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	<title>Perfil archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Mon, 03 Nov 2025 12:52:02 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Perfil archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>PONERSE LA CAMISETA DEL MEDIO O SALIR AL DESNUDO &#8211; POR HÉCTOR O. BECERRA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 May 2025 14:29:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Héctor Becerra]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Martín]]></category>
		<category><![CDATA[Nadie lee nada]]></category>
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		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Héctor Becerra reflexiona, a partir de lo sucedido con la columna de Leticia Martín publicada en la edición impresa de Perfil del sábado 17 de mayo, sobre la relación entre los tres protagonistas del ejercicio periodístico: el medio, el periodista profesional y el público.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/ponerse-la-camiseta-del-medio-o-salir-al-desnudo-por-hector-o-becerrra/">PONERSE LA CAMISETA DEL MEDIO O SALIR AL DESNUDO &#8211; POR HÉCTOR O. BECERRA</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ee9af075452f5f02b8ce1ab1032558c0 wp-block-paragraph"><strong><em>Héctor Becerra reflexiona, a partir de lo sucedido con la columna de Leticia Martín publicada en la edición impresa de Perfil del sábado 17 de mayo, sobre la relación entre los tres protagonistas del ejercicio periodístico: el medio, el periodista profesional y el público.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cc7bc4ea61ff7ad5eee3f0d2b44b88e0 wp-block-paragraph"><strong>Por Héctor O. Becerra*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:65px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-814ec012e46d93e01dfb0955a98e5d6f wp-block-paragraph"><strong>I.</strong> El diario <em>Perfil</em> es el único periódico en nuestro medio que cuenta con un Defensor de lectores función que hasta el día de la fecha desempeña holgadamente Julio Petrarca ya que tiene más de 50 años de experiencia, habiendo trabajado en diarios junto a figuras destacadas como Jacobo Timerman en <em>La Razón</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-073c7a2ff308f757038f167b35e9e429 wp-block-paragraph">El Defensor de lectores desempeña un papel fundamental en la autocrítica y en la autorregulación del medio ya que busca equilibrar la relación entre los tres protagonistas del ejercicio periodístico: 1) el medio, 2) el periodista profesional y 3) el público, intentando promover un periodismo de calidad que enriquezca el ejercicio democrático.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cc9eb1b4b4cc6e1ef653889c95243e5d wp-block-paragraph"><strong>II.</strong> Digamos para los legos que la autocrítica es el ejercicio introspectivo que realiza el periodista a la hora de evaluar la información que produjo y que le permite la rectificación en caso de tener que subsanar las equivocaciones en las que pudo haber incurrido por el apuro y las presiones que tuvo que soportar para llegar al cierre y la posterior publicación de la noticia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b64d45b9c27efa13585b97f305b51df wp-block-paragraph">Cuando la autocrítica resulta insuficiente surge la instancia de la autorregulación donde interviene un tercero que puede ser el público a través del correo de lectores o un periodista de otro medio que produce y publica información acerca de cómo se informó (o se desinformó).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6aa49a322f6b8e00ce5b2d8dc3ace56b wp-block-paragraph"><strong>III.</strong> Va a ser necesaria toda la experiencia de Julio Petrarca para tratar de entender lo sucedido con la columna de Leticia Martín publicada en la edición impresa de <em>Perfil</em> del sábado 17 de mayo. La autora, narradora, poeta, ganadora del Premio Lumen 2023 por su novela Vladimir, comienza la nota relacionando la difusión que se produce en las redes sociales y el hecho que se la denomine con un término médico como es el de “viralizar” que originalmente designa la transmisión de un virus. A raíz de esto la autora se pregunta si su nota se viralizará… Es decir, su observación la lleva a preguntarse si esa propiedad de algunos escritos se puede aplicar a sí misma. Si fuera así estaríamos en el terreno de una propiedad autoaplicativa, de no serlo tendríamos que afirmar que es no-autoaplicativa o heteroaplicativa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8147799e8be11e0a8dfafd92788f7385 wp-block-paragraph"><strong>IV.