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	<title>neocapitalismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>neocapitalismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Política y publicidad &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Apr 2019 20:02:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[mercancía]]></category>
		<category><![CDATA[neocapitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La tecnología del diseño de imágenes publicitarias es lo que ha embargado a los linajes provenientes de la forma política de dirigirse al todo social, tanto para recrearlo como para escindirlo. La lógica de la publicidad de la mercancía privada, se muta en el discurso total que abarca las lenguas de la política, la economía y lo jurídico. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/politica-y-publicidad-por-horacio-gonzalez/">Política y publicidad &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La tecnología del diseño de imágenes publicitarias es lo que ha embargado a los linajes provenientes de la forma política de dirigirse al todo social, tanto para recrearlo como para escindirlo. La lógica de la publicidad de la mercancía privada, se muta en el discurso total que abarca las lenguas de la política, la economía y lo jurídico.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La historia de la publicidad es antigua, tanto como el deseo de hacer conocer a otros las ventajas de lo que hacemos o pensamos. En ese sentido, las inquietantes e inagotables ironías con que lanza Sócrates su mayéutica, es una forma conversacional de la publicidad. Precisa de un interlocutor que acepta en cierta posición de inferioridad los razonamientos oblicuos e intrigantes de quien va conduciendo a los incautos hacia una verdad que no conocían, a pesar de tenerla al alcance de la mano o en su balbuceante intimidad. Para producir ese resultado, la adquisición de una verdad que podía ser contraria a las convicciones sostenidas hasta ese momento, era preciso una derrota sutil del desafiante, que restableciera la igualdad de un diálogo, pero que fuera en verdad un combate inútil con ese socratismo victorioso que, triunfante, no se jactaría de nada. Vencería haciendo a los demás, también vencedores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que surgiera una verdad en el ida y vuelta de las tácticas inquisidoras de Sócrates, no puede considerarse exactamente una retórica, pero en el sentido amplio es también el afloramiento de un sentido o una pasión nueva como efecto del uso de ciertos recursos previstos del lenguaje. Esos recursos debían llamar la atención a los oyentes por el hecho de desacomodarlos del habla común sin obligarlos a creer que lo que los sorprende es un uso equivocado del lenguaje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El político que dice “basta de retórica, vayamos a los hechos y resolvamos concretamente los problemas”, es también el usuario de una retórica que la niega para poder afirmarla. Usa el lenguaje para decir que no creamos en el lenguaje. También el que dice que va a explicar todo con sencillez y para que se entienda, usa un tipo de retórica que puede considerarse como de una rusticidad deliberada. ¿El que no tiene conciencia que al declararse amigo de la claridad absoluta y habla para que “todos entiendan”, es también un retórico? Lo es en la medida que tiene una teoría sobre lo que es entender o no entender, con la cual puede repudiar otras lenguas que le parecen lejanas o propias de “sabios y competentes”, que pueden engañar peligrosamente pues apabullan con sus retorcimientos e hipnotizan tramposamente a los aturdidos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El sentido común tiene varios planos y en general es autodefensivo. Los necesarios prejuicios de los que se componen las primeras posiciones del que se dispone a entablar conversación, cobran tal importancia que nunca se abren como corresponde. Es decir, un prejuicio es necesario en un plano de la conciencia, que puede estar al inicio de un trato, pero así como es seguro que aparece, no menos adecuado es que se vaya desvaneciendo a medida que se perfeccione el convenio conversable. Está el caso de otros políticos que afirman que no le llevan verdades premasticadas al común, sino que van solo a escucharlos, en tributo a la fuente de donde emana lo colectivo en tanto acercamiento a la verdad. Esa también es una conocida maniobra retórica, que no significa mentira ni nada por el estilo, sino un prospecto habitual que tiene una dimensión justa y democrática, que sin embargo puede dar lugar a anular las necesarias incertidumbres que genera todo discurso público, pues sus destinatarios saben otras cosas, no quieren cambiar de parecer o no están abiertos a otros conocimientos. Y el político opta por decir “solo vengo a escucharlos”. Así resuelve por la vía fácil lo que es el trato complejo de lo político con lo aún-no-existente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque el oficio del político es el de sumergirse en la esfera pública con el deseo de mostrar su discurso, sus promesas de acción y su capacidad de interesar a un sector definido de antemano o a un universo amplio y no claramente discernible, a veces a “toda la nación”, no una región o el barrio de una ciudad. Esto suena desmesurado, pero lo acompaña siempre la modesta práctica de decirles “pueblo” a un grupo de personas reducido, que sin embargo son un auditorio que por fugaz que sea, representa una “totalidad” imaginaria. Pero imprescindible. Sabemos que al dirigirnos al pueblo-nación queremos forjar formas unitivas u homogéneas. Pero solemos crear tempestades. Otra fórmula que no trae conflicto en torno a lo popular solicitado, la encontró Pepe Mujica, cuando a un conjunto de personas que lo escuchaba en un acto, ocasión en que ocurría un gran chubasco, dijo comprensivo, “Pueblo, te estás mojando”. La apelación describía una situación política de modesto sacrificio, una épica posible.