri peron" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VI</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si recurrimos al saber de los politólogos, conjunto de técnicas gnoseológicas ya casi encaminadas de antemano a justificar las configuraciones de poder que presentan una adhesión actual a lo empírico del presente, esta es un democracia de derecha con los mismos problemas que tuvieron Alfonsín, Menem o Kirchner, donde haciendo suma y restas y aplicando algún que otro algoritmo más, se trataría de un momento constitucional distinto con problemas diferentes –algún que otro tiro por la espalda, varios jueces en la zona de indignidad, algún que otro desliz autoritario del presidente-, pero nada que no sea dentro de lo posible dentro de las democracias, en un mundo que sostiene con dificultad los viejos parámetros progresistas o iluministas. Este diagrama pasa por alto el modo en que la historia carga las palabras, todas las palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, se tiene la indefinible sensación de que no está todo dicho sobre el macrismo ni que sea posible hacer algo interesante con esa o cualquier otra politología. ¿Cómo explicar las relaciones empresariales y políticas del macrismo, sus dilemas con el mismo mundo del que proviene, sus apuestas osadas para embeberse de cualquier tema que no controlan y especialmente la relación peronismo-macrismo? Está lejos de ser una relación fácilmente catalogable, cuanto más tengamos estos términos en un estante más o menos fijo, donde como conceptos supongamos que ya están dados e incluidos en los diccionarios de alguna real academia. No es así, es claro. Pero tengamos en cuenta el modo en que el macrismo subiste en sectores sociales bajos que se incorporaron sin esfuerzo en su campaña de moralismo ficcional, basado en los casos conocidos y ultra promocionados de la “corrupción” entendida como figura del mal, la inseguridad como forma de la vida que se estrecha, la ciudad como manera de circulación rápida y a la luz de un pragmatismo del orden y de la justicia como frágil cobertor de una venganza sangrienta contra una amenaza exterior, que puede ser un joven delincuente o un narcotraficante como rostros malignos que obstruyen un “ideal de existencia”. Es este estilo la religión de las mercancías macristas. Pero no sabemos mucho sobre el modo en que, a pesar de sus notorias políticas de rebajamiento del nivel salarial y otras consustanciales con este tozudo rumbo, es aceptado como ese tal ideal de existencia, tan indefinible como penetrante en el lenguaje cotidiano, ajeno a los que hablan los políticos tradicionales, pero no Macri con su ignorancia trágica de las complejidades del mundo histórico-social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De tal modo, la urgencia (electoral) debe combinarse como lo que también urge no menos (la urgencia argumental y enunciativa). Esto último no es aparentemente una zona propicia en las reuniones para crear un frente opositor que se han realizado en diversos ámbitos de país, y se seguirán realizando. Se trata, para decirlo cabalmente, de un problema de índole intelectual que trasciende a todos y que a veces es apartado con desgano en nombre de la primera urgencia sin percibir que es parte de la misma urgencia. Cuál es la de definir el fenómeno por el cual el macrismo se “peroniza” en ciertas áreas de su actuación y el peronismo en sus áreas derechistas y otras no menos difusas, va y viene de los alrededores de Macri y la Vidal, no sólo por explicaciones basadas en cuestiones presupuestarias de los distritos que manejan- comprensibles desde ya-, sino que dejan entrever oscuras y sistemáticas compatibilidades.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Muchas veces la “primer urgencia” –electoral-, deja escapar de la boca de compañeros la idea que el orden intelectual siempre involucrado en la política, puede resolverse acusando a los que supuestamente lo cultivan, de estar en un termo, de hablar en difícil o escribir cosas largas. El problema es conocido, es antiguo y atravesó todas las corrientes de expresión. ¿Para qué repetir lo ya sabido? Ni hay que enrarecer las cosas porque sí, en nombre de deleites “intelectuales “, ni pasearse por los patios de la política olfateando “intelectualismo” a toda costa, denunciado con dos o tres frases de ocasión que provinieron también de intelectuales de la tradición popular, quizás acertados en su momento, pero equivocados en su forzado trasplante al hoy. Estos prejuicios, sorprendentemente, son muy amplios y a veces tropiezan más de la cuenta en ellos, los que quieren verse “embarrados de militancia viva, y no en el tapper”, y nada más que porque fueron a una reunión en algún ateneo suburbano, adquieren el derecho a fastidiarse cuando se desciende a las maquinarias conceptuales últimas de los problemas históricos. Hace siglos que nadie sale ganando exponiendo estas ofuscaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VII</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No, mis amigos. El problema intelectual en la actual situación tiene varias aristas. Por ejemplo, ¿se pusieron a analizar qué significa la visita de Patti Smith a la Argentina? El numeroso público que se dio cita en el Centro Kirchner es un público juvenil, entremezclado, variado en edades y gustos, motivado por una cantante y poeta destacada de las contraculturas norteamericanas de los años 60. No es eso lo que está en discusión, ni el arte de Patti Smith ni mucho menos las fotografías de Maplethorpe. Sino las condiciones de producción de ese tipo de espectáculos, financiado por fundaciones internacionales –en este caso la Fundación Cartier, una suerte de FMI para artistas de retro-vanguardia-, condiciones de producción que están lejos de ser discutidas por Patti Smith –quizás porque cree estar en un país que se sacó de encima un odioso “populismo”-, y que en verdad corresponden al estadio más elevado de la industria cultural en el mundo, donde ya da lo mismo Alejandra Pizarnik, Duchamp, Perlongher o Aby Warburg. Pues fueron sustraídos de sus propias condiciones existenciales, y ya es el momento de extirparlos de sus mundos lingüísticos y fenomenológicos, para considerarlos como algo más que se le agrega a Lollapallooza o algún torneo de ese tipo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Doy apenas otro ejemplo, más complejo. En estos días el Teatro Nacional Cervantes organiza un festejo sobre el bicentenario de Marx, con figuras intelectuales competentes y grupos teatrales de vanguardia. ¿Quién se animaría a decir que ésta no sería una muestra de amplitud en un órgano oficial de la cultura que tiene la reputación de ese venerable instituto teatral? En los gobiernos Kirchner hubo muchos de esos actos –y alguno de ellos, muy importante, precisamente en ese lugar, con prominentes figuras de la izquierda mundial-, pero más allá de que el kirchnerismo es una proyección inevitable pero no fácil de definir de una mutación del peronismo –lo que hoy, muchos que lo aceptaron en su momento, lo niegan para no caer bajo los balinazos de Madmoiselle et Monsieur Carpetá-, no es difícil aceptar que por ser el peronismo <em>latu sensu</em> una cultura con sus propios héroes culturales, alguno de ellos del primer nivel literario del país, se susciten ciertos resquemores con Marx, con Borges, etc.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero ocurre que esta dos figuras, como tantas otras, ya están globalizadas. No es por eso que subsisten, sino porque aun contienen el alma secreta de un horizonte general del pensamiento crítico y de la literatura que se expresa luciendo sus raíces milenarias. ¿Pero salvando esta peculiar situación, no sería posible debatir qué significa que una “política cultural” del macrismo incluya a Marx? ¿Pluralismo, oportunismo, imposibilidad de pensar un gobierno como un todo y un sector que se peroniza, otro se marxistiza, con convocatorias a figuras culturales relevantes? Todo eso puede ser y es, menos aceptar que el macrismo es un generoso pluralismo que se suma al feminismo mundial, al marxismo conmemorativo o al ecologismo radical.