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	<title>Sentido Común archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Sentido Común archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Una nueva religión: la creencia en los medios de comunicación &#8211; Por Nora Merlin</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jan 2018 23:49:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nora Merlín]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[disciplinamiento social]]></category>
		<category><![CDATA[Freud]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nora Merlin]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión Pública]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este artículo Nora Merlin sostiene que con el objetivo de configurar el pensamiento y colonizar la subjetividad, los medios de comunicación concentrados utilizan, de forma irresponsable y sin escrúpulos, una manipulación de la opinión pública instalando creencias y prejuicios.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/una-nueva-religion-la-creencia-los-medios-comunicacion-nora-merlin/">Una nueva religión: la creencia en los medios de comunicación &#8211; Por Nora Merlin</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><span style="font-family: 'Arial','sans-serif';">En este artículo Nora Merlin sostiene que con el objetivo de configurar el pensamiento y colonizar la subjetividad, los medios de comunicación concentrados utilizan, de forma irresponsable y sin escrúpulos, una manipulación de la opinión pública instalando creencias y prejuicios. </span></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Nora Merlin*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“No hay diferencias sustanciales entre la forma de mirar televisión y el altar de una Iglesia.”</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Víctor Hugo Morales<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con el objetivo de configurar el pensamiento y colonizar la subjetividad los medios de comunicación concentrados utilizan, de forma irresponsable y sin escrúpulos, una manipulación de la opinión pública instalando creencias y prejuicios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Walter Benjamin afirmó, en uno de sus fragmentos redactado en 1921, que el capitalismo es una religión. Esta definición de asombrosa actualidad, anticipa lo que podemos denominar una nueva religión sostenida en la fe ciega en los medios de comunicación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La creencia en los mensajes comunicacionales que imponen los medios concentrados tiene una eficacia muy superior a la de cualquier religión. Constatamos a raíz de la visita del Papa Francisco a Chile y Perú que muchos católicos en lugar de desempeñarse con fidelidad al jefe de la Iglesia, lo cuestionan repitiendo el relato de <em>Clarín</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A medida que se fueron desarrollando los medios de comunicación ocuparon el lugar del ideal, construyendo y alimentando día a día una cultura de masas que cree con una convicción inquebrantable en los mensajes que aquellos emiten, lo que conforma un acto de fe y sometimiento a lo que se presenta como una nueva religión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La masa, una hipnosis colectiva, constituye el paradigma social del neoliberalismo</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud en sus inicios comenzó trabajando con el método hipnótico, advirtiendo tempranamente el tipo de influencia que la presencia y la palabra del hipnotizador ejercían. El paciente se sugestionaba, creía en el poder del médico, se volvía obediente, sumiso, obteniéndose como resultado una curación temporaria en la que los síntomas desaparecían para luego retornar. Fue ésta una de las principales razones por las que el médico vienés abandonó definitivamente ese método: comprometido con la búsqueda de la verdad, no se trataba de sugestionar y de obtener por esa vía pseudo curaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Años más tarde, ya avanzada la teoría psicoanalítica, Freud pudo demostrar que la masa poseía idéntico mecanismo de formación que la hipnosis. En ambas, el hecho de ubicar al hipnotizador o al líder en el lugar del ideal conducía a un estado de fascinación, a una creencia en su autoridad y a una obediencia a los mandatos que aquel profería sin importar si eran comprensibles o racionales: los mensajes recibidos funcionaban con una fuerza que impulsaba a obedecer incondicionalmente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud comprobó que la masa estaba basada en un enlace de tipo libidinal, amoroso, resultando el mejor sistema social para alimentar la sugestión, la obediencia colectiva e instalar una serie de construcciones ideativas que le iban a dar sustento: las creencias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La creencia</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una manera de definir la subjetividad es considerarla como un sistema social de creencias compartidas. Las creencias no constituyen algo exclusivamente mental o íntimo sino que se “apoderan” de la subjetividad, se ponen en juego en la realidad social efectiva, en los actos y elecciones, para terminar siendo la envoltura formal de repeticiones rituales. Implican modos de satisfacción que adquieren fijación, motivo por el cual van a funcionar como piedras muy difíciles de remover.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud investigó el fenómeno de la creencia en varios de sus artículos. En “Moisés y la religión monoteísta” (1939) analizó la fe en las religiones dando cuenta de que el creyente deja de lado la racionalidad y, a pesar de ser capaz de captar la irrealidad de su creencia, se adhiere a ella y la conserva como una verdad absoluta. Hace referencia a la p<a style="color: #000000;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Par%C3%A1frasis">a</a>ráfrasis de Tertuliano  <em>credo quia absurdum</em>, «lo creo porque es absurdo», para justificar que a pesar de que los dogmas religiosos sean indemostrables poseen un valor de verdad que no se fundamenta en lo racional ni en la comprensión, volviéndose irrefutables. Intentar convencer al creyente utilizando la lógica o la demostración racional producirá una sensación de impotencia similar a la de hablarle a una pared. En pocas palabras, las creencias no se fundamentan en errores de comprensión o aprendizaje sino que conforman un sistema de ilusiones que dan sentido, estabilizan, de ahí que el sujeto se aferre a ellas con un convencimiento inquebrantable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La tesis de Freud en <em>«El porvenir de una ilusión»</em> es que las creencias religiosas se basan en la añoranza de un padre, dando cuenta de una necesidad de protección y autoridad que vuelva soportable el desvalimiento humano; esta añoranza es propia de todo tipo de creencia, más allá del plano religioso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las creencias organizan y sostienen la vida funcionando como una matriz para interpretarla, condicionan las percepciones al operar como prejuicios inquebrantables capaces de sortear las evidencias que se le opongan: se cree y luego se ve. El sujeto de manera conservadora tiende a aferrarse a sus creencias, no está dispuesto a renunciar a ellas aunque pueda reconocer la irracionalidad de sus argumentos: reniega, realiza una desmentida de un trozo de realidad, como si expresara “ya lo sé, pero aun así…”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La necedad expresada en aferrarse a las creencias se articula con la pasión por la ignorancia que consiste en una inercia conservadora respecto de lo establecido, una satisfacción por no querer escuchar, ver, ni saber. Con frecuencia creciente encontramos individuos que prefieren no saber y se satisfacen en la ignorancia con el mal de la banalidad. No nos referimos en este caso a la educación formal, que por otra parte no garantiza la ausencia de esta pasión, sino a un deseo de no querer saber sostenido, por una parte, en una comodidad homeostática e inercial propia de lo instituido, y por otra, en una cobardía, un horror al saber capaz de conmocionar las creencias. Esta pasión va de la mano de la promoción del narcisismo que estimula un individualismo descarnado que intenta no ser afectado por el lazo social: “No me quiero amargar”, “no quiero enterarme”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La pasión por la ignorancia constituye uno de los mayores obstáculos para transformar la posición del sujeto y la cultura. Resulta funcional al capitalismo, de ahí que los medios de comunicación concentrados la promuevan de múltiples maneras, apuntando todas ellas al totalitarismo comunicacional, a la abolición del pensamiento crítico y, en definitiva, a la destitución del sujeto. En consonancia con esto, el neoliberalismo alimenta la cultura del entretenimiento vacío, la frivolidad y la evasión con distintos “quitapenas”, buscando arrasar con la memoria, los legados históricos y el “curro de los derechos humanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La masa, construcción laboriosa que realizan día a día los medios de comunicación concentrados, es la vía regia para la obediencia y el desarrollo de creencias muchas veces disparatadas pero indiscutidas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El poder amenaza con peligros que el mismo construye, impone prejuicios y creencias, al estilo de que el pueblo en la calle es violento, que la oposición es desestabilizadora, que Venezuela es una dictadura, etc. A través de los medios de comunicación primero se instala el miedo y luego se promete protección, inoculando en los individuos la ingenua ilusión de que si obedecen estarán a salvo bajo una supuesta seguridad protectora, que en verdad enmascara lo peor: un violento disciplinamiento social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La masa fascinada ante el “altar de la iglesia”, mientras invoca al dios del consumo por “el pan nuestro de cada día”, incorpora creencias que promocionan una resignación obediente, sacrificial, temerosa y cobarde.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una cultura democrática capaz de ir en contra del neoliberalismo y de la masa, que estimule la pluralidad de voces y cuente con mecanismos que apunten a la desconcentración del poder, constituye el mejor antídoto contra esta forma de colonización de la subjetividad que podemos caracterizar como una nueva religión.</span></p>
<p>[1] Prólogo de <em>“Colonización de la subjetividad. Medios masivos de comunicación en la época del biomercado.”</em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 25 de Enero de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Psicoanalista-Magister en Ciencias Políticas -Autora de <em>Populismo y Psicoanálisis</em>, Edit Letra Viva &#8211; Autora de <em>Colonización de la subjetividad</em>, Edit. Letra Viva</span></p>
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		<title>COMÚN SENTIDO &#8211; POR ROCCO CARBONE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Mar 2024 19:27:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Rocco Carbone]]></category>
		<category><![CDATA[clases dominantes]]></category>
		<category><![CDATA[La Libertada Avanza]]></category>
		<category><![CDATA[Sentido Común]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Por qué a 100 días del gobierno de la Libertad Avanza, el campo nacional y popular tolera la crueldad que ese poder nos suministra a diario?</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/comun-sentido-por-rocco-carbone/">COMÚN SENTIDO &#8211; POR ROCCO CARBONE</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1 wp-block-paragraph"><strong><em>¿Por qué a 100 días del gobierno de la Libertad Avanza, el campo nacional y popular tolera la crueldad que ese poder nos suministra a diario?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong>Por Rocco carbone*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4 wp-block-paragraph">Los personajes principales de <em>El nombre de la rosa</em> (1980) de Umberto Eco, los mismos de la película homónima (1986) de Jean-Jacques Annaud, son Guillermo de Baskerville, fraile franciscano y sutil filósofo, ex inquisidor, y su discípulo Adso de Melk. Hacia fines de 1327 Guillermo y Adso llegan a un monasterio benedictino ubicado en las montañas de los Apeninos toscanos. Encuentran la abadía conmocionada por una serie de hechos misteriosos: las muertes inexplicables de varios monjes. Investigan y descubren que todos los monjes tienen algo que ocultar: algunos, “vicios” de la carne; otros, “vicios” del espíritu. En el transcurso de la investigación, Adso mantiene su primer encuentro sexual con una joven de una comunidad campesina de los alrededores de la abadía. Adso se enamora de esa joven, que presumiblemente es la Rosa que da título a la novela, y que usa su cuerpo para conseguir comida y resolver las penurias que asedian su existencia miserable. Otro personaje que participa de la investigación es Bernardo Gui, dominico al servicio de la Inquisición, el tribunal utilizado por la Iglesia para perseguir la herejía. A Bernardo no le interesa ni persigue la justicia; tampoco la causa de los asesinatos. Antes bien, se preocupa por perseguir a la Rosa por esclava del diablo, su amo, proxeneta y marido. El inquisidor exorciza la sexualidad femenina y “prueba” que la Rosa está poseída por una lujuria insaciable y que por lo tanto es una bruja. El exorcismo enlaza un juicio, la cámara de tortura (donde se activan aparatos mecánicos y psicológicos) y desemboca en la condena a muerte: deberá arder