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	<title>Teoría de los dos demonios archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Teoría de los dos demonios archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Argentina 1985, Cine y Memoria &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Oct 2022 12:37:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Angelina Uzín Olleros]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina 1985]]></category>
		<category><![CDATA[CONADEP]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Sábato]]></category>
		<category><![CDATA[Juicio a las Juntas]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El film de Santiago Mitre “Argentina 1985” reaviva una serie de polémicas sobre la comprensión de lo acontecido en la dictadura cívico militar del ‘76 al ’83: El juicio a las juntas en el ‘85 durante el gobierno de Raúl Alfonsín, la denominada “teoría de los dos demonios” y la discusión acerca de la importancia de dos acontecimientos: Aquellos juicios y el informe de CONADEP o la reapertura de los juicios en el gobierno de Néstor Kirchner previa derogación de las “leyes de impunidad”.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/argentina-1985-cine-y-memoria-por-angelina-uzin-olleros/">Argentina 1985, Cine y Memoria &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph" style="color:#1006e5"><strong>Un cruce de miradas documentales y estéticas.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El film de Santiago Mitre “Argentina 1985” reaviva una serie de polémicas sobre la comprensión de lo acontecido en la dictadura cívico militar del ‘76 al ’83: El juicio a las juntas en el ‘85 durante el gobierno de Raúl Alfonsín, la denominada “teoría de los dos demonios” y la discusión acerca de la importancia de dos acontecimientos: Aquellos juicios y el informe de CONADEP o la reapertura de los juicios en el gobierno de Néstor Kirchner previa derogación de las “leyes de impunidad”.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por </strong><strong>Angelina Uzín Olleros</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em><em></em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El film de Santiago Mitre “Argentina 1985” sorprende por el éxito de concurrencia a las salas de cine y en cierto modo reaviva una serie de polémicas sobre la comprensión de lo acontecido en la dictadura cívico militar del ‘76 al ‘83, el juicio a las juntas en el ‘85 durante el gobierno de Raúl Alfonsín, la denominada “teoría de los dos demonios” y la discusión acerca de cuál acontecimiento ha sido más relevante e importante: aquellos juicios y el informe de CONADEP o la reapertura de los juicios en el gobierno de Néstor Kirchner previa derogación de las “leyes de impunidad”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sobre la necesidad de comprender lo acontecido, en las primeras páginas del libro de Giorgio Agamben <em>Lo que queda de Auschwitz</em>, el filósofo italiano realiza algunas reflexiones:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>No sólo falta aquí algo que se asemeje a un intento de comprensión global, sino también el sentido y las razones del comportamiento de los verdugos y de las víctimas; muchas veces, hasta sus mismas palabras siguen apareciendo como un enigma insondable, reforzando la opinión de los que quisieran que Auschwitz permaneciera incomprensible para siempre.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Agamben dice que, por lo general, es más difícil comprender la mente de un hombre común que la de un intelectual, esto nos recuerda al personaje del film “The Reader”, el personaje Hanna Schmitz ante el tribunal no pudo dar cuenta de su desempeño en un campo de exterminio. Los relatos de las víctimas y los verdugos que pasaron por los campos resulta a veces imposible de comprender, tal vez porque toda experiencia humana resulta intransferible, mucho más si se trata de una “situación límite”; sin embargo la dificultad de comprender o interpretar las vivencias en los campos no debe llevar a la conclusión sobre lo <em>inabordable</em> de esos sucesos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En la historia argentina reciente, lo que queda de los campos es la necesidad de justicia, de recuperar la verdad. Lo que queda de todos los campos y centros clandestinos de detención en Argentina no son las imágenes de cadáveres apilados en fosas comunes como muestran los archivos fotográficos y los films de los campos del nazismo; porque esos cuerpos fueron desaparecidos. Lo que queda, entonces, es la actualidad de esos sucesos, de esas masacres, de esos sufrimientos; de los relatos de los testigos y de los archivos de lo acontecido en la época.