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	<title>poder archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>poder archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Organizarnos a través del deseo &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 29 Jun 2019 17:13:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El deseo se evalúa en función de poder habitar justamente en el borde de saberes y poderes para excederlos; allí es donde se encuentra la verdadera potencia de inventar y cambiar las relaciones poder-saber imperantes, y el deseo es nuestro único índice y guía.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em><span style="color: #000000;"><strong>El deseo se evalúa en función de poder habitar justamente en el borde de saberes y poderes para excederlos; allí es donde se encuentra la verdadera potencia de inventar y cambiar las relaciones poder-saber imperantes, y el deseo es nuestro único índice y guía.</strong></span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Escribo por fragmentos, que adelanto y reelaboro a menudo, a través de reflexiones teóricas y anécdotas entrelazadas; ese es mi modo singular de hacerlo. No creo en la originalidad ni en la <em>creatio ex nihilo</em>: siempre partimos de algo, por insignificante que sea, y luego lo componemos, desarrollamos, ampliamos, compartimos, etc. Así concibo también un modo posible de organización, un régimen liberado de circulación, un modo de relajar la autoexigencia constante de producción, de homogeneización, de originalidad. En fin, un modo de apaciguar las demandas y abrir la posibilidad de <em>otra cosa</em>, que insiste siempre en la escena cotidiana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué cosa nos moviliza? ¿Qué nos lleva a organizarnos? Quisiera comentar una anécdota personal para aproximar una idea material al respecto. Una mañana, no hace mucho, pese a que el frío extremo me acobardaba, me levanté bien temprano y fui al <em>Dojo</em> donde practico Karate, porque ya había quedado con el <em>Sensei</em> y no podía fallarle. En el camino iba pensando cuántas veces en mi vida había recorrido ese mismo camino, bajo distintos estados de ánimo e imaginando posibles enfrentamientos; y mientras caminaba noté algo muy significativo: ya no tenía temor. Antes, en cambio, -¡pero lo notaba recién ahora de manera clara y distinta!- me sobrevolaba siempre una sensación difusa de temor que de repente se había disipado. Y no era porque fuese mejor o más fuerte que antes, o estuviese más entrenado siquiera, sino por otra cosa que entendí en el acto: no sentía la tensión habitual hacia un fin o finalidad, ni la precaución autodefensiva. Estaba en condiciones de formular una pregunta clave: ¿Qué cosas nos separan habitualmente de nuestra verdadera potencia de actuar, de pensar, de decir, de amar? Fantasmas. La posición materialista emerge de una inversión, claramente. Entiendo ahora la dificultad de transmitir lo más simple, la potencia inherente que nos constituye, cuando hay por doquier quienes temen sin razón aparente alguna: temor al pensamiento, temor al acto, temor al buen gobierno, temor a la decisión, temor al enfrentamiento, etc. Temor, en última instancia, <em>al temor mismo</em>. Y correlativamente: envidia, odio, comparación, reactividad, etc. Lo único que nos orienta y salva del temor generalizado es el deseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Se puede evaluar el deseo? No digo, claramente, en términos cuantitativos, sino en términos ontológicos constitutivos; lo que se resume simplemente en el “hay o no hay”. ¿Pasa por ahí, en efecto, por donde se interroga y produce, el deseo? Generalmente, se evalúa en función del saber o del poder: alguien puede o no puede, sabe o no sabe tal cosa; y en todo caso, como suplemento, se suele dejar el aspecto ético a la intuición: me cae bien o no, parece una persona honesta o amable, tiene carisma e iniciativa, etc. Pero cada vez estoy más convencido que el aspecto ético -el deseo en cuestión- resulta clave para una evaluación materialista, que evita tanto la meritocracia individualista, como el amiguismo o favoritismo siempre convenientes. El deseo se evalúa en función de que alguien pueda, además de saber, <em>no saber</em>; además de poder, <em>no poder</em>; lo cual no remite a la simple ignorancia o a la mera impotencia, sino a poder habitar <em>justamente</em> en el borde de saberes y poderes para excederlos; allí es donde se encuentra la verdadera potencia de inventar y cambiar las relaciones poder-saber imperantes, y el deseo es nuestro único índice y guía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Otra anécdota que ejemplifica lo anterior. La otra noche me quedé viendo hasta última hora un video sobre Ceratti, donde casi todos los entrevistados enfatizaban con admiración su perfeccionismo obsesivo: el ensayar todos los días de la semana con Soda Stereo –¡incluidos los domingos!– hasta llegar a hartarse de la banda, el quedarse la madrugada entera en la sala de grabación hasta encontrar el sonido que quería, agotando a todos los presentes, etc. También, como estamos en época de entrega de informes de Conicet, me llamaba la atención la importancia trascendental que algunos le daban a esa instancia de evaluación, quedándose hasta las últimas horas para consignar datos de actividades, tratando de achicar la letra y expandir los márgenes para mostrar todo lo que habían hecho y, así, dar cuenta de sí mismos neoliberalmente, etc. Sin dudas la autoevaluación técnica o la suposición fantasmática de algún Otro evaluador (que la mayoría de las veces somos nosotros mismos) y el perfeccionismo estético, no son lo mismo pero se aproximan bastante; y las consecuencias son terribles en ambos casos. Al día siguiente leí un post de un amigo que decía: “Paradójicamente, el mejor alumno y promedio de mi comisión de pensamiento científico en el CBC es un terraplanista acérrimo.” Y mientras leía proyectos de ingreso a Conicet que trataban de ser rigurosos pero también darle otra dimensión y espesor al sujeto en cuestión, no podía dejar de sentirme responsable por ello; entonces comenté el post: “todos sabemos del aplanamiento de los sistemas de evaluación, el terraplanismo es solo un síntoma de nuestra propia incapacidad de pensar y evaluar materialmente.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde una perspectiva materialista consecuente, investigar, militar, enseñar, evaluar implican en cada caso operar respecto a la <em>causa del deseo</em>: operar sobre la mirada misma, sobre el modo de leer, imaginar, pensar; cuestiones que exigen aprender la noción de uso para inventar conceptos y reformular problemáticas. (<em>El uso de los saberes</em>, he escrito). Si no podemos anudar esas actividades básicas en función de los tópicos señalados, por más críticos, marxistas, izquierdistas o populistas que nos digamos estaremos reproduciendo lo peor del sistema meritocrático o caudillesco en el cual se insertan habitualmente nuestras prácticas. Estaremos trabajando para el enemigo, incluso con las mejores intenciones (que, decía Lacan, son las peores).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Necesitamos, por ende, una teoría materialista de la organización política que tome en cuenta muy seriamente todas las instancias de la práctica en cuestión: evaluación y admisión, permanencia y alternancia, distribución de tareas, modos de comunicación y sostenimiento mutuo, modos de intervención y liderazgo, formación continua, etc. Donde los modos de ejercer el poder, los modos de incorporar saberes, y los modos de cuidar de sí y de los otros sean tematizados, problematizados y entrecruzados continuamente. Pensar seriamente cada una de las instancias y su modo de imbricación conjunta, para tener en cuenta las singularidades irreductibles y potenciar el común. Necesitamos relajar y distender las exigencias continuas que se producen en todos los niveles. No puede ser que cada vez que nos sumemos u organicemos un espacio de militancia, por ejemplo, sigamos repitiendo de manera automática la clásica división por comisiones, atiborrándonos de tareas, jerarquizándonos en mesas chicas y mesas grandes, junto al añadido virtual de la creación de infinitos grupos de whatsapp.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras imaginamos en cada caso cómo serían esas formas de organización y diagramamos, donde nos toca, modos concretos de resistencia y subjetivación, podemos invocar a través de la misma escritura lo que pensamos sería un verdadero Bien:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>El verdadero Bien no es un ente, ni supremo ni nada, que se interrogue o aproxime al ser indefinidamente. El verdadero Bien no es un lente para mirar mejor, de cerca o de lejos, extra(cti)vismo o miopía del alma que se corrige crítica o técnicamente. El verdadero Bien no es excelente ni espurio, según la evaluación de ocasión, visión de alcantarilla o cosmovisión, ni arrancarse los ojos ni pulverizar la mirada para matarse romántica o poéticamente. El verdadero Bien es aprender apenas el uso afectivo y material de cada cosa, palabra o imagen, con la alegría de ser uno el que lo hace y comparte, como la primera vez, sin esperar que los otros lo entiendan de una, aunque deseando mucho que lo hagan alguna vez a su tiempo. Y que multipliquemos los bienes, así, materialmente.</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Córdoba, 29 de junio de 2019</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Investigador Adjunto (CONICET). Miembro del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-UNC-CONICET)</em></span></p>
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		<title>Berni, el payaso ubuesco &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jul 2020 14:42:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Esteban Rodríguez Alzueta]]></category>
