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	<title>Sinceramente archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Sinceramente archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Y de pronto apareció el libro de Cristina &#8211; Por Jorge Giles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Apr 2019 18:41:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Jorge Giles]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La principal líder opositora a la versión más cruel y perversa de las clases dominantes, Cristina Fernández de Kirchner, lanza su libro titulado Sinceramente y dice cosas en un tono agudo y grave al mismo tiempo, y emerge del silencio con un libro, no con la blasfemia de los que nada bueno ni bello tienen por decir.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La principal líder opositora a la versión más cruel y perversa de las clases dominantes, Cristina Fernández de Kirchner, lanza su libro titulado </strong></em><strong>Sinceramente</strong> <em><strong>y dice cosas en un tono agudo y grave al mismo tiempo, y emerge del silencio con un libro, no con la blasfemia de los que nada bueno ni bello tienen por decir.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Giles*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La historia sigue gustando de las paradojas y de los contrastes nítidos y de los tonos  fuertes sobre una paleta multicolor, cuando se trata de ordenar la vida. Cada cosa en su lugar, diría mi madre en la sobremesa familiar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y para saber dónde queda el lugar que corresponde a cada cosa, hay que nombrarlas y mostrarlas cómo son y quiénes son las personas que las portan y los colores que identifican a esas cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estoy hablando del escenario político desde la piel del día, de este día y de cada día de este bendito país al que la guadaña de Macri y el mejor equipo de los CEOs del poder dominante, pretendió borrarle con un decretazo, 80 años de historia.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estoy hablando de la represión policial sobre los trabajadores y trabajadoras que apenas fueron a pedir por sus empleos y salarios de hambre frente al ministerio de la señora Stanley. Cada cosa en su lugar, la cabeza y la espalda del compañero se corresponde con ese garrote del señor policía de la ciudad. Y los panes caseros y el mate cocido que repartía subversivamente la compañera del comedor popular, se corresponden con el furgón blindado de la autoridad pertinente, según manda el protocolo de buenas conductas y costumbres del palacio de gobierno que ordena el tránsito en las calles aseadas para que la doña pasee al perrito por las tardes, antes que la chusma acomode su osamenta para pasar la noche a la intemperie.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estoy hablando del presidente que descarga su odio de clase acaranchada contra los trabajadores y las trabajadoras de Aerolíneas Argentinas, nuestra línea de bandera, total qué te voy a cobrar, apenas un aviso publicitario en favor de las empresas piratas que vuelan a bajo precio, a baja altura, a baja garantía de resguardar tu vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para ellos, vale todo a la hora de trazar la línea que separa a los que se creen hijos putativos de la década infame, con la plebe peronista y mugrienta que vino después;  como cuando la misma tierra que sobre el final de la era Mesozoica hizo brotar el cordón de los Andes y acomodó los ríos y los mares sobre la superficie, así hizo brotar miles de siglos después el cordón industrial y el consumo popular y la soberanía como manda la genética de esta nación cuando se formó como tal. Recuerden que la industria nacional nació en Santiago del Estero, no en Puerto Madero. Brotando desde abajo, siempre brotando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y fue desde ese cordón de industrias que la plebe, cabecita negra, quiso que se fundara a Perón, Evita y al peronismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la vereda opuesta de esa grieta que delimita el sentido de los vientos de la redistribución de la riqueza, demostró Carrió que para ellos vale todo. “Gracias a dios, la muerte”, dijo en Córdoba, masticando cada sílaba y remachando cada palabra, la co-fundadora de Cambiemos, la patroncita de la República, la odiadora serial de la Argentina pre-peronista.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este cuadro de situación conceptual y social, donde los argentinitos y las argentinitas de nuestros barrios humildes se mueren de pan y de tristezas y porque en lugar de juguetes tienen un carro para acumular cartones, en este cuadro de tanto odio cayendo desde las alturas del poder como lluvia ácida y como glifosato quemando la flor y la hierba y la liebre y el patio de la escuela, en este cuadro desolador, de pronto se anuncia y es un rumor que crece desde el pie para convertirse en un viento suave y sanador, que Cristina Fernández de Kirchner, lanza su libro titulado <strong><em>Sinceramente</em></strong> y dice cosas en un tono agudo y grave al mismo tiempo y vos te preguntas: ¿justo ahora saca un libro?.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">He allí la magia de vivir aquí, donde hasta la sorpresa es peronista.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Está por suceder en esta Argentina que niega la oligarquía violenta: la principal líder opositora a la versión más cruel y perversa de las clases dominantes, la militante injuriada, la humillada, la que tendría que morir en la hoguera como las brujas que sólo dicen verdades y descreen de las mentiras de los caballeros y las caballeras, la que tendría que pasar en prisión los años de abuela que le quedan, la que fue asaltada en su casa patagónica y en su domicilio de ocasión, la que perdió al marido, a su compañero de vida, a su amigo y amante, a su mitad y todo, la que lloró a quien le mostró que primero estaba la vida de la patria y después, sólo después su propia vida, la que vio enfermar a su hija perseguida y mutilada en las pantallas de los indecentes, la que abrazó a su madre muerta y le juró seguir en pie hasta que no le den los huesos, esa mujer, esa misma, emerge del silencio con un libro, no con la blasfemia de los que nada bueno ni bello tienen por decir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que Octubre siga siendo una cuna de libros, dependerá de nosotros todos, los argentinos y argentinas. Pero si se elige que el odio siga gobernando en nombre del caos refundador de un país vacío de trabajo y chimeneas pujantes, no hay que cambiar nada de nada. Ya están ellos, los odiadores, en la Casa Rosada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ojalá el amor nos alumbre, como el faro que es, para llegar a la costa y no encallar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ojalá este libro sirva para eso, para seguir navegando, libres como el viento. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 24 de abril de 2019</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Poeta, escritor y periodista. Ex director del museo Malvinas</span></em></p>