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Por qué entonces no pensar también en las condiciones de producción de eventos como éstos en medio de un gobierno neo liberal proscriptivo, insensible a las demandas sociales y practicante de justificaciones atroces a las muertes en la calle que producen por goteo y con diferentes excusas dirigidas a su público conservador –popular y no popular-, que poco se interesa por el cumpleaños fantasmal del hombre de Tréveris? ¿O será que los intelectuales que estudian marxismo o que aceptan genuinamente esa identidad van a denunciar a este gobierno en uno de sus más importantes recintos teatrales? Quizás. Ojalá. Y aun así algún funcionario dirá que fue una gesta del pluralismo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://www.unidiversidad.com.ar/cache_2/cfk2_1000_750.jpg" alt="Imagen relacionada" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volviendo a la tan mentada  y urgente “unidad del peronismo”, veo en ella un conjunto de problemas ostensibles. Esta no puede ser una lógica lineal para juzgar lo que “alcanza” o no “alcanza”, sino un logro del pensamiento crítico expandido y renovado. Y en esa misma medida, no escindible de un gesto que nada tiene que ver con agregados, añadidos, lechos de procusto o pensamientos sobre “amplio y flojo versus enérgico y escaso”, sino con la emisión de un grito o una voz propiciatoria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No habrá frente ni ningún otro ensamble productivo de nuevas historias, si queda en manos de pragmatismos de última hora, profesionales del reacomodo incesante y permanente. No lo habrá si no se revisa el pensamiento mismo del corazón del peronismo. Y así, cuando queden sus piezas expuestas a las críticas de su osatura última, nada impedirá que funciones mucho más ambiciosas en términos de memoria proyectual o imán para novedades teórico-prácticas, queden disponibles para un conjunto social renovado. Hay una maquinaria cultural perono-macrista-ucerreísta o macrista-radico-peronista que se ha conjugado bajo banderas de la derecha que absorbe todo en nombre de un pluralismo de fachada, que como nunca escinde vida cultural de furias destructivas de las bases formativas del país, tal como se entendían en momento muy importante de su historia durante el siglo XIX y XX.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La base de este frente capaz de derrotar al macrismo está en verdad en la capacidad de amalgama de todos los que al unísono perciban el modo de expropiación económica y cultural al que está sometido el país y –si le damos una extensión un poquito más dramática- el pueblo nación. Esta última –omitimos el guion- no es una entidad metafísica sino un linaje cultural que en este justo momento de la torsión política argentina, merece el esfuerzo superior de crear palabra nuevas, segundas y terceras identidades que no abandonen necesariamente las de cuño tradicional-, y estos nuevos vocablos son los que merecerán estar esparcidos por todas partes, en numerosas tradiciones políticas. Y que aunque no lo parezca, a veces no viene mal que grupos o personas específicas, con su clamor angustioso, lo susciten, fuera de toda regla, de expectativa ya trillada o de horizontes axiomáticamente transitados. En este contexto, valga la palabra, no parece oportuno abandonar el “vamos a volver”, pues no tiene correlato en las cosas sino en las ideas aun no formuladas de la historia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 20 de marzo de 2018</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</span></em></p>
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		<title>La consigna “Nunca más” &#8211; Por Nora Merlin</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Mar 2018 14:10:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nora Merlín]]></category>
		<category><![CDATA[24 de Marzo]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe de Estado]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nunca Más]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nora Merlin afirma que Todo neoliberalismo y derechos humanos se excluyen, y que ante los nuevos acontecimientos del país nuestro querido e histórico “Nunca más” para sostenerse en su afirmación radical debe significar también “Nunca más neoliberalismo”.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-consigna-nunca-mas-nora-merlin/">La consigna “Nunca más” &#8211; Por Nora Merlin</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><strong><span style="color: #000000;">Nora Merlin afirma que neoliberalismo y derechos humanos se excluyen, y que ante los nuevos acontecimientos del país nuestro querido e histórico “Nunca más” para sostenerse en su afirmación radical debe significar también “Nunca más neoliberalismo”.</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por Nora Merlin*</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las consignas populares son frases, restos de las luchas políticas que se inscriben en la memoria colectiva y participan de un ideario común. Por lo general, son fórmulas breves que condensan cadenas de palabras y múltiples sentidos que no precisan explicitación porque forman parte del código compartido de un grupo social. Se cantan o se gritan cada vez en las marchas, en la calle, en la Plaza, con la fuerza de la repetición ritual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este sentido, cuando decimos “Nunca más” los argentinos sabemos que fue la frase con la que el Fiscal <a style="color: #000000;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Julio_C%C3%A9sar_Strassera">Julio César Strassera</a> cerró su alegato en 1984 sobre la labor de la <a style="color: #000000;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Comisi%C3%B3n_Nacional_sobre_la_Desaparici%C3%B3n_de_Personas">Comisión Nacional acerca de la Desaparición de Personas</a> (CONADEP), y que dio título al Informe publicado que surgió como resultado. “Nunca más” es una consigna que expresa el repudio al <a style="color: #000000;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Terrorismo_de_Estado">terrorismo de estado</a> surgido del golpe realizado por las fuerzas armadas en 1.976, cuyo objetivo mayor fue imponer un plan neoliberal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy constatamos que hay otros modos de imponer el neoliberalismo, ya no se trata de un poder exterior sino de un dispositivo concentrado e invisible, económico y comunicacional. Un dispositivo que produce una nueva subjetividad: sin pasado, sin legado ni marcas simbólicas que nos constituyan como colectivo, configurando una masa sugestionada que se somete inconscientemente al poder real y que es capaz de votar en contra de sus propios intereses.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">También verificamos en éstos dos últimos años que no hay neoliberalismo sin represión, censura y mentiras, sin medios de comunicación concentrados y justicia adicta al poder. ¿Cómo articular la lógica neoliberal con las demandas de los organismos de derechos humanos, tales como Memoria, Verdad y Justicia? Todo parece indicar que neoliberalismo y derechos humanos se excluyen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las consignas populares al formar parte de una memoria viva no se congelan para siempre en una significación, sino que se actualizan y se resignifican cada vez. A la luz de los nuevos acontecimientos del país nuestro querido e histórico “Nunca más” para sostenerse en su afirmación radical debe significar también “Nunca más neoliberalismo”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 24 de Marzo de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Psicoanalista &#8211; Magister en Ciencias Políticas &#8211; Autora de <em>“Populismo y Psicoanálisis”</em> y de <em>“Colonización de la subjetvidad.”</em></span></p>
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		<title>Carta VI a Jorge Alemán &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Apr 2018 16:47:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
		<category><![CDATA[Baudrillard. Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[populismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sizek]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la sexta carta a Jorge Alemán, Ricardo Forster propone profundizar algunas cuestiones fundamentales a la hora no sólo de pensar la época, nuestras circunstancias nacionales y globales, sino, incluso, de imaginar estrategias políticas capaces de no buscar una empatía con los métodos y las estrategias del neoliberalismo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/carta-vi-jorge-aleman-ricardo-forster/">Carta VI a Jorge Alemán &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><strong><span style="color: #000000;">En la sexta carta a Jorge Alemán, Ricardo Forster propone profundizar algunas cuestiones fundamentales a la hora no sólo de pensar la época, nuestras circunstancias nacionales y globales, sino, incluso, de imaginar estrategias políticas capaces de no buscar una empatía con los métodos y las estrategias del neoliberalismo.