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	<title>derechos archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>derechos archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Pandemia, la disyuntiva entre cuarentena y derechos &#8211; Por Rodolfo Yanzón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 May 2020 14:05:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Rodolfo Yanzón]]></category>
		<category><![CDATA[cuarentena]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Rodolfo Yanzón sostiene en este artículo que la verdadera disyuntiva que la pandemia presenta es la de derechos-cuarentena, y afirma que la salud, el trabajo y la justicia son derechos esenciales.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/pandemia-la-disyuntiva-entre-cuarentena-y-derechos-por-rodolfo-yanzon/">Pandemia, la disyuntiva entre cuarentena y derechos &#8211; Por Rodolfo Yanzón</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Rodolfo Yanzón sostiene en este artículo que la verdadera disyuntiva que la pandemia presenta es la de derechos-cuarentena,</em></strong> <strong><em>y afirma que la salud, el trabajo y la justicia son derechos esenciales.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Rodolfo Yanzón*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buena parte de la población mundial está atravesada por una situación extraordinaria. El coronavirus ha generado miles de contagiados y muertos y, de acuerdo con la información difundida, los resultados indican que la cuarentena -el encierro- ha sido un método eficaz para evitar su propagación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando hablo con mis amigos alemanes escucho que las medidas dispuestas por su gobierno apuntan a reducir sensiblemente la circulación de gente, pero pueden salir a trabajar -con las reducciones horarias y diarias que cada rama dispone-, y también, encontrarse con amigos y compañeros -respetando las distancias aconsejadas-. Alguno puede decir que en Alemania la población respeta las normas en mayor medida que en los países latinoamericanos. Puede ser. Pero algo más certero es que en Alemania -a pesar de que el Estado de bienestar se ha ido retirando poco a poco a partir de la caída del muro de Berlin- la red de contención no es tan frágil como en nuestros países y no existen las barriadas pobres como en la periferia de nuestras grandes ciudades, que, a su vez, replican la situación en las cárceles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando les cuento sobre las medidas del gobierno, les digo también que en la Ciudad de Buenos Aires hay, por ejemplo, gente que despotrica contra los comedores porque no quiere que se junte la gente que necesita su plato de comida diario, quiere ver a los pobres bien lejos, un anhelo permanente que aparece en su plenitud; que hay gente a punto de tapiar las puertas de quienes viven con el riesgo del virus y la pobreza. (Baby Etchecopar tiene audiencia). Luego comento mi propia experiencia: hace más de dos meses que no salgo de mi casa, no veo amigos ni compañeros, mis contactos se reducen a dos hijos y mi mujer, apenas salgo a comprar cosas imprescindibles; pero agrego que puedo trabajar desde mi casa -obviamente con grandes limitaciones, pero puedo-, no me falta el dinero, vivo en una casa cómoda, tengo todos los servicios, claro, a ellos no les sorprende mi situación, pero me preguntan por qué yo decido encerrarme. Y les digo que a mí, de algún modo -y probablemente porque soy hipertenso- el miedo también me transforma. Lo que trajo esta pandemia es EL MIEDO, contraproducente para cualquier sociedad que aspire a vivir con plenitud de derechos. Ahí acordamos con los alemanes, el miedo fue, es y será un motor potente para cincelar nuestras sociedades, para dotarlas de la peor de las formas. El miedo al virus, al extraño, a lo desconocido, y el miedo muta fácilmente como este virus: miedo al futuro, al pensamiento crítico, a tomar decisiones, a crecer, a la libertad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras escribo desde un escritorio confortable, en distintos barrios de la ciudad hay hacinamiento, donde mantener distancia es una quimera y miles de personas carecen o se les dificulta llegar a servicios básicos, sobre todo agua, que necesita salir para no morir de hambre, mientras sus dirigentes denuncian en vano, y mueren sin haber sido escuchados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ante la falta de agua en esos barrios, el jefe de gobierno porteño y sus funcionarios responsabilizan a la empresa que la suministra. El agua es un derecho esencial, un derecho humano que el Estado debe preservar, está obligado. Y cuando digo Estado es tanto el de la ciudad como el Nacional. En situaciones extremas como la que estamos viviendo, causa estupor escuchar esas justificaciones. Como lo causa escuchar a Rodríguez Larreta en conferencia hablando sólo a un sector de la sociedad, a quienes pueden ir a los grandes centros comerciales, o salir de paseo por plazas y calles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero también causa preocupación