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		<title>Un libro ejemplar &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2019 23:03:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El autor de este artículo sostiene  que la singularidad ejemplar del libro de Cristina Fernández de Kirchner pasa por lo que habilita la escritura misma como práctica efectiva en la formación del sujeto, al salir </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/un-libro-ejemplar-por-roque-farran/">Un libro ejemplar &#8211; Por Roque Farrán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El autor de este artículo sostiene  que la singularidad ejemplar del libro de Cristina Fernández de Kirchner pasa por lo que habilita la escritura misma como práctica efectiva en la formación del sujeto, al salir del enloquecedor discurso corriente en el que se mueven habitualmente los medios.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo pensar lo que nos une y articula sin presuponer ninguna idea o fin trascendente? Spinoza, el gran pensador materialista y racionalista, nos dio una respuesta: causalidad inmanente. El efecto está en su causa, como el pez en el agua; las leyes y el orden simbólico no se imponen desde una exterioridad trascendental, en tanto mandatos o mandamientos superiores que repetimos como loros; al contrario, nos causan, encausan, afectan y constituyen siempre junto a otros. El gran Otro donde somos, como dicen los lacanianos, está tachado: es inconsistente o incompleto, pero quien “hace las veces de su representante” nos permite investirnos libidinalmente y hacer lazo en común. Es una operación mucho más material y afectiva que las cadenas de equivalencia laclausianas. Algo de esa inmanencia causal me ha suscitado la lectura del sorpresivo libro de Cristina y sus efectos multiplicados en cadena, en redes, en nodos. En las largas colas de espera en librerías y nuevas tiradas de libros y pedidos y compras entre varios porque la plata no alcanza pero el deseo de ser parte y tener una parte de esa escritura histórica contagia. ¿Qué van a encontrar allí? Cada quien según su deseo. Una sabiduría práctica y deseante, en esencia ético-política, que no constituye doctrina sino que invita a ser leída en el mismo gesto singular de su escritura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Sinceramente</em> me interrogaba el silencio y la cautela de Cristina durante estos años. Hoy lo sabemos -porque nos lo cuenta al contar<em>se</em>&#8211; y no podemos dejar de conmovernos en esta suerte de comunión espiritual y reflexiva de efectos de lectura compartidos que propicia: <em>escribía de sí</em> (y de nosotros). Foucault es quien ha resaltado la función de la “escritura de sí” en la constitución <em>ethopiética</em> del sujeto. Qué género extraño esta escritura de múltiples registros tramados con su inconfundible voz, escritura de una expresidenta que -lejos de la solemnidad y el aburrimiento habitual en este tipo de libros- nos llega, nos interpela, nos moviliza. Entusiasma. Sin dudas marca un antes y un después, resignifica el tiempo y su cesura: es lo que define un acontecimiento singular. Y sin dudas habrá consecuencias también, en función de ese gesto imprevisto, respecto a la verdad en juego. La verdad en tanto agujerea los saberes disponibles, como dice Badiou siguiendo a Lacan, e interpela a los sujetos a constituirse a sí mismos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El periodista Mario Wainfeld, inspirado en una lectura rápida y a sobrevuelo del libro de Cristina (nos lo advierte en la nota <a style="color: #000000;" href="https://www.pagina12.com.ar/190375-la-semana-del-libro">https://www.pagina12.com.ar/190375-la-semana-del-libro</a>), vuelve a remarcar en cambio lo que todos sabemos: que los indudables logros históricos de los gobiernos peronistas y kirchneristas pasan por el orden y el funcionamiento básico de la sociedad en su conjunto; y señala entonces que habría que rescatar los hechos y no los discursos. Lo que cuesta entender, por derecha y por izquierda, es que el desfasaje irreductible entre la práctica ideológica-discursiva y las demás prácticas políticas, económicas y jurídicas de gobierno se debe a la singularidad de nuestra nación y sus contradicciones inmanentes (otras naciones tendrán sus contradicciones y desfasajes irreductibles, no idealizo ninguna): ser revolucionario en Argentina es tratar de sostener un “país normal” (como decía Néstor); de ahí que inevitablemente la “verba se inflame” al buscar interpelar los sujetos de eso que parece realmente un imposible (un “sueño”).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, algo de ese “verbo inflamado” del discurso militante se ha sosegado y mejorado con la escritura. Además del hablar franco y directo, del coraje de la verdad que habitualmente sostiene Cristina en sus exposiciones, la práctica reflexiva de la escritura ha habilitado otras cosas. Sostengo entonces que la singularidad ejemplar del libro de Cristina, un acontecimiento discursivo ético-político con todas las letras, pasa por lo que habilita la escritura misma como práctica efectiva en la formación del sujeto (no importa si el registro es oral, si hay repeticiones, la autorreferencia, etc.): una constitución de sí en relación a los otros que da templanza, fuerza sosegada y afectos alegres, al salir del enloquecedor discurso corriente en el que se mueven habitualmente los medios y sus cronistas. En ese sentido, tampoco hay una moderación o atenuación del discurso, sino más bien un cambio de registro; o mejor aún: un anudamiento de múltiples registros en un tiempo singular. Allí, podemos decir, algo se ha aprehendido efectivamente y, sin dudas, nos puede hacer -volver- mejores. Lo cual, al contrario de lo que opina el cronista y otros especialistas en política, pienso que sí puede interpelar a los indecisos desde un lugar distinto; sin garantías, por supuesto. En cambio, si se espera que desde la misma lógica de la pragmática político-comunicacional que nos sumerge en los peores afectos surja una posibilidad de interpelación distinta, entonces sí estamos absolutamente perdidos. Por fortuna y necesidad la causa del deseo que nos moviliza efectivamente no pasa por ahí, y el kirchenrismo se ha constituido en buena medida por la producción de gestos imprevistos. El saber hacer político, no obstante, opera secundariamente en función del deseo expuesto.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 2 de mayo de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Investigador Adjunto (CONICET). Miembro del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-UNC-CONICET)</em></span></p>