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://wetoker.com/wp-content/uploads/2018/07/poli%CC%81tica.jpg" alt="Resultado de imagen para polÃ­tica y publicidad argentina" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El político en ningún caso se entrega a este oficio, sin pensar el punto de equilibrio entre lo que supone tener como ofrecimiento y lo que ya saben, o imaginan que quieren, los grupos o individuos a interpelar. El peso del interlocutor nunca deja de existir, así como sería solo un demagogo si dijera tan solo lo que sabe (o imagina) que se quiere escuchar. Este tema es vastamente conocido en todos los países y en el nuestro, cuánto más. Cuando aparecen distintas mediaciones entre el político y los distintos estratos públicos (plebeyos, burgueses, empresarios o jugadores de bochas), rebajan su importancia los reyes taumatúrgicos, los mesías campesinos, los jefes dinásticos surgidos de palacios o catedrales. En cambio, cobra esencial interés el modo de llegar con un cuadro dialógico eficaz a un público heterogéneo. El problema no solo lo tiene el político que quiere interesar a trabajadores no alfabetizados o sesgadamente instruidos en la lectura, sino los portadores de símbolos de la cultura y el poder que se basan en el respeto que provocan sus ornatos entre la plebe, lo cual reconoce el propio Mariano Moreno en su Decreto de supresión de Honores. Los suprime, pero no a todos, por el temor de que cese todo acatamiento ante la ausencia de los añejos símbolos asociados al mando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La aparición de la imprenta, inspirada en una prensadora de vid, y casi un siglo más tarde los periódicos, hace de estos una continuación y perfeccionamiento de la agitación de ideas sociales, con artesanías que los preceden, pero a nadie se le había ocurrido todavía que “el medio era el mensaje”, pues faltaba mucho más de dos siglos para que tal cosa ocurriera. Cuando Marx dirige <em>La nueva gaceta renana</em> en 1848, hacía mucho más de un siglo y medio que las facciones políticas lo eran si se constituían en un órgano de difusión. Esta verdad quedó consagrada en la idea de Lenin, que fue quien la formuló con mayor precisión, en el sentido de que el periódico era el armazón del partido, dándole la misma importancia, pero de manera inversa a Hegel, que había dicho unas décadas antes que el periódico era la oración matutina del burgués. La idea de “llevar ideas al pueblo” o que ya todo está instalado en el “saber popular” acucia al político. Aquí se condensan las dos posiciones contrapuestas que aun ejercen cierta influencia, a veces no tan lejana, en los cálculos, procederes y arengas de los políticos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es bien conocida la idea que promocionó Lenin respecto a que había una tendencia de espontaneidad y “empirismo” en la vida popular, con lo que la idea revolucionaria debía aparecer “desde afuera” e ingresar en el cuerpo social gracias a la pedagogía revolucionaria, agitación, propaganda, cursos formativos y hechos en sí mismos ejemplares capaces de llamar la atención de los pobladores. Y esto producido por un estrato especial de personas, llamados militantes, revolucionarios, propagandistas, insurgentes, intelectuales, líderes o sediciosos. En sus famosas autocríticas de los años 60, Lukacs dice que un problema de su gran libro “Historia y conciencia de clase” fue el de considerar al proletariado como una clase para-sí, con un índice apriorístico de su conciencia histórica, considerada como algo siempre fijo a una totalidad histórica. El error consistía en verlos de antemano como poseedores de una misión histórica, porque también se lo pensaba a partir de una “conciencia atribuida”. Por lo que vivían una vida teorética y no necesariamente proletaria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando se le dice populismo al primer peronismo -es decir, a las formulaciones que durante la década del 50 se hacen sobre esa identidad que alude al mismo dador del nombre, el propio Perón-, varían un poco las cosas, pero son cotejables. La “marcha peronista” lo dice, aludiendo al que “se supo conquistar a la gran masa del pueblo”. Supone esta frase que también hay un saber exógeno a la clase para-sí, pues ella no conoce enteramente su rol histórico, por lo que hay que conquistarla, persuadirla, indicarle el camino. Hay un venir de afuera, como décadas después la semiología argentina analizó hablando de los “modelos de llegada” del peronismo a la arena social e histórica. No obstante, la “doctrina” peronista, que se basa en lo que un jefe es capaz de inculcar a sus seguidores, también contempla el caso de la ausencia dramática del jefe, por lo cual la tarea pedagógica bien realizada consiste en que cada uno “lleve el bastón de mariscal en la mochila”, con lo que se genera la comunidad de iguales que pasa de tener un jefe, a poder imaginarlo siempre, en presencia alegórica y no necesariamente empírica.