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	<title>Alfonsin archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Alfonsin archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Acerca de Diario de una temporada en el quinto piso de Juan Carlos Torre &#8211; Por Juan Manuel Nuñez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 May 2022 00:07:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Manuel Nuñez]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonsin]]></category>
		<category><![CDATA[Diario de una temporada en el quinto piso]]></category>
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		<category><![CDATA[Juan Carlos Torre]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El historiador Juan Manuel Nuñez nos envía este texto sobre el libro Diario de una temporada en el quinto piso, de Juan Carlos Torre. Un texto que es mucho más que una reseña; quizá, y como escribe el autor, el libro de Torre sea el espejo del gobierno alfonsinista que semeja, por momentos, algo de las situaciones, perplejidades y horizontes inciertos del proyecto frentetodista.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/acerca-de-diario-de-una-temporada-en-el-quinto-piso-de-juan-carlos-torre-por-juan-manuel-nunez/">Acerca de Diario de una temporada en el quinto piso de Juan Carlos Torre &#8211; Por Juan Manuel Nuñez</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El historiador Juan Manuel Nuñez nos envía este texto sobre el libro </em>Diario de una temporada en el quinto piso<em>, de Juan Carlos Torre. Un texto que es mucho más que una reseña; quizá, y como escribe el autor, el libro de Torre sea el espejo del gobierno alfonsinista que semeja, por momentos, algo de las situaciones, perplejidades y horizontes inciertos del proyecto <strong><em>frentetodista</em></strong>.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Juan Manuel Nuñez*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Las derivas de la política mirada desde arriba</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sociólogo experimentado, intelectual prestigioso y de renombre, autor de libros sin los cuales sería aún más ininteligible el fenómeno peronista, Juan Carlos Torres publicó hace algunos meses un libro que generó una amplia repercusión pública. Y no es para menos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es sabido que toda época construye las condiciones de lectura, de recepción y de escucha de cualquier texto. La torva historia no se repite, es cierto, pero hay contextos que se emparejan con otros: deudas públicas impagables y negociaciones no del todo felices, índices cada vez más apremiantes de pobreza y de marginalidad, un gobierno que va perdiendo las bases de apoyaturas sociales y la energía reparadora originaria para chapotear resignado en la gestión de la crisis, ofensivas neoconservadoras y reaccionarias desbocadas. El espejo alfonsinista semeja, por momentos, algo de las situaciones, perplejidades, in-decisiones y horizontes inciertos del proyecto frentetodista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">A fines de 1983, con el triunfo electoral de Alfonsín, nuestro autor es convocado –en calidad de especialista en ciencias sociales- para integrarse al equipo que se va a hacer cargo de la Secretaría de Planeamiento. Con Juan Sourrouille a la cabeza, la Secretaría, en lo formal, intenta ensayar estrategias de desarrollo económico de largo plazo para el alfonsinismo, en lo real oficia de gabinete&nbsp; de relevo a la primera gestión económica liderada por Bernardo Grinspun. La condición de militante histórico partidario de este útlimo, y, por el contrario, la trayectoria&nbsp; de extrapartidarios de todo el equipo de la Secretaría, signan los resquemores y tensiones que atraviesa toda la relación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El relato que trama Juan Carlos Torres no es otra cosa que una crónica de su paso por la gestión alfonsinista de la mano del equipo liderado por Sourrouille: cuenta el paso de la Secretaría de Planeamiento al Ministerio de economía allá por febrero del 1985, y del Plan Austral a la descomposición del proyecto alfonsinista cuando el Plan Primavera y la ulterior hIper.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Las cartas enviadas a su hermana -que vive en Mérida (Venezuela)-, a Silvia SIgal (que se encuentra en París), a sus padres- y las grabaciones que iba realizando en los tiempos libres de la gestión, hacen de soporte de una narrativa en primera persona que va registrando los dilemas y pujas que ocurrían en el día a día del gobierno alfonsinista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La negativa del primer protagonista y figura central de esta crónica –Sourrouille- y las dudas del propio autor, conspiraron contra la publicación del diario. Las grabaciones y cartas sufrieron la crítica roedora del paso del tiempo; fue la reclusión pandémica la que brindó el espacio de reflexión para darle forma, así como la aceptación resignada de su realización por el creador del Plan Austral, un tiempo antes de su muerte. En las intenciones del autor se trata &nbsp;de “<em>dejar un testimonio para que llegara a todos los que fueron tocados por el mensaje de renovación democrática y decencia pública de Alfonsín</em>”&nbsp; (Torre, 2021: 504).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Desde distintos registros, énfasis y recortes las ciencias sociales ya han visitado con profusión &nbsp;el análisis del gobierno alfonsinista. Para Eduardo Basualdo, con el Plan Austral&nbsp; comienza el “<em>transformismo argentino</em>”, es decir, la cooptación ideológica y política de la agenda de los diagnósticos, herramientas y horizontes de los partidos mayoritarios por parte de las fracciones del gran capital nacional e internacional, dejando a los sectores populares decapitados ideológica y políticamente, sin capacidad de reacción alguna-(Basualdo, 2010: 236).&nbsp;&nbsp; Por su parte, Aboy Carles, analiza las tensiones y cambios en la identidad alfonsinista en los primeros años de gestión –cuando son abandonadas las hipótesis movimientistas, democratizadoras y populares en aras de la adopción de una mirada más ligada a las tradiciones “<em>republicanas y liberales </em>(Aboy Carlés, 2010: 76). Para Gargarella, Alfonsín, que cómo buen liberal temió sobre todo a la inestabilidad política y al posible golpe de Estado, se inclinó –luego del primer año de gestión- por alternativas cada vez más conservadoras que lo conducirían &nbsp;al retroceso de las principales iniciativas de su proyecto y luego a ser fagocitado por sus enemigos (Gargarella, 2010: 35). Pucciarelli, en quizás la mejor compilación que existe sobre este período, estudia la ausencia de recursos políticos alternativos en el elenco gobernante y las ataduras a una lógica administradora de lo posible que encuadraron la acción del gobierno en “<em>los límites que les imponía el tipo de correlación de fuerzas existentes</em>” (Pucciarelli, 2006: 10). &nbsp;Mariana Heredia, por último, analiza el modo en que el nuevo equipo económico de Sourrouille se va transformando progresivamente en las correas de transmisión gubernamental de las demandas neoliberales; interiorizando su agenda a programas de reformas de mercado (Heredia, 2015: 125).