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	<title>Derecho Internacional archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Derecho Internacional archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>El discurso histórico de Trump &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Jan 2026 11:37:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
		<category><![CDATA[Derecho Internacional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El tres de enero de 2026 será considerado un día histórico, porque esa dimensión tuvo el discurso del presidente de los Estados Unidos. Un discurso que<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-discurso-historico-de-trump-por-e-raul-zaffaroni/">El discurso histórico de Trump &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-78b2272fba34b20e1cfea127c3c57a27 wp-block-paragraph"><strong><em>El tres de enero de 2026 será considerado un día histórico, porque esa dimensión tuvo el discurso del presidente de los Estados Unidos. Un discurso que se proyectará hacia el futuro con consecuencias que, de momento, son imprevisibles.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a6644aad569b14774455ac04fc54f1c1 wp-block-paragraph"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:71px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-19fef564cc4732626971fac9eef57b4b wp-block-paragraph">El tres de enero del flamante 2026 <a>será considerado un día <em>histórico</em>, porque esa dimensión tuvo el discurso del presidente de los Estados Unidos. Un discurso no es <em>histórico </em>porque sea ponderable o repugnante, porque sea bueno o malo. La historia no es una sucesión de hechos pasados; no nos interesa si Colón había comido tallarines el 11 de octubre de 1492. Lo que es histórico es lo que desde el pasado se proyecta en los sucesos del presente y, seguramente, ese discurso se proyectará hacia futuros presentes con consecuencias que, de momento, son imprevisibles.</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f95d8a4e70f2cbb4c93c89eb39520ac2 wp-block-paragraph">En el siglo pasado hubo múltiples interferencias norteamericanas –por así llamarlas- sobre nuestra América; sería inútil recordarlas, pero ningún presidente de los Estados Unidos confesó abiertamente su objetivo ni afirmó que no toleraría a ningún gobierno nuestro que obstaculizase o molestase sus propósitos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-68da90b6a2f4f25f19171ff2f06f3735 wp-block-paragraph">El operativo de secuestro de Nicolás Maduro era explicado al público por el narcotráfico y su supuesta dictadura, es decir, al viejo estilo de inventar pretextos, cuando de repente, sin aviso previo y sin ninguna necesidad, Donald Trump confiesa que su objetivo real es el petróleo y al parecer, decide sancionar a todo Estado de la región que lo moleste, algo así como hace setenta años los soviéticos en Hungría y, por ende, cabe preguntarse si acaso no está anunciando una nueva Cortina de Hierro. Con la más absoluta sinceridad exige Trump públicamente la subordinación de toda la región y se erige en su tutor y nominador de interventores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df933a6140d822b0ec8612c2286b7627 wp-block-paragraph">La interferencia norteamericana en sí misma no es una novedad ni mucho menos, porque la verificamos con la promoción del <em>lawfare</em> criminalizador de nuestros líderes (Castillo, Lula, Cristina Kirchner, Evo, Glas, Correa, Milagro, Amado Boudou, etc.) con pretexto de corrupción o de cualquier otro, mediante las heces (llamadas <em>fake news</em>) de los medios de comunicación concentrados y los vómitos (llamados <em>sentencias</em>) de algunos verdugos ataviados de jueces. Tampoco es una novedad su más reciente intervención en las elecciones de nuestros países, con abiertos apoyos a los candidatos de su gusto y la descalificación y estigmatización de otros. Ni siquiera lo son las intervenciones bélicas de todos los tiempos (desembarcos en Veracruz, invasión a Guatemala, a Panamá, etc.), pero siempre hubo pretextos, y eso es lo que otorga a su discurso una dimensión histórica, pues se trata de la gran confesión: tengo el poder y hago lo que quiero, no me importan los organismos internacionales, voy a liberarme de todo el que pretenda molestarme, por las buenas y por las malas y <em>cuídese el culo</em> quien me perturbe.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13f8f8b1b91263ac04c787f1f615cfa3 wp-block-paragraph">No se trata ahora de alimentar brotes <em>antiyankees</em> ni mucho menos, sino de destacar que lo que comenzó el 3 de enero es algo nuevo, un antes y un después que no puede pasar inadvertido, porque es <em>histórico</em> en razón de sus imprevisibles efectos futuros. Si de lo que se trata es de elevar una nueva Cortina de Hierro y convertir a todos los países latinaomericanos en satélites, esto es nuevo. Si no lo fuese, no se explica el sinceramiento brutal de Trump, salvo que obedeciese a un gravísimo error político o a alguna falla personal, pero esas son hipótesis que de momento al menos carecen de asidero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-327b958e9923ab477c38200aa30e96dc wp-block-paragraph">Además de lo señalado, cabe observar que una potencia que pretende satelizar una región siempre fue totalitaria (los nazis con sus territorios ocupados, el estalinismo con Europa oriental) y, por cierto, al parecer algo grave está pasando con la propia institucionalidad