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Según el informe de CONADEP (1984:54-55):</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Los centros de detención, que en número aproximado de 340 existieron en toda la extensión de nuestro territorio, constituyeron el presupuesto material indispensable de la política de desaparición de personas. Por allí pasaron millares de hombres y mujeres, ilegítimamente privados de su libertad, en estadías que muchas veces se extendieron por años o de las que nunca retornaron. Allí vivieron su ‘desaparición’; allí estaban cuando las autoridades respondían negativamente a los pedidos de informes en los recursos de hábeas corpus; allí transcurrieron sus días a merced de otros hombres de mentes trastornadas por la práctica de la tortura y el exterminio, mientras las autoridades militares que frecuentaban esos centros respondían a la opinión pública nacional e internacional afirmando que los desaparecidos estaban en el exterior, o que habrían sido víctimas de ajustes de cuentas entre ellos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Estos denominados “centros de detención” fueron el lugar de las víctimas, hasta ese no-lugar de la desaparición; con la reapertura de causas y a partir de nuevos testimonios se han señalado otros “centros clandestinos de detención”. Las Fuerzas Armadas los clasificaban en dos tipos: “lugares de reunión de detenidos”, con una organización estable, preparados para alojar, torturar y asesinar a grandes cantidades de detenidos; y “lugares transitorios”, con una infraestructura precaria, destinados a funcionar como un primer lugar de alojamiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Actualmente se afirma que en todo el país llegaron a existir 610 centros, pero muchos fueron temporarios o circunstanciales. En 1977 había 60; en 1978, 45; y en 1979 quedaban 7. Sobre el final de la dictadura, la ESMA era el único que seguía funcionando. A pesar de sus diferencias, los centros estaban estructurados de manera similar: contaban con una o más salas de torturas, espacios amplios para alojar a los desaparecidos y un sector de vivienda para los torturadores y los guardias. Los “grupos de tareas” realizaban los secuestros y llevaban los detenidos al “centro clandestino de detención” correspondiente, donde permanecían constantemente encapuchados y esposados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La discusión que se abre en algunos sectores con relación a la película de Mitre debe situarse en la convicción de que la sociedad no es un todo homogéneo, la pertenencia a un conjunto, cualquiera fuera este, tampoco es la pertenencia inclusiva “absoluta” a un conjunto coherente, sin matices, sin fracturas, sin grietas. Admitirlo nos conduce también a plantear la necesidad ética del discernimiento no podemos incluir a todos los particulares a un conjunto cerrado de individuos; tampoco pueden equipararse dos conjuntos diferentes bajo una misma lógica. &nbsp;Es así que la denominada “Teoría de los dos demonios” hizo esta operación de equiparar dos mundos, dos lógicas que no pueden estar como subconjuntos de un conjunto más amplio que intenta dar cuenta de la violencia ejercida en los ’70.</p>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://www.clarin.com/img/2009/03/31/SkH6KeqNe_1256x620.jpg" alt=""/><figcaption><strong><em> Septiembre de 1984. Sabato le entregaba en informe CONADEP al presidente Raúl Alfonsín. Foto:AP</em></strong></figcaption></figure>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ernesto Sábato (1984:7), autor del prólogo del informe de la CONADEP, <em>Nunca Más</em>, admite esta teoría:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Durante la década del &#8217;70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho</em> <em>para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: “Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sábato en el prólogo equipara bajo la definición de “terrorismo” a dos violencias que se distinguen por venir de diferentes sectores, pero que en “esencia” son lo mismo: son producto del terror. La comparación con lo ocurrido en Italia pierde de vista la complejidad propia del caso argentino, fundamentalmente porque los que fueron víctimas de la desaparición forzada no provenían -todos o todas- de la extrema izquierda, ni mucho menos pertenecían -todos y todas- a grupos armados guerrilleros o terroristas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Osvaldo Bayer (2001) sostiene una lúcida crítica a lo sostenido en ese prólogo:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Inventar