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	<title>La Tecl@ Eñe, autor en La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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		<title>Estado gendarme o Estado fraterno &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:46:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ante el resurgimiento del Estado Gendarme impulsado por el  totalitarismo de las ceocracias, Raúl Zaffaroni plantea la reposición del Estado Fraterno, modelo imaginado por Perón. Siete décadas no pasan en vano y el desafío es el de retomar el reto de entonces y reinterpretarlo en el escenario actual de la nación, de la región y del planeta.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/estado-gendarme-o-estado-fraterno/">Estado gendarme o Estado fraterno &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="jbz26w05" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>Ante el resurgimiento del Estado Gendarme impulsado por el  totalitarismo de las ceocracias, Raúl Zaffaroni plantea la reposición del Estado Fraterno, modelo imaginado por Perón. Siete décadas no pasan en vano y el desafío es el de retomar el reto de entonces y reinterpretarlo en el escenario actual de la nación, de la región y del planeta.</em></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jbz2cej1" class="txtNew" style="text-align: justify;">
<p class="font_8"><strong>E</strong>n estas primeras décadas del siglo XXI avanza por el mundo el poder de los Ceos de las corporaciones transnacionales con asiento en el hemisferio norte, que van ocupando el lugar de la política. Su innegable aspiración totalitaria se manifiesta en su cooptación de los aparatos estatales y económicos internacionales, racionalizada con su discurso único (mal llamado neoliberalismo), que domina a las academias mundiales y se vulgariza a través de los monopolios corporativos mediáticos.</p>
<p class="font_8">América Latina, como región subdesarrollada (colonizada en la nueva versión llamada globalización) es sometida a un proceso de acelerado debilitamiento de sus Estados mediante diversas y convergentes estrategias, siendo las más notorias las siguientes:</p>
<p class="font_8">(a) corrupción de sus estamentos políticos mediante el cohecho activo practicado por los propios Ceos o sus agentes locales; (b) prohibición de tóxicos y otros servicios, con su consiguiente plusvalía, que genera luchas sangrientas por la competencia para el acceso al mercado de mayor consumo; (c) corrupción policial, vinculada o no a lo anterior, eventual corrupción de la justicia, altos índices de homicidio y letalidad policial y pérdidas de control territorial; (d) prisionización masiva en condiciones de campos de concentración y reproductora de criminalidad violenta, que permite a los monopolios mediáticos justificar cualquier abuso represivo; (e)contratación irresponsable de deudas externas que comprometen los presupuestos por décadas y obligan a futuras renegociaciones problemáticas; (f) venta o entrega descontrolada del patrimonio estatal a las corporaciones o a sus agentes, con pretexto de ineficacia; (g) facilitación de negociados con cobertura de licitud o sin ella, en medio de un festival de especulación financiera; (h) involucramiento de las fuerzas armadas en funciones policiales, que deteriora el prestigio de esas fuerzas y, con ello, la defensa nacional; (i) aperturas de importación que destruyen a las pequeñas y medianas empresas demandantes de mano de obra, reduciendo la capacidad productiva nacional; (j) derogación de la legislación laboral, con el pretexto de que la crisis productiva resulta de los altos costos de los salarios: (k) desfinanciamiento de la investigación y de la enseñanza superior oficial, aduciendo que son costos improductivos; (l) reformas impositivas regresivas, con el pretexto de estimular a los más ricos para la inversión productiva, resultando en desplazamiento y concentración de riqueza; (ll) supresión o reducción radical de las subvenciones a los servicios públicos de primera necesidad, como energía y transporte, argumentando la necesidad de que cada quien pague sus servicios; (m) reducción y eliminación de planes sociales, so pretexto de fomentar la holgazanería y el desempleo voluntario; (n) despidos masivos de la administración pública, so pretexto de reducir el gasto, que desbaratan la eficacia de la burocracia estatal; (ñ) estigmatización de la dirigencia sindical con el pretexto de corrupción, con el objeto de impedir toda resistencia de los movimientos obreros organizados; (o) fortalecimiento de los servicios de inteligencia para fines de coacción política, so pretexto de investigar corrupción; (p) difamación pública de todo opositor o resistente, con falsas noticias y manipulación judicial, con el mismo pretexto; (q) indiferencia o incentivación de la letalidad policial y de la represión a toda manifestación de resistencia más o menos colectiva; (r) persecución de opositores y resistentes, haciendo uso arbitrario de la prisión preventiva, a través de jueces adictos o coaccionados; (s) privatización de la seguridad social, arguyendo la falsa imposibilidad de mantener el sistema previsional solidario; (t) privatización de los servicios de salud, beneficiando a las empresas proveedoras, con el pretexto de su mayor eficacia; (u) facilitación de la intervención privada en empresas extractivas y de importancia estratégica, con serio peligro de expoliación de riquezas naturales, con el pretexto de incentivación del sector; (v) estigmatización de pueblos originarios para despojarlos de tierras o impedir sus reclamos, con pretexto de terrorismo; (w) impulso a la concentración monopólica de medios de comunicación audiovisuales en manos de corporaciones afines, para crear una realidad social única, incompatible con la democracia plural; (x) encubrimiento mediático de los delitos y negociados de los funcionarios propios mediante el silencio en los medios masivos; (y) linchamiento mediático de todo juez o fiscal que no responda a la planificación corporativa, con el pretexto de su ineficacia o corrupción, y manipulación política para la designación de jueces y fiscales obedientes al proceso de avance del colonialismo; (z) reducción de salarios, jubilaciones, pensiones y otros ingresos, mediante una discreta inflación, acelerada por devaluaciones progresivas de la moneda.</p>
<p class="font_8">Todo esto converge en el proyecto colonialista que pretende configurar una sociedad con mayoría excluida (desde fines del siglo pasado de suele llamar sociedad 30 y 70), cuyo avance lo posibilitan básicamente dos condiciones que –como veremos- no se hallas desvinculadas: (a) el consentimiento, resignación o apoyo de buena parte o de la mayoría de la población; y (b) los defectos de los Estados de la región, cuya institucionalidad no estaba preparada para defenderlos de la agresión cometida por los medios antes señalados.</p>
<p class="font_8">La primera condición resulta paradojal y hasta parece recursiva en la historia. Nuestra región ha pasado por momentos de marcada ampliación de la ciudadanía real, en que gobiernos populares lograron elevar a condiciones dignas de vida a amplios sectores de la población. Pero a poco, esos mismos sectores se volvieron resistentes y enemigos de esos gobiernos y de sus movimientos políticos y adhirieron a las fuerzas regresivas, que no sólo impidieron el avance de la inclusión, sino que incluso la hicieron retroceder. Es inevitable que este péndulo de diástole y sístole, visto en perspectiva, proporcione la impresión de que nuestros movimientos populares construyen a sus enemigos, los que, a su vez, se suicidan política y económicamente, o sea, la sensación de que esos movimientos han gestado capas de masoquistas sociales. Pero no basta con describir estos procesos, sino que es necesario hallar su explicación y hacerla explícita, pues es de toda evidencia que algo viene fallado en nuestra política regional desde hace bastante tiempo.</p>
<p class="font_8">Los movimientos populistas latinoamericanos suelen presentar muchos defectos, pero nunca éstos -ni incluso su eventual violencia- alcanzaron ni lejanamente los límites de crueldad de los impulsos regresivos. Si bien esto no debe hacer pasar por alto los defectos, no es posible dejar de reconocer -en todo momento- que el balance general del siglo pasado y de lo que va del presente, muestra que sin ellos no se hubiese ampliado la base de ciudadanía real y seríamos muchos los que hubiésemos podido sucumbir a los riesgos de ser latinoamericanos: haber sido abortados, carecer de proteínas en los primeros años y no desarrollar nuestras neuronas, desaparecer por enfermedades infantiles o endémicas, padecer disminuciones físicas y mentales irreversibles, ser analfabetos, carecer de toda posibilidad de acceder a estudios terciarios, etc. Sin los populismos, nuestras sociedades serían hoy continuadoras del quasifeudalismo del porfiriato mexicano, del coronelismo brasileño, del patriciado peruano, de la oligarquía vacuna argentina o del estaño boliviana.</p>
<p class="font_8">Por esa razón, en nuestra región no es admisible que el populismo tenga el mismo sentido peyorativo que se le otorga en el hemisferio norte, donde es confundido con la táctica artera de la propaganda basada en los peores prejuicios de cada sociedad (quizá por una mala traducción de völkisch, que en sentido correcto sería algo así como popularismo o populacherismo). De cualquier modo, es necesario no dejar de lado los defectos de nuestros populismos, porque la paradoja del suicidio social de las capas beneficiadas por ellos, sin duda que debe responder a alguna de las fallas necesitadas de urgente corrección.</p>
<p class="font_8">Sin pretender agotar la discusión al respecto, sino sólo de aportar a ella, cabe observar que el principal defecto ha sido precisamente el de dejar abierto el flanco de la segunda condición necesaria para la instalación de los proyectos colonialistas: los populismos no prepararon institucionalmente a nuestros Estados para resistir una agresión colonialista como la que sufrimos en este momento. Puede pensarse que quizá tampoco para las que hemos sufrido con las anteriores regresiones, pero eso sería una cuestión de investigación histórica y ahora urge pensar en el presente.</p>
<p class="font_8">No es posible en pocas líneas -ni como tarea individual- proyectar el modelo de Estado necesario para nuestro desarrollo como región, como tampoco pasar por alto las diferencias geopolíticas de nuestros países, sin perjuicio de lo cual es posible señalar el camino, por lo menos en el nivel superestructural o teórico-político, habida cuenta de que la infraestructura nunca es indiferente a la superestructura, por lo que es un grave error despreciar esta última y pensar que puede ser arrojada por la ventana sin más, pues entre ambas media un estrecho vínculo.</p>
<p class="font_8">Desde el atalaya de la historia humana es dable observar que cada vez que los pueblos la recalentaron con cambios profundos, reclamaron para los Estados el trípode de principios que sintetizó –pero que no inventó- la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Pero la misma historia enseña que luego, calmando las aguas revolucionarias al ritmo de las manipulaciones y errores del poder político y económico, se erigieron modelos de Estados desequilibrados, que se pretendieron asentar sobre uno sólo de esos puntos de apoyo, pero que en realidad traicionaban el reiterado reclamo de los pueblos en sus momentos de ebullición.</p>
<p class="font_8">Esas racionalidades encubridoras se inclinaron sólo por alguno de dos de los puntos de apoyo del trípode: la libertad y la igualdad. La confrontación de poder del siglo pasado provocó en este plano superestructural la opción entre libertad o pan, falsa hasta el extremo del ridículo: quienes tuviesen libertad sin pan, la usarían para conseguir el pan y, de negársele ese derecho, perderían el pan y la libertad; inversamente, quienes tuviesen pan sin libertad, perderían el control del reparto del pan, que a poco dejaría de ser igualitario. Por eso, tarde o temprano, ambos caminos son racionalizaciones de algún totalitarismo.</p>
<p class="font_8">Para contener el avance del totalitarismo en acto que privilegiaba discursivamente el pan y subestimaba la libertad, se ensayó en la parte más desarrollada del planeta el modelo de Estado de bienestar, funcionó como un amortiguador hasta que se implosionó el totalitarismo de la pretendida igualdad sin libertad y ahora, el real avance ilimitado del totalitarismo corporativo de los Ceos despliega por el mundo su propio modelo de Estado totalitario que, aunque sigue con su discurso de libertad sin pan, al igual que su contrario desaparecido, está dejando sin pan ni libertad al menos a las dos terceras partes de la humanidad.</p>
<p class="font_8">Para consolidar el modelo de sociedad con un 30% incorporado y un 70% estructural y definitivamente excluido, renueva y refuerza en teoría la vieja idea del Estado gendarme, cuya función se reduciría al cuidado de los límites de una supuesta selva en que cada cual trataría de alcanzar lo que pueda, pasando por sobre sus semejantes, como si se tratase de una masa humana huyendo de un naufragio o de un incendio. El homo homini lupus es una frase siniestra, inventada para legitimar esta visión selvática de la sociedad, que además es falsa, porque en la selva no rige esta ley, pues de lo contrario ésta perdería su equilibrio ecológico y se destruiría y, en cuanto al lobo, parece que es el humano el lobo del lobo, a juzgar por su paulatina extinción (si no equivoco mi latín sería homo lupus lupus).</p>
<p class="font_8">A los partidarios de estos encontrados paradigmas de modelos de Estados desequilibrados que disputaron en el mundo, nuestros populismos, sin muy alta teorización –más movidos por las urgencias de la pragmática de inclusión social- les resultaban no sólo contradictorios sino prácticamente inexplicables, por lo cual con un simplismo indigno de algunos niveles de especulación teórica sofisticados en otros aspectos, se los desdeñaba como simples reflejos de las propias manifestaciones de autoritarismo y totalitarismo centrales.</p>
</div>
<div id="jbz3avwo" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;">En Latinoamérica, el colonialismo logró impedir la creación de un frente común, que posibilitase cierta autonomía de movimiento y el consiguiente protagonismo planetario de la región, básicamente porque con facilidad consiguieron debilitar a nuestros precarios Estados nacionales, abriendo el espacio para las luchas de sístole y diástole emancipatoria, que llenan la historia de Latinoamérica y de África. No poca confusión generó en nuestras propias luchas políticas la contraposición de los modelos de Estado en disputa por el poder hegemónico mundial y las desarticuladas tentativas de aproximación al modelo de Estado de bienestar, que pasaban por alto la esencia periférica de nuestro capitalismo productivo.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El objetivo de lograr un modelo propio de Estado, que permita el ejercicio de la soberanía popular y la consiguiente resistencia al poder colonialista del totalitarismo corporativo, debe renovarse ahora en otro escenario, dada la desaparición de uno de los paradigmas ideológicos y la acelerada quiebra de los Estados de bienestar, cuya función amortiguadora perdió sentido. Para eso no es inoficioso volver la vista al pasado para recoger lo que pensaron nuestros mayores al respecto y, si bien no parecen ser muchos los elementos útiles, dado el paso del tiempo y el cambio profundo del escenario mundial, lo cierto es que existen algunos que no debemos despreciar. Posiblemente se puedan detectar otros en un análisis detenido de los populismos de la región, pero al menos y en lo referente al nuestro país, el ensayo más interesante de modelo de Estado es el de la tercera posición del peronismo de mediados del siglo pasado.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El misterio del tiempo permite ahora dimensionar mejor el carácter visionario de la tercera posición justicialista, que procuraba alejarse de ambos totalitarismos, tanto del que estaba en acto como del que aún en parte se hallaba en potencia, aunque sobre Latinoamérica y África también se manifestaba en acto, sin escatimar dictaduras, matanzas y atrocidades. ¿Qué modelo de Estado correspondía a esa tercera posición? ¿Era el Estado de bienestar o se pretendía inventar algo nuevo? Algunos lo interpretaron así; otros quisieron ridiculizarlo como mera publicidad; y tampoco faltaron quienes subestimaron la idea porque no lograba definir el modelo o lo consideraron simplista.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Por nuestra parte no compartimos esas opiniones, sino que, por el contrario, creemos que Perón ensayó algo novedoso y original, pero siete décadas no pasan en vano y tampoco se trata de enredarse en una investigación histórica, sino de retomar el reto de entonces y reinterpretarlo en el escenario actual de la nación, de la región y del planeta. ¿Cómo pensar hoy un modelo de Estado cuando está caduco el de pan sin libertad y avanza el de sin pan ni libertad? ¿Cuál era la esencia del modelo que vislumbraba Perón hace setenta años y cuál su vigencia hoy?</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Creemos que la clave está en la idea de comunidad que, depurada de algunas abstrucidades y usos perversos, a buen entender no significa otra cosa que revalorar el punto de apoyo del trípode histórico de los pueblos, que el poder forzó a ignorar en la falsa opción del siglo pasado: la fraternidad. El modelo imaginado por Perón era, para decirlo en palabras más universales, el de un Estado fraterno.