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	<title>moderación archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>moderación archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>¿Se puede gobernar un país en crisis con moderación? &#8211; Por Hugo Presman</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Feb 2021 18:29:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Hugo Presman]]></category>
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		<category><![CDATA[Crisis económica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hugo Presman plantea en esta nota el siguiente interrogante: ¿es posible superar la crisis económica más profunda de toda la historia y la pandemia actual con moderación, evitando disgustarse con el poder económico, adoptando una actitud amistosa con los medios dominantes y las finanzas internacionales? Para tratar de responder esta pregunta, Presman enumera una serie de respuestas de periodistas, intelectuales y politólogos, a las cuales suma su opinión.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/se-puede-gobernar-un-pais-en-crisis-con-moderacion-por-hugo-presman/">¿Se puede gobernar un país en crisis con moderación? &#8211; Por Hugo Presman</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Hugo Presman plantea en esta nota el siguiente interrogante: </em></strong><strong><em>¿es posible superar la crisis económica más profunda de toda la historia y la pandemia actual con moderación, evitando disgustarse con el poder económico, adoptando una actitud amistosa con los medios dominantes y las finanzas internacionales? Para tratar de responder esta pregunta, Presman enumera una serie de respuestas de periodistas, intelectuales y politólogos, a las cuales suma su opinión.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Hugo Presman*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gobierno del “Frente de todos” transita una experiencia inédita en el país y posiblemente en el mundo. Una ex presidente con el mayor caudal de votos que preside Unidad Ciudadana se reserva el cargo de vicepresidenta y postula como presidente a un ex ministro que fue muy crítico de ella y que fue operador de dos candidatos que le provocaron sendas derrotas electorales. Detrás de la propuesta se alineó el Partido Justicialista y Sergio Massa, máximo referente del Frente Renovador, muy crítico de la ex presidenta, quien también fue su jefe de gabinete al suceder en el cargo al actual presidente y que precipitara la derrota de Cristina Fernández en las elecciones del 2013. De manera que el Frente de Todos está conformado por Unidad Ciudadana, el PJ, el Frente Renovador, a lo que se sumaron sindicatos, organizaciones sociales y gobernadores. El Presidente fue postulado por una persona que posee el mayor caudal electoral y que en opinión del postulado, con eso no alcanzaba para ganar, pero sin ella tampoco se podía. Alberto Fernández ofrecía su imagen de moderación para conquistar el voto del electorado indeciso, ese fluctuante que conforme a las circunstancias puede votar alternativamente por candidatos que representen posiciones antagónicas. Cristina Fernández, que no se había caracterizado por sus cualidades estratégicas ni por gestos políticos de generosidad, realizó una jugada de notable inteligencia que produjo dos efectos notables: en el cortísimo plazo, logró la unidad de todo lo disperso en el universo peronista; y luego un triunfo arrasador en las PASO y uno importante aunque no por goleada, en las elecciones generales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La diferencia no fue cuantitativa sino cualitativa: en la primera opción se dejaba a la oposición y los poderosos intereses económicos que representan, en un debilitamiento político que le hubiera llevado un tiempo indeterminado para volver a ocupar su espacio en el escenario. El segundo resultado los dejó en óptimas condiciones para trabar y sabotear todo intento de avance. En términos futbolísticos: un triunfo que en el primer tiempo fue por goleada terminó con una recuperación del adversario en el segundo tiempo que lo dejó en una posición expectante y con el ánimo alto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La fórmula Fernández-Fernández permitía canalizar el profundo rechazo que en el electorado fluctuante produjo el gobierno de Mauricio Macri y la esperanza que en una fórmula finalmente ganadora implicaba un presidente moderado y una vicepresidenta que despierta enormes esperanzas en los sectores más populares de la población. Para los sectores fluctuantes y desilusionados del macrismo que no simpatizan con la ex presidente, alentaban la posibilidad que Alberto Fernández limitara o desactivara los intentos más radicalizados de Cristina Fernández. Estaban incluso los que imaginaban ingenuamente, la posibilidad que renunciara a la política activa y se remitiera a su papel de abuela. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Transcurridos 13 meses de su asunción, los chisporroteos entre los integrantes de la fórmula presidencial se han exteriorizado públicamente, con vetos explícitos de la vicepresidenta. El presidente se ha negado a conformar su propia corriente interna y carece de base orgánica propia. En cierta medida eso lo emparenta con Daniel Scioli, que fue postulado por el mismo dedo y carecía, más allá de los votos, de ser referente de una línea interna, no teniendo representantes en los ámbitos legislativos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Téngase en cuenta que la Argentina cultiva una profunda fractura desde su nacimiento expresado en dos corrientes que postulan dos modelos frontalmente opuestos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El fracaso del modelo que transitó la oposición actual como oficialismo hasta el 2019, se le adosó la pandemia lo que llevó el escenario económico a su mayor crisis.