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	<title>Técnica archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>Técnica archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>«PUEDE QUE NO CAMBIE» &#8211; POR JORGE ALEMÁN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jul 2023 11:48:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo y tecnología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mientras el "No se puede cambiar" agota todas las posibilidades y realiza en la Historia el crimen perfecto, el "Puede que no cambie" permanece aún abierto a la contingencia de un salto histórico que transforme y perfore el entramado potente del capitalismo con la tecnología.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Mientras el «No se puede cambiar» agota todas las posibilidades y realiza en la Historia el crimen perfecto, el «Puede que no cambie» permanece aún abierto a la contingencia de un salto histórico que transforme y perfore el entramado potente del capitalismo con la tecnología.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Jorge Alemán*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Todas las transformaciones tecnológicas de los últimos tiempos se han constituido en máquinas de guerra de las derechas. Los actuales dispositivos tecnológicos mantienen una relación estructural con el capitalismo financiero. Se ofrecen como instrumentos neutrales pero esto sólo constituye un simulacro. La cualidad fundamental de los dispositivos tecnológicos es que por un lado destruyen la relación con la verdad, la verdad en tanto experiencia del sujeto de la que se pueda dar testimonio. A esto se le añade que ya&nbsp; no existe un espacio exterior a los mismos. En el «rizoma» tecnológico la aceleración de las transformaciones permanentes va progresivamente, al modo de las adicciones, anulando la voluntad humana. Por ejemplo la Inteligencia Artificial, a pesar de que se auto engendra a partir de&nbsp; letras, sin embargo las mismas&nbsp; no pertenecen al orden simbólico. Si bien la IA simula operar con significantes, los mismos han sido formateados como letras que saturan el espacio, de tal modo que no haya&nbsp; lugar ni para el sujeto ni para el campo contingente de su enunciación. De este modo la tesis lacaniana: el significante representa al sujeto para otro significante, es anulada por la tecnología de la IA. El sujeto está expulsado de esa estructura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es una prueba más de que definitivamente la Tecnología nunca es un mero instrumento. Somos nosotros los instrumentados por ella. Lo que significa que en su ejercicio puede tener lugar un goce pulsional sin el sujeto que se haga responsable sobre cómo esta concernido por ello</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es lo que denominamos clásicamente el «individuo». El individuo es un Ente donde no existe la posibilidad de que tenga lugar el sujeto de la palabra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esto no es nada nuevo y fue anticipado por los pensadores de principios del siglo XX. Especialmente por Heidegger, que supo captar a la época de la Técnica como una voluntad de Poder donde las decisiones políticas ya no iban a conducir a un nuevo destino histórico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No obstante, en la época Técnica del capitalismo no se puede formular que es imposible cambiar y que no hay alternativas. Es más preciso formular, manteniendo siempre abierto este enunciado: «Puede que no cambie».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Mientras el <em>No se puede cambiar</em> agota todas las posibilidades y realiza en la Historia el crimen perfecto, el <em>«Puede que no cambie»</em> permanece aún abierto a la contingencia de un salto histórico que transforme y perfore el entramado potente del capitalismo con la tecnología.</p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Madrid, 7 de julio de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Psicoanalista, escritor y poeta.</p>
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		<title>EL ARDOR DEL PRESENTE &#8211; POR PEDRO KARCZMARCZYK</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Aug 2024 15:24:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los desafíos que plantea la emergencia de un mundo digital hacen oportuno retroceder hasta el diagnóstico que tempranamente Lyotard diera del mismo para señalar el modo en el que la reflexión política sobre la técnica parece hoy estar dominada por una imaginación técnica desatada, de tendencia catastrofista o redencionista, pero “atada” en su imaginación política.  </p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-65eebcd58453eab369110883799854cb wp-block-paragraph"><strong><em>Los desafíos que plantea la emergencia de un mundo digital hacen oportuno retroceder hasta el diagnóstico que tempranamente Lyotard diera del mismo para señalar el modo en el que la reflexión política sobre la técnica parece hoy estar dominada por una imaginación técnica desatada, de tendencia catastrofista o redencionista, pero “atada” en su imaginación política.&nbsp; La pregunta pasa por nuestras angustias: ¿Se vinculan a un problema de naturaleza predominantemente técnica o política?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-293cbe430a3f3d14b67e2d442b24c395 wp-block-paragraph"><strong>Por Pedro Karczmarczyk*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4c4894217d8d1744ecd50c2c89f0656 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em><em></em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bce520142bf087befb006dcea47def6b wp-block-paragraph"><strong>NOTAS SOBRE TECNOLOGÍA Y POLÍTICA</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03a49818d69942180f12be122549321e wp-block-paragraph">“Arde en las cosas un terror antiguo, un oscuro y secreto soplo que llena las piedras de grandes agujeros” este verso de Horacio Molina, que cito de memoria, me parece capturar el imaginario de un tiempo apocalíptico, como es probablemente el nuestro. Flota en el aire la idea de que somos testigos de un cambio de época, e incluso podría tratarse, para los diagnósticos más extremos, del fin del mundo. Todo lo sólido se desvanece en el aire y, a causa de esta glotonería, el aire comienza a sentirse espeso, irrespirable. Los medios digitales parecen estar cambiando no sólo la manera en la que nos comunicamos, y en consecuencia nos relacionamos unos con otros, sino algo más profundo, la manera en la que existimos. Esta situación se impone como una convicción, aún cuando los contornos de la misma no se aprendan todavía sino de manera nebulosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-055c90ec15398a744ad5276da49225ae wp-block-paragraph">No soy especialista en el tema, pero me siento convocado, ya que las consecuencias de éste, evidentemente, no&nbsp;se restringen a los especialistas. Por ello voy a intentar reunir algunos elementos para ajustar cuentas, o comenzar a hacerlo, ante todo conmigo mismo, lo que no quiere decir sino que voy a intentar esbozar una reflexión con restos de otras reflexiones que en distintos momentos me atravesaron y que son como maderos a los que me aferro en medio del naufragio de algunas viejas certezas, pero también maderos que he debido soltar, estratégicamente, para evitar que me arrastre la corriente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b48788da3180008b7bc25c8989cc8bce wp-block-paragraph">Lo primero es, tal vez, volver a las categorías de lo moderno y lo posmoderno. Hace unos años, en el momento en que me tocó ingresar a la universidad, suceso que tuvo lugar en un año tan convulsionado como 1989, estas categorías producían estruendo en un mundo en el que los sucesos se movían a gran velocidad. Unos años antes, en las clases