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	<title>crisis política archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>crisis política archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Repensar la política más allá de la “grieta” &#8211; Por Mario Casalla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Aug 2021 23:51:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de una nota de Hugo Presman publicada en La Tecl@ Eñe, “El hilo de Ariadna a ambos lados de la fractura”, el filósofo Mario Casalla propone como posible alternativa a los circulares ciclos de crisis que alimentan al Minotauro que nos aguarda en su laberinto, una “solución marechaleana”, es decir, por arriba, en la versión Dédalo/Ícaro del mítico laberinto. Casalla nos ofrece una praxis distinta para superar la construcción de sentido llamada “grieta”: Recuperar el arte de una gran Política, es decir aquella que todavía no ha devenido en mera administración de lo dado, y que consiste esencialmente en encontrar nuevos caminos allí donde parece que no hubiera otros por fuera de los ya establecidos como tales por el sistema de poder imperante.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/repensar-la-politica-mas-alla-de-la-grieta-por-mario-casalla/">Repensar la política más allá de la “grieta” &#8211; Por Mario Casalla</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph" style="color:#1606e5"><em><strong>Entre el hilo de Ariadna y las alas de Dédalo</strong></em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>A partir de una nota de Hugo Presman publicada en La Tecl@ Eñe, “</em></strong><strong><em>El hilo de Ariadna a ambos lados de la fractura”, el filósofo Mario Casalla propone como posible alternativa a los circulares ciclos de crisis que alimentan al Minotauro que nos aguarda en su laberinto, una “solución marechaleana”, es decir, por arriba, en la versión Dédalo/Ícaro del mítico laberinto. Casalla nos ofrece una praxis distinta para superar la construcción de sentido llamada “grieta”: </em></strong><strong><em>Recuperar el arte de una gran Política, es decir aquella que todavía no ha devenido en mera administración de lo dado, y que consiste esencialmente en encontrar nuevos caminos allí donde parece que no hubiera otros por fuera de los ya establecidos como tales por el sistema de poder imperante.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Mario Casalla*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-group has-black-color has-text-color"><div class="wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow">
<p class="has-drop-cap has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hace poco más de un mes, Hugo Presman publicó -en esta misma revista- una nota muy buena: <em>“</em><em>El hilo de Ariadna a ambos lados de la fractura”</em> (8 de julio de 2021). Hugo nos tiene acostumbrados a este tipo de notas que –un mes después- aún pueden leerse con provecho. Esto, en los <em>tiempos que corren</em>, vale muchísimo y no es nada común. Escribir sobre la “actualidad” es hoy escribir sobre el <em>instante</em> y la semana ya se ha vuelto mediano plazo. Ni qué decir del mes: ¡casi una profecía! Es cierto que la virtualidad nos permite andar siempre armados con “tiros de palabras” (el Twitter, por caso, suele utilizarse como un moderno Colt 45 del lenguaje). Por supuesto que –como toda tecnología- es un <em>medio </em>que sirve para varios otros <em>fines</em> -a veces hasta los mandatarios y funcionarios adelantan decretos con un “hilo de twitter”- por tanto, no se vea en esto que señalo una simple actitud pretecnológica (hoy tan absurda como imposible). Es sólo la advertencia de un síntoma cultural insoslayable: hoy somos nosotros –a la vez- “corridos” por estos <em>tiempos que corren</em>. Y no es porque sepamos tan bien adónde vamos que queremos llegar lo más rápidamente posible a la meta, más bien todo lo contrario. Tampoco es un fenómeno del todo nuevo, por eso vale la pena recordar al gran Goethe en una de sus <em>Máximas y Reflexiones: </em>“Nunca llegamos tan lejos como cuando ya no sabemos adónde vamos” (901). Estábamos entonces a principios de siglo XIX, época en que todo comenzó a <em>acelerarse</em>, en que la Modernidad