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	<title>formación archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>formación archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>El dilema social: la formación &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Sep 2020 20:05:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[desinformación]]></category>
		<category><![CDATA[El dilema social de las redes]]></category>
		<category><![CDATA[formación]]></category>
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		<category><![CDATA[manipulación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir del análisis del documental “El dilema social de la redes”, Roque Farrán sostiene en esta nota que si la sociedad de la información ha devenido en la era de la desinformación, eso no se soluciona solamente con mejor comunicación, o educación, o terapia, o militancia, sino con la formación integral como proceso irreductible y consustancial de cada práctica, de cada instancia de gobierno.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>A partir del análisis del documental “El dilema social de la redes”, Roque Farrán sostiene en esta nota que si la sociedad de la información ha devenido en la era de la desinformación, eso no se soluciona solamente con mejor comunicación, o educación, o terapia, o militancia, sino con la formación integral como proceso irreductible y consustancial de cada práctica, de cada instancia de gobierno.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me quedé pensando algunas cosas luego de ver el documental de Netflix, <em>The social dilema</em>, más acá de todo lo que ya sabemos o deberíamos saber al respecto: básicamente que somos la materia prima y el producto ofrecido a otros, no los clientes o usuarios directos de las redes. Pero además: (i) <em>en términos socio-simbólicos</em>, que la posición del tercero sea esencialmente manipuladora, algo dicho de manera casi ingenua por los mismos creadores y manifestado como algo difícil de acotar incluso por ellos mismos (sujetos a su misma creación); (ii) <em>en términos afectivos</em>, la adicción que genera esta necesidad de estar conectado y recibiendo señales de reconocimiento continuamente (y los fantasmas que genera en la de por sí fallida comunicación humana la multiplicación de los desencuentros); (iii) <em>en términos temporales</em>, la captura de la atención en una presentificación sin cortes y el continuo tiempo perdido (la dificultad para pensar las escansiones y resignificaciones); (iv) <em>en términos lógicos</em>, la recursividad que solo encuentra su efectividad en reproducir y acentuar lo peor, o sea, la lógica de gobierno no es para nada ambiciosa o inteligente, se limita a reforzar conductas pre-existentes o latentes en individuos, grupos y poblaciones (de ahí la deriva acentuada hacia el odio y la ignorancia, el terraplanismo, los antivacunas, etc.). Este es el factor determinante, la <em>lógica de gobierno</em>: al contrario de otras fantasías totalitarias y paradigmas de control absoluto, en este caso es innegable que solo se conduce en función de las tendencias latentes y no se aspira a ningún cambio o transformación radical de las almas. Nos queda claro entonces, incluso para quienes han participado de su creación y ahora toman distancia crítica, que la única vía posible es la regulación estatal y el cuestionamiento de lo que llaman allí el “plan de negocios” (o sea ganar rápido y como sea); pero en el fondo sabemos se trata de un cambio en la base de la economía política y las lógicas de subjetivación. Nada menos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo otro que me sigue interrogando, desde hace años, es la dificultad para darle un uso potente a las redes sociales; un uso que fortalezca las lógicas de alianza, creación, formación, coordinación y cooperación. ¿Por qué casi todo entra en la lógica de la competencia y la disputa estéril? ¿Es propio del dispositivo o nuevamente son nuestros modos de subjetivación, montados desde otros dispositivos, los que ven en cada gesto de potencia algo que habría que reprimir o subestimar? Quienes nos abstenemos de consumir cualquier cosa, quienes no entramos en la lógica de la manipulación por reforzamiento, ¿no podemos acaso construir pensamiento en red, vía el deseo, o también somos excesivamente ingenuos al respecto? Podemos hablar de “singularidades en común”, pero ¿cómo exponer nuestras comparecencias en red sin caer en lógicas de <em>influencer</em> y seguidismos replicantes?