</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por Ricardo Forster</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(Para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Querido Jorge, primero tengo que pedirte disculpas por el abuso que cometo al convertir nuestro intercambio epistolar en un texto demasiado largo, abuso que, sin embargo, nace de la necesidad de profundizar algunas cuestiones que me parecen fundamentales a la hora no sólo de pensar la época, nuestras circunstancias nacionales y globales, sino, incluso, de imaginar estrategias políticas capaces de no buscar una <em>empatía</em> con los métodos y las estrategias del neoliberalismo. Me preocupa, y me cansan, las propuestas de “apropiarnos de las invenciones comunicacionales y propagandísticas del neoliberalismo” para ponerlas al servicio de una estrategia más realista y pragmática a la hora de intentar ganarle las conciencias al macrismo. El juego especular es un camino sin retorno a la cooptación. De ahí, quizá, las tremendas dificultades que enfrenta todo proyecto genuinamente emancipador que sabe que se han perdido todas las garantías. Por eso, y siguiendo el espíritu de nuestro intercambio, me desvío, un poco, de la coyuntura, de la discusión inacabable en torno del peronismo, de las coordenadas posibles para “garantizar” un triunfo en el 2019, de la figura de Cristina y de su lugar en el frente de unidad, de las demandas “sacrificiales” que se le exigen si es que se “quiere ganarle al macrismo”, para sumergirme en cuestiones teóricas que, a algunos, les parecerán ociosas y poco “políticas”. Creo, estoy convencido, que sin esas “cuestiones” (como las llamó Nicolás Casullo), será imposible “hacer política”. Abrazo</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1 &#8211; </strong>La capacidad del Sistema para capturar el sentido común de la época constituye uno de los problemas ineludibles a los que debe enfrentarse el pensamiento emancipatorio, aquel que todavía piensa en términos de la dialéctica “individuo-colectivo”, que quiere seguir apostando a una sociedad en la que se puedan conjugar los deseos de libertad con las demandas de igualdad. Ese “sentido común” que hoy parece corresponderse con una claudicación de los principios de la igualdad en detrimento de lo común, de lo público y de lo participativo-político, tiene uno de sus pilares en la naturalización de la idea (performativa) de libertad asentada en la tradición del viejo y del nuevo liberalismo (con las consiguientes diferencias que no hay que dejar de señalar entre la doctrina promovida por John Locke y la que en la actualidad lleva el nombre de neoliberalismo, diferencias que giran alrededor de una escisión, cada vez más abismal, entre el individuo llamado al goce solipsista del consumo y el antiguo concepto de responsabilidad del yo para con la comunidad que subsistía en aquel liberalismo anglosajón de los siglos XVIII y XIX y que todavía giraba alrededor de valores universales que, eso sí, se correspondían con los intereses, las necesidades y la forma de dominación de la burguesía emergente de la revolución industrial. El caso emblemático es el de la relación entre ideólogos del liberalismo –como John Locke, Thomas Jefferson o John Calhoun– y la continuidad del sistema de esclavitud<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>). La hipérbole de un individualismo salido de cause, absolutamente autorreferencial y de espaldas a lo común, constituye el centro de la deflagración de la vida social contemporánea.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la exacerbación de este carácter egoísta se monta la estrategia de un Sistema que no ha dudado en dinamitar la relación, siempre compleja y no exenta de conflictos, entre la tradición igualitarista y la tradición de la libertad individual (precisamente señalo lo de “individual” como una de los rasgos, no el único, de la idea y la práctica de la libertad que ha sido sistemáticamente empobrecida a medida que se fue desplegando el dominio planetario del capitalismo). Ese llamado al goce paga el precio de transformar al individuo, no en el centro de una sociedad capaz de seguir arbitrando los vínculos intersubjetivos a partir de la defensa de lo común, sino como puro mecanismo de un poder económico fragmentador que busca despolitizar, a la par que mercantiliza, todas las relaciones en el interior del mundo social (una extendida forma de la intemperie y la desolación asolan la cotidianidad de los habitantes del tardocapitalismo<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>). La trilogía “individuo, propiedad y libertad”, base sacrosanta del liberalismo en todas sus tipologías, ha logrado penetrar hasta el corazón de la subjetividad borrando las huellas de aquellas culturas y formas sociales en las que la experiencia de la libertad no era reducible al “goce individual” y a la posesión privada de los bienes como sus únicos atributos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La ideología funciona allí donde no se trata sólo del engaño, de la falsa conciencia o del error sino de la proyección de una “verdad” interiorizada en el individuo como si fuera la esencia indiscutible de su travesía como especie, es decir, bajo la forma de su naturalización. No se trata, entonces, de la ignorancia servil de una sociedad atrapada en las mentiras del Sistema o de una falsa conciencia que espera el momento de la “iluminación”, ese “para sí” capaz de sacar a los seres humanos de las oscuridades de la caverna. Se trata, antes bien, de la confluencia entre ideología del dominio y proyección imaginaria de subjetividades propositivamente inclinadas a sentirse productoras de “su” libertad<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Por eso, no suele haber nada más escandaloso, para ese status quo del individuo contemporáneo, que las amenazas que se yerguen contra la libertad desde los proyectos de matriz popular-democrática, es decir, populistas e igualitaristas que han venido, una vez arrojado el comunismo al museo de la historia, a constituirse en la nueva bestia negra de la época. El populismo le recuerda vagamente al individuo del “goce infinito” que una amenaza indescriptible surge del reclamo de igualdad y de derechos de esa multitud indiferenciada y negra, según su visión alucinada, que está allí, a su alrededor, para limitar sus fantasías. El odio y el rechazo, unidos a la descalificación y el revanchismo, fueron la materia prima que alimentó tanto el repudio de los años kirchneristas (homologados a lo peor del populismo, la demagogia y la corrupción) como su arrojarse a los brazos envenenados de la restauración neoliberal que le prometía, a ese sujeto del goce, una carambola a dos bandas: por un lado, permitirle ejercer su libertad de consumir –aunque más no fuere que en el terreno de lo imaginario si es que su situación económica no le permitía abalanzarse con avidez sobre los bienes y los dólares tan deseados–, y, por el otro lado, gozar infinitamente, aunque al precio de su propio empobrecimiento y servidumbre, con el triunfo sobre los “negros de mierda” que, ahora sí, volverían al redil del que nunca debieron haber salido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Extraño periplo el de una parte mayoritaria de la clase media. El goce de la libertad como una clara señal de diferenciación; como, recurriendo al símil teológico calvinista, una suerte de “predestinación” que hace de ese sujeto de clase media el actor y el dramaturgo de su propia historia con independencia de fuerzas externas y de limitaciones sociales. Ser elegido, ser diferente, valerse de la propia astucia, inteligencia y fuerza asociable todo esto al valor regulador de la meritocracia: ahí radica, a su vez, la intensidad utópica de la libertad como bastión del individuo contemporáneo, como santo y seña de quien ha logrado pasar del “lado de los ganadores” valiéndose de su propio esfuerzo y superando los obstáculos que se le han interpuesto en su camino hacia el éxito. Libertad y egotismo van de la mano, se complementan y se necesitan. La subjetivación neoliberal trabaja en el interior de este vínculo, lo refuerza y lo expande hasta convertirlo en el centro imaginario de la autoconsciencia del individuo gerenciador de su propia vida. En la figura de la libertad como deseo y práctica del sujeto consumidor se manifiesta, en su máximo grado, la hipérbole del oxímoron, es decir, la contradicción que desgarra la existencia de ese individuo: creerse dueño de sus propias decisiones cuando no es otra cosa que parte de la estrategia del poder para someterlo a una nueva forma de esclavitud. La libertad como autosojuzgamiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> 2 &#8211; </strong>En un libro conceptualmente valioso e inquietante en sus mecanismos deconstructivos de la racionalidad neoliberal, Wendy Brown hace eje en el problema de la libertad, en sus metamorfosis desde los tiempos del liberalismo clásico hasta la llegada a la época de la consolidación del “capital humano” como núcleo distintivo del neoliberalismo. “Si bien en las democracias liberales modernas el <em>homo politicus</em> se ve obviamente adelgazado, es sólo a