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	<title>golpe archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Tue, 31 Mar 2026 19:14:51 +0000</lastBuildDate>
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	<title>golpe archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Últimas Imágenes del Proceso &#8211; Por Carlos Caramello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Caramello]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[1976]]></category>
		<category><![CDATA[50 años]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe de Estado]]></category>
		<category><![CDATA[Nunca Más]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Víctimas de una suerte de stress post traumático, militamos los desaparecidos, los nietos apropiados, los juicios de lesa humanidad… pero nunca explicamos con claridad contra qué habíamos peleado, cuál era el modelo de país que trataban de imponernos.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5da65af119bcab3cb8e91b61c7f7b7b5"><strong><em>Víctimas de una suerte de stress post traumático, militamos los desaparecidos, los nietos apropiados, los juicios de lesa humanidad… pero nunca explicamos con claridad contra qué habíamos peleado, cuál era el modelo de país que trataban de imponernos.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b5ce29d759cc647cf063222b343211c3"><strong>Por Carlos Caramello*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0919075267a4381b996e0fee05fa2616"><em>“La peor derrota en todo es olvidar,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-628310b82fe39bc29353871da525116d"><em>y es sobre todo lo que te lleva a la tumba”</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4c6b8ebeb47f2fc3e6a86116bb803b78"><strong>Emmanuel Carrère</strong></p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b238cbf41aab486761745ac1da6f538e">Perdimos. Lo que de lejos semejaba victoria se transformó en un fracaso abrumador. Depusimos las armas y entregamos los medios de construcción de sentido. Los combatientes se transformaron en mediadores. Los comandantes, en personeros de la corrección política. Y Jorge Born devino socio de Rodolfo Galimberti, su secuestrador… Perdimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f22cd96bedec91574907bdf3ee813d01">Víctimas de una suerte de stress post traumático, militamos los desaparecidos, los nietos apropiados, los juicios de lesa humanidad… pero nunca explicamos con claridad contra qué habíamos peleado. Cuál era el modelo de país que trataban de imponernos. Qué derechos venían a conculcarnos. En síntesis: ofrecimos un techo, pero no les revelamos la intemperie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4406c0762b1202ed1124d5d7a4718aff">Tampoco fuimos claros en el contra quiénes. Nos solazamos en bajar los cuadros: nos alcanzaban esos mamotretos pomposos vestidos de verde oliva. Culpables, claro -de tan imbéciles que fueron-, enredados en la madeja impredecible que se hila en una rueca de sangre y falsas valentías: el Ejército de San Martín transformado en un hato de cobardes siguiendo las órdenes impartidas a cuatro descerebrados desde la Escuela de las Américas. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ee0691bdcc84bc79942309568acf1468">Los malos, los de verdad, fueron otros. Los no juzgados. Los titiriteros en las sombras, apropiadores de seres y fortunas ejerciendo sus íntimas perversiones en sótanos tapizados; evitando dar la cara que militares y algunos civiles ponían tan contentos a cambio de centavos o falsas honras. Esos. Los verdaderos monstruos, pasaron por debajo del radar con gestos de bonhomía como aquel de Franco Macri que donó las computadoras para el tribunal que juzgó a las Juntas. El mismo Franco Macri que inició el Proceso con 7 empresas y lo cerró con 46. Y acaso sea el ejemplo menos siniestro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d7c34be48d32a71430ea5ea893a9196">Perdimos cuando le dimos a Ernesto Sábato el prólogo del Nunca Más para que teorizara sobre sus propios demonios: la contradicción entre almorzar con Videla (que le dio una “excelente impresión” al escritor y lo definió como “un hombre culto, modesto e inteligente”) y, casi al unísono de esa mancada, golpearse el pecho por los muertos y desaparecidos que pusimos los peronistas… justo él, que era algo así como el epítome del gorila.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-102ca75987cab4a6fa96407ecaf6d881">En la mesa de tortura de <em>Clarín </em>y <em>La Nación</em> apropiándose de Papel Prensa perdimos. Perdimos porque salimos por la derrota de Malvinas y no por el triunfo de la política. Y volvimos a perder cuando pusimos a dos viejitos sin carisma, como Lúder y Bittel, a representar lo que de combativo tenía la juventud. Cuando pintamos en las paredes “<em>Somos la Rabia</em>”, identificándonos con la progresía burguesa parisina de Mayo del ´68, sin asumir que éramos hijos de obreros y que estábamos saliendo del momento más rabioso y opaco de toda nuestra historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2b55c60e345c261d1ad3a8bfc70ec959">Ya veníamos perdiendo desde hacía mucho tiempo. Antes, incluso, de que se inaugurara el peronismo. Cuando el anti peronismo gobernaba y proponía un modelo de país: el centralista Congreso de Tucumán, la Constitución Unitaria de 1819, Caseros, Pavón, Curupaytí, la Generación del ´80, el fusilamiento de los peones de la Patagonia Trágica, el derrocamiento de Hipólito Irigoyen, la legalización de los Golpes de Estado por parte de la Corte Suprema en 1930…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c187998e0aaf220745f0417a5137aa29">Perdimos cuando Mitre nos birló la Historia para escribir una “oficial” en donde él quedaba como un héroe (pésimo general, peor traductor, pero excelso propagandista). Y volvimos a perder en los democráticos ´80s cuando les entregamos las universidades a los radicales que nos odian (quedan apenas tres y todavía nos dicen: “<em>tienen razón, pero no podemos votar con ustedes</em>”) y los negocios a los que habían craneado y financiado el Proceso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2044cd3de85050c850a6620fc135868e">Perdimos cuando Carolina Serrano, (a) Patricia Bullrich, miembro de la Juventud Peronista aunque hoy lo niegue, dedicó sus últimos treinta años a moler a palos a compañeros, someter y hambrear a jubilados, conculcar derechos laborales, pernoctar con la Mossad, coquetear con el tráfico de armas, disfrazarse de Annie Oakley para celebrar el 4 de Julio en la embajada, lavar dinero tostado y aplaudir como una foca dipsómana cuando el cosplayer de granadero se calotea el sable corvo, símbolo de nuestra soberanía, para devolvérselo al Ejército justo cuando se cumplen 50 años del golpe de Estado más fatídico y sangriento de nuestra historia. Manyá la metáfora y decime si perdimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6d9bb08cfdb9c2d1b62c46a3fff35d0a">Perdimos cuando no nos animamos a ser lo que dicen que somos. Cuando “<em>la vida por Perón</em>” se transformó en “<em>Perón o heridas leves</em>”. Y nos ganó la corrección política. Y quisimos ser Ellos. Y cambiamos la militancia por el marketing. Y dejamos de formar cuadros y dirigentes para votar candidatos de diseño. Y los punteros se conformaron con los planes; y los sindicalistas con la caja y las listas se llenaron de notorios. Ni siquiera notables. Notorios…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7c26bb7194e6cf24fac740d796058f2a">“<em>Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón en volver a intentarlo</em>” nos avisaba, allá lejos, Envar “Cacho” El Kadri. Sólo que esta vez no alcanzará con que nuestros jóvenes sepan “<em>que no todo se compra ni se vende</em>”. Debemos explicarles, con claridad, con certeza, mirándolos a los ojos, qué se puede comprar y qué vender. Y también quiénes quieren comprarnos y vendernos. Pero, sobre todo, que ese asimétrico arte del intercambio capitalista puede y debe consumarse a favor de la Patria.</p>



<div style="height:51px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a4dbe255ce14485b107ae235bd5b861">*Licenciado en Letras, escritor, periodista y analista político.</p>



<div style="height:14px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width: 271px) 100vw, 271px" /></figure>



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<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p></p>
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		<title>El ocaso y la noche &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/el-ocaso-y-la-noche-por-e-raul-zaffaroni/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El recuerdo de este cincuentenario debe servir para alertarnos y para reavivar la llama de la imaginación política frente al creciente desconcierto. Ante la caída de la noche, proyectar un futuro superador. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-ocaso-y-la-noche-por-e-raul-zaffaroni/">El ocaso y la noche &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-67ea52e7b4ccc3539a8bbe0748d4b8a7"><strong><em>El recuerdo de este cincuentenario debe servir para alertarnos y para reavivar la llama de la imaginación política frente al creciente desconcierto. Ante la caída de la noche, proyectar un futuro superador.</em></strong> </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a6644aad569b14774455ac04fc54f1c1"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8eab71e14eb19fd16d264762e813786">La caída del sol es más breve en los trópicos que aquí en el Sur; no obstante, hace cincuenta años sentimos que la noche nos cayó de repente. Con el diario del lunes, y más con el del lunes después de medio siglo, vemos que no debía sorprendernos, que el ocaso tenía más de dos décadas, que había comenzado el 16 de junio de 1955, cuando pasamos a ser la primera capital de América bombardeada desde el aire, que después de esa fecha todo había ido&nbsp;<em>in crescendo</em>&nbsp;hasta llegar a noche cerrada, a la oscuridad de los&nbsp;<em>Falcon</em>&nbsp;verdes, a la degradación del Estado para convertirse en secuestrador, torturador y asesino. En realidad, era el final previsible de un largo ocaso de odio y también de intereses, porque la noche venía acompañada por la figura tristona de Martínez de Hoz, que inauguraba un fenómeno cíclico que se repetiría hasta el presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-47eb85fd9d72f2f8d2f41861424e6c88">Antes de la caída total de la noche, muchos pensaron que María Estela Martínez de Perón podía terminar su mandato, pues no faltaba mucho para las elecciones, podía ser electo Luder o Balbín, podía amainar el odio, bajar su nivel, pero no fue así, había designios que superaban el escaso poder de la pobre política local y, como siempre, la historia no se escribe con potenciales y terminó de caer la noche, decidida lejos de nuestro Sur: se había inyectado y había prendido el delirio de la llamada doctrina de la&nbsp;<em>seguridad nacional</em>, es decir, un disparate que alucinaba la tercera guerra mundial, en la que éramos uno de los supuestos campos de batalla, donde debían defenderse unos indefinidos valores occidentales frente al marxismo, como si Marx hubiera sido chino, todo lo cual se estudiaba en los manuales norteamericanos simplificados de los franceses colonialistas de Argelia. Estos últimos criminales, a cuyas atrocidades puso fin Charles De Gaulle, porque le estaban quebrando las finanzas francesas y a quienes los defensores de occidente quisieron matar, considerándolo traidor, desde años antes incluso nos hacían el honor de tener una misión permanente en nuestro Ministerio de Defensa.&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e55946b2d86b1954af2bf646a6276693">Cuando en un país las llamadas eufemísticamente&nbsp;<em>fuerzas del orden</em>&nbsp;se vuelven agentes del&nbsp;<em>desorden</em>, cuando se supone que quienes deben cuidar nuestra vida se convierten en quienes se atribuyen el poder de privarnos de ella arbitrariamente, cuando se ejerce el llamado poder punitivo&nbsp;<em>subterráneo</em>, con desapariciones forzadas, ejecuciones sin proceso, torturas, secuestro de niños,&nbsp;<em>botines de guerra</em>, es decir, se regresa hasta más atrás de las inquisiciones de medio milenio antes, todo se hunde en el caos y la anomia: llega la noche, el desconcierto en medio del odio desenfrenado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3723c478f321be0d839737e134745b59">No obstante, es triste recordar –pero debemos hacerlo- las calcomanías cínicas que decían&nbsp;<em>Los argentinos somos derechos y humanos</em>&nbsp;en los parabrisas de los automóviles, no solo en los de los taxistas, que eran obligados, sino en los de muchos otros. En todo genocidio hay quienes no sienten el peligro porque se consideran inmunes, obviamente, hasta que les llega.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-359f650a0607dd034ae214c491abff72">Y el final no fue precisamente a toda orquesta, sino que se hundió el escenario cuando se rompió la viga maestra pergeñada por la figura tristona antes mencionada: se terminó la&nbsp;<em>plata dulce</em>, el dólar barato y el&nbsp;<em>deme dos</em>&nbsp;de la clase media turista. Allí se les ocurrió despertar el sentimiento de soberanía nacional y ocultar el desastre provocando la guerra de Malvinas, donde hicieron gala de incapacidad técnica, ocultaron la información acerca de las vidas de nuestros muchachos y de algún patriota, regalándole a la baronesa Mrs. Tatcher su venturoso futuro electoral. Y el etílico responsable máximo minimizó todo diciendo que había costado menos vidas que las de las víctimas de accidentes de tránsito, iniciando de este modo la cuestión de contabilidad cadavérica que se pretende esgrimir como argumento hasta el presente. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-545406683fe5bf7ad5f8e7f3c431ab9f">Volver los ojos al pasado es importantísimo, o sea, no perder la memoria, reforzarla, recuperar el pasado, recordar, especialmente en momentos en que se pretende opacarla, negar lo sucedido, aprovechando que las nuevas generaciones no han vivenciado la noche siniestra de la dictadura. Recordar todo esto a nuestras generaciones actuales es un ineludible deber cívico, es decir, de todos los ciudadanos, para alertarnos, no solo a los jóvenes, sino también a los no jóvenes, para que no olvidemos, para que&nbsp;<em>nunca más</em>&nbsp;se repita</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3b157eab327cf818eafed7ef408b4b35"><em>Recordar</em>&nbsp;es una palabra que proviene del latín&nbsp;<em>recordari</em>, de&nbsp;<em>re</em>&nbsp;(otra vez) y&nbsp;<em>cordis</em>&nbsp;(corazón). Los romanos asociaban el recuerdo al corazón, al sentimiento, y traer a la consciencia algo del pasado no es gratuito, es volver a vivenciarlo o a transmitir su vivencia, el recuerdo no se agota en el intelecto, sino que también está íntimamente asociado a lo afectivo, a la esfera emocional. No en vano en portugués&nbsp;<em>acordar</em>&nbsp;significa&nbsp;<em>despertar</em>, quizá también en el sentido de volver a ligar, a unir y, justamente es eso a lo que debemos proveer a la hora de la memoria, a&nbsp;<em>recordar</em>&nbsp;la noche, la vivencia de la noche para quienes no la vivieron,&nbsp;<em>despertarlos</em>&nbsp;ante riesgos presentes o futuros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-08004db15e250880a72d8a9bb33d577e">Decimos riesgos presentes o futuros en momentos en que cunden los llamados&nbsp;<em>discursos de odio</em>, hasta ahora casi reducidos a eso, a discursos, pero no es inofensivo, porque sin discurso no es posible ejercer el poder, razón por la cual los dictadores, que saben de poder, cuidan los discursos. No nos olvidemos de la persecución y quema de libros, no de la Plaza de la Ópera de Berlín en 1933, sino del millón y medio de ejemplares del Centro Editor de América Latina en 1980, o sea, de unas 24 toneladas de material destruido en Sarandí, ni tampoco de quienes quemaban o enterraban libros por temor a allanamientos clandestinos y que los ficharan por la simple tenencia de esos volúmenes. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3d2cc3692c426ab68313cbe387a1cc23">Hoy se habla de la&nbsp;<em>batalla cultural</em>&nbsp;y se hacen afirmaciones y valoraciones bastante discutibles, a veces con una sobrecarga de exagerado pesimismo, cuando en verdad se trata de discursos de odio que siempre reaparecen en los momentos de decadencia civilizatoria como el presente. Lo que en verdad es peligroso es que los discursos de odio pueden preceder a la violencia abierta, que es de lo que debemos cuidarnos. Las acciones más o menos histriónicas, los gestos grotescos, la exhibición de la ignorancia grosera, las mentiras descaradas, no son nada saludables en la política, pero por sí mismas no tienen consecuencias graves en el directo sentido de letales, solo pueden tenerla como antesala de la violencia, que bien puede iniciar otro largo ocaso, que es indispensable evitar o neutralizar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cec72e784d144cabed9f7baef1cdd07d">El problema es que tampoco la actual confusión discursiva de odio disparado y a veces disparatado se inicia entre nosotros, sino que viene importada desde el Norte, igual que en su momento lo fue el disparate de la llamada doctrina de la&nbsp;<em>seguridad nacional</em>, pero ahora no es Henry Kissinger sino el propio Trump quien, curiosamente, pretende asumir en forma clara y expresa el rol de un nuevo Stalin y convertir a todos los países de nuestra América en Estados satélites, reinstalando algo así como las prácticas propias de la vieja invasión a Hungría o unas nuevas&nbsp;<em>primaveras de Praga</em>. Poco importa que el discurso de Stalin y Brezhnev afirmaba ser marxista y el de Trump afirma que el marxista era Lord Keynes, porque estos contenidos discursivos que legitiman poder son siempre detalles menores, dado que lo importante es el odio, la incapacidad de diálogo que pone en evidencia una bien definida predisposición antidemocrática.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-82c46955c4441192cc22d131711a7e99">Por cierto, es en esto último donde debemos poner suma atención al recordar este cincuentenario. La analogía del discurso de&nbsp;<em>seguridad nacional</em>&nbsp;y el del&nbsp;<em>anarcocapitalismo&nbsp;</em>no se agota en que ambos provienen del Norte, en que desde el punto de vista de su grado de elaboración teórica son harto pobres y, en definitiva, en que están por completo huecos de racionalidad, sino también en algo que es de extrema importancia como alerta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1381dfdd3d2befb68d06c5fb13a507d1">Veamos: ante todo, la&nbsp;<em>seguridad nacional</em>&nbsp;vino de la mano con la figura tristona que inventó la&nbsp;<em>tablita</em>&nbsp;que al fin produjo el desastre que acabó en la guerra de Malvinas; el&nbsp;<em>anarcocapitalismo</em>&nbsp;llega con sus discípulos, que son figuras más decadentes e histriónicas, a juzgar por sus inusitadas mentiras y sus tilingadas baratas, como alardear de comprar su ropa en el extranjero. Por lo menos, Martínez de Hoz conservaba cierta&nbsp;<em>pose de clase</em>&nbsp;–oligárquica- que le impedía caer en lo tragicómico. Pero en segundo lugar –y esto es bien alarmante- es que ambos discursos construyen un enemigo al que aniquilar, es decir, que comparten la definición de la esencia de la política de Carl Schmitt, el perverso&nbsp;<em>Kronjurist</em>&nbsp;del&nbsp;<em>Dritte Reich</em>, que dio forma definitiva a esta definición en un discurso pronunciado en la universidad franquista, donde sintetizaba y postulaba la versión originaria francesa argelina de la seguridad nacional y defendía a quien había planificado justamente el atentado a De Gaulle.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b65b0c46e01c1c842d1799e79dd35e70">Sean los comunistas&nbsp;<em>del trapo rojo</em>, Lord Keynes, los&nbsp;<em>cucas</em>&nbsp;o el peronismo, ambos discursos hablan de aniquilamiento, de entierro, de erradicación. Esto es lo peligroso, lo que debemos aprender de la experiencia de hace medio siglo y transmitir a las nuevas generaciones. Debemos prevenir para que no nos sorprenda la noche por no haber visto antes un largo ocaso y, para eso estamos a tiempo, pues por ahora son discursos, pero las alharacas punitivistas de una ministra y senadora que pasó por todos los colores y matices políticos, nunca muy pacíficos, ya ha causado muertos y heridos, aunque no se compara con el comienzo de brutal criminalidad del anterior ocaso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7067a2db8f02ed1926367950f0363d93">Es verdad que ahora la confusión la aumenta la comunicación y los nuevos medios, pues la tecnología comunicacional ha cambiado y el desconcierto se produce mediáticamente, inconscientemente se baja la guardia frente a evidentes mentiras, como mecanismo de huida a la angustia de la anomia, y lo cierto es que la oposición no ha producido un proyecto de sociedad mejor que impacte lo emocional, que genere una nueva mística comunitaria de superación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-35bdfe9a6e82a2e138744f96a9302a34">Amílcar Cabral advirtió que todo cambio comienza con lo emocional, aunque nuestra pretensión de racionalidad lo envase luego en términos intelectuales y, por cierto, esto nos está faltando. Pero, aunque las patas de la mentira sean hoy un poco más largas, llega el día en que estas no alcanzan, no es posible la mentira indefinida, eterna, y no sabemos qué reacciones puede provocar el desengaño. Es urgente mostrar proyectos, porque como escribió el Papa Francisco,&nbsp;<em>esto no se sostiene.&nbsp;</em>La destrucción de la función providente del Estado y la compensación con el reforzamiento de su aparato represivo, es decir, el paso del&nbsp;<em>Estado providente</em>&nbsp;al&nbsp;<em>Estado represor</em>, puede anunciar el comienzo de un nuevo ocaso. El recuerdo de este cincuentenario debe servir para alertarnos y que no nos sorprenda una nueva caída de la noche: debemos reavivar la llama de la imaginación política y frente al creciente desconcierto proyectar el futuro superador.&nbsp;</p>



