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	<title>redes sociales archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>redes sociales archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Democracia y tecnología comunicacional &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Apr 2018 12:13:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La manipulación de la llamada opinión pública es una cuestión de comunicación y está vinculada a la tecnología comunicacional que ha profundizado su proceso de mercantilización de los medios masivos iniciado en el siglo XIX hasta convertirlos en corporaciones que representan los intereses de los chief executive officers del corporativismo totalitario.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/democracia-tecnologia-comunicacional-e-raul-zaffaroni/">Democracia y tecnología comunicacional &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La manipulación de la llamada opinión pública es una cuestión de comunicación y está vinculada a la tecnología comunicacional que ha profundizado su proceso de mercantilización de los medios masivos iniciado en el siglo XIX hasta convertirlos en corporaciones que representan los intereses de los chief executive officers del corporativismo totalitario.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La regla de oro de la democracia es el respeto al principio mayoritario, pero siempre en una <em>sociedad abierta</em>, es decir, que un coyuntural resultado electoral no puede negar los derechos de las opiniones minoritarias, porque se presupone que estamos hablando de una democracia plural y no totalitaria (cfr. Peter Häberle, <em>Europäische Verfassungslehre, </em>Nomos, Baden-Baden, 2006, p.299).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El principio general debe ser, pues, que la mayoría no puede cancelar los derechos de la minoría, puesto que, de hacerlo negaría el de la propia mayoría a cambiar de opinión. Esto sucede cuando el principio mayoritario es entendido en sentido absoluto, dando lugar en su límite extremo a una democracia totalitaria (Cfr. Livio Paladin, <em>Diritto Costituzionale, </em>Padova, 2006, p. 263), como en la vieja constitución soviética, toda vez que esa pretendida democracia no garantiza la posibilidad de alternancia en el poder (cfr. Enrico Spagna Musso, <em>Dir</em>i<em>tto Costituzionale, </em>Padova, 1992, p. 151).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto que no hay democracia cuando se burla directamente el principio mayoritario, como es el caso del fraude electoral, padecido en la Argentina antes de la llamada <em>ley Sáenz Peña</em>, o cuando se proscriben partidos o fuerzas políticas, como al radicalismo en los años treinta o al justicialismo después del golpe de 1955. Pero también se la pone en peligro cuando ardidosamente se manipula la expresión mayoritaria con engaños acerca de la realidad, lo que desde siempre fue objeto de preocupación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La manipulación de la llamada <em>opinión pública </em>es una cuestión de comunicación y, como tal, está vinculada a la tecnología comunicacional de cada época. Esto preocupó desde el origen mismo de la democracia contemporánea, cuando a fines del siglo XVII, la prensa, es decir, los periódicos, eran la principal fuente de información. Las constituciones y las leyes de la época dan cuenta de la preocupación por preservar su pluralismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pese a las conocidas disposiciones legales que garantizaban la libertad de expresión del pensamiento y de prensa, los periódicos fueron <em>mercantilizándose</em>, es decir, que dejaron de ser las hojas impresas por ciudadanos o pequeños grupos -como <em>El amigo del pueblo</em> de Marat y muchos otros-, para pasar a ser una mercancía producida comercialmente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Debido a eso, en el curso del siglo XIX, conforme a las reglas del mercado, fueron dejando de ofrecer al público la mejor información, para ofrecerle lo que tiene más demanda, es decir, lo que más vende. Por otra parte, es natural que las empresas comerciales, a medida que acumulaban capital, se abstuviesen de promocionar todo lo que fuese contrario a sus intereses mercantiles y de clase.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La aparición de otros medios de comunicación masiva, como la radiotelefonía, también en principio dio la impresión de ser un instrumento que permitía evadir el cerco de las empresas periodísticas y dirigirse a un público mucho mayor. Se creyó que establecer un contacto auditivo era algo muy positivo para la democracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Así fue como <em>Roosevelt</em> la empleó en su momento, para difundir de <em>New Deal</em>. Pero de inmediato también Hitler se valió de ella para hacer llegar su voz a toda Alemania, mientras Göbbels sintetizaba los perversos once principios de esa propaganda, que hasta hoy resumen la estrategia clave para cualquier manipulación mediática que procure una creación de realidad totalmente falsa. En 1938, la broma de los marcianos de Orson Welles, puso en evidencia el potencial creador de realidad de la radiotelefonía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La televisión generó también nuevas expectativas democráticas, porque se pensó que, al mostrar imágenes reales, era menos manipulable que los meros recursos escritos y auditivos. Al poco tiempo se advirtió que quien poseía la cámara era quien decidía qué mostrar y hasta dónde hacerlo, pero que producía en el espectador la sensación de estar viendo la totalidad del hecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La televisión permite una arbitraria segmentación de la realidad, lo que no es más que una creación de realidad, pero con mayor poder de convicción. Uno de los más claros ejemplos de este recurso por parte de nuestra televisión hegemónica fueron las recientes proyecciones de algunas personas violentas en medio de multitudinarias concentraciones pacíficas, pero cuya masividad se ocultaba, de modo que, aunque en la realidad existía esa concentración, se construía una realidad diferente, de grupos de violentos causando desorden y daños.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con la revolución tecnológica de fines del siglo XX, comenzó la comunicación electrónica y las redes crearon la expectativa de una alternativa plural. Incluso cuando el gobierno español del momento, en vísperas de una elección, quiso imputar un gravísimo atentado a una organización política violenta, ocultando que había sido perpetrado por una organización terrorista motivada por la política exterior del propio gobierno, fue la comunicación electrónica la que impidió el grosero embuste e hizo perder las elecciones al partido oficialista de entonces.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero a poco vimos que se organizaban equipos destinados a meterse en las redes (<em>troll</em>), enviar mensajes simulando ser ciudadanos, asumir identidades falsas, difundir noticias falsas (<em>fakenews</em>), injuriar, estigmatizar y difamar sin límites. De este modo, el poder corporativo se apoderaba del nuevo medio, no sólo para neutralizarlo, sino incluso para usarlo como una nueva tecnología de creación de realidad. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A poco andar, las supercomputadoras permitieron el manejo de los <em>big data,</em> o sea, de enormes volúmenes de información. Los datos personales de millones de personas se convirtieron en una mercancía buscada afanosamente por la publicidad comercial, a la que posibilita una orientación muy personalizada, dirigida a grupos de destinatarios particularmente susceptibles a la atracción de los productos y cuyas preferencias se detectan mediante ese manejo privilegiado de enormes volúmenes de información personal.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://media.wired.com/photos/592680bfaf95806129f4fac3/master/pass/WIRED-culture-propaganda-Credit-WIRED.jpg" alt="Resultado de imagen para troll y fakenews" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta tecnología destinada a las grandes empresas, de inmediato se percibió que era extremadamente útil en campañas electorales, pues permite detectar hacia quiénes deben orientarse los mensajes, al tiempo que sólo puede ser utilizada por quienes disponen de la capacidad económica necesaria para acceder a esa tecnología. Por otra parte, tiende a sepultar toda privacidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De este modo se llega hoy a un nivel de creación de realidad mediática que cae en el absurdo, hasta el punto de que, por momentos, parecería psicotizar a la sociedad, alterando en gran medida la sensopercepción de los habitantes. Si fuese cierta la invasión marciana de Welles, es posible que a buena parte de la población se le hiciese creer que son los enanitos de Blancanieves.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se proclama la bonanza de las cifras económicas, cuando el país se endeuda en cantidades astronómicas y a la velocidad de la luz. Se declara la <em>guerra </em>a la corrupción por cohechos pasivos, preservando la impunidad de los autores de los cohechos activos y, como si esto fuese poco, se muestra al Estado como corrupto (por lo cual sería necesario <em>achicarlo</em>) y al capital financiero como moralmente virginal. Se minimizan las noticias de funcionarios con sociedades <em>offshore</em> y se naturalizan sus fortunas en el exterior, se blanquean los productos de la evasión fiscal, es decir, se trata de que la población ignore el fenómeno de la <em>corrupción sistémica</em> en que estamos inmersos.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo se llegó a esta situación, que permite alucinar una realidad construida y distante del mundo real? En definitiva y más allá de los cambios tecnológicos, se trata de la continuidad de la mercantilización de los medios de comunicación que comenzó en el siglo XIX. Con el proceso de concentración de capital y, en particular, con la hipertrofia del aparato financiero sobre el productivo, los medios se convirtieron en corporaciones, cuyos intereses coinciden con los que representan los <em>chief executive officers</em> del corporativismo totalitario, hasta devenir una parte indispensable de su entramado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A lo largo de este proceso de dos siglos, es dable observar que cada nueva tecnología de comunicación, al principio sirvió o se creyó que servía a la democracia plural, pero a poco cayó en manos de quienes estaban interesados en distorsionar a esa democracia y ponerla en serio peligro o destruirla.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No debe sorprender esta dinámica a quien la compare con la que rige en la prevención y represión de la criminalidad, lo que, por cierto, es bastante sugerente. En ese campo, toda nueva tecnología destinada a la prevención y combate al delito, a poco es incorporada por los criminales, que la emplean para delinquir mejor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El automóvil, la electricidad, las armas de bolsillo, las largas, las de repetición, los explosivos, el teléfono, la radiotelefonía, la telefonía digital y muchos más, en principio, entusiasmaron a la criminalística por su posible capacidad preventiva, pero a poco se  incorporaron a la tecnología criminal y, por ende, sólo sirven para combatir a los criminales más torpes, que tecnológicamente quedan retrasados, al igual que lo que tiene lugar en el mercado, donde son eliminadas las empresas que padecen igual atraso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es esto nada diferente de lo que sucede en las democracias con los cambios tecnológicos que, al surgir, entusiasman a los democráticos, pero al poco tiempo son empleadas por quienes corrompen o neutralizan a las democracias.