través del dominio de la razón neoliberal que el sujeto ciudadano deja de ser un ser político para convertirse en uno económico y el Estado se reconstruye de uno que se fundamenta en la soberanía jurídica a uno modelado a partir de una empresa”. En ese giro decisivo se monta el nuevo dispositivo de subjetivación del neoliberalismo que someterá al individuo tardomoderno a una presión descomunal hasta lograr que se quiebre la antigua relación forjada en el interior de la democracia liberal –con sus contradicciones y languidecimientos– entre el individuo, su libertad y lo común, además de ese otro vínculo entre lo público y lo privado engarzado por la máquina estatal con todos sus chirridos pero que no dejó de funcionar habilitando la dimensión política del vínculo entre ambas esferas, dimensión que será una de las víctimas principales del cambio de paradigma iniciado hacia finales de la década de 1970 y que sigue dominando la sociedad del capitalismo global. “Cuando el neoliberalismo –continúa Wendy Brown– somete todas las esferas de la vida a la economización, el efecto no es solamente la reducción de las funciones del Estado y del ciudadano o el aumento de la esfera de la libertad en su definición económica a expensas de la inversión común en la vida pública y los bienes públicos. Por el contrario, es la atenuación radical del ejercicio de la libertad en las esferas social y política. Esta es la paradoja central, quizá incluso el ardid central, de la gobernanza neoliberal: la revolución neoliberal ocurre en nombre de la libertad –mercados libres, países libres, hombres libres–, pero destruye su fundamento en la soberanía tanto en los Estados como en los sujetos”. Por eso, afirma la politóloga estadounidense– se profundiza la tendencia a que “[l]os Estados se subordinan a los mercados, gobiernan para el mercado y ganan o pierden legitimidad de acuerdo con las vicisitudes del mercado; los Estados quedan atrapados en la encrucijada del impulso del capital hacia la acumulación y el imperativo del crecimiento económico nacional”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esa lógica de subordinación no sólo ocurre con el Estado que acaba convertido en un instrumento del mercado y de su consiguiente proceso de reducción de todas las esferas de lo público a la dimensión económica y empresarial sino que también se extiende hacia el mundo privado, hacia el territorio de las vidas individuales asumiendo la forma de una decisiva revolución cultural capaz de modificar las coordenadas de la subjetividad contemporánea. “Los sujetos, liberados para buscar su propia mejora como capital humano, emancipados de todas las preocupaciones por lo social, lo político, lo público y lo colectivo, así como de la regulación de éstos, se insertan en las normas y los imperativos de la conducta del mercado y se integran en los propósitos de la empresa, la industria, la región, la nación o la constelación posnacional a la que está atada su supervivencia”. La libertad, que antaño todavía se asociaba a esas múltiples dimensiones que ampliaban y enriquecían a los sujetos queda, ahora y bajo la impronta de la economización generalizada, reducida a una supuesta libertad para administrar el “capital propio” y disputar en el mercado con los otros individuos que, bajo la forma de la competencia, sólo se mueven en el interior de la esfera de la inversión y la rentabilidad. “En una repetición fantasmal de la irónica ‘libertad doble’ que Marx designó como un prerrequisito para que los sujetos feudales se proletarizaran en los albores del capitalismo (la libertad de la pertenencia de los medios de producción y la libertad para vender su poder laboral), una nueva libertad doble –del Estado y de todos los otros valores– permite que la racionalidad instrumental de mercado se convierta en la racionalidad dominante que organiza y restringe la vida del sujeto neoliberal”. Es esta “restricción” la que remodela la idea y la práctica de la libertad que ha sido finalmente “aliviada” de la pesada carga de las responsabilidades sociales, culturales y políticas para simplemente privilegiar la cruda competencia en la esfera del mercado. La “repetición fantasmal” de la que nos habla Wendy Brown pone en evidencia que la libertad ya no se corresponde con la busca de un sujeto político ni se despliega en el ámbito de lo público. Su ámbito es el de la autorreferencialidad inversora de un sujeto “gerencial” vaciado de la dialéctica que todavía subsistía en el interior de la modernidad burguesa aunque bajo la forma de una persistente tensión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Mientras el <em>homo politicus</em> –reflexiona Wendy Brown siguiendo las consecuencias de esta mutación histórica– se encontraba también en el escenario democrático liberal, la libertad, concebida de modo mínimo como autogobierno y de modo más robusto como la participación en el gobierno a cargo del <em>demos</em>, era fundamental para la legitimidad política, pero cuando la ciudadanía pierde su morfología claramente política y con ella el mando de la soberanía, no sólo pierde su orientación hacia lo público y hacia los valores que consagran, digamos, las constituciones, también deja de tener la autonomía kantiana que apuntala la soberanía individual. En este punto es necesario recordar la promesa democrática liberal esencial desde Locke, que la soberanía popular y la individual se aseguran entre sí. Dicho en el sentido inverso, en la modernidad el <em>homo politicus</em> se arraiga simultáneamente en la soberanía individual y señala la promesa del respeto social, político y legal de ella”. He aquí la transformación no sólo del individuo, el vaciamiento de su autonomía –más allá de las limitaciones “reales” que ésta tuvo siempre en el interior del capitalismo clásico–, sino, también, la profunda reformulación del principio de soberanía individual que estuvo en los fundamentos de la revolución burguesa y que el neoliberalismo dinamita sin contemplaciones y su impacto sobre la soberanía popular que definía la marcha de los asuntos comunes bajo la forma del Estado y de lo público. Wendy Brown da un paso más a la hora de mostrarnos la metamorfosis de la libertad junto con la invención de un individuo que se vuelve gerente de su propia vida al precio de abandonar la dialéctica entre la esfera de lo común y, claro, de lo político con su narrativa individual. Ya que  “[c]uando el <em>homo politicus</em> se desvanece y la figura del capital humano toma su lugar, ya no todos tienen derecho a ‘buscar su propio bien de modo propio’, como lo planteó Mill. Ya no existe la pregunta abierta de lo que uno busca de la vida o de cómo uno desearía confeccionar el yo. Los capitales humanos, como todos los demás capitales, están restringidos por el mercado tanto en su participación como en su producción a comportarse de modos que superen la competencia y se alineen con buenas valoraciones de hacia dónde se pueden dirigir esos mercados”. Son ahora los mercados los que determinarán el rumbo de los individuos “capitalizados”, una nueva teleología arbitraria, fantasmal y en muchas ocasiones caótica y persistentemente amenazante será el escenario de vidas subordinadas a una lógica cada vez más abstracta en la que lo único que cuenta es la habilidad para invertir adecuadamente el capital propio. “La hegemonía del <em>homo economicus</em> y de la economización neoliberal de lo político –concluye Wendy Brown– transforma tanto al Estado como al ciudadano cuando ambos se convierten, en identidad y en conducta, de figuras de la soberanía política a imágenes de empresas financializadas. Esta conversión a su vez lleva a cabo dos reorientaciones importantes. Por un lado, reorienta la relación del sujeto consigo mismo y su libertad. Más que una criatura de poder e interés, el yo se convierte en capital en el que invertir, mejorado de acuerdo con criterios y normas especificados así como con contribuciones disponibles. Por otro lado, esta conversión reorienta la relación del Estado con el ciudadano. Los ciudadanos ya no son en el sentido más importante elementos constitutivos de la soberanía, miembros públicos o incluso portadores de derechos […]. Además, el sujeto que es el capital humano para sí mismo y para el Estado se encuentra en riesgo persistente de redundancia y abandono. Como capital humano, el sujeto está a la vez a cargo de sí mismo, es responsable de sí mismo y es, no obstante, un elemento potencialmente prescindible del todo”[4) La libertad, materia prima de la subjetividad moderna, queda sometida a las fuerzas disgregadoras del mercado y su antigua soberanía convertida en recuerdo de otra época, en el mejor de los casos en melancólico repaso de lo que ha quedado definitivamente subordinado a las duras condiciones del mercado y su razón de ser, la competencia de individuos que se han transformado en inversores de un capital construido sobre la base de una vida abstraída de sus condiciones biográficas, culturales, sociales y políticas. Libertad para la precarización, libertad pata ser engullido por las fauces del mercado.