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	<title>Libros archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Libros archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Libros: Satisfaction en la ESMA Música y sonido durante la dictadura, de Abel Gilbert.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Mar 2021 17:14:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Abel Gilbert]]></category>
		<category><![CDATA[Abel Gilbert.]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Satisfaction en la ESMA Música y sonido durante la dictadura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El periodista, músico y escritor Abel Gilbert publicó "Satisfaction en la ESMA: Música y sonido durante la dictadura", de Ediciones Gourmet Musical. Como lo describió Mariano Del Mazo en una entrevista publicada en Página 12, una "recopilación de información, análisis y trabajo con el archivo y los recuerdos personales: ésas fueron las puntas de lanza para una tesis de doctorado que finalmente fue rotando y ampliándose a un libro formidable". Gilbert nos envía un fragmento del capítulo 2, Escuchar, y nosotros lo compartimos con nuestros lectores.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>El periodista, músico y escritor Abel Gilbert publicó «Satisfaction en la ESMA: Música y sonido durante la dictadura», de Ediciones Gourmet Musical. Como lo describió Mariano Del Mazo en una entrevista publicada en Página 12, una «recopilación de información, análisis y trabajo con el archivo y los recuerdos personales: ésas fueron las puntas de lanza para una tesis de doctorado que finalmente fue rotando y ampliándose a un libro formidable». Gilbert nos envía un fragmento del capítulo 2, Escuchar, y nosotros lo compartimos con nuestros lectores.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Capítulo 2.</strong> </span><br />
<span style="color: #333399;"><strong>Escuchar</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El 20 de enero de 1984, cuando todavía no se habían cumplido dos meses de la asunción de Raúl Alfonsín, en medio de las exhumaciones incesantes que se conocían como “el show del horror”, la flamante Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP) realizó un procedimiento de verificación in situ en el Centro de Operaciones Tácticas I, más conocido como COT I Martínez. Levantado en Avenida del Libertador 14.237/43, COT I dependía de la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires, bajo el mando del coronel Ramón Camps, y de la Dirección General de Investigaciones, a cargo del comisario Miguel Etchecolatz. Se entraba al Centro Clandestino de Detención (CCD) por un acceso peatonal. Había, a metros, dos habitaciones. Una de ellas era la sala de torturas. Al fondo del patio se encontraban las celdas y los dormitorios y baños de los represores. Los integrantes de la CONADEP llegaron acompañados por dos de sus víctimas. “Hay una garita elevada. Entre el edificio descrito y la medianera de fondo se encuentra un patio estrecho de ladrillos y tierra desde el cual se divisa un pino de gran tamaño de una casa lindera”, se consigna en Nunca más.<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para la CONADEP, una de las características “peculiares” de ese CCD fue la de “no ocultar al barrio las actividades que allí se desarrollaban, actitud cuya conjetural intención última era sembrar el terror en el vecindario”. Y el pánico se infundía también a través del sonido. Podemos cerrar los ojos y no ver. La medianera de COT I de hecho cumplía la función de delimitar e invisibilizar. Pero el oído carece de párpados: nunca puede ser ciego. No puede protegerse. El dueño de la casa del pino les confirmó esa impresión. Vivía al lado de COT I desde 1973. Por entonces, el inmueble estaba desocupado. Pero en 1976 se elevó allí la medianera. También pusieron un alambre de púas y rejas en las ventanas. De noche, los focos de la torre iluminaban la avenida. El vecino “escuchaba permanentemente el ir y venir de personas”, así como “disparos de la mañana a la noche, como si practicaran tiro o probaran armas”. También “se oían gritos desgarradores, lo que hacía suponer que eran sometidas a torturas las personas que allí estaban”.<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> No es descabellado pensar que uno de esos gritos salieron de las gargantas de Rafael Perrotta, el director del diario El Cronista, o de la de Jacobo Timerman, el director de La Opinión. El 24 de marzo de 1977, al cumplirse un año del golpe militar, este diario publicó un suplemento titulado “El silencio de los políticos”. Un mes más tarde, Timerman fue secuestrado. “El silencio era parte del terror”, escribió tiempo más tarde en Preso sin nombre, celda sin número, libro en el que contaría su experiencia.<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> A menudo retiraban del CCD cajones o féretros. “Inclusive restos mutilados en bolsas de polietileno”, dijo el vecino a la CONADEP. La voz del hombre que da su testimonio a la Comisión se desdobla. Comienza a hablar en plural. “Vivíamos en constante tensión, como si también nosotros fuéramos prisioneros; sin poder recibir a nadie, tal era el terror que nos embargaba, y sin poder conciliar el sueño durante noches enteras”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Su descripción de los hechos da cuenta de una memoria perturbada, la presencia de un recuerdo punzante, casi de pesadilla en la vigilia (“sin poder conciliar el sueño”). La muerte lo había acechado durante años. Una medianera lo separaba del abismo. “El terror que nos embargaba”. La amenaza latente tuvo su marca aural. El sonido lo (los) había succionado dentro de un territorio acústico. Lo (los) había arrastrado hacia el mismo espacio resonante, aunque sea en sus bordes. Los sonidos del campo fluían por grietas, intersticios y lo conectaban con su espacio familiar. Como bien advirtió el informe de la CONADEP, dejar esas aberturas fue toda una decisión política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Según Martin Daughtry, cuando a “acústico” le añadimos el término “territorio” se dimensiona más el rol que el entorno juega en la percepción.<a style="color: #000000;" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> La palabra “territorio” también introduce otro vector a lo largo del cual el poder es ejercido: un territorio no es cualquier lugar sino un área especial que es “seleccionada” y defendida contra otros, un área que es sostenida bajo jurisdicción. Un territorio es un lugar que ha sido conquistado, un lugar cuya identidad es mantenida por la fuerza o amenaza de fuerza. Entrar en contacto con ese “territorio” es hacerlo con las relaciones de poder que lo habitan. La definición de Daughtry puede ser ampliada para hablar de “territorios acústicos concentracionarios”: un muzak (música funcional) del espanto. Un mundo sonoro que se resiste a las abstracciones, donde la escucha y el sonido son formados por el ambiente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El soundscape –el paisaje sonoro– de la dictadura abre las puertas para abordar al mismo tiempo cuestiones de política, estética y ética. El término acuñado por Murray Schafer ha venido a significar la totalidad de los sonidos en un entorno o, más precisamente, los asequibles al oído en un lugar dado. Schafer dotó al término de la teleología negativa de la contaminación, en la cual los soundscapes fueron gradualmente transformados en low fi por la marcha incesante de la industrialización y el ruido. El soundscape contiene las fuerzas de lo natural y lo cultural, lo fortuito y lo compuesto, lo improvisado y lo deliberadamente producido. Está constituido por historias e ideologías.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al otro lado de la medianera, el hombre ha internalizado una disciplina, se siente “como si fuéramos prisioneros”. Los indicios sonoros debieron abrumarlo. Efectos y causas en sincronía. Poco a poco, debió desarrollar, sin proponérselo, técnicas de escucha, modos de extraer información: voces de victimarios y víctimas, beeps, clicks, ruidos de estática, de puertas, de la comunicación radial, quizá walkie-talkies: materialidad sonora concentracionaria. El paso de los días tal vez lo llevó a establecer una suerte de taxonomía del balazo, representado en onomatopeyas que clasificaba: “phiff”, “zinc”, “phip”, “ffff”. ¿Calculaba distancias? ¿Dónde se había incrustado la bala? ¿En el metal? ¿En un ladrillo? ¿En uno de los cuerpos que vio sacar en bolsas o féretros? La acusmática de los CCD podría haberlo llevado a crear una narratividad aural de aquello que no podía ser visto. ¿Lo hablaban entre los integrantes de la familia, los amigos, los vecinos, o todos callaban lo que se sabía pero no debía ser nombrado? Ya se dijo: vivía “sin recibir a nadie”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El campo, al traspasar su perímetro e irradiarse se convirtió en coproductor del espacio sonoro histórico. Escuchar no era un mero acto auditivo sino una práctica con obligaciones éticas. Tal vez para las casas cercanas a los centros clandestinos se creaba lo que Daughtry denomina una “zona de lo audible inaudible”: un espacio conceptual que aloja sonidos tan distantes o ubicuos de un modo que cesan de llamar la atención de un oyente experimentado. Se produce una redistribución de lo sensible. Como si, en el acto de naturalización, el sonido ya no estuviera allí. Como quien vive al lado de una vía de tren y ya ni percibe que pasan a toda hora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Miriam Lewin permaneció secuestrada diez meses y medio en Virrey Cevallos 630, en un edificio a cargo de la Fuerza Aérea, a pocas cuadras del Departamento Central de Policía. Una casa “de apariencia extraña”. Cualquier vecino que pasara por allí a la noche o a cualquier hora del día “podía ver cómo los autos entraban a toda velocidad chirriando los frenos”. La habitación de Lewin había sido revestida con poliestireno expandido (telgopor) para filtrar los sonidos. A pesar de esa precaución, podía escuchar lo que sucedía del otro lado de la pared: los “festejos de cumpleaños, el televisor”, el “llamado de padres a hijos, vení a comer, vení a estudiar, apagá la tele, bajá la música”. Ella participaba “a través de la pared” de “la vida cotidiana de una familia que no sabía que, pared de por medio, se mantenía gente secuestrada y se la torturaba”. Pero para Lewin “era imposible no darse cuenta de que esta casa era rara”, especialmente en lo relacionado con la tortura. La sala daba a un patio y varios edificios. “Si yo que estaba en una celda escuchaba los gritos de los secuestrados, los alaridos de dolor, no me explico cómo los vecinos no escuchaban, es más, estoy convencida de que sí”.<a style="color: #000000;" href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> Una de esas vecinas, Ester Pastorino, recordaría sus llamados a la policía de la Comisaría sexta para denunciar la existencia de ruidos molestos y que le dijeran que no se preocupara, porque ‘estaba todo bajo control’”.<a style="color: #000000;" href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De acuerdo con Pilar Calveiro, quien estuvo cautiva en la ESMA, la tortura era una ceremonia iniciática que marcaba un fin y un comienzo para el recién llegado. El mundo quedaba atrás y adelante se abría la incertidumbre del campo. Dada la centralidad de la tortura “en el dispositivo concentracionario, estuvo pautada por criterios generales y adquirió características comunes en todos los campos”. En el Informe de una misión de Amnistía Internacional a la República Argentina, 6/15 noviembre 1976 se consigna que “entre ciertos sectores de la sociedad” existía “una suposición extendida pero que, por lo general, no se manifiesta abiertamente, de que los subversivos se han puesto al margen de la ley y de que, por lo tanto, se merecen todo lo que les suceda”. El razonamiento era espeluznante y Amnistía no lo pasaba por alto. “La práctica de la tortura –cualquiera que sea el pretexto que se invoque– no puede resultar aceptable a una sociedad que se considere civilizada”. Una vez permitida “tiene la posibilidad de llegar a convertirse en una cosa común”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La picana eléctrica es particularmente dolorosa en las mucosas. Se convertía en el lugar preferido de los técnicos. Las descargas podían provocar infartos. Ahí aparecía el médico para poner su oído al servicio del flagelo: escuchaba el cuerpo sometido a los voltios, las contusiones y hemorragias, la velocidad de la respiración y el ritmo cardíaco. En nombre del CCD, el médico coloca su instrumento sobre el cuerpo machucado. Todo atravesado por los gritos de dolor. El sonido adhiriéndose a la piel chamuscada, saliendo del cuerpo para volver a él. El estetoscopio lo ayudaba a interpretar lo que sonaba. Era el símbolo del poder de su diagnóstico: podía objetivar los sonidos. La razón estaba al servicio de la tortura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Adriana Chamorro fue secuestrada el 23 de febrero de 1978 junto con quien entonces era su marido, Eduardo Corro. La patota armada la llevó a la Brigada de San Justo. La desnudaron, tabicaron y torturaron. La sesión fue supervisada por el médico policial Jorge Antonio Bergés, a quien identificó años después por fotografías. “Me controlaba con un estetoscopio y decía cuándo podían seguir y cuándo tenían que parar”.<a style="color: #000000;" href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> Durante el juicio contra el capellán policial Christian Von Wernich (noviembre de 2007), Carlos Enrique Miralles le contó al Tribunal Oral de La Plata sobre padecimientos similares en COT I. Desde su celda podía escuchar cómo le aplicaban la picana eléctrica a su hermano Julio César. Su nuera, Luisa Villar, también estuvo en ese CCD. “Escuchar”, dijo en la audiencia, era parte de la tortura. Bajo capucha, el oído era también el único sentido orientador. Esta ha sido la experiencia de otra sobreviviente de la ESMA, Munú Actis: “Por las voces supe quién era mi torturador. Cuando me levantaron la capucha lo identifiqué de inmediato. El recuerdo de la voz no cambia después de 35 años. Los rostros se avejentan. La voz está ahí, en la memoria. Curioso, cuando no podía verlo, había construido una fisonomía. Por su voz, lo imaginé parecido a Palito Ortega. No sé por qué, no se parecía en nada”.<a style="color: #000000;" href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lugones y el tango</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Escuchar” lo que otros podían “cantar”. En el expediente del “Circuito Camps”, o en otros de los juicios por lesa humanidad, abundan ese tipo de situaciones: “Te pasamos la picana y vas a cantar”; “ahora vas a cantar”; “vení mamá que vos vas a cantar dónde está tu hijo”; “quedate tranquilo que ahora vas a cantar dónde está tu cuñada porque vamos a traer a tu nena”; “cantá o tiramos al niño contra la pared”. Se intentaba soportar el dolor bajo el imperativo de “no cantarle nada al enemigo” ni “cantar una cita”. Si la ciudad hubiera hablado, una textura del sufrimiento hubiera unido a todas esas voces. Al comandante “Pedro”, del ERP, lo torturaron hasta la muerte. Sobre él hubo dos versiones: la de “Tito”, que informó que “Pedro” había “cantado todo”, y otra que se recogió en las mismas fuerzas represivas: el cautivo, con el estómago abierto y un enorme globo de sangre creciendo de la herida, cantó el himno de esa guerrilla para tratar de ganar su último combate frente al enemigo.<a style="color: #000000;" href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A Jorge Caffatti lo conminaron a cantar y de su cuerpo descarnado por la electricidad partió una respuesta literal: cantó nada menos que un tango. Había sido parte de Tacuara y luego de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP)<a style="color: #000000;" href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Orilló el heroísmo y también el delito: en abril de 1977 dirigió el secuestro del director de Fiat en Francia, Luchino Revelli-Beaumont. Sus rastros se perdieron en noviembre de 1978 en la ESMA, donde fue sometido a sufrimientos de toda clase destinados a obtener información. La voz, el eslabón que ata el lenguaje al cuerpo, no produjo la verdad exigida. Caffatti se atrevió por unos segundos a despojar al tango de su aplicación instrumental (música para la tortura) y volverlo canción. El capitán de corbeta Jorge Perrén y el teniente de navío Raúl Enrique Scheller debieron redoblar el voltaje frente a tamaño desafío.