</strong> La autora queda a las puertas del metalenguaje y da un giro en la escritura de su columna para brindar testimonio de que hace más de un año que escribe una columna semanal para <em>Perfil</em> y hace seis meses que ni le pagan ni le actualizan los honorarios que son de $ 50.000.- por mes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2041ea660de09fbc14bd0b1d43076fb7 wp-block-paragraph">Resulta esencial que la periodista cobre sus honorarios por su tarea ya que es una trabajadora asalariada, la cuestión es qué sucede si ese espacio de 2.500 caracteres que el medio le cede para que escriba una columna sobre la falta de lectura se convierte en un reclamo laboral por la falta de haberes. Digamos unas palabras sobre ese espacio del medio que entra en disputa, porque la autora dice que lo valora y luego se lo apropia para plantear su reclamo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9dfb72a61d9cf818834a72a25abb4b02 wp-block-paragraph"><strong>V.</strong> En 1908 un editor del <em>Wall Street Journal</em> dijo que un diario es una empresa privada que no debe absolutamente nada a un público que no tiene sobre ella ningún derecho. El Pacto de San José de Costa Rica, la Encíclica <em>Pacem in Terris</em> de Juan XXIII -a mediados del siglo XX- reconocen la necesidad de comunicar como un derecho humano esencial poniendo un límite al afán liberal de la empresa periodística.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5eebc09710e57197eb77232b3e36b317 wp-block-paragraph"><strong>VI. </strong>Entonces, el medio es el propietario del espacio que lo cede a una periodista para que informe a un público que ahora tiene como ciudadano, el derecho a la información y tiene derechos como cliente ya que abona la suscripción para ser lector y sostiene la publicidad como anunciante y/o consumidor de esos anuncios. Mientras que el público parece haber tomado un protagonismo que según Jürgen Habermas en <em>Historia crítica de la opinión pública </em>no tenía a comienzos del siglo XX y el periodista profesional parece haber perdido muchas prerrogativas al tener que desempeñar tareas como monotributista sin que ni siquiera se le liquiden haberes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa1ba260481e25d8cead906266f830b6 wp-block-paragraph">La autora toma la decisión de dar testimonio de que el medio lleva seis meses sin pagarle por su trabajo. Si el periodismo tiene como función informar sobre la realidad por qué no tendría la propiedad de informar sobre lo que pasa en el periodismo. ¿El periodismo tiene la capacidad de ser autoaplicativo? No deja de llamar la atención que la columna salga con un título: <em>Nadie lee nada</em> que bien podría haber sido <em>¿Por qué trabajo gratis? o La venganza de la columnista. </em>La cuestión es que el editor de Leticia recepciona su columna que sale publicada en la edición del sábado 17 de mayo de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38238515e66fe00c36636c7c875bc420 wp-block-paragraph"><strong>VII.</strong> ¡Qué decisión la del editor dando lugar a una columna donde la autora haciendo autorregulación se refiere a “la voz de alguien formado como el propietario de este grupo editorial, un profesional al que escucho como si no fuera responsable de la discriminación de la cual soy parte” en clara alusión al empresario periodista Jorge Fontevecchia! Lo que resulta desconcertante es que a la edición del diario en papel le sigue la publicación en la web que termina siendo <em>censurada</em>. Si la segunda nota en la web fue bajada es porque la primera en papel tampoco debería haber salido publicada; ¿si salió publicada no será porque no había sido leída? Hoy el público no tiene forma de leer nada así que el título de la columna resultó predictivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a43c8d63916e026ddce35f5d2878124 wp-block-paragraph"><strong>VIII. </strong>Otra de las hipótesis podría ser que el editor de <em>Perfil</em> hubiera leído el título de la columna y su introducción. Lo que también validaría de manera dramática la tesis de la escritora; sin embargo, una luz de esperanza. Debajo de la caja, donde se escribe la nota, en medio del margen inferior nos encontramos con una palabra en mayúsculas: PLACEBO. El efecto placebo es un fenómeno en el que una persona experimenta una mejora en su condición de enfermo después de recibir un tratamiento o vacuna que no tiene propiedades terapéuticas reales. De allí los efectos inimaginables en el ser humano que