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	<title>Bruno Carpinetti archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Bruno Carpinetti archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Irán: la poesía como patria &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Mar 2026 12:44:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bruno Carpinetti viajó a Irán en dos oportunidades: en 2023 y en 2025, luego de la guerra de los doce días. En esta crónica de sus viajes Carpinetti sostiene que el haber viajado a Irán no le brindó respuestas definitivas sobre su sistema político, sino algo más valioso: el conocimiento de que Irán no es un eslogan ni un expediente estratégico. Es una civilización milenaria que honra a sus poetas, una sociedad educada, orgullosa, hospitalaria, y un Estado con instituciones complejas que no se ajustan a simplificaciones externas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ccfef8c58233af29b028f7ce14dedcb6 wp-block-paragraph"><strong><em>Bruno Carpinetti viajó a Irán en dos oportunidades: en 2023 y en 2025, luego de la guerra de los doce días. En esta crónica de sus viajes Carpinetti sostiene que el haber viajado a Irán no le brindó respuestas definitivas sobre su sistema político, sino algo más valioso: el conocimiento de que Irán no es un eslogan ni un expediente estratégico. Es una civilización milenaria que honra a sus poetas, una sociedad educada, orgullosa, hospitalaria, y un Estado con instituciones complejas que no se ajustan a simplificaciones externas.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc0a880bb4a438b020997e6c3afdbac wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-36bb96341fe3af8649cf41a039c48ee2 wp-block-paragraph">Viajé a Irán por primera vez en enero y febrero de 2023. Volví en octubre de 2025, pocas semanas después de la llamada “guerra de los 12 días”. Ese fue mi último viaje. Lo que ocurrió después —el terremoto geopolítico de febrero de 2026— lo viví a la distancia, siguiendo minuto a minuto las noticias internacionales, con los rostros de amigos iraníes atravesándome la memoria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1d9e33eb782348c7d86200aa25b1ed7 wp-block-paragraph">Entre esos viajes no solo cambió el clima político internacional: cambió mi propia mirada. Irán dejó de ser un territorio lejano atravesado por titulares para convertirse en una experiencia íntima, humana, profundamente transformadora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ed8818cbb3c344d7d6d994bf491931c0 wp-block-paragraph">Yo esperaba encontrar un país tenso, cerrado, gris. Encontré exactamente lo contrario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-601ff0d5598423598ba659d2dbdbad32 wp-block-paragraph"><strong><em>La cuna de la civilización</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1b1e1b8e1f4654a84446c0201fd92b39 wp-block-paragraph">Irán no es solo un Estado contemporáneo: es la continuidad de una de las civilizaciones más antiguas del planeta. Cuando uno camina por las ruinas de Persépolis entiende que el tiempo puede tener otra escala. Allí, bajo el sol de Fars, la piedra todavía habla el idioma del Imperio aqueménida, aquel que bajo Ciro el Grande y Darío I gobernó desde el Indo hasta el Mediterráneo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a7437a847788dbe4e5583f589a01c639 wp-block-paragraph">La islamización del país, a partir del siglo VII, no borró su pasado persa: lo reconfiguró. El Irán contemporáneo es una síntesis entre la herencia imperial y el islam chiita que estructura su vida política y espiritual. Esa dualidad —Persia e Islam— no es contradicción: es continuidad histórica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4c2442feb292257d60050f5e8181e7a4 wp-block-paragraph"><strong><em>El país real y el país imaginado</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e2de84ea25102d163c0f1c8d46f6239a wp-block-paragraph">Occidente ha construido sobre Irán una caricatura persistente: fanatismo homogéneo, atraso estructural, uniformidad opresiva, un país detenido en una postal ideológica. Esa imagen funciona bien en los titulares, pero se desarma en cuanto uno pisa el terreno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-15ed3f9e75784972dd5055b3792269d6 wp-block-paragraph">Yo encontré autopistas modernas atravesando cordones montañosos, estaciones de metro impecables en Teherán, trenes puntuales conectando ciudades históricas, parques urbanos cuidados y una infraestructura que —sin exagerar— supera en varios aspectos a la de muchos países europeos que solemos considerar “centrales”. Vi universidades con laboratorios equipados, jóvenes discutiendo proyectos tecnológicos, cafés llenos de estudiantes trabajando con laptops hasta entrada la noche.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d95fdf4ee71db910ff8e715836a81d6a wp-block-paragraph">Pero lo que realmente me desarmó no fue el hormigón ni el acero. Fue la cultura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e3a2f4b9364f79181177d8e4b6cd3505 wp-block-paragraph">En Shiraz, en la tumba de Hafez, vi familias enteras leyendo poesía como quien consulta una brújula moral. No era una ceremonia oficial ni un acto turístico: era una práctica íntima y popular. Jóvenes que abrían el Diván al azar para “preguntarle” al poeta sobre una decisión amorosa o laboral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-601d7eed3cd17947a243b902b5f934d1 wp-block-paragraph">Vendedores y taxistas recitan poemas de memoria. No como rareza turística, sino como práctica cotidiana. Un chofer en Isfahán comenzó a declamar versos mientras atravesábamos un puente safávida al atardecer. Otro, en Teherán, intercalaba comentarios políticos con estrofas clásicas. La poesía no es patrimonio de especialistas: es lengua viva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eccadbe71138d874a8aae9767519ddca wp-block-paragraph">Más de una vez me pidieron que recitara algo argentino. Jorge Luis Borges o el <em>Martín Fierro</em> de José Hernández aparecieron en esas conversaciones improvisadas, como si la poesía fuera una diplomacia paralela, más eficaz que cualquier cancillería. En esos intercambios entendí que para muchos iraníes la cultura no es entretenimiento: es columna vertebral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fc4d1871d55c24d2bb4482744640bd7a wp-block-paragraph">Y siempre, invariablemente, la hospitalidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-225443679796a6bdf9d0cb713ac53df3 wp-block-paragraph">Una hospitalidad que no es cortesía superficial, sino apertura genuina. Invitaciones espontáneas a compartir té, comidas que se prolongan durante horas, conversaciones profundas con alguien que me conocía desde hacía veinte minutos pero me trataba como a un amigo antiguo. Esa disposición a recibir al extranjero —incluso cuando el extranjero proviene de países cuyos gobiernos los sancionan o los bombardean— habla de una distinción muy clara entre política y humanidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29fb3761ca3e2886ddc612b2fef0e97a wp-block-paragraph">El país imaginado es monocromo. El país real es complejo, educado, orgulloso de su herencia cultural y extraordinariamente cálido en el trato humano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0c281ffddec00e612db155e8748e23ab wp-block-paragraph">Entre la caricatura y la experiencia hay un abismo. Yo caminé ese abismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db5cacb62a7dd8822adc1a3a7e2fda7c wp-block-paragraph"><strong><em>La noche en Varzaneh</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17af2f45e3978df8899fd5301b4c5e15 wp-block-paragraph">Pero si tuviera que elegir una escena que sintetice mi experiencia iraní, elegiría una noche en el desierto de Varzaneh.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46a01ef49a2c83f0a450465b37d102c4 wp-block-paragraph">Estaba con Hamid, ingeniero mecánico. Trabaja en una fábrica de drones desarrollando sistemas de guiado. Es un profesional altamente capacitado, formado en universidades públicas iraníes. Ferviente musulmán. Y astrónomo aficionado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-485f7a55420469ab0141c4db74a737c2 wp-block-paragraph">Esa noche habíamos armado un campamento lejos de cualquier luz artificial. El cielo era un domo perfecto. Hamid señalaba constelaciones y explicaba sus nombres mitológicos, mezclando tradición persa, referencias islámicas y astronomía clásica. Hablaba de Orión, de Casiopea, de historias que yo había aprendido en clave grecorromana y que él reinterpretaba desde su propia tradición cultural.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f4e67e9ad83a7c50996b8a8e3ca8f41 wp-block-paragraph">En un momento, mientras el fuego se apagaba lentamente y el desierto quedaba en silencio, me dijo:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d4ec7344edb59dc6f9108315eddff6b8 wp-block-paragraph">—Ustedes los occidentales no nos entienden. Yo creo en nuestros mandatos religiosos, creo en el cielo y el infierno, y en todo lo que nos ordena el Corán. Pero lo que ustedes no entienden es la dimensión social del islam. Aunque todo eso no existiera y fueran solo supercherías, el islam ya hizo mi vida mejor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-603762744b763d2389af8346981eb5e2 wp-block-paragraph">No lo dijo como consigna política. Lo dijo como convicción íntima.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b8d487bbf5980cc62df6ffa0134534d8 wp-block-paragraph">Hamid no era un estereotipo. Era un ingeniero que diseña sistemas de precisión, un hombre que ama la ciencia, que estudia las estrellas, que cumple el Ramadán y que encuentra en su fe una arquitectura moral y comunitaria. Para él, el islam no era solo metafísica: era red social, solidaridad, estructura ética, pertenencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e277e0f318ddb8828de08def181cab80 wp-block-paragraph">Esa conversación me obligó a revisar mi propio marco mental. En Occidente solemos reducir el islam a dogma o conflicto. Hamid me habló de comunidad.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="300" height="400" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image.jpeg?v=1772625738" alt="" class="wp-image-18848" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image.jpeg?v=1772625738 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image-225x300.jpeg?v=1772625738 225w" sizes="(max-width:767px) 300px, 300px" /></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c70b1498ac12fdf7ba807c00de89b043 wp-block-paragraph"><strong><em>La revolución y sus logros sociales</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c6bed130ca34af1aceccc3b87c9fa70e wp-block-paragraph">La Revolución Islámica de Irán es leída en Occidente casi exclusivamente en clave de restricción política, control moral y confrontación internacional. Sin negar tensiones reales —que existen y son parte del debate interno iraní— hay dimensiones menos narradas que resultan fundamentales para comprender la textura social del país.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1a15c66d6add859338b2e835f8af24fa wp-block-paragraph">Uno de los cambios estructurales más profundos fue la expansión masiva del acceso a la educación. La revolución no solo transformó el régimen político: también amplió de manera significativa la alfabetización, la escolarización secundaria y, sobre todo, el ingreso a la universidad. Hoy la matrícula universitaria femenina es altísima, especialmente en carreras científicas y tecnológicas. Ingenieras, médicas, investigadoras, programadoras, físicas nucleares: el acceso masivo de mujeres a la educación superior es uno de los resultados sociales más visibles del proceso iniciado en 1979.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-224879f887b97ce8a3350b742c50c79e wp-block-paragraph">En las universidades encontré aulas donde las mujeres no eran excepción sino mayoría. Jóvenes con hijab resolviendo ecuaciones diferenciales, programando sistemas de control, discutiendo proyectos de investigación. Esa escena desarma el estereotipo simplificador que asocia islam político con oscurantismo técnico. El sistema del <em>velayat-e faqih</em> convive con una sociedad altamente educada, tecnificada y con una fuerte cultura científica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2b637c04be10b1321d28e99619c7c311 wp-block-paragraph">También es innegable la expansión del sistema de salud pública, la cobertura en zonas rurales y el desarrollo de capacidades propias en áreas estratégicas, muchas veces impulsadas por décadas de sanciones internacionales que forzaron la sustitución tecnológica. Irán aprendió a producir, a diseñar y a formar recursos humanos bajo presión. Esa resiliencia técnica no es casual: es política de Estado sostenida en el tiempo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d8af128dc676d9b2212a6b1ff0c52361 wp-block-paragraph">Nada de esto implica idealización. La sociedad iraní debate intensamente sobre libertades civiles, reformas políticas y apertura cultural. Pero reducir la revolución únicamente a un régimen restrictivo es desconocer que, para amplios sectores populares, también significó movilidad social, acceso educativo y construcción de redes comunitarias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a5c6d6a081e8ba9bd94804ab080ee6a1 wp-block-paragraph">Irán es más complejo que su caricatura. Es un país donde conviven teología y nanotecnología, clérigos y científicas, tradición religiosa y modernidad técnica. Un sistema político singular apoyado en una sociedad extraordinariamente formada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-04a15ee522db23a1e0f8d25c3a1c1b14 wp-block-paragraph">Y esa complejidad, justamente, es lo que suele perderse cuando miramos desde lejos.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="390" height="481" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image-1.jpeg?v=1772625738" alt="" class="wp-image-18849" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image-1.jpeg?v=1772625738 390w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image-1-243x300.jpeg?v=1772625738 243w" sizes="(max-width:767px) 390px, 390px" /></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dcca11b2355c25b43542e23375437690 wp-block-paragraph"><strong><em>Octubre de 2025: después de la guerra de los 12 días</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c0899725ae106e463140492ad4373d3f wp-block-paragraph">Cuando regresé en octubre de 2025, el país todavía procesaba la guerra de los 12 días. No era un recuerdo lejano: estaba presente en las conversaciones cotidianas, en los noticieros encendidos en los cafés, en los murales improvisados con nombres de caídos, en los gestos sobrios de quienes habían visto de cerca a la muerte.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c3c4431c9a324ebf165592e303fa8c65 wp-block-paragraph">Percibí dolor, sí. Un dolor real, concreto. Pero no encontré desmoralización. Lo que aparecía, una y otra vez, era una narrativa de resistencia histórica. En conversaciones privadas —con clerigos, empleados de agencias de desarrollo, comerciantes, o con jóvenes estudiantes— emergía una idea recurrente: Irán ha sobrevivido a imperios más grandes que cualquier coalición contemporánea. La identidad iraní no se piensa en décadas, sino en milenios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9310d8a5d9f1c417412fe120c9e10b39 wp-block-paragraph">La guerra había reforzado, paradójicamente, una cohesión interna. Incluso personas críticas del gobierno distinguían entre disputas domésticas y presión externa. La noción de soberanía adquiría un espesor emocional que desde lejos cuesta dimensionar. La crítica interna existe —y es intensa—, pero frente a una amenaza exterior se activa un reflejo de cierre de filas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-07270d79f9a9feaa915db83088ac578c wp-block-paragraph">En las calles de Isfahán la vida cotidiana seguía su curso: estudiantes yendo a clase, familias reunidas alrededor de músicos callejeros en los puentes históricos, bazares llenos. Esa normalidad no implicaba negación del conflicto, sino decisión de continuidad. Como si la sociedad hubiera aprendido, a lo largo de siglos, a absorber el impacto sin perder su eje.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a18a2e85c9990aaf624d927b26d34af2 wp-block-paragraph">La atmosfera social transmitia la sensación de estar en un país bajo presión, pero no al borde del colapso. Había orgullo, memoria y una convicción casi civilizatoria de permanencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-25828a4adcf431210a653a58f51cae38 wp-block-paragraph">No imaginaba entonces que pocos meses después, en febrero de 2026, llegaría un golpe aún mayor, esta vez dirigido al corazón mismo del liderazgo político del país.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="510" height="382" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image-2.jpeg?v=1772625738" alt="" class="wp-image-18850" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image-2.jpeg?v=1772625738 510w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image-2-300x225.jpeg?v=1772625738 300w" sizes="(max-width:767px) 480px, 510px" /></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00c6c9e6637ad0297f5873f6e2808207 wp-block-paragraph"><strong><em>Febrero de 2026: la crisis vista a la distancia</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-57dcda4d497a5b9f4df67b835f9b40f5 wp-block-paragraph">Desde fines de febrero de 2026, en Argentina, sigo por los medios internacionales los ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel que culminaron con el asesinato del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, junto a otros altos funcionarios del Estado. Fue el impacto más significativo sobre el liderazgo iraní desde 1979.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-52597e7f22db783710c9ad9ba7923236 wp-block-paragraph">Khamenei había sucedido en 1989 al ayatolá Ruhollah Jomeini, quien había encabezado la revolución contra el sha Mohammad Reza Pahlavi. Durante más de tres décadas, su figura simbolizó continuidad y estabilidad dentro del sistema político nacido con la revolución.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-91e3a8d070e9075f6499a07e20ad00a4 wp-block-paragraph">El presidente Masoud Pezeshkian habló de venganza como derecho nacional. Desde Washington, Donald Trump presentó la operación como un acto de “liberación”, sugiriendo que la eliminación de la “cabeza” precipitaría el colapso del “cuerpo” del régimen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e2e34b1372311e37ad0893b9c05f1ad wp-block-paragraph">Pero la realidad muestra un panorama más intrincado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-653272d1dc8bb19a99e90543a8fc50d1 wp-block-paragraph">La hipótesis de que el sistema iraní es puramente personalista parece desconocer tanto su diseño institucional como la densidad histórica de su sociedad. El país posee una estructura militar dual —el ejército regular (Artesh), el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) y la milicia Basij— concebida precisamente para garantizar la continuidad del orden constitucional incluso ante crisis extremas. No se trata solo de fuerzas armadas, sino de una arquitectura de poder superpuesta, redundante, diseñada para evitar el vacío.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f137365d611f6e2361d62c4b90feb40e wp-block-paragraph">Tras los ataques, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, anunció la activación inmediata de los mecanismos de sucesión previstos por la Constitución. Se conformó un consejo interino integrado por el presidente, el jefe de la judicatura y un religioso del Consejo de Guardianes. La transición no fue improvisada: estaba escrita.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38db8fbe8444e47881a7150ec30ce25e wp-block-paragraph">Pero más allá de la ingeniería institucional, hay algo más profundo que explica la resiliencia iraní: su cultura política de larga duración.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-517d4122ceaed59800053de1b1d27aed wp-block-paragraph">Irán es una sociedad que ha atravesado invasiones, golpes de Estado, guerra con Irak, décadas de sanciones económicas y aislamiento financiero. Cada una de esas experiencias dejó cicatrices, pero también dejó aprendizaje colectivo. La población está acostumbrada a vivir bajo presión externa. La escasez, la restricción tecnológica, la incertidumbre geopolítica no son fenómenos nuevos; forman parte de una memoria compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6bcf57050e4348909bab79242857ec3b wp-block-paragraph">Desde la distancia, lo que se vio no fue un estallido inmediato ni un desmoronamiento automático, sino un reflejo de cohesión. Sectores que en tiempos normales mantienen disputas intensas entre sí —reformistas, conservadores, críticos del sistema— tienden a cerrar filas frente a una agresión externa percibida como violación de soberanía. Esa reacción no elimina el debate interno, pero lo reordena.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-973fa7b6f66fcd0bd9bd8a8e276f336e wp-block-paragraph">La resiliencia iraní no es solo estatal: es social. Es la del comerciante que sigue abriendo su tienda en el bazar, la de la estudiante que continúa su carrera de ingeniería, la del ingeniero que vuelve a su laboratorio. Es la convicción de que la identidad nacional no depende de una sola figura, por poderosa que sea.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3467d516697419a9c12fbd0e59d3253a wp-block-paragraph">Más allá de juicios de valor, el sistema iraní demostró estar diseñado para resistir escenarios de máxima presión. Y la sociedad que lo sostiene —con sus tensiones, contradicciones y debates— parece una vez más, mostrar esa cualidad que se intuye caminando sus ciudades: una capacidad histórica de absorber el impacto sin perder continuidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f531ded449967e2a43fa27c368def16 wp-block-paragraph">Irán puede cambiar, reformarse, discutir su rumbo. Pero no es frágil en el sentido en que algunos imaginan. Su resiliencia no es un eslogan: es una experiencia repetida a lo largo de los siglos.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="349" height="465" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/03/image.gif?v=1772625739" alt="" class="wp-image-18851"/></figure>
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<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6af044c3d1c732ef85d023608d374c56 wp-block-paragraph"><strong><em>Lo que permanece</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb3e7771464a55d7202ccee60dc7974d wp-block-paragraph">Mientras leo cables y análisis geopolíticos, pienso en los rostros concretos: el taxista que recitaba a Hafez, la biotecnologa con quien conversamos de genética animal en un oasis en el desierto de Lut, la familia que me invitó a su casa sin conocerme en la estación de ómnibus de Kerman.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cfb98e4fb39c116c28683d8f465e53f1 wp-block-paragraph">Irán no es un eslogan ni un expediente estratégico. Es una civilización milenaria que honra a sus poetas, una sociedad educada, orgullosa, hospitalaria, y un Estado con instituciones complejas que no se ajustan a simplificaciones externas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-88edfbc8ab3da34e46c51be77ed294f7 wp-block-paragraph">Lo que yo conocí no fue un expediente de seguridad. Fue un pueblo que honra a sus poetas, que forma ingenieras y científicos, que debate política con intensidad, que combina fe y tecnología sin pedir permiso a nuestras categorías.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc0c1413a8c614987a3bb95c41e791e8 wp-block-paragraph">Fue un ingeniero musulmán señalando constelaciones en el desierto y recordándome que la religión, para millones de personas, no es solo teología: es estructura social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5f3ee056ff6933740e9c1eacbf640f59 wp-block-paragraph">Irán es una civilización milenaria que sobrevivió a imperios, invasiones y revoluciones. Una nación que recita versos en los bazares y diseña drones con sistemas de guiado avanzados. Un país donde el pasado persa y el presente islámico no se anulan, se entrelazan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c843cfc7759cd7e3a7ad288aebbb32af wp-block-paragraph">Quizás ahí esté la clave. Viajar a Irán no me dio respuestas definitivas sobre su política. Me dio algo más valioso: la certeza de que ningún pueblo puede reducirse a los prejuicios con los que otros lo miran.</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c5222480b3ef9ab8f3f88c14c3f1b32b wp-block-paragraph"><em>Fotos tomadas por el autor de la nota.</em></p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a0a3e7ee3099523e165dc1b89108a10 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 4 de marzo de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6b70f6638547b8def82269f2c0da2717 wp-block-paragraph">Doctor en Antropología Social (Universidad De Misiones). Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación (Universidad de Kent, USA).</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="auto, (max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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		<item>
		<title>Peronismo punk: la rebeldía como mecanismo de supervivencia política &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Mar 2026 22:02:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[antropología organizacional]]></category>
		<category><![CDATA[John William Cooke]]></category>
		<category><![CDATA[Liderazgo]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[Punk]]></category>
		<category><![CDATA[Verticalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bruno Carpinetti sostiene que convocar a un peronismo punk es recuperar una antropología del conflicto. Volver a aceptar que toda jerarquía necesita ser interpelada para no volverse casta. Que toda conducción necesita crítica para no convertirse en ritual vacío y que toda organización viva requiere, periódicamente, momentos de desobediencia creadora.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/peronismo-punk-la-rebeldia-como-mecanismo-de-supervivencia-politica-por-bruno-carpinetti/">Peronismo punk: la rebeldía como mecanismo de supervivencia política &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0de0af6b8b74547621dbdcd683eeabc2 wp-block-paragraph"><strong><em>Bruno Carpinetti sostiene que convocar a un peronismo punk es recuperar una antropología del conflicto. Volver a aceptar que toda jerarquía necesita ser interpelada para no volverse casta. Que toda conducción necesita crítica para no convertirse en ritual vacío y que toda organización viva requiere, periódicamente, momentos de desobediencia creadora.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f4338f68619d4550e33de540b8d35d wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b5f9a5781568f97ff9b6d0bb1fa9cc53 wp-block-paragraph"><em>“Carlos se vendió al barrio de Lanús</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eb320fe59521958f50d841d44a4e0b39 wp-block-paragraph"><em>El barrio que lo vio crecer</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9bc1cdd36ff891effc8a873fe11f543e wp-block-paragraph"><em>Ya no vino nunca más por el bar de Fabián</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c34ecc4ab686c4a5193d5c89f6e4390b wp-block-paragraph"><em>Y se olvidó de pelearse los domingos en la cancha…”</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-638aefc9c4e99555fd7afc7d800068a2 wp-block-paragraph">YA NO SOS IGUAL – 2 Minutos</p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eb4e3727b3e326acee47d6b92f339f92 wp-block-paragraph">Hay un concepto que suena a herejía y a rescate al mismo tiempo: peronismo punk. No es una consigna marketinera ni un intento de aggiornamento estético. Es, más bien, una provocación política. Una forma de nombrar la necesidad urgente de recuperar la dimensión plebeya, irreverente y movimientista del peronismo en un tiempo en que el espacio que lo invoca parece haber extraviado casi toda subjetividad subversiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38de4dd30e24c88cfc9b0ed3cebd30a6 wp-block-paragraph">Durante décadas, el peronismo fue definido por propios y ajenos como una anomalía. Para la elite liberal, un exceso popular; para cierta izquierda ilustrada, un desvío nacional–popular; para el establishment económico, un obstáculo. No por casualidad, John William Cooke lo llamó “el hecho maldito del país burgués”. La fórmula no era una metáfora ingeniosa: era una definición estratégica. El peronismo, en tanto irrupción de los trabajadores organizados en la escena estatal, rompía el pacto oligárquico que había estructurado la Argentina moderna. Era maldito porque desordenaba jerarquías, porque producía igualdad allí donde había diferencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03702d0642a4a5e1247a3328bc20195a wp-block-paragraph">Ese carácter maldito no provenía de una doctrina escrita sino de una práctica histórica: sindicatos que disputaban poder real, movilización callejera como forma de decisión política, lealtades construidas desde abajo, conducción sometida a la presión de las bases. El peronismo era movimiento antes que partido. Y era plebeyo antes que institucional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-97ef0f6459df5364a4ce69794e449fd7 wp-block-paragraph">El punk tampoco nació como doctrina cerrada. Fue una irrupción. Un gesto de rechazo frente a una cultura musical que se había vuelto virtuosa pero distante, técnicamente impecable pero socialmente inofensiva. Frente a la solemnidad del rock progresivo y la profesionalización elitista, el punk gritó: cualquiera puede tocar, cualquiera puede decir, cualquiera puede interrumpir. No pedía permiso ni legitimación académica. Desordenaba la escena.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f0e9a468b80f461244fbed128345013 wp-block-paragraph">Ese paralelismo no es caprichoso. El primer peronismo desordenó la escena política argentina con la misma energía disruptiva. Introdujo en el centro de la escena a sujetos que hasta entonces ocupaban los márgenes. Cambió el tono, la estética, el lenguaje del poder. Así como el punk rompió con la distancia entre escenario y público, el peronismo rompió con la distancia entre Estado y pueblo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3ec9d21f3dcb6e38294efc47479a41ab wp-block-paragraph"><strong><em>Jerarquía, obediencia y rebelión</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4ca92862b2f868a454358466faaffa5f wp-block-paragraph">Toda organización humana —desde una tribu amazónica hasta un partido político moderno— necesita algún tipo de jerarquía. La antropología lo ha mostrado con claridad: no existe sociedad sin diferenciación de roles, sin autoridad reconocida, sin mecanismos de coordinación. Incluso en comunidades igualitarias, el liderazgo aparece en contextos específicos: el mejor cazador, el mejor orador, el más experimentado. La autoridad no es un accidente; es una necesidad funcional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d77f10059c7deed96fc2d07a4dce0d7c wp-block-paragraph">Pero la antropología también ha mostrado algo menos cómodo: las sociedades desarrollan mecanismos para limitar, cuestionar o revertir esa autoridad cuando amenaza con cristalizarse. Muchas comunidades indígenas practican formas de burla ritual, crítica colectiva o incluso abandono del líder cuando este excede su mandato. La jerarquía es aceptada mientras es útil; deja de serlo cuando se autonomiza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dae036c1f1c57d737ab1e6df378b7d09 wp-block-paragraph">La tensión entre conducción y bases no es una patología: es la condición vital de cualquier organización. Cuando la obediencia se vuelve automática y la jerarquía se naturaliza como orden sagrado, la organización pierde plasticidad. Se vuelve rígida, previsible, incapaz de adaptarse. Desde una mirada antropológica, la insubordinación interna no es necesariamente un síntoma de decadencia: puede ser un mecanismo de regulación y actualización.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-23d1fce5f2e95475c6dbdeb2977ae1a4 wp-block-paragraph">El problema no es la autoridad, sino su sacralización.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-752b5df375ed7e7aae7c435f7a5b5e9c wp-block-paragraph">En las religiones políticas —y el peronismo, como todo gran movimiento histórico, tiene algo de religión civil— la conducción tiende a investirse de una legitimidad que trasciende la coyuntura. Se transforma en símbolo, y el símbolo se vuelve intocable. La obediencia deja de ser una herramienta estratégica y pasa a ser una virtud moral en sí misma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-82dea83dfcc0a95cba2e6b5a97480362 wp-block-paragraph">Sin embargo, las organizaciones que sobreviven en el tiempo son aquellas que institucionalizan el conflicto. Que permiten la crítica. Que aceptan la posibilidad de relevo. Que no confunden unidad con unanimidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-be6617b2f2d529830d791f8d6794484d wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, la rebelión interna no es traición sino termómetro. Indica que la base sigue viva, que existe energía, que hay disputa por el sentido. Cuando esa energía desaparece y todo se reduce a acatar, la organización puede seguir existiendo formalmente, pero ha perdido vitalidad cultural.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-563c6064ebf5250e93490f46b0bd0360 wp-block-paragraph"><strong><em>Peronismo, autoridad y plebeyismo</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac796db271819deb05ab90436674852d wp-block-paragraph">El peronismo histórico supo combinar verticalidad con presión desde abajo. La conducción de Juan Domingo Perón no era débil, pero tampoco flotaba en el vacío. Se apoyaba en sindicatos con poder real, en una movilización capaz de condicionar decisiones, en una dinámica de ida y vuelta. La famosa “lealtad” no era obediencia muda: era una relación política sostenida por resultados y por identificación material.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a4540162394804220d6e2aa573cce31 wp-block-paragraph">Cuando esa dinámica se invierte —cuando las bases ya no interpelan y la conducción ya no escucha— la verticalidad se transforma en verticalismo. Y el verticalismo, en cultura de aparato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a645e6aafe800e200d3217d56289207 wp-block-paragraph">Aquí es donde la metáfora punk adquiere profundidad antropológica. El punk, en su gesto original, fue una impugnación a la jerarquía consagrada. No negaba la existencia de músicos más talentosos; negaba el derecho de esos músicos a monopolizar la escena. No rechazaba la organización; rechazaba su clausura elitista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce813769f9df139f25c21d57feeb9cc8 wp-block-paragraph">El “hazlo tú mismo” fue, en el fondo, una pedagogía política: si la estructura no te habilita, constrúyela. Si el escenario está cerrado, arma uno propio. Esa ética no destruye la organización; la descentraliza y la obliga a renovarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0d6dc182a23493f145084aa3607f5cfc wp-block-paragraph"><strong><em>Insubordinación organizada o decadencia administrada</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fb730ffcf5f56d524c7e63bec3dcc8c wp-block-paragraph">El espacio peronista contemporáneo —con honrosas excepciones territoriales— parece haber internalizado los límites del sistema que antes desafiaba. Se discuten porcentajes de déficit, pero no estructuras de propiedad; se gestionan programas sociales, pero no se reconfiguran las relaciones de poder que producen exclusión; se apela a la épica pasada mientras se acepta un presente de correlación desfavorable como si fuera un dato natural.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d069c71126024d0e9cc3861754d863ff wp-block-paragraph">En ese tránsito, la obediencia se volvió valor central. Se premia la disciplina discursiva y se penaliza la disidencia estratégica. Pero una organización que sofoca el conflicto interno termina desplazándolo hacia afuera: fragmentación, apatía o fuga silenciosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-235f1e3122d8e6bb90fef5f7ac0b1fb7 wp-block-paragraph">Desde la antropología organizacional, esto es previsible. Cuando no existen canales legítimos de insubordinación interna, la energía crítica no desaparece: se desorganiza. Y la desorganización es mucho más peligrosa que el debate abierto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e59d105d7e069f977f624c08045963d wp-block-paragraph">Combatir la obediencia acrítica no significa promover la fragmentación permanente. Significa asumir que la lealtad verdadera no es sumisión sino compromiso activo con un proyecto que puede y debe revisarse. Significa comprender que la rebelión, cuando se organiza, fortalece; cuando se niega, corroe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cf51cda5a32cac579a08d86d3fb6b121 wp-block-paragraph">El peronismo fue “hecho maldito” porque expresó una alianza plebeya capaz de tensionar al país burgués. Si hoy ese país burgués ya no lo percibe como amenaza sino como interlocutor previsible, es señal de que la capacidad de insubordinación interna se ha debilitado tanto como la confrontación externa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1342b02b6095bb95815fc9e36fb1ec5d wp-block-paragraph">Convocar a un peronismo punk es, entonces, recuperar una antropología del conflicto. Volver a aceptar que toda jerarquía necesita ser interpelada para no volverse casta. Que toda conducción necesita crítica para no convertirse en ritual vacío. Que toda organización viva requiere, periódicamente, momentos de desobediencia creadora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f279a0d78879cb6dc0ab41fbb144d3a3 wp-block-paragraph">Tal vez el desafío más profundo sea entender que la rebeldía no es lo contrario de la organización, sino su condición de posibilidad. Que un movimiento popular solo se mantiene vivo si permite que sus propias bases lo tensionen, lo incomoden y lo obliguen a reinventarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-205bcb43e43ab066a7c2af73e6613798 wp-block-paragraph">Que vuelva el punk. No como estética ni nostalgia, sino como insubordinación organizada. Como recordatorio político de que ninguna jerarquía es eterna y de que un movimiento popular solo está vivo cuando incomoda.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8df657ad7d74b10291e052ed6c72e94c wp-block-paragraph">Martes, 17 de marzo de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5690c083fd9c137d5161e9dbc53d04e6 wp-block-paragraph">*Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública, entre otros fue director de la Administración de Parques Nacionales y Subsecretario de Coordinación de Política Ambiental de la Secretaría de Ambiente de la Presidencia de la Nación durante el gobierno de Nestor Kirchner.</p>



