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	<title>tecnologías digitales archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>tecnologías digitales archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>El mundo no existe… son los signos &#8211; Por Claudio Véliz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Jun 2020 14:34:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Veliz]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Claudio Véliz]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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		<category><![CDATA[tecnologías digitales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudio Véliz afirma en este artículo que nos hallamos ante el inédito desafío de producir una nueva forma de hibridación entre la técnica y la vida humana que, en las antípodas de la actual colonización de la psiquis y la cultura, logre poner a las tecnologías al servicio de los vínculos comunitarios, las pasiones democráticas, las políticas de la reparación y el cuidado.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-mundo-no-existe-son-los-signos-por-claudio-veliz/">El mundo no existe… son los signos &#8211; Por Claudio Véliz</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Claudio Véliz afirma en este artículo que nos hallamos ante el inédito desafío de producir una nueva forma de hibridación entre la técnica y la vida humana que, en las antípodas de la actual colonización de la psiquis y la cultura, logre poner a las tecnologías al servicio de los vínculos comunitarios, las pasiones democráticas, las políticas de la reparación y el cuidado.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Claudio Véliz*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El <em>semiocapitalismo</em> o la era de la abstracción generalizada</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las tecnologías digitales del siglo XXI en su conjunción explosiva con las exigencias disgregantes del neoliberalismo, lograron instaurar un nuevo (¿y definitivo?) aniquilamiento de la referencialidad, que extrema y radicaliza los planteos de sus tímidos antecesores: el sistema <em>diferencialista</em> saussureano, la semiosis infinita peirceana, las emisiones realizativas-performativas de Austin y Searle y la <em>con-fusión</em> entre lenguaje y mundo que enarbolaba el <em>giro</em> lingüístico. En un libro tan riguroso y erudito como desolador (1), el escritor italiano Franco Berardi sostiene –siguiendo al crítico francés Jean Baudrillard– que en tiempos de extrema financiarización de la economía y circulación virtual del dinero, todo es considerado según su valor de intercambio y ya no de su utilidad concreta. De un modo similar a lo que ocurre en la esfera del mercado, en el universo de la comunicación, el lenguaje solo es valorado y comercializado como <em>performance</em>. Así, lo que se pone en juego en los lenguajes comunicacionales no es su valor de verdad sino su <em>efectividad</em>, no su <em>hermenéutica</em> sino su <em>pragmática</em>. En esta etapa de la (pos)modernidad capitalista –que Berardi designa como <em>semiocapitalismo</em>–, el signo pierde toda referencialidad y se desplaza en una espacialidad abstracta, en la absoluta virtualidad. Los significantes se autonomizan de todo anclaje (de toda <em>producción</em> significativa sustentada en representaciones, designaciones, alusiones, etc.) para producir artificialmente contenidos inmateriales, fluctuantes, frágiles, al igual que los flujos siempre inestables del capital financiero. Al evaporarse por completo “la cosa” (señalada por esa imagen que “se pone en su lugar”), ya no es necesaria ni deseable una argumentación que dé cuenta (interprete, critique, valore) los desplazamientos sígnicos. De este modo, tal como sugiere Ricardo Forster (2), los sujetos se sienten impulsados por fórmulas vacías y abstractas que impactan en su sensibilidad y en su dimensión afectiva; se vinculan con el “mundo real” a través de signos liberados de su función representativa. Esta circunstancia inédita (cuya novedad obedece al <em>encuentro</em> entre los aparatos de captura del neoliberalismo y la digitalización de la vida) habilita no solo la posibilidad de que todo pueda ser dicho, sino también la eventualidad de que cualquier delirio inverosímil pueda convertirse en verdad irrefutable en virtud de la potencia repetitiva de la que disponen