demonios es mucho más fácil que preguntarse el por qué de las órdenes brutales de la represión. Hablemos de las víctimas. Hoy todavía calificadas por muchos como el otro demonio. ¿Quiénes están habilitados para juzgar? En general, analistas y medios se basan en tres o cuatro figuras dudosas para juzgar el empuje de una generación. Esto sí hace pensar en lo erróneamente trágico que fue, para parte de la juventud, creer en cúpulas cerradas. Lo que sí es reivindicable fue su espíritu de protesta, su protagonismo ante tanto miedo y servilismo de una sociedad que había aprendido a decir que sí a todo y a confundir el ruido de los tanques en la calle como el del tránsito de vehículos de todos los días.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sábato insiste en pensar a los verdugos como sádicos y perversos, ya Hannah Arendt advertía que no se trataba de monstruos; el discurso que se alimenta de los giros literarios tales como “el infierno”, “los demonios” “la perversión o el sadismo”, desvían el análisis necesario sobre la imputabilidad de lo cometido. Incluso en el último párrafo de este fragmento Sábato se anticipa a los argumentos de la futura, por entonces, Ley de obediencia debida: <em>Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los “excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia”, revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En el prólogo (1984:8) afirma que:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: ‘Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores’.&nbsp; Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los «excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia», revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Al finalizar el texto, luego de hacer reflexiones y afirmaciones muy válidas sobre la situación de las víctimas y las circunstancias en que ha tenido que investigar la CONADEP los delitos y los crímenes de lesa humanidad, Sábato dice (1984:11):</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Se nos ha acusado, en fin, de denunciar sólo una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de 1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el contrario, nuestra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos una vez más en estas mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus crímenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos, cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia. Los familiares de las víctimas del terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente, porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condenaron minuciosamente los hechos de aquel terrorismo</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Este párrafo no dice enfáticamente cuál es la “naturaleza” de la desaparición forzada; porque aún cuando <em>sólo hubiese producido muertes</em>, la cuestión era en manos de quién se producían esas muertes. La investigación de los militares y de la policía federal sobre “el accionar subversivo” era precisamente la versión del <em>terror de estado</em> y es fundamental remarcar la diferencia: quién presenta a las víctimas. Sábato (1984:10) hace referencia también al posible número de víctimas y nuevamente sus palabras se orientan hacia lo que denomina “las fuerzas del mal”:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(…) tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El 14 de junio de 2005 la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) declaró en la Argentina la inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final (23.492) y de Obediencia Debida (23.521), que impedían la sanción de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado entre 1975 y 1983. La resolución judicial es el corolario del proceso de lucha contra la impunidad de casi tres décadas encarado por los organismos de derechos humanos. En el año 2006 a 30 años del Golpe se reedita el informe <em>Nunca Más</em> con un nuevo Prólogo, esta circunstancia también ha sido fuente de debates y discusiones, el reemplazo del prólogo de Ernesto Sábato ha reavivado la disputa tal vez más&nbsp; imaginaria que real, por el patrimonio de los derechos humanos en Argentina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El nuevo prólogo (2006), mucho más breve que el de Sábato, firmado por un organismo: Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, se transcribe a continuación:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Nuestro país está viviendo un momento histórico en el ámbito de los derechos humanos, treinta años después del golpe de Estado que instauró la más sangrienta dictadura militar de nuestra historia. Esta circunstancia excepcional es el resultado de la confluencia entre la decisión política del gobierno nacional que ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental de las políticas públicas y las inclaudicables exigencias de verdad, justicia y memoria mantenidas por nuestro pueblo a lo largo de las últimas tres décadas.