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Cantar” era revelarlo todo al <em>poder concentracionario</em> a cambio de detener el suplicio. Pero el canto, en rigor, se resiste a esa expectativa: es un habla deformada, mala comunicación al desdibujar las palabras. El enunciado de una canción debe postular continuamente la posibilidad de ser interrumpido por el modo en que se transforma en expresión musical de un texto afectado, silabeado, intervenido por inflexiones, portamentos, melismas, saltos. El cantante va tan lejos como puede ir aunque sabe que de alguna manera las palabras son inadecuadas para lograrlo. La orden de <em>cantar </em>supone en cambio lo contrario: transparencia. La victoria del torturador en el espacio resonante del mal.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="color: #000000;">Referencias:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a>    CONADEP. Nunca más…, p. 70.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a>    Ibídem, pp. 111-112.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[3]</sup></a>    Timerman, Jacobo. Preso sin nombre, celda sin número (Buenos Aires: Ediciones de La Flor, 2000).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a>    Daughtry, J. M. Listening to the War…, pp. 125-126.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a>    Entrevista con el autor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a>    “Espacios de Memoria: Virrey Cevallos, vecinos del horror”, Acqua Federal [tv] (Buenos Aires, 12-IX-2014) [https://www.youtube.com/watch?v=K1U-GFUxmx8]. Minuto 10:59.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a>    Martínez, Francisco. “Una ex detenida declaró que estuvo con Aída Sanz en cautiverio”,  Informe de Prensa de la APDH La Plata &#8211; Juicio por la Verdad (9-V-2001) [http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/juicios/laplata/2001/090501.htm].</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>[8]</sup></a>    Entrevista con el autor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>[9]</sup></a>    Diez, Rolo. Los poseídos (p. 26), citado por Ana Longoni en Traiciones. La figura del traidor en los relatos acerca de los sobrevivientes de la represión (Buenos Aires: Norma, 2007), p. 132.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>[10]</sup></a>   El Movimiento Nacionalista Tacuara fue una organización política de derecha que entre 1957 y 1966 realizo numerosas acciones armadas, entre ellas el asalto al Policlínico Bancario, en 1963. Una parte de sus integrantes pasó por luego por el ERP y Montoneros.</span></p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Libros &#8211; Nudos para una narración &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Mar 2022 13:56:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[Quipu nudos para una narración feminista]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark escribe sobre Quipu, nudos para una narración feminista, último libro de María Pía López.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/libros-nudos-para-una-narracion-por-diego-sztulwark/">Libros &#8211; Nudos para una narración &#8211; Por Diego Sztulwark</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Diego Sztulwark escribe sobre <em>Quipu, nudos para una narración feminista, último libro de María Pía López.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Amistad política.</strong> La expresión no es fácil. Se hace presente en<em> Quipu, nudos para una narración feminista</em> (Eme, Bs-as, 2021), libro de María Pía López: “No hay “mujeres” que valga: hay campo de alianza” y en el subtítulo del libro de Sebastián “El Ruso” Scolnik: <a href="https://lobosuelto.com/un-ovni-en-la-noche-de-la-nostalgia-diego-sztulwark/"><em>Nada que esperar. Historia de una amistad política</em></a>. La amistad política es aquello que se narra tanto como el lugar desde el cual se narra. Un fragmento del libro de Pía enuncia el rumbo que desea para una escritura capaz de dar cuenta de este tipo de experiencia: “la barrosa materia de lo real”. Sería un registro de “lo cotidiano, lo menor, lo que se puede ironizar, lo estúpido, lo heroico”. Con esas palabras se podrían describir ciertas decisiones narrativas del Ruso. Si bien <em>Nada que esperar</em> coloca la amistad política en el pasado, como una historia vivida, la perspectiva no lo aleja, sino que lo sumerge en lo que aquel trayecto militante tuvo de humor y aprendizaje. Me detengo en este par -humor y aprendizaje- porque no es evidente que puedan ir juntos ni lo que esta junta permite ver. Henri Meschonnic escribe que lo cómico del pensamiento es la teorización de lo que no se sabe. Esa sería una forma de comprender la juntura. La otra, propia de un sentido militante, sería advertir que la amistad política adquiere fuerza cognitiva cuando permanece adherida al desafío que lanza. Es la historia de un desafío, antes que los logros que se presume alcanzar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Decir desafío</strong>. ¿Qué ocurre cuando afirmamos que cierta voluntad política está movida por un desafío? Habría que volver sobre esta pregunta prestando atención al peso que cae sobre la palabra “movida”. La redactamos teniendo en mente una idea precisa de ese “mover” (ese “movimiento”). Una idea bergsoniana. Mover no como un móvil que se desplaza, sino como una expresión cualitativa del cambio en el todo (el célebre “Todo Abierto” de Henri Bergson). Al ligar un trayecto militante a un cierto humor, ponemos el movimiento que aspira a la transformación bajo la luz que permite ver los signos de esa transformación -pero también los que escapan al deseo transformador- como signos vividos. Lo que hace que toda narración, por presente que sea el deseo narrativo, esté siempre ya tomado en un cierto pasado. No es sólo que lxs lectorxs vengan siempre después. Sino que son las propias abolladuras de la voluntad las que se vuelve asunto de la narración. Son estas abolladuras las que están en entredicho, y acaban por consumar su sentido no en la práctica de la escritura, sino en la de la lectura. Si el movimiento como transformación está ligado al desafío -como se plantea en la filosofía de Santiago López Petit-, es porque solo ese tipo de movimiento produce desplazamientos de índole cognitiva. La verdad, dice López Petit, es una de dos: redundancia de lo que vemos y oímos bajo la forma de la realidad, o bien aquello que surge de un desplazamiento cuya estructura es el desafío de esa realidad. La amistad política, como recurso narrativo remite, por tanto, a un cierto tipo de fraternidad fundada en la complicidad que el desafío organiza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Prejuicios</strong>. Política y amistad no tienen una relación fácil. Recuerdo haber rechazado versiones de la amistad política cuando me fueron presentadas en cierta retórica afrancesada de lo llamado “impolítico”, noción artificiosa -lo que se evidencia en el poco convincente compuesto de partículas verbales- que aspira a provocar un efecto aristocrático de una práctica cuyas consecuencias se producirían al margen de lo social. Lo impolítico diluye el desafío. Ese mismo tipo de prejuicio me acosa ante la expresión amistad política. Puesto que amistad, según como se la conciba, puede ser un término a cargo de moderar -y despolitizar- la política que, recordemos, entre sus significados más radicales -e interesantes- está asociada a la enemistad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>¿Quiénes son lxs “amigxs”?</strong> Debo al no menos afrancesado libro del Comité Invisible, dirigido <a href="https://lobosuelto.com/contra-la-tentacion-politica-diego-picotto-y-diego-sztulwark/"><em>A nuestros amigos</em></a>, la orientación que me permitió reencaminar la reflexión de la amistad hacia el desafío. Ese texto recobra todos los matices de la enemistad como pertenecientes a una cierta noción de amistad. El Comité no habla hasta donde recuerdo de “amistad política”, pero sí de un tipo de amistad en el desafío. Una amistad cuyo modelo es la complicidad combatiente. Un modelo de ese tipo hace perder algo a la amistad, que ya no será el modo aludir a la intimidad privada del yo. Los amigxs políticxs no son los amigos privados, a quienes conocemos demasiado bien. Es el propio yo quien debe hacerse a un lado, porque aquello que en la amistad como desafío se convoca de nosotros no es una instancia que nace diferenciada de nuestro yo habitual, sino que surge traspasando los umbrales del cotidiano hacia una situación nueva, organizada precisamente por las reglas de un cierto combate. Fueron estas páginas del Comité Invisible y no, por caso, las páginas varias veces leídas en las que Deleuze y Guattari explicaban el surgimiento de la filosofía como amistad con el saber, girando en torno a la antigua amistad griega como rivalidad, lo que me permite conferir sentido a la noción de amistad política. Y desde ahí comprender aquel pasaje de <em>Ética</em> que me resultaba excesivamente retórico para ser verdadero. Me refiero al párrafo en el que Spinoza define la amistad por relación a la “sinceridad”. Allí donde los griegos referían la amistad a la rivalidad, Spinoza lo hacía a la sinceridad, no como obediencia a un cierto mandamiento o regla moral, sino como sentimiento de quienes participan de una potencia común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Impotencia</strong>. Ninguno de estos temas es ajeno a Pía, que es autora de un libro muy hermoso sobre la amistad, en torno a Horacio González. <a href="https://lobosuelto.com/una-filosofia-de-la-institucion-contra-la-impotencia-diego-sztulwark/?utm_source=rss&amp;utm_medium=rss&amp;utm_campaign=una-filosofia-de-la-institucion-contra-la-impotencia-diego-sztulwark"><em>Impotencia</em></a>, libro reciente de Paolo Virno (autor citado en <em>Quipu</em>), afirma que el sentimiento de incapacidad que recorre las redes del trabajo precario no surge de ninguna carencia de aptitudes, sino de la falta de rituales y reglas para su articulación. La potencia, dice, debe articularse. De otro modo, cae en la impotencia. Por lo que se impone pensar su articulación, para lo cual propone una serie de distinciones, una de las cuales es la comprensión precisa de ciertos actos que -como lo son la renuncia, la suspensión o la abstención- parecen impotencia, pero no lo son. Son mas bien, por el contrario, operaciones activas que consisten en una omisión necesaria para que otra acción positiva sea posible. Pensemos: ¿cómo es que somos amigxs? ¿Qué tonos y modalidades del decir inventamos para que aquello que sea dicho -siendo todo decir el correlato de un afecto- sea en un ocurrir articulador y, en este sentido, regla de una regularidad, de una potencia?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Virnianas</strong>. Las precisiones virnianas son de una riqueza poco común. Pues no solo la potencia es hacer y omitir para que el acto pueda ser realizado. También es recibir. Y en esto me detuve especialmente cuando leí <em>Impotencia</em>. Según Virno, un elemento de despolitización preocupante es la circunstancia en la que se soporta lo que sea, o bien no se puede soportar ya nada. En ambos casos, el poder de ser afectado se ha atrofiado, se ha vuelto impotente. Por el contrario, el poder recibir es un articulador fundamental de la potencia. Y agrego yo: de la amistad política. Saber recibir (un golpe o una propuesta erótica) supone no confundir lo recibido (el golpe violento, la propuesta imprevista) del tipo de disposición que cada quien hará con eso recibido. ¿No es eso mismo lo que define la potencia de la lectura, menos una adhesión a lo que se lee que una conciencia de aquello que ocurre en nosotrxs cuando leemos?</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://provinciaradio.com.ar/images/maria-pia-lopez-01.jpg" alt=""/><figcaption><em>María Pía López</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Apuntes para las militancias</strong>. El libro anterior de Pía, publicado en el 2019, llevaba precisamente como título el de un libro de John William Cooke (Con una pequeña diferencia: el libro de Cooke era <em>Apuntes para la militancia</em>. Pía resaltaba en su título el plural de “las militancias”), y por subtítulo: “feminismos: promesas y combates”. Lo leí como una intervención precisa en una coyuntura electoral específica, en la que el antimacrismo tendía a aglutinarse en el Frente de Todos. A los dirigentes y militantes políticos el libro dirigía preguntas del tipo “¿Cómo alguien que no puede comprender el grito de hartazgo ante la violación de nuestros cuerpos, podría entender y hacerse cargo de los cuerpos excluidos del neoliberalismo? ¿No son, unas y otras violencias, parte de una misma crueldad neoliberal?”. Si esta pregunta era una advertencia y no una toma de distancia, es porque Pía interpelaba al kirchnerismo no desde un feminismo distanciado sino desde uno que leía a la fuerza política liderada por Cristina Fernández como aquella que “politizó lo popular” y “lo vinculó al goce”. Lo que llevaba a Pía a escribir apuntes para la militancia era la siguiente cuestión: “¿Por qué aparece en su seno (el entonces Frente para la Victoria, aun no Frente de Todos) una corriente reaccionaria que dice que no, que la maternidad debe ser obligatoria y realizada en el marco de la dañada vida que nos prescribe el neoliberalismo?”. La constatación de una “corriente reaccionaria” -no entremos a examinar si esa corriente meramente aparecía o era un componente siempre presente en esa fuerza política- era confrontada desde las premisas de una “feminismo popular”. Antes de la pandemia Pía acudía a un tipo de argumentación cookista-feminista para plantear el problema de la articulación política (y lo que consideraba el dilema duro de la época: feminismo popular o neoliberalismo). En esa línea inscribía la practica de los escraches contra abusadores en la zaga de aquellos ocurridos en los años 90 contra la impunidad a los genocidas, y no en la de los actuales escraches en las redes sociales, en la que se desdibuja toda práctica investigativa propia de una justicia solo imaginable como gradualidad en la punición. La escritura de estos apuntes permitía a Pía concretar el tránsito del yo al nosotrxs y desde ese nosotrxs apuntar a cuestionar, articulando su comprensión de la cuestión política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Narrar con nudos</strong>. Luego de la pandemia la escritura ha variado. La imagen que Pía propone ahora es “pensar durante el trastabillar”. Entre el yo y el nostroxs aparecen nudos y distancias. Los nudos son ahora la principal apuesta narrativa. Creo detectar de entre ellxs tres nudos (no se si son operaciones, figuras o qué) sobresalientes. Pía los llama: <em>quiasma</em>, <em>bricolaje</em> y <em>espantapájaros</em>. <em>Quiasma</em>, sería aquello que sucede en la sensibilidad del tacto: imposibilidad de tocar sin ser tocadx, de ser yo sin ser otrxs, de pensar algo sin sentir el contacto con los bordes de otros pensamientos que no necesariamente se desean, pero que no pueden ser simplemente ignorados. El contacto abre donde la vista en la pantalla cierra, e invita a pasar de la operación de cancelación a la de la crítica. El quiasma posee el valor epistémico del pliegue, es lo opuesto a la razón cartesiana (así al menos lo proponía Merleau Ponty) y así lo tomaba ya Pía en su <a href="https://lobosuelto.com/un-pliegue-a-considerar-diego-sztulwark/"><em>Yo ya no. Horacio González: el don de la amistad</em></a> (cuarenta Ríos, Bs. As 2016). <em>Bricolage</em>: modo de pensar en el que no se distingue pieza de instrumento, que escapa y desarma las líneas motrices a la razón occidental de tipo instrumental. El <em>bricoleur</em> no distingue a priori regla de hecho empírico, y por eso su hacer es siempre disolvente para las políticas de la soberanía. Si algún día se escribiese un libro dedicado a León Rozitchner -como el que Pía hizo con González- se debería tomar muy en serio esta forma de pensamiento que, proveniente de la obra de Levi-Strauss, Pía asocia efectivamente, a la vez a Rozitchner y al feminismo. <em>Espantapájaros</em>: carácter plural y contrahecho del sujeto político siempre en formación, refractario a una identidad acabada y abierto a una idea de proceso, socaba fronteras y estructuras y apunta a desestratificar las capas orgánicas, lingüísticas y políticas de la llamada realidad. Uno de los momentos más interesantes del libro es una breve escena en la que Marlene Wayar cuestiona, en una charla introductoria para estudiantes de psicología, la noción de histeria en Freud: “en la misma intervención, advirtió que no se trataba de dejar de leer a Freud, sino de leerlxs crítica y amorosamente”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Deseo</strong>. Pregunta Pía: ¿Cómo saber qué cosa es deseo y qué no lo es? (su ejemplo es la maternidad: ¿cómo distinguir deseo de mandato?). La misma pregunta podría ser presentada del siguiente modo: ¿hay deseos que surgen de un mandato (como ocurría con la servidumbre voluntaria) en conflicto con otro deseo mas propios, rebeldes y difíciles de reconocer y asumir? Si así fuera, el deseo, además de ser concebido como fuerza debería ser pensado, a la vez, como campo de fuerzas. Así lo advierte Pía: hay, entonces, un “conflicto” en el seno mismo del deseo. Quien desea es sujeto en conflicto no solo con el campo social, sino también consigo mismo (un nido de víboras). En <em>El Antiedipo</em>, libro que cumple este año medio siglo se lee que el deseo es campo polarizado. Es producción esquizo tanto como sumisión paranoica. El asunto es que, en la medida en que polaridad no es binarismo -ya que entre los polos se operan toda clase de matices y yuxtaposiciones- el deseo es para Deleuze y Guattari, aquello que se resuelve en el plano de la política (del esquizoanálisis como política que revisa sus micropolíticas). En la página 104 Pía propone a Liliana Herrero como esquizoanalista: “piensa que dialogar con la herencia cultural&nbsp; exige ejercer a la vez el reconocimiento y la crítica, para poder, por ejemplo, abrir la escucha de la obra de Violeta Parra -su rabia, su malcantar, su complejidad formal- mas allá de la bella interpretación de Mercedes Sosa”. El esquizoanálisis opera como politizador deseante, siempre alerta al deseo provocado por la pluralidad de mandatos provenientes del mercado y de la tradición.