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El “Frente de Todos” recorre un camino con varios éxitos significativos desde una concepción defensiva en el campo social y sanitario, en donde evitó la implosión en ambos casos, y una moderación notoria con varios fracasos llamativos cuando intentó tomar medidas ofensivas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A partir de esa situación, cabe la pregunta ¿es posible superar la crisis económica más profunda de toda la historia y la pandemia actual con moderación, evitando disgustarse con el poder económico, adoptando una actitud amistosa con los medios dominantes y las finanzas internacionales?</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>RESPUESTA DE PERIODISTAS, INTELECTUALES Y POLITÓLOGOS</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El periodista Eduardo Aliverti, el 16 mayo del 2020, concluyó su editorial con la afirmación: “No se puede seguir teniendo un millón de amigos”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recientemente, el politólogo Pablo Touzón en el mensuario <em>Le Monde Diplomatique</em> de diciembre del 2020 escribió: <strong>“La candidatura presidencial de Alberto Fernández se explica y sintetiza en buena medida en esta voluntad de superación del empate agónico argentino… </strong>El “Frente de Todos” se proponía como la estación intermedia de un viaje considerablemente más largo. En la campaña, la multiplicidad de viajes y encuentros con los referentes provinciales del peronismo de la “zona núcleo”- esencialmente Córdoba y Santa Fe, secesionados a partir del conflicto del campo del 2008- y la incorporación de Sergio Massa a la coalición hablaban de una voluntad de recuperar el viejo electorado de los años 2000<strong>. El del peronismo hegemónico antes que del peronismo de vanguardia</strong>”. En el mismo número, bajo el título “Las chances de la moderación”, su director José Natanson, periodista y escritor, expresó: “Cuando comprueban que ninguna funciona, las sociedades que prueban diferentes opciones pueden caer en la tentación de las opciones extremas. Los argentinos intentaron el kirchnerismo, después el macrismo y ahora <strong>este peronismo de centro:</strong> la alternativa puede ser un regreso al pasado reciente de la polarización y el conflicto pero también el salto desesperado a un futuro trágico”. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En <em>Clarín </em>del 24 de enero, Sabrina Ajmechet, Doctora en Historia ( UBA), Profesora de Pensamiento Político Argentino en la misma Universidad escribió bajo el título “La oportunidad que desaprovecha Alberto”: “Alberto desaprovechó las oportunidades que le hubieran permitido sacarse el traje de operador y convertirse en el líder de su fuerza política. <strong>La promesa de gobierno moderado quedó en el 2019 </strong>y quien esté interesado en la política nacional no necesita tanto mirar al presidente como al Congreso. Los movimientos más importantes del gobierno durante el 2020 sucedieron allí, liderados por Cristina y Máximo, y no por la Casa Rosada. Decisiones como la de YPF, la arremetida antiexportadora, la propuesta de limitar las capacidades de la Corte Suprema con un tribunal intermedio y el intento de ir por una gran caja al plantear una reforma completa del sistema de salud muestran el liderazgo de Cristina y <strong>la radicalización de un gobierno que había prometido ser moderado”</strong> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con relación a cómo encarar la fractura que atraviesa a la sociedad desde sus orígenes, que nos permita acceder a la moderación como estrategia general y táctica en particular, el periodista Alfredo Zaiat escribió en <em>Página 12</em> del 16 de enero: <strong>“</strong><strong>Hasta ahora no ha habido una alianza política, social y económica que permita romper ese empate</strong>. Es una restricción evidente que debilita el desarrollo, revelando la fragilidad para definir una articulación efectiva y constructiva entre el Estado, los dueños del capital y el mundo del trabajo formal e informal, entendiendo la existencia de la lucha de clases como límite a esa eventual convivencia temporaria. Pero aquí, con las crisis recurrentes, ni aparece ese horizonte por ese empate hegemónico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En forma esquemática, en las primeras dos décadas de este siglo, la forma de abordar ese vínculo entre los principales actores políticos, económicos y sociales se puede presentar en <strong>tres opciones</strong>:</span></p>
<ol style="text-align: justify;">
<li><span style="color: #000000;"><strong> Subordinación</strong>: el gobierno acepta las condiciones que imponen las corporaciones, ya sea por presiones o directamente ocupando algunos de sus miembros espacios clave del Estado, como sucedió durante cuatro años con la alianza macrismo-radicalismo.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong> Enfrentamiento</strong>: el gobierno disputa con las grupos económicos y financieros, locales e internacionales, las formas de implementar reglas de juego que permitan un crecimiento sostenido con inclusión social, estrategia elegida durante el ciclo kirchnerista, especialmente en los dos mandatos presidenciales de Cristina Fernández de Kirchner.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong> Consenso</strong>: <strong>el gobierno busca acuerdos con empresarios, sindicatos y organizaciones sociales para resolver políticas sectoriales y estructurales, con la aspiración de conseguir cooperación de los principales protagonistas tras el objetivo del bien común. Con suerte dispar, ese ha sido el sendero que en el primer año de gestión privilegió la administración de Alberto Fernández, incluso con una crisis devastadora por la pandemia.