de los Estados Unidos, pues su presidente ignoró al Congreso. No es Roosevelt solicitando autorización al Congreso al día siguiente de Pearl Harbor para declararle la guerra al Eje, sino precisamente su imagen contrastante. Por otra parte, en el librito <em>anarcoaustríaco</em> de Walter Block, que Mileil repartió a sus ministros, varios ex-presidentes norteamericanos son estigmatizados como <em>socialistas</em>. Nada bueno está anunciando el discurso histórico de Trump, ni para nuestra América ni para los Estados Unidos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e8db94cb92b48b3bd93dac1b77aecf3d wp-block-paragraph">Cuando alguien deja de lado todos los pretextos y dice claramente <em>tengo el poder y haré lo que quiero en la medida de mi poder</em>, violando la norma más elemental del derecho internacional, abre la puerta para cualquier otra violación, no solo por su parte, sino también ajena: ¿Por qué otra potencia habrá de respetar el límite jurídico, si el otro me muestra que no lo respeta? En la experiencia común, cuando se rompen acuerdos (y el derecho internacional son acuerdos), cuando alguien ignora las reglas del juego, los otros se consideran habilitados para hacer también lo que quieran: <em>¿Si el otro incumplió el acuerdo, por qué he de respetarlo yo?</em> Esto, que se maneja en la sociedad de fomento o en el club deportivo del barrio, es lo mismo que vale en el caso del derecho internacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40d79ea9d5bf7f3605c00b4c6e595249 wp-block-paragraph">La conclusión que a primera vista parece más lógica –y también la más deprimente- sería que <em>el derecho internacional ha muerto. </em>¿Pero será verdad que el derecho internacional está muerto? Todo depende de lo que se entienda por <em>derecho</em>, es decir que eso sería verdad cuando se lo concibe como algo bucólico, como una normativa que siempre se respeta, como algo casi intangible y que está establecido de una vez y para siempre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ca95dc44f5f9dc391386def765e3eec6 wp-block-paragraph">Pero hay otra forma de concebir al derecho que, de algún modo, expresó con claridad Rudolf von Jhering, un jurista alemán del siglo XIX, para el cual <em>el derecho es lucha</em>, porque siempre es algo dinámico, no es algo que se concede, sino que se obtiene por lucha. También del siglo XIX fue otro jurista, menos conocido en razón de que era nuestro, brasileño y del nordeste, Tobias Barreto, cabeza de la llamada escuela de Recife, quien se percató claramente de que la guerra –como el poder de penar- no son fenómenos jurídicos sino políticos puros, pues el <em>poder bélico y el punitivo</em> los ejercen quienes tienen el poder de hacerlo y en la medida de ese poder: el que <em>quiere penar pena</em> (como en el <em>lawfare</em>) y el que <em>tiene las armas hace la guerra</em> (como Trump).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a86b9a434ddf071ef275af7bd91b128d wp-block-paragraph">¿Y el derecho? Combinemos las dos perspectivas y veremos que lo jurídico, lo propio del derecho, no es el poder punitivo ni el bélico, sino su contención, su acotamiento, que se obtiene por lucha en la que, dada su naturaleza, hay momentos en que se avanza y otros en los que se estanca o retrocede. Mientras haya lucha, mientras haya voces que se levanten y pueblos que resistan, el derecho estará vivo y, felizmente, nunca se agota la voluntad de lucha, aunque nos muerda la impaciencia o los costos humanos de los tiempos de <em>no-derecho</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a001886fa05851b039cb66d8826dca62 wp-block-paragraph">Seremos muchos que alzaremos nuestras voces, como otrora lo hicieron los que sufrieron las pulsiones del <em>no-derecho</em> en tiempos no tan lejanos, y volveremos a avanzar por el camino del derecho, que en definitiva si no es el de la razón, por lo menos es el más racional, porque la fuerza, por potente que se muestre, siempre es pasajera y en alguna medida frágil. Más aún, puede decirse que los momentos de mera fuerza, de <em>no-derecho</em>, tienen algo de patológicos, morbosos, enfermos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0960a2e31273877a926be52d72041f64 wp-block-paragraph">Aunque sea pura coincidencia, no deja de llamar la atención que el domingo 4 de enero, cuando el Papa León XIV pidió garantizar la soberanía de Venezuela, invocase a José Gregorio Hernández, el santo popular venezolano, canonizado por Francisco, que era médico y curaba por las noches. Alguna noche de estas puede ayudarnos con alguna intervención psiquiátrica.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<div style="height:64px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0aa746f74507fc0c95fa771ec7ec135 wp-block-paragraph">Miércoles, 7 de enero de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-52481a4d2de22fc68b7fefc44764e265 wp-block-paragraph">*Profesor Emérito de la UBA. Fue ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Sumate a la campaña «Colaborá con La Tecl@ Eñe».</strong></h2>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>
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		<title>Politicidio &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jan 2026 16:17:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[Derecho Internacional]]></category>
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		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