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://assets8.domestika.org/project-items/001/289/958/_T0B6991-Editar-big.jpg?1430930529" alt="Resultado de imagen para orson welles la guerra de los mundos" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde la perspectiva de los arcos temporales, se trata de un proceso en que los criminales corren tecnológicamente detrás de las policías y, si lo llevamos al plano de las democracias plurales, no podemos ocultar la impresión de que los totalitarismos corren en tecnología detrás de las democracias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ante este fenómeno, es bastante claro que las instituciones democráticas no reaccionan con suficiente rapidez frente a los desafíos de los cambios tecnológicos que las amenazan. Es claro que padecemos un atraso institucional democrático frente a los avances tecnológicos. En ese sentido, vivimos una clarísima disparidad o diacronía entre la velocidad con que se incorporan nuevas tecnologías para desvirtuar a las democracias y la reacción institucional de éstas para defenderse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buena parte de esta diacronía obedece a que la manipulación no es ahora nacional, sino transnacional, pero el derecho internacional no la ha encarado con seriedad hasta el presente, sin duda debido al juego de intereses corporativos que, obviamente, opera en ese nivel. Esto es grave, porque la idea de democracia plural y de sociedad abierta, en definitiva, es inescindible –como presupuesto- del avance de los Derechos Humanos en el plano de la realidad social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el orden interno de los Estados, se sabe que el poder de manipulación mediática no es infinito, o sea, que no puede inventar la realidad sin límites, sino que se limita a la vieja técnica <em>völkisch </em>o <em>populacherista, </em>que consiste en detectar los peores prejuicios sociales discriminatorios, profundizarlos y montarse sobre ellos al estilo del siempre recordado Göbbels. Entre paréntesis y de paso, cabe insistir en que no debe confundirse la insidiosa táctica <em>populachera</em> con nuestros <em>populismos, </em>salvo por una mala traducción. Estos últimos son movimientos de ampliación de la base de ciudadanía real, lo que no tiene nada que ver con aquella, pese a la confusión de los autores del hemisferio norte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volviendo a la táctica sucia, es dable observar que, entre sus limitaciones, cuenta la de impactar principalmente sobre ciertos sectores sociales, porque la famosa y reiterada <em>consciencia de clase </em>del marxismo tradicional, en realidad no existe. Las clases más humildes de nuestras sociedades se encuentran sometidas al incremento de conflictividad violenta, que lleva a que criminalizados, victimizados y policizados pertenezcan por igual a ellas. Mientras se maten entre ellos, no tendrán posibilidad de dialogar y coaligarse, y eso es lo que fomentan quienes procuran mantener el actual nivel de alta estratificación y exclusión sociales. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El impacto de la manipulación tecnológica de la población recae en particular sobre las llamadas <em>clases medias, </em>que siempre requieren de una clase subalterna de la que distinguirse y a la que rechazar y odiar, imputándole todas sus frustraciones. En su afán de pretendida <em>superioridad moral, </em>producto de su <em>soberbia meritocrátrica</em>, que las lleva a imitar los gustos y modas de sus envidiadas clases ricas y a identificarse ambivalentemente con ellas, desarrollan un odio que las hace víctimas favoritas de la manipulación<em>. </em>En este sentido, es necesario convenir que, en nuestras sociedades muy estratificadas, la única que tiene <em>consciencia de clase </em>es la de los que concentran riqueza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero las <em>clases medias </em>no responden hoy a su condición económica, pues en nuestras sociedades sus límites son difusos y, por ende, su composición es heterogénea y bastante fragmentada, de modo que, si bien en ellas hay sectores más vulnerables a la manipulación, hay otros que van abrigando dudas acerca de la realidad construida por los medios y también, aunque minoritarios<em>, </em>tampoco faltan sectores críticos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estos sectores críticos se amplían en función de la información y formación que proporciona la educación pública, de modo que los intereses corporativos perciben su crecimiento como un peligro. Por eso, la reducción presupuestaria a las universidades nacionales, el privilegio de la enseñanza privada, el consiguiente descrédito de la enseñanza pública y la continua estigmatización de los docentes, es algo perfectamente armónico con los intereses del totalitarismo corporativo financiero. <em> </em>     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En definitiva, se trata de un cercamiento armónico por parte del poder financiero transnacional: por un lado, se vale de la indefensión institucional de las democracias plurales frente al uso de las nuevas tecnologías de comunicación, pero por otro, busca debilitar y contener el crecimiento de los sectores críticos de las llamadas <em>clases medias </em>en nuestras sociedades. Se trata de una cuestión de mercado: <em>vende un producto podrido, sabiendo que tiene una demanda y, por otro lado, trata de mantener y acrecentar esa demanda, evitando la dispersión de su clientela intoxicada</em>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 10 de abril de 2017</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>Política y publicidad &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Apr 2019 20:02:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[mercancía]]></category>
		<category><![CDATA[neocapitalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La tecnología del diseño de imágenes publicitarias es lo que ha embargado a los linajes provenientes de la forma política de dirigirse al todo social, tanto para recrearlo como para escindirlo. La lógica de la publicidad de la mercancía privada, se muta en el discurso total que abarca las lenguas de la política, la economía y lo jurídico. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/politica-y-publicidad-por-horacio-gonzalez/">Política y publicidad &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La tecnología del diseño de imágenes publicitarias es lo que ha embargado a los linajes provenientes de la forma política de dirigirse al todo social, tanto para recrearlo como para escindirlo. La lógica de la publicidad de la mercancía privada, se muta en el discurso total que abarca las lenguas de la política, la economía y lo jurídico.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La historia de la publicidad es antigua, tanto como el deseo de hacer conocer a otros las ventajas de lo que hacemos o pensamos. En ese sentido, las inquietantes e inagotables ironías con que lanza Sócrates su mayéutica, es una forma conversacional de la publicidad. Precisa de un interlocutor que acepta en cierta posición de inferioridad los razonamientos oblicuos e intrigantes de quien va conduciendo a los incautos hacia una verdad que no conocían, a pesar de tenerla al alcance de la mano o en su balbuceante intimidad. Para producir ese resultado, la adquisición de una verdad que podía ser contraria a las convicciones sostenidas hasta ese momento, era preciso una derrota sutil del desafiante, que restableciera la igualdad de un diálogo, pero que fuera en verdad un combate inútil con ese socratismo victorioso que, triunfante, no se jactaría de nada. Vencería haciendo a los demás, también vencedores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que surgiera una verdad en el ida y vuelta de las tácticas inquisidoras de Sócrates, no puede considerarse exactamente una retórica, pero en el sentido amplio es también el afloramiento de un sentido o una pasión nueva como efecto del uso de ciertos recursos previstos del lenguaje. Esos recursos debían llamar la atención a los oyentes por el hecho de desacomodarlos del habla común sin obligarlos a creer que lo que los sorprende es un uso equivocado del lenguaje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El político que dice “basta de retórica, vayamos a los hechos y resolvamos concretamente los problemas”, es también el usuario de una retórica que la niega para poder afirmarla. Usa el lenguaje para decir que no creamos en el lenguaje. También el que dice que va a explicar todo con sencillez y para que se entienda, usa un tipo de retórica que puede considerarse como de una rusticidad deliberada. ¿El que no tiene conciencia que al declararse amigo de la claridad absoluta y habla para que “todos entiendan”, es también un retórico? Lo es en la medida que tiene una teoría sobre lo que es entender o no entender, con la cual puede repudiar otras lenguas que le parecen lejanas o propias de “sabios y competentes”, que pueden engañar peligrosamente pues apabullan con sus retorcimientos e hipnotizan tramposamente a los aturdidos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El sentido común tiene varios planos y en general es autodefensivo. Los necesarios prejuicios de los que se componen las primeras posiciones del que se dispone a entablar conversación, cobran tal importancia que nunca se abren como corresponde. Es decir, un prejuicio es necesario en un plano de la conciencia, que puede estar al inicio de un trato, pero así como es seguro que aparece, no menos adecuado es que se vaya desvaneciendo a medida que se perfeccione el convenio conversable. Está el caso de otros políticos que afirman que no le llevan verdades premasticadas al común, sino que van solo a escucharlos, en tributo a la fuente de donde emana lo colectivo en tanto acercamiento a la verdad. Esa también es una conocida maniobra retórica, que no significa mentira ni nada por el estilo, sino un prospecto habitual que tiene una dimensión justa y democrática, que sin embargo puede dar lugar a anular las necesarias incertidumbres que genera todo discurso público, pues sus destinatarios saben otras cosas, no quieren cambiar de parecer o no están abiertos a otros conocimientos. Y el político opta por decir “solo vengo a escucharlos”. Así resuelve por la vía fácil lo que es el trato complejo de lo político con lo aún-no-existente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque el oficio del político es el de sumergirse en la esfera pública con el deseo de mostrar su discurso, sus promesas de acción y su capacidad de interesar a un sector definido de antemano o a un universo amplio y no claramente discernible, a veces a “toda la nación”, no una región o el barrio de una ciudad. Esto suena desmesurado, pero lo acompaña siempre la modesta práctica de decirles “pueblo” a un grupo de personas reducido, que sin embargo son un auditorio que por fugaz que sea, representa una “totalidad” imaginaria. Pero imprescindible. Sabemos que al dirigirnos al pueblo-nación queremos forjar formas unitivas u homogéneas. Pero solemos crear tempestades. Otra fórmula que no trae conflicto en torno a lo popular solicitado, la encontró Pepe Mujica, cuando a un conjunto de personas que lo escuchaba en un acto, ocasión en que ocurría un gran chubasco, dijo comprensivo, “Pueblo, te estás mojando”. La apelación describía una situación política de modesto sacrificio, una épica posible.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El político en ningún caso se entrega a este oficio, sin pensar el punto de equilibrio entre lo que supone tener como ofrecimiento y lo que ya saben, o imaginan que quieren, los grupos o individuos a interpelar. El peso del interlocutor nunca deja de existir, así como sería solo un demagogo si dijera tan solo lo que sabe (o imagina) que se quiere escuchar. Este tema es vastamente conocido en todos los países y en el nuestro, cuánto más. Cuando aparecen distintas mediaciones entre el político y los distintos estratos públicos (plebeyos, burgueses, empresarios o jugadores de bochas), rebajan su importancia los reyes taumatúrgicos, los mesías campesinos, los jefes dinásticos surgidos de palacios o catedrales. En cambio, cobra esencial interés el modo de llegar con un cuadro dialógico eficaz a un público heterogéneo. El problema no solo lo tiene el político que quiere interesar a trabajadores no alfabetizados o sesgadamente instruidos en la lectura, sino los portadores de símbolos de la cultura y el poder que se basan en el respeto que provocan sus ornatos entre la plebe, lo cual reconoce el propio Mariano Moreno en su Decreto de supresión de Honores. Los suprime, pero no a todos, por el temor de que cese todo acatamiento ante la ausencia de los añejos símbolos asociados al mando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La aparición de la imprenta, inspirada en una prensadora de vid, y casi un siglo más tarde los periódicos, hace de estos una continuación y perfeccionamiento de la agitación de ideas sociales, con artesanías que los preceden, pero a nadie se le había ocurrido todavía que “el medio era el mensaje”, pues faltaba mucho más de dos siglos para que tal cosa ocurriera. Cuando Marx dirige <em>La nueva gaceta renana</em> en 1848, hacía mucho más de un siglo y medio que las facciones políticas lo eran si se constituían en un órgano de difusión. Esta verdad quedó consagrada en la idea de Lenin, que fue quien la formuló con mayor precisión, en el sentido de que el periódico era el armazón del partido, dándole la misma importancia, pero de manera inversa a Hegel, que había dicho unas décadas antes que el periódico era la oración matutina del burgués. La idea de “llevar ideas al pueblo” o que ya todo está instalado en el “saber popular” acucia al político. Aquí se condensan las dos posiciones contrapuestas que aun ejercen cierta influencia, a veces no tan lejana, en los cálculos, procederes y arengas de los políticos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es bien conocida la idea que promocionó Lenin respecto a que había una tendencia de espontaneidad y “empirismo” en la vida popular, con lo que la idea revolucionaria debía aparecer “desde afuera” e ingresar en el cuerpo social gracias a la pedagogía