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	<title>síntoma archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>síntoma archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Elogio a la potencia del síntoma &#8211; Por Sofía Guggiari</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2026 11:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sofía Guggiari]]></category>
		<category><![CDATA[angustia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La idea de que existe una vida sin síntomas y sin angustias parte del mismo discurso del poder que abusa. Y que se apropia de nuestra potencia erótica, deseante y vital. Frente a una situación de injusticia, sin síntomas ni angustia, hay encerrona trágica.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/elogio-a-la-potencia-del-sintoma-por-sofia-guggiari/">Elogio a la potencia del síntoma &#8211; Por Sofía Guggiari</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f983a48f72f84ec54e987325b3ba6b92 wp-block-paragraph"><strong><em>La idea de que existe una vida sin síntomas y sin angustias parte del mismo discurso del poder que abusa. Y que se apropia de nuestra potencia erótica, deseante y vital.</em></strong> <strong><em>Frente a una situación de injusticia, sin síntomas ni angustia, hay encerrona trágica.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-570ba81aa56a34a870e3debdf6a17115 wp-block-paragraph"><strong>Por Sofía Guggiari*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:71px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00b836478f8c8595f3b900eaa747d6a1 wp-block-paragraph">En la terapia de grupo se habla de la angustia. Ese afecto pegajoso, espeso que toma el cuerpo. Lo vuelve un extraño. A veces un tirano. De cuando la angustia se vuelve invisible. Se proyecta. O se sostiene y sostiene para no verla con claridad. De cuando es efecto de la crueldad del otro en nosotros y nos desorienta. De cuando nos pone en peligro. O nos obliga en todo caso al riesgo de hablar. De cuando se vuelve síntoma. Finalmente, de cómo se hace para hacer algo o de cómo hacerle un lugar. Pero una participante interrumpe la conversación compartida y lanza una flecha en el corazón del problema: <em>Yo estoy angustiada todo el tiempo. Estoy angustiada por la guita, por la situación social, por la gente que tengo alrededor. Me siento muy impotente. Me siento mal todo el tiempo. No me pidan que le haga un lugar a la angustia</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9bc620905c29af8ac0343a44b36e95a5 wp-block-paragraph">¿Cómo hacemos para hacerle lugar a la angustia cuando ya ocupa demasiado espacio? <em>Me siento mal todo el tiempo. No me pidan que le haga un lugar a la angustia. </em>¿Es lo mismo el sufrimiento permanente, la angustia como afecto vivo, o el síntoma? ¿Podría ser lo afectivo y lo erótico del síntoma lo que interrumpe esta captura del malestar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-67608616245f22802b8556266960ba3f wp-block-paragraph">Fernando Ulloa, psicoanalista argentino, desarrolló un concepto para referirse a situaciones de cronificación del sufrimiento. Cuando éste se prolonga en el tiempo y parece no haber salida: lo llamó la <em>encerrona trágica</em>. Se trata de una escena en la que sólo hay dos lugares posibles: quien sufre y quien ejerce el daño. Sin terceridad o instancia de intervención, que rompa con esa relación cerrada. El hecho de que quien sufre depende de quien le hace daño para vivir va generando progresivamente un estado anímico de desesperanza y acostumbramiento. Se naturaliza el malestar. Ulloa nombró cultura de la mortificación a ese estado en el que se pierde, poco a poco, la posibilidad de imaginar que las cosas podrían ser diferentes. Como si ya no hubiera nada que hacer, como si no existiera otra salida posible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-56ba65ec08edfd08af1a06a6e3a030f0 wp-block-paragraph">La naturalización del sufrimiento, ese malestar permanente que se aguanta, más bien se soporta; es la encerrona trágica de la que habla Ulloa. El poder abusando de la vida. La angustia, en su sentido de energía de lo vivo, y el síntoma son otra cosa. Esta diferencia es crucial de hacerla hoy. La angustia es un afecto que interrumpe, a veces terrible, que invade e intensifica el cuerpo. El síntoma es movimiento libidinal, nunca consciente, ni voluntario, en una situación de impedimento o imposibilidad. Se mueve. Insiste. Busca su lugar. De modo desplazado. Pero, en todo caso, se trata siempre de la posibilidad de excitación y sensibilidad de un cuerpo. De una insistencia libidinal y, por lo tanto, erótica.