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		<title>Los Heraldos Negros &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 May 2019 20:44:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio González realiza en esta nota una aguda lectura del libro escrito por Cristina Fernández de Kirchner, Sinceramente, y de su presentación en la Feria del Libro. González afirma que el libro tiene un sentido viviente para colocar un texto escrito con diversos planos de tensión en una conciencia lectora que se supere a sí misma en el acto de hacer ingresar el libro en la promesa de que una comunidad de lectores recree una comunidad política.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Horacio González realiza en esta nota una aguda lectura del libro escrito por Cristina Fernández de Kirchner, </strong></em><strong>Sinceramente</strong><em><strong>, y de su presentación en la Feria del Libro. González afirma que el libro tiene un sentido viviente para colocar un texto escrito con diversos planos de tensión en una conciencia lectora que se supere a sí misma en el acto de hacer ingresar el libro en la promesa de que una comunidad de lectores recree una comunidad política.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horaco González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>I</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se puede decir que Cristina no haya leído durante su largo ciclo político todo lo que se ha dicho sobre ella. Las impresiones y flujos dictados por la desmesura le llegan, aunque sea como una saeta demorada, como los rayos de luz con que nos fulminan las estrellas luego de millones de años. Simplemente, vive y vivió en la atmósfera que se ha creado en la Argentina de imprecaciones fastuosas, grúas excavadoras y palabras habituales recubiertas de ponzoña, “cuadernos”, “ruta del dinero”. Como una dedicada coleccionista, archivista y catalogadora, agrupó los vituperios recurrentes con que los medios de comunicación la convirtieron en la encarnación de una malignidad inviable, o de gestos de vulgaridad que si no acudían al kitsch, se sumergían en una hoguera de vanidades.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los responde ahora con serenidad -que es la virtud anímica sin la cual la sinceridad se manca- en un libro que no parece en principio tener ese sentido de reposición urgente de una verdad, que no es un artificio filosófico, sino de contener hechos relatados con la amenidad ya sosegada de quien teje sus recuerdos, con cierta indulgencia hacia sí y hacia los demás. ¿No hay entonces polémica? Por el contrario, encontramos aquí la forma más incisiva de la polémica, entre la verosimilitud muy explorada y el sarcasmo como jabalina bien lanzada. El libro tiene un sentido viviente -lo que en ciertos momentos rudos de la historia se llamó un “libro viviente”-, para colocar un texto escrito con diversos planos de tensión -la espera de lo cotidiano, la aparente simpleza de los conflictos políticos- en una conciencia lectora que se supere a sí misma en el acto de hacer ingresar a sus intereses políticos. El interés superior del sosiego reflexivo y la promesa de que una comunidad de lectores recree una comunidad política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es “Mi defensa”, como el que escribió Sarmiento en Chile cuando se sintió agredido por un raro asunto que sin embargo traía sustancia política. Los conocidos libros de Perón “Quiénes cuándo y por qué me derrocaron” y “Del poder al exilio”, entre otros, tienen también el tinte inequívoco de una defensa del hombre ulcerado por calumnias que la prensa del momento convertía en unánimes arquetipos. Quedó uno de ellos, muy elocuente, el de tirano prófugo, composición pegadiza y bien lograda, en tanto conseguía de un chicotazo difamar su sistema político y su condición de hombre cabal. Tampoco es <em>La Razón de mi vida</em>, donde proliferaban los énfasis de una primera persona muy trabada por la pluma oficiosa de un experto periodista, que no obstante representaba con fidelidad la voz y la dicción sentimental de Evita (y muy encendida, pues jugaba con una forma espiritual compuesta de obstinación y exaltados fraseos). Por fin, nada que ver con los volúmenes del venerable doctor Repetto, que pensando en una historia marmórea escribió “Mi paso por la política”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La diferencia está referida al tenor de la defensa y a la tensión que introduce el escrito, donde de modo inconfundible se percibe ese resuello conversacional de Cristina Fernández. El libro es fiel a su locuacidad y a la estilística de su dicción espontánea, también a la manufactura regulada de sus escritos, donde el repentismo de un sarcástico estilete deja todo al borde de un precipicio, que la intención literal proclama querer evitar. Aunque probablemente en la revisión del libro, como es obvio, una mano unificadora final, quizás la de ella misma, haya congregado notas emanadas de grabaciones previas. Animando ciertos parágrafos aparece el cáustico asombro de la autora por aquello de lo que se torna evidente tontería o irremediable necedad, “Mamma mía”, “Por la Virgen”, y otras exclamaciones inscriptas en los rasgos de todo coloquialismo que fluye, como lo que el general Mansilla llamaba “entre nos”, el mayor ejemplo de que la espada vale más como pluma, pues esta sabe el valor de la melancolía. Pero el escrito de Cristina no son “causeries” -aviso rápido: no pretendemos comparaciones improcedentes-, pues en él no esgrime melancolía, excepto por cáusticos goteos, aunque por momentos hay fricciones casuales con ese género perdurable. El de la elegante y discreta confesión, un síntoma que nos llevaría, si quisiéramos, a crear un nuevo estilo moral. Si en el libro de Cristina no existieran esos minués desenfadados del lenguaje diario, no habría ornamentos propios de su conocida y traviesa idiosincrasia, en páginas que entonces asemejarían las de un informe institucional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero en verdad es un escrito que a propósito de enumerar momentos biográficos, cuestiones de gobierno, informes de actos políticos, razonamientos sobre decisiones fundamentales que marcan los típicos debates en los horizontes de un gobierno, sabrá deslizar como si se usufructuarse al máximo el poder de las entrelíneas, una serie de justificaciones y alegatos respecto a temas que estallaron en la opinión pública. Y lo hicieron como obuses de alto calibre salidos de las humeantes bocas de la prensa y la televisión opositora en campaña. Sabemos del encarnizamiento y la demasía con que estos proyectiles fueron lanzados. Cristina aprovecha muchas entrelíneas e intercalaciones, como si no los considerase tema principal, para aludir al caso Ciccone y presentar una visión atinada de Boudou -una reivindicación de hecho, aunque no está presentada de ese modo-, o una explicación sensata y atendible de las contrataciones del Estado en referencia al saber que sobre ellas poseen empresas como las de los Roca, establecidas en el país desde 1904.