revolucionaria, agitación, propaganda, cursos formativos y hechos en sí mismos ejemplares capaces de llamar la atención de los pobladores. Y esto producido por un estrato especial de personas, llamados militantes, revolucionarios, propagandistas, insurgentes, intelectuales, líderes o sediciosos. En sus famosas autocríticas de los años 60, Lukacs dice que un problema de su gran libro “Historia y conciencia de clase” fue el de considerar al proletariado como una clase para-sí, con un índice apriorístico de su conciencia histórica, considerada como algo siempre fijo a una totalidad histórica. El error consistía en verlos de antemano como poseedores de una misión histórica, porque también se lo pensaba a partir de una “conciencia atribuida”. Por lo que vivían una vida teorética y no necesariamente proletaria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando se le dice populismo al primer peronismo -es decir, a las formulaciones que durante la década del 50 se hacen sobre esa identidad que alude al mismo dador del nombre, el propio Perón-, varían un poco las cosas, pero son cotejables. La “marcha peronista” lo dice, aludiendo al que “se supo conquistar a la gran masa del pueblo”. Supone esta frase que también hay un saber exógeno a la clase para-sí, pues ella no conoce enteramente su rol histórico, por lo que hay que conquistarla, persuadirla, indicarle el camino. Hay un venir de afuera, como décadas después la semiología argentina analizó hablando de los “modelos de llegada” del peronismo a la arena social e histórica. No obstante, la “doctrina” peronista, que se basa en lo que un jefe es capaz de inculcar a sus seguidores, también contempla el caso de la ausencia dramática del jefe, por lo cual la tarea pedagógica bien realizada consiste en que cada uno “lleve el bastón de mariscal en la mochila”, con lo que se genera la comunidad de iguales que pasa de tener un jefe, a poder imaginarlo siempre, en presencia alegórica y no necesariamente empírica.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/17145624/Afiches-del-Peronismo-Collage-Portada.jpg" alt="Resultado de imagen para peronismo polÃ­tica y publicidad" /></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Abundan las leyendas en torno al fantasma huidizo pero sobreviviente de los muertos ilustres. Ocurrió tanto con el Rey Sebastián de Portugal en el siglo XVI como con Carlos Gardel. En “Bombo el reaparecido”, Mario Santucho da ahora otra gran versión de la misma leyenda, con nuevos personajes que ponen una cuña de nuevos desvelos para interpretar la historia argentina reciente. O los sucesos de los años 70 pueden ser leyenda reaparecida u objeto de un réquiem concluyente. En el primer caso, se reconstituye el todo, momentáneamente acéfalo, siempre a partir de cualquier partícula náufraga, aparentemente perdida, aunque fantasmal. En un sentido general, cualquiera sea su modo narrativo, se trata de un populismo complejo, pues el centro de ese sistema, el conductor, postula una totalidad que puede derruirse y luego reconstituirse siempre partiendo de sus principios ya dados, ya que existiría un pueblo enteramente inmanente a la doctrina homogénea que lo nombra. Lo que lo conduce siempre actuaría como recreación imaginaria en su interior. Existiendo la postura del fantasma que lo recorre, el todo puede sucumbir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, todos estos problemas en torno a la proveniencia del saber político en el juego entre las elites y el pueblo, con lo complejo que siempre fue definir esta relación, ahora se ven totalmente trastocados por la desagregación y extinción de todas las pedagogías políticas conocidas hasta este momento. Y todo en nombre de un estallido de la moderna pero antigua sociedad, pensada tradicionalmente en términos de clases o de intereses agregados que se corresponden entre sí. Tal correspondencia sería entre tipos de posición social con los tipos de creencia reivindicatoria que se poseen. Estas equivalencias y parangones serían las que han sucumbido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jorge Alemán lo explica de este modo. <em>“La matriz discursiva no es una superestructura; es la materialidad donde se sostiene la economía, las instituciones del Estado.”</em> Por eso no es posible <em>“oponer la verdad económica al hecho discursivo. Justamente es en esta época donde se puede confirmar que el capital se ha vuelto más ‘significante’ que nunca y se ha separado definitivamente de sus referentes, pues la economía actual del neoliberalismo funciona como un discurso que no encuentra otra cosa más que estabilizaciones parciales que cada vez son más frágiles”. (</em>En <em>Capitalismo, crimen perfecto o emancipación).</em> Esta separación de lo que creemos que debemos creer respecto de los referentes sociales de los que emanan los intereses, supone una quiebra radical de la posibilidad de “atribuir” desde las concepciones históricas que fuesen, ciertos objetivos específicos a los sectores sociales que, en cuanto a los que son más desfavorecidos, tarde o temprano se encontrarían con las descripciones más ecuánimes que reunifiquen los estados de conciencias potenciales con los actos políticos que los desliguen de las causas “capitalistas” de la opresión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se vivió muchos siglos creyendo que las formas de conciencia se fusionarán en algún punto de la historia con el despliegue total de sus ya auto-reconocidos intereses totales. Pero ya se ha visto que esta noción de los grandes movimientos sociales del siglo XIX y XX no se ha verificado. En cambio, se ha deshecho. En el campo de esa fractura entre intereses y representación se sitúa ahora la esfera pública concentrada en una lengua dominante de la intimidad, en la creencia en que hay sostenes posibles para una autoafirmación del yo que pertenecería a un individuo egocentrado, propietario de sus propias decisiones. Esta ilusión ha sido creada por el avance drástico que ha tenido una nueva forma de la esfera pública, que se hace pasar ahora por una interpretación del deseo emancipatorio individual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se trata de las tecnologías publicitarias neocapitalistas como mercancía de las mercancías, como símbolo de los símbolos, como supra lenguaje de entre todos los lenguajes. Se que se trata de un tema que merece más rigor explicativo, pero a falta de mejor cosa, ofrezco un par de ejemplos. En la pantalla de lectura de cualquier texto que consultamos o producimos en los más diversos sitios de la red, no solo aparecen publicidades que de alguna manera u otra se refieren a nuestros intereses situacionales (de ocio, lectura, viajes, itinerarios de vida colectados a través de los signos que producimos con nuestro propio contacto reticular en esos instrumentos denominados de conectividad) sino que también, si leemos un texto de una publicación, cualquiera sea, se nos remite a temáticas parecidas producidas por esa misma publicación, a través de los llamados links, que conciben un tipo de lectura salteada, ramificada, cortajeada en innumerables pedazos temporales y espaciales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta disgregación de la atención es paralela al desligamiento de los intereses sociales respecto de las distintas representaciones que se asumen como realización del individuo que se imagina autocentrado en su satisfacción real. Que coincide con una especie de positivismo sobre su propio yo, consistente en el rechazo de toda reflexión, reemplazada por siniestras fraseologías de apariencia invulnerable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se dirá que así son las tecnologías de las redes, las saludamos dado que por suerte conforman u homologan una parte importante del modo efectivo con el cual proceden nuestras operaciones mentales. Pero más bien parecen el triunfo de la esfera de la publicidad ocupando casi por entero la parte que antes se llamaba la esfera pública, fagocitada ahora por su prima hermana que durante largos años fue astutamente minoritaria. Era la “publicidad” lo que denominaba el cuerpo de difusión del interés empresarial y lo “público” el cuerpo de interés respecto del trato o de los convenios políticos. La primera nunca se atrevió a sustituir con tanta eficacia a la segunda. Ocurre ahora una transmutación. La tecnología del diseño de imágenes publicitarias es lo que ha embargado a los linajes provenientes de la forma política de dirigirse al todo social, en este último caso tanto para recrearlo como para escindirlo. La lógica de la publicidad de la mercancía privada, se muta en el discurso total que abarca las lenguas de la política, la economía y lo jurídico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se genera así un completo aparato de juzgar, que actúa con técnicas sigilosamente invasivas. Vemos un programa político con disquisiciones que nos parecen atinadas, pero en un corte aparece una publicidad, por ejemplo, de los planes Trivago para elegir hoteles, con personajes juveniles, felices, finamente hedónicos, conscientes de su libertad para seleccionar lo que más le conviene solo apretando un botón, una consulta en una pantalla igual a aquella en la que lo estamos observando, esperando que vuelva lo que consideramos importante, el personaje político o actoral que detentaría el sentido primordial de lo que esperaríamos escuchar. Pero lo importante sabe que debe hacerse pasar por aquello que parece menos importante, mientras esperamos lo que nos toleran que creamos que es más importante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No sabemos todavía muy bien si nuestra capacidad vital de abstraer, puede crear tabiques operantes en tal proliferación de imágenes que nos solicitan, que vienen a nosotros porque nosotros ignoramos relativamente de que raro modo las hemos también producido. No nos atrevemos a imaginar cómo será la forma final del declive del “programa de las instituciones públicas”, la inminente fusión del capitalismo digital con las agencias de inteligencia. Estas a su vez mancomunadas con las de recaudación fiscal, con las de circulación financiera, con los estudios de publicidad, y ellos con las redacciones periodísticas, éstas con los servicios de escuchas clandestinas y con los juzgados en cualquier instancia, y las redes convertidas en meta mercancías de vigilancia que postulan la libertad de opinión, o estas relativas libertades, que a su vez postulan aquellas vigilancias, y que todo ello sea el horizonte en que operará de ahora en adelante la política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque creemos que esto no debe ser así, es conveniente comenzar a pensar que hacer política, consiste también en el rescate de la política, incluso respecto de aquellos “aceleracionistas” que, según postula Jorge Alemán, creen admisible que provocar un optimismo libertario sobre “la disolución de lo humano por los dispositivos de la inteligencia artificial”. Por mi parte, no me parece concebible un accionar político, de lo político y sobre lo político, que en su supuesta debilidad, crea que lo mejor es aliarse a la gran licuefacción del lenguaje que antes se proponía “ir al pueblo” (o al revés, que creía que ya que en lo popular existían las ideas fundantes sin más), reemplazado ahora por una exterioridad total no solo ante lo que se sedimenta como franja de lo popular, sino ante lo que se refiere a ella desde su exterior que lo repondría en la historia, o desde su interior, que lo reafirmaría como sujeto iniciador de una reparación colectiva por sí mismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, esa licuefacción o derretimiento del ser político ocurriría como catástrofe si se piensa que el uso conexo de estas plataformas del llamado “cognitariado” serán las operadoras de las revoluciones tecnológicas al servicio de la emancipación. Pueden ser en cambio los que estén más cerca de entonar el responso del fin de las pasiones políticas.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 8 de abril de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Sociólogo, escritor y ensayista</em></span></p>
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		<title>Poder, dominación y deseo &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Oct 2020 23:04:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[deseo]]></category>