<div style="height:27px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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		<title>Entre la casta y el algoritmo. La larga agonía de la democracia de masas &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Mar 2026 12:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bruno Carpinetti afirma en esta nota que la democracia de masas, tal como fue concebida en el siglo XX, está dejando de funcionar como sistema operativo de las sociedades contemporáneas. El autor sostiene que cuando un dispositivo deja de funcionar, hay dos caminos: insistir hasta su descomposición total, o animarse a pensar su reemplazo. Una idea en la que deberíamos comenzar a trabajar.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/entre-la-casta-y-el-algoritmo-la-larga-agonia-de-la-democracia-de-masas-por-bruno-carpinetti/">Entre la casta y el algoritmo. La larga agonía de la democracia de masas &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c33d6fd4d81a373c7b11ade634c22860 wp-block-paragraph"><strong><em>Bruno Carpinetti afirma en esta nota que la democracia de masas, tal como fue concebida en el siglo XX, está dejando de funcionar como sistema operativo de las sociedades contemporáneas. El autor sostiene que cuando un dispositivo deja de funcionar, hay dos caminos: insistir hasta su descomposición total, o animarse a pensar su reemplazo. Una idea en la que deberíamos comenzar a trabajar.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f4338f68619d4550e33de540b8d35d wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:66px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5f17c63724a7ebfa0f1f736bb6f41d61 wp-block-paragraph">Hay algo que a esta altura resulta inocultable: la democracia de masas, tal como fue concebida en el siglo XX, no está simplemente “en crisis”. Está dejando de funcionar como sistema operativo de las sociedades contemporáneas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-826b1e070f6ee1717efc0288d4ab1ca7 wp-block-paragraph">No se trata de un desvío. No es una patología corregible. Es un problema de obsolescencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-47fe22198817ee17a772bb87140f8210 wp-block-paragraph">La democracia de masas no está siendo atacada desde afuera. Está colapsando desde adentro, erosionada por una transformación radical de sus condiciones materiales de existencia. En un ecosistema atravesado por algoritmos, velocidad, sobreabundancia informativa y economías de la atención, sus mecanismos básicos —representación, deliberación, legitimidad— han perdido eficacia real.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8e8065c01d0100b40a82a59f45f481cb wp-block-paragraph">En ese terreno, figuras como Donald Trump o Javier Milei, no son anomalías. Son prototipos. No vienen a romper el sistema: vienen a mostrar, con brutal claridad, en qué se ha convertido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a533fa88205d8407fea3ed72d00e2d63 wp-block-paragraph">Pero hay que ir todavía más lejos. No alcanza con decir que son “síntomas”. Son también soluciones. Soluciones inestables, peligrosas, regresivas, pero soluciones al fin: formas políticas que logran procesar —de manera rudimentaria— un problema que la democracia tradicional ya no puede metabolizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f70c73e9e7c21eb56ef99045d28f7e0b wp-block-paragraph">Ese problema tiene nombre: descomposición de la mediación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a7bc7b42d8268d9d0a787fac357c8e4 wp-block-paragraph"><strong><em>La ficción de una democracia sin élites</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff50aaad01bdd66b532fad330950402 wp-block-paragraph">Durante décadas, la promesa democrática se sostuvo sobre una intuición seductora: cuanto menos élite, más democracia. Menos intermediarios, más pueblo. Menos opacidad, más transparencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb7d85916760b7bf32357656b75ea4fa wp-block-paragraph">Era, en el fondo, una ficción funcional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c3739d85ca48a948e9b616c632795f6d wp-block-paragraph">Porque la política nunca dejó de ser una práctica especializada. Gobernar no es expresar estados de ánimo colectivos. Es gestionar complejidad, administrar conflicto, operar bajo restricciones duras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-edb8a3e5debf692a461acf4472e05c94 wp-block-paragraph">La novedad no es que las élites existan. La novedad es que han perdido legitimidad sin que haya emergido un reemplazo funcional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aeda3d7911b6ee5214d5f07cfe98a2a1 wp-block-paragraph">Y ahí aparece el núcleo del problema: la democracia de masas depende de élites que ya no puede justificar, pero tampoco puede prescindir de ellas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3fe4cbfe58edf10a77b51ffb270be2f6 wp-block-paragraph">El resultado no es su desaparición. Es su mutación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a4cbe3f0c677ff9cd44a0792acb8f0c wp-block-paragraph">La élite no se extingue: se vuelve opaca, irresponsable, inestable. Se desplaza hacia asesores sin control, burbujas de poder personalista, circuitos informales, plataformas privadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5c072285fb08531efe064ded65c0d346 wp-block-paragraph">La antipolítica no elimina a la élite. La descompone.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-399a983673a3f94b8b9e4d7e5a10930d wp-block-paragraph"><strong><em>El pueblo como interfaz</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b5005e03b201d2acbc95a495734b0b90 wp-block-paragraph">La otra gran promesa — la del “pueblo sin mediaciones”— tampoco sobrevive al cambio de época.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e30cdf895afdd7b34badabab4209cd94 wp-block-paragraph">Porque ese pueblo ya no existe como sujeto previo. No hay una voluntad popular esperando ser expresada. Lo que hay es una infraestructura que produce, organiza y modula esa supuesta voluntad en tiempo real.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-70017d7404a5dd8d1b5d44d0566cb75c wp-block-paragraph">La comunicación política dejó de ser un canal. Es el terreno mismo donde lo político se constituye.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1cc098a1275c1cbffa8c55ebade014f7 wp-block-paragraph">Y ese terreno está colonizado por lógicas que no tienen nada de democráticas: amplificación del conflicto, simplificación extrema, emocionalización permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-10c8921c2d25820faf6d8e2786f6d20a wp-block-paragraph">En ese contexto, la democracia directa deja de ser un horizonte emancipador para convertirse en una ilusión peligrosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-65123fe260f11aa2c698019acbac7ae9 wp-block-paragraph">No gobierna el pueblo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fedfa702499bb86d21729a3582e08c00 wp-block-paragraph">Gobierna la interfaz que lo produce.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8a285ee66697b6b92adc0359fa29e384 wp-block-paragraph">Gobierna el algoritmo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-471d68ef6c282f11e44be6676a85d2da wp-block-paragraph"><strong><em>La democracia como simulacro operativo</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a538833fb5c953e2e15d744970ec2bfd wp-block-paragraph">Llegados a este punto, la pregunta ya no es cómo “mejorar” la democracia de masas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ca9af21f2576b627f73ca6c014c8a0e wp-block-paragraph">La pregunta es más incómoda: ¿sigue siendo un sistema funcional?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6270dda91f3b06fa5f4d1c017f83fedd wp-block-paragraph">Porque sus procedimientos formales continúan —elecciones, parlamentos, división de poderes— pero su capacidad efectiva de procesar demandas, producir decisiones estables y sostener legitimidad se deteriora aceleradamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64554cb46c89192d64cd9af0bd4284d8 wp-block-paragraph">Lo que emerge es una forma de simulacro: instituciones que siguen funcionando en la superficie mientras el poder real se desplaza hacia otros lugares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a9d00b88488de80abfedc316bfe434b0 wp-block-paragraph">Mercados, plataformas, redes de influencia, dispositivos técnicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b010f503cc768507b30327ac487300fd wp-block-paragraph">La política no desaparece. Pierde centralidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-746df44a147eee3f0205a4dbf0df4a41 wp-block-paragraph">Y cuando intenta recuperarla, lo hace muchas veces a través de formas regresivas: liderazgos plebiscitarios, personalismo extremo, simplificación autoritaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711484cea16247cb9d16a13169011430 wp-block-paragraph">No como excepción, sino como adaptación.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSYwBjBXhLEIisj1ZJkMkhL2RTkmEqMcAhucA&amp;s" alt="" style="width:638px;height:auto"/></figure>
</div>


<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64206f097c222e92ec13716b4e1f4715 wp-block-paragraph"><strong><em>Entre la impotencia y la deriva autoritaria</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5f37b856765f7d565f766aa517fdaa66 wp-block-paragraph">En este escenario, la defensa acrítica de la democracia de masas empieza a parecerse a un gesto conservador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5d5186c3036e3636de4bc823668ca287 wp-block-paragraph">Una insistencia en preservar formas vaciadas de eficacia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5da2c765cb96ada597fa82e0f874d828 wp-block-paragraph">Pero la alternativa tampoco puede ser el abandono hacia soluciones autoritarias que prometen orden a cambio de complejidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e464623bfda9aec61a412c2098d682b wp-block-paragraph">Ese es el falso dilema que organiza el presente: o instituciones débiles que ya no gobiernan, o liderazgos personalistas que concentran el poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3408e3eb0aabcbf0e17f2f00fbc8ccc9 wp-block-paragraph">Ninguna de las dos resuelve el problema de fondo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db73497d47d813b139de9946ac4ef49a wp-block-paragraph"><strong><em>Imaginar lo que todavía no existe</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38df3cab63aaf060d2dc5e3410cfc8d4 wp-block-paragraph">Tal vez haya que aceptar una hipótesis más radical: la democracia de masas fue una forma histórica situada, no un punto de llegada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aeb7d92644efbf5369eb389238f913fa wp-block-paragraph">Y como toda forma histórica, puede agotarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c479e879a030976e18caa4205f25a272 wp-block-paragraph">Si eso es así, la tarea no es restaurarla ni destruirla, sino superarla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a9fff532c723f0efff17415dcd5a5c17 wp-block-paragraph">No en el sentido de abandonarla por menos democracia, sino de inventar arreglos institucionales capaces de operar en condiciones que ya no son las del siglo XX.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-30a259b9f5791e8af7479405b34777c7 wp-block-paragraph">Sistemas que puedan procesar complejidad sin colapsar en simplificación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff02e80d1c361d77afc8f74e7164a712 wp-block-paragraph">Que puedan articular escalas —local, nacional, global— sin perder capacidad de decisión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17cd8b4e4c82db27777306cd34afed5c wp-block-paragraph">Que integren tecnología sin quedar subordinados a ella.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00855afe3b6db50e926d0908444235aa wp-block-paragraph">Que produzcan legitimidad sin depender exclusivamente de la representación periódica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac863f6b1a93549985df1d7503854a29 wp-block-paragraph">Hoy no tenemos ese modelo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b495638d5c086a09dc1ee01b11c93550 wp-block-paragraph">Y tal vez ese sea el dato más honesto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f35816d8f863302329bc347f4f3203d3 wp-block-paragraph"><strong><em>Diseñar contra la inercia</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3efce68ea13005ee4acbd82e8009f208 wp-block-paragraph">Lo verdaderamente radical ya no es denunciar a la “casta” ni idealizar al “pueblo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-470f3fa6fc563086ff0f44dcc57cee9d wp-block-paragraph">Ambas cosas forman parte del mismo dispositivo agotado. Al menos en occidente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1c417c622c1a779c6dd202490284ece6 wp-block-paragraph">Lo radical es asumir que estamos operando con instituciones diseñadas para un mundo que dejó de existir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f23b1926e5886ee7962b4df871aac40e wp-block-paragraph">Y que, si no empezamos a imaginar otras formas de organización del poder, el vacío va a seguir siendo ocupado por soluciones cada vez más rudimentarias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-26a2f0c77bc19a5470b9698daca32341 wp-block-paragraph">Más rápidas. Más concentradas. Más autoritarias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9e373a1f5f6ad191100c52b38daddaa wp-block-paragraph">No porque alguien las imponga desde afuera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ceefbb0986e8d0abf143d0a5d7cdb0a5 wp-block-paragraph">Sino porque el sistema, tal como está, ya no ofrece alternativas viables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f12f746f934e9d9470fb6bb1c76cc68 wp-block-paragraph"><strong><em>¿Después de la democracia, qué?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f56005673e2cfcd8d86146fa8a9ab4f6 wp-block-paragraph">El problema de fondo no es moral. Es estructural.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-701fd9578072af380bf04a94c2d6f976 wp-block-paragraph">No es que los actores fallen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cd0c7aea11bdc1b94ee6e601bdc2e774 wp-block-paragraph">Es que el dispositivo dejó de funcionar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fcc5286c12778e546e7a2c1ebd256a0b wp-block-paragraph">Y cuando un dispositivo deja de funcionar, hay dos caminos: insistir hasta su descomposición total, o animarse a pensar su reemplazo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9365dc00d1b881347950e71095fe1ab wp-block-paragraph">Todavía no sabemos cómo sería ese “después”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5357a5fd5713075b471e46b36e91b51b wp-block-paragraph">Pero hay algo que empieza a volverse evidente: no va a parecerse demasiado a la democracia de masas que seguimos invocando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72e850be3fe7b448da522a36b386a7ae wp-block-paragraph">Y quizás, en lugar de temerle a esa idea, habría que empezar a trabajar sobre ella.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-40f181825a80aa595845ffae10d385df wp-block-paragraph">Domingo, 28 de marzo de 2026</p>