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/17145624/Afiches-del-Peronismo-Collage-Portada.jpg" alt="Resultado de imagen para peronismo polÃ­tica y publicidad" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Abundan las leyendas en torno al fantasma huidizo pero sobreviviente de los muertos ilustres. Ocurrió tanto con el Rey Sebastián de Portugal en el siglo XVI como con Carlos Gardel. En “Bombo el reaparecido”, Mario Santucho da ahora otra gran versión de la misma leyenda, con nuevos personajes que ponen una cuña de nuevos desvelos para interpretar la historia argentina reciente. O los sucesos de los años 70 pueden ser leyenda reaparecida u objeto de un réquiem concluyente. En el primer caso, se reconstituye el todo, momentáneamente acéfalo, siempre a partir de cualquier partícula náufraga, aparentemente perdida, aunque fantasmal. En un sentido general, cualquiera sea su modo narrativo, se trata de un populismo complejo, pues el centro de ese sistema, el conductor, postula una totalidad que puede derruirse y luego reconstituirse siempre partiendo de sus principios ya dados, ya que existiría un pueblo enteramente inmanente a la doctrina homogénea que lo nombra. Lo que lo conduce siempre actuaría como recreación imaginaria en su interior. Existiendo la postura del fantasma que lo recorre, el todo puede sucumbir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, todos estos problemas en torno a la proveniencia del saber político en el juego entre las elites y el pueblo, con lo complejo que siempre fue definir esta relación, ahora se ven totalmente trastocados por la desagregación y extinción de todas las pedagogías políticas conocidas hasta este momento. Y todo en nombre de un estallido de la moderna pero antigua sociedad, pensada tradicionalmente en términos de clases o de intereses agregados que se corresponden entre sí. Tal correspondencia sería entre tipos de posición social con los tipos de creencia reivindicatoria que se poseen. Estas equivalencias y parangones serían las que han sucumbido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jorge Alemán lo explica de este modo. <em>“La matriz discursiva no es una superestructura; es la materialidad donde se sostiene la economía, las instituciones del Estado.”</em> Por eso no es posible <em>“oponer la verdad económica al hecho discursivo. Justamente es en esta época donde se puede confirmar que el capital se ha vuelto más ‘significante’ que nunca y se ha separado definitivamente de sus referentes, pues la economía actual del neoliberalismo funciona como un discurso que no encuentra otra cosa más que estabilizaciones parciales que cada vez son más frágiles”. (</em>En <em>Capitalismo, crimen perfecto o emancipación).</em> Esta separación de lo que creemos que debemos creer respecto de los referentes sociales de los que emanan los intereses, supone una quiebra radical de la posibilidad de “atribuir” desde las concepciones históricas que fuesen, ciertos objetivos específicos a los sectores sociales que, en cuanto a los que son más desfavorecidos, tarde o temprano se encontrarían con las descripciones más ecuánimes que reunifiquen los estados de conciencias potenciales con los actos políticos que los desliguen de las causas “capitalistas” de la opresión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se vivió muchos siglos creyendo que las formas de conciencia se fusionarán en algún punto de la historia con el despliegue total de sus ya auto-reconocidos intereses totales. Pero ya se ha visto que esta noción de los grandes movimientos sociales del siglo XIX y XX no se ha verificado. En cambio, se ha deshecho. En el campo de esa fractura entre intereses y representación se sitúa ahora la esfera pública concentrada en una lengua dominante de la intimidad, en la creencia en que hay sostenes posibles para una autoafirmación del yo que pertenecería a un individuo egocentrado, propietario de sus propias decisiones. Esta ilusión ha sido creada por el avance drástico que ha tenido una nueva forma de la esfera pública, que se hace pasar ahora por una interpretación del deseo emancipatorio individual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se trata de las tecnologías publicitarias neocapitalistas como mercancía de las mercancías, como símbolo de los símbolos, como supra lenguaje de entre todos los lenguajes. Se que se trata de un tema que merece más rigor explicativo, pero a falta de mejor cosa, ofrezco un par de ejemplos. En la pantalla de lectura de cualquier texto que consultamos o producimos en los más diversos sitios de la red, no solo aparecen publicidades que de alguna manera u otra se refieren a nuestros intereses situacionales (de ocio, lectura, viajes, itinerarios de vida colectados a través de los signos que