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter" src="http://criticallegalthinking.com/wp-content/uploads/2013/01/Wendy-Brown.jpeg" alt="Resultado de imagen para homo politicus Wendy Brown" width="600" height="250" /></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;">Wendy Brown </span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3- </strong>Reflexionando sobre el tema de la libertad en el espacio digital y de las redes sociales cada día más personalizadas y liberadas de toda responsabilidad que agreda y limite el goce personal (quizás el eje de la “novedad” que trae la etapa neoliberal del capitalismo) Slavoj Zizek va más allá, como tratando de eludir la tentación de quedar fascinado en la contemplación autorreferencial de los circuitos informáticos y comunicacionales, y nos interroga sobre la cuestión de la apropiación “ideológica” de la libertad por el propio sistema, una apropiación capaz de redefinir, como nunca antes, la inversión de la idea de “libertad” hasta el punto de convertirla en su opuesto. Pocas cosas más dramáticas y farsescas que el convencimiento del individuo contemporáneo de ser el artífice de su vida, el gerente administrativo de su tiempo y de sus bienes, el constructor “libre” de su destino, tanto de aquello que tiene de reluciente como de aquello otro que conduce a la derrota y el desamparo. Como si por fuera de esta mónada no existiese nada, apenas las proyecciones alucinadas de una conciencia especular que vaga solitaria por el universo del mercado. “Es algo –esta paradójica inversión, escribe el filósofo esloveno– que no se limita al espacio digital. Permea completamente la forma de la subjetividad que caracteriza la sociedad liberal ‘permisiva’. Puesto que la libre elección se eleva a un valor supremo, el control y la dominación sociales ya no se ven como algo que viola la libertad del sujeto, sino que han de verse (y sustentarse) como la mismísima experiencia del individuo como sujeto libre”. Es aquí, en este núcleo del Sistema que ha logrado penetrar muy profundamente al individuo de la sociedad contemporánea, donde Zizek descubre el significado disolvente de la libertad, porque esta “falta de libertad a menudo aparece so capa de su opuesto: cuando nos vemos privados de asistencia sanitaria universal, se nos dice que es porque se nos está otorgando una nueva libertad de elección (escoger quién nos va a proporcionar esa asistencia); cuando ya no confiamos en el empleo a largo plazo y se nos obliga a buscar un nuevo empleo precario cada par de años o quizá incluso cada par de semanas, se nos dice que ahora gozamos de la oportunidad de reinventarnos y descubrir nuestro potencial creativo inesperado; cuando tenemos que pagar por la educación de nuestros hijos, se nos dice que somos ‘empresarios del yo’, que actuamos como un capitalista que tiene que escoger libremente cómo invertirá los recursos que posee (o ha pedido prestados) en educación, en salud, en viajes (…). Incapaces de romper este círculo vicioso por nosotros mismos, como individuos aislados, puestos que cuanto más actuamos libremente, más nos esclaviza el sistema, necesitamos despertar de este sueño traumático de falsa libertad zarandeados por la figura del Amo” (5)</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://lamenteesmaravillosa.com/wp-content/uploads/2017/09/slavoj-zizek-1.jpg" alt="Resultado de imagen para Zizek" /></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;">Slavoj Zizek</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La aguda crítica de Zizek a “la dialéctica de la libertad”, allí donde la fantasía de lo abierto no logra sustraer al individuo de la sociedad de mercado de las gruesas mallas que ha tejido el capitalismo para sujetarlo y robarle tiempo y vida, se completa con esa otra línea de análisis que hace pie en las primerizas y anticipatorias reflexiones de Walter Benjamin sobre “el capitalismo como religión”. Reflexiones que fueron retomadas, entre otros, por Giorgio Agamben, como una pista decisiva a la hora de intentar descifrar la marcha dominadora de un Sistema que ha sabido apropiarse de la conjunción de pasado-presente-futuro arracimando la temporalidad en una “aquí y ahora” absoluto que se ofrece, sin embargo, como apertura de un porvenir siempre cargado de oportunidades. La apropiación del futuro –promete el neoliberalismo sin ruborizarse– pertenece a los emprendedores, a todos aquellos que se atreven a jugar el juego del mercado, de la innovación y del riesgo a cambio de alcanzar el éxito. Cada cual es el responsable de su triunfo o de su fracaso. Como la mónada leibniziana, el individuo del capitalismo tardío es un mundo cerrado sobre sí mismo que, a partir de sus ventanas, se relaciona con el universo exterior. La libertad se asocia, de forma inmediata, no sólo con la autorreferencialidad sino también con la moral meritocrática. A esos rasgos distintivos que definirán al individuo moderno-burgués, Benjamin le agregará el componente religioso del capitalismo que introduce la tenaza deuda-culpa como núcleo de su culto y como fundamento último de su predominio histórico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>4- </strong> Me detengo entonces, siguiendo las conclusiones de un valioso ensayo de Cuauhtémoc Nattahí Hernández Martínez (6), en la cuestión decisiva de la deuda y la culpa como núcleos centrales de la religión capitalista. “A partir del regreso del trabajo servil y de la apropiación del tiempo que lleva a cabo la deuda, lo que sucede en última instancia es que es el propio capitalismo el que <em>asegura y gestiona </em>el futuro”. He aquí un punto nodal en la producción contemporánea de subjetividad que se asocia, sin dudas, a la revolución del crédito y a la generalización de la tarjeta de crédito que se va desplegando, de modo cada vez más masivo sobre todo desde las últimas tres décadas del siglo pasado, hasta configurar la cartografía de una deuda inconmensurable que define la cotidianidad de las sociedades tanto centrales como periféricas. “Con el mecanismo de la deuda y el sistema de crédito –continúa Hernández Martínez–, el capitalismo “dispone de antemano del futuro”, porque las obligaciones contraídas para con él permiten prever, calcular y medir las conductas y los comportamientos venideros tanto de los individuos como de las poblaciones deudoras. El mecanismo del crédito, en este sentido, es un conjunto de técnicas que le permiten al capitalismo desplazarse y extenderse hacia el futuro, pues a través de esas técnicas es el propio futuro el que queda embargado, en tanto que el flujo temporal queda asegurado a través del flujo permanente de dinero que el servicio de deuda hace posible. Sin embargo, el tiempo y el futuro aquí referidos deben ser entendidos en un sentido radical y distinto al sentido cronológico, pues la gestión del tiempo y del futuro que la deuda implica es una gestión esencialmente de las bifurcaciones posibles que encierra el tiempo y una neutralización de las posibilidades que encierra el futuro. Lazzarato afirma que lo importante aquí es que se reduce el futuro y sus posibilidades a las relaciones de poder actuales”. Como si el capitalismo en su fase neoliberal hubiese engullido, de un bocado monstruoso, la idea y la vivencia del futuro, propia de la modernidad, para sustraerle su potencialidad de novedad y ruptura al punto de disolverla en lo que Benjamin llamó “el infierno de lo siempre igual”, de una repetición que hace del instante la suma de una temporalidad vacía, lineal y homogénea. Escenario de la multiplicación al infinito de la dominación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Desde este punto de vista, la deuda es sobre todo un instrumento de control del tiempo, en este sentido <em>de neutralización de lo posible </em>y <em>de subordinación de toda posible decisión </em>que pueda encerrar el futuro a la reproducción de las relaciones de producción y de poder existentes. La gestión del tiempo y del futuro que implica la deuda, le permite al capitalismo reducir lo que será a lo que es y reducir el futuro y sus posibilidades a las relaciones actuales. Todavía, como sostiene Lazzarato, en las sociedades industriales subsistía un tiempo abierto bajo la forma del progreso o de la revolución; en nuestros días, por contra, el futuro y sus posibilidades son aplastados bajo la forma de un presente que alcanza el futuro a través de la deuda. El futuro, en este sentido, termina entre nosotros transformándose ya con anticipación en presente, en tanto que el <em>por-venir </em>no es más que una mera anticipación de la dominación y la explotación actualmente existentes”.  