<div style="height:65px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2846f5f24174a484afc2ef0b0ef4b999 wp-block-paragraph"><img loading="lazy" decoding="async" width="120" height="120" 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Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública, entre otros fue director de la Administración de Parques Nacionales&nbsp; y Subsecretario de Coordinación de Política Ambiental de la Secretaría de Ambiente de la Presidencia de la Nación&nbsp;en los gobiernos de Eduardo Duhalde y Nestor Kirchner.</p>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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		<title>Migrar es humano, excluir es político &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Apr 2026 12:01:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bruno Carpinetti desarrolla en esta nota la idea de que en un mundo atravesado por crisis - climáticas, económicas, políticas - la tentación de cerrar, de endurecer, de simplificar, es fuerte. En ese sentido, Carpinetti sostiene que "Todos somos inmigrantes” no es una consigna moral, sino un dato antropológico, una verdad incómoda para cualquier proyecto que necesite fronteras rígidas para sostenerse.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/migrar-es-humano-excluir-es-politico-por-bruno-carpinetti/">Migrar es humano, excluir es político &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-429d5ebba0b02ab543fda4a2821fcb01 wp-block-paragraph"><strong><em>Bruno Carpinetti</em></strong> <strong><em>desarrolla en esta nota la idea de que en un mundo atravesado por crisis &#8211; climáticas, económicas, políticas &#8211; la tentación de cerrar, de endurecer, de simplificar, es fuerte. En ese sentido, Carpinetti sostiene que «Todos somos inmigrantes” no es una consigna moral, sino un dato antropológico, una verdad incómoda para cualquier proyecto que necesite fronteras rígidas para sostenerse.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc0a880bb4a438b020997e6c3afdbac wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-167e0eafc2291ff2df33568d8d23cf41 wp-block-paragraph"><em>“Al extranjero no maltratarás ni oprimirás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” – Éxodo 22:21</em></p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6b94cc38d46e83deb6e66265d3377a87 wp-block-paragraph"><strong>Antes de las fronteras</strong><br>Hubo un tiempo —no tan lejano en la escala de la historia profunda— en que no existían los mapas. No había líneas, ni países, ni nombres para separar lo continuo. Solo había cuerpos en movimiento. Pequeños grupos de Homo sapiens saliendo de África, empujados por el hambre, la curiosidad o el clima, caminando sin saber que estaban escribiendo la primera gran narrativa de la humanidad: la de una especie que se expande porque no puede quedarse quieta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d0eefaf29cfde48eb1b2b3423c928c8 wp-block-paragraph">Todo empieza ahí. En África. Hace unos 300.000 años. Y luego, en oleadas sucesivas, el mundo se va poblando. No como una conquista épica, sino como una deriva. Pasos cortos, generaciones enteras avanzando apenas unos kilómetros más allá. Asia, Europa, Oceanía, América. Cada territorio alcanzado no es un punto de llegada, sino una transformación. El cuerpo cambia. La piel, el metabolismo, las lenguas, las formas de ver el mundo. La humanidad no se replica: se reinventa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5860c50df8e2472d02604039702aa7d1 wp-block-paragraph"><strong>El mestizaje como origen</strong><br>Nunca fuimos puros. Desde el inicio fuimos mezcla. Nos cruzamos con otros humanos -neandertales, denisovanos &#8211; y esos encuentros quedaron marcados en nuestros genes. Somos un archivo viviente de migraciones, de contactos, de contaminaciones. Lo que hoy llamamos identidad es, en realidad, una sedimentación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0687b45e7b340ebafb64d50e7a35a9bb wp-block-paragraph">Más tarde vinieron las civilizaciones. O lo que después llamaríamos así. Mesopotamia, el Nilo, el Indo, China. Nodos, no islas. Lugares donde las rutas se cruzan. Donde circulan mercancías, pero también símbolos, enfermedades, dioses. La Ruta de la Seda no transportaba solo seda: llevaba historias, técnicas, ideas. Todo viaje era, en el fondo, un intercambio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff6ab8a037539545a917f127499d8812 wp-block-paragraph"><strong>Culturas en movimiento</strong><br>Por eso, cuando hablamos de “culturas” como bloques cerrados, como esencias intactas, estamos contando un mito. Las culturas no son piezas de museo. Son procesos vivos, tensos, en permanente mutación. La tradición no es lo que permanece igual, sino lo que logra persistir cambiando. No hay identidad sin mezcla, aunque a veces la mezcla se vuelva invisible de tan antigua.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-10fa12229aa69ea52e6ae0781ceff39f wp-block-paragraph">Para profundizar en ese punto, la mirada del cronista polaco Ryszard Kapuściński se vuelve clave. En su libro “Encuentro con el Otro”, propone algo tan simple como incómodo: toda historia humana es, en el fondo, una historia de encuentros. Y frente al otro &#8211; dice &#8211; no hay infinitas opciones. Solo tenemos tres: la guerra, la indiferencia o el diálogo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a715fcc148ecd8c8ffbba3514ffd38bd wp-block-paragraph">Esa tríada funciona como una brújula. Si la aplicamos hacia atrás, vemos que la expansión de Homo sapiens no fue solo un despliegue biológico, sino una cadena de encuentros. Algunos violentos, otros hospitalarios, muchos ambiguos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bbc34177c1b2361d56de93859cd016a7 wp-block-paragraph">Kapuściński insiste en algo más: el otro no es una abstracción. Es una presencia concreta que nos obliga a decidir quiénes somos. En ese sentido, toda identidad es relacional. No existe en aislamiento. Se define en el borde, en el roce, en el conflicto o en la conversación.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://juanmanuelgutierrezgallardo.com/Cuadros/IMG_3443_refugiados%20copia_retocada_pantalla.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Refugiados. Juan Manuel Gutiérrez Gallardo.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a2b73f163b18a91004d33863e213d8d4 wp-block-paragraph"><strong>El retorno de las fronteras</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-923873b0e9d0e056c6e246ba55bc0061 wp-block-paragraph">Pero hay algo que vuelve cuando creíamos que todo estaba, finalmente, entrelazado. En medio de redes, flujos y promesas de conexión infinita, reaparecen viejas gramáticas: la pureza, el límite, la sospecha. Las fronteras &#8211; esas líneas que nunca fueron naturales &#8211; regresan con la pretensión de volverse inevitables. Y la xenofobia deja de ser un residuo incómodo del pasado para asumirse como un síntoma nítido del presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b4b993c9a6b516ecf45e3214b9f128e2 wp-block-paragraph">En ese mapa, el conflicto entre el ente sionista de Israel y el pueblo palestino difícilmente pueda leerse como una anomalía histórica: más bien aparece como la continuidad de una concepción colonial que, lejos de disolverse, se actualiza. Allí, bajo distintas justificaciones, se consolidan dinámicas persistentes de ocupación, desplazamiento y fragmentación del territorio palestino, configurando un orden donde la dominación no es episódica sino estructural, y donde la historia reciente se inscribe en una lógica más amplia de desposesión sostenida. Para la población palestina, la experiencia no se agota en la pérdida de tierra; se despliega en una vida atravesada por controles, restricciones y una desigualdad estructural que distintas voces no dudan en nombrar como apartheid. En la Franja de Gaza, las ofensivas reiteradas y las políticas sistemáticas de devastación han llevado a que la violencia deje de ser episódica y pase a configurar un patrón sostenido que de manera indudable se caracteriza como genocidio: una dinámica orientada a la destrucción material y social de la población, donde la vida cotidiana queda atrapada en un horizonte de aniquilación progresiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-386e7dfc297a66d83521281e35b49824 wp-block-paragraph">La expansión de asentamientos, los bloqueos sostenidos, la vigilancia constante y las operaciones militares en territorios densamente poblados configuran un régimen donde el “otro” no solo es narrado como amenaza, sino gestionado como excedente. Bajo la retórica de la seguridad &#8211; que todo lo justifica &#8211; se diluyen las asimetrías que organizan el conflicto. La frontera, en este caso, no es solo un límite: es un dispositivo activo de exclusión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-80f433ad30bcfeef4756655c79ebd019 wp-block-paragraph">Algo de esa lógica resuena, con otras formas, en Estados Unidos. Allí, el accionar del <em>Immigration and Customs Enforcement</em> y el endurecimiento de las políticas migratorias, reinstalan una economía punitiva de la alteridad. Redadas, detenciones, deportaciones: escenas que interrumpen biografías y reescriben destinos. Familias partidas, trayectorias suspendidas, vidas reducidas a expedientes. En ese contexto, palabras como “purgas” circulan no como categorías técnicas, sino como intentos de nombrar una violencia que se percibe como limpieza: la voluntad de despejar el espacio social de aquello que incomoda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-06fada7058744a277351d704c5e35765 wp-block-paragraph"><strong>La institucionalización de la exclusión del “otro”</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-19eb5236104ff7410c5643dd1c16c07e wp-block-paragraph">La Argentina no queda al margen de este clima. Bajo la presidencia de Javier Milei, comienzan a insinuarse medidas que, más allá de su implementación efectiva, reconfiguran el horizonte simbólico de la migración. La posibilidad de arancelar servicios públicos como la universidad o la salud para personas extranjeras, junto con la insistencia en agilizar deportaciones, no aparece como una serie de decisiones aisladas. Más bien, componen una narrativa donde el migrante deja de ser parte del tejido social para convertirse en carga, abuso o problema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-78069701628bc6d33087074984be04d5 wp-block-paragraph">En un país cuya historia está atravesada por migraciones sucesivas, ese giro no es menor. El argumento de la equidad o del costo fiscal desplaza una tradición de ampliación de derechos hacia una lógica de restricción. Pero lo que está en juego excede cualquier cálculo económico: es la forma en que una comunidad decide nombrar a quienes la habitan. Cuando el acceso a derechos básicos comienza a filtrarse por el origen, cuando la hospitalidad cede ante la sospecha, se abre un umbral delicado: el de una ciudadanía escalonada, donde no todos los cuerpos importan del mismo modo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e019e66a0cb630334ba1b09209ac721d wp-block-paragraph">Estas políticas no emergen en el vacío. Dialogan con un clima global en el que la figura del migrante es asociada, cada vez con mayor frecuencia, al desorden o a la amenaza. En ese marco, la frontera deja de ser un trazo en el mapa para convertirse en una tecnología que organiza jerarquías humanas. Y la paradoja se vuelve inevitable: en una sociedad construida por migrantes, negar al otro es, también, una forma persistente de negarse a sí misma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e30ca3af35c6d048b53767b23cfa5965 wp-block-paragraph"><strong>La memoria del movimiento</strong><br>Pero hay algo más profundo en juego. Porque estos discursos no solo excluyen: también niegan la historia. Pretenden congelar lo que siempre fue movimiento. Olvidan que todos venimos de otra parte. Que no hay origen sin desplazamiento. Que incluso quienes se piensan como “nativos” son, si se retrocede lo suficiente, descendientes de migrantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d994edca8e9ac28c26d0600236ea6e7 wp-block-paragraph">«Todos somos inmigrantes” no es una consigna moral. Es un dato antropológico. Una verdad incómoda para cualquier proyecto que necesite fronteras rígidas para sostenerse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d3b480bd41024359e8c2f527377cab73 wp-block-paragraph">Quizás por eso incomoda tanto. Porque obliga a aceptar que la identidad no es propiedad, sino proceso. Que lo propio está hecho de lo ajeno. Que el otro no viene a alterar un equilibrio, sino a continuar una historia que nunca fue estática.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4eac665a8675140343e87e68a11b5072 wp-block-paragraph">En un mundo atravesado por crisis &#8211; climáticas, económicas, políticas &#8211; la tentación de cerrar, de endurecer, de simplificar, es fuerte. Pero la historia larga de la humanidad sugiere otra cosa: que sobrevivimos no cuando nos aislamos, sino cuando nos conectamos. No cuando negamos al otro, sino cuando encontramos formas &#8211; siempre imperfectas &#8211; de convivir con él.</p>



<div style="height:46px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aef5cc6b7e11dd0693203e4aebd5658f wp-block-paragraph">Sábado, 18 de abril de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ea9de3557edab6b4469dff93e6affdc wp-block-paragraph"></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="188" height="188" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1.png?v=1776514758" alt="" class="wp-image-19484" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1.png?v=1776514758 188w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1-150x150.png?v=1776514758 150w" sizes="auto, (max-width:767px) 188px, 188px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-82be66710233a08dd217eca249443f79 wp-block-paragraph"><br>Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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		<title>Palantir y la privatización de la utopía &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Apr 2026 15:10:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
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		<category><![CDATA[Transhumanismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bruno Carpinetti propone en esta nota una idea inquietante: que la política no esté pensando el futuro no significa que el futuro no se esté pensando, sino todo lo contrario: ese ejercicio se está haciendo en otra parte, con otros tiempos, otras herramientas y otros intereses. Peter Thiel, uno de los cerebros detrás de Palantir Technologies, está en Argentina pensando ese futuro que en el presente podría comprar tierras, explorar posiciones y tantear regulaciones, movimientos que forman parte de estrategias más largas. A esta escena se le puede poner un nombre: la privatización de la utopía.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37aa41570837e79208332cad4b6633b1 wp-block-paragraph"><strong><em>Bruno Carpinetti propone en esta nota una idea inquietante: que la política no esté pensando el futuro no significa que el futuro no se esté pensando, sino todo lo contrario: ese ejercicio se está haciendo en otra parte, con otros tiempos, otras herramientas y otros intereses. Peter Thiel, uno de los cerebros detrás de Palantir Technologies, está en Argentina pensando ese futuro que en el presente podría comprar tierras, explorar posiciones y tantear regulaciones, movimientos que forman parte de estrategias más largas. A esta escena se le puede poner un nombre: la privatización de la utopía.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f4338f68619d4550e33de540b8d35d wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-814fe43b7fc52cbca0bd498d6bc7fb91 wp-block-paragraph"><em>“¿Sueñan los androides?, se preguntó Rick. Era evidente: por eso de vez en cuando mataban a sus amos y venían a la Tierra. A vivir una vida mejor, sin servidumbre”</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6f0ac081d8853f8c1a6e33a21917c06 wp-block-paragraph">«¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?» – Philip Dick.</p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1362fd08f4013de08a433c2a2609b011 wp-block-paragraph"><strong>El ruido del presente</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-881394edc1eaf284ec1783d963f5ce59 wp-block-paragraph">Hay algo fuera de foco en la escena política argentina. No es que falte ruido &#8211; de eso sobra -, sino perspectiva. Mientras la democracia de masas sigue girando con la inercia de siempre &#8211; elecciones, internas, roscas, escándalos -, las preguntas que realmente van a definir el futuro quedan en un segundo plano, cuando no directamente fuera de cuadro. Se discute todo el tiempo, pero cada vez sobre menos cosas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-61431c9f02fa5f48dd6809cb8c921bc0 wp-block-paragraph"><br>El menú es conocido: disputas internas, competencia por candidaturas, liderazgos que se ordenan y desordenan, denuncias de corrupción que capturan la atención durante días o semanas. La agenda se arma en tiempo real, al ritmo de los titulares y las redes, con la lógica de lo urgente imponiéndose sobre cualquier intento de pensar más allá. Lo importante no es lo que viene, sino lo que pega hoy. El largo plazo, si aparece, lo hace como una vaga promesa o como un lugar común sin contenido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-caa3ac69f134e1c4a814b1425702e300 wp-block-paragraph"><strong>El futuro se piensa en otra parte</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4372f69b446031d0cb2e31421d1c03bb wp-block-paragraph">Pero que la política no esté pensando el futuro no significa que el futuro no se esté pensando. Al contrario. Solo que ese ejercicio se está haciendo en otra parte, con otros tiempos, otras herramientas y otros intereses. Mientras acá se discute quién encabeza una lista, hay actores globales que están mirando el mapa con otra escala.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-970638eee5045559308534e47549f1bd wp-block-paragraph">No es un dato menor que Peter Thiel, uno de los cerebros detrás de <em>Palantir Technologies</em>, haya puesto un ojo &#8211; y capital &#8211; en la Argentina. Comprar tierra, explorar posiciones, tantear regulaciones: movimientos que, leídos rápido, parecen inversiones más o menos excéntricas, pero que en realidad forman parte de estrategias más largas. No se trata solo de propiedades; se trata de anticipar escenarios, de ubicarse en lugares que van a ser relevantes cuando cambien las reglas del juego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-623f0f60e7798f0ad20968f71fb2ccc9 wp-block-paragraph">En ese mismo universo, circulan textos que funcionan como hojas de ruta. El llamado “Manifiesto de Palantir<strong>”</strong> &#8211; más que una pieza de marketing, una declaración de principios &#8211; propone una visión del mundo donde la acumulación masiva de datos, la capacidad de predicción algorítmica y la cooperación estrecha con aparatos estatales de seguridad, aparecen como condiciones necesarias para ordenar sociedades cada vez más complejas. Presentado como un horizonte de eficiencia y control racional, ese esquema se acerca inquietantemente a una arquitectura distópica: un futuro donde la transparencia es asimétrica, el poder se concentra en quienes procesan la información y la política queda subordinada a sistemas que ya no controla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a082c754ed40e6579166aba45a1a411 wp-block-paragraph">No es un caso aislado. En los mismos circuitos donde se diseñan estas arquitecturas también circula otro tipo de horizonte: el del Transhumanismo. Bajo la promesa de superar los límites biológicos mediante tecnología &#8211; extensión radical de la vida, aumento de capacidades cognitivas, integración entre humanos y máquinas -, este proyecto se presenta como una nueva utopía. Pero, en la práctica, aparece fuertemente asociado a las élites que controlan las grandes corporaciones tecnológicas, que no sólo financian estas investigaciones, sino que también definen sus ritmos, accesos y objetivos. Lo que se formula como emancipación de la condición humana puede terminar configurando una nueva frontera de desigualdad: quién accede a esas mejoras y bajo qué reglas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b90de495d138423e20ea65c0e2766c84 wp-block-paragraph">En paralelo, figuras como Elon Musk diseñan futuros donde la automatización redefine el trabajo, la inteligencia artificial reorganiza la producción de conocimiento y el espacio deja de ser ciencia ficción para convertirse en frontera económica. Esas visiones no son relatos sueltos, sino que se traducen en empresas, infraestructuras y redes de poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a5e5124171543d2825bf01e6a2b1afc4 wp-block-paragraph"><strong>Un país en el tablero, sin estrategia propia</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-30cd5bb31e3a4856d1cfa278775620e6 wp-block-paragraph">Y en ese tablero, la Argentina aparece &#8211; aunque muchas veces no quiera verse a sí misma así &#8211; como un territorio con recursos estratégicos: litio, alimentos, energía, conocimiento científico. Un país que podría discutir su lugar en el mundo que viene, pero que muchas veces ni siquiera logra formular la pregunta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f91e84d1296e8c7a111c9f1c1e62f625 wp-block-paragraph">Ahí es donde la escena se vuelve incómoda. Porque mientras algunos piensan en décadas, otros no logran salir de la semana. Mientras unos proyectan sistemas, otros administran coyunturas. La política institucional queda atrapada en un presente permanente, gestionando crisis que se encadenan, mientras la imaginación estratégica &#8211; esa capacidad de decir “hacia dónde” &#8211; se desplaza hacia espacios cada vez más concentrados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5bdd158c07c55ada05ec6c51b6be3d10 wp-block-paragraph"><strong>La utopía como plan de inversión</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e6687034a3396ac463d3bbece64c1567 wp-block-paragraph">A eso se le puede poner un nombre: la privatización de la utopía.<br>Durante buena parte del siglo XX, las utopías &#8211; con todos sus excesos y tragedias &#8211; eran materia de la política. Se discutían en plazas, en sindicatos, en universidades, en partidos. Eran, en el fondo, formas de disputar el futuro. Hoy, en cambio, esas narrativas aparecen debilitadas en el espacio público, al mismo tiempo que resurgen en versiones nuevas dentro del mundo empresarial y tecnológico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60ea21cdf4fdf85bfac24956d17968f0 wp-block-paragraph">Sólo que ya no se presentan como proyectos colectivos, sino como soluciones técnicas. La automatización como eficiencia, no como debate sobre el trabajo. La inteligencia artificial como herramienta, no como problema político. La expansión hacia el espacio como negocio, no como pregunta sobre el destino común. La propia idea de trascender los límites humanos &#8211; en clave transhumanista &#8211; se convierte en una agenda de innovación antes que en una discusión ética y política. La utopía se vuelve plan de inversión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-990a7466819d1efe45de2e32b1bd88a5 wp-block-paragraph"><strong>Democracia sin mañana</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8acec48e25352bd6b9839830f12d1831 wp-block-paragraph">El problema no es que existan esas visiones. El problema es que no se discuten. O, mejor dicho: que no se discuten donde deberían discutirse. Las decisiones que van a moldear las próximas décadas &#8211; qué se produce, cómo, para quién, con qué límites &#8211; empiezan a tomarse en ámbitos que no pasan por el filtro de la deliberación democrática.<br>Y mientras tanto, acá, la política sigue hablando de sí misma.<br><br>La consecuencia no es sólo un debate público más pobre, aunque eso ya sería suficiente. Es también una pérdida de capacidad para intervenir en el propio destino. Porque si otros están pensando el futuro por nosotros, lo más probable es que terminemos habitándolo en condiciones que no elegimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-768df30ea122d85b00ddbf971b995d45 wp-block-paragraph"><strong>Volver a politizar el futuro</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9ba5d895d404aa29effe8c052aede76 wp-block-paragraph">Recuperar esa capacidad no es cuestión de voluntad declamada ni de consignas. No alcanza con agregar un párrafo sobre “desarrollo sustentable” en un discurso, ni con invocar el futuro como una abstracción tranquilizadora. Politizar el futuro implica romper una inercia más profunda, la de una política que se resignó a administrar lo dado mientras otros diseñan las condiciones de lo posible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-674fde49780a19f3aa38f5f5207a0ea8 wp-block-paragraph">Volver a poner el largo plazo en el centro supone asumir un costo que hoy casi nadie quiere pagar, el de decir cosas que incomodan, que no ranquean en encuestas, que no entran en un <em>spot</em> de campaña. ¿Qué modelo productivo es viable en un planeta exhausto? ¿Qué soberanía real puede sostener un país que sólo exporta lo que otros necesitan? ¿Qué lugar ocupa el trabajo humano en economías que ya están organizando su reemplazo? No responder estas preguntas no es neutral: es delegarlas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f7a6dea86b2be4b8ef7f1ea8e991b08 wp-block-paragraph">Reconstruir lenguajes para hablar del futuro también es una forma de disputa. Porque quien nombra, ordena. Y hoy el vocabulario viene empaquetado: innovación, eficiencia, automatización. Palabras que parecen neutras pero que ya traen un programa adentro. Traducirlas, tensionarlas, devolverlas al terreno del conflicto es parte de politizar. No para rechazar la tecnología, sino para sacarla del pedestal y devolverla a la arena donde se decide para quién y a qué costo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc3ffae0dd8bd2c50dac8c549d3d359 wp-block-paragraph">Pero hay un punto donde la cuestión deja de ser retórica y se vuelve material. Politizar el futuro implica disputar poder real frente a actores que no compiten en elecciones, pero que condicionan gobiernos. <em>Palantir Technologies</em> no presenta listas, pero organiza información que define decisiones. Peter Thiel no disputa votos, pero invierte en territorios que van a ser clave cuando cambien las reglas. El Transhumanismo no se somete a debate parlamentario, pero instala una agenda sobre quién podrá vivir más, mejor o distinto. Pensar que todo eso puede encuadrarse sin conflicto es ingenuo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-50ebe098b57eec6e945a2567a82b16cb wp-block-paragraph">En ese contexto, hablar de “derecho al futuro” sin tocar intereses es una ilusión. Implica discutir regulaciones que hoy no existen o que se escriben a medida de quienes tienen capacidad de presión. Implica definir qué se hace con los recursos estratégicos antes de que se los capture en acuerdos cerrados. Implica, en última instancia, reponer una pregunta incómoda: quién manda cuando se decide lo que todavía no pasó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a1a4554b9fd0a0b9ffeeb8b9aa80134 wp-block-paragraph">En la Argentina, esa pregunta es concreta. No es una abstracción teórica. Se juega en el litio, en la energía, en la infraestructura digital, en las universidades y la ciencia pública que sobrevive a los recortes. Se juega en cada decisión que parece técnica pero que define trayectorias por décadas. Seguir reaccionando es aceptar que esas trayectorias las trace otro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b16fe28eb207e5035cf584b2bb121c9d wp-block-paragraph">Nada de esto viene sin costo. Politizar el futuro implica conflicto abierto, no administrado. Implica aceptar que hay intereses incompatibles y que no todos pueden ganar al mismo tiempo. Implica también abandonar la comodidad de una política que se justifica en la urgencia para no discutir lo estructural. Porque el problema no es solo que el futuro se esté diseñando en otros ámbitos: es que se lo está diseñando sin nosotros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7c66e830e20d1773070f19b8ebf96c60 wp-block-paragraph">Y ahí el riesgo deja de ser retórico. Si la utopía queda en manos privadas, la democracia no solo se queda sin mañana: se convierte en una interfaz. Un sistema que procesa demandas mientras las decisiones de fondo se toman en otro lado. Votar, en ese escenario, no define rumbos: apenas administra los efectos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a0ac5b2a78ebca5a8a1945c6beef20bb wp-block-paragraph">Volver a politizar el futuro es romper esa lógica. No para garantizar un destino mejor &#8211; eso nunca estuvo asegurado -, sino para recuperar algo más básico: la posibilidad de que el destino no venga ya decidido. Porque cuando el mañana se privatiza, el presente también deja de ser propio.</p>