		<category><![CDATA[Técnica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La remodelación bélica aparece como la verdad de un mundo aterrorizado y sin respuestas. Solo la reacción de los muchos ayuda a perder el miedo y permite volver a imaginar alguna articulación entre contrapoderes colectivos y derecho político democrático.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/politicidio-por-diego-sztulwark/">Politicidio &#8211; Por Diego Sztulwark</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-946f47119fcd08052eddfd0a3cd916d5 wp-block-paragraph"><strong><em>La remodelación bélica aparece como la verdad de un mundo aterrorizado y sin respuestas. Solo la reacción de los muchos ayuda a perder el miedo y permite volver a imaginar alguna articulación entre contrapoderes colectivos y derecho político democrático.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efb14c1ae9bdd2030991e65c0e347d81 wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79b38334116a63bf36e125970cf073fe wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em><br></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5b3014c6999428d51e20cee774ba868 wp-block-paragraph">A partir de la agresión a Venezuela dos argumentos preexistentes circulan con furia: <strong>1. </strong>que ya no hay (o que no habría) orden jurídico internacional válido vigente; y <strong>2.</strong> que somos (o seríamos) impotentes ante la fuerza militar bruta (es decir: asistida tecnológicamente). En otros términos, que no hay unidad política que nos proteja de la guerra. Porque solo el poder nuclear otorga (o podría otorgar) seguridad efectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4e999fe5f972a65eac9e695c42497cdb wp-block-paragraph">Asistimos así a una clase magistral continua de realismo político (neo)fascista: sólo la fuerza técnicamente dispuesta para la guerra crea derecho. Quienes aún creen en el derecho como medio para moderar la fuerza son, en ella, abiertamente ridiculizados. Y quienes pretenden oponer una contra-fuerza son exhibidos de antemano como ejemplo de derrotados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a026795a0b369e13c2ddf171099b5a6 wp-block-paragraph">La amenaza de destrucción masiva es el instrumento inmediato para paralizar políticamente a los pueblos. La generalización del miedo perfecciona el control. La violencia destructiva asegura el orden, comunicando una potencia complementaria a la acumulación de capital. Si el dispositivo parece funcionar tan aceitadamente es porque previamente supuso un largo adiestramiento consistente en someter a los colectivos humanos a ser espectadores de un flujo imágenes del horror sin que les sea lícito reaccionar. Una parte de nuestra existencia transcurre según la consigna de ver sin actuar. La desactivación persistente de la capacidad de respuesta colectiva –la separación del afecto de la fuerza– deshilvanó la autoridad de la política que se hace en nombre del límite efectivo al poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b80cc2500a8e3765f2dfc3622537ed2c wp-block-paragraph">El saber de los perpetradores es de los más viejos del mundo. En el extremo, pretende difundir el terror y la servidumbre, afectos que carcomen todo orden político democrático (incluso en EE.UU., donde la retórica de la democracia supo ser leitmotiv). Igualmente antiguo es el saber que enseña que sólo un afecto/fuerza equivalente en magnitud, pero operando en dirección opuesta a la del miedo, puede modificar la situación. De modo que para imaginar otra realidad es preciso sumergirse en otro tipo de imaginación. En particular, hay dos reflexiones que pueden venir en nuestra ayuda. Por un lado, aquella que ayude a sacar las conclusiones correspondientes al hecho de que la potencia política no se resume nunca en el derecho puro. El derecho político puede regular –y puede hacerlo de un modo democrático– cuando no niega ni olvida apoyarse en el derecho natural (el deseo y la potencia de los cuerpos). El derecho se torna política efectiva cuando es expresión de una fuerza plural capaz de crear momentos emancipatorios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6c586f5c2383da2dbb2e139b086d2652 wp-block-paragraph"><br>Por otro, que en momentos en donde el miedo a la amenaza inminente de destrucción nos paraliza –el terror es siempre el fundamento del colonialismo y del clasismo– aparecen escenas que nos hablan de la formación de unas multitudes que parecen estar aprendiendo a perder el miedo. Sucede ahora mismo en ciudades de EE.UU. contra las escuadras fascistas anti-inmigrantes de Trump, pero también en Irán, donde una protesta económica parece reactivar la secuencia de movilizaciones que irrumpieron en 2022 al grito de «mujeres, vida, libertad». Esas escenas nos ayudan a extraer conclusiones extremas en un momento grave. Porque ni la democracia sin contrapoderes efectivos, ni la ilusión geopolítica de una «ayudita” rusa o china parecen en condiciones de evitar lo que algunos observadores de lo que sucede en Palestina llaman «Politicidio»: la destrucción sistemática de las capacidades políticas de los pueblos.</p>



<div style="height:64px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c4e5afc417b24cff1be1a378a4ed9508 wp-block-paragraph">Lunes, 12 de enero de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51599abf75d4a9c990701bf8d00a305e wp-block-paragraph">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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