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En todos estos trabajos se ubica al año 85’ y al Plan Austral como un corte en la gestión alfonsinista: de las esperanzas a la gestión de la crisis y del modelo distributivo a los planes antiinflacionarios más o menos recesivos. El diario de gestión de Torre nos mete de lleno en el laboratorio desde el que Sourrouille y su equipo fraguaban ese traspaso hacia el, así llamado,&nbsp; realismo gestionario; la crónica va construyendo las esperanzas y los pesares, las broncas, zancadillas y alianzas del día a día de la gestión en un gobierno con una cabeza visible –Alfonsín- pero con una red de apoyaturas heterogéneas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En el relato, la marca de la primera persona, la voz de Torre que emerge como brindando el ritmo de las vivencias, análisis y perplejidades, por momentos se transforma en un nosotros, una composición coral de voces que piensan y actúan más o menos al unísono (Canitrot, Machinea, Sourrouille, el propio autor), un equipo de gestión unificado, que va llevando a las mismas conclusiones, que actúa bajo las mismas premisas, que defiende posiciones espalda contra espalda; por momentos los entuertos son con el gabinete de Grinspun, por otros con el partido radical –no del todo convencido ni de la fidelidad ni de las reorientaciones de los advenedizos-, luego, contra las demandas excesivas de los sindicatos, por último, con los cuadros del FMI que piden, a medida que la crisis de las finanzas públicas se ahondan, medidas cada vez más draconianas –que, sabemos, no harán más que profundizar el derrumbe del proyecto alfonsinista-.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sobresale, en este fresco de época, la evolución –o involución, tanto da- del caudillo de Chascomús durante los primeros años de su gestión presidencial. Grandilocuente, fiel a su programa reparador y distribuidor, elucubrando la posibilidad de dar formas al “Tercer Movimiento Histórico”, en los comienzos; anegado por el peso de las dificultades, dudas, ataduras propias e imposibilidades, cuando la inflación y la presión de los acreedores externos -y su representación política, el FMI-, vayan frenando al primer impulso transformador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Y es que el proyecto del primer alfonsinismo intentó construir, en palabras de Alfonsín, una alianza entre la democracia y la producción: reeditar la vieja argentina mercadointernista e industrial, prender la economía que venía parada por los efectos desastrosos de los planes regresivos y extranjerizantes dictatoriales, enfatizando el rol estratégico y garante del estado. Los actores de esa alianza reactualizada serían los asalariados y la burguesía industrial, transfiguradas sus organizaciones e identidades bajo la buena nueva de la democracia, el pluralismo y la reinstauración de la ley constitucional.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.elcohetealaluna.com/wp-content/uploads/2021/03/RRABG.jpg" alt=""/><figcaption><em>El presidente Raúl Alfonsin y el Ministro de Economía Bernardo Grinspung</em></figcaption></figure></div>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Las medidas de Grinspun en ese primer impulso tuvieron un claro encuadre keynesiano: expansión del gasto público, incentivos sobre la demanda interna vía aumentos proyectados del 6 o 7 % del salario real para el primer año, constitución de alianzas con la burguesía nacional (invitada a participar con subsidios y créditos del crecimiento económico), etc. Para encauzar los problemas en el frente externo y el acuciante tema de la deuda externa, la solución consistía en una estrategia agresiva con los acreedores: los excedentes que generaba la economía argentina debían estimular el crecimiento estratégico industrial, no girar hacia los acreedores de la gravosa deuda externa. Su pago no podía efectuarse a costas del atraso y empobrecimiento nacional. La resolución política del tema de la deuda implicaba negociar su achicamiento en los intereses y capital, y un estiramiento de los plazos de pago.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Rápidamente, hacia la primera parte del 84’, las realidades circundantes marcaron las dificultades de esa hipótesis: la inflación en continuo aumento, la imposibilidad de mantener una estrategia confrontativa con los acreedores externos ante los riesgos de caer en default y ahondar la bancarrota económica, llevaron al gabinete de Grinspun a la primera enmienda: entre agosto y septiembre de ese año se va enhebrando el primer acuerdo con el FMI. Se pacta un ajuste en el gasto pero sin una devaluación brusca. Las políticas que se empiezan a implementar son contractivas –aumento de tarifas, suba de tasas de interés- e intentan contener, en lo esencial, la expansión inflacionaria. Junto con la implementación de las medidas sugeridas por&nbsp; el FMI se comenzaron a exacerbar las rispideces entre el gabinete económico -que empieza a crujir- y los cuadros no partidarios de la Secretaría de Planificación. Torre nos cuenta, por una infidencia de Caputo, cómo los define Grinspun: Sourrouille y su equipo son “<em>tecnócratas vendidos a la patria financiera</em>” (Torre, 2021: 164)</p>



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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/D76MS4SYEFA47CI5XFPXFNJ2KI.jpg" alt=""/><figcaption><em>Raúl Alfonsín, Juan Vital&nbsp;Sourrouille y el primer Ministro de Economía Bernardo&nbsp;Grinspun</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pero más allá del brulote, que expresa el clima de disputa y de guerra interna que se vive entre las distintas facciones del gabinete en los momentos en que el gobierno realiza su primer zig zag, el entuerto para Torre no es personal o meramente ideológico; es en la cabeza gubernamental donde hay que alterar los diagnósticos y horizontes porque : “<em>el problema es, en el fondo, un presidente que no quiere creer en unas restricciones allí donde las hay y aspira a vivir del voluntarismo allí donde se necesita paciencia, trabajo y realismo</em>” (Torre, 2021: 157). En ese sentido, “<em>la Secretaría de Planificación le dice al gobierno dónde están las restricciones, le señala las dificultades que tiene por delante. (….) cuáles son los objetivos, es decir, en nombre de qué la Argentina va a pagar su deuda y hacer los ajustes que impone la emergencia</em>” (Torre, 2021: 158).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Así, al ir&nbsp; leyendo el libro, y a medida que avanzamos en el registro de las desgravaciones, intervenciones y cartas, entramos al clima de un gobierno que a cada paso profundiza la distancia entre su prístina estrategia reparadora y la gestión cada vez más condicionada de y por la crisis. En este sentido, el libro de Torre no nos viene a traer un nuevo corpus documental o nuevas fuentes de &nbsp;información que vengan a complementar o innovar los estudios sobre el primer gobierno de la transición democrática. Más bien viene a confirmar el corpus analítico más o menos establecido para analizarlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Lo que resalta sí en el texto de Torre es el peso de los imaginarios sociales, de las construcciones simbólicas de la realidad en la toma de decisiones políticas, en las configuraciones de lo sensible que delimitan el orden de lo visible y de lo posible en el accionar gubernamental. Es notable cómo esa&nbsp; voz periódica que va anotando los límites, restricciones y pesares del día a día gubernamental, se encuentra atrapada en una racionalidad finalista que encuentra, como única vía de escape, la ligazón cada vez más imbricada con las recetas neoconservadoras de los conglomerados locales y extranjeros o las representaciones políticas de los acreedores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El 7 de diciembre de 1984 Torre cartea a su hermana: “<em>el Fondo Monetario Internacional ha oficiado de gran pedagogo y sacado al gobierno de sus fantasías. Como era previsible, un gobierno que no lograba encontrar por su cuenta la racionalidad es conducido a ella pero de la mano de un libreto ortodoxo, que está al servicio de los bancos acreedores de la deuda externa. (…) Se impone flexibilizar el libreto ortodoxo; pero por lo menos existe una conciencia nueva de la crisis, que hace poco estaba ausente (…) Esa conciencia nueva de la crisis está en la política económica del gobierno; no lo está, en cambio, en su discurso”.