las usinas mediáticas. Lo más peligroso de esta pesadilla (que irrumpe en nuestra vigilia) –continúa diciendo Forster– es que tanto “la dimensión real como imaginaria de este trastocamiento de la materialidad en abstracción, acabe por ser aceptada como efectiva ‘realidad’ sin chances de sustraerse a una colonización cada vez más profunda” (Ibíd.: 160). En ausencia absoluta de ese “algo” al que los signos se refieren (hacen <em>referencia</em>), la ficción semiótica se instaura como la única materialidad existente. En el siglo XXI, se han consumado –dice Berardi– las tres modalidades de la abstracción: la primera corresponde a la subsunción del trabajo en la mercancía; la segunda, a la absorción de las cosas y los cuerpos por la acción de los <em>bites</em> informativos; y la tercera, al proceso mediante el cual la valorización financiera del capital se desvincula de toda necesidad productiva (física o semiótica de bienes). En estas coordenadas nos hallamos hoy, en este “instante de peligro” a partir del cual se abren (solo) dos posibilidades: una resignación complaciente (e incluso placentera) o una resistencia activa, creativa y transformadora en todas las esferas de la vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La revolución neurolingüística</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El <em>semiocapitalismo</em> es el punto máximo de virtualización del capital impactando de un modo directo y fulminante sobre individuos que viven al interior de realidades artificiales (la “sociedad-pantalla”), atravesados por la descorporeización de los vínculos intersubjetivos. Para Berardi, la aniquilación del “mundo” fue posible en el preciso momento en que el capital pudo prescindir de la producción de cosas útiles, para concentrarse (casi exclusivamente) en la dimensión virtual de la circulación monetaria cuyo soporte técnico es la velocidad y la desmaterialización de la información. Así, el capitalismo en la era neoliberal no se contenta con devastar lo “real” (los cuerpos, las cosas, los argumentos, etc.) sino que también despoja a los sujetos de una reflexividad crítica que les permita comprender los mecanismos de dicha dinámica; los priva de cualquier posibilidad de intervención ética y política capaz de transformar un orden invisibilizado por la trama no-referencial. Este devenir a-significativo de un capitalismo sin-mundo (quizá deberíamos decir <em>in-mundo</em>), esta asfixia de la comprensión por parte de sujetos inermes e indefensos, es directamente proporcional –me valgo, una vez más del texto de Forster– a la complejidad tecnológica que posibilita el desplazamiento del capital financiero por el éter informacional. La digitalización de los aparatos comunicacionales inhibe la crítica y la reflexividad, habilitando la pasividad de sujetos digeridos por la trama ficcional-artificial. Las tecnologías digitales insertan expresiones neurolingüísticas en la esfera de la cognición, en la psiquis colectiva y en las formas amorosas de vida. El “cerebro social” de este tiempo está mediado por dispositivos electrónicos y protocolos lingüísticos inmateriales. Así, a medida que los algoritmos se internan en el cuerpo social, la construcción de poder societario se desplaza desde el dominio de la política, la voluntad o la consciencia hacia el nivel técnico de los automatismos que rigen la generación del intercambio lingüístico y la formación orgánica y psíquica de los cuerpos. Por su parte, los medios de comunicación no hacen más que reproducir la misma lógica de los <em>memes</em> cognitivos, logrando adormecer (saltear) la capacidad reflexiva de los telespectadores, y direccionando su sensibilidad hacia los gestos irritados, las emociones o las respuestas furibundas. De este modo, cualquier acción argumentativa permanece bloqueada.