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>¿Qué hacer con Althusser?</strong> Si una polaridad organiza los nudos narrativos de <em>Quipu</em> es el par abstracción/compost. Lo abstracto queda del lado de cierto racionalismo, incluso cierto marxismo. Abstracto el “hombre nuevo” (que se le aparece como un “argumento disciplinador” opuesto a “multitud mujeril”), abstractas las consignas de cierta izquierda dura y, en general, toda forma de idealismo que se nos cuela, toda tentación de alzarnos sobre el barro de la historia. El compost, por el contrario, es lo que queda de deshacer estratos, géneros y estructuras.&nbsp; Visto mas de cerca, dice Pía, lo abstracto en nosotrxs es el narcisismo exacerbado en las redes: “somos solicitadas a saltar al ring de la lucha libre, mientras miramos de reojo cómo salimos en la foto o tiramos selfie mientras pulimos argumento”. Ese tipo de observaciones llevan al extremo el cotejo de quien escribe, confrontando lo que dice con las condiciones desde las que escribe. Es una pregunta que no está desconectada de otra, que no podemos no hacernos: “qué hacemos con Althusser”, pues ni es posible leerlo como si no hubiera asesinado a su compañera, ni es posible hacer de cuenta que no lo leímos, o que no nos interesó cuando lo hicimos (por lo que no leerlo no es opción para alguien como Pía). Y sí en cambio puede serlo un modo de leer que no deja de preguntarse por las conexiones -cierto que casi nunca son lineales ni transparentes- entre el acto en el que ese filosofo mata, y sus pensamientos sobre los “procesos sin sujeto”, cosa que intentó Rozitchner -autor heterosexual de un “materialismo maricón”, en su artículo “<a href="https://contrahegemoniaweb.com.ar/2018/06/14/la-tragedia-del-althusserianismo-teorico/">La tragedia del althusserianismo teórico</a>”. Narrar es, sí, lo que dice Benjamin -transmisión oral, hacer de una intensidad una palabra, un contrapoder ficcional frente a las ficciones de los poderes-, pero es también lo que precisa hacer y hace ese “nosotras somos materialistas” que Pía presente en base a operaciones de “restos, pedazos y costuras”, y es lo que sugiere Donna Haraway en un libro cuyo título se vuelve un mantra que Pía no deja de citar: narrar es “seguir con el problema”.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 29 de marzo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Investigador y escritor.&nbsp;Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>
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		<title>Libros. Corro 105: RODEADOS &#8211; Por Alberto Nadra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jun 2022 12:40:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alberto Nadra]]></category>
		<category><![CDATA[Corro 105: Rodeados]]></category>
		<category><![CDATA[de Ernesto Valverde]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El periodista Alberto Nadra escribe una reseña sobre el libro Corro 105: Rodeados, de Ernesto Valverde. En sus páginas se reconstruye el ataque militar a la Secretaría Política Nacional de Montoneros el 29 de septiembre de 1976, en la calle Corro 105 de Villa Luro, donde resistieron hasta la muerte Alberto Molinas, Ismael Salame, Ignacio Beltrán, José Coronel y María Victoria “Vicky” Walsh.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/libros-corro-105-rodeados-por-alberto-nadra/">Libros. Corro 105: RODEADOS &#8211; Por Alberto Nadra</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>El periodista Alberto Nadra escribe una reseña sobre el libro </em></strong><strong>Corro 105: Rodeados<em>, de Ernesto Valverde. En sus páginas se reconstruye el ataque militar a la Secretaría Política Nacional de Montoneros el 29 de septiembre de 1976, en la calle Corro 105 de Villa Luro, donde resistieron hasta la muerte Alberto Molinas, Ismael Salame, Ignacio Beltrán, José Coronel y María Victoria “Vicky” Walsh.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Alberto Nadra*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿Es posible que una investigación periodística logre abarcar la historia de una generación?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Es posible y lo logra Ernesto Valverde –periodista, escritor y militante de los derechos humanos– en <em>Corro 105: Rodeados</em>, un impactante y polémico libro publicado por Editorial de la Campana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En sus páginas se reconstruye el ataque militar a la Secretaría Política Nacional de Montoneros el 29 de septiembre de 1976, en la calle Corro 105 de Villa Luro, donde resistieron hasta la muerte Alberto Molinas, Ismael Salame, Ignacio Beltrán, José Coronel y María Victoria “Vicky” Walsh.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y lo logra porque su trabajo es marcadamente diferente a las investigaciones similares, pero confeccionadas por académicos. También es diferente de los textos con los que algunos ex dirigentes pretenden justificarse y, especialmente de los libros fruto de la visión tuerta de los periodistas de “pseudoinvestigación”, que tienen tanta difusión en los grandes medios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El libro de Valverde se aleja de la usual sucesión de nombres, hechos y definiciones políticas con algún contexto o anécdota de época para presentarnos un texto en el que el relato periodístico se expresa a través de las historias de vida de los protagonistas de los hechos: qué ideas los llevaron por los caminos que eligieron, cómo razonaron las decisiones que tomaron, cuáles eran sus certezas e incertidumbres políticas y, también, quiénes eran como personas, como esposos, esposas, amantes, padres, madres, hijos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Nos presenta testimonios y anécdotas que permiten reconstruir cinco vidas militantes. Amigos, familiares, compañeros de militancia y hasta vecinos nos pintan un retrato de estas cinco personas desde su niñez hasta el final de sus vidas. Un retrato de cómo crecieron y maduraron, del despertar de sus conciencias políticas, de cuáles eran sus sueños y esperanzas, aciertos y certezas, errores e incertidumbres en esos caminos de compromiso finalmente cercenados a balazos y bazucas lanzagrandas por parte de 200 efectivos del Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea 101 (GADA101), con apoyo de un helicóptero, tres tanquetas de la Gendarmería y efectivos de la Policía Federal.</p>



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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Corro-105-caidos.jpg" alt="" class="wp-image-9851" width="453" height="166" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Corro-105-caidos.jpg?v=1656592566 370w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Corro-105-caidos-300x110.jpg?v=1656592566 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Corro-105-caidos-260x96.jpg?v=1656592566 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Corro-105-caidos-50x18.jpg?v=1656592566 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Corro-105-caidos-150x55.jpg?v=1656592566 150w" sizes="(max-width: 453px) 100vw, 453px" /><figcaption><em>Los caídos en la calle Corro.</em></figcaption></figure></div>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Comenzamos el libro y sentimos ternura al verlos crecer, conocer a sus familias, “entrar en sus casas”, percibir el modo en que sus compromisos políticos crecieron a partir de la conciencia de vivir en un país y un mundo tan largamente injustos&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Luego, el relato sobre sus trayectorias políticas invita a una reflexión crítica de quienes fuimos sus compañeros y hasta sus amigos cercanos, pero desde diferentes espacios políticos y con disensos importantes con las decisiones de la organización a la que ellos pertenecían. Sin embargo, quienes también militamos en aquellos años tampoco podemos dejar de empatizar con esa descripción de una juventud que también fue la nuestra, con una mezcla de idealismo, profundo compromiso político y, a la vez, dudas y errores que, en muchos casos, resultaron fatales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Las páginas finales del libro se leen con el vértigo de una novela de ficción y finalmente nos sacuden con el horror de seguir paso a paso una&nbsp; masacre que conmovió a vecinos, comercios, escuelas y a todo un barrio, que quedó sometido por horas a un brutal y absurdo estado de guerra para abatir a cinco combatientes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sin dudas, la obra es oportuna, ya que diez de los militares que protagonizaron el ataque fueron detenidos por el juez Rafecas en diciembre de 2021 y se los procesó en marzo de este año. También se trata de un libro polémico [ACÁ CONVENDRÍA EXPLICAR POR QUÉ], pero, a la vez, consta que es fruto de varios años de investigación, que se reflejan en una rigurosa y documentada descripción de aquellos tiempos de lucha, de entrega y de esperanzas tronchadas por el horror.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Su lectura invita a una reflexión seria acerca de la militancia de los años 70, en una época distinta y hoy irrepetible, pero con lecciones que mantienen vigencia y es preciso rescatar y analizar como legado para las nuevas generaciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Desde lo personal, agradezco a Ernesto Valverde, como en su momento lo hice con Ricardo Baschetti, que haya rescatado, en sus páginas, mi amistad con “el Turco” Ismael Salame. Ambos autores describen esta amistad en el contexto del papel que jugó en esta historia la organización a la que yo pertenecía en esos tiempos de firme rebeldía y claros principios, pero también tanto dolor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El recuerdo que vuelca Valverde en <em>Rodeados</em> es más extenso y cita mis largas charlas con Ismael, alguna vez en la Sociedad Sirio-Libanesa de su Tucumán natal y, otras tantas veces, en distintos bares porteños o locales partidarios. Me hicieron recordar esas charlas con el joven Ismael, campechano y afectivo a través de su humor ácido, que le brotaba naturalmente, y solía terminar en agudas chicanas que pegaban en puntos sensibles de la supuesta infalibilidad de mis juicios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pienso en mi amistad con Ismael como una medalla de honor que me dio la vida y supera mis expectativas el hecho de que la reconozcan y valoren varios compañeros peronistas, con quienes no siempre estuvimos, ni estamos, de acuerdo, tanto sobre el pasado como sobre el presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Recomiendo leer este libro de la primera a la última página para sacar provecho de su reconstrucción vivencial e histórica, así como de las lecciones que brinda y las reflexiones a las que invita.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sin embargo, cargado de emoción, me tomo el egoísta atrevimiento de transcribir, como cierre de esta reseña, estos párrafos de las páginas 212-13, que me parecen una fiel reproducción de lo que vivimos en aquellas últimas horas quienes nos reunimos con Ismael en el encuentro citado –el PC lo hizo con otros militantes y dirigentes. Los que participamos de ese encuentro éramos miembro de la <em>Fede</em>, la Federación Juvenil Comunista, que por entonces contaba con la autonomía de decisión y la capacidad operativa que permitían ofrecer lo que ofrecíamos, en el marco de un largo y fraternal trabajo en común con la JP Regionales para crear y, más tarde, extender a nivel nacional las Juventudes Políticas Argentinas.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Ismael-Salame-bw.jpg" alt="" class="wp-image-9852" width="327" height="446" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Ismael-Salame-bw.jpg?v=1656592706 293w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Ismael-Salame-bw-220x300.jpg?v=1656592706 220w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Ismael-Salame-bw-107x146.jpg?v=1656592706 107w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Ismael-Salame-bw-37x50.jpg?v=1656592706 37w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/06/Ismael-Salame-bw-55x75.jpg?v=1656592706 55w" sizes="(max-width: 327px) 100vw, 327px" /><figcaption><em>Ismael Salame.</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Irse del país</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Al día siguiente, Ismael tenía una cita con integrantes del Partido Comunista. Inclusive le habían anticipado el tema de la conversación: sacarlo del país.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Salame llegó puntual a la cita. Un vehículo frenó a su lado y el conductor lo invitó a subir.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Durante 20 minutos estuvieron dando vueltas, verificando que Salame no “trajera cola” (estar siendo seguido&nbsp; por las Fuerzas de Seguridad). Después de un largo rato y de pasar a un segundo auto, lo llevaron compartimentado hasta el lugar de la reunión.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>–Mirá Turco, esta casa es segura, y nosotros verificamos que no te seguían. Así que la jugada es tenerte guardado acá que es totalmente seguro. Mañana te sacamos para Cuba.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>–Están locos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>–No, esto es muy en serio. Y vos sos un arbolito de navidad caminando por la calle…</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Luego de este inicio, dos compañeros más del Partido Comunista, ingresaron al cuarto con una pava y mate, que dejaron sobre la mesa para poder saludarse con Ismael.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Se conocían hace años y, ante la coyuntura actual, el PC estaba intentando sacar del país a algunos compañeros que, sin pertenecer a su organización, consideraban valiosos y, a su vez, que estaban sentenciados por la dictadura.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Ismael Salame era uno de ellos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>La reunión fue en una casa ubicada en la zona donde se tocan los límites de los barrios Almagro, Villa Crespo y Caballito de la ciudad de Buenos Aires.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>Luego de una charla sobre la situación política del país, y discutir sobre lo que opinaban, los integrantes del PC volvieron al ataque con que se quede allí y ellos lo sacarían del país.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>–Mirá paisano (dirigiéndose a Alberto Nadra, de origen sirio como él), yo voy a morir. Si yo me quedo, me van a matar los milicos. Si me voy, me van a matar mis compañeros. Prefiero que me maten los milicos.</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 30 de junio de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Político, escritor y periodista.</p>