</em> (Torre, 2021: 169).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si el FMI oficia de gran pedagogo y organizador de los sentidos de las medidas gubernamentales, va a ser el equipo de Sourrouille el que eduque <em>in situ</em> a la cabeza presidencial en la imposibilidad de pensar o hacer otra cosa: el imaginario, las sensibilidades que despliega la crónica de Torre es el de transfigurar las limitaciones y condiciones de la gestión alfonsinista en un destino: la de enmarcar la gestión en torniquetes cada vez más&nbsp; y más conservadores. Por supuesto, la autoimagen que construye es la de ocupar un lugar intermedio, una autopercepción de equilibrista entre los fundamentalistas neoliberales y los fundamentalistas populistas; el justo medio de un proyecto que, aupado en las renovaciones de las centroizquierdas europeas contemporáneas, pueda priorizar la racionalidad económica a un horizonte lejanamente progresista: “<em>Nosotros, que pretendemos movernos en una tercera vía, estamos fuera de encuadre y nos satisfacemos a nadie. Solo nos soportan</em>” (Torre, 2021: 409). Pero en lo real de los diagnósticos y de las medidas implementadas, más que los detentadores de una fantasmática tercera vía, comenzaron a instrumentar, de manera más o menos creativa, con distintos dispositivos y énfasis, las orientaciones centrales del neoliberalismo: incentivar la apertura económica al, así llamado, mundo; “modernizar” las regulaciones laborales; ligar la inflación al déficit público y a la emisión, y la emisión al gasto social; implementar un plan de privatizaciones de las empresas públicas; dar señales de confianza a los acreedores externos y a los conglomerados económicos nacionales, etc.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Durante abril del 85’ comienzan los Juicios a las Juntas; al mismo tiempo, la inflación, más allá del cambio del gabinete, parecía imparable. Con la democracia amenazada por la posible revancha militar y la estampida en los precios, el alfonsinismo convoca a un acto en la Plaza de Mayo el 26 de abril para reafirmar sus apoyaturas sociales: movilizan las distintas facciones de la UCR, los organismos de derechos humanos, las izquierdas, el fragmentado PJ, etc. En su discurso, Alfonsín hace, de lo que podría haber sido una reafirmación de las promesas y compromisos de campaña, de un camino a Damasco bajo la promesa de la reparación, un valle de lágrimas, una gramática de las imposibilidades democráticas: la economía argentina, dice, está quebrada, el estado se encuentra sobredimensionado –y la emisión descontrolada es la principal causante de la inflación-, la democracia no podrá redistribuir nada –cuanto mucho podrá hacer que los esfuerzos sean equitativos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es, si se quiere, la presentación pública de los diagnósticos y horizontes que van a cristalizarse, en el plano de la gestión, con el Plan Austral.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="http://2.bp.blogspot.com/-y5vgvTUraLg/UsrzUi2YASI/AAAAAAAAAHQ/zhDQ-6k3Jqw/s1600/1australanver.jpg" alt=""/><figcaption><em>Un Austral, Un Dólar</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Para Torre, la intervención de Alfonsín por fin empalma las necesidades reales de la gestión gubernamental con el discurso, pudiendo reorientar los sentidos en torno de las limitaciones del presente: “<em>el hombre que salió al balcón de la Casa Rosada expuso ante la multitud la áspera convicción que había madurado en sus conversaciones con el equipo económico</em>” (Torre: 2021: 221). Y en la reformulación política del discurso presidencial descubre la labor didáctica de la gestión económica, cabecera de playa, intelectual colectivo del zig-zag: “<em>En el discurso del presidente se pudo ver algo que había estado haciendo Juan Sourrouille: había estado &nbsp;hablándole al presidente y los frutos de esa conversación aparecieron a la vista el 26 de Abril</em>” (Torre, 2021: 222).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El libro va construyendo los avances y retrocesos, las luces y sombras de una gestión económica que tiene como objetivo dotar de racionalidad a un gobierno asediado por demandas heterogéneas –de los acreedores externos, de los sectores populares, de la UCR, de los grandes conglomerados nacionales- y que debe re-estructurar una economía protegida y estancada. Se trata de dotar al gobierno de “<em>una visión social-demócrata moderna</em>” (Torre, 2021: 332) ante un partido y un gobierno que, supuestamente, estaba anegado por una agenda vieja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pero, bien mirado el asunto, lo que demuestra el libro es que, más que modernizadores, el núcleo que rodeó a Sourrouille fue el eje articulador de la gramática que imposibilitó al alfonsinismo a construir un camino alternativo del que los creadores del Plan Austral habían elucubrado como destino; habrán ejercido como guardianes del peso condicionante de las relaciones de fuerzas –siempre- adversas, como pedagogos del linde de lo posible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El peso de los marcos imaginarios delimitaron las decisiones del equipo económico: se trataba, luego de los fuegos fatuos del comienzo, de poder articular la estabilidad de un régimen democrático con la reformulación de un régimen de acumulación. Para encarar esta tarea había que bajar las expectativas sociales, transfigurar las referencias tradicionales, cambiar los signos de las alteridades pretéritas, pero también reformular las alianzas sociales tradicionales del radicalismo. A mediados de 1985 Alfonsín realiza un discurso en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, a pocos días de &nbsp;la presentación en sociedad del Plan Austral: dice que en el pasado reciente muchos empresarios orientaron su comportamiento hacia la especulación en lugar de la inversión productiva, habla de acaparamiento y egoísmo. J. C Torre cuenta que–en un encuentro posterior en Olivos con el presidente- le hizo notar que “<em>no me parecía oportuno lo que había dicho debido a la necesidad que tenemos en la coyuntura actual de contar con la cooperación de parte del mundo de las empresas</em>” (Torre, 2021 238). &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Y en este viraje, Torre es por entero consciente que ellos ocupan un lugar de avanzada. Una sensibilidad transformadora y alternativa a los valores tradicionales de la UCR que, como en Gramsci, cuando lo nuevo&nbsp; no nace y lo viejo aún no muere, crea raras metamorfosis. En una carta a Silvia Sigal el 12 de diciembre del 84’ Torre le plantea que el gran mérito de Alfonsín fue “<em>haber captado las fuentes de innovación existentes en la Argentina de hoy y canalizarlas al proceso de transición a la democracia. Al canciller Caputo y su gente puede sumar el equipo de Sourrouille y agregar a Carlos Nino y los jóvenes abogados que lo rodean. La cuestión que está abierta es cuánto de esos aportes de innovación echarán raíces y encontrarán abrigo en el viejo árbol del radicalismo</em>”. Caputo, Sourrouile, Nino: académicos e intelectuales modélicos que –como Torre- se integran, siendo extrapartidarios, al llamado alfonsinista. El ditirambo y el autobombo visibiliza un nosotros, al mismo tiempo que excluye: Alfonsín debe soportar las demandas y reticencias de un partido &nbsp;“<em>lleno de viejos reflejos vetustos</em>” (Torre, 2021: 176).