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A Kirchner lo define como un estratega, con lo que se supone que quiere significar el conjunto de las dimensiones que implican al político, el interés y la decisión sobre cualquier tema, sin ninguna exclusión, pues lo estratégico es la percepción de la acción sobre cualquier campo de significaciones. No obstante, esta observación sobre su compañero tiene en Cristina una restricción: ser estratega abarca específicamente las construcciones políticas, con sus tensiones, acuerdos y promesas, pero no las actividades que se suponen propias de una movilización cultural, simbólica o memorialista. El caso es que Cristina propone el Bicentenario como una gran movilización de la memoria pública del país a través de escenografías alusivas y alegorías novedosas, fuertemente dramatizadas, y Kirchner se muestra escéptico. Lo suyo es cuidar de la frágil estabilidad de las alianzas. La figura de Kirchner aparece de varias maneras, en primer lugar, como un nombre que a ella le punza la nostalgia permanente y permite reflexiones comparativas, “que hubiera hecho él”, y otras de ese tenor. El reborde místico que se percibía en las primeras menciones luego de su fallecimiento, ha cedido ahora el lugar a una memoria contenida, en la que el recuerdo juga un papel de sobriedad, los pinceles austeros con los que se presenta al presidente fallecido no impiden reconocer el profundo papel histórico que ha jugado y a la vez su nombre es evocado como el del político que queda totalmente absorbido por su pasión.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://cdn.tn.com.ar/sites/default/files/styles/1366x765/public/2019/04/25/cristinakirchner.jpg" alt="Resultado de imagen para cfk en la feria del libro" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>II</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cristina emplea, notoriamente, un presente escritural constante, un “ahora” imaginario, desde el cual se despliega una memoria. “Mientras escribo esto y me acuerdo de aquellas imágenes tan fuertes, no puedo dejar de pensar ¡que nos pasó a los argentinos que hace más de cuatro años estábamos lanzando satélites al espacio y ahora estamos de vuelta en el Fondo Monetario internacional! ¡Mi Dios!”. La exclamación final, desde luego, significa una cosa si es escrita y otra si es murmurada. Nunca es fácil invocar esas fintas de asombro donde se trae al nombre divino, si no es con una voz baja o un susurro que indique más una estupefacción sobre un hecho anómalo, que una imploración siguiendo liturgias conocidas. Hay que decir que Cristina pone a su propio escrito en situaciones muy limítrofes, menos desde el punto de vista político, que experiencial (el de la comunicación sensible de los hechos pasados y su juicio sobre ellos, que instala problemas y satisface curiosidades varias).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las exclamaciones con juramentos de asombro o estupor, reforzando la comparación irónica, como mucho señalaron abundan en el libro. Son, diríamos, una de las marcas del libro. Pero el “mientras escribo esto” reina también de un modo constante. Rememora quien escribe, se escribe rememorando. Y la escritura se recrea en un tiempo presente deliberado. Entonces menudean también indicaciones sobre la relación entre el tiempo de la escritura y los eventos políticos públicos. “Comienzo a escribir este capítulo en el Calafate, luego del último discurso de Macri en la Asamblea legislativa”. El texto se cierra, desde el punto de vista de los hechos considerados, poco antes de su publicación. Cristina se instituye en una voz de la conciencia paralela, crítica y cuidadosamente autobiográfica, de lo que va ocurriendo en tiempo presente en un país “circular”. Alude con esta expresión a la persistencia de ciertos problemas recurrentes que impiden, con su llamado al retroceso, la recuperación de la nación trayendo en cada ciclo de penumbras, los mismos planes neoliberales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El privilegio a la escritura en simultaneidad con esos eventos que van emergiendo de la maraña política nacional, le da un especial tinte de verosimilitud, que sin duda puede ser atacado como un artificio más, y que sin embargo hace a la originalidad de un libro político que no es enteramente una memoria ni un programa. Es una saltarina meditación que dice lo profundo, pero con estilo templado, y se entrega a ciertas hipérboles solo cuando lo que está en juego son los actos para levantar las acusaciones más banales (no por eso menos graves) que ha recibido. Ciertamente, ésta es una de las formas de crear lo verosímil, por lo tanto, no se trata de espontaneidad sino de un logro de la presentación del escrito a través del anclaje temporal de la escritura, el “memento”. Que por otro lado se destaca por decir cosas fundamentales en un tono de acotación rápida, por ejemplo, “peronismo o kirchnerismo -como más les guste”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta última marcación que toma con cierta indiferencia estas dos expresiones, deja en suspenso un tema crucial, que en el fondo es uno de los temas que recorre sigilosamente el libro. La reivindicación del kirchnerismo en lo específico, o esto mismo englobado en “los 70 años”, cifra que esgrimió Macri para abjurar de la historia argentina con todos sus bajorrelieves y alternativas, con lo cual los tramos de los gobiernos de Néstor y Cristina deben considerarse como indistinguibles, de forma y de fondo, respecto del largo ciclo que comienza en el 45. Lo que no carece de implicancias sombrías en la formación de un nuevo frente patriótico, ciudadano “o como haya que llamarlo”.  Precisamente esta expresión, “o como se lo llame” indica cosas problemáticas; primero, que los nombres están en estado flotante, no fijo, y segundo, que hay que elegir, pues el ramillete que se ofrece no es una cadena de equivalentes, como hubiera preferido nuestro amigo Ernesto Laclau. He allí un dilema, un arduo debate.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por otra parte, el libro pareciera estar escrito como si fuera una declaración ante un tipo especial de fiscalía, la del pueblo argentino. Por ello, debemos detenernos un momento en el “Sinceramente” del título, expresión que se reitera en el fraseo de Cristina, no siempre en el mismo sentido, pero en lo sustancial, para expresar una extrañeza, una turbación por algún caso absurdo específico. “Sinceramente, es muy preocupante el factor Clarín en la Argentina”. Lo sincero es aquí reconocer un enunciado de carácter grave. Es decir, la centralidad de Clarín -con los mismos años del peronismo, acota, pues  se fundó en el 44-, merece un análisis severo; aquí la sinceridad es una llamado especifico por no dejar de atender la Ley de Medios, de la que Cristina hace una gran defensa, sin perjuicio de que en ciertas reuniones en Olivos le dice a Magnetto “Héctor”, aclaración que ella misma hace, pues el libro puede verse también como un acta vertiginosa de reuniones en salones cerrados, con pinceladas muy vivaces en la descripción de los personajes. El mismo Magnetto aparece emitiendo su voz con un aparato de amplificación, luego de una operación. Todo