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	<title>Claudio Zeiger archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Claudio Zeiger archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>CARPE DIEM &#8211; Por Claudio Zeiger</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2020 20:49:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Zeiger]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[cuarentena]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>
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		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudio Zeiger sostiene en este artículo que ante la realidad de la pandemia, la escritura puede reflejar un tiempo de auto-observación austera lo más sincera posible, un paso a paso del presente, un humilde carpe diem, que quizás sea lo mejor que podemos hacer, lo mejor que podemos dar.  </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/carpe-diem-por-claudio-zeiger/">CARPE DIEM &#8211; Por Claudio Zeiger</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Claudio Zeiger sostiene en este artículo que ante la realidad de la pandemia, la escritura puede reflejar un tiempo de auto-observación austera lo más sincera posible, un paso a paso del presente, un humilde carpe diem, que quizás sea lo mejor que podemos hacer, lo mejor que podemos dar.  </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Zeiger*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Otra pandemia, la del vih-sida, cuya fecha de origen se remonta a 1981, generó una multiplicidad de escrituras, retomando en muchos casos las líneas reflexivas que habían sido trazadas por Susan Sontag en <em>La enfermedad y sus metáforas</em> de 1977. Ella misma le anexaría a ese texto que analizaba los estigmas del cáncer, <em>El sida y sus metáforas</em>, en 1988.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los grandes ejes de los 80 eran el uso de símbolos y metáforas bélicas para escenificar la lucha contra el virus, y las advertencias de cuño foucaultiano acerca de la “medicalización” de la vida de los pacientes, el uso de los dispositivos del sida como una forma de control social de los cuerpos. Entre nosotros, un texto temprano de Néstor Perlongher, <em>El fantasma del sida</em> (1988), es un buen ejemplo de esas líneas de pensamiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con el correr de los años prevalecerían otros tonos, otros registros: testimonios, autoficciones y crónicas como las de Harold Brodkey (<em>Esa salvaje oscuridad</em>), Hervé Guibert (<em>Al amigo que no me salvó la vida</em>, entre varios otros) o Cyril Collard (<em>Las noches salvajes</em>). En América Latina habrá menos literatura específica –ficción y no ficción-, y comenzaría a producirse desde mediados de los años 90 (en Argentina, en línea testimonial y vivencial siempre hay que resaltar los trabajos pioneros de Sergio Nuñez, Marta Dillon y Pablo Pérez).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora bien: la pandemia actual del coronavirus no tiene ni los tiempos arrítmicos del sida -un lento desarrollo larval, lleno de señales y presagios, y una curva vertiginosa que en los malos tiempos se debatía entre la administración del AZT y la muerte por infecciones que se abatían sobre un sistema de defensas devastado- ni los rasgos más evidentes de estigmatización hacia los “grupos de riesgo”, más allá de los (por el momento) demasiado especulativos y algo forzados intentos por asimilar la emergencia sanitaria global, las formas de aislamiento social, a un estado excepcional que va a terminar en un exterminio de los cuerpos descartables y en sojuzgar las libertades individuales. Hay que recordar que, en los primeros tiempos del sida en plena era neoconservadora, se hablaba seriamente de un castigo divino que había caído del cielo sobre homosexuales y drogadictos, o, en el mejor de los casos, un castigo de la naturaleza frente a las promiscuidades y veleidades del amor libre de cuño libertario. Cabe recordar que Ronald Reagan tardó más de un año en <em>reconocer</em> la crisis. Al lado, cualquier atisbo de estigmatizar a los chinos o a los adultos mayores, suena a broma insustancial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En todo caso, y en comparación con las escrituras del sida, se trata ahora de intentos tan válidos como apresurados en medio de una situación que, paradójicamente, alienta la vena especulativa de todos nosotros, inmersos en una acelerada y dinámica película mundial de resultados todavía imprevisibles. ¿La paradoja? Demasiada especulación en caliente, demasiada especulación en situación de encierro, cuando el aislamiento debería ser óptimo (¡un cuarto propio!) para reflexionar, meditar y escribir en frío. La aceleración es obviamente resultado de la proliferación de medios y una conectividad que en los años del sida estaba muy atemperada, a pesar de que ya existía una fuerte globalización.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este mismo momento se están produciendo en todo el mundo numerosas formas de intervenciones escriturarias urgentes, seguramente muchas de ellas conformarán un corpus futuro y muchas otras quedarán desechadas por el camino, aunque sobrevivan en el mundo digital. Ahora bien, en tren de especular lo que va a ser el futuro de la escritura en relación a nosotros mismos como sujetos de encierro, aislamiento y productividad en esta breve cárcel que nos tocó en suerte, tendrá bastante que ver el cómo se viva el tan mentado día después, que seguramente no será un solo día ni tan después. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Creo que no vamos a responder de una forma totalmente original o novedosa, y creo además que quienes intenten una producción más o menos express pero de largo aliento, van a sucumbir a la trivialización de los aspectos vinculares, afectivos, subjetivos, del tándem pandemia/aislamiento. Por ahora, voy creyendo esto. No conviene sumar profecías en medio del clima híper profético que vivimos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un primer pulso en plena cuarentena lo vamos teniendo en las redes, que no son otra cosa que el reflejo de nosotros mismos entrelazados con las reacciones globales más o menos parecidas. Una enorme producción, no carente de narrativas y humores de todos los colores posibles, una indagación sobre los alcances y límites de una catarsis colectiva: parece una competencia, por momentos desafiante y cruel, a ver cuánto nos animamos a auscultar, invadir y formatear los estados de inquietud del otro, de los otros. Desde la pionera manía enumerativa de “textos de pandemia” con <em>La peste</em> de Camus a la cabeza, a mostrar los arreglos florales, comidas y manualidades hogareñas, como si detrás de esa exhibición de habilidades se pudiera amurallar la angustia, la ansiedad, la necesidad de soledad dentro de los confines familiares y otros temas más o menos escatológicos, más o menos relevantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lejos estoy de condenar cualquier expresión abierta, comunitaria y catártica de cualquier persona constituida por estos días en escritor, salvo aquellas expresiones tendientes a caotizar el estado de fragilidad psico social que vivimos, generando esquizomensajes, falsedades y violencia simbólica derramada venenosamente, sin filtro. Pero quienes ejercemos las formas de escrituras más reconocibles y que asumen cierta responsabilidad no digamos pública (no seamos pomposos ni soberbios) pero sí con alguna capacidad de influencia sobre el ánimo reflexivo y creativo de algunos lectores, tenemos que aprovechar este encierro para que no sea un desierto vacío de formas y materia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Creo que es más el tiempo de los apuntes sueltos, las meditaciones breves y en forma de anotaciones, los fragmentos, los borradores, las conjeturas y la precariedad, que creer que cada quien tiene en sus manos LA receta interpretativa para los tiempos que vienen, LA trama, LA historia, la visión exacta de cuándo y en qué se reconvertirá el capitalismo mundial. No se trata de ahogarse en un mar de dudas, pero lo mejor será eludir las respuestas tajantes y apresuradas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya tendremos tiempo de hacer la Gran Novela Pandémica. O nunca llegará. Hoy, no agrega nada al desierto de lo real. Un cuidadoso seguimiento de sí, una autoobservación austera, lo más sincera posible, un paso a paso del presente, un humilde <em>carpe diem</em>, quizás sea lo mejor que podemos hacer, lo mejor que podemos dar.