que el Estado esté ausente o llegue tarde. O tal vez no sea tan así, si observamos que en esos barrios -tanto en la ciudad como en el conurbano bonaerense- se están erigiendo especies de retenes y vallados policiales para evitar que la gente salga. Una vez más, la respuesta estatal es con su brazo represivo. Difícil no inquietarse al ver esas imágenes y escuchar el padecimiento de la gente que vive en esos barrios, y pensar que el anunciado impuesto a las grandes fortunas duerme el sueño de los justos, o que el Estado subsidia a grandes empresas, o que hay acaparamiento de productos esenciales y que los precios suben diariamente. Sacar provecho de la necesidad del conjunto es un acto miserable, afecta a los más vulnerables y se multiplica si no se imponen controles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La pandemia generó el debate mediático sobre el conflicto economía-cuarentena. El Presidente dice que la disyuntiva no es válida, que levantar la cuarentena no significa mejorar la economía. Probablemente sea así, sobre todo por el desastre en el que el macrismo nos sumió, pero es indudable que cuando efectivamente se levante nos encontraremos con algo semejante a un páramo, con miles de puestos de trabajo perdidos. Aunque los grandes medios no lo traten, la verdadera disyuntiva que la pandemia presenta es la de derechos-cuarentena. La salud es uno de ellos, esencial. Pero sí se observa -reitero- la presencia policial en los barrios pobres, la falta de trabajo; lo que está sucediendo con la población carcelaria, las distintas restricciones, por ejemplo, no contar con administración de justicia -los tribunales están paralizados, no hay juicios, lo que implica libertad, salud, reparación y propiedad suspendidas. Cierto que es difícil contar con atención sanitaria y educación, y cierto es que toda solución es y será difícil y traerá conflictos. Pero ¿por qué circunscribir el debate que nos propone el sector que posee los medios económicos, mediáticos y productivos?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando se defienden los derechos esenciales de las personas se aspira a una sociedad democrática, abierta, inclusiva, a hacer algo menos lejano el principio de igualdad ante la ley de nuestra Constitución Nacional. Porque defendiendo los derechos se defiende, sobre todo, el derecho de los que menos tienen. La pandemia nos muestra el verdadero rostro del capitalismo, y que la riqueza la producen los trabajadores, que son, paradójicamente, los más castigados. Debemos aceptar que lo que muchos llaman normalidad es lo que estamos dejando definitivamente atrás. El desafío está planteado. Que el miedo no nos paralice a la hora de proteger los derechos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 28 de mayo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Abogado DD.HH.</em></span></p>
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		<title>Rosenkrantz y el desprecio del populismo &#8211; Por Julián Axat</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jun 2022 11:53:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Julián Axat]]></category>
		<category><![CDATA[antipopulismo]]></category>
		<category><![CDATA[Corte Suprema]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nota Julián Axat escribe sobre el discurso del juez de la Corte, Carlos Rosenkrantz, en su reciente viaje a Chile, y sostiene que ese tipo de posicionamiento demuestra -más que nunca- la necesidad de construir una corte de mayor número; plural y representativa, que exponga otras posiciones y valores. Colocando la defensa de los derechos humanos, minorías, vulnerables por encima de odios, facciones y mezquindades.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>En esta nota Julián Axat escribe sobre el discurso del juez de la Corte, Carlos Rosenkrantz, en su reciente viaje a Chile, y sostiene que ese tipo de posicionamiento demuestra -más que nunca- la necesidad de construir una corte de mayor número; plural y representativa, que exponga otras posiciones y valores. Colocando la defensa de los derechos humanos, minorías, vulnerables por encima de odios, facciones y mezquindades.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Julián Axat*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hace pocos días, el juez de la Corte, Carlos Rosenkrantz, viajó a Chile a dictar una conferencia por la apertura del Año Académico 2022 de la Universidad de Chile. Allí leyó una ponencia titulada&nbsp; «Justicia, Derecho y Populismo en Latinoamérica» (que se puede escuchar completa aquí:&nbsp; <a href="https://www.youtube.com/watch?v=RWPv-O4pKa0&amp;feature=emb_logo">https://www.youtube.com/watch?v=RWPv-O4pKa0&amp;feature=emb_logo</a>) &nbsp;y en la cual se despacha abiertamente sobre el&nbsp; “populismo” aludiendo al fenómeno que &nbsp;“me perturba”, “especialmente porque creo que la única solución para nuestros pueblos es insistir en el modelo de la democracia constitucional».