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		<title>ENTREVISTA A MARÍA TERESA ANDRUETTO/“UNA LECTORA DE PROVINCIA” &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Nov 2023 15:52:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[“Una Lectora de Provincia”]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[MARÍA TERESA ANDRUETTO]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>n esta conversación exclusiva para la Tecl@ Eñe, a propósito de la presentación de su último libro, “Una Lectora de Provincia” de Editorial Ampersand, Colección Lector&#038;s, María Teresa Andruetto comparte su fascinante mundo literario y su profundo vínculo con la lectura. A través de las palabras de Yael Noris Ferri, exploramos un libro que es un atlas de experiencias literarias. María Teresa nos transporta a su infancia, su insilio, y la construcción de su biblioteca democrática, tejiendo una narrativa única sobre la pasión por la lectura. Además, reflexiona sobre la importancia de la voz de las mujeres en la literatura.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>En esta conversación exclusiva para la Tecl@ Eñe, a propósito de la presentación de su último libro, “Una Lectora de Provincia” de Editorial Ampersand, Colección Lector&amp;s, María Teresa Andruetto comparte su fascinante mundo literario y su profundo vínculo con la lectura. A través de las palabras de Yael Noris Ferri, exploramos un libro que es un atlas de experiencias literarias. María Teresa nos transporta a su infancia, su insilio, y la construcción de su biblioteca democrática, tejiendo una narrativa única sobre la pasión por la lectura. Además, reflexiona sobre la importancia de la voz de las mujeres en la literatura.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Quisiera iniciar esta conversación deteniéndome en el título del libro que nos obsequia Teresa. “Una lectora de provincia” que forma parte de la Colección Lectores de la Editorial Ampersand. Y de repente recuerdo a Rodolfo Walsh, su carta a Vicki, porque esto pasa con los libros, nos evocan otros libros, otros escritores.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>“María Teresa Andruetto es una lectora del pueblo, su nombre es conocido en cada esquina de nuestra ciudad. Desde niña se dedicó a hacer literatura.Todos la conocemos como “La Tere”, La Tere del pueblo. Aquí lo voy a fundamentar para que no quede como un simple halago. ¿Qué significa ser del pueblo? Significa que lo que hace, lo hace en beneficio de toda la sociedad, del pueblo y para el pueblo. Porque su literatura es un literatura con una clara posición política que consiste en actuar contrariamente al egoísmo bastardo de un ególatra. Porque La Tere, como relata su libro, desde niña se interesó por el margen, los del margen. Ella es nuestra porque crecimos con sus cuentos, en nuestra juventud y adolescencia tuvimos sus poemas y en la adultez nos llegaron sus novelas. Mi evocación a Walsh fue porque en un momento él menciona que Vicki se había entregado a la villa y él sabía que allí había una elección. Quienes leemos a La Tere sabemos que no duda en entregar su literatura al pueblo, y eso la hace ser nuestra, nuestra escritora, nuestra lectora. Ahora te invito Tere a conversar presentándote como lo hacés en la página 157 de tu libro. Sería hermoso que nos leas un párrafo&#8230;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto</strong>: Muchas gracias Yael, a ver:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Soy descendiente de italianos, pero también soy mujer, soy latinoamericana (lo latinoamericano pesa mucho en  algunos libros míos), soy de provincia, me crié en un  pueblo, provengo de sectores medio bajos, mi paisaje de infancia es la llanura, fui joven en los setenta… podríamos ir hasta el infinito en esas capas superpuestas que conforman lo que somos.Tuve preocupación por lo social desde que era una niña y una mirada política sobre el mundo desde que era adolescente y eso ya nunca se fue, sin importar las condiciones de vida (¡tan diversas!) por las que he pasado. Pero no se trata de un programa explícito: a la hora de escribir me preocupan sobre todo las cuestiones formales (¿quién va a contar?, ¿cuál es su punto de vista?, ¿el narrador habla o escribe?, ¿a quién le dice o le escribe lo que escribe o dice?, ¿cuenta lo que vio o lo que le contaron?, ¿cuál es el tono de ese relato?, ¿es melancólico, resentido, enojoso, distante, técnico…?). Esas cosas me interesan y también me liberan, porque lo otro aparece mientras estoy ocupada en esos asuntos. Me gusta que sea así: me saca de lo unívoco, de lo autoritario con respecto al lector. No siento que deba decirle a quien lee cómo tienen que ser las cosas, cómo sería bueno que fueran; me interesa ver por qué unos personajes hacen lo que hacen o actúan como actúan, ya que en toda situación humana hay múltiples razones para vivir como se vive y actuar como se actúa. La literatura es una de las formas más interesantes de la memoria de un pueblo.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Pensando en estos once ensayos con tanta vida literaria anudada, podría decirle a los lectores que el libro para mí es un atlas, un atlas literario. Cada capítulo es un mapa de las marcas, de las líneas de tu vida lectora en anécdotas, en encuentros, en territorios que habitaste, en la infancia, en la juventud, en la adultez, en un  territorio de memorias.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Por eso, me gustaría que nos cuentes de una marca, un trazo, que responde a un recuerdo infantil en el ensayo titulado “Se distrae, se obnubila, se extravía”. ¿Qué lector a veces no pasa por esos estados? Te leo el recuerdo que aparece en la página 22 del libro:</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>“El asunto es más o menos así: mi mamá me mandó con un papelito (todavía no sabía leer, pero me fascinaba la escritura, los signos, el misterio que guardaba esa anotación de mi madre) al bar de Rabachino (bar de hombres, de vino, donde funcionaba también un almacén), a una cuadra de mi casa. Si no sabía leer, quiere decir que no tenía más de cuatro años; se trataba de un pueblo pequeño, de un barrio con calles de tierra, donde no pasaban autos… En fin, a mi madre se le ocurrió mandarme con un papelito a comprar unas fetas de patita de chancho, seguramente para resolver una comida rápida (quién sabe si no se habría arruinado otra vez el Bram Metal, el bendito calentador que cada dos por tres se atascaba, ya que no tuvimos cocina a garrafa sino hasta varios años más tarde).</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Yo tenía que darle el papelito a Lola, la mujer de Rabachino, y decirle que anotara el costo de la compra en su cuaderno. Era la primera vez que iba sola a alguna parte: iba mirándome los pies, con la vaga idea de que no debía dejar de mirarlos para evitar perderme; pero mirándolos me distraje. Cuando levanté la cabeza, desconocí el lugar: un tejido de alambre con enredaderas al lado de una casa blanca. Asustada, me arrinconé contra el tejido y unas mujeres me rodearon y empezaron a preguntarme todas al mismo tiempo cómo me llamaba. No pude decir ni una palabra. Hasta que pasó el cartero en su bicicleta, que tenía un canasto de metal adelante, lleno de cartas. Él, un varón entre esas mujeres, se bajó de la bicicleta y me preguntó si mi mamá se llamaba Cleofé. Yo dije que sí o hice que sí con la cabeza, y él (no había otra Cleofé en el pueblo) me cargó en el canasto de las cartas y me llevó a mi casa. Recuerdo que la retó mucho a mi mamá (esos retos no están en el poema, ni en la novela, ni en el texto escrito para el aniversario del asilo), seguramente porque siendo tan pequeña, debo haberle dicho que me había mandado a hacer las compras”.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto</strong>: Es un recuerdo muy antiguo, creo que ése y otros dos más que no están contados en el libro, uno sí, el de ver a mi bisabuela leyendo y preguntándole de que estaba enferma ese sí lo menciono en el libro. Pero hay otro recuerdo que no menciono que es la muerte de la hermana de una amiguita de la infancia, cuando era muy, muy pequeña, estoy hablando de cuatro años, más o menos, y que me impactó mucho. Supongo que es porque se llamaba “Teresita”&nbsp; y a mí me decían “Teresita” cuando era chica. Entonces una que era apenas más grande que yo, que había muerto de leucemia en el barrio y que era hermana de mi amiga,&nbsp; me trajo así tan tempranamente la percepción de la muerte. Y el otro recuerdo tan antiguo es este del extravío. Yo hice muchos años de análisis y en uno de los procesos de análisis, en uno de los procesos, en la primera de esas etapas, la analista me pregunta qué recuerdo lejano puedo contar y entonces aparece este recuerdo, de la vez que me perdí, cuento brevemente eso y claro, en el proceso de análisis fui viendo cómo eso quedó en mí y entró en mi escritura. Quedó de muchas maneras y se fue creando, transformando y cobrando distintas significaciones. Cuando lo conté fue porque ese episodio se contaba en mi casa, como que yo era una persona distraída. Siempre me hacían bromas que me había perdido, pero claro, lo que no había cargado de sentido es que era tan pequeña y que mi mamá, era como era, y me mandaba a hacer tareas desde muy pequeña. Después lo ví a la distancia, en la madurez, en el trabajo del análisis. Siento que ahí estaba todo, siento que ahí estaba mucho. Porque están las cartas, o sea está la escritura, está la comunicación, porque tengo un modo de estar como escritora y como persona, como docente, muy en comunicación con los otros. En ese recuerdo está la palabra de mi madre, las mujeres, la escritura en las mujeres como un acto privado, íntimo incluso la grafía. El único hombre que lleva la correspondencia, las palabras, era el hijo del maestro<strong> &nbsp;“</strong>Bono<strong>”</strong>. El maestro de mi pueblo que para entonces era un maestro grande, anciano, era un maestro que había fundado un colegio, el primer colegio de mi pueblo.“El extravío” esto de ser distraída es también el extravío de la escritura.No es el extravío que da las dolencias del alma, Creo que la escritura como extravío es un extravío donde uno se abstrae, quizás, pero es un extravío del que se puede volver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Vamos a otro mapa, tu tiempo de juventud, ahí escribís: «Cuando a fines del 75, apenas recibida, decidí resguardarme e irme de los lugares conocidos hacia la Patagonia, repartí los libros de literatura que tenía entre amigos y llevé los más comprometedores –los de política– a la casa de mis padres para guardarlos en una cómoda grande de cinco cajones. Luego me fui. 1976/77. Insilio patagónico. Un año y medio en Trelew, muy ligera de equipaje, en donde solo tenía conmigo tres libros: las obras completas de Borges, aquellas de Emecé con sobrecubierta de color verde, regalo de las compañeras de la casa donde vivía; Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino, en la edición de Minotauro; y un libro de Carlo Emilio Gadda del Centro Editor de América Latina, del que me desprendí en la más tonta de las situaciones”.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Me interesa pensar en ese momento de quiebre ¿qué te hizo elegir esos tres libros? ¿Cómo fue tu tiempo de insilio en esas obras?</em></strong></p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-11953" width="508" height="677" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-768x1024.jpeg?v=1700322423 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-225x300.jpeg?v=1700322423 225w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-1152x1536.jpeg?v=1700322423 1152w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-110x146.jpeg?v=1700322423 110w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-38x50.jpeg?v=1700322423 38w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125-56x75.jpeg?v=1700322423 56w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/e9a4fc53-396c-4eb2-b90d-678e30752125.jpeg?v=1700322423 1200w" sizes="(max-width: 508px) 100vw, 508px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Gentileza de María Teresa Andruetto.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto:</strong> En ese quiebre del Insilio, ni sé si era una elección llevar esos tres libros.Por un lado sí, yo sabía que tenía que ir liviana de equipaje, con muy poquito. Uno de los primeros libros que llevo son: “Las obras completas de Borges” porque me&nbsp; lo acababan de regalar<strong>,</strong> eran la editorial Emecé y tenían una sobretapa de color verde. Esas obras tienen los nombres de mis compañeras de la casa donde vivía, en los tiempos de estudiantes. Una casa donde vivíamos cuarenta y cuatro mujeres, en una planta alta y una planta baja. Me lo habían comprado entre todas.Los otros dos libros no sé… los tenía o los había comprado económicos, uno era&nbsp; del Centro Editor de América Latina, el libro de Carlo Emilio Gadda, que era un libro que tenía, porque lo habíamos leído en literatura Italiana. El libro “Las Ciudades Invisibles” de Italo Calvino ya lo había leído más de una vez, era una edición&nbsp; de Minotauro muy barata. Este libro con esos textos muy breves me encantaban y me siguieron encantando, es un libro que nunca me defraudó en las relecturas. El libro de Gadda, me gustó mucho, me gusta mucho, es un autor raro, es un autor de una escritura refinada, exquisita. Es un autor casi sin argumentos en lo que cuenta. Es un autor muy experimental, propio de un estudiante de letras de los años setenta. Lo cierto es que tenía esos tres libros. El de Borges lo tengo, lo conservo. El de Calvino lo tengo también. Muy roto, pegado, lo vuelvo a arreglar, adoro esa edición totalmente arruinada y vuelta a reparar. Tan así es el libro que se los presté a la gente del Archivo de la Memoria. Es un libro que está expuesto con todas sus pegatinas. El lomo del libro está expuesto en el Archivo de la Memoria en Córdoba. Es una muestra que se llama: “No tiene abriles este marzo del 76”, que es una frase que escribí en ese libro, el día del golpe o al día siguiente. El libro de Gadda lo perdí o lo entregué, en una situación un poco absurda que me hace pensar que yo conocía nada de la vida. Vivía en la periferia de Trelew, y en el camino al centro encontré a una mujer que lloraba, le había pasado algo que me parece era en relación a la violencia doméstica. Traté de consolarla, esta cosa mía de empatía con los otros, quería hacer algo, tampoco tenía mucha cosa para dar, pero bueno, yo quería darle algo, quería consolarla y tenía el libro de Gadda a mano, quise dárselo, ella no quería y yo insistía. Finalmente lo tomó y después, mucho tiempo después pensé que no tenía lógica esto, que era algo que quien sabe si le habría servido, si le habría gustado. Era más una necesidad mía de dar, que la de ella de recibir. Hasta que uno aprende que lo del dar tiene que ver con la necesidad del otro de recibir. Quiero aclarar que muchos libros míos fueron quemados.A veces, recibía una carta de mis padres donde decían:&nbsp; “tuvimos que hacer una fogata”. Esto se debía&nbsp; a que se encontraban amenazados por una razia militar, en el pueblo de mis padres donde había dejado los libros más comprometidos políticamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em> —Yael Noris Ferri: Diría Hélène Cixous “como se hablan las mujeres cuando nadie las escucha para corregirlas”. Esta cita que tomás de Cixous, en referencia a tu madre, la escucho como un eco en el libro. Me provocó intriga cuando la posteaste en tu muro ya que tu literatura está llena de personajes femeninos y hay un rescate a las mujeres. Contanos lo que desees sobre esto&#8230;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">—<strong>María Teresa Andruetto: </strong>Sí, la frase de Hélène Cixous me resulta extremadamente conmovedora y reveladora. Es de un libro que se llama “La llegada a la escritura”. No es casual porque ella que es una intelectual, psicoanalista, filósofa, escritora, una gran referente intelectual. Ella escribe que la llegada a la escritura, entiendo más a la escritura ficcional&nbsp; o autobiográfica, la llegada a la escritura es como un camino hacia la madre. Es muy hermoso ese libro, salvaje, me parece que en ese libro ella dice: “Se hablaban como se hablan las mujeres cuando nadie las mira para corregirlas” o “Nos hablábamos como se hablan las mujeres cuando nadie las escucha para corregirlas”. En ese decir ella se incluye, nos hablábamos como se hablan las mujeres… me parece que hay muchas cosas allí, de la intimidad, de la palabra. De la palabra entre una hija y una madre, que tanto me interesa. También hay un deslizamiento desde el patriarcado hacia otra cosa. Se supone que los varones o lo varonil, lo masculino representa el saber, el reconocimiento, el deber ser, entonces ellas se hablan de entre casa. Eso me ha interesado mucho en la escritura y alcanza a pisar su punto máximo en mi libro: “Cleofé”. Las mujeres hablándonos, las amigas, madres e hijas. Las mujeres hablándonos como podemos, como queremos, como se nos ocurre, cuando nadie nos corrige, cuando nadie nos supervisa, cuando puede haber ese modo disidente de usar la lengua, desprolijo, desacatado. Hablo como se me da la gana. Hablo con mi amiga, con mi hija, o mi amiga conmigo, como se nos da la gana. Las palabras de las mujeres, las palabras íntimas y más, que se desarman en un acto de fe, de una fe común con la otra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y sí, como lo decís, hay un rescate de mujeres. Desde chica hay una mirada ahí, creo que tiene que ver con la complejidad subjetiva de mi mamá. Ella era una mujer muy fascinante, su voz, su letra, era muy bonita también. Era por un lado muy fascinante y por el otro muy imprevisible, muy variable, con cierta inestabilidad en su carácter, en sus emociones. Yo era muy pequeña y quería comprenderla, por qué en un rato ella pasaba de un estado al otro. Veía cómo todo el tiempo ese lugar de mujer está defendiendo su lugar, luchando con el lugar de la madre. Eso se hizo expansivo en mi interés a otras mujeres.