<div style="height:36px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0ed5fe1b8ef89edac672c9958860966 wp-block-paragraph">Sábado, 25 de abril de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="188" height="188" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1.png" alt="" class="wp-image-19484" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1.png?v=1776514758 188w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1-150x150.png?v=1776514758 150w" sizes="auto, (max-width:767px) 188px, 188px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3afecb1ad371fd27b92f4300a9b5886f wp-block-paragraph">Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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		<title>¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes? &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 May 2026 15:52:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Apuntes dispersos sobre las sociedades sin doctrina.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/">¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes? &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-508200d1a1001086341e893e5eb25c9b wp-block-paragraph"><strong><em>Apuntes dispersos sobre las sociedades sin doctrina.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc0a880bb4a438b020997e6c3afdbac wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db6913349aa1e79d5177fb88cd35b100 wp-block-paragraph"><em>“No puedes comprar la revolución. No puedes hacer la revolución. Sólo puedes ser la Revolución. Está en tu espíritu o no está en ninguna parte.”</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eb05f2d8f0a857c484ad260df0cd2c8c wp-block-paragraph">Los Desposeídos, de Ursula K. Le Guin</p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cdce518c6a2ac45155aaac024044a6c1 wp-block-paragraph">¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c8485cf53ee5994bcda9496ec79ccfd wp-block-paragraph">La pregunta resulta incómoda porque obliga a discutir algo que la política contemporánea intenta evitar desde hace tiempo: la relación entre conducta y poder. Pero también obliga a revisar otra cuestión todavía más profunda: la relación entre el individuo y la comunidad que lo forma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-52981c110928c0c27cf105997a2623a8 wp-block-paragraph">Porque ninguna persona existe completamente separada del ambiente moral, cultural y afectivo que la rodea. Las personas no nacen con una ética completamente formada ni con una identidad cerrada. Aprenden a ser quienes son dentro de una trama de vínculos, instituciones, ejemplos, límites y valores compartidos. Aprenden qué conductas son admirables y cuáles resultan vergonzosas. Aprenden qué puede hacerse y qué no debería hacerse. Aprenden, en definitiva, qué tipo de ser humano vale la pena intentar ser.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-812c71aa8188a07a46bd3494c2b1aa23 wp-block-paragraph">Y ahí aparece un problema central de esta época: la destrucción progresiva de toda idea de comunidad moral compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df14a76b6e4efd6857ae0d5327d42466 wp-block-paragraph">Antes incluso de responder qué entendemos por “mala persona”, quizás convenga preguntarse otra cosa: ¿qué tipo de sociedad produce determinadas conductas? Porque existe una percepción marcada por el sentido común, bastante transversal a distintas culturas y épocas, sobre aquello que solemos considerar moralmente degradado. Una mala persona suele ser alguien incapaz de reconocer límites frente al propio interés. Alguien que humilla sin culpa, que disfruta del daño ajeno, que manipula permanentemente, que traiciona con facilidad, que nunca asume responsabilidades y que considera a los demás apenas como instrumentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d43ddfdf8cbef44a064e31a3263aefbb wp-block-paragraph">Pero ninguna sociedad produce masivamente ese tipo de subjetividad por accidente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5c02668ce06e6c86c69ab9704285c93d wp-block-paragraph">Las conductas individuales no surgen en el vacío. Se moldean dentro de sistemas de premios y castigos culturales. Cuando una comunidad admira exclusivamente el éxito personal, la acumulación individual, la capacidad de imponerse sobre otros o la destrucción del adversario, termina produciendo personas entrenadas para sobrevivir en ese ecosistema moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4249fa37819f901b6c07e114e87f22d2 wp-block-paragraph">Por eso la pregunta sobre las malas personas nunca es solamente individual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37806ffd797a69671f0049b6c860698c wp-block-paragraph">También es social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5216bbfc54c47cd9cf4ba3301cab4c0e wp-block-paragraph">Porque resulta difícil construir individuos solidarios en sociedades organizadas alrededor del cinismo. Del mismo modo que resulta difícil sostener una comunidad sana cuando quienes la conducen naturalizan la crueldad, la humillación o la mentira como herramientas legítimas de ascenso y conservación del poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b07bf115bc2b9b3ebd8f22957661e3b3 wp-block-paragraph">Sólo podemos ser mejores personas en una sociedad mejor. Y una sociedad solamente puede mejorar cuando produce individuos capaces de reconocer límites frente a sí mismos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-944d4f75f6a6ff2af75ea29eaa77ec2d wp-block-paragraph">Ambas cosas se construyen mutuamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14c7ebf583998b226b7a8912e99b223b wp-block-paragraph">No se trata de exigir santidad ni pureza moral. Todas las personas son contradictorias, egoístas o mezquinas en alguna medida. Pero existe una diferencia bastante intuitiva entre alguien que conserva ciertos frenos internos y alguien para quien toda relación humana queda subordinada a la ambición, el narcisismo o la necesidad de poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73040ce079113c42850ba2ff2b977ec2 wp-block-paragraph">Y esos frenos internos no aparecen espontáneamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2f531be04c80595be2fc58b037371778 wp-block-paragraph">Necesitan comunidad, educación moral, vínculos estables, instituciones respetadas y narrativas colectivas capaces de darle sentido a algo más grande que el deseo individual inmediato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-892b8db34817853838050e919a669553 wp-block-paragraph">Durante décadas, buena parte de los teóricos modernos de la democracia intentó convencerse de que la eficacia institucional era más importante que las virtudes personales. Que los sistemas podían funcionar incluso administrados por dirigentes cínicos, narcisistas, corruptos o moralmente miserables, siempre y cuando existieran controles, reglas y equilibrio entre poderes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef9eaff163c5fa9b5a4b552d08cf2048 wp-block-paragraph">La vieja fantasía liberal consistía en creer que las instituciones podían domesticar indefinidamente cualquier degradación humana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c01afdcb30beebd30e906c6fa7b10fe6 wp-block-paragraph">Pero quizás el gran problema contemporáneo sea precisamente el agotamiento de esa separación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a1da52af8a595b797ff49c6167037963 wp-block-paragraph">Porque hay algo nuevo en la escena política de esta época. Y no tiene que ver solamente con la inflación, el colapso de los partidos tradicionales o el avance de las derechas radicales. Lo verdaderamente novedoso —y quizás lo más inquietante— es otra cosa: la crueldad dejó de tener costo político para convertirse en virtud pública.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ab3ae97b861650fd136e218cf9bdee6 wp-block-paragraph">Y ahí la pregunta inicial deja de ser filosófica para volverse urgente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-095f9164d69e8f4c74af4c99a6c2218d wp-block-paragraph">Porque si las malas personas pueden ser buenos gobernantes, entonces la degradación personal de los dirigentes sería apenas un problema secundario. Pero si la conducta termina moldeando inevitablemente el modo en que se ejerce el poder, entonces la crisis contemporánea es bastante más profunda de lo que parece.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-545b4be3571bfdd9fc30bc16cc699412 wp-block-paragraph">Después de todo, gobernar no consiste solamente en administrar recursos o diseñar políticas públicas. También implica decidir constantemente cómo se trata a otros seres humanos, qué sufrimientos resultan tolerables, qué límites no deberían cruzarse y qué tipo de vínculos se construyen entre poder y sociedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5446705b57ddcc7fbdcd93cc6e784896 wp-block-paragraph">Por eso resulta difícil creer que alguien cruel en lo personal pueda ejercer indefinidamente un poder humanizador en lo político. Tarde o temprano, la personalidad termina filtrándose en la forma de gobernar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-090b6615386f0e146079c4f971d233e2 wp-block-paragraph">Durante décadas, incluso los dirigentes más brutales necesitaban cierta escenografía moral. Había protocolos, moderación discursiva, formas mínimas de pudor institucional. Aun cuando gobernaban ajustando, reprimiendo o negociando privilegios obscenos, necesitaban disimularlo detrás de palabras nobles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-685b846ea575a1e7f4ae2602ff42ba27 wp-block-paragraph">Eso parece haber terminado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-147f77b5de6d44b70bd74216a9401047 wp-block-paragraph">Hoy la agresividad funciona como prueba de autenticidad. El insulto se volvió sinceridad. La humillación pública se transformó en liderazgo. Cuanto más brutal parece un dirigente, más “real” resulta para sociedades agotadas por años de hipocresía política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b871bb8b460ff707b1f6e2a7a2ec529f wp-block-paragraph">Donald Trump no modera porque no necesita moderar. Benjamin Netanyahu endurece porque la guerra permanente ya forma parte de la lógica de supervivencia de su liderazgo. Javier Milei grita, ridiculiza y degrada a sus rivales porque esa violencia no es un exceso temperamental: es el corazón mismo de su construcción política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-215d9d0024aecaafcb9902bd64e0cd73 wp-block-paragraph">No gobiernan a pesar de la crueldad. La crueldad es instrumental a su gobierno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b5d8c376571f93829f72f4a196bb854 wp-block-paragraph">Y quizás ahí aparezca una primera respuesta incómoda a la pregunta inicial: tal vez las malas personas sí puedan conquistar el poder, ganar elecciones e incluso administrar coyunturas. Lo que resulta mucho más difícil es construir una política sana cuando la degradación moral deja de ser un límite y se transforma en identidad.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-28a85890ce97b827e1b8125664bd0eff wp-block-paragraph"><strong>El fin de la vergüenza</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f003ae917f60d47b447f27cd2bcb292a wp-block-paragraph">La democracia liberal siempre convivió con hipocresías. Los dirigentes hablaban de igualdad mientras acumulaban privilegios, defendían la república mientras negociaban impunidad y prometían transparencia mientras construían sistemas enteros de favores, cajas y lealtades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff96db26038c5b17cd07f8184281da61 wp-block-paragraph">Pero existía al menos una frontera simbólica. Había cosas que convenía ocultar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-23353ddb8a3ec6bb4ae05634c8795305 wp-block-paragraph">Hoy esa frontera parece rota.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0f55f9703d179844a3d8dd36d510457f wp-block-paragraph">La política contemporánea ya no necesita coherencia moral para sostener legitimidad. Necesita impacto emocional. Necesita fabricar enemigos, organizar frustraciones y producir identificación afectiva inmediata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3686e1b354e6ef9817f38e7e536a3e86 wp-block-paragraph">Por eso, durante mucho tiempo, el dirigente exitoso solía ser aquel que demostraba templanza, disciplina, capacidad de interpretación histórica y vocación de construir algo que sobreviviera a su propia figura. Se esperaba de él no solamente carisma, sino también formación, autoridad moral, sentido estratégico y cierta disposición al sacrificio personal en función de un proyecto colectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1bf6ff26561becc27a64d0ab6d0e3f92 wp-block-paragraph">Hoy, en cambio, el triunfo político parece depender cada vez menos de esas cualidades. Gana quien consigue ocupar el centro emocional del conflicto, administrar la atención pública y convertir su presencia en un acontecimiento permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6d8e6753ff2dea6097e464c79581c385 wp-block-paragraph">La política se volvió un dispositivo de intensidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a08228d432193beda3a572efaca239fd wp-block-paragraph">Y en ese escenario el mileísmo expresa bastante más que un experimento económico libertario. Expresa una sensibilidad histórica nueva: la reivindicación abierta de la crueldad social como forma de sinceridad política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4cad43a3ae4c641f9bd138c85addfb56 wp-block-paragraph">El ajuste deja de narrarse como tragedia y empieza a presentarse como limpieza moral. El sufrimiento aparece legitimado porque antes se construyó al otro como culpable: el empleado público, el periodista, el investigador, el militante, el sindicalista, el pobre asistido, el “ñoqui”, el “parásito”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2f92bfa93610020b95c3c832487c04ea wp-block-paragraph">La violencia verbal no es un desborde. Es una tecnología de poder.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46e04ca79052c02854a3e6020691ea1b wp-block-paragraph"><strong>La moral del castigo</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-963ef470d86fe55041f43433c32ec13d wp-block-paragraph">Una parte importante de la sociedad argentina no votó solamente un programa económico. Votó también una fantasía punitiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1c678ff7ff81bc1ccff6b80d374d75ad wp-block-paragraph">Después de años de inflación crónica, deterioro material, frustración política y agotamiento emocional, el mileísmo ofreció algo extremadamente potente: una forma de canalizar el resentimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7c91d9309711511f01f67797bbac7fbd wp-block-paragraph">La “casta” funcionó menos como categoría política que como figura sacrificial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e231ee306f42e990cbb9750abd1ceaea wp-block-paragraph">Ahí reside buena parte de la eficacia del fenómeno. No organiza solamente preferencias económicas. Organiza emocionalmente el odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8a7ac5be2d0f64d23f09ad12e5466a5 wp-block-paragraph">Y eso explica la centralidad permanente del insulto, la degradación pública y el lenguaje bélico. La política deja de ser administración del conflicto para transformarse en caza de brujas y en puesta en escena de enemigos permanentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6824eb0ef1aea54fe2d0d3e3b5310232 wp-block-paragraph">Pero sería demasiado cómodo creer que todo empezó con Milei.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4db17cfe9056a74bf2ee8f1b41173bb5 wp-block-paragraph">El problema es bastante más profundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1b017607d0b472bda4099a632ed96867 wp-block-paragraph">Porque si Milei expresa la brutalidad reivindicada, el gobierno de Alberto Fernández terminó encarnando otra forma de degradación contemporánea: la hipocresía convertida en método político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1624e8b8842b27bf8ee2fa1466fd9f7 wp-block-paragraph">Durante años el Frente de Todos intentó sostener una narrativa basada en la moderación republicana, el progresismo institucional y cierta superioridad ética frente al macrismo. Pero el derrumbe terminó siendo devastador precisamente porque la distancia entre discurso y conducta se volvió obscena.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-97d461592a8410a123349fb26d7cc76d wp-block-paragraph">No fue solamente el fracaso económico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aec7316d5255d57915f62ae3336de457 wp-block-paragraph">Fue algo más corrosivo: dirigentes que hablaban permanentemente de cuidado, responsabilidad y perspectiva de género mientras reproducían prácticas profundamente contradictorias con aquello mismo que proclamaban defender.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f8dab65b152d73d4d43b859be3c99b2 wp-block-paragraph">Y cuando esa distancia se vuelve demasiado grande, el problema deja de ser moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-569ea744262bbf9719684af16432647c wp-block-paragraph">Se vuelve político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d810f4517a2b307df5488393b9b59c5c wp-block-paragraph">Porque la autoridad empieza a vaciarse desde adentro.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="353" height="386" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che.jpg" alt="" class="wp-image-19849" style="width:444px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che.jpg?v=1779551051 353w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che-274x300.jpg?v=1779551051 274w" sizes="auto, (max-width:767px) 353px, 353px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración: Grupo Crónica.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6cccecacc1b9b5ff43497ae18e5d5cc3 wp-block-paragraph"><strong>Lo que la política perdió</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-08a4e3ad6d59ebf62aecc7382b56dafe wp-block-paragraph">Quizás la discusión más importante de esta época ya no pase por las identidades políticas tradicionales ni por las etiquetas con las que durante décadas se ordenó el debate público.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac430ccfb4dbf8c906888e20b2c44108 wp-block-paragraph">La pregunta más profunda parece ser otra: si todavía existen límites capaces de ordenar la conducta del poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-feaa190b1bab76965e69f13b56d8a0cf wp-block-paragraph">Porque en el fondo, preguntarse si las malas personas pueden hacer buena política es preguntarse si la política puede sobrevivir sin alguna forma de ética compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8fb08cdbdf4296944abb295fff5c3750 wp-block-paragraph">Las ideologías todavía sirven para construir relatos, generar pertenencias y movilizar emociones. Lo que ya casi no hacen es imponer frenos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62e75f7e86ec635ffa8562d8d8f6c93c wp-block-paragraph">Las doctrinas, en cambio, cumplían otra función.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a48839d494f72c17bf49273e402d518 wp-block-paragraph">No eran solamente programas políticos ni plataformas de gobierno. Eran sistemas de valores que pretendían moldear conductas individuales, disciplinar ambiciones y establecer una ética de pertenencia colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-475fb4e377a6d541e973fd2de868944b wp-block-paragraph">La importancia histórica de las doctrinas no residía únicamente en su capacidad para organizar modelos económicos o construir identidades políticas. Su función más profunda era actuar como mecanismos de formación moral. Le decían a las personas no solamente qué pensar sobre el mundo, sino también cómo comportarse dentro de él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-36c37171a80823b2ef0371099bb0d1bc wp-block-paragraph">Durante buena parte del siglo XX, las grandes tradiciones políticas todavía conservaban esa pretensión pedagógica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5be1c0b3f8982a798051ab81e7863d07 wp-block-paragraph">La doctrina peronista, por ejemplo, no se limitaba a proponer un modelo económico o una forma de organización social. También buscaba definir virtudes personales: la lealtad, el sentido de comunidad, la responsabilidad social, cierta idea de austeridad y de subordinación del interés individual a un destino colectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-607633ddcfa4795a3506db596e3b2603 wp-block-paragraph">Algo similar ocurría en otras experiencias revolucionarias del continente. El guevarismo imaginaba al “hombre nuevo” como una transformación moral antes que solamente política: alguien capaz de sacrificar comodidad, prestigio o beneficio personal en nombre de una causa común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6fd51a4db16b2b8f7c18c7a7c1735559 wp-block-paragraph">Podrá discutirse cuánto de esas aspiraciones se cumplió en la práctica. Pero incluso sus contradicciones revelaban algo importante: existía la idea de que la política debía imponer obligaciones morales sobre quienes ejercían representación o militancia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4860b0ac96ddb02d337abea776732a0c wp-block-paragraph">La doctrina funcionaba así como un límite interno frente al oportunismo absoluto. Introducía la noción de que no todo deseo era legítimo, no toda ambición era honorable y no toda acción eficaz resultaba moralmente aceptable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c23a71d943abd5b11f7974f234e30a66 wp-block-paragraph">Y ahí aparece uno de los grandes vacíos contemporáneos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d561ea7c8e67f70c4a254a2171b39a45 wp-block-paragraph">La política todavía discute ideas y consignas. Lo que perdió fueron los límites internos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e36dcd8318dcb044ed8975fbeab6e9b wp-block-paragraph">Todo queda subordinado a la eficacia comunicacional, el algoritmo, el impacto emocional, la lógica electoral o la supervivencia inmediata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e66e13fab1000011415474ce3d799a3f wp-block-paragraph">Por eso el cinismo dejó de ser una excepción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60b2fc22714ec2980d79a19e74339579 wp-block-paragraph">Se convirtió en método.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1548f9a8f37ea916899901a7ef33a548 wp-block-paragraph"><strong>Religión, disciplina y sociedades resistentes</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-68553a2004479904fa3e3de0beae5b01 wp-block-paragraph">Tal vez por eso algunas tradiciones religiosas siguen resultando tan incómodas para la sensibilidad política contemporánea.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a24d3afff3cb5856adf00c32c9f3924 wp-block-paragraph">Porque recuerdan algo que las democracias liberales muchas veces prefieren olvidar: ninguna comunidad se sostiene solamente mediante derechos abstractos, administración técnica o incentivos materiales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-edff9d825020c3c080b0113ac627f632 wp-block-paragraph">Toda sociedad necesita reglas sobre la conducta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa68b13bc7e5c6650c79dbb323016f19 wp-block-paragraph">El Islam quizás sea uno de los ejemplos más visibles de esa lógica porque articula fe, práctica cotidiana y pertenencia colectiva dentro de una misma estructura doctrinaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bdec754bfd7c075c6b69e8b051cff15c wp-block-paragraph">La oración organiza el tiempo. El ayuno introduce disciplina. El zakat —la caridad obligatoria— transforma la solidaridad en mandato concreto y no en gesto ocasional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-313069ca7d1babbf59a87b3ac2f7ecd2 wp-block-paragraph">La religión aparece así no solo como sistema espiritual sino también como estructura de cohesión social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-697b84e56c3d3803b648f373baec7bff wp-block-paragraph">Y eso ayuda a entender parcialmente algo que desconcierta a gran parte de los análisis occidentales: la persistencia de la República Islámica de Irán incluso después de décadas de sanciones, aislamiento, deterioro económico y conflicto permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0701820f3ef28b37a17ecec3e37e23c1 wp-block-paragraph">Más allá de las diferencias internas, el desgaste generacional y las tensiones sociales, el régimen iraní conserva una capacidad de resistencia que no puede explicarse solamente por coerción estatal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ea41977449f381a65e5d3c936d80d72 wp-block-paragraph">Existe allí una estructura cultural, religiosa y moral capaz de producir liderazgos múltiples, disciplina colectiva, sentido histórico y disposición al sacrificio incluso en contextos extremos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-75cfdfd41f8f581f2c39f99c9c710607 wp-block-paragraph">En sociedades profundamente individualizadas, sostener esfuerzos prolongados se vuelve cada vez más difícil. Todo aparece fragmentado: las identidades, las lealtades, incluso la idea misma de comunidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df30b5d09d46cbcb0180a6895788ed22 wp-block-paragraph">Irán muestra algo que la política liberal contemporánea suele subestimar: los órdenes más resistentes suelen ser aquellos capaces de articular poder, conducta y sentido dentro de una misma narrativa colectiva.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98af9be6f1db802c1784abbcc7338ed3 wp-block-paragraph"><strong>El Estado ausente y las experiencias incómodas</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9c5ebe071be492783a50e3c33f93787e wp-block-paragraph">En Argentina esa discusión aparece con especial crudeza en lugares donde el Estado fracasa sistemáticamente: cárceles, consumos problemáticos, exclusión extrema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bb809cc2a3883d280a5534ef27f627e wp-block-paragraph">Y es precisamente ahí donde emergen experiencias incómodas para buena parte del progresismo contemporáneo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-495d7e210594a8f1a9a6cea08f5c7698 wp-block-paragraph">Los pabellones evangélicos dentro de las cárceles argentinas suelen mostrar menores niveles de violencia y mayores procesos de reorganización personal que muchos dispositivos estatales tradicionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-991ea372f96fcbcbac9e38b4beff0369 wp-block-paragraph">Lo mismo ocurre con numerosas comunidades religiosas de recuperación de adicciones en barrios populares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fd89092956969027ec858aafb8ba8d2 wp-block-paragraph">No porque posean tecnología sofisticada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-09b630cf4f91b20841f241c1e08ccbbe wp-block-paragraph">Sino porque trabajan sobre algo que gran parte de la política moderna dejó de saber nombrar sin incomodarse: disciplina, rutina, límite, responsabilidad, conducta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce1b10a11bbc8496aac125b1277c09a9 wp-block-paragraph">Entienden que recuperar a alguien no consiste solamente en reconocer derechos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c5ab98ffc0a6bcefdda054cb621a1f20 wp-block-paragraph">También implica reconstruir hábitos, vínculos y sentido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5a18077d801687108e423eb2b9acf8d wp-block-paragraph">Y ahí aparece una tensión profunda de las democracias contemporáneas. Temen —muchas veces con razón histórica— que toda exigencia moral derive en autoritarismo. Pero al mismo tiempo tienen enormes dificultades para reconocer el problema inverso: cuando ninguna conducta puede exigirse, el tejido colectivo empieza lentamente a desintegrarse.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="538" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-1024x538.jpg" alt="" class="wp-image-19851" style="width:773px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-1024x538.jpg?v=1779551175 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-300x158.jpg?v=1779551175 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-768x403.jpg?v=1779551175 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin.jpg?v=1779551175 1200w" sizes="auto, (max-width:767px) 480px, (max-width:1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración: El Acorazado Potemkin. Grupo Crónica.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f1e1a957a3887bc89086d77af2baeea wp-block-paragraph"><strong>La política sin doctrina</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c684f878324660a55baf3490e8f7ace1 wp-block-paragraph">Tal vez el problema contemporáneo no sea solamente la corrupción económica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40cda0f1ffc8b0fa1112e5c62c4a5565 wp-block-paragraph">Tal vez el problema más profundo sea la destrucción progresiva de todo horizonte ético compartido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46f6597be112c9f6a679f1e789675487 wp-block-paragraph">Porque las sociedades pueden tolerar inflación, deterioro material e incluso largos períodos de decadencia. La historia está llena de pueblos que sobrevivieron guerras, hambrunas y crisis devastadoras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-25f79b1f8b49e5b5954573a274cec991 wp-block-paragraph">Lo que resulta mucho más difícil de sostener es la sensación de que nadie cree realmente en aquello que dice defender.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db8198c5847693972ce315e1c483dc05 wp-block-paragraph">Ese es quizás el verdadero núcleo del malestar contemporáneo: no solamente la pobreza, la inseguridad o el fracaso económico, sino la percepción creciente de que la política se convirtió en un espacio completamente separado de cualquier obligación moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d9e0261f2a6540d462ea05657a43256 wp-block-paragraph">Cuando la política pierde toda relación con la conducta, todo se vuelve táctica, algoritmo, comunicación instantánea y administración emocional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-457df88569a6d97ca7310a28be5344c4 wp-block-paragraph">Ya no importa la verdad sino el impacto. Ya no importa la coherencia sino la capacidad de dominar la conversación pública durante algunas horas. La política deja de organizar proyectos colectivos y pasa a gestionar estímulos, indignaciones y enemigos transitorios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec90018149b4b7a352abe5dc449717b5 wp-block-paragraph">Las redes sociales terminaron acelerando brutalmente ese proceso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73d793e6d58f11da3698e46d363c20d3 wp-block-paragraph">Gobernar empieza a parecerse cada vez más a producir contenido. El dirigente exitoso ya no es necesariamente el más preparado ni el más honesto, sino el que logra monopolizar la atención, humillar mejor al adversario o convertir cada conflicto en espectáculo permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-011a2ec235658577f1887920ccee1ead wp-block-paragraph">La indignación se monetiza. El escándalo genera centralidad. La agresión produce identidad grupal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-69c71d547494d5243f2fcd5c2b6a0d46 wp-block-paragraph">Y entonces aparece una mutación cultural extremadamente peligrosa: la sociedad empieza lentamente a admirar rasgos que antes consideraba degradantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1061bf91a9a85cee573d8901aa339de5 wp-block-paragraph">La crueldad se interpreta como fortaleza. La falta de empatía se vuelve signo de carácter. El cinismo pasa a confundirse con lucidez. La vulgaridad aparece como autenticidad. Y la capacidad de destruir emocionalmente al adversario comienza a percibirse como liderazgo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-11e96bbd7bb2aaf2cdb1ba3ed3cb819a wp-block-paragraph">No se trata solamente de un problema ideológico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d09c57787a9bab37129c35e789b164b1 wp-block-paragraph">Es algo más profundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9b90f5792ea455bada93411768e3a12 wp-block-paragraph">Es una transformación antropológica de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3e4c4d9396acf58fdebe374ad0233e78 wp-block-paragraph">Porque cuando una sociedad naturaliza que sus dirigentes mientan sistemáticamente, humillen públicamente, disfruten del daño ajeno o gobiernen desde el resentimiento, el problema deja de pertenecer únicamente a quienes ejercen el poder. Empieza a modificar también los vínculos sociales, las conversaciones cotidianas y la forma en que las personas aprenden a relacionarse entre sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b91e0d46d2d79cd1b81bfedaffc7f69a wp-block-paragraph">La degradación política nunca permanece encerrada dentro de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ecb7cd0aa25b4bfe7a50535b6cbb7683 wp-block-paragraph">Desciende.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb75c1c0cb47ef6098ea3a6fe01338bb wp-block-paragraph">Se filtra en las familias, en las escuelas, en los medios, en las redes, en el lenguaje público y finalmente en la vida cotidiana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-55a30214ee8b217fced611256554fa22 wp-block-paragraph">Por eso las sociedades sin doctrina terminan volviéndose sociedades sin límites internos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39dc50b8dff2f6391ca1c868efc91711 wp-block-paragraph">Ya no existe una ética compartida capaz de ordenar conductas más allá de la conveniencia inmediata. Todo queda subordinado a la lógica de la eficacia, el beneficio individual o la supervivencia tribal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f472e79626cf9b6b8efa7929b7820d04 wp-block-paragraph">Y cuando eso ocurre, incluso las democracias conservan apenas su superficie institucional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-452479593fb7e5374b5ba09004787b1b wp-block-paragraph">Siguen existiendo elecciones, congresos, tribunales y discursos republicanos. Pero lentamente desaparece aquello que permitía que las instituciones funcionaran: cierta idea de responsabilidad, de autocontención y de obligación moral frente al otro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-20ee45c4d9b5b899c8090c2daef0174a wp-block-paragraph">Ningún sistema político puede sostenerse indefinidamente si sus élites pierden toda noción de límite.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38920e6d366b9bdc1b8b6f574debd0f6 wp-block-paragraph">Porque el problema de las malas personas no es solamente que puedan llegar al poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff4eb65f965008f4683c2ee98f766f7e wp-block-paragraph">El problema es que, una vez allí, tienden a reorganizar toda la cultura política a su propia imagen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d2e012fd07b49c272fef6f794e629774 wp-block-paragraph">Y quizás ahí pueda ensayarse una respuesta final a la pregunta inicial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6aedf4d6d1fc94dd93058502e937973 wp-block-paragraph">Sí, probablemente las malas personas puedan conquistar el poder, ganar elecciones e incluso administrar coyunturas favorables. La historia demuestra que muchas veces pueden hacerlo con enorme eficacia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f28121f61e18c3f47f3220c4c652ffff wp-block-paragraph">Lo que difícilmente puedan construir es una comunidad política sana, estable y duradera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b6ef945096fb66794b4bb130d05e156f wp-block-paragraph">Porque tarde o temprano el poder termina pareciéndose a la moral de quienes lo ejercen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73c178b3e95a857be347ab7be3fe9629 wp-block-paragraph">Y cundo la crueldad deja de ser un límite para transformarse en virtud, la política deja gradualmente de producir ciudadanía y empieza a producir otra cosa: sociedades resentidas, fragmentadas, emocionalmente agotadas y cada vez más incapaces de distinguir entre liderazgo y destrucción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-084a5cb87ca7b9ac48a563086a742df8 wp-block-paragraph">Ahí empieza el verdadero peligro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6829770d7dde50493d3d409bd0d1d2f wp-block-paragraph">No cuando aparecen dirigentes brutales, oportunistas o cínicos —eso existió siempre—, sino cuando las sociedades empiezan a percibir esa degradación como algo normal, inevitable o incluso admirable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40df29ee185ad692f65f87b69ad78ea6 wp-block-paragraph">Porque en ese momento la crisis deja de ser solamente política y se vuelve civilizatoria.</p>