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La versión sobre el concepto de “populismo” que maneja el cortesano pertenece a la prosapia del liberalismo ortodoxo cuyos elementos él mismo define en su exposición: “el primero es más bien filosófico y es el hecho de que el populismo presupone una entidad colectiva, supra-individual, cuya existencia, aunque sus contornos nunca son definidos con precisión, es autónoma e irreducible a la de sus integrantes&#8230; El segundo rasgo es que, no solo cambia el cómo, sino que también pretende el quién de la acción política, pues pretende cambiar el sujeto y el destinatario de lo que políticamente hacemos. En este sentido, más allá de muchas diferencias relevantes, en todas las narrativas populistas el pueblo es el criterio validante por antonomasia».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es evidente que esta idea de populismo, en nuestro país tiene una genealogía larga que puede rastrearse en la sociología de Gino Germani o Torcuato Di Tella, pasando por juristas de la talla de Carlos Nino, o más cerca en el tiempo, por constitucionalistas como Roberto Gargarella.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En el fondo, más allá de ciertos matices, todos ellos cuando hablan en argentina de “populismo” se están refieriendo claramente al peronismo; y al modo de categorizar el fenómeno como abordaje claramente despectivo, algo que no pierde su linaje teórico y su afiliación política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Laclau, Nino y Rosenkrantz</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Laclau y Nino son dos casos paradigmáticos para colocar el concepto de populismo en el centro del debate. Ambos partían de presupuestos teóricos y compromisos políticos distintos. &nbsp;El primero del marxismo, especialmente Althusser y Gramsci.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En Laclau la categoría populismo tiene un sentido positivo y fue inspiradora de sectores relevantes de gobiernos como los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, para pensar las instituciones y sus dinámicas de acumulación política. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nino fue, en cambio, asesor del presidente Raúl Alfonsín, dio clases en Universidades Norteamericanas inspirándose en teorías como las de John Rawls, Ronald Dworking y el constitucionalismo americano. Su mirada del fenómeno populista es claramente negativa y las emparenta con los poderes de excepción y las teorías de Carl Schmitt que justificaron gobiernos autoritarios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Para ambos, no queda duda que el populismo&nbsp; -en la argentina- se vincula con el fenómeno peronista. &nbsp;Laclau identificaba el presidencialismo, el personalismo y su versión de populismo peronista como vehículo más eficaz para el cambio social. &nbsp;En cambio Nino, veía al peronismo como un desvío hacia el presidencialismo autoritario, por eso defendía el ideal de la democracia deliberativa, asumiendo que el intercambio de ideas y la búsqueda de consensos –en el sentido de Habermas– como el combustible de la democracia moderna constitucional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Más allá de las diferentes fuentes teóricas en las que abrevan, tanto Laclau y Nino se posicionaban políticamente desde lugares que no negaban y hacían explícitos.&nbsp; Si “el peronismo es el hecho maldito de un país burgués” (J. W. Cook),&nbsp; teorías como las de Laclau y Nino reflejan en el fondo dos modos de ver y discutir afincados en una dinámica institucional concreta, que no alcanza a dimensionar del todo el rizoma peronista. En todo caso, la grieta en torno al concepto populismo, es un fórceps conceptual que tiene que más que ver con el enfoque ideológico político, que con un “tipo ideal” meramente académico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Para el cientista político italiano Loris Zanata, no hay modo de identificar al populismo argentino sin el peronismo. Por eso, a diferencia de Carlos Nino, cuyo posicionamiento ideológico político –como dijimos- era más que claro, el juez Rosenkrantz postula un ente abstracto llamado populismo al que no llama nunca “peronismo”; &nbsp;aunque por su tono parece hacer notar esa referencia bajo un eufemismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Recordemos que se trata de un juez invitado como juez (lo que supone fingir cierta imparcialidad) esbozando cierta posición neutral a la apertura de un año académico de una Universidad extremadamente conservadora contraria al espíritu del gobierno (populista) recién asumido. Por lo que para esos receptores el titulo de la ponencia parece música e sus oídos (si escuchamos antes al Decano presentador Pablo Ruiz Tagle, se elogiará al juez argentino ¡por su coraje en el precedente 2&#215;1!). Y cuando enfatiza “el populismo me perturba”, el nivel de análisis se transforma en un sesgo absolutamente despreciativo, dirigido al actual gobierno de su país y a todos aquellos que tengan la misma causa u origen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">«El populismo plantea&nbsp; desafía directo al espíritu del liberalismo sencillamente porque degrada la importancia de la