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El problema principal, como vengo insistiendo en diversos lugares, es la formación. Si la sociedad de la información ha devenido su contrario, si estamos en la era de la desinformación, eso no se soluciona solamente con mejor comunicación, o educación, o terapia, o militancia. Aunque cada práctica sea necesaria, la formación es la que hace la diferencia. Si hoy es tan difícil contrarrestar los efectos negativos de la militancia anticuarentena, de la ignorancia sistemática, de la distracción permanente, o de la división incesante en el seno de cada movimiento democrático-popular, es porque no hay instancias de formación en la cual los sujetos puedan implicarse con verdades genéricas que les den apertura y sustentabilidad, confianza y valor para afrontar la incertidumbre, la pereza intelectual y el odio. Abolidos los paradigmas disciplinarios, de cuyas esquirlas aun recibimos efectos fragmentadores (el llamado ocasional a especialistas y expertos), hemos dejado los modos de subjetivación librados a la suerte del mercado (“arréglense como puedan”). Los sujetos, más sujetados que nunca a su supuesta libertad (“se creen libres porque ignoran las causas que los determinan a actuar”, diría Spinoza), encuentran en las redes sociales los mensajes que se adecuan a la replicación de su ignorancia: pasión cultivada por todos los medios posibles, junto al desprecio y la envidia por el otro que se supone gozar (bienes, saberes o posiciones existenciales). El acceso al saber está más abierto y al alcance que nunca, pero la verdad que lo tasa tiene un precio incalculable para la lógica del mercado: exige la división del sujeto. Soportar un tiempo lógico el no entender resulta crucial, pues la formación requiere aceptar la castración, <em>o sea</em> la determinación, <em>o sea</em> el deseo, y encontrar el punto de inconsistencia en el Otro a partir del cual forjar las propias herramientas para pensar. Esta es una operación fundamental, transversal a todas las prácticas, que los mecanismos de control y dispersión actuales cada vez vuelven más difícil de realizar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En definitiva, para contrarrestar los efectos de dominación y la estulticia generalizada, la formación integral tendría que ser una parte irreductible y consustancial de cada práctica, de cada instancia de gobierno, no algo meramente accesorio o conveniente.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 20 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Filósofo</span></p>
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		<title>Maestros: Pases e impases en la formación &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Dec 2020 18:43:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Roque Farrán se interroga, en una analogía con el significante del pase en el fútbol, si esa ética de la distinción y el pase justo es transferible a otros campos: Si en el acto de escritura, de transmisión, de cura, de formación, de militancia o de investigación, podemos poner en juego el deseo y la pasión de esa forma.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Roque Farrán se interroga, en una resonancia con el significante del pase en el fútbol, si esa ética de la distinción y el pase justo es transferible a otros campos: Si en el acto de escritura, de transmisión, de cura, de formación, de militancia o de investigación, podemos poner en juego el deseo y la pasión de esa forma.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>La escritura quizás sea</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>más que la venganza por haber leído tanto</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>el resto de las horas perdidas</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>arrebatadas a los lazos que se cortaron</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>a la caída estrepitosa del sujeto</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>tejidos de vidas en gestación</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>pululantes insistencias del deseo</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>el deseo de cambiarlo todo</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>de reescribirlo de algún modo</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>que sea a pura pérdida.