produce la sugestión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e095c11a8d8f131edfae18c6746fc3d wp-block-paragraph">Convengamos que la columna -con el editor haciendo la vista gorda- se metamorfosea y resulta una catarsis que le permite a la autora experimentar una liberación de emociones intensas y contradictorias producto de la posibilidad de poner en palabras el reconocimiento de que le hayan abierto las puertas en un lugar prestigioso, la tristeza que la desmotiva para ir a votar al otro día y para conservar ese trabajo, las dudas que siente por ser una mujer trabajadora y ser discriminada, su admiración por un colega como Roberto Fogwill y -por supuesto- su enojo por la falta de pago.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ab09cae608be94df1f11966406e47a2 wp-block-paragraph"><strong>IX.</strong> Vamos a consultar con el Defensor de lectores -Julio Petrarca; pero, yo me animaría a plantear que la columna de Leticia Martín -interpretando a su editor- se inscribe primero como un placebo. El planteo no resulta original ya que el psicoanalista Jacques Lacan en un texto como <em>El sinthome</em> afirmaba que la escritura en James Joyce funcionaba como una suplencia; es decir, como una forma de compensar las carencias o fallas en la estructura psíquica del escritor. La escritura además de brindarnos conocimiento y entretenimiento puede resultarnos terapéutica tanto para quién lee como para el que escribe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-93a2d709866674e3a02cb6be8c265d7c wp-block-paragraph"><strong>X. </strong>El segundo eje de análisis de la nota supone una forma original de huelga o paro ya que la autora como mujer laburante que es se niega a escribir sobre lo que supuestamente iba a desarrollar: la falta de lectura para describirle luego, al lector, sus sentimientos respecto de la tarea y la forma cómo han dejado de remunerarla para poder de presionar y lograr mejoras en sus condiciones salariales y para exigir cambios en las políticas o prácticas de su empleador (aumento de honorarios).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ee01cbd3e421bcf07e35552539f3d6b wp-block-paragraph">Cómo sucede en toda huelga se busca presionar al empresario periodístico para que abone los honorarios correspondientes por la tarea realizada -bien bajos por cierto- y que se tenga en cuenta la necesidad de actualizarlos; pero, resulta que el primer presionado resulta ser el lector al que se le anuncia -en el título de la columna- que nadie lee y si consigue salir de la generalización a partir del interés que puede suscitar el tema y leer; entonces, se encontrará con el testimonio de lo que sucede en la vida personal de una escritora-periodista y las vicisitudes laborales que debe afrontar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b17e4a82aacba3cdd1d5f82c6e994ad8 wp-block-paragraph">Por último, ¿qué sucede con los empresarios periodistas y sus representantes en los medios: los editores? Todos ellos parecen haberse puesto de acuerdo para exigirles a los periodistas que se pongan la camiseta del medio; pero el periodista no es accionista de la empresa; sino, un trabajador asalariado que si bien le debe a la empresa su fuerza de trabajo su primer deber es con el público. Se les está exigiendo a los periodistas que sigan ciegamente la bajada de línea editorial; vemos y escuchamos a todos los conductores de programas de TV vendiendo publicidad, siendo que está desaconsejado en todos los códigos de ética; los sueldos se han precarizado cuando no se dejan de pagarlos como hemos visto más arriba. A los señores empresarios se les informa que cuando hayan desaparecido todos los periodistas bajaran los costos, seguro; pero, se quedaran sin la posibilidad de que la información sea narrada -diría Byung-Chul Han y la gente necesita escuchar historias por eso no hay información sin periodistas que la narren, que la historicen. Por ahora no hay programas ni aplicaciones que los puedan suplantar.</p>



<div style="height:61px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b9007ac65f596dfa4ab23efc6e15cf3a wp-block-paragraph">Buenos Aires, 22 de mayo de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-adcbb071e43a720ca093da79e6d11728 wp-block-paragraph">*Docente de ética en TEA &amp; DEPORTEA. Autor de «La maravilla de estar comunicado».</p>
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		<title>«Comunistas», u otra vuelta de tuerca sobre una fábula &#8211; Por Adrián Desiderato</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Nov 2025 17:39:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adrián Desiderato]]></category>