producimos con nuestro propio contacto reticular en esos instrumentos denominados de conectividad) sino que también, si leemos un texto de una publicación, cualquiera sea, se nos remite a temáticas parecidas producidas por esa misma publicación, a través de los llamados links, que conciben un tipo de lectura salteada, ramificada, cortajeada en innumerables pedazos temporales y espaciales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta disgregación de la atención es paralela al desligamiento de los intereses sociales respecto de las distintas representaciones que se asumen como realización del individuo que se imagina autocentrado en su satisfacción real. Que coincide con una especie de positivismo sobre su propio yo, consistente en el rechazo de toda reflexión, reemplazada por siniestras fraseologías de apariencia invulnerable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se dirá que así son las tecnologías de las redes, las saludamos dado que por suerte conforman u homologan una parte importante del modo efectivo con el cual proceden nuestras operaciones mentales. Pero más bien parecen el triunfo de la esfera de la publicidad ocupando casi por entero la parte que antes se llamaba la esfera pública, fagocitada ahora por su prima hermana que durante largos años fue astutamente minoritaria. Era la “publicidad” lo que denominaba el cuerpo de difusión del interés empresarial y lo “público” el cuerpo de interés respecto del trato o de los convenios políticos. La primera nunca se atrevió a sustituir con tanta eficacia a la segunda. Ocurre ahora una transmutación. La tecnología del diseño de imágenes publicitarias es lo que ha embargado a los linajes provenientes de la forma política de dirigirse al todo social, en este último caso tanto para recrearlo como para escindirlo. La lógica de la publicidad de la mercancía privada, se muta en el discurso total que abarca las lenguas de la política, la economía y lo jurídico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se genera así un completo aparato de juzgar, que actúa con técnicas sigilosamente invasivas. Vemos un programa político con disquisiciones que nos parecen atinadas, pero en un corte aparece una publicidad, por ejemplo, de los planes Trivago para elegir hoteles, con personajes juveniles, felices, finamente hedónicos, conscientes de su libertad para seleccionar lo que más le conviene solo apretando un botón, una consulta en una pantalla igual a aquella en la que lo estamos observando, esperando que vuelva lo que consideramos importante, el personaje político o actoral que detentaría el sentido primordial de lo que esperaríamos escuchar. Pero lo importante sabe que debe hacerse pasar por aquello que parece menos importante, mientras esperamos lo que nos toleran que creamos que es más importante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No sabemos todavía muy bien si nuestra capacidad vital de abstraer, puede crear tabiques operantes en tal proliferación de imágenes que nos solicitan, que vienen a nosotros porque nosotros ignoramos relativamente de que raro modo las hemos también producido. No nos atrevemos a imaginar cómo será la forma final del declive del “programa de las instituciones públicas”, la inminente fusión del capitalismo digital con las agencias de inteligencia. Estas a su vez mancomunadas con las de recaudación fiscal, con las de circulación financiera, con los estudios de publicidad, y ellos con las redacciones periodísticas, éstas con los servicios de escuchas clandestinas y con los juzgados en cualquier instancia, y las redes convertidas en meta mercancías de vigilancia que postulan la libertad de opinión, o estas relativas libertades, que a su vez postulan aquellas vigilancias, y que todo ello sea el horizonte en que operará de ahora en adelante la política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque creemos que esto no debe ser así, es conveniente comenzar a pensar que hacer política, consiste también en el rescate de la política, incluso respecto de aquellos “aceleracionistas” que, según postula Jorge Alemán, creen admisible que provocar un optimismo libertario sobre “la disolución de lo humano por los dispositivos de la inteligencia artificial”. Por mi parte, no me parece concebible un accionar político, de lo político y sobre lo político, que en su supuesta debilidad, crea que lo mejor es aliarse a la gran licuefacción del lenguaje que antes se proponía “ir al pueblo” (o al revés, que creía que ya que en lo popular existían las ideas fundantes sin más), reemplazado ahora por una exterioridad total no solo ante lo que se sedimenta como franja de lo popular, sino ante lo que se refiere a ella desde su exterior que lo repondría en la historia, o desde su interior, que lo reafirmaría como sujeto iniciador de una reparación colectiva por sí mismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, esa licuefacción o derretimiento del ser político ocurriría como catástrofe si se piensa que el uso conexo de estas plataformas del llamado “cognitariado” serán las operadoras de las revoluciones tecnológicas al servicio de la emancipación. Pueden ser en cambio los que estén más cerca de entonar el responso del fin de las pasiones políticas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 8 de abril de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Sociólogo, escritor y ensayista</em></span></p>
