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	<title>progresismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>progresismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Las señales de Lula &#8211; Por Ricardo Rouvier</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Apr 2018 13:38:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Rouvier]]></category>
		<category><![CDATA[Dilma Rousseff]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El escenario político del Brasil ha dado un paso más hacia la profundización de su crisis al concretarse la detención de Lula da Silva, quien es un actor imprescindible para superar las crisis que atraviesa a todo el régimen político del vecino país. Lula gobernó del 2003 al 2011 articulando, desde su realismo político, libertad de mercado y progresismo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/las-senales-lula-ricardo-rouvier/">Las señales de Lula &#8211; Por Ricardo Rouvier</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>El escenario político del Brasil ha dado un paso más hacia la profundización de su crisis al concretarse la detención de Lula da Silva, quien es un actor imprescindible para superar las crisis que atraviesa a todo el régimen político del vecino país. Lula gobernó del 2003 al 2011 articulando, desde su realismo político, libertad de mercado y progresismo.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Rouvier*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1 &#8211; La lección de Lula</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El escenario político del Brasil ha dado un paso más hacia la profundización de su crisis al concretar la detención de Lula da Silva que, además de ser un líder opositor, es un actor imprescindible para superar las dificultades que abarca a todo el régimen político del vecino país, con un gobierno liderado por el Presidente Temer que no supera el 3% de popularidad y que es acusado, con evidencias palpables y no como el líder del PT, de corrupción. Pero Temer tiene un apoyo en el Congreso que no tuvo Dilma y la economía ha empezado, desde hace un par de años, a dejar de caer y luego a recuperarse levemente. Se espera para este año un incremento del PBI del 2,4% y se prevé que esto estimule a la ciudadanía a convivir con las reglas del malherido régimen democrático, faltando pocos meses para las elecciones.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy no sabemos qué pasará en los próximos días con Lula y escribimos con el temor de que cada afirmación pueda perder su verosimilitud en pocas horas. El paso siguiente a la detención, y tan temido, es que Lula no pueda ser candidato. Considerando que hoy tiene un 36% de intención de voto que lo coloca por encima de los otros precandidatos, su proscripción generaría una gran incertidumbre electoral y una reconfiguración de las fuerzas políticas. Existe una voz creciente en las zonas urbanas y que empiezan a manifestarse por el “que se vayan todos”, es más, aparecieron algunos grupos que se expresaron a favor de la dictadura militar pasada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sería un error interpretar que la polarización de la sociedad brasileña está nutrida sólo de política partidaria, de derecha, de centro o de izquierda. Una fracción importante del Brasil está harta de la política, donde el espacio público está ocupado por las grandes corporaciones que viven la política como si fuera una entidad financiera y los partidos políticos son plazos fijos para invertir. Mientras el dispositivo de los grandes medios funcione como un culebrón por día que mantiene a los ciudadanos lejos de sus responsabilidades, viviendo la vida de los otros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Brasil es una parte importante del escenario internacional y de la región, más por su volumen que por su capacidad de daño hacia los otras naciones. Se constituye en un actor al lado de los protagonistas hegemónicos, aunque en los últimos años ha declinado su peso en razón  de la crisis económica, la desaceleración del BRICS y un estado institucional azotado por la corrupción real.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El vacío que la política profesional deja, ya sea por su inacción o por la incredulidad que provoca su arbitrariedad, es ocupado por algunos jueces que, como <em>sheriffs </em>recién llegados a la comarca, reproducen la propia inequidad en la aplicación de la ley. La cantidad y calificación de delitos del Presidente, Ministros, Gobernadores  y Legisladores en ejercicio muestra la amplitud del abismo que se abre a la política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es cierto que Brasil no es comparable con otros casos vecinos dentro del continente, debido a que hoy exhibe a un puñado de grandes empresarios y ex funcionarios presos, como si fuera una ventaja en la eficacia judicial. Hace pocas semanas, temas similares se llevaron puesto al Presidente del Perú que no era precisamente un izquierdista. Lula no sólo es un dirigente sobresaliente, por su historia con tintes claros de épica y su decisión de terminar con la pobreza y la indigencia, sino además por su realismo político.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este punto cualquier aproximación ideológica a Lula desde algún costado fijo y dogmático, puede ser equívoco. En ese sentido el ex Presidente ha logrado moverse del propio rincón que lo puso la izquierda o la derecha en función de la gobernabilidad. En nuestro país y en la región, Lula siempre fue más visto desde su leyenda que desde su pragmatismo. Su adaptabilidad le significó en su momento la crítica de prestigiosos analistas locales o extranjeros de izquierda, se le llamó “posibilismo conservador” a su negociación con los factores y a la decisión de impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas con la participación privada. En el desarrollismo, el keynesianismo, y la heterodoxia económica se basaron sus acciones, siempre manteniendo un fluido diálogo con las corporaciones y los factores de poder. Eso le valió tiempo después los elogios de Obama y la tapa de New York Times. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Luego de varios intentos fallidos, Lula llegó al gobierno en el 2002, representando las esperanzas de dos terceras partes del pueblo, y sus primeros pasos sorprendieron al elegir en el equipo económico a funcionarios conservadores en el Banco Central de Brasil &#8211; el actual Ministro de Hacienda de Temer, Henrique Meirelles un declarado liberal, acompañó a Lula en los dos períodos de gobierno &#8211; y darle total autonomía a éste para practicar una política monetaria y fiscal  ortodoxa que aplicó fuertes recortes en el gasto público, logrando un superávit fiscal del orden del 5% del PIB, superior en base a los acuerdos con el FMI. La explicación “no había otra alternativa” se constituyó en la cuenta que se daba a los propios miembros del PT. Una cobertura para alguien que nunca renunció a su utopía, pero sí ejerció la demora sobre el sueño de terminar con la desigualdad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los acontecimientos que rodearon su entrega a la Policía Federal como instrumento de la orden del Juez Moro, fueron una lección más de este <em>zoom politikón</em>. En los acontecimientos que capturaron las cámaras de televisión y celulares del mundo, se pusieron en escena varias señales de un Lula que quiso aprovechar su propia desventaja. Demoró su entrega fortaleciendo su situación y en la parcial desobediencia, le bajaba el precio al juez; eligió un lugar de refugio emblemático, el edificio  sindical, y se preocupó de que estuviera presente la dirección del PT, para que en las fotos estuviesen los rostros de algunos precandidatos en el caso que él no pueda serlo. Y parece que todo apunta a que no lo sea.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Su preocupación por el PT es la preocupación por el futuro. Ese PT que fue su origen político partidario y que conforma un frente de centro izquierda. Él sabe distinguir entre su liderazgo y lo importante de la política orgánica, para empoderar al PT y poder competir en las muy próximas elecciones. Otra señal fue la institucional, ya que en ningún momento dudo o negó que se presentaría a la orden judicial; la imagen completa engarzaba a un Lula autónomo y resistente, pero legalista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando Lula desplegó su política económica durante su primer y segundo gobierno, tuvo en cuenta dos ejes centrales, disminuir ostensiblemente la pobreza e indigencia que se localizaba fundamentalmente en el ancho espacio del noroeste -que además es un reservorio electoral del PT- y mantener las políticas de mercado de acuerdo al libreto dominante. En aquel entonces, una comparación de simple vista nos llevaba a decir que la política económica de Néstor Kirchner se ubicaba a la izquierda de la de Lula. Ni que hablar si comparamos los avances en la lucha por los derechos humanos y el juicio al terrorismo de Estado entre nuestro país y Brasil. O la derogada ley de medios en nuestro país respecto al poder irrestricto de O´ Globo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estas fueron las dos señales que lanzó permanentemente el líder desde la casa de gobierno: libertad de mercado y progresismo. En el desarrollo de la política, ambos términos pueden ser opuestos o pueden convivir dificultosamente. Y ésta es una crucial problemática que perturba a los populismos latinoamericanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lula gobernó del 2003 al 2011 y se fue con un 80% de aprobación. El programa social «Bolsa Familia» benefició a casi 13 millones de hogares; alrededor de 50 millones de personas. A nivel regional fue un entusiasta impulsor de la construcción de las alianzas; junto con otros mandatarios de la región rechazaron al ALCA y fomentaron la construcción de UNASUR y la CELAC, sin abandonar el destino mundial del Brasil, lo que llevó a Lula a ser un actor internacional. Su positivismo lo empujó a efectuar alianzas políticas destinadas a mantener e impulsar a Brasil a la mesa chica mundial.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" src="http://www.diariodopoder.com.br/style/images/images/Meirelles%20Lula%20foto%20EBC.jpg" alt="Resultado de imagen para Lula henrique meirelles y Geraldo, Alckmin" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2 &#8211; Las señales más profundas</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay otras señales más profundas que produce Lula, aparte de las que aparecen en lo simbólico de su detención, y tienen que ver con un reformismo con un halo revolucionario, y aquí el debate nos incluye e incluye a toda la región. Lula nunca fue seducido por el Socialismo del Siglo XXI, cosa que tampoco le ocurrió al kirchnerismo; distinguiendo la adopción de un modelo con el apoyo y solidaridad con el chavismo. Además, Brasil está ligado a una tradición que lo proyecta como líder en la región, y convidado entre el pequeño grupo de las potencias.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El expresidente de Brasil es un punto atravesado por diversas rectas; una que tiene que ver con las utopías de izquierda, el gran sueño de la revolución, y otra es el reformismo -fundado en la muerte de la revolución &#8211; que es heterodoxo en lo económico y que incluye en las coyunturas adoptar algunas recetas neoliberales. Como hizo el mismo Lula y que alcanzó su mayor plenitud en el gobierno de Dilma, injustamente destituida. Hay una tensión generalizada en las fuerzas populistas o de izquierda, entre el deseo revolucionario y las posibilidades de realización, en razón de la relación de fuerzas con las corporaciones, la globalización capitalista y la ofensiva de la cultura hegemónica en el mundo. La resultante de esto es el reformismo que tendrá sus costados más conservadores o más progresistas, pero que está condicionado a dormir todas las noches con el enemigo. ¿Lo asesina o le prepara el desayuno?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lula, dirigente con un nivel de estadista, ha sido visto siempre más a la izquierda fuera de su país de lo que realmente lo perciben los brasileños. Cuando emergió como candidato <em>anti</em>&#8211;<em>establishment</em> del sindicalismo, combativo, su posicionamiento era más definido, hasta que alcanzó el gobierno. Como Presidente su maniobrabilidad lo llevó a interesar y seducir a los directivos empresarios, por supuesto que este reposicionamiento y el nombre de algunos de sus colaboradores generaron rabietas y discusiones, y también algunas divisiones en el seno del PT.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lula, el líder metalúrgico y el presidente son una expresión muy rica y dramática al mismo tiempo, de estas contradicciones que marcan la etapa histórica que estamos atravesando, donde conviven aún un Siglo XX residual y un nuevo siglo que plantea nuevos desafíos. Uno de ellos es responder la pregunta sobre si no estaremos en las últimas horas de la democracia liberal, tal cual fue pergeñada por la Revolución Francesa y el Constitucionalismo norteamericano.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dijo el líder del PT momentos antes de emprender el camino a su celda “<em>Yo no estoy por encima de la Justicia. Si no creyera en la Justicia, no habría creado un partido político, habría propuesto una revolución en este país». </em>Su presencia, su sola presencia, es el “sueño eterno de la revolución”, pero él no es un dirigente antisistema, como lo dicen sus propias palabras. Y sigue diciendo a favor del sistema aunque señala sus imperfecciones: «<em>Creo en la Justicia. En una Justicia justa, en una Justicia que somete a votación un proceso basado en autos de procesamiento, basado en informaciones de las acusaciones, de las defensas y en pruebas concretas sobre el ¨arma del crimen¨. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y vuelve sobre lo ideológico:<em> “</em><em>No sirve de nada intentar acabar con mis ideas, ellas ya están flotando en el aire y no tienen cómo encarcelarlas. No sirve de nada intentar frenar mis sueños, porque cuando deje de soñar, yo soñaré a través de sus cabezas y de sus sueños», </em>y concluye en la propuesta de identificación: «<em>Todos ustedes, de aquí en adelante, se convertirán en Lula y van a andar por este país haciendo lo que ustedes tienen que hacer, ¡y es todo el día! ¡Todos los días!».  </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es difícil establecer responsablemente la ruta precisa de la conspiración que lleva a Lula a la justicia y a la cárcel. No se trata simplemente de desarrollarlo como si fuera una serie de Netflix, es bastante más complejo y no se puede manejar la realidad caprichosamente, algo que el dogmatismo no quiere comprender. Lo que no hay duda es que el <em>establishment </em>brasilero aquél que descubrió con beneplácito un Lula capitalista, estaría perdiendo una oportunidad al estimular  el desplazamiento hacia la izquierda del ex Pte. a posiciones más combativas. Lula tiene una innegable capacidad de negociación que podría ser aprovechada para salir de la crisis. Ahora bien, no cabe duda que la hegemonía mundial, que todavía tiene su centro en EEUU y algunos países de la Europa, prefiere, alienta y apoya la idea de que los populismos desaparezcan de la faz de la tierra.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" src="https://feedlatino.net/wp-content/uploads/2018/04/rJh0dNViG_930x525__1.jpg" alt="Resultado de imagen para LUla da silva reiste" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3 &#8211; La reconfiguración política</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En octubre de 2018 se realizarán elecciones presidenciales en la República Federativa del Brasil; en medio de la crisis señalada se supone que hay cuestiones que despejar para ver si el acto electoral será un paso para la normalización de la gobernabilidad. Las democracias en la región muestran su debilidad, el acotamiento de su extensión, la falta de participación, el desinterés de la mayoría y, por ello, la elitización de la producción política, sea de izquierda, de derecha, populista o moderada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El resultado electoral en el Brasil repercutirá, pero no determinará, la política del sur del continente y podemos agregar que no será indiferente al empoderamiento del eje Chino/Ruso.  Entre algunos grandes empresarios locales surge el interés por el nacionalismo y proteccionismo de Trump. Ese modelo, en estos momentos, en los EEUU y algunos países de Europa, va ganando adeptos ante el crecimiento de la región asiática y el debilitamiento político de la UE.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El PT ha sido uno de los partidos obreros más grande del mundo y sigue siendo el más importante de América Latina. En veinte años de existencia la organización política fue modificando su perfil. Partió con un programa inicial anticapitalista que prometía un cambio profundo y ha virado hacia enunciados reconociendo el mercado. Ha pasado de ser de izquierda a centro izquierda, con una mayor vocación por establecer frentes electorales por fuera de la izquierda. Temer fue el vicepresidente de Dilma por una decisión electoral de una alianza con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño definido por el mismo PT como fuerza del “centro”. Luego, el actual titular del PE la sustituyó y está claro que fue parte involucrada e interesada en el juicio político. La avanzada judicial amenaza a Temer para el día después de que deje el gobierno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ante esta situación de “lavado” de las izquierdas, que también ocurrió en Europa, el prestigioso ensayista Perry Anderson escribió: <em>“la izquierda ganó sus galones de partido de gobierno después de haber perdido la batalla de las ideas”. </em>En su evolución el PT ha sufrido una transformación de su perfil social, empezó siendo un partido de raíz sindical y luego pasó a ocupar un lugar cada vez mayor de las clases medias e intelectuales, con un proceso de institucionalización-burocratización de su aparato y de su dirección, progresivamente ocupada por los parlamentarios y los diferentes electos en detrimento de los sindicalistas de ayer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con Lula preso, el PT es uno, y sin Lula preso, es otro. En el caso de que el líder no pueda ser candidato y esté en prisión, es esperable un Partido interpelador y corrido más a la izquierda, pero ninguno de los precandidatos hoy está en  condiciones de obtener los votos de Lula; los votos no son transferibles en un 100%, aunque es diferente un candidato acompañado por Lula como lo fue en el caso de Dilma o no acompañado físicamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por otro lado, el escenario electoral muestra al gobernador de la estratégica San Pablo, Geraldo, Alckmin del PSDB, que se autodefine como de centro y es heredero del Fernando Henrique Cardoso, y que posee un nivel bajo de popularidad; en la derecha extrema se ubica el diputado Jair Bolsonaro, que es la contrafigura de Lula. No estando este último en la contienda electoral, no sabemos si el derechista podrá sostener su candidatura al no polarizar con Lula. Marina Silva una ambientalista que fundó su propio partido luego de pasar por el PT, y se presentó a sendas elecciones presidenciales (2010 y 2014) está expectante para capitalizar una eventual ausencia de Lula. Es cierto que si él no es candidato el PT tendrá que evitar la dispersión del caudal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La declaración del Jefe del Ejército Gral. Eduardo Villas Boas, advirtiendo sobre lo que él consideraba “impunidad”, resucitó los viejos fantasmas del partido militar. El brutal asesinato de Marielle Franco el 14 de marzo pasado, fue la prueba de que hay una derecha que quiere disciplinar, con violencia, a una sociedad. Es tan importante investigar y castigar a los culpables como evitar la venganza.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lula da Silva debería estar en libertad y ser candidato, liderando  una nueva configuración política como un elemento de balance entre las fuerzas sociales. El dirigente petista emite muchas señales de diverso rango; para la gobernabilidad y el cambio, para reflexionar profundamente entre reforma y revolución, la importancia de contar con un Partido u organización como espacio de debate, la relación entre concentración económica y empoderamiento de los sectores populares, y el papel de la clase trabajadora organizada y la clase media.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 11 de abril de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier &amp; Asociados.</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El discreto encanto de la pequeña burguesía progresista &#8211; Por Mariano Dubin</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/el-discreto-encanto-de-la-pequena-burguesia-progresista-mariano-dubin/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2018 23:29:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Mariano Dubin]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Burguesía]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[lucha de clases]]></category>
		<category><![CDATA[progresismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Frente a derrotas ideológicas, políticas de larga duración y procesos de fragmentación social crecientes, la pequeña burguesía progresista se ha tornado endogámica en sus obsesiones y frustraciones y su discurso político se ahoga en la supremacía moral.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-discreto-encanto-de-la-pequena-burguesia-progresista-mariano-dubin/">El discreto encanto de la pequeña burguesía progresista &#8211; Por Mariano Dubin</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Frente a derrotas ideológicas, políticas de larga duración y procesos de fragmentación social crecientes, la pequeña burguesía progresista se ha tornado endogámica en sus obsesiones y frustraciones y su discurso político se ahoga en la supremacía moral.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Mariano Dubin*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las clases medias que hacen de su progresismo un bien cultural legitimado que luego traducen en mejorar sus posiciones objetivas (beca, cargo, cátedra, posición jerárquica, etc.) y reproducen, por tanto, su clase son las mismas que dicen: «los otros se aprovechan de los pobres».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El progresismo, sabemos, es el monopolio de la sensibilidad social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo camino a las subsecretarías del Estado, las becas, las mejores condiciones laborales, los privilegios sociales está asfaltado con buenas intenciones. Eso sí el trabajo material de ese camino lo hacen siempre los mismos negros de mierda. Porque la pregunta es clave para un programa popular: ¿cuántos negros y negras ocupan voces relevantes de los espacios públicos y políticos? De ese privilegio, bueno, mejor no hablar de ciertas cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Pero por qué esta recurrencia tópica de “perder los privilegios”? Los verdaderos privilegios, en realidad, no pueden perderse (“deconstruirse”, como dice la retórica de moda) porque básicamente son estructurales, es decir, no se pueden desarmar en una cifra de 280 caracteres. Lo estructural no es subjetivamente reversible; si lo es, no es estructural.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nadie podría deconstruir, por caso, la propiedad privada. No porque la propiedad privada no fuera un sentido históricamente construido (de hecho hace poco más de 100 años había poblaciones en el actual territorio argentino que la desconocía: como el pueblo Selknam que fue exterminado por los Braun Menéndez). Los Selknam que cazaban guanacos no encontraron en esas mansas ovejas traídas por la extensión de la frontera ganadera propiedad privada: ¿hoy qué sentido más originario se produce en cualquier intercambio cotidiano –hasta pidiendo prestado un encendedor para prender un pucho- que el de la propiedad privada?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque la propiedad privada no puede ser arrojada en la esquina a la primera alcantarilla de nuestras frustraciones personales sino que estamos enajenados a ella por las relaciones materiales de producción contemporáneas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La supremacía moral de las clases medias progresistas</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Existe un proceso de secularización de larga duración donde una clase que ya no puede legitimarse por orden divino troca su justificación de ser en una “razón cultural superior”. Los modos de legitimación actuales imposibilitan decir: el sistema nos permitió estar donde estamos y ustedes se pudrirán donde nacieron.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este proceso de secularización no elimina, por cierto, dos elementos centrales de la tradición occidental (al menos, en sus inflexiones oficiales): la idea de liberación postrera y la idea de que la acción social esconde una verdad que los sentidos ocultan.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quienes asumen la potestad de indicar cuál es esa liberación y cuál es esa estructura oculta del mundo son los mismos y hacen de ese supuesto saber una soberbia epistemológica que corresponde relativamente a su posición objetiva en la sociedad. En el siglo XIX el gran tópico fue la raza, en el siglo XX la clase y en este siglo XXI, aparentemente, el género. Sobre este tópico, claro, hay apropiaciones diversas y derivas muy particulares. Sólo nos referimos a sus modos legítimos, aquellos necesarios para la reproducción social, que exigen hablar de un otro popular indefinido, monstruoso, oscuro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este marco, el discurso fantasmal sobre la pobreza y los réditos civilizatorios de la cultura para constituirse como clase son perfectos para establecer una clase social media (que en términos identitarios no ha parado de crecer en la historia argentina: cada vez hay más personas que se perciben “clase media”): la pérdida de una identidad proletaria, obrera, trabajadora, popular (o cualquier otra identidad marcada por el trabajo y que unificara mayorías) no es algo local sino global y parte del triunfo postrero del capitalismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por si fuera necesario aclarar: no nos referimos a <em>las</em> izquierdas, <em>los</em> feminismos, <em>los</em> peronismos, <em>los</em> marxismos. El progresismo es una matriz ideológica que puede operar dentro de esos campos y otros porque lo que determina no es una retórica o una adscripción partidaria sino una perspectiva pequeño burguesa de supremacía moral. Hay izquierdas, feminismos, peronismos, marxismos que no aplican a esta definición.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nunca los discursos se construyen por su contenido o solamente por él. Por ejemplo, decir todos, todas o todes no significa –a priori- ningún cambio que no sea retórico. Esto se sabe: no es el dictum, lo dicho, lo que determina a una ideología sino, principalmente, su enunciación, sus relaciones de posibilidad, su estructura de poder, su acumulación social. Y si uno deja de lado el balbuceo de los discursos modernizadores (donde unos siempre se presentan más allá del determinante social y se asumen a sí mismo libres, autónomos, deconstruidos y a los otros siempre se los presenta como la resaca social, el caso total de la no agencia, la decadencia) hay una continuidad de siglos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fuera de las neurosis de las clases medias progresistas, hay un sistema que en su irracionalidad extrema, en su destrucción inmediata, en su colonización de Marte y la Luna al compás de millones que beben agua de zanjas podridas como perros, hace que estalle la crisis (que además de ser material se vive en términos de zozobra, tristeza, odio, rabia, locura). Todo es posible. La destrucción del mundo, por ejemplo. En este contexto, hay tres elementos a señalar: 1) la agudización de la lucha interimperialista (principalmente, Estados Unidos y China pero en un mapa de aliados y enemigos más complejo); 2) el alza creciente de la lucha de clases en términos mundiales (sin síntesis programáticas); 3) la pérdida del “consenso democrático” entre las clases populares (que hoy está siendo vehiculizado, principalmente, por las derechas occidentales).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Momento urgente para articular una política nacional, popular, revolucionaria. No para dejarse zozobrar en esa radicalidad ideológica con nula extensión social a las que nos quieren condenar las clases medias progresistas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El imperialismo: un tigre de neurosis </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Estamos discutiendo política? ¿O estamos discutiendo performáticas del yo, laboratorios posibles de un lenguaje cada vez más barroco y dispositivos de autoafirmación de clase?