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 29 de abril de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario <em>Página/12</em>.</span></p>
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		<title>Presente y angustia &#8211; Por Claudio Zeiger</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 May 2020 18:16:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Zeiger]]></category>
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		<category><![CDATA[Silvia Mercado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudio Zeiguer sostiene en esta nota que a raíz de una palabra fetiche y mal utilizada por una periodista en una conferencia de prensa de trascendencia colectiva, se coló una duda formidable: ¿no se estará gestando una nueva especie de contracultura anticientífica, anti psicoanalítica, altamente irracionalista, de consumo masivo y urgente?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Claudio Zeiguer sostiene en esta nota que a raíz de una palabra fetiche y mal utilizada por una periodista en una conferencia de prensa de trascendencia colectiva, se coló una duda formidable: ¿se estará gestando una nueva especie de contracultura anticientífica, anti psicoanalítica, altamente irracionalista, de consumo masivo y urgente?</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Zeiger*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Años de vulgata de autoayuda, de corrientes terapéuticas “alternativas” y anti historicistas, de consultorios sentimentales disfrazados de new age, le hicieron olvidar a muchas personas la existencia del pasado como una dimensión de sus propias vidas. Y no sólo en el sentido de linajes, genealogías, pasado familiar o memoria colectiva: les hicieron olvidar a muchas personas que la memoria del yo es además la memoria de la especie, que la historia personal puede contener residuos de la prehistoria del hombre. Hasta vulgarizaron las ideas filosóficas y religiosas acerca de la persistencia de la carne y del alma, reduciéndolas a absurdas indagaciones para remontarse a supuestas vidas pasadas. Todo ese movimiento falaz, de mercadeo e ilusionismo se condensa en algunas frases de una supuesta “filosofía de vida” que impacta en el centro emocional de las personas: una amiga aconseja a otra, un hombre consuela a su hijo, una madre a su hija, o entre compañeros de trabajo se intercambian frases como “tenés que dar vuelta la hoja”, “lo pasado pisado”, “tenés que vivir el presente”. “Yo no soy de esas personas que andan revolviendo el pasado”. “Hay que mirar para adelante”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este horizonte de saberes y clichés tan eclécticos como dispersos, hicieron furor en los años 90, depositarios de una crisis de grandes paradigmas filosóficos, el retroceso del psicoanálisis y, en gran medida, como reacción a los fracasos iniciales de la medicina frente a la pandemia del sida. Por eso, calaron tan hondo en dos aspectos cruciales y ambiguos de la vida humana: la salud y el amor, los vínculos y los afectos. Se trataban síntomas del cuerpo y desengaños amorosos a un mismo nivel de fraseo e impulso: nunca dar vuelta la cabeza hacia atrás. No indagar, no investigar en el pasado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy, cuando por fuerza de las circunstancias el presente parece ocupar toda la dimensión temporal disponible, esa noción del pasado y de la memoria histórica como fuentes de saber, perspectiva y hasta de consuelo, está tan amenazada como en esa década de abruptos cortes de paradigma. Mientras a ciertas alturas intelectuales se debate acerca del ciber control, la nueva normalidad o las máscaras que adoptará la globalización capitalista del futuro inmediato, en la Argentina, a raíz de una palabra fetiche y mal utilizada por una periodista en una conferencia de prensa de enorme trascendencia colectiva, se coló una duda formidable: ¿no se estará gestando en distintos lugares del mundo, rápida, vertiginosamente, una nueva especie de contracultura anticientífica, anti psicoanalítica, altamente irracionalista, de consumo masivo y urgente?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La palabra es “angustia”. Ya la sacamos. ¿Y ahora?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La periodista, al parecer, habló de una angustia más neurótica que real. Como quien hubiera confundido o mezclado, mejor dicho, un trauma del yo con origen en la infancia, con un trauma contraído en la guerra. Parece que se refería a la sensación de encierro y falta de libertad que supone salir a pasear normalmente por un parque o un shopping, y no a la angustia de haber sido arrojados a este mundo en el que nacemos para morir. No lo digo con ironía ni desde un saber técnico, pero sí desde las posibilidades reflexivas que se le abren a un lector vocacional y permanente de Freud. De hecho, es la misma confusión de tantas personas desde los años 90. O quizás no supo expresar cabalmente que detrás del miedo a no poder consumir desenfrenadamente (o deambular desenfrenadamente) anida ese mismo miedo profundo a la vida que precede a la muerte. Comienza como <em>inquietud</em> pero pronto se desboca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Escribo estas líneas el 25 de mayo, y me vino a la cabeza otra estelar irrupción del término angustia, con ocasión de la visita del rey de España, cuando el entonces presidente Mauricio Macri, mencionó la angustia que debieron haber sentido los patriotas al decidir separarse de España. Se refería a la independencia de 1816, yo la traje al presente un 25 de mayo: ¡vaya si sería política esa angustia! Como se ve, ya la angustia está marcando una línea de continuidad entre hechos históricos de la Argentina y su relación con el resto del mundo y la globalización.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La angustia, para muchos lectores argentinos, es un “estado afectivo” que tuvo y tiene una cabal representación literaria en los textos de Roberto Arlt y, en particular, en algunos de sus personajes que sintieron la dentellada de una angustia redundante, una angustia existencial, con Remo Erdosain a la cabeza. Era, sin dudas, una angustia de resonancias totales, aunque sucediera en los bajos fondos sociales, en los márgenes y pliegues más oscuros de la pequeña burguesía. “Tiempos han cambiado”, escribió Fogwill en “Memoria de paso”: ¿la angustia es siempre la misma?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El pasado que hoy realmente tenemos tan obturado, no nos permite reflexionar con claridad y perspectiva en estos días. Es probable que más adelante podamos volver a conectar pasado y presente, recuperar esa prehistoria y esa historia de una humanidad que está en una verdadera encrucijada histórico- temporal: si mira al futuro sin reparar en el presente, corre el riesgo de arrasarse a sí misma; si se abisma en el pasado, desatiende las urgencias del día a día; pero si no trata de avanzar con una urgente ampliación del campo de tiempo hacia las dimensiones que le recuerdan al hombre que tener historia es tener humanidad, ¿será el momento de resignarse a la avanzada de los nuevos profetas del aquí y ahora, los mesiánicos que no creen en el virus o al menos en el contagio de los elegidos, a las gotitas mágicas contra todas las formas subjetivas y colectivas de la angustia? Bueno, entonces, vaya si sentiremos angustia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 26 de mayo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario <em>Página/12</em>.       </span></p>