inicia ese largo final en cuya insoslayable <em>consumación </em>ya habitamos nosotros. Por eso mismo me llamó la atención que Presman –dejando de lado el “hilo de Twitter”-&nbsp; pasara al mito clásico de Ariadna para explicar los dramas presentes de la historia argentina, inscripta su vez en un laberinto cada vez más planetario. Algo muy meritorio por cierto. Como corresponde, comienza por ubicar a su lector en lo medular de esa historia altamente simbólica: “La leyenda cuenta que el Minotauro habitaba en un laberinto y exigía sacrificios de siete doncellas y siete jóvenes a ser devorados cuando irrumpe Teseo, el héroe de este relato. Ariadna se enamora del muchacho y le entrega un arma para luchar contra el Minotauro y un hilo para que lo desplegara en su recorrido y que en el caso de que triunfara, pudiera salir del laberinto. Teseo mata al minotauro y el hilo de Ariadna le permite encontrar la salida”. Esa historia mítica termina bien, sin embargo –y no sin razón- aplicada a una lectura de la historia argentina Presman concluye: “En nuestro país Teseo no mata al Minotauro ni el Minotauro a Teseo, <em>se quedan encerrados en el laberinto</em> y cada vez que Teseo parece encontrar la salida, el Minotauro lo hace retroceder a profundidades más lejanas de la puerta de salida. Cada vez que el Minotauro encuentra el camino para clausurar definitivamente la caverna, algo ayuda a&nbsp;Teseo a continuar la lucha”. No es mi intención contradecir esta conclusión, sólo intentaré traer a consideración la otra versión del mito: aquella que narra la solución encontrada por el arquitecto Dédalo (que diseñó ese laberinto infernal a solicitud del tirano de Cnosos) para salvarse -junto a su hijo Ícaro- de la amenaza de ese tirano. Algo que suele ocurrir casi siempre que se trabaja para una tiranía. En la versión Teseo/Ariadna la propuesta era <em>recorrer el laberinto</em> y matar al Minotauro, y el impulso que lo anima un acto de amor entre dos y un hilo muy delgado como solución para encontrar la salida. En la versión Dédalo/Ícaro la propuesta será <em>salir por arriba</em> pegándose unas alas de cera que los remonte a ambos y así pasar por encima del monstruo. Ambas son propuestas de riesgo, que ponen en juego la inteligencia y la astucia del hombre y ésta última acaso también sirva para ensayar otra mirada sobre el laberíntico presente argentino. Llamo a esta última la “<em>solución marechaleana”</em>, recordando aquél verso de nuestro Leopoldo Marechal que siempre me dio que pensar; “De todo laberinto se sale por arriba”. Al menos es una alternativa a considerar que aquí propongo.</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Lo primero: Admitir las disputas y darlas.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">De lo que se trata es ante todo de una disputa de sentidos y el<em> sentido de una cosa, no es él mismo una cosa- </em>lo cual nos habilita a decir que la disputa sobre cosas (en el orden del discurso) es siempre una <em>disputa entre sentidos. </em>La Política y la Economía son ámbitos especialmente propicios para estas disputas, aunque no los únicos, claro. Pero, dada la importancia que ambos tienen en el presente, es conveniente no olvidarlo. Se discuten “sentidos” y no sólo cosas, aunque esas disputas se presenten siempre como discusiones entre cosas (supuestamente) objetivas, concretas y materiales. Más aún, la materialidad que termina triunfando es aquella que consigue imponer su sentido como si este fuese “natural” y por ende único. Al menos durante un tiempo determinado. Estas disputas de sentido no se basan tan sólo en la subjetividad o en una desmesurada “ansia de poder”, sino que son habilitadas por la <em>ambigüedad de la cosa, </em>la cual soporta siempre más de un sentido (simultáneo o sucesivo). De allí que el ansia –oculta o expresa- de todo discurso político o económico, sea que éste coincida con su propio interés. La política concreta es entonces esencialmente una <em>praxis</em> y no una “contemplación desinteresada” de las cosas. La <em>“disputa de sentidos”</em> estará siempre presente en la acción humana y es clave entenderlo así (tanto en lo individual, como en lo político, en lo económico y en lo social). La “ingeniería