en la hoguera. Bernardo es un cazador de brujas que, con el poder de la Inquisición, afirma la supremacía masculina y por ende la de dios, tanto en la abadía como en el pueblo vecino, que se encuentra en los alrededores de la fortificación. Su función es arrinconar la condición femenina en un rol servil: servir a un hombre, a dios, respetar un contrato matrimonial (desigual por definición). El inquisidor santifica la supremacía masculina e induce a los hombres a temer a las mujeres, a verlas como destructoras de la condición masculina, que además es la propia condición de dios. Dios ha sido creado a imagen y semejanza de un hombre: basta ver cómo lo representa Michelangelo en la Capilla Sixtina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5 wp-block-paragraph">La propia comunidad de la Rosa la salva de la pira sacrificial porque no ha presenciado el juicio de Bernardo Gui, cuyo público son los monjes de la abadía. El tribunal de la Inquisición, en tanto agencia exterior al pequeño pueblo de la Rosa, no logra reducir la autonomía de juicio de sus habitantes. Entonces, estxs se insubordinan en contra de los milicos que acompañan al inquisidor y los apedrean. De esto desciende una enseñanza: la lucha siempre tiene sentido. Y enamorarse también. Digo esto porque Adso tampoco hace propio el sentido común del inquisidor y quiere salvar a la Rosa. La lucha, como el amor, el afecto, la amistad, la solidaridad nos ponen al reparo del sentido común de esos poderes que son más poderosos que nosotrxs. Los poderes lóbregos se pueden vencer si se interrumpe su sentido común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6 wp-block-paragraph">El sentido común es una suerte de saber inmediato que puede pensarse como una pequeña sagacidad y, sobre todo, como una intuición sencilla de las cosas. Se suele apelar a él para justificar una acción, para formular una justificación o explicar una decisión. Su elaboración se da sobre la base de la experiencia -por ende, en el corazón del sentido común late cierta dosis de experimentación- y de la observación de la realidad. Cuando el sentido común es intervenido por una agencia exterior al sujeto se suele verificar la reducción de su autonomía de juicio, el embotamiento de su capacidad crítica. Esas agencias en la Argentina son la mediaticidad monopólica y las redes antisociales, aparatos de propaganda del poder fascista de la Libertad Avanza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7 wp-block-paragraph">Silvia Federici es una profesora italiana, feminista, que trabaja en los Estados Unidos. Es conocida, entre otras cosas, porque militó la remuneración del trabajo doméstico. Quiero recuperar una experiencia que cuenta en uno de sus textos más emblemáticos, <em>Calibán y la bruja</em>, que me sugirió la lectura de una nota de Ana Ojeda, “Las fuerzas del suelo” (<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/fuerzas-suelo_129_11215283.html">https://www.eldiarioar.com/opinion/fuerzas-suelo_129_11215283.html</a>). Calibán es hijo de una bruja, Sycorax, y ambxs son personajes emblemáticos de <em>La tempestad </em>de Shakespeare, pieza que atraviesa la cultura latinoamericana. De hecho, lxs encontramos en <em>Calibán</em> del cubano Fernández Retamar, en <em>Una tempestad</em> del martiniqués Aimé Césaire, en una reescritura argentina que hizo la artista plástica Silvina Pachelo y así&#8230; Federici cuenta que en 1609 en el pueblo de St. Jean-de-Luz, a unos 10 km de Biarritz y unos 30 de San Sebastián (País Vasco), un inquisidor, Pierre Lancre, a lo Bernardo Gui, hizo un juicio masivo para quemar en una pira sacrificial a 600 mujeres. Mientras el inquisidor disponía su escenografía siniestra, los hombres de St. Jean-de-Luz se encontraban en alta mar, participando de la temporada anual del bacalao. Al no estar en tierra firme no presencian los juicios, no son parciales a la propaganda del inquisidor, y por lo tanto no son atravesados por la configuración del sentido común que declaraba brujas a sus madres, esposas, hijas o sobrinas. Mientras están aún en el mar alguien les avisa que el inquisidor está por quemar a las mujeres del pueblo y ese año la campaña del bacalao termina dos meses antes. ¿Qué dice Federici? “Los pescadores regresaron, garrotes en mano y liberaron a un convoy de brujas que eran llevadas al lugar de la quema. Esta resistencia popular fue todo lo que hizo falta para detener los juicios”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8 wp-block-paragraph">¿Por qué, a 100 días del gobierno de la Libertad Avanza, el campo nacional