</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">RF</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1 &#8211;</strong> Hace poco escuchaba a unxs colegas psicoanalistas hablar de la profanación y de ser irreverentes con las enseñanzas de nuestros maestros, cuestiones con las que puedo acordar, pero además mostraban cierta dificultad para situar el lugar de formación y cómo se transmitiría dicha práctica. Si tanto en la universidad como en las escuelas se recita y repite la palabra de los maestros sin una mirada crítica, entonces ¿dónde, cómo y con quiénes formarse? La alusión al análisis personal y el recorrido intuitivo por distintos lugares de enseñanza pueden brindar una orientación general, pero sin duda resultan insuficientes, y muestran el malestar de la época: las instituciones estalladas y el problema de la formación. Por eso insisto que las prácticas de sí, la <em>ethopoiesis </em>o formación del sujeto que investigaba Foucault, son transversales a todas las instituciones y prácticas: el agujero negro de nuestros saberes actuales. Nadie quiere saber nada de tomar a cargo la formación de los sujetos, cuestión que se suple habitualmente con información o buenas intenciones progresistas, pero luego nos sorprendemos o escandalizamos del retorno de gestos fascistas y los valores de doble moral de Los Pumas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2 &#8211;</strong> El 22 de noviembre festejamos el día en que Perón estableció la gratuidad de la enseñanza universitaria. Sin duda, ha sido un gesto de igualitarismo invaluable que mucho ha contribuido a producir la singularidad argentina. En la universidad pública y gratuita aprendemos sobre las diversidades culturales, las desigualdades sociales, el ejercicio de la crítica, las contextualizaciones históricas, la investigación rigurosa, las militancias, etc. No obstante, podría señalarse que una cuenta pendiente de la formación universitaria ha sido la constitución de sí mismo: la ausencia de una interpelación a ocuparse de sí que afecte tanto a estudiantes como investigadores, funcionarios, autoridades y profesores. Esto es, la tematización y puesta en práctica cotidiana de prácticas de sí que permitan hacer cuerpo efectivo los conocimientos, funciones y compromisos asumidos. Enseñar a leer, investigar, meditar, escribir y transmitir de modo tal que esas prácticas hagan cuerpo y se anuden singularmente en cada sujeto implicado en los procesos de enseñanza, aprendizaje, militancia y servicio social. Las sobreinterpelaciones ideológicas y sus desquicios delirantes (todos somos locos en ese sentido) no pueden contrarrestarse solo con el conocimiento científico objetivo o el compromiso político militante, sino que exigen formaciones éticas consecuentes. Necesitamos, además de la gratuidad, evaluar y sostener el costo subjetivo que implica acceder a una verdad en su ejercicio concreto.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3 &#8211;</strong> Hay quienes dicen que el psicoanálisis es como una religión: creer en el inconsciente o reventar (para darle inicio o final); o que el peronismo es un sentimiento: no se explica ni se entiende (para bien o para mal). Ambos son prácticas o ejercicios de saber ligados a una idea materialista de la libertad o la emancipación. Lacan que sin dudas era psicoanalista y –permítanme esta provocación– hubiese sido peronista, como cualquier materialista, entendía la razón de los afectos en su lógica estricta: para que un saber encarne y tome cuerpo, sea el del inconsciente o sea el de lo popular, tiene que haber un goce producido y adquirido en su mismo ejercicio: “El saber vale exactamente lo que cuesta, es costoso (<em>beau-coût</em>) porque uno tiene que arriesgar el pellejo, porque resulta difícil, ¿qué? –menos adquirirlo que gozarlo. Admito que la computadora piense ¿pero quién puede decir que sabe? Pues la fundación de un saber es que el goce de su ejercicio es el mismo que el de su adquisición.” Ni la ciencia estricta ni el neoliberalismo emprendedor (ambos ligados cada vez más a la lógica algorítmica de las computadoras) entienden el costo afectivo que constituye al sujeto en el ejercicio de un saber que hace cuerpo. Por eso, si existe algo así como la emancipación o la libertad, se trata de una práctica de los saberes en-cuerpo (<em>en-corps</em>/<em>encore</em>), siempre a retomar y continuar con nuestros legados y tradiciones. La libertad, en Lacan, no es otra cosa que el juego que se encuentra en la circunscripción del “objeto a”: causa del deseo irreductible a la cuenta significante. Su único invento epistémico en el campo psicoanalítico, además, escrito en el centro del nudo borromeo. Cada quien puede cultivar su libertad, en el medio de las determinaciones significantes y las alienaciones imaginarias, si entiende el juego nodal que las sitúa en su propio registro y excede. Lo real o la naturaleza nos exceden: la enfermedad, la muerte, lo que puede o no puede un cuerpo, encuentran allí su lugar sin previsión alguna. La naturaleza es también el síntoma, y solo aprender a hacer con él nos permite gozar de aquella sin destruirla. Las computadoras pueden pensar pero no saber, porque el saber exige que <em>el goce de su ejercicio sea el mismo que el de su adquisición</em>, repetimos, ¿y quién podría imaginar siquiera que una computadora