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>A partir del restablecimiento de las instituciones constitucionales el 10 de diciembre de 1983 hubo grandes hitos como el informe de la CONADEP que hoy vuelve a reeditarse y el juicio a los integrantes de las tres primeras juntas militares, entre otros procesos judiciales. Hubo también pronunciados retrocesos como las llamadas leyes de ‘punto final’ y de ‘obediencia debida’ y los indultos presidenciales a condenados y procesados por la justicia federal.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">(<em>…) Es preciso dejar claramente establecido -porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes- que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas, como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Por otra parte, el terrorismo de Estado fue desencadenado de manera masiva y sistemática por la Junta Militar a partir del 24 de marzo de 1976, cuando no existían desafíos estratégicos de seguridad para el statu quo, porque la guerrilla ya había sido derrotada militarmente. La dictadura se propuso imponer un sistema económico de tipo neoliberal y arrasar con las conquistas sociales de muchas décadas, que la resistencia popular impedía fueran conculcadas. La pedagogía del terror convirtió a los militares golpistas en señores de la vida y la muerte de todos los habitantes del país.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(…) La enseñanza de la historia no encuentra sustento en el odio o en la división en bandos enfrentados del pueblo argentino, sino que por el contrario busca unir a la sociedad tras las banderas de la justicia, la verdad y la memoria en defensa de los derechos humanos, la democracia y el orden republicano.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Actualmente tenemos por delante la inmensa tarea de revertir una situación de impunidad y de injusticia social, lo que supone vencer la hostilidad de poderosos sectores que con su complicidad de ayer y de hoy con el terrorismo de Estado y las políticas neoliberales la hicieron posible. Por ello al mismo tiempo nos interpelan los grandes desafíos de continuar haciendo de la Argentina, frente a esas fuertes resistencias, no sólo un país más democrático y menos autoritario, sino también más igualitario y más equitativo.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>El NUNCA MÁS del Estado y de la sociedad argentina debe dirigirse tanto a los crímenes del terrorismo de Estado -la desaparición forzada, la apropiación de niños, los asesinatos y la tortura- como a las injusticias sociales que son una afrenta a la dignidad humana.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>El NUNCA MÁS es un vasto programa a realizar por el Estado nacional, por las provincias y municipios y por la sociedad argentina en su conjunto, si queremos construir una Nación realmente integrada y un país más justo y más humano para todos.</em></p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://infobaires24.com.ar/wp-content/uploads/2016/06/nuncamas.jpg" alt=""/></figure></div>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pasaron 21 años entre un Prólogo y otro, las diferencias son notables; en el prólogo de 2006 existe una clara referencia a los sucesos sociales y políticos ocurridos en esos años: las leyes de impunidad, los indultos, la política neoliberal de los ’90 que daba continuidad al proyecto de la dictadura en términos económicos, la crisis del 2001… No sin valorar el aporte y la vigencia de este informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas tan cercano al fin de la última dictadura, el prólogo del 2006 remarca las políticas públicas y sociales en los términos de una “ética de la responsabilidad” y los “derechos humanos”. Remarcando también que en el año 2004 la ESMA se transformó en un espacio de memoria, espacio que reemplaza una “pedagogía del terror” por una “pedagogía orientada a la búsqueda de verdad y justicia” a través de la memoria colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Max Weber fue quien realizó la distinción entre una ética de la convicción y una ética de la responsabilidad en su conocida conferencia <em>La política como profesión</em>; para Weber una ética de la convicción (Gesinnungsethik) está animada por la obligación