		<category><![CDATA[bufón]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esteban Rodríguez Alzueta aborda en esta nota la figura de Sergio Berni, y afirma que Berni es el engranaje grotesco de sectores de una dirigencia que sigue coqueteando con el punitivismo; un personaje inventado por la televisión, a la altura del peor periodismo televisivo que lo celebra todas las noches. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/berni-el-payaso-ubuesco-por-esteban-rodriguez-alzueta/">Berni, el payaso ubuesco &#8211; Por Esteban Rodríguez Alzueta</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Esteban Rodríguez Alzueta aborda en esta nota la figura de Sergio Berni, y afirma que Berni es el engranaje grotesco de sectores de una dirigencia que sigue coqueteando con el punitivismo; un personaje inventado por la televisión, a la altura del peor periodismo televisivo que lo celebra todas las noches. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Esteban Rodríguez Alzueta</strong>*</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Empiezo como terminé el último artículo que escribí para <a href="https://www.elcohetealaluna.com/el-hombre-fuerte/"><strong>El Cohete a la Luna</strong></a> sobre el actual Ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Dije, parafraseando a Marx: Berni es víctima de su propia concepción del mundo, el payaso serio que ya no toma a la realidad nacional por una comedia, sino a su comedia por la realidad  nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El payaso es un personaje circense tributario del bufón del rey. El payaso que cada  gobernante tenía cerca para que le cantase las cuarenta, lo que pensaba y sentía el pueblo al que nunca veía. El bufón tenía el privilegio de la verdad, siempre y cuando esa verdad estuviese revestida de un aire burlesco. El bufón se movía con patente de corso, por eso todo lo que decía quedaba en el ámbito de la farsa, y si el rey no se tomaba la comedia en términos personales, no había revancha y el bufón podía seguir con su show.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A principio de siglo XX, el poeta y dramaturgo francés, Alfred Jarry, construyó un personaje grotesco pero absurdo: el rey Ubú. Jarry fue un personaje erudito y excéntrico, mentor de la <em>patafísica</em>, una suerte de pseudo-ciencia que competirá con el dadaísmo. Las obras que componen la serie Ubú (<em>Ubu Rey</em>, <em>Ubú cornudo, Ubu encarcelado</em> y <em>Ubú en la colina</em>) es el antecedente inmediato del teatro del absurdo. Ubú es un personaje que le costó muchos abucheos pero también muchos aplausos. <em>Ubú rey</em> es una reescritura de Shakespeare en clave comedia satírica. Ubú es el rey rechoncho vestido de cuero que se tragó el personaje del payaso y empieza a comportarse como un auténtico payaso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para Jarry la comedia era el tono para pensar al poder contemporáneo, cada vez más grotesco, un poder excesivo y absurdo, donde la violencia se confunde con el goce. Lo había dicho Marx en el mismo artículo que citamos arriba: la historia se repite, primero como tragedia y después como parodia. Personajes que emulan a sus antepasados, que se visten y hablan como sus ancestros, que usan sus clichés y toman prestados sus consignas, para, con esos disfraces, representar la nueva escena de la comedia local.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sobran ejemplos: Trump, Bolsonaro, Putin, Boris Johnson. Las versiones criollas y minusválidas hay que buscarlas en las figuras de Mauricio Macri y Alfredo Olmedo pero también en la de Sergio Berni. De hecho Berni compite y abreva en Macri y Olmedo, se hace eco de sus trayectorias, sus gestualidades, sus retóricas. Berni es un personaje excéntrico y patotero, una suerte de supermacho, siempre disfrazado para la ocasión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El poder ubuesco –nos enseñó Foucault en <em>Los anormales</em>&#8211; es un poder que solo pueden ejercer caricaturizándose, al abrigo de un lenguaje aniñado, balbuceante o marcial pero que habla el idioma del miedo. Un poder que solo saben ejercer a través de la descalificación explícita de quien lo ejerce, escupiendo para arriba: Berni desautorizando al presidente Alberto Fernández, riéndose de la ministra Sabina Frederic, invalidando al gobernador Axel Kiciloff. De hecho Kiciloff es una suerte de chirolita de Berni, Berni es el político que tiene a upa al gobernador. Berni es el poder ridiculizado, abyecto y ridículo, un personaje que se presenta disfrazado, modelado como un payaso bufón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Berni no es un accidente y tampoco una avería de la gobernabilidad sino su cara más grosera, sin correccionismos políticos; el engranaje grotesco de sectores de una dirigencia que sigue coqueteando con el punitivismo, jugando a la demagogia, que se excita y especula con el dolor ajeno, un personaje inventado por la televisión, a la altura del peor periodismo televisivo que lo celebra todas las noches.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se cuenta que en 1911 cuando se estrenó <em>Ubú </em>rey, asistió el poeta y dramaturgo irlandés, William Butler Yeats. Años después reviviría aquella noche en su autobiografía, en un par de líneas que se convertirían en una profecía: “Después de Mallarmé después de Paul Verlaine, después de Gustave Moreau, después de Puvis de Chavannes, después de nuestra propia poesía, después de todo ese color sutil y esos ritmos nerviosos, ¿qué más es posible? <em>Después de nosotros, el dios salvaje</em>”. Termino, y lo hago como comienza la primer obra que Allfred Jarry dedica a Ubú: <em>Mierda!</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Plata, 2 de julio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de <em>Temor y control</em>; <em>La máquina de la inseguridad</em> y <em>Vecinocracia: olfato social y linchamientos</em>.</span></p>
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		<title>Néstor Kirchner, un obsesivo del poder (por suerte) &#8211; Por Martín Piqué</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Sep 2020 21:57:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Piqué]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Kunkel]]></category>
		<category><![CDATA[diez años de la muerte de Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Devoro]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Brignoni]]></category>
		<category><![CDATA[Néstor Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[poder]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 27 de octubre próximo se cumplirán diez años de la muerte del presidente Néstor Kirchner. Martín Piqué propone en esta nota un ejercicio de reflexión: Interrogarnos acerca de qué prioridades trazaría Kirchner si estuviera presente como testigo y protagonista en esta actualidad de la Argentina 2020. Para ello, Piqué acude a voces autorizadas como las del publicista, empresario y militante político Jorge ‘Topo’ Devoto; del ex diputado nacional Carlos Kunkel y del especialista en política internacional, Marcelo Brignoni.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El 27 de octubre próximo se cumplirán diez años de la muerte del presidente Néstor Kirchner. Martín Piqué propone en esta nota un ejercicio de reflexión: Interrogarnos acerca de qué prioridades trazaría Kirchner si estuviera presente como testigo y protagonista en esta actualidad de la Argentina 2020. Para ello, Piqué acude a voces autorizadas como las del publicista, empresario y militante político Jorge ‘Topo’ Devoto; del ex diputado nacional Carlos Kunkel y del especialista en política internacional, Marcelo Brignoni.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Piqué*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para la Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace casi diez años, en la mañana de un miércoles feriado, todos esperábamos al censista cuando una noticia partió en dos al país. “El tipo que supo”, el que construyó los cimientos de lo que sería el ciclo político y económico más largo desde la recuperación de la democracia, había muerto. Desde entonces se escribió mucho sobre Néstor Kirchner. Se analizó su liderazgo, inicialmente resistido, como <em>primus inter pares</em> del peronismo. Se lo nombró en actos, discursos, canciones, libros, películas. Se lo mencionó en acusaciones judiciales y en spots de campaña. Se lo abordó como fenómeno político a partir de una multiplicidad de enfoques. Siempre con intencionalidades contrapuestas. Desde el periodismo de guerra que lo combatió–con el odio reservado para los enemigos más temidos, aquellos que están, diría Fito Páez, “a la altura del conflicto”- hasta un culto a la personalidad espontáneo y agradecido, pero que aplana la riqueza de la condición humana, con sus claroscuros, para contribuir al mito. Una década después, con un gobierno peronista que administra una situación de crisis incluso más grave que la recibida en mayo de 2003, las acciones llevadas a cabo por Kirchner en el mandato fundacional (2003/2007) cobran otro sentido, otra actualidad. Otra urgencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El peronismo –el país todo- es afecto a las preguntas contrafácticas. Es el sueño de reescribir la historia para mejorarla, para quitarle los traumas, para que ganen los buenos. <em>Si Evita viviera, ¿qué sería? ¿Qué hubiera pasado si el General decidía enfrentar militarmente el golpe en septiembre de 1955? ¿Cómo hubiera sido el tercer gobierno de Perón si los montoneros no lo desafiaban en el triste desencuentro en la Plaza?</em> Reactualicemos la saga con un interrogante, un ejercicio de imaginación, inspirado en el clima de época: <em>¿qué opinaría Kirchner, qué consejos daría, qué prioridades trazaría, si estuviera presente como testigo y/o protagonista en esta actualidad de la Argentina 2020? ¿Cómo se movería o qué recomendaciones haría el ex presidente y fundador del kirchnerismo en un país atravesado por la pandemia del Covid-19, la escasez de reservas en el BCRA, la renuencia a liquidar los dólares de las cosechas por parte del complejo agro-exportador, el sostenimiento de la estrategia beligerante del Grupo “¿qué te pasha?” Clarín, la desestabilización en curso y en diversos frentes de una oposición política y empresarial decidida a tirar del mantel a cualquier costo, con tal de propinar un golpe del que el Frente de Todos no pueda sobreponerse?</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A la hora de gobernar Kirchner entendía lo que estaba en juego. Lo que se veía y lo que permanecía desde las sombras. No se confiaba. Si el ex gobernador de Santa Cruz se caracterizaba por un atributo, era el de sospechar, recelar. Su acción estaba guiada por la máxima de nunca pecar de ingenuo ni creerse más poderoso de lo que es. Lo acusaban de paranoico, pero el dirigente de apellido difícil que venía del sur había asimilado como pocos, sin disimulo ni hipocresías, la naturaleza volátil, nunca definitiva, siempre acechada por amenazas, intrigas y operaciones, del poder legítimo que detenta un presidente electo en un país periférico, endeudado, defaulteado, con un establishment trasnacionalizado y un sistema de medios concentrado que se asume como ariete y tropa de infantería de esos intereses. Una anécdota de los primeros días de Kirchner en la Casa Rosada valida aquella autopercepción cruda y realista. “Que no se den cuenta que somos tan pocos”, dicen que dijo, palabras más palabras menos, en una de aquellas jornadas frenéticas de mediados de 2003 en las que, a fuerza de hiperactividad, sorpresa y decisionismo, estaba arrancando todo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La actitud de Kirchner era la de un mandatario que se asumía como “presidente inesperado”, como lo bautizaría tiempo después un periodista y politólogo que eligió esa definición como título de un libro. Desde ese punto de partida, Kirchner buscaba todo el tiempo ampliar los márgenes de autonomía y poder propio. ¿De qué modo?  