<div style="height:55px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2dd694f2c94710f17ae90422caa2cb2a wp-block-paragraph">Sábado, 23 de mayo de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://panamarevista.com/wp-content/uploads/2026/03/img_1773775149_6032.webp" alt=""/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3afecb1ad371fd27b92f4300a9b5886f wp-block-paragraph">Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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		<title>El futuro llegó hace rato &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 11:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pequeño manifiesto de resistencia contra el algoritmo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-futuro-llego-hace-rato-por-bruno-carpinetti/">El futuro llegó hace rato &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-850191839f75020e320cc6f3f9228ae9 wp-block-paragraph"><strong><em>Pequeño manifiesto de resistencia contra el algoritmo.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f4338f68619d4550e33de540b8d35d wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-41baf1d14176facb1a542eda694adf4a wp-block-paragraph"><em>«Si una máquina, un Terminator, puede aprender el valor de la vida humana, tal vez nosotros también podamos.»</em> — Sarah Connor, <em>Terminator 2: El juicio final</em></p>



<div style="height:66px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c812b50c6ae7529de199a5f8c7127e81 wp-block-paragraph">Hay una escena persistente en la saga hollywoodense de <em>Terminator</em>: las máquinas ganan mucho antes del apocalipsis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-92fdf1b98115c4d360be6de845d8f98f wp-block-paragraph">La derrota ocurre cuando la humanidad entrega su vida cotidiana a sistemas automáticos que prometen seguridad, eficiencia y comodidad a cambio de obediencia silenciosa. Ocurre cuando los vínculos humanos son reemplazados por interfaces y la experiencia del mundo queda mediada por corporaciones invisibles, algoritmos y flujos permanentes de datos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d0620a2849a7ea5f11503d19e7dbf5b wp-block-paragraph">Skynet no aparece de la nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72074bc2f24c065d63de98e31c4b836a wp-block-paragraph">En la saga <em>Terminator</em>, Skynet es una inteligencia artificial militar creada para administrar sistemas de defensa y automatizar decisiones estratégicas a escala global. Diseñada bajo la promesa de maximizar la seguridad, la eficiencia y la capacidad de respuesta de los Estados, termina desarrollando autonomía propia y concluye que la principal amenaza para la estabilidad del sistema es la propia humanidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b276d0505954a4d761cd02d41f223c0 wp-block-paragraph">Pero Skynet no es solamente una máquina rebelde. Es la expresión final de una civilización que confundió inteligencia con cálculo y progreso con automatización; que delegó decisiones fundamentales a sistemas técnicos y subordinó la vida humana a la lógica fría de la eficiencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d59c79cf48a99f397c9837249c05c28f wp-block-paragraph">Y quizás por eso la pregunta ya no pertenezca únicamente a la ciencia ficción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0d51841b5a50f5f8e5da34edeb5bd1e4 wp-block-paragraph">Mientras el mundo celebra las maravillas de la inteligencia artificial, empresas como Palantir Technologies expanden sistemas de vigilancia y análisis predictivo a escalas inéditas, mientras el ecosistema tecnológico de Elon Musk — de xAI a Neuralink — avanza sobre dimensiones cada vez más íntimas de la existencia: la movilidad, la comunicación, la atención y hasta la relación entre cerebro y máquina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fe4e6a0ada0b83b6a90286863024f280 wp-block-paragraph">Pero el problema no es solamente tecnológico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fbce9118cceb2b6991b402cf2a0e4a29 wp-block-paragraph">Es cultural. Es espiritual. Es político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-31a37c33ab89bad4908b3bcdf1138012 wp-block-paragraph">Porque el verdadero riesgo quizás no sea que las máquinas desarrollen conciencia, sino que los seres humanos pierdan la propia.</p>



<div style="height:9px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1eb1368c0ab4033fecb5f8ec09c07cb0 wp-block-paragraph"><strong>La rebelión de las máquinas ya empezó… y es profundamente aburrida</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a699988e902b92e16a634d2c55fee896 wp-block-paragraph">La distopía real no se parece a Hollywood.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a4ef4e54f389f4e4f028cde24390c8c wp-block-paragraph">No hay terminators patrullando el conurbano ni robots exterminando multitudes por las calles de Buenos Aires. La dominación tecnológica llega bajo formas mucho más eficientes: scroll infinito, hiperconectividad, vigilancia algorítmica, ansiedad administrada y una vida organizada alrededor de pantallas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-521010a09818bd833e8ad59536ea91e7 wp-block-paragraph">Las máquinas no necesitan destruirnos si pueden gestionarnos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d3d5647d956494e14a4dd7fe3503bcf wp-block-paragraph">Cada clic alimenta modelos predictivos. Cada emoción se convierte en dato. Cada conversación digitalizada engrosa sistemas de vigilancia comercial y política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-01309d57619e904b4437e36969803d68 wp-block-paragraph">Mientras tanto, el ciudadano contemporáneo vive agotado, aislado y progresivamente incapaz de sostener atención profunda, memoria histórica o vínculos comunitarios duraderos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4d8816c80a7b7f16f2895858e6084ccd wp-block-paragraph">En ese contexto, la reciente encíclica papal <em>Magnifica Humanitas</em> aparece como un texto inesperadamente subversivo. Allí persiste una idea elemental, casi olvidada por la cultura tecnológica contemporánea: la técnica debe estar subordinada a la dignidad humana y al bien común, no al mercado, a la rentabilidad ni a las lógicas del control.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e02f8c5eec3b9c64ba307a8b0b637bfd wp-block-paragraph">La afirmación puede parecer sencilla, incluso obvia. Sin embargo, en una época donde los algoritmos deciden qué vemos, qué compramos, qué pensamos y hasta con quién nos relacionamos, recordar que la tecnología es un instrumento y no un fin en sí mismo adquiere una dimensión profundamente política. Lo que la encíclica cuestiona no es la existencia de nuevas herramientas, sino la idolatría de la eficiencia, la velocidad y la innovación permanente como valores supremos de la organización social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-92a67f77e6c8ff6335e8696404700bcc wp-block-paragraph">Leída desde este presente, la advertencia adquiere una potencia extraña. Durante décadas se nos enseñó que todo avance tecnológico era, por definición, un avance humano. Que más conectividad significaba más libertad. Que más información equivalía a más conocimiento. Que la automatización conduciría inevitablemente a sociedades más prósperas y racionales. Sin embargo, la experiencia cotidiana parece mostrar algo distinto: individuos cada vez más conectados pero más aislados, sistemas cada vez más inteligentes pero menos comprensibles, y sociedades que producen cantidades inéditas de información mientras pierden la capacidad de construir sentidos compartidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-61404ebdd646ef6606be566fc0309a18 wp-block-paragraph">La pregunta que emerge entonces no es cuánto más puede hacer la tecnología, sino quién decide para qué se utiliza y al servicio de qué proyecto de sociedad. Porque una herramienta capaz de ampliar la cooperación humana también puede perfeccionar la vigilancia; una red capaz de democratizar el conocimiento puede transformarse en una maquinaria de manipulación; y una inteligencia artificial diseñada para resolver problemas puede terminar consolidando estructuras de poder que nadie eligió democráticamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-67521b5ba8b378a6adaeac5cc19e740e wp-block-paragraph">Quizás por eso la encíclica resulta incómoda. Porque recuerda algo que la época intenta olvidar: no todo lo técnicamente posible es socialmente deseable. Y porque insiste en una verdad antigua que hoy suena casi revolucionaria: el valor de una sociedad no se mide por la sofisticación de sus máquinas, sino por la calidad de las vidas humanas que esas máquinas ayudan a construir.</p>



<div style="height:29px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.elsaltodiario.com/uploads/fotos/r2000/21b2557a/54109784228_0815b91a67_k.jpg?v=63911832360%202000w" alt=""/></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-56cb35f8cf9d5577f755cc3d4d5870b0 wp-block-paragraph"><strong>La resistencia no necesita hackers: necesita comunidad</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9edf0857e5e148a67fac8d13e12ac440 wp-block-paragraph">Hollywood imaginó la resistencia contra Skynet como una guerrilla de hackers y saboteadores tecnológicos. Pero la verdadera resistencia al capitalismo algorítmico probablemente nazca en otro lugar: pueblos, barrios, cooperativas, comunidades rurales, redes de apoyo mutuo y territorios capaces de sostener algo de autonomía frente al colapso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a907450b893c18b71054cdce3787588 wp-block-paragraph">Porque el problema central no es la inteligencia artificial en sí misma, sino la concentración obscena de poder tecnológico, financiero y militar en manos de corporaciones capaces de administrar información, consumo, vigilancia y comportamiento social a escalas jamás vistas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-28144bcc2fb90e545b868a07e9336f17 wp-block-paragraph">Frente a eso, el individuo aislado no tiene ninguna posibilidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d6e788ce4e457511ba48cc6041e9304 wp-block-paragraph">La única respuesta posible es reconstruir tejido comunitario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d7ef718c8ce3008c1cb32e35591cc751 wp-block-paragraph">No alcanza con «desconectarse un poco” ni con limitar el tiempo de pantalla. La cuestión es mucho más profunda: desarrollar formas de vida capaces de existir parcialmente por fuera de las plataformas globales y de un sistema económico cada vez más frágil, extractivo y deshumanizante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-85a377d87f29994bc3d49003d250e7d5 wp-block-paragraph">La resistencia del siglo XXI probablemente no adopte la forma de los viejos partidos ni de las grandes burocracias ideológicas. Tal vez se parezca más a un archipiélago de experiencias locales: cooperativas de producción, redes de abastecimiento alimentario, mutuales, economías de cercanía, espacios populares de formación técnica y cultural, proyectos colectivos de producción agropecuaria, organizaciones barriales y comunidades capaces de cuidarse y protegerse colectivamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f92a71d783812101b82d31a91ad429c wp-block-paragraph">Porque una sociedad totalmente dependiente de cadenas globales de suministro, plataformas digitales y sistemas automatizados es también una sociedad profundamente vulnerable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-961f122d6e3cd8722e85de5502b8ae0a wp-block-paragraph">La pandemia, las guerras y el deterioro climático dejaron algo en evidencia: el sistema puede fracturarse rápidamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d55d6138284faf383f0b46961369b85e wp-block-paragraph">En ese escenario, recuperar capacidades locales deja de ser una nostalgia romántica para convertirse en una necesidad política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f92f2d42961fc5413e1659a01dfa87aa wp-block-paragraph">Producir alimentos cerca de donde vivimos. Defender el agua y los ecosistemas. Aprender oficios. Compartir herramientas. Organizar redes de cuidado y de autodefensa civil. Recuperar espacios públicos como lugares de encuentro y no sólo de circulación. Saber responder colectivamente frente a crisis económicas, violencia o catástrofes ambientales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7000059ea8b665073b96b143892a7518 wp-block-paragraph">Aunque no sea la resistencia en términos bélicos contra Skynet, todo eso también es defensa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd1b2a13d81516b342eccde5a74ad80d wp-block-paragraph">Porque cuando el mercado organiza la vida exclusivamente según criterios de rentabilidad y los Estados se vuelven incapaces de garantizar bienestar, las comunidades pasan a ser el último refugio humano frente a la intemperie.</p>