moral y la intransigencia absoluta al resguardo de los principios; la ética de la responsabilidad (Verantwortungsethik) valora las consecuencias de sus actos y confronta los medios con los fines, las consecuencias y las diversas opciones o posibilidades ante una determinada situación. Es una expresión de racionalidad instrumental, en el sentido que no sólo valora los fines sino los instrumentos para alcanzar determinados fines. Esta racionalidad instrumental, de la que ya se hizo referencia, es la que conduce al éxito político luego de una profunda reflexión (no es fruto de la casualidad ni de la suerte). Sería un error de la acción política plantearse exclusivamente una “racionalidad de los valores” para prescindir de lo fundamental: la racionalidad en las herramientas que han de conducir a la realización de estos valores. Hay, pues, en la política una ética implícita que no conocen los partidarios de la pureza, de la ingenuidad religiosa o del doctrinarismo dogmático de cualquier signo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Weber (1991:47-48) dice puntualmente:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>La ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. </strong>Con ello hemos llegado al punto decisivo. Tenemos que tener en claro que toda actividad orientada por la ética puede estar bajo dos principios fundamentalmente diferentes e irresolublemente contrapuestos: la convicción o la responsabilidad; la actividad puede estar orientada, o bien por una “ética de la convicción”, o bien por una “ética de la responsabilidad”. Y no es que la ética de la convicción equivale a irresponsabilidad, como que tampoco la ética de la responsabilidad equivale a una ética sin convicciones. Por supuesto que no se trata de eso. Pero existe una diferencia abismal entre actuar con la convicción de un principio ético -hablando en términos religiosos- sería: “el cristiano hace el bien y deja el éxito en manos de Dios”- <strong>o bien</strong> con la responsabilidad ética de hacerse cargo de las <strong>consecuencias</strong> (previsibles) de sus actos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Una política como profesión, desde una ética de la responsabilidad, transmitida por una pedagogía emancipatoria hacia la verdad y la justicia, son los soportes de las políticas en derechos humanos, políticas públicas, de inclusión que inspiran el prólogo de 2006. La ética, si se considera resultado de la racionalidad humana podrá permitir hacer la distinción entre “humano” y “divino” dentro de una terminología pagana. La política como espacio de “dioses enfrentados” ampliará su horizonte más allá de la religión (o de las religiones). Lo divino, para los filósofos griegos, marcaba el límite de lo humano, por tratarse de un pensamiento pagano, los dioses eran quienes marcaban un destino que los hombres debían perseguir y del cual no podían escapar: en eso consiste el origen de la tragedia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Definir la política en una “ética de la responsabilidad” también nos lleva a considerar la relación entre “teoría” y “práctica”; hay quienes pretenden que lo teórico debe estar en primer término para dirigir y sostener toda práctica; por el contrario, otros definen la teoría como aquello que se deriva de una práctica, de una experiencia sensible. La solución a esta aparente antinomia entre lo teórico y lo práctico, está pensada en términos de una “praxis”, como aquello que no puede separar, desvincular, el hacer y el pensar, esto es, poder definir la relación entre el hacer y el pensar como una teoría de la acción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En la disidencia también se pone sobre el tapete la diferencia entre “Argentina 1985” y “La historia oficial”, muchos argumentos se esgrimen sobre el mensaje a las nuevas generaciones desinformadas en su mayoría sobre lo acontecido en la dictadura; pero todas las expresiones fílmicas desde el advenimiento a la democracia son importantes, todas cumplen una función didáctica acerca del ejercicio de la memoria y la recuperación histórica de los horrores vividos en nuestro país. El personaje Alicia Marnet de Ibáñez, profesora de historia recalca su defensa de los libros y las pruebas documentales para conocer los hechos del pasado argentino, incluso expulsa del aula a un alumno, Costa, por decir que&nbsp;“<em>la Historia la escriben los asesinos</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es de este modo que toda recuperación de memorias sobre aquel período oscuro y violento del estado en manos de asesinos, debe ser valorado a pesar de las carencias o las comparaciones que podamos hacer sobre las balanzas que pesan importancias, trayectorias y legados.</p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Paraná, 14 de octubre de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">* Dra. Ciencias Sociales</p>