Con decisiones que sorprendían, que generalmente implicaban algún riesgo y que se implementaban sin consultar ni anticipar la jugada a los factores que buscaban condicionarlo. Algunas de esas medidas eran más graduales, digamos tiempistas, otras más confrontativas. Si el editor de <em>La Nación</em>, Claudio Escribano, le pronosticaba apenas un año de mandato, él respondía con la denuncia del apriete para dejarlo en evidencia más un fuerte cuestionamiento al propio diario. Si Eduardo Duhalde le quería imponer a Roberto Lavagna como compañero de fórmula, Kirchner elegía sobre el vencimiento de las listas a otro dirigente de perfil más centrista o moderado para complementar el binomio –el porteño Daniel Scioli- y le daba la primicia a <em>Clarín</em> para la tapa del domingo, pero a último momento de la tarde/noche del sábado, con las ediciones a punto de cerrar, ordenaba filtrar el dato también a <em>Página/12</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Kirchner gobernaba con vértigo y realismo. Quería iniciar un ciclo largo de crecimiento económico y distribución de la riqueza  (su eslogan de campaña en 2003 estaba lejos de toda épica maximalista, apenas proponía “un país normal”). Se ha dicho y escrito mucho que llegó al gobierno con el respaldo del 22% de los votantes, con más desocupados que votos, pero así y todo se las ingenió para fundar con su impronta una etapa del peronismo bastante prolongada para la montaña rusa de la política argentina. Su preocupación era generar empleo, contribuir para que la economía repuntara y creara trabajo, y por eso le encargó al coordinador de la Cumbre de Mar del Plata de 2005, Jorge Taiana, que incorporara esa idea como consigna oficial del encuentro hemisférico que sepultó al ALCA. “En la situación actual, Néstor hubiera dicho probablemente que la política social es la política económica y no el reparto de comida. Es una idea importante para aplicar en esta etapa, para salir de esta lógica de pensar que la pobreza se soluciona, digamos, repartiendo polenta. Porque un peronista de ley se preocupa porque la gente tenga trabajo y autonomía económica y no por incluirla en 150 planes sociales distintos”, dice sobre este punto el jefe de Gabinete de la presidencia del Parlasur Marcelo Brignoni, quien en la etapa inicial del kirchnerismo revestía como diputado provincial de Santa Fe asignado por el propio Kirchner a la construcción de la -luego frustrada- transversalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los primeros años de Kirchner partían de un punto crítico pero que en cierto modo favorecía la creación de empleo y la recuperación del ingreso. La salida de la Convertibilidad y la devaluación asimétrica (combo necesario pero no por eso menos traumático) habían dejado bastante margen para mejorar los salarios, porque el consumo estaba paralizado o directamente destruido, los sindicatos debilitados y las paritarias parecían una pieza de museo. Aquellos fueron los tiempos de los aumentos salariales por decreto, tanto para el empleo público como para el trabajador privado. Una modalidad a la que algunas voces emblemáticas y de mucho peso proponen apelar nuevamente para afrontar esta situación de emergencia. “Yo estoy segura que Néstor, hoy, en esta coyuntura, aumentaría el sueldo por decreto a todos los que están exponiendo su vida en la pandemia: camilleros, choferes, las mujeres que lavan los pisos y sirven la comida, los pibes jóvenes que están ayudando en todos lados, los médicos, los científicos, las médicas, las biólogas, las investigadoras, a todos los que están trabajando en esta pandemia tremenda y nos están dando todos los días un poco de su vida. Néstor les aumentaría el sueldo y no les daría 5 mil pesos (por el bono para el personal de la salud anunciado por el ministro Ginés González García, que el gobierno extendió por 90 días) que, la verdad, a mí me dieron vergüenza”, acicatea Hebe de Bonafini.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://adriboschmagazine.files.wordpress.com/2019/07/1558037465-fuente-kirchneristyle8.jpg?w=980" alt="Moda y redes: @kirchneristyle, la cuenta de Instagram que revaloriza el “estilo CFK” | Magazine" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>“El 25% del poder” </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si una de las premisas de la praxis de Kirchner era su preocupación permanente por las amenazas y la capacidad de erosión del poder económico, el santacruceño actuaba en consecuencia: asumía como un deber constante de su administración saber distinguir -en la práctica, con astucia y en defensa propia- la diferencia entre ejercer el gobierno y tener (todo) el poder. No por casualidad la propia Cristina Fernández llegó a decir en una entrevista radial que “identificar el poder con estar en el gobierno es una burrada”. Fue en el año 2017, durante la campaña por la que compitió como senadora, en el marco de un imperdible diálogo con la ‘Negra’ Elizabeth Vernaci en la emisora Radio Con Vos. “Un presidente del 100% (que haya obtenido la totalidad de los votos) tendría el 25% del poder”, graficó entonces CFK. Kirchner tenía incorporada esa limitación en cada uno de sus movimientos. Era un obsesivo de la acumulación de poder y tenía razón. Porque los gobiernos populares tienen siempre la cancha inclinada (en contra). Kirchner tenía, también, una indisimulable aprensión ante el riesgo de pérdida de autonomía que implicaba para un gobernante que su actividad política, que sus campañas electorales, fueran patrocinadas por los grupos económicos que financian campañas y que luego se quieren cobrar el apoyo incidiendo sobre las políticas públicas. De hecho, en los albores de 2003, el gobernador santacruceño –que provenía de una provincia esencialmente hidrocarburífera- llegó a ser nombrado por algún respetado columnista de domingo como “el candidato de Repsol”. Pero la relación con la petrolera española nunca fue la de subordinación lineal, como sí ocurre con otros encumbrados dirigentes argentinos y ciertos conglomerados industriales o de telecomunicaciones –Techint y Clarín, por caso- con domicilio en paraísos fiscales. Su condición de hombre del sur, conocedor al detalle de las actividades del gas y del petróleo, lo conectó desde el primer momento con una estrategia de gobernabilidad: la base de sustentación del gobierno debía incorporar en su seno grandes actores productivos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En enero de 2010, durante su visita a los estudios de la TV Pública como invitado central del programa 678, Kirchner soltó una frase que fue muy comentada entre la militancia. Ante una consulta con tono a reproche del panelista Orlando Barone, el por entonces diputado y ex presidente defendió la decisión de haber mantenido al economista Martín Redrado durante mucho tiempo al frente del BCRA. “En ese momento, cuando nosotros negociábamos una quita de la deuda de 70 mil millones de dólares, cuando la Argentina venía del default y nos tenían una desconfianza absoluta, ¿a quién iba a poner yo, Orlando? ¿Al flaco (Carlos) Kunkel? Esto tiene que ver con la acumulación de poder y con las relaciones de fuerzas”, explicaba en aquella oportunidad con paciencia y cierto afán pedagógico. Eso sí, aunque se manejara con táctica y midiera los tiempos, Kirchner también entendía que el nacionalismo popular tenía adversarios históricos que tratarían de derribarlo o hacerlo fracasar de la forma que sea. “En la situación actual yo creo que Néstor hubiera dicho que los comandos civiles del ’55 y los grupos de tareas del ’76 no desaparecieron,  solamente están replegados, con lo cual no se puede ser ingenuo con eso”, acota en ese sentido el santafesino Brignoni.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Un pragmático que en las pulseadas de poder, a pesar del riesgo, salía para adelante.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué diría, en definitiva, ese Kirchner obsesionado por la consolidación del (relativo) poder propio y la ampliación del campo de lo posible (en el doble sentido de fortalecer la primacía de la política para hacer frente a la capacidad de veto del establishment y mejorar las condiciones de vida de las mayorías) ante las encrucijadas que enfrenta hoy el Frente de Todos? Dejemos la respuesta en dos hombres que lo conocieron mucho y que lo trataron durante décadas, tanto la intimidad como en su faceta pública. Se trata del publicista, empresario y militante político Jorge ‘Topo’ Devoto (uno de los productores de ‘NK’, el documental sobre la vida de Kirchner que dirigió Adrián Caetano) y el dirigente peronista de la provincia de Buenos Aires y ex diputado nacional Carlos Kunkel. “Néstor Carlos Kirchner tenía como claros objetivos la consolidación de un proyecto de crecimiento con justicia social en el país y a partir de allí condicionaba sus accionares políticos, yendo muchas veces en alianza con sectores que no eran muy afines pero que podían garantizar el acompañamiento de lo indispensable para la consolidación. ¿Qué nos diría? Lo mismo que nos dijo en el último año de su actividad, de su actuación: ‘Cuiden a la presidenta coraje’, refiriéndose a Cristina. Hoy nos diría ‘cuiden a la vicepresidenta coraje’. Eso es lo que tenemos que hacer los peronistas, y bregar permanentemente por la unidad. Acompañar a los que están en las distintas gestiones de gobierno y respaldarlos. Ese acompañamiento, ese respaldo, tienen que traducirse en dos formas: no hacer críticas hacia afuera, que son aprovechadas por los que pretenden sembrar la división dentro del campo nacional y popular, y no ser obsecuentes hacia adentro, diciéndoles a los ejecutores directos  las cuestiones que creamos convenientes formularlas como críticas. Pero adentro todo, para afuera unidad monolítica. Para evitar que los enemigos de la patria y del pueblo argentino logren su objetivo de hacer fracasar este nuevo intento de reconstrucción que estamos llevando adelante”, exhorta Kunkel, quien conoció a Kirchner a principios de los ’70 en la Universidad Nacional de La Plata. En aquel tiempo el santacruceño era estudiante y el propio Kunkel referente de la FURN (Federación Universitaria para la Revolución Nacional), agrupación cercana a Montoneros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ex propietario de una agencia de publicidad, Devoto imprimió los afiches que usó Kirchner para competir como candidato a intendente de Río Gallegos en 1987. “Una cosa es la coyuntura del conflicto con las patronales (agropecuarias) del 2008 y otra es la pregunta sobre qué haría Néstor hoy”, arranca el ‘Topo’ a la hora del primer balance. “Creo que si estuviera entre nosotros llamaría a la unidad total del peronismo. Y creo que a algunos cabos sueltos que están por ahí y que hacen daño Néstor los hubiera contenido. Él tenía una capacidad diferente de negociación con muchos factores de poder en la Argentina. Hoy llamaría a la unidad nacional y estaría pensando alguna impronta de movilización virtual, a distancia. Y no tengo duda de que el primer día en que se levante la pandemia, él alentaría a movilizarse y poner un millón de personas en la calle, algo que obviamente lo hará el gobierno, el peronismo, el Frente de Todos. Pienso en el Néstor que no retrocedía, que avanzaba, que siempre iba al frente. Aventurarse a lo que haría hoy es, valga la redundancia, aventurero. Pero si tengo su imagen congelada y tengo que responder, digo: ‘Néstor avanzaría’.”</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 22 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Periodista. Co-conductor del programa radial «Vayan a laburar» que se emite por la AM750.</span></p>