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/008/001/076/large/arnald-andujar-virtual-reality-final-comp-01.jpg?1509835860" alt="ArtStation - Virtual Reality, Arnald Andujar" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tal como lo define Berardi, el <em>semiocapitalismo</em> es una particular configuración de la relación entre lenguaje y economía según la cual, la producción de cualquier bien (material o inmaterial) puede ser traducida como una combinación y recombinación de información (guarismos, figuras, álgebras digitales). Esta semiotización de la producción y el intercambio transforma el entero proceso de subjetivación: la esfera informativa (infoesfera) opera sobre el sistema nervioso de la sociedad afectando a la psiquis y a la sensibilidad (psicoesfera). Las <em>relaciones conjuntivas</em> (corpóreas, materiales, directas) dejan paso a las <em>relaciones conectivas</em> (mediadas por las tecnologías). Este proceso de informatización del mundo produce una estética de despreocupados consumidores, se corresponde con la despolitización de la vida, y excede ampliamente la “cultura de la imagen” para penetrar en los laberintos del lenguaje hasta atrapar su núcleo más profundo e inconsciente. Así, los sujetos <em>son hablados</em> (ya no por la lengua <em>fascista</em>, tal como la definía Roland Barthes sino) por una trama de procedimientos, tecnicismos, artilugios digitales. Si en los entresijos gramaticales de la lengua aún era posible –tal como afirmaba el semiólogo francés– “tenderle trampas” para escapar de su sesgo autoritario y de su confinamiento binario, en la esfera de la conectividad total y de las convulsiones neurolingüísticas, solo nos quedaría recurrir a las “pastillas de la felicidad” para restablecer el equilibrio de los circuitos neurotransmisores. Si nuestra psiquis pudiera ser reducida a contactos neuronales, conexiones químicas, polaridades eléctricas o a un mero proceso de sinapsis (una pretensión que consagraría el triunfo de la utopía neoliberal), solo nos quedaría refugiarnos en las neurociencias y abrazar la consecuente expansión del mercado (psico)farmacológico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero las tecnologías del vértigo digital –tal como lo expresamos en otro artículo publicado en este sitio (3)– tampoco se detienen ante el <em>bios</em>. Lejos de contentarse con aniquilar la dimensión simbólica y sus conflictivos sedimentos psíquicos, se lanzan a la captura de “la organicidad”, interviniendo en sus procesos biológicos y en sus modalidades productivas hasta reducirla a un mero artefacto: conexiones previsibles y “modelizaciones” digitales expresadas en <em>bites</em> informacionales. Por consiguiente, aun si pudiéramos afirmar (con Peirce) que “solo hay signos en el mundo”, ahora deberíamos agregar que dichos signos reniegan de sus desplazamientos significativos para devenir <em>matemas</em>, cálculos, ecuaciones, sin dejar de acudir a la iconicidad audiovisual indispensable para consolidar un entramado afectivo atravesado por las “pasiones tristes” y señalizado por <em>memes</em>, <em>stickers</em>, <em>emojis</em>, <em>gifs</em>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La persistencia de la ideología en un mundo ¿<em>postideológico</em>?</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si aún nos interesa defender (con absoluta convicción) la pertinencia del criticismo filosófico, de la teoría psicoanalítica y de la sabiduría popular persistente en Nuestra América es, precisamente, porque todos estos saberes (y <em>sabores</em>) han demostrado acabadamente que tanto en las constelaciones cognitivas, como en los laberintos del aparato psíquico, como en los hedores, memorias y “estructuras de sentimiento” de nuestros pueblos, late una <em>exigencia</em> rebelde que no cesa de resistir a su captura. Pero también porque creemos necesario advertir y denunciar el sesgo <em>socialdarwinista</em> y la impronta depredadora y autodestructiva de una “lógica” (neoliberal) pretendidamente <em>postideológica</em> que se escuda en la falsa neutralidad tanto de las tecnologías digitales como de las racionalidades mercantiles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tal como sostenía el filósofo francés Louis Althusser, la (tan denostada) <em>ideología</em> no consiste en un simple hechizo, en un velo que debiéramos descorrer o en una falsa conciencia respecto del “lo real”; por el contrario, debiéramos advertirla en las prácticas, en los rituales, en las retóricas discursivas, en las prescripciones normativas, e incluso en los gestos, los afectos y las percepciones. Por lo tanto, más que intentar deshacer la fantasmagoría para acceder al “mundo verdadero” (como si, por otra parte, el entramado conectivo de las pantallas y las tecnologías digitales fuera una mera ficción ilusoria), debemos emprender un combate contra todas esas prácticas, esas rutinas, esos automatismos y esos circuitos afectivos que <em>producen</em> aquellos sentidos no-referenciales, aquellas reacciones trémulas, aquellas adhesiones irracionales y acríticas, como el único <em>mundo visible-posible</em>; al mismo tiempo que obturan la capacidad reflexiva, la riqueza cognitiva, las pasiones alegres, los contactos corporales, los saberes y solidaridades que habitan las barriadas populares.