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	<title>Esteban Rodríguez Alzueta archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Esteban Rodríguez Alzueta archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La jibarización del piberío &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Apr 2018 15:23:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[estigmatización social]]></category>
		<category><![CDATA[jibarización]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[violencia institucinal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La jibarización es uno los deportes favoritos del periodismo televisivo, una práctica que fue apropiada por la industria cultural y organiza gran parte de las prácticas periodísticas hoy día. A través de la jibarización se lleva a cabo la estigmatización social del piberío de los barrios pobres en la gran ciudad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-jibarizacion-del-piberio-esteban-rodriguez-alzueta/">La jibarización del piberío &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><strong><span style="color: #000000;">La jibarización es uno los deportes favoritos del periodismo televisivo, una práctica que fue apropiada por la industria cultural y organiza gran parte de las prácticas periodísticas hoy día. A través de la jibarización se lleva a cabo la estigmatización social del piberío de los barrios pobres en la gran ciudad.</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span><span style="color: #000000;"><strong>Por</strong> <strong>Esteban Rodríguez Alzueta</strong>*</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fotografía: Alfredo Srur </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sabido es que los conquistadores tallaron palabras cargadas de odio y burla, muy despectivas para denostar a los pueblos indígenas, dueños de estilos de vida y costumbres que estaban muy lejos de las suyas. Los llamaron bárbaros, antropófagos, quilomberos, o jíbaros. Todas estas palabras no eran inocentes, estaban hechas del mismo filo de las espadas que empuñaban. Me gustaría volver sobre esta última palabra que suele detener el zapping de los televidentes, despertando su curiosidad morbo para acumular informaciones inútiles, sin tomar ninguna responsabilidad por aquello que se está viendo, sin pensar en nada. Otra práctica milenaria, como enseguida se verá, que fuera apropiada por la industria cultural para cubrir la realidad y desgarrar a muchos de sus protagonistas.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Según la etimología del siglo XVI, <em>xibaro</em> o <em>xivaro</em> comparte el tronco semántico con  la palabra <em>xiroa, </em>una forma castellanizada para designar al hombre o persona (šiwar). ​Los españoles y criollos utilizaron la palabra «jíbaros» o «jívaros» como sinónimo de «salvaje» y la utilizaron para acentuar la animalidad de aquellas comunidades que vivían, según decían, como «animales».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jíbaro fue la denominación despectiva para nombrar a los Shuar, un pueblo amazónico que habitaba en la selva amazónica en las regiones de Perú y Ecuador. Una de las prácticas que llamó la atención del conquistador fue el rito Tzantza. Una vez que los Shuar derrotaban a la tribu enemiga, sus guerreros aprendían al jefe y cortaban su cabeza en un ritual organizado según determinadas reglas y criterios. A través del mismo, después que separaban la cabeza del cuerpo, retiraban la piel del resto del cráneo mediante un corte en V que hacían en la nuca. El proceso de despellejamiento se hacía luego de sumergir la cabeza durante treinta minutos en un recipiente con agua. Luego raspaban la piel para quitar los restos de carne y evitar la putrefacción, y limpiaban su exterior con aceite de Carapa. Después la ponían a secar al sol, rellenando con piedra y arena caliente su interior; cocían los ojos, la nariz y los labios. Colgaban la cabeza en el fuego para disecarla poco a poco con el humo, mientras iban dando forma al cuero con una piedra caliente. Finalmente retiraban las piedras y la arena, y procedían a teñir la piel de negro. El resultado era una cabeza del tamaño de la mano. Los jíbaros, entonces, eran los «cazadores de cabezas».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Tzantza tenía profundos significados simbólicos. Con él se quería retener el alma de la persona enemiga para que el espíritu de este último no pudiera regresar y tomar venganza. En segundo lugar, los miembros Shuar no reducían la cabeza de cualquiera sino del más sabio del grupo enemigo. Buscaban con ello mantener cerca a los difuntos para guardar sus conocimientos en la aldea propia. Y finalmente, la última dimensión de este ritual tenía que ver con la acumulación de prestigio: cuantas más cabezas tenía un guerrero, más prestigio poseía. Las cabezas cortadas y reducidas al tamaño de un puño eran la mejor prueba de la fiereza de la que estaban dotados. El guerrero victorioso, adornado con collares de cabezas cortadas, inspiraba terror y se ganaba respeto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me interesa volver sobre este ritual para pensar una serie de prácticas contemporáneas que fueron perfeccionando la jibarización hasta volverla abstracta, sutil y más extendida. Por eso, después de este rodeo, estamos en condiciones de afirmar nuestra tesis: la jibarización es uno los deportes favoritos del periodismo televisivo. La jibarización es una práctica que fue apropiada por la industria cultural y organiza gran parte de las prácticas periodísticas hoy día. A través de la jibarización se lleva a cabo la estigmatización social del piberío de los barrios pobres en la gran ciudad.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-2850 size-full aligncenter" src="http://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-2.jpg" alt="" width="900" height="606" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los periodistas no sólo se dedican a sacar las cosas de su contexto histórico sino a descoyuntarlas de su entorno social. Las noticias son una gran guillotina, cortan cabezas para luego exhibirlas públicamente. Transforman la historia en un epifenómeno, sea una ola, un caso o suceso. Pero el objeto que allí se expone es muy distinto al sujeto que quiere mostrar. No es casual que las personas que hayan merecido la atención recurrente de las cámaras de televisión no se reconozcan en las imágenes que proyectan sobre ellos. La televisión es una máquina de simplificar. Aquello que trasmite es el resultado de operaciones de simplificación y amputación brutal. En efecto, cuando simplifican, transforman hasta la deformación. El achatamiento es consecuencia de la urgencia y la pereza intelectual. Pero también del miedo, el resentimiento y los prejuicios que disimulan con las habituales correcciones políticas de la “gente normal”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El recorte periodístico jibariza la noticia y con eso a sus protagonistas. Un enfoque que desquicia y vuelve salvajes a las personas objeto de la atención televisiva. Este efecto de achatamiento es el resultado de un trabajo de edición y montaje, que después se pisará con fórmulas mágicas dispuestas en los zócalos o con voces en off, frases grandilocuentes y pontificadoras, acompañadas con música incidental de fondo que volverá aún más grotesco el relato patético que se quiere compartir. Aquello que se exhibe es un objeto recortado y reducido, deshistorizado, despojado de sus trayectorias biográficas que reemplaza la historia por el escándalo, y la reflexión por la indignación.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como el rostro de los bandoleros impresos en carteles que le ponían precio a su cabeza, el rostro de los pibes y las pibas de barrios pobres de la gran ciudad, serán expuestos en los foros de Facebook que los vecinos alertas y comisarios abren para alertar al barrio y escracharlos. Los muros de estas páginas son paredones de fusilamiento, donde se lincha simbólicamente a los jóvenes acusados de ser ladrones o vendedores de drogas. Roban sus fotos de los propios perfiles que tienen los jóvenes en esas redes y las ofrecen a modo de advertencia y escarnio moral. Esa práctica del escrache la aprendieron viendo la tele, escuchando a su periodista favorito durante los últimos años. ¿Acaso los cronistas y movileros no se dedican a visitar las villas o rincones marginales de la gran ciudad en busca de “salvajes” que les permitan a la gente común o los vecinos alertas descargar diariamente la furia contenida practicando puntería sobre la cabeza que le pusieron en frente? Solo que acá no se trataría de practicar tiro al blanco. En la televisión el único blanco es el negro.    </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="wp-image-2851 size-full aligncenter" src="http://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-3.jpg" alt="" width="2048" height="1393" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-3.jpg 2048w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-3-300x204.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-3-768x522.jpg 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-3-1024x697.jpg 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-3-215x146.jpg 215w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-3-50x34.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/Alfredo-Srur-3-110x75.jpg 110w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estoy pensando en las cámaras de “Policías en acción”, un programa racista por donde se lo mire, producido y guionado para reírse de los “negros”, sean los lúmpenes o los policías. Un programa que invita a reírse de la desgracia ajena, donde los productores usan la pobreza en todas sus expresiones como materia prima para burlarse del otro, que selecciona escenas excéntricas para componer gag, un golpe de efecto que ridiculice a la policía y a su clientela. Pero también tengo en mente otros cronistas o reporteros, periodistas civilizados con vocación etnográfica como lo era Juan Castro, o son Rolando Graña, Daniel Tognetti o Martín Ciccioli. Cazadores de “historias” que después serán trituradas por la producción hasta convertirlas en “intrigas”, “leyendas” y “cuentos”. Otras veces, las imágenes correrán en cascada de un canal a otro y, mientras las imágenes se repitan en loops, los periodistas estrellas, de la talla de Gelblung, Viale, Lanata, Fantino, Babi Echecopar, Eduardo Feinmann, Mirta Legrand, se encargarán de vaciarlas de sentido para componer una fantasía a la altura de los fantasmas de sus respectivas hinchadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Periodistas refinados que van en busca del salvaje urbano para jibarizarlo. Cazar una noticia es encontrar la víctima perfecta que van a alimentar durante horas o días para transformarlo en el chivo expiatorio que la televisión –ese gran médium- va a sacrificar públicamente cuando lo ofrezcan a la comidilla de sus televidentes. Ahora bien, su objetivo no sólo es la exposición de aquellos actores vulnerables sino la sobreexposición de ellos mismos. Más aún, me atrevería a decir que la noticia son los mismos periodistas: los programas se organizan para mostrar el cartel que tienen, los contactos acumulados, los riesgos que corrieron estando ahí. Gente famosa, muy canchera, que se anima a entrar a las villas, a caminar por sus pasillos, visitar los tugurios donde la marginalidad, las violencias y la promiscuidad forman –para la televisión- una suerte de bolo fecal. Ellos están ahí, conocen su jerga y por eso pueden hacer entrevistas “locas”, “jugosas”, “muy fuertes”, mientras invaden la intimidad de la comunidad agregándole de paso más estigmas al que ya cargan sus residentes. Incluso se dan el lujo de confrontar sus estilos de vida, retando a sus eventuales entrevistados, haciendo gala de una sensiblería impostada muy paternalista. Periodistas que no dejan hablar, que hacen preguntas que no interrogan, y las respuestas que encuentran se comprimen con un trabajo de edición que borrará los matices, eliminará los silencios, y se quedará con los fallidos que le confirmen lo que ellos ya saben de antemano. Son crónicas que desplazan la historia con las anécdotas, que rompen la conexión entre criminalidad y estructura social desigual, reemplazando al criminal biográfico por el individuo abiográfico, un actor abstracto, inescrupuloso que eligió la violencia como la manera de estar en la sociedad.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El bisturí periodístico despelleja a los jóvenes para hacerlos aprehensibles. De ahora en más estarán al alcance de la mano, serán un amuleto que colgarán en la pantalla para manifestar su indignación. La cabeza del pibe jibarizado es el decorado de la noticia que, antes que arrojar luz sobre la realidad que los conmueve, se apresuran a abrir un juicio negativo sobre el monstruito que acaban de componer.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay allí mensajes oblicuos, un discurso en diagonal, hecho para allanar la historia y ganar tiempo. Una historia vaciada de historia hasta que se vuelve mito, imágenes-fuerzas con la capacidad de producir temor y prestigio. Porque en el mismo momento que se denigra a los jóvenes cuando se los estigmatiza, los periodistas adquieren una reputación que les permitirá decir lo que quieran aunque no sepan nunca nada de nada. Se sabe, cuando la verdad no guarda proporción con la realidad, en estas épocas de posverdad, la mejor ficción se paga con una patente de corso para una nueva conquista que necesitará, está visto, de otra guerra de policía. La televisión constituye el poder espiritual de un nuevo poder terrenal. No hay exterminio sin sermón. De la misma manera que la espada era acompañada por la cruz, el micrófono y las cámaras de TV acompañan ahora las pistolas de la vecinocracia.      </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 3 de abril de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la UNQ. Miembro del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica y director del LESyC. Autor de <em>Temor y control</em> y <em>La máquina de la inseguridad</em>. Editor de <em>Hacer bardo.</em></span></p>
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		<title>El subsuelo de la patria reaccionaria &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Oct 2018 21:52:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
		<category><![CDATA[Inseguridad]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[linchamiento]]></category>