goce? Un naturalismo del goce no es romántico ni primitivo, prescinde de las computadoras a condición de servirse de ellas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>4 &#8211;</strong> Entender esto último es clave para ejercer nuestra soberanía con inteligencia y no caer en dependencias vergonzosas. Soberanía es constituirnos a nosotros mismos en tanto sujetos que pueden producir sus propios saberes, subvertir las relaciones de poder imperantes y sostener modos de cuidado en cada instancia, tomando de diversas tradiciones lo que se ajusta a la singular complexión afectiva en que nos (des)encontramos habitualmente. Soberanía es también ejercer la crítica señalando las irreductibilidades que nos constituyen y produciendo desplazamientos en torno a ello, sin negar nuestra impropia constitución, sin querer destruirlo todo o señalar siempre la falta en los otros (que no es la <em>falta en el Otro</em>). Así, cada vez que aceptamos dar una entrevista a un medio, hacer la publicidad de un producto, o ejercer un cargo en el Estado, por ejemplo, decidimos participar del juego de la escena pública, sus tensiones y manipulaciones. Ningún intelectual es ingenuo al respecto, ni tienen sentido las chicanas que corren por izquierda a quien lo hace, casi siempre movilizadas por purismos ideológicos o afectos tristes: al que aceptó dar entrevistas se le dirá que quiere autopromocionarse; a quien hace la publicidad que se vendió al mercado; a quien acepta el cargo que se dejó cooptar por un aparato normalizador y disciplinador, etc. Estamos todxs metidos en esta gran Matrix y jugamos con desplazamientos y subversiones locales que pueden ser absorbidas y asimiladas, neutralizadas, pero aun así decidimos jugar. Las intervenciones son estratégicas y el producto de una apuesta que se evalúa en sus efectos: aquello que abren y posibilitan para otros en determinado campo. Como no lo podemos saber con certeza, solo nos queda confiarnos a la singularidad e irreductibilidad del gesto con que lo hacemos. Nada más.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>5 &#8211;</strong> En cuanto a la formación, resulta imprescindible dar lugar a lo absolutamente singular de cada apuesta, de cada práctica, de cada deseo compartido. El exceso de intelectualización de otras prácticas, incluida la militancia, es directamente proporcional al empobrecimiento de la teoría, de la práctica teórica, que pierde así su capacidad inventiva: la producción de nuevos conceptos, y se queda solo en el lanzamiento de consignas. Necesitamos la constitución de un campo de pensamiento inmanente que apueste a la producción deseante en cada práctica, sin que ninguna de ellas le dicte a las otras qué hacer. Ni las analogías ni las homologías pueden suplantar aquí la singularidad irreductible de una apuesta. La confianza en los otros se produce por resonancias impensadas, cuando está en juego el deseo de verdad, no por semejanzas imaginarias, cálculos proposicionales o bajadas de líneas. Sigo sosteniendo que entre el mimetismo espontáneo de grupo, la organización esquemática impuesta verticalmente, y los cálculos algorítmicos de ganancias, otro modo de enlace es posible. El anudamiento que se produce por gestos alternados, solidarios e intempestivos, no es vertical ni horizontal, es oblicuo. Seguir las líneas curvas del deseo, ante la inconsistencia del Otro, produce una erótica novedosa que inviste a las prácticas sin temor, ni culpa ni castigo; al contrario, abre al coraje de la verdad, asumido en cada caso temblorosamente.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://image.posta.com.mx/sites/default/files/styles/full_article_phone_1x/public/images_406.jpg" alt="Las mejores frases de Maradona | POSTA" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>6 &#8211;</strong> Por último, mi modesto homenaje al Diego y su pase a la inmortalidad. El pase es un significante fuerte en el fútbol, refiere a la esencia misma del juego en equipo, dentro del campo: pasarse la pelota entre jugadores, hacer el pase de gol; y también a la parte del negocio que lo sustenta, fuera del campo: el pase de jugadores entre equipos, las especulaciones y ganancias. Un problema común de los que tienen buen manejo de la pelota es que a veces se la comen y no saben pasarla a tiempo; pocos son tan buenos como para distinguir entre la oportunidad única de jugársela solo o apoyarse en pases combinados con otros. Recuerdo estas distinciones cruciales, afectivas y corporales, de aquella época en que soñaba con ser jugador de fútbol y mi referencia principal era, por supuesto, el Diego: él sabía como nadie dar el pase justo de gol o hacerlo solo. Fuera del campo es más difícil distinguir, aunque también tuvo gestos generosos. Me