<div style="height:44px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f07797593d9ae7907732853a6be4116">*Profesor Emérito de la UBA. Ex miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ex Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.</p>



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		<title>24 de marzo de 2026: Del terror de estado al terror de masas &#8211; Por Alejandro Kaufman</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:12:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alejandro Kaufman]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aunque la vida en común venga siendo estragada por el crimen social de la violencia socioeconómica concentradora de la riqueza en pocas manos, con indiferencia por el dolor ajeno, continuará la consigna levantada y caída una y otra vez, mientras una chispa de esperanza utópica siga viva: Nunca más.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4e29ce7bf2b3b897f13e4b73a04bf362"><strong><em>Aunque la vida en común venga siendo estragada por el crimen social de la violencia socioeconómica concentradora de la riqueza en pocas manos, con indiferencia por el dolor ajeno, continuará la consigna levantada y caída una y otra vez, mientras una chispa de esperanza utópica siga viva: Nunca más.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b2e1b2e696387ed6bec7a6d1db067696"><strong>Por Alejandro Kaufman*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e8f804dfdaef1eddf9261ee6d0c1eaf9">La inquietud distópica porque la fecha invierta su sentido para tornarse reivindicación de la “reorganización nacional” no encontró todavía su nuevo límite en los tiempos de oscuridad que corren. La Argentina que ellos quisieron ya no aparece como advertencia o aviso de incendio por parte de un temperamento preventivo, sino como gradual y creciente manifestación de aquello que en forma latente estuvo respirando estrago todos estos años desde la vergüenza arrojada sobre la sociedad que consintió el horror.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-972d21b4085222b5a58bb2231327581a">Transcurrido medio siglo, lo que tenemos o lo que podemos pensar en estos días es cómo de alguna manera hemos vuelto en muchos aspectos, no en otros ni en todos, a los que fueron los designios de la dictadura, no en sus métodos sino en sus propósitos, no en idénticas consecuencias luctuosas, sino en la vida en común imaginada por ellos. ¿Cuál era el país que quería la dictadura? Un país en el que se suprimiera la justicia social hasta cierto punto. Que la justicia social se extinguiera, que se redujera a su menor expresión, que se desvitalizara. La dictadura no pretendió tanto como abolirla por completo y declararla crimen imprescriptible, como ahora se ha dicho. Pretendió erradicar, exterminar a quienes habían sido los actores de <em>una forma</em> de la justicia social, considerada tanto en la dictadura como después, como incompatible o indeseable para una vida democrática. La dictadura se figuraba una vida democrática expurgada, depurada de <em>utopías</em>. Quería esterilizar esos “elementos”, excluir demandas de justicia que tuvieran cierta radicalidad, cierto grado de irreductibilidad o de irreversibilidad, porque para ellos alteraban determinados valores o determinada lógica jerárquica conservadora, “occidental y cristiana”. La dictadura pretendía una democracia depurada con un enfoque socioeconómico neoliberal capitalista tributario de la riqueza concentrada, pero nunca se le ocurrió explícitamente ni en cuanto a sus acciones destruir el Estado en forma programática y deliberada. No obstante que hirió al estado en sus cimientos, al desaparecer a una multitud, y al desaparecerla para siempre, y al falsificar identidades de cientos de recién nacidos. Hirió al estado porque el grado cero del estado es el registro poblacional de quién nace y de quién muere. Esa condición precede incluso a identificar a las personas de manera moderna. Destruir el lazo social en su determinación poblacional, en su propia existencia reconocible y compartible, rompe un principio civilizatorio originario aun anterior a la estatalidad misma. Gobiernos democráticos hicieron mucho por reparar esa demolición, por restaurar el lazo social, siempre frente a diversos grados de apoyo y compromiso, o indiferencia y aun oposición silenciosa o marginal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f682e699ba2310ea1bf88c28a81cbd6">No fue anarcocapitalista la dictadura. Las ideas del anarcocapitalismo comportan una distopía que pretende llevar las características monopólicas del capitalismo hasta sus últimas consecuencias. Lo dicen ellos mismos. No es una interpretación. Una distopía constituida por una elite de millonarios a la enésima potencia, un Olimpo selecto formado por un puñado de propietarios del universo entero. Rememorar es recordar continuidades y discontinuidades, identidades y transformaciones. Reconocer los distintos y cambiantes rostros de lo que perpetra, hiere y mortifica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e3033e2d38ba07a576ec89ce3d1ce41">Y entonces, en el trayecto hacia esa distopía se sigue un camino que fue trazado también en la época del menemismo, que tuvo diversos momentos de intención y que constituyó el legado del programa socioeconómico de la dictadura. Son las mismas acciones llevadas al límite. Nunca la abierta crueldad y brutalidad con que se plantea esta depuración radical, extrema de la vida social, había alcanzado una expresión de esta naturaleza y alcance pretendido. La otra diferencia importante entre la dictadura y el momento actual es que en la dictadura hubo un consentimiento silencioso, pasivo, implícito, no reconocido, mientras que ahora se alcanzan propósitos similares en ese terreno de lo socioeconómico a través del voto. O sea, hay una voluntad que es abigarrada, que es obtusa, que es oscura, que niega algunos aspectos y afirma otros, pero que concuerda, que apoya un proyecto que está desencadenando los fenómenos que venimos padeciendo y que son posibles porque se los asume como un sacrificio necesario frente a un enemigo que hay que destruir. Eso también, el enemigo que destruir, es algo común con la dictadura. En la dictadura había un enemigo que eliminar, que desaparecer. Y el enemigo que ahora se trata de destruir y desaparecer en realidad es el mismo enemigo, con métodos distintos. Los métodos diferentes no son solamente los métodos del gobierno para realizar su programa, sino que tampoco son los mismos los métodos que la justicia social requiere o practica para alcanzar sus metas. Los métodos son democráticos desde hace cincuenta años. Democráticos en el modo en que se discuten, con antagonismos y discrepancias. De un talante democrático forma parte alentar y dar hospitalidad a que la herencia de un movimiento social que procedió de diferentes modos en el pasado y fue luego víctima de desaparición, al no haber desaparecido en su totalidad, y al haber dejado una herencia popular democrática, sea admitido como parte de la vida en común en lugar de ser empujado cada vez más a una criminalización y etiquetamiento de terrorismo por ideas y acciones constitutivas del repertorio democrático en todo el mundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64c00718aa47a3d4abadbd2248eb575d">Por fin, la discusión que instaló la dictadura argentina es una discusión sobre la democracia imaginada o pretendida. Entonces la democracia no fue tanto como mera y simplemente la superación de la dictadura, sino que devino -considerada aquí y ahora- en la consumación en mayor o menor medida de lo que la dictadura se propuso, mientras el movimiento popular renunció a la violencia política en sus formas del pasado reciente. Eso no quiere decir que toda violencia fuera a ser suprimida, porque como bien sabemos, la protesta social, la huelga, la manifestación callejera son ahora consideradas como terrorismo, como violencia punible por el gobierno actual, en lo cual coincide también con la dictadura. A veces eso no resulta tan obvio porque algunas de las formas de la violencia en la época previa a la dictadura tuvieron otras características inequívocamente nombrables con esa palabra, mientras que las de ahora son parte de la vida democrática y siempre existieron. No hay democracia que pueda impedir que las calles sean escenario de protestas. Los pertrechos que en todo el mundo usan las fuerzas de seguridad urbana admiten esas formas de protesta, están diseñados para confrontarlas o contenerlas, se defienden y protegen de ellas porque las dan normativamente por supuestas, de lo contrario, si de terrorismo o guerra se tratara, procederían como se procede en las respectivas situaciones. Ello no comprende apalear personas discapacitadas o ancianas, ni trabajadores y trabajadoras en manifestación o huelga. Sin embargo, esta forma particular en que han ocurrido las cosas en la Argentina, en donde la dictadura no tuvo un liderazgo vitalicio y único como el de Pinochet, se autoconsideraba transitoria, tuvo varios presidentes porque ninguno predominó, no fue populista, no tuvo adhesión explícita de masas, todo aquello deseado se consumó finalmente a través de un largo proceso de medio siglo que terminó en lo que estamos experimentando ahora, en un sentido ominoso, incierto, doloroso, destructivo, que tendremos que rememorar y reconocer en la actualidad en este nuevo aniversario, en que las palabras repetidas durante décadas se vuelven a presentar en la jornada señalada. Palabras que se dicen o se piensan todos los días, y que no remiten a aquello que forma parte de la vida social predecible, aun si conflictiva y problemática, sino a aquello que no fue esperable que sucediera, <em>que no debería haber sucedido</em>, y que aunque la vida en común venga siendo estragada por el crimen social de la violencia socioeconómica concentradora de la riqueza en pocas manos, con indiferencia por el dolor ajeno, continuará la consigna levantada y caída una y otra vez, mientras una chispa de esperanza utópica siga viva: <em>Nunca más</em>.</p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1ab69b2d2dd47c029e35ea296e3f81ae">*Profesor universitario, crítico cultural y ensayista. Es profesor consulto en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Instituto de Investigaciones Gino Germani, dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales.</p>



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		<title>Presente continuo &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:13:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[50 años]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[Fogwill]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe 1976]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Milagros Sala]]></category>
		<category><![CDATA[presente]]></category>
		<category><![CDATA[Walsh]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El gobierno bajo el cual se van a conmemorar los cincuenta años del golpe de 1976, es el de una decidida transformación económica que sabe que para persistir debe ser cultural. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/presente-continuo-por-maria-pia-lopez/">Presente continuo &#8211; Por María Pía López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-715a6abe183f8db92a8544e60323dd9b"><strong><em>El gobierno bajo el cual se van a conmemorar los cincuenta años del golpe de 1976, es el de una decidida transformación económica que sabe que para persistir debe ser cultural. </em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e37dd7d58ad83db65ed5d99eef882b3"><strong>Por María Pía López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4938e9f48c3a0a73cf95a57211573c53">Medio siglo. Al año del golpe del 24 de marzo de 1976, Rodolfo Walsh escribió su “Carta abierta de un escritor a la Junta militar”. Vale la pena releerla, una y otra vez. Narra la crueldad, las torturas sin límite ni tiempo, las desapariciones, los campos de concentración, los enfrentamientos fraguados. Escribe una frase inolvidable: “estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”. Porque todo eso está al servicio de otro crimen: el de transformar la estructura social argentina, despojando de derechos a las clases trabajadoras y condenándolas a la miseria planificada. Leerla, ahora, cuando gobiernan los herederos de ese plan económico y de esa ingeniería de transformación social, es fundamental. Permite advertir que no está en el pasado, sino que late en una actualidad insomne, la de la reforma laboral, la de la privación de derechos, la de la persecución de todo lo que construye lazo social y lógicas cooperativas. Hoy como ayer se trata de modificar el alma, la subjetividad, los modos de vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f461641c2678ff48a3d032b15a480475">Ya en el período democrático, Fogwill volvió sobre la discusión respecto de cómo interpretar el terrorismo de Estado. En “La herencia cultural del Proceso” sostuvo que la insistencia en denunciar y mostrar los crímenes del poder concentracionario arrojaba un velo de sombras sobre sus beneficiarios. El show del horror impedía pensar en el modo en que la estructura social argentina se había transformado en un desbalance trágico para las clases populares. Pero no sólo se trataba de una cuestión distributiva sino de una modificación de los modos de la acumulación, de la clase empresarial y del lenguaje mismo. Todo eso lo narra, además, la novela «En otro orden de cosas»<em>, </em>donde la época aparece como una fuerza organizadora y mandante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1fd9eaa6f089ce24c88f4fe8835725ef">Walsh y Fogwill están pensando, con casi una década de diferencia y muy distintos compromisos políticos, en que la crueldad no es gratuita, que tiene una efectividad y unos beneficiarios muy concretos y que olvidarlo impide comprender la lógica misma de la violencia. Y, agrego, se vincula también a una reducción de las insurgencias a una rebelión desgajada de la lucha de clases. Fogwill está escribiendo en los años del alfonsinismo, cuando es hegemónica la narración del filme <em>La noche de los lápices, </em>en la que la represión se descarga sobre un conjunto de estudiantes secundarios que no son presentades por su militancia orgánica sino por la pelea por el boleto estudiantil. Años en que se discutía la crueldad mostrándola como arbitraria y gratuita.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dba5f256127fa10c2526cb82e51ff0d6">Ese movimiento lleva a la condena de sus ominosos ejecutores directos y a la complacencia con respecto a los sectores que acompañaron la dictadura desde la sociedad civil, como el empresariado que haría uso de las ventajas del terror: del ingenio Ledesma a la Ford. Pero también de quienes se enriquecieron por la dinámica financiera y la estatización de la deuda privada externa. La imprescindible condena de los ejecutores se acompañó de un silencio, de un olvido, de una elusión. Carlos Blaquier, dueño del ingenio jujeño, responsable del apagón en el que secuestraron y desaparecieron desde obreros al médico del pueblo, murió sin condena. Y si durante un tiempo el expediente en el que se lo intentaba juzgar se movió, fue por la formidable acción del movimiento Tupac Amaru. A fines de 2015, la dirigente Milagro Sala fue encarcelada -prisión que perdura hasta hoy- y el trámite judicial que refería a Blaquier retomó la morosidad habitual. Ahí, en ese contrapunto, se ve la evidencia más clara de un antagonismo que no cesa de aparecer, una y otra vez, de modos dramáticos en la historia argentina. Y que hoy, a cincuenta años del golpe, vemos emerger como revancha clasista y amenazante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-78436b0133316a460ba050fabe061224">Decirlo así, ¿significa que importa menos el tipo de violencia ejercida, porque lo relevante es el modo en que ella produce tramas económicas, como si estuviéramos, en el agobio del presente, volviendo a una explicación economicista? Más bien se trata de pensar una cierta materialidad: no hay economía que no implique subjetividad, afectos, ideas, modos de hacer. La cuestión es la modificación del alma y eso es una disputa que hace a la economía, a la cultura y a la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-96adbad882e1d8441233261594f35a1a">La división entre esos planos es lo que señalan como problema los textos de Walsh y de Fogwill. Al pensarlos como ajenos se hacía posible juzgar una política mientras se preservaba una cultura y una economía, condenar a los ejecutores y operar livianamente sobre sus consecuencias. Por eso, la herencia cultural es el problema: cultura no es el nombre de un conjunto de representaciones que podamos considerar separadas de las fuerzas materiales, sino aquello que las organiza. La transición democrática se esforzó en esa división, en volver la cuestión sólo política: preservar la institucionalidad de nuevos golpes, evitar la recaída en la criminalidad militar. El kirchnerismo tensó un poco más las cuestiones al traer la pregunta por la reparación de la desigualdad y reponer la atención sobre el antagonismo social. Tuvo dos rostros, uno de continuidad con el alfonsinismo, institucionalista, capaz de pensar la cultura desgajada de la economía; y otro, de resonancia de las luchas sociales que encontraron su síntesis alrededor del 2001.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3e4a5a29d249246fd4d4b350dd097389">El gobierno bajo el cual se van a conmemorar los cincuenta años del golpe de 1976, es el de una decidida transformación económica que sabe que para persistir debe ser cultural. En los últimos meses del 2019, Horacio González fue entrevistado por la Agencia Paco Urondo. Ante la pregunta sobre lo que se debía aspirar o esperar de las políticas culturales de un nuevo gobierno, respondió: “La cultura es lo que nos baña, nos identifica, lo que nos hace hablar como hablamos y discutir como discutimos. Por lo tanto, yo diría que no es lo último. La cultura es la estructura secreta de todo lo que se hace, incluso en materia de economía.” Esa idea, la de que la cultura es la estructura secreta de todo, anima la llamada batalla cultural que lleva adelante la ultraderecha. Mientras en el campo de los movimientos y partidos democráticos y populares aparece, no pocas veces, la idea de que lo cultural es superfluo o secundario, las derechas más agresivas saben que las permanencias se juegan en esa dimensión simbólica y material a la vez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-120373e4d8d44aaf792b1331224ce877">Fogwill cuando habla de herencia cultural del proceso, y González cuando considera la cultura como la estructura secreta incluso de la economía, están señalando esa imbricación materialista, cuya comprensión implicaría no tratar de modo ingenuo los símbolos y las representaciones (porque no dejan de funcionar como arquetipos de formas vitales) ni de pensarlos como reverberación o reflejo de una verdad económica que los preexiste.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ee70647a832372c26ba0e935629b745c">A cincuenta años del golpe, cuando gobiernan sus herederos, estamos obligades a pensar en esa dimensión cultural, en las fábricas del alma, en las maceraciones de la sensibilidad. En el modo en el que no se pueden separar los trabajos, las creencias, los afectos, las finanzas, tenemos que pensar esas modificaciones de largo plazo que tuvieron una fecha fundamental el 24 de marzo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0d060e66c9ecaa0cece4599a38e0f87e">El gobierno de sus herederos combate o desconoce el pacto del <em>Nunca Más</em> sobre el que se estructuró gran parte de la política de las últimas cuatro décadas. No alcanza con responder a ese ataque con una interpretación institucionalista, porque esa dimensión -la de las instituciones del voto y del parlamento- es la que intentan preservar mientras llevan adelante la batalla cultural. Rehacer ese largo camino encontrando los nudos del disciplinamiento social, de la imbricación entre lógicas económicas y subjetivas, de la politización de la vida, quizás nos permita encontrar unos modos de resistir. Nada es pasado. Tampoco las resistencias.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1eb6797e4c7f1f5d38b6022a2279bc9">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</p>