<p><a href="http://@MartinPique">@MartinPique</a></p>
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		<title>Poder, dominación y deseo &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Oct 2020 23:04:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[deseo]]></category>
		<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Roque Farrán afirma en esta nota que el poder es una red descentralizada y multiforme que ejercemos entre todos de diversas maneras, pero eso no niega que en determinadas condiciones haya puntos nodales de condensación en la red que sean digitados por muy pocas personas. Farrán sostiene que hay que saber leer también cuándo el poder deviene en  dominación.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/poder-dominacion-y-deseo-por-roque-farran/">Poder, dominación y deseo &#8211; Por Roque Farrán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Roque Farrán afirma en esta nota que el poder es una red descentralizada y multiforme que ejercemos entre todos de diversas maneras, pero eso no niega que en determinadas condiciones haya puntos nodales de condensación en la red que sean digitados por muy pocas personas. Farrán sostiene que hay que saber leer también cuándo el poder deviene en  dominación.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El poder es una red descentralizada y multiforme que ejercemos entre todos de diversas maneras, no caben dudas. Pero eso no niega que en determinadas condiciones haya puntos nodales de condensación en la red que sean digitados por muy pocas personas. Un ejemplo bien concreto es que si no pagamos internet no podemos hacer muchas de las cosas que hacemos habitualmente (dar y recibir clases, estudiar, investigar, comprar, realizar trámites y pagar servicios), y los servicios de internet pertenecen a muy pocas personas que hoy están operando contra el gobierno elegido democráticamente. La transferencia concreta de dinero que hacemos todos los meses, contribuye materialmente a comprar diversas voluntades: periodistas, políticos, trabajadores, etc. Hay que saber leer también cuándo el poder deviene lisa y llana dominación. A veces las cosas son mucho más simples de lo que parecen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El problema no es la comunicación ni la información que puede brindar el gobierno, a esta altura deberíamos saberlo: quienes no entienden ni se informan bien es porque no quieren hacerlo; reforzar los mecanismos persuasivos y la editorialización constante, solo conduce a exacerbar los ánimos, siempre hacia lo peor. El problema es el sujeto: la formación integral del sujeto más que su interpelación ideológica. La formación se tiene que hacer punto por punto, en cada nivel e instancia del todo social complejo. La formación no es solo transmisión de contenidos, sino el anudamiento singular de forma, contenido y afecto. El gobierno de las conductas que no desea manipular ni prestarse a la manipulación mediática, tiene que ser impecable y confiar en el uso material de cada dispositivo. No confundir las instancias y las prácticas resulta clave para no seguir reproduciendo lo peor. No podemos admitir la desfachatez de decir cualquier cosa abusando de la posición dominante o la transferencia idealizante, cualquiera sea el sujeto que así opere. Incluso en el uso de las redes sociales tenemos que ser responsables por cómo decimos y escribimos, si no queremos reproducir lo peor de aquello que nos quejamos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Existe una tecnología que no ayude a explotar o extraer datos de los otros, sino que contribuya a potenciarlos, a transformarlos, que nos permita dejar de ser idiotas útiles o manipulables? Sí, existe: la escritura. La escritura es una tecnología maravillosa y simple, requiere para su práctica realizar un cruce de determinaciones (epistémicas, históricas, subjetivas) que inhabilitan cualquier algoritmo, cualquier división lógica fácil, cualquier distinción entre ceros y unos, positivos y negativos. Porque la escritura implica el cuerpo, las palabra y los afectos, de un modo que se anudan singularmente evadiendo las cajitas bien dispuestas de recolección de datos y significaciones. Sugiero usar esta modesta tecnología, incluso en esta red boba, porque permite resignificarlo todo, leer de otro modo, dejar de decir necedades. En la escritura uno no consume más que el tiempo que resta, sin promesas de significaciones trascendentes o importancias personales. La escritura es, como se dice, a puro gasto del sujeto, a pura cuenta de su deseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En lugar de preguntar a esta altura del partido si la revolución es deseable, habría que plantear si no es el deseo el que, a la inversa, puede ser revolucionario; o mejor: subversivo. Creo que luego de que Badiou planteara la posibilidad de un “revolucionario de Estado”, y que yo mismo propusiera hablar de “revolucionarias de Estado”, quizás estemos en condiciones de plantear la revolución del deseo desde otro lugar: ¿Quiénes están dispuestxs a asumir lo que el deseo revoluciona en los cuerpos y pensamientos, atravesando diversas instituciones y dispositivos, en relación a sí y a los otros? Porque es asumiendo la idea del fin inminente de todo que la posibilidad del deseo subversivo, no como ingenua liberación de las pulsiones, adquiere su verdadera materialidad e irreductibilidad. El deseo de perseverar en el ser puede ser tan conservador como revolucionario (después de todo revolución significa literalmente “volver al mismo lugar”). ¿Cómo puede ser? Solo cuando desear, desear vivir y desear vivir bien son lo mismo, coinciden nodalmente en un punto crítico, no queda otra posibilidad que asumir el deseo o morir. La opción es forzada, pero tiene que ser decidida.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 3 de octubre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Filósofo</span></p>
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		<title>¿Qué es eso de que la poesía es la intemperie? &#8211; Por Alberto Szpunberg</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Nov 2020 19:22:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alberto Szpunberg]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[poder]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La relación entre la poesía y la política–afortunadamente para la poesía– es siempre conflictiva. En lo que la humanidad lleva de historia, la política tuvo y tiene que ver con el poder, que se gesta por abajo y se desvirtúa en ese aire enrarecido de las altas esferas. Es preferible, entonces, la política de la poesía, que es esencialmente libre, desconcertante, asombrosa, libertaria. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Reproducimos un texto que Alberto Szpunberg escribió especialmente para La Tecl@ Eñe en septiembre de 2012.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La relación entre la poesía y la política–afortunadamente para la poesía– es siempre conflictiva. En lo que la humanidad lleva de historia, la política tuvo y tiene que ver con el poder, que se gesta por abajo y se desvirtúa en ese aire enrarecido de las altas esferas. Es preferible, entonces, la política de la poesía, que es esencialmente libre, desconcertante, asombrosa, libertaria. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Alberto Szpunberg*<br />
</strong><em>(especial para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1.<br />
</strong>Al parecer, a falta de mejores temas, la interminable discusión sobre «poesía política», «poesía social», «poesía poética», «compromiso» y yerbas por el estilo es como la maldición de Tutankamón: se reitera cada dos por tres, especialmente en la izquierda. A mí me tienen francamente aburrido. Muchos sabemos, por propia experiencia, que, como dice mi hermano César Stroscio, a renglón seguido del «compromiso», viene el «matrimonio», lo que resulta carcelario y peligroso&#8230; Al fin y al cabo, seamos sinceros: lo que decide es el amor&#8230; ¿Qué si no? «Aun a riesgo de parecer ridículo –dijo quien todos sabemos–, un revolucionario se mueve llevado por grandes sentimientos de amor»&#8230; Y la poesía, que siento subversiva por naturaleza, también&#8230; Poco más conmovedor que el testimonio de Ciro Bustos en su libro «El Che quiere verte»: durante una marcha nocturna en Ñancahuazu, el Che va mascullando un poema de León Felipe: «La poesía está a la sombra»&#8230; Pero la izquierda no termina de zafar del bendito «compromiso»&#8230; En Constantinopla, al menos, se hablaba del sexo de los ángeles, lo que podía, con mucha imaginación, revestir cierto erotismo; en cambio, a orillas del Río de la Plata, hablar del «compromiso» y el «no compormiso» es como querer distinguir entre la humedad y el agua o, peor aún, entre la humedad y el vino. Los poetas tenemos que aprender de la fauna microbiana, que observa a los señores investigadores desde el otro extremo del microscopio: esos dioses de bata blanca que nos observan tan adustos tienen miedo&#8230; Émulos de Platón, se aferran a los sillones de algún Comité Central y terminan por excluir a los poetas de su República. Yo, como insiste Cristina en sus discursos, estoy por la inclusión&#8230; Inclusión es pan, techo, trabajo, salud&#8230; y poemas. Los poetas, sobre todo los de izquierda y, muy especialmente, diría, los que (sobre)vivimos las luchas de los años 60-70, tenemos que bajar del podio olímpico y reconocernos como simples humanos que, por ser poetas, se asombran ante la infinitud del mundo o, mejor dicho, ante la infinidad de mundos que pueblan este y todos los mundos. Somos apenas partículas –para más inri, fugaces– de un universo inconmensurable. Percibir eso decide la grandeza poética, siempre pequeña ante los poemas que, propios o ajenos, sobrevendrán en cualquier momento, como el Mesías de los cabalistas: todo segundo puede ser el fin de los tiempos. Los tiempos venideros no existen, excepto cuando se vuelven presente. Acaso ahora, en este mismo instante en que escribo tantas insensateces. Si no es así, la Feria de Frankfurt o el monopólico Magneto o el cruzado Vargas Llosa nos devorarán&#8230; «Y lo peor de todo, sin necesidad»&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2.<br />