Lúcido análisis que explica por qué la perspectiva del futuro, que antaño llevaba en su interior las promesas utópicas que le dieron forma a los ensueños revolucionarios o, incluso, a la ilusión de un progreso continuo, hoy ha sido, en gran medida, capturada por la “deuda” y sus determinaciones allí donde los sujetos sujetados a ella lejos de ver en el futuro una oportunidad ya lo han gastado a cuenta. El “tiempo” de la deuda es, también, el de la culpa y el del temor. La promesa del “goce perpetuo” se trastoca en el miedo a un mañana que ya ha sido contaminado por la demanda insaciable de la devolución financiero-bancaria. El crédito ha metamorfoseado el futuro de acuerdo a la necesidad de control del capitalismo quitándole cualquier resto de novedad y sorpresa disruptiva y convirtiéndolo en “servidumbre voluntaria”. Así como al finalizar la Segunda Guerra Mundial los laboristas ingleses comprendieron que, de algún  modo, tenían que contener a las tropas que regresaban de los campos de batalla ofreciéndoles, entre otros mecanismo “reparadores”, acceso a viviendas a larguísimo plazo que tuvieron un doble efecto: descomprimir las protestas y la carga de violencia anómica que podía devenir en violencia antisistema junto con la invisible penetración del conservadurismo en una clase social que ahora quedaba endeudada por décadas. Crédito, deuda, tiempo, libertad para endeudarse, quedan asociados en el nuevo giro del capitalismo de posguerra que incluirá, también, la construcción del Estado de bienestar. Mientras duró permitió disimular el proceso de cooptación de la clase obrera que eligió políticas de pleno empleo, seguridad social, educación y salud públicas a los viejos sueños de la revolución y el socialismo. En todo caso, fueron 30 años de una abundancia distributiva que incubaron, aunque eso pasaba desapercibido, lo que luego sería la gran revancha del capital a partir del giro neoliberal de finales de los años 1970. Cuando se acabó la abundancia, cuando se terminó el proceso ascendente del poder adquisitivo de los salarios, cuando se hizo patente la crisis de acumulación y el descenso de la tasa de ganancia, lo que quedó, intocado y multiplicado, fue el endeudamiento. Sobre él, acelerándolo, llevándolo a los confines del planeta, penetrando la vida individual y la colectiva, se reconstituyó la maquinaría de dominación del capital que había tenido que adaptarse a las turbulencias de la posguerra y a las amenazas tanto del comunismo como de la descolonización tercermundista. Agazapada, siempre dispuesta, estaba la “deuda” para recuperar la rentabilidad perdida durante los años del “despilfarro populista”.  Se abría una época dominada por el miedo a la bancarrota, por la caída en picado hacia la exclusión y por nuevas formas de intemperie y fragmentación social. En el mismo momento histórico en el que se eleva al individuo al pedestal como dueño de su vida y gerente de sus decisiones, se lanza a miles de millones de seres humanos a la más cruel de las experiencias de egoísmo, maltrato, violencia, explotación y marginalidad como nunca antes había vivido la humanidad. Pero se lo hace estableciendo el dominio sacrosanto de la democracia liberal y globalizando las relaciones de mercado hasta no dejar nada fuera de sus ávidas fauces. Una nueva fantasmagoría, heredera de la invención moderna del ciudadano y del sujeto autónomo, hace su aparición bajo la forma, enmascarada y siniestra, de la deuda y la culpa. El salvataje por parte de los estados-nacionales de la colosal bancarrota de los bancos y las financieras durante la crisis iniciada en 2008 sólo se pudo hacer convenciendo a los ciudadanos europeos y estadounidenses de que ellos, y no los bancos ni los grandes especuladores, eran los responsables de la crisis. A pagar antes de que se acabe el mundo…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">              </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://ficciondelarazon.files.wordpress.com/2018/03/hernandezmartinez1.png" alt="Resultado de imagen para Cuauhtémoc Nattahí Hernández Martínez" /></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La astucia del Sistema, como no podía ser de otro modo, apuntó a desnutrir las políticas del Estado de bienestar amplificando, a su vez, el crédito asociado al consumo masivo de bienes no durables y desarmando las viejas solidaridades entre los trabajadores y un Estado que garantizaba, antaño, los servicios sociales. Junto con golpes concretos sobre legislaciones y sindicatos se desplegó una multifacética acción discursivo-ficcional dirigida a descalificar y desprestigiar al modelo bienestarista convertido, ahora, en el causante de todos los males asociados a la pérdida de competitividad, a la caída de la productividad y a la proliferación de políticas demagógicas que llevaban a las economías nacionales al borde del colapso. Caído el bloque socialista, desarmada la amenaza revolucionaria que tuvo su última oleada en los años 1960, el gran enemigo pasó a ser el populismo, al que era imprescindible convertir en la expresión de la decadencia, la ineptitud y la corrupción. Pero a diferencia del otrora enemigo comunista, el nuevo debía ser demonizado atacando las bases del sentido común que fue propio de los sectores subalternos durante las décadas hegemonizadas por el Estado de bienestar. No era fácil desacreditar políticas distribucionistas asociadas, en la memoria popular, a gobiernos democráticos y de raíz progresista. Había que bombardear lenguaje y sentido común destruyendo creencias y experiencias reales que debían ser transformadas en manifestación del horror populista con su demagogia y sus infinitas formas de corrupción. A eso se abocó la industria cultural dominada por la ideología neoliberal. Se ocupó de penetrar la capilaridad de la vida individual y colectiva. Se puso en funcionamiento una profunda y decisiva revolución cultural que apuntó a redefinir las formas de subjetivación de la masa consumidora llevándola, cada vez más, hacia la valorización de lo individual sobre lo común, el emprendedorismo sobre los colectivo y asociado, lo privado sobre lo público, el imaginario de la riqueza y de los ricos sobre la antigua solidaridad de los pobres. Para ello, una nueva alquimia de libre elección, expansión de los medios de comunicación, acceso al crédito, pérdida de las referencias históricas, desideologización y despolitización fueron parte central de esa insistente producción de subjetividades absorbidas por el mercado y sus exigencias. El espejo invertido del narcisismo neoliberal muestra la imagen del desamparo y la soledad mientras proliferan las promesas de paraísos artificiales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Lo que expropia hoy el capital –precisa Hernández Martínez– es sobre todo este <em>tiempo abierto</em>, esta temporalidad como posibilidad, que la deuda achata y reduce al tiempo cronológico propio del capital, al tiempo puntual, homogéneo, vacío y continuo de que requieren esas actividades mercantil-capitalistas como son la compra, la venta, el consumo, la producción y el crédito. Nada más alejado de aquel tiempo mesiánico, pleno, discontinuo y signado por la decisión, que, al momento de redactar sus <em>Tesis sobre el concepto de historia, </em>Benjamin de seguro tenía en la cabeza cuando pensaba la <em>revolución </em>como una interrupción y destrucción del tiempo cronológico. En “Destino y carácter” […] Benjamin sostiene que “el destino se muestra cuando observamos una vida como algo condenado, en el fondo como algo que primero fue condenado y, a continuación, se hizo culpable”. Lo que esto significa es que el destino es un orden cuyos fenómenos constitutivos son la desdicha y la culpa y en el cual no hay camino pensable de liberación.  Algo que es destino es, al mismo tiempo, algo que  está en la desdicha, en la culpa y que está condenado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La situación a la que hemos arribado con la lógica sacrificial de la deuda en el neoliberalismo, se parece mucho a la situación que Benjamin describe. A través de la captura del tiempo abierto que lleva a cabo el mecanismo de la deuda y el sistema de crédito, las relaciones sociales de producción capitalistas se convierten en “destino” en el sentido de Benjamin. La extraña sensación de vivir en una sociedad sin tiempo, sin génesis ni télosis, en una sociedad cosificada y sin posibilidad de ruptura tiene en la deuda una de sus explicaciones, pues a través de la deuda y el crédito, el capitalismo gestiona el futuro y el tiempo e intenta convertirlos en destino, en un orden de la desdicha y de la culpa y del que no hay salida. Es así como el mismo <em>por-venir </em>es ahora lo que es sacrificado en el altar al capitalismo”.  