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1024x768.jpeg" alt="" class="wp-image-11954" width="812" height="609" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1024x768.jpeg?v=1700322614 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-300x225.jpeg?v=1700322614 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-768x576.jpeg?v=1700322614 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-1536x1152.jpeg?v=1700322614 1536w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-195x146.jpeg?v=1700322614 195w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-50x38.jpeg?v=1700322614 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773-100x75.jpeg?v=1700322614 100w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2023/11/77d6bafd-6d39-447d-8f48-395637ee7773.jpeg?v=1700322614 1600w" sizes="auto, (max-width: 812px) 100vw, 812px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Gentileza de María Teresa Andruetto.</strong></em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: “Para leer bien un libro hay que leerlo como si uno lo estuviera escribiendo. Empezando por no sentarse en el estrado con los jueces y en su lugar permaneciendo de pie en el banquillo con el acusado”, dice Virginia Woolf. Esa relectura sostenida, en un tiempo como ese de tanta soledad e introspección, fue un gran aprendizaje. Lo decís en el capítulo Lectura rumiante, ¿podés explayarte en este corazón de cómo lee una lectora de provincia?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>—María Teresa Andruetto:</strong> ¿Cómo lee una lectora de provincia? Lee como puede, un poco el libro es esto. El paso por distintos modos de leer, cómo lee una niña en un pueblo donde no hay librerías, no hay bibliotecas, un poco en la escuela. Después cómo lee una adolescente en un lugar donde no se lee mucho, no se lee tanto, en un lugar donde ella va queriendo leer. Cómo lee una chica que llega desde el pueblo a la ciudad, desde el pueblo a la Universidad. Esto me pasaba mucho, cree que todo lo que lee o estudia es poco, para poder aprobar una materia, entonces resulta que lee mucho más de lo que le piden. Lee siempre tratando de estar a la altura de lo que le puedan pedir. Entonces el profesor cita nombres y ella los anota, los busca, los lee, los rastrea por todos lados. Ese modo de leer rastreando, buscando, ya no se fue. Tampoco se fue ese gusto de estudiante de los primeros años setenta que leíamos mucho la relación entre literatura y política, literatura y sociedad. Es la idea que promueve que un escritor no está solo en la ciudad, no es un árbol solo es parte de un bosque. Escribe en un país, en un contexto, en una lengua. Eso empiezan a ser los libros para mí. Un árbol en un bosque. Lo de lectura rumiante, es porque hubo una voracidad, en la niñez en la infancia, así como hacen los rumiantes que mastican tragan, devuelven, vuelven a masticar y tratan de digerir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>—Yael Noris Ferri: Con el capítulo “Los locos, los cuerdos y los que tiran de la cuerda” el atlas de tu libro inicia con una oración que me emocionó. Escribís: “Cuando regresé del insilio tuve que hacer una biblioteca, esa fue democrática”. Pienso en una biblioteca democrática hoy, a 40 años del regreso de nuestra Democracia. Más atrás contás que Borges en casi todos sus poemas se figuraba el paraíso como una biblioteca, digo, quién lo ha perdido todo pero ha ganado la vida, vuelve empezar, y vos volviste de casi cero ¿cómo fué ese tiempo? ¿qué es una biblioteca democrática?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">—<strong>María Teresa Andruetto: </strong>Yo digo una biblioteca democrática cuando pude empezar a comprar libros, después de mi insilio y con el regreso de la democracia a nuestro país. También pasé años muy duros en la dictadura, de mucha carencia económica. No solo perdí los que tenía, sino que tampoco compré libros esos años. Mi vida en el insilio se redujo a la sobrevivencia. Empiezo a comprar libros en el 84, cuando empiezo a trabajar, a dar talleres, a dar clases. Esos años los recuerdo como de una pulsión, una fuerza, un deseo, en ese despertar democrático, en esa primavera del 86, 87, ahí se hizo mi biblioteca desde cero.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Córdoba, 18 de noviembre de 2023.</p>
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		<title>UN FUSILADO QUE NARRA &#8211; POR DIEGO SZTULWARK</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Mar 2024 17:20:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[César González]]></category>
		<category><![CDATA[El niño resentido]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark realiza una lectura del libro "El niño resentido”, de César González, donde el escritor cuenta la historia de su propia muerte, la del fusilado que narra.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/un-fusilado-que-narra-por-diego-sztulwark/">UN FUSILADO QUE NARRA &#8211; POR DIEGO SZTULWARK</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b81796743051aad6f409bd601ca0aba5"><strong><em>Diego Sztulwark realiza una lectura del libro «El niño resentido”, de César González, donde el escritor cuenta la historia de su propia muerte, la del fusilado que narra.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efb14c1ae9bdd2030991e65c0e347d81"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



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<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ccd8d8f711c0d12885225083345d9dca"><br>Del <em>niño resentido</em> podemos decir que nació en una villa de Buenos Aires, la Carlos Gardel, y que tuvo una vida tan intensa como breve. Podríamos ampliar: a sus 15 años ya había cumplido sus sueños de venganza social sin haber derrotado a la vergüenza. Convertido en una gloria del crimen marginal, sólo podía acelerar su final. Fue acribillado por la policía y metido de inmediato en una tumba.<br><br>Con esta historia se pueden hacer cosas muy distintas. Es propio de todo sobreviviente portar con un saber extranatural. De <em>postmortem</em>. Que envuelve su palabra en un halo de gravedad, propio del testimonio. Son pocos quienes retornan del más allá y se dan los medios verbales para contarlo. César González es uno de ellos. Un resurrecto.<br><br>La historia misma, seguramente representativa de muchas otras vidas, es una parte del asunto. La otra parte es el espesor propio de las palabras y las frases con las que este fusilado vive una vida nueva. Una vida no arrepentida sino narrativa. Dos cosas acá. La primera: el Niño Resentido no es exactamente un “fusilado que vive”. Estas palabras, que dieron origen a la investigación <em>Operación masacre</em>, circulaban bajo la forma de un rumor secreto en busca del escritor que supiera escucharlas, como el comienzo de un nuevo tipo de escritura. Aquí, en cambio, el escritor cuenta la historia de su propia muerte. Es un <em>fusilado que narra</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c3bf46be248f38f00a067d8a5c7069c0">La segunda: el Niño Resentido sintió una inmensa culpa, y consumió kilos de <em>rivotril</em> y de <em>merca </em>para morigerar y anestesiar su dolor. Robó, fue violento, disparó. Más lo hacía, más quería seguir haciéndolo. Fue mortalmente herido más de una vez, y ni así menguó en su decisión de salir a robar. El Niño Resentido no se convirtió nunca en Niño Arrepentido. El sobreviviente que cuenta la historia tampoco lo es. No hay pedidos de disculpas, ni conversión sumisa a la ley, sino escritura. Esto es: una forma de la conciencia que regresa a la escena de los hechos: a la infancia, a la familia, a las drogas, a las muertes, a los pibes chorros como ángeles y héroes. A todo eso. Pero lo hace no bajo el modo de un regreso escandalizado y moralizante. Si vuelve sobre los hechos es para reparar -en el sentido de tratar cuidadosamente- todo aquello que ocurrió mientras sentía que solo a velocidad de vértigo se remeda la humillación de la pobreza. La herida ya estaba ahí: el descubrimiento fue, en todo caso, la adrenalina. El retorno a las escenas del pasado no conlleva para el narrador ninguna clase de renegación. Si busca algo es más bien restituir aquello que se pasó por alto durante la ciega carrera que el niño resentido emprendió en busca de una ilusión que aliviase, una forma inmediata de justicia. No hay, por tanto, paso del niño Resentido al adulto Arrepentido, sino al sujeto Narrativo. El Arrepentido, por otra parte, no hace sino equivocarse dos veces. La narración, en cambio -me refiero a este ensayo específico-, hace algo más osado y valioso: reabre los recuerdos más doloridos, aquellos en los que un orgullo astigmático y mortífero se revela incapaz de proporcionar la fuerza redentora que solo le otorga la poesía. Transcribo un fragmento: “<em>Nunca brillé tanto como cuando fui delincuente. La belleza de robar consistía en la dichosa ilusión de que la justicia podía saborearse un instante. Toda la sumisión retenida en la saliva durante generaciones se abreviaba, superaba y transformaba en los avances de un altivo malón</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a8176d5ea4f1f9ea6ef513bf355462f"><br>“La sumisión retenida en la saliva” (durante generaciones) y “el malón altivo” son los temas del orgullo y del honor. De un lado brillo, justicia y glamour. Del otro -y como contracara-, la humillación y la vergüenza brotando de esa herida irreparable de la infancia pobre. Lo primero aparece como embelesamiento temprano al ver a los pibes que “rochos”, enfundados en ropas deportivas de marca, paseando en motos caras que son conquista de un poder de desplazamiento que contrasta con la fijación en el gueto, y también señales de una revancha ostentativa, gracias a la cual unos cuerpos oscuros empoderados se pasean montando tesoros arrebatados a las clases sociales merecedoras. Lo segundo, como <em>zonas necesariamente negadas</em> en la carrera individual hacia un destino al que algunos llegan primero y otros después: proyectiles que caen sobre el cuerpo de los pibes, arruinándolos, despedazándolo. Balas disparadas por propietarios, por miembros de otras bandas o por policías. Esas zonas <em>insensibilizadas</em>, necesariamente narcotizada por la adrenalina, son las del sufrimiento de quienes amando a estxs pibxs que van al muere quisieran salvarlos, protegerlos (madres, abuelas, amigxs); pero también la de los <em>giles</em> que pierden, y que permanece como un fondo burgués indiscriminado (del que hay pocas noticias para el Niño Resentido: personas que viven en la riqueza, ciudad misteriosa de la que surgen médicos que salvan vidas y, más tarde, gran mercado del que surgimos -indispensables- los <em>lectores</em>), zona inerte que solo puede ser asolada por el malón, por la inoperancia o la distracción estatal. </p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.eleditor.com.ar/contenido/noticias/original/1705014213.jpeg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>César González. Foto: Telam.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cd1a29aeabbb0ef9fd3e86e31d23c1dc">Hay también una zona <em>alucinada</em>, dominada por la fascinación con la acción, con la propia audacia física y los consumos que la favorecen. La acción es la única proveedora de una sensación real de resarcimiento. Hay, finalmente, una zona más, inexistente, que es la indiferencia ante la posibilidad política. Lo político está totalmente fuera de alcance. 2001 apenas como un desfile de luchadores que dice algo, un padre de un compañero colectivero y votante del MAS. Son apariciones fugaces de una práctica incapaz de decirle nada a quien busca invertir jerarquías (aunque fuera exclusivamente en el terreno de la ilusión), que no tiene nada para comunicar a estos sujetos heridos, a los que la rebelión podría convocar, volviendo socialmente conducente su acción directa y valorándolos en su condición moral de humillados que no se han doblado para humillar a otros. Son estas zonas descuidadas las que ahora son de algún modo rescatadas.<br><br>Que un libro en el que relucen pulsiones de accesos violentos a lo prohibido y donde se aprende a admirar a esos machacados héroes de una brevísima justicia social tenga lectores en la Argentina de hoy, desmiente el fiat de la nueva generación reaccionaria de escritores, pulverizadores y contrainsurgentes, hechos solo de carne y alma, sin cuerpo ni calle. La refutación está en el modo en que lo múltiple real resiste a lo simple. El Niño Resentido tiene tantas personalidades simultáneas como recursos verbales tiene el narrador a la hora marcar el texto. Ahí encontramos expresiones como “gaznápiro” y “distimias” para probarlo: la primera proviene del lunfardo y quiere decir torpeza, ignorancia, rusticidad; y la segunda procede del vocabulario psiquiátrico y remite a profundas y prolongadas depresiones. Murmullo callejero y poder psiquiátrico. Contra esta coexistencia de experiencias funciona la censura de nuestra época. Por eso entusiasma imaginar lo que sucede en el lector que trata de entender ese deseo de “morir brillando” y de un cuerpo joven que comienza a sobrar. Y que enseña algo sobre un resurgir por medio de la escritura, de la organicidad recompuesta en su actividad propiamente lingüística.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b0b5d3ba745a7449c5d7b99d7eca66a">Leo <em>El niño resentido</em> como un libro contra la sociedad argentina, por el modo en que acepta el castigo que se le ha impuesto. Como si la pena fuera merecida y la condena un indicador de una falta cometida (pero ¿cuál fue esa falta? ¿la sumisión?). Lo leo contra la silenciosa interiorización de una vergüenza que quisiéramos ver arrojada al rostro de los poderes castigadores. Sólo el revolucionario de izquierda y el escritor consecuente, siguen buscando respuestas ahí donde no la hay. Esta insistencia en la imposibilidad nos confronta con una complejidad inconmensurable del mundo y de los sujetos, que persiste a pesar de la agresión de los grandes simplificadores, jueces impiadosos o inquisidores de una supuesta batalla cultural.</p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-312d4099739eb8792f4b80758f02231a">Buenos Aires, 5 de marzo de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51599abf75d4a9c990701bf8d00a305e">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>
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		<title>LA MARCHA DE LOS LIBROS &#8211; POR RODOLFO HAMAWI</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/la-marcha-de-los-libros-por-rodolfo-hamawi/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Apr 2024 13:30:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Rodolfo Hamawi]]></category>