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		<title>“¿Yo no sabía lo que estaba pasando?” &#8211; Por Hernán Brienza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Brienza]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe 1976]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría de los dos demonios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A cincuenta años del golpe del 24 de marzo que dio inicio a la dictadura más brutal del siglo XX, Hernán Brienza sostiene que es necesario endurecer el espíritu y abandonar la teoría de los demonios para dar lugar a lecturas e interpretaciones que nos permitan comprender nuestra propia condición humana, por un lado, y por otro, reconocer las “zonas grises” que dejan la caída de este tipo de interpretaciones que han marcado a varias generaciones en democracia.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72b1f3a1f17c48c6f7e1cc20568a4f5b wp-block-paragraph"><em><strong>A cincuenta años del golpe del 24 de marzo que dio inicio a la dictadura más brutal del siglo XX, Hernán Brienza sostiene que es necesario endurecer el espíritu y abandonar la teoría de los demonios para dar lugar a lecturas e interpretaciones que nos permitan comprender nuestra propia condición humana, por un lado, y por otro, reconocer las “zonas grises” que dejan la caída de este tipo de interpretaciones que han marcado a varias generaciones en democracia.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-337278e284c04752cf6931e82ed66ce9 wp-block-paragraph">Por Hernán Brienza*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e8bb393fe5f03a3896dcfa749eaa1fb wp-block-paragraph">No siempre el pasado se presenta como una evocación. Ni como un discurso racional premeditado, sesudo y bien pensante. A veces creo que la dictadura militar está agazapada en el cajón más oculto del inconsciente con sus microterrores y sus micromandatos, como si se tratara de un manojo de miedos atávicos. En la misma vereda del edificio en el que vivo, hay una baldosa que recuerda que, en 1977, fue secuestrado de su departamento un militante del PRT. La colocación de ese cenotafio fue un acontecimiento en el barrio, fue un festival de argentinidad. Los nuevos vecinos se anoticiaban de que la historia pasaba por la puerta de su casa y los que aún quedaban de aquella época entre aquellos que siempre supieron –sin distinción de ideologías- y los que no sabían nada, o se habían olvidado, y recién se enteraban que se había tratado de un hecho vinculado a la represión ilegal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a1e999c8248cf9ada7a559d61c48f182 wp-block-paragraph">Yo me acordaba del caso. Mi abuela vivía en ese edificio y nos había contado lo sucedido. No estaba muy al tanto de los pormenores del hecho, pero mis padres, trabajadores con conciencia política, pero sin militancia activa, interpretaron rápidamente lo sucedido. No conocían los detalles, pero sí la intencionalidad de lo ocurrido. Pero, más allá de la experiencia personal, cotidiana, casi intrascendente, lo que me resulta interesante son las formas en las que la dictadura militar -y casi todos los Estados Terroristas- se sumergen y quedan anegados allí en los terrenos de las micro supervivencias: desde el silencio temeroso hasta los olvidos cómplices, o los apoyos sigilosos y risueños; desde los terrores mínimos hasta la desconfianza razonable o la indiferencia un poco cobarde hacia la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-09de15615296a9cefb1a76c5a7066a77 wp-block-paragraph">Hace más de veinte años, escribí para la editorial Marea el libro “Maldito tú eres. El caso Von Wernich.”. Allí escribí: De mi gente me aterra esa facilidad para esconder la tierra debajo de la cama. Porque hay algo que no funciona claramente en una sociedad si en 1973 aplaude mayoritariamente a Montoneros, en 1976 apoya la dictadura militar y en 1983 se despierta anonadada por la violación a los derechos humanos y se justifica argumentando: ‘Yo no sabía nada de lo que pasaba’. Ese mecanismo se repite preocupantemente en democracia: algo similar ocurrió con el menemismo y volverá a ocurrir una y otra vez. Y de esa manera, nadie paga las consecuencias. Nadie se hace responsable. No hay posibilidad de reflexionar sobre nuestro pasado reciente por la sencilla razón de que la ignorancia, supuestamente, da certificado de inocencia. No es posible reflexionar sobre lo que no se