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Dado que no es posible concebir la fraternidad prescindiendo de la libertad y la igualdad, no debe reincidirse en un nuevo error desequilibrante que privilegie un punto de apoyo, sino sólo en un Estado que equilibre el trípode añadiendo el que los paradigmas del siglo pasado omitieron, o sea, equilibrar lo que fue desequilibrado en los discursos o racionalizaciones teóricas manipulados por el poder.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Ese Estado fraterno tampoco puede ser una mera renovación del Estado de bienestar, aunque recoja algunos elementos de esa experiencia, pues no se trata de un amortiguador de contradicciones, sino de un Estado montado como defensa y resistencia frente a un totalitarismo peligroso para el destino de toda la humanidad, hasta el extremo de poner en riesgo las condiciones de vida humana en el planeta.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La posición geopolítica subdesarrollada que nos impuso el colonialismo generó fuertes estratificaciones sociales, por lo que en la resistencia anticolonialista debe ser prioritaria la defensa de la vida y la seguridad de nuestros habitantes y, en especial, de sus capas más vulnerables. Si bien los esfuerzos de inclusión social fueron detenidos por fuerzas regresivas que respondían al poder colonialista, sin importarles el costo de vidas humanas, estas regresiones contaron con el apoyo de minorías privilegiadas y de delincuentes económicos locales, pero también es innegable que  contaron con otro factor, sin el cual no hubiesen obtenido sus resultados regresivos: no se logró (o fue insuficiente) la creación de subjetividades solidarias, o sea, que no se pudo afianzar una subjetividad de ciudadanía solidaria. Se consiguió la incorporación económica de nuevas capas sociales, pero las subjetividades siguieron siendo definidas por los valores mezquinos del colonizador.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Mientras no se logre una ciudadanía solidaria, el mero ascenso económico de capas excluidas o explotadas (que no es lo mismo) no impedirá nuevas regresiones. Sólo cuando el/la ciudadano/a solidario/a sienta que no puede ser feliz mientras sus semejantes padecen violencia y carencias elementales, nuestros Estados serán fuertes frente al totalitarismo que avanza. En nuestro margen colonizado, esto significa que sólo esa solidaridad puede proporcionar fortaleza en la soberanía, porque ésta corresponde a los pueblos y, además, la fortaleza represiva suele ser propia de Estados débiles en soberanía.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Toda copia imperfecta del viejo Estado de bienestar, carente de la simultánea concientización solidaria, no hará más que crear nuevas capas con subjetividades alienadas, que se suicidarán socialmente al identificarse y apoyar a sus enemigos, creyendo tener al alcance de la mano los privilegios de las minorías beneficiarias del totalitarismo corporativo colonialista. Cuando Jauretche describía y ridiculizaba el medio pelo, estaba refiriéndose a capas de nueva clase media que poco antes habían sido incorporadas por el esfuerzo populista del yrigoyenismo, pero carecían de toda subjetividad solidaria y, por ende, adoptaban la ideología antipopular del gorilismo y se identificaban con la oligarquía a la que aspiraban a pertenecer, aunque era imposible que alguna vez lo hicieran.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Debe quedar claro que esta subjetividad solidaria no sólo debería ser fomentada y reforzada por el Estado fraterno por meras consideraciones humanitarias -por muy valiosos que éstas sean-, sino como elemental requerimiento para la coalición social comunitaria, indispensable para posibilitar cualquier resistencia anticolonialista. De allí que la subjetividad solidaria contraste radicalmente con la mezquindad que fomenta el totalitarismo corporativo y colonizador de nuestros días, que mediante sus aparatos de publicidad monopólicos crea una realidad disolvente de los vínculos empáticos entre las diferentes capas sociales e incluso en el seno de éstas.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No debe creerse en un gen egoísta ni en una determinante biológica, pues toda subjetividad es una creación cultural y, por ende, artificial y mutable, que en este caso es muy peligrosa, porque destruye el sentido solidario de la existencia, aliena al negar la evidencia de que toda existencia es co-existencia, porque pasa por alto que los humanos sólo podemos ser auténticos cuando somos conscientes de que co-existimos con los otros humanos.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Reinstalar a la fraternidad como tercer punto de apoyo no significa desconocer el esfuerzo personal necesario para la realización de cada proyecto existencial, sino reconocer que estos esfuerzos nunca son suficientes para lograr su objetivo sin la sociedad que todos integramos. La meritocracia individual es producto de una cultura de alienación fomentada por este totalitarismo, que pretende naturalizar una artificiosidad ridícula, pues nadie puede concebir un éxito individual que se opere fuera de la sociedad.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Por otra parte, el totalitarismo de nuestros días fomenta la meritocracia individual y al mismo tiempo pretende consagrar una única y válida meta social, que es el éxito económico individual, o sea, la acumulación de bienes y dinero. A diferencia del esquema de Merton, que por lo menos pretendía ser descriptivo, ahora se  pretende imponer una única meta de mercantilización de todo: serás lo que tengas, debes acumular riqueza porque de otro modo eres un fracasado socialmente descartable.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La aspiración a una subjetividad solidaria –fraterna- no debe confundirse con la etización gratuita propia de los discursos moralizantes, huecos y reaccionarios, que invocan la necesidad de educación o diagnostican crisis de valores. No se trata de ninguna crisis, sino simplemente, de incorporar capas excluidas pero, al mismo tiempo, de hacerlas conscientes de la necesidad de seguir incorporando a otras rezagadas y con las que deben mantenerse los vínculos de solidaridad.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Mucho menos aún se trata de imponer una ética de generosidad que reclame un profundo cambio interior de las personas, lo que llevaría a imaginar una mística que sostenga que el cambio proviene del interior. Nadie ha de pretender que todos sean San Francisco de Asís, Santa Isabel de Hungría o Buda, lo que sería políticamente absurdo. Sólo se trata de impulsar la comprensión del dolor ajeno, del sufrimiento y la injusticia social que padece el semejante que carece de lo elemental para el desarrollo de su existencia. No se pretende ninguna santidad, sino un elemental reclamo tan primario como la ética del escalador, que simplemente le prohíbe cortar la soga que sostiene al que viene más abajo.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El Estado fraterno que requiere la resistencia anticolonialista, sólo logrará su objetivo ético cuando consiga que todo nuevo humano que ascienda socialmente sea consciente de que, si bien lo hace con su esfuerzo, hubiese carecido de la posibilidad de realizarlo sin el marco de una empresa común de incorporación que debe ser impulsada precisamente por los nuevos incorporados, para seguir reduciendo la exclusión. Se trata de no olvidar nunca -y menos aún desbaratar- el esfuerzo colectivo, cayendo en la trampa del canto de sirena que invita a identificarse idealmente con los privilegiados que postulan la interrupción y regresión del proceso de incorporación, convenciéndolo de que ya es uno de ellos, cuando nunca lo será porque en realidad lo invitan a un suicidio social.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">En definitiva, también esto se asienta en el segundo punto de apoyo del trípode entendido razonablemente: la igualdad debe ser de oportunidades para adelantar el ser de cada uno, es decir, su existencia. No desaparecerán pobres y ricos ni las clases sociales, pero se trata de que cada habitante disponga de un mínimo de igualdad de oportunidades garantizado por alimentación, trabajo, salud, educación y seguridad, que permita que su esfuerzo para llegar a ser lo que quiera ser no deba llegar al límite de la heroicidad. No se pretende ninguna utopía de santidad de unos ni heroicidad de otros, pues por algo están los altares para los santos y los monumentos para los héroes. Sólo se aspira a una solidaridad elemental, básica, indispensable para la co-existencia, capaz de neutralizar las trampas del colonialismo o de sus agentes locales.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Los tres objetivos enunciados en el preámbulo de la Constitución de 1949 (soberanía política, independencia económica y justicia social) son interdependientes, pero su sustentabilidad en el tiempo dependerá también de que en lo social e institucional se logre el equilibrio del trípode de libertad, igualdad y fraternidad. Quienes entonaban la Marsellesa contra el justicialismo, se olvidaban que las mujeres que la cantaron en la Revolución Francesa estaban reclamando precisamente lo que en buena medida el peronismo había realizado. En especial la justicia social no consiste sólo en la incorporación económica de los más vulnerables, pues a la larga todo se derrumba cuando ésta no va acompañada por la incorporación subjetivamente solidaria de éstos, puesto que esa falla los deja expuestos a los cantos sirenaicos de los agentes locales y transnacionales de la exclusión colonial.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Más aún: cabe preguntarse si la incorporación económica agota la incorporación social o si, por el contrario, es sólo su presupuesto. Es perfectamente válido responder que sin una incorporación cultural solidaria, aunque medie incorporación económica, no hay una verdadera incorporación social, sino sólo la creación de una capa social vulnerable a la alienación de la ideología y de la creación de realidad única del totalitarismo en curso.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La tarea que se nos impone para el futuro es proyectar los modelos de Estados que, además de perfeccionar las instituciones y clausurar las grietas por donde penetran las tácticas totalitarias, defendiendo nuestras riquezas, economía, industria, recursos naturales, biodiversidad, medio ambiente, etc., asumiendo una institucionalidad que nos proteja del actual avance del Estado de policía, al mismo tiempo sea capaz de fomentar esta ética social solidaria, asentándose equilibradamente sobre el viejo y reiterado trípode de eterna vigencia popular, puesto que, cabe reiterar, fue el siempre reclamado por los pueblos en sus momentos de recalentamiento histórico.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Buenos Aires, 3 de enero de 2018</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">*Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires</p>
</div>
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		<title>Respuesta de Daniel Santoro a Horacio González  Agotar todas las posibilidades de unidad para ganar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:48:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Santoro]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Daniel Santoro le responde a Horacio González y afirma que la posibilidad de que el kirchnerismo y el peronismo conformen un frente unido de cara al 2019 es la única posibilidad de derrotar el proyecto neoliberal de Cambiemos. Acuerda con González en que el desafío es ver quién conduce este frente, construcción que es inestable, problemática y sin garantías.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="jbs5t5tn" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>Daniel Santoro le responde a Horacio González y afirma que la posibilidad de que el kirchnerismo y el peronismo conformen un frente unido de cara al 2019 es la única posibilidad de derrotar el proyecto neoliberal de Cambiemos. Acuerda con González en que el desafío es ver quién conduce este frente, construcción que es inestable, problemática y sin garantías.</em></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong>Por Daniel Santoro</strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jbs5zcfa" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Querido Horacio.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Al leer tu texto realmente no siento que discrepemos en ningún tema, suscribo plenamente tu respuesta, tanto en las críticas como en los aciertos del kirchnerismo que vos señalas. Eso y todas las demás consideraciones que contiene tu texto componen un excelente material para incluir en el amplio debate que debería darse y saldarse en los próximos meses con miras a la unidad indispensable.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Yendo al punto, vos te preguntás razonablemente (como también me expresaron Ricardo Foster y Jorge Alemán) ¿Cuál sería el rol de Cristina en esta convocatoria? Yo no tengo la respuesta, creo que no sería pertinente intentar asignarle un rol previo al debate. Ella sabrá encontrar su lugar, en ese caso las cosas no se pueden prever. Pienso que Cristina se expresó claramente cuando dijo que ella “No sería un obstáculo para la unidad”, entonces están todas las posibilidades dadas.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">De todas las opciones la que realmente me preocupa es que algunos compañeros piensen en conformar un frente progresista que deje afuera todo ese peronismo que vos citás en tu texto. Creo que la idea de “preparase para perder elecciones” que formuló Alfonsín no es una posibilidad para ninguno de los peronismos (como vemos que no lo fue tampoco para el radicalismo, quedan como mudos testigos los restos del alfonsinismo que flotan en torno al kirchnerismo).</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Sinceramente, tratemos de querer ganar, agotemos todas las posibilidades para la unidad, una unidad que incluso pueda contener una dieta equilibrada de sapos. Es una propuesta sin duda más peronista que la de perder elecciones.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Pd.: Y para resumir. Estamos de acuerdo en que lo único que sería una amenaza letal hacia este gobierno neoliberal sería la posibilidad de que el kirchnerismo y el peronismo conformen un frente unido de cara al 2019. Estamos de acuerdo en que el desafío es ver quién conduce este frente, ahí nos jugamos verdaderamente el destino de esta construcción que es por supuesto completamente inestable, problemática y sin garantías.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Si no emprendemos esta tarea lo que hagamos no serán más que semblantes de buenas intenciones, gestos de almas bellas, sin posibilidades más que las de satisfacer pequeños egos a través de alguna presencia testimonial en el congreso.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Percibo la sombra pequeña del PI que sobrevuela el extenso campo del movimiento nacional y popular  (la veo casi como en un cuadro de Van Gogh).</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Daniel Santoro, 29 de diciembre de 2017</p>
</div>
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		<title>Cartas entre Daniel Santoro y Horacio González  Debate en torno a la unidad del peronismo</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/cartas-entre-daniel-santoro-y-horacio-gonzalez-debate-en-torno-a-la-unidad-del-peronismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:49:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Santoro]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de la carta escrita por Daniel Santoro, A los compañeros con urgencia, donde plantea la necesaria unidad del variado arco peronista de cara a las elecciones de 2019, Horacio González responde en forma no menos urgente y con el espíritu de discutir el difícil tema de la unidad del peronismo, una discusión precisa que no debe justificar un producto final amorfo. La Tecl@ Eñe publica en forma unificada las dos cartas.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="jbr5odbh" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>A partir de la carta escrita por Daniel Santoro, A los compañeros con urgencia, donde plantea la necesaria unidad del variado arco peronista de cara a las elecciones de 2019, Horacio González responde en forma no menos urgente y con el espíritu de discutir el difícil tema de la unidad del peronismo, una discusión precisa que no debe justificar un producto final amorfo. La Tecl@ Eñe publica en forma unificada las dos cartas.</em></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jbr5susi" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong><span class="color_30">Daniel Santoro: A los compañeros con urgencia</span></strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Faltan menos de 18 meses para el cierre de listas con miras a las presidenciales del 2019, en los próximos meses deberemos encontrar la forma de sacar al movimiento nacional del atolladero en el que se encuentra, algunos acontecimientos de los últimos días (experiencias de unidad en la acción) nos podrían servir de guía para encontrar el camino.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La concreción de una amplia unidad entre el variado  arco peronista y el kirchnerista sería la peor noticia que puede recibir éste gobierno neoliberal, hacia allí debemos dirigir todas nuestras acciones de aquí en más. Para que éste vasto y generoso acuerdo tenga sentido y pueda realizarse deberemos deponer enconos, olvidar ofensas, abandonar la nominación de traidores, acabar con el conteo de costillares sospechosos, e incluso prepararnos para una copiosa ingesta de sapos. La búsqueda de ésta unidad es urgente y prioritaria. Algunos ejemplos: ¿por qué no podrían encontrarse, hablar y  ponerse de acuerdo Axel Kicillof y Roberto Lavagna (ambos ministros del kirchnerismo)?, o pactar una larga conversación entre Graciela Camaño y Máximo Kirchner (si dicen más o menos las mismas cosas), ¿qué tan grandes serían las diferencias entre Gabriela Cerruti y Daniel Arroyo? ¿Cuál es la traba que impediría un acuerdo entre Randazzo y Felipe Solá? Esta coyuntura histórica nos reclama deponer los narcicismos.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Sería un tremendo error no lograr en los próximos meses articular un gran coloquio del campo nacional en donde se salden todas las conversaciones que nos debemos (o que no tuvimos a tiempo), pienso en varias jornadas de trabajo, discusiones y acuerdos, con el objetivo de consensuar una plataforma en la que todos nos sintamos representados (con la presencia horizontal de aquellos que tengan genuinas ambiciones), que garantice la unidad programática  en la que participen todos: gobernadores, intendentes, los movimientos sociales, el PJ, unidad ciudadana, diversos partidos de izquierda y progresismos, una gran convocatoria sindical  (amplia y sin reproches), de no ser así estaríamos garantizando el triunfo del macrismo y tal vez dentro de 12 o 16 años nuestras nuevas generaciones militantes podrán salir de éste embrollo y dirigir una mirada piadosa hacia atrás para ver cómo terminamos ahogados en el mar de nuestras propias miserias y mezquindades.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No nos midamos entre compañeros, reclamando heroicos actos de resistencia a quienes no pueden realizarlos por diversas cuestiones de la coyuntura, siempre es mejor que estén (aunque limitados), nadie debe quedar afuera, todo sirve a efectos de consolidar esa masa crítica (sabemos que los traidores siempre estarán en los lugares que generen expectativas de triunfo), lidiar con esto es parte del desafío de la conducción. Todo sirve siempre que vaya en el sentido de la unidad, tenemos que construir una real alternativa de poder y eso se logra estando todos adentro.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Daniel Santoro, 25 de Diciembre de 2017</p>