tiene soportes de un relato totalmente ajeno a frialdades enumerativas o cómputos de realizaciones gubernamentales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando las tiene, no las despoja de una pizca de ironía contra el gobierno actual, que percibe bajo los anteojos de aumento de la corrupción todo lo que la autora del libro hace descender del reino neblinoso donde imperan los demonios, sacándolo de allí para dar explicaciones precisas sobre licitaciones, contratos e inversiones, con el sesgo comparativo por el que resulta sumamente favorecido el gobierno anterior ante la actual publicidad del “juntos lo hicimos”. Se dirá que no podría ser de otra manera. Pero el esfuerzo para penetrar e interrogar inteligentemente la maquinaria publicística del macrismo, inspirada en adoquines expresivos que excavaron la conciencia pública, hacía necesario producir indagaciones de sus montajes hipnóticos e ilusionistas. Véase ese “juntos”. Frase que perfectamente entra en la galería caliginosa de las afirmaciones que crean una unidad fantasmal. Un “juntos” que no existe en ningún lado, que banaliza las formas de decisión, que engaña sobre los conglomerados sociales, que falsifica las formas reales de participación y usurpa las condiciones en que la vida popular crea consensos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay otros “sinceramente” que también dan idea del fragor de la historia, estableciendo ciertas diferencias donde la tapa del libro, con su caligrafía manual, sugiere intimismo o confidencia. Cuando la autora del libro exclama “¡sinceramente!”, es una búsqueda de comprensión de su lector respecto a alguna de las infamias que debe comentar. El gobierno de Cristina y de Néstor son los que más hicieron para esclarecer el atentado a la AMIA, y paradójicamente el más acusado -por las maniobras bien conocidas-, de tener responsabilidad en el suicidio de Nisman, que era más que nada un impedimento antes que un facilitador de cualquier esclarecimiento. Ante esta fiera paradoja, como quien no necesita más pruebas de lo aciago de la situiación que le tocó vivir, Cristina lanza un <em>sinceramente</em>, que equivale a “no me vengan más con estas arbitrariedades y atropellos”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parece obvio decir que esta escritura cuenta con apuntes previos, búsqueda de archivos, tramos grabados y desgrabados. No es una autobiografía ni la propuesta de un proyecto nacional, pero aceptando que algo de todo eso tiene, es más bien una reseña de tiempos yuxtapuestos de una vida que se explica a sí misma y levanta con elegancia y no sin enojo contenido -virtud máxima de los antiguos-, las sórdidas acusaciones que la rodean desde hace tiempo. Su humor ácido está siempre presente y la idea de lo religioso -puesto que establece que lo irracional viene de otra fuente que la que origina el temperamento religioso-, se parece a la única cita literaria que tiene cuerpo en el libro, la de Vallejo. Es cierto que hay referencias diversas a fórmulas culturales bien conocidas, el psicoanálisis, la historia, a la tecnología, pero resalta el encabezamiento del capítulo 6, correspondiente a su segundo gobierno. Es una conocida cita de <em>Los Heraldos Negros</em> de César Vallejo. “Hay golpes tan fuertes en la vida, yo no sé”. El amplio círculo de que trata va desde <em>Los Heraldos Negros</em> al <em>Contrato Social</em>. Citas de libros. No sin consecuencias; son alusiones indirectas a las amenazas a la vida pública y a las conciencias íntimas por parte de las corporaciones, y luego una invitación a pensar en ensambles sociales y productivos viables para el país, amparado por una insignia roussoniana, aunque no haya sido ese el propósito.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El contrato que aquí se menta es uno de la clase de los del “bien común”, quizás más en la línea de John Rawls, el autor de <em>“Teoría de la Justicia</em>”, antes que de Rousseau. Digo esto a modo de desafío, porque un deseable e hipotético gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, exigirá romper con ciertas fórmulas de creencias antipáticas a tipos de acuerdos tradicionalmente problemáticos. Por eso, ante las enormes dificultades, esas cenizas y detritus de la sociedad que dejará el macrismo, sin duda aparecerán tratamientos cuidadosos que supongan revisar textos e inventar nuevas compatibilidades, que desde luego no abandonen las cargas heroicas que siempre están implícitas en la tarea política. En las entrelíneas del discurso de Cristina en la Feria del Libro, todo esto se hallaba en las poderosas interposiciones, incluso en cuanto a las ejemplificaciones que podrían arrojar más perplejidades. Y sobre todo en la ironía final sobre el mercado interno norteamericano. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La vida íntima, matrimonial, la relación con los hijos, merece una atención especial. Los hijos son una voz casi casual e inesperada, pero decisivos en la escucha de la ex presidenta. En los escaños más internos del anecdotario extenso de Cristina, se podrían ver los hilos más delicados de las relaciones de pareja; en el libro están contemplados todos los nudos que se encuentran en infinidad de relatos y filmes sobre el tema. Cuando se indaga en las ataduras y dilemas que se producen sin que los sujetos involucrados las perciban, las relaciones de pareja aparecen bajo otra luz. Pero el propósito de Cristina es contar su vida de pareja con un toque, primero, que la alivie de la condición de “pacto político” con que a veces se la ha interpretado, y segundo, poner el tema político que agregue al matrimonio como un tejido de problemas que nunca dejan de causar tensión, antes que como un secreto burgués ostensiblemente sofocado.  Efectivamente, en el estilo de Cristina, esos golpes fuertes que una conciencia puede recibir e ignorar, que son golpes provenientes de incógnitos dioses biliosos, y que “empozan el alma”, son acontecimientos aciagos que se tratan al conjuro de ese sarcasmo del que hizo gala casi siempre en sus discursos públicos. Informada de todo, responde a los golpes oscuros que se alojan como “resaca de lo sufrido” y provocan la angustia de quien quiere determinar porque fue objeto de tales castigos. Cristina no deja de atender esos reclamos que le dicta una conciencia agraviada, pero sabe que fue atacada por las maneras firmes que tuvo su gobierno de tratar a los poderosos que históricamente gobernaron la argentina.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://elretratodehoy.