		<category><![CDATA[Bravo TV]]></category>
		<category><![CDATA[Comunistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La señal Bravo TV, de Perfil, lanzó en 2023 una serie de programas políticos que suponían un entrenamiento en la emisora televisiva para objetivos posteriores de mayor envergadura, como tribunas de debate o combate contra el poder hegemónico y devastador implantado en la Argentina desde diciembre de 2023, inclusive contra sectores del propio capitalismo. Los programas eran "Desde el canil", "Soy casta", "Comunistas" y "QR!" Pero, transcurridos unos meses, la grilla se fue vaciando hasta que el último bastión cayó: Adiós "Comunistas", adiós Bravo TV. El capitalismo es despiadado lucro, y la mercancía ganadora, manda.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-54353accc9723cf96836aa3ccbfd0058 wp-block-paragraph"><strong><em>La señal&nbsp;</em>Bravo TV,<em>&nbsp;de&nbsp;</em>Perfil<em>, lanzó en 2023 una serie de programas políticos que suponían un entrenamiento en la emisora televisiva para objetivos posteriores de mayor envergadura, como tribunas de debate o combate contra el poder hegemónico y devastador implantado en la Argentina desde diciembre de 2023, inclusive contra sectores del propio capitalismo. Los programas eran&nbsp;</em>«Desde el canil»<em>,&nbsp;</em>«Soy casta»<em>,&nbsp;</em>«Comunistas»<em>&nbsp;y&nbsp;</em>«QR!»&nbsp;<em>Pero, transcurridos unos meses, la grilla se fue vaciando hasta que el último bastión cayó: Adiós «Comunistas», adiós Bravo TV.</em>&nbsp;<em>El capitalismo es despiadado lucro, y la mercancía ganadora, manda.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8145fb4c2490eb9bca39955529d39120 wp-block-paragraph"><strong>Por Adrián Desiderato*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eeb4385ed04fa0c8e8accc6d07b4a56a wp-block-paragraph">Ésta es una nota contra las leyes del mercado y el capitalismo, y el lugar donde debería haberse publicado, por honestidad intelectual de quien la escribe y por lealtad hacia la empresa periodística que critica, era precisamente allí, donde el hecho capitalista se produjo, un multimedia que, contrariamente, es ejemplo de periodismo crítico e independiente en un tiempo nefasto y mileísta –son sinónimos–, pero que, por su inserción ideológica, justamente, no puede escapar a su naturaleza mercantil, lógica empresarial o el eufemismo que le quepa. No pudo ser allí por motivos que no viene al caso reseñar, lo que sí debe ser es que la nota vea la luz, en honor a un programa de tevé que no debió ser levantado de la grilla, de no haberse interpuesto ese monstruo orwelliano al que, en la imbecilidad de estos días, llaman «Mercado», pero bien podrían llamarlo «Gran Hermano». Están en su derecho: los que ponen el dinero ponen sus ideas, esto se sabe desde el <em>Eclesiastés</em> y lo prueban exitosas corporaciones, como el Judaísmo S.A., el Cristianismo S.A. y alguna otra S.A., sin ir al montón de las Religiones S.R.L. Tampoco es fácil encontrar una vía de publicación alternativa en un ambiente, el periodístico, estragado por intereses económicos e ideológicos que los vuelven obsecuentes y sesgados, por no decir patéticos. El multimedia del que hablamos es una de las contadas tribunas abiertas a expresiones de izquierda y de derecha, más allá de que no abjure, es normal, de sus propios objetivos. En sus páginas, portales, pantallas, audios y plataformas caben periodistas y opinadores de variado pelaje, a un extremo y otro del espectro, y hasta de centro, esos que «ni chicha ni limonada», provenientes de un refrán famoso, el de que «a los tibios (y a los socialdemócratas) los vomita Dios». Hecho el introito, vamos al meollo de esta nota. Tiene que ver con una fábula, antigua, de origen desconocido, pero que la tradición atribuye a Esopo: la del escorpión y la rana. No es que lo acontecido remita a esas especies, ni en alusión ni como metáfora, porque «los mercados», aunque se le quiera hacer creer a la gente –tan creedora– que son algo, en realidad son nada, usinas de usureros en busca de usufructos. A lo que remite, sí, la fábula, es a su insuperable moraleja. Recordémosla. A la vera del río, el escorpión le pide a la rana que le permita subirse a su lomo para poder cruzar a la otra orilla. La rana, que no es tonta, le contesta que no, porque «vos, escorpión, me vas a picar, inocularme tu mortífero veneno y ambos nos hundiremos y ahogaremos». El escorpión le asegura que no porque, ratificando lo dicho