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		<title>Periodismo esquina literatura &#8211; Por Claudio Zeiger</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/periodismo-esquina-literatura-por-claudio-zeiger/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jun 2020 18:57:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Zeiger]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo y literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudio Zeiguer reflexiona en esta nota sobre la relación entre el periodismo y la literatura, géneros que querellas históricas han presentado como antagónicos, y atravesados por recelos hacia el mercado editorial, hacia el escritor que vende y hacia el periodista que escribe.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/periodismo-esquina-literatura-por-claudio-zeiger/">Periodismo esquina literatura &#8211; Por Claudio Zeiger</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Claudio Zeiger reflexiona en esta nota sobre la relación entre el periodismo y la literatura, géneros que querellas históricas han presentado como antagónicos, y atravesados por recelos hacia el mercado editorial, hacia el escritor que vende y hacia el periodista que escribe. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Zeiger*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde mediados de los 80 y durante los años 90, la literatura argentina se intersectó con el periodismo de unas formas que, sin ser del todo originales, ya no respondían a los modelos de épocas anteriores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El periodo correspondiente a las primeras décadas del siglo veinte dejó como emergente más nítido y brillante a Roberto Arlt. Los años 60 plantearon un momento de fulgurante modernización con la revista <em>Primera Plana </em>a la cabeza. Si tengo que elegir un ejemplo individual de esos años (los 60, y entrados los 70), me quedo con Enrique Raab como un todo terreno en el periodismo cultural. Los 80, los 90, ya fueron otra emergencia, marcada a fuego por los años previos de censura, listas negras, represión y autocensura. Apareció un nuevo jugador antes silenciado y cada vez más fuerte: el mercado editorial, en el contexto mayor del mercado de producciones culturales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde el ámbito universitario –un territorio donde se gestaban poéticas, escrituras y del que también surgían escritores de carne y hueso-, específicamente desde las carreras de Letras, no sólo la de la Universidad de Buenos Aires, se tendía a desconfiar de ese cruce entre periodismo y literatura que muchas veces ensalzaban como productivo y “de izquierda” cuando estudiaban su funcionamiento en el pasado. Había una idea generalizada, en parte legítima pero muy enraizada en prejuicios elitistas, de que se estaba produciendo una alianza de mercado entre medios culturales y secciones literarias, las editoriales y los escritores. Fue en ese momento que quedamos atrapados en el sambenito de que toda literatura que vendía era mala por definición, lo que también legitimaba su reverso: toda escritura poco visibilizada, todo autor secreto, era bueno, y más que bueno, la verdad de la literatura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El devenir del siglo 21 vino a deshacer estos nudos, aunque en verdad nunca se volvió a rearmar un nuevo relato acerca de las relaciones entre periodismo y literatura. Los últimos años demostraron que quienes escribían sobre libros y literatura desde los medios, habían pasado -muchos de ellos y ellas- por las aulas universitarias de letras, de comunicación, filosofía, historia; que aquellas viejas glorias inofensivas, amantes de las bellas letras, el diletante amateur y <em>culto</em>, sencillamente ya no existían o estaban en vías de extinción; que a pesar del esfuerzo de editores y escritores, de varios emprendimientos notables como Biblioteca del Sur, las colecciones dirigidas por Ricardo Piglia y la tracción de autores como Juan José Saer o César Aira, la trama de vínculos entre lectores y autores nacionales (salvo la breve primavera democrática que algo de eso hizo resurgir), estaba rota. Y estuvo rota mucho tiempo, y hasta podría decirse que hoy sigue siendo bastante frágil. Así que las redacciones, los suplementos, las secciones de reseñas, algunos programas de televisión dedicados al libro, los espacios radiales, quedaron llenos de críticos literarios y despoblados de lectores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este páramo empezó a recomponerse por distintas causas sobre las que podría discutirse largamente, pero es evidente a esta altura del nuevo siglo, que el libro pasó la prueba del ácido frente a todos los desafíos comunicacionales del mundo digital y las nuevas tecnologías.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los libros siguen siendo portadores de potencia, de prestigio, de ideas, de ficciones, y eso permite pensar que si bien es casi imposible un retorno al paraíso de los años 60, lo que viene no es tan malo, y que no es cierto –nunca lo fue del todo en la cultura argentina- eso de que “nadie lee”. Pero sí es cierto que todavía queda mucho por hacer para recomponer los lazos entre la literatura argentina y los lectores argentinos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y ahora sí, volvemos a las relaciones entre periodismo y literatura. Si se dejan los prejuicios de lado, esos que señalan que los medios culturales son apenas sucursales de las editoriales encargadas de difundir las novedades y posicionar a determinados libros y autores, si se atiende a que desde 2001 las editoriales (las grandes, medianas y pequeñas) fueron arrasadas más de una vez y que sólo algunas políticas públicas las han sostenido, si el libro y las librerías, como sucede ahora, son productos y reductos que deben ser apoyados no por ser cachorritos indefensos o especies en extinción sino porque siempre encierran un potencial intelectual y formativo excepcionales, bueno, es hora de señalar entonces que el periodismo cultural tiene un excelente nivel y le suele redituar a los medios ventas extras, inclusive ¡en papel! Sin caer en una visión idílica o ingenua, actualmente cumple un rol altamente positivo hacia la literatura, aceptando incluso que más de un escritor juegue su papel de despreciar a la crítica literaria (que nunca está a la altura) y a los periodistas (esas bestias