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/cris-1.jpg" alt="Imagen relacionada" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que Cristina nunca se haya manifestado anticapitalista pero que haya sido cuestionada por sus reformas del modelo de complicidad corporativa en la justicia, los medios de comunicación y el empresariado, tosco en su sed de poderes y ganancias, es motivo de su reflexión animada y de sus hallazgos paradojales; asimismo, de sus exclamaciones provenientes del estrato del habla más popular. “Toma mate y chocolate”. No escapará a que le digan pretenciosa y vanidosa, soberbia o inexacta. Ya se lo están diciendo. Pero la política argentina en toda su extensión acusó el golpe de este libro, inusual entre los protagonistas de una cultura cívica en donde pocos leen, pocos atienden a un horizonte mayor que la rosca inmediata, pues esta sí es una política que “empoza el alma” y es preciso rehacer. Porque nuevamente, aunque la historia que se quiere y no debe ser cíclica, estamos ante nombres que deberán ser invocados, o ante aquellos otros, que ligados a una memoria que sigue viva, deberán mostrar nuevamente su rostro. Un libro obliga. Pero la obligación viene de antes, es una vena que está abierta desde siempre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo esto quedó demostrado en la presentación -inhabitual- del libro en la Feria. Para un ministro del gobierno se trató de un acontecimiento escasamente pluralista. Otros gramáticos de la Televisión dijeron que los adverbios terminados en mente ya están fuera de moda. Lo habría dicho García Márquez. Sería necesario revisar Cien años de soledad. Se los encontrará muchas veces, incluso allí también saldría al paso la expresión “simplemente”. Y si se extiende más la memoria, podemos situarnos en los tiempos en que Macri, como Intendente de la ciudad, daba sus discursos de apertura en esa misma Feria. Una mezcla de torpes balbuceos, fraseos haraganes y deshilachados, desinterés de un ignaro sobre el acontecimiento en que participaba, totalmente en ayunas sobre lo que es la Feria, cuyo antecedente se remonta al presidente Alvear, que la inauguró en 1928 en el hall del Teatro Cervantes. Esto en cuanto a la orfandad de Macri, en cuanto a otros de sus funcionarios, es extraño que alguien que pasó por la casa Random se muestre ofendido por la “politización de la Feria”, pues esta misma editora internacional es el sello editorial de “Simplemente”. Más pluralismo imposible, al punto que no está demás considerar si el libro, que, en tanto tal, se mostró como un evento de fuerte excepcionalidad por sí mismo (circulación, tiraje, interpretaciones, nexo explícito con la política y a la vez escritura analizable en su singularidad), no se hubiera podido editar por una editora del ámbito específico de la cultura argentina, no vinculada a las grandes corporaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo lo ocurrido, pues, está repleto de señales. Su abundancia está en proporcionada relación con lo que podemos considerar la realidad del secreto o de lo sigiloso. El secreto mayor no pertenece a ningún ánimo conspirativo. En el acto se cantó por la asunción por parte de Cristina de su candidatura presidencial. La autora del libro calló. El público, aquí eran militantes y figuras notorias de la política, al mismo tiempo constituidos en grupo actuante a través de un libro. Que no es la Biblia ni el Corán, es claro, pero no era necesario aclararlo, si no se quería despertar la crítica premoldeada por los que ven ínfulas faraónicas, en vez de percibir el filo desafiante de las asociaciones irónicas a las que la ex presidenta se entrega, muchas veces con resultados impronosticables.  Ahora se le pedía retirar la partícula “ex”. Por cierto, este hecho político y a la vez actuante en el seno de las reglas idiomáticas, no será fácil. De ahí que lo que parece un culto del secreto es un modo de navegar en un océano de amenazas. Pero los lectores de la Feria que asistieron al acto, habían “leído” -como se dice a veces en tanto sinónimo de lo que es una interpretación-, que en los duros días por venir, sin duda Cristina tomará la decisión de su candidatura, colmando sí las expectativas que entre otras tantas cosas, ha provocado un libro.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 11 de mayo de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Sociólogo, escritor y ensayista. Ex Director de la Biblioteca Nacional. Director de la filial argentina del Fondo de Cultura Económica.</em></span></p>
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		<title>El nombre de la Yegua &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 May 2019 21:55:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El anuncio de la fórmula Fernández-Fernández puede entenderse como un acto en sí mismo, un acto que sin dudas contiene una potencia instituyente, sostiene Sebastián Plut en este artículo. Y agrega que si como sostiene Freud, gobernar es un imposible, esta nota intenta comprender esa imposibilidad como la imposibilidad de reproducir lo que fue, de una identidad con el pasado, pero que, al mismo tiempo, abre el futuro posible. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-nombre-de-la-yegua-por-sebastian-plut/">El nombre de la Yegua &#8211; Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El anuncio de la fórmula Fernández-Fernández puede entenderse como un acto en sí mismo, un acto que sin dudas contiene una potencia instituyente, sostiene Sebastián Plut en este artículo. Y agrega que si como sostiene Freud, gobernar es un imposible, esta nota intenta comprender esa imposibilidad como la imposibilidad de reproducir lo que fue, de una identidad con el pasado, pero que, al mismo tiempo, abre el futuro posible. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“La rosa es una figura simbólica tan densa que, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>por tener tantos significados, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>ya casi los ha perdido todos… </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Así, el lector quedaba con razón desorientado, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>no podía escoger tal o cual interpretación”</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Umberto Eco</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todavía nos encontrábamos bajo el impacto del libro, <em>Sinceramente</em>, reflexionado sobre su contenido, su oportunidad y sus múltiples efectos, cuando nos anoticiamos de la fórmula ideada de cara a la próxima elección presidencial: Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aún faltan unos cinco meses para la votación, lapso que en Argentina y en materia política se acerca a la eternidad, de modo que nada está cerrado. Habrá que atravesar todavía las PASO y luego la elección. Finalmente, y para el caso de resultar triunfante el binomio de los Fernández, no podemos, por el momento, anticipar sus consecuencias. Se sabe, en política juegan fuerte las tradiciones, los planes y objetivos previstos, los actores participantes, pero también las contingencias y lo impredecible.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pese a ello o, quizá, por lo mismo, el libro y la fórmula configuran ricas escenas, por lo que evocan y también por constituirse, en sí mismos, en acontecimientos no esperados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En medio no sólo de la debacle económica nacional a la que nos condujo el Gobierno de Cambiemos, sino también de la marea de odio y del páramo intelectual al que nos someten sus funcionarios y sus socios mediáticos y judiciales, se eleva la trascendencia de dos sucesos que estimulan nuestras mentes y que abren y proyectan horizontes diversos y posibles. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El viernes 10 de mayo, al día siguiente en que CFK presentara su texto en la Feria del Libro, comenté mis impresiones en el programa radial <em>El tren </em>(de Radio Cooperativa) al que generosamente me invitaron Hugo Presman y Gerardo Yomal. Allí mencioné no solo el profundo sentido que tiene ver a decenas de miles de personas sonriendo y emocionadas, sino también la importancia de escuchar a una dirigente con ideas y que piensa, que cree en lo que dice y, especialmente, que todo ello supone que valora a los destinatarios de sus palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hubo algo que omití durante el programa de radio, sencillamente porque en ese momento lo había olvidado. Cuando me enteré del libro escrito por CFK, de inmediato evoqué algo que dijo Freud: que la escritura es <em>el lenguaje del ausente </em><a style="color: #000000;" href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a>. Me pregunté, en aquel momento, cuál era la escena de la cual ella se estaba sustrayendo. Desde ya que entonces no logré atinar una respuesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Interpongo aquí una digresión para apuntar unas notas sobre el odio. Se me ocurre que aun con la larga historia del rechazo que, en nuestro país, toma por objeto a lo popular y, más recientemente, la intensidad de los agravios y difamaciones que hace más de 3 años padece CFK, no deberíamos dejar de sorprendernos por ello. No podemos, no debemos, asumir su aparente naturalidad y recoger todo eso con un simple “ya sabemos lo que piensan”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La sola aparición del libro renovó injurias e insultos, calumnias e insidias dijeron presente entre periodistas y comunicadores por todos conocidos. Como es habitual, la banalidad e inconsistencia de sus invectivas no demoraron: desde quien defenestró el libro al tiempo que negaba haberlo leído, hasta quien <em>denunció</em> que, dada la longitud de las uñas de CFK, sería inverosímil creer que ella lo escribió.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estaba más que claro que el libro los sorprendió, quizá también por eso mismo los enfureció más que de costumbre y, por supuesto, no pudieron ofrecer una respuesta o reacción a la altura de la situación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tal vez porque ostentan una falsa y pretenciosa civilidad, tal vez porque disimulan sus afinidades con la dictadura cívico-militar, tal vez sólo por eso, es que renunciaron a proponer una quema pública de los 300.000 ejemplares de <em>Sinceramente</em>. Como sea, eran palmarias las llamaradas que sus gargantas vomitaron durante días y días.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y, tal vez también, como espontáneo gesto defensivo de mi parte, por autopreservación de mi propia mente, es que inadvertidamente reemplacé la asesina banalidad de estos comunicadores por las pugnas entre Guillermo de Baskerville y Jorge de Burgos, los personajes de la hermosa novela <em>El nombre de la rosa</em>, de Umberto Eco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El semiólogo nos llevó de viaje a las inquisiciones medievales, las épocas –supuestamente pasadas- en que para eliminar al otro bastaba con decretar su corrupción, perdón, su herejía. En ese contexto Jorge de Burgos atesoraba y escondía en la laberíntica biblioteca el libro (presuntamente perdido) de Aristóteles sobre la risa, un texto insoportable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gran enigma de la novela, pues, es por qué si abominaba de ese libro, Jorge de Burgos lo conservaba en lugar de destruirlo. De hacerse público el texto, pensaba Jorge, el mundo se destruiría. El final todos lo conocen: fue el mismo Jorge quien al tragar las páginas del libro, se muere por su propio veneno y provoca el incendio que arrasa con la abadía. No soportaba la risa y mucho menos que otros accedieran a ella, la odiaba al tiempo que necesitaba conservar, bajo encierro, a su representante. La circulación del libro, para Jorge de Burgos, provocaría un estallido del orden, una devastación, desenlace al que condujo él mismo en simultáneo con su autodestrucción.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://farmacon.files.wordpress.com/2012/04/ciego1.jpg" alt="Imagen relacionada" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para Guillermo, en cambio, era preciso acceder al libro de un modo reflexivo y crítico, pues aspiraba a un nivel mayor de abstracción, a ideales progresivamente más complejos. Solo por esa vía sería posible hallar soluciones y transacciones entre los problemas que presenta la realidad, las exigencias de la tradición y las necesidades sectoriales. Mientras para Jorge la risa es sólo un asunto del vientre, algo degradado, y el riesgo es que al elevarla se crearía una funesta afinidad entre cultos y aldeanos, para Guillermo era necesaria una mayor complejidad, a través de la cual sería posible establecer afinidades donde otros sólo observan diferencias y, simultáneamente, detectar diferencias donde otros sólo ven identidades. Guillermo de Baskerville decía:<em> “Tal vez la única prueba verdadera de la presencia del diablo fuese la intensidad con que en aquel momento deseaban todos descubrir su presencia” </em><a style="color: #000000;" href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>. Más tardé afirmará: <em>“El bien de un libro consiste en ser leído. Un libro está hecho de signos que hablan de otros signos, que, a su vez, hablan de las cosas. Sin unos ojos que lo lean, un libro contiene signos que no producen conceptos”</em> <a style="color: #000000;" href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volvamos a nuestro presente, si bien, en rigor, nunca dejamos de hablar de él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La mañana de la presentación del libro nos despertamos con una noticia espantosa: un diputado y su asesor fueron asesinados en las cercanías del Congreso de la Nación. Que luego se develara que se trató de un extraño caso policial, no impidió que, previamente, los funcionarios del Gobierno Nacional intentaran, primero, encuadrar el hecho bajo la marca del terrorismo y, luego, no ahorraran penosas estigmatizaciones hacia la comunidad gitana. Digámoslo así: ignorar, razonablemente, de qué se trató un crimen, en ningún caso puede habilitar la falta de prudencia y de las garantías propias del Estado de Derecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para esos días, la agenda oficial pretendía imponer la firma de un <em>acuerdo</em> con dirigentes de la oposición; un acuerdo que contenía un puñado de ítems imposibles de suscribir. Imposible tanto por su contenido como por la falacia de un acuerdo en el que sus cláusulas