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Una muestra de esas dificultades se expresa cuando, a comienzos de 1986, algunos cuadros del radicalismo parlamentario –Stubrin, Jesús Rodríguez y Jaroslavsky- visitan al equipo económico para analizar los modos de reorientar el discurso público del partido ante las dificultades económicas de la población: caída del salario, recesión y el anuncio de futuras privatizaciones. La pregunta que realizan los referentes del radicalismo es ¿cómo defender el proyecto político alfonsinistas ante estas aciagas circunstancias? Torre reflexiona luego de la reunión: “<em>El partido radical está avanzando en una línea pragmática, racional. Sin embargo, carece de libreto que le permita justificar este cambio de rumbo; en consecuencia, avanza aunque lo hace bajo la mirada siempre vigilante de aquellos con quienes compartió por muchos años luchas políticas en nombre de propuestas de muy diferente espíritu, esto es, más próximas a una cultura económica favorable a un fuerte rol del Estado y recelosa de la empresa privada</em>” (Torre, 2021: 294).</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQPH7ojJxxO3JUppRUmGZ2z9HrU0ThkcvVovBNKuwf73mG_7c4IVM4LbNUBCy2KMNT3K6E&amp;usqp=CAU" alt="" width="624" height="416"/><figcaption><em>Alfonsin y Sourrouille</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">A partir del 1° de julio del 87’ Torre decide dejar de grabar y comienza a tomar el registro de la gestión con lapicera y papel: “<em>Grabar, esto es, escucharme hablar en voz alta, se ha vuelto psicológicamente cada vez más difícil. La desazón que me produce nuestra experiencia en el Quinto Piso se refleja en el tono lúgubre de mi voz, que me resulta insoportable</em>”. (Torre, 2021: 397). Y es que una creciente sensación de abatimiento y derrumbe atraviesa el registro a medida que el proyecto alfonsinista se va descomponiendo. Sobre todo luego de la derrota electoral de Septiembre del 87’ la crónica se vuelve cada vez más descriptiva y sombría, y menos analítica y proyectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ya para el 88’ el registro refleja un gobierno, náufrago de sí mismo, en plena desbandada: se trata de una “<em>parálisis de la gestión, por los vetos cruzados</em>”, un gobierno asediado por la inflación y las pujas corporativas que “<em>comprometen la orientación general</em>” (Torre, 2021: 447). La estrategia para ese entonces consiste en poder llegar a la orilla de la entrega de la banda presidencial al próximo candidato electo. Torre renuncia, hacia fines de ese año, hastiado por las circunstancias, a su cargo en el Quinto piso. Unos meses más adelante, en plena campaña electoral, va a ser Angeloz, candidato a presidente por el radicalismo quien, ante la estampida de la hiper, pida la cabeza del segundo Ministro de Economía de Alfonsín. La eyección del equipo de Sourrouille, sin pena y sin gloria, concluye el relato de Torre. Cabe preguntarse, cuando cerramos el libro, hasta qué punto este relato que intenta oficiar de homenaje a una gestión económica y a su protagonista central (Sourrouille), a un gobierno y a líder (Alfonsín) y a una generación de académicos integrados a ese proyecto, representa verdaderamente una reivindicación laudatoria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un escritor florentino dijo una vez –pero para siempre- que hay dos tipos de príncipes: los hay impetuosos y los hay parsimoniosos. Difícil decidir qué hacer ante el flujo incesante y casquivano del mundo amplio y diverso: el virtuosismo político consiste en acomodar el propio accionar a la condición fluctuante de las circunstancias y, ante bretes indecidibles, más vale siempre el ímpetu del transformador que la quietud reactiva de la conservación.&nbsp; En su exilio interno, nuestro escritor también entrevió las virtudes que debieran tener quienes brinden sus consejos al príncipe: a solas, tendrían que decirle la verdad de las circunstancias, por feroces que fueran. Pero difícilmente hubiese apoyado la posición del consejero que, en toda circunstancia difícil y cuando las papas quemaran, advirtiera al príncipe sobre el porvenir oscuro desencadenado por su accionar intrépido. Por el contrario, el consejero virtuoso habrá de impulsar a que el príncipe formatee con voluntad lo existente, discipline la arisca fortuna, lo conmine a batirse ante el fuego de lo imprevisto. Imagino que Maquiavelo elucubraba que ese hipotético consejero debía ser portador de ciertos rasgos: imaginación, audacia, arrojo, energía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Porque, bien mirado el asunto, la política, y el toscano de esto sabía, más que administración consensuada de la crisis o la gestión de las coacciones existentes regidas por reglas pactadas, es la configuración de campos de fuerzas antagónicos, la posibilidad de convocar voluntades colectivas que, al mismo tiempo que reconfiguren al mundo, puedan renombrarlo, reordenarlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Muy distinto es lo que nos viene a mostrar el relato de Torre: una gestión económica y un proyecto anegado por sus propias imposibilidades, una racionalidad finalista -de lo único posible- que sólo reparte barajas perdidosas, un discurso que anuncia los pesares de las condicionantes condiciones; una sensibilidad cada vez más lejanamente progresista pero que maridará con el porvenir oscuro de ciertos alfonsinismos: decente y elitista, laico y recoleto, liberal y conservador.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">-Aboy Carlés, Gerardo (2010): “Raúl Alfonsín y la fundación de la “segunda república”, en Gargarella, Roberto, Murillo, María Victoria; Pecheny, Mario (2010): <em>Discutir Alfonsín</em>, Bs. As., Siglo XXI.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">-Basualdo, Eduardo (2010): <em>Estudios de historia económica argentina. Desde mediados del Siglo XX a la actualidad</em>, Bs. As., Siglo XXI.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">-Gargarella, Roberto (2010), “Democracia y derechos en los años de Raúl Alfonsín” en Gargarella, Roberto, Murillo, María Victoria; Pecheny, Mario (2010): <em>Discutir Alfonsín</em>, Bs. As., Siglo XXI.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">-Pucciarelli, Alfredo (2006), “Introducción: la contradicción democrática”, en Pucciarelli, Alfredo (coord.), <em>Los años de Alfonsín ¿El poder de la democracia o la democracia del poder?</em>, Bs. As., Siglo XXI.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">-Torre, Juan Carlos (2021), <em>Diario de una temporada en el quinto piso. Episodios de política económica en los años de Alfonsín</em>, Bs. As., Edhasa.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Historiador. Docente en la UNR.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Rosario, 12 de mayo de 2022.</p>
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		<title>LA ALEGRÍA GASTADA DE LA DEMOCRACIA ARGENTINA &#8211; POR PEDRO KARCZMARCZYK</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Jun 2023 13:17:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Karczmarczyk]]></category>