y popular tolera la crueldad que ese poder nos suministra a diario? Porque estamos regimentadxs en el sentido común de ellos, digitado por un aparato colosal de propaganda, configurado por la mediaticidad monopólica, las redes antisociales y la racionalidad del mercado llevada a la estatalidad. La propaganda del fascismo siembra en nosotrxs (en el campo popular) una profunda alienación psicológica, fragiliza la solidaridad de clase y hace tambalear el poder colectivo que aparece cada vez que nos organizamos. A través de su sistema de propaganda y de constitución de sentido común, las clases dominantes, el poder fascista de la Libertad Avanza, somete de manera eficaz a la (tendencialmente) totalidad de nuestro campo. El sentido común de ellos nos hace dependientes de esos grupos dominantes y nos impide enfrentarnos al poder de gobierno para reclamar la redistribución de la riqueza, la igualdad social o nuestro derecho a gobernar. Va a explotar cuando -también- podamos interrumpir nuestra participación en la construcción de su sentido común.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9 wp-block-paragraph"><em><strong>Este texto contiene lenguaje inclusivo por decisión del autor.</strong></em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-10 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 23 de marzo de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-11 wp-block-paragraph">*CONICET.</p>
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		<title>EL EXPERIMENTO &#8211; POR E. RAÚL ZAFFARONI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Jun 2024 11:41:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Zaffaroni retoma la hipótesis del experimento mediante el cual la tecnología puede neutralizar el sentimiento de pertenencia comunitario de un pueblo, y amplía la conjetura al verificar que se fortalece cuando las conductas que tradicionalmente se han considerado políticamente incorrectas pueden volverse funcionales.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-12 wp-block-paragraph"><strong><em>Zaffaroni retoma la hipótesis del experimento mediante el cual la tecnología puede neutralizar el sentimiento de pertenencia comunitario de un pueblo, y amplía la conjetura al verificar que se fortalece cuando las conductas que tradicionalmente se han considerado políticamente incorrectas pueden volverse funcionales.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13 wp-block-paragraph"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-15 wp-block-paragraph">Hace poco publicamos aquí un artículo sosteniendo la hipótesis de que los argentinos somos víctimas de un experimento destinado a verificar hasta qué extremo la actual tecnología de comunicación mediática y electrónica puede neutralizar el sentimiento de pertenencia comunitario de un pueblo, es decir, anestesiar su sentimiento nacional, su vocación comunitaria gestada en una historia común. Si bien no exactamente en idéntico sentido, pero en la entrevista ampliamente difundida de la revista “Time”, la penetrante entrevistadora también hace referencia a la hipótesis de un experimento.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-16 wp-block-paragraph">Creemos que es menester insistir en que la horripilante capacidad de la tecnología de destrucción física opacó un tanto la atención dispensada a su capacidad de manipulación psicológica masiva, que pone en serio peligro a las democracias y cuyo enorme desarrollo es incuestionable y paralelo a la primera. Parece hoy poco menos que algo prehistórico la cándida sorpresa del uso de la radiotelefonía por Hitler y por Roosevelt, aunque no haya transcurrido ni siquiera un siglo desde aquellas alocuciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17 wp-block-paragraph">Pero no se trata solo de los sentimientos de odio, rencor, indiferencia y venganza manipulados por la tecnología comunicacional, sino que también parece ser parte de ese hipotético –aunque más que probable- experimento, también la neutralización del impacto de respuestas que, en otro momento y lugar, serían por entero <em>políticamente incorrectas</em> o absolutamente inadecuadas para cualquier político en el poder e incluso contrarias a las más elementales y prudentes indicaciones del sentido común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18 wp-block-paragraph">Es posible que estemos equivocados, pero por lo menos desde la memoria de lo vivido -y también leyendo la historia- sabemos que cualquier persona a cargo de una administración trata de evitarse la mayor cantidad de problemas, como