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		<title>Sobre el derecho a la existencia &#8211; Por Alejandro Kaufman</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/sobre-el-derecho-a-la-existencia-por-alejandro-kaufman/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Jul 2019 13:29:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alejandro Kaufman]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[derecho a la existencia]]></category>
		<category><![CDATA[Derecho al trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[desempleo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[neocapitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[renta básica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Alejandro Kaufman propone en este artículo traer a la atención el debate procedente de sociedades opulentas, sobre el trabajo y la relación de dependencia del asalariado, el derecho a la existencia y la renta básica incondicionada, que hasta ahora ha sido abordado entre nosotros como paliativo de las más graves y extremas situaciones de desposeimiento y desamparo. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/sobre-el-derecho-a-la-existencia-por-alejandro-kaufman/">Sobre el derecho a la existencia &#8211; Por Alejandro Kaufman</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Alejandro Kaufman propone en este artículo traer a la atención el debate procedente de sociedades opulentas, sobre el trabajo y la relación de dependencia del asalariado, el derecho a la existencia y la renta básica incondicionada, que hasta ahora ha sido abordado entre nosotros como paliativo de las más graves y extremas situaciones de desposeimiento y desamparo. Debería ser hora, afirma Kaufman, de llamar la atención sobre lo inaceptable que es en la actualidad la mera perseverancia en la extorsión y la amenaza que significan las consecuencias inapelables del desempleo para las multitudes.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Alejandro Kaufman*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pocas cosas son tan discutibles hoy en día como lo es la idea del progreso indefinido y lineal en el curso de la historia. Si por un lado nos criamos arrullados por el canto del futuro pródigo, por el otro al crecer constatamos la reiteración de las desgracias. Y, sin embargo, nuestras sensibilidades y percepciones cambian en un sentido, con todo lo incoherente, contradictorio y dolorosamente desalentador que sucede. No aceptamos la esclavitud, ni la tortura, ni el asesinato de multitudes bajo bombardeos aéreos. Cada uno de estos actos ha sido consentido de un modo u otro por grandes mayorías, durante más o menos tiempo, en épocas más o menos modernas, siempre al lado de minorías disconformes, para llegar a una actualidad en que se supone que el sentido común considera criminal cada una de esas prácticas. La extensión del campo perceptivo acerca de lo que es inaceptable se difunde de modo inadvertido, hasta que un día se naturaliza la abolición de la esclavitud, la penalización de crímenes masivos, la prohibición de la tortura (aun cuando hoy estemos sin embargo asistiendo a un aire restaurador de tales horrores). Todo ello estuvo rodeado en cada caso de interminables debates, de defensores y detractores, hasta instalarse la sensación de que cada uno de los logros alcanzados estaba destinado a la eternidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sobre ese fondo difuso de las memorias, antiguas o más recientes, se abre camino en la actualidad, entre tantas otras que no es el caso discutir aquí (como sucede con los derechos del ambiente, la naturaleza, el mundo que habitamos, continuamente avasallados todavía y ¿hasta cuándo?), se abre camino una <em>nueva percepción</em> que concierne al trabajo en el capitalismo. Al esclavo o al siervo se le destinaban diversos castigos e infortunios, en modo alguno carecientes de gravedad, pero no podían <em>perder el empleo</em>, no podían ser despedidos de su relación con el amo o el señor. Claro, eventualmente podían ser despedidos de la vida, pero en apariencia hemos conquistado la vida como derecho. Sin embargo, es una conquista parcial, vacía e insuficiente si la consideramos en relación con el <em>derecho a la existencia</em>. Para nuestra percepción actual, vida y existencia no son sinónimos. La existencia no es la mera supervivencia biológica. Respetar la vida biológica puede ser el portal del infierno si la existencia se arroja al infortunio aunque se conserve la mera vida. Y es de ello de lo que se trata cuando la relación de dependencia del asalariado puede interrumpirse por razones, voluntades o avatares ajenos a los afanes y responsabilidades del trabajador, para verse éste enfrentado a un limbo de indignidad y desposeimiento, al encierro en una marginalidad y miserias inapelables, porque en un mundo cada vez más blindado en las fronteras entre los países hay menos lugares adonde ir, tanto por semejantes restricciones de las soberanías como porque la urbanización generalizada del globo excluye cualquier otra opción habitable por fuera de las