		<category><![CDATA[40 años de democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonsin]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si el clima general de la conmemoración de los 40 años ininterrumpidos de democracia es el de una alegría gastada, ya usada, sin frescura, que parece haber dado todo de sí, en esta nota el autor plantea la indagación sobre los usos y los desgastes de la democracia argentina, que tal vez pueda ayudar a encontrar una imaginación política renovada.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Si el clima general de la conmemoración de los 40 años ininterrumpidos de democracia es el de una alegría gastada, ya usada, sin frescura, que parece haber dado todo de sí, en esta nota el autor plantea la indagación sobre los usos y los desgastes de la democracia argentina, que tal vez pueda ayudar a encontrar una imaginación política renovada.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Pedro Karczmarczyk*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nuestro país conmemora, hacia fines de este año, 40 años ininterrumpidos de democracia. Se trata del ciclo más largo de gobiernos constitucionales desde la instauración del sufragio universal, secreto y obligatorio en 1912. Flota en el aire, me parece, cierta inquietud, cuarenta años, a diferencia del “bicentenario”, es una magnitud que, por exceso o por defecto, se aprecia en una escala vivencial. Para algunos es más de lo que llevan vivido, para otros es toda su vida adulta, para otros, en fin, es un corte en sus biografías. Esta dimensión vivencial, que traslada a lo medido todas las incertidumbres y fragilidades propias de la vara con la que se mide, contrasta con la profundidad con la que la democracia ha calado entre nosotros como forma de vida. No me refiero, en primer lugar, a los rituales eleccionarios, aunque los incluyo, sino a una dimensión más capilar de la vida social, que transcurre en las aulas, en las salas de los hospitales, en los lugares de trabajo, en los sindicatos, desperdigada por todas partes, en definitiva, donde estamos atravesados por cierta idea de la democracia. No es que la vida social sea homogéneamente democrática, sino más bien que cierta idea de la democracia puja allí como un principio de organización y de crítica. Fenómenos como los reclamos por una genuina democracia sindical, de más larga data que el período que hoy se conmemora, el fenómeno asambleario de la crisis de 2001, la organización política de los trabajadores desocupados, la del movimiento de mujeres y diversidades de género, o conatos de organización igualitaria en distintos ámbitos dan cuenta de la vitalidad de la idea democrática a la que me refiero. Ricardo Piglia, en su notable novela ensayística <em>El camino de Ida</em>, al salir a la búsqueda del contraste entre sus vivencias de la sociedad norteamericana y de la nuestra, destacaba, justamente, que en la primera prevalecen las salidas individuales ante los problemas. La figura del “Unabomber”, aquel lunático que supo tener en vilo a la academia estadounidense, y que para Piglia encarnaba la realización individual de un programa político, le servía para examinar su tesis. Piglia enmarcaba a esta figura en la tradición literaria norteamericana, donde el individuo enfrentándose por su cuenta con la naturaleza representa algo así como un símbolo del hombre que asume auténticamente su condición. En contraste, postulaba Piglia, en la Argentina los descontentos individuales buscan una salida colectiva. Otro argentino notable, Ernesto Laclau, quiso apresar en ecuaciones la dinámica por la cual las demandas se asocian unas con otras para superar la lógica del mero agregado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La escala vivencial habilita, y quizá extrema, las caracterizaciones del acontecimiento a la medida de los intérpretes. Así escuchamos hablar de la crisis de la mediana edad de la democracia argentina a sujetos que, previsiblemente, atraviesan esa crisis, o aquella otra que caracteriza a este universario como la recuperación definitiva de la democracia, sin que falten los diagnósticos apocalípticos. La primera caracterización trasunta un velado optimismo, ya que los individuos usualmente, luego de un período de turbulencias, logran dar vuelta la página de la juventud para asentarse en la madurez, acomodándose a los disfrutes que esta etapa ofrece. La idea de recuperación definitiva de la democracia es probablemente superyoica, enuncia como un hecho lo que se siente que debería ocurrir, e intenta conjurar con una palabra acerada las grietas que en lo real indican la fragilidad de los cimientos. Hay allí, evidentemente, cierta desmesura, una descripción de la realidad a la medida de los deseos, o tal vez se trate de la negación sintomática de una fragilidad sentida que se desea conjurar. El diagnóstico apocalíptico quiere ver en el momento actual un retroceso inaudito, pero produce por contraste la idea de un paraíso perdido que la escala vivencial desmiente sin cortapisas. Por mi parte, escribo estas líneas sintiendo que la moneda gira en el aire, que el significado o, tal vez sería mejor decir, las connotaciones de este acontecimiento, “cuarenta años ininterrumpidos”, no están definidas. Lo cierto, sin embargo, es que sin que sea un debate abierto, lo que sería de desear, el sentido del acontecimiento y sus connotaciones primarias están seriamente disputados. El ánimo general parece ser el de una alegría sin frescura, como si la conmemoración obligara a confrontar dolorosamente lo que pudo ser o se quiso que sea con lo que es.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Retrocedamos un paso y detengámonos un momento en la idea de que la moneda gira en el aire. En efecto, una mínima reflexión nos muestra que un fragmento de una serie no define a la serie como un todo, allí está Wittgenstein, o incluso las novelas de Guillermo Martínez, para el que quiera asomarse a esas perplejidades. Basados en tales consideraciones, o por mero olfato empirista, los historiadores saben que el sentido de los acontecimientos históricos depende, en general, de sus efectos. Nada puede ser una bisagra en la historia si lo que viene después no implica un giro que lo tome como eje. Una vez cristalizado el acontecimiento, es difícil saber si el eje posibilita el giro, o si todo lo que se mueve en torno suyo, nos provoca la ilusión de que hay algo fijo, el eje, que operaría como una causa distante de lo que ocurre tiempo después. Es como con la decisión de dejar de fumar, que sólo es tal, y no autoengaño, cuando es seguida de las consecuencias requeridas, aunque nadie podría negar la importancia de convencerse para llegar a una decisión. Todo apunta, en consecuencia, a la conveniencia de ver las metáforas como lo que son, puntos de apoyo pero también, a veces, baldosas flojas. Recientemente, la película “Argentina 1985” enfocó los juicios a las juntas desde la clave del concepto griego de <em>kairós</em>, que alude a un lapso limitado en el cual los acontecimientos pueden ocurrir, luego del cual esa posibilidad se desvanece, como una ventana que se abriera dejando pasar el aire por un rato, y tal vez, pero sólo tal vez, permitiendo que entre un pájaro a la habitación. <em>Kairós</em> quiere decir que la historia, a diferencia de las mónadas, tiene ventanas, es decir, comercio con la contingencia. Creo que “Argentina 1985”, al analizar el acontecimiento del juicio a las juntas a partir de su fragilidad, de su contingencia, de las varias cosas que le eran necesarias, indispensables, pero ninguna de ellas suficiente por sí misma, nos habla de las distintas formas en las que el acontecimiento podría haberse frustrado. Me parece una saludable manera de reparar en aquello que, por costumbre, tendemos a dar por sentado.</p>



<div style="height:24px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://d3b5jqy5xuub7g.cloudfront.net/wp-content/uploads/2022/09/WhatsApp-Image-2022-09-29-at-13.01.32-1024x576.jpeg" alt="" width="646" height="363"/></figure>
</div>