responsabilidad individual en la medida en que supone la primacía de una entidad supraindividual trascendente e indefinida, lo que necesariamente degrada la importancia que debe tener nuestras decisiones en la conformación de nuestro destino personal.” Continuó Rosenkrantz en su discurso, y este tinte peyorativo con que se trata al populismo (eufemísticamente) abstracto/neutro apunta –en última instancia- a la incapacidad de los individuos y grupos que adhieren a los liderazgos y movimientos. Incapacidad que se sostiene en la presunción de la imposibilidad de esos sectores de mantener alguna forma de racionalidad en el largo plazo. Ya sea por su limitada cultura, o por un abrumador contexto de necesidades, no se les reconocerá capacidad para el auto-gobierno. Los análisis de este tipo culminan generalmente en una escena en la que esta incapacidad de los sectores populares es condición de posibilidad de la manipulación y la demagogia (el mito del pancho, la coca y la movilización a los espacios públicos).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Derecho, escasez y necesidades</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En una segunda parte de su alocución, Rosenkrantz señaló: “… Una afirmación muy insistente en mi país, que yo veo como un síntoma innegable de fe populista, según la cual, detrás cada necesidad, siempre debe haber un derecho…&nbsp; En las proclamas populistas hay siempre un olvido sistemático de que detrás de cada derecho hay un costo. Se olvida que si hay un derecho, otros, individual o colectivamente, tienen obligaciones y que honrar obligaciones es siempre costoso en términos de recursos. Que no tenemos suficientes recursos para satisfacer todas las necesidades que podemos desarrollar y sería deseable satisfacer.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si bien lo dicho guarda relación manifiesta con la famosa frase de Eva Perón: «Donde hay una necesidad nace un derecho», se trata de una obsesión típica del liberalismo constitucional conservador, que plantea la idea de que nuestros derechos más fundamentales –pese a su declamación- tienen costos económicos cuantificables, ergo: son relativos.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/61VXg2vjRDL.jpg" alt=""/><figcaption><em>Libro «El costo de los derechos» de Stephen Holmes</em><br></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En el año 2011 se publicó en argentina “El costo de los derechos. Por qué la libertad depende de los impuestos”, de Stephen Holmes y Cass R. Sunstein (Siglo XXI).&nbsp; En dicha obra se sostiene que la financiación de los costos de los derechos se lleva a cabo a través de las recaudaciones impositivas. Los constitucionalistas deben sacarse las anteojeras y dejar de creer en ficciones declamativas que se realizan por arte de magia. Los derechos no son gratuitos, ni nacen como las hojas de los árboles; sino que es la sociedad la que los paga con sus impuestos y contribuciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El argumento presentado por Holmes y Sunstein se basa en la relación entra la cantidad de impuestos que se pagan y el alcance de la protección de derechos. La idea principal es que la capacidad del Estado de recaudar impuestos y de garantizar derechos a sus ciudadanos está positivamente relacionada y es limitada. Esto revelaría la posible inconveniencia de una reducción impositiva, ya que pondría en juego la plena vigencia efectiva de los derechos y las necesidades que se deben cubrir. Y además demostraría la asignación de los escasos recursos estatales que permiten garantizar el cumplimiento de todos esos derechos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Bajo este enfoque, dado que los recursos estatales son escasos, su asignación siempre presupone una decisión distributiva basada en el establecimiento de un orden de prioridades en el cual algunos derechos son más fundamentales que otros, y algunas sectores prioritarios que otros. Por lo que hay necesidades que nunca se satisfacen. Así, asignar mayores recursos al cumplimiento de un derecho conlleva la decisión de conceder menos recursos al cumplimiento de unos u otros, etc. &nbsp;Como consecuencia de ello, Stephen Holmes y Cass R. Sunstein sostienen que, toda asignación siempre presupone una decisión distributiva basada en el establecimiento de un orden de prioridades en el cual algunos derechos son más fundamentales que otros. Unos ganas, otros pierden. &nbsp;Por tal razón, dado que los derechos tienen un costo, no pueden ser absolutos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hasta aquí Rosenkrantz, parece seguir a estos autores. Sin embrago, los mismos refieren a la asignación de las prioridades, que deben ser según las necesidades de los desiguales, es decir, aquellos que padecen más necesidades. Son los más privilegiados los que deben asumir el costo de los que tienen las mayores necesidades. En palabras de Holmes y Sunstein, la cuestión sobre de qué forma debe tomarse una intervención estatal para que sea adecuada y cumpla conjuntamente con los principios de libertad e igualdad supone una distribución de las cargas según las posiciones sociales. Es decir, la vocación de respetar, proteger y cumplir derechos debe traducirse en un compromiso férreo de destinar recursos para los más necesitados a partir del compromiso de los que más tienen (esto es lo que Rosenkrantz, evidentemente no comparte, y silencia para igualar las cargas del costo de los derechos para todos y todas).