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7fe3811926b353a56cbc0f278d90c900 wp-block-paragraph">Así, lo erótico, como dice la filósofa Sara Torres, como lo que intensifica, invade, toca, angustia, excita, amenaza con disolvernos, habita en la posibilidad de sintomatizar. Algo que es propio de la experiencia de vivir. De vivir una vida que valga la pena. Vivir, que no es lo mismo que sobrevivir. A diferencia de la encerrona trágica que tiende a lo mortífero, a la detención del movimiento. Decir <em>Eros dulce amargo,</em> como lo nombra la poeta Anne Carson; decir que Eros es dolor, placer, pero Eros al fin, también quiere decir que, en el síntoma, en lo que insiste, que excede mi voluntad, que me produce malestar, que me resulta una incógnita, en lo que me angustia, ahí está Eros, porque ahí está lo vivo. Afecto queriéndose enunciar. La idea de que existe una vida sin síntomas y sin angustias parte del mismo discurso del poder que abusa. Y que se apropia de nuestra potencia erótica, deseante y vital.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-606585ba60a595c95332ce5c839788d3 wp-block-paragraph">Sin síntomas, sin Eros, no habría salud. Frente a una situación de injusticia, sin síntomas ni angustia, hay encerrona trágica.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b7d7259dfabec0ab818d966ef17038ee wp-block-paragraph"><strong>*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b291dec428a1c0cae3050c6bb9b7d0ef wp-block-paragraph">Estamos angustiadxs todo el tiempo por las condiciones en las que nos obligan a vivir y, al mismo tiempo, sin poder dejar de cumplir las expectativas que ese mismo modelo de vida nos impone. ¿Acaso no sería esta nuestra encerrona actual?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-43ff91841d325b085b54d2b6c5ea1a1c wp-block-paragraph">La figura del <em>zombi hiperactivo</em>, propuesta por Suely Rolnik, nombra una forma de vida en la que perdemos la posibilidad de escuchar el saber que tienen los afectos en el cuerpo: eso que nos inquieta, nos moviliza y nos pide una transformación. Y, sin embargo, seguimos compulsados permanentemente a producir, rendir y adaptarnos, como si no pudiéramos detenernos nunca. Entonces, no se puede parar de trabajar. No se puede parar de hacer cuentas. No se puede parar de pensar. Pero tampoco se puede parar de estar <em>angustiada por la guita, por la situación social, por la gente que tenemos alrededor</em>, y con la sensación de que no podemos hacer nada más que seguir<em>. </em>Dice Rolnik, vidas anestesiadas. Yo diría: no anestesiadas en nuestra posibilidad de sentir, sino todo lo contrario. Tan afectadxs, con tanto dolor, que no se puede hacer de eso una singularidad para leer y escuchar. Y quizás también porque circulan, cada vez con más frecuencia, discursos que desacreditan este saber del cuerpo en su dimensión sensible y vibrátil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd81dc10c58c75ba4cdeeaff7d525bb1 wp-block-paragraph">Frente a la encerrona trágica del malestar, a la sensación de impotencia, a la experiencia de que no hay salida, quizás haya que volver a reorientarse por la potencia de la plasticidad de la libido y la fuerza creativa que abre el deseo. Escuchar ahí donde algo está llamando a que se abra. Entonces, elogio al síntoma, al afecto que interrumpe el poder, al inconsciente, al delirio, al sueño, a Eros. No como falta ni como patología, sino como portal. Una reorientación hacia la vitalidad.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a67e97d365810d9d3e029eed9790ee6f wp-block-paragraph">24 de octubre de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://www.agenciapacourondo.com.ar/sites/www.agenciapacourondo.com.ar/files/styles/secciones/public/2023-09/foto%20sofi%20horizontal%201.jpg?itok=9EtpLZ2v" alt="" style="aspect-ratio:1;object-fit:cover;width:186px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4993fc6eb449c24f671cd09d0317fa5a wp-block-paragraph">*Psicóloga.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a17f0c610d1b6c643abe513f0e7bf908 wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>,&nbsp;<strong>$10.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$15.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>
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