<p class="font_8" style="text-align: center;">***</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong><span class="color_30">Horacio González: Una respuesta no menos urgente</span></strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Querido Daniel</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Lo que considero la justificación última de tu llamado es la grave situación por la que estamos pasando. El macrismo, o como se llame, es un aparato extra-estatal y post-institucional, que está dispuesto a arrasar la lógica constitutiva de la nación argentina. Sus medidas represivas, que por un lado entregan el beneficio de la duda a las nuevas gendarmerías, y por otro lado, buscan reproducir las viejas artimañas del terror de Estado pero bajo formulismos parlamentarios y legales, que aceptan a disgusto o vulneran por dentro hasta hacerlos irreconocibles, nos llevan a la pregunta de cómo agrupar los ámbitos políticos y humanos que se oponen a este descalabro inusitado.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No obstante, en todo llamado a la unidad, importan los pasos previos, que todos conocemos bien, habitualmente representados por la clásica pregunta ¿quién convoca? En tu escrito, sucinto y contundente, das ejemplos de coincidencias posibles entre personas que, dejando de lado ciertas particularidades o aspectos secundarios, podrían asumir un núcleo común de razonamientos en torno a una crítica económica de la situación: por ejemplo, Kicillof y Lavagna. El método que proponés es el deponer enconos y dejar de usar los artificios verbales del hábito tantas veces consagrado en todas las fuerzas políticas, en especial en el peronismo: el tema de la traición. Sin duda, Perón, que lo instituyó con entusiasmo, dedicó luego vastos esfuerzos por moderarlo: “si voy solo con los buenos, me quedo solo”. Lo cual originó la conocida puja por saber quién era bueno. O que todos se pensaran excluidos del mal. La unidad, creo, tiene más exigencias que esa picaresca. Es urgente, como bien decís, y esa urgencia está urgida de criterios, debates más pulidos y mejores exposiciones de lo que pensamos, pero ahora, ante el tribunal de la historia.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Hoy creo que no son suficientes aquellos preceptos de  unidad, si bien no abandono en ningún momento el pensamiento para construir un estado de unión política de los ciudadanos y trabajadores, que resuelva los temas pendientes, no sólo los que señalas –ceder en los estilos grupales de imposición territorial o intimación táctica-, sino los que aún nos siguen llamando la atención a todos los que apoyamos el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. Por ejemplo, por qué se facilitó tanto la fusión de grandes empresas de comunicaciones y luego se amparó la más importante ley democratizadora en esa materia. O por qué no se lograba un tono declarativo más esclarecedor respecto a los grandes regímenes económicos, postulando un “capitalismo serio”, que no parecía una consigna adecuada para la hora, mientras se producían hechos que auguraban un tipo de sociedad que dieran pasos más emancipados en relación a la hipótesis del necio capitalismo canónico. Del lado del kirchnerismo, es preciso ese debate, para convertirlo en nuevas señales orientadoras de acción política transformadora.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Pero si esta revisión es urgente en el kirchnerismo, que es un nombre acosado por un conjunto de medidas punitivas que tienen al andamiaje judicial como resurrección del santo oficio inquisitorial, mucho más urgente es para quienes forman una gran multitud de compañeros que se movilizan en torno a la identidad peronista. En muchos de ellos, con la mejor voluntad de abrir compuertas nuevas, se piensa el kirchnerismo como un interregno muy episódico, y alojan ahí una medida de unidad sumamente indiferenciadora. ¿Kirchnerismo? Bah, uno de los tantos capítulos del Movimiento Nacional.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No voy a decir, según tu recomendación que comparto, que allí están los “traidores”, palabra sumamente literaria para aplicarla a cualquier pleito ocasional. Diré que muchos ven allí, en el omni-abarcativo Movimiento Nacional, el habitáculo que los protege de la intemperie kirchnerista, donde en la actualidad vemos que la mayor campaña de insidias de las corporaciones mediáticas, tiende el sudario maldito de la corrupción sobre los antiguos funcionarios. Además de debatir seriamente qué se aloja en tan siniestra denominación, deberíamos entender también que hoy “salir de la zona de operaciones” designadas por el Gran Hermano –esto es, dar el paso del “kirchnerismo” al “peronismo”- permite inmunizarse. Esa inmunización es esperada por el mecanismo de conversión de conciencias, que hace dos décadas está operando en el peronismo. Ellos tienen preparado el ungüento para ungir la frente del peronista arrepentido no con el óleo de Samuel, sino con el óleo de la indignidad.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Si el peronismo admitido o indultado dedica unos minutos a hablar mal de la “corrupción”, ya tiene el ticket de entrada a la Nueva Era.  No digo que las irregularidades haya que pasarlas por alto, digo que cuando se las llama de un modo con el cual se le muestra la guillotina al candidato a la horca o se lo invita a la transfiguración de su conciencia, eso es sólo un espolón de partido gobernante, para administrar la entrada al Monasterio de Blanqueo de los Carpetazos. No abandonar el nombre del peronismo a la trituradora de los Trolls, implica redefinir sus horizontes y sus subyacentes memorias epopéyicas, hoy soterradas por ignorancia o utilizadas vicariamente. Pero a nada de esto  hay que invocarlo como un universal abstracto, ni suponer que lo actuado por el kirchnerismo –que contuvo a ese peronismo supernumerario que viene del menemismo y alojó a una generosa cantidad de simuladores-, es el concreto y absoluto punto regenerativo para recrearlo todo otra vez. No, porque ese punto aun no lo avizoramos, y sólo podemos decir que surgirá de trabajos críticos, de naturaleza moral e intelectual, que den cuenta de las incoherencias que atravesamos en el período anterior, no pocas, y asimismo del uso impertinente de la palabra peronismo para un Recambiaremos a Cambiemos. Basta de esa papilla.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La unidad es una cuestión urgente y coincido en que queda poco tiempo, así como eso no debe justificar un producto final amorfo. Las urgencias deben ser contempladas a la luz de las movilizaciones, los debates parlamentarios y las fisuras que se abren en el electorado macrista. Todo ello precisa formas que replanteen el llamado a la congregación política más eficaz contra esta sistemática degradación del país. En el chirle panorama de este descarrío, falta agregar cuál sería el papel de Cristina. Tengo la sospecha de que no sirve llamarla jefa –ni a ella ni a nosotros-, pero menos restarle su preminencia. No me cabe duda que ella sabrá hacer público un despliegue sobre la escena ligado a esa acción de hacer un llamado, y no por eso inhibir las libertades del vasto archipiélago de grupos, estilos y militancias que pululan en este descalabro general al que estamos asistiendo.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Ella también, como nosotros, se bate en inciertas arenas movedizas, pero es el objetivo principal de los disparos de 105 milímetros,  de esos obuses cotidianos que disparan desde Comodoro Py, un marino que participó de varias guerras en el siglo XIX. Cristina es la única no inmunizada, o la única que permanece totalmente des-inmunizada, y persevera en la lucha. Otros que tampoco estaban inmunizados, han caído bajo el radar candente del capricho judicial. Muchos peronistas que quieren blindarse en su ortodoxia, expulsan de su lengua los nombres malditos y vuelven al habitáculo de siempre, como si nada hubiera pasado. Gobernadores, intendentes, senadores, diputados, etc.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La unidad no es un a priori benevolente sino un sistema de reflexión y análisis, y en tanto eso se hace necesaria. Incluye abrirle las puertas a temas a los que antes fuimos ociosos, como la brutalidad de la economía extractivista, así como fortalecer aquellos  que hicieron a la novedad kirchnerista. Es necesario un debate más preciso sobre cómo conceptos fulminantes alojados en el fraseo cotidiano de la población, son un bloque que debe ser penetrado con la verdad. La verdad de lo que se hizo en términos liberacionistas, pero también, de todos los hechos inadecuados producidos, que no pueden reunirse en conceptos escatológicos. Esos conceptos que los dueños del monopolio arbitrario de la palabra y la violencia dicen con desparpajo, como santo y seña terminal, de los que nosotros huimos. Al contrario, deben ser revisados a la luz pública con los nombres que corresponden. Unidad política, parlamentaria, social y urgente, debe vincularse a la unidad de hecho que producen las grandes movilizaciones, que aun así tienen  metodologías diversas. La resistencia es una categoría interna de la vida emancipada. A todos nos compete.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Pero dirigen la atención de la Unidad necesaria hacia zonas donde actúa un nuevo espíritu político, libertario, juvenil, preocupado por formas de vida que se lancen a despertares elocuentes de la vida renovada. Los nombres de militantes que vos mencionas, Daniel, pueden abrazarse en el Congreso. No desdeño esta cuestión. Pero el sello de cualquier abrazo lo debe dar por fin el reconocimiento de los momentos dominantes donde en el inmediato pasado se mostró innegable voluntad de transformación, en un mundo acechado por múltiples peligros, tanto a la democracia, a la vida como a las múltiples experiencias de la existencia colectiva y disidente. Este escrito muestra algunas discordancias con el tuyo, Daniel, pero reafirma el respeto por tus preocupaciones, tanto más relevantes en cuanto provienen del gran artista que sos.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Horacio González, 28 de diciembre de 2017</p>
</div>
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		<title>Carta IV a Jorge Alemán &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:51:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El kirchnerismo puso en evidencia la disputa en el interior del peronismo. Señaló sus límites y la necesidad de ampliar su base de sustentación material y simbólica. Creer que recostarse en el PJ y sus lógicas territoriales supone la única opción para disputar con posibilidades el futuro inmediato constituye una clausura de lo que su nombre significa en la historia argentina como renovación de los ideales de emancipación y justicia. En el interior de esa creencia subyace el intento de adaptar, una vez más, el peronismo a su versión conservadora, esa que deja tranquilo al poder económico corporativo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/carta-iv-a-jorge-aleman/">Carta IV a Jorge Alemán &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="jc9842m6" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>El kirchnerismo puso en evidencia la disputa en el interior del peronismo. Señaló sus límites y la necesidad de ampliar su base de sustentación material y simbólica. Creer que recostarse en el PJ y sus lógicas territoriales supone la única opción para disputar con posibilidades el futuro inmediato constituye una clausura de lo que su nombre significa en la historia argentina como renovación de los ideales de emancipación y justicia. En el interior de esa creencia subyace el intento de adaptar, una vez más, el peronismo a su versión conservadora, esa que deja tranquilo al poder económico corporativo.</em></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong>Por Ricardo Forster</strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jc989ll3" class="txtNew" style="text-align: justify;">
<p class="font_8">Querido Jorge,</p>
<p class="font_8">Celebro que vayamos recorriendo distintos caminos en este diálogo epistolar que, ahora, y gracias a tú última carta nos lleva, como no podía ser de otro modo, al peronismo, ese “vasto nombre” (parafraseando a Borges) que encierra tantas vicisitudes y que ha marcado a fuego nuestro itinerario nacional. Me impacta lo que suscita, al menos en mí, la frase provocativa con la que das inicio a tus reflexiones sobre el movimiento creado por Juan y Eva Perón: “El peronismo ha muerto y precisamente como no es posible concebir la vida sin los muertos, sin  el diálogo infinito con los mismos, sin su permanente legado, sin su herencia siempre a descifrar, el peronismo es una gran reserva de memoria histórica que obliga y exige lecturas muy atentas, no solo historiográficas sino también filosóficas”. Lo espectral, quizás en el sentido que Derrida le da al término en Espectros de Marx, cabe en lo que señalás, en el impacto de una frase que es, al mismo tiempo, lapidaria y ambigua porque muestra un cierre que nunca se completa y que sigue desafiando al presente, que perturba, en el mejor sentido, la actualidad de aquello que no podemos cerrar de nuestro vínculo con el peronismo, con su presencia espectral, con su potencia simbólica y sus equívocas formas de persistencia. Pero también supone una pregunta incómoda por su futuro, por ese advenir que parece envuelto en sombras y problemas. ¿Acaso hay un peronismo que siempre está dispuesto para sacarle las castañas del fuego al Sistema, para reconstruir gobernabilidad en momentos de crisis y estallido? En tu carta, eso creo, lo preocupante es ese resto conservador que se guarda en cierto peronismo que, como si fuera un muerto-vivo, se apresura a ofrecerse como alternativa a la masacre social, institucional, económica y cultural desencadenada por el macrismo. Para lograr eso –convertirse en el recambio, ser oposición blanda y confiable– debe, como bien decís, desprenderse de ese otro nombre que lo persigue: el del kirchnerismo representado por Cristina. Y eso, nos lleva, claro, a tu frase lapidaria: “el peronismo ha muerto” que, aunque se la tenga que entender con la aclaración que le sigue, no deja de perturbarnos y de enfrentarnos a una tradición que es bajo la forma de la herencia o el legado pero que ya no parece “vivir” como plenitud. ¿Es posible hablar de la muerte de aquello que sigue atravesando nuestra actualidad y definiendo el horizonte, incierto, de la política argentina? ¿Es acaso su espectralidad la que nos sigue ofreciendo su legado emancipatorio heredado por el kirchnerismo? ¿Cómo pensar y construir en la práctica una alternativa que sea capaz de disputar poder asumiendo esta condición espectral del peronismo? ¿Es posible sustraerse a un llamado a la unidad mayúscula –en la que todos entran– en nombre del horror macrista y su capacidad de poner en riesgo la vida democrática del país? En las respuestas de algunos a estas preguntas se deja ver un intento de sepultar la experiencia kirchnerista, de convertirla en otra estación en la larga marcha del movimiento nacional asumiendo sus logros y carencias, pero destacando que su tiempo ha quedado a nuestras espaldas. Como siempre se trata de lo que dice y deja de decir un nombre tan cuantioso como el del peronismo. Una interminable querella interpretativa que se juega en el interior del presente y que, como en otras ocasiones, determinará no sólo la mirada retrospectiva sino, también, el horizonte de futuro.</p>