de geografía humana del secundario se nos daban a probar las mieles de la teleología en la forma de datos brutos, al enseñársenos que algo así como la mitad de la población mundial vivía por entonces bajo regímenes socialistas o democracias populares, dato que animaba en algunos la convicción de que faltaba cada vez menos. En el 1989 argentino encontrábamos todo junto, un intento de copamiento de un cuartel militar por un grupo guerrillero, que fue reprimido salvajemente, sin miramientos por los derechos humanos, encontrábamos también a los militares planteando su pliego de demandas con las armas en la mano, a la hiperinflación y el subsuelo de la sociedad argentina aflorando a la superficie a través de los saqueos de los comercios donde se almacenaban alimentos. También llegaban a nuestras orillas, desde hacía algunos años, los ecos de la Perestroika. En ese contexto, las discusiones sobre la posmodernidad ganaban espacio en los suplementos dominicales de los diarios y en las revistas culturales, azuzadas, presumo, por la necesidad de comprender una realidad evidentemente movediza, empeñada en romper los esquemas que hasta entonces servían a tal efecto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb41b589f6fb81b13c8c2bba0a4ccdf5 wp-block-paragraph">Las discusiones sobre modernidad y posmodernidad se estructuraban, en su recepción más masiva al menos, en torno a la cuestión de la historia, en términos de su continuidad o caducidad, es decir, en términos de la vigencia de la idea de un sentido de la historia. El “fin de la historia” comenzaba a dejar de leerse como un “genitivo subjetivo”, el fin detentado o poseído por la propia historia, como la meta hacia la que la historia se dirige, para leerse con fuerza creciente como un “genitivo objetivo”, como algo que la historia padece o sufre, es decir, como la conclusión o la clausura de la historia. El efecto de esta discusión, conjugado con una serie inaudita de acontecimientos históricos, suscitaban en cualquiera la pregunta sobre si los eventos a los que asistíamos no eran los estertores o el canto de cisne de la historia. La impugnación de la&nbsp; categoría de lo posmoderno intentaba por entonces retener la historia como proyecto, analizando las razones por las cuales éste no había cuajado. Cito de memoria algunos títulos que van en este sentido: <em>Las ilusiones del posmodernismo</em>, de Eagleton,&nbsp; <em>El Asedio a la modernidad</em>, de Sebreli, la proteica compilación realizada por Casullo sobre <em>El debate modernidad-posmodernidad</em>, o un título que lo resume todo, “La modernidad, un proyecto inconcluso” de Habermas.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://media.dialektika.org/dialektika/2020/10/hannes-richter-ci_-yIna2dQ-unsplash.jpg" alt=""/></figure>
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<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0ba6ac462bf2b54f348affa83fd5230 wp-block-paragraph">Simultáneamente se veía como el neoliberalismo se afianzaba en el mundo, cosa que sorprendía, incluso en estas tierras, pioneras en este experimento social. El neoliberalismo proyectaba su imagen de modernización tecno-económica y, en consecuencia, suscitaba muchas preguntas sobre la relación entre esta dimensión, la tecno-económica, y las otras dimensiones o promesas de la modernidad, vinculadas sobre todo a una organización de la sociedad que sería igualitaria en virtud de su racionalidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-61fd10cd0feeb73893cd7446c9817e1f wp-block-paragraph">El libro de Lyotard, <em>La condición posmoderna</em>, aparecido originalmente en 1978, parecía poder alojar todas estas discusiones ya que es un libro sobre la crisis de los “grandes relatos”. Lyotard plantea una cuestión de gran interés, según la cual el saber está ligado a un conjunto de condiciones de existencia heterogéneas, diferentes al propio saber. La heterogeneidad de estas condiciones consiste en que funcionan de una manera distinta que el saber, y que repercuten de algún modo sobre el mismo. Lyotard ubicaba con agudeza el momento en el que escribía, 1978 como dijimos, enmarcándolo de una manera sorprendente. En efecto, Lyotard colocaba ese fenómeno entonces novísimo, en el marco de una manera particular de comprender una disputa milenaria, aquella entre la ciencia y los mitos, o los relatos. Según esta manera de comprender esta disputa, la ciencia, al desacreditar a los relatos o mitos, acaba a la larga por suscitar, el problema de su propia legitimidad. Nuestro reparo con la versión de Lyotard no es menor, radica en que hay otras formas de comprender esta emergencia, es decir, su causa, que no se remiten a la estructura discursiva de la ciencia, sino a su posición social, a la fractura que produce en la autoridad del mito, y a la fractura de su función política, ideológica, pero eso no viene al caso ahora, aunque no está demás dejarlo asentado, advertirlo. La verdad de la ciencia en disputa con los mitos, argumentaba Lyotard, no podía quedar meramente enunciada, sino que debía ser justificada, legitimada. Pero esta tarea excede, por definición, a la ciencia, por lo que se debería apelar entonces a algo diferente a la misma, a una “meta-narrativa”, a un discurso en el cual la verdad de la ciencia debía ser examinada. El examen tiene por objeto justificar o legitimar la verdad de la ciencia clarificando las condiciones que deben cumplir los enunciados para formar parte de la misma, digamos, por caso, coherencia y verificación experimental. El examen de la ciencia implica así la idea de un legislador que establece las condiciones que debe satisfacer la ciencia. Ahora bien, una vez abierta esta puerta, la cuestión se traslada, comprensiblemente, a la legitimación del legislador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-337b949f294d3687f36426a0466f0933 wp-block-paragraph">Una metanarrativa, o un “gran relato” se distingue de los “meros relatos” o “mitos” que la ciencia destruye para constituirse, ya que una metanarrativa debe, por fuerza, ser un discurso único, total. La metanarrativa implica una posición jurídica, señala con el dedo, enjuicia, ya que debe legislar sobre la verdad, pero al legislar sobre la verdad se ve obligada a legitimar simultáneamente la propia posición de legislador que asume. Como consecuencia de ello, el meta-narrador debe, sean cuales fueran sus preferencias culinarias, abandonar la dieta unilateral y volverse omnívoro. La metanarrativa tendrá que preguntarse por la legitimidad de todo, no sólo del saber, sino también por la legitimidad de las artes, de las técnicas, de la educación y de la política. En otros términos, una metanarrativa es necesariamente un discurso sobre el todo y el origen, está obligada a absorberlo todo, a no dejar lugar más que para sí misma. La caracterización de la metanarrativa se acerca vertiginosamente, como vemos, a la idea clásica de la filosofía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1255a016d9a5f434fb8da117e369a47d wp-block-paragraph">Luego de algunos agudos análisis, Lyotard concluía entonces que los grandes relatos entraron en crisis por una mutación en el orden del saber. Conviene detenerse en este punto, porque no carece de complejidad, y porque tiene la capacidad de traernos de aquel lejano y conflictivo <em>fin de siècle XX</em> a nuestros días. Lo primero que hay que aclarar es el significado y el alcance de este término, el “saber”. Al señalar que la posmodernidad es una mutación en el orden del saber, Lyotard no quería indicar que los ejemplos paradigmáticos del saber, aquellas verdades que lo son “para siempre”, como el teorema de Pitágoras por ejemplo, fueran a dejar de serlo. Piezas como estas son como pequeñas joyas en el repertorio del saber, porque, con un mínimo entrenamiento matemático, cualquiera