también que procura disimular las fallas de su gestión hasta el final y, cuando ya no puede hacerlo porque es demasiado evidente, procura rápidamente enmendarlas y disculparse, haciendo saltar algún <em>fusible</em>, por lo general argumentando que no puede controlar todo y nunca falta algún burócrata estúpido, lo que no deja de ser cierto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-19 wp-block-paragraph">Aquí, ahora, llama la atención que no sucede nada de eso y, pareciera que a título de disculpa o algo parecido, nada menos que el jefe de gabinete dice que el titular del ejecutivo no entiende de política, aunque después lo quiera matizar diciendo que no dijo lo que dijo. En otra situación, habría que pensar que otro titular del ejecutivo lo destituiría, pero aquí sigue en sus funciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-20 wp-block-paragraph">Por otra parte, el escándalo mayor del momento son los alimentos sin repartir. Primero se dijo que <em>no hay plata</em>, pero después resultó que no se necesitaba plata, que había toneladas de alimentos sin repartir y, en lugar de repartirlos rápidamente, incluso menor, se muestra un insólito empecinamiento en no hacerlo, ante el reclamo de todos –incluyendo la jerarquía católica- e incluso desobedeciendo órdenes judiciales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-21 wp-block-paragraph">Insistimos en que, de acuerdo con las reglas tradicionales de la política y del sentido común, cualquiera sea la ideología del gobernante, ninguno se empeña en llevar a cabo acciones gratuitas que le acarrean desprestigio cuando puede evitarlas: en el caso, bastaba para desprenderse del problema con disponer la inmediata distribución de los alimentos y echar a algún fusible, al que siempre hay un lugar menos visible al que destinarlo. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-22 wp-block-paragraph">Sin embargo, no se trata de un caso aislado, porque parece que se convierte en regla marchar a contramano de lo que siempre fue la más elemental lógica política, que también siempre consideró como <em>incorrecto </em>o de efecto negativo responder con <em>ocurrencias ingeniosas </em>más o menos jocosas o divertidas<em>. </em>Esas <em>ocurrencias</em> son propias de charlas entre amigos bebiendo vino o cerveza, pero nunca fue políticamente aconsejable esgrimirlas en lugar de respuestas por lo menos aparentemente serias y racionales, porque la impresión que las <em>ocurrencias </em>provocan usualmente en el interlocutor es la de no ser tomado en serio o incluso en la de ser víctima de una burla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-23 wp-block-paragraph">Cuando se observa que hay gente que <em>no llega a fin de mes</em>, la lógica política de siempre indicaría que la respuesta de quien se imputa como responsable de esa situación sería negarlo con argumentos más o menos verificables o, al menos, minimizarlo o bien, prometer medidas urgentes, mostrarse preocupado. Pero nadie conforme a la lógica que por tradición domina lo <em>políticamente correcto</em> consideraría una respuesta adecuada la ocurrencia de negarlo, con el argumento de que <em>si no llegasen a fin de mes se morirían</em>. En otras palabras: la ausencia de cadáveres esqueléticos por las calles sería la prueba de que toda la gente <em>llega a fin de mes</em>. Se trata de la típica respuesta insólita, absurda, que no satisface a nadie, pues no pasa de ser una <em>ocurrencia</em> que, si se la quiere postular en serio, no pasa de ser una broma de mal gusto o, más claramente, una burla de las que se responde con la clásica preguntita <em>¿Me estás cargando?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-24 wp-block-paragraph">Pero la <em>respuesta ocurrente</em> parece haber cundido, pues tiene seguidores, aunque tal vez de menor calidad. Un argentino y un español pueden pelearse, puede ser un vecino del barrio y el almacenero de la vuelta y, como es obvio, eso no es una cuestión diplomática sino personal, nadie lo duda, pero no parece lo mismo cuando los dos son jefes de Estado o de gobierno. La misma ministra que tuvo la imaginativa <em>ocurrencia</em> de afirmar que era una simple cuestión personal -y que tampoco parece ser Talleyrand con faldas- mostró su faz <em>ocurrente </em>al decir que todos los chinos son iguales, como también con la lúgubre <em>ocurrencia</em> de sostener que no tenía sentido otorgar créditos a los jubilados, porque se morirían antes de terminar de pagarlos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-25 wp-block-paragraph">En