</strong></span></li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://s.yimg.com/ny/api/res/1.2/RVVND72iCbSEonPrKnl.0Q--~A/YXBwaWQ9aGlnaGxhbmRlcjtzbT0xO3c9ODAw/https://media.zenfs.com/es/lanacion.com.ar/655fb48b9e424a2027b9b9c514b4f18e" alt="Resultado de imagen de Alberto Fernández Crisis y moderación" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La politóloga Paula Canelo escribió en <em>el Destape</em> bajo el título “Que nadie se enoje”: “Hoy, muchos de los dead ends o callejones sin salida en los que se interna el gobierno parecen ser, en gran parte, no sólo atribuibles a la herencia macrista o a la pandemia, sino autoprovocados por su sujeción a la máxima del <strong>“que nadie se enoje”.</strong> Aquella disposición a la construcción de acuerdos, a la no confrontación, que en el contexto de las elecciones de 2019 fueron valorados como indispensables para ganar, hoy se muestra cada vez más inviable para obtener resultados. La política es cambio, y cambió; pero el gobierno sigue aferrado a lo que era. Hay por lo menos tres factores que hacen inviable, hoy, la máxima del “que nadie se enoje” como guía para actuar y tomar decisiones. Primero, la demanda de reparación social potenciada por la gravísima herencia del macrismo, que es irresoluble sin asumir algún grado de confrontación. Segundo, la pandemia, que transformó a la política de una aproximación progresiva a los objetivos en obtención de resultados inmediatos; resultados imposibles de obtener sin que nadie se enoje. Tercero, la estrategia hardcore (por agresiva, rápida y potente) de la oposición de Juntos por el Cambio: no se puede renunciar al derecho de no tolerar a los intolerantes (como parece que alguna vez dijo Popper) para que nadie se enoje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Cuando, frente a esos tres factores, se insiste con gobernar sin que nadie se enoje, se plantea una situación de profunda injusticia. Ganarán siempre los que tengan más poder para asustar con la amenaza de su enojo: los grandes empresarios, el lobby judicial, el campo organizado, etc. Y perderán siempre los que no pueden amenazar con enojarse: los estatales con paritarias de miseria, los que se desempeñan en actividades amenazadas por la dimensión y permanencia de la crisis, los trabajadores informales, etc. Y a no perder de vista que entre estos últimos, en general, tienden a estar “los propios”.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La máxima del “que nadie se enoje” ya generó unos cuantos fracasos en sólo un año de gestión…<strong> De continuar por el camino actual, es altamente probable que quienes apoyaron en 2019 cifrando sus esperanzas en que el nuevo gobierno combinaría moderación política con decisiones favorables a las mayorías, se verán cada vez más frustrados.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El politólogo radical que vive en Portugal Andrés Malamud, profesor en la Universidad de Lisboa el 3 de enero publicó en <em>Clarín</em> una nota con el título ¿Se puede quebrar el empate argentino?  “La dinámica de la grieta fortalece a los duros y centrifuga a los moderados. El columnista político promedio tiene dos peculiaridades: <strong>vive obsesionado con </strong><strong>Cristina</strong><strong> y nunca la ve venir</strong>. En su descargo hay que decir que a la oposición le pasa lo mismo. Y sí, a los peronistas también. <strong>Quizás el problema de los columnistas no sea entonces la falta de anticipación sino la obsesión</strong>. <strong>¿Pero es posible entender la política argentina sin Cristina? Evitemos las vueltas: no. Y sin embargo, solo con ella tampoco.</strong> Si Cristina no existiera, Argentina seguiría teniendo tres características estables: una sociedad movilizada, una política bloqueada y una economía rota.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La economía rota</strong> no necesita presentación… La sociedad movilizada es una evidencia que nadie niega pero pocos comprenden… Finalmente, el bloqueo político, péndulo o empate fue diagnosticado hace medio siglo por sociólogos como Juan Carlos Portantiero, politólogos como Guillermo O’Donnell y economistas como Marcelo Diamand. Ellos identificaron a dos sectores sociales que, defendiendo proyectos contradictorios, <strong>tienen el poder de bloquear al otro pero no de imponer el propio</strong>. Y acá reside el problema, porque la política debería canalizar la movilización social hacia las soluciones económicas y, en cambio, el empate las obstruye.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El sociólogo Eduardo Fidanza, fundador y director de la Consultora Poliarquía escribió en <em>Perfil</em> del 24 de enero bajo el título “Lo que se juega en el 2021, en una versión light de la fractura: ‘Estarán en juego dos visiones contrastantes sobre el patrón de desarrollo. De un lado la creencia en el Estado, como regulador e impulsor de la economía; del otro, la convicción de que la actividad privada debe ser liberada de restricciones para atraer negocios e inversiones. En el plano simbólico, también se dirimirá un clásico: si el relato debe organizarse en torno al pueblo o a la república. Nada menos que esto se decidirá en 2021. Si gana el Frente de Todos, prevalecerá el estatismo de base popular. Si triunfa la oposición, la economía privada y el ideal republicano recuperarán chances. En un caso, las clases más vulnerables renovarán contrato con el peronismo. En el otro, las clases medias y altas sentirán que se afloja el yugo.”