		<category><![CDATA[Defensa de la Universidad]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha Universidad Pública]]></category>
		<category><![CDATA[Rodolfo Hmawi]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la multitudinaria jornada en defensa de la educación pública, se sumaron a las miles de personas que pusieron el cuerpo, los libros, a la par de sus lectores.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-marcha-de-los-libros-por-rodolfo-hamawi/">LA MARCHA DE LOS LIBROS &#8211; POR RODOLFO HAMAWI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d14fbf5f933a2b6e67739a11ff2dadb3"><strong><em>En la multitudinaria jornada en defensa de la educación pública, se sumaron a las miles de personas que pusieron el cuerpo, los libros, a la par de sus lectores.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-732b246e634517491bbda697741f73b8"><strong>Por Rodolfo Hamawi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-247435848a0d3e1bdc12b6400fc9dc54">La marcha en defensa de la educación pública fue por su masividad, diversidad y contundencia de sus reclamos, una bocanada de aire fresco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e8497b54629cbbb4fa1fc4e76db67632">Así como la histórica movilización en 2017 contra el intento de impunidad a los represores de la Dictadura,&nbsp; llamada del 2 x 1, demostró que la defensa de los derechos humanos es parte del pacto de convivencia de la mayoría de nuestro pueblo; ésta&nbsp; puso de manifiesto que la educación pública es un valor que hace propio nuestra sociedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13e43472ae1c4512406b965244425564">En esta jornada donde miles personas pusieron el cuerpo para defender sus derechos, se sumaron a la par de sus lectores, los libros. Sucede que hubo una propuesta previa de llevarlos. Y allí marcharon de la mano de sus amorosos dueños.&nbsp; Esos textos, se notaba, no fueron elegidos al azar, no fueron tomados a las apuradas de los estantes de las bibliotecas de cada uno. Sino que fueron llevados como estandartes, como pequeñas pancartas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a4e8c6be87b10c2938595d5f8be99b6a">Esta tarde de otoño bella en todo sentido, desfilaron ejemplares de la <em>Constitución Nacional</em> con su mensaje de legalidad, normas de convivencia, bases de una Nación que este gobierno intenta disolver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f503b6912f8c2dce627838afa497f720">También hubo varios de Pablo Freire, con sus enseñanzas de una pedagogía liberadora, llevados por docentes que nos querían mostrar qué es eso de enseñar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a809ee249b0d205a06fa85879a99e77">Vi pasar algún texto de Orwell, quizás para ayudarnos a pensar la pesadilla que estamos viviendo desde diciembre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2fc342658b9da9d61b95057cb2eacec1">Una mujer portaba, para que se viera, <em>Dialéctica del Iluminismo</em>, un mensaje de aquellos pensadores de Frankfurt que nos invitaron a ejercer el pensamiento crítico, a entender las condiciones sociales, culturales y políticas en las que surge un concepto, diciéndole a Milei y sus acólitos que se dejen de joder con eso del adoctrinamiento. Estudiar ideas y pensadores no es adoctrinar, es ejercer la bella y potente acción de pensar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-808103c9da6742e24b188d2594e00389">Vi dos marchantes acompañados por <em>El Eternauta</em>, haciendo carne la necesidad del héroe colectivo (que no proviene del Llao Llao).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5af66c6dae32f4caf8f9533f5cc488c">Para que no haya dudas que la marcha fue política, un joven llevaba el libro de Mario Wainfeld, <em>Kirchner, el tipo que sabía. </em>Una piba eligió como compañía, mostrando que la cosa es seria, a León Trotsky y su <em>Programa de Transición.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-516d57dcbf419e4ee5ac6924371c5546">Hubo también alguien que con cierta ironía llevaba un libro titulado <em>Psicopatologías de Gatos y Perros</em>, quizás un guiño a Conan y su dueño.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ae071e4f063713bf5738f7948cf65a41">Seguramente hubo muchos más autores y títulos desfilando, con su poderoso mensaje de respeto por el intercambio de ideas, las diferencias con el otro. Porque no habría libros sin el otro, sin el interlocutor real o imaginario para el que se escribe. Categorías ausentes en la secta paleolítica que nos gobierna.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c0c8e148124260611933a2e53110f4a1">Paradojas de estos tiempos sombríos, en estos días se inaugura la Feria del Libro. El Gobierno estará ausente en el acto inaugural, decidieron presentar el libro del presidente en la Pista Central, esa que tiene un perenne olor a bosta.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-83a28df94131ccbee7b257c8e25b2fe4">Buenos Aires, 24 de abril de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f8613c126e48bead0e1fb87d8a4850df">*Docente y editor.</p>
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		<title>LA VOZ DE LAS AUSENTES &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/la-voz-de-las-ausentes-por-yael-noris-ferri/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Oct 2024 15:15:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA["La mujer que no éstá"]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[María de los Ángeles Fornero.]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una lectura del libro “La mujer que no está”, de María de los Ángeles Fornero.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-voz-de-las-ausentes-por-yael-noris-ferri/">LA VOZ DE LAS AUSENTES &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-63e319318b94ca2e21987f6321959f21"><strong><em>Una lectura del libro “La mujer que no está”, de María de los Ángeles Fornero.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f6ea289e95a8d79d0966aaa0f29c51c"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39aee02a6a7ccb7db1e1bde7c829d9c5">Mi madre mezclaba un limón tres varas de cinta</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6337d92dde1870ff90e955bae6616850">&nbsp;siete dientes de ajo con yerbabuena sal incienso y perejil</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-26eb1d734890113369fbeca6aa796699">&nbsp;y pasaba la mezcla por siete pilas de agua bendita</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8bb63b418e8a851ef06ecf8cdbe398fc">&nbsp;para llamar a la suerte y librarse del mal.</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1751b537299839d2bf4a83111245099">NADA sé de amuletos ni de hechicerías</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64e5d44695a67a3033d120101484ebd2">&nbsp;pero conozco a aquellos que siembran la miseria</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-12db144ed561f1af2b872e91d185dfb2">&nbsp;y la muerte y sé que con ellos no habrá conciliación.</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ea341e19d9e2bdfced81f84d572fa7b2"> <strong>Glauce Baldovin</strong></p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1292a2e49335a22ffd08fe397fee44af">Tengo la manía de perderme leyendo, me fascina que eso suceda, me sumerjo en un libro y todo lo que las páginas narran se vuelven mi vida. Quizá la manía inició con la preceptora de segundo año de mi secundaria, que tuvo la feliz idea de enviarme como castigo a la biblioteca a pensar porque le había respondido mal a la docente de matemáticas. Y si me pierdo, elijo perderme en cada libro que pueda alojarme y vuelvo, acá, para contar un subrayado, un paréntesis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b722c5ed6957315771d1c5ecb573fbc5">Este prefacio, es para hablar de una gran novela que me detuvo en estos días: “La mujer que no está”, Editorial Alción 2023, de María de los Ángeles Fornero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0df23f35447a35a28ac90037a92c7e6c">Toda esta vuelta para traerla, acá a esta máquina,</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab2f247a70b17e48556c1b42f6aaf0c1">&nbsp;a estas teclas,</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6b195d7adccee70f0a7c36a36f891f90">&nbsp;a esta escritura que la va a traer,</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18453ceb5817bad0ee3d633d756eab07">&nbsp;porque es así como se hace memoria, es así como a veces uno puede.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-24a1f7e1924fb78bbc7632216ae8a3f0">¿Cómo se hace con el dolor? La pregunta irrumpe, galopa en mi corazón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a1feb75a36c032c7b030b3a42b7cd4e">¿Cómo se vive con el desgarro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-015b47931f3926f57e51e86c93ba1456">¿Cómo se cubre la herida para seguir en la vida? A veces se escribe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a6f275c7b66387ebae19167eb667fc6">&nbsp;En ese tejido de hilos que es la vida, María de los Ángeles Fornero escribe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-427e75ec643965c5edaa4dc14372169c">Su prosa resplandece en un afán de escribir la novela con un ritmo que atraviesa al lector con la voracidad de una búsqueda. La búsqueda transcurre en una ciudad: Villa María, que trae sus bares, sus calles, su comisario, su ir y venir diario. Pero la fuerza mayor no solo está en la fuerte y conmovedora narrativa. La luz viene de su poética, que podemos encontrar en la voz de una mujer asesinada: María Eugenia Lubaki, a quien la autora hace hablar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9b4f373c2a247529a52ff98eff394a2">La novela inicia con una llamada telefónica que no se contesta, o mejor dicho, que quien contesta es una máquina que repite una y otra vez: “El celular al que usted llama se encuentra apagado o fuera del área de servicio”, tajante intrépido vacío abre el hilo narrativo. A partir de allí las hipótesis abundan en torno a la ausencia de Eugenia, el dolor abunda, compañero de la incertidumbre y la pregunta se instala: ¿dónde está Eugenia?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2fe391d27a4fb43074eaf46b5de82b06">En la página 26 la autora pincela un retrato de ella:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6c3286dab08de0833b802111c921d87">“A los manotones y señales de espejos, María Eugenia vino a dar pasos nuevos, cursar una secundaría acelerada nocturna, que no terminó cuando se casó; anotarse en un gimnasio para bajar un par de quilitos, salir a bailar, conocer nuevas gentes, y estar cerca de los abrazos fáciles de los hijos de “sanguiches” de milanesas con mayonesa casera. Cosa de madre. Una mujer con un alma fuerte que no se da por vencida ni aún vencida y no se la pierde de vista, así nomás. Un poco altanera, con humor portátil, un tsunami en el corazón y en las piernas y una luna llena en el rostro. Bastante a contra tormentas. María Eugenia es pura voz.” Este retrato se hace eco en las voces y los nombres que la buscan: “Nora”, su amiga que intuye que Eugenia no se iría sin decirles algo, la hija que extraña que su madre no llame para despertarla, que no la rete porque está en quinto año de la secundaria y se durmió. La piba la piensa, la llama, el mensaje automático sale, sigue lo cotidiano y el hueco de una ausencia profunda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b7f845ec0c09f485ebe4167b0764fdd">En las páginas siguientes, como lectora sigo la búsqueda, unos policías que pasan la foto, de mano en mano, en cada lugar donde estuvo Eugenia, el banquero que dice algo así, como “imposible no recordarla, es muy bonita, la vio sola…”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e47744ad5be4627fb90cfaf5a8ace9c">Abajo, en las capas subterráneas de la lengua de la novela, aparece lo que se sabe y no se dice, el estereotipo de un machismo que se respira en el hedor de los comentarios que transcurren.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ea885f7c1572f3c787bd94949a107233">“Una ausencia del hogar de una mujer de 38 años un viernes a la noche”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62d0f168d2acdf330c53b069487b0095">Vestida de jeans elastizado negro, linda, que sale con amigas, el rumor es el hedor del pueblo, de la negación, de que es una mina perdida un viernes a la noche…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-44c0a9f3d0f1178c0c9b9bdbcd6f60ed">Las capas muestran que el prejuicio y el estereotipo se hacen presentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c98d2f98db229596a44b635a51b7721e">Eugenia habla, piensa en su hermana Gloria, habla desde donde esté:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0382a80b7482398440739038d38672f0">“<em>Se va a morir la Gloria cuando se entere no se va a juntar los trocitos se va a rehacer entre la maraña de odios y lo va a buscar con una escopeta le va a querer arrancar la poca humanidad que le queda me adoraba la gloria…”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-039e544523146d4c2ef89ac41d8d21bc">Su voz quiebra al final de la página 35, su voz es un fuego para que arda justicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29918a28057c6f593dd08713ee6cdd17">Su voz escrita en manuscrita es un detalle de la autora para hacer escuchar, en disonancia con el resto del cuerpo.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/10/619cfda3-6156-4c7c-addd-86beded32602-1-819x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-14113" style="width:421px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>María de los Ángeles Fornero.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc24ee13466e8d9099e9e2d862e4322e">La narración de las páginas siguientes nos anuncia a los lectores que no hay fiscal, ni comisario, que comande la búsqueda solos. El acontecimiento surge, las amigas han decidido tomar la lucha de la búsqueda por su cuenta:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-376dff00e0b1cd57948ef21e4d82bf26">“Entre llamadas y corridas, de la policía al hospital, del departamento de Eugenia al diario se fue tensando la garganta y angostando el tiempo. Si hay dos mujeres reunidas y una que falta en cualquier barrio de Argentina es motivo para una marcha. Tres metros de tela y una pintura negra: “Justicia por Eugenia”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29fb786fe55090f72ae87972931af23e">Y la voz de Eugenia suena:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bbb2df276720712f9c1d7dbc3935c20">“<em>Soy canto apagado hay aplausos en las calles alcanzo a ver pancartas con mi foto”</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0642d1d6e779b3dd814c69034e1fa1b8">Esta es una novela donde el relieve está en defender la vida, el coraje en la denuncia escrita y la memoria como el acto político literario. Hay un preciso trabajo entre literatura y memoria. La memoria, para conservarse en el seno de una sociedad, adviene como relato, y esa narración necesariamente tiene un sujeto que rememora. “La mujer que no está” nos lleva a un planteo ético qué hacemos con los que han sido víctimas, en este caso de un femicidio. Recordé a Paul Ricoeur y su concepto de “deber de memoria”. Ricouer plantea que “debemos a los que nos precedieron una parte de lo que somos”; este es un concepto al que nos invita a reflexionar el deber de memoria al acto rememorativo. La justa memoria es un logro futuro con el que tenemos el deber ético y jurídico de comprometernos. El relato literario puede volver a experiencias anteriores y mostrarlas siempre disponibles y susceptibles de ser significadas de nuevo. Quizá esta es la invitación renovada, novelada en la apuesta singular de María de los Ángeles Fornero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72da54a095d01ac000fc17a675e7c1c0">La novela está inspirada en el femicidio, caratulado como desaparición de Mariela Bessonart en el 2005. Transcurrieron 18 años, sin novedades, pero con la lúcida búsqueda de que este libro la trae y no solo a ella, sino a cada una de las víctimas que nos faltan.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b36b679e9d388a6b22669edebb739b0">Córdoba, 30 de octubre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9065b0c23d2ef1e93473275e7cf0c9ec">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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		<title>LIBROS: PENSAR EN LA CATÁSTROFE &#8211; POR MANUEL OBLIGADO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Jan 2025 13:50:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[La línea de sombra]]></category>