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La utilización “del máximo de los recursos disponibles” es una manda del derecho internacional (PIDESC). Y esto no es otra cosa más que la obligación de asignar el gasto público de forma prioritaria a la concreción de los derechos humanos de la población más vulnerable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El argumento de la escasez, es decir, de no contar con suficientes recursos como para afrontar el cumplimiento de sus obligaciones, ha sido usado siempre como excusa del neoliberalismo para realizar políticas de ajuste y recorte de derechos, y nunca distruibuir las cargas del costo de los derechos en función de los que más tienen, hacia los que menos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No se trata de una sociedad utópica, es el Estado de Derecho el que tiene el deber de demostrar que ha utilizado todos sus recursos de manera progresiva para garantizar el cumplimento de un derecho básico para los que menos tienen. El Pacto de Derechos Económicos Sociales y Culturales (PIDESC) se viola y genera responsabilidad internacional, cuando un Estado no garantiza la satisfacción de, al menos, el nivel mínimo esencial necesario para estar protegido (la alimentación, salud, vivienda, educación, etc).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Los derechos no pueden ser meras respuestas retóricas ante las verdaderas necesidades humanas (Hannah Arendt). Por lo que el argumento de la “escasez” resulta –al menos- inconstitucional-inconvencional, y es sumamente llamativo que sea pronunciado por un juez de la corte nacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>La necesidad de una corte plural</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">De lo dicho anteriormente, queda claro que más allá de la libertad de expresar sus opiniones en ámbitos académicos (algo que parece en principio valido)&nbsp; deja la sensación que el juez Carlos Rosenkrantz, sienta posiciones tajantes y sesgadas que marcarán el tono y contenido de sus futuros fallos. Y ello no creo que sea un error táctico, sino la forma de expresarse políticamente como juez y marcar un estilo absolutamente comprometido con un sector político concreto, que reproduce ese imaginario y lo promete como políticas a futuro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ante semejante sesgo, más que nunca parece necesario construir una corte de mayor número; plural y representativa, que exponga otras posiciones y valores. Colocando la defensa de los derechos humanos, minorías, vulnerables e interés federal, por encima de odios, facciones y mezquindades.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La Plata, 2 de junio de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Abogado y escritor</p>
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		<title>Algo más sobre lo popular y el populismo en la política argentina &#8211; Por Mario Casalla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Jun 2022 21:36:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Casalla]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Rosenkrantz]]></category>
		<category><![CDATA[derechos]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[populismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mario Casalla profundiza en esta nota sobre la definición académica de populismo, creada por Gino Germani, dentro de la cual se inscriben las declaraciones del vicepresidente de la Suprema Corte de Justicia, Carlos Rosenkrantz, en su exposición sobre necesidades, derechos y populismo ofrecida en la Universidad de Chile.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Mario Casalla profundiza en esta nota sobre la definición académica de populismo, creada por Gino Germani, dentro de la cual se inscriben las declaraciones del vicepresidente de la Suprema Corte de Justicia, Carlos Rosenkrantz, en su exposición sobre necesidades, derechos y populismo ofrecida en la Universidad de Chile.