		<category><![CDATA[microfacismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[vecinocracia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cambiemos interpela los temores más íntimos de la vecinocracia creando consensos que no son racionales sino emocionales, y que articulan la mano dura y el linchamiento vecinal a través de clises microfacistas disfrazados de libertad de expresión. La política convertida en un litigio morbo judicial.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-subsuelo-de-la-patria-reaccionaria-por-esteban-rodriguez-alzueta/">El subsuelo de la patria reaccionaria &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Microfacismos, resentimiento vecinal y celebración política</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Cambiemos interpela los temores más íntimos de la vecinocracia creando consensos que no son racionales sino emocionales, y que articulan la mano dura y el linchamiento vecinal a través de clises microfacistas disfrazados de libertad de expresión. La política convertida en un litigio morbo judicial. </em></strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Esteban Rodríguez Alzueta*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo puede ser que el macrismo conserve su adhesión al mismo tiempo que sus adherentes –o gran parte de ellos- reconozcan abiertamente el fracaso económico de la gestión de Macri? Tal vez la respuesta a semejante cuestión no haya que buscarla solamente en la historia que nos tocó -el gorilismo remanente sedimentado en el imaginario social-, sino en la capacidad que tiene el macrismo para fragmentar los consensos a través de sus habituales ejercicios de antipolítica. A diferencia del kirchnerismo que construía el consenso sobre un gran eje articulador nacional y popular, el macrismo desplaza constantemente la atención de los vecinos a diferentes cuestiones menores que, por más trivial que éstas sean, se llevan gran parte de la atención cotidiana. No hay consenso sino muchos consensos que no son, precisamente, consensos racionales, sino químicos, afectivos. No sólo porque Cambiemos interpela el voyeurismo morbo de la audiencia sino los temores más íntimos de la vecinocracia. El macrismo aprendió a tocar sus fibras más profundas, allí donde el miedo individual se confunde con el resentimiento colectivo, donde las aspiraciones de clase están chocando ahora mismo contra la pared.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es casual, entonces, que el gobierno aliente la construcción constante de enemigos internos (los corruptos, los pibes chorros, los narcovilleros, los activistas, los mapuches terroristas). Construyen enemigos para poder ir tras ellos porque sabe que su destrucción le agregará legitimidad política. Pero también porque intuye que al ponerle un rostro y asignarle un lugar determinado al pánico moral, el miedo abstracto se vuelve miedo concreto, y la inseguridad ontológica, producto del declive económico, se transforma en inseguridad ciudadana. La angustia se contiene y redirige hacia cuestiones aprehensibles. El gobierno busca llevar la política hacia esas regiones profundas y abyectas, para convertir la cuestión social en una cuestión policial, para despolitizar la política, para convertirla, en última instancia, en un litigio judicial. De modo que los problemas que acucian a los argentinos ya no son la inflación, la fuga de divisas, la desocupación, el cierre de fábricas, las tarifas exorbitantes, sino el robo callejero, los accidentes fatales, las catástrofes naturales, el caos de tránsito producto de las manifestaciones, o los bolsos llenos de dinero. </span></p>
<p><strong>2.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En las últimas semanas hemos visto en los grandes medios, una serie de videos que se habían viralizado por las redes sociales donde se veía a los policías en acción. En el primero de ellos vimos a un par de agentes de la Bonaerense deteniendo a un abogado por “resistencia a la autoridad” después de que éste –según la policía- haya “frustrado un operativo de rutina”, en realidad haya intercedido ante la detención arbitraria de un joven por simple portación de rostro. En las imágenes vimos que uno de los policías tenía al abogado esposado e inmovilizado en el piso. El abogado se quejaba de dolor porque el policía tenía clavada una de las rodillas en su espalda. El agente le apretaba la cara contra el asfalto y gritaba: “cállate botón, maricón, quedate quieto”. Mientras tanto el otro policía se dedicaba a agredir a otra persona que estaba intercediendo por el abogado, que se había identificado como magistrado. La escena fue filmada por un vecino que festejaba con otras vecinas la detención del abogado. Todos ellos colaboraban con los policías insultando al juez y al abogado. En el registro se puede ver cómo el policía prepotea con su cuerpo al magistrado gritándole “delincuente”, “usted es una vergüenza para la democracia, para la nación”, mientras se escucha el coro de los vecinos: “salga garantista”, “corrupto”, “manga de ladrones”, “así estamos”, “forro hijo de puta”, “kirchnerista”, “chorro de la nación”. La escena transcurrió en la ciudad de Mar del Plata. Días después nos enteramos que los policías fueron ascendidos por el ministro de seguridad de la Provincia, Cristian Ritondo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La segunda escena tuvo lugar, esa misma semana, en el partido de Quilmes: Un vecino filma el arresto de un joven en una villa. La detención policial no estaba hecha con buenos modales sino acompañada con las patadas de rigor, golpes de puño, risas, gritos, insultos y más patadas. Las imágenes fueron subidas también al foro vecinal <em>Alerta provincia.</em> Allí sus usuarios, los vecinos alertas, festejaron el linchamiento policial con estas frases: “Bien echo,negro hdp así tienen que hacer la policía en todos lados”. “Extasis…esa es la policia que quiero…tienen idea de lo que es laburar con esos nenes?” “Lo bien que hacen si los dejas a estos pendejos de mierda te matan por dos peso bien por la policia “No creo q lo esten agarrando x ir a comprar una gaseosa !!! Cuando los agarran siempre lloran y piden piedad. Forros despues nos matan por cien mangos”. “Le hubieran pegado un tiro bien en la frente así no sigue robando o matando para robar”. Esta vez los policías fueron exonerados de la fuerza por el Ministerio de Seguridad. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estas escenas no sólo son cada vez más frecuentes sino que se repiten en todo el territorio. Hay una clara articulación entre el punitivismo de arriba y el punitivismo de abajo, entre el olfato policial y el olfato social, entre la mano dura y el linchamiento vecinal. Los policías no están solos sino que, muchas veces, cuentan con el consentimiento entusiasta de los vecinos. De hecho, como siempre decimos, no hay detenciones sistemáticas por averiguación de identidad sin procesos de estigmatización social: detrás de la brutalidad policial está el prejuicio vecinal reclamando mano dura, avivando al policía, festejando la violencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace rato que los jueces perdieron el monopolio de la administración de justicia. Policías, vecinos y periodistas estrellas practican aunadamente una justicia veloz, sin pruebas, sin principio de inocencia a través de un castigo ostentoso y emotivo. La violencia es un castigo anticipado, extrajudicial y de facto practicado a veces por los policías y otras veces por los vecinos alertas. Ni el gatillo fácil ni las palizas en masa son patrimonio de la policía. Una violencia arengada y blindada por el periodismo con sus coberturas morales y sensacionalistas.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo peor de todo es que el gobierno no suele ser ajeno a estas celebraciones vecinales y periodísticas. Al contrario, rápidamente se hace eco no sólo para amparar a los policías, como suele hacer la ministra Patricia Bullrich, sino para subir la apuesta proponiendo, por ejemplo, castigos ejemplificantes, aumento de las penas, más facultades discrecionales para los policías, más patrulleros, más armas. Funcionarios que mandan mensajes ambiguos a la tropa, que van sembrando su cotidiano con pistas falsas que luego los policías deberán aprender a descifrar para no pisar el palito y quedar afuera de la fuerza. Quiero decir, por un lado los policías reciben palmadas en la espalda y por el otro, le sueltan las manos cuando las cosas adquieren demasiada visibilidad y amenazan con salpicar al resto del funcionariado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gobierno testea a su hinchada con los grupos <em>fecales</em> organizados, por un lado, por el periodismo a través del espacio dedicado a los comentarios del lector y los llamados de los oyentes que luego se utilizan como separadores radiales y, por el otro, organizados por los vecinos alertas a través de sus redes sociales donde se dedican a practicar la delación y el linchamiento virtual. Esas mediaciones imaginarias son los espacios que los emprendedores morales proponen para que el resto de la hinchada vomite y se desquite practicando tiro al blanco, o mejor dicho, tiro al “negro de mierda”. Estas tribunas son el vertedero donde “la gente” puede ir apilando su indignación, opiniones hechas de pasiones antes que de razones; la canaleta donde fermentan las pasiones punitivas. Posteos que no sólo generan un extraño efecto de unanimidad sino que van sincronizando las emociones para después ser canalizarlas hacia el chivo expiatorio propuesto para la ocasión.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Más aún, aquellos clises que repasábamos arriba se convierten en la partitura de las políticas securitarias, le imprimen un temperamento a las actuaciones policiales. Hay química entre la vecinocracia y el gobierno, entre las bravatas de los vecinos alertas y la pirotecnia verbal que destila Bullrich. Estos clises son la mejor prueba que tenemos para reconocer la existencia de una articulación intima entre la vecinocracia y Cambiemos. Esos clises, son los conectores, los mejores puntos de apoyo que le agregan legitimidad social a la violencia institucional. No hay paliza policial sin consenso vecinal. Un consenso que va fermentando cotidianamente a través de las habladurías condimentadas por la prensa parapolicial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parafraseando a Scalabrini Ortiz podemos agregar que estos espacios constituyen el subsuelo de la patria reaccionaria, expresión del resentimiento y el odio visceral que recorre todas las clases sociales, inclusive a los sectores populares. Un matonerismo que está dispuesto a linchar al otro cuando la policía no actúa o llega tarde. No se trata de un tema menor que merezca ser pasado por alto. Los vecinos no están haciendo literatura cuando aplauden a la policía, cuando teclean su odio en esa cloaca que llamamos “periodismo independiente”. Son microfascismos disfrazados de libertad de expresión, que disimulan con buenos modales y a veces con estilo canchero. Pero ese veneno está incubando otra serpiente que está empezando a mostrar sus colmillos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 29 de octubre de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la UNQ. Director del LESyC y miembro del CIAJ. Autor de <em>Temor y control</em> y <em>La máquina de la inseguridad</em>.</span></p>
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		<title>El tamaño de las preguntas &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2020 13:53:39 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Covid19]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esteban Rodríguez Alzueta nos envía este ensayo sobre la facultad de las palabras para nombrar una realidad que es cada vez más compleja, cruda y amenazante. Palabras que encierran preguntas que tienen la misma capacidad de multiplicarse exponencialmente como el Covid 19 que nos asola.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-tamano-de-las-preguntas-por-esteban-rodriguez-alzueta/">El tamaño de las preguntas &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Esteban Rodríguez Alzueta nos envía este ensayo sobre la facultad de las palabras para nombrar una realidad que es cada vez más compleja, cruda y amenazante. Palabras que encierran preguntas que tienen la misma capacidad de multiplicarse exponencialmente como el Covid 19 que nos asola.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Esteban Rodríguez Alzueta*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">“No somos libres de evitar la catástrofe, pero en ella hay libertad. La catástrofe es una de las pruebas que nos toca soportar”.</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Ernst Jünger</strong>, en <em>La emboscadura.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Voy a escribir en primera persona, no porque me crea importante, sino porque estoy perplejo, habitando la perplejidad. No quiero ceder a las redes sociales que me conminan a llevar en vivo y en directo mi intimidad. Pero me gustaría convidarles este momento de perplejidad. La perplejidad es un estado de asombro consciente. Y que conste que no digo anonadado o abrumado sino perplejo. Aquello que intuyo no lo puedo asir, se me escapa de las manos y, sin embargo, lo siento porque estoy atorado en sus hilos. Sé que no es la imagen que he estado dando en estas semanas que pasaron. De hecho fui el autor de unos cuantos artículos y algunas charlas donde me presentaba como alguien que sabía dónde estaba parado. Aquello que emergía no me sorprendía o no me podía sorprender o no me permitía estar asombrado. Pero lo cierto es que la perplejidad me ha puesto bajo la sombra, a tener que leer o escribir haciendo un esfuerzo porque las sombras me confunden.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es fácil quedarse sin palabras cuando vivimos de ellas, cuando nos pagan para tallar las palabras más o menos precisas que tienen que tener la capacidad de nombrar la realidad con las que nos medimos todos los días. Una realidad, se ha visto, cada vez más compleja, cruda, amenazante. Escribo en primera persona cuando avanzo a tientas, sin horizontes, para no endosarle mis pesimismos a nadie, pero si con ganas de contagiarlo con otros interrogantes. Esa suele ser la manera en que llevo mi diario, pero ahora las palabras que tanteo tienen un destinatario o al menos lo buscan.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque acaso lo que escribo lo hago pensando siempre con los otros, poniéndome en el lugar de los otros. Hace unos días le respondía a un amigo que me preguntaba “cómo estaba”: “Escribiendo y leyendo, leyendo y escribiendo. Si mi  mundo fuera el mundo hasta te diría que soy feliz, pero como formo parte de aquellos que entienden que los problemas de los otros también son mi problema, llevo todo con mucha preocupación”. La respuesta no era impostada. Reconozco que formo parte de los privilegiados que saben que tienen un salario que aguardará a principio de cada mes en el cajero automático. Como decía otro amigo mío: “los trabajadores universitarios somos como los viejos trabajadores de YPF”. Privilegios que, está visto, tendrán fecha de vencimiento cuando el Estado imponga la distribución. Pero dejemos eso ahí, que no me gane el intelectual que llevo adentro.