<div style="height:14px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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		<title>Los tiempos horrorosos de la dictadura y del libertarismo &#8211; Por Estela Grassi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estela Grassi]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[deuda externa]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[FMI]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cincuenta años atrás vivimos el horror de la dictadura cívico-militar. A cincuenta años de entonces vivimos hoy el horror de una sociedad en decadencia, acaso enlazada a aquel momento por hitos como el de la deuda externa, el Fondo Monetraio Internacional y la financiarización de la economía. Una sociedad en decadencia que es otra sociedad. Habrá que tratar de desentrañarla con otras herramientas para poder entenderla y así explicarla.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/">Los tiempos horrorosos de la dictadura y del libertarismo &#8211; Por Estela Grassi</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72639acd9afc2ad97a9b8adc8ac50b8d"><strong><em>Cincuenta años atrás vivimos el horror de la dictadura cívico-militar. A cincuenta años de entonces vivimos hoy el horror de una sociedad en decadencia, acaso enlazada a aquel momento por hitos como el de la deuda externa, el Fondo Monetraio Internacional y la financiarización de la economía. Una sociedad en decadencia que es otra sociedad. Habrá que tratar de desentrañarla con otras herramientas para poder entenderla y así explicarla.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a830abe260cdf309f6426f942e8945fc"><strong>Por Estela Grassi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-946a8bec95c36f0a5120a27b5f9b88e5">En marzo de 2026 se cumplen cincuenta años de la última vez que las Fuerzas Armadas depusieron un gobierno elegido (y ya mal querido, por cierto) para hacerse de todos los resortes del Estado a sangre y fuego y cumplir, así, el programa político del viejo liberalismo que reclamaba la apertura irrestricta de la economía y sostenía la falacia de la no intervención del Estado. Gran falacia, pues con su fuerza bruta se imponían las nuevas reglas de “dejar hacer” a las clases ligadas al capital internacional, reprimiendo cualquier esbozo de defensa de los trabajadores, tras la excusa de “la guerra contra la subversión terrorista”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a47e038ba6b21178588f5dd20ff83740">En medio del miedo, el trabajo productivo trocaba en finanzas; se popularizaban los plazos fijos y el dólar, se vendían campos para “poner a trabajar la plata”, se abrían las importaciones, se destruían industrias y se ponía fin a toda pretensión de desarrollo autónomo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e384b4939495fff0102a34dcc302a74">Una férrea ideología patriotera y conservadora de “valores tradicionales” de “familia y propiedad” sostenía un programa impiadoso, dispuesto a borrar del mapa a “subversivos” y sus descendientes. Una historia macabra a la que le faltaba una guerra improvisada, declarada en 1982 con el mismo discurso patriotero, a la que se mandó a jóvenes soldados que, se supo después, fueron maltratados y hasta torturados. Los que no murieron en las Islas, regresaron para cargar con la derrota. Abandonados a su suerte y sin contención, muchos se suicidaron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0fbf5564b77adddc2b109d1df5ac53e0">Ningún momento de la historia es un absoluto inicio, hay más historia antes de todo comienzo; pero esa dictadura fue un comienzo. Implementada por militares, llevó adelante un programa político y económico de clase que transformó la estructura productiva del país y condicionó hacia adelante su desarrollo. Y fue el comienzo de un país al que, una década después, un presidente de la democracia y peronista, Carlos Menem, le pondría el moño para ser lo que él decía que no quería ser: del “tercer mundo”. Entonces alineaba la política exterior a los intereses de los países desarrollados, pero alejaba a la Argentina de ser una sociedad mejor: más justa, más educada, más igualitaria. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ba6c52ab8a7d65f398ac084d150b996">Con la dictadura comenzaba otra historia: la de los programas neoliberales, la de la deuda externa y los veedores del FMI, la que empezó a medir la pobreza, porque si a su inicio era insignificante, terminó con casi un cuarto de los hogares sumidos en la miseria. Por eso, el primer gobierno democrático, el de Raúl Alfonsín, se inició implementando el primer programa alimentario masivo (el PAN), que suponía transitorio. La Argentina de los eternos déficits fiscales que no permitieron que se cumpliera la expectativa de ese mismo presidente, que creía que “con democracia se come, se educa y se cura”. Y después Carlos Menem, que llegó prometiendo “el salariazo” pero llevó a los peores índices de desempleo hasta ese momento (alrededor del 20% en 1995), apenas superados durante la crisis que puso fin al gobierno de su sucesor, Fernando de la Rúa (los registros de 2002 ubican la desocupación en más de 21% de la fuerza laboral).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d9d4b7392735bbc0c319bdaa7b886a8a">&nbsp;A continuación, vinieron los años de gobiernos kirchneristas (con Néstor y Cristina Kirchner) que, junto con los “progresismos” de la región, llevaron a creer en un posneoliberalismo y en el fin de la deuda externa y las condiciones del FMI. Pero la historia tiene sus meandros y vueltas. La estructura económica y los poderes dominantes no cambiaron mucho y el neoliberalismo estaba vivo en los lugares menos pensados, como en el sentido común. Otro programa neoliberal (el de Mauricio Macri y el ministro Luis Caputo, en 2015) trajo otra vez de vuelta al FMI y un endeudamiento que el libertarismo extremo del presente y con el mismo Caputo, no hacen más que profundizar. En el medio, claro, la esperanza del gobierno de Alberto Fernández, que debió hacer frente a la pandemia casi en sus inicios, y terminó maltratado por todos los flancos, hasta pasar con más pena que gloria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c6687c8bd28245dd47aa75a88f2469ce">Todo es historia ya. Una historia que parece tremendamente lejana, porque el presente distópico de Javier Milei (y su hermana Karina), los Caputo (Luis y el sobrino Santiago) y la nueva generación de los Menem, se nos escapa al entendimiento. Porque para los programas neoliberales anteriores, sus efectos, sus fundamentos y estrategias políticas, teníamos explicaciones y los conceptos funcionaban como tales. O, al menos, así lo creíamos. No es el caso de lo que vivimos desde 2023, cuando parece que hemos sido abducidos y conducidos a una realidad incomprensible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-623be2ddd98fade022aae9c18ca0891e">La dictadura plantó una bandera, como dije al inicio. Y tengo recuerdos espeluznantes del terror: los Falcon verdes de los que asomaban fusiles, imponiéndose en la ciudad. El miedo a olvidar los documentos o a reunirse con amigos hasta altas horas porque “puede ser sospechoso”; los familiares presos y los colegas y conocidos más o menos cercanos, desaparecidos o fusilados. Y a tener que irse, sin querer hacerlo, a exiliarse, antes de que sea tarde. Todo ya desde antes, claro, cuando el trabajo sucio lo hacía la Triple AAA (la Alianza Anticomunista Argentina, que respondía a J. López Rega, el brujo de entonces).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d60a051a5ba052f56638d3e321ce921">Pero ¿no hace lo propio este libertarismo? ¿No parece haber iniciado otra historia en la que ocurren hechos que dan terror y otros a los que les pasamos por al lado, como quien ve llover? Viene a cuento una salida con amigas en este verano caluroso de 2026, por lo que era el centro de la vida sociocultural de Buenos Aires, su marca de identidad: la calle Corrientes. Más precisamente, en su intersección con la avenida 9 de Julio: un pequeño grupo de manifestantes, con demandas diversas, según logramos saber, “custodiado” por acaso el doble de policías pertrechados como para combatir una invasión extraterrestre, carro de asalto incluido. Indignación y miedo, no sé qué primero o qué más. Acaso vendrían del Congreso, donde ya habían reprimido al grupo de jubilados de los miércoles y arrastrado a una persona discapacitada, según circuló luego en las redes (¡no en los medios, sería mucho pedir!). Por Corrientes, como ya es habitual por las demás calles de la ciudad donde circula mucho público, personas mendigando. Entre ellas, una madre sentada en el suelo pidiendo limosna y, a su lado, jugando y dando vueltas por el piso, con total inocencia, su bebé de acaso ¿un año? Dando vueltas y jugando como lo hacen nuestros nietos y nietas sobreprotegidas, pero ese bebé lo hacía en una vereda mugrienta. Por lo demás, gente circulando, riendo, paseando… Madre e hijo o hija (no sabemos) como parte del paisaje, como las mesas en las veredas que hay que esquivar, o los bancos o los macetones que puso Rodríguez Larreta, del partido de los Macri, cuando era jefe de Gobierno de la Ciudad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd10d9e025e8bef991922762f7cf0ea9">Si ya entonces Buenos Aires mostraba sus llagas humanas, hoy está plagada de tantos y tantas abandonadas por el Estado, por la sociedad de la que son parte, por la mano de Dios. ¿Quién protege de enfermedades a esos niños y niñas que apoyan sus caritas en las baldosas mugrientas y a esas y esos otros que pueden meter sus cuerpecitos aún pequeños en los contenedores de basura para encontrar un mendrugo? &nbsp;La ciudad está plagada, además, de colchones viejos o de trapos donde tiran sus huesos tantos desahuciados y a los que, si molestan a la vista de algún vecino, Macri (Jorge, que llegó de la intendencia de Vicente López para ser el actual jefe de Gobierno de CABA), los manda retirar con una brigada de su numerosa policía, como a la parejita que dormía abrazada, acaso en un último resto de ternura, en una vereda de Palermo. Hombres que no piden, que todavía tienen consigo algunos enseres, como el que se aposenta en otra esquina del mismo barrio, cuya mirada perdida lacera a quienes sentimos impotencia, pero que también se va haciendo parte del paisaje, hasta que la brigada lo eche.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f9f691e87bf7ffbb355e1ead6d451381">Una política emblemática en la Ciudad, durante la dictadura, fue la erradicación violenta de las villas de emergencia. Los operativos incluían amenazas, golpes, la presencia permanente de policías entrenados para “los desalojos” y hasta camiones (los mismos de basura) que cargaban a la gente y sus pocos enseres para llevarlos fuera de la ciudad, más allá de la avenida General Paz, cuando no eran regresados a sus provincias o países de origen.<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn1">[1]</a>&nbsp;Los pobres siempre fueron expulsados de la ciudad: lo hizo el Gral. Onganía unas décadas antes y se volvió a hacer en los años de 1990. Y las provincias, a su vez, se los sacaban de encima.<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;Poco a poco nos fuimos acostumbrando a ese paisaje con desamparados a los que no se ve o se los echa; poco a poco llegamos a ser una sociedad muy desigual, como somos ahora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c481cbad6a015b10eaaa057401e72ee1">Pero el programa social, político y económico libertario no tiene parangón, aunque sea un punto de llegada de las décadas de programas neoliberales. No tiene parangón por varias razones: por la extrema insensibilidad de quienes gobiernan y legislan; por estas escenas que son sociales, pero parecen tener ya el peso de la cultura porque nos acostumbramos a ellas, las incorporamos con naturalidad hasta no verlas o a verlas como vemos una vereda rota o un bache en la calle: molestias. Otras son políticas, por la deliberada destrucción de instituciones en general y sociales, en particular: de ese andamiaje institucional que mal que bien sostenía la vida social en este país. Las escuelas, los hospitales y todos y cada uno de los programas sociales y de asistencia fueron y son objeto de ataque desde el primer momento de la asunción de Milei. No importa que la Universidad pública haya movilizado a tanta gente, porque la educación universitaria está desfinanciada y se va degradando y despoblando. Nunca antes fue así de aguerrido el ataque a ellas, aunque los debates acerca de lo que se privatiza, se arancela, etc. hayan permanecido como una constante de las disputas políticas y fueron centrales durante la década de 1990. En realidad, hoy no interesa, no hay tal debate, se desfinancia y listo, como la ciencia, como la investigación. Los gobernantes libertarios no hablan de estos temas, no hablan de educación o de salud, salvo como renglones del Presupuesto que hay que ajustar o directamente eliminar para llegar al déficit cero. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c8a42a24ff3a8bdb55b1d34c690954d9">En el plano de la cultura, en tanto espacio de producción de sentidos y modos de interacción y de vida social (si todas estas dimensiones pudieran separarse), el panorama no tiene comparación con ningún contexto previo: nunca como ahora pueden suceder manifestaciones tremendamente groseras desde el centro del poder. Nunca como ahora quienes ejercen funciones centrales de la política, como legislar, por ejemplo, pueden manifestar tan profunda ignorancia de los temas que tratan (e ignorar que son ignorantes), sin consecuencias. Nunca ha sido posible tan descarnado maltrato a quienes deben ser objeto de protección. Y nunca como ahora los comunicadores “serios” de lo que queda de la televisión, se mostraron tan sumisos ante manifiestas aberraciones de algunos legisladores o legisladoras, entre las que destaca Lilia Lemoine.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46df88ecf7f0f0d4b37e0673de4fd541">Y, sobre todo, este libertarismo no tiene parangón porque como ideología y como práctica comunicacional, obstruye el pensamiento. La dictadura generaba miedo a expresarse porque perseguía a quienes pensaban diferente o confrontaban sus ideas. Ahora no se trata de persecución, sino de atasco o impedimento previo a la formulación de una idea por el sinsentido de sus expresiones y por la falta de algún sustento empírico más o menos plausible de lo que se dice. ¿Se puede contraargumentar un insulto o desmentir datos extravagantes? En términos del habla cotidiana, diríamos que “deja sin palabras”. Pero presumir que se trata de una estrategia de comunicación, quizás es darle demasiado crédito a una práctica que, sin embargo, es más perniciosa porque, como tal, se impone en la conversación social y política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bd18f9ce963248d165de7030dfd6e91b">Por cierto, hay ganadores en este contexto. Aquellos ricos empresarios que se esforzaban por festejar las groserías de Milei en los eventos a los que lo invitaban y concurrían con sus elegantes esposas, durante su primer año de gobierno. Nunca se habían mostrado tan faltos de decoro, ni aun con Menem, cuando cierto liberalismo ilustrado, sobre todo de Buenos Aires, se expresaba escandalizado por los errores del presidente al referirse a “las obras completas de Sócrates”, pero aceptaba las desnudeces de María Julia Alzogaray, mientras vendiera a precio vil los bienes públicos<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn3">[3]</a>. Pero Menem tenía arraigo popular y peronista, mostraba sus cuitas, podía acercarse al lenguaje más llamo de la cultura popular, pero no a la grosería ni a componer la figura burda del presidente actual, capaz de armarse un festival de rock propio o de hacer insinuaciones sexuales machistas en un acto con niños de primaria, sin ninguna consecuencia social, política ni jurídica.&nbsp;<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn4">[4]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-86d76782dd1d7321253eceba815b60d3">Cincuenta años atrás, algunos, algunas de nosotras vivimos el horror de la dictadura y los Falcon verdes. A cincuenta años de entonces, vivimos el horror de una sociedad en decadencia, acaso enlazada a aquel momento por esos hitos de la deuda, el FMI y de la financiarización de la economía.<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn5">[5]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-155b481c888cb8d570d91002647924f7">Una sociedad en decadencia que es otra sociedad que habrá que tratar de desentrañar y de diseccionar con otras herramientas para poder entenderla y explicarla. Ya no sirven las solas comparaciones con los programas de Martínez de Hoz o de Domingo Cavallo. Pero, aunque sin los Falcon verdes con fusiles por las calles y sin desaparecidos por fuerzas parapoliciales, no deja de ser horrorosa. No hay desaparecidos por razones políticas, sino “aparecidos desaparecidos” de la vista del resto de la sociedad, como esas niñas y niños tirados o que revuelven la basura en busca de comida que, acaso, después serán las víctimas de los proyectos de mano dura de Patricia Bullrich y sus secuaces, dispuestos a tratarlos como delincuentes adultos a edades cada vez más tempranas, cuando debieran estar siendo cuidados. Los represores robaban bebés para que no sean iguales a sus padres subversivos; los libertarios esperan apresarlos después de haberlos abandonado a una suerte miserable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b735db6a3b92a285c20a6ed4dedc62f3">Por si falta saber algo acerca de las consecuencias de tamaño abandono, las estadísticas sanitarias dan cuenta de un aumento, leve aún, de la mortalidad materna e infantil (niños y niñas que mueren antes de cumplir un año).&nbsp;<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn6">[6]</a>&nbsp;Y con este panorama social, el Presupuesto para este año toca también a la AUH, hasta ahora invocada como la estrella de la política social, junto con la Tarjeta Alimentar, porque su monto había recibido un considerable aumento que permitió mantener su valor de compra. Sonaba incongruente que un componente de la seguridad social que constituyó un derecho básico para niños y niñas, se sostuviera en el contexto de una política fundada en la idea de que los derechos sociales “son una aberración”, como expresó Milei en reiteradas oportunidades. Quizás un resto de tino político advertía acerca de la necesidad de alguna forma de contención social que complementara la sola violencia represiva. Lo había advertido, hace décadas, un ministro de Carlos Menem: “El estado de sitio es una medida preventiva, como (…) el reparto de alimentos”, dijo Eduardo Bauzá en enero de 1990, cuando el país estallaba en una de sus tantas crisis y él asumía como ministro de Salud y Acción Social.<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn7">[7]</a>&nbsp;Esta asistencialización de lo que se creó como un derecho, es lo que se explicitó en el Proyecto de Presupuesto 2026, que pretendía desconectar las asignaciones familiares de la movilidad que las ajustaban por inflación, para quedar libradas a decisiones eventuales del poder ejecutivo, justo cuando existen menos posibilidades de conseguir ingresos laborales, aunque sean más o menos inestables, para redondear la magra economía del hogar, como ocurría hasta hace algún tiempo.&nbsp;<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn8">[8]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db548b03d1426fe78d1748a2c33c123b">Finalmente, cabe una última reflexión. Pasaron cincuenta años desde que se impusiera una dictadura cruenta de la que aún quedan secuelas, como es el destino desconocido de personas nacidas en prisión o apropiadas al momento del secuestro de sus padres. Pasaron más de 40 desde que volvimos a vivir en un régimen democrático y, cada vez más, aquel horror se diluye en la memoria, sobre todo de quienes son más jóvenes y no saben del miedo e, incluso, carecen de información básica sobre esos tiempos porque los programas de historia en las escuelas no los cubren y, si se incluyen, se denuncia “adoctrinamiento”. Este es otro rasgo del horror actual: el olvido y la ignorancia. Y el desfinanciamiento o la eliminación lisa y llana de los organismos de derechos humanos, como todos los demás que tengan que ver con la vida social y que no correspondan a los intercambios mercantiles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-41fc13c24e4aaf21d5621f335608525b">La dictadura quería moralizar a la sociedad. Imponer a sangre y fuego sus valores de “Patria, Familia y Propiedad”. El libertarismo mileísta se propone una batalla cultural, pero para eliminar los valores y ordenar la vida social bajo las estrictas reglas de un capitalismo sin reglas y sin moral, gestionado por unos individuos insensibles, ignorantes y amorales. ¿Serán estas las ruinas que dejó el neoliberalismo, como sugiere Wendy Bronwn<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn9">[9]</a>&nbsp;o se trata solamente de los actos insensatos de unos depredadores<a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftn10">[10]</a>&nbsp;improductivos a los que hasta ahora se los dejó hacer? &nbsp;En cualquier caso, la falta de escrúpulos y la amoralidad constituyen una dimensión de nuestra vida social que merece la mayor atención, porque abre el círculo que parece conectar con la dictadura de cincuenta años atrás y que se personifica en la ruptura entre Javier Milei y su vice, Victoria Villarruel y en internas y contradicciones del poder que apenas se insinúan.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac28e849dde3a396222044fd144b0666"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Oszlak, Oscar (1991),&nbsp;<em>Merecer la ciudad,&nbsp;</em>CEDES-Hvmanitas, Buenos Aires.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64ea37ae23c3164c7836b1c1e8ee0c04"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;En 1995 el gobernador de Santa Fe,&nbsp;Carlos Reutemann, acusó a su par chaqueño de «exportar desocupados» hacia territorio santafecino en camiones de la provincia. Ver capítulo IV en Grassi, E. (2004):&nbsp;<em>Política y cultura en la sociedad neoliberal</em>, Espacio, Buenos Aires.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a5c536b26e9aefc58a02cbdcc28673e"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;Grassi, 2004. Op. cit.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a681d7449323533df7aebb6b94a05f3"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;Recuérdese la participación del presidente en la apertura del ciclo lectivo del Colegio Cardenal Copello, en 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-412e514db1eb9ae03871a406752e0e44"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;También en la vida cotidiana, por el endeudamiento tanto con bancos y billeteras virtuales, como con prestamistas inescrupulosos o con los propios parientes, no ya a través de los créditos blandos que daba la ANSES y que preocupaban a la primera canciller Diana Mondino, “porque si sos un jubilado … ya sabés que te vas a morir”, según dijo en un programa de Mirtha Legrand.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c3bdbb211bb76a469e9c77794e88d2a4"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;“Crece la mortalidad infantil en Argentina”, Fundación Soberanía Sanitaria, 28 de enero 2026 (<a href="https://soberaniasanitaria.org.ar/crece-la-mortalidad-infantil-en-argentina/">https://soberaniasanitaria.org.ar/crece-la-mortalidad-infantil-en-argentina/</a>) Los datos son oficiales. De la Fundación participan diversas instituciones médicas, sociales y de derechos humanos, entre ellas, el IIGG.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-616f651d6c482acbe8b2192224f4d30d"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref7">[7]</a> Grassi, 2004. Op. cit.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dff388a6895f8cb7bd9d00d6a9c9c980"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;Más allá de los prejuicios, los ingresos de las familias nunca dependieron exclusivamente de las transferencias de la política social. Ver Danani, C. y E. Grassi (2018): La protección social institucionalizada. En: Piovani, J. I. y A. Salvia:&nbsp;<em>La Argentina en Siglo XX.&nbsp;</em>Siglo XXI, Buenos Aires.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a4b705449fbedce46e47dc0b91b13a2"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;Brown, Wendy (2020):&nbsp;<em>En las ruinas del neoliberalismo. El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente.</em>&nbsp;Tinta Limón, Buenos Aires.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-444cba312abcdb0ee506ff0f30cb70e7"><a href="https://lateclaenerevista.com/los-tiempos-horrorosos-de-la-dictadura-y-del-libertarismo-por-estela-grassi/#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;Da Empoli, Giulano (2025):&nbsp;<em>La hora de los depredadores.&nbsp;</em>Seix Barral, Buenos Aires. El autor se refiere a otros depredadores: los magnates de la tecnología, ligados a los poderes de la IA y los algoritmos. A los que me refiero acá, son solamente depredadores.</p>