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al menos por ahora, no creemos oportuno abandonar el “terreno enemigo”: ese escenario delimitado por la cloaca reticular (jerarquizada y asimétrica) que diseñan los gigantes tecnológicos, y también por las operaciones mediáticas pergeñadas desde posiciones oligopólicas. Aun en ese campo minado que nos toca transitar, es preciso cavar una trinchera para darles batalla. Si la lengua se redujo a la brevedad y la fugacidad del <em>meme</em> y el algoritmo, habremos de imaginar otros modos de “tenderle trampas”: suspender el vértigo, detener el bombardeo, complejizar la banalidad, callar el ruido, oponerle un argumento a la convulsión, una reflexión a la fórmula sin contenido, una crítica al estereotipo y a la oquedad militante. Nos hallamos ante el inédito desafío de producir <em>una nueva forma de hibridación</em> entre la técnica y la vida humana que, en las antípodas de la actual colonización de la psiquis y la cultura, logre poner a las tecnologías al servicio de los vínculos comunitarios, las pasiones democráticas, las políticas de la reparación y el cuidado. Habremos de resistir a la insoportable volatilidad del artificio y a la astucia demoledora de los circuitos integrados, persistiendo en todas aquellas prácticas y disposiciones que resultan inasimilables para las arquitecturas cibernéticas de los artefactos digitales y mediáticos: los diferimientos, los sentires duraderos, las construcciones colectivas, los lenguajes políticos, los devaneos filosóficos, la irrenunciable predisposición a dejarnos invadir por la alteridad.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias: </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(1) Berardi, F. (2017): <em>Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva</em>, Caja negra, Bs. As.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(2) Forster, R. (2019): <em>La sociedad invernadero</em>, Akal. Bs. As.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(3) Véliz, C. (2020): “De las ‘muertes del hombre’ al mundo posthumano”: <a style="color: #000000;" href="https://lateclaenerevista.com/de-las-muertes-del-hombre-al-mundo-posthumano-por-claudio-veliz/">https://lateclaenerevista.com/de-las-muertes-del-hombre-al-mundo-posthumano-por-claudio-veliz/</a></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 22 de junio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">* Sociólogo, docente / <a style="color: #000000;" href="mailto:claudioveliz65@gmail.com">claudioveliz65@gmail.com</a></span></p>
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		<title>EL EXPERIMENTO &#8211; POR E. RAÚL ZAFFARONI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Jun 2024 11:41:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Zaffaroni retoma la hipótesis del experimento mediante el cual la tecnología puede neutralizar el sentimiento de pertenencia comunitario de un pueblo, y amplía la conjetura al verificar que se fortalece cuando las conductas que tradicionalmente se han considerado políticamente incorrectas pueden volverse funcionales.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-experimento-por-e-raul-zaffaroni/">EL EXPERIMENTO &#8211; POR E. RAÚL ZAFFARONI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ae865b9169236201d9a14532cff1f54 wp-block-paragraph"><strong><em>Zaffaroni retoma la hipótesis del experimento mediante el cual la tecnología puede neutralizar el sentimiento de pertenencia comunitario de un pueblo, y amplía la conjetura al verificar que se fortalece cuando las conductas que tradicionalmente se han considerado políticamente incorrectas pueden volverse funcionales.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a6644aad569b14774455ac04fc54f1c1 wp-block-paragraph"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c24332c5993be4922de74e645beeed0c wp-block-paragraph">Hace poco publicamos aquí un artículo sosteniendo la hipótesis de que los argentinos somos víctimas de un experimento destinado a verificar hasta qué extremo la actual tecnología de comunicación mediática y electrónica puede neutralizar el sentimiento de pertenencia comunitario de un pueblo, es decir, anestesiar su sentimiento nacional, su vocación comunitaria gestada en una historia común. Si bien no exactamente en idéntico sentido, pero en la entrevista ampliamente difundida de la revista “Time”, la penetrante entrevistadora también hace referencia a la hipótesis de un experimento.