puede, en cualquier momento, volver a realizar la demostración y hacer que la evidencia de la misma se apersone ante nosotros. Pero, si miramos las cosas con un poco de cuidado, veremos que, incluso en casos como éste, lo que realmente importa no es tanto la primera vez en sentido cronológico en la que alguien pensó esta demostración, experimentó la evidencia que le es propia y exclamó, según conviene al mito de la razón. “¡Eureka!” (¡La encontré!). La historia está llena de ¡eurekas! inconsecuentes, de acontecimientos sin posteridad, de primeras veces en el sentido cronológico que no son más que abortos culturales. Un acontecimiento en el orden del saber está ligado a su comunicación, a su transmisión, a su tradición, sea esta oral o escrita. Saber y tradición van entonces, hasta cierto punto, de la mano. No hace falta, sin embargo, ser una luminaria ilustrada para comprender que tradición no equivale a saber, ya que lo que se transmite tradicionalmente excede con mucho al saber, pero lo que aquí queremos decir no es que <em>la tradición es el saber</em>, sino que <em>es la condición del sabe</em>r. Sin tradición una invención no es saber, sino una concepción sin porvenir.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.postposmo.com/wp-content/uploads/2021/02/ARTE-POSMODERNO-8.jpg" alt=""/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-927049b77bcc4d471cb38273a37631e2 wp-block-paragraph">Lyotard, que había estudiado a Husserl en su juventud, conocía muy bien el problema que el carácter indispensable de los documentos, le planteaba a una filosofía como la fenomenología, que quería anclar las “verdades para siempre”, por ejemplo aquellas que emergen con la geometría, entendiéndolas como verdades ideales que tienen su asiento original en el fondo de la subjetividad,. Ahora bien, a través de los documentos la idealidad se ve expuesta a la fragilidad del mundo, a las inclemencias&nbsp; del clima, por así decirlo. Lyotard podía, por ello, también comprender los desafíos que el soporte del saber impone sobre el propio saber. Con gran agudeza Lyotard veía, en 1978, algo que años después estaría para todos claramente expuesto a la luz del sol. Lyotard decía: nada que no se traduzca a bits de información podrá contar de acá en más como saber. Las razones de Lyotard eran sencillas, la inscripción del saber en bits de información pasaba a ser la condición del saber, una condición de su tradición, de su transmisión, y en consecuencia, la condición de la existencia del mismo. Un saber intraducible a bits de información sería, de allí en más, según Lyotard, un saber sin porvenir y, en consecuencia, un no-saber.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9fc5f4a8c822f92a4910808757fa00c wp-block-paragraph">Lyotard enunciaba esta situación con una fórmula que posee ecos de algunos análisis marxianos de la fetichización, la emergencia del mundo digital constituye, decía Lyotard, “una exteriorización del saber” respecto de quien sabe. El saber se desubjetiviza, se vuelve objetivo, y queda entonces expuesto a su mercantilización.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6b5a82210b801cc64878231b978f505 wp-block-paragraph">Con todo, nos interesa destacar un elemento del argumento de Lyotard que mencionamos al pasar más arriba: “con un mínimo de entrenamiento matemático”, dijimos, cualquiera puede realizar nuevamente una demostración, y hacer que su evidencia se apersone una y otra vez. El saber, entonces, no sólo tiene condiciones objetivas, “documentales”, imprescindibles para su transmisión, es decir para su existencia, sino que también tiene condiciones “operatorias”, sin las cuales tampoco es transmisible. No cabe llamar propiamente “subjetivas” a estas condiciones, a nuestro entender, porque el peso del argumento cae sobre el hecho de que “<em>cualquiera</em> puede” pero sin embargo este “cualquiera” no es en realidad absolutamente cualquiera, sino que está calificado, es “cualquiera <em>con un mínimo de entrenamiento matemático</em>” y este entrenamiento implica, ante todo, una práctica ya establecida, otros participantes en la misma, etc. Esta calificación introduce una discontinuidad que podemos expresar como una <em>boutade</em>: no cualquiera es <em>cualquiera</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f764c25da60ffea4168bc276d0ea9051 wp-block-paragraph">Este elemento operatorio, que aparece en todos los saberes, incluso en las matemáticas, no es una mera dotación natural de los individuos humanos, como podríamos pensar que lo son el sentido de la vista o el oído, sino que es más bien <em>una</em> habilidad para ver u oír que resulta del ejercicio continuado, se trata de una capacidad de prestar atención que es, al mismo tiempo, una capacidad de pasar por alto, sin la cual lo relevante del caso quedaría oculto. Cuando destacamos que se trata de <em>una habilidad o capacidad adquirida, </em>lo que queremos indicar es que no hay <em>el elemento operatorio </em>sin más, es decir, un único elemento operatorio, sino una multiplicidad de elementos operatorios de acuerdo a los diferentes ámbitos. El músico o el poeta no sólo escuchan, sino que poseen un oído singular, el oficio del historiador no está hecho sólo memoria, sino también de un olvido cultivado, el matemático no se detiene en la tinta con la que está escrita una fórmula como si lo hace un grafólogo. Este elemento operatorio es lo que, pomposamente, llamamos <em>Bildung</em> al hablar de los saberes y las artes, pero evidentemente forma parte también de los oficios y las técnicas: el baquiano se orienta inmediatamente en su territorio, el mecánico entiende de motores, de sus ruidos y lamentos, e incluso, nuestro sentido de la orientación, que se ha “objetivado” en un dispositivo como el GPS, cumpliendo las previsiones de Lyotard, pero ello no nos dispensa de traducir operatoriamente las instrucciones del dispositivo GPS, poniendo en en contexto estas instrucciones si queremos llegar a destino evitándonos malos tragos. Hace algunos años nomás las instrucciones de “google-maps” para llegar a pie desde China a Japón proponían llegar a pie a la orilla del mar y… ¡nadar algunos cuantos kilómetros!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eb281c0277cb3fc89c724b4003f62847 wp-block-paragraph">Ahora bien, si en lugar de focalizarnos en un elemento operatorio determinado, como la habilidad matemática, que requiere, según dijimos, de entrenamiento matemático, nos focalizáramos en cambio en el elemento operatorio en general, lo que veríamos es su presencia generalizada, cualquiera posee un oído singular o una mirada particular para alguna u otra cosa. En este sentido <em>cualquiera es singular. </em>No hay lo operatorio en general sino que hay componentes operatorios singularizados en distintas prácticas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc0f8a826bfaec580c82dcf8687d4c43 wp-block-paragraph">Me detengo en este punto porque es una parte del diagnóstico de Lyotard que conviene revisar con cuidado, es, a nuestro entender, el “punto ciego” de su análisis, es decir, el lugar donde Lyotard deja de poder pensar y donde nosotros podemos pensar otras cosas. Lo que Lyotard destacaba entonces es que el viejo principio que ligaba el saber a la <em>paideia</em>, o a la figura de la <em>Bildung</em>, de la formación del espíritu y de la persona, iba a caer crecientemente en desuso, hasta su extinción, como consecuencia de la aludida mutación en los soportes del saber. El saber se exterioriza respecto del “sapiente”, decía Lyotard en una dudosa traducción castellana de “<em>savant</em>”. Es cierto que, por ejemplo en las humanidades, un conjunto de habilidades relacionadas con el saber, como el conocimiento de las obras de referencia, las localizaciones de las obras en las bibliotecas, el conocimiento de las revistas especializadas en determinada área, el reconocimiento autoridades, y una serie de procedimientos utilizados para jerarquizar las contribuciones, para reparar y pasar por alto algunas cuestiones, se han visto notablemente transformadas con la disponibilidad casi inmediata de una masa inaudita de información. Se trata de algo que cualquiera que ejerza la docencia en esas áreas podrá reconocer, creemos. Pero, sin embargo, como lo muestra el ejemplo del GPS, la dimensión operatoria no ha sido suprimida, por ello lo más que podemos decir es que algunas dimensiones que antes la requerían, ahora no la requieren. Pero, incluso aceptando esto, es dudoso que se pueda establecer que haya habido una genuina retracción de la dimensión operatoria, ya que esta no es cuantificable. Si dejo de creer en algo, ciertamente tengo una creencia menos, pero no por eso tengo menos creencias en sentido absoluto. Esto ocurre porque nuestras creencias constituyen un continuo. Ahora bien, sería tan absurdo pretender enumerar exhaustivamente las cosas que creo como enumerar exhaustivamente las cosas que sé hacer.