<div style="height:51px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73daed6886572d1d4e395da8a0e1e628">*Dra. en Antropología. Profesora Consulta de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Investigadora del Instituto Gino Germani.</p>
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		<title>Las disputas por el sentido a cincuenta años del golpe de Estado de 1976 &#8211; Por Daniel Feierstein</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Feierstein]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este 24 de marzo nos encuentra en un tiempo de definiciones ya que nos encontramos en un momento en el que se comenzará a definir un nuevo ciclo (el cuarto) de una batalla que, como todas las que se basan en la confrontación de representaciones, nunca se salda definitivamente.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/las-disputas-por-el-sentido-a-cincuenta-anos-del-golpe-de-estado-de-1976-por-daniel-feierstein/">Las disputas por el sentido a cincuenta años del golpe de Estado de 1976 &#8211; Por Daniel Feierstein</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e5fc7af77bde76138eaa980038f0139"><strong><em>Este 24 de marzo nos encuentra en un tiempo de definiciones ya que nos encontramos en un momento en el que se comenzará a definir un nuevo ciclo (el cuarto) de una batalla que, como todas las que se basan en la confrontación de representaciones, nunca se salda definitivamente.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-53063ef91a80fc7ff2e63c124b2a18a9"><strong>Por Daniel Feierstein*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0843cc64610c176b95c2f71fa1a6bf9"><em><strong>Los ciclos ascendentes y descendentes</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ba0ec2d0601e7b16dec0ae1e245f38f">La disputa por las representaciones de los hechos históricos que afectan la identidad de un pueblo (la creación de un Estado, las migraciones masivas, las guerras civiles, las revoluciones, los genocidios) se construyen a lo largo de un largo tiempo, que incluye modulaciones a medida que se incorporan a la misma distintas generaciones. Los mismos hechos suelen ser una y otra vez resignificados para permitir su articulación con cada presente. Nunca es equivalente el efecto de un hecho histórico para la generación que lo vivió en primera persona, para sus hijos, sus nietos o sus bisnietos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c128c1fbeef95836eb60bc9f5c99fc91">Este proceso se suele dar por ciclos, que articulan y sedimentan las vivencias, necesidades y proyectos de cada generación. Por lo tanto, no es que se salda una determinada explicación, sino que, en todo caso, se salda para dicha generación hasta tanto la siguiente la cuestione a partir de sus propios proyectos y necesidades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d02a31453f396f7f2d20425c84d3ba3">Esto nos permite abandonar el mantra de “creíamos que ya no íbamos a discutir esto” porque, en verdad, los que lo discuten nunca son los mismos que creían eso. Claro que a los “nuevos” se suman, como es lógico, aquellos miembros de las generaciones previas que fueron marginados en su momento y que encuentran la oportunidad de reabrir el debate, sea en un sentido progresivo o reaccionario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af9679fcd9a7ba64fbd985b3ca8c2e14">Llamaremos, entonces, ciclo “ascendente” al momento en el que una generación salda la representación del pasado y su conexión con el presente en una dirección favorable a los intereses del campo popular, en tanto que llamaremos ciclo “descendente” al momento en el que dicho saldo favorece los intereses de los sectores hegemónicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-69b98372947c358c6f81d9a4bffb2501"><em><strong>Dos ciclos ascendentes en la disputa por el sentido del genocidio argentino (aprox. 1980-1995 y 1995-2012)</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5d0d30315c054d3ef70c069742db7d58">Una de las características peculiares en la disputa por el sentido del genocidio argentino es que logramos articular dos ciclos ascendentes continuados: el primero dio cuenta de la generación que vivió el golpe militar (los compañeros de los desaparecidos, los sobrevivientes, los presos, las Madres y familiares) y se extendió desde el fin de la dictadura hasta mediados de la década de los 1990. El segundo implicó la aparición de la generación de los hijos (cuya irrupción política acaba de cumplir 30 años), en un proceso que se inicia en 1995 y se extiende hasta comienzos de la segunda década del siglo XXI.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0202767633db7e122620210e2efb8d7d">Al abarcar a varias generaciones, la articulación de tres décadas “ascendentes” nos acostumbró mal y dificultó comprender el cambio de ciclo</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd3a8e4d55de8b543ba1685cc92a0c94"><em><strong>El primer ciclo descendente (aprox. 2012 al presente)</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b1ee5bc145f852c2ccd239549b6596fc">Muchas cosas cambiaron con el inicio de la segunda década del siglo XXI. Las he analizado en numerosos trabajos, pero resumamos:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b4f124178b9e271539b78cc4346f3d02">Los sectores afines a los genocidas transformaron su discurso, pasando de la legitimación de la represión a lo que he bautizado como “versión recargada de los dos demonios”. La igualación ahora ya no se hace para iluminar la gravedad de la acción represiva sino, por el contrario, para denunciar a la violencia insurgente, homologándola con la violencia genocida,</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d283f57a465c6f60799c92e2cadab859">Las construcciones populares sufrieron dos cambios muy significativos. De una parte, se abandonó el criterio de la construcción “de abajo hacia arriba”, que implicaba la disputa de sentido en los barrios, sindicatos o territorios para reemplazarla con acciones del aparato estatal (museos, placas, programas de estudio). De otra, se quebró el pluralismo político (que era el origen de la potencia del movimiento de derechos humanos) convirtiendo a los organismos en una “rama” del partido oficialista, participando de actos de lanzamiento de campañas electorales, y construyendo una confusión con el aparato estatal que minó su autonomía,</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-19afd9b5b4471245d86fe048ce95d097">Por último, se abandonó el debate colectivo por el uso de los conceptos, generando una escisión entre la producción académica (profesionalizada y despectiva de las construcciones populares, a las que llegaron a calificar de “nativas”) y la propia producción socio-política de los organismos (que, cada vez más desgajada del debate conceptual, asumió conceptos sin dar debate sobre sus consecuencias y buscando imponerlos a través de resoluciones oficiales).</li>
</ol>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dce5a9277aee453a44115cda158b7040">Estas transformaciones abrieron la puerta a los hechos que hoy nos preocupan y sorprenden: la denuncia del “curro de los derechos humanos” (en donde se estigmatiza y difama a partir de un núcleo de verdad: la dificultad creciente de diferenciación entre organismos de derechos humanos y aparato político partidario), el avance de las versiones recargadas de los dos demonios, consecuencia lógica de la hegemonía de conceptos como el de terrorismo de Estado (que habilita de modo transparente la pregunta por “el otro terrorismo”) o dictadura cívico-militar (que homologa las responsabilidades entre las fuerzas armadas y los partidos políticos, en momentos de hegemonía de la antipolítica) o los revisionismos que buscan cuestionar la cifra de los 30.000 detenidos desaparecidos o la caracterización del golpe militar (que no solo aprovechan las formas actuales de post verdad sino que pueden presentarse como “contrahegemónicas” al haberse transformado las representaciones construidas por el campo popular en “verdades oficiales”). Esto fue favorecido por los ineficaces intentos para clausurar el debate apelando a la condena legal a las opiniones con las que se disiente. Imposible imaginar escenario más propicio para los negacionistas que transformarlos en “víctimas” del “silenciamiento oficial”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-69be0e1419b865562d012901d1b85f81"><em><strong>Desafíos para el presente</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-50f0a239f8da9a65554ae72cbb891af9">El cincuenta aniversario del golpe nos encuentra en el fin de este primer ciclo descendente, que involucró las preguntas y planteos de quienes hoy tienen, aproximadamente entre 18 y 30 años, surgidos al debate después del Bicentenario (2010) y hasta la asunción de Javier Milei.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-533e911d0591c26ff2928314724eb840">Pero la pregunta que comienza a asomar es: ¿cómo se conectarán con estos hechos aquellos jóvenes que se suman al debate ya con Javier Milei y Victoria Villarruel a cargo del gobierno, cuando aquellos jóvenes rebeldes que seguían a Laje o a Márquez son hoy parte de un aparato de propaganda oficial en las redes, cuando las fuerzas de seguridad se jactan de reprimir cada miércoles a los jubilados en la Plaza del Congreso?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e46d82356e53e57901c9c5aacbfabbfc">El escenario no es propicio. Conmocionados por el quiebre del largo ciclo ascendente, seguimos sin ser capaces siquiera de reconocer el cambio de dirección, preguntándonos qué fue lo que pasó, cómo fue que un buen día desapareció “lo que ya habíamos saldado”. No queremos escuchar ni reconocer que hace tiempo que no tenemos la hegemonía en la disputa por el sentido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ee5adebf4ec83869db14126833e919eb">Y, en medio de esta confusión, me pregunto cómo vamos a interpelar a estos jóvenes que se suman al debate: ¿repitiendo las cuatro verdades que fueron efectivas cuarenta, treinta o veinte años atrás o siendo capaces de escuchar las interpelaciones, proyectos y necesidades de una generación para la cual el genocidio es un hecho que, simbólicamente, resulta tan lejano como el cruce de los Andes y requiere conexiones con este presente de 2026? No es que las conexiones falten, claro. Pasa que son otras que las de otros períodos. Pasa que seguimos arrastrando los errores e imposibilidades que explican el cambio de ciclo. Pasa que nos está costando recuperar aquel trabajo “de abajo hacia arriba” en lugar de apostar cuándo será posible reocupar las oficinas gubernamentales. El carro delante del caballo, que espanta a quienes podrían sentirse interpelados por las injusticias cotidianas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ba401eef1760fd85d22bc8f79a7a63d5">Más fácil sería, este 24 de marzo, solazarnos en los lugares comunes, cantar las canciones que sabemos todos y consolarnos con que los jóvenes “están en la pavada por culpa de las redes sociales”. Sería un “discurso consuelo” que no hará más que hundirnos en un segundo ciclo descendente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-27fed645f147b1911e20264f8b6d23fb">Estamos en un nuevo punto de quiebre. Son años donde se decidirán las características de un nuevo ciclo en el modo en que los que hoy son muy jóvenes decidan conectar con la vigencia del genocidio, en la importancia que le asignen, en la decisión de ante quién y ante qué y de qué modo rebelarse (porque toda nueva generación se rebela, la pregunta es ante quien y ante qué). La pregunta sobre qué herramientas de las generaciones previas podrán aprovechar para apropiarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-506ff80f5796c2fdebe09b1b0296f3fb">Depende de los que se suman (pero sobre todo de todos aquellos que aquí estamos, con todas nuestras luchas, aciertos, errores y contradicciones a cuestas) la forma que asumirá esta disputa. Ojalá que podamos ayudar a orientarla en dirección a los intereses de los sectores populares. El destino de las próximas décadas se juega en ello.</p>



<div style="height:51px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a058d49f277aa9dd7c7b4f1260cb5d18">*Investigador Principal CONICET. Profesor Titular Regular UNTREF y UBA.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="auto, (max-width: 271px) 100vw, 271px" /></figure>