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-21f60fd7d7e2c9e34a68524fcac3da83 wp-block-paragraph">Creemos que es menester insistir en que la horripilante capacidad de la tecnología de destrucción física opacó un tanto la atención dispensada a su capacidad de manipulación psicológica masiva, que pone en serio peligro a las democracias y cuyo enorme desarrollo es incuestionable y paralelo a la primera. Parece hoy poco menos que algo prehistórico la cándida sorpresa del uso de la radiotelefonía por Hitler y por Roosevelt, aunque no haya transcurrido ni siquiera un siglo desde aquellas alocuciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-89c3c1ccbbf2805b8250e2a5d3bb68f6 wp-block-paragraph">Pero no se trata solo de los sentimientos de odio, rencor, indiferencia y venganza manipulados por la tecnología comunicacional, sino que también parece ser parte de ese hipotético –aunque más que probable- experimento, también la neutralización del impacto de respuestas que, en otro momento y lugar, serían por entero <em>políticamente incorrectas</em> o absolutamente inadecuadas para cualquier político en el poder e incluso contrarias a las más elementales y prudentes indicaciones del sentido común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-07c002ffd08c02cf82f996ce41fc1911 wp-block-paragraph">Es posible que estemos equivocados, pero por lo menos desde la memoria de lo vivido -y también leyendo la historia- sabemos que cualquier persona a cargo de una administración trata de evitarse la mayor cantidad de problemas, como también que procura disimular las fallas de su gestión hasta el final y, cuando ya no puede hacerlo porque es demasiado evidente, procura rápidamente enmendarlas y disculparse, haciendo saltar algún <em>fusible</em>, por lo general argumentando que no puede controlar todo y nunca falta algún burócrata estúpido, lo que no deja de ser cierto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd0ed53dc82931341bd616d7571f4cea wp-block-paragraph">Aquí, ahora, llama la atención que no sucede nada de eso y, pareciera que a título de disculpa o algo parecido, nada menos que el jefe de gabinete dice que el titular del ejecutivo no entiende de política, aunque después lo quiera matizar diciendo que no dijo lo que dijo. En otra situación, habría que pensar que otro titular del ejecutivo lo destituiría, pero aquí sigue en sus funciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a6d6ed4ba51dc942b39120907c14510 wp-block-paragraph">Por otra parte, el escándalo mayor del momento son los alimentos sin repartir. Primero se dijo que <em>no hay plata</em>, pero después resultó que no se necesitaba plata, que había toneladas de alimentos sin repartir y, en lugar de repartirlos rápidamente, incluso menor, se muestra un insólito empecinamiento en no hacerlo, ante el reclamo de todos –incluyendo la jerarquía católica- e incluso desobedeciendo órdenes judiciales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-725428f2c52adcd3c1f73062b5504039 wp-block-paragraph">Insistimos en que, de acuerdo con las reglas tradicionales de la política y del sentido común, cualquiera sea la ideología del gobernante, ninguno se empeña en llevar a cabo acciones gratuitas que le acarrean desprestigio cuando puede evitarlas: en el caso, bastaba para desprenderse del problema con disponer la inmediata distribución de los alimentos y echar a algún fusible, al que siempre hay un lugar menos visible al que destinarlo. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d7275ca7b635556ac50082084f4a913a wp-block-paragraph">Sin embargo, no se trata de un caso aislado, porque parece que se convierte en regla marchar a contramano de lo que siempre fue la más elemental lógica política, que también siempre consideró como <em>incorrecto </em>o de efecto negativo responder con <em>ocurrencias ingeniosas </em>más o menos jocosas o divertidas<em>. </em>Esas <em>ocurrencias</em> son propias de charlas entre amigos bebiendo vino o cerveza, pero nunca fue políticamente aconsejable esgrimirlas en lugar de respuestas por lo menos aparentemente serias y racionales, porque la impresión que las <em>ocurrencias </em>provocan usualmente en el interlocutor es la de no ser tomado en serio o incluso en la de ser víctima de una burla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7158e7c28a839cfda008745096ce7822 wp-block-paragraph">Cuando se observa que hay gente que <em>no llega a fin de mes</em>, la lógica política de siempre indicaría que la respuesta de quien se imputa como responsable de esa situación sería negarlo con argumentos más o menos verificables o, al menos, minimizarlo o bien, prometer medidas urgentes, mostrarse preocupado. Pero nadie conforme a la lógica que por tradición domina lo <em>políticamente correcto</em> consideraría una respuesta adecuada la ocurrencia de negarlo, con el argumento de que <em>si no llegasen a fin de mes se morirían</em>. En otras palabras: la ausencia de cadáveres esqueléticos por las calles sería la prueba de que toda la gente <em>llega a fin de mes</em>. Se trata de la típica respuesta insólita, absurda, que no satisface a nadie, pues no pasa de ser una <em>ocurrencia</em> que, si se la quiere postular en serio, no pasa de ser una broma de mal gusto o, más claramente, una burla de las que se responde con la clásica preguntita <em>¿Me estás cargando?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9cc61723221e4f5f2fbbb8f09d8d1215 wp-block-paragraph">Pero la <em>respuesta ocurrente</em> parece haber cundido, pues tiene seguidores, aunque tal vez de menor calidad. Un argentino y un español pueden pelearse, puede ser un vecino del barrio y el almacenero de la vuelta y, como es obvio, eso no es una cuestión diplomática sino personal, nadie lo duda, pero no parece lo mismo cuando los dos son jefes de Estado o de gobierno. La misma ministra que tuvo la imaginativa <em>ocurrencia</em> de afirmar que era una simple cuestión personal -y que tampoco parece ser Talleyrand con faldas- mostró su faz <em>ocurrente </em>al decir que todos los chinos son iguales, como también con la lúgubre <em>ocurrencia</em> de sostener que no tenía sentido otorgar créditos a los jubilados, porque se morirían antes de terminar de pagarlos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d682f646e692bb471d2e03a031a3e939 wp-block-paragraph">En otras palabras, el hipotético experimento del que somos víctimas, no solo parece limitarse a manipularnos psicológicamente mediante la creación de <em>realidades virtuales</em> y la promoción de sentimientos poco altruistas, que instigan a ver al <em>otro como enemigo</em> debilitando el sentimiento de comunidad nacional –los vínculos horizontales de la sociedad-, sino a <em>disponernos a aceptar como respuestas la obstinación en los errores y las ingeniosas ocurrencias</em>, tradicionalmente contrarias a lo <em>políticamente correcto</em>, entendiendo por tal lo que cualquier dirigente consideraría, en cualquier otro lugar y tiempo que le afecta la imagen, que le resta apoyo o votos.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73d97652580fdb4a47a16d8f32322276 wp-block-paragraph">Las respuestas inadecuadas llegan al colmo de desconocer los propios aciertos, para postular medidas insólitas nunca vistas en un país civilizado: la ministra de seguridad, &nbsp;con un casi caricaturesco discurso de <em>dureza</em>, junto a su <em>ad later</em>, ahora ministro de Defensa, que le tomó el gusto a la ropa de fajina, propone bajar la edad de responsabilidad de niños a los doce años, o sea, llenar las cárceles de niños, cuando &nbsp;hace más de cuatro décadas la dictadura se vio obligada a retroceder a pesar de que la había bajado solo a catorce años. Desde hace muchos años es de diez y seis años y, por cierto, no hay incidencia relevante de adolescentes menores de esa edad en homicidios: en la CABA hay años en que no hay ninguno, y en otros uno o al máximo dos; es mucho mayor la incidencia de homicidas de más de cincuenta años y perfectamente punibles. Es difícil que esta insólita propuesta llegue a ser ley -aunque nunca se sabe en este Congreso de veletas-, pero de llegarse a ese despropósito, se estaría creando un problema ahora inexistente que acabaría en un nuevo y escandaloso fracaso por completo inútil.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.cosecharoja.org/wp-content/uploads/2019/05/armas.jpg" alt="" style="width:774px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto: Cosecha Roja.