<p class="font_8">Me gustaría, contra esas respuestas que parecen provenir de una seudo hegeliana “astucia de la razón” que siempre justifica todo (y más si de lo que se trata es de doblegar a lo peor de lo peor que hoy nos gobierna), regresar sobre algunas cosas que escribí, no hace mucho, sobre estas cuestiones para seguir por la huella que dejás.</p>
<p class="font_8">El kirchnerismo es un nombre original, una invención inesperada marcada por la saga popular, por sus mandatos inconclusos, por sus desafíos, sus éxitos y sus derrotas. Su aparición en la escena de un país incendiado y a la deriva vino precedida por el desmoronamiento de una gran tradición política que llegó, al final del siglo pasado, envuelta en la incertidumbre de su propia historia, de un presente de agotamiento y de un insospechado futuro. Hablo, claro, del peronismo, de sus múltiples piruetas y travestismos que le permitieron, una y otra vez, cambiar de rostro y de discurso asociándose a los vientos de época. Lejos, muy lejos parecía quedar esa saga de un peronismo combativo capaz de ilusionar a una generación con la transformación social más avanzada en el interior de un país que le respondería, a ese deseo alocado y revolucionario, con la peor y más maliciosa de las acciones: la dictadura, el terrorismo de Estado, la masacre. Un peronismo desnutrido de sus ensoñaciones emancipadoras e igualitaristas que entró en el tiempo democrático para ofrecerse como la fuerza de la restauración, como el encargado de borrar sus antecedentes plebeyos en nombre de una nueva modernización. Nada parecía haber quedado de aquel otro peronismo de los setentas, de palabras rumorosas capaces de interpelar al poder, de jóvenes desafiantes incluso del propio Perón que, en sus meses finales, se inclinaba, más y más, por las fuerzas de la conservación contra los ímpetus de una generación ilusionada con hacer confluir el río del peronismo con el río de la revolución social. La sombra de la tragedia comenzó a desplegarse en Ezeiza. No hubo retorno. Apenas la certeza de un aceleramiento imposible de los tiempos que culminaría en la noche de la dictadura.</p>
<p class="font_8">Casi tres décadas le llevaría al peronismo recobrarse del embrujo que lo carcomió por dentro. El nombre del kirchnerismo vino a sacudir lo que parecía sellado, historia acabada. Abrió lo que parecía imposible de abrir: la memoria de un peronismo supuestamente tragado por las inclemencias argentinas y por su propia decadencia. Provocación y estupor. Su nombre está cargado por esas dos inquietudes. Aunque algunos intenten huir de ese origen, de esa potencia de ruptura, su continuidad está sobredeterminada por la perseverancia de su capacidad de incomodar y de cuestionar la trama de los privilegios en un país que, cada determinado tiempo, busca reencauzar la lógica de la repetición bajo la denominación de los poderes económico-corporativos. Una parte del peronismo ha sido y sigue siendo funcional a ese retorno. El kirchnerismo dejará de ser en el instante mismo en el que en su interior, bajo cualquier excusa de sobrevivencia espuria, se escuchen los reclamos de cordura, de ciclo cumplido. Cuando en el peronismo se habla de englobar a todos los sectores, cuando se escucha aquello de que “finalmente somos todos compañeros”, lo que se está diciendo sin decirlo es que se prepara, una vez más, la pirueta que conduce al establishment, el giro que vuelve a depositarlo en el núcleo de la repetición.</p>
<p class="font_8">Hoy, y bajo distintos nombres (suenan con sus diferencias los de ciertos gobernadores, esos que siempre estuvieron lejos de kirchnerizar al peronismo de sus provincias, y, por supuesto, los de los nuevos heraldos del peronismo conservador que se han convertido en los opositores-aliados del gobierno) se busca cerrar (quizás como si fuera el resto de una pesadilla que se desea olvidar) la anomalía iniciada en mayo de 2003 y que, con la dura derrota de noviembre de 2015, atraviesa por un tiempo de esencial reconfiguración no exento de problemas y amenazas que vienen  de adentro y de afuera. De nuevo, y como un signo de su historia zigzagueante, regresa una disputa que, eso hay que decirlo, no dejó de acompañarlo, al menos, desde el conflicto de la 125 en marzo de 2008 en la que una buena parte del PJ confluyó con la corporación agromediática (el massismo es hijo de esa confluencia). En esos días calientes en los que tantas cosas fueron puestas sobre la mesa, y en los que los actores asumieron sus papeles en el drama de la historia, el kirchnerismo encontró su nombre y su potencia, pudo darle palabras a su desafío y a su proyecto. En esos días, también, algo inevitable volvería a sacudir al peronismo.</p>
</div>
<div id="jc98nzgz" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Hoy, cuando todo sigue estando en disputa y bajo la forma del riesgo que toma los rasgos de la fragmentación y la derrota, regresa la amenaza, que se realiza día a día, de la restauración, pero no sólo como una acción extemporánea, venida de afuera, sino como la horadación que se precipita desde el interior. No hay peor cuña que la que se hace con la astilla del mismo palo. Por eso es imprescindible discutir críticamente el legado del propio peronismo, no dejarlo desplegarse como si nada guardase de peligroso en su devenir histórico y sospechando, siempre, de los cultores de la “unidad por sobre todas las cosas”. No se trata de ir a la búsqueda de una pureza imposible y viscosa, pero tampoco de ir con todos y con cualquiera con tal de recuperar, sin principios, el poder para simplemente “limpiarle la cara”. Sin dudas, que el triunfo electoral de la derecha neoliberal (primera vez en nuestra historia democrática que logra legitimarse por el voto ciudadano sin tener que apelar a la parasitación de algún partido o movimiento de raíz popular o, como lo hizo desde 1930, apelando a los golpes militares) redefine muchas cosas, le da un fondo urgente y complejo al futuro del peronismo y, claro, a la continuidad de su momento más avanzado que lleva el nombre de quien logró sacarlo de su marasmo. Para ciertos sectores del establishment sigue siendo el peronismo conservador la garantía en última instancia de la gobernabilidad a favor de sus intereses. Trabajan, imaginando una posible crisis de la derecha macrista, a favor de los Massa, los Urtubey, los Bossio, los Pichetto, nombres que, más allá de sus portadores, expresan la tendencia restauracionista que se guarda en el interior del movimiento creado por Juan Perón. Aunque también es cierto que, en el macrismo, hay un espíritu revanchista que intenta liquidar lo mejor de una tradición política que introdujo, una y otra vez, el conflicto y la disputa por la justicia y la igualdad. Sueña, la derecha, con convertir ese legado en pieza de museo.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">En la opción del 83, la que encabezó Italo Luder  –jugando en espejo con la historia–, se ofrecía, aunque sin la claridad brutal que adquiriría al final de esa década con la llegada del riojano, un peronismo lavado de sus matrices populares y continuador, sin la vocinglería fascistoide del lopezrreguismo, de la anticipación pergeñada por el rodrigazo en 1975 contra esa misma historia de unos orígenes que quedaban cada vez más lejos y como recuerdo mítico de lo que ya no regresaría. La sombra de Perón seguiría el camino de un ritualismo vaciado de aquel lenguaje que mortificó, durante décadas, a las clases dominantes. Quizás por eso no resultó, finalmente, una sorpresa el “giro” de 180 grados efectuado por la copia devaluada de Quiroga. El sortilegio de un peronismo capaz de regresar sobre sus pasos para reencontrarse con esa “esencia perdida” del 45 quedó inmediatamente sepultado una vez que la certeza del poder le permitió a Menem acomodar las fichas de acuerdo a las exigencias de los nuevos tiempos dominados por la economía global de mercado y la hegemonía unipolar de Estados Unidos. Hay una relación directa, aunque complejizada por los cambios de época, entre “las relaciones carnales” del menemismo y los exabruptos de Massa ante la embajadora del país del Norte que todos conocimos por los wikiliks, la velocidad con la que una parte del peronismo se acomodó al triunfo de Mauricio Macri votando el ignominioso acuerdo con los fondos buitres que abre el tercer gran endeudamiento de la historia nacional o el apoyo parlamentario para aprobar la ley de reforma previsional que horada los derechos de millones de jubilados, sólo por citar algunos ejemplos de una complicidad expandida y cínica. Todos, el riojano que caricaturizó a Quiroga, el  ex intendente de Tigre que recorrió con fruición de nuevo rico los pasillos del poder empresarial y los gobernadores, senadores y diputados que cerraron sus acuerdos espurios con el oficialismo, representan una parte no menor del peronismo. Eso es siempre bueno recordarlo para después no hacernos los sorprendidos.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Porque ya no se trata de una paradoja ni de una desviación: el peronismo se mueve sin contradicciones lógicas alrededor de la figura del oxímoron. Se podrá ser socialista, radical, nacionalista, liberal o comunista pero, como decía pícaramente el General, “todos son peronistas”. Lógica rotunda y dueña de una consistencia arrasadora de exigencias puristas que le ha permitido el eterno juego pendular de los ciclos de la historia contemporánea argentina. Pero, sobre todas las cosas, que le ha posibilitado la adaptación oportunista, el cambio de maquillaje y la pirueta de 180 grados capaz de invertir lo defendido el día anterior. Allí está su viscosidad, el núcleo de lo que para gran parte de sus dirigentes y cuadros representa la persistencia en el tiempo y, principalmente, la posibilidad de permanecer siempre a tiro de piedra del poder.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Cuando el peronismo cuestionó, en su interior y a través de acciones de gobierno concretas, esa veleidad pendular y travestista fue cuando se volvió insoportable para el poder real. Eso sucedió en 1945, en 1973 y a partir del 2003 y hasta diciembre de 2015. Ahí despertó los demonios dormidos de quienes siempre ejercieron su potestad desmesurada sobre los destinos del país. Ese peronismo de matriz popular, capaz de desafiar materialmente a los poderosos, lanzó al ruedo nombres disruptivos. Cito a Daniel Santoro y sus ocurrencias iluminadoras (que en su intercambio epistolar con Horacio González reclama la más amplia unidad del peronismo para hacer frente a la destrucción macrista siguiendo, en este sentido, la lógica de “la unidad a cualquier precio y con todos”) para intentar entender algo de lo que viene suscitando ese peronismo subversivo que, pocas pero decisivas veces, conmovió la marcha de la sociedad: “sucede que hay unos negros afuera que quieren entrar”. Esa exigencia revolucionaria para la época fue la que resultó insufrible para una clase social acostumbrada a la subalternidad de los trabajadores y siempre dispuesta a proferir comentarios paternalistas en relación a esos “negros” que, mientras no expresaran a viva voz sus deseos de entrar, seguirían siendo “los pobrecitos de siempre”. Penetrar en el interior laberíntico de esa frase simple y explosiva significa, eso creo, descifrar el supuesto enigma del odio que ese peronismo de nombre cambiante ha suscitado. Pero también resulta importante ir más allá del esencialismo peronista, aquella ontología de entrecasa que ha permitido justificar cada una de sus defecciones o cambios de timón a partir de una continuidad ahistórica que mantiene, siempre, la pureza intocada del origen mítico.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El kirchnerismo, su nombre dislocador, volvió a poner en evidencia la disputa en el interior del movimiento creado por Juan y Eva Perón. También señaló sus límites y la necesidad de ampliar su base de sustentación material y simbólica reponiendo lo mejor de su historia pero, también, atreviéndose a nombrar de otro modo la actualidad. Sus mejores momentos fueron aquellos en los que lanzó al ruedo un lenguaje y una práctica que siendo herederos de una larga travesía lograban decir y hacer de otro modo los desafíos de la época. Sus fronteras y sus regresiones se vinculan con el retorno de una liturgia llena de mitologías y carente de invenciones democrático populares. Creer que recostarse en el PJ y sus lógicas territoriales supone la única opción para disputar con posibilidades el futuro inmediato constituye, más que un error, una clausura de lo que su nombre vino a significar en la historia argentina como renovación de los ideales de emancipación y justicia. En el interior de esa creencia subyace el intento de adaptar, una vez más, el peronismo a su versión conservadora, esa misma que amenaza con cerrar sus antiguos y actuales ímpetus transformadores. Esa es la versión que deja tranquilo al poder económico corporativo y que, de la noche a la mañana, le permite a amplias franjas de las clases medias archivar el odio enfermizo que las ataca cada vez que regresa el fantasma de Evita metamorfoseado en el “advenedizo matrimonio del sur patagónico”. Cuando eso sucede se abre “de nuevo la cápsula del tiempo y reaparece, intocado, el antiguo gorilismo con su secuencia de odio y prejuicio de clase”. Habrá que volver sobre esta cuestión y, fundamentalmente, sobre lo que dispara el nombre del kircherismo para que se produzca, bajo nuevas condiciones, ese retorno de lo dormido y siempre latente.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">A la velocidad del rayo se declaró la metamorfosis de una tradición que había nacido para reparar las injusticias y la desigualdad, para hacer visibles a los invisibles y que rompía en mil pedazos su contrato fundacional para ofrecerse como el mejor instrumento que el capitalismo neoliberal necesitaba en aquel momento de nuestra historia cada vez más famélica de ideales y más inclinada a la destrucción de sus mejores tradiciones políticas. Eso fue el menemismo como brutalización de una memoria popular. Degradación que venía a completar el trabajo de demolición de la dictadura y que ya había sido anticipado por Italo Luder cuando anunció, en plena campaña electoral del 83, que respetaría el autoindulto decretado por los genocidas. Una parte del voto que recibió Raúl Alfonsín provino de quienes no podían aceptar el pacto del olvido. El propio Alfonsín se encargaría, después de transitar la mejor etapa de su gobierno, aquella del juicio a las juntas y de los fervores democráticos cuyo mantra fue el preámbulo de la Constitución, de reencontrarse con la promesa fraudulenta de ese peronismo conservador a través de la promulgación de las leyes de impunidad. Menem sellaría la regresión decretando los indultos pero agregándole la novedad de convertirlo en el brazo ejecutor de la neoliberalización del país. El peronismo y el radicalismo, cada uno con sus propias miserias y de acuerdo a sus recursos simbólicos y políticos, se encaminarían al desastre y terminarían por hacer propia la reestructuración neoliberal de la economía hasta su estallido en diciembre de 2001. El nombre del kirchnerismo vendría, bajo la impronta del azar y de los tenues hilos de la historia, a reponer, bajo nuevas condiciones, la cuestión del peronismo. Una vez más.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Buenos Aires, 10 de enero de 2018</p>
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		<title>Humanismo y terror &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:53:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ante los múltiples y mancomunados rostros del terror capitalista, Horacio González propone el Humanismo crítico no como una solución progresista o desarrollista de izquierda sino como una nueva forma de unidad para combatir esos rostros que producen las alianzas financieras, comunicacionales, jurídicas y estado-represivas, un anticapitalismo que no actúe ni a ciegas ni se llame a sí mismo “serio”.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="jcc4pwtg" class="txtNew">
<p class="font_8"><em>Ante los múltiples y mancomunados rostros del terror capitalista, Horacio González propone el Humanismo crítico no como una solución progresista o desarrollista de izquierda sino como una nueva forma de unidad para combatir esos rostros que producen las alianzas financieras, comunicacionales, jurídicas y estado-represivas, un anticapitalismo que no actúe ni a ciegas ni se llame a sí mismo “serio”.</em></p>
<p class="font_8"><strong>Por Horacio González*</strong></p>