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://historiacuatro.wordpress.com/files/2009/09/potsmodernidad-y-contemporaneo.jpg?w=640" alt="" style="width:562px;height:auto"/></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c66fccfb59ed5e135faa71b842ce3e42 wp-block-paragraph">Detengámonos un momento más en el dispositivo GPS. Antes hicimos dos puntualizaciones al respecto, por u lado, que el dispositivo parece “objetivar” lo que antes era subjetivo, nuestra capacidad y, por otra parte, que esta “objetivación” no era completa, ya que el elemento operatorio, presumiblemente “subjetivo” seguía siendo necesario. Si examinamos el primer elemento, veremos que en realidad la idea de una “objetivación” o una “exteriorización” no captura lo que está en juego. Sumemos ahora algunas consideraciones más: por una parte, la amplitud de lo que ofrece el dispositivo GPS debería ya ser suficiente para descartar su consideración como la “exteriorización” u “objetivación” de algo que estaba dado previamente, ya que obviamente nadie tenía una capacidad o sentido de la ubicación tan extendido. Por otra parte, corresponde hacer una precisión sobre nuestro señalamiento sobre la <em>persistencia</em> del elemento operatorio. Tampoco aquí se trata de la permanencia de algo que estaba dado previamente, sino de una transformación. Hace algunos años,&nbsp; en el marco de unos desarrollos tecnológicos toscos comparados con los de hoy en día, los teóricos de la inteligencia artificial crearon una sigla que sintetizaba las habilidades requeridas en relación de los usuarios con los dispositivos “inteligentes”: RAT. La sigla remite a la expresión inglesa “Repair, attribute and all that”, “reparar, atribuir, y todo eso” y alude al hecho de que los usuarios humanos constantemente “reparan” la inadecuación de las respuestas de la máquina, “atribuyendo” esas inadecuaciones a la inteligencia a de la máquina (lo que la máquina “quiso decir”, por ejemplo), pasan por alto sus inadecuaciones, etc., sin reconocer el aporte que su propia inteligencia realiza en este proceso. El caso de ir a nado desde China a Japón es un caso extremo, pero el uso de dispositivos como el GPS constantemente nos enfrentan con opciones de esta naturaleza de menor magnitud. La RAT no está tan lejos, conviene señalarlo, del trato que nos dispensamos unos a otros en las interacciones interhumanas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5f737ccf7084632f6afdad082c62cfe3 wp-block-paragraph">Clarificar este punto es importante porque la irrupción de la inteligencia artificial vuelve a poner esta cuestión en el candelero. Insistentemente aparece la pregunta por los impactos que tendrá la inteligencia artificial en la esfera pública. Los motivos de inquietud son claros. La IA abre, a través de procesos como la clonación de la voz y de la imagen posibilidades inauditas para las <em>fake news</em>. También está la planteada la cuestión acerca de si algunos asuntos de la gestión de lo público no podrían ponerse con provecho en manos de máquinas. El filósofo Youval Harari ha sido taxativo al respecto: “que si la IA se hace cargo de la conversación, la democracia se ha acabado.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b03ac156576975b10566fa9246e99fb wp-block-paragraph">Para reflexionar sobre este punto conviene recoger algunas discusiones que ha suscitado la aplicación de la inteligencia artificial en la construcción de automóviles realmente autómatas, que no requieren un conductor. Este asunto ha generado agudos dilemas éticos sobre los “casos difíciles”, aquellas situaciones que no pueden resolverse sin un costo ético, que nada permite, más bien al contrario, descartar que se presenten. Por ejemplo, un automóvil “inteligente”, sin conductor, ante una rotura de sus frenos podría tener que decidir entre las opciones de atropellar a un conjunto de niños que cruza la calle o a un anciano que espera el colectivo en la parada, o bien chocar contra una pared que destruirá el vehículo sin dañar a terceros, pero con mayores riesgos para la tripulación del automovil. E incluso todavía deberíamos considerar la posibilidad de que el automóvil vaya vacío, ¿qué hará en ese caso? A partir de cuestiones como estas, podemos comenzar a hablar de automóviles “egoístas” y “altruistas”. Sin embargo, lo importante es no perder de vista que estamos hablando de decisiones que en cierto sentido han sido anticipadas en el entrenamiento de modelos. Como lo explican Stigman y Blinkins en un libro reciente, el desafío de la IA no pasa hoy, como ocurría hace algunos años, por la estructura que la hace posible (la red neuronal artificial), sino por los muchísimos parámetros que establecen la fuerza de las conexiones y el sesgo de cada una de sus neuronas. Esos parámetros nos dicen estos especialistas: “…se aprenden en la interacción con enormes volúmenes de datos, diferentes grados de feedback humano y mecanismos adversariales o de autoaprendizaje.” (Stigman, M. Y Blinkins, S. <em>La nueva inteligencia artificial y el contorno de lo humano</em>, un fragmento del libro fue publicado cono el artículo “Entre la utopía y la distopía” <em>Le monde diplomatique. Edición Cono sur</em>, agosto de 2024). Federico Kusko en otro artículo de esta revista también destaca la importancia de los datos, ya que “…un modelo de IA entrenado con datos de una región o grupo social puede conducir a errores o malas interpretaciones cuando se aplica a otro contexto.” (“Libres o tecnodominados”). En el artículo que citamos, un fragmento de su libro, Stigman y Blinkins destacan el rol crucial que la inteligencia artificial podría desempeñar en la disputa entre Estados Unidos y China mediante una sugerente comparación con el rol que la bomba atómica desempeñó durante la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f5d014190d1151b96521360619c6313c wp-block-paragraph">Estas reflexiones plantean una cuestión política crucial, la necesidad de instituciones internacionales que regulen el uso de la inteligencia artificial, y otros asuntos. Concordamos con estas cuestiones, que ponen a la política por delante de la tecnología, plantean el problema en un escenario defensivo,  que es necesario, y que podríamos resumir en los términos de: ¿cómo evitar que una catástrofe se derrame sobre nuestras vidas?