pregunto si esa ética de la distinción y el pase justo es transferible a otros campos: si en el acto de escritura, de transmisión, de cura, de militancia o de investigación, por ejemplo, podemos poner en juego el deseo y la pasión de esa forma. Me pregunto si en democracia no será necesario, en vez de pedirles a todxs que opinen de todo o hagan y valoren lo mismo que todxs, que cada quien pueda decidir hacer su pase –o no– en el ámbito donde se juega su deseo de verdad. Así, creo, cada quien podría aportar al conjunto sin demandarle a otro porque no la pase. Pero también habría que pensar que, en una democracia real e inmanente, no hay fuera de campo y tenemos que saber confiar en quienes nos representan ocasionalmente, haciendo que ese juego también sea divertido y apasionado para ellos y no meramente acumulativo o compensatorio por lo que no habrían podido alcanzar en otro campo. Si algo nos puede enseñar el juego ejemplar del Diego, hijo sano de nuestras contradicciones que viniendo fuera del campo nos mostró que no hay fuera de campo, es que cada quien puede jugársela y es necesario que lo haga de la mejor manera posible: por la vía del deseo. El pase no es solo un significante con doble función, sino un dispositivo de juego y exposición que señala el punto insondable donde se constituye un sujeto, cual sea su importancia personal. Darnos pelota en torno a esta simple enseñanza del Diego: el objeto causa del deseo LTA (no en el bolsillo).</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 7 de diciembre de 2020.</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Filósofo</span></em></p>
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		<title>CADÁVERES, POLICÍAS Y ELECCIONES &#8211; POR E. RAÚL ZAFFARONI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Jun 2025 10:21:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
		<category><![CDATA[formación]]></category>
		<category><![CDATA[funcionarios políticos]]></category>
		<category><![CDATA[Inseguridad]]></category>
		<category><![CDATA[Policía]]></category>
		<category><![CDATA[sindicalización policial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>E. Raúl Zaffaroni sostiene que la policía no es un ejército de ocupación, sino un servicio civil de prevención e investigación que debe estar en manos de funcionarios cada día más tecnificados. El drama de La Matanza exhibe la terrible inmoralidad, rayana en la aberración moral, de querer manipular electoralmente una enorme tragedia humana.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d61a9c5af4a02696ced60f11b4ce4b17"><strong><em>E. Raúl Zaffaroni sostiene que la policía no es un ejército de ocupación, sino un servicio civil de prevención e investigación que debe estar en manos de funcionarios cada día más tecnificados.</em></strong> <strong><em>El drama de La Matanza exhibe la terrible inmoralidad, rayana en la aberración moral, de querer manipular electoralmente una enorme tragedia humana. </em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a6644aad569b14774455ac04fc54f1c1"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:63px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bd3c0be726a4861e16d169283dbee953">En La Matanza, un policía federal disparó once veces seguidas su arma contra cuatro ladrones, mató a uno y una bala fue a dar en la cabeza de un nene de siete años que aguardaba el colectivo junto a su padre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b55e43d472cc5a25a5881df0afd16845">Seguramente, quien comienza a leer estas líneas esperará que haga el análisis jurídico penal del caso, es decir, si es legítima defensa, exceso, homicidio culposo, o cualquier otra cosa. No, no pienso detenerme ahora en lo que decidan fiscales, jueces, cámaras, cortes e incluso cortes celestiales, como el “Tercer Triunvirato” que se nos ha dado por tribunal supremo. Lo que quiero destacar ahora es el drama humano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e63b87e1914575c578667563524f4bc">Ante todo, los “chorros” no eran la banda de Dillinger asaltando bancos con ametralladoras, sino cuatro idiotas que quisieron asaltar a un pibe que estaba en una parada de colectivo, que poco podía tener para que le roben, y cuando reaccionó con el arma no pudieron disparar ni un cohete. Uno de esos infelices lo pagó con su vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8f1d07e00b0acf218105f2464fc259dc">Recuerdo mis siete años, primero superior en la escuela del barrio, mi vieja peinándome para ir a la escuela y a mi viejo llevándome de la mano. No puedo conmensurar la magnitud del dolor de la desgracia de esa familia, pienso en eso y me corre un frío por la espalda. Esa bala, a casi doscientos metros, ¿no pudo desviarse unos diez o veinte centímetros? ¿Cómo esa familia podrá elaborar el duelo? No puedo concebirlo, seguro que lo harán, pero no concibo cómo. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ed2a922318e6e27b0850046cafeab90d">Pero en medio del griterío hay una parte del drama que no se observa. No voy a defender a nadie –ni tampoco a condenar-, porque no me corresponde, pero pienso en el “poli”. Es un pibe de veintiún años, casi lo que en nuestro particular vocabulario popular llamamos un “pendejo”, que mató a un “chorro” y a un nene de siete años. Y estoy seguro de que no es un psicópata, sino un pibe normal como cualquier otro, que se cargó dos vidas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37557ad025703e7313ee1021f7744b66">Lo más probable es que haya entrado a la “poli” porque le aseguraba un trabajo estable y beneficios sociales. Y vuelvo a pensar en mí mismo cuando tenía su edad. Me pregunto si, cuando era el pibe que tomaba el 124 para dar los últimos exámenes en la Facultad de Derecho, qué me hubiera sucedido si -bien o mal, eso no importa ahora- me hubiera cargado dos vidas. No sé cómo hubiese podido superar el trauma de esos dos muertos porque, aunque sea en legítima defensa o en lo que sea, matar a otro siempre es muy traumático, deja una cicatriz psicológica difícil de eliminar o neutralizar. El “poli” necesitará tratamientos para que el fantasmita del nene no se le aparezca en los momentos menos pensados, más todavía si lo condenan, sobre lo que no abro juicio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dc710abdf89d4c1a84efbf2b3ee98b26">En síntesis: tenemos un “chorro” bastante idiota muerto, un nene de siete años muerto y un pibe de veintiún años gravemente traumado. Tres vidas, tres ciudadanos argentinos. Insisto en que no defiendo a nadie, pero sobre el pibe de veintiún años debo volver a detenerme. No es defensa lo que diré, pero sí explicación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46c03d63be42a627bbddfcff2ac02329">Me pregunto si a ese pibe le habrán enseñado que la legítima defensa termina cuando cesa la agresión o, si le habrán dicho que a los “chorros” siempre hay que agarrarlos, aunque sea tirándoles por la espalda cuando “rajan”. Me pregunto si le habrán explicado que el arma reglamentaria es un cañón fortísimo y que en un lugar poblado no debe dispararse horizontalmente. No sé qué entrenamiento le habrán dado, pero no creo que superior a algunos meses antes de entregarle el arma. Tampoco creo que le hayan aconsejado que tenga mucho cuidado, porque hay una sobrerepresentación de personal policial en la estadística de homicidios intrafamiliares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bb0594671d99cc8210b7b682e48562bd">No sé si alguna vez ese pibe se habrá preguntado por qué se lo somete a un régimen militarizado cuando en realidad cumple un elemental servicio de prevención civil, porque no hay país en el mundo sin policía, y a los y las policías del norte se los trata como trabajadores especializados y como seres humanos. No sé si alguna vez se habrá preguntado por qué se le niegan los derechos que corresponden a cualquier trabajador, es decir, no puede sindicalizarse, no tiene derecho a discutir su salario en paritarias, lo sancionan arbitrariamente, no puede objetar sus condiciones de trabajo, formular peticiones, quejas; en definitiva, no se lo trata como lo que es: un trabajador del Estado, un “laburante” como otros. Movería a risa, de no ser indignante y vergonzoso, que cuando algún personal policial quiera formular alguna queja o protesta, lo deba hacer de espaldas a las cámaras, como si se tratase de una conferencia de prensa de un grupo terrorista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-34eff94baea7c2ffb79daf0942857e33">Un día, un pibe en el gimnasio se me acercó y me dijo que en la escuela policial le dijeron que no podía disparar en legítima defensa mientras el “chorro” no le disparara antes y, además, que eso lo decía yo en mis libros. Le dije que nunca había escrito semejante barbaridad, pero que, por las dudas, si un “chorro” sacase un “fierro”, que se apresure a “madrugarlo”. Hace poco, una muchacha se me acercó y me dijo que era policía y que había tenido que patrullar en un auto sosteniendo la puerta, porque no se cerraba. Hace tiempo, cuando tenía “custodia”, un “poli” provinciano me pidió que por favor hiciese algo para que lo mandaran a su provincia, donde estaba su familia. Hablé con el ministro y el resultado fue que le hicieron un sumario. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3b5c81da7b81ab8169c9699474e60135">Quisiera preguntarle seriamente al lector atento: ¿Usted se dejaría operar de apendicitis por un pibe de veintiún años con menos entrenamiento que el de un enfermero? Seguramente no, ni yo tampoco. La enfermería es una carrera que entrena durante unos tres años –y aún más- y, así y todo, los enfermeros y las enfermeras no operan de apendicitis. ¿O no?