analfabetas). Ojalá el periodismo político de la actualidad tuviera los mínimos estándares de formación y escritura que el periodismo cultural, de cine, arte y literatura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo demás –el bajarle el precio a un escritor porque tiene estilo “periodístico”; los vestigios románticos que “venden” figuras de escritores raros, góticos, encerrados en castillos o lejanías suburbanas; los mitos y los chismes de viejas glorias como Borges, Sabato, Silvina o Manucho-pertenece a un pasado que nos fascina pero que es tan irrecuperable como irrepetible. Los escritores argentinos hoy en actividad, aunque de diferentes generaciones, pasamos ya tanta intemperie que no vale la pena siquiera reflotar esas divisiones que antes del nuevo siglo todavía tenían un poco de condimento y generaban comidillas picantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No está mal que haya conflictos, tensiones y pujas creativas, desde ya. Pero que pase por lo que cada uno pone por escrito y no por discutir posiciones, sellos editoriales o visibilidad en los medios. O sea, los eternos tironeos por el capital simbólico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todos podemos escribir, siempre.         </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de junio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario <em>Página/12</em>.       </span></p>
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		<title>Días de odio &#8211; Por Claudio Zeiger</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Jul 2020 19:56:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Zeiger]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudio Zeiger analiza en este artículo cómo sectores de la oposición al gobierno nacional transformaron el brutal asesinato de Fabián Gutiérrez en una insensible y mecánica respuesta, una representación del odio tan funcional que, por una vez, no lo pudieron transmitir ni inocular con eficacia.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/dias-de-odio-por-claudio-zeiger/">Días de odio &#8211; Por Claudio Zeiger</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Claudio Zeiger analiza en este artículo cómo sectores de la oposición al gobierno nacional transformaron el brutal asesinato de Fabián Gutiérrez en una insensible y mecánica respuesta, una representación del odio tan funcional que, por una vez, no lo pudieron transmitir ni inocular con eficacia.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Zeiger*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cuántos días hace ya que hablamos del odio? Son <em>Días de odio</em>, como aquella película de Leopoldo Torre Nilsson basada en el cuento de Borges, “Emma Zunz”. A Emma Zunz la guiaba una noble venganza, y para ello, si hay algo que debe hacer, es contener sus sentimientos hasta poder consumar un desquite basado en lo contrario: un simulacro del amor. Pierde la virginidad con un anónimo marinero para después culpar de violación al hombre que causó la desgracia de su padre, matarlo y alegar defensa propia. Emma Zunz, sin embargo, no se regodeó en la venganza, no tiró tiros de más ni hizo torturar a su víctima por descontrolados sicarios. El amor, el odio y la venganza se entreveran en esa trama oscura y espesa como en sordina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cuántos días hace que hablamos del odio? Antes hablábamos de la grieta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el verano se produjo el crimen de Fernando Báez a manos de un grupo de rugbiers en Villa Gesell. Fernando era un pibe morocho del pueblo, hijo de un encargado de edificio, todas cosas que para muchos de nosotros son rasgos positivos, rasgos de amor y ascenso social, pero es bastante posible que, para los rugbiers, que actuaron en manada y con alevosía y se dejaron guiar por un olfato racista y clasista, esos aspectos le jugaron en contra: lo odiaron en esa noche fatídica. Es crudo decirlo así, pero esa noche, en el aire envilecido del verano de la costa, se encarnó la frasecita endémica de un sector de la sociedad, esa que <em>no</em> suele pasar del dicho al hecho, pero repite desaforadamente: <em>“A los negros hay que matarlos a todos”</em>. Un grupo de muchachones, esta vez, pasó del dicho al hecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay que recordar la conmoción que se produjo en el verano por el caso de los rugbiers. Un verdadero estado de shock: la sociedad estaba conmovida Por la bestialidad de las imágenes, por la compasión hacia Fernando, por el dolor de los padres. Y porque muchos entendieron de pronto lo que significa <em>de verdad </em>eso que flota una y otra vez en todo el mundo globalizado: el odio, el racismo, el clasismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es cierto que los sucesos mundiales y nacionales que arrancaron a mediados de marzo a causa de la pandemia de coronavirus, arrasaron la atención de la opinión pública y dejaron en suspenso la continuidad mediática del caso. Es atroz, parece que ese hecho no hubiera sucedido porque se ha borrado de los medios y su área de influencia. Pero vaya si existió y todavía reclama justicia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Durante los últimos meses fueron evidentes los intentos de un sector de la oposición por colar temas que les permitiera agitar las aguas del debate público e, inclusive, ganar las calles sabiendo que el oficialismo está maniatado de pies y manos por su política sanitaria para convocar un apoyo político activo y masivo. Las calles de la ciudad, eventualmente de alguna otra ciudad o pueblo del interior del país, se convirtieron en un escenario carnavalesco de personas que parecen oscilar entre una catarsis de diversión morbosa y una exhibición de conductas patológicas. Es curioso, volviendo a Borges, que se invirtieron los términos de su mirada literaria sobre la fiesta del monstruo y los rituales del pueblo peronista como simulacro: hoy, el Otro del peronismo parece encarnar esa monstruosidad de fiesta callejera, aquelarre de sentimientos confusos y pasiones malsanas, simulacros de libertad con el odio como divisa, que Borges le atribuía a las masas deformes.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://lh3.googleusercontent.com/proxy/v6pLog0TDJZ6HyCQz33BfBQa5coVyy-Grw1q4SMrgvg-7uXd1HCzZ1eiYSXErK9oSuuJymRh-j0PQzCTZMCWs5Hi4Pb764g6ilLwKHyi935-xXR4PvkSN0xJGg" alt="Fabián Gutiérrez: ¿un crimen de odio? - Cosecha Roja" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con el crimen de Fabián Gutiérrez se produjo un nuevo deslizamiento del dicho al hecho, en parte contingente, en parte provocado por un torrente en el que bien cabe recordar que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los días de aislamiento, balcones y marchas, el objeto de odio y estigmatización cambiaba tan vertiginosamente de ropajes que nos balanceamos algo incrédulos entre la risa y la rabia: ¿cómo se puede lidiar con semejante desenfreno de los significantes? ¿Qué hacer frente a una manera tan desquiciada y engolosinada de probar la capacidad de penetración de una maquinaria de sentidos frenéticos? De “los políticos” a los presos, de los presos a los médicos cubanos, de los cubanos a los venezolanos, de Venezuela al comunismo y el campo y la bandera, y el nuevo orden mundial, el virus y la vacuna. Esta sola enumeración mueve a risa y rabia e impotencia a la vez. Pero si nos detenemos un momento a contemplar la escena sin volumen, las caras desencajadas pidiendo un nuevo sentido para