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Frente a derrotas ideológicas y políticas de larga duración y procesos de fragmentación social crecientes, la pequeña burguesía progresista se ha tornado endogámica en sus obsesiones y frustraciones (y, a veces, intolerante en su incapacidad de entender la complejidad de las relaciones humanas y sociales). A su vez, los niveles relativamente bajos, en los últimos años, de la lucha de clases y ciertos niveles de vida que le producían un excedente de tiempo dedicado al ocio (al menos hasta el año 2016) le han facilitado vivir, provisoriamente, en sus precarios paraísos artificiales; en un desmadre social generalizado, esos paraísos se hubieran destruido en mil pedazos de manera inmediata porque sus propias condiciones de existencia desaparecerían. No es el caso. Tal vez, pronto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una disociación general en estas clases medias progresistas entre su discurso de radicalidad ideológica total y su nula extensión social. Hay un contexto de producción discursiva evidente e inmediato: la fragmentación social. Es lógico, en este marco, que las clases o las subclases -cada vez más pronunciadas en sus sociabilidades intramuros- se comporten ajenas a un patrón cultural general, y más dependientes de sus propios patrones, sistemas de legitimidad, prácticas, lecturas, valores y creencias, etc. Al mismo tiempo como cada subclase tiene a su interior cantidad importante de actores y, asimismo, circuitos y jergas y guiños de autolegitimación constante, pueden vivir en la ilusión de ser una mayoría.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las clases medias progresistas no poseen como objetivo de representación a las clases populares. Son centro y fin de todas sus proyecciones ideológicas. Se autoperciben como “territorios libres” en una lucha imaginaria donde el imperialismo ha desaparecido como enemigo y se ha convertido en figuras cada vez más fantasmales, imprecisas, neuróticas. El imperialismo hacia el interior de este sector opera básicamente como enajenación completa. El enemigo ya no es el imperialismo sino las leyes culturales opresivas que nos conformaron como sujeto: la autoincriminación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El capital, hoy, produce atomización radical. Toda ideología que apele al fraccionamiento, en términos objetivos, no hace ningún movimiento disruptivo. Sólo reproduce la lógica del capital. De hecho, mientras el capital se sigue reproduciendo y concentrando y saqueando al mundo, y la guerra interimperialista agudiza todas las contradicciones, y en la Argentina el hambre crece día a día, las clases medias progresistas hacen de su indignación moral un capital cultural que no deja de ser altamente rentable y enmarcado en los modos de producción material contemporáneos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El imperialismo es un tigre de neurosis que hace ver enemigos en todos lados y en ningún lado.  En este fantasmal escenario, las clases medias progresistas poseen el monopolio de la sensibilidad social. Y su discurso político se ahoga en la supremacía moral. Son el enemigo ideal (grotesco e inofensivo) de las nuevas derechas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Berisso, 18 de diciembre de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>* Docente, escritor y poeta. Universidad Nacional de La Plata.</em></span></p>
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		<title>Bolsonaro: ¿pasado o futuro? &#8211; Por Ricardo Rouvier</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Jan 2019 20:42:27 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El mundo está viviendo una agitada y muy compleja transición que compromete no sólo al reordenamiento del poder internacional dominante sino a una modernidad líquida que incrementa la incertidumbre sobre el porvenir. Las sombras del pasado resurgen en el mundo. El problema es si ese pasado es el futuro.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/bolsonaro-pasado-o-futuro-por-ricardo-rouvier/">Bolsonaro: ¿pasado o futuro? &#8211; Por Ricardo Rouvier</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>El mundo está viviendo una agitada y muy compleja transición que compromete no sólo al reordenamiento del poder internacional dominante sino a una modernidad líquida que incrementa la incertidumbre sobre el porvenir. Las sombras del pasado resurgen en el mundo. El problema es si ese pasado es el futuro.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Rouvier*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La irrupción Bolsonaro es un acontecimiento que encuentra sus pistas culturales que se ahondan en el propio Brasil y descubre, también, huellas en la región que hacen pensar en una extensión convergente a nivel mundial entre la derecha europea, el pausado y seguro predominio asiático y los cambios en América Latina y el Caribe. Un cambio de época que termina y que obliga a una profunda revisión en el Partido de los Trabajadores de Brasil y en los sectores progresistas y de izquierda de todo el mundo. Otra época comienza e inicia otra configuración global que se está conformando. Es indudable que el mundo está viviendo una agitada transición, muy compleja, que compromete no sólo al reordenamiento del poder internacional dominante y sus rechazos, sino a una modernidad líquida, como señala Bauman, pero que en realidad son torrentes, cataratas de corrientes que van y vienen, incrementando la incertidumbre que calificaba al porvenir. Hemos hablado mucho del futuro como incertidumbre, bueno el futuro ha llegado. Las incertezas florecen en todo el arco de lo público, donde el sentido común se convierte en un objeto seducible.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ejemplo, el mundo que dejó Cristina Fernández de Kirchner en diciembre del 2015 ya no era el mismo pocos meses después. Si bien hay encuadres ideológicos generales que mantienen vigencia, el mundo de hoy exige un pragmatismo que obliga a replanteos respecto a la democracia moderna y los actuales caminos para la inclusión y la igualdad. Y ahora, ¿por dónde es el camino?, se preguntan los insurrectos de ayer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todavía hay mucha hojarasca del siglo XX dando vueltas en la cabeza del progresismo y del populismo, qué habrá que interpelar para separar la paja del trigo. Ha llegado la hora de cumplir el cambio en las propias filas, y cuestionar el idealismo que impone sus creencias como si fueran la realidad. Se aclara que la “realidad” es una categoría a problematizar, pero eso requiere un debate democrático que no está en la agenda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Brasil nos golpea especialmente por la proximidad geográfica, la empatía cultural, los intereses  comerciales y la coparticipación en una utopía continental. Esa utopía fue sostenida por el progresismo y el populismo en la región, para generar alianzas y neutralizar la influencia norteamericana en el “patio de atrás”, mientras que los conservadores se apoyaron en el destino manifiesto de la República Federativa del Brasil. Gran parte de la alta burguesía argentina, en el pasado, aliada de las FFAA creyeron esa aspiración y vieron a Brasil como una hipótesis de conflicto. Un Brasil no comprometido integralmente con la subregión sino como un jugador protagónico en el concierto mundial. El mismo Lula en su primera presidencia tuvo una porción de la base de apoyo de una población que lo admiraba como Estadista y no como Socialista. Hoy, muchos de esos electores cuya aspiración es más nacionalista que clasista, integraron el 55% de Bolsonaro en la segunda vuelta. Habrá que ver si esos costados nacionalistas, con mucha presencia de militares retirados, no le angostan el camino al nuevo ejecutivo brasileño que quiere convertirse en un auxiliar de Trump, en una región a la cual los norteamericanos no prestan atención. Pero, está claro que con cualquier gobierno Brasil y la Argentina son espacios atractivos, especialmente el primero, para la confrontación comercial entre los EEUU, que produce el 25% del PBI mundial, y China, el segundo en importancia, con el 15%.  En este sentido la clásica postura antiimperialista heredera del opúsculo de Lenin, denunciando el vínculo de sometimiento entre la Gran Bretaña imperial, EEUU y los países emergentes e inclusive países desarrollados aliados, debe ser reformulada a partir de la presencia china en la disputa por el poder mundial. Ya el proceso de globalización capitalista de última generación, incentivado desde el final de la guerra fría, que hoy tiene sus detractores, había puesto en jaque el concepto de soberanía. Basta comprender que hoy una economía cerrada es una economía ahogada y sin destino, para pensar el mejor modo de estar en el mundo; por supuesto sin ser Bolsonaro o sin ser países populistas sin futuro. Si no hay futuro, entonces, no podemos ofrecer nada en la esperanza de construir la equidad. Si no hay futuro quedamos condenados a la coyuntura. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estamos ante un nuevo momento de crisis de la hegemonía mundial; se ha producido una fisura en el bloque con un desplazamiento geopolítico a favor del Asia, una pérdida relativa del poder norteamericano y un fuerte debilitamiento de la UE. La alianza atlántica se está haciendo pedazos y China avanza con su Ruta de la Seda, casi silenciosamente frente al estridente Trump. Pero el modelo político asiático no es exportable al resto del mundo, sobre todo a Occidente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La situación con pronóstico negativo para los EEUU, explica el ascenso de Trump para reponer el orden nacional e internacional de los Bush, intentando reinstalar la unipolaridad. Su nacionalismo suscita los resabios reaccionarios de la primera potencia mundial: el esclavismo y el exterminio del diferente. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta crisis está mostrando la acción y reacción de facciones que disputan la primacía en el mundo financiero (las plazas de Londres vs. New York), como el nuevo rostro del capitalismo, por una parte, y las diferencias con que se enfrentan los problemas que las sociedades presentan y que los dominadores no han solucionado. Es indudable el problema migratorio que va, principalmente, del África hacia Europa, que conmueve al equilibrio poblacional y también cultural, contraviniendo los valores liminares de Occidente. Dichos valores se pulverizan ante los incómodos “extranjeros” que se constituyen como  un “otro” enemigo. La dinámica amigo-enemigo de Carl Schmith, se está difundiendo entre sus no lectores; Bolsonaro es uno de ellos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La globalización que se presentaba como un salto cualitativo del capitalismo, y como un “final de la historia”, ha encontrado una reacción de parte de los que quieren representar a los desplazados del progreso; las víctimas de la crisis del 2008 están presentes y no quieren la partidocracia. Es un buen momento para que aparezcan líderes que recojan el guante y caminen por las grietas. Pero es un momento difícil para el progresismo que, en la contradicción dominante, se puede encontrar más cerca de la globalización que de la reconfiguración del Estado Nacional Industrial/Militar que propone el presidente norteamericano acompañado por muy pocos. En posiciones más extremas está el rechazo total a cualquiera de los contendientes, adoptando una actitud insular de pureza ideológica e insignificancia fáctica. Acá, en la lucha antisistema pueden unirse en el fragor de la calle la izquierda y la derecha en momentos en que la derecha tiene más para ganar como pasa en Francia.      </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para nosotros, la globalización continuará sobre todo la fundada en la innovación y difusión tecnológica, la actualización de los mercados y los flujos planetarios de los capitales. El tecnoliberalismo continuará, habrá algunos obstáculos nacionales, intentos de regulación y demás, pero no se detendrá ninguno de los tres ejes de desarrollo que EEUU y China privilegian: robótica, inteligencia artificial e Internet. No creemos en la consolidación de un mundo particular de nacionalidades y cierre de fronteras, porque la marcha del capitalismo requiere necesariamente del mercado global. La profecía de Marx de que el capitalismo iba a llegar a todos los rincones de la tierra, mantiene su vigencia.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vemos con la evolución de las contradicciones que la democracia, en el mundo, que se expandió mucho en los últimos 70 años, ahora se acota en su interioridad, se limita. Emerge el peligro de autoritarismo en los populismos de derecha. Es indudable que el incumplimiento de las promesas de la democracia liberal, como señalaba Norberto Bobbio, se están presentizando con todo su dramatismo en la Europa paladín de la institucionalidad democrática.  No hay duda, que la democracia burguesa es un régimen político que ofrece mayores posibilidades respecto al mundo premoderno. Aunque fue fuertemente cuestionada en la primera y segunda guerra mundial por la contradicción entre Autoritarismo y Democracia. Se logró el mejor resultado posible para la expansión de las sociedades en consonancia con la ampliación de sus principales pulmones: el capitalismo, la democracia formal, y también el socialismo real. Hoy la avanzada de la derecha en los países central</span><span style="color: #000000;">es y las reacciones anti inmigratorias llevaron a reflotar el fantasma del fascismo o con su actualización: neofascismo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://ak8.picdn.net/shutterstock/videos/22125928/thumb/11.jpg?i10c=img.resize(height:160)" alt="Imagen relacionada" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La crisis de paradigmas también, y sobre todo, se refleja en el lenguaje y en las formas del conocimiento. El neoliberalismo como concepto está en cuestión, inclusive se adjudica a diversas cosas al mismo tiempo.  No solamente como impugnación ideológica, sino también en el aspecto semántico. El neoliberalismo no es una sola cosa, es una configuración, tal vez una civilización que es afectada por su propia evolución. Es decir que vamos a advertir diferencias con sus postulados originales. Remite a un modelo económico, a un régimen político, a una postura filosófica.  Se reconoce su triunfo en la construcción de un mundo con estructuras productivas de bienes y servicios, modos de distribución de los bienes materiales y culturales. Y agrega, su dominio militar extorsivo, sus triunfos bélicos en combate o en la postguerra, incluidas las guerras perdidas. También observamos que cada salto cualitativo o cuantitativo va acompañado de la racionalidad que lo comprende. Genera conocimiento, pensamiento, reflexión o contenido curricular para el aprendizaje formal. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nadie puede dudar, guste o no guste, que se ha alcanzado el mayor desarrollo económico y cultural de la historia, y que esto se inicia desde mediados del siglo XVIII sobre las vías del modo de producción, de acumulación y sobre la ampliación de consensos y actores a través del fortalecimiento de la democracia. Fue considerado por la historiografía marxista como una etapa en la historia de la humanidad, una etapa a ser superada. Hoy, no sabemos si este sistema es eterno o no, y si es no, no sabemos cuál es la próxima, considerando la capacidad resiliente de la hegemonía demostrada en este período de la historia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nadie duda tampoco que este sistema tiene cuentas pendientes como las diversas desigualdades, las necesidades básicas insatisfechas (según el Banco Mundial, el progreso económico indica que hay menos personas que viven en la pobreza extrema. Pero, casi la mitad de la población mundial, es decir, 3.400 millones de personas, aún tienen grandes dificultades para satisfacer necesidades básicas). El avance mundial sobre derechos humanos ocurrido en las últimas décadas sufrirá, seguramente, retrasos, demoras o una vuelta atrás.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Observando la evolución y comparando con un siglo atrás, vemos, entre muchas otras cosas, que lo colectivo se disuelve en una individuación cada vez más afirmada y perfeccionada por la incidencia tecnológica en la vida de la gente. Se captura la subjetividad de los pueblos por los dispositivos hegemónicos, que tienden a separar a los individuos de la configuración de lo social. Tal vez sea este el mayor éxito del neoliberalismo.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es imprescindible poder conocer e interpretar el nuevo mundo en que estamos. Hay muchas cosas a las que llamamos Neoliberalismo y podemos encontrar sus signos en la doctrina económica clásica, pero también en otras más pragmáticas y más heterodoxas. Quién puede dudar que el gobierno de Macri se alinea más con dicha doctrina que el gobierno kirchnerista, pero durante el populismo no deja de haber sobre la mesa de las decisiones muchos instrumentos de origen neoliberal, que son utilizadas. A veces, esta contradicción llega a sus límites extremos, como fue durante el gobierno de Dilma Rousseff, que decidió poner en práctica un recetario de economía liberal sufrida por la sociedad brasileña. Obviamente no la usó porque le gustaba, sino por el condicionamiento político y económico que se vive cuando uno está subordinado a las estructuras de la hegemonía mundial. Esos son los límites del reformismo. Hay momentos de mayor autonomía y hay momentos en que uno no puede escapar a los condicionamientos estructurales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se observa también el liberalismo en el subsistema político, siendo la base institucional de regímenes políticos conservadores, pero también de los progresistas o populistas.  Hay países que indudablemente han eliminado su régimen político pero a partir de un proceso revolucionario, como en la URSS, como en la República Popular China o como en Cuba. Por supuesto que esto genera tensión, contradicciones y limitaciones, en el plano del orden jurídico y en el disciplinamiento electoral.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">También se observa lo hegemónico en la cultura de la mayoría de los países del mundo, sobre todo en Occidente. Este aspecto es fundamental para naturalizar el dominio y la subordinación, que fabrica una subjetividad resignada, contemplativa o consumista.  Marx formuló la metáfora del “enterrador” respecto a la clase obrera y al sistema económico de la historia. Una gran paradoja es que el capitalismo, en su última generación, es el que está enterrando a la clase obrera. Es tan prepotente la realidad que no es posible evitar una revisión del modo en que intervenimos críticamente en ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El peronismo, el movimiento político más trascendente de la historia nacional, no quiso desprenderse en forma total del esqueleto hegemónico mundial; ni en cuanto a la economía ni en cuanto al régimen político. Sí desplegó un intervencionismo estatal, para construir una economía con responsabilidad social, una distribución más equitativa, un empoderamiento de la clase trabajadora organizada, un proyecto de alianzas regionales independientes de los EE.UU y una tercera posición internacional ante la bipolaridad. De algún modo el kirchnerismo extremó, en lo discursivo, estas posiciones tradicionales del peronismo, en un mundo diferente al que surgió del acuerdo de Yalta, pero no alcanzó a producir estructuras políticas ni la cooptación ideológica, inclusive del propio peronismo, que pudiera mantener el intento emancipatorio por largo tiempo o que pudiera asegurar su continuidad a través de la delegación democrática.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En Europa, se observa el fracaso de la socialdemocracia y del propio liberalismo de derecha, que no pudo satisfacer las demandas de sus pueblos, mientras que la expectativa sobre la unidad continental superó ampliamente sus magros resultados. Las políticas de inmigración no lograron resolver la integración cultural.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Bolsonaro es un emergente de un pasado donde el desarrollismo local y el progresismo no lograron una eficacia mayor. No se pretende desconocer la enorme recuperación social que se produjo durante los gobiernos del PT, pero la movilidad social genera otras demandas que requieren mucha creatividad política. La negatividad de la corrupción inundó inevitablemente a la principal fuerza política brasilera. Convergen en el escenario brasilero relatos religiosos y militares, todos reaccionarios, que implicaban la predominancia de un orden natural sobre la historia. A todas luces el presidente brasilero nos remite al fondo de los tiempos, en que entorchados frailes condenaban a Juana de Arco o a Galileo Galilei. Nos trae los malos recuerdos de las dictaduras militares, y los dogmas difundidos con castigos corporales. Ahora, están estallando, de una buena vez, otras formas de sometimiento como la pedofilia en ámbitos decorosos del poder espiritual. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El problema, y de ahí la pregunta del título, es que en Brasil, Italia, Hungría, Polonia, Austria, Bélgica, Finlandia, Dinamarca, y Letonia crecen, en la actualidad, estas sombras del pasado. Si fueran sólo pasado, sería de esperar que duraran un tiempo y se esfumasen, pero el problema es si realmente son el futuro.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 14 de enero de 2019</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier &amp; Asociados.</em></span></p>
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		<title>Jugar todo a esta convicción o imaginar algo más &#8211; Por Raúl Lemos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Feb 2019 16:06:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Raúl Lemos]]></category>
		<category><![CDATA[2019 elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Alianzas]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Raúl Lemos propone en esta nota un análisis sobre los impedimentos del progresismo para utilizar algo del pragmatismo con el que las capas medias se relacionan con él para tejer una alianza como la que hubo hasta 2015, y así ampliar apoyos de cara a las elecciones de 2019.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Raúl Lemos propone en esta nota un análisis sobre los impedimentos del progresismo para utilizar algo del pragmatismo con el que las capas medias se relacionan con él para tejer una alianza como la que hubo hasta 2015, y así ampliar apoyos de cara a las elecciones de 2019.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Raúl Lemos*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿La lógica de construcción del progresismo está bloqueando su capacidad para imaginar tácticas que le permitan ampliar apoyos? Al núcleo pendulante indeciso le cuesta conciliar con el modelo del kirchnerismo, aunque alguna vez lo votó. Beneficiado por la economía lo hizo. Entonces no había una cuestión de principios en apariencia tan estricta que le haya impedido maleabilidad a la hora de elegir. Ahora, en ese silencio estruendoso que se verifica tanto en encuestas como en la verdulería, se debate en soledad deshojando una margarita más exótica que una orquídea. En la esperanza de algo imposible. Que un segmento mediocre deslucido y tan pasible de sospecha de corrupción como cualquiera de la representación política, si ese fuera el caso, le asegure su status a la manera elitista y de orden en que esas capas lo entienden y sienten, y al mismo tiempo gobernabilidad. Pero lo que subyace obviado, aunque suene burdo, es que tienen derecho a su individualismo por más exacerbado que este sea. Y lo sienten menoscabado por el discurso kirchnerista. Poco importa acá si es un subterfugio autovictimizador para sacarle el cuerpo a la verdad y la culpa, o genuina creencia. Lo que vale es lo que trasudan sus poros. Debería analizarse entonces qué le impide al progresismo utilizar, para llegarles, algo del pragmatismo con el que esos sectores se relacionan con él para tejer una alianza como la que hubo hasta 2015.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De cualquier modo, es más que probable que allí esté el nudo gordiano que deja a esos sectores permeables colocados del otro lado de la grieta que grafica el desencuentro nacional. Como explica Jorge Alemán, el rechazo explicitado en la figura de Cristina adquirió el sentido y carácter de un tabú. Que no es habitual reconozcan con esa taxatividad y sin dejarse envolver por la bruma de la corrupción. Esta es uno de los fondants, el más usual, que recubre ese elitismo no confesado. El otro, pero no punible y por ello menos agitado, es el orden. En todo caso será legítimo endilgarles falta de transparencia y admisión sincera de su individualismo acérrimo, pero esa es harina de otro costal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este conflicto excede los límites de un sistema político con imperfecciones superlativas como el nuestro, que al revés son producto de la falta de resolución de aquél. Los sistemas de organización no pueden contener per se todas las variables o disloques de la interrelación humana y mucho menos si se extremaron por décadas de discontinuidad institucional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ello, sería más certero y fructífero enfocar el conflicto real, que no se aborda en el discurso progre con la entidad que tiene, que es el modelo de país tumultuoso y con ampliación de derechos que hasta ahora no están dispuestos a aceptar los sectores que han inclinado la balanza a favor del neoliberalismo en las dos últimas elecciones. En su lugar se habla casi exclusivamente de la crisis económica profunda que atravesamos, cuando en realidad esta se comenzó a gestar antes en esas urnas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es ostensible cómo mientras el gobierno miente insaciablemente, los que no comulgan con la mentira se aferran a la idea casi excluyente de que hay un sector palurdo, engañable, que no ve la verdad, o que simplemente la niega. Habría que reflexionar más incrédulamente que la credulidad que se les adjudica no es tal ni tanta. Y que es secundaria, o a la par del temor a una minusvalía de status tan determinante como el deterioro económico mismo que están sufriendo. Seguramente un atisbo de consciencia de esta cuestión hubo en el mensaje de Cristina en el Primer Foro del Pensamiento Crítico; a juzgar no solo por lo dicho, sino también por la polémica que generó. Pero es solo un atisbo y no alcanza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La lógica de construcción política de la izquierda o progresismo (como la entiende Chantal Mouffe) está signada por el fin propuesto de transformar la realidad para mejorar condiciones de vida de mayorías. Quien persiga esa cumbre siente natural el deber de explicar lo más exactamente posible cómo va a hacer ese cambio. Entre otras cosas porque siempre es algo temido. A lo que hay que agregar un plus o exceso cifrado en la necesidad de reafirmarse en las propias convicciones. Pero si no se encuentra la manera ‘inteligente’, que tanto se le reconoce a Duran Barba (después de todo se trata de sensaciones&#8230;), de comprender la subjetividad del sector social que se necesita para ganar la partida e intentar mostrarles que se ‘transige’ en algo, se estará optando por la lógica amigo-enemigo que juega al todo o nada; más propicia para condiciones francamente pauperizadas de la mayoría como algunos países de la región, a las que por razones geográficas y políticas hasta ahora nunca hemos llegado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vivimos en un país cuyo principal rasgo sociológico es el de una extendida clase media, sea por recursos o sentido de pertenencia o ambas, y poner las cosas en términos de vida o muerte es más probable que deje colocada a una porción decisiva de esa franja en el reverso del bien común: un poco más acá del borde de la extenuación económica, la sensación del propio status social en riesgo o menguado puede ser vivida como algo tan o más temido que aquella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto que la transigencia debe tener límites. Pero esos equilibrios los suelen encontrar en buena medida las formas. Y un manejo inteligente de la apariencia, esa palabra de la que el progresismo per se reniega. Eso ha hecho la maquinaria oficial con la consciencia social: apariencia, hasta el cinismo, de buenos modos, diálogo y transparencia. Hay que internalizar que el discurso, sea cual sea, no se autoabastece íntegramente, ese es un vicio o exceso de la izquierda. Se completa con la estructura psicológica de su destinatario o receptor. Y si ese sujeto estuvo tan fácilmente dispuesto a dejarse engañar o a hacerse el engañado ante sí mismo, no se debe renunciar a hacer un trabajo sobre esa subjetividad, que entienda ante todo la fisonomía de quien se tiene delante para elaborar un mensaje adecuado. Parafraseando a Einstein, es vital para la subsistencia de la nación evitar la locura de la repetición con resultado similar seguro e intentar otra cosa que no deje cedida para siempre la subjetividad de esas capas al exclusivo señorío ideológico de la casta que gobierna y su aparato comunicacional. No se puede confiar tan sólo en la dinámica del deterioro de las condiciones económicas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si bien es cierto que la construcción es más trabajosa y lenta que la demolición, no se puede perder de vista que lo que al campo nacional y popular le llevó doce años al neoliberalismo autóctono tan solo tres para convertirlo en escombros. Esa desproporción habla de algo más y quizá tenga que ver con la mayor o menor amplitud de la imagen que se enfoca. La izquierda, que se precia de elástica para entender y aceptar los desafíos de la evolución humana, no se puede permitir la rigidez en la acumulación crítica de poder que la deje a la sombra de la capacidad del neoliberalismo de reproducirse creando subjetividades indefinidamente como dice Alemán, y tiene que hacer algo para torcer el curso de ese río de la debilidad humana: nos define lo gregario civilizatorio que nos remite al bien común, pero también el instinto de conservación que anida en el inconsciente y sabe generar monstruos de sometimiento.