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Mario Casalla*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Cuando entre nosotros se pronuncia la expresión “populismo”, a no dudarlo, hay que taparse la nariz y mirar para el lado del peronismo. Es un traje que casi le fue hecho a medida, tanto por izquierda como por derecha. La definición académica (esto es, <em>política</em>) más explícita se la debemos a don Gino Germani (no confundirlo con Bogani, ya que se trata del padre de la ciencias sociales en nuestro país. Nada más, ni nada menos). Don Gino -tan certero como elegante- definió al populismo como <em>“un modo de dominación autoritario, bajo un liderazgo carismático asociado a las clases populares”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Hay un traje más a la medida del peronismo que éste? A no dudarlo, su belleza y precisión son tales que uno termina por no saber dónde termina un Gino y donde empieza el otro. Al módico precio de un traje de confección (catorce palabras), nos hacen uno de medida. Y con todo lo que debe tener: tres sustantivos de izquierda bien puestos (<em>dominación, liderazgo</em> y <em>clases</em>), perfectamente combinados con tres adjetivos de derecha (<em>autoritario, carismático </em>y <em>popular</em>), lo cual hace un ambo de caída impecable (o <em>implacable</em>, según se mire). Tanto que –desde la década del ‘60 en adelante- no se hizo más que reproducirlo; a veces con saco cruzado y otras derecho, según las épocas claro, pero siempre con esa tela y esos botones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Para qué cambiarlo si a toda persona inteligente le caía bien? Si servía tanto para la mañana como para la noche, para la universidad como para el periódico. Para el bolsillo del caballero, como para la cartera de la dama. Y aquél a quien no le caía bien, era o porque estaba mal de la cabeza (seguramente un <em>cabecita negra </em>aún subsistente, o <em>resistente</em>, como se prefiera), o porque es un intelectual impertinente, de esos que nunca faltan y se resisten al brillo de lo importado (uno de esos <em>flor de ceibo</em>, que le dicen). Por suerte, de ambos ya iban quedando pocos en aquélla Argentina “libertada” de los casi ‘60: de los primeros se encargaría Patrón Laplacette y de los segundos José Luis (amigo del alma de don Gino), a quien le repudiaban los flor de ceibo en la Universidad, tanto como a Patrón los overoles en los sindicatos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sin embargo, ese sueño del monopolio elegante no duró mucho y una década después el traje empezó a lucir arrugado. Se le había caído un sustantivo (<em>liderazgo</em>), que unido con uno de los adjetivos (<em>popular</em>), se negaron a abrochar aquel saco y a seguir el mismo rumbo. Rechazo anticipado del “pensamiento único”, como ahora le llamaríamos. Lo cierto es que, por más que lo plancharan (¡y desde entonces lo siguen haciendo!) ya no luce igual. La etiqueta <em>populismo </em>ha demostrado ser precisamente eso (una <em>etiqueta</em>). Y claro, para pensar hacen falta <em>conceptos</em> y éstos –como trabajosamente hemos aprendido- son algo más que una fila de palabras deslumbrantes , puestas una detrás de la otra (“<em>modo-de-dominación- autoritario-bajo-un-liderazgo-carismático-asociado-a-las-clases-populares”</em>).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¡Qué bien sonaban, pero qué poco decían, y dicen! Está todo y no está nada, pretenden decir (asépticamente) mucho pero ocultan lo esencial, esto es: que lo <em>popular</em> ni es eso, ni degenera de esa manera (porque no proviene de dónde creían), ni se comporta como pronosticaban, ni se opone a lo democrático (sino a lo <em>oligárquico</em>, ¡con perdón de la palabra!)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por suerte cuando el corsé aprieta mucho, allí está siempre a mano el sabio consejo de Oliverio Girondo: buscar un idioma respirable, <em>“Un idioma que a diferencia de la levita española </em>(“<em>norteamericana”</em>, actualizaríamos nosotros, que allí fue donde Gino compró aquella definición a medida del populismo), <em>pueda usarse cotidianamente y escribirse de ‘americana’, con la ´americana´ nuestra de todos los días”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si así fuese, lo <em>popular </em>podría empezar a mirarse con oído más fino,&nbsp; con mejores ojos y –por supuesto- hasta con mayor rigor conceptual. Esto a su vez mejoraría no sólo esa visión parcializada del peronismo argentino, sino también la comprensión de los fenómenos políticos latinoamericanos, de los que éste inescindiblemente forma parte. Y sin anteojeras no sólo se ve mejor, sino que se hace mejor política y mejor democracia. Al menos en América Latina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Lo primero será entonces <em>pensar situadamente</em>, por ende no desde una universalidad abstracta (supuestamente objetiva y avalorativa), sino desde una <em>universalidad situada. </em>Ello implica un doble movimiento: por un lado, la incersión del pensamiento en lo inmediato, en lo singular, en lo local y, por otro, la remisión de esa singularidad hacia una totalidad dentro de la cual ésta adquiere su sentido más pleno. Concretamente y en este caso: partir de la conformación <em>latinoamericana </em>de lo populary de su riqueza simbólica y a partir de allí, pensar entonces sí su dinámica, sus formas institucionales y sus consecuentes derivas históricas y políticas. En decir, invertir aquél corsé de hierro del “populismo” y pensar –sin prejuicios- lo popular. No por cierto para alabarlo, ni para modelizarlo, sino sencillamente para <em>entenderlo sin reducciones y desde su propia lógica.