seguir moviendo los labios como quien pide maná del cielo, si nos sacamos de encima la capacidad de intimidación que tiene contemplar la locura en la calle, nos daríamos cuenta de que hay algo abstracto en las formas del odio, algo que resbala por encima de los cuerpos y las palabras reales, un vacío de sentido, una forma o estructura que, en algún momento, nos revela que son eso, una forma, una estructura hueca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces se produjo el asesinato de Fabián Gutiérrez con sus muy elocuentes elementos de crimen de odio. La sexualidad de la víctima como gancho para la extorsión, una violencia llamativa, desenfrenada, sobre todo, parece, de parte de quien “puso el cuerpo” haciéndose pasar por un posible amante. Pero el algoritmo de la oposición simplemente les informó que se trata del ex secretario de Cristina/ Calafate/ Santa Cruz/ causa cuadernos/ arrepentido. Los hacedores del simulacro no se detuvieron ni un segundo a reflexionar sobre la brutalidad y los rasgos del asesinato de Fabián Gutiérrez porque no les interesa en absoluto ni la víctima, ni su familia ni todos los crímenes violentos que sacuden a una sociedad cuando además del móvil del dinero o la venganza se cuelan el racismo, la homofobia o la transfobia. Lo congelaron: ex secretario, arrepentido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El odio se volvió algo tan funcional y abstracto para ellos que, por una vez, no lo pudieron transmitir ni inocular con eficacia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Convirtieron el odio en algo rutinario, casi burocrático, a pesar de ciertas desmesuras retóricas como “Gravedad institucional”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fue una comunicación fría y perezosa. Puro teatro, muy sobreactuado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entre la desmesura del crimen y la insensibilidad mecánica de la respuesta, habita el monstruo.     </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 10 de julio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario <em>Página/12</em>.      </span></p>
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		<title>El juguete pandémico &#8211; Por Claudio Zeiger</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Aug 2020 00:48:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Zeiger]]></category>
		<category><![CDATA[Arlt]]></category>
		<category><![CDATA[Globalización]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudio Zeiger nos trae en este artículo a Roberto Arlt y sostiene que si hay un escritor al que nos gustaría interrogar sobre la vida global y cotidiana del aquí y ahora, de este presente de incertidumbre, ese es Arlt, y por varios motivos que Zeiger aborda.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Claudio Zeiger nos trae en este artículo a Roberto Arlt y sostiene que si hay un escritor al que nos gustaría interrogar sobre la vida global y cotidiana del aquí y ahora, de este presente de incertidumbre, ese es Arlt, y por varios motivos que Zeiger aborda.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Zeiger*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Parece tan difícil imaginar la vejez de Arlt como la juventud de Macedonio Fernández. ¿Qué hubiera pasado con Roberto Arlt de no haber muerto a los 42 años? ¿Hacia dónde habría avanzado su escritura?”, se preguntaba Ricardo Piglia. Estos interrogantes sin respuesta, pero tan actuales como pertinentes, nos traen al presente pandémico. Si hay un escritor al que nos gustaría interrogar sobre la vida global y cotidiana de aquí y ahora, someter a la emergencia y a las urgencias de la incertidumbre, auscultarle los pálpitos acerca de lo que nos depara el destino, es él. Es Arlt. ¿Por qué?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por varios motivos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque escribió en los 30 y 40, los años en los que el mundo comenzó un ciclo de crisis terminales que parecía inagotable, con la Gran Depresión, el ascenso del nazismo y el fascismo, la revolución rusa girando vertiginosamente sobre su propia cerrazón aunque generando la sensación de que el comunismo también era un movimiento expansivo, y por supuesto la Segunda Guerra Mundial. De hecho, por estos días se habla de una crisis de la magnitud de aquella del 30, y con la posibilidad de que la devastación del virus no se detenga o adopte el modelo cíclico del eterno retorno, iríamos a un escenario de parálisis mundial, más que la actual. El panorama está abierto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La visión de la sociedad que Arlt volcó en <em>Los siete locos</em> y <em>Los lanzallamas</em> está indudablemente inserta en esos contextos. Entre el apocalipsis y el complot, su visión de la política es la de la construcción de grandes liderazgos mesiánicos, duros, basados en una suerte de “mentira verdadera”. Debe ser un relato hipnótico, de fuerte convicción, para encauzar los ánimos de las masas, que pueden virar de la acción colectiva a la autodestrucción individual. Si bien tipos como el Astrólogo quieren hacer una revolución, o al menos conspirar para ella, no importa tanto el contenido sino La Forma de la revolución. Debe ser violenta, con gases tóxicos, carros blindados y guardias enmascarados, escenas de esa distopía con la que hoy coquetea todo novelista que se precie. Pero, como aclara el mismo Astrólogo aceptando su esencial desorientación, Lenin <em>sí</em> sabía a dónde iba. Él no.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy, Arlt captaría seguramente la diferencia entre los líderes moderados que entendieron al menos que el mundo está en juego y en riesgo cierto, y aquellos que, envueltos en su mesianismo, mareados por algún innegable carisma, parecen estar enfrascados en la fase negadora, imbuidos de omnipotencia, lanzados hacia adelante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El otro Arlt de entonces, el de las Aguafuertes porteñas, presenta un imaginario más tranquilo y territorial, más barrial y urbano, basado en la observación de los estilos y tipologías de la calle, esas calles que conocía de memoria. Es el gran cronista que luego se forjará en España, donde vive recorriendo el país casi un año y en Marruecos (cantera de los futuros cuentos de <em>El criador de gorilas</em>). Cuando vuelve de ese viaje, Arlt se convertirá en otra clase de viajero, en otra clase de observador. Ya no se tratará de la calle pateada desde tan joven (tan juguete rabioso) sino del relativo encierro de la redacción, donde las noticas del cable inspirarán el repentismo, dispararán la historia pensada y ejecutada “en una baldosa”. Y eso también legitima nuestras ganas de interrogar a Arlt como si estuviera vivo ahora, en plena pandemia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde 1937 hasta su muerte en 1942, Arlt escribe para el diario El Mundo notas y crónicas en dos secciones o columnas, “Tiempos presentes” y “Al margen del cable”. ¿De qué habla? De la guerra, de demoliciones de edificios en Buenos Aires; de fabulosos naufragios y ladrones de cadáveres, de noticias del lejano oriente y personajes como Hitler, Al Capone, Nijinsky o Rodolfo Valentino. De una noticia más o menos insólita y lateral arma una historia, expande un núcleo, pero siempre en un marco, en un contexto que es el Mundo, lo que hoy no dudaríamos ni un instante en llamar “la globalización”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Preguntarse hoy como habría reaccionado Arlt –como periodista y escritor- frente a la pandemia, es preguntarse cómo habría reaccionado sucesivamente a la aparición de la televisión, a internet, el mundo en redes, los avances sorprendentes de las tecnologías de la comunicación, la virtualidad, las fake news, la posverdad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Era la suya una mirada abierta a la incesante producción de paradojas, una mirada híper realista, una mirada-taladro. Y, sin embargo, las columnas del periodista que produce una observación aparentemente infinita anclado en una redacción (en una situación de encierro asimilable a la del actual teletrabajo) también va revelando cierta ajenidad, la creciente sensación de un desborde de ese mundo que (de tan global, de tan real), parece encaminarse a una gran Ficción en la que nada sucede de manera concreta, mundo tan conectado que termina en el peor de los aislamientos donde nadie se conecta de verdad.