<p class="font_8"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jcc4x6ze" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Las palabras tienen la extraña característica de burlarse de nosotros, sus tímidos usuarios. Hay un momento en que se apoderan de nuestras pobres lenguas y nos abandonan como niños de pecho, dejando que las sigamos usando aun cuando poco o nada signifiquen. No obstante, se mantiene firme la expresión “capitalismo”, pues al sentirse confirmada en la historia –ese suelo irrebatible que da verdad tácita de forma amarreta, no a cualquiera ni a cualquier cosa que sea-, sigue y sigue. El socialismo, su enterrador, no hizo poco para cumplir su papel. Pero en sus más decididos aspectos, tropezó con formas políticas más drásticas que las que le permitía el contacto fraterno que siempre tuvo con el pensar libertario, y en sus formulaciones más débiles, adoptó las de las socialdemocracias europeas de comienzos del siglo XX, que quisieron vivir de su dulcificación. Postuló crear grandes sindicatos que tuvieran afortunadas negociaciones con las poderosas empresas, de modo de ir inclinando progresivamente del lado rico al lado más necesitado, el reparto de la renta nacional o internacional. Esto último si tenemos en cuenta el keynesianismo de Bretton Woods, que aun siendo más generoso que lo que mostró su criatura, el FMI, también boyaba en las aguas del capitalismo de posguerra.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Aliado a las sucesivas reformulaciones tecnológicas, aun sin dejarnos abismar por una teoría energética del desarrollo de la humanidad, el capitalismo ha marcado la hora mundial en los dos últimos siglos, desde el combustible de carbón al motor de explosión, y de éste a las economías digitales. El capitalismo es su tecnología, y ésta es su pensamiento y su sensibilidad última. Han cambiado las formas de plusvalía que tan meticulosamente analizó Marx en 1867, pues no son ahora las de la producción directa de excedentes no remunerados del trabajo, sino que se amplían a las esferas jurídicas, simbólicas, comunicacionales y subjetivas. Por esto último, entiendo también una “tecnología” –no lo que abusivamente denomino Foucault de ese modo, una forma del cuidado de sí mismo- sino a una alianza entre la inmaterialidad de la existencia colectiva y la matriz de innovaciones sobre la materialidad de los consumos. Entendiendo por consumo una forma del tiempo, de circulación y de pensamiento. Allí está ahora la plusvalía. Lo que no conocemos ni reconocemos en nosotros mismos de aquello que somos capaces de concebir o imaginar. En esa brecha el capitalismo reaparece no con la forma de una mercancía objetiva sino bajo el llamado de una construcción imaginaria del yo. Rehace, incluso, la vida popular en casi toda su extensión.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El ideal capitalista, de borrar lo humano bajo un conjunto de abstracciones vivas –sustraídas de los ex vivientes que ofertaron a él su cuerpo desnudo-, parece haber triunfado en configuraciones que trasladan la idea de máquina a la idea de experiencia humana. Lo humano se sujeta ya a la experimentación total, en vez de situarse como depositario último del orden de las tecnologías.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No ocurre esto con una coacción visible, sino con el suave arrullo de millones de imágenes, a veces de fina orfebrería, y otras veces, midiendo las microcélulas de nuestros sentimientos a través de mega estadísticas que usurpan lo cotidiano a través de una desconocida matemática que traza destinos y experiencias vitales. No se trata, entretanto, de evadirnos de imágenes ni entrar en los pesares de una persecución imaginada, que nadie nos hace, porque de por sí, ya estamos sitiados. Vivimos como fugitivos sacándonos selfies.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Creo un error denominar “capitalismo serio” a cualquier proyecto popular, justificándolo en las conocidas dificultades mundiales: poblaciones mutantes, náufragos que huyen, imperialismo de la circulación digital, ciudades vaciadas en favor de la productividad de la circulación de máquinas y subjetividades, vidas populares arrancadas de su cuajo, intereses políticos quebrados en su autonomía interna, ilegalidad como forma económica suprema. No hay neoliberalismo sin capitalismo. Y ésta es una apuesta grandiosa a la ilegalidad de toda operación sobre los flujos financieros, afectivos y políticos.</p>
</div>
<div id="jcc62r8d" class="txtNew" style="text-align: justify;">
<p class="font_8">Creo también que esta nueva situación –donde crecen todo tipo  de peligros-, no se resuelve postulando una variante de tal o cual socialismo. También él se convirtió en palabra que intenta salvarse por la vía de la seriedad. Pero sus vástagos son portadores de un nombre sin sujeto. Una nostalgia también puede ser negociable. La prueba la tenemos entre nosotros.</p>
<p class="font_8">Una nueva forma de unidad para combatir estos rostros del terror que producen, mancomunados, las alianzas financieras, comunicacionales, jurídicas y estado-represivas, no debe tener un nombre fijo que ya ha hecho su tránsito, por más venerable que sea. Ante este capitalismo, una unidad social-política no es una sumatoria de pedazos subsistentes, por más que los estimemos como nadie y nos sigan respirando a nuestras espaldas. Los escuchamos. Pero es necesario correr la mirada hacia otros ámbitos, no digo novedosos en su brazada total –no creo que exista ese tipo de novedad-, sino novedosos en un nuevo uso de una parte dormida de viejos diccionarios. Lo novedoso sería despertar de otra manera una palabra distraída en nuestra lengua embarrada.</p>
<p class="font_8">Propongo la palabra humanismo, con el agregado de la palabra crítico.  Es palabra al parecer gastada. Pero su gasto, creo recordar, fue bueno. Y entonces, puede seguir siendo invocada al servicio de lo que desde siempre está llamando, a lo humano sin más. Pero no sin crítica. Lo humano que se sabe a sí mismo en medio de una decisión, de una indagación sobre sí mismo, de una intervención cesárea que comprueba su subsistencia pensante, sintiente y productiva. Nada es proyección de un sujeto hacia afuera si simultáneamente no lo alberga la inquietud de reponer en su sí mismo lo que abandona hacia lo comunitario.</p>
<p class="font_8">Humanismo crítico, entonces. Un pensar sobre sí que reúna un deseo de retomar hilos abandonados de una historia. No una solución progresista o izquierdista o desarrollista de izquierda –como sea, y sin despreciar ninguna-, sino un anticapitalismo que no actúe ni a ciegas ni se llame a sí mismo “serio”. Pero todo él, dicho de manera propicia para crear ámbitos que nucleen a los que sin saberlo, ya han transitado por este humanismo crítico, el otro nombre que respira hacia adentro para decir anticapitalismo. Pero decirlo bajo el signo de economías existenciales y existencias culturales que buceen en otros barrios de la vida histórica, popular e intelectual.</p>
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<p class="font_8" style="text-align: justify;">Para ese tránsito, hay obvios antecedentes en el mundo. Pero solo quiero mencionar los de nuestro país, que están inmersos en su propia historia y se confunden con ella. Solo que hay que rescatarlos de su uso “capitalista”. Daré ejemplos. El último Alberdi, del Crimen de la Guerra en adelante, sacándole su prematuro amor por los síntomas de la primera globalización y sus fobias contra las poblaciones que preexisten a la gran inmigración. No es poco lo que hay que hacer allí. Ayuda el primer Alberdi, el de la filosofía romántica como sujeto social y jurídico de un país. Carlos Astrada, con su idea de los mitos propiciatorios y su crítica a las escatologías. Una y otra, contradictorias, son un horizonte a desbrozar. Revisión del tema del honor: desde el Decreto de supresión de honores de Mariano Moreno al “renuncio a los honores y no a la lucha” de Evita. La tesis del cacique Oberá, Resplandor del Sol, gran leyenda que va desde Martín Del Barco Centenera a José María Ramos Mejía, como índice primigenio de libertad sudamericana.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El krausismo del yrigoyenismo, extirpado de sus vaguedades. El humanismo social del primer peronismo, retirado de sus catecismos obligatorios. El periódico La Montaña de José Ingenieros y Leopoldo Lugones (1897). El tema del traidor y del héroe, de Borges. La feminista Fenia Chertkoff, el coronel Chilavert en la batalla de Caseros. Las discusiones sobre la obra Ollantay,  tal como fue retomada por Ricardo Rojas. La izquierda sin sujeto, filosofar primero de León Rozitchner y la Correspondencia Perón-Cooke. El humanismo invertido de los Cuentos fatales (Lugones) y Los 7 locos (Arlt). La literatura colonial revisada y criticada a la luz de la literatura gauchesca, criticada ésta también considerando sus proyecciones contemporáneas.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">José Ingenieros extirpado de su momento cercano a crear una “raza argentina” y tomado en su momento latinoamericano. El humanismo dadaísta de Cortázar que atraviesa postreramente el tercermundismo. El José Martí de Martínez Estrada. La Carta de Walsh a las juntas. El solicitante descolocado y Eva Perón en la hoguera de Leónidas Lamborghini. Moisés Lebensohn y César Tiempo. La imposibilidad de creer, de Macedonio Fernández. Los artículos de Raúl Scalabrini Ortiz en la revista Qué. Fermín Chávez. Arturo Jauretche. Hernán Benítez. La revista De Frente, de Cooke. Adán Buenos Ayres de Marechal. Tartabul, de David Viñas. Respiración Artificial de Piglia, Runa de Rodolfo Fogwill. Leonardo Favio, Quinquela Martín y Gorriarena, Alejandra Pizarnik y Liliana Maresca. Las obras de Carri, Laclau y Casullo. Estilos tecnológicos de Oscar Varsavsky. Rodolfo Puiggrós y Hernández Arregui. Silvio Frondizi. Esteban Echeverría y Héctor Agosti. Bayley, Viel Témperley, Mastronardi y Juan Laurentino Ortiz, J. J. Saer y Di Benedetto. Hugo del Carril y Elías Castelnuovo. Alfredo Varela. Contorno. Cristianismo y revolución. Poesía Buenos Aires. Pasado y presente. Cuchi Leguizamón, Castilla, Yupanqui, Homero  Manzi, Cobián y Cadícamo, Homero y Virgilio Espósito. Spinetta. Los martirologios antiguos y presentes.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El menú es variado, como se ve. E incompleto. Nada tomado al pie de la letra y todo sujeto a revisión. La historia social, económica, tecnológica e intelectual argentina debe ser reescrita. Una nueva bitácora. Si no les gusta tengo otra. Todo nos interesa porque a todo quieren destruir, desautorizar, despreciar.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El terror nos abarca, en forma sutil a todos, a otros los alcanza con sus balas para las que pide justificación popular. Ante eso, deberemos pedirle audiencia a estos cables de alta tensión del memorial argentino –que no  se agotan aquí-, que deben ser de consulta obligatoria. Yacen allí a la espera un humanismo crítico, de naturaleza social frentista, que aglutine memorias y esfuerzos para desatar las lianas de gaseoso terror que van queriendo esparcir desde las farmacitys estatales.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">(1) Humanismo y Terror, obra de Maurice Merleau-Ponty, traducción castellana de León Rozitchner.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</p>
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		<title>Carta IV a Ricardo Forster &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:55:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nueva carta que alimenta la conversación entre Jorge Alemán y Ricardo Forster, Alemán afirma que el peronista que se reconozca en el 17 de octubre, el legado de Evita, la Resistencia, las luchas de los trabajadores y la condición anti-oligárquica del mismo, no puede especular con la exclusión de Cristina Fernández sin incurrir en el puro pragmatismo y en un rechazo de la herencia peronista.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="jbwvqowt" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>En esta nueva carta que alimenta la conversación entre Jorge Alemán y Ricardo Forster, Alemán afirma que el peronista que se reconozca en el 17 de octubre, el legado de Evita, la Resistencia, las luchas de los trabajadores y la condición anti-oligárquica del mismo, no puede especular con la exclusión de Cristina Fernández sin incurrir en el puro pragmatismo y en un rechazo de la herencia peronista.</em></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong>Por Jorge Alemán</strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jbwvxou8" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Querido Ricardo:</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">A tenor de tu carta anterior, comienzo por Europa y  luego vuelvo a nuestro país. Hay muchas interpretaciones de Europa incompatibles entre sí, la que murió definitivamente en la Shoá y que ahora vive en sus retornos xenófobos marcando la agenda de los gobiernos neoliberales, la que se concibe a sí misma como sinónimo de institucionalidad, Estado de Derecho y lugar de mediación perpetua en aras de lo «gobernable», la que se siente con un destino histórico ligado a la esencia de la Democracia, la  filosofía y la cultura occidental , la que vive en su eterna impotencia estructural con respecto a la «americanización» del mundo, la que entre sus archivos, patrimonios culturales y bellezas eternas  nunca es susceptible de una invención política diferente a su conservadurismo institucional, la que ha borrado de su realidad cualquier acto instituyente y soberano, pero también la que sabe que hace mucho que su modo de ser es estar muriendo y lo hace con responsabilidad.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Y luego sus tradiciones intelectuales de las que hemos venido discurriendo en nuestro intercambio epistolar, donde veo con alegría que en paralelo se han sumado dos grandes amigos: Daniel Santoro y Horacio González. En cualquier caso, con respecto a Europa, como de distintas maneras lo planteas en tu carta anterior, estamos obligados a decidir nuestras lecturas, activas, tal vez híbridas y heterodoxas, apropiándonos de aquellas tradiciones que puedan fecundar aquello para lo cual ninguna hermenéutica europea puede ahorrarnos el trámite: desentrañar nuestro tiempo histórico argentino y latinoamericano. Así que me dirijo directamente a plantear mis posiciones para enriquecerlas con tu análisis, a sabiendas de que  dado lo complejo y urgente de la situación, las mismas merecerán todo tipo de réplicas.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">1) El peronismo ha muerto y precisamente como no es posible concebir la vida sin los muertos, sin el diálogo infinito con los mismos, sin su permanente legado, sin su herencia siempre a descifrar, el peronismo es una gran reserva de memoria histórica que obliga y exige lecturas muy atentas, no sólo historiográficas sino también filosóficas. Porque en aquél mundo de «alpargatas sí, libros no» se produjo uno de los acontecimientos intelectuales más importantes en la lengua española: el Congreso de filosofía del ‘49, donde en plena posguerra intervinieron Lowith, Gadamer, Mondolfo, Fink, Hypolitte, etc., y hasta el mismísimo Heidegger iba a ser de la partida hasta que consideró no muy aconsejable el viaje después de su infamia en Friburgo.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Como es sabido, Perón leyó al final su texto sobre la «Comunidad organizada» (de autoría incierta pero absolutamente afín a su pensamiento) donde enérgicamente  criticó  la «insectificación de masas» en el  hombre de  los países del Este y también el «individualista egoísmo americano» para dar así fundamento teórico a su famosa “Tercera posición” soportada en la postura filosófica del «Humanismo cristiano». Por cierto, así como no creo que la metafísica del Humanismo cristiano sea propicia para pensar actualmente en una lógica emancipatoria, tampoco veo a los peronistas absolutos muy decididos a renovar y poner seriamente al día esa doctrina.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Y no tengo dudas, conociendo la enorme función que cumplen en Europa las tramas simbólicas del catolicismo, que el peronismo fue nuestra religión popular, en el sentido etimológico del término «religare». Fue la arcilla que permitió la emergencia de un nuevo tejido social en la Argentina.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Pero, ¿quién es de verdad peronista hoy en el sentido fuerte y doctrinal del termino? Es evidente que el texto de Perón estaba recorrido desde un principio, como no podía ser de otro modo, por los distintos avatares específicos del capitalismo industrial y el socialismo real, ambos fenómenos históricos de la posguerra del siglo XX. Cada uno, inevitablemente, no tiene más remedio que ser de un modo u otro hijo de su tiempo. Así, el peronismo sufrió, y esto por razones estructurales que no voy a entrar ahora a explicitar, un doble proceso: por un lado  fue debilitando su relato hasta quedar inmerso en las nuevas corrientes de época que emanan de la mundialización del capitalismo neoliberal que se presenta ahora sin alternativas que se opongan. La propia expresión «peronistas y kirchneristas» da cuenta de esa fractura, aunque se intente establecer un posible  puente entre las mismas.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Por otro lado, es una buena noticia que «peronistas» (¿son peronistas?) del Frente Renovador hablen con los mismos argumentos que el kirchnerismo, después de todo es un efecto de las movilizaciones populares producidas por el enorme malestar de los procedimientos neoliberales del macrismo. Pero sólo se puede comprobar si verdaderamente dicen y hablan de lo «mismo» si más allá de las coincidencias narrativas se define la frontera antagónica que implica  algo más que ganarle a Macri, aunque por supuesto esto sería importantísimo. En realidad lo que está en juego, como lo señaló Cristina en su primera intervención en el Senado, es la propia arquitectura jurídica de la Nación y sus propios cimientos.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">2) En el gobierno kirchnerista se puso en juego un  deseo: el de que ciertas transformaciones políticas, culturales y económicas establecieran un límite con respecto a la mundialización neoliberal que un eventual gobierno posterior de la derecha pudiese ejecutar sin ninguna barrera. Ese límite resultó ser frágil frente a la potencia neoliberal  y, sin embargo, encendió las alarmas de establishment mundial. Basta con comprobar la práctica unanimidad absoluta de la prensa mundial frente al fenómeno K.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Los límites del  kirchnerismo fueron frágiles y muchos llevan en la mochila lo que se «debería haber hecho y no se hizo». Aunque es verdad que costó un enorme esfuerzo construirlo, y de allí que permanezca latente su huella histórica. El gobierno de Macri no se propone dificultar al próximo gobierno con otra orientación que eventualmente lo suceda, sino dejar un país destruido que no se pueda gobernar. Esto atañe a la  Diferencia entre Deseo  y Pulsión de muerte en los proyectos políticos. El peronista en serio, que se reconozca en el 17 de octubre, el legado de Evita, la Resistencia, las luchas de los trabajadores, y la condición anti-oligárquica del mismo, no puede especular con la exclusión de Cristina.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Imaginar diálogos posibles que finalmente tengan como condición de posibilidad la exclusión de nuestra expresidenta es puro pragmatismo y un rechazo de la herencia peronista. Estaría defendiendo una esencia inmutable y ahistórica que choca además con el fuerte ímpetu fundacional que animó al propio Perón. Porque sólo en la interpretación de una herencia, de un legado, adviene una transformación radical de sus posibilidades y una apertura al porvenir  de las mismas. Por ello, si son peronistas de verdad, es decir «herederos» según mi criterio y como lo proclama el famoso cántico popular,  y aceptan que el  enemigo es el Neoliberalismo y que éste  implica la destrucción definitiva del país, deberían reconocer que el movimiento nacional y popular pasa por el liderazgo de Cristina.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No obstante, hago la salvedad de que se debe tener en cuenta la clásica diferencia entre liderazgo y conducción política. A partir de allí comenzaría un diálogo urgente que incluso incorporase otras voces nuevas, que sin incluirse en el kirchnerismo o el peronismo reinventaran una nueva fuerza política a la altura del drama actual. Mientras tanto, el kirchnerismo y el supuesto peronismo opositor aún pueden compartir su gran liturgia estética y ritual asumida con verdadero gusto y derroche de una energía incomparable. Pero, hoy por hoy, Cristina es el nombre de la plataforma de despegue de ese nuevo proyecto donde es cierto que quedan por dirimir  cuestiones cruciales.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Nuevos diálogos, debates, discusiones a retomar, puentes a construir, todo esto es y debe ser posible si se tiene en cuenta que no se trata de una operación política sino del destino final de una Nación a merced de unos buitres.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Un fuerte abrazo,</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Jorge</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Madrid, 1° de enero de 2018</p>