		<category><![CDATA[Leonardo Eiff]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leonardo Eiff publicó nuevo libro, La línea de sombra, en el sello editorial de la Universidad Nacional de General Sarmiento. El libro cumple una de las funciones más nobles de la academia, de la teoría y del arte: caminar para atrás, alejarnos un poco del objeto para abrir el panorama, la perspectiva, cambiar el punto de vista, tratar de ver más el bosque que el árbol.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/libros-pensar-en-la-catastrofe-por-manuel-obligado/">LIBROS: PENSAR EN LA CATÁSTROFE &#8211; POR MANUEL OBLIGADO</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-95f0877e7019c086d159830666d50df3"><strong><em>Leonardo Eiff publicó nuevo libro, </em>La línea de sombra<em>, en el sello editorial de la Universidad Nacional de General Sarmiento. El libro cumple una de las funciones más nobles de la academia, de la teoría y del arte: caminar para atrás, alejarnos un poco del objeto para abrir el panorama, la perspectiva, cambiar el punto de vista, tratar de ver más el bosque que el árbol.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d7f76f653deddb9c2c9ce314e685dba"><strong>Por Manuel Obligado*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f2d7dace9d1964ee1a9e84eff39fba2b">Leonardo Eiff acaba de publicar un nuevo libro, <em>La línea de sombra</em>, en el sello editorial de la Universidad Nacional de General Sarmiento. <em>La línea de sombra</em> se dedica a una de las funciones más nobles de la academia, de la teoría, pero se me ocurre que también del arte: caminar para atrás, alejarnos un poco del objeto. En esta época de endorfinas disfrazadas de política, abrir el panorama, la perspectiva, cambiar el punto de vista, tratar de ver más el bosque que el árbol. El vicio de los académicos suele ser alejarse demasiado, tanto que al objeto ya ni lo vemos. Hay que frenar, ¿no? Y <em>La línea de sombra</em> frena justo. Se aleja, dialoga con la historia de su disciplina, pone ejemplos lejanos en el tiempo y el espacio (Argelia, Rusia), pero los hace calzar como un guante en la coyuntura actual; es también un libro de coyuntura, un libro sobre Milei sin nombrarlo ni una vez. Tiene una pata en cada mundo, la coyuntura y la teoría, así que no aburre ni se pone abstracto. Vive al borde de ponerse abstracto, pero siempre está acá y ahora, es súper atractivo ver ese equilibrio. Es el libro de un tipo que debe ser muy abstracto en su cabeza, pero está caliente con la realidad. No es nihilista, propone sin parar, y debe ser difícil no ser nihilista con toda esta información.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3680e5c8ec8861df3111c33cea0524f8">Y ese objeto del que el narrador se aleja, pero no tanto se presenta como un objeto agónico, que duda de estar vivo o muerto. Es el Estado en un mundo lleno de discursos antiestatalistas, un estado vapuleado por el capital financiero, por la prensa, por la industria tecnológica. Sillicon Valley, meca del antiestatalismo, acaba de poner un vicepresidente en EEUU, James David Vance, 40 años, vice de un presidente de casi 80 años que no puede reelegir. Aunque Milei se caiga mañana, el 56% de los argentinos votó en contra de este estado. Así que parece que en el mejor de los casos vamos a estar un buen tiempo pensando y repensando lo que piensa y repiensa <em>La línea de sombra</em> quienes creemos que si no repensamos al estado se viene un mundo muy cruel.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-65e754919506a5ae81b80daed385b60b"><em>La línea de sombra</em>, entre otras cosas, es un elogio de la lectura, desde el título, que es el de una novelita tardía de Conrad, pasando por la dedicatoria al “último lector” y hasta llegar a esa coda. Es un libro que pide a gritos leer literatura, leer más, leer mejor, leer más variado. Recomienda libros sin parar, con un apasionamiento muy conmovedor. Creo que más de la mitad de las frases del libro remiten a otros libros, a veces los nombra y a veces los cita al voleo. Debe ser muy lindo para el que leyó todos esos libros y caza las referencias. A uno que no está en la disciplina le da una curiosidad tremenda de leer todo eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-333d598dbdc47ea5283d893106ea9097">La lectura, como el Estado, también está cascoteada. ¿Para qué sirve leer? Para un montón de cosas. Para pensar mejor, para ver cómo piensan los demás, para flexibilizar las relaciones entre las ideas, para ampliar las posibilidades de hacia dónde puede salir un razonamiento, para ser más empáticos, para comprender al otro, para ejercitar la capacidad de sentir placer por una frase, para ser más conscientes de todo lo que no conocemos del mundo, para conocerlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-592b41171ac09be823437413b19e07f0">El ser humano es muchísimo mejor cuando escribe que cuando vive. Cuando vive es idiota, malo y distraído. Cuando escribe es tranquilo, reflexivo, en general es generoso y muestra solamente lo mejor de sí. Somos tan tontos en la vida y tan inteligentes en los libros. En los libros está (por lejos) lo mejor de nuestra especie. Ojalá cuando ya nos hayamos asesinado los unos a los otros de la manera más estúpida vengan los marcianos y nos juzguen por nuestros libros tan maravillosos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e20220ed03151f417048089e834bcb57">Y esta es una época que está en una clave muy literaria. Impacto emocional, liberación de energías violentas, libidinización del asco, esta ensalada donde se mezclan parafilias con doctrinas políticas, podríamos estar hablando de la línea que atraviesa la literatura argentina entre Esteban Echeverría y Osvaldo Lamborghini o de la gestión del actual gobierno y su estrategia para alcanzar y cuidar el Poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14cf46be06a22a687423b33a324d9f0c">A mí –la verdad– me cuesta pensar que un libro sirva para algo en el estado de catástrofe en el que estamos, pero tenemos un gobierno que nos recuerda que sí, los libertarios se la pasan hablando de libros, los perros del presidente tienen los nombres de los escritores que le gustan y gracias a los que llegó hasta ahí, los libros son una parte necesaria de la pelea que tenemos que dar, así que la Universidad Pública y sus editoriales pueden tener algo que ofrecer.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-834dcd5c29a9168bdc3423f26d55ec9f">Y si hay algo que la literatura enseña es que, en la catástrofe, en la crisis, se piensa bien, los momentos de crisis son momentos de mucha lucidez. Una de las connotaciones de <em>La línea de sombra</em> es que toda esta catástrofe puede ayudar a repensar el Estado con mucha profundidad. Es en las grandes crisis cuando repensamos nuestra identidad, como sabe cualquier adolescente que lea poesía o cualquier adulto que lea novelas del siglo diecinueve.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a898887a60e52bef5c3640c85c0c3323">Estamos viviendo una crisis fenomenal. Argentina está funcionando como laboratorio o como punta de lanza de un mundo rarísimo que se viene, y quedarnos afuera de la disputa por el sentido de cada una de las palabras que creíamos ya atadas a su significado, mientras lo cambian adelante nuestro, puede salir caro. Eiff se mete con seriedad en esa disputa por las palabras, categorías, teorías e instituciones que nos ayudaron a entender el mundo y probablemente puedan seguir haciéndolo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f9f4bdcbeb9215bdb1682235f76cbd80">En este cambio de paradigma, ¿seguirá sirviendo cada libro, cada categoría con la que pensamos hasta ahora? ¿Cuáles vale la pena disputar, cuáles no? ¿Vale la pena luchar por su vida? Si la fuerza siempre le ganó a la inteligencia.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://sangrre.com.ar/wp-content/uploads/2017/04/pochoceleste-1-500x500.jpg" alt=""/></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2c81afb2f0b3b3a9bf96defde80cc222">Yo soy de la sensación de que es difícil que un alemán de hace 100 años tenga algo que ver con los problemas que tenemos los argentinos hoy. Pero hay que admirar, porque es heroico, porque tiene olor a batalla perdidísima, lo que hace este libro: pelear por esas palabras, por esos autores, por esa conversación que tenemos a través de las décadas, y no por su sentido y usos del pasado, sino por los del futuro: disputar significados, hacerlos vivir con el uso, con esa fe un poco absurda de que a través de nuestros actos de lenguaje capaz podamos influir en la materialidad de ese conjunto de fenómenos tan diversos al que le decimos civilización, o vida en comunidad, o justicia social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f1591bce64df7b572541253c74eb323e">A veces, como en el capítulo 6, el de la Neutralidad, se le siente como una nostalgia o añoranza, cuando Eiff describe lo que pasa con la política real frente al supuesto de la teoría política: sería tan lindo si todo fuera como corresponde, pero no lo es, y desde este mundo real tan precario tenemos que mirar a la teoría con congoja, desde atrás de un vidrio empañado con un tango una tarde de lluvia, deseándola, pero sin poder vivirla. La utopía, para este libro, es la teoría.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-661c0d5390d6f7e9c3735c17fa494420">Cualquier revolución de la historia de los países que se me ocurra pensar fue una revolución en el Estado. En esta época tan cambiante, de subjetividades que da la sensación de que están viviendo un quiebre sin vuelta atrás, el estado está lejos de hacerse cargo, más bien pareciera que esta es una revolución de las subjetividades, de las identidades, de los lazos sociales, de los mercados, que el Estado mira de afuera, con cara de vaca, sin enterarse, dando el lugar a otros poderes para que lo hagan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b8af9ec21fe10758fb2a8fcfd7ee651"><em>La línea de sombra</em> arranca preguntándose por la escritura en sí y con una pregunta que homenajea a la primera teoría literaria, a los formalistas rusos: qué es escribir políticamente, enfrentado a escribir <em>de</em> política. El ejercicio del libro es tematizar un paisaje bastante amplio de la teoría política actual y, pendularmente, acercarlo y alejarlo a y desde la situación argentina. Temáticamente está en su disciplina, pero formalmente creo que le debe más a formas que vienen de la literatura; al ensayo clásico, en la tradición de Montaigne o Emerson, que arrancan con una premisa y avanzan en el pensamiento sin tenerle miedo a las digresiones, fluyendo de una manera bastante juguetona, leal a la manera en que se piensa. El ensayo es el género en el que vemos pensar. Es leal también a la manera en que se conversa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b55f77051feb917470c0a72c4e8f85ed">En ese sentido es un libro hospitalario, capaz a veces difícil, a cada rato hay que quedarse un ratito en una frase sin entender bien para dónde va o cómo se pensó. Para mí es lindo no entender, ver cosas que no entiendo. El libro es hospitalario en el sentido de que te conversa, de que no te impone una conclusión premeditada, sino que la va elaborando con ritmo mientras ocurre. Construyen una intriga cada uno de estos ensayitos, uno cuando arranca siente curiosidad de a dónde vamos a ir, ojalá los textos académicos en general tuvieran esa consideración por el lector. Y bordea a veces la vanidad sintáctica e intertextual de los barrocos gongorinos, y también tiene algo barroco en momentos en que es una ametralladora de ideas políticas, propias y ajenas, que se solapan, dialogan; tiene algo de Aleph, de inabarcable: en todas las páginas uno quiere discutir un par de ideas, charlar con otro par.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-da707cd694e080116495dd61dca1dc77">Y ese estilo barroco –nos habíamos preguntado qué es escribir políticamente– se me ocurre que tiene un cuerpo muy parecido a este requilombo al que llegamos los humanos si tratamos de pensar el conjunto enorme de pequeños quilombos al que le decimos civilización. Frases simples serían deshonestas con la materia tratada. Si es un bardo todo esto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3741bd238a0a66e1f6a1c970305dfbf0">También, se nota que (Eiff: lector de novelas clásicas) <em>La línea de sombra</em> tiene un arco dramático que lo atraviesa del principio al final. Arranca con un prólogo que homenajea la retórica de los panfletos y los manifiestos, problematiza la propia materialidad y función de la escritura política, declara muerto al protagonista en el Capítulo 2 (<em>“La dominación bélico-capitalista torna fantasiosa toda apuesta que priorice la soberanía estatal, la autonomía política y jurídica, y que además otorgue al mercado un lugar válido pero subordinado”</em>) y arranca un recorrido que va de las instancias más inmediatas de la participación política, la <em>Teoría de la militancia</em> de Selci y un panorama de las izquierdas, a las menos inmediatas: una Teoría política de la moneda y la historicidad del pensamiento político argentino; va, como las novelas rusas, de lo primario y concreto a lo histórico y general.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-77fc55f865b38ac80b4caa1914210c4b">No es poco importante que arranque discutiendo con la izquierda, en el capítulo 4, y con la teoría de la militancia de Damián Selci, en el capítulo 3. Digo que no es poco importante porque son las dos herramientas que ocupan la primera línea cuando, cortado el cable vertical entre la ciudadanía y el estado, cualquiera se pregunta qué hacer, cómo arrimarnos a tratar de incidir en la vida común: para cualquier hijo de vecino, para cualquier pibe joven que empieza a leer el diario, meternos a militar en una orga peronista o en un partido de izquierda. Y claramente son dos caminos que también están en crisis, que tenemos que repensar, porque no nos podemos quedar sin esas herramientas, pero, así como están resultan bastante desalentadoras, inocuas. Eiff se anima valientemente a discutir con esa vaca sagrada del último par de décadas para el campo popular, la militancia, de la que digo que vive un paradigma en crisis para toda la sociedad, pero especialmente para los que estuvimos años los sábados a las 8 de la mañana en alguna esquina de conurbano repartiendo volantes con las caras de Alberto Fernández, de Massa, de Scioli. Va a ser difícil vendernos de nuevo la épica de ese tipo de educación política. Estamos dudando de todo y está bien. Hay que resetear ese paradigma, repensarlo mucho lo antes posible, porque estamos desesperados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aee144432139c3259f73dadad760328c">Cuando pienso en Perón y Eva, que tenían al gordo Cooke de un lado y a Guillermo Patricio Kelly del otro, a milicos que venían del golpe del 30 y de la década infame compartiendo espacio político con laburantes formados en el anarcosindicalismo, en esa amplitud extraordinaria de nuestro pueblo que hizo perenne al movimiento, se me ocurre pensar que ese imperativo de la organicidad que nos estuvieron vendiendo tanto tiempo no es muy peronista, y que más que incluir sujetos políticos los excluyó. La pregunta siempre es qué hacer, y la alternativa que me viene a mí es el movimientismo. Perón y Eva, en sus libros, no hablaban de militancia: hablaban de movimiento, de comunidad organizada. El sujeto es el trabajador, no el militante. Si el peronismo sobrevivió a bombardeos, dictaduras, fusilamientos, proscripciones, no fue por la orgánica, fue por el movimiento, la cultura, el factor identitario. Volvamos a la segunda de las 20 verdades: Todo círculo político es antipopular, y, por lo tanto, no peronista. “La politización produce despolitización”, pone Leo peleándose con el intendente de Hurlingham, al que vincula con la obra de Laje, en un movimiento muy gracioso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-206b7f36c37534bd83ed9f425e4d3bd9">A mí el capítulo que más me gusta es el 9, “Por una teoría política de la moneda”, porque vengo pensando últimamente que tenemos que hablar de guita. Medio que le regalamos a la derecha el campo semántico de la guita: hay que recuperarlo. Acá y en Estados Unidos perdimos los que hablábamos de democracia y ganaron los que hablaban de guita. En las últimas elecciones Milei habló de inflación y nosotros seguimos pensando que más importante es la desigualdad. Pensábamos que mientras el salario suba por arriba de la inflación no es tan grave la inflación. Y Eiff lo trae a Canetti para decir: fuera de guerras y revoluciones, no hay nada comparable a la inflación. Las conmociones que provoca la inflación son de naturaleza tan profunda, y está hablando de Weimar. El crecimiento del dinero es un crecimiento de la personalidad, pone Eiff, y con la inflación sucede lo contrario. Sin moneda no sabés quién sos, en un país sin moneda tenés que gastar todo ya, quemar todo ya, no hay futuro, no hay planificación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc53624b344cd3c9539aa843488eb90">El peronismo, en su humanismo extremo, es una economía que no tiene como eje la plata, sino el trabajo. La interacción social más importante no es monetaria, es laboral. Nosotros pensamos que cualquier injusticia social se soluciona dando un buen trabajo, bien pago, agradable, con vacaciones. Eso es de lo único que hay que convencer a los chicos jóvenes que votaron a Milei, de que con el peronismo van a tener más guita. Si conseguimos eso lo demás se va a ir ordenando. La guita es lo único que todos queremos, un buen trabajo que nos pague bien. No le regalemos ese discurso a los mamarrachos estos. Esto lo digo discutiendo de costado con el último capítulo del libro. Yo soy de la opinión de que el trabajo es el vector que, sumado a la ciencia y la tecnología, hoy, ayer y dentro de mil años va a conseguir que un país como Japón le gane una guerra a un país como Rusia, como describe Perón en un libro de 1933. Es imposible no discutir con <em>La línea de sombra</em> como es imposible no estar de acuerdo, hasta varias veces por página, de forma intensa y desbordada, y esa pasión por el pensamiento, por la lectura y la escritura, por la larga discusión de humanos contra humanos sobre cómo organizar la vida en comunidad tiene que ser una de las pulsiones que nos ayude a caminar hacia tiempos mejores.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-16fe09b6424f84c47c7005818ce479fd">Buenos Aires, 18 de enero de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa854396c689b677bd20d2414aaad981">*UNGS</p>