</strong>Hablar de poéticas, de generaciones, de escuelas, como suele hacerse a la hora de las clasificaciones, es cosa de críticos, y yo no lo soy, excepto en el cuestionamiento de las mil y una variantes del poder, que es donde se pudre todo. En lo que a mí respecta, me basta con reconocerme en la belleza de un poema, mío o ajeno. Las «poéticas», que suelen ser muletillas muy pretenciosas, pasan; sólo permanece la poesía, el poema, a veces sólo un verso que ilumina&#8230; Y eso es maravilloso&#8230; Por otra parte, no creo en las vidas «dedicadas» a la poesía o a la militancia o a la apicultura o a la filatelia o al sacerdocio o a lo que sea&#8230; Es una tontería. Yo nunca «dediqué» mi vida a nadie ni a nada, ni pienso hacerlo. Tampoco a la poesía o a la militancia o a lo que sea. Ni siquiera en el otro mundo. Si el corazón aún hace tilín, la vida es un milagro; nunca una ofrenda. No soy un militante poeta, sino un poeta militante y, en medio de las contingencias que me tocaron–no casualmente antes se hablaba de «coyuntura» y ahora, de «escenario»–, viví y sigo viviendo lo que me parece mejor, más justo y más hermoso. Y no conozco otra forma de vivir. Los aprietes que padecí y aún padezco –el trabajo asalariado, las exigencias del patrón de turno, la represión feroz, las infames dictaduras, los 30.000 compañeros asesinados, el exilio, los ninguneos, la estupidez de las camarillas, el bronce de los camaradas&#8230;– me unen a otros que padecieron y padecen los mismos aprietes y, como un sofocón, alimentan mi deseo profundo de un mundo más justo, más igualitario, libre, asambleario y, en ese vendaval de sueños, germinan la poesía, los compañeros, las historias de amor, los mates mañaneros, la lucha&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3.<br />
</strong>La relación entre la poesía y la política–afortunadamente para la poesía– es siempre conflictiva. En lo que la humanidad lleva de historia, la política tiene que ver con el poder: se gesta por abajo y se pudre por arriba. Arriba, en ese aire enrarecido de las altas esferas –que no son las constelaciones que la fantasía dibuja noche a noche en el cielo–, la poesía empalidece, se marchita. Y tanto es así que, a veces, más de un poeta optó por suicidarse. Si me apuran, ya no apuesto por el poder, ni el poder obrero, ni el poder de la línea correcta ni el poder de las condiciones objetivas ni de la contradicción principal ni del Comité Central ni de los comandantes ni de los padres de los pueblos ni de los poetas comprometidos&#8230; De últimas (y de primeras), prefiero la política de la poesía, que es esencialmente libre, desconcertante, asombrosa, libertaria. Creo en eso que decía Roque Dalton: «Hay poetas que llegan a la revolución por la poesía y otros que llegan a la poesía por la revolución»&#8230; «Los primeros –decía Roque–, suelen ser buenos poetas y buenos militantes; los segundos, malos militantes y peores poetas». Y eso, humildemente, lo sé porque lo viví: no es como quieren hacernos creer. No necesariamente la política es patrimonio de los políticos, esos señores ceremoniosos que, tanto de derecha como de izquierda, suelen ser razonables, omnipotentes, narcisistas, mandamases, verticalistas, hasta que mueren (y matan) por sobredosis teórica&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>4.<br />
</strong>Eso del «poeta redentor» es una herencia deformada del romanticismo: el poeta como «juez no reconocido», del que hablaba Shelley. Pero Shelley era un gran poeta y su «Defensa de la poesía» es, ante todo, un gran texto poético. Hay electricistas, albañiles, plomeros, metalúrgicos, médicos, son todos oficios que, en principio, no obligan a ser más que buenos electricistas, albañiles, plomeros, metalúrgicos, médicos, cada cual en lo suyo. Un plomero no es un revolucionario por ser plomero&#8230; ¿Por qué extraña vanidad el Poeta, por ser Poeta –así, con mayúsculas– debe ser redentor de causas sublimes, proferir santas invocaciones que, por lo general, tienen más que ver con el Ego que con el resto de los mortales? En mi caso, trabajé de un montón de cosas para sobrevivir lo más dignamente posible y con el objetivo claro de llegar a fin de mes&#8230; Hasta sin saber nada de carpintería, hice muñequitos de madera para vender en la calle&#8230; Y no fui más o menos revolucionario en esos momentos que en otros, ni mejor o peor poeta en esos momentos que en otros, y acá estoy –como decía Luchi, «acá me tenés, país»&#8230;– con el mismo y claro objetivo de, en lo posible, llegar a fin de mes&#8230;</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://static.wixstatic.com/media/6f5b6a_247c2688efd997fc82278d32b17bc97c.jpeg/v1/fill/w_317,h_451,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01/6f5b6a_247c2688efd997fc82278d32b17bc97c.webp" alt="Nota Alberto Szpunberg" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>5.<br />
</strong>Urondo, Miguel Ángel Bustos y Roberto Santoro fueron grandes poetas porque fueron grandes poetas y no por haber sido asesinados. Fueron asesinados por ser militantes revolucionarios, luchadores populares&#8230; Como lo fueron 30.000 compañeros más. Alejandra Pizarnik fue una gran poeta y «poco y nada» tuvo que ver directamente con las luchas de su época, pero qué hermosos sus poemas ¿no?&#8230; Qué dimensión enriquecedora da ver la época, «nuestra época», desde sus poemas&#8230; Ese tiempo en que grandes movilizaciones de vastos sectores sociales estimularon la participación en la contienda de grandes poetas, narradores, artistas, periodistas&#8230; Pero ojo: fue así y no al revés&#8230; Y no es casual que el grueso de la represión la padeció la clase obrera&#8230; Porque son siempre los pueblos los que hacen la historia y no los «grandes héroes» que animan la historia de los libros de Historia. La verdadera historia es la vida cotidiana, está en el trabajo, en la falta de trabajo, en el golpe de suerte de algún flechazo, en la magia de los compañeros que piensan en voz alta&#8230; cómo fue que pasó lo que pasó&#8230; cómo es que pasa lo que pasa&#8230; y la historia continúa, la menuda y única historia&#8230; siempre anónima, a ras de la calle, donde, entre electricistas, albañiles, plomeros, metalúrgicos y médicos, hay uno que de pronto oye voces, escribe un verso y, con suerte, ocurre algo raro llamado poema&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>6.<br />
</strong>Por otra parte, basta de cuentos: tampoco la poesía es propiedad de los poetas, por suerte&#8230; No es «propiedad» de nadie&#8230; No es «propiedad»&#8230; Es un bien, un bien público, si se quiere, y también intimísimo&#8230; Como la calle, como la plaza, como el abrazo&#8230; En estos días de esperanza para la Argentina y el continente, la poesía se pasea por la ciudad&#8230; La vi este 24 de marzo, con la alegría y la pujanza de un piberío maravilloso&#8230; Entre ellos hay estudiantes, piqueteros, barrenderos, empleados, laburantes, murgueros, desocupados, y también poetas&#8230; Y yo soy uno más entre ellos y de ellos siempre aprendo&#8230; En sus cánticos y consignas titila la poesía anónima, hecha entre todos los de abajo&#8230; Y entre los de abajo, los compañeros, ah, sí, los compañeros&#8230; esos que cuando pasan junto a un banco miran de reojo, es inevitable, y ya sabemos las maldades que piensan&#8230; ¿Quién de ellos no tiene memoria del reparto de los panes y los peces? Fue un milagro tan real y verdadero que aún palpita en el corazón de los pobres&#8230; Y ahí está el verdadero desafío de la izquierda: todos los proyectos que parió la Comuna de París han fracasado&#8230; Así como suena: han fracasado&#8230; Negarlo es de necios&#8230; Por eso, no recitemos más las viejas recetas, y nunca mejor dicho: no recitemos más, seamos poetas, no recitemos&#8230; Como Isaías: «Vengo a crear un nuevo cielo, una nueva tierra&#8230;». Sin iglesias, sin púlpitos, sin vanguardismo: ya es hora de una nueva creación&#8230; Y si mi griego no me falla, poesía es eso: creación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>7.<br />
</strong>Es increíble, pero todavía se habla de los «géneros literarios»&#8230; Creo, en definitiva, que los «géneros literarios», como todos los «géneros», incluso los sexuales, responden a un afán clasificatorio que la vida se encarga de desmentir&#8230; Y, para ser sincero, los poemas se escriben solos, no responden a ninguna estrategia, a ninguna poética, a ninguna estructura&#8230; El poeta sólo da unos toquecitos –»toquecillos», decían en mi exilio– al poema, cambia unas comas, invierte una sintaxis, juega como un niño con algunas palabras, como para sentirse parte de la inmensidad que acontece, y es muy feliz o muy desdichado o ambas cosas a la vez por tener esa suerte de ser lo que en ese momento es&#8230; Como juega el niño que juega&#8230; El niño no juega; es ese juego&#8230; De lo contrario, no se entiende que yo me enamore de la pulpera de Santa Lucía cada vez que la escucho y que ese amor sea siempre único e irrepetible&#8230; o que me sienta en no sé qué honduras cada vez que Bach arranca con el primer acorde de la suite nº 5 para violoncelo solo&#8230; o cuando releo «Silencio en Liguria», de Ungaretti, y vuelvo a descubrir que «el verdadero amor es la encendida calma»&#8230; Y siempre es la primera vez&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>8.<br />
</strong>Es curioso: en ciertos cenáculos se sigue hablando de una «poesía de los sesenta», en oposición a una de los noventa, otra del tercer milenio, etc&#8230; Esta manía clasificatoria es corporativismo en el peor sentido&#8230; Es cierto, hay corporaciones: estatales, camioneros, gráficos, campesinos, gastronómicos, poetas sociales, sonetistas, elegíacos&#8230; Pero la CGT es central de los trabajadores&#8230; Antes que el oficio, está la condición de trabajador&#8230; ¿Podríamos pensarnos los poetas como trabajadores de la poesía?&#8230; ¿O no se hace la poesía con todo el cuerpo? ¿O nadie hizo horas extra desvelado por un poema? ¿Acaso ningún poeta pasó un fin de semana aquejado por una imagen insalubre? Eso de hablar de «una poesía de los sesenta» o «de los noventa» o «del tercer milenio» tiene su gracia: es parte de la historia de la literatura y, por lo general, tiene que ver más con la historia –y con qué historias– antes que con la literatura y mucho menos con la poesía. Pero, básicamente, sobre todo en el Mundillo de la Poesía, esos temas son un entretenimiento propio de las tertulias&#8230; Pero yo me aburro mucho y no comulgo con todo eso&#8230; Por lo general, en esos cenáculos se deciden grandes destinos, se organizan lobbys, se planifican carreras fulgurantes, festivales internacionales, ferias de Frankfurt, migajas de acerba «macritud»&#8230; Finalmente, los cenáculos terminan golpeando las puertas de las editoriales –como antes los políticos golpeaban las puertas de los cuarteles– y, si tienen bien aprendida la contraseña, pasan y se acomodan. Qué triste destino para un poeta ser golpista ¿no?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>9.<br />