		<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Roque Farrán afirma en esta nota que el poder es una red descentralizada y multiforme que ejercemos entre todos de diversas maneras, pero eso no niega que en determinadas condiciones haya puntos nodales de condensación en la red que sean digitados por muy pocas personas. Farrán sostiene que hay que saber leer también cuándo el poder deviene en  dominación.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/poder-dominacion-y-deseo-por-roque-farran/">Poder, dominación y deseo &#8211; Por Roque Farrán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Roque Farrán afirma en esta nota que el poder es una red descentralizada y multiforme que ejercemos entre todos de diversas maneras, pero eso no niega que en determinadas condiciones haya puntos nodales de condensación en la red que sean digitados por muy pocas personas. Farrán sostiene que hay que saber leer también cuándo el poder deviene en  dominación.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El poder es una red descentralizada y multiforme que ejercemos entre todos de diversas maneras, no caben dudas. Pero eso no niega que en determinadas condiciones haya puntos nodales de condensación en la red que sean digitados por muy pocas personas. Un ejemplo bien concreto es que si no pagamos internet no podemos hacer muchas de las cosas que hacemos habitualmente (dar y recibir clases, estudiar, investigar, comprar, realizar trámites y pagar servicios), y los servicios de internet pertenecen a muy pocas personas que hoy están operando contra el gobierno elegido democráticamente. La transferencia concreta de dinero que hacemos todos los meses, contribuye materialmente a comprar diversas voluntades: periodistas, políticos, trabajadores, etc. Hay que saber leer también cuándo el poder deviene lisa y llana dominación. A veces las cosas son mucho más simples de lo que parecen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El problema no es la comunicación ni la información que puede brindar el gobierno, a esta altura deberíamos saberlo: quienes no entienden ni se informan bien es porque no quieren hacerlo; reforzar los mecanismos persuasivos y la editorialización constante, solo conduce a exacerbar los ánimos, siempre hacia lo peor. El problema es el sujeto: la formación integral del sujeto más que su interpelación ideológica. La formación se tiene que hacer punto por punto, en cada nivel e instancia del todo social complejo. La formación no es solo transmisión de contenidos, sino el anudamiento singular de forma, contenido y afecto. El gobierno de las conductas que no desea manipular ni prestarse a la manipulación mediática, tiene que ser impecable y confiar en el uso material de cada dispositivo. No confundir las instancias y las prácticas resulta clave para no seguir reproduciendo lo peor. No podemos admitir la desfachatez de decir cualquier cosa abusando de la posición dominante o la transferencia idealizante, cualquiera sea el sujeto que así opere. Incluso en el uso de las redes sociales tenemos que ser responsables por cómo decimos y escribimos, si no queremos reproducir lo peor de aquello que nos quejamos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Existe una tecnología que no ayude a explotar o extraer datos de los otros, sino que contribuya a potenciarlos, a transformarlos, que nos permita dejar de ser idiotas útiles o manipulables? Sí, existe: la escritura. La escritura es una tecnología maravillosa y simple, requiere para su práctica realizar un cruce de determinaciones (epistémicas, históricas, subjetivas) que inhabilitan cualquier algoritmo, cualquier división lógica fácil, cualquier distinción entre ceros y unos, positivos y negativos. Porque la escritura implica el cuerpo, las palabra y los afectos, de un modo que se anudan singularmente evadiendo las cajitas bien dispuestas de recolección de datos y significaciones. Sugiero usar esta modesta tecnología, incluso en esta red boba, porque permite resignificarlo todo, leer de otro modo, dejar de decir necedades. En la escritura uno no consume más que el tiempo que resta, sin promesas de significaciones trascendentes o importancias personales. La escritura es, como se dice, a puro gasto del sujeto, a pura cuenta de su deseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En lugar de preguntar a esta altura del partido si la revolución es deseable, habría que plantear si no es el deseo el que, a la inversa, puede ser revolucionario; o mejor: subversivo. Creo que luego de que Badiou planteara la posibilidad de un “revolucionario de Estado”, y que yo mismo propusiera hablar de “revolucionarias de Estado”, quizás estemos en condiciones de plantear la revolución del deseo desde otro lugar: ¿Quiénes están dispuestxs a asumir lo que el deseo revoluciona en los cuerpos y pensamientos, atravesando diversas instituciones y dispositivos, en relación a sí y a los otros? Porque es asumiendo la idea del fin inminente de todo que la posibilidad del deseo subversivo, no como ingenua liberación de las pulsiones, adquiere su verdadera materialidad e irreductibilidad. El deseo de perseverar en el ser puede ser tan conservador como revolucionario (después de todo revolución significa literalmente “volver al mismo lugar”). ¿Cómo puede ser? Solo cuando desear, desear vivir y desear vivir bien son lo mismo, coinciden nodalmente en un punto crítico, no queda otra posibilidad que asumir el deseo o morir. La opción es forzada, pero tiene que ser decidida.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 3 de octubre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Filósofo</span></p>
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		<title>Subjetividad Mortífera y Negacionismo &#8211; Por Osvaldo Fernández Santos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Mar 2021 00:56:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Osvaldo Fernández Santos]]></category>
		<category><![CDATA[24 de Marzo]]></category>
		<category><![CDATA[Gómez Centurión]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[negacionismo]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Durante los últimos años, el impacto de los avances científicos en la producción de la subjetividad ha sido mayúsculo. En este artículo sólo se abordarán los aspectos concernientes a la instrumentación de la innovación tecnológica como herramienta de poder y territorio de asimétrica disputa ideológica. Un dato estremecedor de la captura de la subjetividad es el negacionismo y la banalización de la dictadura cívico-militar exhibidos por usuarios reales en las redes sociales, el día de la conmemoración del horror.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/subjetividad-mortifera-y-negacionismo-por-osvaldo-fernandez-santos/">Subjetividad Mortífera y Negacionismo &#8211; Por Osvaldo Fernández Santos</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Durante los últimos años, el impacto de los avances científicos en la producción de la subjetividad ha sido mayúsculo. En este artículo sólo se abordarán los aspectos concernientes a la instrumentación de la innovación tecnológica como herramienta de poder y territorio de asimétrica disputa ideológica. Un dato estremecedor de la captura de la subjetividad es el negacionismo y la banalización de la dictadura cívico-militar exhibidos por usuarios reales en las redes sociales, el día de la conmemoración del horror.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Osvaldo Fernández Santos*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">           </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La cuestión de la producción-reproducción de subjetividad, históricamente estuvo ligada, entre otras determinaciones, a los medios de comunicación masiva. La híper-concentración de la riqueza y la revolución tecnológica, introdujeron un nivel de evolución en términos de la meta captura ideológica, con consecuencias sociales y políticas impactantes, que hicieron estallar los modos clásicos de creación de sentido y de los vínculos humanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> “La grieta”, no es solo una degradación de la lucha de clases, sino un concepto social novedoso de origen espurio y maniqueo, que más allá de sus condiciones de partida, finalizó dando cuenta de ciertos cambios estructurales operados a nivel de la subjetividad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La implementación de algoritmos en las redes “sociales”, llevaron al trabajo particularizado de imposición de significación, verosímilmente hasta singularizado, en forma complementaria de la narrativa general justificativa de la “naturaleza” intrínseca del capitalismo y el valor de la meritocracia como sistema de vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La estrategia justificatoria de la inequidad extrema como modo de existencia, se basó/a (en esto no hay novedad) en la creación de un enemigo, bajo la égida del odio como ratio fundante y última de toda argumentación. Todo instituyente que cuestione el statu-quo es lo otro a ser combatido, defenestrado, y en el extremo eliminado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las bolsas mortuorias como reciente símbolo de la derecha argentina, no son metafóricamente aleatorias sino inherentes a la beligerancia creciente de la compulsión destructiva que reemplaza el trabajo de pensamiento. Los antecedentes simbólicos exhibidos en las marchas reaccionarias de muñecos que simulaban el ahorcamiento de dirigentes populares, el grito de guerra de “a los negros de mierda hay que matarlos a todos”, la vocinglería desenfrenada de odio de la mayoría de los manifestantes a los que se les acerca un micrófono, dan cuenta del recorrido lógico hasta la aparición de las bolsas mortuorias con los nombres de dirigentes de Derechos Humanos, gremialistas, y políticos.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cabe resaltar la falta de innovación en la elección de la estrategia bélica, residiendo la novedad en el crecimiento exponencial de la escala en la instalación del odio. La alienación odiante se propicia-genera por medio de operaciones sofisticadas de posverdad, fake news/lawfare, la propagación ilimitada de las puestas en escenas como noticias en los medios hegemónicos de comunicación y redes “sociales”, y la reiteración de consignas básicas e ingeniosas como propuesta identitaria de pertenencia al sentido común dominante. El otrora orgulloso “apolítico” devino en un cruzado del ideario de las clases dominantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La naturalización del cinismo es intrínseca al dispositivo para la captura subjetiva. A posteriori, el cinismo es asumido en modo identificatorio o mimético. La dinámica alienante incluye la asignación del lugar del fanatismo a todo aquel que pretenda con argumentos racionales y datos concretos, cuestionar el imaginario neoliberal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las resistencias históricas a la inequidad debieron incorporar las disputas en el campo etéreo de la virtualidad a las luchas territoriales, con disparidad de recursos económicos y a dominancia con las saludables limitaciones inherentes a la ética. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://primereando-assets.tadevel.xyz/605c9e2ea8213e33ab6c73c9/720.webp" alt="Polémica por el mensaje negacionista de Gómez Centurión en el Día de la Memoria - Primereando Las Noticias" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La inmediatez de la comunicación en las redes, el afán de figuración propuesto y explotado por las mismas, así como el legítimo derecho de expresión, facilitan el conocimiento del posicionamiento ideológico instantáneo de seres significativos ante cada coyuntura; generando un malestar mayúsculo con ruptura o distanciamiento de vínculos, en universos de improbable intersección. Dolor, enojo y estremecimiento en espejo, ya sea por la toma de conciencia del relajamiento ético del otro significativo, o de su descalificación por fanático. En el primer caso, además, asumiendo la vivencia del vínculo un carácter siniestro, ante lo familiar que se torna repentinamente en terrorífico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El odio como fundante de la imposición de significación condiciona la extensión de la definición de la categoría de semejante. La aporofobia, la xenofobia, y el racismo son promovidos por las representaciones inherentes al sostenimiento de la asimetría inconmensurable de la distribución de la riqueza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La bipartición del mundo en torno de la aspiración a la equidad y la oposición a la misma, ha sido atravesada de modo brutal por la instrumentación de los avances tecnológicos para la captura subjetiva en función del sostenimiento de privilegios extremos, generando la existencia de dos culturas cuantitativamente dominantes dentro de una misma sociedad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La eficacia de la estrategia alienante es indiscutible, las consecuencias políticas nefastas pero remediables o disputables; ahora, los estragos en la subjetividad son de devenir incierto: el negacionismo y la banalización de la dictadura cívico-eclesiástico-militar exhibido el día de la conmemoración del horror, por usuarios reales en las redes, es un dato estremecedor en tal sentido.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 25 de marzo de 2021</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Psicólogo-Psicoanalista</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">                                                                                 </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">                                                                                   </span></p>