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.microsiervos.com/images/escher-flickr.jpg" alt="Resultado de imagen para escher" width="469" height="311" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El paper de Fukuyama generó una polémica extendida al definir como motor de la historia la necesidad del reconocimiento humano, de la dialéctica del señor y el siervo que desarrolló Hegel, en lugar de la lucha de clases del marxismo. Más allá o más acá de esa polémica, no se debe prescindir en el análisis político de ese aspecto al valorar la psiquis humana. ¿Quién no desea trascender en su entorno familiar, del barrio, del trabajo, de lo deportivo y en definitiva del medio social en que se mueve? Esa necesidad es una arraigada en el fondo a la existencia misma. No solo por los afectos sino para atenuar esa idea devastadora de que se es un mortal más, y que así como se está hoy se va a desaparecer mañana, sin más ni más. Solo las especies carentes de inteligencia lógica pueden vivir sin ese peso que es en sí abrumador. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La otra cuestión dilemática que acontece ahora para la izquierda y puede confundir en torno a su capacidad de construcción de poder, es la de reconocerse en semejante encrucijada con una menor a la de la derecha para acertar con el remedio. Y más en el contraste de todo lo avanzado en la etapa pasada en términos del estricto bienestar material y del más amplio del bien común, con el desastre social político y cultural en apenas tres años. Pasa que no es tal. No es un remedio que la derecha acierta a administrar, sino algo que le surge natural. Y de nuevo allí, tal vez no se esté viendo con el gran angular lo que acontece a los costados de lo que se ve en el centro de la imagen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La derecha tiene una subjetividad diferente de la que asumen quienes proponen, en mayor o menor grado, la metamorfosis social. Si bien la intriga es un lienzo común sobre el que se pincela en la política, para ellos es más juego lúdico que seducción racional-carismática y construcción piedra sobre piedra con todo lo que ello implica. Por el contrario se burlan casi con desparpajo y menosprecio de ese modo de construcción y califican de patológico tratar de entender el pasado para vivir mejor el presente y avizorar el futuro. Solo hablan de este último sin decir exactamente qué ni cuándo. Pero sí pueden anunciar en medio de un aquelarre de aumentos siderales de tarifas y mandar saludos públicos desde su lugar de vacaciones proclamando lo bien que la están pasando. Pero no es todo ficción. En todo caso es la potenciación de algo inmanente a su condición y a su praxis cotidiana. Pero saben sí que es algo deseado o envidiado en toda sociedad. ¿Quién no quiere estar relajado disfrutando del ocio? En cambio para la izquierda, como expresó Pepe Mujica recientemente, la lucha vendría a ser como el aire que respira. Es feliz peleando. Disfruta, por historia, por experiencia, de remontar adversidades variadas que signaron entornos de crecimiento y desarrollo y la forjaron, en lugar del surfeo de simulaciones, cierta hipocresía y transacción. Es más expuesta y la destreza acuática sobre la ola la aprende con los años no sin preservar dignidad. Quizá en eso consista buena parte de la sabiduría humana. En ese delicado equilibrio. El que quizá hoy se precisa para salir de un atolladero con las menores concesiones posibles, pero no tan seguro sin él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es tentador describir esta catástrofe política y social, y no la peor si se mira a Brasil, como parte de una más amplia hegemónica y regional fatalmente adversa. O en su defecto, en la más optimista de una dinámica de reacción a la acción ampliadora de derechos vivida en los comienzos de siglo, pero con mejores chances en Argentina para la madre de las batallas que se aproxima. No se han visto aún todos los efectos de las políticas en curso, pero con lo hasta acá vivido cuesta imaginar esta última hipótesis con la persistencia de una franja no menor, que no quiere y no se sabe si sola puede, salir de una ficción autoinfligida.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 5 de febrero de 2019</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Miembro fundador e integrante de la Mesa Provincial del Partido Solidaridad e Igualdad</em></span></p>
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		<title>La traición, el neoliberalismo y el progresismo &#8211; Por Hugo Presman</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Jul 2019 14:21:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Hugo Presman]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La traición es inherente al género humano. El neoliberalismo lo ejerce impúdicamente, porque está en su esencia. El peronismo es el único partido que tiene un “Día de la Lealtad” y en los días restantes puede practicar lo contrario. El progresismo de cartón se caracteriza por criticar desde la tribuna. Cuando bajan a la cancha se muestran débiles, erráticos, contradictorios.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La traición es inherente al género humano. El neoliberalismo lo ejerce impúdicamente, porque está en su esencia. El peronismo es el único partido que tiene un “Día de la Lealtad” y en los días restantes puede practicar lo contrario. El progresismo de cartón se caracteriza por criticar desde la tribuna. Cuando bajan a la cancha se muestran débiles, erráticos, contradictorios.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Hugo Presman*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La traición es inherente al género humano. El neoliberalismo lo ejerce impúdicamente, porque está en su esencia. Nadie podría ganar una elección desde ese posicionamiento diciendo lo que va a hacer. Imaginemos un candidato que diga que va a endeudar al país hasta ponerle una soga al cuello; que terminará con la industria; que vaciará los organismos que hacen ciencia; que asfixiará a las universidades; que rebajará las jubilaciones; que deteriorará significativamente el poder adquisitivo del salario; que suprimirá derechos; que cerrará escuelas; que privatizará empresas y tareas del Estado; que se subordinará al mercado; que enriquecerá a su familia y amigos; que propulsará la existencia de monopolios; que hará una política exterior en posición decúbito dorsal; que llamará conflictos de intereses a sus actos de corrupción. Por eso como bien tituló a uno de sus libros el periodista Gustavo Campana “No hay neoliberalismo sin traición”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A su vez, el peronismo es el único partido que tiene un “Día de la Lealtad”, que recuerda un hecho bisagra en la historia argentina y en los días restantes puede practicar lo contrario. Un caso emblemático fue el del vicepresidente de Perón, el Almirante Alberto Teisaire, único caso de alguien elegido individualmente para ese cargo en 1954, por la muerte el 3 de abril de 1952 de Hortensio Quijano, quien no llegó a asumir como compañero de fórmula de Perón para su segundo mandato. Apenas producida la Revolución Fusiladora, el Almirante entró en pánico atribuyéndole todo tipo de delitos a Perón, se filmó una declaración suya, donde leía un documento acusador de siete páginas en alrededor de 12 minutos, dado a conocer el 4 de octubre de 1955, exhibido en los cines. Como conforme al dicho popular “Roma no paga a traidores”, eso no le evitó ser juzgado, privado del grado y el uso del uniforme y encarcelado en la isla Martín García hasta 1958. Su figura entró en un cono de sombra hasta su muerte el 11 de septiembre de 1963, a punto de cumplirse 8 años del golpe de estado ante el cual se arrodilló.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Carlos Menem produjo un giro copernicano contrariando todas sus promesas electorales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En aquellos días cobró notoriedad un libro de dos autores franceses: Denis Jeambar e Yves Roucaute, titulado <em>“Elogio de la traición: sobre el arte de gobernar por medio de la negación”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El caso más reciente es el Miguel Ángel Pichetto, quien de un día para otro pasó de jefe de una bancada opositora complaciente a candidato a vicepresidente del oficialismo. Hasta ese momento y con una notable plasticidad apoyó dentro del peronismo políticas antagónicas. Al pegar el salto como un hábil deportista con garrocha, sostuvo que “siempre fue leal” y que la traición es “un concepto que no es aplicable a la política. Es un concepto muy precario, de gente carente de inteligencia. La traición es un punto de fractura con el pasado”. Sin embargo esa lealtad no careció de dobleces. Lo cuenta el mentor de Clarín Rural, el fanático propulsor de la soja, el ingeniero Héctor Huergo, quien en la edición del diario del 15 de junio bajo el título “Ahora hay equipo” relata en el contexto de la disputa por la Resolución 125: “Nunca se me había dado la oportunidad de contar lo que viví en aquellos días inolvidables donde el campo le puso un freno al deseo K (todavía no explicitado en aquellos días) de ir por todo. Ahora creo que es necesario sacarlo a luz. Miguel Pichetto voy a evocarte. Cuando se desencadenó el conflicto, un par de senadores oficialistas con los que yo tenía diálogo frecuente (Carlos Reutemann y Roberto Urquía) me invitaron a una reunión para cambiar ideas. Me dijeron que probablemente se sumara Pichetto, a quien yo no conocía. Empezamos la reunión y a los pocos minutos entró el titular del bloque. Se presentó, y enseguida me dijo -con mucha calma- que conocía mi punto de vista sobre el disparate de las retenciones móviles. “Coincido totalmente, es un disparate. Pero Néstor está loco con esto. Nadie lo puede convencer, y ahora estamos frente a un gravísimo problema institucional. Lo que está en juego es la gobernabilidad. Está reunido el bloque y tengo que bajar a sacar una declaración de respaldo. Entiéndame.” El garrochista hasta ahora no ha desmentido la anécdota.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En general los Pichettos no ocupan un lugar destacado en la historia. Entre Jesús y Judas se sabe, después de 2000 años qué lugar le correspondió a cada uno.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>EL PROGRESISMO </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El progresismo de cartón se caracteriza por ser hábiles críticos desde la tribuna. Cuando bajan a la cancha se muestran débiles, erráticos, contradictorios. Son los que te prestan un paraguas un día de sol y te piden su devolución un día de lluvia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Graciela Fernández Meijide llegó a ser una carta ganadora electoral en la oposición a Carlos Menem. Una tragedia, la desaparición de su hijo, la precipitó hacia la política. Se postuló para presidente y en las internas fue ampliamente derrotada por Fernando de la Rúa, en lo que luego fue el impresentable gobierno de la Alianza de la que fue Ministra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En La Nación del 23 de junio, el columnista “libertador” Jorge Fernando Díaz Iglesias escribió en relación a un encuentro en Balcarce 50 con Mauricio Macri de un grupo de “intelectuales”, en la que la ex demócrata cristiana “tomó la palabra y dijo que le parecía posible trazar, salvando las distancias históricas, un paralelismo entre las elecciones de 1983 y la inminente encrucijada comicial del 2019. Aquel voto decidía, como ahora, el camino de una democracia representativa o los peligrosos atajos de una corporativa y hegemónica…” Hace rato que Graciela parece haber desandado el camino de los derechos humanos defendiendo acríticamente un gobierno que los considera un curro, que jamás el presidente hace una mención a la restitución de un nieto, pero que sí se alegra y felicita al chef argentino Mauro Colagreco, con restaurant en Francia,  premiado como el número uno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Graciela Fernández Meijide teme una autoamnistía de un futuro gobierno peronista a favor de exfuncionarios y empresarios que “perpetraron una megacorrupción de Estado”. Indudablemente Graciela parece que sufre de hipermetropía. La persona <strong>hipermétrope</strong> tiene la capacidad de ver claramente los objetos lejanos pero no puede ver tan bien los que están cerca. Un oculista ahí por favor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Margarita Stolbizer compite con su ex amiga Elisa Carrió la incontinencia denunciadora posando de progresista. Sergio Massa, en uno de sus bruscos virajes, la dejó en la estacada por lo que se abrazó a Roberto Lavagna. Fue desplazada del primer puesto por Graciela Caamaño, renunció a ir segunda en la lista de legisladores y ahora en venganza se abraza al filósofo gastronómico Luis Barrionuevo, numen de la honestidad y transparencia, para tratar de derrotar en la interna de Consenso Federal a Marcos Lavagna en la Capital. En este progresismo de cartón Margarita Stolbizer en agosto del 2016, con una mano posada sobre el hombro de Macri, le pidió avanzar con un acuerdo para “tener un Nunca Más a la corrupción”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como siempre Margarita golpea en la puerta equivocada. No es una humorada pedirle al presidente empresario del gobierno de CEOS, todos ellos beneficiarios e instrumentadores de la corrupción con el Estado,  que haga una cruzada contra la misma; encima ahora se apoya en Luis Barrionuevo, el mismo que proponía que “dejemos de robar por dos años.” En la misma senda, no hay que descartar que alguna vez Margarita le pida al odontólogo Ricardo Barreda que la ayude en las políticas de género y a Amalia Granata que la apoye por la legalización del aborto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Elisa Carrió es emblemática en este terreno. Desde posiciones de centro izquierda hace dos décadas fue girando hasta abrazarse a la Embajada Norteamérica y ser una de las espadas mediáticas del multimedio Clarín. Denunciadora serial basada en refritos periodísticos e informes de los servicios de inteligencia y la Embajada, su imagen de fiscal moral de la República es usada como traje de amianto del macrismo para permitirle perpetrar negocios enormes, corrupción sofisticada, remate de las riquezas nacionales, mientras la chaqueña aporteñada permanece ciega a blanqueos de familiares y amigos del presidente, cuentas off-shore, conflictos de intereses, todo ello en la defensa de la República y contra el populismo. En <em>Clarín</em>, dónde si no, el 29 de junio declaró: “Los argentinos tendrán que elegir entre “el camino a la República o el autoritarismo… rompimos con la maldición de 1930, que para mí es la maldición donde entra la decadencia argentina… Cambiemos es la expresión de un movimiento que más allá de los partidos busca la libertad, la República y está en contra de los ladrones… Lo que se juega es mucho más que lo económico, nadie te roba durante 70 años y vos salís en dos semanas… Para los argentinos que invierten, para los argentinos que quieren trabajar y para los extranjeros, la victoria de Cristina es la victoria de Maduro, ni siquiera la de Chávez. Mirá lo que te digo”. Como sólo acepta reportajes en lugares entre acogedores y cómplices, nunca deberá explicar cómo la inversión extranjera en sectores productivos del gobierno promercado es inferior a la del populismo kirchnerista, y la fuga de capitales llega en 4 años al 65% de la fuga total en doce años de kirchnerismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los humoristas deben ser apoyados, porque tienen mucha competencia desleal de aquellos que hacen humor hablando en serio.       </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>LA TRAICIÓN, EL NEOLIBERALISMO Y EL PROGRESISMO </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay periodistas que son columnistas pretendidamente serios que como tales son mediocres, pero como humoristas tienen futuro. Serios, acartonados, se pelean con la realidad y se preguntan por qué son derrotados. Si el periodista “progresista” además es Licenciado en Filosofía, cobra vigencia aquella frase afortunada de Sarmiento, “el título no quita las orejas”. Miguel Wiñazki en la segunda página de <em>Clarín</em> del 29 de junio se pregunta: “¿Por qué Cristina continúa favorecida por la adhesión profunda de tantos, cuando las evidencias de sus corruptelas son tan abrumadoras?”. Luego incursiona sobre lo que considera una “sutil diferencia” entre Cristina Fernández y Mauricio Macri. Y llega a una conclusión, seguramente tamizada en las lecturas de Platón y Heidegger: <strong>“El no miente como su predecesora”.</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 3 de julio de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Coconductor del programa radial EL TREN, con más de 14 años en el aire. Contador Público recibido en UBA. Fue profesor de Economía Política en la Facultad de Ciencias Económicas de la misma Universidad. Es Periodista. Sus trabajos son publicados en diversos medios nacionales e internacionales. Es autor del trabajo de investigación “25 años de ausencia” y participó con trabajos en los libros “Damián Carlos Álvarez Pasión por el libro” e “Insignificancia y autonomía”. Debates a partir de Cornelius Castoriadis.</em></span><br />
<span style="color: #000000;"><em>Además es coautor del libro “Bicentenario de la Revolución de Mayo y de la Emancipación Americana” </em></span></p>
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		<title>Golpe en Bolivia: la ruptura del campo progresista &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Nov 2019 23:17:29 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Golpe de Estado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La novedad que el golpe contra Evo revela es la ruptura interna del campo progresista, que mediante nuevos discursos juzgan lo sucedido en Bolivia no como un hecho irreductible y antidemocrático, sino como un mero episodio que es susceptible de ser criticado desde distintos ámbitos.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La novedad que el golpe contra Evo revela es la ruptura interna del campo progresista, que mediante nuevos discursos juzgan lo sucedido en Bolivia no como un hecho irreductible y antidemocrático, sino como un mero episodio que es susceptible de ser criticado desde distintos ámbitos.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No hace mucho tiempo atrás un golpe militar constituía un límite infranqueable. Hombres y mujeres de distintas corrientes políticas y teóricas condenaban sin atenuantes el golpe de Estado. Incluso la Unión Europea, por su propia conformación histórica condenaba, aunque fuera implícitamente, la práctica golpista. Ahora Europa, después de manipular hasta el hartazgo el tema Venezuela para descalificar a los proyectos democráticos de izquierda, acepta a la presidenta golpista sin objeciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero la verdadera novedad es la ruptura interna del campo clásicamente «progresista»</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Actualmente, distintos discursos que se definen como progresistas o no admiten de entrada ser de derechas, constituyen nuevos lugares de enunciación. Esta es la novedad que el golpe contra Evo revela; existen nuevos discursos que juzgan lo sucedido en Bolivia convirtiéndose en instancias metahistóricas que pueden enjuiciar el golpe no como un hecho irreductible y antidemocrático sino como un mero episodio que es susceptible de ser criticado desde distintos ámbitos. En el mismo tiempo que se producen los hechos más dramáticos y sangrientos del Golpe, se analizan los «errores» del gobierno destituido. Incluso subrayando que así se cumple de verdad con el espíritu crítico. Por ello comprobamos que demócratas, psicoanalistas, marxistas, feministas, etc., sienten la obligación de aportar su crítica y la minuciosa enumeración de los desaciertos del gobierno caído.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En otros tiempos, sensibilidades muy distintas confluían con facilidad en la condena al Golpe. El Golpe ha dejado de ser un límite; un sector progresista muy importante se reconoce en el deber de discutir y evaluar las cualidades supuestamente negativas del Presidente caído. De este modo se pone entre paréntesis el engranaje mundial que gestiona el Golpe y se analiza la caída del Gobernante por sus propios errores «antidemocráticos».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta nueva ruptura, en el que se  puede denominar el campo progresista, pone en cuestión el propio término. O habrá que admitir la nueva realidad incómoda y que está a la vista en todo occidente: que hay un progresismo de izquierdas y otro de derechas. Quizá sea un síntoma más de la incompatibilidad entre Capitalismo y Democracia. En el Capitalismo, la democracia es todo y nada a la vez, y por tanto, cada discurso marca su horizonte privilegiado mientras los antagonismos reales se diluyen.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Madrid, 27 de noviembre de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Psicoanalista, escritor y poeta. Su último libro publicado es «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación».</em></span></p>
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		<title>Antiyutismo militante y progresisimo garantista: dos caras de una misma moneda &#8211; Por Mariano Pacheco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Sep 2020 22:31:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mariano Pacheco]]></category>
		<category><![CDATA[denuncialismo]]></category>
		<category><![CDATA[garantismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Policía]]></category>
		<category><![CDATA[progresismo]]></category>
		<category><![CDATA[Seguridad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mariano Pacheco sostiene en este artículo que el problema de los abordajes en los que solemos caer para pensar las cuestiones de seguridad es el binarismo. Así, tanto el “antiyutismo militante” como el “progresismo garantista”, desde veredas opuestas, funcionan como dos caras de una misma moneda. Ambas corrientes presuponen una esencialización de un momento específico de la construcción política, subrayando un unilateralismo que no nos permite pensar la integralidad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/antiyutismo-militante-y-progresisimo-garantista-dos-caras-de-una-misma-moneda-por-mariano-pacheco/">Antiyutismo militante y progresisimo garantista: dos caras de una misma moneda &#8211; Por Mariano Pacheco</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Mariano Pacheco sostiene en este artículo que el problema de los abordajes en los que solemos caer para pensar las cuestiones de seguridad es el binarismo. Así, tanto el “antiyutismo militante” como el “progresismo garantista”, desde veredas opuestas, funcionan como dos caras de una misma moneda. Ambas corrientes presuponen una esencialización de un momento específico de la construcción política, subrayando un unilateralismo que no nos permite pensar la integralidad.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Mariano Pacheco*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El problema de los abordajes en los que solemos caer para pensar las cuestiones de seguridad –y en general, los temas importantes de la vida política nacional- es el binarismo. Así, tanto el “antiyutismo militante” como el “progresismo garantista”, desde veredas opuestas, funcionan como dos caras de una misma moneda. Ambas corrientes presuponen una esencialización de un momento específico de la construcción política, subrayando un unilateralismo que no nos permite pensar la integralidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El “antiyutismo militante” está bien, y funciona, en tanto y en cuanto – las más de las veces -, miembros de las fuerzas de seguridad se ven involucrados en acciones delictivas y criminales, donde son asesinados militantes y el piberío de las barriadas populares (“gatillados” o secuestradas las pibas para las redes de trata/capturados los pibes para el delito administrado por las policías). El problema es que ese antiyutismo funciona como un activismo a destiempo, impugna con tenacidad cada uno de los casos pero siempre luego, cuando la sangre ya ha corrido, y no logra (ni siquiera imagina) operar en las situaciones de modo de intervenir sobre las causas que gestan esos “defectos indeseados de la democracia”, según caracteriza el progresismo, la otra cara de la misma moneda. Pero: ¿son efectos indeseados o elemento central de la estructura de posdictadura? El progresismo tampoco opera sobre las causas estructurales y queda preso de su propio “giro lingüístico”, al punto de marearse y confundir sus deseos con la realidad. Piensa que basta con nominar para cambiar. Y no, hay algo que una vieja jerga teórica denominaba las “condiciones materiales de existencia” y la “ideología” (no sólo como “representación imaginaria” que los individuos tienen respecto de sus relaciones sociales, sino como conjunto de prácticas materiales que los constituyen, con sus ritos, hábitos y “sujeciones”), sin las cuales no se puede hacer un diagnóstico preciso de la realidad. Y se sabe: no hay perspectiva medicinal si no se puede primero diagnosticar.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><strong>***</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El punto de vista popular que cultivamos para pensar la actualidad nos exige atender a las contradicciones reales, donde el orden del discurso es tan sólo una dimensión de un complejo entramado que lo incluye pero lo supera, lo desborda, lo sitúa en un plano en el que se ve “sobredeterminado” por otros elementos que, en la jerga popular, se los nombra sencillamente como más “mundanos”. Esa mundanidad que las y los especialistas llaman pretensiosamente la “economía” dicta que si las policías –situadas en el “entre” de la pandemia- son consideradas esenciales y reciben estos aumentos en sus haberes, ahora será el turno de quienes se han situado en la vanguardia y la retaguardia de la crisis económico-sanitaria-social producto del COVID 19: el personal de la salud –médicxs, enfermerxs, en el primer caso- trabajadores y trabajadoras de la educación –en el segundo caso-, junto con las militancias sociales que garantizan las tareas de cuidado y reproducción –además de las miles de mujeres que, aún sin estar organizadas, cargan cada día sobre sus espaldas esas tareas que suelen ser invisibilizadas-.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los reclamos de aumento en el monto de Salarios Sociales para las trabajadoras y trabajadores de la economía popular, así como el incremento salarial para las y los laburantes de la salud y la educación es un conflicto que está en puerta, y no debería sino más que saludarse desde el oficialismo, si entendemos que será la “puja distributiva” la que hará que la Argentina pueda avanzar en un proyecto de justicia social. “¿Cómo financiarlo?”, es la pregunta que desvela a miembros de la “clase política”, incluidos en ella los rostros del progresismo en la gestión. La discusión sería verdaderamente alarmante en un país pobre, pero no debería serlo en uno rico como el nuestro. Sólo hay que tener decisión política para saber que “gobernar es poblar”, de conflictos, la realidad (y saber tramitarlos sin pretender sofocarlos). Hay numerosos caminos que el Estado puede transitar para recaudar, sin siquiera poner en discusión la sacrosanta propiedad privada, tan bien resguardada por nuestra injusta Constitución Nacional.