</div>
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		<title>La fortaleza del gobierno de Macri es la debilidad del campo nacional y popular &#8211; Por Horacio Rovelli</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:57:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio Rovelli]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Luego de dos años de especulación financiera el Gobierno de Cambiemos intenta restablecer los porcentajes de las tasas de interés y recomponer el frente externo. El mega decreto que firmaron Macri y sus ministros con el objetivo de “desburocratizar el Estado” habilita –entre muchas otras cosas– al Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS) de la Anses a operar en el mercado financiero.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="jcgr4mv4" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>Luego de dos años de especulación financiera el Gobierno de Cambiemos intenta restablecer los porcentajes de las tasas de interés y recomponer el frente externo. El mega decreto que firmaron Macri y sus ministros con el objetivo de “desburocratizar el Estado” habilita –entre muchas otras cosas– al Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS) de la Anses a operar en el mercado financiero.</em></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong>Por Horacio Rovelli*</strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jcgr6w80" class="txtNew" style="text-align: justify;">
<p class="font_8"><strong><span class="color_2">L</span></strong>a puesta en escena de los tres funcionarios principales en el área económica encabezados por el inefable Jefe de Gabinete de Macri, Marcos Peña, sosteniendo que iban a recalibrar los objetivos para hacerlos factibles y por ende moderar la política monetaria evitando subas de tasas muy por encima del crecimiento promedio de los precios y de la depreciación de nuestra moneda, demuestra que después de dos años basándose en el “carry trade” (bicicleta financiera que hace que las tasas en pesos sean mayores que la depreciación del dinero argentino) para que ingresen divisas, se dan cuenta que como iban rumbo a una corrida cambiara, por la simple razón que el capital financiero está dispuesto a cambiar divisas por pesos por las siderales tasas de interés que pagan los LEBAC (Letras del BCRA), pero que tiene un límite que es cuando se percibe que lo que faltan son lo dólares por el creciente déficit comercial y de cuenta corriente de la balanza de pagos, y que el total de LEBAC supera ampliamente el total de las Reservas Internacionales que posee la autoridad monetaria, necesitan restablecer los porcentajes de las diferentes tasas y recomponer el frente externo, lo que sí es cierto, que no saben cómo, más allá del endeudamiento y la intención de corregir el valor del dólar.</p>
<p class="font_8">En efecto, según números preliminares del INDEC, las exportaciones de mercancías contabilizaron en el año 2017 (eso no significa que hayan ingresado las divisas al país porque el gobierno de Macri les permite a los exportadores no liquidar la operación hasta 10 –diez años de plazo) fueron por U$s 58.945 millones, mientras que las importaciones declaradas lo hicieron por U$s 67.500 millones, por ende el déficit comercial fue de U$s 8.555 millones, el mayor de la historia Argentina, que sumado al déficit de los servicios reales (turismo, comunicaciones, fletes, seguros, regalías, patentes y royalties, etc.) y financieros (intereses de la deuda y giro de utilidades de las casas extranjeras a sus casas matrices) hacen que en conjunto el déficit de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos ascienda a U$s 28.382 millones(también record de record), y las perspectivas son peores para este año 2018, con solo que se sepa el pago de turismo al exterior de este verano basta para cerciorarse que se tiene un retraso cambiario de proporciones y si algo está muy bajo, en algún momento sube, solo falta que grandes capitales apuesten al dólar.</p>
<p class="font_8">Sumado a ello, el total de LEBAC colocados por el BCRA  al 10 de enero de 2018 asciende a $ 1.160.019 millones, que al tipo de cambio oficial de $ 19, significa en dólares el equivalente a U$s 61.053 millones, cuando el total de las reservas internacionales del BCRA declarada a esa fecha fue de U$s 55.022 millones.  Esta bomba de tiempo obliga al gobierno, por presión de los bancos y de los capitales especulativos,  a mantener alta la tasa de LEBAC, dado que si la misma se reduce se traduce inmediatamente en una suba del valor del dólar (el clásico del año va a ser cuando pagan las LEBAC –o los títulos públicos que la reemplacen- y cuanto va a subir el precio del dólar).</p>
<p class="font_8">Esto es, no importa que el gobierno diga que las altas tasas son para frenar la inflación (concepción monetarista si las hay) o que el problema es el déficit fiscal (lo que no dicen que dicho déficit lo financian con deuda en divisas), cuando vemos en la realidad que la inflación en dos años de gestión de Macri, medido por el IPC del INDEC de Jorge Todesca, supera el 70%.   Que en diciembre 2017 fue del 3,1%  y en el año  2017 acumuló un  24,8% superando ampliamente la meta fijada por el gobierno</p>
<p class="font_8">El gobierno de Mauricio Macri financió todo este descalabro irresponsablemente con fuerte endeudamiento externo, mientras que por su propia política baja la recaudación tributaria (por ejemplo eliminado las retenciones o disminuyendo la tasa del impuesto a las ganancias y de bienes personales) y por el mayor pago de los servicios de deuda (porque la misma se incrementa año tras año) se expande el déficit fiscal. Paralelamente se crean mecanismos para permitir la conversión de divisas en pesos y luego su retorno a la moneda de origen que parte y retroalimenta a su vez el atraso cambiario, con lo que es la cuenta de capital (basada en ingreso de capitales especulativos) de la Balanza de Pagos la que determina el tipo de cambio, lo que a su vez es causa de un creciente déficit comercial (Por el aumento de la oferta de divisas presente por endeudamiento que retrasa el valor del dólar).</p>
<p class="font_8">Semejante dislate impacta negativamente sobre el trabajo y la producción local, a la vez que descienden todos los componentes de la demanda agregada (Consumo, Inversión, Gasto Público y Exportaciones) y se distribuye cada vez en forma más regresiva el ingreso (beneficiando principalmente al capital especulativo y a las grandes empresas formadoras de precios, por ejemplo las energéticas), con mayores niveles de pobreza y de exclusión (suben los precios por encima de los aumentos salariales, se incrementa la desocupación, se reduce el ajuste de los haberes  previsionales. etc.)</p>
<p class="font_8">El gobierno de Cambiemos propicia el ingreso de capitales especulativos atraídos por tasas de interés que tiende a ser mayor que el crecimiento promedio de los precios (promedio, pero no el de las tarifas y de los combustibles que suben mucho más)  y de  la evolución cambiaria, a su vez que se encarece el crédito a las empresas y a las personas, siendo confiscatorio de su capital, generando una brutal transferencia de la producción y del consumo a favor del sector financiero, lo que explica las pingues ganancias de los bancos. Gran parte de la burguesía local en lugar de invertir para producir solicita (o hace figurar que obtiene) préstamos en el exterior (en divisas) a bajas tasas y compran títulos públicos o acciones en pesos, ganando la diferencia y luego, cuando el mecanismos no da para más, retoman la compra de moneda extranjera retirando la renta. Renta que se abona con más endeudamiento externo y cuando no se pueda ni pagar  los intereses de la deuda (default), se cederán los más preciados activos públicos, como fue en los 90 las privatizaciones de YPF, FFCC, SEGBA, Gas del Estado, Somisa, rutas, puertos y hasta el sistema previsional,  y ahora se sumarán tierras fiscales, agua, las acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS, etc.</p>
</div>
<div id="jcgr9o1i" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La combinación del creciente déficit fiscal y comercial producen el estrangulamiento del sector externo y el derrape cambiario, pero el discurso del gobierno, que los especuladores dicen creer (porque los beneficia) sostiene que esto va a ser así hasta un punto en que los empresarios invierten (nunca dicen porque razón) y se revierte el cuadro y ponen como ejemplo Corea del Sur y Australia, quienes es cierto que se financiaron externamente, pero no dicen que eso fue así por determinadas razones geo estratégicas e históricas, y que  además ellos el grueso del capital que entraba lo invirtieron en producción y en generación de trabajo, en cambio en la Argentina  se lo emplea en el carry trade.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Todos, incluso grandes empresas productoras como Techint o Arcor, así como los comercializadores de granos, que los beneficiaría un tipo de cambio más alto, compran LEBAC y participan de la “fiesta financiera”, pero saben que no tiene futuro y que en algún momento ese presente griego implica dejar la timba y pasarse a moneda dura.  Ese cuando depende de que Macri no pueda seguir engañando a la población,  como lo demostró el mercado cambiario local ante la confrontación en la calle de la reforma previsional. El gobierno no tiene ningún plan, murió desde el primer día cuando esa lluvia de inversiones fue una tenue garua y no va a pasar más de eso, de allí en más fue deteriorando cada vez más las variables macro económicas y todos saben el final.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><span class="color_30">COPY PASTE</span></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Son tan mediocres que copian y pegan sin saber, en el proyecto de reforma tributaria, que hicieron aprobar en diciembre pasado y en tiempo record en el Congreso de la Nación, además de ser reaccionario y regresivo (le disminuyó la alícuota del impuesto a las ganancias del 35 al 25% a las empresas y fijó un  creciente mínimo no imponible de cargas sociales, bajando significativamente los costos laborales para las empresas y desfinanciando el sistema de seguridad social), hay artículos enteros que  extrajeron de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) incluso con el vocablo que usan ellos, pero no nosotros.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Igual  volvieron a pegar y copiar en el Decreto N° 2/2018 por los que el Gobierno dispuso en la primera semana del año la ampliación de un permiso para emitir 15 mil millones de dólares de bonos con jurisdicción en EE.UU. e Inglaterra. Deuda que producirá una mayor oferta de divisas en el mercado local y con ello otra vuelta de tuerca de la puja entre el valor del dólar (presionado a la baja) y la tasa de interés.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero el máximo fue el mega decreto que firmaron Macri y sus ministros con el objetivo de “desburocratizar el Estado” habilita –entre muchas otras cosas– al Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS) de la Anses a operar en el mercado financiero; faculta a la Unidad de Investigación Financiera (UIF) a saltearse la competencia judicial de los fiscales; reduce las multas de infracciones laborales a las empresas; y facilita los embargos comerciales de la cuenta sueldos de los trabajadores”, pero los fundamentos y la forma la copiaron del Decreto 2284/91 del 31 de octubre de 1991 con el que Menem y Domingo Cavallo desregularon el comercio interior y exterior.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Grises como la arena del desierto tienen que volver a enriquecer a los ricos a costa de toda la población, por ende la única forma de satisfacer el insaciable apetito de riqueza y acumulación de los beneficiados de siempre, es a costa de expoliar al pueblo argentino, de allí la necesidad de la ley de reforma laboral para cercenar derechos adquiridos por los trabajadores. Lo que si deberían saber es que habrá un sector importante de “formateados” por los grandes medios acepten la lógica del capital, pero el que se quedó sin trabajo, el que el sueldo no le alcanza, el que ve que su hijo no tiene futuro, o que su padre jubilado la pasa muy mal,  el que percibe que paga más cara la luz y los cortes de la misma son reiterados, en algún momento se encontrará con la realidad  y allí no hay pos verdad que valga.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Falta quien o quienes organicen a la población y se pongan a la cabeza de los reclamos,  pero sabemos que la “historia no nos presenta problemas sin presentarnos a la vez la soluciones” y también sabemos “que el nivel de organización depende del nivel de consciencia”, fue la crisis del 2001 que dio lugar al Kirchnerismo y con ello 12 años de crecimiento y mejora en la distribución del ingreso, un enemigo menor (por formación e inteligencia) pero amparado por los grandes medios y el gran capital permitió que llegaran a las máximas administraciones del país, pero como De la Rúa (del cual tiene varios funcionarios) no tienen plan ni proyecto para todos y eso tarde o temprano se torna visible y concreto y allí no hay pos verdad que valga.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Buenos Aires, 15 de enero de 2018</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">*Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPA (Economía Política para la Argentina).</p>
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		<title>¿El amor vence al odio? &#8211; Por Osvaldo Fernández Santos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jan 2018 18:06:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Osvaldo Fernández Santos]]></category>
		<category><![CDATA[Clarín]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macrismo]]></category>
		<category><![CDATA[Odio]]></category>
		<category><![CDATA[Presos Políticos]]></category>
		<category><![CDATA[Rafael Nahuel]]></category>
		<category><![CDATA[Santiago Maldonado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En un tiempo político y social en que se emula la infausta pintada “viva el cáncer”, se celebran las represiones, se festejan asesinatos y se promueve la existencia de presos políticos, “El amor vence al odio”, es una consigna reconfortante pero su valor de verdad debe ser sometido a caución.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>En un tiempo político y social en que se emula la infausta pintada “viva el cáncer”, se celebran las represiones, se festejan asesinatos y se promueve la existencia de presos políticos, “El amor vence al odio” es una consigna reconfortante pero su valor de verdad debe ser sometido a caución.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por Osvaldo Fernández Santos*</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
<p style="text-align: justify;">“<strong>E</strong>l amor vence al odio”, es sin dudas una consigna bella, reconfortante, hasta poética, pero su valor de verdad debe ser sometido a caución. En el mejor de los casos, como dicen los jóvenes: no estaría sucediendo.</p>