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Llevo la cuarentena en silencio, no solamente porque estoy aislado y solo, sino porque las respuestas aprendidas me quedaron cortas. Busco en lo que leo alguna punta para empezar a tirar, pero la madeja es tan grande que corro el riesgo de terminar más enredado todavía. Por eso leo y pienso, en silencio, siempre en silencio, sintiendo la respiración de las palabras que balbuceo y no salen todavía, como queriéndoles hacer un espacio para acoger las palabras que no tengo todavía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hablo de palabras que tengan la capacidad de poner no sólo a la realidad en su lugar sino de correrla también. Pero intuyo que esas palabras no llegarán con tanto ruido alrededor. Las preguntas crecen en silencio. Y decir “silencio” quiere decir escuchando a los otros, pero también escuchando a la naturaleza. Tal vez haya llegado el momento de apagar el televisor y desconectarse un rato de las redes, por lo menos intentarlo varias veces al día. Ese es un ejercicio que practico en paralelo a otras prácticas ascéticas que me mantienen en estado de alerta. Por lo menos eso es lo que a mí me pasa. Me repito que tengo que dejar de distraerme con esa máquina de diversión que llamamos Netflix. Dejar de estar “en vivo y en directo” o pendientes del “último momento”. Dejar de reenviar los memes que nos llegan el loop. Es cierto, me hacen reír, pero también me distraen. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recuerdo que mi abuela Mai siempre decía… “lo tengo en la punta de la lengua” y al decirlo me estaba invitando a hacer un esfuerzo con ella. Porque esas palabras que busco no caerán del cielo y tampoco serán el producto de una revelación divina o inspiración intelectual. Serán palabras animadas con las palabras de la amistad.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dije que estaba solo y aislado, pero nunca en soledad. De hecho el lector se habrá percatado que este escrito tiene muchos aliados, o mejor dicho fue escrito con otros, pensando en otros, con los amigos siempre presentes con los que tuve diálogos reales e imaginarios también.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Le decía los otros días a otra amiga que no eran estos momentos para ponerse a aventurar programas. Porque los programas, se sabe, están hechos de respuestas anticipadas y lo que necesitamos son preguntas. Los programas nos proyectan hacia delante pero lo que necesitamos es habitar la espesura de las palabras, comprender el tamaño de las preguntas que vamos haciendo con aquellas palabras. Por lo menos lo que yo necesito ahora son preguntas, nuevas preguntas. Aunque tal vez no sean tan nuevas que digamos. Tal vez son las mismas preguntas de siempre. Pero son las cuestiones que ahora empiezan a encarrilarse, nos llegan en cadena, todas juntas. Preguntas que tienen la misma capacidad de multiplicarse exponencialmente como el Covid 19 que nos asola. Tal vez son las preguntas de siempre que finalmente adquirieron su vocación para interrogar, para con/moverme, para correrme y sacarme de mis zonas de confort ideológicas, allí donde me muevo como pez en el agua, donde sé cómo puedo hacerme trampa. No lo sé, tal vez.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No formo parte de aquellos que creen o piensan que será el fin del capitalismo, sus referentes presentarán batalla. De hecho nunca se rindieron que yo sepa. El capital tiende a apropiarse de todo aquello que lo pone en tela de juicio. Esta ha sido siempre su fortaleza: la capacidad para recrearse, reapropiándose de la potencia de los hombres y mujeres y de la energía de la tierra que ha puesto en jaque. Sin embargo, y parafraseando al Indio Solari, sospecho que esta vez les tocará a ellos, pero también a nosotros, pagar toda esta puta fiesta, o por lo menos gran parte de esa joda que llamamos siglo XX que se cargó no sólo a unos cuantos millones de personas sino a la mismísima Tierra. No creo entonces que estemos ante el umbral del capitalismo, sobre todo -también- porque nuestros puntos de apoyo cotidiano están enraizados a sus mercancías encantadas y a los modos de habitar que aquel impuso. Tal vez sea el límite del neoliberalismo, pero sospecho que habrá capitalismo para rato. El capital siempre ha encontrado un enemigo para distraernos y volver a estirarse.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso, las preguntas con las que nos vamos a medir como comunidad se volverán, y está visto y probado con esta pandemia global, cada vez más urgentes: el calentamiento del planeta y la contaminación ambiental, producto de la desforestación, los monocultivos, el exterminio de otras especies animales, la modificación de los ecosistemas, el extractivismo minero, el turismo frenético, el consumismo desaforado y la producción de chatarra como consecuencia de la obsolescencia programada y percibida; y, por supuesto, la desigualdad social y la segregación espacial; los desplazamientos poblacionales, etc. Son muchas las preguntas que tenemos que desagregar. Preguntas que nos llevarán a más preguntas. Y la pregunta del millón seguirá siendo ¿quiénes serán los que empuñen esas preguntas, los que tramiten esas respuestas?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las preguntas son difíciles de responder, porque las respuestas estarán llenas de desafíos. No será fácil pero tenemos que saber que el Planeta tiene fecha de vencimiento, y ya nos está empezando a pasar factura. No es el momento de ponerse apocalípticos, pero como están hoy las cosas estamos muy lejos de sentir seguridad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es evidente que empieza a manifestarse un cambio en el modo de hacer las preguntas. En este nuevo orden que llegará con el día después no existirá seguridad. Las preguntas arremeten contra nosotros con un rigor y una urgencia pocas veces visto. Por eso las respuestas a semejantes cuestiones se vuelven cada vez más urgentes. Y acaso sea esta otra cuestión que no se podrá desdeñar. Porque la urgencia introduce otras preguntas, con la urgencia llegan otros desafíos, nuevos problemas: el miedo al miedo, el resentimiento social; las políticas de la enemistad (y la cultura de la vigilancia, la delación y la degradación moral); las “trampas de la diversidad” o las competencias de las identidades; las habladurías de la televisión, la radio y las redes sociales; los punitivismos de arriba y abajo, el aplastamiento de las libertades individuales, la tentación autoritaria, la pasión linchadora y escrachadora. ¿Qué haremos con todo esto? Porque sabemos que las sociedades no se pueden resetear de un día para el otro, mucho menos los estados, que están hechos para durar en el tiempo. Acá también hay un montón de cuestiones que aguardan ser interrogadas. Como escribió alguna vez Ernst Jünger en <em>La emboscadura</em>: “Mientras nos dedicamos a meditar sobre rutas extremas descuidamos los caminos transitables. Tampoco aquí una cosa excluye la otra. (…) En nuestra situación actual estamos obligados a contar con la catástrofe; para que no nos sorprenda de improviso por la noche, debemos seguir pensando en ella también mientras dormimos.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se habrá dado cuenta el lector que cambie de persona y pase a la primera del plural. Sucede que a la hora de tantear aquellas cuestiones, las palabras que iba eligiendo me quedaban demasiado grandes. Pero… ¿acaso los cambios no son colectivos? ¿No se trata de averiguar cómo podemos vivir juntos?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hablo con palabras que tienen que servir para construir esas preguntas que fragilicen aún más a un sistema lleno de grietas. Sé que nadie se dispara nunca en el pie. Y tampoco pretendo que volemos por los aires el suelo que, me guste o no, sigo pisando todavía y continuare pisando un buen rato. Pero lo cierto es que este fango ya empieza a heder y cada vez más. Me muevo sobre arenas movedizas y sin embargo sé que no se puede construir nada en el aire. Necesito esas preguntas para seguir intentándolo otra vez, como siempre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Escribí este ensayo, como todo lo que escribo, con música de fondo. Dio la casualidad que estaba sonando <em>After Bach</em> de Brad Mehldau, pensando mientras el disco daba vueltas. Después de un buen rato, cuando llego la última pieza, “prayer for healing” (oración para la curación), encontré no sólo el tono sino el ritmo para perseguir las palabras y sobre todo abarcar el tamaño de las preguntas que me quedan infinitamente grandes para responderlas solo y aislado.   </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos 16 de abril de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de <em>Temor y control</em>; <em>La máquina de la inseguridad</em> y <em>Vecinocracia: olfato social y linchamientos</em>.</span></p>
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		<title>Berni, el payaso ubuesco &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jul 2020 14:42:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esteban Rodríguez Alzueta aborda en esta nota la figura de Sergio Berni, y afirma que Berni es el engranaje grotesco de sectores de una dirigencia que sigue coqueteando con el punitivismo; un personaje inventado por la televisión, a la altura del peor periodismo televisivo que lo celebra todas las noches. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/berni-el-payaso-ubuesco-por-esteban-rodriguez-alzueta/">Berni, el payaso ubuesco &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Esteban Rodríguez Alzueta aborda en esta nota la figura de Sergio Berni, y afirma que Berni es el engranaje grotesco de sectores de una dirigencia que sigue coqueteando con el punitivismo; un personaje inventado por la televisión, a la altura del peor periodismo televisivo que lo celebra todas las noches. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Esteban Rodríguez Alzueta</strong>*</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Empiezo como terminé el último artículo que escribí para <a href="https://www.elcohetealaluna.com/el-hombre-fuerte/"><strong>El Cohete a la Luna</strong></a> sobre el actual Ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Dije, parafraseando a Marx: Berni es víctima de su propia concepción del mundo, el payaso serio que ya no toma a la realidad nacional por una comedia, sino a su comedia por la realidad  nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El payaso es un personaje circense tributario del bufón del rey. El payaso que cada  gobernante tenía cerca para que le cantase las cuarenta, lo que pensaba y sentía el pueblo al que nunca veía. El bufón tenía el privilegio de la verdad, siempre y cuando esa verdad estuviese revestida de un aire burlesco. El bufón se movía con patente de corso, por eso todo lo que decía quedaba en el ámbito de la farsa, y si el rey no se tomaba la comedia en términos personales, no había revancha y el bufón podía seguir con su show.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A principio de siglo XX, el poeta y dramaturgo francés, Alfred Jarry, construyó un personaje grotesco pero absurdo: el rey Ubú. Jarry fue un personaje erudito y excéntrico, mentor de la <em>patafísica</em>, una suerte de pseudo-ciencia que competirá con el dadaísmo. Las obras que componen la serie Ubú (<em>Ubu Rey</em>, <em>Ubú cornudo, Ubu encarcelado</em> y <em>Ubú en la colina</em>) es el antecedente inmediato del teatro del absurdo. Ubú es un personaje que le costó muchos abucheos pero también muchos aplausos. <em>Ubú rey</em> es una reescritura de Shakespeare en clave comedia satírica. Ubú es el rey rechoncho vestido de cuero que se tragó el personaje del payaso y empieza a comportarse como un auténtico payaso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para Jarry la comedia era el tono para pensar al poder contemporáneo, cada vez más grotesco, un poder excesivo y absurdo, donde la violencia se confunde con el goce. Lo había dicho Marx en el mismo artículo que citamos arriba: la historia se repite, primero como tragedia y después como parodia. Personajes que emulan a sus antepasados, que se visten y hablan como sus ancestros, que usan sus clichés y toman prestados sus consignas, para, con esos disfraces, representar la nueva escena de la comedia local.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sobran ejemplos: Trump, Bolsonaro, Putin, Boris Johnson. Las versiones criollas y minusválidas hay que buscarlas en las figuras de Mauricio Macri y Alfredo Olmedo pero también en la de Sergio Berni. De hecho Berni compite y abreva en Macri y Olmedo, se hace eco de sus trayectorias, sus gestualidades, sus retóricas. Berni es un personaje excéntrico y patotero, una suerte de supermacho, siempre disfrazado para la ocasión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El poder ubuesco –nos enseñó Foucault en <em>Los anormales</em>&#8211; es un poder que solo pueden ejercer caricaturizándose, al abrigo de un lenguaje aniñado, balbuceante o marcial pero que habla el idioma del miedo. Un poder que solo saben ejercer a través de la descalificación explícita de quien lo ejerce, escupiendo para arriba: Berni desautorizando al presidente Alberto Fernández, riéndose de la ministra Sabina Frederic, invalidando al gobernador Axel Kiciloff. De hecho Kiciloff es una suerte de chirolita de Berni, Berni es el político que tiene a upa al gobernador. Berni es el poder ridiculizado, abyecto y ridículo, un personaje que se presenta disfrazado, modelado como un payaso bufón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Berni no es un accidente y tampoco una avería de la gobernabilidad sino su cara más grosera, sin correccionismos políticos; el engranaje grotesco de sectores de una dirigencia que sigue coqueteando con el punitivismo, jugando a la demagogia, que se excita y especula con el dolor ajeno, un personaje inventado por la televisión, a la altura del peor periodismo televisivo que lo celebra todas las noches.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se cuenta que en 1911 cuando se estrenó <em>Ubú </em>rey, asistió el poeta y dramaturgo irlandés, William Butler Yeats. Años después reviviría aquella noche en su autobiografía, en un par de líneas que se convertirían en una profecía: “Después de Mallarmé después de Paul Verlaine, después de Gustave Moreau, después de Puvis de Chavannes, después de nuestra propia poesía, después de todo ese color sutil y esos ritmos nerviosos, ¿qué más es posible? <em>Después de nosotros, el dios salvaje</em>”. Termino, y lo hago como comienza la primer obra que Allfred Jarry dedica a Ubú: <em>Mierda!</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 2 de julio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de <em>Temor y control</em>; <em>La máquina de la inseguridad</em> y <em>Vecinocracia: olfato social y linchamientos</em>.</span></p>