matrices biotécnicas. El desempleado, el excluido, el indigente, el desposeído se encuentra en su tierra como en una prisión, sometido a una mortificación incalificable. Entonces, si en el capitalismo el espectro del desempleo fue consuetudinariamente una extorsión, hoy en día, bajo el techo que nos ampara con el discurso de los derechos humanos, encontramos una vacancia decisiva que de manera creciente se nos presenta como inadmisible: la del desempleo (por lo general llamado de modo ideológicamente sesgado como desocupación). Ante ello es que ha surgido hace ya varias décadas (aunque los respectivos debates comenzaron al menos hace cerca de cuarenta años su genealogía es mucho más antigua) una demanda a la vez radical y moderada, una gran transformación dentro del sistema capitalista sin ser revolucionaria, una utopía módica, un gran cambio potencial en la vida de millones que por ahora no es más que una esperanza y un debate. Se trata de la llamada <strong>renta básica </strong>incondicionada<strong>,</strong> entre otras denominaciones que recibe, como ingreso ciudadano o <em>basic income</em>&#8211; algunos de sus promotores dicen que con llamarla renta básica tiene que ser suficiente-: una remuneración que se percibe sin condiciones por el solo hecho de existir y que debe bastar para vivir modestamente sin empleo, no importa si por necesidad o por elección. El empleo se convierte entonces en una forma de vida por la que se podrá optar a fin de participar con plenitud o con mayor intensidad en la vida social del consumo, pletórica de estímulos y promesas, o se hará posible también renunciar a todo ello -de modo transitorio, prolongado o indefinido-, y dedicar el tiempo, el uso del tiempo, al propio destino forjado por sí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este tema ha dado lugar a múltiples debates que abarcan diversos aspectos, sobre todo acerca de la factibilidad de llevar a cabo semejante realización económica. Hay adherentes y detractores, tanto en el plano económico como moral. Hay una moral del empleo que la renta básica incondicionada pone en tela de juicio, en la medida en que otorga privilegio a otra dimensión de la experiencia: el derecho a la existencia, que implica de modo fundamental, y aquí viene el punto de inflexión, la emancipación respecto del carácter imperativo del empleo, de la sujeción que supone la necesidad social de subordinarse a afanes por los que no se optaría si hubiera alternativa de vivir de otro modo. Se defiende con ello la libertad  molecular de las multitudes, tratadas como arena de la playa por la caución del empleo, absolutamente despreciables y sustituibles en tanto fuerza de trabajo, susceptibles de cancelación, reemplazo por máquinas, pero sobre todo, extorsión  bajo la amenaza de intemperie, indigencia y agonía que trae consigo el desempleo. Reforma laboral como desprecio de masas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este momento nuestro argentino, en que se habla de los trabajadores con miedo al desempleo como si de niños aquejados por terrores nocturnos se tratara, de miedos pueriles indignos de consideración en el mundo serio de los adultos, en este momento debería ser oportuno traer a la atención tal debate procedente de sociedades opulentas, y que hasta ahora ha sido abordado entre nosotros en una forma más bien filantrópica, caritativa, banal, o como paliativo de las más graves y extremas situaciones de desposeimiento y desamparo. Debería ser hora de llamar la atención sobre lo inaceptable que es en la actualidad la mera perseverancia en la extorsión y la amenaza que significan las consecuencias inapelables del desempleo para las multitudes. Mañana no habrá democracia digna de ese nombre sin renta básica incondicionada, hoy no la hay sin este debate, sin ampliar la conciencia, sin oponer resistencia a la forma cruel y malévola en que el desempleo se agita como fantasma para intimidar a las multitudes a la vez que se deniega el acto mismo en que se incurre en forma notoria, dado que la intimidación encubre su propósito y se hace pasar por un accidente. Lo más inquietante de tal debate, cuya presencia es sobreabundante en otros países, es por qué en el nuestro está tan ausente aquí y ahora, de modo tan extrañamente contrastante con lo que sucede en esos otros países que suelen además tomarse como referencia para tantas otras cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mentar el asunto abriría al menos la posibilidad de poner un límite a la creciente estigmatización sobre quienes no trabajan o no lo hacen del modo <em>correcto</em> eufemística e ilusoriamente llamado de <em>calidad</em> (cuanto más se promueve la precarización, más se proclama la pretensión de calidad del empleo en disminución). Omitir el debate sobre la renta básica del modo en que lo omitimos, mientras el tópico actual del trabajo permanece aprisionado de modo demencial entre <em>agarrá-la-pala</em> y <em>vienen-los-robots</em>, entre moral y vicio, entre nuevas servidumbres y tecnoapocalipsis, configura si no consentimiento al menos negligencia impotente frente a discursos de odio y estigmatización del desamparo. Urge poner en duda la imposición binaria, falaz y anacrónica, entre moral del trabajo y