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		<title>Retorno y conjuro del 76 &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:16:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El '76 es repetición y conjura. Continua como patrón de acumulación, miedo a la sanción y saber penoso de una sociedad incapaz de desarrolar sus posibilidades; y se lo subvierte cuando se desarrollan contrapoderes colectivos capaces de hacer de la política una forma de conocimiento vivo sobre la base de la revalorización de la existencia común.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/retorno-y-conjuro-del-76-por-diego-sztulwark/">Retorno y conjuro del 76 &#8211; Por Diego Sztulwark</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d9102a2841a37bd67478b152ef2cf126"><strong><em>El &#8217;76 es repetición y conjura. Continua como patrón de acumulación, miedo a la sanción y saber penoso de una sociedad incapaz de desarrolar sus posibilidades; y se lo subvierte cuando se desarrollan contrapoderes colectivos capaces de hacer de la política una forma de conocimiento vivo sobre la base de la revalorización de la existencia común.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efb14c1ae9bdd2030991e65c0e347d81"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d0d4dd6fee575330189443e03af22f6"><em><br>“No es, pues, entregarse a una violencia física irrestricta, sino decir la verdad (decir </em>lo que es<em>), desatar la violencia de la palabra que sacude y moviliza a la gente. La violencia política real que pueda seguir debe ejercerse de manera </em>gandhiana<em>”.</em><br>Slavoj Žižek<br><br><br></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0cfc9355c373d9662c4d7fc2091b3959"><strong><em>Salpicado de febrero</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c2d0a97bf9ef8db2ed1ab34d93d3b56">Un puñado de imágenes de febrero de 2026 ayudan a enfocar cómo retorna 1976: la puesta en funcionamiento policial de un <a href="https://tn.com.ar/sociedad/2026/02/09/el-ministro-de-seguridad-de-cordoba-probo-un-guante-electrico-de-la-policia-y-termino-de-rodillas/">guante-picana</a>, a estrenar en una marcha de la CGT en Córdoba contra la reforma laboral que plantea el gobierno nacional; una foto que difunde el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en la que se ve a un grupo de <a href="https://x.com/jorgemacri/status/2020994093652783431">jóvenes puestos contra la pared</a>, arrodillados y esposados por la policía con la consigna a la Bukele: “Así quedaron: de rodillas. Ley y orden”; un video de <a href="https://x.com/jorgemacri/status/2021211770665189653">deportaciones de extranjeros</a> (también en Caba) que preanuncia una campaña del tipo ICE argentino; la aprobación del proyecto de reforma de la edad de penalidad juvenil ubicado <a href="https://www.elcohetealaluna.com/a-la-derecha-de-videla/?fbclid=IwY2xjawP3-KpleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEehLOthHzDK0wssHyI1-ISfcs_g0AVOC0FhFBFLanAxtCuVr0x1USVLIfauOI_aem_A0DBJDs6mj8xfOf5W8LueQ">“a la derecha de Videla”</a>. Hay más: la represión en medio del anuncio del cierre de la principal fábrica de neumáticos del país: <a href="https://x.com/elcancillercom/status/2024093358436524075?s=46&amp;t=3fwtWpK_1dUPmnLQNwSgSQ">La Policía Bonaerense tiró balas de goma en la puerta de FATE</a>; declaraciones del general Presti, militar en actividad a cargo del ministerio de defensa del país hizo un <a href="https://x.com/MinDefensa_Ar/status/2022649892217241677">homenaje de Operativo Independencia</a>, con previa <a href="https://x.com/LucianaBertoia/status/2020441661709451344">descalificación de los juicios por lesa humanidad, tildándolos de “revanchismo”</a>; y declaraciones del gobernador de la Provincia de Buenos Aires: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=jsvF6episP4">“esta reforma laboral es el proyecto de la dictadura”</a>. Hay más: el<a href="https://www.pagina12.com.ar/2026/02/13/el-gobierno-denuncio-por-terrorismo-a-los-manifestantes-contra-la-reforma-laboral/">Gobierno denunció por “terrorismo” a los manifestantes</a> que protestaron con ese mismo argumento contra reforma en el Congreso. Este verdadero sarpullido ocurre en una etapa histórica en la que por razones biográficas-etarias, una parte mayoritaria de la población no tiene ningún recuerdo directo de la dictadura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8cd1f2c9b096ce370fcb11b73109964d">Sea recordado por quienes lo vivieron o bien estudiado como un episodio histórico por quienes no, el &#8217;76 se sigue pesando como una fecha que condensa aquello que se venía preparando desde antes y aquello que se puso en acto en los años subsiguientes. La cifra sintetiza la ecuación política que congela el pensamiento colectivo en la terrorífica equivalencia que iguala todo diferencial conflictivo a una conducta que merece las más severas de las sanciones. Cinco décadas en las no se revirtieron esos efectos acaban por aproximar –como si la distinción fuera de grado y no naturaleza– las técnicas de disciplinamiento aplicadas al campo social, a la memoria de la aniquilación de las fuerzas sociales que, con eje en la clase trabajadora, fueron objeto de genocidio. Cuando se estrechan los márgenes de lo posible y se brutalizan las relaciones de poder, como sucede hoy a la vista de todo el mundo –Gaza, Caracas o EE.UU. (en Minnesota no se agredió sólo a inmigrantes considerados ilegales) – las facultades de la percepción y de la memoria hacen su síntesis, y reconocen lo que retorna.<br><br><strong><em>Un saber penoso</em></strong><br>Podemos lamentar, como lo hace la politología <em>mainstream</em>, el presunto divorcio del supuesto matrimonio entre capitalismo y democracia (y/o entre capitalismo, democracia y liberalismo), aunque semejante lamento se cierne sobre el nivel en el que se registran los desarreglos normativos e institucionales. Pero la mistificación organizada bajo la forma de lo matrimonial, no alcanza a dar cuenta de los antagonismos que animan y colorean los diversos formatos constitucionales. Como una micropolítica real que subtiende a las categorías y opera como correlación vivida entre miedo y libertad que bloquea o favorece (según sea el caso) la capacidad de actuar y pensar políticamente.<br><br>Cuando la organización del miedo, pasión “triste” que nos separa de lo que podemos, pasa de ser no ya producto de la incerteza propia de la vida inter-humana, sino el principal recurso de control social, entramos en una fase de dominación dura que en el lenguaje de los Estados y las derechas extremas actuales rima con concepciones neofascistas de la <em>enemistad</em>, que se proyectan sobre la actividad social autónoma revistiéndola como fuente de un <em>peligro existencial</em> para la cultura y la soberanía. De allí el efecto de proximidad tendencial que comunica la sanción represiva con las prácticas de aniquilación.<br></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5454f798e7e6410a49e5e275cef4c6c3">Bajo estas condiciones, la vida política es desposeída de su potencia cognitiva y se la reduce a modo de conocimiento<em> penoso</em> de la sociedad y de sus (im)posibilidades. Como si de la reflexión que la política moderna pone en juego solo pudiera subsistir como un subproducto frustrante (de ahí que se declara muerto Nicolas Maquiavelo, una de las glorias fundantes) incapaz de darle al argumento una densidad estratégica útil a los diversos colectivos más o menos desposeídos que forman parte de la Ciudad. El conocimiento penoso es el saber de un presente desprovisto de sus posibles, monopolizado por la función <em>motosierra</em> (artefacto cuya simbología política hace recordar al “ajuste sin anestesia” de Menem-Cavallo que a su vez ponía en metáfora el recuerdo de la picana y la estatización de la deuda privada de la dictadura).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bd6020410996e4590b5ae879b622aec1"><strong><em>Estado, deuda y terror</em></strong><br>Eduardo Luis Duhalde caracterizó en «El estado terrorista argentino» (libro pionero de 1983) el tipo particular de institución estatal de la última dictadura, reconocible por el “carácter permanente y oculto” y por “las formas más aberrantes de la actividad represiva ilegal”. Más que una versión entre otras del estado de excepción, el argentino constituyó una novedad por la dimensión de su estructura clandestina (casi tan importante como su estructura pública) y por la sistematicidad con la que recurrió al terror como método de gobierno, en contradicción abierta con “las bases fundamentales del Estado democrático burgués”. La emergencia histórica del terrorismo de Estado como forma política se explica, para Duhalde, como una reacción frente al hecho de que el Estado tradicional se muestra “incapaz de defender el orden social capitalista y contrarrestar con la eficacia necesaria la contestación social”. Como agrega Emilio Crenzel en su reciente libro «Pensar los 30.000&#8243;, la dictadura “estableció una variedad de obstáculos epistemológicos de orden discursivo, jurídico y político”, desde el ocultamiento hasta la desinformación.».<br><br>Estamos, pues, muy lejos de repetir ese tipo de diseño estatal. La merma en la intensidad de la lucha de clases frente a la cual ese Estado fue una reacción, y la desaparición del mundo de la guerra fría que le ofreció contexto, impiden que la historia se repita. La forma-estado se constituye en respuesta a variables y problemas históricos precisos. Y, sin embargo, algunas de las variables que empujaron a la estatalidad terrorista siguen presentes. Por ejemplo, la correlación entre endeudamiento, fortalecimiento de la retórica&nbsp;anti-terrorista (que se usa también como tipificación), forzamiento persecutorio del marco legal y robustecimiento del aparato material represivo. (En su libro «Masacre en el comedor», Ceferino Reato relata el siguiente episodio: ante el pedido del general “legalista” Juan Antonio Buasso de realizar una represión “por derecha”, el presidente Videla habría respondido: “Ya nos dijo Martínez de Hoz que, si hacemos lo que hizo Chile, nos van a cortar todos los créditos”). En otro mundo, y sin ruptura con el Estado de Derecho, el gobierno de la extrema derecha mantiene la orientación dominada por la correlación entre endeudamiento y represión. Luego de las últimas elecciones legislativas, el gobierno avanzó en esa dirección con la reforma de la ley de inteligencia y la destrucción de regulaciones que limitaban el accionar policial y su relación con el poder judicial. La derecha extrema usufructúa el saber penoso heredado del &#8217;76 y lo reconduce a una nueva versión de los “obstáculos epistemológicos”, fundada en la noticia falsa, la ironía cínica y el desarme político de la sociedad.<br><br><strong><em>Kafka y el verdugo</em><br></strong>En su relato “En la colonia penitenciaria”, Kafka nos coloca ante la siguiente escena: un observador extranjero debe brindar un informe sobre los métodos con que se practica la justicia en una isla en la que un oficial opera una máquina infernal de castigos que escribe con unas púas metálicas sobre la espalda de los acusados. Juez y verdugo al mismo tiempo, el oficial termina asesinado por la máquina. El texto de Kafka parece una respuesta a la glorificación que Joseph De Maistre hizo de esa figura del matar-legal que es el verdugo. De Maistre describe así al héroe de su teoría política proto-fascista de la soberanía: “toda grandeza, todo poder, toda subordinación descansan sobre el ejecutor: él es el terror y el vínculo de toda asociación humana. Eliminad del mundo a este misterioso agente, y de inmediato el orden dará paso al caos: se derrumbarán los tronos y desaparecerá la sociedad. Dios, que es creador de la soberanía, es por tanto creador también del castigo”. El entero orden de jerarquías se sostiene en el terror que el verdugo aplica al enemigo subversivo. Su crueldad es una crueldad que salva. Al volverlo víctima de sus propios métodos, Kafka coloca al verdugo ante la paradoja final de ese matar presuntamente salvífico. El relato termina en la cantina del pueblo, donde ha sido enterrado el antiguo comandante (creador de la máquina penal). En la lápida se lee la siguiente inscripción: “Aquí descansa el antiguo comandante. Sus partidarios, que ahora no pueden decir su nombre, cavaron la fosa y pusieron la lápida. Hay una profecía que dice que después de un determinado número de años el comandante resucitará y desde esta casa conducirá a sus partidarios a la reconquista de la colonia. Crean y esperen”.<br><br>Otro texto de Kafka viene a cuento para pensar estos tiempos. En su relato <em>La transformación,</em> Gregorio Samsa se amanece <em>metamorfoseado</em> en un insecto. El despertar supone el descubrimiento de una mutación que ya ha ocurrido a las espaldas del protagonista. No cuesta demasiado situarnos en el lugar de Samsa. Tampoco nosotros hemos elegido convertirnos en esto que somos. Ni nos es lícito atribuir la mutación en curso a una desgraciada suma de infortunios electorales. Más profundamente, los reaccionarios en el poder son expresión (causa si, pero sobre todo efecto) de una remodelación reaccionaria previa del vínculo social. Este hecho introduce al razonamiento un dramatismo distinto. Si sospechamos –abunda la evidencia– que el amanecer de Samsa evoca el despertar de la “vieja profecía” –el retorno del verdugo bajo la forma de banales payasos asesinos, que hacen visible lo que algunos filósofos llaman una “inversión del juicio moral”–, no podemos sino advertir que el horror se ha incubado desde el interior de la democracia misma. A diferencia de lo ocurrido en el pasado, los fascistas del presente surgen abrazados al dispositivo electoral y a los valores de la libertad de comunicación y consumos. La palabra “autoritarismo” no alcanza a captar la gravedad del fenómeno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5b80bab8a0f00131b3de080c6b8cfdcd"><strong><em>Una enemistad no fascista</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e3ab8662483739ce5ae74bb515ae4122">La política como forma de conocimiento de lo social consiste en restituir sus posibles y, por tanto, resulta incompatible con las técnicas de control fundadas en la difusión del miedo (a perder el empleo, a no llegar a pagar las deudas, a ser denunciado, al desalojo, a ser reprimido y/o deportado). De ahí la necesidad de elaborar formas antifascistas de la enemistad. Una enemistad, si se quiere, de tipo cognitiva, fundada en la comprensión del carácter estratégico del miedo, y en la crítica a la mistificación y el cinismo sobre los que se sustenta el orden de la explotación social. Una enemistad que, cargando de verdades al lenguaje, sea capaz de elaborar <em>contra-violencia del conocer</em>: pues comprender el mecanismo que suscita el miedo y la desmoralización es ya conocer y despejar el camino de un conocer más libre.<br><br><strong><em>Contra el 76 (el ángulo de los contrapoderes)</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a816cd5acadaddd87a285b5f260307aa">La idea de que la dictadura fue sustituida por un “pacto democrático” debe ser revisada. Lo que hubo –como dijo en algún lado Alejandro Horowicz– fue una «parlamentarización de la dominación» (una inversión perfecta de la parlamentarización que consagraba ciudadanía obrera a partir de los años 1945/46). Es decir, una continuación por medios constitucionales del patrón de acumulación inaugurado en 1976. De allí que el filósofo León Rozitchner haya pensado que fue la derrota y no el deseo lo que abrió el campo democrático en 1983. Reconoceremos, por así decir, dos democracias en curso. Una que se ciñe a la derrota y la parlamentarización. Y otra que, en el marco de la anterior, desemboca en 2001, y que constituye una historia dentro de otra historia. Es la democracia de los contrapoderes desarrollados en las calles que rodeaban los salones en que se concibió el marco del “pacto democrático”. Los mejores momentos de estas décadas fueron precisamente aquellos en los que los contrapoderes hicieron de la parlamentarización una <em>tregua</em> al interior de la cual podían revisar la estructura social y revertir la correlación de fuerzas cristalizada por la dictadura. Esa historia de contrapoderes es la de la fuerza que aspira a revertir el estado de cosas –un patrón de acumulación, una legalidad, una miseria del conocimiento de las potencias sociales– cristalizado con vaivenes desde el 76. La libertad –nombre de lo que hoy está en disputa– no sólo precisa ser concebida como la forma más alta de la igualdad. Sino que además, para ser tal, debe combatir la mala fe que una y otra vez la impregna. Porque libre no es quien se desprende del tejido social para mejor explotarlo, sino quien busca las vías de un conocimiento amplio y público de los mecanismos de poder colectivos del que forma parte por el sólo hecho de existir en un entramado inter-humano; quien se dispone a deliberar (¿es posible retomar la experiencia de la <em>revolución</em> de este ángulo)? con otrxs en nombre de las posibilidades de ese poder colectivo del que emerge y debe emerger un derecho común, hoy amenazado.&nbsp;</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51599abf75d4a9c990701bf8d00a305e">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>