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		<title>Protesta policial: gremialización bizarra, fragmentada y operada &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Sep 2020 19:54:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[Policía bonaerense]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esteban Rodríguez Alzueta analiza en este artículo los factores que confluyen para que dentro de las fuerzas policiales se viva un clima de desatención y necesidad económica que deriva en protesta. Alzueta sostiene que la policía ya no es la corporación autónoma de la década de los ‘90, una institución separada y separable de la sociedad, y que es necesario debatir profundamente algún tipo de representación de las policías que sirva de instrumento para canalizar sus problemas y demandas, y al mismo tiempo evite su fragmentación, como la sindicalización o la figura del ombudsman policial.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Esteban Rodríguez Alzueta analiza en este artículo los factores que confluyen para que dentro de las fuerzas policiales se viva un clima de desatención y necesidad económica que deriva en protesta. Alzueta sostiene que la policía ya no es la corporación autónoma de la década de los ‘90, una institución separada y separable de la sociedad, y que es necesario debatir profundamente algún tipo de representación de las policías que sirva de instrumento para canalizar sus problemas y demandas, y al mismo tiempo evite su fragmentación, como la sindicalización o la figura del ombudsman policial.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Esteban Rodríguez Alzueta</strong>*</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es muy probable y entendible que la oposición esté fogoneando la protesta policial, de la misma manera que hay sectores del progresismo que se dedican a sobreactuarla para victimizarse, y por eso hablan de “acuartelamiento”, “sedición”, “levantamiento policial” o “desestabilización institucional”. Todos hacen política, no hay que poner el grito en el cielo por eso. Incluso el propio Berni hace política a costa de la Policía y lo hace con parte de la plata de la Policía, porque los spot publicitarios de la serie “Fuerza Buenos Aires” con los cuales se autopromociona en la interna del PJ, los financió con el presupuesto del Ministerio que conduce. Los policías tienen derecho a sentirse destratados por su Ministro. No basta con darles unas palmaditas en la espalda para remar el malestar salarial de largo aliento, o esas palmaditas –está visto- tenían fecha de vencimiento. Más aun en contexto de pandemia, cuando los policías tienen que exponer su salud trabajando en condiciones deplorables. Los policías no se conducen con arengas sino con escucha. Una escucha que no llegaba, que Berni desautorizaba porque para él, la función policial se organiza con la lógica de la obediencia debida. El policía está para obedecer, no tienen margen para cuestionar a sus jefes ni a las autoridades civiles que la conducen.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Berni sigue subestimando a los policías y sobreestimando su capacidad. A Berni se lo comió su propio personaje y, lo que es peor aún, también el gobernador compró semejante paquete. La cuestión es que Berni no solo le inventó un nuevo problema a su gobernador sino al resto de los gobernadores del país. Porque la protesta policial de los policías de la Bonaerense se vive en el interior como una ventana de oportunidades para que sus policías planteen los problemas laborales que también tenían y no encuentran un cauce institucional para tramitarse. Por eso la protesta está teniendo sus réplicas en Catamarca, Jujuy, Santa Fe, etc., generando climas que rápidamente se interpretan como desestabilizadores que alimentan un ciclo de descontento e insatisfacción. De allí que las palabras de Carlos Bianco, el jefe de gabinete de Kicillof, me parecen muy oportunas: “Se trata de un reclamo legítimo”. También las declaraciones de la ministra de Gobierno de la Provincia, Teresa García: “Es un reclamo netamente salarial que, en verdad, está justificado, porque venían con atraso en parches.” “El desacato no debería estar presente en esta situación.”   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero el conflicto le saldrá muy caro a la Provincia, porque está visto que los conflictos se van a trasladar a las otras áreas del Estado. Si los policías logran un aumento, los penitenciarios querrán lo mismo, pero también los enfermeros, los médicos, los maestros y el resto de los estatales. En ese sentido, el conflicto con los policías hay que mirarlo al lado de los otros malestares laborales que surcan la administración provincial.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" src="https://www.elpucara.com/wp-content/uploads/2020/09/protesta-de-la-policia-bonaerense-en-puente-12-perfil-berni-696x392-1.jpg" alt="La protesta policial se concentra en el Puente 12 de La Matanza — El Pucará" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El propio ministro que estaba en todos lados, siempre hiperactivo, poniéndole el pecho a todas las protestas, no apareció, por lo menos no lo hizo hasta el miércoles a la mañana cuando estoy escribiendo este artículo. No se lo vio a Berni ni en Almirante Brown, ni en Lanús, Berazategui o Adrogué, no apareció por La Plata, no estuvo en La Matanza, Mar del Plata o Necochea. Berni eligió otra vez los set televisivos para responderles a los policías. Se acercaron algunos funcionarios menores, que no tienen capacidad de decisión. El único que puso la cara del ministerio fue su jefe, el Comisario Mayor Daniel García, que quedó superado por los manifestantes al no brindar ninguna respuesta concreta a los puntos que contenía el petitorio de los policías, situación que lo llevó a presentar su renuncia. Lo único que atinó a decir fue que no iban a ser sancionados los policías que estaban manifestándose, que no iban a tomar represalias, y se ganó otra vez el abucheo porque el Ministerio, a través de los distintos jefes departamentales, estaba mandando comunicaciones para que los policías que estaban de franco-servicio, sosteniendo la protesta junto a sus familiares y amigos, se presentasen a trabajar al día siguiente, bajo apercibimiento de ser objeto de un sumario interno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con estos desmanejos del ministro Berni, el peronismo le sigue regalando la policía a la oposición. Y Cambiemos lo sabe, porque de hecho gran parte de su electorado provino de estos sectores, y por eso se frota las manos otra vez.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta protesta policial no era una novedad, no cayó del cielo, era un reclamo de largo aliento que todavía puede chequearse en las redes sociales. Hace tiempo que en los foros de policías se venía hablando y denunciando estos problemas. Porque el problema proviene de la gobierno anterior, de la gestión de Ritondo, una gestión muy desprolija, que miraba sistemáticamente para otro lado, que delegó en los propios jefes de la policía el manejo de estos malestares. Entre paréntesis: no es casual que el malestar haya salido a la luz ahora, con este gobierno. Eso no habla mal del gobierno sino, en cierta manera,  muy bien: este gobierno deja margen para que incluso los policías puedan presentar en el espacio público sus problemas. De la misma manera que lo hacen otros sectores y nadie es reprimido. Esto con el macrismo no pasaba porque tenía claramente otra actitud, muy antidemocrática, para con las policías y el resto de la sociedad que tomaba la calle para protestar.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El detonante de la protesta policial no sólo fue el reclamo exitoso de la policía de Misiones de la semana pasada, sino la inyección de dinero a seguridad que el gobierno nacional anunció a través del Programa de Fortalecimiento de la Seguridad para el Gran Buenos Aires. Dinero que no recibirán directamente los policías bonaerenses a través del aumento de sus salarios, aunque se traducirá en mejores condiciones laborales: nuevos patrulleros, y reparación del parque existente, arreglo de comisarías, construcción de alcaidías que va a permitir que no haya personas detenidas en las comisarías. Que conste, entonces, que no estamos apuntando a la gestión nacional. Al contrario, desde el comienzo la Ministra Sabina Frederic, y sobran sus declaraciones en distintas entrevistas, dijo que una de las áreas prioritarias, claves para su gestión, iba a ser Bienestar, dedicada especialmente a abordar los problemas vinculados no solo al retraso salarial sino la mejora de las condiciones laborales, para hacer frente a todos los problemas que derivan de las condiciones en que prestan sus tareas. Está claro que los estilos de conducción diferentes tienen impactos distintos: mientras unos crean un área de Bienestar, el ministro de seguridad de la provincia apela a las arengas militares creyendo que basta con masajear la “vocación policial” para encuadrar a los policías. Eso es no entender a los policías, seguir creyendo que los policías experimentan la actividad policial de la misma manera que lo hacían hasta la década de los 90 incluida, perdiendo de vista que una gran mayoría la vive como una estrategia de sobrevivencia y ya no como una vocación o estrategia de pertenencia. Los policías quieren formar parte de los asalariados y reclaman algún tipo de representación para vehiculizar sus reclamos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entre paréntesis también: he escuchado estos días a muchos periodistas oficialistas cuestionar en vivo y en directo la protesta policial, descalificando a sus protagonistas. No me parece mal, son opinadores como sus pares de TN, mal que les pese. Pero también los he visto destratar a los policías que entrevistaban, haciéndoles preguntas con una sonrisa en la boca, incluso, retándolos. Por momentos me daba la sensación de que les estaban tomando examen. En ese destrato se colaba el clasismo elitista que saben ocultar cuando hablan de economía. Quiero decir, es fácil pegarle a la policía porque la policía está integrada por “negros”. Cuando los negros no te hacen la venia, entonces merecen no solo la reprobación sino la burla, el desdén. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" src="https://beta.losandes.com.ar/resizer/a7MAxMigXfS0gBO_tVHw-xBrREI=/800x450/smart/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/grupoclarin/QEWGGZNXJBFMFF4FNLPBT5ADQ4.jpg" alt="Fernández, a la Policía bonaerense: “No es ético aprovechar la pandemia para reclamar”" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dicho todo esto me gustaría volver ahora sobre el lugar que tiene la protesta en las policías. Hace rato que muchos sostenemos la necesidad de que los policías tengan alguna forma de tramitar sus problemas y demandas a través de canales institucionales democráticos. Y que conste también que no estoy pensando solamente en la sindicalización. Existen otras formas de representación en el mundo como por ejemplo la figura del ombudsman policial. Incluso, en algunos países donde se permiten los sindicatos existen algunas limitaciones: tienen limitado el derecho de huelga, tienen que manifestarse en el espacio público sin armas y uniformes, tienen que garantizar las guardias en las dependencias y el servicio de calle. Acá hay todo un abanico de posibilidades que se pueden debatir. Pero antes, me parece, hay que saldar otras discusiones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ejemplo, hay que entender que la policía ya no es la corporación autónoma de la década de los ‘90, una institución separada y separable de la sociedad -como le gustaría pensar a muchos dirigentes políticos que le cuidan sus espaldas. Y eso no significa que no haya sectores de esta policía que desarrollen sus propios intereses y actúen en función de ello, con la complacencia y participación de algunos operadores judiciales. La institución policial es un gran cachivache, una institución con cuadros cada vez más precarios, sobreocupados, que se ha ido fragmentado, con niveles de coordinación debilitados. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero los policías no son extraterrestres que viven en otro planeta y bajan todos los días a realizar sus tareas. El policía vive al lado de mi casa, nos encontramos todos los días en la feria comprando verduras, llevamos a nuestros hijos a la misma escuela, gritamos el mismo gol y los fines de semana lavamos nuestros coches juntos. Hay que reponer al ciudadano que hay en los policías y devolverle su estatus laboral. El policía, antes de ser un servidor público, como pueden serlo los enfermeros, los médicos o los recolectores de basura o barrenderos, son también trabajadores. No cuestiono que no exista la vocación policial, pero la vocación no es patrimonio de las policías, la podemos encontrar en otros trabajadores del Estado, por ejemplo, hay muchos maestros que siguen considerando a la enseñanza como una vocación. También los trabajadores camioneros o los obreros de la construcción, hicieron de Camioneros o la UOCRA una gran familia.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si queremos una policía que no esté para cuidarles las espaldas a los funcionarios, que sea un mero garante del orden público; si queremos entonces una policía democrática que esté para cuidar a los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos, entonces hay que postular a los policías como ciudadanos y trabajadores. El derecho a la protesta es uno de los derechos que tienen todos los ciudadanos y trabajadores, tal vez uno de los más importantes, porque el derecho a la protesta es el derecho a tener derechos, es decir, la posibilidad de manifestar un problema, de hacer evidentes sus puntos de vistas contradictorios, de hacer palpable que una decisión del Estado la viven como problema. En ese sentido, la sindicalización, pero también la figura del ombudsman, son formas de agregarle previsibilidad a los conflictos y evitar que estos escalen hacia los extremos.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es lógico que si no existe una representación institucionalizada, cuando aflora el conflicto la representación se fragmente y se reparta, y con ello no solo no puede unificarse una negociación sino que, y a medida que se extiende el conflicto, van apareciendo nuevos grupos con otros intereses, algunos con “frondoso prontuario” o mano de obra desocupada, otros vinculados directamente a la oposición o dirigentes como Patricia Bullrich, como una de los voceros de los policías de Mar del Plata, que van corriendo el arco, impidiendo con ello la pronta solución con todos los riesgos que eso implica, a saber: la transformación de un conflicto gremial en un conflicto político.