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		<title>La incruenta y trivial batalla de las redes &#8211; Por Carlos Caramello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Dec 2021 18:08:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Caramello]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La “militancia de redes” es como jugar ajedrez y creer que se está haciendo la guerra. Por Carlos Caramello* (para La Tecl@ Eñe) “El verdadero héroe es siempre<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La “militancia de redes”</strong> <strong>es como jugar ajedrez y creer que</strong> <strong>se está haciendo la guerra.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Carlos Caramello*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>“El verdadero héroe es siempre</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>un héroe por error,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>su sueño era ser un cobarde honesto</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>como todos los demás.”<br></em><strong>Umberto Eco</strong><strong></strong></p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ni los brasileros salieron de la selva ni los dirigentes políticos argentinos bajaron de un OVNI una noche transparente y templada, en la pared oeste del Uritorco. Aunque usted no lo crea, esa dirigencia política (y la empresaria, y la deportiva y hasta la eclesiástica si me apuran) surge de las mismas costumbres, vicios, virtudes, conflictos, inseguridades, certezas, obscenidades y agachadas sociales que <em>você</em>… y que <em>eu</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sí. Sí… no se haga el distraído. Se le nota el barrio. ¿Y sabe dónde se le nota más?: en las redes. Cada uno de sus <em>posteos</em> es como una delación. Y eso que nadie está obligado a declarar en contra de sí mismo pero, usted insiste. Por ejemplo; se ha pasado el año diciendo “<em>El Gobierno Comunica Mal</em>”. Ok. <em>“¿Y Boston?</em>”, hubiese preguntado Aníbal Fernández en otros tiempos. ¿Es consciente de la cantidad de curvas que se ha comido? ¿Del número de operaciones de las que ha participado en “<em>idiota útil mode on</em>”? ¿Y de haber servido alegremente a los intereses que cree combatir?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No me venga con que lo hace de buena fe. Entre caníbales no nos vamos a <em>calotear</em> el fiambre. Y no se defienda diciendo que no cobra por emitir sus opiniones. Porque le aviso que si bien puede que usted no cobre, algunos de los que acompaña con sus <em>like</em>, sus <em>corazoncitos</em> o sus <em>emojis</em>, facturan por respuesta. Como taxis cuando cae la ficha… Y se les nota mucho. ¿Nunca le cayó la ficha? Mire usted… qué barbaridú!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ni que hablar de esa obsesión por <em>debatir</em> con los propios (en general no se trata de debate sino de discusión inconducente) y hacer el <em>pichicho desentendido</em> con los ajenos. Como si le tuviese cierto “<em>miedito</em>” a la oposición. O será que la única vez que se animó, lo abarajó una granja de <em>trolls</em> y lo dejó de cama.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Mírese bien. Ahí. En ese espejo: el cincelado de twitter, el Veneciano de Instagram o el cóncavo-convexo de Facebook. Puede que crea que ese que ve, es usted. Pero puedo ser yo. Cualquiera de otros/otras miles. Lo que seguro no es, es uno/una que trabaja en resolver los problemas del “otro”: o sea, hace política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ya se, ya se. Las redes son “solidarias”… <em>masomeno</em>. Hay alguna gente haciendo “<em>caridad</em>” (como aquellas viejas damas de la beneficencia que Evita sacó a los piques); alguna gente reclamando conmiseración. Soledades y soledosos de todos los calibres. Hombres y mujeres con problemas reales que piensan (desean) poder encontrar en ese mundo con más ego que inteligencia, con menos corazón que en una parrillada, una salida. Y a veces hasta pasa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pero no es la Política. No hay salida general… ni siquiera la grupal. Con suerte, algunos -que NO son los que usufructúan del resto y hacen su enero individual-, reciben respuesta positiva. Pero siempre de a uno. Siempre particular. Nunca colectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No estoy para decir si eso sirve o no. Sólo aviso que no es la Política. Y que la “<em>militancia de redes</em>” es como jugar ajedrez y creer que se está haciendo la guerra. Además de la agresividad a flor de piel, claro; el exhibicionismo cuasi violento y… los lances.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Está mal? Para nada. Si se sabe dónde se está. Si se conocen las reglas de eso que no pasa de ser un juego, no está mal. Pero no se sienta un patriota. Apenas un <em>tuitero</em>, o un f<em>acebokero</em> o un <em>instagramer</em>… nunca patriota, que twitter no es la Cordillera de los Andes y las batallas de Tik-Tok se ganan bailando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Así que, amiga, amigo, amiguE: largue. La única revolución <em>on line</em> es la guita que han ganado los dueños de la tecnología. Y la certeza que en pocos años más todos estaremos “<em>vigilados</em>”. Y eso no nos hace mejores. No somos superiores. Al contrario. Ni inteligentes… (al contrario).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Christophe Clavé, profesor de estrategia de la Escuela de Estudios Superiores de Comercio de París (y según muchos, el mayor especialista en estrategia del mundo) sostuvo hace poco que <em>“En los últimos veinte años ha disminuido el nivel de inteligencia, medido por pruebas, en los países más desarrollados”. </em>Clavé explica que <em>“</em><em>las consecuencias no deseadas de la revolución mediática de las últimas décadas es la incapacidad generalizada de describir emociones a través de palabras”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Al parecer, entonces, esas redes que muchos circulamos como si fuese un territorio mágico que nos constituye superhéroes, son bastante responsables de la evidente falta de inteligencia. “<em>Conozco</em><em><u> </u></em><em>influencers con varios millones de seguidores que se enorgullecen de no haber leído un solo libro (…) que se sienten completos, bien informados y bien sabido con la televisión, los diarios y Wikipedia, no sienten curiosidad por leer a Octavio Paz ni su&nbsp;Mono gramático&nbsp;&nbsp;(…) «Yo soy visual, aprendo con imágenes», repiten con su más natural inteligencia</em>”, se indigna Ramón Hernández, director de Cambio 16.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Le suena a algo, che? ¿Le trae alguna memoria reciente? Es para un práctico de la facu, que pregunto…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ni las granjas de trolls se trasladan numéricamente a las marchas ni las movilizaciones “autoconvocadas” se tornan efectivas si no está la política detrás… ¿O usted se creyó eso de que la Primavera Árabe se organizó por twitter? Política, embajadas, medios… eso: los grandes medios, como aquellos días en que el diario <em>La Nación</em> publicaba en tapa el sitio de encuentro donde se iban a reunir los “autoconvocados”. Y ni así.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por eso, casi con obsesión borgiana, vuelvo a la idea del juego de espejos. “<em>Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen</em>” dicen que ventiló José Martí. Más político, André Malraux lo reinterpretó en sus “Antimemorias”: <em>“…no es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”, </em>dijo. O sea&#8230; Uy! Perdón. Se me hizo tarde. Tengo que irme. Cierro la máquina. Tengo una reunión con personas reales… allá afuera.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 31 de diciembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros “Zonceras argentinas al sol” y “Zonceras argentinas y otras yerbas”, y “Los profetas del odio”. Su último libro editado es “Zonceras del Cambio, o delicias del medio pelo argentino”.</p>
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		<title>Uso ético y crítico de las redes sociales: una perspectiva filosófica materialista &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 May 2022 13:26:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Subjetividad troll]]></category>
		<category><![CDATA[Trolls]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El filósofo Roque Farrán sostiene en este artículo que el uso del dispositivo alienante, dispersivo y distractivo por definición, que constituyen las redes sociales, puede también singularizarse y devenir crítico del modo de relación imperante en ellas: la subjetividad troll.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El filósofo Roque Farrán sostiene en este artículo que el uso del dispositivo alienante, dispersivo y distractivo por definición, que constituyen las redes sociales, puede también singularizarse y devenir crítico del modo de relación imperante en ellas: la subjetividad troll.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Roque Farrán*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hoy que la crítica resulta una actitud generalizada y hasta la derecha mediática se transforma en “maestra de la sospecha”, pareciera que ya no conviene ser críticos.<a href="#_ftn1">[1]</a> Sin embargo, como he escrito varias veces,<a href="#_ftn2">[2]</a> el problema no es si la crítica sí o la crítica no, sino cómo ejercemos la crítica en función del lugar y el momento, del dispositivo y la relación concreta; sobre todo, cómo eso que hacemos nos implica. Así, por ejemplo, el uso de ese dispositivo alienante, dispersivo y distractivo por definición, que constituyen las redes sociales, puede también singularizarse y devenir crítico del modo de relación imperante en ellas: la subjetividad troll. Pero ese uso singular, que requiere cierta transformación de las condiciones naturalizadas, exige asumir un riesgo. En mi caso, algunas antipatías provenientes de diversas adscripciones ideológicas. A veces me encuentro con alguien que dice en otros lugares “me eliminó”, “me canceló”, etc., aunque jamás he eliminado ni cancelado a nadie, a lo sumo he sacado de mis contactos a quienes actuaban bajo la modalidad troll. Incluso amigos o gente que respeto por otros motivos y se comportaban en redes de manera agresiva o descuidada. En principio, no excluyo a nadie, pero el intercambio requiere condiciones de mutuo respeto y si veo que no se cumplen, no tengo problemas en retirar la confianza otorgada; luego, si alguien reconoce la falta y desea volver, no hay problema: nadie ha sido eliminado ni excluido, solo un modo de ser y actuar que es nocivo para ese medio y el uso que le doy. Así entiendo un ejercicio concreto de la crítica, orientado por el cuidado de sí y el uso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Tenemos que pensar las redes como dispositivos (Foucault) o aparatos ideológicos (Althusser) que no son simplemente alienantes o reproductivos de un orden dado (en la actualidad: el gobierno algorítmico que promueve la lógica neoliberal), sino que expresan la condensación material de una relación de fuerzas (Poultantzas) que también puede ser subvertida o transformada; para eso hay que pensar en términos de procesos de subjetivación. Estos procesos se dan en el seno de relaciones de poder y formas de saber articuladas, por supuesto, pero guardan su especificidad e irreductibilidad; no toda forma de subjetivación sigue la ideología dominante o la sujeción automatizante del dispositivo. Hay que agregar a este esquema del dispositivo, entonces, lo que estudió el último Foucault: el cuidado de sí [<em>epimeleia heauthou</em>] y el uso [<em>khresis</em>].