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		<title>¿Escribir otro prólogo al Nunca Más? &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:17:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Angelina Uzín Olleros]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[50 años]]></category>
		<category><![CDATA[CONADEP]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe 1976]]></category>
		<category><![CDATA[Nunca Más]]></category>
		<category><![CDATA[Obediencia debida]]></category>
		<category><![CDATA[punto final]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un hipotético tercer Prólogo al "Nunca Más" debiera contemplar éticas y políticas que se sostengan en cada suceso histórico y político ocurrido desde 1983 a la actualidad, y en una ética humanista que dé cuenta de este tiempo donde todo lo actuado con relación a las políticas de Derechos Humanos se pretende borrar para reemplazarlas por un Mercado totalitario que asegure privilegios para quienes se sitúan como cómplices desde lo judicial y legislativo. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aee385f8fb0e3ff9d0fb367102b242ed"><strong><em>Un hipotético tercer Prólogo al «Nunca Más» debiera contemplar éticas y políticas que se sostengan en cada suceso histórico y político ocurrido desde 1983 a la actualidad, y en una ética humanista que dé cuenta de este tiempo donde todo lo actuado con relación a las políticas de Derechos Humanos se pretende borrar para reemplazarlas por un Mercado totalitario que asegure privilegios para quienes se sitúan como cómplices desde lo judicial y legislativo. </em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0087432899b1890c6840b02d5741a0ff"><strong>Por Angelina Uzín Olleros*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:64px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a704a4c6e7f82567ada1bb63be5953a4">«¿No sería mejor dejar las cosas donde están? Es decir: ¿no sería mejor aceptar el vacío, allí donde existe la vida y la muerte? ¿No sería mejor dejar de pensar? Dejar de hurgar en la memoria de un pasado maldito. ¿No sería mejor resignarse, aceptar, cómplices, el vacío por el que sus seres queridos se esfumaron como humanos y consolidar así, de una buena vez, con el poder de un Estado sin fallas, que desea su muerte? La propuesta “dejar las cosas como están”, sugiere un pacto, un acuerdo, una complicidad. Pacto entre las partes: una, acorralada por la ausencia. Otra: dueña de la vida y la muerte. Pacto que intenta ocultar los crímenes cometidos por los militares o, si acaso, atribuirles a las víctimas la intención agresiva y violenta que soportan.». </p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3265d800b2062ca227b1375910c1168d"><strong>Juan Carlos Volnovich</strong></p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a7e8dab4b43294b4f3e36aae77e27ee0">La cita de Volnovich escrita en 1997 bien podría sintetizar lo que en el presente se denomina “fingir demencia” que significa: no pensar, no recordar, no cuestionar, vivir un tiempo actual suspendido sin pasado ni futuro. Hoy ¿cuál es el desafío frente a generaciones jóvenes de hacer memoria sobre lo acontecido en la dictadura del ’76? Ante qué prejuicios, olvidos, malentendidos, estamos siendo desafiados para mostrar y enseñar lo que significa un Estado que protege derechos y garantías constitucionales, frente a la promesa del poder ejecutivo actual de su destrucción junto al exterminio de los que representan un modelo político diferente. Bajo la premisa de la palabra “cambio” con presunta ingenuidad se sostiene que era necesario cambiar, sin advertir que el cambio viene de la mano de quienes quieren borrar de la memoria colectiva la dictadura porque son su continuidad por otros medios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f5230d1dc961b119c546e37b984d6205">Sin lecturas ni análisis, ante la retirada del pensamiento crítico, no sólo los jóvenes sino también los adultos han optado por creer que el pasado es tan lejano que ya nada puede aportarnos su recuerdo y la búsqueda de lo que aconteció hace cincuenta años. Sin embargo, la sociedad no es un todo homogéneo; la pertenencia a un conjunto, cualquiera fuera este, tampoco es la pertenencia inclusiva “absoluta” a un conjunto coherente, sin matices, sin fracturas, sin grietas… Admitirlo nos conduce a admitir también que en la necesidad ética del discernimiento no podemos incluir a todos los particulares a un conjunto cerrado de individuos; tampoco pueden equipararse dos conjuntos diferentes bajo una misma lógica. Existen mundos en plural, el sujeto adviene a uno o algunos de esos mundos, pero cada mundo está sujeto a una lógica y esas lógicas no pueden ser equiparables entre sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-afc383c55515a88723824675a6392876">La denominada «Teoría de los dos demonios” hizo esta operación que se objeta: equipara dos mundos, dos lógicas que no pueden estar como subconjuntos de un conjunto más amplio que intenta dar cuenta de la violencia ejercida/experimentada en los ’70. Ernesto Sábato, autor del Prólogo del informe de la CONADEP (1984), <em>Nunca Más</em>, admite esta teoría: “Durante la década del &#8217;70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. (…) en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e50f82245e2289047d98302eae030077">Sábato en el Prólogo equipara bajo la definición de “terrorismo” a dos violencias que se distinguen por venir de diferentes sectores, pero que en “esencia” son lo mismo: son producto del terror. La comparación con lo ocurrido en Italia (también algunos comparan con España y la ETA) pierde de vista la complejidad propia del caso argentino, fundamentalmente porque los que fueron víctimas de la desaparición forzada no provenían de la extrema izquierda, ni mucho menos pertenecían -todos y todas- a grupos armados guerrilleros o terroristas, no fue una guerra. Sábato continúa diciendo: “Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1ce16c73adaf468b7314ae92d131b146">A continuación, afirma: “De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de ‘excesos individuales’? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ac5d83d012e5b917e6e5ef833c4ecbd">El escritor insiste en pensar a los verdugos como sádicos y perversos, ya Hannah Arendt advertía que no se trataba de monstruos; el discurso que se alimenta de los giros literarios tales como “el infierno”, “los demonios” “la perversión o el sadismo”, desvían el análisis necesario sobre la imputabilidad de lo cometido. Incluso en el último párrafo de este fragmento Sábato se anticipa a los argumentos de la futura, por entonces, Ley de obediencia debida: <em>Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los “excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia”, revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c208792d7157956acc298df9d6cb99c2">Los subalternos como víctimas de las órdenes impartidas por los altos mandos, es otra discusión ética y jurídica que se desprende de las responsabilidades ante los actos o acciones cometidos. Junto al débil argumento sobre las víctimas “algo habrán hecho” otro argumento responde a la misma lógica sobre los victimarios, “ellos no podían dejar de obedecer órdenes de sus superiores”. Sábato hace referencia también al posible número de víctimas y nuevamente sus palabras se orientan hacia lo que denomina “las fuerzas del mal”: “(…) tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5d93df9981775a7f7efc9c46541e44c">En el año 2006 a treinta años del Golpe se reedita el informe <em>Nunca Más</em> con un nuevo Prólogo, esta circunstancia también ha sido fuente de debates y discusiones, el reemplazo del Prólogo de Ernesto Sábato ha reavivado la disputa, a mi modo de ver imaginaria, por el patrimonio de los derechos humanos en Argentina. El segundo Prólogo, mucho más breve que el de Sábato, firmado por un organismo: Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, del que transcribo algunos párrafos a continuación: “Nuestro país está viviendo un momento histórico en el ámbito de los derechos humanos, treinta años después del golpe de Estado que instauró la más sangrienta dictadura militar de nuestra historia. Esta circunstancia excepcional es el resultado de la confluencia entre la decisión política del gobierno nacional que ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental de las políticas públicas y las inclaudicables exigencias de verdad, justicia y memoria mantenidas por nuestro pueblo a lo largo de las últimas tres décadas.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1fec765709926ddbee9c50b0d6f47af">Las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, junto a los Indultos formaron parte de una decisión política y legislativa que fueron derogadas para reabrir los Juicios y condenar a los genocidas, represores, responsables del denominado “Terrorismo de Estado”. En el segundo Prólogo se expone la siguiente situación: “A partir del restablecimiento de las instituciones constitucionales el 10 de diciembre de 1983 hubo grandes hitos como el informe de la CONADEP que hoy vuelve a reeditarse y el juicio a los integrantes de las tres primeras juntas militares, entre otros procesos judiciales. Hubo también pronunciados retrocesos como las llamadas leyes de ‘punto final’ y de ‘obediencia debida’ y los indultos presidenciales a condenados y procesados por la justicia federal. Las exigencias de verdad, justicia y memoria están hoy instaladas como demandas centrales de vastos sectores sociales. Como lo afirmaban las Madres de Plaza de Mayo ya bajo la dictadura militar, cuando planteaban los dilemas de la verdadera reconciliación nacional, ‘el silencio no será una respuesta ni el tiempo cerrará las heridas’.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-95d6774e66b106b20932e00ee3743351">A continuación, el texto presenta una política de Estado que se afianza en tres pilares: Memoria, Verdad y Justicia amparadas en la categoría excepcional de Reparación: “Por ello recordar el pasado reciente con la reedición del NUNCA MÁS este año del 30 Aniversario del golpe de Estado de 1976, tiene un significado particular cuando a instancias del Poder Ejecutivo, el Congreso ha anulado las leyes de impunidad y una Corte Suprema renovada las ha declarado inconstitucionales y ha confirmado el carácter imprescriptible de los crímenes de lesa humanidad. Reafirmar el valor de la ética y de los derechos humanos en la profunda crisis heredada de la dictadura militar y de las políticas neoliberales no es una retórica declaración de principios en la Argentina posterior a los estallidos sociales de diciembre de 2001. Se trata de afianzar la ética de la responsabilidad en todos los órdenes de la actividad pública y la única manera de otorgar a las políticas públicas un contenido de justicia real y concreta.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-248c4de71495b9cb3b2a990cd1d9f587">Pasaron veintiún años entre un Prólogo y otro, las diferencias son notables; en el de 2006 existe una clara referencia a los sucesos sociales y políticos ocurridos en esos años: las leyes de impunidad, los indultos, la política neoliberal de los ’90 (que daba continuidad al proyecto de la dictadura en términos económicos), la crisis del 2001… No sin valorar el aporte y la vigencia de este informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas tan cercano al fin de la última dictadura, el prólogo del 2006 remarca las políticas públicas y sociales en los términos de una “ética de la responsabilidad” y los “derechos humanos”. Remarcando también que en el año 2004 la ESMA se transformó en un espacio de memoria, espacio que reemplaza una “pedagogía del terror” por una “pedagogía orientada a la búsqueda de verdad y justicia” a través de la memoria colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2227604b74f1fe8bbb6706467656a692">Por último, quiero destacar el sentido que le otorgaba el Poder Ejecutivo en aquel momento: “El NUNCA MÁS del Estado y de la sociedad argentina debe dirigirse tanto a los crímenes del terrorismo de Estado -la desaparición forzada, la apropiación de niños, los asesinatos y la tortura- como a las injusticias sociales que son una afrenta a la dignidad humana. El NUNCA MÁS es un vasto programa a realizar por el Estado nacional, por las provincias y municipios y por la sociedad argentina en su conjunto, si queremos construir una Nación realmente integrada y un país más justo y más humano para todos.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9c5623585e175bdc54ffdf5911eb2dfb">El informe de CONADEP significa para nuestra historia un “documento de la barbarie” en los términos que lo definía Walter Benjamin; una muestra de la injusticia y de los crímenes de lesa humanidad; al paso de los años, la distancia empírica con lo acontecido conspira contra el recuerdo,&nbsp; con la premisa de recordar, rememorar para que sea un recorrido por los logros y las luchas durante los momentos posteriores al ’83; la verdad que aparece en sus múltiples facetas, en los testigos y los protagonistas, en las éticas que se ponen en juego en cada suceso, en cada organismo, significado que se la ha dado a ese período del horror.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ae7cc56924e649d9c52c29b3d74f62d5">Max Weber fue quien realizó la distinción entre una ética de la convicción y una ética de la responsabilidad en su conocida conferencia <em>La política como profesión</em><a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> Para Weber una ética de la convicción (Gesinnungsethik) está animada por la obligación moral y la intransigencia absoluta al resguardo de los principios; la ética de la responsabilidad (Verantwortungsethik) valora las consecuencias de sus actos y confronta los medios con los fines, las consecuencias y las diversas opciones o posibilidades ante una determinada situación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f48549362185ab4f845cad183100af8">Es una expresión de racionalidad instrumental, en el sentido que no sólo valora los fines sino los instrumentos para alcanzar determinados fines. Esta racionalidad instrumental, es la que conduce al éxito político luego de una profunda reflexión, no es fruto de la casualidad ni de la suerte. Sería un error de la acción política plantearse exclusivamente una “racionalidad de los valores” para prescindir de lo fundamental: la racionalidad en las herramientas que han de conducir a la realización de estos valores. Hay, pues, en la política una ética implícita que no conocen los partidarios de la pureza, de la ingenuidad religiosa o del doctrinarismo dogmático de cualquier signo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-95affeeaf61ca0ead329e8820894f100">Un hipotético tercer Prólogo al Nunca Más debiera contemplar estas éticas y las políticas que se sostienen en ellas, en un tiempo donde todo lo actuado se quiere borrar y. más grave aún, se pretende reemplazar por un Mercado totalitario frente a un Estado mínimo que sólo pretende conservar privilegios para quienes se sitúan como cómplices desde lo judicial y legislativo. Un claro ejemplo es ver a quienes eran los defensores de la República y que hoy aceptan órdenes de otro poder sin ruborizarse siquiera. Escribir un texto como la continuidad de un debate amparado en los vaivenes de estos 50 años, teniendo en cuenta la necesidad de transmitir lo acontecido no solamente durante los años ’76 al ’83 sino también todo este tiempo que ha transcurrido desde aquel 24 de marzo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-20b65ef1e652958e8979fec41c2feaeb">Una transmisión<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>, como afirma George Steiner (2003): “¿Qué significa transmitir (<em>tradentere</em>)? ¿De quién a quién es legítima esta transmisión? Las relaciones entre <em>traditio, </em>‘<em>lo que se ha entregado</em>’y lo que los griegos denominan <em>paradidomena</em> ‘<em>lo que se está entregando ahora</em>’, no son nunca transparentes. Tal vez no sea accidental que la semántica de ‘traición’ y ‘traducción’ no esté enteramente ausente de la de ‘tradición’. A su vez estas vibraciones de sentido y de intención actúan poderosamente en el concepto, siempre desafiante él mismo, de ‘translación’ (<em>translatio</em>).”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b93de992bf1a07f23cd89efa2f49df8c">Transmitir un legado, en lo heredado y en lo que se entrega pone en juego la fidelidad y la traición a lo que se recibe. Actualmente es oportuno reflexionar sobre estas cuestiones: cuándo la traición es moral y cuándo es consecuencia de una actualización de lo dado, lo recibido y lo que se entrega; reflexionar por otra parte sobre el vínculo entre “ética” y “deontología”. En principio, la ética intenta resolver el problema del acto moral; mientras que la deontología, que se traduce como ética profesional, es un conjunto de normas (la ética no puede reducirse a una normativa). La ética exige examinar críticamente nuestras acciones; estas acciones tienen consecuencias, repercusiones, alcances. Por tratarse de sujetos sociales, somos “alguien” en la medida que tramitamos y transitamos la existencia con “otros”. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-07f9d5226f534aec4d16447df423cbfa">La tarea de la transmisión de un pasado, de un legado, de un patrimonio cultural y simbólico, en definitiva, es una actividad ética que se traduce en una fuerte decisión política, reemplazando una pedagogía del terror y de la crueldad por una pedagogía de la convivencia, de la igualdad ante la ley, del amor a la humanidad que habita en cada uno de nosotros y nosotras.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6c3ca655d04712d859902992782aadfe"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Las diferentes traducciones del título varían entre profesión y vocación, esto se debe a la traducción del término “Beruf” que en alemán significa tanto una como otra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6de1f14d4fe7f93ac803395719280a73"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Esto se vincula también con la formación de “cuadros políticos”.</p>



<div style="height:54px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e609cf8f8e832ae3081a3f9f0bcbf61">*Dra. Ciencias Sociales. Coordinadora Académica Maestría en Género y Derechos UNGS/UADER.</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="auto, (max-width: 271px) 100vw, 271px" /></figure>



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		<title>La invención del límite: el freno de mano como acto democrático &#8211; Por Nora Merlin</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:18:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Nora Merlín]]></category>
		<category><![CDATA[1976]]></category>
		<category><![CDATA[50 años]]></category>
		<category><![CDATA[Benjamin]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe de Estado]]></category>
		<category><![CDATA[humanismo]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A cincuenta años del comienzo del plan sistemático, el horror del terrorismo de Estado nos encuentra en un escenario inédito: la memoria ya no sólo lucha contra el olvido, sino contra la demolición activa de los consensos que fundaron nuestra convivencia democrática.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-invencion-del-limite-el-freno-de-mano-como-acto-democratico-por-nora-merlin/">La invención del límite: el freno de mano como acto democrático &#8211; Por Nora Merlin</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d7ad0fe89ed69cdc7e4eefdb7b2fdb39"><strong><em>A cincuenta años del comienzo del plan sistemático, el horror del terrorismo de Estado nos encuentra en un escenario inédito: la memoria ya no sólo lucha contra el olvido, sino contra la demolición activa de los consensos que fundaron nuestra convivencia democrática.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9889b2974190c377cb26cd7ac451578a"><strong>Por</strong> <strong>Nora Merlin</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-946c926131cd82124f5c93c62a26a94f">A medio siglo del golpe de Estado de 1976, la cicatriz más profunda de nuestra historia no solo no cierra, sino que sigue hablando y nos dice que aquel proyecto de exclusión y entrega no terminó en 1983.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c994780a90acca3ac6ae089abad0f683">Esa herida que no cierra nos advierte que el terrorismo de Estado no fue un fin en sí mismo, sino el brazo ejecutor de un proyecto de nación que buscaba erradicar la política para instalar el saqueo. Nos dice que la dictadura no solo buscó el exterminio físico, sino la aniquilación de la organización popular para imponer un modelo económico que hoy, bajo la máscara de una supuesta modernidad y el desguace del Estado, intenta revalidar sus títulos. La crueldad actual es el método de una gestión que pretende presentarse como una novedad cuando no es más que el mismo plan con otros ropajes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0fa088a3b2524ed7fea9ce1e10c42310">A cincuenta años del comienzo del plan sistemático, el horror del terrorismo de Estado nos encuentra en un escenario inédito: la memoria ya no sólo lucha contra el olvido, sino contra la demolición activa de los consensos que fundaron nuestra convivencia democrática. En este contexto, la crisis de representación y el quiebre de los acuerdos y pactos obligan a que el &#8216;Nunca Más&#8217; deje de ser un eco del pasado para volver a ser la urgencia de nuestro presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bced5ed0165e9d5293ae12ff8a87788a">Si aquel hito nos permitió juzgar el genocidio, hoy el desafío es defender ese legado frente a una avanzada que busca clausurar la democracia a través de la proscripción política y el odio. Ya no son las Fuerzas Armadas el brazo ejecutor ni el Estado el único monopolio de la fuerza bruta. Hoy la violencia se despliega en una cacería judicial que impuso la proscripción de Cristina Kirchner, la mayor líder popular; que se ampara en el linchamiento mediático y se ejecuta en un desguace estatal que condena a la mayoría social, al hambre y al desamparo. La proscripción no es solo un ataque contra una persona, es un mensaje disciplinador para las mayorías. Al clausurar una candidatura, el poder le advierte al pueblo que su soberanía tiene un límite y que hay nombres, proyectos y esperanzas que no están permitidos en las urnas. La estrategia ya no necesita el rastro de las botas porque cuenta con la eficacia del &#8216;lawfare&#8217;, la post verdad, las fake news, la colonización de la subjetividad y la crueldad de un mercado deshumanizante. Si hace medio siglo el objetivo era la eliminación física, hoy el sistema ensaya formas más sofisticadas, pero igual de autoritarias: amputarle al pueblo el derecho a tener derechos, a gozarlos y a luchar por conseguirlos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3126c61c7c8e437ab786bb071614623f">Cuando el pensamiento diferente vuelve a ser objeto de persecución y deshumanización, la democracia nos exige no sólo recordar el límite que pusimos ayer, sino tener la audacia de inventar el freno de mano, como decía Walter Benjamin, que detenga la crueldad de hoy.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-600ea0d5cc1d6cb1964d0b5108bd530c">Hace un tiempo, sosteníamos en este mismo medio, <em>La Tecl@ Eñe</em>, la necesidad de ampliar la consigna histórica y proponer un &#8216;Nunca más al neoliberalismo&#8217;. Era una forma de advertir que el modelo económico también puede ser una forma de terror y que existe una responsabilidad civil —empresarial, judicial y mediática— que no fue juzgada y preparó el terreno para que ese saqueo sea posible. Frente al actual desguace planificado y la crueldad gubernamental, esa advertencia se ha vuelto un imperativo de supervivencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ebb891c0a8bbf6eb0c69d8479464b048">Hoy la urgencia nos obliga a una operación más drástica. Ya no alcanza con señalar el rumbo del precipicio; cuando el motor de la historia se acelera hacia la deshumanización, la verdadera tarea democrática es accionar el freno de mano. Walter Benjamin, en sus tesis sobre la historia, dejó una advertencia que hoy suena a profecía: tal vez las revoluciones no son el motor que acelera la historia sino el gesto de la humanidad que viaja en ese tren, de tirar del freno de emergencia.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b55508afc65b4288a6e543ca14f9b69a">Durante décadas creímos que la vida era un riel infinito hacia el progreso, y que los derechos conseguidos eran irreversibles. A 50 años del golpe, descubrimos que ese riel era una construcción frágil y que la historia puede descarrilar hacia formas de crueldad que creíamos haber dejado atrás. Cuando la locomotora es conducida por una pulsión de muerte y desintegración, el «progreso» y la “libertad” se vuelven sinónimos de catástrofe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d8e2956cb332badbc2093b9dec33b1a1">El debilitamiento de los pactos democráticos —esos que dábamos por sentados desde 1983— no es un accidente de vía. Es el resultado de una erosión planificada donde el caos se impone y el límite ha sido borrado en favor de un mercado que no reconoce fronteras morales ni sociales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c5d005bfc831f10cfb443ffc715bce0a">¿Qué significa inventar un límite hoy? Implica entender que el pacto democrático no es un objeto para la contemplación nostálgica, sino una construcción política convaleciente pero viva. Una arquitectura que hoy nos exige poner el cuerpo y ejercitar la audacia de inventar nuevas barreras frente a quienes pretenden demolerla. Si la política actual se presenta como un flujo incesante de violencia simbólica y material, la respuesta debe ser la interrupción popular.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7c8f45ad6f93cffd999a0ef15b978422">Poner un límite hoy no es un gesto de preservación abstracta, es un acto de autodefensa democrática. Es la reafirmación de que la vida y la dignidad de las mayorías no pueden ser la moneda de cambio de un modelo de saqueo, ni la justicia un instrumento para mutilar la voluntad popular a través de la proscripción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5b5d075670b00893a9781bb1ad7c8e47">Este nuevo &#8216;Nunca Más&#8217; busca la reacción frente al atropello. No es un freno de mano de la tibieza conservadora sino la urgencia de limitar la transferencia de recursos y el revanchismo judicial que hoy pretenden clausurar el conflicto social por la vía de la persecución. Es la política recuperando su capacidad de trazar una frontera infranqueable contra la crueldad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0f22e851064a7ca63b15ba11391e0b09"><strong><em>A 50 años, una nueva urgencia</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4a7e14034b9f816c32a7577adb109fa">Llegamos a este medio siglo de memoria no para mirar las cenizas, sino para avivar el fuego de la responsabilidad. El 24 de marzo de 1976 fue el inicio de la deshumanización absoluta; el 24 de marzo de 2026 debe ser el punto de inflexión donde la democracia recupere su facultad de poner límites al poder absoluto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c79a342b25491b89e72a8686cd0bf00d">Si el tren de la historia nos lleva de regreso a las lógicas del despojo, nuestra tarea más radical es detenerlo. Inventar el límite es reinventar nuestra soberanía popular, la única forma de garantizar que la democracia no sea una selva de crueldad sino el territorio donde la vida en común sea posible.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5db7d18a4405bad1815ada0d33e3a617">*Psicoanalista, magister en Ciencias Políticas.</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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		<title>Juicio a la dictadura: a 50 años del golpe de Estado cívico-militar (1976-1983) &#8211; Por Maximiliano Rusconi</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/juicio-a-la-dictadura-a-50-anos-del-golpe-de-estado-civico-militar-1976-1983-por-maximiliano-rusconi/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:19:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Maximiliano Rusconi]]></category>
		<category><![CDATA[CONADEP]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[Juicio a las Juntas]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lateclaenerevista.com/?p=18800</guid>