</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.anred.org/wp-content/uploads/2019/09/TAPAAA-2.jpg" alt="Resultado de imagen de Alberto Fernández Crisis y moderación" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>MI OPINIÓN </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La presente nota no pretende cerrar un debate sino abrirlo. En política el timing es fundamental como el ocupar siempre el centro del escenario tomando la iniciativa. Un líder político es como un ajedrecista: no sólo tiene in mente la próxima jugada sino las tres o cuatro siguientes conforme a cada una de las respuestas probables de su adversario. Pero además tiene que tener en vista que la política como afirma Foucault es “la disputa por el sentido de la sociedad”. Y en la Argentina esa disputa se expresa en la confrontación de dos modelos cuyo empate permanente con períodos cortos o medianos de supremacía de uno sobre otro impide que lo viejo muera y que lo nuevo nazca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El modelo que gobernó el país representando a los poderes económicos puede tener en ocasiones un lenguaje contemporizador pero hechos brutales y salvajes que van, para ejemplificar, desde el bombardeo a Plaza de Mayo, a fusilamientos clandestinos; imponer la proscripción de Perón, sembrar el territorio nacional de campos de concentración y crear la infame figura del desaparecido. El modelo nacional y popular puede llegar a tener un lenguaje belicoso y tremendista: “Al enemigo ni justicia”, “Por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de los de ellos”, “Uds. que piden leña, porque no empiezan a darla”, “Vamos por todo”, pero la historia demuestra, que más allá de la irritación y temor en los adversarios, nunca se concretaron.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde la oposición, la bandera de la moderación en que debería quedarse el gobierno es el mejor reaseguro para que sus intereses no se vean afectados. Lo critican porque no es lo suficientemente moderado. Centran el peligro en la vicepresidente, a la que presentan como una especie de Rosa Luxemburgo de la Argentina. Otros como Jorge Fernández Díaz ironizan calificándola de “La Pasionaria del Calafate”. Cuando vivía Néstor Kirchner y Cristina era presidenta, el periodista Alfredo Leuco, extremadamente dócil con sus empleadores, sobreactuando siempre la línea editorial contratante,  afirmaba que “era el jefe de la jefa de Estado”. Actualmente el periodista Nelson Castro, audaz médico a distancia, califica a la vicepresidenta como “la ex presidenta en funciones”. La adjetivación no permite la interpretación sino que la obstaculiza. Cristina Fernández es un gran cuadro político, que supera largamente la mediocridad media nacional e internacional, excelente oradora, con limitaciones en cuanto a ser gran estratega y deficitaria seleccionadora de colaboradores. Representa el sector mayoritario y radicalizado en términos burgueses, del Frente Amplio Peronista. Como el peronismo histórico, intenta concretar un desarrollo capitalista, desarrollo industrial, redistribución de ingresos, fuerte presencia del Estado, política exterior independiente. El poder económico que ha ganado mucho tanto con el peronismo como el kirchnerismo debiendo aceptar ciertas limitaciones al ejercicio irrestricto del derecho de propiedad, es tan ciego que sólo advierte lo que pierde y se ha opuesto visceralmente a lo que lo favorece; y contrariamente apoya a políticas que conducen inevitablemente a muchos de ellos a quebrantos o cierres. Son tan ciegos que optan inevitablemente por votar a la soga que los ahorcará.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El presidente Alberto Fernández se ha autodefinido como socialdemócrata, “más hijo de la cultura hippie que de las veinte verdades peronistas”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Será conveniente aclarar, por si quedan dudas, que gobernar en una crisis profunda un país históricamente fracturado no se hace enarbolando amor, paz y flores. Más bien es conveniente recordar algunas de las 20 verdades peronistas: “La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo. O aquella otra: “Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana” O “Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El presidente ha declarado que “Hay gente en el Frente de Todos que sueña con una revolución. No es mi idea. Mucho menos con un 40% de la sociedad que no está dispuesta a votarnos.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">He votado al actual gobierno y lo seguiré votando porque llevo más de cinco décadas y un lustro optando por los gobiernos populares, que más allá de sus limitaciones y claudicaciones, supera infinitamente a las alternativas posibles de acceder al gobierno.  Ya en los años del primer peronismo, sectores de clase media se opusieron a Perón por considerar que era fascista y muchos de sus hijos, décadas después, lo apoyaron considerando que era socialista. El drama de las apreciaciones alejadas de la realidad y los deseos de quienes las enarbolaban es que Perón no era ni fascista ni socialista. Intentaba protagonizar la versión argentina de la revolución francesa en nombre y reemplazo de una burguesía nacional pequeña y la más de las veces miserable.