social” que promete o sueña con una aquiescencia total entre los actores, los discursos y las cosas, no suele verificarse en los hechos. Podemos sí construir mayorías, pero no unanimidades. Más aún si ésta aparentemente se ha logrado, es bastante probable que nos encontremos en presencia de una dictadura perfecta. El político que paraliza su accionar buscándolo, es tan peligroso como el que renuncia a esa disputa siempre presente y gobierna según su propio capricho. Por el contrario, la verdadera ética política consistirá en la forma como las mayorías (relativas) en un momento logradas, se relacionan con las minorías (también circunstanciales) y logran así llevar adelante un cierto proyecto de vida en común, una <em>comunidad</em>. Lo que hoy debería realmente preocuparnos no es tanto la aparición de “grietas”, sino la crisis global y el jaque permanente que sufre la democracia representativa para tramitarlas adecuadamente y resolverlas. Crisis política a la cual se suma la del capitalismo financiero globalizado cuya esencia destructiva ha quedado francamente a la vista de todo observador atento. Lo grave es que ambos mecanismos (democracia y capitalismo) parecen haber alcanzado su “<em>consumación</em>” (su cenit) sin que sus reemplazos estén ya funcionando. Y a lo <em>consumado</em> (a lo realizado en plenitud) sólo le toca decaer. Nosotros hemos denominado a estos tiempos que corren, como tiempos de la “<em>modernidad consumada”</em> (y no <em>post</em>modernos, <em>neo</em>modernos o <em>tardo</em>modernos) ya que no es anteponiendo prefijos gramaticales como se sale de un paradigma determinado (en nuestro caso el de la Modernidad) y las “superaciones” gramaticales u ortográficas, no suelen pasar de soluciones más o menos ingeniosas para explicar o discutir, pero poco útiles para comprender lo que realmente está pasando ante nuestros ojos. Vivimos los duros tiempos de la “modernidad consumada” (que son todo menos ¡“líquidos”!) en los cuales el <em>Capitalismo</em> muestra desembozadamente y ya sin mayores disimulos, el secreto “<em>plus de goce”</em> que animó desde siempre al <em>Capital</em> (la sustancia activa de que el Capitalismo se compone); el <em>Neoliberalismo</em> ha realizado –también sin tapujos- lo que el Liberalismo venía ofertando (desde Hobbes y Rousseau) como “solución” para el hombre y la organización de su vida en <em>sociedad</em> (de “responsabilidad limitada”, como también corresponde) y las Tecnociencias (de un muy determinado tipo, por cierto) ya se han hecho cargo de la administración de los recursos planetarios, lo cual incluye al propio hombre como “recurso para” y no ya como fin en sí mismo. Cínicamente podríamos decir que “<em>lo hemos logrado</em>”, a condición que simultáneamente agreguemos un “<em>así nos va</em>”. Y para peor, todo ello injustamente distribuido (salvo las pérdidas, claro). No podemos extendernos ahora más en este trasfondo filosófico fundamental de lo que está pasando, pero éste es el mundo que nos ha tocado vivir y en el que tratamos de construir (con convicción y cierta esperanza) <em>sentido</em>. ¡Menuda tarea si las hay! y para peor no son muchos los poderes, los gobiernos y los hombres, dispuestos a encararla. Lo inmediato será ir imaginando y armando “suplencias” que permitan cursar las crisis con el menor daño posible para los pueblos. Estas soluciones provisorias serán seguramente de orden nacional y regional (como las que de hecho van emergiendo) y la “desconexión virtuosa” de la catarata global resultará un imperativo de primer orden para volver a tener un futuro deseable. Por eso coincidimos también con Presman en las tres líneas finales de su nota: “Nada está definido. El futuro está por escribirse… como dijo Henri Bergson: “<em>El futuro no es lo que va a venir, sino lo que nosotros vamos a hacer”</em>. Lo que yo agrego ahora a esto, es la segunda versión del mito del Minotauro, la que opta por la solución marechaleana: la praxis de las alas de Dédalo y no el cuerpo a cuerpo con el Minotauro. No hay posibilidad de “cerrar la grieta”, sencillamente porque la descripción de lo que sucede en término de “<em>grieta</em>” es una construcción ideológica muy concreta que nos lleva de cabeza al laberinto. (Entre