					<description><![CDATA[<p>En 1985, hace 40 años, fue dictada la sentencia en el llamado “juicio a las juntas militares” que tomaron el poder en la Argentina en 1976 y en 2026 se cumplen 50 años de una de las mas dramáticas y duraderas interrupciones a la democracia de America Latina. El objetivo de este trabajo es ofrecer una mirada parcialmente alternativa a las más usuales y analizar méritos pero también defectos del juicio y la sentencia. El análisis de las virtudes y defectos de esa decisión como hecho institucional debe hacerse sin prescindir del contexto social y político. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/juicio-a-la-dictadura-a-50-anos-del-golpe-de-estado-civico-militar-1976-1983-por-maximiliano-rusconi/">Juicio a la dictadura: a 50 años del golpe de Estado cívico-militar (1976-1983) &#8211; Por Maximiliano Rusconi</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-acb939f61afb0a645a14aeeeb5064f0d"><strong><em>En 1985, hace 40 años, fue dictada la sentencia en el llamado “juicio a las juntas militares” que tomaron el poder en la Argentina en 1976 y en 2026 se cumplen 50 años de una de las mas dramáticas y duraderas interrupciones a la democracia de America Latina.</em></strong> <strong><em>El objetivo de este trabajo es ofrecer una mirada parcialmente alternativa a las más usuales y analizar méritos pero también defectos del juicio y la sentencia. El análisis de las virtudes y defectos de esa decisión como hecho institucional debe hacerse sin prescindir del contexto social y político. </em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7297589849bf4ab02bf356f5b1b1e691">Por Maximiliano Rusconi<a id="_ftnref1" href="#_ftn1">[1]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1fa5635604d62818864cb17b39820c9d"><strong><em>1. Introducción.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e4fbf4229d9d13e93381c3c524eae7de">El 9/12/1985, hace 40 años, fue dictada la sentencia en el llamado “juicio a las juntas militares” que tomaron el poder en la Argentina en 1976 y en 2026 se cumplen 50 años de una de las mas dramáticas y duraderas interrupciones a la democracia de America Latina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0cdfffbf491f86d3bf912a75f728758">En la Argentina, ninguna sentencia judicial ha tenido tanta relevancia histórica y prestigio nacional e internacional como la mencionada “causa 13/1984’.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b306e4a3bd8fc5aaf33314a92a344492">El 24/3/1976 inició el “terrorismo de estado”: privaciones ilegitimas de la libertad en centros clandestinos de detención, interrogatorios con torturas, desaparición de personas, apremios, saqueos de viviendas, sometimiento a servidumbre, sustracción de menores, sustitución de identidad de niños nacidos en cautiverio y extorsiones entre otros delitos de gravedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0b8e103b9d8d692eca2b233589fb648f">Los cuerpos de los muertos debían desaparecer quemados, enterrados en fosas comunes. Algunas personas eran arrojadas al Rio de la Plata, desde aviones, con vida, aunque semi-inconscientes por efecto de inyecciones de pentotal sódico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-22d99d01f214e372d4c642143a3ac36b">Al jefe del ejército, Jorge R. Videla, se lo acusó como autor de 83 homicidios agravados, 504 privaciones de la libertad y 254 aplicaciones de tormentos y 23 reducciones a servidumbre y al Jefe de la Armada Naval, Emilio E. Massera, la Fiscalía le imputó 83 homicidios agravados, 523 privaciones de la libertad, 267 aplicaciones de tormentos y 23 reducciones a servidumbre, solo para mencionar dos de los casos mas graves.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2752ba053c67481d328743985481f2df">En el informe denominado “Nunca Más” la CONADEP detalla que a partir del golpe militar fueron privadas ilegítimamente de su libertad decenas de miles de personas en todo el país y 8.960 continuaban desaparecidas al momento en que se entregó el dictamen (1985)<a href="#_ftn2" id="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e30a63fb101e35671fa99bfbc2f847cb">Con el argumento de combatir la violencia de algunos sectores militantes de la izquierda política, fueron firmados durante el año 1975, es decir todavía durante un gobierno democrático, cuatro decretos que ordenaban “aniquilar”<a href="#_ftn3" id="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a> a la llamada &#8216;subversión&#8217;.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e073c07eef4026028508392c63af58e4">En el juicio solo se trató de algunos de los delitos cometidos por nueve representantes de de las fuerzas militares que asumieron la conducción ilegítima del Estado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b7e2b6f87ac5f622991a93069f48640b">El juicio mismo y su sentencia usualmente reciben evaluaciones positivas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fe4c248e7e4f7f354b52f2f071725a5f">Comparando procesos parcialmente similares en la historia mundial, hay algunas ventajas en el trámite de la causa 13/1984, pero ello no puede anular la posibilidad de detectar varios de los problemas de los que adolece ese enjuiciamiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a1e2c48da9d9f7cf94facde83b9c69d">El análisis de las virtudes y defectos de esa decisión como hecho institucional debe hacerse sin prescindir del contexto social y político. Esa perspectiva enaltece las bondades del juicio y de su sentencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ef956838e42646f7e681f0466a10e6e">El objetivo de este trabajo sin embargo es ofrecer una mirada parcialmente alternativa a las más usuales y analizar méritos pero también defectos del juicio y la sentencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bab62dafd1a427bbccc511087d0cbb69">Es un deber del jurista el análisis crítico de decisiones de tanta importancia desde el más puro tamiz normativo y conceptual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0caaceb3059b90eeb9d848b7bd070bbe">Se busca evaluar esa decisión como si hubiera salido a la luz pública hoy mismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb7f9a0e744bafe3b53bf326639b6327">Marcelo Sancinetti<a href="#_ftn4" id="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>, en pleno festejo acrítico de todo lo que rodeó al juicio y a la sentencia produjo posiblemente el único estudio serio y profundo de los extremos discutibles de la decisión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d60f151d435742620646266dfb8fdd1b">Un sector muy valioso del mundo académico sí fue muy contundente a la hora de objetar los nuevos pasos del camino de la impunidad que se reflejaron en las llamadas leyes de punto final y obediencia debida<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-82da1c54f42ad8c85acb5cc6f9acaded">La evaluación cuatro décadas después no es sencilla porque se trata de un juicio sobre el cual se ha construido una óptica para evaluar los caminos institucionales correctos éticamente y útiles socialmente destinados a instalar la memoria colectiva y sanar las heridas comunitarias en cada uno de los ciudadanos y en el propio sistema democrático.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6153de578bae590d6a111be25845b2b8">Se le atribuye al gobierno de esos años y a los intelectuales que ayudaron a desarrollar la ingeniería de ese proceso un conjunto importante de méritos teniendo en cuenta las limitaciones y los riesgos imaginables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d5b5cec35277fcdae3d13866881f027">Normalmente, incluso ahora, aunque por lo bajo se escapen algunas observaciones, se cree que es mucho más “lo bueno que lo malo”. Algo así como si ese juicio hubiera estado atrapado por la lógica del estado de necesidad: <em>evitar el mal peor</em>. Debía haber un juicio, alguna condena y todo con inusitada rapidez si se repara en la complejidad del tema. El proceso duró aproximadamente 6 meses<a href="#_ftn6" id="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c57d06765ffa7c210174c5a50f7d2bd9"><strong><em>2. Los hechos</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-abe03d3c750ed8ecaf68536ca7b4e09d">El informe CONADEP y el juicio mismo pudieron dejar a las claras los detalles de un plan macabro llevado a cabo por las tres fuerzas armadas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-65c82a5f9edc6e8d4f5e7b50ad71ba69">A partir del golpe de estado se ordenó un plan para:</p>



<ol style="list-style-type:lower-alpha" class="wp-block-list">
<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-337a5c901892fa8b742ac58d16fd004e">capturar a “sospechosos” de actos subversivos o de tener vínculos con la subversión;</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3deb343590422ce4b406947eedd3496d">conducirlos a unidades militares;</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dc5d769af7dd8bda4dbf52f44855eb7f">Interrogar bajo tormentos y condiciones de vida inhumanas para quebrar su resistencia moral;</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bc808b06840efdc951118b6a82e9c36">actuar en la clandestinidad más absoluta;</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-109501a941281d3170d8bd786007869e">discrecionalidad en los cuadros inferiores para determinar la suerte del aprehendido: liberación, proceso militar o civil, o eliminación física.</li>
</ol>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5559c9afac90ddf29be3462dabcd5d69">Para garantizar impunidad fue asegurado que los organismos legales de prevención del delito no interfirieran en la realización de los procedimientos ilegales y negados los hechos ante las solicitudes del poder judicial, de familiares y gobiernos extranjeros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3be8c4a634a31ec093a7301ac96bbc15">Fueron efectuadas falsas investigaciones sobre lo que ocurría y se intentó persuadir a la opinión pública nacional y extranjera de la supuesta falsedad de las denuncias argumentando que se trataban de campañas armadas por las mismas organizaciones guerrilleras solo para procurar el desprestigio de gobierno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5f0c22f3f7f842c91ad6b1957bd2e07a">Se evitó la publicación en la prensa de noticias relativas a desapariciones de personas o hallazgos de cadáveres y se pusieron en funcionamiento centros administrativos para la supuesta búsqueda de personas a sabiendas de su inutilidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-21df0594bad8c15d35b54dd01490f9bd">Quedó claro que los acusados tuvieron el dominio de los hechos debido a que justamente controlaban la organización que los produjo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e3eea7952e18fd9375990d7dcddf11bc">La sentencia aseguró que los hechos no eran originados en decisiones individuales sino producto de una orden de actuación sistemática.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f38dc6b1ca64736353b924a4307f823">Los jueces recordaron que los acusados no solo dirigían sus respectivas fuerzas sino también las de seguridad (…) con lo que no existía autoridad que pudiera controlar eficazmente lo que acontecía”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f524f6385a6beb7f67beb55a6dc69221">Por ello, se llega a la conclusión de que el ejecutor concreto perdía relevancia, ya que el dominio de quienes controlaban el sistema sobre la consumación de los hechos que ordenados era total y si algún subordinado se resistía automáticamente era reemplazado por otro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-baae5cb1d22b9d532f4a3fd8243118e4">El plan trazado no podía ser frenado o frustrado por la decisión del ejecutor del nivel operativo, ya que él era un mero engranaje de una gigantesca maquinaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-adbd1fb676dca40b517e9175775a71b2">Para los jueces quedaría probado que si los subordinados cometieron delitos que no formaban parte de las órdenes eran consecuencias previsibles del plan adoptado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-409afcac174bb90334c01a65f8cedc9f">Esto implicó un conjunto de consecuencias en el plano de las atribuciones a los acusados que luego solo se reflejaron parcialmente y con ciertas debilidades argumentales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d39e2e2f5abcea51b900508d18b19b53"><strong><em>3. La limitación de los hechos sometidos a juzgamiento</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-592c2695692f5e68fd5ad689d1faec93">Un aspecto objetable de la acusación, el juicio y la sentencia fue la reducción de los hechos analizados.</p>