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dentro de las limitaciones actuales está no tener el coraje de adoptar las medidas capitalistas, de un nacionalismo popular, que provea los inmensos recursos que hoy se carecen. Y esas medidas no son una revolución socialista sino una profundización del peronismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es importante señalar que el peronismo ha sido siempre frentista, pero ha sido invariablemente el socio inmensamente mayoritario que terminó por absorber o disgregar a sus pequeños aliados desde el PI, el conservadorismo, la democracia cristiana, la UCEDE, o una fracción del radicalismo como fue el caso Cobos. Es la primera vez en que esa circunstancia no se da y el sello peronismo es minoritario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">También es importante no comprarse una versión Billiken de la historia del campo nacional y popular, tal como el kirchnerismo la ha configurado en relación a la década del setenta; y ahora, más allá de los objetivos patrióticos de la ex presidente, soslayar las preocupaciones judiciales de la vicepresidenta, fundamentalmente porque algunas de esas causas implican a sus hijos. De igual forma que las permanentes contradicciones del Presidente, se explican, entre otras causas, por su debilidad dentro de una coalición en donde arbitra intereses cruzados internos y externos. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde la vereda del campo nacional y popular, es preciso señalar los errores y la preocupación de lo que no se hace en tiempo real, porque mañana puede ser nuevamente tarde para lágrimas. Para hacer lo contrario están los chupamedias y alcahuetes. Y porque como decía el poeta y dramaturgo británico-estadounidense Thomas Stearns Eliot: <strong>“El tiempo pasado y el futuro están ambos contenidos en el presente”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">También lo reflejó un hombre que muchas veces avizoró con precisión el futuro como George Orwell, cuando escribió:<strong> “</strong>Quien controla el pasado controla el futuro: quien controla el presente controla el pasado». Y para concluir con una sonrisa más allá de lo grave de la situación, una de las tantas humoradas de Woody Allen: “Me interesa el futuro, porque ahí viviré el resto de mi vida”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 15 de febrero de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Coconductor del programa radial EL TREN, con más de 17 años en el aire. Contador Público recibido en UBA. Fue profesor de Economía Política en la Facultad de Ciencias Económicas de la misma Universidad. Es Periodista. Sus trabajos son publicados en diversos medios nacionales e internacionales. Es autor del trabajo de investigación <em>“25 años de ausencia” </em>y participó con trabajos en los libros <em>“Damián Carlos Álvarez Pasión por el libro”</em> e <em>“Insignificancia y autonomía”.</em> Debates a partir de Cornelius Castoriadis.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Además es coautor del libro <em>“Bicentenario de la Revolución de Mayo y de la Emancipación Americana».</em></span></p>
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		<title>Política y crisis: Distribución de la riqueza o terreno yermo para la reacción antipopular &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Mar 2022 23:52:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[FMI]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La discusión entre "moderados" contra "voluntaristas"  - eufemismos para la interna Alberto/Cristina - queda chica y vieja frente a la dimensión del dilema planteado por la inminencia de la crisis.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>La discusión entre «moderados» contra «voluntaristas»&nbsp; &#8211; eufemismos para la interna Alberto/Cristina &#8211; queda chica y vieja frente a la dimensión del dilema planteado por la inminencia de la crisis.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)&nbsp;</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La semana pasada cristalizó un cambio de escenario que se venía gestando. La derecha conservadora empuja la crisis porque cree que sólo ella podrá darle cauce. El fracaso del programa antimacrista es vivido como triunfo conceptual de sus propios diagnósticos y pronósticos, como se ve en la notable editorial de <em>La Nación </em>de hoy: <a href="https://www.lanacion.com.ar/…/militancia-sin-libreto…/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.lanacion.com.ar/…/militancia-sin-libreto…/</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Frente a este estado de cosas,  podemos impugnar -con razón- los llamados a la «moderación», pero no deja de ser un detalle menor, que responde a un intento de alineamientos que atrasa. Si hacemos caso al diagnóstico coincidente difundido por organizaciones populares y legisladores opuestos al acuerdo de refinanciación de la deuda con el FMI, se hace obvio que el malestar social no hará sino agudizarse al ritmo de la crisis, sin cause político adecuado. La idea de que la política es una actividad «transformadora» (idea propia de los procesos revolucionarios del siglo XX) es una hipótesis a verificar aún, y por lo tanto no es suficiente como mera declaración de intenciones. Leer la editorial de <em>La Nación</em> (la fusión entre «marxismo y peronismo» como identidad del enemigo configurado en los ´70), y pensar seriamente hasta qué punto la discusión entre «moderados» contra «voluntaristas» (y otros tantos eufemismos para la interna Alberto/Cristina) queda chica y vieja frente a la dimensión del dilema planteado por la inminencia de la crisis, puede resultar útil para asumir el dilema último de la coyuntura: dar cauce democrático-popular (efectiva distribución real de la riqueza) a la crisis, o dejar terreno yermo a la iniciativa de la reacción.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 20 de marzo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Investigador y escritor.&nbsp;Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política. Autor del libro: «Vida de perro: Balance político de un país intenso, del 55 a Macri. Conversaciones con Horacio&nbsp;Verbitsky».</p>