</em> Sólo desde esta comprensión básica, la praxis ulterior tiene sentido. Lo contrario -como efectivamente ocurió- está condenado al fracaso, tanto en el plano intelectual como en el político. Sencillamente, porque la realidad nos desmiente<a href="#_ftn1">[1]</a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Entonces descubriremos también algunas cosas básicas. En primer lugar, que el proceso de formación de nuestras nacionalidades difiere estructuralmente del de las nacionalidades europeas, el cuál –sin embargo- es el que se toma como modelo de análisis, con las groseras distancias del caso. En segundo lugar, se minimiza la matriz colonial de nuestra política y de nuestra economía, sin la cual es imposible pensar tanto los fenómenos imperialistas que le son intrínsecos, como las respuestas liberadoras que también lo son. En tercer lugar, al ignorar lo anterior se ignora también la conformación de lo <em>popular, </em>bajo tales condiciones específicas y como marco de referencia inexcusable para entender el fenómeno de las <em>clases sociales </em>y del estado desde América Latina, y no a pesar de ella.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hay mucho más por cierto, por eso el diálogo queda abierto dada la necesaria brevedad de estas líneas. Pero en cualquier caso lo importante es evitar caer en el síndrome de <em>“nuestros cultos </em>&#8211; que Homero Manzi caracterizaba diciendo, <em>adscriben a todos los problemas y soluciones extrañas, y cuando intervienen en los nuestros lo hacen como extranjeros”</em>. El caso de los dos Ginos es hasta comprensible, eran italianos en estas tierras, como Garibaldi. Después ya no.       </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1">[1]</a> Ampliamos sobre este pensar latinoamericanamente situado en nuestra reciente obra, <em>América Latina en perspectiva,</em> CICCUS,  Buenos Aires, 2021, cuarta edición, cap 8.. Allí desarrollamos también los tópicos que cierran esta nota y, por eso, a ella remitimos al lector interesado.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 5 de Junio de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Doctor en Filosofía y Letras por la UBA.</p>
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		<title>La memoria como docencia democrática &#8211; Por Luis Bruschtein</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:35:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Bruschtein]]></category>
		<category><![CDATA[24 de Marzo]]></category>
		<category><![CDATA[50 años]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
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		<category><![CDATA[Golpe 1976]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La importancia de la convocatoria del 24 de marzo de este año, cobra una dimensión de mucha potencia debido al discurso negacionista del gobierno y su decisión de anular las políticas de memoria. La fecha anuda los derechos con la democracia, una idea de democracia con derechos, porque de lo contrario no es democracia. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-memoria-como-docencia-democratica-por-luis-bruschtein/">La memoria como docencia democrática &#8211; Por Luis Bruschtein</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f101980080cf84d46c2be7e9d10dd31a wp-block-paragraph"><strong><em>La importancia de la convocatoria del 24 de marzo de este año, cobra una dimensión de mucha potencia debido al discurso negacionista del gobierno y su decisión de anular las políticas de memoria. La fecha anuda los derechos con la democracia, una idea de democracia con derechos, porque de lo contrario no es democracia. </em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ddcd5c74e626147523ac374c0a9e0921 wp-block-paragraph"><strong>Por Luis Bruschtein*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:66px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f787afb6b0c21aa69abd925a401fe2b7 wp-block-paragraph">Se relaciona el 24 de marzo con los derechos humanos y para otros es el repudio a la dictadura. En realidad, lo que está planteado en el simbolismo de esa fecha es la relación democracia-derechos humanos. Es un par que la sociedad fue fundiendo en un solo significado. Democracia y derechos humanos como un solo concepto. Fue el gran aporte del movimiento de derechos humanos a la nueva etapa que empezaba con el repliegue de las Fuerzas Armadas a fines de 1983.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b05be74e7857b7a12310af08e918f38c wp-block-paragraph">Aquí se ha naturalizado ese maridaje, pero, fuera de Argentina, son dos conceptos que se diferencian con mucha claridad. Incluso al principio, no había grandes movilizaciones para el 24 de marzo. La convocatoria de derechos humanos era en diciembre, para la Marcha de la Resistencia. El repudio a la dictadura, o la reivindicación de la democracia, se daba como implícito. El 24 de marzo fundió las dos ideas en una sola. En la sociedad fue más visible, pero en lo institucional fue más difícil. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-780002e4b3d0b31db98ae48e7bae670c wp-block-paragraph">Las fuerzas armadas golpistas que crearon las condiciones para el surgimiento de las guerrillas setentistas, tampoco eran concebidas con su función tradicional. El golpismo como práctica las convertía en un Partido Militar, y una parte de la sociedad naturalizó esa degeneración institucional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9773a4b470e8171a0105313e236ecb0 wp-block-paragraph">Como la sociedad debía comenzar su transición desde la dictadura hacia la democracia, los militares debían transitar ese camino desde su papel de Partido Militar para la Seguridad Nacional, hacia el de Fuerzas Armadas para la Defensa Nacional, que es su función democrática. La desnaturalización de las Fuerzas Armadas quedó en evidencia en Malvinas. No sólo por las incapacidades técnicas, sino también por lo inservible de su alianza y subordinación a Estados Unidos, que era, y es, el principal aliado de Gran Bretaña en la OTAN.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-165db5cc64d1030b776a871cbd176320 wp-block-paragraph">Ojalá las transiciones en la sociedad y en los militares hacia formas democráticas hubieran sido lineales. En el camino se mezclaron muchos factores. Con los levantamientos carapintadas, las Fuerzas Armadas entendieron que el golpismo había perdido consenso en la embajada norteamericana y en el poder económico. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62c326aebde9ba513dff4a7bdd7ac34b wp-block-paragraph">Tuvieron que abandonar las prácticas golpistas y, como ya no eran necesarios para derrocar gobiernos populares, el gobierno neoliberal de Carlos Menem les bajó salarios, presupuesto y redujo su número. Pero las metió en el tráfico internacional de armas y amnistió a los represores que habían sido condenados. La formación colonial, antipopular, que se expresó en los golpes de 1930, 1955, 1966 y de 1976, tiene raíces muy profundas y tomó la forma del neoliberalismo como ideología corporativa, la que, a su vez, ensambló con el negacionismo del genocidio que cometieron sus antecesores del Partido Militar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0144f48813b7551778e2ecba4fc7d9e wp-block-paragraph">Al cumplirse 50 años del golpe, la sociedad parece sufrir quebrantos y ruptura de sentidos al punto de poner en el gobierno a un sujeto estrafalario cuyas características hablan de confusión en la sociedad o, al menos, en una parte importante de ella. En esa confusión de río revuelto, donde se descarta lo que implique conflicto, engorda el negacionismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6b539f7891f958757c0f5ef635efd0d wp-block-paragraph">Pero la convocatoria para los 24 de marzo ha funcionado también como un gran ordenador. Muchas veces ha sido plantar un hito en medio de la tormenta de la confusión. Así funcionó desde la primera convocatoria en 1996, que se decidió fundamentalmente para respaldar el comienzo de los juicios en España a los genocidas argentinos, porque en Argentina estaban cerrados. Funcionó como respaldo y también (creo que de manera inesperada) como un ordenador decisivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f84570b08193500d0bad3df55589d96d wp-block-paragraph">La importancia que tiene esta convocatoria del 2026 se asienta justamente por el discurso negacionista del gobierno y su decisión de anular las políticas de memoria. La fecha anuda los derechos con la democracia, una idea de democracia con derechos porque de lo contrario no es democracia. La democracia es una categoría política, como la dictadura. Más derechos es más democracia. Menos derechos, es menos democracia. Es una definición política en un gobierno que niega los derechos a los jubilados, a los discapacitados, a las mujeres y a los trabajadores. Menos derechos, menos democracia. Es la síntesis, el simbolismo que se plantea en todas las convocatorias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7035b035cb0b050b341ca2dc955f2774 wp-block-paragraph">Ante un gobierno que anula derechos, el 24 de marzo se convierte en una cita obligatoria por la democracia. Este 24 representa una convocatoria que contiene a todas las demás. Es un abrazo a los jubilados, a los discapacitados y a los trabajadores. Es una propuesta política, un proyecto de país; es la aspiración a una sociedad humana sin exclusiones ni privilegios, en la que todos tengan un lugar con dignidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-421bcacbe18510989c5d81c7e383d9f1 wp-block-paragraph">Tiene también un efecto de auto-docencia de masas para diferenciar el consignismo y las falsas declamaciones de libertad, como las del gobierno, de una convocatoria que se respalda en años de lucha verdadera, en situaciones desfavorables, asumiendo riesgos y jugándose la vida. La memoria juega también como docencia. El 24 se refleja en la lucha y el esfuerzo de las Madres de Plaza de Mayo, de las Abuelas y Familiares, y de todo el movimiento de derechos humanos que desde la dictadura para acá han sido el puntal moral sobre el que se sostuvo el avance hacia un país mejor.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec0670c2c6c20865b5ed5a92324b5df8 wp-block-paragraph">*Periodista</p>



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