nosotros, su creador tiene nombre y apellido: el de un buen “titulero periodístico”, siempre al rentable servicio de un Tirano Coronado, al que en este caso sirve como antes lo hizo con varios otros). Se trata de un hombre de “<em>sucesivas lealtades</em>”, pero elevar un titular periodístico a categoría de <em>concepto</em> es un error garrafal que estamos pagando muy caro. En términos jauretcheanos quedamos entrampados en una flamante “zoncera criolla”, o si se prefiere seguir con los filósofos, adosemos a la cita que Presman hace de Bergson, una de Kant. En el único chiste que éste se permite en su muy seria <em>Crítica de la Razón Pura</em> – y advirtiéndonos en que terminan las discusiones entre dogmáticos y escépticos- nos dice: “unos ordeñan el macho y otros ponen el jarro”. Poco y nada es lo que se logra, claro. De lo que se trata entonces no es de ensanchar o cerrar una “grieta”, sino de cambiar<em> de escena</em>, de pasarle por arriba. De hacer <em>otra cosa.</em> &nbsp;</p>



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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/08/laberintos-1024x896.jpg" alt="" class="wp-image-8298" width="768" height="672" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/08/laberintos-1024x896.jpg 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/08/laberintos-300x263.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/08/laberintos-768x672.jpg 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/08/laberintos-167x146.jpg 167w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/08/laberintos-50x44.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/08/laberintos-86x75.jpg 86w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/08/laberintos.jpg 1200w" sizes="(max-width:767px) 480px, (max-width:768px) 100vw, 768px" /></figure></div>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>De la grieta y el laberinto, al aire puro.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si los laberintos son “construcciones”, <em>admiten entonces ser deconstruidos.</em> Un laberinto no es un lugar para vivir ni para <em>habitar, </em>en el sentido pleno (y humano) de este término. Tampoco es una <em>calle</em> para transitar, porque no lleva a ninguna parte. Más bien es un lugar para desorientarse y hasta para enloquecer (no pocas veces la locura ha sido simbolizada con la figura de un laberinto). Y si algo o alguien está esperándonos dentro de un laberinto, no resultará grato encontrarnos con él. Si bien desde el siglo XVI en adelante se construyeron laberintos de setos (u otras formas de jardinería) como lugares de juegos, decoración o propicios para encuentros amorosos y fugaces, no es a este tipo de laberintos a los que nos referimos aquí. Hablamos aquí de los laberintos <em>univiarios </em>(aquellos en los cuales la entrada y la salida coinciden y no existe más que un camino interno para volver a ella). Estos inevitablemente nos hacen entrar en <em>crisis. </em>Y no es cierto el repetido eslogan que “<em>toda crisis es una oportunidad</em>”. No necesariamente es así: una crisis sólo es una oportunidad si somos capaces de ese “acto” deliberado -del cual hablábamos antes- el cual <em>combina una gran imaginación intelectual con una fuerte y sostenida decisión política</em>. Ambas se realimentan mutuamente. Cuando esto ocurre, podremos entonces sí decir que hemos logrado transformar un laberinto univiario en <em>multiviario</em>(es decir que aparecen vías o maneras alternativas para encontrar la salida). Quizás el arte de una gran Política (es decir aquella que todavía no ha devenido en mera <em>administración</em> de lo dado) consista esencialmente en eso: en encontrar nuevos caminos allí donde parece que no hubiera otros por fuera de los ya establecidos como tales (por el sistema de poder imperante, claro). Encontrar ese camino (nuevo o diferente) requiere un acto esencialmente <em>irreverente</em> con ese poder y –al mismo tiempo- ingenioso, como para no fracasar en el intento y pagar las consecuencias del caso. Es decir, imaginar la solución de <em>Dédalo, </em>quien se fabricó alas de cera para salir volando – junto a su hijo- del laberinto (acto irreverente y antinatural por excelencia, como