</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por lo tanto, redefiniría la noción de dispositivo integrando a la dimensión relacional del poder y las formas de saber, el cuidado de sí y de los otros; quedaría así la definición de dispositivo: <em>condensación material de relaciones de poder, saber, subjetivación</em>. La noción de uso retomada de la antigüedad, no como simple razón instrumental, sino como complejo relacional en que el sujeto se constituye respecto a saberes, tradiciones, objetos, otros y sí mismo, permite captar la posibilidad de una transformación en los hábitos y la interpelación ideológica dominante que no sea ingenua ni rechace todos los materiales en juego. Lo cual, por supuesto, tampoco se cambia a simple voluntad porque hay una serie de condiciones objetivas del dispositivo y tendencias pulsionales en pugna que los -y nos- atraviesan: conservación, destrucción, creación. La subjetividad dominante que promueven las redes es la subjetividad troll, cuya característica principal es la reactividad y el odio; y por tanto, modificar el modo de uso exige ciertas condiciones de reflexividad crítica, honestidad intelectual, templanza y selectividad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En todo dispositivo tecnológico, desde el minúsculo medio micropolítico que constituyen las redes sociales hasta el Estado moderno, con su diversidad de aparatos ideológicos, hay siempre tres tendencias en pugna: (i) la conservadora-reproductiva, (ii) la represora-destructiva, (iii) la inventiva-transformadora. No se trata de idealizarlas porque nunca se dan puras y además se solicitan mutuamente; a veces la tendencia conservadora se alía con la destructora, o la inventiva con la conservadora, o la destructora solicita de la invención, etc. Otra complejidad añadida es que esas tendencias tampoco se juegan con el mismo estilo retórico en cada dispositivo y por eso no hay que automatizar su reconocimiento: en las redes puede ser conservador el estilo cínico agresivo, inventivo un simple meme o un aforismo, destructor un extenso soliloquio teórico, etc. Modos que a lo mejor invierten sus valencias en un aula virtual o real; en una asamblea universitaria; en un consultorio psi; u otros dispositivos. Atender entonces a las tendencias y los modos de intervención en cada dispositivo; pues no hay sentido único ni homogéneo, salvo para la interpelación subjetiva dominante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sobre todo, esto último: atender al <em>ethos</em> que orienta con conocimiento de causa, aunque no con un completo dominio, lo que se pone en juego en el uso y en cada intervención. Más que centrarnos en la retórica, como también expone el ultimo Foucault, hacer un uso crítico de los dispositivos exige la parresia o práctica del decir veraz: enunciación franca y directa que no busca congraciarse con nadie ni agredir gratuitamente, sino apuntar al nudo de poder, saber, subjetivación que nos constituye para decir qué nos conviene conservar, destituir o inventar en cada caso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La escasez de pensamiento en las redes no tiene que ver con la extensión, como dice Sarlo, no es porque no podamos escribir largo que se dificulta pensar; tampoco que no haya posibilidad de crítica y distinción entre lo falso y lo verdadero, como dice Berardi, porque no hay tiempo de lectura. El problema siempre ha sido cómo se anuda lo que se dice a lo que se es y hace, es decir, cómo la enunciación implica un riesgo y una transformación de quien habla, lee o escribe. El tiempo es lógico. En todo caso, lo que promueven las redes, como otros medios, es la actitud cobarde de tirar la piedra o lo enunciado y esconder la mano o la enunciación, en breve, de sustraer al sujeto que enuncia la oportunidad de implicación y transformación; de hacerle olvidar el ejercicio vital y sumergirlo en la pura rumia del odio y el resentimiento por lo que no ha podido ser. Mientras haya quienes lean, mediten y escriban, no importa la extensión y el medio, sino el nudo de implicación que encuentren en esos ejercicios vitales, habrá crítica y pensamiento.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1">[1]</a> Incluso ha surgido un movimiento de “poscrítica” en el que jóvenes y no tan jóvenes investigadores del primer mundo expresan su malestar por el automatismo que ha alcanzado una crítica tan bien posicionada. Véase: AA. VV. <em>Poscrítica</em>, Buenos Aires, Isla desierta, 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2">[2]</a> Roque Farrán, <em>Leer, meditar, escribir: la práctica de la filosofía en pandemia</em>, Adrogué, La cebra, 2020; <em>Escribir, escuchar, transmitir: crítica, sujeto y estado en tiempos pandémicos</em>, San Luis de Potosí, El diván negro, 2021.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Córdoba, 16 de mayo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Filósofo.</p>
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		<title>LA PARADOJA DE TOCQUEVILLE &#8211; POR DIEGO TATIÁN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 31 Jul 2024 01:47:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Tatián]]></category>
		<category><![CDATA[Batalla Cultural]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Tatián sostiene que los poderosos de la Argentina enmascaran como avance de la libertad el retroceso de la igualdad, que debe ser extremo si aspira a que la jerarquía se convierta en naturaleza de las cosas y el abandono de la imaginación plebeya sea finalmente irreversible.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0c3377ea472a410f917a7c36ab0d9234 wp-block-paragraph"><strong><em>Diego Tatián sostiene que los poderosos de la Argentina enmascaran como avance de la libertad el retroceso de la igualdad, que debe ser extremo si aspira a que la jerarquía se convierta en naturaleza de las cosas y el abandono de la imaginación plebeya sea finalmente irreversible.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3fadab3a01e2871e4d77d33437f797d wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Tatián*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2eb9f953674cb5d6784ca6d819a3b799 wp-block-paragraph">Hace casi doscientos años, Alexis de Tocqueville señalaba en <em>La democracia en América</em> una paradoja cuya fuerza persiste aún: cuando la desigualdad social es abismalmente grande, se vive como como natural, la imaginación social ni siquiera es capaz de plantearse la posibilidad de su supresión y a nadie se le ocurre intentar transformar el orden establecido. Cuando, en cambio, esa desigualdad se reduce, los resabios de privilegio son mucho menos tolerados, las diferencias existentes cuestionadas y las jerarquías combatidas. Según esta idea, no es el deseo de igualdad lo que produce igualdad; es el avance de la igualdad lo que produce deseo de igualdad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0459b15e346107d9cb3a0318f23d930e wp-block-paragraph">La embestida de los poderosos que tiene curso en la Argentina parece haber tomado prolija nota de esto. La llamada “batalla cultural” emprendida por esos mismos poderes se libra por medio de antropotécnicas y biotecnologías cuya descomunal eficacia es incomparablemente mayor a todo lo conocido hasta ahora. Se inscribe por supuesto en un régimen de acumulación preciso, pero apunta a extirpar la raíz del problema, que no es otra que el anhelo de igualdad. Borrar toda memoria de ese anhelo -que, a diferencia de otros países de la región, fue y sigue siendo intenso en la Argentina- es la tarea a consumar sin gradualismos. Lo demás sobrevendrá por añadidura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4dfd35ad0a9d4a3c55a870a3b8e28b54 wp-block-paragraph">Suprimir el estado de convulsión social para vivir en un “país normal”, quiere decir: aceptar como inevitables las diferencias de dignidad por proveniencia social, la existencia de ricos y de pobres (de muy ricos y de muy pobres) como naturaleza inconmovible de la vida en común, la sumisión de los cualquiera -que lo son por ninguna otra cosa que por haber sido incapaces de prosperar- a las preceptivas que imponen las jerarquías consumadas. La principal condición para ese retorno al “país normal” con el que las derechas sueñan desde siempre, es que las diferencias sociales vuelvan a ser muy grandes (de allí el elogio de la Argentina pre-peronista y pre-yrgoyenista); tanto como para que se acepten con obediencia, e incluso se consientan como la mejor manera posible de vivir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-da164b66e22b8f3c2f97936ff6d974e1 wp-block-paragraph">Enmascarado como avance de la libertad, el retroceso de la igualdad debe ser extremo si aspira a que la jerarquía se convierta en naturaleza de las cosas y el abandono de la imaginación plebeya sea finalmente irreversible. Pero si esa producción de subjetividades sumisas aspira a ser perdurable, será necesaria asimismo una alteración afectiva compensatoria que garantice la estabilidad del consentimiento. Arriesgo una hipótesis: las pasiones concomitantes a la justicia social -entre las cuales la esperanza en que por la acción humana el mundo puede ser distinto-, dejan su lugar a pasiones tristes que se manifiestan como deseo de castigo. Alguien debe ser culpable de la impotencia, la humillación y el resentimiento que cunden en la vida dañada, y esos culpables son provistos a diario por los medios masivos y las redes sociales. Despolitizada compensación de la propia insatisfacción por medio del sufrimiento de alguien, de otro, de quien sea (si es posible la pena de muerte, o de muerte en vida con tantos años de cárcel que excedan el tiempo que a esa existencia le resta, o la imputabilidad de los niños que delinquen o necesariamente van a delinquir por ser quienes son…): que la indignación social sin horizonte sea satisfecha con una buena provisión de presas cada día.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a65bf3096916bd7d6db5a213cc430bd wp-block-paragraph">No estoy hablando del castigo -necesario hasta que no seamos capaces de pensar otra cosa-, sino del deseo de castigo, inoculado y reproducido miméticamente hasta lo descomunal. Un deseo sacrificial, que en su dimensión más profunda es atávico: restituye la organización social en torno a la práctica de sacrificios concretos para que -despojado en este caso del sistema de significados que le era propio en las comunidades arcaicas- la alegría de la destrucción de alguien compense de algún modo la miseria material y cultural que las personas deberán aprender a aceptar como un destino.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f0fa87d92dbef011e443b5506dda2215 wp-block-paragraph">Hace pocos meses, concretamente el 26 de abril durante un acto en Quilmes junto a Mayra Mendoza, Cristina evocó la cuestión sacrificial. Refiriéndose al presente político, criticó “<em>el inútil sacrificio al que está siendo sometido nuestro pueblo</em>”. Frase que, en mi opinión, tiene varias napas de sentido. Es “inútil” sin dudas en el que Cristina le adjudica (el despojo, el empobrecimiento y la pérdida de derechos son presentados como necesarios para la prosperidad -cuando esta ilusión de desvanezca, ya habrá sido demasiado tarde).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e05b1e266d9380dad93d1b89ea9b80fa wp-block-paragraph">Pero creo que la restitución sacrificial tiene otro sentido, quizás más decisivo, que lejos de ser “inútil” está programado en detalle y ocupa el centro de un proyecto de sociedad extactivista, que despoja a los cuerpos y la entera naturaleza de todo lo que tienen para dar. La pasiva aceptación de ese saqueo a gran escala requiere consolidar un régimen afectivo donde el anhelo de justicia social y construcción de otro mundo es desplazado por un violento deseo de sacrificios y destrucción de personas.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-42528cdd044616266152dcc2fcd3f075 wp-block-paragraph">Córdoba, 30 de julio de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-86997aadc3dd5f97c08c35d29319c36c wp-block-paragraph">*El autor es investigador del Conicet y docente de la UNSAM.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fla-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian%2F&amp;linkname=LA%20PARADOJA%20DE%20TOCQUEVILLE%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20TATI%C3%81N" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fla-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian%2F&amp;linkname=LA%20PARADOJA%20DE%20TOCQUEVILLE%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20TATI%C3%81N" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fla-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian%2F&amp;linkname=LA%20PARADOJA%20DE%20TOCQUEVILLE%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20TATI%C3%81N" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fla-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian%2F&amp;linkname=LA%20PARADOJA%20DE%20TOCQUEVILLE%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20TATI%C3%81N" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fla-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian%2F&amp;linkname=LA%20PARADOJA%20DE%20TOCQUEVILLE%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20TATI%C3%81N" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fla-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian%2F&amp;linkname=LA%20PARADOJA%20DE%20TOCQUEVILLE%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20TATI%C3%81N" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fla-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian%2F&#038;title=LA%20PARADOJA%20DE%20TOCQUEVILLE%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20TATI%C3%81N" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/la-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian/" data-a2a-title="LA PARADOJA DE TOCQUEVILLE – POR DIEGO TATIÁN"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-paradoja-de-tocqueville-por-diego-tatian/">LA PARADOJA DE TOCQUEVILLE &#8211; POR DIEGO TATIÁN</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>McLUHAN VIVE &#8211; POR CONRADO YASENZA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Aug 2024 10:07:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Conrado Yasenza]]></category>
		<category><![CDATA[Aldea global]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Marshall McLuhan]]></category>