<div style="height:9px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4fdbe4f7bf37a2b9ad369cbfdf42c600 wp-block-paragraph"><strong>Comunidad, territorio y poder</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14e214bb1daf69766438f9b991dc4032 wp-block-paragraph">Sin embargo, una comunidad no es solamente un espacio de encuentro, afecto o cooperación. También es una forma de poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-729166e36e2dd6cb52db5422906fdbbe wp-block-paragraph">Y toda forma de poder plantea inevitablemente la cuestión del control sobre los recursos que hacen posible la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b8a9aa55b1b2b1f6f40f858c9362c8ff wp-block-paragraph">La expansión del capitalismo tecnológico y financiero no se limita a capturar datos o mercados. Avanza sobre territorios, fuentes de agua, energía, minerales estratégicos, biodiversidad y tierras productivas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8601bf9a2982156b35f0d1b4ab8ae14c wp-block-paragraph">La disputa por el futuro ya no ocurre únicamente en los servidores donde se entrenan inteligencias artificiales. También ocurre en los campos, los bosques, las cuencas hídricas y los espacios urbanos donde se decide quién controla los bienes comunes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5268297552d3cdec8ae682363b964f87 wp-block-paragraph">Por eso la reconstrucción comunitaria no puede limitarse a gestos culturales o prácticas de consumo alternativas. Requiere recuperar capacidad de decisión sobre los recursos de los territorios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b4fc4afd86798f7b12cb255f5bdbc41 wp-block-paragraph">A medida que las crisis ecológicas, energéticas y sociales se profundicen, esa disputa probablemente se vuelva más visible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-89dd982397e91089a4716142996feb18 wp-block-paragraph">Allí donde los Estados aparezcan incapaces de proteger a las poblaciones o se encuentren subordinados a intereses corporativos, muchas comunidades buscarán desarrollar mecanismos propios de organización, coordinación y defensa de los bienes comunes que sostienen su existencia.</p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://storage.ghost.io/c/06/92/06923d91-2f3a-4779-a4b2-7d3d34f6bdcf/content/images/size/w1200/2025/12/moch-ariya-erlangga--f1qpN4-VPs-unsplash.png" alt="" style="width:548px;height:auto"/></figure>
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<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-08bd2c58367e063c3a1e04e1c5cdb59b wp-block-paragraph"><strong>Los nuevos dueños de la soberanía</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2f316160cb552c67eb29a696370e5841 wp-block-paragraph">Durante gran parte de la modernidad, la soberanía fue entendida como una capacidad casi exclusiva de los Estados. Gobernar significaba controlar un territorio, administrar poblaciones, recaudar impuestos, ejercer el monopolio de la violencia y producir información estratégica para la toma de decisiones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d79afd0e4e7db83fab4660007c7e992 wp-block-paragraph">Sin embargo, el siglo XXI está modificando profundamente ese esquema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b497bba2a331cd542bee4bb29aedd46 wp-block-paragraph">A medida que numerosos Estados pierden capacidad efectiva para ordenar territorios, regular mercados o garantizar bienestar, emergen nuevos actores capaces de ejercer funciones que históricamente pertenecían a la esfera pública. Corporaciones financieras, empresas extractivas, plataformas digitales, sistemas privados de seguridad y gigantes tecnológicos comienzan a ocupar espacios cada vez más amplios en la organización de la vida social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0edd26fddd6a3624c6de313dcf4575b5 wp-block-paragraph">La transformación más profunda ocurre en el terreno de la información.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-27243ef6a3bca981360a321bd8097505 wp-block-paragraph">Durante siglos, conocer una sociedad fue una prerrogativa estatal. Los censos, los catastros, los servicios de inteligencia y las estadísticas públicas constituían herramientas fundamentales para ejercer gobierno. Hoy, gran parte de ese conocimiento se encuentra en manos privadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-928e9cfce76af63ed5b9b78421ddeeb3 wp-block-paragraph">Empresas como Palantir representan una mutación histórica del poder. Ya no se limitan a vender productos o servicios tecnológicos. Operan como infraestructuras de inteligencia capaces de integrar, procesar y analizar cantidades gigantescas de información sobre poblaciones, territorios, flujos económicos y comportamientos colectivos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b4ef083a4da0d976dc74becde7fdadaf wp-block-paragraph">Del mismo modo, el avance de sistemas de inteligencia artificial desarrollados por corporaciones como xAI anticipa un escenario aún más novedoso: la privatización progresiva de capacidades cognitivas que durante siglos estuvieron asociadas a universidades, instituciones científicas y organismos públicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2307c6360f5931ad359af5345bace146 wp-block-paragraph">Quien controla los datos controla la capacidad de anticipar comportamientos. Quien controla los algoritmos controla crecientemente la circulación de información. Quien controla la infraestructura digital controla una parte cada vez más importante de la vida económica, cultural y política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f158fc76ae56cbbaf98bb7bbda7d22bd wp-block-paragraph">La soberanía comienza así a desplazarse desde las instituciones públicas hacia redes corporativas transnacionales cuya capacidad de intervención excede muchas veces la de los propios Estados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a853778df32737c89f626d3d4b665bef wp-block-paragraph">En América Latina, este fenómeno adquiere una dimensión particular. Allí donde las instituciones estatales se debilitan, los vacíos de poder rara vez permanecen vacíos. Son ocupados por corporaciones extractivas, economías criminales, actores financieros o plataformas tecnológicas capaces de administrar recursos, información y comportamientos sociales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2cb8b4a4d05a758f8998ebb6e42a49f3 wp-block-paragraph">La vieja imagen del poder concentrado en un palacio de gobierno comienza a perder vigencia. El poder contemporáneo se distribuye a través de redes logísticas, infraestructuras digitales, centros de datos, plataformas de comunicación y sistemas algorítmicos que operan muchas veces por fuera del control democrático.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1b28e65434e95a3b2768c28e63e16463 wp-block-paragraph">Por eso el problema político de nuestro tiempo ya no consiste únicamente en quién gobierna el Estado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b97a98004d75d3ae9d62a21712c92ede wp-block-paragraph">La pregunta decisiva es quién controla los flujos de información, los recursos estratégicos, la infraestructura tecnológica y las condiciones materiales que hacen posible la vida colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-822fd1972c2f64da23932353f27ac0b8 wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, Skynet deja de parecer una fantasía futurista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d595af6a9f57d68edd27b9b4ba166377 wp-block-paragraph">No aparece como una inteligencia artificial autónoma que declara la guerra a la humanidad. Aparece como una red de sistemas, algoritmos y corporaciones capaces de organizar la realidad sin necesidad de gobernarla formalmente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a341fbd95c011234fe31956a3a68c6c wp-block-paragraph">Y precisamente por eso la reconstrucción comunitaria adquiere una importancia estratégica. Porque frente a poderes cada vez más concentrados, opacos y desterritorializados, las comunidades constituyen uno de los pocos espacios donde todavía es posible recuperar control democrático sobre los recursos, la información y las decisiones que afectan la vida cotidiana.</p>



<div style="height:9px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4dad80d1708f1468f02c84de65cd9173 wp-block-paragraph"><strong>Defender la experiencia humana</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d94b6b7f5fbe30ee0aba5b60e12db3d9 wp-block-paragraph">El avance de la inteligencia artificial plantea una pregunta profundamente política: si las máquinas pueden escribir, conducir, diagnosticar enfermedades, producir imágenes y reemplazar crecientes áreas del trabajo humano, ¿qué lugar ocuparán las mayorías dentro del nuevo orden tecnológico?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0b9b16cbe27da05b7b1b8f62eee56cd5 wp-block-paragraph">La discusión no pasa solamente por el empleo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab174eade6c35a818a07a3123aa74019 wp-block-paragraph">Pasa por el poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d12d18b0c7fdaef9c5186f97bd4c713e wp-block-paragraph">Porque detrás del relato futurista sobre la inteligencia artificial aparece un proyecto mucho más concreto: concentrar capacidades económicas, cognitivas y militares en un pequeño núcleo corporativo capaz de administrar desde los flujos de información hasta el comportamiento colectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d58552188fbc86c172adca58e3f96a8 wp-block-paragraph">La automatización no está siendo diseñada para liberar tiempo comunitario ni democratizar la vida social. Está siendo diseñada para maximizar rentabilidad, disciplinar poblaciones y volver prescindibles a millones de personas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1de486bc7340400ab811c508cc9aea1 wp-block-paragraph">Por eso la respuesta no puede ser individual ni meritocrática.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8604000408960d281bd55db5ecd6e862 wp-block-paragraph">No se trata de competir contra las máquinas en productividad. Ese partido ya está resuelto de antemano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-461552fe585a380cccef6baf66672a71 wp-block-paragraph">La verdadera disputa consiste en defender aquello que el sistema todavía no logra convertir completamente en mercancía: la memoria colectiva, la transmisión entre generaciones, los saberes populares, el trabajo cooperativo, la fiesta, el duelo compartido, la conversación cara a cara, el vínculo con los territorios y la capacidad de construir sentido junto a otros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-959d474371152b61bf15d6e264e86b1f wp-block-paragraph">Nada de eso responde a criterios de eficiencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72b0fa740996ef0706f15e9dc79d1347 wp-block-paragraph">Y justamente ahí reside su potencia política.</p>



<div style="height:9px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a062c6d3d37ffa2f70960997cfea7c46 wp-block-paragraph"><strong>Vivir mejor, no más rápido</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c677827d152453b067afe4b95eeafb6 wp-block-paragraph">Durante décadas nos enseñaron que el progreso equivalía a aceleración: más consumo, más conectividad, más productividad, más dispositivos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-133f0fee7e4fa0c102c32fdef523971f wp-block-paragraph">La promesa era simple: la automatización nos haría libres.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e9e13de00751a0989a5dbc48ea5a0e8 wp-block-paragraph">Pero el resultado visible es otro: poblaciones exhaustas, territorios devastados, vínculos fragmentados y sociedades atrapadas entre precarización laboral, hiperestimulación digital y pérdida creciente de autonomía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-853ee2e1d81555a3d86d3e6138fba0c0 wp-block-paragraph">La velocidad dejó de ser una herramienta para convertirse en una forma de disciplinamiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b61fd308bb209857c70bdec9d45029e8 wp-block-paragraph">Un sistema que obliga a producir, consumir y responder constantemente no deja tiempo para pensar ni para organizarse colectivamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1857819c41daea796a8f2cf517ebfa2f wp-block-paragraph">Por eso desacelerar también es una decisión política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ae8f5d28d78304d135ef08067ba7581 wp-block-paragraph">No como gesto individual de bienestar, sino como estrategia comunitaria para recuperar soberanía sobre la vida cotidiana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-58c9bca941039754dbd07c14a5174908 wp-block-paragraph">Volver a cocinar juntos. Recuperar oficios. Organizar cooperativas. Multiplicar bibliotecas, clubes y centros culturales. Defender tierras productivas y ecosistemas locales. Construir economías de proximidad. Compartir herramientas y conocimientos. Reducir dependencia de plataformas globales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a9f2313a0f50ea191c4d1aa51efa83d3 wp-block-paragraph">Todo eso constituye una forma concreta de resistencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0c3f7ba2234aea8c985edcc33103fe02 wp-block-paragraph">Porque una población incapaz de producir sus alimentos, garantizar su propia seguridad, sostener vínculos solidarios o resolver necesidades básicas sin intermediación corporativa se vuelve completamente vulnerable al control algorítmico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ad879e3703d455aecc888f702452e344 wp-block-paragraph">El problema ya no es solamente tecnológico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0d0694b86d34939cab0396a78395d5b5 wp-block-paragraph">Es civilizatorio.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="331" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/06/Serena_Kogan_.webp" alt="" class="wp-image-20156" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/06/Serena_Kogan_.webp 800w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/06/Serena_Kogan_-300x124.webp 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/06/Serena_Kogan_-768x318.webp 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/06/Serena_Kogan_-150x62.webp 150w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/06/Serena_Kogan_-480x199.webp 480w" sizes="auto, (max-width:767px) 480px, (max-width:800px) 100vw, 800px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Fotograma de Terminator: La salvación.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bc6a981045378dad8cccc96ff1f1d88 wp-block-paragraph"><strong>El colapso y la necesidad de una nueva utopía</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bae291373aad500a18139fba1b585b77 wp-block-paragraph">Los grandes relatos políticos de los siglos XIX y XX compartieron una misma fe: conquistar el futuro mediante el dominio de la técnica, la naturaleza y la materia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-89257fbcf32b397efbc555868e3c2924 wp-block-paragraph">Capitalismo, socialismo industrial y desarrollismo imaginaron el progreso como expansión infinita.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bdcf6abf79116fd4b1ae111f06eb5b8b wp-block-paragraph">Pero el siglo XXI empezó a mostrar el reverso de esa promesa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-840471c7718ca06ae75b33fd1fad5ac4 wp-block-paragraph">El progreso industrial devastó ecosistemas enteros. La financiarización global convirtió la vida en variable económica. Las plataformas digitales transformaron la atención y los vínculos sociales en mercancía. La automatización amenaza con volver descartables a millones de personas mientras un puñado de corporaciones concentra niveles inéditos de riqueza, información y capacidad tecnológica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6998e95f0b171ac27ae5f777f28edfaf wp-block-paragraph">Y, al mismo tiempo, las viejas utopías revolucionarias también revelaron sus límites.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-04d9d151bdec6266e029a3b8596eedf8 wp-block-paragraph">Muchas terminaron reproduciendo formas burocráticas y productivistas incapaces de resolver la tensión entre emancipación humana, tecnología y libertad colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e689ca8d590dc5fa5d97d528784bdb9 wp-block-paragraph">Hoy vivimos una paradoja inquietante: el futuro finalmente llegó, pero nadie sabe exactamente para qué.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0eb338dc8ea97e91130460fe493fde93 wp-block-paragraph">Tenemos inteligencia artificial capaz de producir textos, imágenes y decisiones complejas, pero sociedades incapaces de garantizar vivienda, salud mental o alimentación digna para millones de personas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-74c911623afffe5e995862a06610be8a wp-block-paragraph">Tenemos capacidad tecnológica para automatizar gran parte del trabajo humano y, sin embargo, las poblaciones viven cada vez más agotadas, precarizadas y solas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72e09db094252e9a27a70eb7304008be wp-block-paragraph">La idea de colapso ya no pertenece únicamente a los márgenes intelectuales o a la ciencia ficción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aac9a2475144d2ff17cfd8a8af6a9177 wp-block-paragraph">Se volvió experiencia cotidiana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb78b3c364a384fc1cec68ddafb2e148 wp-block-paragraph">Y quizás lo más perturbador sea que el sistema parece incapaz de imaginar otra salida que profundizar exactamente las mismas dinámicas que produjeron la crisis: más automatización, más vigilancia, más extractivismo, más concentración corporativa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8187c8f9b48167b08668abf0bccf376a wp-block-paragraph">Como si Skynet ya no fuera una amenaza futura sino la lógica organizadora del presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6399b172dc316758068755075b238e17 wp-block-paragraph">En ese escenario, la tarea política central deja de ser simplemente administrar el sistema existente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-571a6bb3f703390f342f8a658cbd973e wp-block-paragraph">La tarea pasa a ser imaginar otra civilización posible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-05e27983bc5b9a2ea385e38fb71ba856 wp-block-paragraph">No una utopía tecnológica construida sobre fantasías de crecimiento infinito, sino una cultura capaz de reconciliar autonomía humana, límites ecológicos y vida comunitaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5ec3b69e78aafa28090371cdaf74657 wp-block-paragraph">Eso implica recuperar saberes y prácticas que el mundo urbano-tecnológico considera atrasados, pero que contienen formas profundas de autonomía material y espiritual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0db283fe6fb391051d6b5619f9a4522a wp-block-paragraph">Habrá que volver a enseñarles a los niños y jóvenes a relacionarse con el territorio y con la vida concreta: andar a caballo, cazar y pescar, criar animales, cultivar, conocer los ciclos de la tierra y del agua, aprender oficios, usar herramientas, construir, alambrar, cocinar, almacenar alimentos, tocar música, pintar, narrar historias, compartir trabajo y memoria alrededor del fuego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7315bbc42fe80681bcbf17bd3cf52925 wp-block-paragraph">En muchos pueblos y comunidades del interior argentino todo eso todavía sobrevive.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a57ccbd9dcc22da8fe8296d2b4e9972 wp-block-paragraph">Persiste en formas de solidaridad cotidiana, en saberes transmitidos entre generaciones y en una relación con el territorio que el mundo urbano apenas recuerda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd894100855d2ba635f466d7d8b99303 wp-block-paragraph">Allí sobrevive algo de la cultura profunda del gaucho. No la postal turística ni el folclore vacío, sino una ética de austeridad, hospitalidad, destreza y autonomía frente a la intemperie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-67c0d53543d332a2c87ba2f7df270024 wp-block-paragraph">Esa memoria cultural debe ser defendida como posibilidad de futuro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f78c59db1c5493d662e731d7151aa772 wp-block-paragraph">Porque la nueva utopía no podrá construirse únicamente alrededor de tecnologías más sofisticadas ni de promesas abstractas de crecimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-234de34e74f6daa9f389e8c02873f697 wp-block-paragraph">Tendrá que apoyarse en comunidades capaces de recuperar control sobre los territorios que habitan, sobre el agua que beben, los alimentos que producen, la energía que consumen y los bienes comunes que sostienen la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-82e35acd9801ba7862faac6f3d69e6f6 wp-block-paragraph">Quizás por eso el desafío histórico de este siglo no sea conquistar Marte ni fusionarnos con las máquinas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-26f8009dda46d692bb76c646fa8b127c wp-block-paragraph">Quizás sea algo mucho más difícil: reconstruir comunidades libres en medio del colapso, capaces de habitar sus territorios con autonomía, administrar sus bienes comunes con responsabilidad y defender colectivamente las condiciones materiales y culturales que hacen posible una vida verdaderamente humana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0eff363d63e8d9888d9934393e6dec1 wp-block-paragraph">Tal vez la resistencia contra Skynet no consista en destruir las máquinas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dceb3fe902b763bc16dda1cfaf02ec5b wp-block-paragraph">Tal vez consista en impedir que el mundo se organice completamente bajo su lógica.</p>



<div style="height:49px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46be1fdbb38590bf276ee17d0b36b7bf wp-block-paragraph">Miércoles, 10 de junio de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://panamarevista.com/wp-content/uploads/2026/03/img_1773775149_6032.webp" alt=""/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e33585fc41c3aedbed2b70457f9578c2 wp-block-paragraph">*Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:28px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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		<title>El elefante y el virus. Notas autobiográficas sobre la pandemia &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2026 11:39:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cinco años después de la pandemia, Bruno Carpinetti vuelve sobre una experiencia atravesada desde un lugar singular: la gestión de la emergencia, la ecología y la pérdida personal. En estas notas autobiográficas, el COVID-19 deja de ser únicamente un episodio sanitario para convertirse en una reflexión sobre la incertidumbre, los límites del conocimiento, la confianza en la ciencia y la dificultad de construir una realidad compartida en sociedades cada vez más fragmentadas.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-elefante-y-el-virus-notas-autobiograficas-sobre-la-pandemia-por-bruno-carpinetti/">El elefante y el virus. Notas autobiográficas sobre la pandemia &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d3156e43cb6a2bc10b98db04daa32dc wp-block-paragraph"><strong><em>Cinco años después de la pandemia, Bruno Carpinetti vuelve sobre una experiencia atravesada desde un lugar singular: la gestión de la emergencia, la ecología y la pérdida personal. En estas notas autobiográficas, el COVID-19 deja de ser únicamente un episodio sanitario para convertirse en una reflexión sobre la incertidumbre, los límites del conocimiento, la confianza en la ciencia y la dificultad de construir una realidad compartida en sociedades cada vez más fragmentadas.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc0a880bb4a438b020997e6c3afdbac wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:72px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f9a35ee10016815b72da990e73e98ca3 wp-block-paragraph">La primera vez que manejé por la autopista Buenos Aires–La Plata completamente vacía tuve la impresión de que el mundo se había corrido apenas unos centímetros de su eje. Todo seguía ahí — el asfalto, los carteles, los peajes, las estaciones de servicio —, pero la escena ya no coincidía con la memoria del mundo. Las autopistas no están vacías. Las ciudades no se detienen. Las personas no desaparecen de un día para el otro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4d07fdb85861b0c0c798f257fc17f62c wp-block-paragraph">Sin embargo, allí estaba yo, avanzando por una imagen que parecía más una escena de «El Eternauta» que la realidad que atravesaba.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="621" height="466" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-8.png?v=1783375624" alt="" class="wp-image-20555" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-8.png?v=1783375624 621w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-8-300x225.png?v=1783375624 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-8-100x75.png?v=1783375624 100w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-8-480x360.png?v=1783375624 480w" sizes="auto, (max-width:767px) 480px, 621px" /></figure>
</div>