se apreciará). Claro que éste contaba con una ventaja que nosotros no tenemos: Dédalo era el arquitecto que había construido el laberinto y sabía por ende que allí no estaba la solución del problema, que los laberintos están hechos para perderse; sabía también que no podría contar con el perdón del tirano Minos para el cual trabajaba y cuyo favor había perdido. Y descartó entonces de plano poder conversar con el Minotauro o intentar negociar con él, porque comprendió que los Minotauros no entienden de esas menudencias y <em>que no hay Minotauros comprensivos, a no ser como parte de una estrategia para devorarnos mejor</em>. Repárese en otras características a tener en cuenta. En primer lugar, que el <em>acto liberador no es en solitario, sino con y para otro</em> (Dédalo con su hijo; Teseo con Ariadna). En segundo lugar, que se trata en ambos casos de un cierto <em>acto de amor. </em>Y tercero, que es posible porque un tipo muy especial de conocimiento (el técnico, la <em>tekné)</em> puesto al servicio de la vida, es <em>póiesis </em>(poesía) y capaz entonces de crear aquello que naturalmente no hay y se necesita (alas para Dédalo y un hilo o corona de luz mágica para Teseo) liberando así al hombre de su escasez originaria. De manera que la ciencia y la técnica no son originalmente dañinas sino benefactores (de los hombres y de los pueblos que las conocen y desarrollan, <em>según su medida y necesidades</em>). Y que el hombre (con su pulgar opuesto y su posición erecta) es esencialmente un “<em>tecnita</em>” y un caminante que construye su propio camino hacia la libertad y hacia una vida que merezca ser vivida. En este sentido, el antitecnologismo barato es tan peligro como su reverso: la fascinación tecnológica. Ambos obstaculizan la gestación de ese pensamiento complejo que se necesita para salir de la crisis. En fin, que se trata de la Vida en una Naturaleza de la que pueda servirse sin sofocarla y que no se alimenta –como el Minotauro- con la de otros pueblos, mandando cada año a pagarle al tirano una deuda que no tenía: “siete hombres jóvenes y siete doncellas”, para alimentar al monstruo. <em>Hambre eterno imposible de saciar sino con una cuota más alta de sangre cada año</em>. Cortar esa dependencia era la clave secreta del asunto porque allí también “si razona el caballo se acaba la equitación”. Sólo que se trata de una <em>Razón</em> reconciliada con el <em>Logos </em>(<em>palabra, sentido</em>) y no mera <em>Ratio</em> (<em>cuentas y cálculo</em>) y que aspirará a construir un orden (<em>cosmos</em>) muy diferente del vigente (<em>caos)</em>. Caso contrario la “<em>nueva normalidad</em>” (NN) -cuya vuelta algunos extrañan- nos estará esperando en la puerta de casa, con un vestido suficientemente largo como para que no se advierta que la mitad de abajo no es humana y que tiene pezuñas muy parecidas a las del Minotauro. Y entonces todo volverá a empezar –como si nada hubiese pasado- hasta que transcurrido el año debamos volver a tributar (al mercader de Venecia, o al Minotauro de turno) la correspondiente libra de carne humana. Con lo cual la burla y la decepción parecerán no tener fin. Por el contrario, guardamos la esperanza –como salida real de este laberinto pandémico que amenaza hoy la casa común Tierra (la <em>Pacha</em>, el <em>oikos</em>)-algo muy diferente de aquello que nos llevó al laberinto. Como dramáticamente profetizara ese gran “anunciador del fuego” llamado Walter Benjamin: el Infierno no es algo que va a venir, sino esto en lo cual ya estamos: “<em>El Infierno –</em>decía<em>&#8211; es que todo siga así”.</em> Las condiciones estructurales ya están dadas: las bodas reales del capitalismo financiero globalizado con el neoliberalismo político se han consumado y del gran banquete sólo quedan migajas y para unos pocos. Llegó la hora de construir otra cosa. ¿Nos atreveremos, o seguiremos entrampados en discutir “la grieta”? &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



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</div></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 27 de agosto de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Filósofo y ensayista, preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales (ASOFIL) y es miembro fundador de la Filosofía de la Liberación iniciada en 1971.</p>