</strong>Alguien, con pleno derecho, pregunta: ¿para que sirve un poeta? Y ésta es mi respuesta: un poeta no sirve para nada, porque, en principio, un poeta no sirve&#8230; Exactamente: no sirve&#8230; No nos olvidemos jamás: un poeta nunca sirve&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>10.<br />
</strong>Y ahora, poetas, sobre la base del derecho a la vida, la libertad, la paz, el pan, el techo, la salud, la educación, el ocio&#8230; el derecho del ser humano a ser humano&#8230; o sea, «combatiendo al capital»&#8230; sin reverencias, sin servidumbres, sin escenarios&#8230; ahora, ya mismo, poetas, en asamblea permanente, cada uno con los demás y consigo mismo&#8230; ¡a discutirlo todo! Un decir, por ejemplo&#8230; Un suponer: <em>«La poesía no vive a la intemperie; es la intemperie&#8230;»</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Esta nota corresponde a un informe sobre poesía y política que se publicó en La Tecl@ Eñe en septiembre de 2012.</span></p>
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		<title>El valor político de la verdad &#8211; Por Mariano Carreras</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Jan 2021 20:02:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mariano Carreras]]></category>
		<category><![CDATA[fakenews]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Lawfare]]></category>
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		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vivimos tiempos de fake news y lawfare en los que lo que está en juego es nada más ni nada menos que la distribución democrática del<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Vivimos tiempos de fake news y lawfare en los que lo que está en juego es nada más ni nada menos que la distribución democrática del poder político, sostiene Mariano Carreras en este artículo, y afirma que es en este contexto que la noción de verdad se convierte en un problema crucial sobre el que es preciso volver a pensar.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Mariano Carreras*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Primero lo obvio: son tiempos de fake news. Las redes, los medios, incluso a veces los Estados propagan mentiras como si fueran virus contra los que la opinión pública no tuviera los anticuerpos suficientes, y posiblemente fuese imposible que alguna vez alcance a tenerlos. Son también tiempos de lawfare, de ataques judiciales amañados para desprestigiar, neutralizar y en ocasiones encarcelar a los dirigentes políticos que incomodan o que eventualmente pudieron incomodar al poder. La conclusión es igualmente obvia: puesto que los dirigentes políticos son los emergentes sociales en quienes los distintos sectores de la sociedad pueden encontrar los vectores de representación a través de los cuales expresar sus intereses, lo que está en juego es nada más ni nada menos que la distribución democrática del poder político.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es en este contexto que la noción de verdad se convierte en un problema crucial sobre el que es preciso volver a pensar. El poder económico concentrado y sus operadores mediáticos y judiciales se mueven como si la utopía posmoderna de un mundo en el que la verdad no fuese más que la mentira más eficiente se hubiera convertido en una realidad ubicua. La célebre frase según la cual “todo lo sólido se desvanece en el aire”, si en el siglo XIX refería a la aceleración histórica y a la mutabilidad social de la modernidad, en lo que va del siglo XXI describe más bien el hecho de que, aparentemente, los hechos carecen de importancia frente a la efectividad de los relatos. Postular una reivindicación de la verdad puede parecer hoy algo así como el gesto anacrónico de un positivista. Preferiría hablar entonces no de reivindicación, sino de insistencia en un problema que está lejos de haber sido saldado y que se aloja en el centro de una disputa por el poder.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cada vez que se argumenta que la verdad es una pasión del pasado que ya no nos pertenece, se recuerdan los planteos nietzscheanos del estilo: “no hay hechos, solo interpretaciones”. Sin embargo, no es justo reducir el pensamiento del “maestro de la sospecha” a los lineamientos generales del relativismo: la pelea de Nietzsche, que se expresa en este y otros enunciados, no es contra la verdad como categoría abstracta, sino contra los límites que imponía sobre esta última el paradigma científico positivista de su época; paradigma que, por otra parte, hace tiempo ha sido ampliamente superado. En buena parte de los textos del filósofo alemán se puede leer que no se trata de despachar la noción de verdad como una categoría perimida, sino de establecer cada vez cuál es el valor de los enunciados que operan como verdades en un contexto dado. En este sentido, más que postular una disolución de la verdad en el río infinito y más o menos caprichoso de las interpretaciones posibles, lo que introduce Nietzsche es la pregunta por la potencia de los enunciados que circunstancialmente son considerados verdaderos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dos variantes posibles de la pregunta nietzscheana: ¿para qué sirve una verdad? ¿Cuál es su valor estratégico? Aún si se acepta la premisa de que las verdades son mentiras exitosas con las que se teje la trama más o menos irreflexiva del sentido común, es posible ensayar, aunque más no sea de manera provisoria, una segunda conclusión: si la posmodernidad ha logrado convertir efectivamente en un componente del sentido común la idea de la muerte de la verdad, la potencia de semejante hipótesis pudo ser utilizada para relativizar los acontecimientos económicos y políticos que caracterizan el momento histórico, y para construir las ficciones jurídicas y mediáticas con las que se condiciona la percepción política de la ciudadanía y se salvaguardan los intereses corporativos y financieros transnacionales.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quizás uno de los desplazamientos más notables de la noción de verdad tuvo lugar en el contexto de la teoría psicoanalítica. Sobre todo porque el psicoanálisis disolvió el fundamento subjetivo en el que la verdad se sustentaba, por lo menos desde el cartesianismo. Lo verdadero ya no se corresponde con el registro de las ideas conscientes de un sujeto que puede reflexionar sobre su historia de manera objetiva; la verdad de su historia se le escapa porque pertenece al orden de su inconsciente. El neurótico no puede acceder a su verdad a través del ejercicio metódico de la razón; esa verdad se esconde precisamente en sus racionalizaciones conscientes. Pero hay que subrayar que incluso la teoría que produjo el resquebrajamiento más evidente del modo tradicional de comprender el problema de la verdad, en ningún momento decreta la muerte de una categoría que, de hecho, no deja de funcionar en la clínica psicoanalítica como un horizonte que parcialmente coincide con la instancia de la cura.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.cultura.gob.ar/media/uploads/foucault.jpg" alt="Michel Foucault, un crítico de la normalidad | Ministerio de Cultura" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Otra forma interesante de considerar el problema es pensar la verdad a la manera de Foucault, como el efecto discursivo de una serie de luchas políticas. Desde esta perspectiva, carece de sentido sostener o rebatir definiciones de verdad en términos de correspondencia o distorsión entre las palabras y las cosas. Mucho menos resulta necesario discutir si existen razones para dudar sobre la vigencia o la caducidad de la idea de verdad. En realidad, esa idea funciona efectivamente como un operador que legitima o descalifica producciones enunciativas y posiciones políticas en función de las relaciones de poder que estratifican y sostienen la trama simbólica del orden social. Es decir, la idea de verdad existe y tiene un valor instrumental: se usa para construir poder y al mismo tiempo para debilitar el poder del adversario. Y esto es así, más allá de las creencias y de las sospechas que redunden sobre el tema.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Foucault describe en una serie de conferencias dictadas en Brasil, dos formas jurídicas que tuvieron lugar en la historia de occidente y que se pueden entender como los dos polos entre los que oscilan los sistemas jurídicos contemporáneos. Una corresponde a la forma en que se resolvían los litigios durante el feudalismo. En ese entonces, lo que importaba no era la búsqueda de la verdad a través de la indagación, sino el poder del más fuerte. Ganaba el pleito no quien lograba demostrar que tenía razón, sino quien formaba parte del clan más poderoso, podía reunir el número de garantes suficientes y contaba con la capacidad técnica de formular los enunciados necesarios de acuerdo con las reglas retóricas establecidas. Por el contrario, resultaba perdedor no quien sostenía la posición que reunía la mayor cantidad de pruebas en su contra, sino quien era parte del grupo con menos inserción social, no concitaba las mismas adhesiones o no lograba superar las virtudes retóricas de su contrincante.             </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el extremo opuesto, aparece el sistema jurídico de la democracia griega, cuyas primeras articulaciones el filósofo francés encuentra en la trama de <em>Edipo rey</em>, de Sófocles. Como es sabido, la célebre tragedia gira en torno de la búsqueda de la verdad acerca del asesinato de Layo, antiguo rey de Tebas. Frente a la serie de arbitrariedades con las que Edipo pretende eludir durante el proceso su responsabilidad en el crimen cometido, el caso se resuelve con la enunciación de la verdad de lo que vieron dos pastores que carecen absolutamente de poder. En este sentido, la democracia griega inventó una forma jurídica en la que no solo la verdad funciona como centro de gravitación de las indagaciones en torno de los conflictos que se pretende resolver, sino que además se sientan las bases que hacen posible que una verdad sin poder se enfrente a un poder carente de verdad y pueda removerlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es cierto que en las prácticas científicas contemporáneas la verdad asume siempre un carácter provisorio y que nunca supera el umbral de las buenas o las malas hipótesis de trabajo. Pero eso no quita que opere como un horizonte epistémico que orienta la descripción de los datos empíricos y los alcances explicativos de los proyectos de investigación. Por lo demás, en el espacio específico de las formas jurídicas, los casos de lawfare demuestran que cuando la búsqueda de la verdad no funciona como el factor decisivo en la resolución de los litigios, el factor que la sustituye e inclina la balanza es en última instancia la variable del poder. De modo que, además de operar como un horizonte investigativo, la verdad se presenta como un operador necesario para profundizar los sistemas democráticos actuales. Por el contrario, decretar su inexistencia implicaría renunciar a la distribución democrática del poder político y a las aspiraciones políticas de construir sociedades menos inestables y más justas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 6 de enero de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Profesor de Literatura y actualmente cursa la licenciatura en letras en la Universidad de Buenos Aires.</span></p>