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><strong>***</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La temática de la seguridad, obviamente, requiere de una serena discusión aparte, entre otras cosas, porque quienes llevan adelante esa tarea cada día no portan lapiceras, tizas o gasas en sus manos, sino armas. “Hace rato que muchos sostenemos la necesidad de que los policías tengan alguna forma de tramitar sus problemas y demandas a través de canales institucionales democráticos. Y que conste también que no estoy pensando solamente en la sindicalización. Existen otras formas de representación en el mundo como por ejemplo la figura del<em> ombudsman </em>policial. Incluso, en algunos países donde se permiten los sindicatos existen algunas limitaciones: tienen limitado el derecho de huelga, tienen que manifestarse en el espacio público sin armas y uniformes, tienen que garantizar las guardias en las dependencias y el servicio de calle”, sostiene lúcidamente el investigador Esteban Rodríguez Alzueta, en una nota publicada la semana pasada en<em> La Tecl@ Eñe</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De nuevo los binarismos: no se trata de discutir si sindicalización policial sí o sindicalización no, sino de trabajar sobre las múltiples posibilidades de abordar el fenómeno, con sus combinaciones, asumiendo todas las tensiones y contradicciones que iniciativas diversas puedan contener al ser puestas en funcionamiento en el marco de una estrategia general. Las militancias del movimiento popular deberíamos entender eso muy bien: no es lo mismo lo que puede decir (¡y hacer!) un activista de un organismo de derechos humanos que un funcionario estatal, un periodista o un abogado, un funcionario estatal de un área “blanda” que otro de una área “dura”, etcétera, etcétera, etcétera. El binarismo, por otra parte, suele ser moralista, y autoindulgente, porque separa la experiencia humana entre los buenos (mis amigos y yo) y los malos (todos los demás). Esa mirada no nos permite visualizar que el Estado –incluso en tanto “aparato de dominación” que garantiza el andamiaje jurídico para efectuar la explotación de una clase sobre otra- no es un bloque homogéneo, y que él mismo funciona por dinámicas de ramificación, con segmentos que entran en contradicción unos con otros, incluso bajo una misma gestión partidaria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La “Paritaria Armada” protagonizada por La Bonaerense durante los últimos días puso en el tapete que es insostenible no avanzar en reformas estructurales profundas respecto de la seguridad. Que lo acontecido no haya tenido nada que ver con alguna suerte de “golpe institucional” no debería dejar de llamarnos la atención respecto de los cambios en el Estado (y en la sociedad) operados en las últimas cuatro décadas. Hoy el problema no son los “Golpes militares”, pero sí pueden ser las “asonadas policiales”, sobre todo si las policías funcionan como instituciones corporativas, piramidales y fuertemente militarizadas, formadas “corporalmente” en una dinámica que poco contribuye a gestar una seguridad democrática, por más que tengan materias de derechos humanos que estudiar. “La formación policial supone una mutilación subjetiva importante”, dijo Gregorio Kaminsky alguna vez. Pero un cuerpo (un cuerpo singular, un cuerpo institucional) no se constituye solamente por sus  aspectos subjetivos. De allí la necesidad de abordar de manera simultánea una reforma que implique tener en cuenta la formación, los hábitos, los salarios, las relaciones de mando, las tareas concretas a desarrollar, el control político a efectuar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, lo acontecido durante los últimos días debería llevarnos a abordar la cuestión policial en  un doble sentido: por un lado, entender que de algún modo hay que poder canalizar desde el poder político el malestar policial, sea por cuestiones salariales, de “corrupción” o destrato permanente de las altas esferas hacia abajo, sobre todo entender que el contexto Pandemia hizo que esa fuerza mantenga un alto nivel de exposición al virus por estar permanentemente en las calles, y un bajo  nivel de ingresos producto de la restricción de los ingresos de “adicionales”, mayormente vinculados a eventos masivos (todo esto hablando, solamente, del plano de la legalidad). El otro elemento es el institucional: ¿cómo hacer para construir una dinámica democrática de seguridad interior? Parece que estamos lejos de sustituir las “fuerzas represivas del Estado” por una “Guardia Armada del Pueblo”, tipo Comuna de París de 1871, o por “Policías Revolucionarias”, como la de los procesos triunfantes en el siglo XX (Cuba, Nicaragua, para hablar solamente de los casos Latinoamericanos). Entonces, claro que si secuestran y matan a un pibe hay que denunciar, y presionar para que se juzgue y castigue a los culpables (no sólo materiales –policías- sino también políticos –funcionarios-), pero que en casi medio siglo de “procesos democráticos” no seamos capaces de contar con propuestas más audaces al respecto habla de la orfandad estratégica en la que nos encontramos. Hay en Argentina un gran afluente de “personal técnico” disponible que, con una mirada política, podría contribuir enormemente en ese sentido. Tiene que haber decisión por arriba de hacerlo, y presión por abajo para garantizarlo, asumiendo la importancia de que el movimiento popular también tenga una voz, una mirada programática al respecto (y no sólo un denuncialismo permanente).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La denuncia ante las atrocidades cometidas por las policías, sobre todo por integrantes de La Bonaerense, debe ser un imperativo ético fundamental si se quiere construir un proyecto político basado en los principios de la igualdad y la fraternidad. Pero la denuncia constante de que todo policía está destinado a ser un asesino, sin propuestas que permitan gestar otro tipo de fuerzas de seguridad, sólo nos llevan a estigmatizar a una estructura compuesta, sólo en la provincia de Buenos Aires, por 90.000 efectivos, la mayoría proveniente de familias proletarias que habitan en barrios populares (muchísimos pibes y pibas que buscan en la fuerza una estabilidad laboral, con ingresos fijos y obra social, y no necesariamente una identidad para canalizar un instinto asesino o sádico).  Obviamente, de la “posición social” no se deriva la “conciencia política”, pero el hecho de que –de manera recurrente- la imagen frecuente a observar sea la de blanquitos y blanquitas, bien alimentadxs y con su capital cultural a cuestas quienes denigren a los policías ignorantes, brutos y “cabeza de tacho”, todos negritos y negritas para quienes quizás las bibliotecas, cines y museos no hayan sido lo más frecuente en su formación, no nos habla precisamente de una perspectiva popular para abordar el problema (porque sí, la “cuestión policial” es un “problema policial” mientras persista la institución tal como viene funcionando). Situación que me lleva a recordar ese poema que en 1968 el “maldito” Pier Paolo Pasolini escribió, y que quisiera citar en algunos de sus extractos para terminar este escrito:</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>“Lo peor de todo es, por supuesto,</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>el estado psicológico al que los reducen</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>(por unas cuarenta liras al mes):</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>sin sonreír ya nunca más,</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>sin más amistad con el mundo,</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>separados, excluidos (en una exclusión incomparable);</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>humillados por su pérdida de calidad de hombres</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>por la de policías (ser odiados lleva a odiar)…</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>… En Valle Giulia, ayer, hemos tenido un fragmento</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>de lucha de clase: y ustedes, amigos (aunque de la parte</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>de la razón) eran los ricos,</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>mientras que los policías (que estaban de la parte</em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>equivocada) eran los pobres”</em>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 15 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">*Escritor, periodista, investigador popular. Director del Instituto Generosa Frattasi.</span></em></p>
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		<title>UN PROGRE-PERONISMO A LA DERECHA, POR FAVOR &#8211; Por Carlos Caramello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Feb 2021 22:37:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Caramello]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[progresismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carlos Caramello afirma que existe una progresía sentimental y coqueta que simula abrazar las consignas más profundas de la doctrina peronista pero, en realidad, lo que hace es amortiguar el golpe que le provoca al Poder tropezar otra vez con la piedra populista. Son los progre-peronistas, la nueva herramienta imperial para instalar aquel formato de dos partidos de derecha a los que Juan Perón hizo referencia.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Carlos Caramello afirma que existe una progresía sentimental y coqueta que simula abrazar las consignas más profundas de la doctrina peronista pero, en realidad, lo que hace es amortiguar el golpe que le provoca al Poder tropezar otra vez con la piedra populista. Son los progre-peronistas, la nueva herramienta imperial para instalar aquel formato de dos partidos de derecha a los que Juan Perón hizo referencia.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em> </em></strong><strong>Por Carlos Caramello*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Para quienes ambicionan el poder, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>no existe una vía media </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>entre la cumbre y el precipicio.</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Tácito</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es la economía, ¡estúpido!. NO. Es el Poder. Y no especialmente el Económico -que mal que mal, aún en un capitalismo frenético, de producir se trata-. Es el Financiero, o mejor dicho el Anarco-Financiero. Y el Judicial. Y sobre todo el Mediático.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Poder con mayúsculas. Ese que, cuando en las democracias modernas un presidente llega al gobierno a través del voto popular, viene rápidamente a aclararle que si no negocia con ellos, nunca tendrá poder.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Eso está claro. Uno lo ve cuando abre un poquito los ojos y advierte cómo los que consiguen ese poder que el Pueblo otorga, ni bien se sientan en el sillón que nunca usó Rivadavia, corren a que el otro poder, el de las corporaciones y las embajadas… y los servicios de inteligencia transnacionales, los bendiga.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso el problema es el Peronismo. Porque todavía hay un grupo muy importante de argentinos -aunque después de cada decepción se achica un poco, uno debe reconocerlo- que todavía sueña, vive y lucha para que el mayor poder sea, de verdad, el que otorga el voto popular. Si no, ¿de qué va esto de creer que se vive en democracia pero, en realidad, se vive en cualquier otra cosa?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya lo advirtió hace años Juan Perón. “<em>Los norteamericanos, dignos hijos de la Gran Bretaña, han organizado dos partidos de derecha que les permite mantener su sistema plutocrático y sostener teóricamente una simulación democrática para engañar a los tontos que tanto abundan en la política o estimular a los sinvergüenzas, que también abundan</em>”. Ese sistema que les ha funcionado hasta estos días -aunque el “loco” de Trump lo puso en jaque mandando a asaltar el Capitolio- viene siendo exportado hacia los países periféricos con bastante éxito. Pero por estos pagos, de manera casi aristotélica, siempre vuelve a tropezar con la piedra del Peronismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El golpe, no obstante, es cada vez más leve. Hay una progresía sentimental y coqueta que simula abrazar las consignas más profundas de la doctrina peronista pero, en realidad, lo que hace es amortiguar el golpe que le provoca al Poder tropezar otra vez con la piedra populista. Un semi-peronismo rubio, perfumado, profesional, cuasi académico, moderado, negociador y lábil que prefiere la aprobación del Poder Fáctico antes que la satisfacción del Popular.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Son los que vienen a ayudar a instalar los “<em>dos</em> <em>partidos de derecha</em>” necesarios (aunque los disfracen de centro-derecha y centro-izquierda) para que nuestra democracia mude a plutocracia. Son el <em>progre-nismo</em>, o el <em>pero-sismo</em> o similar. Una suerte de <em>neopopulismo-vegui</em> que mira por sobre el hombro a los <em>negritos</em> (no importa cual sea la tonalidad epidérmica) viscerales, confrontativos, malhablados y anacrónicos y, poniéndose un dedito en la boca, los manda a callar bajo amenaza de denunciar por las redes y los medios, que trabajan “para que vuelva la derecha” (jé).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ellos, los <em>progre-peronistas</em>, son la nueva herramienta imperial para instalar aquel formato de dos partidos de derecha a los que Juan Perón hacía referencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Son ellos los que vienen a adormecer conciencias con las caricias de un país desagrietado, en el que ya no habría lugar para los nostálgicos ni los furiosos, ni los que reclaman por sus derechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque el Poder les ha explicado, con toda claridad, que es con todos, menos con… esos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 3 de febrero de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros <em>“Zonceras argentinas al sol” y</em> <em>“Zonceras argentinas y otras yerbas”</em>,  y <em>“Los profetas del odio”. Su último libro editado es  “Zonceras del Cambio, o delicias del medio pelo argentino”.</em></span></p>
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		<title>Matar al progresismo &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/matar-al-progresismo-por-diego-sztulwark/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Sep 2021 03:02:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[Crsisi neoliberal]]></category>
		<category><![CDATA[Derrota Gobierno Paso 2021]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Matar al progresismo]]></category>
		<category><![CDATA[progresismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark sostiene en este artículo que la reacción más visible del campo de la política – hoy política de derecha, afirma Sztulwark – fue identificar al progresismo como la causa de la derrota electoral del gobierno en las PASO, como si la derrota fuera expresión de los límites del progresismo y no de la radicalidad de la crisis neoliberal agudizada por la pandemia.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Diego Sztulwark sostiene en este artículo que la reacción más visible del campo de la política – hoy política de derecha, afirma Sztulwark – fue identificar al progresismo como la causa de la derrota electoral del gobierno en las PASO, como si la derrota fuera expresión de los límites del progresismo y no de la radicalidad de la crisis neoliberal agudizada por la pandemia.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">00. <strong>Consenso</strong>. Hay consenso creciente en liquidar al progresismo. En la medida en que se presenta como un discurso de poder separado de la fuerza y una infatuación, un hecho retórico de estado sin voluntad de transformación, el progresismo se reduce a cinismo: gestiona y justifica el orden injusto que dice repudiar. Como lógica discursiva, y centinela de lo políticamente correcto, el progresismo se torna despreciable en su modo fofo de (no) creer en lo que plantea, hace de la crisis una consigna vacía y de la organización popular un decorado.</p>