sabía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d8fbdaba2af657e74aa8a23d7b0df5c wp-block-paragraph">Pero, ¿y si la ignorancia es pura complicidad? ¿cómo se puede ver lo evidente y no saber? Milan Kundera escribió: “Los pueblos también son culpables de lo que deciden ignorar”. La frase, me parece, es aplicable a todas las veces que los argentinos decidieron olvidar las consecuencias de un sistema político autoritario o de un modelo económico devastador para la economía nacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc52484eec8fd6b3bde770a7e7bce8a6 wp-block-paragraph">Si alguien decide ignorar, decide repetir. Por eso también es necesario volver sobre lo sucedido durante la dictadura militar para comprender, sin justificar, para analizar también las interpretaciones autocomplacientes y, sobre todo, con aquellas construcciones de tipo mitológicas para explicar el mal radical aplicado por la dictadura durante la represión ilegal. Hoy, a 50 años del golpe, los argentinos no podemos seguir repitiendo la teoría de los dos demonios ni siquiera la teoría de un solo demonio. Creo que es hora de devolvernos una humanidad brutal a todos los argentinos: a los que participaron de la violencia política, a los que fueron cómplices, a los que decidieron ignorar. Fuimos muy humanos, demasiado humanos. Incluso, los hubo fieramente humanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9100ef44d9e165366550b05517ab8d2e wp-block-paragraph">La filósofa italiana Simona Forti escribió en su libro “Los nuevos demonios. Repensar el mal y el poder”: “Cada vez que se pone en tela de juicio el estatuto dostoievskiano del mal, la imagen dicotómica se complica; resulta difícil trazar límites fuertes entre los demonios absolutos y las víctimas inermes. Y, cuando se abandona el dualismo político y moral, hay que indagar en la subjetividad. No tanto ni solo porque sea portadora de malas intenciones, sino porque muy seguido sirve de soporte involuntario de la dominación. (…). El libro de Primo Levi, “Los hundidos y los salvados”, se podría leer como el contratexto de “Los endemoniados” y de la “Leyenda del Gran Inquisidor”: desmiente aquella concepción maniquea que abre un abismo entre la febril voluntad de potencia del malvado y la indiferente pasividad de la masa (…). Nuestro deseo de distinguir de modo neto y claro al amigo del enemigo es tanto más fuerte cuanto más necesitamos protegernos de la complejidad que nos confunde. En efecto, como hemos observado muchas veces, nada simplifica más la realidad que el acto de separar el bien y el mal (…). Hay que tener el valor de ejercitar un espíritu menos blando que el que representa a los demonios en los habitáculos del poder: hay que mantener fija la mirada en la normalidad y sobre la banalidad de los hombres, tomados siempre en una ficticia red de relaciones”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62c49935bf09d3a3380c6fb71fc787d5 wp-block-paragraph">A cincuenta años del golpe del 24 de marzo que dio inicio a la dictadura más brutal del siglo XX, creo que es necesario endurecer el espíritu y abandonar la teoría de los demonios para dar lugar a lecturas e interpretaciones que nos permitan comprender nuestra propia condición humana, por un lado, y por otro, reconocer las “zonas grises” que dejan la caída de este tipo de interpretaciones que han marcado a varias generaciones en democracia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-955da1b25887888374f77076c30c5d85 wp-block-paragraph">Abandonar el paradigma dostoievskiano y la teoría de los demonios obliga a ocupar esos espacios y lagunas de sentido vacantes con algún tipo de respuestas y explicaciones acertadas. Lo primero que creo que es necesario aclarar es que allí donde antes había demonios y víctimas, hoy debemos colocar a hombres y mujeres en su contexto histórico personal, económico y social. Parece una nadería, pero no lo es. Es más fácil imaginar a seres sobrehumanos o subhumanos, a entidades perversas disfrutando del mal, o demonios abstraídos por la ideología que pensar en seres simplemente humanos a los que la circunstancias los llevaron a cometer crímenes horrendos. Pero, sobre todo, a tomar decisiones, a elegir entre distintas opciones y, aunque suene aterrador, creyendo que elegían la mejor opción. Aunque fuera una opción brutal, terrorífica o simplemente de complicidad vergonzante.</p>



<div style="height:46px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-260e2951872936f85c48bc758a823292 wp-block-paragraph">*Periodista, escritor, politólogo y ensayista.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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