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Obviamente, Arlt no hubiera sido partidario de negacionistas, conspiranoicos y alucinados del Nuevo Orden mundial. En lo específico, su capacidad de analizar lo que está sucediendo en Europa por esos años es notable. Su mirada es eminentemente política. Quizás, como nos sucede a muchos, habría empezado a abrumarse con curvas, estadísticas, cifras comparativas. Quizás habría tratado de romper el encierro de la redacción a la que llega el cable para auscultar con barbijo la realidad de los hospitales. Esto ya es especulación pura. Y, sin embargo, cómo nos interesa saber cuál habría sido el futuro de ese joven Roberto Arlt al que –con Piglia- no podemos imaginar de viejo. Pero sí actual. Nuestro contemporáneo. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 2 de agosto de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario <em>Página/12</em>.       </span></p>
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		<title>El cuento de la oficina &#8211; Por Claudio Zeiger</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Sep 2020 03:36:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Zeiger]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Oficina]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Arlt]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Mariani]]></category>
		<category><![CDATA[teletrabajo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La literatura argentina ha abordado el tema de la oficina, la rutina y el encierro a través de escritores como Arlt, Mariani, Saccomanno y Fogwill, entre otros. Claudio Zeiger reflexiona en este artículo sobre la situación paradójica y probablemente incierta acerca del lugar de la oficina en el mundo laboral y la vida cotidiana de nuestro presente.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-cuento-de-la-oficina-por-claudio-zeiger/">El cuento de la oficina &#8211; Por Claudio Zeiger</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La literatura argentina ha abordado el tema de la oficina, la rutina y el encierro a través de escritores como Arlt, Mariani, Saccomanno y Fogwill, entre otros. Claudio Zeiger reflexiona en este artículo sobre la situación paradójica y probablemente incierta acerca del lugar de la oficina en el mundo laboral y la vida cotidiana de nuestro presente.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Zeiger*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una de las grandes novelas argentinas, <em>Los siete locos</em>, comienza con una escena magistral donde el corazón de la oficina -la gerencia- se convierte en el lugar supremo de la Ley, donde se emite el castigo. “Al abrir la puerta de la gerencia, encristalada de vidrios japoneses, Erdosain quiso retroceder; comprendió que estaba perdido pero ya era tarde”. A pesar de todo, después de esa primera escena, la vida de Erdosain se abrirá angustiosamente a la aventura, aquello que unos capítulos más adelante Roberto Arlt dará en llamar “el terror en la calle”.  Fuera de la ley, fuera de la oficina, se abren los espacios de la angustia y de la calle. Es, a pesar de todo, una angustia liberadora de la opresión del trabajo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy nos encontramos ante una situación paradójica y probablemente incierta acerca del lugar de la oficina en el mundo laboral y la vida cotidiana.  La mayoría de las oficinas se han dispersado en cientos y miles de hogares, departamentos, salas, comedores y dormitorios. La oficina sufrió un extraordinario efecto de diseminación: en cualquier rincón palpita una oficina. Llevarse el trabajo a casa, quedarse después de hora en la oficina, son sintagmas tan certeros como irreales. El futuro probablemente sea más parecido a este presente que estamos transcurriendo que a un regreso cien por ciento a las oficinas del pasado. Quizás, estamos a las puertas de una formidable nueva esclavitud disfrazada de un manejo emprendedorista del propio tiempo. Hipótesis moderada: quizás estamos a las puertas de un mix de teletrabajo y horas de oficina presenciales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la literatura argentina, el espacio de la oficina siempre fue asimilado al lugar donde reina la esclavitud, la servidumbre, la falta de libertad. La oficina no es un lugar creativo sino de rutina y burocracia, rencillas minúsculas y administrativas, mediocridades, chismes, resentimientos. <em>Mad Men</em>, uno de los hits de la cuarentena, nos trajo otra versión más maleable, de las relaciones entre oficina y creatividad. Y, sin embargo, en el fondo lo único que quiere Don Draper es dejar la oficina, asumir plenamente su verdadera identidad lejos de la recargada Nueva York.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volviendo a la literatura argentina: Saccomanno, Fogwill, José María Gómez entre otros, han tomado este tópico tan interesante de la oficina como <em>locus </em>de la servidumbre y la humillación humanas. El imaginario de la oficina amasado en nuestra literatura tiene su origen en uno de los grandes libros que no han encontrado un lugar estable en el canon: los <em>Cuentos de la oficina</em> de Roberto Mariani, publicado en 1925, apenas un año antes de <em>El juguete rabioso</em> y <em>Don Segundo Sombra</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Cuentos de la oficina</em> abreva con maestría en ese ámbito de la oficina que NO es la calle ni el hogar. Eso es la oficina en el fondo: un no lugar. No calle. No hogar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es un libro moderno en una década identificada con la modernización, los años veinte. Sin embargo, hoy, casi cien años después, se puede leer como una versión de la modernidad que parece totalmente trastocada, en suspenso, en veremos. Y siempre será inolvidable su mirada sobre la oficina como encierro, cárcel cotidiana. Ese lugar donde nunca da el sol y reinan las luces artificiales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo será el futuro? ¿Cómo será el encierro del futuro? ¿Cómo serán las oficinas del futuro? ¿Habrá creatividad en esa nueva oficina de la nueva normalidad?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cerremos entonces, a modo de réquiem por la oficina de Roberto Mariani, con unas palabras del texto que abre este libro magistral, “Balada de la oficina”:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Entra. No repares en el sol que dejas en la calle.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Deja en la calle sol, viento, movimiento loco; tú, entra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entra, penetra en mi vientre, que no es oscuro, porque ¡mira cuántos OSRAM flechan sus luminosos ojos de azufre encendidos como pupilas de gato! Penetra en mi carne y estarás resguardado contra el sol que quema, el viento que golpea, la lluvia que moja y el frío que enferma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora vete contento. Has cumplido con tu deber. No te detengas en el camino. Hay que ser serio, honesto, sin vicios. Y vuelve mañana y todos los días durante 25 años, durante los 9125 días que llegues aquí, yo te abriré mi seno de madre. Después, si no te has muerto tísico, te daré la jubilación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, gozarás del sol, y al día siguiente te morirás ¡Pero habrás cumplido con tu deber!”</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 11 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario <em>Página/12</em>.    </span></p>