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b8b1311dd2ace133618c97fb36882040 wp-block-paragraph">Sin contradecir el punto fundamental de esta línea, la necesidad de instituciones internacionales en un mundo globalizado, nos gustaría señalar que la reflexión política se pone por delante muy tímidamente, es decir, la reflexión política está desatada en términos de imaginación tecnológica, pero firmemente atada en términos de imaginación política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ebb0f65b66f916038c7dadbc60db3ac0 wp-block-paragraph">Por ello querríamos explorar la politicidad de la tecnología desde otro ángulo, uno que esté más a nuestro alcance. El punto que encontramos conflictivo en el análisis de Lyotard, la permanencia de un elemento operatorio, que hemos denominado su “punto ciego”, nos servirá para eso. Tiremos un poco más del hilo para ver si llegamos al ovillo. La persistencia del elemento operatorio puede ser vista de dos maneras. Una de ellas, la perspectiva más clásica, es verlo como la persistencia obstinada de la individualidad humana a través de las distintas mutaciones en el saber, en las técnicas y en la tecnología. La otra manera de considerarlo, que nos parece mucho más prometedora, es ver en la persistencia del elemento operatorio no tanto el índice de una individualidad preexistente, sino reconocer en él un proceso de destrucción y reconstrucción. Se trata de lo que señalamos antes como una “precisión”, el GPS no sólo conserva como un residuo nuestras habilidades operatorias, sino que implica una transformación de las mismas. Otro ejemplo puede servir para ilustrar este punto, en el momento en el que salieron salieron las cámaras digitales que ofrecían encuadrar a través de una pantalla digital, era común ver a la gente haciendo contorsiones extrañas para tomar una fotografía, a aquellos que tenían la costumbre de tomar fotografías les costaba mucho tener la cámara a distancia de su rostro. Lo que queremos decir es que a partir de estas “transformaciones” se configura una individualidad que es “nuestra individualidad”, pero a la que ya no podemos considerar como un dato, sino que debemos pensarla como como un proceso en curso, siempre en curso, que se ve afectado ya sea por factores “externos”, como las aludidas mutaciones en el saber y en las técnicas, ya sea por factores “internos”, como nuestro propios deseos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5730a9cbb9c822a789aae4e7ec504b95 wp-block-paragraph">La técnica es una dimensión original de la aventura de la vida humana, aquello que hace a la singularidad de un animal que no se adapta a su medio, sino que adapta el medio a sus deseos, que son tan diversos como imposibles de colmar. La técnica separa a los seres humanos de la animalidad, y aunque ésta sigue siendo su condición, opera como una condición singularizada. Nuevamente aquí podríamos apelar a la fórmula, no hay la animalidad humana, hay animalidades humanas. Los seres humanos, en tanto que seres de deseos, se debaten desde siempre con su ambiente, superando una y otra vez su impotencia innata, apelando a la inteligencia y teniendo que responder a aspiraciones siempre renovadas. Dicho en otros términos, el sentido de la técnica, y de la vida humana, está en superar la impotencia de los seres humanos frente a aquello que, en sí mismos o fuera de sí mismos, aparece como una naturaleza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5492dc5b18a12562123c985135196759 wp-block-paragraph">Algunos estudios aparecidos desde el la década de los 80s del siglo pasado han cambiado fuertemente nuestra concepción de la tecnología, cuyo origen no se remonta, como se creía hace no tanto tiempo, a la revolución científica del siglo XVII, sino a concepciones milenaristas que desde el siglo XII invirtieron la idea dominante según la cual en el paraíso Adán no tenía necesidad de la técnica. De acuerdo con estas ideas, el trabajo manual era valorado negativamente y el ocio positivamente. Evidentemente, esta concepción tenía motivaciones sociales vinculadas con la organización de la sociedad. Hacia el siglo XII, sin embargo, diversos pensadores comenzaron a considerar que la técnica era un aspecto de la virtud cristiana a través de la cual los seres humanos podían restituir su semejanza original con Dios, abriendo así la posibilidad de “un nuevo Adán” que advendría por medio de la técnica y el ingenio. La tecnología ha nacido entonces como una tecno-teología, y si no es plenamente moderna ya desde su nacimiento es porque su orientación inicial miraba hacia el pasado, hacia la restitución de un estado perdido ya definido, y no a avanzar hacia el futuro comprendido como algo abierto. Ésta es, sin dudas, una diferencia fundamental, de aquellas que hacen época, pero ello no obsta para que la adherencia teológica haya seguido siendo eficaz en la tecnología, en la medida en que los tecnocatastrofismos y los tecnoprofetismos han sido una constante en el desarrollo de la tecnología. Estos elementos se ven más claridad en relación a los avances tecnológicos que permiten avanzar en la gestión de la vida, pero su presencia está en toda la línea de los desarrollos. Este es un elemento que, nos parece, conviene tener en cuenta para intentar pensar con claridad sobre este punto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0eacb9de659e7fba242e4737af11f08f wp-block-paragraph">El sentido de la técnica, dijimos, no radica en sí misma sino en sobrepasar la impotencia de los seres humanos frente a aquello que, tanto en sí mismos como en su exterior, aparece como naturaleza, como algo fijo. Esto quiere decir que la técnica está animada en deseos humanos, aunque ello no significa que se encuentre a discreción de los mismos. En efecto, cuando el proyecto tecnológico fue formulado explícitamente como un proyecto dirigido al futuro, a partir del siglo XVII, se vio sometido a las constricciones de una forma realidad diferente, la de la economía que por entonces se constituía. Es por ello que entendemos que es crucial enfatizar la relación de la técnica con la individuación, es decir, la relación de la técnica con los deseos humanos. Distinguir claramente la realidad de la técnica de la de teología y de la de la economía, es decir, distinguir sus autonomías relativas, luego veremos en qué medida son ejercidas, ofrece la oportunidad de romper con el sino fatalista, recordando que la teología y la economía tal como la conocemos, en su versión capitalista, aunque aparezcan como presupuestos naturales, no son sino maneras peculiares, y por tanto contingentes, de gestionar los deseos, limitando otras formas de individuación y en consecuencia la emergencia de otros deseos. Romper con la idea del individuo concebido como un átomo (en su lugar propondríamos la idea de nudos en una red), como lo hace la idea de la técnica como individuación que hemos esbozado a partir del punto ciego de Lyotard, puede ayudarnos a remover las estructuras que producen de manera incesante esta realidad, la de unos sí mismos tristemente encerrados en un aislamiento ilusorio, pero no por ello menos eficaz, para revitalizar en cambio los lazos vivificantes que el individuo puede mantener con el medio físico, técnico y social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ac45d7e4588aa54a20f4e2f98f32e20 wp-block-paragraph">Intervenir colectiva y activamente sobre la cuestión “¿qué hacer con la tecnología?” nos transporta a la cuestión de qué hacer con la economía, con los presupuestos teológicos y con la política. Las respuestas no pueden ser un asunto sólo de expertos, sino la consideración de deseos y de proyectos, y la construcción de vínculos que aumenten nuestras potencialidades y reduzcan así nuestra impotencia. Por otra parte, podemos dar por descontado que eso no nos llevará a una respuesta unánime y exenta de conflictos, pero sí tal vez permitirá inclinar el terreno desde el temor hacia las posibilidades y los proyectos, es decir, hacia los deseos, eludiendo las alternativas que dominan la escena, es decir, evitando que sean el lucro, o las presuposiciones teológicas que refuerzan algunas de nuestras limitaciones las que decidan.