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	<title>Ricardo Piglia archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Wed, 12 Feb 2025 03:16:38 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Ricardo Piglia archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>NANINA: LO DESFAMILIAR NOVELADO &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Feb 2025 03:16:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yael Noris Ferri]]></category>
		<category><![CDATA[Germán García]]></category>
		<category><![CDATA[Nanina]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Piglia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La memoria colectiva de un pueblo está en los relatos y las novelas. Recordando la gran amistad que tenían Germán García y Ricardo Piglia, la autora de este artículo nos habla de un nombre recuperado, de un libro secuestrado: Nanina.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/nanina-lo-desfamiliar-novelado-por-yael-noris-ferri/">NANINA: LO DESFAMILIAR NOVELADO &#8211; POR YAEL NORIS FERRI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3ece6b91257e87a26632e761000ffff3 wp-block-paragraph"><strong><em>La memoria colectiva de un pueblo está en los relatos y las novelas. Recordando la gran amistad que tenían Germán García y Ricardo Piglia, la autora de este artículo nos habla de un nombre recuperado, de un libro secuestrado: </em>Nanina<em>.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f6ea289e95a8d79d0966aaa0f29c51c wp-block-paragraph"><strong>Por Yael Noris Ferri*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:56px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-655a274b448aaf0473788cdefb56750f wp-block-paragraph">“<em>¿Quién empezaría así? Uno que huyó de la casa paterna, mientras esperaba</em><em></em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd8538a4ba2950f72e3aad67d9ef562c wp-block-paragraph"><em>el tren, con el deseo de alcanzar la eternidad de la poesía, con la desolada</em><em></em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-937454f7bd68aab4e3314c82c93b2a36 wp-block-paragraph"><em>decisión de convertirse en nadie para sus padres y en alguien para los otros”</em><em></em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-821737a1a9066d3de3993f152719be74 wp-block-paragraph"><strong>Miserere. Germán García</strong></p>



<div style="height:57px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb3b054fbbf8324faebc80a1b94182a7 wp-block-paragraph">En Argentina durante la dictadura militar se realizó una quema de libros, la <em>bibliocastía</em>, práctica hitleriana que se excusaba en la purificación del orden ciudadano. Mi ciudad, Córdoba, fue centro de dos grandes fogatas públicas. La primera se realizó el 2 de abril de 1976 en la escuela secundaria comercial Manuel Belgrano. Ese día el interventor Carmelo Barceló recorrió la biblioteca, seleccionó 19 libros (entre los autores estaban Marx, Engels, Margarita Aguirre, Godio y Martí) y procedió a quemarlos en el patio a la vista de numerosos estudiantes como testigos. La segunda gran fogata se produjo el 29 de abril, Menéndez ordenó la quema colectiva de libros que habían sido secuestrados de bibliotecas, colegios y universidades en los días previos. No sabemos cuántos libros se quemaron, o cuántos se secuestraron, o cuántos se enterraron. El valor del número no se halla en la cantidad, sino en el repudio de la práctica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e15a60343adb66aec42460acbae6a776 wp-block-paragraph">La memoria colectiva vino al rescate de los libros de la mano del editor y escritor Ricardo Piglia. Se publicará entre 2011 y 2015 con una serie a la que se llamará “serie del recienvenido del Fondo de Cultura Económica”. Su operación será sacarlos de la hoguera o ponerlos bajo la lupa del lector. Recupera obras que tras su primera publicación fueron ignoradas, censuradas u olvidadas por el canon que estableció una casta de intelectuales vinculados, abierta o tácitamente, al poder. Piglia zurce tal ruptura a través del prólogo que antecede a cada uno de los textos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-92c457498ce30a2f3f9fde994c701b88 wp-block-paragraph">En la serie encontramos: <em>Río de las congojas</em>, de Libertad Demitrópulos; <em>Cuentos Completos</em>, de Ezequiel Martínez Estrada;<em> Minga</em> de Jorge Di Paola; <em>&nbsp;La educación sentimental de la señorita Sonia</em> de Susana Constante, <em>En breve cárce</em>l de Silvia Molloy; <em>La muerte baja en el ascensor</em> de María Angélica Bosco;<em> Oldsmobile</em> de Ana Basualdo; <em>Vudú Urbano </em>de Edgardo Kozarinsky; <em>Cavernícolas</em> de Héctor Libertella, <em>Gente que Baila</em> de Norberto Soares; <em>Hombre en la orilla</em> de Miguel Briante y está que elegí para hoy <em>Nanina</em> de Germán García.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="720" height="471" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia.jpg" alt="" class="wp-image-14742" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia.jpg?v=1739329991 720w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/piglia-garcia-300x196.jpg?v=1739329991 300w" sizes="(max-width:767px) 480px, 720px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ricardo Piglia y Germán García.