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		<title>La mirada de Enrique Raab: Puertas de entrada a los desafíos de la cultura popular del presente &#8211; Por Claudio Zeiger</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Nov 2020 20:36:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Zeiger]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Rabb]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudio Zeiger sostiene en esta nota que postular la actualidad de Raab no pasa por preguntarse qué hubiera pensado de los realities o de las redes sociales como dadoras de fama y protagonismo veloz y efímero, sino entender que aquello que lo llevaba a ejercer un periodismo de cruces y comparaciones ofrece puertas de entrada a los desafíos de la cultura popular del presente.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-mirada-de-enrique-raab-puertas-de-entrada-a-los-desafios-de-la-cultura-popular-del-presente-por-claudio-zeiger/">La mirada de Enrique Raab: Puertas de entrada a los desafíos de la cultura popular del presente &#8211; Por Claudio Zeiger</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Claudio Zeiger sostiene en esta nota que postular la actualidad de Raab no pasa por preguntarse qué hubiera pensado de los realities o de las redes sociales como dadoras de fama y protagonismo veloz y efímero, sino entender que aquello que lo llevaba a ejercer un periodismo de cruces y comparaciones ofrece puertas de entrada a los desafíos de la cultura popular del presente.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Zeiger*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las redacciones de los años 60 y 70 vieron pasar a toda una generación de periodistas muy preparados, cultos y audaces. Pero casi todas las redacciones de entonces –de <em>Confirmado</em>, <em>Primera Plana</em> y <em>Análisis</em> a <em>Siete Días</em>, <em>Clarín</em> o <em>La Opinión</em>&#8211; vieron pasar a Enrique Raab.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como si fuera poco, su militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, el áspero PRT, lo llevó a integrar también la redacción clandestina de la revista partidaria <em>Nuevo Hombre</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Escribía de todo. O casi de todo. Sobre casi todo. La pasión por la cultura argentina y el espectáculo masivo que atraían a las clases medias y a los sectores populares por igual en tiempos de inusitada expansión de las industrias nacionales del libro, el cine y la TV, se complementaba con una constante comparación entre lo nacional y lo universal. Raab podía y sabía poner en escala todo eso que lo atraía. Dueño de una mirada crítica a veces impiadosa, la curiosidad lo volvía al sendero de la comprensión y la objetividad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Enrique Raab vivía con su pareja gay cuando fue secuestrado la noche del 16 de abril de 1977. Su pareja fue liberada. Raab es desde entonces un desaparecido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy puede decirse que Enrique Raab es una referencia esencial para un periodismo cultural que se pretenda plural, heterogéneo, dúctil. Pero su obra es poco conocida. Desde 2015 está disponible una recopilación de artículos seleccionados y comentados por María Moreno: <em>Enrique Raab: Periodismo todoterreno</em>. En la tapa blanco y negro aparece la foto de un hombre con un ligero parecido a Luis Sandrini, un personaje que seguramente le habrá interesado mucho. Este libro se suma así a <em>Enrique Raab: Claves de una biografía crítica</em> de Máximo Eseverri y <em>Crónicas ejemplares</em> (textos de Raab, selección y prólogo de Ana Basualdo).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy, la actualidad de Raab está dada, a mi entender, por dos ejes: el primero, es que, a pesar de obvias diferencias, el periodismo de los años 70 pre golpe militar y los años actuales, enfrentan encrucijadas similares a causa de que las dos épocas exhiben una formidable expansión de técnicas, recursos, formatos y géneros. Piénsese en todos los desafíos que se le presentan actualmente a la crónica y a la entrevista, que subsisten cuando la virtualidad los hace absolutamente prescindibles, o artificiales o convencionales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El otro eje que lo vuelve tan actual, es que lo que denominamos cultura &amp; espectáculos, una suerte de antinomia que por pereza se yuxtapone, se enfrenta no sólo a la tradicional confrontación entre cultura alta y cultura de masas, sino que tanto la cultura “alta” como la cultura de masas, están absolutamente atravesadas y contaminadas por todas las novedades vertiginosas de la cultura digital. En este sentido, postular la actualidad de Raab no pasa por preguntarse qué hubiera pensado de los realities o de las redes sociales como dadoras de fama y protagonismo veloz y efímero (aunque también es obvio que le habría interesado muchísimo) sino entender que aquello que lo llevaba a ejercer un periodismo de cruces y comparaciones, a detenerse, por ejemplo, en la figura del gordo Porcel como una representación acabada del hombre argentino de los 70, o indagar en la popularidad de Palito Ortega, o criticar fuertemente la cinematografía de Leonardo Favio, o auscultar la precariedad actoral y estética de Juan José Camero en la constelación del cine argentino, o seguir atentamente la filmación de <em>Los gauchos judíos</em> en campos del ejército, ofrece puertas de entrada a los desafíos de la cultura popular del presente. Hoy enfrentamos el desafío de qué hacer con tantos productos culturales que llegan a una enorme cantidad de personas circulando por la televisión, las redes y plataformas con efectos ultra homogeneizadores. Hoy no hay prácticamente posibilidad de discernir entre lo popular y lo masivo, y es tan evidente que “la mirada irónica” es un refugio insuficiente como que los sectores populares ya no se pueden adscribir sin más a una mirada virgen e inocente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué hacer con esto? ¿Rechazarlo de plano? ¿Volver a refugiarse en una cultura que se proclama pluralista y democrática, pero ejerce con rigor el principio de autoridad de la crítica? </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No entregarse a un populismo bien pensante (“la bendición de objetos plebeyos que hacían los estudios culturales”, señala María Moreno), pero sí quitarse las anteojeras. Quizás. Entonces se puede volver a Raab. Él sin dudas legó un punto de vista que afronta lo culto y lo popular, la cultura y el espectáculo, sin esas anteojeras que tanto nos cuesta erradicar, para dejar despejada una mirada libre de prejuicios y de elitismo.   </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 7 de noviembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario <em>Página/12</em>.    </span></p>