por la rana, significaría su propio aniquilamiento. El argumento del escorpión, típico de políticos, convence a la rana. E inician el cruce. Todo marcha como sobre flotantes hasta que, en mitad del río, el escorpión le clava su aguijón a la rana, ambos desaparecen de la superficie y sucumben. Vale redundar en la moraleja, aunque se la conozca de sobra, para incrustar en la cabeza conceptos que hagan inteligible la realidad, a la manera en que un pájaro carpintero taladra incansable el tronco para ahuecar un nido provechoso, como quien mete un voto en una urna o una bala en el corazón de un fusilado. Se dirá que un ser humano carece de la lucidez de un pájaro carpintero, y es cierto, sí, también. Pero volvamos a la moraleja, tan clara como el agua –de ese río, al menos–, y es la de que <strong>«nadie puede ir contra su naturaleza»</strong>. Ni siquiera una rana, pues su instinto, está a la vista, la llevó a cruzar el río. Y aquí es donde la fábula se toca con el multimedia. Un multimedia es una empresa, una empresa está inserta en el capitalismo, el dueño de una empresa capitalista es una persona de ideología capitalista, la ideología capitalista tiene como fin ganar dinero. Eso de «cuidemos el planeta», «levantá de la vereda la caquita de tu mascota», «trabajamos para vos» son sólo ardides publicitarios, trampas con camuflaje, mentiras cazabobos. No lo descubrimos nosotros, lo del capitalismo, lo expresan a voz en cuello todos los empresarios, incluidos los que ejercen su práctica en el periodismo como <em>modus vivendi</em>. Elección laboral, asunción existencial, inserción en el mundo. La función periodística, en teoría, es informar, de la forma más independiente y objetiva posible, porque ¿quién podría evitar, en su inconsciente, deslices subjetivos? Deslices, no evidencias groseras y grotescas, como la de tanto «comunicador» en boga. No es el caso de este empresario y de esta editorial, pero sí es el caso de que es un empresario, porque su multimedia es una empresa, y empresa y empresario no pueden ir contra su naturaleza, como dice Esopo o el hitita o quien haya sido el que imaginó la fábula sobre la rana y el capitalismo. Prima el negocio, es su razón de ser. «A un empresario no le debe dar vergüenza ganar dinero», oímos por ahí. Es una máxima del capitalismo. ¡Las cosas que hay que oír!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6cf3b4fd0f2cac7e6aaea35b9d9ac08d wp-block-paragraph">Ahora vayamos a Editorial Perfil, la destinataria de esta nota. Se diversifica en gráfica, radio, web, enseñanza de comunicación a nivel terciario y, lo que nos interesa, canales de tevé. NET TV, Bravo TV, Caras TV, Canal E. A uno apuntamos. Nos habíamos creído a pie juntillas, allá por marzo, un lanzamiento promisorio: <em>«Perfil se pone Bravo»</em> y <em>«Lejos del poder, cerca de la gente»</em>. Se anunciaban programas políticos filosos, por lo coyuntural e innovador, eso de meter cuña –puñales, estiletes– en una oferta adocenada y tendenciosa, carne muerta, por daño que ocasione a los vivos. Dos títulos resultaban, de por sí, provocadores: <em>Comunistas</em>, no se necesita agregar por qué, y <em>Soy casta</em>, en su doble juego de castidad y «casta política», un programa de mujeres por mujeres. Un tercero, <em>QR</em>!, ya venía de un fructífero 2024 en A24, un medio que se sacó del todo la careta y se <em>feimannizó</em>, <em>rossió</em>, <em>lajeó</em> hasta el asco, por lo que dejó de tener cabida ahí. El cuarto, <em>Desde el canil</em>, aparecía, por horario, como el preámbulo de los otros tres, todo en un bloque de 18 a 24 estabulado de lunes a viernes. Al día de hoy, excepto uno de esos programas, los otros tres volaron, suplantados por distintas apuestas, al arbitrio de lo que será su <em>«durée»</em>, que no es la de Bergson, sino de lo berreta que resultan las «duraciones» en el capitalismo, ya que sólo se miden en moneda. Es su lógica, porque el capitalismo tiene lógica, dijimos, y pensadoras del calibre de Adela Lemuán y Celia Reichstag… es así, ¿no?