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		<title>Cristina y la percepción del poder &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Mar 2021 00:05:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
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		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La “Ley” ha mutado su llamado a la interpretación por un uso específico tomado de las comedias de la industria cultural de masas, donde el tiempo televisivo al promover la pérdida de todo peso existencial, permite desdecirse, juzga con un menú a la carta y forjar declaraciones fraguadas, que pasan a ser ciertas a pesar de que quien las fraguó confiese haberlo hecho. En este marco conceptual es que Horacio González sostiene que el último discurso de Cristina Kirchner, sin dejar de mencionar el anterior del presidente Alberto Fernández, pertenece a un género que todavía nos hace pensar que es posible desligar el juego institucional, que hay que renovar, de las cárceles conceptuales mediáticas, de simulacro y aturdimiento. Lo que se llamó controles cruzados es apenas un comienzo, aunque quizá tardío.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La “Ley” ha mutado su llamado a la interpretación por un uso específico tomado de las comedias de la industria cultural de masas, donde el tiempo televisivo al promover la pérdida de todo peso existencial, permite desdecirse, juzga con un menú a la carta y forjar declaraciones fraguadas, que pasan a ser ciertas a pesar de que quien las fraguó confiese haberlo hecho. En este marco conceptual es que Horacio González sostiene que el último discurso de Cristina Kirchner, sin dejar de mencionar el anterior del presidente Alberto Fernández, pertenece a un género que todavía nos hace pensar que es posible desligar el juego institucional, que hay que renovar, de las cárceles conceptuales mediáticas, de simulacro y aturdimiento. Lo que se llamó controles cruzados es apenas un comienzo, aunque quizá tardío.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Polichinelas</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las sociedades, en sus modelos ideales, son un conjunto de decisiones intermediadas que pasan por diversas instancias hasta que van cobrando forma definitiva, o sea, con pretensión de no ser provisorias. Aspiran a la condición de Ley, numeradita y citada por los que la cumplen o exigen que se cumpla. Unas derogan a otras, el paso del tiempo las afecta. Hay que actualizar y ampliar. Es habitual a los políticos y a la gente que adquiere con facilidad expresiones auspiciosas. “Hay que ampliar derechos”. Un gobierno de leyes es complejo, porque alguien la propone -suele ser el poder ejecutivo o el parlamentario, y cualquiera que sea, se van produciendo reacomodos y agregados que contemplan diversas opiniones que aun si finalmente no fuera vetada por el poder que puede hacerlo, seguramente no será igual al momento que se la propuso, al momento en que emergió aprobada en el debate parlamentario. La Corte Suprema, a su vez, la examinará con un libro esencial supuestamente bajo su mirada, para comprobar que el nuevo instituto legal cabe sin irregularidad ni contradicción en esas eminentes páginas normativas que permanecen aguardando cambios desde 1853.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Acabamos de describir aproximadamente lo que sería un cuadro institucional donde las relaciones entre los diversos ámbitos regulan ciertos equilibrios excepcionales. Donde el presidente puede vetar o enviar decretos de necesidad y urgencia, pero el parlamento tiene a su vez el goce de ciertas excepcionalidades, pues aprueba o desaprueba propuestas fundamentales que envía el presidente y que no deben contender con las condiciones de aprobación que exigen los reglamentos parlamentarios. El Poder judicial es el único que -emanando de decisiones y propuestas del presidente, sumados los acuerdos parlamentarios-, detenta después autonomías que son resistentes a cualquier tipo de indagación en la medida que en nuestro país la Corte se ha convertido en un toque sigiloso de redoblante de juicios normativos, emanados de órganos superiores al que supone que ella misma posee como voz jurídica principal de la nación. Esos “órganos superiores” provienen de una drástica modificación del espacio público surgido en el siglo XVII -comienza la publicación de periódicos, se fortalecen cámaras de representantes-, hasta los días que corren, donde los residuos de individualidad autónoma que quedan los puede suprimir el cajero de Starbucks que nos llama por nuestro nombre, que previamente nos han preguntado. Nuestro café exclusivo, intimista, convive con un mundo donde las viejas instituciones políticas se llaman “Supremas”; les dan la fama, el honor, el cafecito, pero son muñecos articulados por piolines manejados por polichinelas aún más supremos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una nación inmersa en las reglas visibles e invisibles de un monólogo infinitamente proliferante, sin sujeto enhebrador y con un funcionamiento abstracto entre la ilusión del hacker y la promesas de la billetera electrónica, entre el hedonismo publicitario y la negación a dejarnos ser felices por nuestra propia iniciativa, es una nación que lucha en inferioridad de condiciones para mantener antiguas formas de soberanía territorial o cultural que no sean tuteladas por una instancia superior que absorbe, unifica, divide, vomita y reabsorbe todos sus elementos, transfigurándose continuamente. ¿Quién, qué nos desafían a que lo veamos y le pongamos nombre a lo que mueve todo el cordaje? Es la voz incólume, la palabra final, el juicio en última instancia de carácter ontológico que transita por los medios de comunicación, que se ramifican en distintas tipos de comunicaciones, incluso creciendo no solo por la llamada conectividad sino por la repartición molecular de segmentos de palabras que vienen de millares de millares de terminales donde uno que duerme reemplaza al que recién se levanta, usuarios muchas veces suscriptos a los diarios con nombre de fantasía, representando la utopía ausente de sí mismo. Y todo eso se categoriza, y en esta división de los átomos, alguno llevará nuestro nombre, pues sabían que deseábamos un café. Suele ocurrir que alguien sea señalado como troll, preventivamente, enredándose entonces toda la madeja de intercambios en serie, pues aunque no lo descartamos, se hace difícil componer comunidades en esos ámbitos. Todos pueden ser trolls y todos pueden demostrar que no lo son.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em> </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La voz última de lo justo</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Por qué es un problema el caso de quién da la campanada de la voz Jurídica última, en los temas que sientan precedentes y atraviesan toda elucubración judicial a la espera de la postura y decisión definitiva? Es un tema antiquísimo y a la vez de suma actualidad. El poder no tiene contornos, instituciones ni reglas. Es una señal impalpable que se sorprende de verse creado y urgido de espacio vital. Por eso, aunque es brutal y quiere seguir siéndolo, siente sin sentir, pues el poder es una forma de lo indeliberado, que tiene que aceptar normas, porciones, segmentos y relaciones entre todos esos trozos que se controlan mutuamente y conspiran entre sí. El poder acepta esa fragmentación pues su esencia real, que es conspirativa, se conserva en cada una de las instituciones en que fue repartido. Todo político llega en verdad a la culminación de la comprensión de su tarea cuando percibe que hay una tosquedad del poder en tanto complot, que las instituciones suavizan, pues el mismo poder las requiere ficticiamente apaciguadas, pues si algo conoce, es su temple para el ensañamiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las tramas institucionales conocidas, sean las monarquías, los regímenes comunalistas, las democracias con autoridades presidenciales fuertes, las democracias republicanas ultra condicionadas como las nuestras, los reinados dinásticos, el febril soberano, los obsesivos imperialismos, nunca dejan de tener raspones entre los parlamentos y las monarquías, la monarquía, los príncipes y los papados. Dante escribió la <em>Divina Comedia</em> en medio de uno de estos conflictos, entre güelfos y gibelinos.  