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero el malestar no solo es económico. El petitorio empieza con estas palabras: “Queremos trabajar para la ciudadanía y no para el jefe de turno”. Es decir, ¿de qué manera los policías tramitan el descontento cuando no quieren prenderse en la corrupción? Existen muchos policías que no se prenden y cuando eso sucede son acobachados en una oficina sin darles ninguna tarea. Son policías que están sentados en una oficina durante 8 horas sin hacer nada. Esto en el caso de ser policías con alta jerarquía, porque cuando no la tienen los sacan a la calle, a realizar sus tareas en los lugares con más riesgo o les niegan las horas CORE. En otras palabras: La imposibilidad de organizarse es la manera de blindar la corrupción policial, de evitar los cuestionamientos de sus trabajadores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Salir a “bancar a Axel” contra los supuestos “golpistas policiales” no solo implica subirle el precio a la protesta sino tentar a los que fogonean la protesta, que quieren sacarle una tajada extra. Por suerte algunos comunicadores y funcionarios salieron a desmarcarse de las posiciones demagógicas, hechas de indignación y desconocimiento, y sostuvieron  que era un reclamo legítimo que hay que atender. De hecho el plan que se va anunciar en esta semana, que incluye un aumento del salario, para destrabar la protesta, va en esta dirección.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En definitiva, la representación es otro debate pendiente que la justicia tampoco ha sabido resolver, plegándose con sus votos mayoritarios a la posición mayoritaria de la clase política dirigente: negándoles la sindicalización, pensándolos a imagen y semejanza de las fuerzas militares. Hay que pensar la crisis policial sin contarse cuentos, dejando de lado las lecturas conspirativas, porque ponemos las cosas en un lugar donde no se encuentra. Los integrantes de la policía no empezaron su carrera en la última dictadura, en su gran mayoría son jóvenes que nacieron en democracia. Los policías vieron durante las últimas décadas cómo otros sectores de la sociedad ampliaban sus derechos, en cambio ellos se mantuvieron en el mismo lugar. Si los dirigentes políticos y los operadores judiciales no se ponen a la altura de la época, estas protestas policiales van a ser recurrentes.   </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">La Plata, 9 de septiembre de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de <em>Temor y control</em>; <em>La máquina de la inseguridad</em> y <em>Vecinocracia: olfato social y linchamientos</em>.</span></p>
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		<title>Guernika, con K &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Oct 2020 23:46:11 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Esteban Rodríguez Alzueta sostiene en esta nota que las imágenes de Guernica, son imágenes de desolación y fracaso que los funcionarios deberán remar invirtiendo mucha militancia e imaginación si todavía quieren ser leales a las promesas que hicieron hace apenas un año.  </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/guernika-con-k-por-esteban-rodriguez-alzueta/">Guernika, con K &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;"><strong>Esteban Rodríguez Alzueta sostiene en esta nota que las imágenes de Guernica, son imágenes de desolación y fracaso que los funcionarios deberán remar invirtiendo mucha militancia e imaginación si todavía quieren ser leales a las promesas que hicieron hace apenas un año.   </strong></span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Esteban Rodríguez Alzueta*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Voy a ser breve. El jueves no fue un día peronista. Hizo frío, mucho frío. Los múltiples y emotivos homenajes que la militancia dedicó el 27 de octubre para recordar la muerte de Néstor de repente quedaron muy lejos.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hannah Arendt decía que la rabia brota donde existen razones para sospechar que las condiciones podrían modificarse y no se modifican. Dice Arendt: “solo reaccionamos con rabia cuando es ofendido nuestro sentido de la justicia”. La rabia, entonces, es lo que uno siente cuando cree que las cosas podían ser de otra manera y sin embargo, está visto, no sólo no lo son sino que, dudamos puedan llegar a serlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Eso es lo que sentí frente a las primeras imágenes que nos llegaron de Guernica en vivo y en directo. Imágenes, me atrevo a decir, que no están destinadas a convertirse en una anécdota perdida, no creo que a estas imágenes se las lleve el viento o las tapas de los próximos titulares. Tampoco son una metáfora o un indicio previo, la forma que asume el futuro en el presente. Y sin embargo, nos preguntamos con los amigos de la revista <em>Crisis</em> si no estamos ante otro punto de inflexión. El tiempo dirá.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pierre Bourdieu nos enseñó que los estados contemporáneos a la hora de administrar la miseria del mundo, lo hacen a través de dos tipos de agencias, aquellas encargadas de contener la exclusión (Desarrollo Social, Trabajo, Justicia y Derechos Humanos) y las otras abocadas a punirla (Ministerio de Seguridad, Policía Bonaerense, poder judicial). Asistir o controlar, esa es la cuestión. Un control que se averigua no solo en el encarcelamiento masivo sino en el policiamiento agresivo. Un estado esquizofrénico, entonces, que estará presente de manera contradictoria, jugando con dos manos distintas, sucesiva o simultáneamente.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Meses atrás sostuve que Sergio Berni era la mano derecha de Kicillof. Lo decía pero no perdiendo de vista que había otros funcionarios, con otra sensibilidad, jugando otro juego, que proponían otra agenda para la gestión. Una mano izquierda que en Guernica trabajó también incansablemente durante 90 días en el territorio con las organizaciones sociales para acordar y darle una salida pacífica al conflicto, mientras la mano derecha se paseaba por televisión coqueteando con la gran derecha nacional y global, extorsionando a la pobreza y estigmatizando a sus representantes, dispuestos a criminalizar la pobreza, pensando el problema de la vivienda con el código penal en la mano, en tándem con los operadores judiciales. Una pulseada donde, a juzgar por las imágenes a la que aludimos, nos damos cuenta que la mano derecha le ganó otra vez a la mano izquierda. Esa es la sensación que muchos tuvimos y expresamos por las redes sociales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora bien, me atrevo a decir que en los tiempos urgentes que se viven hoy día y se aventuran para los próximos años, las cosas no serán muy diferentes. Al contrario, sospecho que la mano derecha se convertirá en la carta de presentación en las próximas elecciones. ¿Acaso por eso mismo no se apresura Berni a levantar la mano, pintando las paredes del conurbano, anunciando su candidatura? Una vez más el kirchnerismo se presta a hacer campaña con los temores y las ansiedades de la vecinocracia. No es para menos, sabe que gran parte del electorado que reclutó en las últimas elecciones en la provincia proviene de esos sectores de la sociedad. Con todo, está visto que algunos sectores del gobierno provincial y algunos intendentes no están dispuestos a dejarse correr por derecha, es decir, están dispuestos a levantar sus reivindicaciones punitivas ostentosas y emotivas.   </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://i1.wp.com/pulsonoticias.com.ar/wp-content/uploads/2020/10/guernica-tierras-para-vivir-paula-pulso-11-scaled.jpg?fit=2048%2C1365&amp;ssl=1" alt="Reunión clave por Guernica: cuarto intermedio con un desalojo inminente - Pulso noticias" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero las imágenes que tengo todavía frente a mis ojos me producen rabia. Lo digo no sólo por la policía desalojando a sus moradores, cumpliendo la sentencia judicial, y reprimiendo a los manifestantes que expresaban su bronca tirando piedras, sino también por las topadoras volteando las viviendas precarias después del desalojo. Y lo digo sobre todo por las imágenes del ministro Berni sacando pecho durante el operativo, pero también por las declaraciones que hizo los días previos, llenas de amenazas, y las indolentes frases que dedicó Berni para comunicar su puesta en acción a sus seguidores en Instagram: “al frente”. Parece que no hay nadie que pueda decirle al ministro que cierre el pico, que por lo menos por una cuestión de respeto hacia la gente que no sabía dónde iba a pasar la noche era conveniente guardar silencio. Pero una vez más el Ministro eligió la bullanguería, plegándose al coro de la oposición que hizo de la propiedad privada y la seguridad jurídica un nuevo estandarte moral, perdiendo no solo de vista que las tomas de tierra son una forma de acceso al suelo en el país, y que hay otras formas de expropiación que se producen a través de la especulación y los desarrolladores inmobiliarios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay otras imágenes que me producen rabia, por ejemplo los malabares que hicieron muchos periodistas comprometidos para justificar lo que resultaba injustificable. Releo los zócalos de C5N y me rio para no llorar: “Piedrazos contra la policía”, “rodean a la policía y le tiran piedrazos”, “Escudos precarios, piedras y botellas contra la policía”. Ya no hablan de la represión policial sino de la represión de los desalojados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Después hay otras escenas que directamente me producen asco: la de los fiscales Juan Cruz Condomí Alcorta, Lisandro Damonte y Marcelo Romero sacándose una <em>selfie</em>, posando para las redes sociales. Pero estas imágenes de la familia judicial no me sorprenden, son muy esperables. Está claro que si por esta justicia fuera los ocupantes hubiesen durado 48 horas en el predio de Guernica. Pero la magnitud de la toma, y la dedicación que pusieron muchos funcionarios lograron demorar el desalojo que la gran derecha reclamaba a cuatro vientos.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hasta hace unos días pensaba que estábamos ante un gobierno de transición, hoy pienso que es un gobierno de emergencia. La cuestión es saber si el gobierno dejó de ser un gobierno de contención para transformarse en un gobierno de orden. Orden sin progreso, orden sin distribución. Orden sin peronismo básico. ¿Acaso no era esto lo que algunos interpretaban que se estaba reclamando en la correspondencia urgente del lunes pasado?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La <em>realpolitic</em> se ha convertido en este país en una manera de soslayar las discusiones. La apelación constante a la crisis se ha convertido en un mecanismo de extorsión. Se pierde de vista que las crisis –y con ello no queremos negar la magnitud de la misma- dejaron de ser coyunturales para volverse crónicas. Las crisis son una manera de valorización financiera pero también la mejor forma de desgastar a las democracias. De hecho el bacheo electoral es la prueba que tenemos para darnos cuenta que cada vez resulta más difícil ensayar políticas de largo aliento. Las crisis son una manera de ponerle freno de mano a las políticas de largo aliento, al tiempo que se sacan de encima los debates que necesita cualquier democracia para decidir entre todos y todas cómo queremos vivir juntos. De hecho cada vez que uno plantea cuestiones como estas que abordo en este artículo no faltan amigues que nos recuerdan que “le estamos haciendo el juego a la gran derecha” que, está visto, se frota las manos con las contradicciones y discusiones que acá se repasan muy por arriba. ¿Acaso hay que recordar todo el tiempo que ensayar una crítica, pensar en voz alta, no implica pegar un portazo, bajarse del bote, mandarse a mudar a Montevideo? Por nuestra parte conocemos las enormes limitaciones que tiene el gobierno y el tamaño de los problemas, pero no me parece que haya que tramitarlos en silencio, renunciando a poner de manifiesto nuestros desacuerdos. No hay democracia sin reserva de desconfianza que implica el ejercicio de la crítica. Como dijo Peter Sloterdijk: el cinismo es la paralización de la práctica crítica, adaptarse, volverse cómplices. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las imágenes de Guernika con K, son imágenes de desolación y fracaso, que los funcionarios deberán remar invirtiendo mucha militancia e imaginación si todavía quieren ser leales a las promesas que hicieron hace apenas un año.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 30 de octubre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de <em>Vecinocracia: olfato social y linchamientos</em> y <em>Yuta: el verdugueo policial desde la perspectiva juvenil.</em></span></p>