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ac6a0f759991ea6ec24fa01d4a0ec92 wp-block-paragraph">Ricardo Piglia escribe en el prólogo de <em>Nanina</em>: “Aquí lo que se narra es la épica de estar lejos de casa, perdido en el mundo; no hay rebeldía adolescente o inversión de valores, sino un escape hacia el lirismo, la sexualidad y la fantasía. En <em>Nanina </em>—como en <em>El juguete rabioso</em>— la literatura es la tabla de salvación, lo que se escribe y el descubrimiento del poder del lenguaje, permiten desoír el oráculo familiar, las determinaciones sociales y el destino heredado. Esa aspiración a la fuga le da al libro una euforia narrativa que seguramente fue lo que percibieron los censores cuando lo prohibieron en 1968”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a7752f6ec84586a72f5e84373d86a334 wp-block-paragraph">La memoria colectiva de un pueblo está en los relatos. Las novelas nos posibilitan pensar que el número puede ser reemplazado por el nombre como una operación de rescate. Ricardo Piglia nombraba a Macedonio Fernández como el “clásico imposible”. Su trabajo como lector y escritor marcó una y otra vez asuntos a cerca de la figura del autor, sobre su obra, la forma de publicarla y los modos en que se la leía. Todos esos elementos eran, según él, parte de la misma obra. La marca de enseñanza macedoniana que Piglia aprendió y explotó destaca que no existe un solo modo de hacer literatura. En ese sentido la <em>Serie del Recienvenido</em> parte de la obra de Piglia, otra forma de contar su historia. De esta obra y recordando la gran amistad que tenían Germán y Ricardo, hoy puedo hablar de un nombre recuperado, de un libro secuestrado: <em>Nanina.</em><em></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b2547ccf6cbfdb26e63d8993f6855737 wp-block-paragraph">¿De qué se puede acusar a un escritor y su obra para prohibirlo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7111f3ac6bf1926cf42c1066a5761384 wp-block-paragraph">El secuestro fue realizado en las librerías porque decían que la novela ofendía a la moral pública, por el uso que hacía del lenguaje coloquial en la sexualidad y por incluir declamaciones de tipo anarquista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60a8a3e0300b6f9e1bdcf9c375ecdeac wp-block-paragraph">Mi primer vector de lectura descubre la obra como una novela de desfamiliarización. La novela habla sobre el fin de la niñez, el descubrimiento del mundo adulto y la juventud del protagonista. Es la novela de un chico mutilado cuya resurrección precaria no suele ser la norma sino la excepción. El entorno del mundo adulto transcurre entre lo familiar y la presencia de un padre que describe así:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0354adcf5a66d981c5033908086fafb5 wp-block-paragraph">“Papá quería un camino donde la memoria no se anule, para olvidar las cosas avergonzantes, un camino que no tuviera vergüenza ni martirio: sólo infancias de hombres”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d323a5ad1008fbf635c1a50eaca1a4c wp-block-paragraph">Y lo familiar transcurre en la vida pueblerina de Junín: “…Hablamos de Junín,</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ff7fe730dc9952f13f70fae6ec5b4fd wp-block-paragraph">—¡Gran pueblo! —Dijo él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a566a4d88f958643d0fce8f8744cb0c6 wp-block-paragraph">Yo dije:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a321e461036d56b15c1a469279f28192 wp-block-paragraph">—Pueblo chato, pueblo-pueblo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a64e5dd6f9979d9a5689862fe620c808 wp-block-paragraph">Un padre con esbozos de locura, acompañado por el retrato de una madre apática que amaga envenenarse, que compra fiambre enmohecido y soporta los golpes de su marido, el hermano encarcelado y la abuela prepotente y cínica, se componen en una crítica despiadada a la institución familiar.</p>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="718" height="1012" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia.jpg" alt="" class="wp-image-14740" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia.jpg?v=1739329909 718w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/02/GGarcia-213x300.jpg?v=1739329909 213w" sizes="(max-width:767px) 480px, 718px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Germán García</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d22c65633833fcb4985b8ef8f3528135 wp-block-paragraph">Uno de los grandes aportes de Lacan al psicoanálisis es que “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”. Entender que el sujeto en su constitución es hablado por el otro. Esta es una posible lectura que invita a realizar el psicoanálisis como discurso. Existe esta primera lengua familiar. Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia, que nos habla. Y este “nos”, subraya Lacan, debe entenderse como un complemento directo, en el sentido de que somos hablados por nuestra familia en esa trama de discursos que llamamos destino.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6edd6ddbd97be2c439dfdcf87fbf715c wp-block-paragraph">¿Cómo sortear esa lengua-destino?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0e82841474b839729930d8b5318a61fe wp-block-paragraph">¿Cómo saltar esa soga para entrar a otra cosa?