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		<title>La barbarie &#8211; Por Ricardo Rouvier</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Sep 2022 14:52:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Rouvier]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[crisis política]]></category>
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		<category><![CDATA[Odio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El intento de homicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández es el emergente más profundo de la crisis de la política, hija de un destino de diferenciación y exclusión que reproduce la contradicción Civilización o Barbarie.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El intento de homicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández es el emergente más profundo de la crisis de la política, hija de un destino de diferenciación y exclusión que reproduce la contradicción Civilización o Barbarie.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Ricardo Rouvier*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:42px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El intento de homicidio contra CFK es el emergente más profundo de la crisis de la política. La crisis pone a la racionalidad en cuestión en la mesa de la lucha de jugadores que hoy aspiran a todo y que sin embargo tienen muy poco como tamaño de poder. Entre los argumentos y las explicaciones que inundan los patios políticos, sobresalen algunos que intentan ser metahistóricos. Acaso, no son <em>El Matadero</em>, <em>Facundo</em>, el mismo <em>Martín Fierro</em>, según Borges &#8211; aunque el par “blanco” vs. “negro” fue absorbido por la historia, y quedó “el cabecita” como la expresión social y antropológica de lo popular. Es decir, nuestro país es hijo de un destino de diferenciación y&nbsp; exclusión. La carrera política nacional la construyó destruyendo peldaño por peldaño.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La más mencionada por estos días es el odio, que es un sentimiento negativo sobre el otro, como el de un mazorquero ante un porteño o viceversa. El odio es la negación del otro, en que el único elemento activo es la exclusión, que puede surgir por envidia o por una diferencia insoportable entre uno y otro. Esta diferencia se convierte en una virtud inalcanzable para aquel que ha suplantado ese sentimiento negativo por la atracción que ejerce alguna parcialidad &nbsp;deseable de su adversario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El odio tuvo, siempre, una práctica más cultural que política; pero esto no impidió que la política rápidamente ingresara en la disputa una vez que había abordado el marco normativo axiológico. La política está ahí muy cerca de lo cultural y en este caso no pudo evitarse avanzar sobre la verdad, la lucha política coyuntural, etc.,&nbsp; etc. Por supuesto&nbsp; que la gravedad del hecho iba a empeorar las cosas, cosa que ocurrió mientras amanecía una idea insólita para la estatura de la política; reunir a los jefes de la oposición a conversar. &nbsp;Mientras la oposición cuenta aún con la cercanía de la victoria electoral y mientras el peronismo tratará de achicar los daños del derrumbe de las PASO 2019 para que el poder sobreviva sobre lo cotidiano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por eso, en la categoría residual del descartado se encuentran aquellos que por sus atributos distintivos se colocan fuera del espacio denominado normal como clasista. Hoy, los frecuentes problemas en torno a la inmigración en Europa muestran la fortaleza de la tradición antisemita en las clases medias altas y altas de la UE. El populismo puede ser englobado como “barbarie” (nombre asignado alguna vez al socialismo). Y también estamos incluyendo la cabeza salvada de CFK, ya que ella es integrada a dicho conjunto como parte de este conglomerado irracional que viene desde fin de la segunda guerra mundial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esto, sin duda, reproduce la contradicción <em>Civilización o Barbarie</em> como una identificación de la quiebra del siglo XIX que