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		<title>Maradona, un infierno encantador &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Nov 2020 14:53:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Esteban Rodríguez Alzueta* (para La Tecl@ Eñe) &#160; Una imagen vale más que mil palabras y la verdad que en estos días circularon cientos de<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/maradona-un-infierno-encantador-por-esteban-rodriguez-alzueta/">Maradona, un infierno encantador &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por</strong> <strong>Esteban Rodríguez Alzueta*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una imagen vale más que mil palabras y la verdad que en estos días circularon cientos de imágenes cada una mejor que la otra, cada una iluminando lugares secretos que sostienen la devoción popular. Formo parte de la generación Maradona, que creció con los goles de Maradona, jugando a ser el Maradona que nos llegaba con la voz de Víctor Hugo mientras nos revolcábamos en algún potrero. La mía fue una generación que creció sin referencias políticas, pero había mucho rock y futbol dando vueltas. Y si encima Maradona se movía en distintas canchas, de manera indisciplinada, metiendo las palabras donde estaban reservadas a los expertos y los profesionales de la política, se comprende que Diego se ganase la atención, el respeto y el cariño de tanta gente, que encontrasen en él no solo su destreza sino aquellas palabras filosas para proyectar sus problemas, sus broncas, sus esperanzas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No quiero ser larguero, pero quiero decir un par de cosas, acaso para encontrar un poco de consuelo mientras escribo. En tiempos de ángeles y demonios, cuando el mundo se vuelve maniqueo, Diego nos enseña que eso no existe, que siempre somos ángeles y demonios, que se puede estar con el bien y hacer el mal, o estar con el mal y hacer el bien. Así de compleja y contradictoria es la vida. Más aún cuando la sociedad metió su cuchara. Porque Diego nos enseña también que siempre estamos en el error, por eso las palabras de Diego cuando llegaban con entrevistas largas y pausadas llegaban a veces con una mirada piadosa, reclamando comprensión, perspectiva. En esas entrevistas la figura de la madre siempre estaba presente, dando vueltas. La madre que lo rescataba, la madre que sabía siempre iba a estar ahí, pasara lo que pasara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Diego es el exceso pero también la economía de la frase corta, al pie, bien calibrada. Es derroche pero también precisión, dinamita. Cuando Diego hablaba todos nos deteníamos a escuchar sus palabras. Y aquello que decía iba a parar al arcón de la memoria. Maradona es una colección de frases iluminadas que fueron madurando con  el paso del tiempo, que crecieron con nosotros. Porque Diego, con la misma destreza, nos pasaba sus palabras para que nosotros siguiéramos avanzando en nuestro derrotero. Las palabras de Diego nunca fueron inocentes. Diego tomaba riesgos cuando abría la boca. Como dijo alguna vez el viejo Viñas: a mayor exposición crítica mayor es el riesgo de sanción. Y la verdad que no fueron pocos los que hicieron colas durante estas cuatro largas décadas para pegarle a Maradona.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dije que Maradona es el derroche, el gasto inútil. Maradona empezó varias veces de abajo, porque siempre se patinó lo que tenía. El dinero no se dispone para hacer ahorrado, especulado, fugado, sino gastado, festejado. El gasto inútil que llega con el despilfarro, con la joda, es la manera de motorizar y celebrar la amistad, de construir vínculos, afectos. Supongo que la vida le pasó finalmente la cuenta, pero quién te quita lo bailado adentro y fuera de la cancha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No debe haber sido fácil ser Maradona, estar en el pellejo de Maradona. Cuando a Diego le tocó ser Maradona no había un entorno que blindase al futbolista, que preservase su intimidad, separando la vida pública de la privada. Hoy hay muchos futbolistas que tienen entornos seguros que le aseguran que su vida se juzgue a través de lo que sucede en la cancha. Maradona es un invento de la sociedad y la sociedad, o gran parte de ella es una mierda. Maradona solo puso en palabras las contradicciones que nos definen, fue un espejo donde mirarse de frente, inevitablemente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todavía hay gente que le sigue levantando la banderita de posición adelantada, que tiene la necesidad de desmarcarse de sus trayectorias sinuosas en la vida privada y pública. Que se mueve por las redes sociales como patrullas morales perdidas. En tiempos tomados por lo políticamente correcto, Maradona nos devuelve la incorrección, siempre jugo en orsai. Maradona siempre o casi siempre fue incorrecto. Esto nos desconcierta también, porque el ídolo se corre del canon que debe seguirse para estar en el panteón. Diego es el bien y el mal, y encima, como reza una canción del Indio Solari, que sabe de estas cosas… “el infierno está encantador”.    </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 27 de noviembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de <em>Vecinocracia: olfato social y linchamientos</em> y <em>Yuta: el verdugueo policial desde la perspectiva juvenil.</em></span></p>
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		<title>La copia de la copia: Nora Lezano escracha a Mariana Esquivel &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta y Leandro de Martinelli</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Dec 2020 23:58:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[Esteban Rodríguez Alzueta y Leandro de Martinelli]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Mariana Esquivel]]></category>
		<category><![CDATA[Nora Lezano]]></category>
		<category><![CDATA[plagio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los autores de este artículo abordan el “affaire” Lozano y el escrache punitivista que la fotógrafa descargó sobre la artista plástica Mariana Esquivel, para dejar planteados algunos interrogantes: ¿Qué relación hay entre la originalidad y la reproductibilidad técnica; entre el arte contemporáneo y la copia? ¿Acaso el mundo de la publicidad y las redes sociales no se han encargado de hacer estallar el copyright? ¿Se puede pensar el arte con el código penal en la mano?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Los autores de este artículo abordan el “affaire” Lezano y el escrache punitivista que la fotógrafa descargó sobre la artista plástica Mariana Esquivel, para dejar planteados algunos interrogantes: ¿Qué relación hay entre la originalidad y la reproductibilidad técnica; entre el arte contemporáneo y la copia? ¿Acaso el mundo de la publicidad y las redes sociales no se han encargado de hacer estallar el copyright? ¿Se puede pensar el arte con el código penal en la mano?</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Esteban Rodríguez Alzueta y Leandro de Martinelli*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“-¿Viste que buena la foto de Marcos López?” “-No, no es de López, es de Nora Lezano!” Este diálogo no existió, pero nos sirve para hacer las siguientes preguntas: ¿Qué relación hay entre la originalidad y la reproductibilidad técnica; entre el arte contemporáneo y la copia? ¿Acaso el mundo de la publicidad y las redes sociales no se han encargado de hacer estallar el copyright? ¿Se puede pensar el arte con el código penal en la mano? Las preguntas tampoco son originales, sino una copia de la copia, son las mismas preguntas con las que se midieron artistas de la talla como Andy Warhol.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El 4 de diciembre la reconocida fotógrafa Nora Lezano se comunicó con el Museo Provincial de Bellas Artes de San Juan para avisarles que iba a iniciar acciones legales si no le retiraban el premio a una artista plástica que había basado su pintura al óleo en una fotografía que Lezano hizo para una banda de rock. La pintora en cuestión es la sanjuanina Mariana Esquivel. Acababa de ganar un premio de 80.000 pesos -con fallo unánime- por su obra <em>Tiempos de confinamiento Covid-19</em>. ¿Qué tiene que ver una foto promocional de una banda con una escena sobre el confinamiento? Que una imagen copiaba a la otra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace rato que la originalidad ha estado puesta bajo la lupa del código penal. Sobran los ejemplos. Lo hizo María Kodama con Pablo Katchadjian y ahora Lezano con Mariana Esquivel. Pero esta vez las amenazas no llegaron por telegrama del Correo Argentino sino a través de la prensa nacional. Es lo que dijo Lezano en el diario La Nación: le hizo saber a la pintora que estaba en sus planes presentar una demanda en los tribunales. Pero las amenazas no quedaron en una extorsión judicial. Los conflictos ya no se tramitan judicialmente sino a través de ceremonias de degradación moral que buscan difamar al otro, mancharlo, marcarlo, expulsarlo. La difamación se organiza y trama a través del escrache. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En efecto, en paralelo a la amenaza judicial -que implicaba no solo al Museo, sino también al jurado del concurso y a la pintora-, la fotógrafa optó por publicar en sus redes una denuncia de plagio en tono sarcástico que invitaba a buscar “las 7 diferencias” entre la fotografía publicada en el librito de un CD y una pintura al óleo de 90&#215;120 cm. Este posteo mordaz lanzado a sus 40.000 seguidores de Instagram encontró, los primeros dos días, un montón de adhesiones. Gente indignada que escribía mensajes que iban desde la solidaridad al desborde verbal en defensa de los “derechos vulnerados” de Lezano. De eso se trata el autobombo de Instagram: reclutar likes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las consecuencias fueron inmediatas. La pintora renunció al premio y el Museo aceptó la renuncia sin chistar. Estamos hablando de Lezano y sus 40 mil seguidores, muchos de ellos más famosos que la propia Lezano. Es difícil pensar problemas bajo amenaza judicial y una lluvia de piedras virtuales. No hubo tiempo para reponer los debates de estos últimos cien años de artes visuales. Había que salir rápido del entuerto. Y eso hicieron en San Juan.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo la corriente de opinión fue virando. Al tercer día, otros integrantes del mundo de las artes intervinieron en la conversación pública para dar sus pareceres, mostrando matices y disidencias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al cuarto día la taba se dio vuelta, el escrache quedó desfondado y entre debates sesudos sobre artes visuales y acusaciones de vigilancia policial, Lezano entendió que mejor borraba las huellas de su movimiento punitivista. Si total, para ese momento, la venganza estaba consumada: le habían retirado el premio a la artista y muchos portales de noticias nacionales daban por seguro que se trataba de un “plagio” sin derecho a réplica, un periodismo a las apuradas que nunca le dio voz a la pintora. Decime cuan famosa eres y te diré si te damos la palabra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Resulta un lugar común imaginar a la ciudad de San Juan como un feudo conservador, donde para algunos el arte legítimo debe ser el ecuestre o el paisajismo. A partir de este escándalo podemos asegurar que un sector del arte sanjuanino no defrauda nuestros prejuicios: artistas de los más variados, algunos de larga trayectoria, se sumaron al coro de Lezano. ¿Se perdieron 100 años de debate sobre artes visuales? ¿Se arrodillaron frente al porteñocentrismo? Ya había pasado algo similar con Mariana Esquivel cuando años atrás le encargaron un collage y alguien reclamó que una de las imágenes que integraban el collage era suya. ¡¡Un collage!! ¿Para esos artistas no existe la teoría del collage? Así que ahora Esquivel pasea por un pueblo fantasma que cree poder decir que ella ha plagiado. Todo ese conjunto de acciones solo ayudan a reproducir y perpetuar las desigualdades en el campo del arte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A favor de Lezano hay que decir que publicó en su Instagram una tibia disculpa, donde habla en nombre de quienes la conocen para decir cosas buenas de sí misma.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.diariodecuyo.com.ar/export/sites/diariodecuyo/img/2020/12/05/lezano.jpg_1258410054.jpg" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Fotografía de Nora Lezano, que pertenece al álbum discográfico de la banda Mi amigo invencible. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aquellos que salen a gritar “plagio” lo hacen con el argumento de que “está a la vista”, pero hace unos 102 años, cuando Kazimir Malevich publicó su <em>Cuadrado blanco sobre fondo blanco</em>, las artes visuales dejaron de ser solamente “lo que está a la vista”. Aquel que no esté interesado en debatir sobre arte sino sobre el plagio como categoría judicial, deberá enterarse de que al plagio hay que probarlo. YouTube está lleno de gente con mucho tiempo libre que se la pasa comparando canciones para sancionarlas como “plagio” y años después se enteran de que la justicia falla distinto. La última novedad es de octubre de 2020 cuando la justicia determinó que Led Zeppelin no había copiado el riff de <em>Stairways to heaven</em>. Por supuesto, YouTubesigue lleno de gente que dice otra cosa, y ya es fácil imaginar qué cosas dirán de Led Zeppelin estos sanjuaninos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al que le interese, antes que demostrar el plagio hay que demostrar que hay una obra de arte, y la caracterización de “obra de arte” se basa en la originalidad y el significado particular. En el caso de esta foto, es más fácil demostrar que podría ser de Marcos López (costumbrismo nacional, múltiples ejes, composición renacentista; le falta una botella de lavandina y es todo un Marcos López) que una de Nora Lezano. Y el significado de esa foto hecha para la prensa varía cuando se le cambia la técnica, la escala, el soporte y se la saca del circuito musical para ponerla a circular en el régimen de las artes visuales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No está de más agregar que fue la misma pintora quien envió una foto de su obra al Instagram de la banda &#8211;<em>Mi amigo invencible</em>-, que luego de acusarla de plagio se la pasó a Lezano. ¿Qué clase de plagiario le envía el plagio a la fuente? Por eso, el plagio hay que demostrarlo, como a cualquier otro delito. Pero el punitivismo es tan sabroso, produce tanto goce escrachar al otro, es tan útil para mostrar la propia altura moral, que acá, desde los integrantes de <em>Mi Amigo Invencible</em> a Nora Lezano, pasando por toda la troupe de aliados, sintieron la oportunidad de mostrar de qué buena madera están hechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El código penal siempre ha sido un aliado de muchos artistas, sobre todo de aquellos que están preocupados en resguardar su estatus. Un artista parado detrás del copyright es un conservador que siente amenazado el prestigio acumulado, sobre todo cuando hay plata de por medio. Otras veces, el escándalo es la oportunidad para subirse otra vez a la tapa de los diarios. Cuando el artista empieza a copiarse a sí mismo, los escándalos suelen agregarle la adrenalina que ya no corre por sus obras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por su puesto que el escándalo también es una manera de revalorizar la propia obra, de volver a cotizar en la bolsa de San Telmo, de levantarle el precio a las obras. Porque lo que hay que agregar esta vez es que el problema no fue tanto la pintura sino el premio, es decir, el dinero. Una palabra maldita, no dicha en la polémica, pero que está como telón de fondo. Acá hay mucha tela para pensar, pero no es ahora el momento. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La victimización como prolongación del arte. Me pongo en víctima luego soy. Si no hay justicia hay escrache. Esa fue la consigna de HIJOS para interpelar al Estado. Veinte años después, está en boca de todos los que hicieron de la víctima -del dispositivo víctima- una plataforma para subirse a los noticieros y ganar la atención. El escrache se ha convertido en un repertorio de acción para tramitar unilateralmente malentendidos o conflictos de distinto calibre. Lo usaron los veganos para manifestarse en contra de las carnicerías o mataderos, los protectores de animales para señalar a los cazadores furtivos, los vecinos alertas para correr a los gitanos del barrio o a los pillos, los trabajadores para sacarse de encima algún compañero, y algunos sectores del movimiento de mujeres para excluir a las personas que identificaron como violentas. Y, como no podía ser de otra manera, también algunos artistas para tramitar sus reproches. Artistas que se mueven como patrullas morales, juzgando la obra del otro que no pagó derecho de piso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para terminar, celebremos la copia. El aprendizaje se lleva a cabo copiando. Cuanto más venerado el original mejor tiene que ser la copia. Dice Byung-Chul Han: “La copia también funciona como una señal de respeto para con el maestro. La gente estudia, elogia y venera una obra copiándola. La copia es una alabanza  (…) La copia de Manet del cuadro de Gauguin parece una declaración de amor. Las imitaciones de Van Gogh de las estampas japonesas de Hiroshige expresan admiración. Es sabido que Cézanne iba a menudo al Louvre para copiar a los maestros antiguos. Ya Delacroix lamentaba que se abandonara el ejercicio de la copia como fuente esencial e inagotable de conocimiento. El culto a la originalidad deja en un segundo plano esta práctica esencial para el proceso creativo. En realidad, la creación no es un acontecimiento repentino, sino un proceso dilatado, que exige un diálogo intenso con lo que ya ha sido para extraer algo de ello.”</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 11 de diciembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Esteban Rodríguez Alzueta es Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de <em>Vecinocracia: olfato social y linchamientos</em> y <em>Yuta: el verdugueo policial desde la perspectiva juvenil.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Leandro de Martinelli es Comunicador social y editor de Firpo Casa Editora</span></p>