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f9afb044f2dc08a4e5dff787a38e4e19 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 20 de agosto de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b16d083c5ac4628781bb1a43fd63b3ee wp-block-paragraph">Profesor de filosofía contemporánea en UNLP / Investigador en CONICET.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk%2F&amp;linkname=EL%20ARDOR%20DEL%20PRESENTE%20%E2%80%93%20POR%20PEDRO%20KARCZMARCZYK" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk%2F&amp;linkname=EL%20ARDOR%20DEL%20PRESENTE%20%E2%80%93%20POR%20PEDRO%20KARCZMARCZYK" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk%2F&amp;linkname=EL%20ARDOR%20DEL%20PRESENTE%20%E2%80%93%20POR%20PEDRO%20KARCZMARCZYK" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk%2F&amp;linkname=EL%20ARDOR%20DEL%20PRESENTE%20%E2%80%93%20POR%20PEDRO%20KARCZMARCZYK" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk%2F&amp;linkname=EL%20ARDOR%20DEL%20PRESENTE%20%E2%80%93%20POR%20PEDRO%20KARCZMARCZYK" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk%2F&amp;linkname=EL%20ARDOR%20DEL%20PRESENTE%20%E2%80%93%20POR%20PEDRO%20KARCZMARCZYK" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk%2F&#038;title=EL%20ARDOR%20DEL%20PRESENTE%20%E2%80%93%20POR%20PEDRO%20KARCZMARCZYK" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/el-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk/" data-a2a-title="EL ARDOR DEL PRESENTE – POR PEDRO KARCZMARCZYK"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-ardor-del-presente-por-pedro-karczmarczyk/">EL ARDOR DEL PRESENTE &#8211; POR PEDRO KARCZMARCZYK</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>Politicidio &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jan 2026 16:17:43 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La remodelación bélica aparece como la verdad de un mundo aterrorizado y sin respuestas. Solo la reacción de los muchos ayuda a perder el miedo y permite volver a imaginar alguna articulación entre contrapoderes colectivos y derecho político democrático.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/politicidio-por-diego-sztulwark/">Politicidio &#8211; Por Diego Sztulwark</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-946f47119fcd08052eddfd0a3cd916d5 wp-block-paragraph"><strong><em>La remodelación bélica aparece como la verdad de un mundo aterrorizado y sin respuestas. Solo la reacción de los muchos ayuda a perder el miedo y permite volver a imaginar alguna articulación entre contrapoderes colectivos y derecho político democrático.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efb14c1ae9bdd2030991e65c0e347d81 wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79b38334116a63bf36e125970cf073fe wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em><br></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5b3014c6999428d51e20cee774ba868 wp-block-paragraph">A partir de la agresión a Venezuela dos argumentos preexistentes circulan con furia: <strong>1. </strong>que ya no hay (o que no habría) orden jurídico internacional válido vigente; y <strong>2.</strong> que somos (o seríamos) impotentes ante la fuerza militar bruta (es decir: asistida tecnológicamente). En otros términos, que no hay unidad política que nos proteja de la guerra. Porque solo el poder nuclear otorga (o podría otorgar) seguridad efectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4e999fe5f972a65eac9e695c42497cdb wp-block-paragraph">Asistimos así a una clase magistral continua de realismo político (neo)fascista: sólo la fuerza técnicamente dispuesta para la guerra crea derecho. Quienes aún creen en el derecho como medio para moderar la fuerza son, en ella, abiertamente ridiculizados. Y quienes pretenden oponer una contra-fuerza son exhibidos de antemano como ejemplo de derrotados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a026795a0b369e13c2ddf171099b5a6 wp-block-paragraph">La amenaza de destrucción masiva es el instrumento inmediato para paralizar políticamente a los pueblos. La generalización del miedo perfecciona el control. La violencia destructiva asegura el orden, comunicando una potencia complementaria a la acumulación de capital. Si el dispositivo parece funcionar tan aceitadamente es porque previamente supuso un largo adiestramiento consistente en someter a los colectivos humanos a ser espectadores de un flujo imágenes del horror sin que les sea lícito reaccionar. Una parte de nuestra existencia transcurre según la consigna de ver sin actuar. La desactivación persistente de la capacidad de respuesta colectiva –la separación del afecto de la fuerza– deshilvanó la autoridad de la política que se hace en nombre del límite efectivo al poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b80cc2500a8e3765f2dfc3622537ed2c wp-block-paragraph">El saber de los perpetradores es de los más viejos del mundo. En el extremo, pretende difundir el terror y la servidumbre, afectos que carcomen todo orden político democrático (incluso en EE.UU., donde la retórica de la democracia supo ser leitmotiv). Igualmente antiguo es el saber que enseña que sólo un afecto/fuerza equivalente en magnitud, pero operando en dirección opuesta a la del miedo, puede modificar la situación. De modo que para imaginar otra realidad es preciso sumergirse en otro tipo de imaginación. En particular, hay dos reflexiones que pueden venir en nuestra ayuda. Por un lado, aquella que ayude a sacar las conclusiones correspondientes al hecho de que la potencia política no se resume nunca en el derecho puro. El derecho político puede regular –y puede hacerlo de un modo democrático– cuando no niega ni olvida apoyarse en el derecho natural (el deseo y la potencia de los cuerpos). El derecho se torna política efectiva cuando es expresión de una fuerza plural capaz de crear momentos emancipatorios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6c586f5c2383da2dbb2e139b086d2652 wp-block-paragraph"><br>Por otro, que en momentos en donde el miedo a la amenaza inminente de destrucción nos paraliza –el terror es siempre el fundamento del colonialismo y del clasismo– aparecen escenas que nos hablan de la formación de unas multitudes que parecen estar aprendiendo a perder el miedo. Sucede ahora mismo en ciudades de EE.UU. contra las escuadras fascistas anti-inmigrantes de Trump, pero también en Irán, donde una protesta económica parece reactivar la secuencia de movilizaciones que irrumpieron en 2022 al grito de «mujeres, vida, libertad». Esas escenas nos ayudan a extraer conclusiones extremas en un momento grave. Porque ni la democracia sin contrapoderes efectivos, ni la ilusión geopolítica de una «ayudita” rusa o china parecen en condiciones de evitar lo que algunos observadores de lo que sucede en Palestina llaman «Politicidio»: la destrucción sistemática de las capacidades políticas de los pueblos.</p>



<div style="height:64px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c4e5afc417b24cff1be1a378a4ed9508 wp-block-paragraph">Lunes, 12 de enero de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51599abf75d4a9c990701bf8d00a305e wp-block-paragraph">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Sumate a la campaña «Colaborá con La Tecl@ Eñe».</strong></h2>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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		<title>Adiós al lenguaje &#8211; Por Hernán Sassi</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/adios-al-lenguaje-por-hernan-sassi/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jul 2026 04:31:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Sassi]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[escuela]]></category>