aún mantiene hendiduras vivas. No es interés de esta nota ahondar en la causa, hoy expediente, del homicidio en grado de tentativa sobre la humanidad de la vicepresidenta. Como ocurren con otras causas de alto interés público, es probable que en este caso no se llegue tampoco al esclarecimiento del hecho, y además que todo sea horadado por el tiempo. Sin embargo, es previsible su protagonismo durante las campañas electorales que serán fragorosas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hay factores de incidencia que rodean el hecho que afectan seriamente la visibilidad de los acontecimientos. Todavía no están clarificadas las fuentes del financiamiento del grupúsculo que habría cometido el hecho, y es curioso observar la falta de adiestramiento con que manipulaban los instrumentos para llevar a cabo su operación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En interesante observar que la suma de elementos de prueba, como las diferencias de perfil de los participantes hasta su desapego por los instrumentos reunidos por la investigación, determina que a la fecha no podamos sostener el atentado como un hecho organizado y estructurado. ¿Es una organización terrorista?, ¿es una conspiración? No lo sabemos y dudo que lo sepamos desde un Estado que puede muy poco. Por otra parte los continuos tropiezos de los autores materiales nos hace pensar en caracterizarlo vecino de una estudiantina, pero por encima de una mera aventura en Recoleta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es notable observar que los principales medios de comunicación, que son los primeros en adoptar posición política y defender su “verdad”, tiene el escenario contextual sobre la responsabilidad ya armado. Unos son los odiadores y otros los odiados. Al punto que hace unos días, por ejemplo, desde el canal C5N se manifiestó la existencia de “servicios” en el hecho. Es decir, la presencia del Estado. Justamente, fueron los medios cercanos al kirchnerismo donde se edificó la idea de conspiración, abonando el perfil de una CFK víctima de la oposición, los fiscales y los medios de información dominantes. Con tales adversarios es muy extraño que una República funcione, y si no hay tales&nbsp; adversarios es difícil el funcionamiento democrático con tal fantasmática interviniendo en el medio entre los adversarios/enemigos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Aunque no somos sabedores del expediente, decimos que los elementos colectados por la autoridad del Estado y, sobre todo, los no colectados y esparcidos por ahí, no logran&nbsp; completar un escenario ordenado y articulado en la decisión criminal. Es decir, que por ahora las dudas y las omisiones y torpezas logran construir huecos del relato que no permiten elevar un conjunto de hipótesis sólidas. Si bien CFK no se fortaleció moviéndose en el sendero de la victimización, no hay duda que en ese espacio ella se siente más protegida. La escena, casi desopilante, fue el paseo inicial de la vicepresidenta en la puerta de su casa sosteniendo su libro, paseo que se prolongó hasta el descubrimiento del arma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un hecho político, no menor, a señalar. Es que la vigilancia más cercana y más activa fue la militante, que predominó físicamente sobre la custodia oficial de los agentes del ministro Aníbal Fernández. Esta decisión política tiene sus antecedentes en gobierno civiles y militares y la relación entre estructuras sensibles para el ejercicio del monopolio de la fuerza. También tiene como antecedente lo que en los setenta se conoció como “el predominio de la “orga” sobre el Estado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La gravedad del hecho hizo que se moviera la aguja de las posibilidades de un diálogo entre adversarios. No resulta muy creíble, pero si fuera así sería mejor que mantener esta dinámica del <em>“yo acuso”</em> a esa masa ominosa que se mueve en forma empática con su líder.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 22 de septiembre de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Licenciado en Sociología. Profesor Universitario. Titular de R. Rouvier &amp; Asociados.</p>
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