vicio del ocio por muchas razones, pero una fundamental ahora, que consiste en que confiere premisa a la estigmatización de las personas desempleadas, quienes han sido expulsadas del mercado de trabajo, y abona el talante neoesclavista con que se pretende someter al conjunto del colectivo trabajador en nombre del bienestar económico y de eso que llaman prosperidad, que no es otra cosa que la fruición acumuladora de riquezas de una minoría cada vez más exclusiva. Es todavía una idea, pero una idea que permitirá atenuar la violencia simbólica ejercida contra las multitudes vulnerables: el derecho a la existencia no depende de ninguna otra condición, como fue el caso del derecho a la vida. No podíamos quitarle la vida a nadie por distribución de recursos, pronto no le podremos negar a nadie el derecho a la existencia por razón alguna.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 24 de julio de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">*Docente universitario, crítico cultural y ensayista. Profesor en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de Quilmes.</span></em></p>
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		<title>Capitalismo vs Capitalismo. Todos neoliberales &#8211; Por José Luis Lanao</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Mar 2022 16:01:49 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Captalismo de vigilancia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Navegamos por la nube convertidos en protectores del capital global y de sus dueños. Hay capas enteras de la sociedad que se han adherido totalmente no ya a la ideología neoliberal, sino a la forma de vida neoliberal.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/capitalismo-vs-capitalismo-todos-neoliberales-por-jose-luis-lanao/">Capitalismo vs Capitalismo. Todos neoliberales &#8211; Por José Luis Lanao</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Navegamos por la nube convertidos en protectores del capital global y de sus dueños. Hay capas enteras de la sociedad que se han adherido totalmente no ya a la ideología neoliberal, sino a la forma de vida neoliberal.</em></strong><strong><em></em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>&nbsp;Por José Luis Lanao*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “La vida pasa como un ratón de campo, sin agitar la hierba” Ezra Pound.</p>



<div style="height:27px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nuestro verdadero equipaje son las emociones, las ideas, lo que sabemos, lo que hemos leído, soñado, deseado, nuestras pasiones, nuestros sentimientos y también los placeres que nos hemos otorgado. Lugares apacibles donde refugiarse. Pero la obligación universal de perseguir la “felicidad” se ha convertido en la causa de todas nuestras desdichas. Somos tan “felices” navegando por&nbsp; el laberinto virtual de la postmodernidad que con frecuencia debemos recurrir a la tristeza pasada porque la del presente ofrece un suministro escaso. La ironía desnuda el complejo de Polícrates, la infelicidad de ser feliz.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un Nerón neoliberal&nbsp; ha decidido pegarle fuego a la tierra y sentarse a verlo desde el sofá. Ese sofá desde donde contemplamos el mundo. Tal vez ese Nerón gigante esté compuesto de pedacitos de usted, de mí, de nosotros. De todos y de nadie. Ese Nadie enorme e inmanejable que nos mira desde el espejo y nos reconoce.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Habitamos un mundo donde los “esclavos” toman por realidad lo que solo son sombras: la enorme caverna de Platón más Google. Ese admirable ejercicio de ensimismamiento centrado en lo superfluo, en la autosatisfacción de deseos y en la mercadotecnia del yo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hoy navegamos por la nube convertidos en protectores del capital global y de sus dueños. Hay capas enteras de la sociedad que se han adherido totalmente no ya a la ideología neoliberal, sino a la forma de vida neoliberal. Con las consecuencias propias de esta vorágine de la economía de la atención y la extracción de datos. La globalización que había amanecido con la visión extracorpórea de la tierra navegando por el espacio, se convirtió aquí abajo en un mundo sin fronteras donde el modelo neoliberal ya no encontró obstáculos para moverse a sus anchas, sin complejo, sin otra cosa que hacer que haciendo pobres.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esta globalización no deja espacio a las reformas estructurales ni a las políticas económicas que tratan de corregir el aumento espectacular de la desigualdad. Las reformas verdaderamente estructurales son solo las que incorporan devaluaciones salariales y reducciones del gasto social. No hay redistribución del capital al trabajo, ni de los ricos a los pobres.