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		<category><![CDATA[Walter Benjamin]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un día el bicho humano dejó de hablar a instancias de la Técnica, menos aliada que sepulturera. El autor cree que, de cambiar, la escuela ayudará a recuperar lo perdido.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/adios-al-lenguaje-por-hernan-sassi/">Adiós al lenguaje &#8211; Por Hernán Sassi</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ac2a3732b4d5d0f4919277c6b7ec0ae wp-block-paragraph"><em><strong>Un día el bicho humano dejó de hablar a instancias de la Técnica, menos aliada que sepulturera. El autor cree que, de cambiar, la escuela ayudará a recuperar lo perdido.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-93033f356e31dd00b115f0e5fc822a97 wp-block-paragraph"><strong>Por Hernán Sassi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-268da7f20dbac74ed1ee038d33ea5cd0 wp-block-paragraph"><strong>I.</strong></p>



<div style="height:38px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-05380d1069d0b22b44a395ccc7c05c8f wp-block-paragraph"><em>Quieta es el agua de la desgracia:</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0b1068000e8204dc55e58e35a2d4f8a9 wp-block-paragraph"><em>ayer mi madre murió de pronto,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-755f87d7883f11a9adc08f51d00c18a6 wp-block-paragraph"><em>sin que en el aire de las orillas</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17c2d859259585172cdb8615b3ee89ca wp-block-paragraph"><em>o en la resaca de cada ola</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-833fb526c1ac24ff17926dfa9cc62411 wp-block-paragraph"><em>hubiera señas de que venía,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-451027d4e4198f006484970cd2e36916 wp-block-paragraph"><em>como una trucha cortando el tiempo,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-986973b707a090ffc1694540501b5b91 wp-block-paragraph"><em>el viento norte de las parquitas</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb42eee201416b08591caf440969db1b wp-block-paragraph"><em>para llevarse de un manotazo</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6fadc941c7ea6f0bba67a9ee70f0bcc6 wp-block-paragraph"><em>su cuerpo vivo, mientras comía.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c2fc435e384c5134f4207e39d93ead64 wp-block-paragraph">«El velador»<em>, </em>Guillermo Saavedra</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f7c159115859e7c5aa99436d8f7ded31 wp-block-paragraph">Un día mamá dejó de hablar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3598a7b50e0f77568073148237d6eea9 wp-block-paragraph">Venía de comprar en lo de Vittorio, el almacenero de toda la vida. Venía lo más campante, contenta como cuando la vida te sonríe. Y eso que la vida no le había sonreído o, más bien, ella no supo qué hacer para que así fuera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-56af139746a4f6a4adbcc96de8095456 wp-block-paragraph">Acomodó lo que trajo, parte en la heladera, parte en la mesada, me saludó al pasar y fue a recostarse en la catrera, como le gustaba llamarla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9c9b6e2a870963902dad38bd4e9acccf wp-block-paragraph">Pasado un rato, le hablé de habitación a habitación como hablaban dos cajeros del peaje, de habitáculo a habitáculo, antes de haber sido reemplazados por máquinas. Le pregunté cómo andaba y qué era de Vittorio, preguntas que hacemos los humanos, no las máquinas, que repiten preguntas de humanos que ya no hacen preguntas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-543a5bbc9bab3146372195c9230da1d0 wp-block-paragraph">Se hizo un silencio, y antes de que yo repreguntara, se hizo otro más denso. Porque a veces a un silencio le sigue otro, que siempre es más denso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-908ff914228e02ef4fd8412ec88676cb wp-block-paragraph">Fui al borde de su cama y le hablé. Estaba con los ojos abiertos, pero muda, como estuvo por días interminables en que debió hacer algo con lo que de ella quedó tras el accidente cerebro-vascular. Ella, que había sacado al bebé que fui del balbuceo para meterlo en la lengua, y con ella en la cultura, había perdido el habla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b23a411a824f96fa5252fd61bd0cb790 wp-block-paragraph">En su estadía en el hospital municipal, le leía lo que estaba leyendo, «Los papeles salvajes» de Marosa di Giorgio, textos de una vitalidad que desentonaba con el limbo entre la vida y la muerte en el que ella estaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1682e2a83dd54b8a0a88ce35b6ad3e97 wp-block-paragraph">No sabía si me entendía, pero yo leía, un poco por costumbre de profesor de literatura, pero mucho más, con ganas locas de devolverle la lengua que ella me había dado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4021793401a55ff5030ee35df554b048 wp-block-paragraph">Mamá estaba reducida a <em>«la vida mínima, la de un animal capturado, sin acceso al lenguaje, pero con la desgracia de comprenderlo</em>«.<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> Con gestos y silencios, que no esperaban otros, aprendimos a comunicarnos como dos extraños que recién se conocen y no comparten el idioma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9acca9e5669e896b64cc51f711498cd2 wp-block-paragraph">Veo una rima entre esa tragedia personal y la que vivimos desde hace un tiempo, la de la pérdida de la lengua, la de una nueva barbarie a manos de la Técnica.</p>



<div style="height:16px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e37d60b823acb3bc0e1025d58dfed3c6 wp-block-paragraph"><strong>II.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8176d6384020f9e3ed9f097e18ce4423 wp-block-paragraph"><em>¿Cómo asumir las cosas –la sociedad, yo, el arte, la vida misma y la muerte– en este mundo que tiende a la desaparición del signo?</em><em></em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3fcf02b648a26c7a44751156ba8917b6 wp-block-paragraph">Winfred Hassler, epígrafe a «El árbol de Saussure» de Héctor Libertella</p>



<div style="height:34px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-49f91063d616e101658b1f62589adf6b wp-block-paragraph">Los humanos somos seres simbólicos y no delfines o perritos. La palabra es algo más que una herramienta de comunicación, mucho más que un señuelo. Da sentido al sinsentido de la vida con un plus de sentido, con eso que Walter Benjamin vio como resto de soplo divino. Ese misterio, ese «<em>fondo maternal</em>» como también lo llamó, no está <em>en</em> las palabras, sino en relatos que alguien nos cuenta. Que tengan forma de mitos y leyendas o se cuenten como anécdotas en la mesa de un bar o en la de cualquier casa, es lo de menos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-89757c3825b8c1ab15be617050b462f4 wp-block-paragraph">Para este pensador, así como un día apareció la palabra, hubo otro que marcó su destierro. Benjamin notó que los soldados volvían de la Gran Guerra mudos, sin capacidad de narrar. «<em>Volvieron más pobres en experiencias comunicables</em>«, escribió. No era para menos. Quienes habían sobrevivido a la guerra que contabilizó más muertos que ninguna, volvían a otro mundo. «<em>Una generación que había ido a la escuela en tranvía tirado por caballos, se encontró indefensa en un paisaje en el que todo menos las nubes había cambiado y, en cuyo centro, en un campo de fuerzas de explosiones y corrientes destructoras, estaba el mínimo, quebradizo cuerpo humano</em>«, dice.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dca2bda5cdb148a6cb8d978b3e0d6710 wp-block-paragraph">Como a Heidegger, a Benjamin le llama la atención el choque entre «<em>ese enorme desarrollo de la técnica</em>» y «<em>una pobreza del todo nueva</em>«, la del lenguaje. En los años que siguieron a tamaña conflagración hay una «<em>avalancha de libros sobre la guerra</em>«, pero en ninguno, cree Benjamin, hay trasmisión de experiencia, de esas que una generación transmite a la siguiente «<em>con la autoridad de la edad y en proverbios; prolijamente, con locuacidad, en historias; a veces como narración de países extraños, junto a la chimenea, ante hijos y nietos</em>«.