<div style="height:10px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">01. <strong>Expiación</strong>. El primer efecto visible de la derrota electoral del gobierno en las últimas PASO de septiembre consistió en identificar, en el progresismo, un chivo expiatorio. El progresismo es un culpable ideal. Su manera escandalosa de banalizar la crisis funciona como explicación cómoda para una derrota que revela problemas bastante mas profundos. Como si la derrota fuera expresión de los límites del progresismo y no de la radicalidad de la crisis. Culpar al progresismo de la derrota forma parte de una operación política de mayor magnitud, que consiste en sustituir, desplazar, la relación entre causa y efecto. La crisis ya no es la causa de la derrota, sino la derrota causa de una crisis. De este modo, la derrota se torna asimilable por medio de un discurso del orden. Es natural que el progresismo sea culpabilizado, puesto que en él se producía ya el desdén por la conexión entre hechos e ideas. Lo que resta de la campaña resulta previsible: una disputa de las derechas -la conservadora, la libertaria y la peronista- por saldar la crisis política sin rozar aquello que la profundidad de la crisis nos fuerza a pensar: la puesta en funcionamiento de prácticas de organización popular.</p>



<div style="height:10px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">02.<strong> Impensado</strong>. Al problema central de la agudización de la crisis (crisis neoliberal mas pandemia), se le adosa -con ademán populista acérrimo- un diagnóstico reaccionario extremo. Ahí donde la crisis es disolución de igualdades, se plantea la crisis como ausencia de autoridad. En lugar de redistribución, se ofrece contención. Las elecciones en curso se convierten así en un torneo en el que se trata de decidir quién corporiza mejor al Partido del Orden. Los nombres emergentes más obvios, Milei el libertario -que trastoca la idea de libertad como desafío con libertad con el libre flujo de la moneda-, y Manzur el gobernador de lo “territorial” -con su concepción patrimonialista del territorio, que registra la población como dato natural del territorio sobre el que se ejerce señorío. Los nombres pueden ser efímeros, la pulsiones que ponen en juego no.</p>



<div style="height:10px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">03. <strong>Reacción</strong>. Asumir la naturaleza (neoliberal) de la crisis despeja un campo de comprensión diferente, en el que se delimitan con precisión las diferencias entre discursos progresistas y prácticas de contrapoder. Esta distinción estratégica es la que queda bloqueada en el discurso de la política, para la que toda práctica igualitaria es “antipolítica”. Para la política, toda crisis es en última instancia resultado de una insuficiencia de gestión y/o de comunicación. ¿Cuál sería el problema con el progresismo? Gestionar para minorías y no para mayorías. Esta lectura expresa una peligrosa voluntad de borramiento de toda voluntad igualitarista, rozando lo fascista. Es una declaración de guerra a todo aquello que los feminismos, las organizaciones de derechos humanos y las luchas de trabajadores precarios vienen planteando como comprensión de lo popular en movimiento. Son tres los enunciados que se nos privan: la historicidad de las luchas; el carácter estructural e insoportable de la violencia neoliberal y la necesidad de crear un lenguaje sin complicidades reaccionarias, para elaborar una política popular -tendencial e inevitablemente- anticapitaslita.</p>



<div style="height:10px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">04. <strong>Saberes</strong>. Aquello que la política -hoy política de derecha- condena como “progresista”, apunta a liquidar en realidad a unos saberes profundos sobre el sometimiento de las mayorías. Lo que se pretende borrar es un conjunto de razonamientos persistentes en la organización popular, del tipo: no hay derechos humanos sin denuncia de la apropiación/desposesión genocida de las riquezas; no hay feminismos populares sin una denuncia de la relación entre patriarcado y acumulación neoliberal; no hay ambientalismo político sin una crítica de la privatización suicida de la naturaleza común; no hay perspectiva colectiva del trabajo precariado que no sea ya un retrato vivo y encarnizado de los modos postmodernos de explotación. Si el progresismo trivializa estos saberes al tratarlos como “minoritarios”, evidenciando su profunda miseria, las derechas encuentran ya la mitad del trabajo hecho. Sólo les resta invertir la valoración. Mostrar que esos valores son nefastos para el orden. Es imposible responder a este estado de cosas sin partir de premisas radicalmente otras.</p>



<div style="height:10px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">05.&nbsp; <strong>Contra-narración</strong>. Lo preocupante del momento no es el triunfo de una representación conservadora de la crisis, ni su crítica reaccionaria del progresismo, sino nuestra incapacidad (colectiva) para encarnar narraciones políticas sobre la naturaleza de la crisis (y por tanto, también, sobre la auténtica miseria del progresismo que las derechas heredan). Hacerlo implica enfrentar el abrazo de la reacción religiosa, el oportunismo de las burocracias y los intereses de conjunto del bloque en el poder, que se beneficien desacreditando toda contra-narración por medio del recurso de la pobreza y de lo popular. Un piramidal populismo encarnizado que escamotea desde las alturas la comprensión de la situación.</p>



<div style="height:10px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">06. <strong>Oportunismo</strong>. Bajo la apariencia de una reacción pragmática, la política trafica balances conservadores de luchas nunca dadas. Cada “movimiento táctico” viene acompañado de una evaluación implícita sobre las relaciones de fuerza y sobre las cuerdas que hay que tocar o silenciar para retomar la iniciativa. Sean los “libertarios”, fascinados con un “cavallismo” revivido, o los adoradores -no siempre confesos- del alma conservadora del peronismo -sin la cual no hay Cavallo posible-, la política Argentina se aproxima al desfiladero más peligroso en el que se devalúan los ingresos y los salarios, la capacidad crítica ante los privilegios y las jerarquías y, en el extremo -y de modo correlativo-, la entera materialidad subjetiva de resistencia y transformación que ya hace veinte años dijo “basta” con toda claridad, sin que su mensaje -considerado “antipolítico” por la política antipopular que es la más extrema antipolítica- haya sido procesado.</p>



<div style="height:10px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">07. <strong>Ajuste</strong>. Se discute si la derrota electoral del gobierno se debe a algún tipo de restricción económica o ajuste en un escenario de la crisis más la pandemia y de acuerdo con el FMI. Lo que la discusión muestra, ante todo, es que sólo la derrota electoral vuelve pública y tangible las discusiones estratégicas. Si el balance de la derrota indica una distancia entre el gobierno y parte de su base, es porque fue esa base misma la encargada de cuestionar la pobreza del formato político de estos últimos años. En otras palabras: ni la unidad por arriba -del peronismo-, ni el discurso del antimacrismo tal y como se lo practica, alcanza a satisfacer al votante del FdT de 2019, porque el gobierno no cumplió con su programa básico de la defensa y recuperación de ingresos y salarios. Las razones por las cuales esto no se discutió en público antes, ni hubo manifestaciones colectivas organizadas contra este estado de cosas, no se reducen a la pandemia. Incluyen un estado de cálculo permanente y obediencia comunicativa que ya había sido ostensible durante el desalojo de Guernica.</p>



<div style="height:10px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">08.<strong> Marx</strong>. La idea de que el pueblo debe ser educado supone la pregunta -formulada por Marx- sobre quién educa al educador. La pedagogía reaccionaria que se despliega abiertamente en estos días actúa como operación de pinzas, con la intención inútil de hacernos olvidar la pulsión democrática que nos arrojó a las calles una y otra vez todos estos años. No fue la política del gobierno la que fracasó, no fue la política de la oposición la que triunfó. La elección fue una expresión más de la crisis. Y la crisis necesita expresiones nuevas: crisis como educadora, eso es lo que está en cuestión.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 29 de septiembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Investigador y escritor.&nbsp;Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.&nbsp;</p>
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		<title>Progresismo de superficie &#8211; Por Alejandro Boverio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Jan 2022 16:43:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alejandro Boverio]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[Twitter]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El filósofo Alejandro Boverio sostiene en esta nota que el nudo gordiano del progresismo actual es que procura – y lo cree posible - quedar bien con todos, algo desde ya imposible. En ello reside la superficialidad que corroe desde adentro al gobierno nacional, que encarna un progresismo twittero, anclado en la imagen, y que le da más importancia a las redes sociales que a la realidad.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El filósofo Alejandro Boverio sostiene en esta nota que el nudo gordiano del progresismo actual es que procura – y lo cree posible &#8211; quedar bien con todos, algo desde ya imposible. En ello reside la superficialidad que corroe desde adentro al gobierno nacional, que encarna un progresismo twittero, anclado en la imagen, y que le da más importancia a las redes sociales que a la realidad.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Alejandro Boverio*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El devenir del progresismo lo ha convertido en una corriente cada vez más conservadora. Si bien es cierto que hay una fibra conservadora en todo progresismo, desde su origen, en tanto considera que los cambios pueden darse solo progresivamente y por ello las reformas siempre deben realizarse conservando las estructuras y las formas sociales dadas, esto es, <em>desde dentro</em> de ellas; en la actualidad el progresismo se ha vuelto un mero posibilismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El progresismo recae en el conocido “es lo que hay” y no avanza ni propone nada que no esté en el horizonte de lo dado. En el afán de ser políticamente correcto sostiene, en tanto principio, todo lo que la hora le demanda: puede ser feminista y ecologista en tanto afirmar esos principios no vaya en contra de sus intereses más inmediatos. El progresismo actual es principista por demás, si siente que por ello “no paga costos”. Sucede que el <em>desde dentro</em> del progresismo actual es “la agenda”, y como sabemos, por definición “la agenda” está lejos de ser dictada por los movimientos populares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si la tradicional crítica a la socialdemocracia desde un pensamiento verdaderamente revolucionario residía en que ella encarnaba una concepción progresista de la historia, esto es, la idea de que ésta se dirige hacia lo mejor, una concepción lineal y homogénea; la crítica al progresismo actual, que carece de cualquier tipo de concepción de la historia, es que no puede salir del presente absoluto de la <em>gestión</em>. Fórmulas vacías como “solucionarle los problemas a la gente” son los modos de intelección que alejan al progresismo de un proyectarse hacia atrás o hacia adelante, ahogándolo en el absoluto ahora en el que se mueve.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nadie reniega de la gestión, el problema es que la gestión siempre tiene que estar proyectada más allá de las coyunturas, en un horizonte histórico más amplio. Si ciertas filosofías de la historia revolucionarias supieron pensar la tarea emancipatoria como un hacer saltar el <em>continuum</em> de la historia, en la actualidad, donde la historia aparece aplanada en relación al más chato ahora, se le suma el problema de historizar el presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Lo más interesante de la experiencia kirchnerista fue, sin dudas, la audacia de salir por arriba del laberinto de lo establecido. No tanto articular demandas (fue algo que hizo sin dudas en tanto <em>razón populista</em>), sino crear proyectándose hacia atrás o hacia adelante, según el caso, desfasado de las lógicas de las “agendas” dadas. El kirchnerismo fue, en sentido estricto, creador de demandas. Y en un punto fue víctima de no poder sostener las demandas que él mismo había creado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El progresismo diluido actual, que es esencial a varios personajes del gobierno nacional, es lo que lo aleja de eso interesante que tuvo el kirchnerismo. Un acting de progresismo que no es creído ni por sí mismo. Una suerte de progresismo devaluado que finge preocupación por la realidad pero que está completamente por fuera de ella.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esta semana un ministro intimidó en privado a un docente veinteañero porque éste criticó públicamente un error técnico en un programa estatal de turismo. En ese gesto se anuda el vaciamiento de todo progresismo que reina en la actualidad. Todo principio de progreso social se pone en suspenso en el momento en que, digámoslo así, <em>se aprieta</em> a un docente. La célebre foto de Olivos en medio del aislamiento estricto, con la que el <em>stablishment</em> se hizo un festín, señala la misma ambivalencia propia del progresismo actual. Públicamente se esgrimen razones que íntimamente no se creen ni se siguen: el progresismo actual es cínico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es un progresismo de la imagen, sí, un progresismo twittero que le da más importancia a las redes sociales que a la realidad. Pero también: un progresismo que le dice públicamente a cada quien lo que éste quiere escuchar. El nudo gordiano del progresismo actual es que procura quedar bien con todos, algo desde ya imposible. El verdadero problema es que este progresismo lo cree posible. En ello reside la superficialidad que corroe desde adentro al gobierno nacional.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 22 de enero de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Filósofo y ensayista. Co-editor de la revista El ojo mocho.</p>
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