</em></figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef5af78e7e7de9e5898b5ce23e2a244d wp-block-paragraph">Todo esto se <em>discursea</em> impunemente, cuando lo cierto es que nuestros índices de homicidio muestran una marcada tendencia a bajar en los últimos doce años: en la CABA bajaron casi a la mitad. Nos estamos ahorrando cien cadáveres por año, cien vidas, cien dolores de deudos, dramas familiares, vidas perdidas, otras traumatizadas para siempre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fe014ca153af7271d008f40f2f4ba17b wp-block-paragraph">Lo cierto es que esos datos indican que quienes gobernaron la CABA algo bueno hicieron, que debe reconocérsele sin interesar su color político, como debe ser siempre que se trata de vidas humanas. Lo lógico sería que ese logro lo reivindicasen, porque fueron muchos de ellos quienes gobernaron la CABA. Pero parecen no pensar en profundidad en qué fue lo bueno que hicieron para tratar de continuarlo y mejorarlo. Prefieren alarmar a la población y salir con estos disparates: más penas de papel y el fantasmagórico proyecto de imposible sostenimiento de niños de doce años en las cárceles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c494d5631e2cf2a9109075f3120c1c58 wp-block-paragraph">Pero no solo se trata de seguir un camino distinto al <em>políticamente correcto</em> y valorar lo bueno que hicieron, sino que ahora proponen legalizar <em>provisoriamente </em>la tenencia de armas a todos quienes las tuviesen <em>flojos de papeles. </em>Cabría pensar que están locos, porque quieren destrozar lo bueno que hicieron, es decir, aumentar los homicidios, con la <em>ocurrencia </em>inverosímil de que solo tendrán armas de fuego las <em>personas decentes</em> para defenderse de los delincuentes. Además de ser esto ridículamente falso, porque los delincuentes que <em>salen de fierro</em> y que tienen armas sin papeles no son marcianos verdes con antenas ni tienen todos <em>antecedentes </em>en reincidencia, bueno es recordarles que las <em>personas decentes </em>también <em>se sacan</em>, se enfurecen y pierden los estribos cuando tienen que repartirse las sillas del comedor en la sucesión de la abuela y, no se diga, cuando se trata de dividir los bienes en un divorcio. Por cierto, las <em>personas decentes</em> <em>sacadas</em> pueden terminar a los puñetazos, cachetazos o sillazos, con el resultado de algunas lesiones leves que, por cierto, tampoco es para felicitarlas, pero cuando un <em>sacado </em>tiene un arma de fuego a la mano<em>, </em>siempre hay un homicidio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1479119a17ee5f85e26950289050ce68 wp-block-paragraph">¿Por qué se empeñan en destruir sus propios logros? ¿Algún gobernante en otro lugar y tiempo haría esto, en lugar de mostrar lo bueno que logró? ¿La manipulación psicológica masiva de la tecnología actual quiere, en este experimento del que somos víctimas, probar que tiene una tan tremenda capacidad manipuladora que puede hacer preferible la conducta del político que oculta lo bueno realizado para postular una regresión violenta y letal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-905694d6899847f666e5473578db38c8 wp-block-paragraph">Es de sobra sabido que cuanto más fácil es la tenencia de armas en una población hay más homicidios, porque las armas de fuego son el medio letal ampliamente preferido. ¿Alguien cree que, en Europa, con los índices de homicidios más bajos del mundo, no hay psicópatas, psicóticos asesinos y pibes a los que les hacen <em>bulling</em> en la escuela? Claro que los hay, pero allí, fuera de la policía, nadie tiene un arma de fuego, y cuando se les escapó una tuvieron la espantosa masacre noruega de pibes socialdemócratas de 2011. En Estados Unidos cualquiera tiene armas de fuego, con las consiguientes masacres periódicas de las que nos enteramos mientras mojamos la medialuna en el café. En los países de nuestra región de más altos índices de muerte violenta (norte de América del Sur, Centroamérica y México) es incalculable la inundación de armas de fuego en sus poblaciones. En una capital centroamericana con altísimos índices de homicidio es común que los restaurantes de <em>varios tenedores</em> tengan un <em>locker </em>con el cartelito <em>deje su arma. </em>¿Quiere esta administración llegar a eso? ¿Por qué razón no insiste hasta alcanzar los índices europeos? ¿Por qué, al menos discursivamente, opta por lo primero?