son impuestas sólo por una de las partes. En suma, lo rechazable no es la posibilidad de conciliaciones, sino la imposición de lo imposible, de lo inadmisible. Y fue la noche de la presentación del libro donde CFK propuso su versión de un pacto: el <em>Contrato social de ciudadanía responsable</em>. No se trata de deponer las diferencias y, de hecho, también sostuvo no ser <em>neutral</em>, así como en su libro afirmó: <em>“No creo en las sociedades de la unanimidad, me daría mucho miedo vivir en una sociedad en la que todos piensen igual”</em> <a style="color: #000000;" href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En rigor, es sólo la sincronía lo que habilita una comparación entre lo que el Gobierno pretendía instalar y la propuesta de CFK. Por lo demás, todo es diferencia. El contrato social no impone un rudimentario sumario de instrucciones para la depredación y, sobre todo, se distingue del acuerdo del Gobierno en tanto apela a una racionalidad no exenta de ternura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El odio que exhiben los funcionarios del Gobierno Nacional, que combina la estigmatización de lo popular, la xenofobia y la misoginia, condena al <em>otro</em> a la desestimación. En efecto, el rechazo reúne, a un mismo tiempo, aborrecer las diferencias, desconocer las semejanzas y, también, atribuirle a ese otro lo que es propio pero se pretende desconocer. El contrato social, en cambio, invita a una elaboración sobre el lugar del otro, el valor de lo colectivo, la recuperación del pasado y la creación de un futuro inclusivo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En suma, no será lo mismo un contrato que me permite cuestionar la cosmovisión del otro, que un acuerdo que cuestione, o niegue, la existencia del otro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Decíamos al comienzo que nada está cerrado ni, mucho menos, garantizado. Como en química, una fórmula contiene algo abstracto hasta el momento en que, por combinaciones diversas, se torna activa. Un sondeo inicial, intuitivo, muestra que entre las críticas, las dudas, la desconfianza y el entusiasmo, prevalece este último. No obstante, cualquiera de estas alternativas es hipotética, anticipatoria y, por ende, a la espera del escrutinio que dan los hechos. Lo que sí está en nuestras manos, lo que sí hoy nos es posible, es ponderar el anuncio de la fórmula como un acto en sí mismo, un acto que sin dudas contiene una potencia instituyente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si como suele decirse, cuanto más calla CFK más se habla de ella, lo inimaginable de la decisión que tomó, operación de auto-sustracción, invita a todo ciudadano responsable a sumarse al contrato social con una fuerza creadora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La sorpresa, para propios y ajenos, no deja de despertar una cierta vivencia de pérdida y, por lo tanto, también invita, de alguna manera, a un duelo. Su renuncia, pues, no se pretende como un acto heroico sino, más bien, como el principio articulador del contrato social de ciudadanía responsable<a style="color: #000000;" href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>, un criterio que se base, pues, en una idea de renuncia. ¿Pero de qué renuncia estamos hablando?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se trata de <em>sacrificios</em> (como impone y naturaliza el neoliberalismo) sino de lo que Freud comprendía como <em>renuncia a la satisfacción irrestricta y al narcisismo</em>. Dicha renuncia es la condición de la justicia y de la comunidad, la condición para la complejización de lo ideales y para asumir una realidad perturbadora: la <em>imposibilidad de que una vivencia permita acceder duraderamente a una felicidad absoluta</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En un mundo que hace marketing con la caída de las ideologías (instalando una ideología de la caída) CFK construye desde la caída de la ilusión de omnipotencia. Y ese es el duelo que debemos realizar, un duelo creativo, un duelo que permita reelaborar y reemplazar simbólicamente lo perdido<a style="color: #000000;" href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>. Su operación no excluye el deseo ni el entusiasmo, pero sí acota el empuje a la fascinación, y si tal cosa siempre es acertada, mucho más ante una realidad dramática, tal como la producida por el Gobierno de Cambiemos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Umberto Eco finaliza su novela con una frase latina: <em>“stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemos”</em>  (“La rosa prístina está en el nombre, sólo tenemos los nombres desnudos”) tomada de otro autor (Bernardo Morliacense) que compuso variaciones sobre el tema del <em>ubi sunt </em>(¿dónde están?). Son textos que rescatan el valor de los nombres como el articulador que permite afirmarse ante la pérdida y el reconocimiento de que el presente ya no coincide con la atmósfera mítica del origen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando con algo de broma, pero a la vez con profundo sentido, se canta que “Macri nunca va a ser remera”, se trata del reverso de esto mismo, de la conciencia de estar frente a un personaje que no opera como representación ni siquiera de sus propios seguidores, de la conciencia del vacío que significa el liderazgo de quien no podrá, nunca, devenir en símbolo cohesionador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud decía que gobernar (así como educar y analizar) es un imposible. Creo que lo explicado hasta aquí es un modo de comprender esa imposibilidad y creo también que la creación de la <em>fórmula</em> es expresión de dicha imposibilidad. La imposibilidad de reproducir lo que fue, de una identidad con el pasado, pero que, a mismo tiempo, abre el futuro posible.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Referencias:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Freud, S.; (1930) <em>El malestar en la cultura</em>, O.C., Vol. XXI, Amorrortu Editores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Eco, U.; (1980) <em>El nombre de la rosa</em>, Ed. Lumen, pág. 42.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> Eco, U.; <em>Op. cit.</em>, pág. 482.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> Fernández de Kirchner, C.; (2019) <em>Sinceramente</em>, Ed. Sudamericana, pág. 212.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> Se recordará que cuando Néstor Kirchner era Presidente de la Nación, Cristina Fernández objetó la denominación “Primera Dama” y la sustituyó por el de “Primera Ciudadana”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> Acaso Néstor Kirchner configuró algo semejante cuando luego de su mandato presidencial optó por correrse y proponer como candidata a CFK.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 28 de mayo de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Autor de <em>El malestar en la cultura neoliberal</em> (Ed. Letra Viva).</span></p>
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