<ol style="list-style-type:lower-alpha" class="wp-block-list">
<li class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29c1f448575d020db457e87fa5422c66"><strong><em>La omisión de la acusación y condena por el delito de rebelión</em></strong></li>
</ol>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0e4f69dd9a8b7a8110083ea2a5818fc8">Sin duda era necesario un mensaje de la decisión política y social de no permitir más las interrupciones al sistema democrático y de que esto se trataba de un delito de enorme gravedad. Aquí anidaba un eje que debió tener protagonismo prioritario luego de una dictadura sangrienta, duradera y cruel.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bfcd96639aa250912abe415682804588">En ese sentido no es aceptable que no haya habido acusación y condena por el delito de rebelión o sedición (artículo 226 del código penal argentino<a href="#_ftn7" id="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a>) reprimía al que se “alzare en armas para…deponer alguno de los poderes públicos del gobierno nacional…o impedir, aunque sea temporalmente, el libre ejercicio de sus facultades constitucionales o su formación o renovación en los términos y formas legales”. Exactamente lo que sucedió desde marzo de 1976 y hasta Diciembre de 1983. Un delito que se hubiera probado muy fácilmente sin demasiados esfuerzos investigativos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0815c562ec7c0bda8a070f89e3d95c8e">Para esa acción se preveía una pena privativa de la libertad de 3 a 10 años. El máximo de la pena era muy superior a algunas de las sanciones recibidas por aquellos que habían depuesto al gobierno constitucional. Ello hubiera impedido que se formulara cualquier absolución a quienes se juzgaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-518edc28d6c9c42fa93e5d77243ce073">Esa posibilidad era en el derecho penal argentino absolutamente <em>contra legem</em><em> e </em>inaceptable desde el punto de vista ético<em>.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-80473d8fc315464f607d9d0fa76deeac"><em><strong>b. La acusación de la fiscalía</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c66541f89b3449c6ca8ff482c8550dd4">La Fiscalía acusó por poco más de 700 casos de un primer universo, como se afirmó, de cerca de 8900 casos detectados por la CONADEP; es decir, ya el trabajo de la Fiscalía, más allá de las aristas positivas, culminó en una acusación que significaba un porcentaje menor al 8 % de los casos identificados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9cdf7c5fc9b11588159cc8f4473abec9"><em><strong>c. La condena de la Cámara</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0b18bb455e3534be9321aa49e6c3b640">Las penas aplicadas en la decisión de la condena de la cámara de apelaciones fueron muy distintas a lo pretendido por el Ministerio Público y el resultado final estuvo condicionado por algunos errores conceptuales y contradicciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa337337bbbe2e6b0ea8505f3ad78bf0">A Jorge R. Videla se le atribuyeron 66 homicidios doblemente calificados por alevosía e intervención de tres o más personas; 4 tormentos seguidos de muerte; 93 tormentos; 306 privaciones ilegales de libertad calificadas por violencia y amenazas; 26 robos. Se resolvió aplicarle la pena de reclusión perpetua.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e66513704d8ec471595338184d342d2d">A Emilio E. Massera, se lo encontró responsable de tres homicidios agravados por alevosía; 12 tormentos; 69 privaciones ilegales de libertad calificadas por violencia y amenazas; y 7 robos, se le aplicó la pena de prisión perpetua.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ca4db0f0a8b444822f556e9fad4a9322">A Orlando R. Agosti, se lo consideró responsable de 8 tormentos y de 3 robos, se le aplicó una pena de cuatro años y seis meses de prisión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e4d925aacff335468d8e611ffa14e21b">A Roberto E. Viola, se le determinó responsabilidad en 11 tormentos; 86 privaciones ilegales de libertad y 3 robos, le correspondió una pena privativa de la libertad de 17 años de prisión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d678037cec228ff42a6490e71f2f9841">A Armando Lambruschini, se le atribuyeron 35 privaciones ilegales de libertad y de 10 tormentos, le correspondiente en ocho años de prisión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aae17f5e47329caa9781dd93f5f18105">Y, por último, de modo muy sorpresivo la sentencia terminó absolviendo a Leopoldo Fortunato Galtieri, Omar Rubens Graffigna, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79e111a39d1feb80a6947f76c225823d"><em>4<strong>. El concepto de autor en la sentencia.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0f1865ce29f84e9dc47943895cf6a99d">Los jueces se preguntaron: ¿De qué modo se puede considerar autor a quien no ha ejecutado en forma directa las acciones que se definen como ilícito pero que de algún modo ha dominado el funcionamiento de un aparato de poder desarrollado en plena ilegalidad y que ha producido delitos de gravedad calificados como de lesa humanidad? &nbsp;Ellos reconocieron en un caso de enorme relevancia que era factible imputar autoría a un autor de escritorio en supuestos en los cuales el ejecutor también podía ser imputado y no era visible ninguna eximente que pudiera justificar el traslado de la imputación del ejecutor de propia mano al ámbito de quien dominaba la estructura de poder. Ello era importante y es valorable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d409272a8ea706766a3fc215d845c75">En el caso que se juzgó en la Argentina se daban los criterios que la doctrina dominante parece exigir para la aplicación del concepto de autoría por dominio del aparato de poder: una estructura organizada jerárquicamente, dominada por el hombre de atrás, que a raíz de esa conducción el organismo se haya apartado en forma absoluta del ordenamiento jurídico, que el ejecutor aparezca meramente como una pieza intercambiable en el engranaje del aparato de poder, con alta predisposición y vinculable con la organización.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-68d2d62506b0d305aa52577d4bf1db8a">Como ya es muy conocido Roxin formuló diversas posibilidades teóricas de la autoría mediata entre ellas la relacionada con el funcionamiento de los aparatos de poder estatales organizados<a href="#_ftn8" id="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6178310a9f2066aefa354fc03389ce04">La responsabilidad del autor que emite una orden ilegítima desde su escritorio no puede fundamentarse en el dominio a través de la falta de punibilidad del autor inmediato, él es perfectamente punible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a40e337b2dcac12077344164be68bf52">La responsabilidad del autor mediato debe buscarse en un argumento propio del funcionamiento de estas grandes estructuras: la fungibilidad del instrumento, por ejemplo. Más allá del contacto físico con el ejecutor o de la posibilidad de la decisión final de ejecución en manos del autor inmediato, es claro que el dominio del hecho se basa en la estructura misma del organismo que asegura de manera inevitable que la orden será cumplida<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a0f62c513f53f10195301db7b7603d3e">Para la fiscalía existía una estructura que traslada el carácter de autor a quien da las órdenes sin restarlo del ejecutor inmediato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6c172762acfb0611b330619aaad5c488">La fiscalía siguió mucho mas fielmente que la sentencia la idea expresada en la autoría por dominio del aparato estatal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-240fe83e5d922a18ce5aa021862e9e61">La acusación del Fiscal, técnicamente superior a la sentencia<a href="#_ftn10" id="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a>, menciona los casos correctamente de Stachinskij y Eichmann que habían sido situaciones inspiradoras en el planteo de Roxin. En relación con Eichmann se dijo que “fue considerado autor el sujeto enjuiciado, no obstante ser ajeno a la realización material de algún acto de los descriptos en el tipo delictivo».&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6356a1b82478ec30672f2181947fdfd">Los jueces, siguiendo la tesis de Zaffaroni, afirmaron que “&#8230;los antecedentes reseñados resultan elocuentes en demostrar que la expresión <em>determinar</em> a otro del art. 45 del CP tiene un alcance más vasto que la mera instigación”<a href="#_ftn11" id="_ftnref11">[11]</a>; y que resulta un sustento dogmático mucho más firme de la autoría mediata que la primera parte del art. 45 del CP.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3fe5fd41e95404eae345b9433b3bfd5b">Posiblemente todavía queden por desarrollar ulteriores consecuencias para la convivencia de ambos modelos de atribución de autoría. Si se multiplican por dos las posibilidades y formas de intervención como autor y/o partícipe en un hecho ejecutado en el marco del dominio de una organización institucionalmente desviada cada autor (de escritorio y del caso individual) representan núcleos de imputación que operan con cierta autonomía. Algo que fue obviado por la decisión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b373f26b1b5084044f9c23dd177ecf22"><em>5<strong>. ¿Obediencia debida?</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c6fd17880cb09be31ed52d54886fc673">Ahora bien, la Cámara continuó con afirmaciones sorpresivas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8f8dd6ad87d149396f7773bc35357a5e">Los jueces sostuvieron, de modo injustificado, que “es presumible que muchos subordinados puedan alegar en su favor la eximente de obediencia debida o un error invencible respecto de la legitimidad de las órdenes que recibieron”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6298d9b31627b32859afcc6946bedf04">Allí se juzgaba a personas de las cuales emanaron las ordenes y no había razón para ocuparse de la situación de los receptores directos o indirectos de esas ordenes. Los jueces condicionaron a los futuros jueces (¿o legisladores?) que debían evaluar el comportamiento de los subordinados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a675009e5c04f08bfd2000108b2c6f2f">En delitos de “lesa humanidad” no hay posibilidades de que el ejecutor pueda ampararse en esa eximente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db745e08ec46738468e04b3630f2bd1c">La decisión transmite la idea de ir navegando por aguas políticamente aceptables, ¡algo que es, justamente, inaceptable!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-59ad873a2069bb15bafe377c31f55306"><strong><em>7. Los límites de la imputación vertical, horizontal y temporal: el principio de oportunidad interno</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-94e1d356416fa50af14763dccde6f724">La sentencia reconoce algunos puntos que, lamentablemente, no han producido las consecuencias correctas en el sistema de imputación sobre el que se estructuró el juicio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-44645e7fba18acfdc71abf396fa3d9e5">En la decisión se describe que las operaciones ilegales contaban frecuentemente con un aviso a la autoridad de la zona para generar un “área libre”, asegurando de este modo que no haya ninguna interferencia.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-be50605f57438cb884c09b6e4f697d46">Los secuestros ocurrían de noche, con saqueo de las viviendas en el domicilio de las víctimas, quienes eran llevadas de inmediato a unidades militares o policiales distribuidas por todo el país y cuya existencia era ocultada al conocimiento público y los secuestrados eran interrogados en la mayoría de los casos bajo tormentos utilizando métodos de tortura similares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d65ddf417a9d35c11412a816fe080314">Existieron avisos que confirmaban el conocimiento de los hechos como el gran número de presentaciones de <em>habeas corpus</em> que fueron rechazados debido a que en general las autoridades militares negaron la detención de los beneficiarios o proporcionaban informes evasivos y reticentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9f1df47b1cf5727590a7d590e9f450b">Incluso la Conferencia Episcopal Argentina se reunió con miembros de la Junta Militar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-88e3a64df06b058952818a8697f953d5">Los jueces reconocen que se consolidó un sistema operativo ordenado por los comandantes en jefe de las tres fuerzas y que la junta militar se erigió desde el 24 de marzo de 1976, como el máximo órgano político del Estado, pero definieron que todo ello no era suficiente para fundar la imputación <em>a la junta</em> (es decir, la conjunción de las tres fuerzas en sí misma considerada). Esa limitación debe ser objetada ya que, como el propio fiscal lo reconoció, el 28/04/1983 la Junta emitió lo que se llamó como “documento final” en el que fueron aprobados en su totalidad los planes llevados a cabo contra la guerrilla. Para los jueces el documento no demostraba que la junta militar fuera quien se encargó de comandar las acciones, que la existencia de normas que otorguen facultades no implicaba que ellas hayan sido ejercidas y que la mutua colaboración entre fuerzas tampoco certificaba la intervención de un ente superior.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0defb7ba36ee7083786838ea4a5e3f02">Se concluyó que la idea de una responsabilidad global de las juntas militares no encontraba sustento en la prueba incorporada al expediente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f2568c3d71437526c8446d4516a8d29e">Era correcta la idea de la Fiscalía de que cada jefe que (hacia abajo) era autor mediato por dominio del aparato de poder respecto a los hechos de su fuerza también era coautor (horizontalmente) con los otros jefes respecto a hechos ajenos a su fuerza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c000f377d61c34f65715e37e80d261c">Teniendo en cuenta que la autoría por dominio de la voluntad de un aparato de poder no requiere demostrar el aporte en cada acto lesivo individual o, mejor dicho, que el aporte ya es la propia conducción del aparato, debió haberse visto una coautoría en el máximo nivel institucional para esa conducción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-484f2d18f823bf83735e9a0a891eac5e">La imputación de coautoría hubiera implicado triplicar la posibilidad de círculos concéntricos para la atribución de participación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e38fe0cddde1edccda4942db2cca220d">No son visibles las razones por las cuales los jueces consideraron “absolutamente ajenos a la responsabilidad de cada comandante, los hechos cometidos por cada uno de los otros colegas de mando. Lo que luego se denominó responsabilidad por fuerzas, concepto contrario a la responsabilidad por juntas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff9f69a28e2eaceaafd1805ed9f3c71c">El co-dominio entre los tres comandantes de cada período residía ya en la conducción misma de ese aparato de poder: nadie era en verdad totalmente autosuficiente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ffaa3951c5ba444fc9fb8cbbcc07ecce">En sistemas jerarquizados, de carreras tan formales y rígidas era evidente que ello sucedió en casi todos los casos. Si el teniente general Viola ocupó un alto cargo durante la Jefatura de Videla y desde ese lugar prestó una colaboración no había razón para no incluir la atribución de esos actos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a50d901dd9d454d56f354e6f971fae3">Ello redundó en una irracional atenuación de la pena de los miembros de la segunda y tercera junta respecto de los de la primera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a2ee503e219580cf36a54ef1dc18cf6"><strong><em>8. El olvido de las estructuras omisivas</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-186c14298d23fc63d3cf9aab1d0f5c09">Tampoco se observó que un sistema que garantizaba “zonas liberadas”, dejaba las cosas muy claras para la atribución de los hechos a las fuerzas que no ejecutaban operativos de “su jurisdicción” en base a lo normado en el art. 106 del CPA <a href="#_ftn12" id="_ftnref12">[12]</a>. ¿cuál es la razón por la cual estaba bloqueada la atribución de omisiones?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fdd200bcd82bcde8f1da81c7b0f32f92">La Fiscalía, quizá con una línea argumental un tanto confusa, acusó de modo subsidiario por la forma omisiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f12a0b96a699b0df764dcf39c875c23c">Según el Fiscal Moreno Ocampo: aun cuando los acusados “no hubieran dado órdenes criminales, aun cuando los tormentos, las torturas y las muertes hubieran sido cometidas por oficiales y tropas que no estaban obedeciendo a sus mandos, aun de aceptarse esta postura hipócrita (…) son penalmente responsables; ello es así porque, en determinadas circunstancias, omitir, no actuar, constituye un delito”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c7961e9c0e41f16b0181c635bc3fbcac"><strong><em>9. El concurso de delitos y una curiosa determinación judicial de la pena</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8404892ab431be6fe6c20e235baf9ab8">Por otro lado, la decisión judicial analizada con criterio posiblemente defendible condenó por las figuras en concurso real. Lo llamativo es que si se tomaba en serio el hecho de que los delitos cometidos concursaban en forma real entonces se hacía casi imposible justificar las penas adjudicadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a53bbc2f70f0ea5c1c07289148295e3">La referencia remite a las penas intermedias de Agosti (4 años y seis meses), Viola (17 años) y Lambruschini (8 años).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-82e3a6764550d386e8a3578c1d28ddd4">Teniendo en cuenta las escalas penales de los tipos imputados no queda claro cuáles han sido los criterios que se utilizaron para la fundamentación punitiva en la sentencia penal. Las confusas y esporádicas referencias normativas no ayudan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2412b0aa71fad155a2fcab8c2de3f10b">En el caso de Agostí, por ejemplo, que se haya considerado que “8 tormentos” y “3 robos” merecen una pena de 4 años y seis meses es injustificado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-20c369a79d6ffc3478bc8d80f3414763">Pero, con la referencia concursal o sin ella, tampoco se expuso en toda la sentencia criterio alguno de determinación judicial de la pena de aquellos que mencionan los arts. 40 y 41 del CPA.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a461fcc31b58b40aa59f332f0f133519">El artículo 55 del código penal argentino dispone que para el caso del concurso real la pena será determinada entre el mínimo mayor y un máximo originado por la suma aritmética de las penas máximas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-320ec70d02112f8aea12c5a7ba568988">Tenían razón quienes, desde los organismos de derechos humanos, pusieron <em>el grito en el cielo</em> ante este modo de mensurar ilícitos tan graves.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9cd0a3b5df731c9e537c9691c5957209"><strong><em>10. Evaluación final.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f2b534ed98d95096106d90135cf28a1">La sentencia analizada cumplió un rol indiscutible y necesario; asimismo ayudó a que las generaciones posteriores conocieran el horror que vivieron sus padres y abuelos, pero es necesario remarcar adicionalmente algunos errores, falencias y también arbitrariedades que generaron segmentos de impunidad en una tragedia que no admitía espacio para indulgencias caprichosas. De un modo u otro la sentencia fue técnicamente muy superior a la posterior decisión de la Corte Suprema de Justicia. Como hemos dicho esta mirada se beneficia de la observación de todo el proceso 40 años después.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-985e2ea3310973821ef10146659889d1">Para decirlo con palabras de Eberhard Schmidt, recordadas a estos mismos efectos por Sancinetti<a href="#_ftn13" id="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a>: el jurista no puede siquiera permitir que se diga que entre tanto él ha guardado silencio<a href="#_ftn14" id="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a>.</p>



<div style="height:34px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3dfc1082036ba8b2d64165e9cc138caf"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Catedrático de derecho penal y procesal penal de la Universidad de Buenos Aires. Ex Fiscal General de la Procuración General de la Argentina. Ex Funcionario de la Misión de las Naciones Unidas para la Protección de los Derechos Humanos en Guatemala (MINUGUA).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb6925c92d6349a0747a9dff43149448"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Aunque los organismos de derechos humanos sostuvieron en general el numero de 30.000 desaparecidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d9a7e073c69cbc740b6cd82c9ab1fc9f"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3"><sup>[3]</sup></a>En el diccionario de la lengua española la definición de aniquilar, remite a sinónimos como exterminar, arrasar, dinamitar, masacrar, devastar, destrozar y destruir. Una nota curiosa surge de ver la acepción del verbo en el contexto de la física: “Dicho de una partícula elemental. Reaccionar con su antipartícula, de forma que <em>desaparecen</em> ambas (…)”. La idea de que alguien puede <em>desaparecer</em> es tristemente célebre en la Argentina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5919e7d16aa4e6d33ee4fc50c34e06cb"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4"><sup>[4]</sup></a><em>Sancinetti</em>, Análisis crítico del juicio a los ex-comandantes, en Derechos Humanos en la Argentina post-dictatorial, 1988, p. 1.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9efbe83b5142d04982a7332db74532a5"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a>En la doctrina argentina, <em>Sancinetti</em>, “Validez y alcance del proyecto de “punto final”, Revista Doctrina Penal, 1987, 117. En la misma obra ver, <em>Maier</em>, “El proyecto de Punto Final”, p. 141 y ss; <em>Maier</em>, ‘Desobediencia debida (a propósito de la llamada ley de obediencia debida)”; <em>Nuñez</em>, “¿Son ilimitadas las facultades del congreso?, p. 393 y ss. <em>Nino</em>, Juicio al mal absoluto, 2015, p. 276. <em>Ambos</em>, Impunidad y derecho penal internacional, Ad-Hoc, 1999, p. 278.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-912e99a0205f98748b5eb7981d828662"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> Por ello es posible afirmar que el estándar de preocupación del gobierno por el juzgamiento de las masivas violaciones a los derechos humanos no era idéntico al que expresaban los organismos no gubernamentales como el CELS (centro de estudios legales y sociales), el MEDH (movimiento ecuménico por los derechos humanos), la Liga Argentina por los Derechos Humanos, la Asamblea Permanente, las Madres de Plaza de Mayo, el Centro de Estudios Legales y Sociales, entre otros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-280a6297a940f4180c8f5f362a8f6f52"><a href="#_ftnref7" id="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> En adelante CPA</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9727bf08d34432f122dcab32febf5d86"><a href="#_ftnref8" id="_ftn8"><sup>[8]</sup></a><em>Roxin</em>, Strafrecht. Allgemeiner Teil II, 1. Aufl. 2003, § 25, Rdn. 105.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-533e7cf2ea887ca44b3cdfac405bddb5"><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a><em>Stratenwerth/ Kuhlen</em>, Strafrecht Allgemeiner Teil I, 5. Aufl., 2004, p.. 271.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a39882221ad053b958292d7e5e82fa8"><a href="#_ftnref10" id="_ftn10"><sup>[10]</sup></a> Aunque la sentencia de cámara lo fue respecto de la que emanó de la CSJ.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-136b9b089c24ec939fa3915080cc945f"><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a><em>Zaffaroni</em>, Tratado de Derecho Penal, IV., 1982, p.&nbsp; 296.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af269db732a72e199b1f14423de2831e"><a href="#_ftnref12" id="_ftn12">[12]</a> El delito del abandono de personas en el art. 106 del CPA: “El que pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea colocándolo en situación de desamparo, sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a la que deba mantener o cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado, será reprimido con prisión de 2 a 6 años. La pena será de reclusión o prisión de 3 a 10 años, si a consecuencia del abandono resultare grave daño en el cuerpo o en la salud de la víctima. Si ocurriere la muerte, la pena será de 5 a 15 años de reclusión o prisión”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-adc67b73e654d839f21c59b9800137c3"><a href="#_ftnref13" id="_ftn13"><sup>[13]</sup></a> <em>Sancinetti, pag. </em>57.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b4ae4611f439cd7f4bbdfef148a926d2"><a href="#_ftnref14" id="_ftn14"><sup>[14]</sup></a> <em>Schmidt</em>, E, Lehrkommentar zur Strafprozeßordnung un zum Gerischtsverfassungsgesetz, Teil 1: Die rechtstheoretischen und die rechtspolitischen Grundlagen des Strafverfahrensrechts. 2. Auflage, 1964. p.&nbsp; 10.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b307ae5a218f00cebc93f1c4a14a85be">*Abogado. Doctor en Derecho. Profesor Titular de Derecho Penal (Universidad de Buenos Aires).</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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