<p style="text-align: justify;">En un momento en el cual se emula la infausta pintada “viva el cáncer”, se celebran las represiones a trabajadores, mapuches, jubilados, organizaciones sociales, indigentes, niños, adolescentes, murgueros, desocupados…, se festejan los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, se alaba y promueve la existencia de presos políticos; no parece ser el amor, el que prevalece.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Por qué tanto odio? Julio Blanck,  jefe y periodista emblema del grupo Clarín, acercó parte de la respuesta en una confesión de parte, que como es sabido releva la necesidad de pruebas: “En Clarín hicimos periodismo de guerra contra el kirchnerismo”. A riesgo de la obviedad, cabe acotar que “la tribuna de doctrina”, el diario La Nación, y el resto de los medios corporativos, participaron en forma activa de la cruzada de la oligarquía. La guerra es la respuesta.</p>
<p style="text-align: justify;">La verdad es una de las primeras víctimas en toda guerra. Freud en los albores de la primera Guerra Mundial, escribe un texto maravilloso, que tiene la marca de su genialidad y ética: “De guerra y de muerte. Temas de actualidad”.  En él se sorprende y lamenta, cómo por medio de la información sesgada y la mentira abierta, hasta “las más claras inteligencias” y “la ciencia”, son arrasadas por el odio. Luego explica el porqué, y hasta analiza la ilusión detrás de la desilusión.</p>
<p style="text-align: justify;">Más allá que Blanck no fue metafórico en su enunciado, sino consecuente con el ideario de la oligarquía sobre la concepción de Von Clausewitz acerca que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”,  y que “la grieta” atribuida al kirchnerismo, en vastos territorios se intercepta con la lucha de clases; la guerra de las clases dominantes contra el populismo no se parangona con los horrores de la hasta ese entonces llamada “la gran guerra”; pero a su vez el poder de la parafernalia comunicacional del siglo XXI, reduce a un juego infantil, la incidencia en la producción/colonización de la subjetividad de los medios de comunicación de principios del siglo XX.</p>
<p style="text-align: justify;">La capacidad en la generación de odio del poder comunicacional de las clases dominantes en Argentina y en Latinoamérica, es siniestro y descomunal, capturando principalmente las subjetividades de las personas despolitizadas, reduciéndolas a identidades homogenizadas en la ilusoria identificación totalizadora con el dominador. El enemigo de clase de la gran burguesía, pasa a ser el enemigo de ciertos sectores de trabajadores, humildes, marginales, y de la clase media. Con lo cual, las fuerzas de seguridad han perdido el triste privilegio de ser la inquietante creación del poder oligárquico para utilizar a los humildes contra los humildes en su defensa y contra los propios intereses de los explotados.</p>
<p style="text-align: justify;">Marx y Engels, advirtieron hace dos siglos, que los trabajadores piensan lo que piensan los dueños de los medios de producción; no obstante, hoy la unificación entre los dueños de los medios de producción y de comunicación, sumados a la capacidad invasiva de la subjetividad que porta la tecnología actual, ha llevado que los oprimidos odien a sus semejantes. Dicho salto de cualidad retardataria, no cesa de tener implicancias subjetivas en la implementación de políticas contrarias a los intereses populares, generando vivencias de indefensión ante la toma de noticia pero no de conciencia, frente a lo traumático de la repetición de la historia. Lo terrorífico deviene familiar, pero la negación defensiva junto a la desmentida oficial, donde se reconocen las consecuencias nefastas de los actos pero se los atribuyen a la teoría de la “pesada herencia” o se las presentan como positivas (ganar menos pero no perder poder adquisitivo), dejan a los sujetos capturados por la racionalidad dominante, inertes para defenderse.  La resistencia activa y creciente por parte de amplios sectores sociales a las medidas que propugnan acentuar la redistribución regresiva de ingresos y derechos, si bien por el momento es defensiva, aporta como posibilidad de construcción de un futuro esperanzador, y puede generar las condiciones de partida necesarias para romper el encantamiento de las subjetividades colonizadas.</p>
<p style="text-align: justify;">La imposición de una cultura de guerra y odio, profundizada por las decisiones políticas, judiciales, y el aparato propagandístico goebbeliano de Cambiemos,  es sintónica con la activación de las mociones inconscientes más primitivas, donde la destrucción del otro que obstruye el placer inmediato  -el enemigo- es deseada. La afectividad exacerbada se impone contra cualquier verdad e intento de argumentación lógica.  El odio posee una fuerza arrasadora.</p>
<p style="text-align: justify;">En la Argentina y el mundo, la dominancia del odio siempre fue ejercida por la gran burguesía, bajo la modalidad del odio clasista. Tan es así, que cuando los obreros tomaron el control de la Comuna de París, Alemania que había vencido a Francia, le devolvió los prisioneros de guerra para que aplaste a los comuneros. Ante la factibilidad igualitaria, nacionalismo<em> ma non troppo.</em></p>
<p style="text-align: justify;">La construcción del capital no fue por medio de la meritocracia sino “chorreando sangre y lodo”. La referencia aunque alude, no se acota al capital originario, como botones de muestra bastan, o mejor dicho deberían sobrar, con mencionar el crecimiento de la familia Macri durante la última dictadura cívico-eclesiástica-militar, donde pasó a poseer 47 empresas habiendo partido de 7; o la apropiación de Papel Prensa por parte de los diarios <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em>, y el extinto <em>La Razón</em>. El crecimiento de la inequidad, donde cada vez menos personas acaparan mayores ganancias, mientras se multiplican los pobres, indica que al odio clasista tan mal no le va.</p>
<p style="text-align: justify;">En el proceso de humanización el odio precede al amor. En el ser humano con una constitución psíquica saludable -“normótica” diría Silvia Bleichmar, en guiño coloquial con sus discípulos- el amor no desintegra el odio, se conjugan de forma tal que con los modos que cada cultura habilita, las mociones amorosas hegemonizan la vida del sujeto, sin destituir al odio.</p>
<p style="text-align: justify;">En lo político social, el laboratorio de la historia ha demostrado que la ilusión del amor venciendo al odio, inscripta en la moral judeo-cristiana, nunca se ha corroborado. Para vencer al odio, no alcanza con combatirlo con amor. Resulta imprescindible el amor como reconocimiento de la igualdad ontológica y de derechos del semejante, junto al odio de todo marco de explotación, de injustica, de desigualdad; y la inteligencia para constituir una institucionalidad que garantice la equidad. Claro que para ello hay que lograr la correlación de fuerzas suficientes, juega a favor de la construcción, que en última instancia el capitalismo y la democracia en sentido estricto son incompatibles, y que el Pueblo argentino tiene una identidad de lucha inquebrantable.</p>
<p style="text-align: justify;">Buenos Aires, 21 de enero de 2018</p>
<p style="text-align: justify;">*Psicoanalista</p>
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		<title>Carta V a Ricardo Forster: Peronismo y/o Kirchnerismo &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Jan 2018 18:24:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Carta V]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Carta V de Jorge Alemán a Ricardo Forster plantea que el kirchnerismo en cuanto encarnación del legado histórico peronista en su versión antagónica, no puede plegarse desde la urgencia a una alianza electoral sin perder su identidad fundante. La intención del peronismo negociador de excluir a CFK en la construcción de una nueva conducción política no sólo no garantiza ganar en el 2019 sino que contiene el riesgo de perder para siempre.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>La Carta V de Jorge Alemán a Ricardo Forster plantea que el kirchnerismo en cuanto encarnación del legado histórico peronista en su versión antagónica, no puede plegarse desde la urgencia a una alianza electoral sin perder su identidad fundante. La intención del peronismo negociador de excluir a CFK en la construcción de una nueva conducción política no sólo no garantiza ganar en el 2019 sino que contiene el riesgo de perder para siempre.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por Jorge Alemán</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Querido Ricardo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me valgo del afortunado final de tu carta en donde se condensa muy bien una posición que hace tiempo que te distingue. Lo hago porque nuestra correspondencia nos ha conducido (no podría haber sido de otra manera) a la encrucijada «kirchnerismo-peronismo».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tus palabras textuales en la última carta fueron:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">“A la velocidad del rayo se declaró la metamorfosis de una tradición que había nacido para reparar las injusticias y la desigualdad, para hacer visibles a los invisibles y que rompía en mil pedazos su contrato fundacional para ofrecerse como el mejor instrumento que el capitalismo neoliberal necesitaba en aquel momento de nuestra historia cada vez más famélica de ideales y más inclinada a la destrucción de sus mejores tradiciones políticas. Eso </span></em><em><span style="color: #000000;">fue el menemismo como brutalización de una memoria popular. Degradación que venía a completar el trabajo de demolición de la dictadura y que ya había sido anticipado por Italo Luder cuando anunció, en plena campaña electoral del 83, que respetaría el autoindulto decretado por los genocidas. Una parte del voto que recibió Raúl Alfonsín provino de quienes no podían aceptar el pacto del olvido. El propio Alfonsín se encargaría, después de transitar la mejor etapa de su gobierno, aquella del juicio a las juntas y de los fervores democráticos cuyo mantra fue el preámbulo de la Constitución, de reencontrarse con la promesa fraudulenta de ese peronismo conservador a través de la promulgación de las leyes de impunidad. Menem sellaría la regresión decretando los indultos pero agregándole la novedad de convertirlo en el brazo ejecutor de la neoliberalización del país. El peronismo y el radicalismo, cada uno con sus propias miserias y de acuerdo a sus recursos simbólicos y políticos, se encaminarían al desastre y terminarían por hacer propia la reestructuración neoliberal de la economía hasta su estallido en diciembre de 2001. El nombre del kirchnerismo vendría, bajo la impronta del azar y de los tenues hilos de la historia, a reponer, bajo nuevas condiciones, la cuestión del peronismo. Una vez más.” (<a style="color: #000000;" href="http://www.lateclaene.com/carta-iv-a-jorge-alemn">http://www.lateclaene.com/carta-iv-a-jorge-alemn</a>)</span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A continuación te propongo una mera «especulación teórica» que tan sólo se propone bosquejar un marco de interpretación del kirchnerismo y/o peronismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1)</strong> <span style="color: #000000;">El peronismo es una «cosa del pasado» como diría Hegel. Fue «conservado superándose o suprimido conservándose, desde su interior mismo. Como todo gran movimiento, el peronismo ha generado lo que lo excede. Esto sólo ha sido posible desde su interior. El peronismo nunca hubiera sido superado desde afuera, desde el antiperonismo de derechas o izquierdas. El peronismo dejó de ser operativo como proceso transformador y anti-oligárquico desde el momento en que surgió el kirchnerismo como superficie de inscripción de nuevas prácticas que, en su germen, reúnen las condiciones de una narrativa populista de izquierda. Esto no implica querer evitar proseguir con la cultura peronista, sus grandes liturgias, su estética y la peculiar impronta que reaparece una y otra vez en el curso de la manifestación popular. Me siento afín a las mismas y a lo que Santoro designa con su lacanismo singular: el goce peronista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A su vez, el costado «excepcional y anómalo», para emplear tu caracterización, surge de otro acontecimiento: los días de diciembre de 2001 y la crisis de legitimidad y representación que tuvo lugar en nuestro país. Así el kirchnerismo devino el suelo propicio para hacer el duelo, activo y de elaboración teórica permanente, de la Revolución y la metafísica finalista que la regía. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al hacerse cargo el Kirchnerismo del legado peronista en su versión antagónica y de «hecho maldito» no puede de entrada, en esto coincido plenamente con tu última carta, plegarse sin más, a una alianza electoral donde pierda la identidad singular que lo instituyó. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2)</strong> El combustible del odio a Cristina, a su voz de mujer interpelante, es lo que nutre a los gorilas macristas, a los peronistas negociadores e incluso a los Kirchneristas que ven en Néstor al auténtico peronista y a ella como autora de la «grieta». Desde estos presupuestos, que como vos indicas en tu carta tienen como condición excluirla a ella, no se puede negociar nada. De esa forma se perdería algo más que una elección,  se perdería una identidad y un legado histórico. Por esta orientación los partidos social demócratas europeos perdieron toda su singularidad y su legado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3)</strong> Esto evidentemente no quiere decir que no se deba pactar, sumar, establecer alianzas, extender todo lo que se pueda el frente antimacrista. La urgencia es evidente, pero no se puede hacer de un modo donde el kirchnerisno pierda su dimensión antagónica. Si se realiza de ese modo, no sólo no está garantizado ganar en el 2019 y sí se puede perder para siempre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>4)</strong> El kirchnerismo no fue un momento más de la historia política argentina, también fue su corte transversal y una invención de nuevos actores sociales y políticos. Se suele afirmar, tal vez con razón, que actualmente no hay una conducción política capaz de hacerse cargo de esa conducción. Pero no olvidemos que la devastación macrista ha sido tan brutal como era esperable del régimen de dominación neoliberal, y que tal vez esa conducción tendrá como condición un nuevo tipo de «crisis señal» que permita retrospectivamente hacer surgir una nueva conducción donde el kirchnerismo sea, no la única, pero sí su plataforma más determinante. El kirchnerismo no es el PI ni el hall de ciencias sociales, fue el lugar y la experiencia donde una nueva militancia histórica se encarnó para el porvenir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Falta aún tiempo para lograr determinar qué fue el kirchnerismo, si consideramos que todo sucede en el tiempo histórico donde el Capitalismo no tiene un exterior asignable desde una perspectiva revolucionaria. Parafraseando a Lacan, el sujeto es menos libre de lo que se cree, pertenece a una trama de determinaciones que lo encadenan, y a la vez es más libre de lo que se atreve porque esas determinaciones no lo agotan, siempre permanece un hiato, una abertura donde el sujeto puede decidir su proyecto. En ese lugar comienza lo político y es allí donde me parece que se cifra el destino de la apuesta kirchnerista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con mi abrazo de amigo te saludo,</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jorge Alemán</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 22 de enero de 2017</span></p>