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		<title>Inventar el futuro &#8211; Por Hernán Sassi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Nov 2025 12:25:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Sassi]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Lucrecia Martel]]></category>
		<category><![CDATA[Un destino común]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Un destino común" compendia intervenciones públicas de Lucrecia Martel, directora argentina que cree en un mañana mejor que este Apocalipsis.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/inventar-el-futuro-por-hernan-sassi/">Inventar el futuro &#8211; Por Hernán Sassi</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bed493a258cfeb29c73b41f856b0c0be">«<strong>Un destino común» <em>compendia intervenciones públicas de Lucrecia Martel, directora argentina que cree en un mañana mejor que este Apocalipsis.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-93033f356e31dd00b115f0e5fc822a97"><strong>Por Hernán Sassi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:66px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9e5e23753a5b93361a84d47c85ad1f5"><em>Una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd0e63681f9989e0305e8e99b620a72e"><em>Cartas a un joven poeta</em> de Rainer Maria Rilke</p>



<div style="height:38px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-268da7f20dbac74ed1ee038d33ea5cd0"><strong>I.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5c0b65b8ea3e884c78d7f3078307c3ac">Hay “escritores de escritores” que no son elegidos por el gran público, pero sí por quienes conocen un oficio y la tradición. Martel es directora de directores, pero también responsable de un cine que hace de la incomodidad un acto de liberación. No lo buscó, pero condenada por su genio, ocupa la marquesina de festivales prestigiosos y el escenario de foros paquetes que usó en un principio para dar cátedra de cine y, desde hace años, para conminar a que no malgastemos la bala de plata de la especie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bb28fc1cb884f3ce0636bc7c7438d65f">Su diagnóstico es el mismo que el de un presidente que viene del futuro: la distopía planificada. Pero Martel, que aprendió de pueblos ancestrales que el futuro, es en realidad el origen, no viene a traer la buena nueva del sapo en la olla de los mil-millonarios, sino a hacer que saltemos como leche hervida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03816858424d3d4a68a1921b2f63cf14">Bajo impecable edición de Malena Rey y Pablo Marín, «Un destino común» reúne conferencias, clases y también diálogos públicos de Martel (con Leila Guerriero, Carla Simón y César González). En días de redes sociales, charlas TED y conversatorios en que todos tenemos algo para decir, es sanador acallar el ruido ambiente y escuchar, con la lectura, a quien realmente vale la pena.</p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e37d60b823acb3bc0e1025d58dfed3c6"><strong>II.</strong></p>



<div style="height:27px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8e542fd3bd767d9c074b9c42560913c"><em>Somos menos que un pobre indio sacando plata del cerro Potosí para enviarla a un país extranjero. Nos sacan y no nos dan nada</em>.</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a2f92944390cddd46cc8eba25b622089">Lucrecia Martel, <em>Un destino común</em></p>



<div style="height:37px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af65b13624ee4c14b453d57ae00fc0a0">Mientras prepara «Zama» e imagina cómo llevar algún día <em>El eternauta</em> al cine<em>,</em> entre otros textos, Martel lee crónicas de indias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8f7d876acde8f8bd8a27e576b203a50f">En una de ellas, un funcionario de la corona escribe: «A toda hora que me levante y que camine por la ciudad, encuentro indios insomnes».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b71ac442ae30aec819201c2d2d9b6588">«El mundo que conocían había sido tan desmembrado que nadie sabía cómo reaccionar», comenta Martel.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ae821954884d984751ada40aa5d9012">Si bien para ella lo que vivimos “no ha sucedido nunca”, de algún modo «somos indios insomnes porque hay algo que se nos está cayendo a pedazos delante de nuestros ojos «, agrega, quien sostiene que la única diferencia entre sonámbulos viejos y nuevos es el modo de soportar el Apocalipsis, con <em>Clona</em> y <em>Netflix</em>, en nuestro caso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a2833f8b4e087fe131973c4004c3be04">«¿Y qué significa ser indio insomne?”, se pregunta. “Significa que vamos a gastar muchísimo más el cuerpo, vamos a estar agotados. Vamos a tener que usar las horas que eran de descanso para inventar, porque las otras, las del día, las vamos a tener que usar para ganar dinero para pagar el gas, la electricidad, el alquiler», responde una de las mejores directoras del país más cinéfilo de la región, hoy sin cine, pero con directores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d660c0ebd32713a77e763f70af34518f">«Tenemos que inventar nuestros experimentos a oscuras en la noche, con insomnio, encontrándonos con gente con insomnio también», propone alguien que se asume de un “optimismo enfermizo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-97f9f8b663f22393499553af39e25249">Incómoda con los que no filman si no reciben subsidio del Estado, y refractaria a quienes nos llenamos la boca sin actuar, para Martel «no hay que resistir, hay que inventar», […] “hay que inventarse una fe”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5bb3ef54e673ef42c2c8da9df1326bd">“No hay una dirigencia política que esté pensando en un destino para nosotros”, dice. Cuando los políticos parecen habernos abandonado, cuando padres y madres están en otra, cuando quien está al frente del aula ya no está al frente, hay artistas que se le animan al nihilismo y hasta se vuelven “pastores evangelistas […] con la obligación de levantarnos el ánimo”, como se reconoce la propia Martel, quien escribe cartas para los jóvenes poetas del mañana, y como el maestro Simón Rodríguez a Bolívar, nos conmina: “O inventamos o erramos”.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9980f69c7835057ca18ec09dc33801f2"><strong>III.</strong></p>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-01f191ca28a8e3f373cead2b1f1c3e50">“<em>De tanto que lo vemos todo ya no vemos nada</em>”.</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7fdb7ed67782131eb1017d083089ac90">&nbsp;“La cueva de Chauvet” de John Berger</p>



<div style="height:38px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-01786c452d2ef7d5402261ac5f7d8465">Martel habla con el Chat GPT. Es un diálogo no de un desesperado que busca consejo de una máquina, sino de una lectora de Heidegger, cuyos aportes sobre la Técnica conoce bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-527f91d53c01cb1640e58cd886abaf95">Martel tiene claro que hemos elegido ser siervos de las máquinas, siendo la peor la que impide ver y escucharnos. Cree que, como en el Siglo XIX, el problema sigue siendo la extensión. Solo que en el XXI nuestro cuerpo se volvió dependiente del espacio ínfimo de la pantalla por medio de la cual interactuamos solo con personas que piensan como nosotros. No sucede “por obra y gracia del espíritu santo”, como habrían dicho las monjas de su colegio de infancia, sino por la iniciativa de un puñado de magnates que han logrado que hasta el tiempo se supedite a lo que dicta la pantalla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-604c128c37090d58d962e7ba8b9d31a4">Mientras la humanidad acepta el retorno a la servidumbre, Martel advierte que hay también “una guerra silenciosa”, un sometimiento cultural “sin soldados” que hace a un lado todo modo de narrar alternativo. Fuera de la alienación laboral, somos esclavos tanto de narrativas minúsculas (<em>Tik Tok, reels</em>) como de narrativas sin fin (Plataformas, <em>Youtube</em>).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a5859313720f70dbc627fc8e0c8485ae">Desde hace años encuadra a ese sometimiento en algo mayor que llama “obediencia visual”, el modo en que Occidente no solo homogeneizó lo que vemos, sino más aún, puso a la vista por sobre el oído, que es, según Martel, mucho más libre, y según aprendió de la cultura guaraní, un portal único para “escuchar el tiempo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-682d31a53816fb2eb0bc973fcd377560">Como acto disidente, desde hace años desarrolla toda una teoría del tiempo y el sonido. No es teoría de sabihondos, sino fruto del trabajo en el cine y de la escucha de la vida cotidiana. La comparte no para darse corte, sino “para darse ánimo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-01713456f562473cf94d64e53c1fdd2b">&nbsp;Si hemos perdido la capacidad de ver, entre otros, a gente durmiendo en la calle y a comunidades originarias que luchan por su tierra, Martel cree que, tanto el deambular por la ciudad cuanto la recuperación de la escucha, pueden “devolvernos la atención sobre el espacio”, nuestra “casa común”, como dijera Francisco, a la que convertimos en un lugar siniestro y lejano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-276c86c767d9db68fdc33d2f267e3b4f">Martel advierte que la “clase media blanca tiene el discurso bastante agotado”. Cree que “perdimos la mirada sobre la complejidad del mundo, y en particular, sobre la pobreza”. No está de más que nos recuerde, con el pudor que nunca esconde por venir de la clase acomodada salteña y con mucho amor al prójimo que falta en propios y extraños, que bañarse con agua caliente, tener comida en la heladera, y viajar cómoda y velozmente son privilegios de cada vez menos personas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1423585951f4824af79891204f67d7f">Con una pastoral cada vez más encendida, Martel quiere “sacudir la estupidez” y hacer una “rajadura en la realidad”. No sólo el cine puede, cree, también la educación.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cajanegraeditora.com.ar/wp-content/uploads/2025/10/MARTEL_LIBRO_INTERNA.jpg" alt="" style="width:713px;height:auto"/></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a6a984f2eab830a2bc525a8af7144b25"><strong>IV.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-835872de2553e746f2811f17898e87a1"><em>Inventen el futuro de la música, el cine, la educación.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd93781cbf0a7636a75ca41756cbc667">Lucrecia Martel, «Un destino común».</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b73b5b80b85d0e53cdb2dc6356491ec1">A veces un artista es solo un artista. A veces, también un maestro. Cualquiera, con título y todo, puede no serlo nuca; así como cualquiera con ganas, portero o costurera, deportista o artista, puede serlo realmente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-deaf6f4123b5d0243f5697e85645b011">&nbsp;Martel es de las pocas a quien le cabe la pompa de la “clase magistral” con que la promocionan quienes la invitan. Hoy enseña desde un estrado, pero viene haciéndolo con su cine. Ficciones o documentales, cortos o largometrajes, en el mundo de Martel es tan importante lo que se ve como lo que se escucha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-16b03bf62e3a6d3bb48e5a1d3fdfbe47">Martel se pregunta: “¿qué nos aportó el cine argentino para vivir?”. Entre muchas otras cosas, ella enseñó a escuchar, que es un modo de ver, pero, además, un arte que hay que saber cultivar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cfd6c01dfba10500e8cc3a98e3e43e72">Martel propone que hoy, más que nunca, tenemos que escuchar.Insta a trascender lo partidario, lo generacional y el género. Quien propone inventar categorías de observación del espacio, quien pide a los jóvenes volver a usar el cine de modo hipnótico, cansada de películas hechas por mujeres que hablan de mujeres, de hombres que hablan de hombres, de negros que hablan de negros, pide conversar con quienes no se aferren a tendencias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a514236efac9eca10c42c6f8f17afde7">Perdida la rutina de ir al cine, caja de resonancias de otras voces, otros ámbitos; Martel confía en otro espacio gregario para el diálogo, la escuela. Felicita a los responsables por el retorno de las escuelas técnicas y propone que la escuela enseñe a ver el mundo, y que la educación vuelva a poner los conocimientos al servicio de la invención.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7c082bb4098dfa106066e329b5d0d6b9">Martel da por cierta “la monstruosidad de la época” y considera que, frente a ella, tenemos que asumir la responsabilidad política de “inventar cómo queremos que sea el futuro”. El arte y la educación deben surgir de esta necesidad, para ella, vital.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-627b557e43c18cc0c6b0e3b1340279a7">Como hicieron Verne y Philip Dick, dice Martel, hay que “inventar el futuro”. Pieza también artística surgida de la necesidad, este conjunto de charlas editado por <em>Caja negra</em> no es un libro de horas, sino un manual de instrucciones para inventar “un destino común”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fe3c62e7efe053ea3b89a97f8ce31dbc">El primer ministro de educación que comprenda el desafío menos de este siglo que de la humanidad, hará a un lado la penosa hoja de ruta que seguimos en las aulas, para poner a «Un destino común» como texto obligatorio en las escuelas.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-226ad588c767acb602e13b427ef77705">Domingo, 30 de noviembre de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c3e138ab8e07190c3aa7466c22c19172">*Prof. y Dr. en Letras, y Mag. en Comunición y Cultura, es docente en profesorados del Conurbano, ensayista y crítico de cine. Publicó&nbsp;<em>Hoteles. Estudio crítico</em>&nbsp;(2007),&nbsp;<em>Cambiemos o la banalidad del bien</em>&nbsp;(2019),&nbsp;<em>La invención de la literatura. Una historia del cine</em>&nbsp;(2021). Estuvo a cargo de&nbsp;<em>El Nuevo Cine murió&nbsp;</em>(2021) y prologó&nbsp;<em>Escritos corsarios</em>&nbsp;de P. P. Pasolini (2022). Su último libro esditado es «P3RRON3. El Corsario».</p>



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