Entre el dominio de la deuda, la consecuencia culpable que ella genera en el individuo, y la ficción de la libertad se ha ido construyendo la máquina de dominación neoliberal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>5- </strong>Desde otra perspectiva, y anticipándose a quienes en la actualidad hacen eje en estas paradojas de la libertad, de lo virtual y del simulacro como formas dominantes de la sociedad de mercado global, Jean Baudrillard contrapone la idea de lo universal a la idea de lo mundial, el punto exacto en el que se abandona la referencia a valores, propia de lo universal, para pasar al dominio de lo abstracto que es propia del intercambio. “En lo mundial –dice el filósofo francés–, todas las diferencias se borran, se desvanecen en favor de una mera y simple circulación de los intercambios. Todas las libertades se esfuman en favor de la desregulación de los intercambios. Mundialización y universalidad no van de la mano, son más bien excluyentes. La mundialización se da en las técnicas, en el mercado, en el turismo, en la información, La universalidad es la de los valores, los derechos del hombre, las libertades, la cultura, la democracia”(7). La paradoja es que esas “libertades que se esfuman a favor de la desregulación de los intercambios” afirman el predominio de una “genuina libertad” que, a ojos del ciudadano medio, constituye el meollo de lo deseable e innegociable. El desplazamiento de la universalidad de los valores, propia de la herencia ilustrada y del viejo liberalismo que también fue compartida por las tradiciones igualitaristas, se corresponde con la proliferación de prácticas de intercambio que diluyen, en la pura abstracción dineraria, lo que antes suponía una relación con el otro e, incluso y siguiendo a Zizek, con la “figura del Amo”, aquella que habilitaba la lógica del conflicto y del reconocimiento. Un nuevo egoísmo se proyecta hacia fuera y hacia adentro de la vida de individuos hablados por la fascinación que emerge de las mercancías y de su multiplicación ilimitada.                                                </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En <em>La nueva razón del mundo</em>, Christian Laval y Pierre Dardot sostienen que “el nuevo sujeto ya no es sólo el sujeto del ciclo producción/ahorro/consumo, típico de un período maduro del capitalismo. El antiguo modelo industrial asociaba, no sin tensiones, el ascetismo puritano del trabajo, la satisfacción del consumo y la espera de un goce apacible de los bienes acumulados. Los sacrificios consentidos en el trabajo (la ‘desutilidad’, de <em>desutility) </em>eran compensados por los bienes que se podían adquirir gracias a los beneficios, <em>utilíty. </em>Como lo hemos recordado más arriba, D. Bell había mostrado la tensión cada vez mayor entre la tendencia ascética y el hedonismo del consumo, tensión que, según él, había alcanzado su culmen en los años 1950. Así se entreveía, sin poder todavía observarla, la resolución de esta tensión en un dispositivo que identificaría rendimiento y goce, cuyo principio es el del ‘exceso’ y la ‘superación de uno mismo’. Porque ya no se trata de hacer lo que se sabe hacer y consumir aquello de lo que se tiene necesidad, en una especie de equilibro entre desutilidad y utilidad. Lo que se requiere del nuevo sujeto es que produzca ‘cada vez más’ y goce ‘cada vez más’, que esté así conectado con un ‘plus- de-gozar’ que ya se ha convertido en sistémico. La vida misma, en todos sus aspectos, se convierte en objeto de los dispositivos de rendimiento y de goce”(8). Estos dispositivos culminan, a su vez, en la generalización de padecimientos psíquicos, particularmente la peste de la depresión y su medicalización correspondiente, hasta el punto de poner en evidencia la dialéctica perversa que se da entre los “dispositivos de rendimiento y de goce”. Ahí radica uno de los “secretos” del Sistema, su potencia para vulnerar la vida individual y compartida exacerbando un individualismo atrapado en nuevos y sofisticados mecanismos de autodestrucción. Nada más difícil de superar desde una perspectiva emancipatoria que la compleja urdimbre de la servidumbre voluntaria, aquella que no nace de la violencia opresiva, del sometimiento descarado y de la explotación directa, sino la que se construye en el interior del sujeto como núcleo de un goce perverso. La “libertad” como forma superior del autosometimiento del yo constituye la astucia última del Sistema. De ahí que resulte tan opaca y velada la conducta de los sujetos allí donde predomina la mercantilización de todas las relaciones junto con la proliferación de la industria de la cultura y la sociedad del espectáculo. La pregunta <em>naïf</em> que suele aparecer cuando se profundizan los mecanismos del sometimiento a través del consentimiento de los explotados es aquella que no comprende porqué los incontables aceptan ser dominados. Desde Etienne de La Boitie, con su opúsculo genial que nombró para siempre la “servidumbre voluntaria”, el pensamiento crítico fue buscando enhebrar distintas respuestas inconclusas y provisorias, respuestas que no dejaron de chocar con el sentido común de cada época. Lo mundial, al decir de Baudrillard, se conjuga con lo virtual y con el dominio abrumador de signos sin referencia. “El estadio del espejo ha cedido el sitio al estadio del vídeo. Ya nada escapa a esta especie de tomavistas, de toma de sonido, de toma de conciencia inmediata, simultánea. Ya nada tiene lugar sin la pantalla. Ya no es un espejo. La identidad viviente, la del sujeto, suponía el espejo, el elemento de la reflexión”(9). Sugestiva la contraposición entre el “estadio del espejo” y el “estadio del vídeo”, entre la reflexión que supone un afuera, la presencia de una otredad, de una diferencia, y la proyección de lo igual, de una simultaneidad indiferenciada. “Esta diferenciación –continúa Baudrillard– procede de la filosofía moral. Se ha desarrollado toda una historia del sujeto y del individuo en oposición a lo social, pero hoy ese sujeto está hechizado, ha perdido su libertad, ya no es dueño de sus orígenes ni de sus fines, es el rehén de la red. La prioridad está en la red y no en los abonados de la red. La identidad está del lado de la red y no del individuo. También lo colectivo pasa a la red. La hiperrealidad virtual ha engullido ambos términos a la vez. La polaridad individual/colectivo se borran”(10). La fantasmagoría que recorre la conciencia de la libertad se expresa, bajo las condiciones de la mundialización neoliberal, en que allí donde se supone plenamente libre el individuo queda prisionero de las redes y el mercado. Lo que no puede ni quiere es poner en cuestión esta inversión de la libertad; por el contrario, la radicaliza más allá de toda reflexión y como puro gesto de una espontaneidad artificial. Nada más arduo y difícil que romper esta coraza, que como una segunda naturaleza, cubre la conciencia individual cada día más sumergida en las aguas del mercado, del dinero y de las redes. Es esta extraña dialéctica la que amplía la “servidumbre voluntaria” en nombre de la defensa irrestricta de la libertad. El capitalismo, mientras tanto, se deja gozar bajo la forma de una nueva infinitud promotora de mayor desigualdad, exclusión y destrucción ambiental.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-xRW_96IRNeQ/VjfAl-M4cZI/AAAAAAAAGlA/94IZ1VZ0FfQ/s1600/7577.jpg" alt="Resultado de imagen para jean baudrillard" /></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;">Jean Baudrillard</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Siguiendo las estelas de los diversos autores que he citado, pero en particular tratando de imaginar un lugar, todavía, para el <em>homo politicus</em>, creo necesario escapar a la fatalidad de un presente convertido en futuro inevitable y  de clausura para cualquier alternativa que busque sustraerse al abrazo de oso del neoliberalismo. Por eso, insisto con esto, dar cuenta de las transformaciones que se han operado en el imaginario de la libertad penetrando en las consecuencias que ellas –las transformaciones– trajeron aparejadas se convierte en una estrategia teórico-política sin la cual será imposible cartografiar la actualidad del sujeto en un mundo sometido a las fuerzas combinadas del capital, del mercado y de la digitalización. Desentrañar el funcionamiento de la maquinaria de subjetivación, despejar la idea del “crimen perfecto” del resto no succionado por el Sistema de sujetos que siguen buscando modos, sueños y prácticas emancipatorias, constituye un gesto político, un acto intelectual y práctico de ruptura con el sentido común dominante. Se trata, quizá, de inventar nuevas figuras que nombren de otro modo la libertad, que aspiren, otra vez, a enlazarla con la igualdad (el neologismo de Étienne Balibar “igualibertad” expresa