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		<title>La imbecilidad y el racismo de La Nación &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Jan 2021 18:55:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[Conurbano africanizado]]></category>
		<category><![CDATA[esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[La Nación]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Sirvén]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La imbecilidad es una marca registrada de los editorialistas del diario La Nación, en el sentido de la imposibilidad de pensar fuera de sus cánones y de ponerse en el lugar del otro, sostiene Esteban Rodríguez Alzueta; prueba de ello es la nota escrita por Pablo Sirvén del domingo 17 de enero de 2021, sonde el autor dice: “Una vez más, este año la madre de todas las batallas será la provincia de Buenos Aires, ese territorio inviable en cuyo africanizado conurbano se deciden electoralmente los destinos de la patria.”</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La imbecilidad es una marca registrada de los editorialistas del diario La Nación, en el sentido de la imposibilidad de pensar fuera de sus cánones y de ponerse en el lugar del otro, sostiene Esteban Rodríguez Alzueta; prueba de ello es la nota escrita por Pablo Sirvén del domingo 17 de enero de 2021, donde el autor dice: “Una vez más, este año la madre de todas las batallas será la provincia de Buenos Aires, ese territorio inviable en cuyo africanizado conurbano se deciden electoralmente los destinos de la patria.” </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Por</em> <strong>Esteban Rodríguez Alzueta</strong>*</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dios los cría y <em>La Nación</em> los recluta. La imbecilidad es una marca registrada de los editorialistas del diario <em>La Nación</em>. No es nuestra intención ofenderlos, solo queremos describir uno de los gestos tilingos que saben disimular apelando a los buenos modales. Los conservadores tienen su propio canon para ejercer el correccionismo. Imaginamos que estamos hablando de “gente como uno”, buenos padres de familia y además personas muy inteligentes. Pero tienen un problemita: no saben pensar, es decir, no pueden ponerse en el lugar del otro. Acostumbrados a mirar el mundo desde su burbuja se dedican a practicar tiro al blanco o, mejor dicho, tiro al negro. Todos aquellos que se corren de sus expectativas, que no comulgan sus ideas, sus valores, merece ser degradado, apuntado, gaseado, gatillado, linchado, ajusticiado. <em>La Nación</em> es un diario que celebra la violencia vecinal y policial. Un diario que se dedica a echar leña al fuego, a enloquecer a sus lectores. No sólo pone las cosas en lugares donde no se encuentra, sino que sus pánicas editoriales, buscan interpelar la idiotez de su hinchada. <em>La Nación</em> escribe editoriales que estén a la altura de los fantasmas que asedian a los lectores. Los programa y sincroniza. Por supuesto que <em>La Nación</em> no está sola en esta empresa. Pero <em>La Nación</em> se arroga la batuta. <em>La Nación</em> es la reserva moral del fascismo disimulado con palabras que usan sin comprender. Por ejemplo, la república.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Prueba de ello es la nota escrita por Pablo Sirvén del domingo 17 de enero de 2021. Dice Sirvén: “Una vez más, este año la madre de todas las batallas será la provincia de Buenos Aires, ese territorio inviable en cuyo africanizado conurbano se deciden electoralmente los destinos de la patria.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una párrafo repleto de clises. Los clises son la lengua franca de los idiotas morales. No lo digo yo sino Hannah Arendt: Palabras aladas pero sin vuelo, escritas sin vocación para comprender nada. Palabras fuera de contexto, sin historia pero llenas de lugares comunes donde suele ir a pastar el resto de los idiotas que interpela. Sirvén se autopostula como defensor de la patria. Una patria que imagina en estado de guerra, una patria que postula en la vereda de enfrente del conurbano, de la negrada. Un conurbano animalizado, racializado, que merece ser batallado o eliminado del mapa. La inviabilidad del conurbano no sólo nos habla de la falta de imaginación política y la pereza teórica sino del racismo que comulgan más o menos secretamente. <em>La Nación</em> es un diario no solamente clasista sino racista. Sus trabajadores deberían empezar a tomar nota que están arriba de un tanque de guerra que dispara frases que tienen la misma capacidad de herir que una bala. Con el odio que destilan llegan los linchamientos, la justicia por mano propia, los casos de gatillo fácil. El odio alimenta el resentimiento de la vecinocracia, esos sectores de la sociedad que hicieron de la afinidad una forma de vida, de hacer política o, mejor dicho, de continuar la política por otros medios. Todo lo que no sea blanco, no tenga clase, merece ser desconfiado y descalificado. <em>La Nación</em> empuja todos los días al país hacia la guerra civil. Son militantes de la violencia, una violencia avivada hasta que escala hacia los extremos. Saben que los muertos siempre los ponen los negros, saben que ellos viven fortificados, rodeados de seguridad privada, de prejuicios que los blindan y mantienen a varios metros de la realidad, de la violencia que saben agitar. Pablo Sirvén es otro “asesino de escritorio”, escribe sin darse cuenta porque la imbecilidad se ha naturalizado en su entorno. Una imbecilidad festejada en patota. Sirvén pega duro porque sabe que sus palabras serán acompañadas con otros golpes bajos propalados por Leuco, Lanata, Feinmann, Echecopar, Canosa, Majul y tantos otres. Gente que habla con espuma en la boca, que escupe cuando habla y se ríen también, porque saben o desean que la historia les dará otros cuatro años para ejercer la revancha. Una revancha que imaginan, esta vez, tendrá que ser otra vez más implacable, certera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Conviene no subestimar estas frases hechas. La idiotez o estupidez envenena de a poco, infecta la política, implosiona los debates. Son gente que no tienen vocación de debatir entre todos y todas cómo queremos vivir juntos. Hace rato que le bajaron la persiana a la democracia. Para ellos es una idea perimida y militan todos los días hasta encontrar otro títere que le baje el pulgar. Una persona estúpida es una persona que renegó de la política. La pérdida de la capacidad para dialogar coincide con la pérdida de la capacidad de acción política. Donde no hay política hay violencia, es decir, donde no se puede dialogar, cuando se cierran los diálogos se abre la puerta a la violencia. La política descansa en los diálogos interminables, diálogos o debates que son desautorizados o ninguneados por los estúpidos o seres banales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No tenemos dudas que Sirvén es una persona inteligente pero irreflexiva, muy superficial, que tiene este gran problemita: no sabe pensar y tampoco es juiciosa. Las personas que no pueden ponerse en el lugar del otro no sólo se vuelven indolentes (no pueden sentir al otro). No entienden que hay otros actores que tienen otros puntos de vista, con otras percepciones, otros problemas. Son incapaces de ver las cosas desde un punto de vista distinto al propio y por eso se refugian en el sentimentalismo y la indignación. Pero además, si no hay pensamiento tampoco hay juicio, son personas prejuiciosas, entrenadas para odiar, que invierten mucho tiempo en el odio. Están rodeadas de prejuicios y confunden la ideología con la realidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Termino y lo hago con Kant. Arendt, haciéndose eco de Kant, quién llamó a la ausencia de juicio, estupidez, se vale de este concepto para comprender la banalidad del mal: “La estupidez en el sentido kantiano se ha convertido en la enfermedad de todas las personas (…). La estupidez se ha convertido en algo tan habitual como antes lo era el sentido común, y eso significa no que sea un síntoma de la sociedad de masas o que las personas ‘inteligentes’ estén a salvo de ella. La única diferencia es que la estupidez sigue siendo felizmente ignorada por los intelectuales y es, en cambio, intolerablemente ofensiva entre personas ‘inteligentes’. Dentro de la <em>intelligensia</em>, puede incluso decirse que, cuanto más inteligente resulta ser un individuo, más irritante es la estupidez que tienen en común con todos.”</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 17 de enero de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de <em>Vecinocracia: olfato social y linchamientos,</em> <em>Yuta: el verdugueo policial desde la perspectiva juvenil </em>y <em>Prudencialismo: el gobierno de la prevención. </em></span></p>
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		<title>La palabra perro muerde: Cultura de la cancelación, correccionismo y comisariados morales &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta y Leandro de Martinelli</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Jan 2021 18:44:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[censura]]></category>
		<category><![CDATA[comisarios morales]]></category>
		<category><![CDATA[correccionismo político]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura de la cancelación]]></category>
		<category><![CDATA[esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los autores de este artículo sostienen que la cultura de la cancelación se organiza en función de cánones morales políticamente correctos. Cada uno de esos gestos cancelatorios son cristalizaciones apologéticas de lo “políticamente correcto” que constituye una forma sutil de ejercer la censura y evitar las querellas. Afirman que esa censura está basada en el correccionismo que es, también, una manera de balizar los debates ajustándolos a patrones morales que erosionan o debilitan los intercambios. La cultura de la cancelación, entonces, está hecha de exclusiones. Es una manera de anular al otro, descalificarlo hasta la neutralización, y deportarlo si es necesario. Las cancelaciones no están hechas de derecho de réplica. Una persona cancelada es una persona proscripta hasta que el olvido, si tiene suerte, haga su trabajo paciente o vengan otros vientos.  </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Los autores de este artículo sostienen que la cultura de la cancelación se organiza en función de cánones morales políticamente correctos. Cada uno de esos gestos cancelatorios son cristalizaciones apologéticas de lo “políticamente correcto” que constituye una forma sutil de ejercer la censura y evitar las querellas. Afirman que esa censura está basada en el correccionismo que es, también, una manera de balizar los debates ajustándolos a patrones morales que erosionan o debilitan los intercambios. La cultura de la cancelación, entonces, está hecha de exclusiones. Es una manera de anular al otro, descalificarlo hasta la neutralización, y deportarlo si es necesario. Las cancelaciones no están hechas de derecho de réplica. Una persona cancelada es una persona proscripta hasta que el olvido, si tiene suerte, haga su trabajo paciente o vengan otros vientos.  </strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Esteban Rodríguez Alzueta* y Leandro de Martinelli**</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1.  