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		<category><![CDATA[tecnocapitalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Marshall McLuhan se adelantó a la globalización del tecnocapitalismo con una idea aparentemente contradictoria: Aldea y Global.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7934980104eb9f73c442217ead622a7e wp-block-paragraph"><strong><em>Marshall McLuhan se adelantó a la globalización del tecnocapitalismo con una idea aparentemente contradictoria: Aldea y Global.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a9e072473f45c1bceed49f6270ede5b wp-block-paragraph"><strong>Por Conrado Yasenza</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13f0208a46e65843a06b56ddb57b03c5 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe</em>)</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d91b841af4cc41f22fb26ec15e3a56e wp-block-paragraph"><strong><em>La era de la masividad y el masaje comunicacional</em></strong></p>



<div style="height:7px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-15a2b5edf8833695d8fe834972161030 wp-block-paragraph">Edad del desastre, decía el filósofo y teórico de la comunicación Marshall McLuhan.<br><br>Y se adelantó a la globalización con una idea aparentemente contradictoria: Aldea y Global, es decir, un aldeano globalizado a través de la evolución de los medios de comunicación. Un aldeano no necesariamente instruido como para asimilar los profundos cambios que la era del medio y el mensaje produjo en las costumbres y los modos de vida del ciudadano de aldeas.<br><br>Claro, aún faltaba la explosión de la galaxia Silicon Valley para que la aldea se transformara en el valle de la ilusión democratizadora de nuestra sociedad de la información. ¿Mensaje y masaje en la era de la masividad?<br><br>Hoy, la idea de McLuhan ha sufrido una mutación rizomática: En tiempos en los cuales se habla, se escribe y se ve a través de la <em>red X</em>, <em>Instagram</em> o <em>TikTok</em>, la comunicación se comprimió a burbujas que oscilan entre el sesgo de confirmación (de una idea, de una afinidad política, de pertenencia a ciertos climas emocionales), un fisgoneo que no llega a conformar punto de vista alguno y la relativa impresión de que allí existe algo que se parece más – y apenas &#8211; al imperativo kantiano del <em>me gusta</em> o <em>no me gusta</em> que a la conversación social o colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-924698d8dcd72e6311ba176669f50091 wp-block-paragraph">Un mundo feliz, diría Huxley, si no se tratara, y especialmente la red X, de un lugar tóxico en el cual si ya no lo sos, en cinco minutos te ponés muy ansioso y violento. Pero, <em>no problem</em>, para ello existen los ansiolíticos, el soma de nuestro mundo emocionalmente agresivo. Muy lejos de aquel verso de Tuñón, <em>eche veinte centavos en la ranura/ si quiere ver la vida color de rosa</em>, porque son tiempos de fiesta para pocos, fiesta grotesca y cretina, y muy cruel para amplias mayorías.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="454" height="304" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu.jpg" alt="" class="wp-image-13425" style="width:624px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu.jpg?v=1722443894 454w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu-300x201.jpg?v=1722443894 300w" sizes="(max-width:767px) 454px, 454px" /></figure>
</div>


<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b8198cecc60c590c8f74064fd563ad9 wp-block-paragraph"><strong><em>Godard y el largo adiós</em></strong><br><br>En «Adiós al lenguaje», Jean-Luc Godard, a través de una voz en off, dice, en lo que será el único texto largo del film, que en 1933 nació la televisión y que Hitler subió al poder en Alemania. Significativo, para el ´33 y para nuestro tiempo de descenso al corazón de las tinieblas.<br><br>Godard quizás se adelantó también para decirnos que el nazismo perdió la guerra, pero ganó la batalla cultural a través de la instauración del tecnocapitalismo, la variante global Musk/ Zuckerberg del capitalismo financiero que, a su vez, hace rato desplazó al capitalismo fordista.<br><br>Ahora bien, el capitalismo es técnica y la técnica hoy es global bajo el paradigma relacional que incluye redes sociales (asociales)/plataformas/uberización/sujetos híper productivos, híper conectados e híper explotados. Un capitalismo que ha conquistado el mundo interno y externo de la vida humana, y por ello es global. ¿Plusvalía total? Un universo de millones de personas produciendo incesantemente datos en forma gratuita y felices de hacerlo, y bajo la ilusión de una vida sin patrones, porque los Musk/Zuckerberg parecen estar revestidos con el manto sagrado de la invisibilidad. Los <em>Max Headroom</em> de esta arena sembrada con sal.<br><br>Entonces, ¿puede todavía un texto o un artículo periodístico superar, primero la exigencia de brevedad, y segundo, la ansiedad por lo veloz?; ¿puede inquietarnos en la propuesta de pensar realidades complejas? Me refiero a si podemos todavía dialogar con los hechos, con el periodismo y con las ciencias sociales tensando el pensamiento, proponiendo ir más allá de la urgencia por tener una opinión para todo, y, además, <em>ya, ahora, rápido</em>. Surge, entonces, otra pregunta: Podremos volver a esa imagen que para estos tiempos es casi una contemplación: la de una piedra arrojada sobre una superficie de agua aparentemente clara en la cual los círculos concéntricos que ese pensamiento genera no clausuran la experiencia y la reflexión sino todo lo contrario, la expandan, le den cierta espesura, como si estuviésemos frente a aquello que parece detenido mientras sus rebotes se diseminan y vuelven esa experiencia una vivencia arbórea.<br><br>Quizá, un anatema para estos tiempos de cultura productora de imágenes y textos veloces que representan aquello que el capitalismo tecnológico nos ofrece como universal. ¿Anulación o fin del lenguaje, de la palabra escrita, de la lengua y sus posibilidades de expansión? Tal vez ese adiós al lenguaje sea lo que tenemos que poner en discusión; ese quiebre que la postmodernidad hizo suyo como una idea del lenguaje productor de clips, de imágenes universales construidas a partir de fragmentos, de sonidos fracturados, de diálogos intercalados y entrecortados, y más acá, de <em>tuits</em>, de, ¿cuál sería la adaptación gráfica de X?, <em>tiktoks</em>, <em>reels</em> o simplemente el trino fugaz de un pájaro asimilado a una corta ráfaga de informaciones intrascendentes. ¿De eso hablamos cuando hablamos de comunicación y periodismo?<br><br>Las profundas corrientes de espiritualidad y pensamiento quedaron encorsetadas en la lengua del objetivo «militar”. Imágenes y diálogos espasmódicos al servicio de quien tenga más poder y dinero como para implementar una artillería emocional capaz de imponer una pulsión tanática que ¡ama! el pensamiento jibarizado. Una lengua de datos infinitos que produce mercancías y ganancias infinitas capitalizadas por los reyes de esta vejiga hipertrófica llamada universo digital.<br><br>Sin entrar en dicotomías que aludan a apocalípticos e integrados, el hipertexto alucinado en el que vivimos es el triunfo del capitalismo global como límite al pensamiento, el lenguaje y la vida cotidiana de los humanos.<br></p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.nuevatribuna.es/media/nuevatribuna/images/2021/05/17/2021051713054896237.jpg" alt="" style="width:636px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto de Palestinalibre.org</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dba17b8bb6fdcfbef3b7a9733d373ae8 wp-block-paragraph"><strong><em>Conjunciones adversativas</em></strong><br><br>Entonces surge un delicado problema que atañe al arco comunicacional y sus posibilidades de reacción cuando los hechos deben ser repudiados. La condena que se lee y escucha es una conjunción timorata que repudia y rápidamente se repliega. El asesinato es repudiable <em>pero</em> hay otros crímenes que no se ponen en perspectiva. ¿Cómo qué no? Siempre se contextualiza cuando se piensa o se escribe. Ocurre, también, que ese <em>pero</em> viene a legitimar un universo de imágenes y textos simplificados que se producen y se ofertan a quien posea el mejor poder de fuego para generar aquellas emociones que afectan almas y cuerpos (individuales y colectivos). Me refiero al globo perenne de cuentas anónimas de <em>trolls</em> inagotables, desde donde se erosiona la noción misma de verdad, o si se prefiere, el alma de una opinión verdadera a la que corresponde una acción ética. Ese <em>pero</em> es el que morigera la condena y la vuelve una operación gramatical que anula, justamente, su poder de condena hacia un hecho aberrante como lo es el hambre que arrasa en el mundo, o el actual genocidio a cielo abierto que Israel perpetra en Gaza/Palestina. Ese “pero” comunicacional es el que hace de la autocensura una latencia y una amenaza naturalizada como el bucólico jardín de la casa que se halla justo delante del muro del infierno.<br><br>En definitiva, ese «pero» ingobernable que martiriza al planeta con el beneplácito del sujeto idiotizado.<br><br><strong><em>Preguntas finales</em></strong><br>¿Es la esperanza lo último que se pierde? ¿Es ese mal último, como alivio secreto del bien, el que Pandora guardaba en el fondo de su vasija?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-140ab63ef8996201d350884385ce3440 wp-block-paragraph">Ojalá.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c051ebc276be64d98c67dc6c5493c7e8 wp-block-paragraph">Avellaneda, 3&nbsp;de agosto de 2024.<br><br>*Periodista y docente en UNDAV.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fmcluhan-vive-por-conrado-yasenza%2F&amp;linkname=McLUHAN%20VIVE%20%E2%80%93%20POR%20CONRADO%20YASENZA" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fmcluhan-vive-por-conrado-yasenza%2F&amp;linkname=McLUHAN%20VIVE%20%E2%80%93%20POR%20CONRADO%20YASENZA" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fmcluhan-vive-por-conrado-yasenza%2F&amp;linkname=McLUHAN%20VIVE%20%E2%80%93%20POR%20CONRADO%20YASENZA" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fmcluhan-vive-por-conrado-yasenza%2F&amp;linkname=McLUHAN%20VIVE%20%E2%80%93%20POR%20CONRADO%20YASENZA" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fmcluhan-vive-por-conrado-yasenza%2F&amp;linkname=McLUHAN%20VIVE%20%E2%80%93%20POR%20CONRADO%20YASENZA" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fmcluhan-vive-por-conrado-yasenza%2F&amp;linkname=McLUHAN%20VIVE%20%E2%80%93%20POR%20CONRADO%20YASENZA" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fmcluhan-vive-por-conrado-yasenza%2F&#038;title=McLUHAN%20VIVE%20%E2%80%93%20POR%20CONRADO%20YASENZA" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/mcluhan-vive-por-conrado-yasenza/" data-a2a-title="McLUHAN VIVE – POR CONRADO YASENZA"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/mcluhan-vive-por-conrado-yasenza/">McLUHAN VIVE &#8211; POR CONRADO YASENZA</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>MUCHO RUIDO &#8211; POR CONRADO YASENZA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Oct 2024 13:31:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Conrado Yasenza]]></category>
		<category><![CDATA[Homo Videns]]></category>
		<category><![CDATA[Interna PJ]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