<div style="height:24px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La moneda gira en el aire también en este texto, porque ya en las primeras frases entraron, o quedaron en el umbral, pugnando por ingresar, muchos elementos. Entraron la marca histórica inaudita de la continuidad institucional, el sufragio popular, los gobiernos constitucionales, quedaron en el umbral, aludidas, las interrupciones de un orden, los gobiernos de facto, una cierta idea de la soberanía asociada al sufragio popular. Un poco más allá, más difusas, pero a la mano tan pronto como nos hagamos otras preguntas, aparecen ciertas dimensiones de la realidad que aluden a otras continuidades y cambios irreductibles a nuestro punto de observación de la continuidad o interrupción democrática. En efecto, el sufragio popular se concretó en 1912 con la ley Sáenz Peña, respondiendo a una serie de luchas previas que no sólo pugnaban por el sufragio, y lo hizo también con alcances y límites definidos: sólo podían votar los varones argentinos, las mujeres e inmigrantes en general no podían hacerlo. Pensemos que el sufragio popular y la “ley de residencia”, que permitía al gobierno argentino expulsar del territorio nacional sin más consideraciones a los inmigrantes comprometidos en actividades políticas o sindicales, son contemporáneos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">De esta otra dimensión, que acabamos de hacer ingresar en nuestro texto, podemos esperar un rendimiento doble. Por un lado, tenemos a la democracia, al sufragio popular, a los gobiernos que resultan de estos, es decir, a aquello cuya continuidad se conmemora, un conjunto de mecanismos que hacen a la forma de gobierno, a la política. Por otro lado encontramos una dimensión más amplia, a la que ya aludimos más arriba como “forma de vida”, que contiene a la política, que influye sobre la política (el sufragio popular responde a luchas de aquellos excluidos del juego político y que por ello mismo, no podían expresarse en el plano de la política institucional) y que es también influida por la política. Podríamos llamar a esta dimensión, según un uso extendido, “lo político”, pero creo que hablar de “lo social”, abstrayéndonos de las connotaciones de armonía o consenso que a veces se le añaden a este término, marca mejor su heterogeneidad con, y por eso, contribuye mejor a definir la especificidad de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En la dimensión de lo social están la familia, la escuela, la iglesia, el mundo del trabajo, es decir la economía y otras tantas dimensiones, como los medios de comunicación, el deporte, asociaciones varias, etc. Se trata de ámbitos en los que también hay continuidades y rupturas que se miden de manera relativamente independiente de las continuidades y rupturas de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por ejemplo, la escuela pública, laica y obligatoria marcó una discontinuidad importante y estableció a su vez los carriles de cierta continuidad, que sufrió diversas alteraciones, al punto que hoy podemos interrogarnos sobre su continuidad. En efecto, la escuela pública que funcionaba como un continente que acogía en su seno las diferencias (la escuela del centro, la del barrio y la escuela rural, etc., una escuela “para todos”, pero que proponía un camino, una serie de etapas, primaria, secundaria, universidad, que no todos podían sin embargo seguir), no es lo mismo que una escuela pública contenida en un espacio más amplio, es decir que deja de funcionar como continente y que queda alojada en un espacio mayor donde hay escuelas privadas religiosas de distintos credos, y escuelas privadas laicas. El registro civil implicó un cambio sobre el registro parroquial de los bautismos y estableció los carriles de otra continuidad, como también lo hizo el “matrimonio civil” que heredó ciertas concepciones de su antecesor religioso, conviviendo en paralelo con el mismo, cuando en general un matrimonio implicaba dos ceremonias, basta mirar viejas tarjetas de participación en un casamiento, y que se verá modificado tiempo después, un poco a medida en que este maridaje entre las dos formas de matrimonio, civil y religioso, se vaya destiñendo, en el ciclo de 40 años de democracia, con el reconocimiento del divorcio primero y del matrimonio igualitario luego, que implicaron una redefinición mayúscula.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nuestras observaciones podrían dar la impresión de una primacía de la política sobre lo social, ya que al hablar de la escuela pública o del matrimonio civil hablamos de cambios que tienen su génesis en la sanción de leyes. Sin embargo, si pusiéramos la lupa sobre estos ejemplos para observarlos con más detalle, veríamos que la generalización de la escuela pública se articuló con cambios en el mundo del trabajo, más diversificado e incapaz de reproducir las habilidades requeridas de los operarios en el local donde se trabaja, y en la necesidad de integrar social y culturalmente, e incluso lingüísticamente, a un contingente humano en buena parte resultado del aluvión inmigratorio. También podríamos ver que en tanto sustrato ideológico, la escuela pública se articuló con las demandas por el sufragio popular. Si consideramos otros ejemplos, como cambios en el interior de la iglesia, la aparición de nuevos cultos o la organización sindical de los trabajadores, tendríamos que volver a reconocer una dinámica relativamente independiente de las leyes y las regulaciones estatales, es decir, de lo que aquí denominamos la política. Dicho de otra manera, la política, las leyes y las regulaciones, pueden reconocer, ser indiferentes o perseguir ciertos aspectos de la vida social, pero ello mismo confirma que lo social tiene cierta autonomía respecto a la política (y viceversa) y que influye sobre ésta de distintas maneras. Ambas series tienen pues una autonomía relativa. Para decirlo con Aristóteles: “continuidad”, y por consiguiente “ruptura”, se dicen de muchas maneras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esta tensión entre las leyes y lo social es constitutiva del pensamiento político nacional, al menos desde 1810, pasando por la generación romántica, que constataba la irreductibilidad de lo social a las normas explícitas, atravesando los planteos del <em>Facundo</em> de Sarmiento y llegando hasta nuestros días a través de distintas configuraciones más recientes de las que querríamos ocuparnos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si hemos hecho este largo preámbulo es porque nos parece que la democracia se instauró entre nosotros como un discurso totalizador. Recordemos que el entonces candidato Raúl Alfonsín pregonaba, durante su campaña electoral de 1983, que con la democracia se come, se cura, se educa, y que incluso la democracia podía levantar las cortinas de las fábricas cerradas durante la dictadura militar de 1976-1983. En ese discurso la democracia se presentaba como el punto fijo que solicitaba Arquímedes para, con un brazo de palanca conveniente, correr de lugar al mundo entero. A esto le llamamos discurso totalizador, a un discurso que remite todas las circunstancias a un núcleo esencial. Probablemente suene paradójico que achaquemos voluntad de totalización a un discurso democrático que se definía, justamente, por la exclusión de las opiniones obstinadas, como sostenía un artículo de Albert O. Hirschman traducido por <em>Punto de vista </em>en los años ochenta. Hirschman argumentaba que la democracia requiere la exclusión de las convicciones fuertes, de aquello que, por tratarse de una verdad para alguien, no requiere de una argumentación que la establezca, ya que le resulta evidente. El problema con las evidencias es que se bastan por sí mismas, por ello la política democrática las excluye, o lo que es lo mismo, las admite a condición de que se conviertan en meras opiniones, de manera que la construcción de la verdad resulte de un proceso colectivo de deliberación. En este sentido, el discurso democrático es antitotalitario, todo saber sobre la política, sobre sus alcances y sus límites, aparece en el mismo como una opinión obstinada, y el paso previo para que se la considere en la arena política es que se convierta en mera opinión. Pero ser antitotalitario no le impide al discurso democrático ser totalizador, ya que para el mismo la manera en que se come, se educa, se cura o se produce es consecuencia de la manera en la que se tramita el gobierno, y en particular la tramitación democrática, al tener en cuenta a todos y no sólo a unos pocos individuos, sería singularmente potente, si no omnipotente, como lo invocaba el cántico “¡el pueblo, unido, jamás será vencido!”