Clausuras</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mucha gente no entiende lo que es una discusión, quiere siempre la verdad, busca coincidir, que le digamos lo que sabe de antemano. Por eso, cuando no le decimos lo que quiere escuchar y frustramos sus expectativas, se enoja y agrede. Se enoja y escribe rápido un posteo anónimo lleno de insultos que subirá a los comentarios de los lectores o a veces en su propio muro. Se sabe, las redes sociales se disponen también para ejercer la puntería y el escrache. Y cuando eso hacen, no se dan cuenta que están clausurando los debates, que vuelven a bajarle la persiana, arrojando agua, mucha agua sucia, a la arena pública hasta que el suelo donde estábamos queriendo hacer pie se vuelve fangoso y todos empezamos a resbalar y ensuciar lo que tocamos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En segundo lugar, otra forma de cancelar la cultura es a través del archivo. El archivo te condena. Después de tanta TVR, tanto 678, tantos años entrenados frente al televisor, nos acostumbramos a mirar las cosas desde el archivo. No hay política sin archivo y tampoco hay periodismo. El archivo nos hace reír o nos indigna. Hay una tendencia a mirar el presente desde el pasado, a buscar en el Twitter o el posteo de Facebook que escribimos hace 10 años atrás, una clave para saldar las discusiones y clausurar el presente. Porque el pasado mirado desde el archivo es un pasado moralizado. Se trata de un modo de conocimiento tributario de las policías. Hacemos del archivo un prontuario que nos permita enfocar y deconstruir a una persona. En efecto, los usuarios de las redes se la pasan haciendo ciberpatrullaje, espiando a las personas a través de sus fotos, posteos y amistades. Tienen otras palabras para disimular esa conducta voyeurista y parapolicial: por ejemplo dicen que están stalkeando a una persona. Una gimnasia que encuentra en la cultura de la vigilancia y la delación un punto de apoyo para explayarse y ejercerse naturalizadamente, sin escandalizar a su entorno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estas formas de conocimiento, bastante ingenuas por cierto, olvidan otras dos cosas. Primero, pierden de vista que gran parte de lo que se escribe en las redes es literatura, muchas veces de la peor. Pero este es otro tema. Las opiniones son contingentes, solemos volcarlas al espacio público tomando una serie de riesgos porque nunca sabemos si estamos convencidos con lo que acabamos de decir. Pensamos en voz alta con el otro, al fragor de discusiones muchas veces apasionadas. Las opiniones que manifestamos son una manera de averiguar lo que pensamos y sentimos, una forma de ir componiendo nuestro punto de vista que no será inamovible. Segundo, presuponen que las personas son siempre las mismas personas, confundiendo de paso las opiniones con su identidad. Dime lo que dijiste y te diré quién eres. Se sospecha que las personas tienen que ser coherentes, y la verdad es que somos itinerantes, vamos mudando las opiniones, criterios y devociones. A veces porque las opiniones se nutren de una experiencia más compleja, otras porque las personas se van cerrando y tienden a simplificar sus puntos de vista hasta la banalidad. Las personas van corriéndose de lugar, algunas más rápido que otras, se desplazan en zigzag y, a veces, esas oscilaciones suelen ser más pronunciadas o evidentes que otras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Les pasó hace unos meses a los jugadores de Los Pumas. Más allá de que estemos o no de acuerdo con las opiniones que vertieron los rugbiers hace ocho años, alguien decidió ir hacia atrás en busca de palabras que pudieran dejarlos en orsai y condenarlos moral y socialmente, sacarlos de la cancha y cancelarlos culturalmente. Pero lo que les pasó a estos jugadores no fue un caso aislado. Sucede todo el tiempo en la política, pero también en nuestra vida anónima, en el mundo de la música, las artes visuales, la literatura, la universidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En noviembre de 2017 el empresario Daniel Grinbank publicó un tuit donde se jactaba de declinar la oferta que le realizara a Morrissey para un recital en Argentina. ¿Los motivos? Las declaraciones que el cantante y compositor hizo acerca de las denuncias de pedofilia contra el actor Kevin Spacey. Morrissey había lanzado algunas preguntas contra los denunciantes. “No nos interesa producir este tipo de artistas con estos valores”, sentenció Grinbank. Por supuesto, muchos mordieron el anzuelo sin acusar recibo que se trataba de un empresario. Es más fácil pensar que no le interesaba el negocio y que, además, quería dinamitarlo para cualquier otro empresario que se atreviera a traerlo. Para la moral de Grinbank producir a Morrissey era lo mismo que  avalar sus dichos. Correccinonismo mata billetera. Grinbank sabe que se puede ganar algo allí donde no hay nada para ganar y de paso levantar su reputación moral. El debate en las redes no se hizo esperar. Ese año, recordemos, fue cuando el punitivismo desembarcó con toda su fuerza en el mundo académico. Hubo juicios sumarios y linchamientos simbólicos en los pasillos de las facultades y colegios secundarios más prestigiosos del país. Y muchas  agrupaciones estudiantiles abrazaron las herramientas de la derecha como si el contrato social no existiera. El derecho a legítima defensa y la presunción de inocencia quedaron sepultados por la agenda internacional que le marcaba el camino a la política universitaria y al empresariado nacional. Morrissey estaba cancelado, había quedado cancelado literal y metafóricamente hablando. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La mecha se encendió otra vez en las redes sociales con Cacho Castaña. De Morrissey a Castaña hay dos segundos; ni el DJ más aturdido hubiera hecho semejante mezcla para que resonara en loop. Un periodista alarmado contra los que defendían a Castaña se preguntaba “¿cuántas muertes vale una canción?” Es la teoría del dominó aplicada a la cultura: se empieza con una canción, tarareando una canción, y se termina festejando la violencia o ejerciéndola por mano propia. La teoría parece refinada: no hace falta cancelar artistas sino algunas canciones que incitaban a la violencia. Ya sabemos que Marilyn Manson fue el culpable de la Masacre de Columbine, así que también se podía pensar que Cacho Castaña, o muchas cumbias y todo el reggaetón, bien podrían ser los partícipes necesarios de unos cuantos actos de violencia de género. Los canceladores no necesitan más pruebas que el testimonio de la víctima. La víctima siempre tiene razón y, además, mucha pasión. La víctima no tiene la verdad, está en la verdad. De pronto todo ese sector de la clase media ilustrada encontró una solución rápida a problemas centenarios: censurar artistas y renegar del debido proceso. Puritanismo y sociología falopa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Les sucedió también a unas cuantas bandas indie en Argentina que fueron apuntadas como impostoras, detrás de su cancionero había mucha violencia disimulada. De hecho hace poco nos enteramos también que una vieja canción de Lou Reed, Walk on the wild side, hoy escrachado por machirulo, había sido censurada post morten en una fiesta universitaria en Ohio. O a Ariel Pink que por participar de una marcha pro Trump el sello discográfico canceló su contrato mientras era escrachado en las redes sociales por sus despechados seguidores. </span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.infobae.com/new-resizer/VKwvQjxCwbmseImEgj2fqEciWNY=/1200x628/filters:format(jpg):quality(85)//cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/ASYOENHFQ5GXJKJUQSYNZNUO2I.jpg" alt="Cultura de la cancelación: ¿pueden los sheriff culturales afectar a la producción artística? - Infobae" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2. Comisariados</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mucha militancia se subió entusiasta al punitivismo sin darse cuenta que estaba reproduciendo prácticas que maduraron en la vereda de enfrente. La micropolítica hoy día se organiza en función de las afinidades: todos leen más o menos los mismos libros, escuchan más o menos las mismas bandas, van a los mismos lugares, las mismas librerías, las mismas fiestas, las mismas marchas y, por su puesto, tienen que tener los mismos valores, las mismas opiniones, las mismas estéticas, el mismo corte de pelo, y deben indignarlos las mismas cosas. Y el que se corra del circuito será amonestado, cancelado, expulsado. El que no está de acuerdo se va o lo expulsamos nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El nombre de esta solución tampoco tardó en llegar: cancel culture. Es un nombre importado que quiere presentar como novedoso algo viejo. Como cuando le dicen “colchón de hojas verdes” a una ensalada de lechuga. Que las puebladas y linchamientos se hagan por otros medios no quiere decir que sean otra cosa. Que a veces sean a golpe de billetera, o con Netflix como animal espiritual, tampoco cambia mucho. El mercado encontró una dirección nueva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es casual, entonces, que la difamación haya proliferado en los cenáculos universitarios y en el mundillo de las militancias de izquierda y progresistas. Cuando no se sabe cómo hacer política se hará justicia. Cuando las agrupaciones son impotentes en la política, encuentran en la justicia difamatoria una manera de llenar el tiempo, de completar su grilla de reuniones, de reemplazar la disputa electoral con la clausura cultural. A lo mejor no podrán ganar una elección pero se llevarán puesto a unos cuantos compañeres; saldrán a cazar al diferente, sea la persona que acosa a las compañeras, al profesor que armó una bibliografía sin cupo femenino, al machirulo, al que no usa lenguaje inclusivo, al facho. Una justicia banal, que borra las escalas, que está hecha, por otro lado, de la misma superioridad moral que siempre se arrogó. Porque de la misma manera que antes fue clasista y luego pobrerista, ahora es feminista. Hablamos de un purismo del yo militante: yo soy humanamente superior asique no necesito revisarme. Hablamos de militantes enclaustrados en un frasquito de formol, preservados de cualquier contaminación. Patrullas morales que se dedican a levantar la banderita de posición adelantada a todos aquellos que se corran de la línea correcta, del correccionismo moral de turno. Una militancia armonizada que confundió la indignación con el compromiso; una militancia iracunda que se dedica a hacer justicia por boca propia. Por supuesto que estamos generalizando pero solo lo hacemos para ser gráficos, de modo que antes que nos salten a la yugular y nos cancelen les decimos: al que no le calce el sayo que no se lo ponga. De más está decir que las militancias de izquierda no son un bloque unidimensional y mucho menos el movimiento de derechos humanos o el movimiento feminista. Las militancias son complejas y contradictorias, pero a veces esas apuestas simplistas y sensacionalistas, tributarias de televisión, son las que más prensa ganan, las que más chances tienen de viralizarse por las redes sociales, de cuestionar y extorsionar nuestras amistades. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hablamos de la imposibilidad de construir un escenario común. Al otro se lo anula. Esto es a matar o morir, simbólicamente hablando, claro está. No importan sus explicaciones, siempre serán entendidas como meras excusas, justificaciones fuera del tiempo. Nosotros sabemos quién es el otro, sabemos cómo piensa y sabemos lo que siente y qué tiene que decir y, sobre todo, cómo decirlo. Sabemos que el otro no es la patria, la patria es uno mismo y todes los que se parecen a uno. “La patria es el otro” funciona como slogan progre hasta que el otro se cae de la cornisa de la moral bienpensante y tachamos la letra “t” para que sea simplemente un paria. Acá lo importante es lanzar la frase más contundente para que la hinchada grite a favor y reclutar likes por todas las redes sociales. Y, en última instancia, interpelar al cardumen o la muta de zaca para que salga a picotear al otro, al paria.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://484714.smushcdn.com/974887/wp-content/uploads/2020/09/censura-pensador.jpg?lossy=1&amp;strip=1&amp;webp=1" alt="Las ¿nuevas? formas de censura: la cultura de la cancelación : Ethic" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3. Correccionismos</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La cultura de la cancelación se organiza en función de cánones morales políticamente correctos. Cada uno de esos gestos cancelatorios son cristalizaciones apologéticas de lo “políticamente correcto” que, dicho sea de paso, constituye una forma sutil de ejercer la censura y evitar las querellas. Somos partidarios de que los debates en democracia tienen que ser abiertos, desinhibidos y vigorosos. Y no se nos escapa que a veces pueden volverse demasiados desinhibidos y demasiados vigorosos. Pero el correccionismo es también una manera de balizar los debates ajustándolos a patrones morales que erosionan o debilitan los intercambios. Se cree que el correccionismo es una manera de poner en caja al discurso del odio, pero lo único que se logra con ello, es continuar restringiendo el debate por otros medios, otra forma de cultivar la censura, de ejercer una presión para que nos adecuemos a determinados valores, creencias, o modos de pensar y actuar. Y el que se corra de la línea correcta corre riesgos de ser boicoteado, cancelado, excluido. Por su puesto que el odio es una forma de practicar la censura previa y con ello no estamos equiparando las experiencias, pero a juzgar por sus efectos tienden a ser experiencias parecidas: ambas buscan dejarte afuera, sacarte del juego, ponerte una mordaza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es fácil escribir en una época neopuritana como la que estamos viviendo hoy día, cuando la palabra perro muerde, cuando la literatura o la música se confunden con el periodismo y el periodismo debe practicarse según el correccionismo de turno. Porque hay que agregar que en la era de las correcciones las personas no pueden tener deseos oscuros ni abyectos, pero tampoco opiniones que se aparten del canon de la tribu por donde suelen moverse. El correccionismo ha puesto a la literatura, la música, las artes plásticas, las clases y a la política en general contra la pared. El correccionismo es una manera de policializar la vida cotidiana, de vigilar la conversación y las aulas, de implosionar las amistades, de reglamentar aún más los espacios de trabajo. Estamos cada vez más sitiados por comisarios morales que hicieron del arte o la militancia una cruzada moral.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La cultura de la cancelación, entonces, está hecha de exclusiones. Es una manera de anular al otro, descalificarlo hasta la neutralización, y deportarlo si en necesario. Las cancelaciones no están hechas de derecho de réplica. Las correlaciones de fuerza organizan las cancelaciones. Se lo cancela porque la corriente de opinión es tan fuerte que resulta imposible hacerle frente, contradecirles. Los influencer o periodistas estrellas reclutan adhesiones y se lanzan en manada a la caza del otro. La cancelación llega con el cardumen y forman mutas de acoso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora bien, como dijo hace poco Ileana Arduino: “No toda reacción crítica es cancelar. Dejemos de uniformar experiencias y situaciones. Cancelar es exactamente lo contrario a discutir una posición política, cancelar es impedirle a otrx hablar, reducirlx a una dimensión, expulsar y negar toda posibilidad de interacción con todxs. Discutir es lo contrario a cancelar.” La cancelación está hecha sustracciones y rupturas. Es una manera de evitar la discusión, de romper los vínculos y componer unanimatos, de certificar identidades cerradas: El que saque los pies del plato se los cortamos. Y la carnicería moral se hará en nombre de la libertad de expresión sin darse cuenta que están ejerciendo la censura. Porque una persona cancelada y, por añadidura, estigmatizada por lo que sea, será una persona que no existe más. No solo fue restringida o anulada de las redes sociales y denunciada a las autoridades del mercado, sino que quedará en el ostracismo. No existe más en las redes, en los diarios, en los bares, en los centros culturales, te cancelan. Se transforma en una persona non grata que tendrá prohibido el derecho de acceso so pena de ser escrachada a viva voz. Una persona cancelada es una persona ninguneada, tachada, proscripta hasta que el olvido, si tiene suerte, haga su trabajo paciente o vengan otros vientos.  </span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 30 de enero de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de Vecinocracia: olfato social y linchamientos, Yuta: el verdugueo policial desde la perspectiva juvenil y Prudencialismo: el gobierno de la prevención.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">**Editor de FIRPO CASA EDITORA, autor de Plagar.</span></p>
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