&#8230; lo refrendan, por respetar el cupo femenino de la igualdad de género. Ante el levantamiento de la grilla de Bravo TV, entonces, de programas de potente corte político lanzados en marzo, uno podría rebobinar el casete y revertir aquellos eslóganes y, en vez de <em>«Perfil se pone Bravo»</em>, por caso,pensar que <em>«Bravo se pone de perfil»</em>, o, en vez de <em>«Lejos del poder, cerca de la gente»</em>, insistir en que, <em>«Más que alejarse del poder, lo que parece es alejarse de la gente»</em>, de aquella que no tenía voz y la encontraba en «Comunistas». Recapitulemos. Siete meses atrás se lanzó por Bravo TV esa cuádruple propuesta arriesgada y valiosa como los versos imborrables de Borges en <em>El remordimiento</em>, que arrancaban su segundo cuarteto con: <em>«Mis padres me engendraron para el juego / arriesgado y hermoso de la vida, / para la tierra, el agua, el aire, el fuego. / Los defraudé. No fui feliz…»</em>. </p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="815" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/11/GoiAXoWXsAA4nEm-1024x815.jpg" alt="" class="wp-image-17745" style="width:758px;height:auto"/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e246d1d6e0dcb8174d4e879c2bced1c7 wp-block-paragraph">Una propuesta visionaria, la de Perfil, inversamente proporcional al oscurantismo de estos días. Para celebrar por una audiencia lúcida, se concordase o disintiese con los «camaradas» invitados día a día. La señal venía marcando su tónica con telenovelas latinoamericanas y se podía pensar que hasta eran un entrenamiento en la emisión televisiva para objetivos posteriores de mayor envergadura, como tribunas de debate o combate contra el poder hegemónico y devastador implantado en la Argentina desde diciembre de 2023, inclusive contra sectores del propio capitalismo, que quedaron arrasados; ni hablar que uno de los blancos predilectos de ese poder devastador, también fue el periodismo contestatario. Los programas eran e iban: <em>Desde el canil </em>(de 18 a 19), <em>Soy casta </em>(19 a 20.30), <em>Comunistas </em>(20.30 a 22) y <em>QR!</em> (22 a 24). Sin embargo, <em>Soy casta</em>, de repente, desapareció; tiempo después ocurrió lo mismo con <em>Desde el canil</em>, <em>¡QR!</em> aguantó y <em>Comunistas, </em>el 14 de octubre, un «martes», pese a no caer en 13 como para darle pie al refrán «no te cases ni te embarques», cayó como el Muro de Berlín, para felicidad de Fukuyama.Ya olía mal que hubieran quitado la escenografía original de <em>Comunistas</em>, pero el capitalismo no siempre es brutal, a veces, cuando le conviene, como en el «progresismo» o en el «estado de bienestar», tiene delicadezas, ¿por qué desconfiar, pues, de un medio capitalista que daba cabida a voces tan variadas y había pegado en marzo aquel golpe de efecto? Guevara había advertido alguna vez que <em>«al imperialismo no hay que creerle ni un tantico así»</em> y acompañó lo dicho con un gesto inconfundible de sus dedos, pero no siempre uno tiene a mano su memoria. «Comunistas» también atravesó algunos sacudones, pues había comenzado con la conducción de Juan Di Natale y éste, de un día para otro, dejó de estar. El hueco se notó. Lo reemplazaron de ocasión al lunes siguiente, el martes se emitió un programa grabado anterior y el miércoles, ya en mente nuestro «adiós, Di Natale, adiós <em>Comunistas</em>, adiós, Bravo TV», apareció un tal Santiago Llull. Uno, ese día, dudó, el jueves siguió extrañando a Di Natale, pero, ya el viernes, Llull no sólo dio la talla, sino que mantuvo el equilibrio entre partícipes y hasta agregó cierta densidad. Si bien «Comunistas» nunca fue lo que fueron aquellas noches fascinantes de Tato Bores, tenía lo que hay que tener hoy. Por eso lo del martes 14 fue un mazazo: última emisión de «Comunistas». Ya sí adiós. Adiós definitivo. La moraleja de esta fábula, no la de Esopo, sino de ésta, es que no sólo <strong>«no se puede ir contra la propia naturaleza»</strong>, sino que <strong>«el capitalismo es despiadado lucro, negocio, conveniencia, ganancia, mercancía»</strong>. ¡Pobre mentalidad, la de los capitalistas! Creerse que la Tierra es el centro del Universo y que ellos son el centro de la Tierra, sin comprender que no son más que otro esqueleto que sostiene una carne que se descompondrá en polvo y gusanos.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb0315928eb8fcc3bbdf5d8380b3e301 wp-block-paragraph">Sábado, 1 de noviembre de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f6174665a1ab873732fc6a3a5974c0c wp-block-paragraph">*El escritor en su torre de marfil.</p>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d79a4e0f8c1f0af200c01d08f4b65948 wp-block-paragraph">La Tecl@ Eñe viene sosteniendo desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;<strong>Para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe</strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;al mes ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>&nbsp;al mes. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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