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		<category><![CDATA[TV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Periodismo y política en tiempos de redes e internas. Por Conrado Yasenza* (para La Tecl@ Eñe) Hay ruidos, demasiados, que aturden y favorecen un clima donde<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/mucho-ruido-por-conrado-yasenza/">MUCHO RUIDO &#8211; POR CONRADO YASENZA</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9eb4559216dbf2c217e1e4520159f5f1 wp-block-paragraph"><strong><em>Periodismo y política en tiempos de redes e internas.</em></strong> </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-33b6449551a60370979a1fb3d0d6629c wp-block-paragraph"><strong>Por Conrado Yasenza*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8999dea44749f39418b7bad5fe7d856e wp-block-paragraph">Hay ruidos, demasiados, que aturden y favorecen un clima donde lo espectacular es un valor en sí, preciado y sobrevaluado. El retorno de aquello que nunca se fue: la política como espectáculo. O peor, un entretenimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-36f084c2ecf2f8dd1cd2b5ffbbeb8d57 wp-block-paragraph">Estamos, o nunca nos fuimos, en la era del <em>Homo Videns</em>, esa relevancia de la mercadotecnia constituida en paradigma real. Las <em>redes</em> como el principal medio de comunicación e interacción entre el ciudadano y el político, y de los políticos entre sí. Un hábitat imposible para la convivencia humana. El pueblo “soberano” opinando acerca de todo, como en una ensoñación: los ojos secos puestos en la computadora, el celular o el dispositivo con que se cuente. Un ciudadano orwelliano, observador y observado, que cree estar informado vía <em>reels</em>, <em>memes</em> o el rumor de una noticia escuchada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3bec019890bd623e9238fc52c39c440e wp-block-paragraph">Y sólo nos estamos refiriendo aquí a aquellos ciudadanos que medianamente se informan. Los excluidos del banquete cibernético complejizan el vergel de orfandad ante el poder de distorsión y desinformación que construye un nuevo tipo de ignorancia: La festejada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7793a8f1f005d8ac004816a12d309df2 wp-block-paragraph">¿Y la prensa gráfica? Corre detrás del avance de la técnica de las conectividades, de internet, de las plataformas, de la Inteligencia Artificial. Un periodismo de títulos, métricas y <em>likes.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-86af17118dc35fc72ef17e69fbb53311 wp-block-paragraph">Tal vez allí resida esa originaria imbricación entre la política y el periodismo como batalla ideológica constante y de variaciones que hacen posible pasar de un estado discreto a otro espectacularizado.&nbsp;Allí, en esa enredadera que se enamora de los muros y que enamora a través de ellos, la política es expuesta en su dimensión de luz y oscuridad, de representación y corporativismo. Desde ese sistema se construye la imagen de la política como atentado contra la sociedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e52a77f6d5edfc380a1e1a600df49189 wp-block-paragraph">El problema es que en el periodismo impera esa naturalizada constelación de operadores y publicistas que combinan rosca política y mucho dinero en pocas manos, lo que equivale a decir mucho poder en unidades mínimas de comunicación. Un truco de tres. Conglomerados informativos que dependen mucho de esa partida. Porque se sabe desde hace más de un siglo: El periodismo es independiente sólo del mismo periodismo. No cuentan los ideales de romancero burgués con respecto a la empresa comunicacional. Es una cuestión de cómo cae la taba. Sí existen periodistas que ejercen el oficio con coherencia, dignidad y profesionalismo. Lo demás… abarca el dilema de discernir entre lo verdadero y lo falso de una industria del gong con remotas meditaciones de democracia y horizontalidad imaginarias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5c406b713bfde2c3c04a9f54094166e wp-block-paragraph">Este es el desafío frente a la sumisión de la razón a los cánones del capitalismo financiero de datos. ¿Habrá triunfado la racionalidad del cálculo que vigila y controla? ¿Habrá triunfado la razón de métricas que construye el hecho social? ¿Y cómo pensar estas nociones desde el concepto de industrias culturales globalizadas? Es preciso navegar estos mares, aunque sabemos del torbellino y el monstruo cotidiano que ha devorado naves enteras.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://s1.eestatic.com/2018/03/02/cultura/arte/arte_288983660_68141496_1706x960.jpg" alt=""/></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-477b644c5b1dd2269d9588b243462c1f wp-block-paragraph">Entre tanto, en el fragor de escaramuzas ideológicas y periodísticas, los límites de las prácticas reales del oficio se empantanan en esa voz que es ruido y tempestad. El signo como pura literalidad que se pierde en frenéticos hilos de <em>tuits</em>. O como alguna vez escribió William Burroughs, la elegancia perdida – de una conversación, agrego &#8211; cuando se toma cocaína.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-404a57ed88a4c9f26227cea8f07d6f8b wp-block-paragraph">En el camino vemos cómo las reyertas hacen de sonda que rastrea el humor social, ese humor tan emparentado con el sentido común – hay voces que dicen: el peor de los sentidos -, ese que esconde bajo la alfombra el Leviatán roto que llevamos dentro. Odio y violencia son las puntas de un lazo que las redes, y luego los aparatos comunicacionales, unen y amplifican incluso a riesgo de derrapar en un circo que, segundo a segundo, construye su discurso antipolítico. Vale recordar que el presidente Milei es el producto de una combinación potente: Medios de comunicación – la TV en particular – y redes sociales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-de0c105867c0346053c04d79ea258895 wp-block-paragraph">Sucede, también, que son nuestros los rumores que producen diferencias estratégicas donde no las hay; el “internismo” se ha vuelto un abismo político mientras el programa y las intenciones no parecen ser muy distantes. Hay sectores que han auscultado la gravedad social que vive nuestro país: Los estudiantes universitarios entienden la escena terrible de la devastación y muestran un sendero de reacción, aunque no llegue a plasmarse en organización política ante los múltiples ataques del gobierno contra la vida colectiva. La idea de una réplica del Cordobazo con saltos en el presente histórico es errónea, porque el ala dialoguista de la CGT tiende puentes con la mesa cruel del gobierno. En este marasmo siniestro, los agravios pesan como anclas de transatlánticos. Dependerá de la capacidad política de los involucrados para sortear esa mala costumbre de buscar la enemistad allí donde el pelo en el huevo no existe, a menos que se desee encontrarlo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-570395a98d4caf57cdb0486b1795bc96 wp-block-paragraph">En definitiva, se trata de levantar, como desafío urgente, las banderas de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social; esfuerzo colosal en la era del analfabeto telemático y el tecnocapitalismo global que abre preguntas sobre el nuevo sujeto social y su relación con las tradicionales formas discursivas de la política. Hay que entender este mapa, que es un TEG con epicentro en Silicon Valley. De lo contrario estaremos realizando el sueño que a la derecha neandertal le resulta bien fácil de aprovechar y administrar, porque opera vía ese vector que inocula ignorancia política y violencia desde imágenes y discursos construidos en el gabinete de <em>bots</em> y <em>trolls</em> que han alterado el tono de la conversación social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e5ff4e1c03e5faa6d9385dc777853a0 wp-block-paragraph">Se trata, entonces, de enfrentar estos debates; de lo contrario, nos alcanzará esa imagen que desde hace tiempo espera: la política como un potente psicofármaco del alma.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1baa245b7b6f9415b29d17eda16b19b0 wp-block-paragraph">Avellaneda, 23 de octubre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc373d20aa0c09acffb7ec63b9f1bdb4 wp-block-paragraph">*Periodista. Docente en UNDAV.</p>
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		<title>LAS TRAD WIVES, UNA REPRESENTACIÓN DEL DESEO MASCULINO &#8211; POR ROMINA CANCINOS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Dec 2024 16:18:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Romina Cancinos]]></category>
		<category><![CDATA[Patriarcado]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[trad wives]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La existencia de las trad wives - la esposa tradicional - como fenómeno social, responde a un deseo masculino de volver al pasado.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff87ce81523f371ed49e517d4e1bd6e wp-block-paragraph"><strong><em>La existencia de las </em>trad wives <em>&#8211; la esposa tradicional &#8211;</em></strong> <strong><em>como fenómeno social, responde a un deseo masculino de volver al pasado.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b6a1ba90ebc2eb3b69d2f2d09797f638 wp-block-paragraph"><strong>Por </strong><strong>Romina Cancinos*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9bc3529d86487bdb214062fd3b90dc2a wp-block-paragraph">Es sabido que, de vez en cuando, las tendencias de las redes sociales pueden transformarse en fenómenos. ¿Cuál es la diferencia? El primer caso se vincula con una esencia efímera, mientras que el segundo conlleva un impacto duradero. Ejemplo de esto último es el fenómeno de las <em>trad wives </em>o la<em> trad wife, </em>pero: ¿De qué se trata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd37c8bfa1911bfd194cff78e4eee6ce wp-block-paragraph">En los últimos años, los movimientos feministas han ganado fuerza alrededor del mundo. La voz femenina cuestiona, cada vez más, el monopolio del poder masculino, las conductas y mandatos sociales y las estructuras culturales. Lógicamente, esto despierta resistencias no sólo en algunos hombres, sino también en algunas mujeres que alegan no sentirse representadas. Es en este marco donde surge la figura de la “<em>trad wife</em>”, es decir, la esposa tradicional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1fd1c892e76fe7540942d640d102bb28 wp-block-paragraph">Así, en <em>Instagram</em> o <em>TikTok </em>es común encontrar a mujeres que crean contenido revalorizando el rol de ama de casa para millones de seguidores. Frente a la cámara, estas jóvenes que no alcanzan los 30 años, se muestran alegres y hablan con voz aniñada. Por lo general, su apariencia es una réplica del estereotipo de esposa norteamericana de la década de 1950; lucen maquillaje elegante pero natural, vestidos color pastel y un pelo impecable. Como puede verse, un <em>look</em> al servicio de la comodidad para realizar los quehaceres domésticos. Su discurso gira en torno a los deseos de los maridos/novios y cómo complacerlos. Afortunadamente, también instruyen a sus pares para ser buenas esposas, porque, ¿quién no quiere aprender a cumplir con su misión en la vida?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cde8536d41d7cb89d9bc1030ee07bf87 wp-block-paragraph">Ahora bien, ¿qué hace que una tendencia se convierta en fenómeno en la era digital? Una respuesta simple podría ser el consumo sostenido. Las <em>trad wives</em>, como cualquier otro creador de contenido, no podrían sostenerse sin su audiencia. Es aquí donde deben agradecerles a los hombres, sus mayores consumidores. (¿No es hermoso saber que siempre estarán para salvar el día?)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac3b52ca5973c285f9f30fb5f91ee919 wp-block-paragraph">Una breve expedición digital me permitió generar una fugaz serie de conclusiones sobre esta cuestión:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9def63df61c3a20d546408c519c40b83 wp-block-paragraph">-Los hombres seguidores suelen ser también jóvenes. Resaltan la ternura, el buen humor y el carácter servicial de la <em>trad wife.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bbea2061f2014d873db5a6903b96bd5a wp-block-paragraph">-Estos hombres jóvenes parecen extrañar épocas que no vivieron porque para ellos, al menos en asuntos vinculados a los roles de género, todo tiempo pasado fue mejor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9bdac762a4191793bf9c6aecb6043b54 wp-block-paragraph">-Para el hombre consumidor de este tipo de contenido, la <em>trad wife</em> es una representación de “la mujer perfecta”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b5f485e2cf743108d1e8b478cacb4cf4 wp-block-paragraph">-Desde la perspectiva masculina, la <em>trad wife</em> le permite al hombre cumplir con su rol de proveedor y protector de la mujer. Gracias a ello y a esta figura, sienten una reafirmación de su masculinidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-57a46aa84a3a4aa77f710a6b600bf9fe wp-block-paragraph">-Los hombres seguidores de las <em>trad wives</em>, y algunas de ellas, parecen tener un enemigo: la mujer feminista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3c1c5718d667805f895bee6f3c7013b5 wp-block-paragraph">Este último punto merece su propio escrito, pero me detendré un momento en él. Al nadar por las olas de comentarios que los varones vuelcan sobre las publicaciones de nuestras queridas <em>influencers </em>esposas tradicionales, puede notarse la necesidad de dirigirse a las mujeres que quedan por fuera del círculo de las <em>trad wives</em>. Los hombres presentan la urgencia de hacerles saber a las mujeres desmesuradamente modernas, que ellos jamás las querrán o respetarán a menos que sean como las señoritas de los videos. He aquí otro fenómeno: hombres explicando a mujeres qué debemos hacer y cómo debemos ser. ¡Qué original! No me malinterpreten, bienvenidos sean los consejos porque qué sería de nosotras sin un hombre guía, que nos ilumine sobre nuestro deber y nos recuerde nuestra naturaleza cuando se nos atraviesa la tonta idea de querer torcer nuestro destino. Retomando el tema que nos convoca, la existencia de las <em>trad wives</em> como fenómeno responde, entonces, a un deseo masculino de volver al pasado. Sí, lo sabemos Raúl, no todos los hombres piensan así, pero sí millones como para convertir una tendencia en un fenómeno que continúa creciendo a nivel global. Como suele ocurrir con estos temas, una pregunta me lleva a otra: ¿Este anhelo masculino tiene que ver realmente con un pensamiento binario o con el temor a no poder dominar a la mujer moderna?</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-849f7ced49c516dcba44f2bfab21bf10 wp-block-paragraph">Avellaneda, 9 de diciembre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29f00ecf7f56930d51719f8cc161556f wp-block-paragraph">*Periodista y estudiante de la Licenciatura en Periodismo -UNDAV.</p>
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