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d04bedefea663cf2c6d64b0a7cb7666c">¿Por qué no se hace lo mismo con los “polis”? Cuando se aprueban las partidas presupuestarias para “seguridad”, se convoca inmediatamente a pibes y pibas para incorporarlos de urgencia y se hace publicidad, “hemos aumentado el número de efectivos”. Se lanza a la calle a más gente con un entrenamiento más que precario, el equivalente a menos que enfermeros a operar vientres, lo que hoy ni siquiera se hace con los ejércitos, puesto que es bien sabido que no son mejores por ser más numerosos, sino que disputan cómo ser más tecnificados y “precisos” en cuando a los objetivos. La policía no es un ejército de ocupación, sino un servicio civil de prevención e investigación que debe estar en manos de funcionarios cada día más tecnificados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b31604ddfe9f3f510f66d754a1b83503">Soy reiterativo: no asumo la defensa de nadie. Pero las autoridades responsables, es decir, las políticas, deberían cuidar a las policías y en especial a su personal, dignificarlo y especializarlo, en lugar de hacer demagogia barata con la “mano dura” y otras sandeces similares que llevan al descontrol policial, con el que quieren parar un supuesto “baño de sangre”. ¿De qué “baño de sangre” hablan, cuando tenemos el índice de homicidios más bajo de Latinoamérica y el segundo más bajo de todo el continente? No es para celebrar nuestro índice, porque nos falta superar a Canadá –que es el más bajo de todos-, pero cuidado con el charlatanismo vulgar y grosero, no sea que con eso se provoque un “baño de sangre” en serio.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b6c2b13d5546e3ed4e4ed22e93bbb865">El descontrol promovido por ese charlatanismo grosero destruye a las instituciones policiales, las degrada y, en algunos casos muy desgraciados de nuestra América, lo hizo hasta el límite de simbiotizarlas con la delincuencia de mercado organizada y provocar el caos social, con la aparición de los tétricos “justicieros”, grupos de autodefensa, “parapoliciales”, “brigadas”, etc. Allí sí que hay “baño de sangre”, al igual que en el admirado país en que cualquiera puede comprar cualquier arma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fa47a5289aba4a0b128f26dfe984f5c">Hay discursos que matan, no lo olvidemos. Jugar al policía y ladrón era cosa que hacíamos de niños, pero de adultos debemos pensar que se juegan vidas humanas y dolores inconmensurables. No se trata de “polis” malos ni “chorros buenos” ni viceversa, sino que hay políticos irresponsables que largan pibes sin suficiente preparación a las calles, pero armados con un cañón y sin respetarles sus derechos laborales y ni siquiera humanos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa654dbfb50cd393f495444cef073ee9">No sé si los políticos de turno piensan que sería bueno tener un FBI, un “Scotland Yard”, unos “Carabinieri” o la “Policía Montada de Canadá”, porque no suelen levantar la vista más allá del zócalo, buscando a ver a quién se le cae un dólar. Por mi parte, creo firmemente que debemos tener como objetivo alcanzar esos niveles, pero eso no se logra mandando a la calle a pibes y pibas sin entrenamiento suficiente, echando discursos idiotas que los confunden más, sin reconocerles su condición de trabajadores y de seres humanos. Ante rodo, un buen comisario debería tener un salario equivalente al de un juez y de allí hacia abajo en escala.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ffa3414e0f966075d2d841d34dc70541">Se trata de trabajar políticamente en serio, planificando, especializando, formando verdaderos profesionales policiales. No tenemos menos neuronas que los del norte, solo que a veces no las usamos y, además, en muchas ocasiones falta un mínimo de ética, al menos para no cometer la terrible inmoralidad, rayana en la aberración moral, de querer manipular electoralmente una enorme tragedia humana. Es verdad que hay errores técnicos y omisiones, algunas graves y poco perdonables, pero lo peor tiene lugar cuando sin ningún pudor se exhibe descaradamente la inmoralidad total.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8081b0bc1d486c5cbc7acca461ffd9d3">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6899663d682fa547d67e6a515f4850ef">Buenos Aires, 9 de junio de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5cd8791926f7ddabed7488c30a6d57d7">*Profesor Emérito de la UBA. Ex miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.</p>
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