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38bde714fa733da8069d5cf1e71815b2 wp-block-paragraph">Tampoco en general se explica por qué se elige bravuconear con las fuerzas policiales, hasta correr el riesgo de una catástrofe que puede costarle muy cara a la actual administración. Las sucesivas y masivas manifestaciones contra el gobierno han sido pacíficas, ejemplares en ese sentido. No obstante, la ministra se empeña en mostrar fuerzas, emitir <em>protocolos</em>, movilizar numerosas fuerzas policiales, en fin, advertir que está dispuesta a reprimir sin miramientos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ae05c2f923347a4fe92e5ff030eb9bc wp-block-paragraph">Descontamos que los trabajadores policiales (condición que sistemáticamente se les niega a los y las policías) son personas normales, como todos nosotros, ni más ni menos que trabajadores. Pero cuando se despliega semejante aparato solo a efectos de prepotencia y bravuconada, aumenta mucho la probabilidad de que emerja un <em>loquito. </em>Lo políticamente correcto es que nadie se atreva a jugar con la suerte, apostando a que no hay ningún <em>loquito</em> entre miles de personas armadas, al que el discurso <em>duro </em>y la tensión de las circunstancias lo desequilibren. ¿Por qué jugar al riesgo de reproducir el penosísimo caso de Kosteki y Santillán? Sus consecuencias todos las recordamos: dos muertos y un Presidente eyectado. ¿Este hipotético experimento del que somos víctimas trataría de verificar también que la manipulación mediática y electrónica tiene capacidad suficiente como para neutralizar el tradicional repudio cultural de nuestro pueblo a la violencia represiva letal? No deja de ser algo digno de meditarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6c7a6876703098389e4e8557f1ae7c1 wp-block-paragraph">Podríamos seguir, pero la hipótesis del experimento se fortalece cuando verificamos que no solo se trata de crear <em>realidades virtuales</em>, de generar sentimientos que debiliten el de pertenencia, de anestesiar el propio sentimiento nacional, sino también de volver incluso funcionales las conductas políticas que tradicionalmente se han considerado <em>políticamente incorrectas</em> desde el propio sentido común. ¿Dará para tanto la tecnología? No tenemos una respuesta y no la tendremos hasta el final del experimento, pero lo cierto es que, para los ateos no hay nada omnipotente, y para los creyentes, al menos no lo hay en este mundo terreno. De todos modos, lo penoso será el alto costo del experimento.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3ae3a5b763d25c68118c82889eb9f2f5 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 5 de junio de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a7919257d1a4cc09eb6253c2b8723e7 wp-block-paragraph">*<strong>Profesor Emérito de la UBA</strong>.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-experimento-por-e-raul-zaffaroni%2F&amp;linkname=EL%20EXPERIMENTO%20%E2%80%93%20POR%20E.%20RA%C3%9AL%20ZAFFARONI" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-experimento-por-e-raul-zaffaroni%2F&amp;linkname=EL%20EXPERIMENTO%20%E2%80%93%20POR%20E.%20RA%C3%9AL%20ZAFFARONI" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-experimento-por-e-raul-zaffaroni%2F&amp;linkname=EL%20EXPERIMENTO%20%E2%80%93%20POR%20E.%20RA%C3%9AL%20ZAFFARONI" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-experimento-por-e-raul-zaffaroni%2F&amp;linkname=EL%20EXPERIMENTO%20%E2%80%93%20POR%20E.%20RA%C3%9AL%20ZAFFARONI" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-experimento-por-e-raul-zaffaroni%2F&amp;linkname=EL%20EXPERIMENTO%20%E2%80%93%20POR%20E.%20RA%C3%9AL%20ZAFFARONI" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-experimento-por-e-raul-zaffaroni%2F&amp;linkname=EL%20EXPERIMENTO%20%E2%80%93%20POR%20E.%20RA%C3%9AL%20ZAFFARONI" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-experimento-por-e-raul-zaffaroni%2F&#038;title=EL%20EXPERIMENTO%20%E2%80%93%20POR%20E.%20RA%C3%9AL%20ZAFFARONI" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/el-experimento-por-e-raul-zaffaroni/" data-a2a-title="EL EXPERIMENTO – POR E. RAÚL ZAFFARONI"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-experimento-por-e-raul-zaffaroni/">EL EXPERIMENTO &#8211; POR E. RAÚL ZAFFARONI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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