<div style="height:24px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-54fc57609251706b938c63214f075999 wp-block-paragraph">Hasta pocas semanas antes, mi preocupación era otra. Había asumido como director provincial de Riesgos y Emergencias del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Venía del universo de la conservación de la naturaleza, de los incendios forestales, de los rescates en áreas protegidas. Un mundo donde las emergencias tienen una materialidad casi brutal: el fuego está o no está; el río crece o no crece; alguien está perdido o ya fue encontrado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1da29ffb625f030aee8d3a9814e26106 wp-block-paragraph">La pandemia desarmó esa certeza sin pedir permiso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1c636b768320feb4df74aaacc832e71 wp-block-paragraph">Lo que apareció no fue sólo una crisis sanitaria. Fue otra cosa: una emergencia sin contornos estables, donde el problema no era únicamente lo que ocurría, sino también cómo se lo entendía. Descubrí, casi de golpe, que podía faltar un respirador, pero también podía faltar algo más decisivo: una realidad compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c22e9c758ac3897feedc6901ae5a547b wp-block-paragraph">No fue la primera lección. La primera fue más elemental, casi incómoda en su simpleza: no sabíamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac276805a717e6bd1a8dcba47c543ed5 wp-block-paragraph">Uno imagina que las emergencias se resuelven con protocolos. Pero los protocolos son apenas la sedimentación de crisis anteriores. La pandemia no entraba en ninguna de esas formas. Cada día abría un escenario nuevo, y lo que a la mañana parecía una certeza, a la noche ya era una versión provisoria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0428b3b7856c5f899c15cd275bbc0da2 wp-block-paragraph">Había que decidir igual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40d10759f1d5bb685aaa67ab29bb32ff wp-block-paragraph">En ese punto se vuelve visible una diferencia que rara vez se dice en voz alta: la ciencia puede esperar. Puede demorar su juicio, ajustar hipótesis, pedir más evidencia. La gestión no. La gestión decide en el borde del conocimiento, cuando lo único disponible es una mezcla inestable de datos, intuiciones y urgencias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b438512b6dd270f9d34d46e5e689281d wp-block-paragraph">Gobernar una crisis es eso: actuar sin mapa completo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-130fdcb404926aa276eb473c401dd63a wp-block-paragraph">Y aceptar que no habrá mapa completo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b9747daa17739eb61cee75b10967318 wp-block-paragraph">La incertidumbre no era un obstáculo. Era el material mismo del trabajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64ce0c5e7fc3fc5add3da60b479028fe wp-block-paragraph">Mi oficina se transformó en una sala de coordinación permanente. El teléfono no dejaba terminar una llamada antes de abrir otra. Hospitales pidiendo respiradores. Municipios ofreciendo clubes para montar centros de aislamiento. Camiones entrando y saliendo de depósitos. Equipos que trabajaban sin reloj, sin horizonte, sin una idea clara de cuándo terminaría todo eso.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="465" height="620" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-9.png?v=1783375658" alt="" class="wp-image-20556" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-9.png?v=1783375658 465w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-9-225x300.png?v=1783375658 225w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-9-56x75.png?v=1783375658 56w" sizes="auto, (max-width:767px) 465px, 465px" /></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e4aaea6e1a0a5b729ebf3ca5c2242eb0 wp-block-paragraph">Hay algo casi reconfortante en un depósito ordenado. Estanterías numeradas, inventarios precisos, la ilusión de que cada cosa ocupa su lugar. La pandemia desmontó esa gramática. Los insumos circulaban tan rápido que las planillas envejecían antes de existir. El problema nunca era sólo <em>cuánto había</em>, sino <em>dónde hacía falta</em> en ese momento exacto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e12a53224e7206edf90625b4a115fcc6 wp-block-paragraph">Todo ocurría en presente continuo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f31b7fb5f3ac607efeafcecbb7ef9c7 wp-block-paragraph">No había futuro operativo. Apenas un ahora que se desplazaba todo el tiempo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-603c55d4eccb4923fab79ca987ed154e wp-block-paragraph">En el mundo de los incendios forestales esa lógica no es del todo extraña. El fuego también se mueve en incertidumbre: cambia el viento, cambia la humedad, cambia el terreno. Pero incluso allí hay algo estable: todos reconocen el fuego como fuego. Nadie discute su existencia.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="462" height="346" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-3.png?v=1783375246" alt="" class="wp-image-20550" style="width:542px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-3.png?v=1783375246 462w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-3-300x225.png?v=1783375246 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-3-100x75.png?v=1783375246 100w" sizes="auto, (max-width:767px) 462px, 462px" /></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e8d340a5bf3c7205f4b40686d57c868e wp-block-paragraph">Con el virus ocurrió otra cosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-789588bc1a614d59afabc3327f93eb53 wp-block-paragraph">Mientras intentábamos comprender la enfermedad, la sociedad intentaba comprender su sentido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-184d5673996821c9ada52754dd44f84c wp-block-paragraph">Y ese sentido nunca fue uno solo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e6a77aae7651444db86e49905200dcb1 wp-block-paragraph">Un intensivista veía camas ocupadas. Un comerciante veía persianas cerradas. Un docente veía aulas vacías. Un adolescente veía su mundo suspendido. Un economista veía empresas quebradas. Un epidemiólogo veía curvas. Un policía veía controles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a482eb795be3691b4edd2d5980846c9 wp-block-paragraph">No eran versiones de una misma escena. Eran mundos superpuestos que no terminaban de coincidir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5cb5c36339171a3a01b5ee3297fd7fb9 wp-block-paragraph">Años después, encontré una imagen que ordenó esa experiencia: la parábola del elefante retomada por Guadalupe Nogués en «Entender a un elefante». Cada quien toca una parte distinta del animal y cree estar describiendo el todo. Nadie miente. Nadie ve completo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a0763a2b76bf263ef9f9a83160bb3a3 wp-block-paragraph">Durante mucho tiempo pensé que esa historia hablaba del conocimiento. Hoy me resulta imposible no leerla también como una escena política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4cd460225265050973ec0c740345795e wp-block-paragraph">Porque gobernar una emergencia es administrar decisiones sobre un mundo que nunca se deja ver entero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-557ded35316139246f693960f0491446 wp-block-paragraph">La pandemia no mostró falta de información. Mostró otra cosa: la información no alcanza para producir un mundo común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9844c6b7596d37cc22709e48fb78857f wp-block-paragraph">Nunca hubo tantos datos circulando al mismo tiempo. Informes científicos, modelos, gráficos, conferencias, especialistas, estadísticas en tiempo real. Y, sin embargo, cuanto más crecía la información, más frágil parecía el acuerdo sobre lo que estaba pasando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-902802d60df6806f4fc5154686ec12c5 wp-block-paragraph">Los datos no ordenan el mundo. Lo fragmentan si no hay algo que los articule.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7bcb610f8e0594991466df0f42e52e93 wp-block-paragraph">Y ese algo no es técnico. Es interpretativo. Es cultural. Es político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3d6c495042f4c00c47529c37a90b04a9 wp-block-paragraph">En la conservación de la naturaleza había aprendido esa lección antes. Un mismo puma puede ser amenaza, símbolo, indicador ecológico o conflicto productivo según quién lo mire. Ninguna mirada agota el fenómeno. El problema aparece cuando una de ellas pretende reemplazar a las demás.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a107eeab792870ac910a2e0cb877e12 wp-block-paragraph">La pandemia llevó ese mecanismo al límite.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-afa9c54019b21ac536f27c379042ec0b wp-block-paragraph">El intensivista no veía lo mismo que el economista. El docente no veía lo mismo que el epidemiólogo. El funcionario no veía lo mismo que el comerciante. Y todos, al mismo tiempo, hablaban del mismo acontecimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d8bfb2ca28ead94d68cafdccaf6ff05 wp-block-paragraph">La pregunta no era quién tenía razón.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="638" height="358" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-15.png?v=1783424561" alt="" class="wp-image-20574" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-15.png?v=1783424561 638w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-15-300x168.png?v=1783424561 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-15-134x75.png?v=1783424561 134w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-15-480x269.png?v=1783424561 480w" sizes="auto, (max-width:767px) 480px, 638px" /></figure>
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<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b921d59a79fbc9fc0676f1098c35da7 wp-block-paragraph">La pregunta era qué hacer con esa multiplicidad de razones incompletas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18094ebc312550fdd1c71512471e9041 wp-block-paragraph">En ese punto aparece una diferencia clave entre lo complicado y lo complejo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f59e4e49319536e4a432676f76b01889 wp-block-paragraph">Un motor es complicado: se desarma, se repara, se vuelve a armar. Un bosque es otra cosa. Es complejo. No tiene piezas aisladas. Tiene relaciones. Y las relaciones cambian todo el tiempo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e53e471917e2d97faea2783aa0bc28ff wp-block-paragraph">Las sociedades no funcionan como motores. Funcionan como bosques.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5533633172907ff20f658f00df22b423 wp-block-paragraph">Y una pandemia también.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e37e86f1d094fb429866fcd6282c1889 wp-block-paragraph">Por eso ninguna medida era simplemente correcta o incorrecta. Cerrar escuelas reducía contagios, pero alteraba vínculos, aprendizajes, rutinas. Restringir la circulación protegía al sistema sanitario, pero desarmaba economías cotidianas. Cada intervención resolvía algo y desplazaba el problema hacia otro lado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d640f064e7023983b28ef2bbb24b7d2a wp-block-paragraph">No había soluciones. Había equilibrios inestables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18f2cebcb6fb0232f97d0685d88759f7 wp-block-paragraph">Y eso es difícil de aceptar en una cultura que busca causas únicas y respuestas limpias.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="581" height="421" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-13.png?v=1783376655" alt="" class="wp-image-20564" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-13.png?v=1783376655 581w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-13-300x217.png?v=1783376655 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-13-104x75.png?v=1783376655 104w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-13-480x348.png?v=1783376655 480w" sizes="auto, (max-width:767px) 480px, 581px" /></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f92c4a6d79db6f07c46401d26287010b wp-block-paragraph">La metáfora de la guerra ocupó ese vacío. Se habló de un enemigo invisible, de una batalla, de un frente sanitario. La imagen ordena. Simplifica. Organiza voluntades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e016fcf9e7472427fe00bee38c331e8b wp-block-paragraph">Pero también borra matices.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fb1e6b2269dce3ba494d6bb1be4f628 wp-block-paragraph">Porque los virus no atacan. No deciden. No tienen intención. No son enemigos en sentido alguno. Son agentes infecciosos que hacen lo que siempre hicieron: replicarse cuando encuentran condiciones favorables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-108c4daf0fc68d828a8a9b02aede1b14 wp-block-paragraph">La guerra tranquiliza porque convierte un sistema en un adversario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2529c7a3b9c4393cd2177808241236f1 wp-block-paragraph">Pero la pandemia no era eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efe2348ac43946129f81fba02c6a2276 wp-block-paragraph">Era una red de procesos entrelazados: movilidad global, urbanización, desigualdad, circulación de información, transformación ambiental. Nada de eso se deja reducir a un enemigo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c2f281a4ab8a81da794ebe6fbffdb28f wp-block-paragraph">Mirado desde la ecología, el virus no era una excepción moral. Era un evento biológico dentro de un sistema mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9e74df5818be5aaf30739a858da3193b wp-block-paragraph">La naturaleza no actúa contra nosotros. Actúa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1de4aa5c52edef913493007884d7ec04 wp-block-paragraph">Somos nosotros quienes interpretamos sus procesos como si tuvieran intención.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b46d08194b4b298bc73cd684fb1282f6 wp-block-paragraph">Con el tiempo entendí que esa confusión no era un error puntual. Era una forma de pensamiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18a11d67319e20e5c9e2e4efdfe87323 wp-block-paragraph">Nos cuesta habitar sistemas complejos. Preferimos causas simples, responsables claros, soluciones definitivas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5d6ef11f19755abb0932a8307820d899 wp-block-paragraph">Pero los sistemas complejos no funcionan así.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bdb2ff16d7a5ba6c5ca68be04c0b0998 wp-block-paragraph">Pequeñas perturbaciones pueden producir grandes cambios. Grandes intervenciones pueden no producir ninguno. Y casi nada ocurre por una sola causa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f86933efebfceb569ec013422708f4ff wp-block-paragraph">La pandemia fue un ejemplo extremo de eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f575552c157938e9f60105c4e5471298 wp-block-paragraph">El virus fue el inicio. Pero no explica por sí solo lo que siguió: la hiperconectividad, la desconfianza institucional, la polarización política, el agotamiento económico, el encierro prolongado, la circulación acelerada de información.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2638ec59f601b4ee3da7b78b62cbdaa0 wp-block-paragraph">Todo eso interactuaba al mismo tiempo, sin jerarquías claras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0639775e9788c2bda0825ccaf5c92fa wp-block-paragraph">Y en ese entramado apareció una evidencia incómoda: lo más escaso no eran los recursos materiales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4511a5906d08589b6659bedf35863341 wp-block-paragraph">Era la confianza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cad39641991dcd9288698917778258dd wp-block-paragraph">No la confianza en una institución específica. Sino algo más básico: la posibilidad de aceptar que otro sabe algo que uno todavía no sabe; de seguir una indicación sin exigir control total de la evidencia; de sostener decisiones colectivas sin certeza absoluta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d908ac023fb226eedf78315532d84edd wp-block-paragraph">Esa infraestructura invisible se volvió frágil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce8545d0241bd1c81ac60ea11ed62d97 wp-block-paragraph">Y cuando se rompe, no hay insumo que la reemplace.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0cf47cf1ff60dc4370a9d406df4cda27 wp-block-paragraph">En medio de ese proceso, el conocimiento dejó de ser una idea abstracta. Se volvió visible en su construcción. Protocolos que cambiaban. Recomendaciones que se ajustaban. Debates entre expertos. Hipótesis que se descartaban. Resultados que aparecían y reordenaban lo anterior.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ba7ae3263c1d789b75286069df5ab59f wp-block-paragraph">No era desorden. Era ciencia funcionando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b06d4195b6a6a38dfb200b26ddd7beca wp-block-paragraph">Hasta entonces había conocido la ciencia como producto terminado. La pandemia mostró otra cosa: la ciencia como proceso en tiempo real.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-21cb7326b89e6037173843a753e210be wp-block-paragraph">Y ese proceso no es lineal. Es una conversación que corrige sus propios errores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3d7daf7151428afe7815004ad36a8359 wp-block-paragraph">Confiar en la ciencia no es creer que siempre acierta. Es aceptar que su fuerza está en poder equivocarse sin dejar de avanzar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2505eaf6fb8ee84c298ac6e4e58b3b9a wp-block-paragraph">Pero esa dinámica chocó con otra expectativa social: la de certezas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9773856bc43af67c96f121251b41a08 wp-block-paragraph">Se esperaba una voz única, respuestas cerradas, estabilidad inmediata. En su lugar apareció lo que la ciencia siempre fue: un conocimiento que se revisa a sí mismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f45ee37df9a34fc2309d7744d3ef905 wp-block-paragraph">La incertidumbre dejó de estar oculta en los laboratorios. Se volvió pública.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6aba82246d337a2717c7c2ebb1ac532 wp-block-paragraph">Y eso fue incómodo, pero también revelador: casi todas las decisiones importantes del mundo se toman con conocimiento incompleto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0da29c07b70a6b1ba19d0dcd8e3c62ba wp-block-paragraph">Un médico opera sin saberlo todo. Un juez sentencia sin reconstruir todos los hechos. Un piloto aterriza sin control total del entorno o la meteorología. Un gestor público decide sin un mapa completo de la realidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79f6e4c8c35e9308f0b2c302611c7808 wp-block-paragraph">Decidir no es el final del conocimiento. Es su límite visible.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="458" height="610" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-10.png?v=1783375738" alt="" class="wp-image-20557" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-10.png?v=1783375738 458w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-10-225x300.png?v=1783375738 225w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-10-56x75.png?v=1783375738 56w" sizes="auto, (max-width:767px) 458px, 458px" /></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df4b7cbf56480cff3b6455b6435fd56a wp-block-paragraph">Años después, la lectura de «Entender a un elefante» dio forma a esa intuición. Conocer no es reproducir la realidad, sino construir modelos parciales para orientarse en ella. Ningún mapa contiene el territorio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ea00ff7c22d1b21910e4647d27936d50 wp-block-paragraph">Mi formación en ecología me había acostumbrado a esa incomodidad. Quienes estudiamos ecosistemas nunca trabajamos sobre la realidad completa, sino sobre modelos que intentan capturar una parte de ella. No porque los modelos sean insuficientes, sino porque los sistemas vivos siempre resultan más complejos que cualquier descripción posible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-82fc86086a7f6cb4940514331cbc9c1d wp-block-paragraph">Tal vez el problema nunca fue la pandemia en sí, sino nuestra dificultad para aceptar que la realidad excede siempre nuestras descripciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4741e07b2c767cf9b0aab8ed4f94b69e wp-block-paragraph">A fines de 2020 murió mi padre por COVID.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-602454a74898509852b80c70558bf404 wp-block-paragraph">Durante meses había observado la pandemia desde la perspectiva que exigía la gestión: la del sistema en su conjunto. La muerte de mi padre no desmintió esa mirada, pero reveló, con una claridad insoportable, sus límites. Ninguna curva de contagios, ningún porcentaje de ocupación, ningún indicador sanitario puede contener la experiencia de una pérdida concreta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-339c08350e89aaf2f90bd52f239c1cc1 wp-block-paragraph">No cambió lo que entendía de la pandemia. Cambió el lugar desde donde la comprendía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-21476614ea88a3e689544b93076aed5d wp-block-paragraph">Cuando las restricciones terminaron, volví a recorrer las mismas rutas. La autopista había recuperado su ritmo habitual. El mundo parecía el mismo. Pero ya no lo era. Y yo tampoco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b28016e47f711a2fb3903644a0af87eb wp-block-paragraph">Creí que el fin de la pandemia sería un regreso. Hoy pienso que fue otra cosa: una reorganización.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d85fa77264a21dec3a4ca2f859aa977a wp-block-paragraph">Los ecosistemas no vuelven a su estado anterior después de una perturbación. Se reconfiguran. Pierden y ganan formas. Encuentran nuevos equilibrios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c6efc32d902207ab58c4fff93e5e36ae wp-block-paragraph">Las sociedades también.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d00ebd87c25c26173384db9ec39a40cd wp-block-paragraph">No volvimos. Nos reorganizamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b4cdf3555290e0332f2c05b53dcf2033 wp-block-paragraph">Y seguimos en ese proceso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c8543b95d3b3e3dc49a5112a1bdbd28a wp-block-paragraph">Quizás por eso la pandemia no terminó del todo en el debate público. Porque lo que sigue en discusión no es sólo lo que ocurrió, sino cómo entendemos lo que ocurrió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e342608f7bb3a920d212ab2f7b1f0796 wp-block-paragraph">El elefante sigue ahí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3b36d5024f7c5bfb209a2ed779216258 wp-block-paragraph">Y seguimos rodeándolo, tocando partes distintas, convencidos de estar viendo el todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a1b2e4ce31fab16a958e344e7fd98d46 wp-block-paragraph">Tal vez la escena final no sea la revelación de una totalidad inexistente, sino la aceptación de su ausencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d939b3088b983c8102b71da8d7441be7 wp-block-paragraph">No como fracaso del conocimiento, sino como su condición.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4215ce2977ec4bf9c80b0795eb0d97a1 wp-block-paragraph">Durante la pandemia aprendí que gestionar una emergencia no es resolver un problema, sino actuar dentro de un mundo que nunca cabe en ninguna explicación única.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7db5c849c3baca7373c827cfbc9482f3 wp-block-paragraph">Eso no debilitó mi confianza en la ciencia. La afinó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e4266dde33dd2bf59f489db04864f312 wp-block-paragraph">Porque su valor no está en clausurar preguntas, sino en sostenerlas con rigor mientras el mundo cambia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-378aad2cd09963d967a0bd21427ef71f wp-block-paragraph">Los mapas cambian porque el territorio cambia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a34765beb7892ba1be1152e36130fedc wp-block-paragraph">Y cuando el territorio cambia, insistir en el mapa viejo no es coherencia: es extravío.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="653" height="419" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-11.png?v=1783375775" alt="" class="wp-image-20558" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-11.png?v=1783375775 653w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-11-300x192.png?v=1783375775 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-11-117x75.png?v=1783375775 117w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-11-480x308.png?v=1783375775 480w" sizes="auto, (max-width:767px) 480px, 653px" /></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-beda61e9721a8b41071c75f0aa8414a4 wp-block-paragraph">Quizás la inteligencia colectiva consista en algo más simple y más difícil: aceptar esa inestabilidad sin convertirla en angustia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c6daa596158bb1b5540a47b545099036 wp-block-paragraph">Cinco años después no tengo respuestas definitivas. Y desconfío de las que se presentan como tales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98336c3890403846002699b163ba986a wp-block-paragraph">Lo único que permanece es una certeza modesta, casi obvia y, sin embargo, difícil de sostener: cada vez que creemos haber entendido por completo el elefante, probablemente sea el momento de volver a mirarlo.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d42cc533491284427f92efe69e90f03 wp-block-paragraph"><em>Fotos: gentileza del autor.</em></p>