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		<title>La política y lo (in)moderado &#8211; Por Diego Conno</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Mar 2022 22:48:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Conno]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Frente deTodos]]></category>
		<category><![CDATA[moderación]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El politólogo Diego Conno sostiene que la política democrática y republicana tiene poco de moderada, al contrario, conlleva algo que es del orden del exceso. Sin este exceso irreductible de poder constituyente, la democracia se vacía de pueblo y pierde su dimensión más verdadera, que es la felicidad de su pueblo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El politólogo Diego Conno sostiene que la política democrática y republicana tiene poco de moderada, al contrario, conlleva algo que es del orden del exceso. Sin este exceso irreductible de poder constituyente, la democracia se vacía de pueblo y pierde su dimensión más verdadera, que es la felicidad de su pueblo.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Conno*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Saber cómo actuar en política es un ejercicio intelectual de gran envergadura. Nunca estamos exentos de engaños o equívocos porque la política tiene que ver con la acción y la acción es imprevisible. A diferencia de ciertas zonas del conocimiento, el saber sobre la <em>praxis</em> política no se corresponde con el del experto ni con el del científico. Mucho menos con el del técnico, pues la política no es un “arte de resolver problemas” sino una práctica de transformación social. Max Weber ha escrito notables páginas al respecto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Tampoco es posible concebirla como algo que venga de afuera e imponga su ley. No hay normas ni “leyes de la historia” infalibles a las que apelar. La política y el saber sobre ella se traman siempre en la experiencia misma de la vida colectiva y en las formas de reflexión que esta misma experiencia suscita. Por eso la pregunta por la acción política es inescindible de una profunda comprensión sobre el presente y sobre situaciones concretas. Pero ni “el presente” ni las “situaciones concretas” pueden disolver lo que no dejaremos de llamar historia. Y memoria. Creería que estamos cerca del concepto althusseriano de coyuntura (<em>co</em>&#8211;<em>juntura</em>). Esto conlleva necesariamente una <em>praxis</em> y una filosofía política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Las circunstancias actuales son de profunda gravedad. Lo grave está dado por un permanente estado de amenaza. El avance de la derecha aquí y en el mundo puede ser pensado como un signo de época. En la Argentina ha logrado mantener su capacidad de bloqueo y de incidencia en la agenda pública. En algún punto esto es efecto del macrismo. Todavía pareciera que no terminamos de asimilar el daño que ha provocado en sus cuatro años de gobierno. Este es un daño más político-cultural que económico-social ya que afecta al sentido mismo de lo que entendemos por la palabra política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por otro lado, mientras la humanidad sigue lidiando con una pandemia que ha destruido millones de vidas en la tierra y modificado sustancialmente nuestras condiciones de existencia, se encuentra ahora entrando en una “nueva zona de guerra”. Aquí tampoco nos pueden conformar las narraciones habituales. Desde luego las guerras pertenecen a la historia, han existido siempre. También las ha habido de liberación, y estas nos conmueven. Pero en su gran mayoría las guerras siempre han sido de conquista, saqueo y exterminio de naciones, pueblos, culturas. Esto nos convoca a la necesidad de recrear las condiciones de una política popular, ofensiva y de lucha, que pueda constituirse como una “fuerza de la no violencia”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Porque la guerra puede tomar distintas modalidades. Y una de ellas es la deuda. Diremos que la deuda es la continuación de la guerra por otros medios. Y a la inversa, la guerra la continuación de la deuda. No sería equivocado pensar deuda y guerra como dos estrategias geopolíticas de dominación imperial y disciplinamiento social del capital a escala planetaria. Ya se ha dicho que en la Argentina el préstamo del Fondo Monetario Internacional ha sido el golpe de Estado que no pudo ocurrir de otro modo. O también, en este caso, la continuación del macrismo por otros medios. Difícil es creer que el Fondo no pretenda incidir en la política local. Esa es su misión. Como vienen insistiendo acertadamente y desde hace tiempo importantes economistas como Ricardo Aronskind y Guillermo Wierzba, la función principal del FMI desde los años setenta ha sido reestructurar la economía y las sociedades en clave neoliberal. No hay motivos para pensar que esto haya cambiado. Una vez más “la historia se repite”. Pero la historia nunca es igual a sí misma. En ocasión de un nuevo 24 de marzo, abrir una importante discusión sobre las formas de endeudamiento nacional, que pesan a su vez sobre los hombros de millones de compatriotas, podría ser el sentido promisorio de un nuevo <em>Nunca Más</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es posible que las formas de hacer política muchas veces no coincidan con los deseos individuales ni con las exigencias que toda coyuntura demanda. Viejo problema este, el de la de la “correlación de fuerzas”. En términos generales sitúa el problema político en una dimensión fáctica, esto es, no utópica. Supone, en primer lugar, que la política es un espacio relacional. Lo que no significa un juego de suma cero, en el que determinadas entidades preexistentes entran en relación unas con otras y donde cuando