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3d52b53b6c34d8ba7b883bfc7938439 wp-block-paragraph">&nbsp;Por allí transita <em>Nanina</em>, para desfamiliarizarse de una condena familiar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4c81eb041cec0f02aca77385d412ca02 wp-block-paragraph">El padre del protagonista trabaja en un taller, un destino al que se verá condenado él mismo cuando termina la primaria: “Veo desde mi puesto al flaco cuidándose las manos. Los pocos pelos engominados, las herramientas envueltas en un trapo, el mameluco impecable y su lugar de trabajo que más que una máquina de rectificar bujes, por la limpieza, parece una peluquería para damas. Y ya no me gusta más la máquina (…) y cada día niego, lo que de la misma manera había afirmado en los primeros dos años y veo los mamelucos, ya sin cara, ya con caras que no me gustan, apretados contra los tornos, los guinches, las piedras de esmeril, las rectificadoras y tengo ganas de escapar”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8be0aab351ec31c8e4d40e49f9f9375b wp-block-paragraph">Escapar hacia la escritura, un protagonista que se avergonzaba de las manos con grasa y deseaba vestir las manos con manchas de tinta, de polvo de tiza. De manera simultánea aparecen el protagonista y el autor mostrando la pasión por construir un escritor: “Imaginaba un poema y lo borraba en la cabeza misma. Imaginaba un cuento y anotaba el comienzo, la parte del medio y el final en un papel. Luego, si lo escribía, era de otra manera, pero la mayoría de las veces metía los papelitos en la mesa de luz hasta que eran tantos que los domingos de limpieza terminaba por tirarlos por la ventana de mi pieza a la calle”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5d2d4edd64ae973d91c26ef7162fe974 wp-block-paragraph">En una entrevista que se le hace a García respecto a su deseo de escribir, responde: “siempre me acuerdo de Henry Miller, en los bares me enseñó a sacar agua de las piedras. Si no tenés qué escribir, escribís: ‘no se me ocurre nada’. Sacar algo de nada…”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8f2fcd615d77f0dc63f68a4731f297ac wp-block-paragraph">En su texto <em>La familia del Otro</em> Miquels Bassols considera que “un análisis es una «desfamiliarización» de lo más familiar”, atravesar lo que nos ha constituido, desfamiliarizarse consigo mismo, y eso es “encontrar en su historia lo que no se justifica por su mito o por su fantasma familiar”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-caba908b2a39b3c66aa27f300dd12efc wp-block-paragraph">Un poeta que sale de la lengua materna, de la lengua familiar y hace pasar ese trauma por la lengua de la literatura. Esa es la operación que destaco de este escritor. Desfamiliarizarse del destino marcado, traicionar la primera lengua.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-665ce7468c0b65e20cc04ab919d3e4d3 wp-block-paragraph">La consecuencia lógica con la que se topó el psicoanálisis freudiano fue también desfamiliarizar al sujeto, cuando se percató de la extremada alienación que a finales del siglo XIX y toda la primera mitad del XX se le exigía a todo sujeto: conservar el patrimonio, ser igual que los padres, repetir sus <em>patterns</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fcd376e34f1f1f1179a8109c833d4f68 wp-block-paragraph">Ya sea por la lengua de la poesía o por la lengua del psicoanálisis, Germán salta la estereotipia de <em>la lengua</em> familiar haciéndose un lugar de enunciación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-54217796bdda5bbbf57228988aa9a2bf wp-block-paragraph">García intenta responderse, a la pregunta: ¿cómo se hace para olvidar lo traumático de la muerte de un padre?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce97e9a9e7f56c735ac67e35530f13dd wp-block-paragraph">La posible solución que encuentra es un efecto de escritura. Se vela a través de la escritura, se cuela su sentido, novelarlo, contarlo y volverlo a contar de todas las maneras posibles. Pero tal vez lo más importante, quitarle el sentido traumático. El problema con el sentido es que “el sentido siempre es religioso”; siempre que se da sentido a la vida, a la existencia, al síntoma mismo, se hace religión, por eso la cura analítica, el psicoanálisis, no apuntan al sentido, sino a reducirlo, es decir, a ese real que señala un sinsentido en el sujeto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ac6759a843b3c34d8ce0e4ff36c9da9 wp-block-paragraph"><em>Nanina </em>es denunciatoria, rompe el canon literario del clásico cuento de Borges en los años 60. Se sabe que Germán no venía del círculo de la literatura clásica, pero esto no impidió que su estilo se destaque en la época. La utilización de un lenguaje coloquial, lo desacartonado de los diálogos, destacan una diferencia. Arman un estilo, es decir, esa marca significante en un cuerpo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3c5fc5e6309eaf87cff62afc6deb910e wp-block-paragraph">La primera edición de <em>Nanina</em> data de agosto de 1968. En ese tiempo Germán García fue condenado a dos años de prisión, pero su abogado Bernardo Beiderman logró reducir la condena a seis meses, con la prohibición de salir del país: “Estaba orgulloso porque decía ‘República Argentina vs. Germán García’, me parecía bárbaro (risas)”, comenta en un reportaje en la revista <em>Acheronta</em> (2001). Rebelde frente a lo moralista, el mismo García contesta a dicho proceso con otro libro: <em>Proceso a Nanina</em>donde criticaba con nombre y apellido al juez y al fiscal operante. Jorge Álvarez lo publicó en la colección “Narradores”.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd2a56d6b2cd2bac17d2095f67893469 wp-block-paragraph">Córdoba, 12 de febrero de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9065b0c23d2ef1e93473275e7cf0c9ec wp-block-paragraph">*Psicoanalista en la ciudad de Córdoba. Adherente al C.I.E.C, asociado al Campo Freudiano. Escribe y publica en revistas literarias y de cultura.</p>
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