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		<title>Las grietas del peronismo &#8211; Por Ricardo Rouvier</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Jan 2018 16:35:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Rouvier]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[Internas]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macrismo]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[Unidad Peronista]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es difícil comprender al peronismo y muchas veces parece una faena demasiado expuesta al error. La experiencia de aproximación registra dificultades de aprehensión por los deslizamientos que el mismo peronismo provoca en su evolución. El peronismo fluye por las categorías de análisis, convirtiéndose en algo inclasificable.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Es difícil comprender al peronismo y muchas veces parece una faena demasiado expuesta al error. La experiencia de aproximación registra dificultades de aprehensión por los deslizamientos que el mismo peronismo provoca en su evolución. El peronismo fluye por las categorías de análisis, convirtiéndose en algo inclasificable.</em></strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Rouvier*</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>E</strong>s difícil comprender al peronismo y muchas veces parece una faena demasiado expuesta al error. La experiencia de aproximación registra dificultades de aprehensión por los deslizamientos que el mismo peronismo provoca en su evolución. El peronismo fluye por las categorías de análisis, convirtiéndose en algo inclasificable. Sin embargo, ha habido y hay una tradición de destacados ensayistas que han intentado aprehenderlo. Desde Nahuel Moreno, Silvio Frondizi, Milcíades Peña, Hernández Arregui hasta los actuales Nicolás Casullo, Horacio González, León Rozitchner, Ricardo Forster, Jorge Alemán y otros; por supuesto con diferencia entre ellos. La cuestión central que atravesó y atraviesa todas las aproximaciones ha sido la dialéctica entre la idea y la realidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta tradición tiene un denominador común que es la mirada desde el progresismo, que avanza más allá del discernimiento sobre la significación del fenómeno e intenta interpretarlo pero, sobre todo,  movilizarlo  hacia un lugar deseable desde una perspectiva ideológica. En este punto aparece la problemática de la vanguardia, tema central en la construcción de un poder que avance hacia la hegemonía popular y la emancipación. En el kirchnerismo se amalgamó el progresismo de origen socialista y el peronismo revolucionario, cuya razón de ser ha sido la permanencia histórica en la lucha antioligárquica, antiliberal y de equidad social. Esto se fundamentó más en su épica transformadora, en su praxis cotidiana más que en su doctrina. En realidad siempre ha habido tensión entre doctrina y praxis, sobre todo cuando las prácticas estaban condicionadas por la lucha subterránea. Su militancia se adelantó a su cuerpo teórico y elevó como ícono a J.W. Cooke, como si fuera un segundo padre del peronismo. Su destino fue la Cuba revolucionaria, viaje al cual Perón no se subió.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se puede agregar al Tío Cámpora como delegado y sus 49 días de gobierno; o a las formaciones especiales, que tuvieron su apogeo y declinación con la dinámica pendular que le imprimió Perón a su conducción, que no quería quedar congelado en ningún punto del arco ideológico. Es interesante observar que, mientras Perón movía las cuerdas a diestra y siniestra, muchos militantes y dirigentes quedaban encerrados en algún casillero ideológico.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El kirchnerismo concitó a la tradición setentista y operó como vanguardia del peronismo mientras gobernó. Aunque también le correspondieron los peligros comunes a dicha estado y uno de los más habituales es posicionarse en un lugar distante del pueblo y sustituir las condiciones subjetivas de la sociedad por lo deseable. Esta sustitución luego genera choques con la “falsa conciencia”; el desencanto que provoca un ciudadano que vota por su verdugo. Esta conclusión es simplista y el voto es una decisión compleja que supone siempre la positividad de lo que se elige y la negatividad de lo que no se elige. Además, todo esto evita aquella supuesta sentencia de Perón: “<em>cuando se pierde es porque algo hicimos mal”.      </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El kirchnerismo no kirchnerizó al peronismo y no produjo estructuras orgánicas por fuera del Estado, entonces, el proceso de consolidación y acumulación del poder descansó en sus estructuras y no en el barro o la calle. La estrecha dependencia de los liderazgos genera impotencias en la edificación popular de la política y clausura el debate democrático en las bases.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por otra parte la expansión a nivel mundial de la democracia liberal, obliga a los populismos o a las izquierdas a replantearse la cuestión de la democracia y los instrumentos para la organización popular. En nuestro país, desde la muerte de Perón y desde el intento partidocrático de la renovación cafierista que desembocó en Menem, se acentuó la desintegración del movimiento y la fragmentación federal del PJ. Además, esto está reforzado por la tendencia mundial hegemónica,  está la elitización como diseño de la política, que en realidad es la adecuación de la política al modelo de funcionamiento de las corporaciones.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La gran lucha de los progresismos y populismos es mantener como actor principal al pueblo como sujeto. Esto en la experiencia regional tuvo y tiene diversas arquitecturas. Algunas experiencias como la nuestra, se han encontrado con la falta de voluntad de política orgánica, con un PJ en decadencia y un kirchnerismo que no pudo plasmar en la realidad concreta lo que se prometía en lo discursivo. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La  mirada desde el peronismo k sobre el peronismo es ideológica, fundada en  la épica rebelde del movimiento surgido en el golpe del ´43 y en el 17 de octubre; y enfrentado a la derecha y al otro costado peronista caracterizado como funcional al <em>establishment</em>. Al punto que la historia del peronismo es también sus luchas intestinas. Esa disputa, a veces, ha adquirido formas más institucionales como fue el caso de Huerta Grande, la CGT de los Argentinos, la existencia de los gremios combativos,  o la propia JP. El  origen de la actual CTA es su disconformidad con el modelo sindical peronista de la “burocracia” como lo fue en los ´70 la creación de la Juventud Trabajadora Peronista. La clase trabajadora organizada ha perdido la sustancialidad de sujeto que tenía, tanto desde el peronismo como desde enfoque de la izquierda marxista. Esta situación trasciende al kirchnerismo y abarca a todo el panperonismo. La burocracia sindical se ha vuelto empresaria y eso es un fenómeno cuyo principio se  retrotrae a los ´90.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todos los sectores progresistas que integran el kirchnerismo, se acoplaron también al peronismo pero mediatizados por Néstor o Cristina como únicos garantes de la voluntad transformadora. Hoy, el progresismo enfatiza el rol de CFK como líder, y eso lo pone decididamente en uno de los bordes de la grieta. La composición del voto a la ex Presidenta es de cuño peronista, aunque insuficiente para ganar. Es interés del peronismo no k no perder ese caudal, sobre todo en territorio bonaerense, aunque no tenga tanto el mismo interés en asimilar al progresismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las conductas de Néstor y Cristina (sobre todo la ex Pta) fueron cambiantes respecto al peronismo y al papel de la transversalidad; CFK registra una historia de desencuentros con el PJ. Por otro lado, el peronismo tradicionalmente ha tenido sus reparos con respecto al progresismo o la izquierda. Desde el fondo de la historia, el peronismo tiene el germen del macartismo, sobre todo en su flanco nacionalista o integrista. Algunos de esos resabios anacrónicos se mantienen en sectores por donde, antes, existió el movimiento. Antes eran los “bolches” y ahora son los “troskos”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una característica particular y destacada del kirchnerismo es su compenetración y continuismo de los ´70. Y esto estimuló a peronistas de izquierda y parte de lo que fue la Tendencia Revolucionaria en avanzar sobre las utopías pasadas. El imaginario logró transmutar la derrota histórica en un ilusorio regreso para vencer. Para algunos la guerra revolucionaria no ha terminado; para la sociedad eso quedó muy atrás.</span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El adversario interno es él conservadorismo que estaría expresado por la mayoría de los gobernadores, algunos legisladores y ciertos  dirigentes, aunque ellos no se autodefinen de esa manera sino como peronistas por fuera de identidad ideológica.  Esta es una cuestión a resolver; ¿el peronismo debe volcarse necesariamente hacia la avenida del medio o debe mantener la llama del reformismo con estilo revolucionario? ¿O debe responder a su matriz original que lo ponía en el fiel del péndulo?  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El futuro no muy remoto marcará movimientos, tanto en el oficialismo como en la oposición, en función de la renovación de los ejecutivos del 2019. No va a sorprender que aprovechando que el peronismo está dividido, alguna de sus partes defina la política sobre el movimiento defensivo de no perder territorio, más de lo que ya se ha perdido. Lo que lo unifica a todas las partes del peronismo es su vocación de poder, la necesidad de conformar una fuerza de oposición a Cambiemos y de revertir los reveses electorales. Pero hay discrepancias en cómo edificar el perfil opositor. Hoy parece que la dinámica de presión e interlocución en el ámbito legislativo va a ser predominante. La mayor conflictividad este año estará localizada en el ámbito sindical, que ya ha comenzado a velar sus armas frente a las paritarias.      </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay otras lecturas sobre el peronismo que provienen de la propia matriz, aunque poseen menor difusión, y las mismas se sustentan en la definición de Tercera Posición como surge de la Comunidad Organizada. Algunos de sus pensadores más destacados de esta corriente son Rodolfo Kusch, Jorge Bolívar, Mario Casalla, Pascual Albanese, Jorge Raventos  y otros. En ese enfoque las derechas e izquierdas son como obstáculos frente a la unidad nacional que propugna el peronismo. Por el contrario, se considera que el peronismo, en su humanismo, es la superación de las ideologías. Esta tradición se vincula más con los pensadores protoperonistas del grupo Forja, de orientación nacionalista y distante del internacionalismo proletario.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La imbricación de Patria, Nación y filosofía nacional lucha hoy por sobrevivir, sobre todo enarbolando la carta “Laudato sí” del Papa Francisco, uno de los documentos actuales en el mundo, más críticos del neoliberalismo. Alrededor del Papa se conjuga cierta salida política vinculada con la conformación de movimientos sociales que apunten a ser actores del cambio. No obstante, es muy distante el salto que va de la propuesta axiológica del Papa a la resolución pragmática en el terreno del tablero político. Los gobiernos siguen diciéndole que sí al Sumo Pontífice y desarrollando hacia adentro las políticas que quieren o pueden.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde la trabajosa tarea de unificación, para algunos, el kirchnerismo ya no sería el motor excluyente del peronismo, sino una de las partes de una totalidad que hay que reconstituir. Hay otros diagnósticos que consideran que el kirchnerismo ha cumplido una etapa, que representó un estilo post-crisis 2001 y se agotó en la propia dinámica del conflicto rector que propuso. Las últimas elecciones serían una demostración de su ocaso, a pesar de ser la segunda fuerza electoral. Claro que este diagnóstico y pronóstico está influido por el deseo del peronismo no k de dar por finalizado el liderazgo de CFK. Y contribuye a este pronóstico la situación de retroceso del progresismo en la región y la necesidad de redefinir alianzas regionales e internacionales. El derrumbe del chavismo ayudó en buena medida a esta sensación, si bien el kirchnerismo nunca alcanzó una completa afiliación al Socialismo del Siglo XXI. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El kirchnerismo tiende a denunciar los mecanismos del sistema de poder, pero no dice cómo resolverlo. Cuando promete ir por todo, no nos dice cuál es el todo. Al concentrarse en uno de los extremos del péndulo peronista, se convierte en un peronismo con una sola velocidad, sin versatilidad para jugar en las orillas del adversario. Usa  la política como un duelo: matar o morir. Los sucesos de violencia en el Congreso por la discusión de la ley previsional y las alianzas surgidas de urgencia, fueron una metáfora de la contradicción entre sistema y antisistema. Varios se asomaron al abismo, y lo ocurrido dejó su aprendizaje para todos: el gobierno tuvo una derrota neta, la mayoría de la sociedad estaba y está en contra de la exacción a los jubilados; pero los sucesos de violencia sobre manifestaciones pacíficas produjeron retroceso y el reflejo de los espectadores de ponerse al lado del poder de turno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el otro lado, el peronismo no k no promete ninguna renovación profunda pero promete una aceptación más decidida de la democracia formal y el republicanismo. Es decir, promete aceptar la preminencia formal que otorgan las elecciones y  seguir la corriente de la elitización de la sociedad y la política global, lejos de la participación popular. El  retroceso de la participación popular en el mundo es uno de los signos más relevantes de la victoria del neoliberalismo. En cambio, el kirchnerismo sigue especulando con una partida anticipada de Macri, sin calcular los daños que podrían alcanzarlo, considerando que eso es lo que el pueblo quiere.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las preguntas aún sin respuesta para todas las fracciones del peronismo son sobre el modelo de sociedad al cuál se aspira, ¿cuál es el diseño institucional superador al sistema liberal? Sería  importante definir un modelo de capitalismo, un modelo de organización popular, un modelo destinado a desplazar al gobierno actual en elecciones futuras. No seguir en la pura negatividad a Macri, sino formular un proyecto propio. Pasar a la ofensiva, pero conceptual, no con diatribas.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El oficialismo se apoya en las corrientes que ocurren a nivel planetario y que corresponden a esta etapa del capitalismo y la democracia,  y se deja llevar por ellas.  En cambio el peronismo, por sus mandatos fundantes, marca un porvenir vinculado a la justicia social, a la equidad y a una mayor responsabilidad del Estado en el desarrollo de la sociedad. Y vuelve a encontrarse con sus fantasmas; el fantasma de la revolución incumplida o el de su propia extinción. Hoy, el peronismo no crece en la sociedad, a pesar de que logró alguna penetración en rangos etáreos menores, producidos por la irrupción transgresora de Néstor Kirchner y CFK.  El peronismo quedó a medias entre el movimientismo y la partidocracia y no es ni una cosa ni la otra. Sin duda que el liderazgo carismático de CFK llena un vacío, pero no lo completa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora se está produciendo un movimiento dirigencial hacia la conversación entre varios sectores del panperonismo. Varios gobernadores que participan del diálogo acaban de firmar un pacto fiscal con el gobierno que le alivia los recursos. Como vemos, la concreción de la unidad es un camino espinoso y difícil, sobre todo cuando se participa en dos mesas al mismo tiempo y cuando está en juego la conducción de la amalgama, no quién es el candidato a presidente sino quién dirige. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En las redes sociales hay una enorme circulación de mensajes en el panperonismo. Puede observarse que hay coincidencia  en cuestionar fuertemente al oficialismo, pero hay desacuerdos sobre todo alrededor de la figura de la ex Presidenta. Aparece una significativa rabia (recordamos: “<em>somos la rabia de Perón</em>”) que marca la dificultad de diálogo racional entre peronistas. La caracterización de traidor está a la orden del día, aunque la experiencia indica que los llamados “traidores”, tiempo después, son los que comparten listas de candidatos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es posible que la cercanía de las elecciones disminuya el tono de la controversia sobre la base de una supuesta conveniencia estadística. Muchos piensan que es favorable estar juntos, sumar votos para ganarle a Cambiemos. Es más algunos creen que, aunque se pierda, hay que ir posicionando a un candidato o candidata para fortalecer al peronismo hacia el futuro. El kirchnerismo cuenta con la precandidata de mayor caudal electoral, pero también es la que posee mayor resistencia de parte del electorado y de un sector de la dirigencia peronista. Se ha mencionado la posibilidad de que las fracciones del panperonismo concurran a unas PASO, pero esta alternativa nos parece remota. Hay algunos dirigentes provinciales, municipales, y legisladores de peso que ponen como condición <em>sine qua non</em> que CFK no sea parte del acuerdo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay un punto más que considerar en la conformación de las grietas peronistas y es la judicialización focalizada en el kirchnerismo. La cuestión sobre la corrupción en la administración de bienes públicos supera la cuestión moral para convertirse en una cuestión política. Es seguro que hay parcialidad política contra el gobierno de CFK, o es posible que haya fallas procesales a figuras que registran reales o supuestas conductas dolosas, y es seguro que muchos de los que podrían estar implicados están afuera de la imputación (sobre todo el empresariado).  Esto deriva en dos cuestiones importantes, por un lado se acrecienta la brecha entre los que están judicializados y los que no lo están; y por el otro, para una parte importante de la sociedad muchos hechos denunciados son verosímiles. Es muy notorio que una parte del peronismo no diga una sola palabra frente a esta avanzada judicial sobre ex funcionarios. Es que no piensan que esto  sea una campaña contra el peronismo, sino contra determinadas personas que han cometido delitos. El futuro de los juicios genera una gran incertidumbre y el peronismo no K no quiere quedar pegado a los ya socialmente condenados. Es un gran interrogante cómo evolucionará la opinión pública sobre esta cuestión, ¿habrá perdón?, ¿habrá olvido?, ¿habrá revisión judicial?,  ¿la impregnación que esto tiene en la sociedad será categórica para opciones futuras?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No sabemos si el peronismo está muerto o si está agonizando, pero todo indica que está en uno de sus momentos críticos. Pero es importante que cualquiera de sus fracciones, tenga el pensamiento que tenga, se mida según la capacidad de construir consensos. Y la fuerza de los consensos plantea un enorme desafío a los dirigentes. Se preguntan cómo construir subjetividad; cómo hacer que el pensamiento de una agrupación o línea o tendencia se convierta en mayoritaria; cómo unir la idea con la realidad.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 23 de enero de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier &amp; Asociados.</em></span></p>
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