una gana, la otra pierde. Las identidades y los sujetos políticos no están ahí, ya dados; se construyen en una relación de antagonismo o enemistad. De lucha. En segundo lugar, que eso que se pone en relación son ideas, deseos, valores, intereses, poderes, voluntades, en suma, fuerzas, no del todo compatibles entre sí. Tercero, que estas fuerzas siempre están en movimiento. Son dinámicas, como el agua. Por eso subrayamos que siempre hay correlación de fuerzas. Porque las agrupaciones humanas, los partidos políticos, los movimientos sociales y los individuos luchan por realizar sus ideas, deseos, valores e intereses. De ahí que el antagonismo del que hablamos no sea una simple suciedad que pueda esconderse debajo de una alfombra sino una dimensión constitutiva de lo social. Y de lo individual. O mejor, de lo transindividual. Evidentemente estamos en el corazón del pensamiento de Gramsci. Por eso bien vale recordar que los análisis de las relaciones de fuerzas no pueden ni deben convertirse en fines por sí mismos, sino que adquieren significado en cuanto sirven para “justificar una acción práctica, una iniciativa de voluntad”.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La política es el trabajo de la voluntad. De la voluntad de uno a la voluntad de los otros. Voluntad colectiva, común. Aunque desde luego que con la voluntad no alcanza, pero “sin ella no se puede”. Porque voluntad sin poder es impotencia, pero poder sin voluntad es como un cuerpo sin alma, sin espíritu. Se vuelve mera técnica. La política popular es fuerza + voluntad. En la Argentina actual nadie mejor que Cristina Fernández de Kirchner comprende esto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ya hace rato se ha dicho que no son tiempos de revoluciones dando lugar así a lo que desde el norte se dio en llamar “melancolía de izquierda”. Ahora se ha dado un paso más. Ésta es una época de “moderación”, se ha dicho aquí. Pero no creemos que así lo sea. Siempre han existido “radicales” y “moderados” a lo largo de la historia. En algún punto esto remite a las cualidades personales que nutren al político. Es sabido que ellas condicionan en cierta medida buena parte de sus acciones. La rodean como un halo. Maquiavelo hizo de esto un tratado sobre las pasiones humanas, no como vicios o virtudes sino como formas de la acción política. Spinoza escribió una <em>Ética</em> que también puede leerse en el mismo sentido.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://sonidogremial.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/ALBERTO_MASSA_CFK.jpg" alt=""/><figcaption><em>Foto: Prensa Diputados</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El problema es que el uso de la palabra “moderación” está ejerciendo la misma función que la palabra “grieta”. Se las toma como estructuras totalizantes que dan sentido a la acción en lugar de pensarlas como posibilidades que la acción puede asumir en determinadas coyunturas. Como sucedió en su momento con la palabra “grieta”, se habla de “moderación” como si con esa palabra se pudiera dar cuenta de la totalidad de un tiempo histórico. Y del pulso de un movimiento social, el peronismo, cuya historia es más bien excesiva. Si hay desigualdad la política popular no puede ser moderada. Si es así se estanca o se paraliza. Moderación se ha vuelto hoy palabra de orden, diseñada y promovida por las derechas de todo tipo. Plegarse a la agenda de lo que no creo equivocado seguir llamando bajo ese nombre, derecha, puede no solo ser un error táctico sino incluso estratégico de primer orden. En todo caso se podría discutir cuál es el mejor modo de enfrentarlas. Mi perspectiva es la de Cooke. “Un movimiento de masas o profundiza o cae”, escribió ya a mediados de los años sesenta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El kirchnerismo no hizo la revolución, pero trastocó grados importantes de poder concentrado, inaugurando así una “nueva genealogía popular”. Este gobierno, que es nuestro gobierno, ha tenido gestos de notable empatía política. Como cuando sostuvo que “entre la economía o la vida” los argentinos elegimos la vida, o cuando impulsó la estatización de Vicentin, o cuando estableció el impuesto a las grandes fortunas. Todas estas no han sido políticas radicales, estructurales; de hecho, se han ido desvaneciendo en el aire. Pero han permitido evitar mayores descalabros y tocar, al menos por un rato, un vector emancipatorio que hoy anhelamos. Acaso la política más importante haya sido la inédita campaña de vacunación que ha salvado millones de vidas. Interesante sería, por ejemplo, avanzar de la mano del movimiento feminista, las trabajadoras y trabajadores de la economía popular y las organizaciones campesinas y ambientalistas, hacia una “economía de los cuidados” que sería una economía de los bienes comunes, es decir, no capitalista. Aquí no hay moderación. Hay política.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Así y todo, no creemos que de lo que se trate aquí sea de la alternativa entre moderación o radicalización. Ambas cosas pueden ser, como se ha dicho, tácticas políticas ante determinadas coyunturas. La <em>virtù</em> del político está en saber utilizar todas las posibilidades de la acción humana como herramientas o armas. Pero aquí está lo grave del asunto. Asistimos desde hace un tiempo al abandono imprudente de un modo de pensar la política como conflicto y lucha por el poder, como movilización activa y militante de una ciudadanía comprometida, como espacio público vibrante de lucha agonista, como práctica de subjetivación y transformación social. Sin estos elementos que le son constitutivos la política pierde su sentido originario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Surge la tentación de