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		<title>Sobre Sabato &#8211; Por Claudio Zeiger</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Apr 2021 03:03:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Zeiger]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Sabato]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre Héroes y Tumbas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudio Zeiger sostiene en este artículo que hay tres fechas que intersectadas pueden ayudarnos a reconfigurar vida y obra de Sabato: los diez años de su muerte, que se cumplen este 30 de abril; los 110 diez años de su nacimiento (24 de junio) y finalmente los 60 años de la publicación de su obra más destacada y difundida, Sobre héroes y tumbas.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/sobre-sabato-por-claudio-zeiger/">Sobre Sabato &#8211; Por Claudio Zeiger</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Claudio Zeiger sostiene en este artículo que hay tres fechas que intersectadas pueden ayudarnos a reconfigurar vida y obra de Sabato: los diez años de su muerte, que se cumplen este 30 de abril; los 110 diez años de su nacimiento (24 de junio) y finalmente los 60 años de la publicación de su obra más destacada y difundida, Sobre héroes y tumbas.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Zeiger*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">E</span></strong>s difícil eludir los estereotipos –algunos autoinfligidos, otros proporcionados por los numerosos adversarios que supo cosechar- cuando se habla de Ernesto Sabato. Hay que tratar de apartarlos, aislarlos y deshacerlos para lograr una imagen más compleja, certera y generosa de un autor imprescindible de la literatura argentina, y un protagonista vehemente de gran parte de la historia y la política argentinas del siglo 20.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay tres fechas que intersectadas pueden ayudarnos a reconfigurar vida y obra de Sabato: los diez años de su muerte, que se cumplen este 30 de abril; los 110 diez años de su nacimiento (24 de junio) y finalmente los 60 años de la publicación de su obra más destacada y difundida, <em>Sobre héroes y tumbas</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Me llamo Ernesto, porque cuando nací, el 24 de junio de 1911, día del nacimiento de San Juan Bautista, acababa de morir el otro Ernesto, al que aun en su vejez, mi madre siguió llamando Ernestito, porque murió siendo una criatura. Aquel nombre, aquella tumba, siempre tuvieron para mí algo de nocturno, y tal vez haya sido la causa de mi existencia tan dificultosa, al haber sido marcado por esa tragedia, ya que por entonces estaba en el vientre de mi madre”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este relato acerca del destino y el doble quedó condensado en las páginas de las memorias <em>Antes del fin</em>, relato que, en verdad, impregna casi toda la obra sabatiana, en particular sus dos grandes novelas, <em>Sobre héroes y tumbas</em> y <em>Abaddón, el exterminador</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nacer para ocupar el lugar del otro, vivir desde el primer día la incómoda vida del usurpador. Quedar comprometido a la vida, aunque se desee la muerte porque se está ocupando el lugar de la existencia de quien no vivió nada, o casi nada. Sabato vivió casi cien años. Esa larga duración hizo que para muchas generaciones siempre representara a un hombre adulto, maduro y que paulatinamente fue ocupando el lugar de referente, de maestro, de sabio. Claro que nunca hay que olvidar que la juventud de Sabato –entre los 16 y los veinte y pocos años- fue una juventud sorprendente, sufrida y tumultuosa de precoz militante comunista, estudiante y activista que huía por los techos o escapaba por la ventana, perseguido por la policía o los militares siendo el presidente de la federación universitaria de La Plata. Alejado del comunismo, sin embargo, mantuvo esa impronta inquieta de militante más allá de los 30 años, que bien supo rescatar Jorge Abelardo Ramos cuando explicó a sus detractores por qué valía la pena seguir polemizando con Sabato.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://juannicho.files.wordpress.com/2011/05/ernesto_sabato_por_sara_facio.jpg" alt="Luz y sombra en capítulos cercanos sobre héroes y tumbas (Sabato y la pequeña felicidad inadvertida) | maranasati a las tres" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A 60 años de su publicación, es difícil discutir la importancia de <em>Sobre héroes y tumbas</em> y su trascendencia más allá de algunos intentos reduccionistas de considerarlo, como también se lo intenta con <em>Rayuela </em>de Julio Cortázar, un texto de pasaje para lectores adolescentes. Bastaría como un ejemplo, la edición crítica que le dedicó la colección Archivos, volumen dirigido por María Rosa Lojo, para tener una idea de la multiplicidad de lecturas que esta novela inmensa pudo generar prácticamente desde su publicación en 1961. Pero la importancia del lector y el personaje adolescente también fue un “tópico” para Sabato, y el disparador de una postura ética que esbozaría en 1974 en su último gran texto, <em>Abaddón, el exterminador</em>. “Escribir sobre ciertos adolescentes, los seres que más sufren en este mundo implacable, los más merecedores de algo que a la vez describiera su drama y el sentido de sus sufrimientos”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para terminar con una nota personal, me inclino por resaltar a <em>Abaddón</em> como una de las grandes anti novelas argentinas, un texto experimental, pero que experimenta con el lenguaje y los materiales más abyectos sin la más mínima concesión a cuestiones estilísticas o formalistas de superficie. Además, es una novela fuertemente política, de denuncia concreta, del tema de la tortura como método policial y que luego retomarían los militares bajo la dictadura, la tortura para obtener la delación de los jóvenes militantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Y ahora, una vez más, comenzaba a internarse en el fétido laberinto de incestos y crímenes, laberinto que iba hundiéndose paulatinamente en el pantano del que creía haber salido por obra de los inocentes exorcismos de costureras y plomeros”, escribió Sabato en <em>Abaddón</em>.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Y luego, ese desgarramiento entre su mundo conceptual y su mundo subterráneo. Había abandonado la ciencia para escribir ficciones, como una buena ama de casa que repentinamente resuelve entregarse a las drogas y la prostitución. ¿Qué lo había llevado a imaginar esas historias? ¿Y qué eran realmente?”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Más allá de los estereotipos, asoman a diez años de su muerte, ese chico que en el fondo piensa que no debió haber nacido, ese joven militante huyendo por una ventana, ese intelectual desgarrado entre la ciencia y la ficción.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todos ellos también fueron Ernesto Sabato.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 30 de abril de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario <em>Página/12</em>.   </span></p>
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