. Es decir, que tiene que reclamar una primacía absoluta para la política en su relación con lo social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es interesante observar la manera en la que esta concepción se anuda con una opción política. En 1982 o 1983 la sociedad argentina atravesaba una crisis ostensible. Se venía de perder la guerra de Malvinas, se comenzaba a tener conciencia masivamente de los desaparecidos y los campos clandestinos de detención, el desempleo y el deterioro económico eran palpables, la inflación era alta y sostenida, llegando a dispararse incluso un proceso hiperinflacionario en 1983. Toda intervención política supone un diagnóstico de la situación, y la política hizo entonces el suyo: la decadencia nacional, esto es, las formas precarias en las que entonces se comía, se curaba, se educaba y se trabajaba, se debían a la ruptura del orden constitucional. Alfonsín lo verbalizaba a los cuatro vientos, la película <em>La república perdida </em>ofrecía una versión de esta idea para el gran público y Carlos Nino ofrecería, algunos años después, la teoría de este diagnóstico en <em>Un país al margen de la ley.</em></p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://2.bp.blogspot.com/-sq_RXUBDFuU/UzAYf6byZDI/AAAAAAAAH_U/KZVgEBKx8eg/s1600/1016842_597461210345002_2031803174_n.jpg" alt="" width="493" height="493"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración: Pablo Bernasconi.</em></figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No es que esta convicción no haya sido desafiada. Los cuestionamientos aparecieron tempranamente, por derecha y por izquierda. Por derecha, los militares reclamaban que la reorganización nacional, al derrotar al proyecto revolucionario, había puesto las bases sociales sobre las que se erigía la joven democracia argentina. Por izquierda, se criticaba la concepción de la dictadura del gobierno de Alfonsín, cuestionando que la interpretación histórica de la dictadura se realizara en términos restrictivamente jurídicos. Al encorsetar los acontecimientos en una matriz jurídica, la dictadura quedaba reducida, en cierta manera, a los crímenes de la dictadura. Los juicios se concentraron en el brazo ejecutor militar, y esto constituyó el núcleo de una lectura del pasado y del presente, oscureciendo las responsabilidades económicas y políticas generales de los distintos actores intervinientes en la dictadura. Por derecha y por izquierda, con valoraciones distintas, se le reclamaba a la autoconciencia de la joven democracia argentina que no quisiera mirar al proceso que había tenido lugar en la sociedad más que como efecto, desestimándolo como causa. Como lo sintetizó Fogwill por entonces, el error consistía en creer que la derrota política de los militares implicaba la derrota del proceso de reorganización nacional. De allí se seguían una serie de valencias paradójicas: que los derrotados se percibieran como vencedores, que los militares fueran socialmente considerados como los responsables intelectuales del proceso de reorganización nacional y que los genuinos vencedores, aquellos que para disfrutar de su victoria no precisaban declararla, quedaran fuera del campo del análisis político, sin que se les exigiera decir una palabra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Lo cierto es que este discurso crítico desde la izquierda no consiguió organizar las posiciones resistentes, o no lo consiguió masivamente, logrando, sin embargo, obtener resultados importantes en la investigación historiográfica, económica, etc. Incluso es plausible sostener que este discurso es el trasfondo ideológico en el que hay que buscar la transformación de la política nacional que implicó la caducidad de los indultos y la reapertura de los juicios a las juntas militares. Pero considérese que, si entonces el sintagma “Dictadura cívico-militar”, o incluso “cívico-militar-religiosa” adquirió cierta circulación masiva, el impacto de esta operación ideológico-conceptual pasó, una vez más, por el ámbito judicial, alentando la posibilidad de juzgar a los responsables empresariales de la dictadura, un terreno cuyo impacto simbólico no hay que desdeñar, pero cuyos resultados son, por definición, limitados. El otro ámbito en el que esta formulación podría tener impacto había sido señalado con claridad en 1977 por Rodolfo Walsh en su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” según la cual lo más siniestro de la dictadura no estaba en los campos clandestinos de detención, sino en su plan económico, en la miseria planificada. Sin restarle importancia a lo que ocurre en los tribunales, lo cierto es que un proceso social de estas características no se puede reparar en los tribunales. En este terreno, la democracia argentina se encontró con múltiples dificultades, el mundo había cambiado entretanto y la posibilidad de reconstruir el viejo modelo de acumulación basado en la sustitución de importaciones podría discutirse largamente con resultados inciertos. Pero lo cierto es que la democracia ha implicado retrocesos significativos para una política de desarrollo que contemple el bienestar de la población, como lo que ya sugerimos a propósito del retraimiento de la escuela pública, o el hecho de que en una economía muy dependiente de los recursos naturales como la argentina, la constitución de 1994 le otorgue la negociación a los estados provinciales, un actor constitutivamente más débil que el Estado Nacional. Estos temas no ocupan hoy con la fuerza requerida la agenda de la política democrática.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Se podría encontrar en esta crítica de la democracia realizada desde la izquierda las características de otra totalización, que, para simplificar, considera que la manera en la que se come y se trabaja explica la manera en la que se cura, se educa y se gobierna. De allí que se avisore que la resolución del estado actual consiste en una vuelta al conflicto original en un nuevo estadio. No es de sorprender que la izquierda haya estado dominada por un sentimiento de nostalgia. Tal vez convenga entonces recordar aquello que alguien dijo, alguna vez, acerca de que nunca suena solitaria la hora de la última instancia. En tal caso, sería vana cualquier esperanza en los retornos históricos. El momento actual es un complejo enmarañado de entramados estructurales que con sus continuidades y rupturas hacen que una sociedad se individualice. En el momento actual hay, naturalmente, efectos del pasado, e incluso hay lo que podríamos llamar “supervivencias” del pasado pero su retraso es sólo aparente, su eficacia, que existe, depende de su posición en el momento actual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hace algunos años, en una película, Kelly Reichardt propuso una magnífica visión de un estado de ánimo poco visitado. En la película “Old Joy”, que podría traducirse como “Alegría vieja” o incluso como “Alegría gastada”, se relata el reencuentro, ya adultos, de dos viejos amigos de la adolescencia o de la infancia que deciden realizar juntos una excursión al bosque. La película está plagada de escenas de intimidad precaria, frágil, a veces decididamente malograda, que poco a poco van dejando claro que el camino recorrido ha hecho de las suyas en el lugar que cada uno de ellos tenía en el otro. La vida, con su temporalidad polifacética que la torna imprevisible, es también irremediablemente presente. En virtud de ello se me ocurre que no es una mala idea preguntarnos hoy, nuevamente, si es cierto que con la democracia se come, se cura, se educa y se trabaja, y si no ocurre también que la democracia que tenemos es un resultado de la manera en que se come y no se come, se cura y no se cura, se educa y no se educa, y se trabaja y no se trabaja. Intuimos que la imaginación política podría buscar allí algunas pistas para proponer una política democrática que sea algo más que una alegría gastada.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 5 de junio de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Profesor de filosofía, UNLP, Investigador de Conicet.</p>