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-892152ae93304a8000250ecf2ae00f00 wp-block-paragraph">Benjamin nota que la humanidad, al tiempo que rebajaba la lengua a medio de comunicación, se olvidaba de que es también vía de conocimiento y de trascendencia. Por entonces, al saber y a la experiencia trasmitida en relatos los reemplaza la moneda de cambio de los medios masivos, la información. La noticia empezaba a hacer añicos el misterio de un relato como hoy las redes sociales y <em>Tic Toc</em> reemplazan una buena novela y una película inolvidable. «<em>Nos hicimos pobres</em>«, advierte, «<em>la cotización de la experiencia bajó</em>«, se queja, «<em>entregamos la herencia de la humanidad a favor de `lo actual</em>´», confirma el autor de «Infancia en Berlín».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cf3f4300c2d9ada18f684ed18f1f8371 wp-block-paragraph">La experiencia se adquiere andando, dicen, ya transformando la materia con nuestras propias manos, ya adueñándonos de una percepción o mirada atesorada en la memoria de un relato, que es uno de los modos de continuidad de la cultura. Benjamin llama «<em>bárbaros</em>» a quienes no se comprometen con la experiencia ni con su transmisión en el arte de narrar, que según ve, se está perdiendo. Confirma la barbarie con el auge del periódico, con la aparición de nombres deshumanizados (se refiere a nombres rusos, que no tengo modo de saber cuán deshumanizados son, pero le creo) y con una arquitectura fría en la que predomina el vidrio y el acero –como en la Bauhaus–, indicios de que se hace cada vez más difícil dejar una huella personal, que siempre es eco de la cultura. Lo asusta la pobreza en la lengua y en el mundo que lo rodea. Le da miedo –¿a él solo? – «<em>el primitivismo y el confort</em>«.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f488548083d39d7b8bea8da1713c0971 wp-block-paragraph">Pasó un siglo desde que Benjamin escribió «Experiencia y pobreza» y «El narrador». Desde el fin del Siglo XX, con la invención de Internet y al auge de la inteligencia artificial que corona la «cuarta revolución industrial», el desarrollo tecnológico crece exponencialmente y el bicho humano vuelve a quedarse -¿ahora definitivamente?– sin lengua, más aún, en días en que habla hasta por los codos en audios de <em>Whatsapp</em> y escribe sin parar en redes sociales. La lengua se escurre en palabras abreviadas, se desvanece con <em>emojis</em>, <em>stickers</em>, «impresiones», modos de comunicarse del chimpancé hiper-tecnológico. Como los soldados que volvían de la guerra, otra vez gracias a la Técnica nos volvimos más pobres.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af73c9de0e8cfd0082a5eb5657035449 wp-block-paragraph">No solo ya no compartimos la misma lengua –el algoritmo contribuye y cómo–, incluso la rebajamos, según advertía Benjamin, sólo a medio de comunicación. Una alumna me cuenta que un muchacho quiso seducirla con un texto tomado de la inteligencia artificial. El flaco renunció al misterio del lenguaje, un misterio que podía haberla seducido –sin que él ni ella supieran bien por qué– y reduce la lengua a un medio. La palabra eficaz en las charlas TED y en otras monerías, como clases inocuas, por ejemplo, no va en sentido opuesto: es sólo un medio de comunicación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-15d9f4d361267ab2fe6afbf9eadbd915 wp-block-paragraph">Al parecer, no queremos que la palabra diga más de lo que dice. Morimos de literalidad. Es el fin de la metáfora y de la posibilidad de la trascendencia, esto es, que la palabra diga algo sobre nosotros y nos transforme.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b08524ba3c149ec1a4d937cb8e8cf88b wp-block-paragraph">Hay pibes y pibas deslenguados, en parte, porque nadie les cuenta un cuento o una anécdota, una que vaya más allá del «<em>el primitivismo y el confort</em>«; nadie más que una máquina a la que recurren en ausencia de seres humanos con disposición de contarles y escucharlos. Hay padres y madres, docentes y políticos que sólo usan la palabra como moneda de cambio y no para que los cambie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d1265fb9c2954d1bfa60076138a14d16 wp-block-paragraph">Está en cada quien frenar <em>«la desaparición del signo</em>» y volver a percibir, como insta Godard en <em>Adiós al lenguaje</em>, «<em>la fuerza revolucionaria de los signos</em>«. De no hacerlo, es muy probable que desaparezca la especie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5e6cdbc2b56f20972bf9c77fa50212da wp-block-paragraph">En la Modernidad lo aprendido en el aula servía para el ascenso social. Valía como moneda de cambio que se contaba en metálico. Si ya no sirve tan siquiera para eso, ¿no será hora de que sirva para preguntarnos para qué vivimos, hacia dónde vamos y qué hacer cuando perdimos el sentido de la vida?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a6e0a9950f40d89d4ea83d3e3b1611c wp-block-paragraph">Benjamin se pregunta: «¿<em>Para qué valen los medios de educación si no nos une a ellos la experiencia?».</em> La escuela no está unida a una experiencia: ni existencial, ni laboral, ni lúdica. Para transformarnos, debería ser un lugar para tener y transmitir experiencias, aprender un oficio y a tocar un instrumento, para recuperar la palabra y aprender una nueva lengua, y para preguntarnos, entre otras cosas, qué hacemos en este mundo a través de una leyenda mapuche o de <em>Hamlet</em>, de un tango, una copla o un tema de Cazzu o Wos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c0cac4cc60e110d9552e49b10c3c4eb4 wp-block-paragraph">Hay modos de recuperar la capacidad simbólica de la lengua. Solo hay que tener ganas. La escuela, si es que queremos, será un espacio en el que volveremos a ponerle nombre a nuestros miedos y a nuestros sueños. Pero hay que tener unos y otros. Y eso es lo que está faltando.<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a></p>



<div style="height:29px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79f8a0b8dff0df3dca9b3ce3be5d4fe9 wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cbf68ce55fbcc047a7525ee86027eceb wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Moreno, M. <em>La merma</em>, Bs. As, Random House, 20025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f324acbc6e8dd148e1eac700ddf8e16 wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> El texto es parte del próximo libro del autor, <em>Pasar el fuego. Educar en el Apocalipsis zombie.</em></p>



<div style="height:44px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-098d8840212dfc5b0e6a1f51b97feca9 wp-block-paragraph">19 de julio de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTBymNAjk1ZEJJ33EvpCxB1Xg14jnCuT2ARbHkZdOsFrHc3Da6lSJk7zoXb&amp;s=10" alt="" style="width:159px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f66db5e90b0caeb71eb00327f5aef4a wp-block-paragraph">*Profesor y Dr. en Letras, y Mag. en Comunición y Cultura, es docente en profesorados del Conurbano, ensayista y crítico de cine. Publicó <em>Hoteles. Estudio crítico</em> (2007), <em>Cambiemos o la banalidad del bien</em> (2019), <em>La invención de la literatura. Una historia del cine</em> (2021). Estuvo a cargo de <em>El Nuevo Cine murió </em>(2021) y prologó <em>Escritos corsarios</em> de P. P. Pasolini (2022). Su último libro esditado es «P3RRON3. El Corsario».</p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>
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