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El capitalismo ha tenido muy diversas encarnaduras. Desde su aparición inicial, como capitalismo familiar, hasta la versión dominante de hoy de capitalismo financiero radical. Ha recorrido un largo camino en que su hito principal ha sido el antagonismo entre capitalismo renano (alemán) y capitalismo anglosajón, y su proceso de fundamentalización en el que ha desembocado: un capitalismo uniforme de corte integrista neoliberal. Este enfrentamiento entre capitalismo contra&nbsp; capitalismo pierde en parte su naturaleza con la finalización del siglo XX -con&nbsp; la caída del muro de Berlín- según la definición de Hobsbawm. La economía social de mercado -soziale marktwirtschaft- que constituía el eje central del primero apuntaba al progreso de la sociedad como motor inseparable de la creación de riqueza, a la ética social y al derecho internacional. El modelo renano sirvió de base para el modelo europeo de consolidación. Una concepción anclada en el espíritu comunitario que generaba un fuerte sentimiento de pertenencia colectiva. Con la globalización y la revolución conservadora de Reagan/Thatcher el capitalismo anglosajón devino en el paraíso de la desregulación y la innovación financiera, Desde entonces no ha parado el debilitamiento del Estado de Bienestar bajo la premisa de que todo “es susceptible de ser privatizado”. Se perpetuó la elevación del individuo-accionista a la condición de titular de poder, y la sustitución, en parte, de los bancos por la Bolsa como fuente de financiación de las grandes corporaciones multinacionales. Esto degeneró en una febril especulación financiera y enormes casos de corrupción empresarial: Enron, Siemens, Parmalat, la burbuja tecno del año 2000, etc&#8230; Una nueva “modernidad” económica se consolidó a partir de desregulaciones, privatizaciones, menos impuestos, y el poder magnético de posibles mercados eficientes por encima de todas las cosas. Hoy la elusión de impuestos se ha disparado por la cada vez más sofisticada ingeniería fiscal que ha crecido con la globalización. Multinacionales, paraísos fiscales y territorios de baja tributación son los ganadores de este modelo, generando una carrera a la baja en el impuesto de sociedades, erosionando las bases imponibles. Ante la competencia de jurisdicciones de baja tributación el resto de países redujeron impuestos para atraer negocios: el tipo medio de sociedades en la OCDE cayó del 32,2% al 23%, entre 2000 y 2020.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esta sensación de extrañamiento de lo real podría servir para inaugurar nuevas vías de repensar nuestro lugar en el mundo. Preguntarse qué nos ha conducido hasta aquí y cómo seguir adelante. Se necesita un proyecto colectivo y participativo destinado a aportar una mayor transferencia de recursos sobre la evolución de las desigualdades de renta y de riqueza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El “Gran Confinamiento”, asociado a la devastadora crisis de 2008, ha provocado&nbsp; una brutal desigualdad. Entre las dos crisis se han incorporado al ejército de pobres (aquellos que viven con menos de 3,20 dólares al día)&nbsp; alrededor de 600 millones de personas, según la Organización Mundial del Trabajo. Las conclusiones del tradicional estudio Global Wealth Report de Credit Suisse, recientemente hechos públicos, son igualmente impactantes. En la parte alta de la sociedad el número de ultrarricos (que cuentan con una riqueza superior a los 100 millones de dólares) se elevó durante el último año de confinamiento un 24%: 40.000 ciudadanos entraron a formar parte de la élite. En la parte baja, la mitad de los adultos del mundo disponen de una riqueza anual inferior a los 10.000 dólares. “En vez de abolir a los ricos, deberíamos abolir a los pobres” decía Bernard Shaw.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Durante la “guerra fría” del capitalismo contra capitalismo se coló un nuevo modelo. Un imperialismo apantallado, un feudalismo de alta tecnología, de pensamiento único, que lo uniforma todo: el capitalismo de vigilancia. Las grandes tecnológicas han liquidado la libertad de mercado y la competencia. Un escabroso e indomable imperio “gansteril”&nbsp; que convierte en necesario lo innecesario, y que no solo garantiza la continuidad del sistema, sino que logra moldear conciencias para el consumo de cosas que no se necesitan, pero se cree necesitar. El capitalismo clásico explotaba a los asalariados; el neocapitalismo explota a los consumidores: es preciso que las mayorías acumulen cosas para que las minorías acumulen capital. Ingenioso. Al final, todos neoliberales.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No hay que irse a las espaldas de la tierra para comprobar la violencia de la pobreza extrema. En la esquina de tu barrio hay un hombre arrodillado con los brazos en cruz, y un plato limosnero a sus pies reclamando la parte que le corresponde del mundo. Sabe que alguien se ha quedado con su parte. La reclama.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hoy todo lo que te dice el mercado al oído es para acostarse contigo. El capitalismo de vigilancia se ha metido en tu cama. Descansa en tu celular, el que dejas todas las noches debajo de tu almohada.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Logroño, España, 26 de marzo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Periodista. Colabora en Página/12, Revista Haroldo y El Litoral de Santa Fe. Ex periodista de “El Correo”, Grupo Vocento y Cadena Cope en España. Jugador de Vélez Sarfield y Campeón Mundial Juvenil Tokio 1979.</p>
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