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		<title>El deber de comprender &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Dec 2025 22:17:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Tatián]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonsin]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Golpe de Estado 1976]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A meses de conmemorarse los cincuenta años del golpe de 1976, Diego Sztulwark señala que la polémica en torno al balance de la política de derechos humanos de los gobiernos kirchneristas, abierta por el gobierno actual, no puede ser afrontada desde la nostalgia alfonsinista como tampoco desde la impunidad menemista. La denuncia del carácter de clase del golpe nos compromete en relación a las injusticias derivadas de la estructura social del presente.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1 wp-block-paragraph"><strong><em>A meses de conmemorarse los cincuenta años del golpe de 1976, Diego Sztulwark señala que la polémica en torno al balance de la política de derechos humanos de los gobiernos kirchneristas, abierta por el gobierno actual, no puede ser afrontada desde la nostalgia alfonsinista como tampoco desde la impunidad menemista. La denuncia del carácter de clase del golpe nos compromete en relación a las injusticias derivadas de la estructura social del presente</em></strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2 wp-block-paragraph"><br><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)<br></em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4 wp-block-paragraph"><a href="https://lamesa.com.ar/memoria-justicia-y-politica-en.../..."><strong>Claudia Hilb</strong></a> sostiene que su generación debe comprender lo que sucedió durante los años setenta, y que quienes tuvieron cualquier participación en la insurgencia armada deben ser críticamente valorados de acuerdo con su contribución objetiva al desenlace del horror desencadenado, sobre todo a partir de 1976. Explica que ese proceso comprensivo desemboca –al menos para ella– en una posición de defensa de la demarcación -alfonsiniana– entre democracia/dictadura, simbolizada en los juicios de 1985, y en una toma de compromiso en solidificar, desde esas bases, las instituciones democráticas. A partir de esas premisas rechaza como partidista la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad ocurridas durante el kirchnerismo con argumentos jurídicos, históricos, políticos e ideológicos, aclarando que la actual descomposición de ese movimiento político, y la ofensiva de la ultraderecha en el gobierno, constituyen una ocasión propicia para insistir en la senda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5 wp-block-paragraph">Luego de leer y meditar sus argumentos –y adhiriendo a la oportuna acotación que le hizo <strong><a href="https://x.com/LaInca_/status/2004632570861158403/photo/1">Sebastián Lacunza</a> </strong>sobre el papel del progresismo no kirchnerista frente a la política de derechos humanos abierta luego de 2003– creo posible agregar brevemente, desde otro punto de vista –etario y político–, una observación que pretende ampliar ese «deber de comprender» que rige el razonamiento de la autora, introduciendo la plena legitimidad de la lucha por hacer de la democracia algo más que una deducción de esquemas normativos e institucionales adecuados a un contexto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6 wp-block-paragraph">La disputa por el significado de la democracia en momentos políticos diversos, es parte inherente del juego democrático mismo, y es por eso que la democracia resulta inseparable de la discusión política por sus sentidos, siendo el más radical de ellos el que proporciona el derecho y la ocasión para pronunciar aquellas palabras que, debidamente articuladas en estrategias multitudinarias, permitan reconstituir la capacidad de ruptura con las estructuras de un capitalismo dependiente por medio de estrategias claramente discutidas por los muchos, y actualizadas a los grandes dilemas del presente. En otras palabras: el problema del kirchnerismo y las políticas de derechos humanos de las décadas pasadas no fue el no haber sido lo suficientemente apegada a narraciones consensuadas durante la llamada transición democrática, sino –en todo caso– el no haber llevado adelante, en el terreno de la economía, las conclusiones necesarias que derivaban de sus propias premisas. Quiero decir: una vez establecido que el terror estatal no obedeció a un mero acto de autoritarismo ni a un genérico proyecto totalitario, sino a un diseño preciso de reestructuración del dominio social jamás revertido (el Estado Terrorista, tal y como lo estudió para el caso argentino Eduardo Luis Duhalde, es una forma específica de institución anti-insurreccional), no es posible limitar las prácticas democráticas a los límites que ese proyecto de dominación instaura, ni eludir la necesidad de transformar las estructuras económicas que esa dominación impuso. De igual modo, una indispensable meditación sobre nuestra historia reciente que reivindique escenas de palacios de justicia y tribunales será siempre insatisfactoria si relega el aporte decisivo de las luchas por la memoria, la verdad y la justicia desarrolladas en las calles, en las marchas, en las asambleas, en los libros y en fotos internacionales. Fue una sociedad crítica y movilizada la que hizo, una y otra vez, inviable la reducción de la memoria, la verdad y la justicia a documentos oficiales, escenas estatales y rituales consolidados. Si se omite esa historia complementaria e incesante, se corre el riesgo de desvincular la lucha por la memoria de las injusticias sociales, de las del presente (desvinculación imposible, puesto que las causas estructurales de una situación y otra se enlazan). Hace unos días circularon las imágenes de vecinos repudiando el asesinato policial de un vecino de Lugano. Allí se escuchaba a personas cantando «yo sabía que a Gabriel lo mató la policía», y «como a los nazis les va a pasar». Las conexiones están vivas, y son esas napas subterráneas, debidamente despertadas a partir de la conflictividad social actual, las que podrían ayudarnos a quebrar el proyecto en curso que aniquila todo contra-poder colectivo por medios «democráticos». Este proyecto en curso se nutre, por cierto, del proceso histórico argentino, pero lo hace en consonancia con proyectos globales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7 wp-block-paragraph">A cincuenta años del golpe de 1976, nos cabe a todos la responsabilidad de preguntar de nuevo qué cosa nos unen a aquellos proyectos insurreccionales, cuya represión explica la ferocidad del horror aplicado, y cómo retomar fuerzas en nuevas condiciones para reemprender una lucha cultural y política contra quienes se proclaman vencedores de ayer y de hoy.</p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8 wp-block-paragraph">Lunes, 29 de diciembre de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9 wp-block-paragraph">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="auto, (max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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