un “Gran Acuerdo Nacional”. El discurso de la moderación podría ser funcional a ello. Nadie debería olvidar su genealogía. Bajo esta idea el general Lanusse proyectó un peronismo sin Perón. Nada más equivocado que intentar sembrar hoy un peronismo sin Cristina. Pareciera que estamos ante una encrucijada similar a la que llevó a constituir el <em>Frente de Todos</em>. “No hay radicalización posible si se rompe la unidad”. Esta ecuación es tan cierta como incompleta. Agreguemos lo siguiente: no hay unidad posible sin radicalización, es decir, sino se producen determinadas transformaciones culturales, económicas, sociales. ¿Acaso no se trata de esto la política? Se gobierna para todos, pero gobernar es representar intereses que por sí mismos son de una parte. La creencia en la posibilidad de conciliar valores e intereses que por su propia definición resultan incompatibles e irreconciliables, la ilusión de un consensualismo sin antagonismo, la confianza ciega en palabras como “progreso”, “desarrollo” o “capitalismo serio” son elementos fundamentales de la ideología neoliberal dominante. Decir democracia, nación o pueblo son flechas certeras al corazón de esta ideología.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Frente a esto no diría que no hay nada que hacer. Al contrario, la coyuntura argentina exige una profunda conversación pública, colectiva y democrática, que no se puede saldar con retóricas tecnocráticas salidas de algún ministerio o bajo las formas más degradadas de la cultura que van desde “debates” televisivos hasta “discusiones” entre twitteros. Ni con apuradas escrituras burocráticas, de corte ordenancista, que en lugar de interrogarse por los grandes nudos de la vida nacional y de las posibilidades de un pueblo disuelven de un plumazo, con un solo “click”, una historia densa y abigarrada, cargada de luchas populares, y también, de grandes discursos y grandes escritos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es tiempo ahora de recuperar la movilización que la pandemia -y no solo ella- ha desactivado. Mal haría el gobierno en no tomar nota de esto. Actuar en política implica una comprensión profunda sobre la historia de los pueblos, sus victorias y sus derrotas, sobre las posibilidades y los límites en cada momento histórico y en cada coyuntura. Pero todo esto debe hacerse manteniendo siempre abierta la interrogación democrática sobre lo que los pueblos pueden ser y hacer. “No hay vida política sin apelación al pueblo, a un pueblo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Desde luego para ello la unidad del campo popular es fundamental. En tanto resultado de una construcción la unidad del pueblo se vuelve un valor. Pero ella no se consigue sin autocrítica y sin una verdadera apertura a todas las fuerzas que la componen. Sin esto la unidad se vuelve una abstracción que solo sirve para legitimar una gestión de un gobierno a distancia. Es tarea colectiva el cuidado de la unidad de un frente popular. Este frente necesita más debates y no menos, más apertura y no menos, más militancia y movilización y no menos. Es en el encuentro activo entre una militancia comprometida, un pueblo movilizado y un liderazgo y una conducción capaces de potenciar la energía contenida en ellos que un movimiento popular avanza. Escuchar lo que aún late en el “subsuelo de la patria sublevada”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La Argentina necesita en efecto de esta conversación pública ampliada, así como el gobierno precisa convocar a otros sujetos, otros lenguajes y otras racionalidades que no sean solamente de los que se nutre la tecnocracia gubernamental. Que importan sí, y mucho, pero no alcanzan. Por eso es que la unidad no se produce solo en el discurso sino en la acción. Un frente requiere unidad, pero más requiere un cuerpo heterogénero y vibrante en la producción de ideas, gestos, discursos, saberes, símbolos, acciones que le den la vitalidad que necesita. Si esto no es así el frente se seca, como una flor que no se riega, y la nación se vuelve un cuerpo sin órganos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La política democrática<em> y</em> republicana tiene poco de moderada. Al contrario, conlleva algo que es del orden del exceso. De lo incalculable. De lo inmoderado, si se quiere. Esto implica volver a disputar el poder y la renta social en la Argentina para mejorar las condiciones de vida del pueblo. Para que la vida popular, la vida de las grandes mayorías, pueda ser una vida justa y digna de ser vivida. Esto demanda, lo sabemos, otro tipo de institucionalidad. Una república plebeya. Sin este exceso irreductible de poder constituyente la democracia se vacía de pueblo. Pierde su dimensión más salvaje, y por eso mismo más verdadera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Volvamos a Maquiavelo, al que siempre es bueno volver si se quiere comprender algo del drama que implica la vida colectiva. Que en toda ciudad hay dos grandes humores contrapuestos: el de los grandes que desean dominar, y el del pueblo que desea no ser dominado y ser libre. Aquí yace acaso una verdad fundamental que ningún político puede olvidar si quiere vivir en una república libre: cuidar siempre de la felicidad del pueblo. Si se comprende esto quizá estemos a tiempo de revertir lo (in)moderado de este malestar. Quisiera creer que en estos años algo aprendimos. “Los pueblos siempre vuelven”.   <strong> </strong></p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 23 de marzo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Politólogo, profesor de filosofía y teoría política (UNAJ, UNPaz, UBA). Director de Revista Bordes. Integrante de Comuna Argentina. &nbsp;</p>
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