otras palabras, el hipotético experimento del que somos víctimas, no solo parece limitarse a manipularnos psicológicamente mediante la creación de <em>realidades virtuales</em> y la promoción de sentimientos poco altruistas, que instigan a ver al <em>otro como enemigo</em> debilitando el sentimiento de comunidad nacional –los vínculos horizontales de la sociedad-, sino a <em>disponernos a aceptar como respuestas la obstinación en los errores y las ingeniosas ocurrencias</em>, tradicionalmente contrarias a lo <em>políticamente correcto</em>, entendiendo por tal lo que cualquier dirigente consideraría, en cualquier otro lugar y tiempo que le afecta la imagen, que le resta apoyo o votos.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-26 wp-block-paragraph">Las respuestas inadecuadas llegan al colmo de desconocer los propios aciertos, para postular medidas insólitas nunca vistas en un país civilizado: la ministra de seguridad, &nbsp;con un casi caricaturesco discurso de <em>dureza</em>, junto a su <em>ad later</em>, ahora ministro de Defensa, que le tomó el gusto a la ropa de fajina, propone bajar la edad de responsabilidad de niños a los doce años, o sea, llenar las cárceles de niños, cuando &nbsp;hace más de cuatro décadas la dictadura se vio obligada a retroceder a pesar de que la había bajado solo a catorce años. Desde hace muchos años es de diez y seis años y, por cierto, no hay incidencia relevante de adolescentes menores de esa edad en homicidios: en la CABA hay años en que no hay ninguno, y en otros uno o al máximo dos; es mucho mayor la incidencia de homicidas de más de cincuenta años y perfectamente punibles. Es difícil que esta insólita propuesta llegue a ser ley -aunque nunca se sabe en este Congreso de veletas-, pero de llegarse a ese despropósito, se estaría creando un problema ahora inexistente que acabaría en un nuevo y escandaloso fracaso por completo inútil.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.cosecharoja.org/wp-content/uploads/2019/05/armas.jpg" alt="" style="width:774px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto: Cosecha Roja.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-27 wp-block-paragraph">Todo esto se <em>discursea</em> impunemente, cuando lo cierto es que nuestros índices de homicidio muestran una marcada tendencia a bajar en los últimos doce años: en la CABA bajaron casi a la mitad. Nos estamos ahorrando cien cadáveres por año, cien vidas, cien dolores de deudos, dramas familiares, vidas perdidas, otras traumatizadas para siempre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-28 wp-block-paragraph">Lo cierto es que esos datos indican que quienes gobernaron la CABA algo bueno hicieron, que debe reconocérsele sin interesar su color político, como debe ser siempre que se trata de vidas humanas. Lo lógico sería que ese logro lo reivindicasen, porque fueron muchos de ellos quienes gobernaron la CABA. Pero parecen no pensar en profundidad en qué fue lo bueno que hicieron para tratar de continuarlo y mejorarlo. Prefieren alarmar a la población y salir con estos disparates: más penas de papel y el fantasmagórico proyecto de imposible sostenimiento de niños de doce años en las cárceles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29 wp-block-paragraph">Pero no solo se trata de seguir un camino distinto al <em>políticamente correcto</em> y valorar lo bueno que hicieron, sino que ahora proponen legalizar <em>provisoriamente </em>la tenencia de armas a todos quienes las tuviesen <em>flojos de papeles. </em>Cabría pensar que están locos, porque quieren destrozar lo bueno que hicieron, es decir, aumentar los homicidios, con la <em>ocurrencia </em>inverosímil de que solo tendrán armas de fuego las <em>personas decentes</em> para defenderse de los delincuentes. Además de ser esto ridículamente falso, porque los delincuentes que <em>salen de fierro</em> y que tienen armas sin papeles no son marcianos verdes con antenas ni tienen todos <em>antecedentes </em>en reincidencia, bueno es recordarles que las <em>personas decentes </em>también <em>se sacan</em>, se enfurecen y pierden los estribos cuando tienen que repartirse las sillas del comedor en la sucesión de la abuela y, no se diga, cuando se trata de dividir los bienes en un divorcio. Por cierto, las <em>personas decentes</em> <em>sacadas</em> pueden terminar a los puñetazos, cachetazos o sillazos, con el resultado de algunas lesiones leves que, por cierto, tampoco es para felicitarlas, pero cuando un <em>sacado </em>tiene un arma de fuego a la mano<em>, </em>siempre hay un