con fuerza el objetivo emancipador de reunir lo que fue separado pero poniendo en evidencia, a la vez, que esa reunión pase a resignificar ambos términos). No hay política de la emancipación renunciando a la disputa por el sentido de aquellas tradiciones construidas alrededor de palabras-conceptos portadoras, desde la lejanía de los tiempos y de los sueños, quizá imposibles pero imprescindibles , emanados de la “igualibertad”. Como diría Jorge Alemán: el crimen perfecto sería capturar ya no sólo la subjetividad del individuo contemporáneo sino penetrar al sujeto hasta el fondo del habla dejándolo, ahora sí, en silencio. Si hay política es por que queda ese resto que permanece, todavía, más allá de las garras del neoliberalismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 8 de abril de 2018<a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1"></a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[1] Domenico Losurdo ha escrito un libro decisivo –<em>Contrahistoria del liberalismo</em>– en el que ha logrado demostrar la inextricable relación que existió entre algunos filósofos y políticos del comienzo de la tradición liberal anglosajona y la esclavitud. “¿Se puede ser liberal y esclavista al mismo tiempo?” se pregunta Losurdo y su respuesta es contundente y erudita en la recopilación de citas de diversos autores que establecen ese vínculo ominoso. Después de citar largamente las opiniones de Calhoun en las que este reivindica la esclavitud como “un bien positivo”, por qué –se interroga el filósofo italiano– silenciar el argumento, previo y anticipador, de Locke que será retomado por el Vicepresidente de los Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Locke –cita Losurdo a David Davis– “es el último filósofo que trata de justificar la esclavitud absoluta y perpetua”. Sin embargo, “esto no le impide denigrar con palabras de fuego la ‘esclavitud’ política que la monarquía absoluta quería imponer”. Tanto Calhoun como el filósofo inglés están relacionados con la trata: el primero es propietario de esclavos y el segundo tiene sólidas inversiones en el comercio de negros. La lista de liberales que sostuvieron el régimen esclavista es larga: Andrew Fletcher (Jefferson lo define como un patriota), James Burgh (Thomas Paine lo cita con complacencia en el opúsculo más célebre de la revolución norteamericana –<em>Common Sense</em>–). Incluso pensadores como John S. Mill que criticó ásperamente a los liberales ingleses por haberse alineado con el Sur esclavista contra el Norte comandado por Lincoln, no deja de reconocer en el sistema esclavista un paso necesario en la tarea de educar a las “tribus salvajes”. “La esclavitud –destaca Losurdo siguiendo la reflexión de Mill– es en ocasiones un paso obligatorio para conducirlas al trabajo y hacerlas útiles a la civilización y al progreso”. Más grave todavía es el recordatorio que hace el filósofo italiano: “En la revolución norteamericana Virginia desempeña un papel relevante: aquí está presente el 40 por ciento de los esclavos del país; pero de aquí proviene el mayor número de protagonistas de la revuelta que ha estallado en nombre de la libertad. Durante treinta y dos de los primeros treinta y seis años de vida de los Estados Unidos quienes ocuparon el puesto de presidente fueron propietarios de esclavos, provenientes, precisamente, de Virginia. Es esta colonia, o este Estado, fundado en la esclavitud, el que proporciona al país sus estadistas más ilustres; baste pensar en George Washington (…) y en James Madison y en Thomas Jefferson (autores respectivamente de la Declaración de independencia y de la Constitución Federal de 1787), los tres, propietarios de esclavos” (Domenico Losurdo, <em>Contrahistoria del liberalismo</em>, España, El viejo topo, 2005, págs. 13 y 22).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[2] “Las políticas sociales destinadas a disciplinar a las poblaciones vulnerables –escribe con elocuencia William Davies– se han vuelto igualmente increíbles. De acuerdo con el régimen de «sanciones de prestaciones» británico, las prestaciones sociales en dinero pueden suspenderse repentinamente durante un mes por incumplimientos triviales, sin ningún sentido de razón procedimental acerca de cómo se aplicarán las normas. Un hombre sufrió un infarto cardiaco de camino a una cita, pero aun así lo sancionaron; otro perdió su prestación por ir al entierro de su hermano y no poder contactar con el centro de empleo. Más de un millón de británicos han sido sancionados por una razón u otra. Miles han muerto después de que los gestores privados subcontratados por el Estado para administrar el nuevo modelo de <em>work-fare </em>los declarasen «aptos para trabajar» y les retirasen sus prestaciones por discapacidad. Las políticas sobre el mercado laboral incorporan ahora dudosas técnicas de activación conductual, desde programación neurolingüística a lemas autopublicitarios. Los participantes deben leer «afirmaciones» como «Mis únicas limitaciones son las que me pongo a mí mismo», que son casi cómicamente distantes de la realidad de quienes viven con bajos ingresos, enfermedades crónicas y miembros dependientes en la familia.” (“El Nuevo neoliberalismo”, <em>New Left Review</em> 101, segunda época, Noviembre – Diciembre 2016, págs. 129-144). Tomando el caso británico, que no es el más grave ni el peor del capitalismo avanzado, Davies muestra la precariedad y la fragilidad de la vida de los trabajadores en el neoliberalismo. El avance demoledor de políticas que van destruyendo sin misericordia no sólo los antiguos derechos ganados en los “treinta gloriosos” años de posguerra sino convirtiendo a la “libertad” en un dispositivo que habilita el desamparo y la exclusión de millones. Ejercer la libertad como un modo directo de vulnerar los propios derechos, ser autorresponsable de la pérdida de aquello que debería garantizar una vida digna, he ahí la gran paradoja del ejercicio neoliberal de la “libertad de elección” que se vincula, a su vez, con la hipérbole de “la deuda” en el interior de una sociedad que ha hecho del endeudamiento asociado a la culpa un mecanismo sutil y terrible de sujeción y de apropiación del futuro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[3] Como sostiene Eagleton, “después de todo, la ideología requiere una cierta subjetividad profunda en la que operar, una cierta receptividad innata a sus dictámenes; pero si el capitalismo avanzado convierte al ser humano en un ojo espectador y un estómago devorador, no hay suficiente subjetividad para que la ideología eche raíces. Los sujetos menguados, sin faz y agotados de este orden social no son receptivos al significado ideológico, ni tienen necesidad de él. La política es menos cuestión de prédica o adoctrinamiento que de gestión técnica y manipulación, de forma más que de contenido; una vez más, es como si la máquina avanzase sola, sin necesidad de pasar por la mente consciente. La educación deja de ser cuestión de autorreflexión crítica y se sume en el aparato tecnológico, certificando nuestro lugar en él. El ciudadano típico es menos el entusiasta ideológico que exclama &#8216;¡Viva la libertad!&#8217; que el narcotizado y satinado telespectador; con una mente tan lisa y neutralmente receptiva como la pantalla que tiene ante sí.” (Terry Eagleton,, <em>Ideología</em>, Barcelona, Paidós, 1998).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[4] Wendy Brown, <em>El pueblo sin atributos. La secreta revolución del neoliberalismo</em>, Malpaso, Barcelona, 2015, págs.. 144-148.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[5] Slavoj Zizek<strong>, </strong><em>Problemas en el paraíso. Del fin de la historia al fin del capitalismo, </em>Anagrama, Buenos Aires, 2016, pp. 74-75</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[6] Cuauhtémoc Nattahí Hernández Martínez, “La deuda como forma de gobierno y subjetivación en el neoliberalismo. Reflexiones sobre la culpa, el sacrificio y la desesperación en la religión capitalista”, <em>Revista Valenciana, estudios de filosofía y letras</em>, Núm. 21 enero-junio de 2018, pp. 379-415.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>[7]</strong> Jean Baudrillard, <em>El paroxista indiferente. Conversaciones con Philippe Petit, </em>Barcelona, Anagrama, 1997, pp. 23-24.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[8] Christian Laval y  Pierre Dardot, <em>La nueva razón del mundo</em>. <em>Ensayo sobre la sociedad neoliberal</em>, Barcelona, Gedisa, 2013, p. 360</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[9] Jean Baudrillard, Op. cit., p. 82</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">[10] Jean Baudrillard, Op. cit., p. 84</span></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"></a></p>
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