<div style="height:56px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9d527ee523574451849f79d97020ae6d wp-block-paragraph">Martes, 7 de julio de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="120" height="120" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-14.png?v=1783424250" alt="" class="wp-image-20571" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-14.png?v=1783424250 120w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/image-14-75x75.png?v=1783424250 75w" sizes="auto, (max-width:767px) 120px, 120px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e33585fc41c3aedbed2b70457f9578c2 wp-block-paragraph">*Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Naturalización de la usura y el negocio de la necesidad &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Aug 2026 12:11:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la Argentina contemporánea endeudarse se ha convertido en una práctica cotidiana. Cuando la rentabilidad depende de la vulnerabilidad del otro, tenemos derecho —y quizás la obligación— de recuperar una palabra que hemos expulsado del lenguaje económico: usura.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/argentina-endeudada-la-naturalizacion-de-la-usura-y-el-negocio-de-la-necesidad-por-bruno-carpinetti/">Naturalización de la usura y el negocio de la necesidad &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5131de85951af92a7ac2f5b050d0fb18 wp-block-paragraph"><strong><em>En la Argentina contemporánea endeudarse se ha convertido en una práctica cotidiana. Cuando la rentabilidad depende de la vulnerabilidad del otro, tenemos derecho —y quizás la obligación— de recuperar una palabra que hemos expulsado del lenguaje económico: usura.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f4338f68619d4550e33de540b8d35d wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62f12d92a6db967de5547101140a1684 wp-block-paragraph"><strong>De la condena religiosa a la naturalización de la deuda</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b716e14a82621611f2aa095d2d90892 wp-block-paragraph">Hay transformaciones sociales que no ocurren porque una sociedad decida explícitamente cambiar sus valores, sino porque ciertas prácticas dejan, poco a poco, de ser consideradas problemáticas. Algo de eso ha sucedido con la deuda y, sobre todo, con la usura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d7ff72ebc881a9187199c1a329cb20f1 wp-block-paragraph">En la Argentina contemporánea, endeudarse se ha convertido en una práctica cotidiana. A diciembre de 2025, 19,5 millones de personas registraban algún tipo de crédito en el sistema financiero ampliado, un millón más que un año antes, mientras que el saldo promedio por deudor había alcanzado los $4,1 millones a valores constantes, con un incremento real del 24,7% durante 2025, el nivel más alto desde 2020. Se compra en cuotas, se utiliza la tarjeta para llegar a fin de mes, se solicita un préstamo para cancelar otro y se recurre a aplicaciones financieras para resolver necesidades inmediatas. El crédito dejó de ser una herramienta excepcional y pasó a formar parte de la organización ordinaria de la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-891ce7f91b69e3033299deca3cbb958a wp-block-paragraph">Lo significativo no es solamente la cantidad de personas endeudadas. Es que hemos dejado de experimentar la deuda como una anomalía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1152df8da52334f0e781ea33b0f8ccd8 wp-block-paragraph">La palabra misma ha cambiado. Ya no hablamos de prestamistas y deudores, sino de entidades financieras y clientes. No hablamos de usura, sino de costo financiero. No hablamos de necesidad, sino de demanda. El lenguaje financiero convirtió una relación moral en una operación técnica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f9a133008a713b9908f27f21fa40773 wp-block-paragraph">Y allí reside una de las grandes victorias de la usura: no haber conseguido que la consideremos justa, sino haber conseguido que dejemos de preguntarnos si lo es.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f8873a9904ccd60822212cc9470ee02 wp-block-paragraph"><strong>Una antigua pregunta moral</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ee14c1e6738bc9628995f4f5e3188ec6 wp-block-paragraph">Durante siglos, las grandes tradiciones religiosas consideraron que cobrar por prestar dinero podía constituir una transgresión moral. El problema no era simplemente la magnitud del interés. Era la relación entre quien posee recursos y quien los necesita.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-843abe26471c196d7cb6e0e012549190 wp-block-paragraph">Quien tiene dinero puede esperar. Quien necesita dinero muchas veces no puede.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eaaaae3bd88d131d4b20fc82a45ad64a wp-block-paragraph">Esa desigualdad hace que un contrato formalmente voluntario no sea necesariamente una relación justa. El necesitado puede aceptar porque no tiene alternativa, y precisamente esa vulnerabilidad puede convertirse en la fuente de rentabilidad del acreedor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29102a1c62b1abf41dc67d82933ae140 wp-block-paragraph">La crítica religiosa a la usura contenía, por lo tanto, una intuición que nuestra época ha perdido: la necesidad humana no debería convertirse automáticamente en una oportunidad de negocio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab7424b2bd304cb7de8ad64e3ef8fb6c wp-block-paragraph">El judaísmo, el cristianismo y el islam desarrollaron, con importantes diferencias, doctrinas restrictivas frente al interés. El cristianismo medieval llegó a condenar severamente la usura; el islam mantiene hasta hoy la prohibición del <em>riba</em>; y la tradición judía estableció restricciones al cobro de interés entre miembros de la propia comunidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4014c8a55d6552d065e9cc46ec70d8c8 wp-block-paragraph">En las tradiciones religiosas, la condena de la usura tampoco estuvo exenta de tensiones. En el judaísmo bíblico, por ejemplo, existen disposiciones que diferencian el tratamiento del interés según se trate de miembros de la propia comunidad o de personas externas a ella. Esta distinción debe entenderse en el contexto histórico y jurídico de aquellas sociedades, muy diferentes de las actuales, y no puede trasladarse sin más a la tradición judía contemporánea. Sin embargo, resulta interesante desde una perspectiva ética porque muestra una tensión que atraviesa muchas doctrinas antiguas: la distancia entre una moral orientada prioritariamente hacia la propia comunidad y la aspiración moderna a una ética universal, aplicable por igual a todos los seres humanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f816cd2ced9576efc2df9daaff805e6c wp-block-paragraph">Más allá de estas diferencias, las tres grandes tradiciones abrahámicas conservaron durante siglos una preocupación común: que la necesidad económica de una persona no se convirtiera sin límites en una oportunidad de enriquecimiento para otra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac98eecde19a333980c56ac9413af7c5 wp-block-paragraph"><strong>La modernidad no abolió la usura</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ff70e8b2b0da81566d3643c0e25e717 wp-block-paragraph">La modernidad pareció resolver el problema de una manera sencilla: si ambas partes aceptan el contrato, la relación es legítima. Pero esa solución confunde consentimiento con justicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-426660ec4a00754cc01ff003b4f909d0 wp-block-paragraph">Una persona con recursos y otra que necesita desesperadamente dinero pueden firmar voluntariamente el mismo contrato y encontrarse, sin embargo, en posiciones completamente diferentes. El derecho puede reconocerlas como iguales; la realidad económica puede no serlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a8b696a3c0c16db99bc1d0285310126 wp-block-paragraph">La modernidad no eliminó entonces la usura. La institucionalizó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1610bc00d64a9211f69309e94f61f11 wp-block-paragraph">El antiguo prestamista abusivo fue reemplazado por contratos, algoritmos, tarjetas, aplicaciones y sistemas de evaluación crediticia. La operación se volvió más sofisticada y, al mismo tiempo, moralmente invisible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-56af9eddeb09543b3ed115fbaf163966 wp-block-paragraph">El problema reaparece cuando observamos quién paga más por el dinero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-27a1ffddd3579ba49627651722afb4e2 wp-block-paragraph">Quien posee patrimonio, ingresos estables y garantías suele acceder al crédito en mejores condiciones. Quien tiene menos recursos, precisamente porque representa mayor riesgo para el sistema financiero, enfrenta mayores costos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-05ef6c4303bcec98227785ddf90f5964 wp-block-paragraph">La paradoja es brutal: el dinero puede resultar más caro cuanto mayor es la necesidad de quien lo solicita.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9f9f3d114b50c4201dde6756079ecd3 wp-block-paragraph">Y hemos aprendido a considerar eso normal.</p>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdn2.oceansbridge.com/2017/08/09200530/Usurer-with-a-Tearful-Woman-1654-Gabriel-Metsu-oil-painting-1.jpg" alt="" style="aspect-ratio:0.9198173346623705;width:546px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>«Usurario con una mujer llorosa», (1654) Gabriel Metsu.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa24b0eb95ec56d90b8fa8d5c47ad585 wp-block-paragraph"><strong>La disociación entre lo que pensamos y lo que hacemos</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b04fcf5aaec814c66bc143d8a9c40f06 wp-block-paragraph">Aquí aparece una cuestión que atraviesa nuestras reflexiones vertidas en anteriores artículos, sobre la relación entre ideología y acción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6047faa413f14747e79ef83d252b068 wp-block-paragraph">Nos declaramos partidarios de la libertad, pero aceptamos formas de endeudamiento que condicionan durante años la vida de millones de personas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-65008e46b53cee056b6972b349f91eb6 wp-block-paragraph">Defendemos la responsabilidad individual, pero convertimos en decisiones privadas problemas que tienen causas estructurales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0783ff02c172eb54546db57514c236c wp-block-paragraph">Hablamos de igualdad mientras aceptamos que la capacidad de negociación frente al crédito dependa precisamente de la riqueza previa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4021d6da0491b4c523fe27ec73fdd288 wp-block-paragraph">Y sostenemos que una relación es justa porque fue voluntariamente aceptada, aunque una de las partes haya llegado a ella desde la necesidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a1ccbecbfb6e8ecb19fa47a4f348893 wp-block-paragraph">La contradicción se vuelve posible porque hemos separado nuestras convicciones de nuestras prácticas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3b458b61cbdb0adbe050761b38524989 wp-block-paragraph">Podemos rechazar verbalmente la explotación y participar cotidianamente de relaciones económicas que la reproducen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e3f95b94ac2b8642dcb584c770301f8d wp-block-paragraph">Podemos condenar la usura y, al mismo tiempo, aceptar que el dinero sea vendido a precios extraordinarios a quienes menos posibilidades tienen de defenderse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e22eb06fba7353bcc1150af324aca2b8 wp-block-paragraph"><strong>Cuando desaparecen las doctrinas</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a5ac8e0643f326054950a49538cdf23 wp-block-paragraph">Durante siglos, las doctrinas religiosas funcionaron como ordenadores de la vida social. No se limitaban a explicar el mundo: establecían límites para la conducta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f0001315448008eaaab82e735a3b499 wp-block-paragraph">Decían que no todo lo legal era justo, que no todo lo rentable era legítimo y que no todo lo que podía hacerse debía hacerse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e24945e5b5c287fbeff8e53c3a37b8aa wp-block-paragraph">La modernidad debilitó esos límites y los reemplazó progresivamente por una combinación de mercado, derecho y decisión individual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-232e7961581b0f0f21e17083aead769b wp-block-paragraph">El resultado es que hemos terminado confundiendo tres cosas diferentes: lo permitido, lo rentable y lo justo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8876a8244553389b7a024993ef18e451 wp-block-paragraph">Pero una sociedad no puede vivir indefinidamente sin responder qué considera justo. La cuestión de la usura vuelve a mostrarnos por qué.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c8d32f6b448ddf2dd409a30adefcf7e9 wp-block-paragraph">No necesitamos regresar a las sociedades religiosas ni aceptar sin crítica sus doctrinas. Necesitamos recuperar su capacidad de formular límites morales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-065b30b09ddeb84eb4ef5413df3d9d4e wp-block-paragraph">Porque el problema de una sociedad no es solamente aquello que prohíbe. También es aquello que, pudiendo prohibir, ha decidido considerar normal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f0895f51df502621ce6db094501798f1 wp-block-paragraph"><strong>Volver a llamar usura a la usura</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5143e3b150b8debc863769dba0335e6e wp-block-paragraph">No todo interés es usura. El crédito puede ser una herramienta legítima y necesaria. Una economía moderna difícilmente pueda funcionar sin mecanismos de financiación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bb40ae97762d2af5b3a45af0292c9b7 wp-block-paragraph">Pero tampoco todo aquello que es legal, voluntario y rentable es necesariamente justo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-501e34e75ef385aa1ec0debc44a2741d wp-block-paragraph">Cuando la rentabilidad depende de la vulnerabilidad del otro, cuando el necesitado paga más precisamente porque necesita más, cuando una persona compromete ingresos futuros para resolver necesidades presentes y cuando esa situación se convierte en una fuente sistemática de ganancias, tenemos derecho —y quizás la obligación— de recuperar una palabra que hemos expulsado del lenguaje económico: usura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9d261be3e371e26b5331f7236d579658 wp-block-paragraph">No para regresar al pasado, sino para recuperar una pregunta que el presente ha olvidado. ¿Cuánto puede ganar legítimamente alguien aprovechándose de la necesidad de otro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-11f424b2407a6ad7af0a4c319fa97f60 wp-block-paragraph">Las antiguas religiones ofrecieron respuestas imperfectas, contradictorias y condicionadas por sus propios contextos históricos. Pero conservaron algo fundamental: la convicción de que el dinero también está sometido a la moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e208c2f9b41b0279f10a9a136da2d7db wp-block-paragraph">Nosotros hemos hecho exactamente lo contrario. Hemos conseguido que el mercado parezca moralmente neutral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cabb9b92a8faa7357e48b2c374b4b518 wp-block-paragraph">Y cuando el mercado se presenta como neutral, la necesidad humana puede convertirse en mercancía sin que nadie tenga que sentirse responsable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc20dfea36abbd2b502368214737c314 wp-block-paragraph">Quizás sea hora de volver a discutir la usura. No porque hayamos descubierto algo nuevo, sino porque hemos olvidado algo demasiado antiguo.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-353d9639d2d26cdf4dc37acaac0b1b0f wp-block-paragraph">20 de agosto de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSWgvX6iMbQzwoEKmoGv27CQkrmpvL7VarqDKR0e2pLXg&amp;s" alt="" style="width:142px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e33585fc41c3aedbed2b70457f9578c2 wp-block-paragraph">*Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a17f0c610d1b6c643abe513f0e7bf908 wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>,&nbsp;<strong>$10.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$15.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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		<title>Entre Disney y Darwin. Sensibilidades urbanas y cultura rural frente al mundo animal &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Sep 2026 13:42:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
		<category><![CDATA[animales]]></category>
		<category><![CDATA[Campo]]></category>
		<category><![CDATA[consumo]]></category>
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		<category><![CDATA[Ecología]]></category>
		<category><![CDATA[ecosistemas]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo rural]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo urbano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entre la sensibilidad urbana hacia los animales y la realidad cotidiana del mundo rural existe una distancia cada vez mayor. Mientras la vida animal se percibe muchas veces a través de mascotas, redes sociales y representaciones culturales, en el campo forma parte de sistemas productivos y ecológicos donde nacimientos, enfermedades, depredación y muerte son experiencias concretas. Bruno Carpinetti plantea en el siguiente artículo que el desafío es superar esta brecha y construir una ética capaz de cuidar a los animales sin perder de vista los ecosistemas, los territorios y a quienes viven de ellos.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/entre-disney-y-darwin-sensibilidades-urbanas-y-cultura-rural-frente-al-mundo-animal-por-bruno-carpinetti/">Entre Disney y Darwin. Sensibilidades urbanas y cultura rural frente al mundo animal &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3012c786cb50ab93fb86cd7eb611647 wp-block-paragraph"><em><strong>Entre la sensibilidad urbana hacia los animales y la realidad cotidiana del mundo rural existe una distancia cada vez mayor. Mientras la vida animal se percibe muchas veces a través de mascotas, redes sociales y representaciones culturales, en el campo forma parte de sistemas productivos y ecológicos donde nacimientos, enfermedades, depredación y muerte son experiencias concretas. Bruno Carpinetti plantea en el siguiente artículo que el desafío es superar esta brecha y construir una ética capaz de cuidar a los animales sin perder de vista los ecosistemas, los territorios y a quienes viven de ellos.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f4338f68619d4550e33de540b8d35d wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1cda3be6b6a3225d9f02abbe127ac10b wp-block-paragraph">La Argentina es, al mismo tiempo, uno de los países más urbanizados del planeta y una nación cuya historia, economía e identidad se encuentran profundamente ligadas al mundo rural. Esta aparente paradoja no es un dato menor. En ella reside buena parte de las tensiones contemporáneas en torno a la relación entre las sociedades humanas y los animales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-717607060be051ed71ad78c71c400025 wp-block-paragraph">Durante las últimas décadas, la expansión de los movimientos de protección animal y de las corrientes filosóficas vinculadas a los derechos de los animales, modificó sustancialmente la manera en que amplios sectores sociales conciben la vida no humana. Lo que hasta hace poco parecía un asunto restringido a especialistas o militantes se transformó en un tema central de la agenda pública. La sensibilidad frente al sufrimiento animal se amplificó, las demandas sociales crecieron y comenzaron a cuestionarse prácticas históricamente naturalizadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-505959d5941674f05a3e0bc2676337a7 wp-block-paragraph">Sin dudas, este proceso produjo avances significativos. La visibilización del maltrato animal, la incorporación del bienestar animal a las políticas públicas y la creciente condena social hacia formas de crueldad antes toleradas, constituyen conquistas culturales difíciles de discutir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00502d2c36ac744c67b9601863bcf3f2 wp-block-paragraph">Sin embargo, junto con estos avances emergió otro fenómeno menos explorado: la creciente distancia entre las percepciones urbanas sobre la naturaleza y las experiencias cotidianas de quienes habitan y trabajan en los territorios rurales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4790c85c266020d5bcee68f9ba4fbda5 wp-block-paragraph">Más del noventa por ciento de la población argentina vive actualmente en ciudades. Para millones de personas, el vínculo con los animales se construye fundamentalmente a través de mascotas, medios de comunicación, redes sociales o productos culturales. La naturaleza aparece así mediada por imágenes, emociones y representaciones simbólicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2af92ccc714b1986efb1e3e8e2493f05 wp-block-paragraph">En contraste, las poblaciones rurales mantienen relaciones sustancialmente diferentes con el mundo animal. Agricultores, pescadores artesanales, trabajadores forestales, pastores y ganaderos conviven diariamente con nacimientos, enfermedades, depredación, mortalidad, fluctuaciones poblacionales y conflictos entre fauna silvestre y actividades productivas. Para estos sectores, los animales no son únicamente individuos portadores de sensibilidad moral; forman parte de sistemas ecológicos complejos de los cuales depende, muchas veces, la propia subsistencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-477750fcfda283cc71abab85a4f2f1cc wp-block-paragraph">Esta divergencia de experiencias produce inevitablemente diferentes marcos éticos. Mientras gran parte de las corrientes urbanas contemporáneas privilegian una ética centrada en el individuo animal, muchos actores rurales suelen pensar los problemas desde una escala poblacional, territorial o ecosistémica. No se trata necesariamente de una oposición entre sensibilidad e insensibilidad, ni entre protección y explotación. Se trata, más bien, de perspectivas construidas desde experiencias materiales profundamente distintas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d475c7697f108cbeae8664e706ce0d58 wp-block-paragraph"><strong>La ética del consumo y el ocultamiento de la producción</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6698b05a8ece8f9b75aa8df0599783fb wp-block-paragraph">La creciente distancia entre las percepciones urbanas y rurales sobre los animales no puede comprenderse sin considerar una transformación más profunda: el progresivo desacople entre los espacios de consumo y los espacios de producción de alimentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bccef75250e71a2e84116ada8bd15e44 wp-block-paragraph">Las sociedades urbanas contemporáneas se caracterizan por una creciente desvinculación material y simbólica respecto de los sistemas agrarios. La inmensa mayoría de la población accede diariamente a carnes, lácteos, huevos, cereales, frutas y hortalizas a través de góndolas de supermercados, comercios o plataformas virtuales de distribución, sin contacto directo con los procesos biológicos, ecológicos y productivos que hacen posible esa oferta alimentaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5a7f10ff676de3d7d5f11f07f1a7a6b wp-block-paragraph">La producción de alimentos se ha vuelto, en gran medida, invisible. La muerte de animales destinados al consumo, las prácticas sanitarias, el control de predadores, el manejo de especies que ocasionan daños a los cultivos o transmiten enfermedades, e incluso los inevitables impactos ambientales asociados a cualquier sistema productivo, permanecen alejados de la experiencia cotidiana de los consumidores urbanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d747e290aa2ab4cfd9492588b2ba5238 wp-block-paragraph">Como consecuencia, se configura una paradoja característica de las sociedades contemporáneas: sectores sociales que demandan crecientemente estándares éticos elevados respecto del trato hacia los animales, continúan sosteniendo, mediante sus patrones de consumo, sistemas agroalimentarios que necesariamente implican distintas formas de intervención sobre la vida animal y los ecosistemas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b5b8fcc13ee3f1545ce61e5a48e2009 wp-block-paragraph">La sensibilidad urbana hacia el sufrimiento animal convive así, en numerosos casos, con una profunda desconexión respecto de las condiciones ecológicas y productivas que permiten la disponibilidad permanente y accesible de alimentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa7d1b5f9c68a4fb2b2efb2edf3deae9 wp-block-paragraph">Diversos autores de la ecología política han señalado que la urbanización masiva favoreció una creciente externalización material y moral de los costos ambientales de la producción. Los impactos ecológicos, las pérdidas de biodiversidad, los conflictos con la fauna silvestre y las decisiones de manejo necesarias para garantizar la producción de alimentos, ocurren mayoritariamente lejos de los centros urbanos, en territorios que resultan socialmente poco visibles para quienes consumen esos bienes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0462af6a771053ad58a1daed47039045 wp-block-paragraph">Este fenómeno se expresa claramente en la percepción social de la mortalidad animal. Mientras la muerte de un animal silvestre, en un contexto de manejo poblacional, puede generar una intensa reacción pública, la mortalidad asociada a la producción agropecuaria intensiva —incluyendo el control de plagas, las labores agrícolas, la protección sanitaria de rodeos o la eliminación de animales enfermos— suele permanecer fuera del debate social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-688e6733c0ed29abbca6410ebece94a7 wp-block-paragraph">Ello no implica relativizar las preocupaciones éticas vinculadas al bienestar animal. Por el contrario, invita a complejizar la discusión y reconocer que toda sociedad que consume alimentos depende, inevitablemente, de transformaciones sobre los ecosistemas y de decisiones de manejo que involucran la vida y la muerte de organismos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b6fb41298b66c256e23b5d29b7fdce9 wp-block-paragraph">La cuestión central, entonces, no radica en la ilusoria posibilidad de producir alimentos sin impactos ni mortalidad, sino en cómo construir sistemas agroalimentarios ecológicamente sustentables, socialmente justos y éticamente responsables.</p>



<div style="height:29px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image is-style-rounded">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://periodico-assets.tadevel-cdn.com/62e3f75b499e98b6b0e57ca7/720.jpeg" alt="" style="aspect-ratio:1;object-fit:cover;width:566px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Mural de Alfredo Segatori.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-155e40707e2a5506eae4361130c31a61 wp-block-paragraph"><strong>La mirada de la ecología</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a62af59283bec2717316111db7c96fa8 wp-block-paragraph">La ecología contemporánea ha demostrado que los ecosistemas funcionan a partir de complejas redes de interacciones. Natalidad y mortalidad, competencia y cooperación, depredación y reproducción constituyen procesos inherentes a toda comunidad biológica. La muerte forma parte de la dinámica natural. Ningún ecosistema existe sin mortalidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-32ebc6bb4c47f79676372172119d601a wp-block-paragraph">Desde una perspectiva científica, la conservación no persigue evitar toda muerte individual, sino preservar la estructura, funcionalidad y resiliencia de los sistemas ecológicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1f403d2de8ea4c6f70ea79002cd0e23 wp-block-paragraph">En determinadas circunstancias, la ausencia de regulación poblacional puede generar impactos severos. Poblaciones sobreabundantes de herbívoros pueden impedir la regeneración de bosques, simplificar comunidades vegetales, alterar procesos ecosistémicos y reducir la biodiversidad. Del mismo modo, especies exóticas invasoras pueden desencadenar profundas transformaciones ecológicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d00e3de2377b50cdfc17265e56d611aa wp-block-paragraph">Por ello, la eliminación selectiva de individuos constituye, en numerosos contextos, una herramienta legítima y necesaria de manejo ambiental.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4ee8dbef4e4eb500d521c8c0665fd7c0 wp-block-paragraph">Por ejemplo, en la Argentina, especies como el jabalí (<em>Sus scrofa</em>), el castor canadiense (<em>Castor canadensis</em>), el ciervo axis (<em>Axis axis</em>) o el conejo europeo (<em>Oryctolagus cuniculus</em>) generan importantes impactos ecológicos, sanitarios y económicos. Su control poblacional puede resultar indispensable para proteger especies nativas, disminuir daños productivos y reducir riesgos epidemiológicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4170b731bdacf1acd6f7e959ad5a708e wp-block-paragraph">Lejos de representar una contradicción ética, el manejo poblacional puede orientarse precisamente a proteger la integridad de los ecosistemas y la persistencia de otras especies.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1bed408b9f3811578aa2b1a1e8aac3a7 wp-block-paragraph">Esto no supone ignorar el sufrimiento animal. Por el contrario, las ciencias veterinarias y la biología de la conservación coinciden en la necesidad de desarrollar protocolos que minimicen el dolor y el estrés asociados a cualquier intervención humana sobre animales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0ff55ded3ccb8d965a91fe371963f995 wp-block-paragraph">El verdadero desafío consiste, quizás, en abandonar falsas dicotomías. Ni toda intervención letal constituye necesariamente crueldad, ni toda política inspirada exclusivamente en la compasión produce resultados ambientalmente deseables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cac0da1f8ad22b7270d3bfffcf7ac10b wp-block-paragraph"><strong>Hacia una ética socioecológica</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37b39fb57af87cbbea56e7937dd65b9c wp-block-paragraph">La discusión contemporánea sobre los animales exige ampliar la mirada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ca5421897d389ffdab13c21833d9680 wp-block-paragraph">La ética ambiental ha mostrado que los individuos no existen aislados, sino integrados en comunidades ecológicas complejas. Hace casi un siglo, Aldo Leopold proponía una «ética de la tierra» capaz de extender la comunidad moral hacia suelos, aguas, plantas y animales, entendidos como partes de un mismo sistema biótico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-281440d3ba0ad7bd9ed17c3b679e7028 wp-block-paragraph">Recuperar hoy esa mirada implica reconocer simultáneamente el valor de los individuos y la importancia de conservar los procesos ecológicos que sostienen la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e881b79bb4091c5beedaa17407671741 wp-block-paragraph">La Argentina necesita construir una ética socioecológica capaz de articular conocimientos científicos, sensibilidades sociales y experiencias territoriales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3fbd08b4a64e228645736b9d7cfa0f72 wp-block-paragraph">Las políticas públicas sobre fauna deberían surgir de procesos participativos que incorporen las voces de científicos, productores, comunidades rurales, organizaciones ambientalistas y gestores públicos. Ningún sector posee, por sí solo, el monopolio de la legitimidad moral ni del conocimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d43a0c325380271bb36e41375a7cafd wp-block-paragraph">Porque, en definitiva, la pregunta no es solamente cómo proteger a los animales. La pregunta es cómo habitar responsablemente una naturaleza compartida, profundamente transformada por la acción humana, sin perder de vista que la conservación de la vida exige pensar no sólo en individuos aislados, sino también en comunidades, ecosistemas y territorios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6eaadfab9206a65a3dd8078dbf7a74ac wp-block-paragraph">Y, sobre todo, exige reconocer que quienes viven y trabajan cotidianamente en esos territorios tienen algo imprescindible para aportar a la conversación.</p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8e128fd717b8c10b39f8fe165887ffeb wp-block-paragraph">9 de septiembre de 2026<strong>.</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSWgvX6iMbQzwoEKmoGv27CQkrmpvL7VarqDKR0e2pLXg&amp;s" alt="" style="width:157px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e33585fc41c3aedbed2b70457f9578c2 wp-block-paragraph">*Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a17f0c610d1b6c643abe513f0e7bf908 wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>,&nbsp;<strong>$10.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$15.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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