homicidio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-30 wp-block-paragraph">¿Por qué se empeñan en destruir sus propios logros? ¿Algún gobernante en otro lugar y tiempo haría esto, en lugar de mostrar lo bueno que logró? ¿La manipulación psicológica masiva de la tecnología actual quiere, en este experimento del que somos víctimas, probar que tiene una tan tremenda capacidad manipuladora que puede hacer preferible la conducta del político que oculta lo bueno realizado para postular una regresión violenta y letal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-31 wp-block-paragraph">Es de sobra sabido que cuanto más fácil es la tenencia de armas en una población hay más homicidios, porque las armas de fuego son el medio letal ampliamente preferido. ¿Alguien cree que, en Europa, con los índices de homicidios más bajos del mundo, no hay psicópatas, psicóticos asesinos y pibes a los que les hacen <em>bulling</em> en la escuela? Claro que los hay, pero allí, fuera de la policía, nadie tiene un arma de fuego, y cuando se les escapó una tuvieron la espantosa masacre noruega de pibes socialdemócratas de 2011. En Estados Unidos cualquiera tiene armas de fuego, con las consiguientes masacres periódicas de las que nos enteramos mientras mojamos la medialuna en el café. En los países de nuestra región de más altos índices de muerte violenta (norte de América del Sur, Centroamérica y México) es incalculable la inundación de armas de fuego en sus poblaciones. En una capital centroamericana con altísimos índices de homicidio es común que los restaurantes de <em>varios tenedores</em> tengan un <em>locker </em>con el cartelito <em>deje su arma. </em>¿Quiere esta administración llegar a eso? ¿Por qué razón no insiste hasta alcanzar los índices europeos? ¿Por qué, al menos discursivamente, opta por lo primero?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-32 wp-block-paragraph">Tampoco en general se explica por qué se elige bravuconear con las fuerzas policiales, hasta correr el riesgo de una catástrofe que puede costarle muy cara a la actual administración. Las sucesivas y masivas manifestaciones contra el gobierno han sido pacíficas, ejemplares en ese sentido. No obstante, la ministra se empeña en mostrar fuerzas, emitir <em>protocolos</em>, movilizar numerosas fuerzas policiales, en fin, advertir que está dispuesta a reprimir sin miramientos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-33 wp-block-paragraph">Descontamos que los trabajadores policiales (condición que sistemáticamente se les niega a los y las policías) son personas normales, como todos nosotros, ni más ni menos que trabajadores. Pero cuando se despliega semejante aparato solo a efectos de prepotencia y bravuconada, aumenta mucho la probabilidad de que emerja un <em>loquito. </em>Lo políticamente correcto es que nadie se atreva a jugar con la suerte, apostando a que no hay ningún <em>loquito</em> entre miles de personas armadas, al que el discurso <em>duro </em>y la tensión de las circunstancias lo desequilibren. ¿Por qué jugar al riesgo de reproducir el penosísimo caso de Kosteki y Santillán? Sus consecuencias todos las recordamos: dos muertos y un Presidente eyectado. ¿Este hipotético experimento del que somos víctimas trataría de verificar también que la manipulación mediática y electrónica tiene capacidad suficiente como para neutralizar el tradicional repudio cultural de nuestro pueblo a la violencia represiva letal? No deja de ser algo digno de meditarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-34 wp-block-paragraph">Podríamos seguir, pero la hipótesis del experimento se fortalece cuando verificamos que no solo se trata de crear <em>realidades virtuales</em>, de generar sentimientos que debiliten el de pertenencia, de anestesiar el propio sentimiento nacional, sino también de volver incluso funcionales las conductas políticas que tradicionalmente se han considerado <em>políticamente incorrectas</em> desde el propio sentido común. ¿Dará para tanto la tecnología? No tenemos una respuesta y no la tendremos hasta el final del experimento, pero lo cierto es que, para los ateos no hay nada omnipotente, y para los creyentes, al menos no lo hay en este mundo terreno. De todos modos, lo penoso será el alto costo del experimento.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-35 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 5 de junio de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-36 wp-block-paragraph">*<strong>Profesor Emérito de la UBA</strong>.</p>
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