Las guerras se efectuaron ya sea por incongruencias en el armazón institucional -dinastías contrapuestas, emperadores y cardenales celosos de sus fueros, príncipes nuevos y antiguos principados, republicanos sociales y monarquías-, mientras se formaban lentamente las instituciones que lograsen superar el conflicto y generar naciones y a la vez nuevos imperios, y caídos estos, otra vez nuevas naciones. El sistema jurídico -sea el de las inquisiciones religiosas, o entidades filosóficas representadas por corrientes de pensamiento o sabios notables reinando en el silencio de sus gabinetes-, se expresaban ya sea en torno al derecho natural como fundador de las instituciones estatales que lo custodiarían sobre la base de que es la pugna de todos contra todos el factor originario que hay que suturar, o el contractualismo , donde es preciso una mediación de un mecanismo de acuerdos entre individuos y un todo que los individuos readquieren como un manto protector que los contiene como entes indivisibles, para a la vez garantizar la naturaleza de lo humano originario, basada en impulsos comunes inescindibles o en el imperio de un impulso posesivo de lucha en favor de cada singularidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El problema del origen, mantención, renovación del poder, ya es de por sí una singularidad fenoménica que apenas se le pone límites se crean nuevos poderes que estarán siempre en la inminencia de que se precisen nuevos límites, por lo cual es el poder siempre un acto abierto, que se mueve aparentemente en la irregularidad de un límite que produce incesantes mutaciones, cepas invisibles que parecía imposible dividir y subdividir el poder. Sin embargo, la candidez de Montesquieu vio esta repartición más fácil de la crudeza inestable en que se hallaría siempre el movedizo e indeterminado poder. “No hay libertad, si la potestad de juzgar no está separada de la potestad legislativa y de la ejecutiva”. La Revolución Francesa tuvo su Consejo de los Quinientos y su Consejo de Ancianos como suerte de poder judicial inspirado en la venerable Grecia. Napoleón arrasó con esta representación multitudinaria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero el problema no es la fluctuación que caracteriza permanentemente el ser histórico y político -de modo de no fijarse en ninguna institución que parezca un gobelino que lo asiente en tal o cual cuadro de muy firme textura-, sino la disputa permanente que hay en una sociedad respecto a quien detenta la palabra final, la voz que lo se sanciona como justo en un modo que lo que se imponga, se lo haga con una fuerza objetiva, surgida de la soberanía popular, surgida de elecciones, o por aclamación, o del consejo de guerreros o de sabios, y porque no, del Consejo de los Quinientos antes de la aparición taumatúrgica del Jefe. Alguna legitimidad, de las tantas que estudió la filosofía política, tiene que haber para justificar estas situaciones, puesto que la legitimidad, en su último grado, es la existencia de ella misma demostrada por su propia existencia tautológica. El verdadero secreto del poder es que todas sus formas son legítimas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-xaTNz9s9CYs/U_ns_Ef597I/AAAAAAAAHvQ/MIby6nNk3Zc/s1600/pf.jpg" alt="Seminario de Teoría Constitucional y Filosofía Política.: Justicia y poder político" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>República y complejos supremos de poder</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuántos presidentes se retiran de sus sufridos mandatos, por más contrapuestos que fueran en su sentido real, admitiendo que el poder les fue escurridizo, que nada indique que con lo que se tiene, mucho es lo que se puede hacer. En 1961, Eisenhower indicó un gobierno que estaba en las sombras del “complejo militar-industrial”. Nada de “controles cruzados”. Cristina Kirchner, en la otra punta, deslizó alguna vez que un presidente tiene más o menos el 25 % del poder. Es cierto que no hay porcentajes de poder. Hay un poder furtivo, pero con sus estamentos bien clavados, que ahora podría llamarse “complejo financiero, comunicacional y jurídico”, que se separan de la “división de poderes”. El poder que se divide es el poder tranquilo, dialoguista, comprensivo. El otro no tiene límites ni los conoce, procede por impulsiones cavernosas, lenguajes cifrados, logias permanentes o de ocasión, sabe lo que hace pero no quiere saberlo, actúa robándole a la justicia la venda que le tapa los ojos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El poder así llamado no puede no tener legitimidad, pues ésta no es la forma sutil de una creencia teológica, sino el craso realismo de lo que da por existir de forma arbitraria y duradera. Es la democracia la que debe luchar todos los días por el plebiscito de la legitimidad, pues de por sí, ella nace desnuda y a veces, revolucionaria. Lo contrario es u grupo militar que con una proclama ardiente inventa su legitimidad. ¿No vienen a restaurar la moral? Un grupo militar que se hace cargo del poder reuniendo todas las funciones constitucionales, que sustituye por las suyas propias, como ocurrió en la Argentina en 1955, 1966 y 1976, donde la determinación en última instancia era el poder armado, a su vez dividido no por conflictos y competencias republicanas sino por la determinación de las tres armas, de tierra, mar y aire. Cuya “legitimidad” podrían estudiar en un Carl Schmitt, al que no conocían. Con seguir la argucia, estos señores crearon “Consejos de asesoramiento legislativo”, “Estatutos” y “Actas del Proceso de Reorganización Nacional”, y mantuvieron jueces informales o maniquíes aparienciales, mientras el poder final sobre la vida y la muerte estaba sometido al juicio de prebostes clandestinos, tomados de la inspiración que siempre brinda una ya antigua rama de los estados, las acciones sigilosas llamadas “de inteligencia” y los servicios secretos con sus patrullas asesinas que suprimen nombres y cuerpos. El grado cero del poder. Estos tienen “licencia para matar”, siquiera en juicios sumarísimos secretos sino ejecución en el acto ante mera sospecha, lanzamiento masivo de cuerpos al río y matanzas de personas en descampados, sin posibilidad de escapatoria, al contrario del famoso episodio que contó Walsh. De aquella época a esta aumentó la cantidad de sangre y de ilegalidad que podía tolerar el Estado visible, con sus ceremonias de izamiento de la bandera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em> </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Pequeña historia de la facultad de juzgar</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para hacer la verdadera historia de la facultad de juzgar en la Argentina hay que tomar, sin dejarse tentar, tanto por los esfuerzos de Vélez Sarsfield de replicar los códigos civiles de países poderosos, y de Alberdi por hacer literatura de avanzada, aunque con un conjunto de injustificables prejuicios raciales e ingenuidades sobre la situación internacional, tan bien escritas como penosas. Hoy tenemos la siguiente situación sobre quien es el poseedor de la palabra final sobre los temas cruciales del dominio de las redes y subredes del funcionamiento del país. Con instituciones totalmente deformadas por lo que llamaremos la acción del poder, que siente como enemiga cualquier ley ajena a su productividad exenta de responsabilidades sociales, no puede ejercerse la vía pública de la administración de justicia. Las únicas que acepta el poder que se pone sus límites, que son sus deseos y su ansia de ser ilimitado, son las leyes que se transportan “debajo de la mesa” a las Cortes y Agencias de Sentido, por más que éstas juren solamente otras leyes, las que son públicas y pertenecen a la constitución que les inspira un profundo escalofrío de ambigüedad. Dicen defenderla y vienen a destruirla.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://media.historiahoy.com.ar/adjuntos/231/imagenes/000/012/0000012207.png?0000-00-00-00-00-00" alt="El diario Crítica, La voz del pueblo | Natalio Botana, Aramburu, Agustín P. Justo, argentina, Historia Argentina, Jorge Luis Borges, Yrigoyen, Uriburu, Perón" /></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El diario Crítica, un ejemplo</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En un período histórico que ya ha cesado, la palabra final de un juicio se disputaba entre las Armas, la Corte y los Medios, pues aún estaba vigente el espacio público con precarias regulaciones con contrapesos y equilibrios cruzados, tal como ahora nostálgicamente se dice. El periodismo pugnaba por la primicia, creía aún en los hechos que suceden “fuera de las redacciones”, pero no necesariamente el orden judicial estaba entrelazado por lazos íntimos y secretos con el orden periodístico. De algún modo lo demuestra <em>Crítica</em>, el gran invento de Natalio Botana, un periodista uruguayo perteneciente a una familia del Partido Blanco -derrotado militarmente a principios del silgo XX-, que actuaba efectivamente con técnicas de guerilla periodística. Con <em>Crítica</em> llega a tocar la fibra profunda de criminalidad yacente en todo grupo apretujado en una gran Metrópolis. Botana iba de la denuncia a los crímenes de la policía -que fraguaban escenas, también las fraguaba Botana-, y mientras buceaba en la idea de una sociedad cuyas cuerdas internas tenían que ser reparadas, se iban integrando al diario los intelectuales y escritores más famosos dela época. Borges dirige en los años 30 el célebre suplemento cultural “Multicolor”, González Tuñón escribe un poema apologético a la máquina impresora recién importada, la Hue, el joven capitán Perón va a buscar los diarios a la sede de la redacción, garantizando el reparto, pues se avecina el Golpe de Uriburu y <em>Crítica</em> es su vocero popular, y <em>La Nueva República</em> de los Irazusta, su columna ideológica. El edifico de <em>Crítica</em> está sobre la Avenida de Mayo, su magnífica fachada Art Decó lo hace uno de los más atractivos de esa Avenida. Hoy lo ocupa una repartición policial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Crítica</em> entraba en clima de época donde brillaban los signos del ascenso racista mundial, Yrigoyen era un plato apetitoso para un golpe militar, Lugones era su rama literaria, Gálvez, luego arrepentido, ya había trazado líneas programáticas más corporativistas, y antes había promovido la quema de imprentas anarquistas. Durante el yrigoyenismo el ejército había estado activo en las represiones de los conflictos sociales en todo el país, se contaba con una literatura corporativista -el rechazo a los acuerdos petrolíferos con la empresa soviética era el signo “Carrió” de la truculencia del momento-, y estaba en medio de una crisis económica mundial. La palabra “coima” estaba en boca de todos. Incluso Arlt había escrito una aguafuerte mordaz. Como es sabido, la Corte Suprema avalará el Golpe. El diario <em>Crítica</em>, que es zigzagueante y husmea todas las atmósferas políticas, va cambiando de opinión. Quiere englobar todas las atmósferas políticas y comienza a hacerlo como anfitrión de artistas e intelectuales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algunos militares y civiles yrigoyenistas intentan varias insurrecciones. La más famosa es la de <em>Paso de los Libres</em>, que cuenta con el poemario épico de entonación gauchesca de uno de sus participantes, el yrigoyenista Jauretche. Botana acoge al muralista mejicano Siqueiros, que había participado de las reuniones culturales de Botana. Su mural <em>Ejercicio plástico</em>, pintado en la residencia en Don Torcuato de Botana y Salvadora Mediana Onrubia, señala un hito fundamental también para el muralismo argentino, pues son muchos los artistas argentinos que colaboraron con él. Ahora está en el Museo del Bicentenario, motivo de un discurso de Cristina ante el presidente mexicano Calderón, que escucha esta historia sin parecer que estaba demasiado enterado de ella. Uno pocos años después, Siqueiros participó del sangriento atentado contra Trotsky, refugiado en Coyoacán, México. Este gran muralista partisano se enrola en las filas de la república española, mientras Botana reorienta su diario apoyando también a los republicanos españoles. Cuando abandona la posición golpista tiene como eje la crítica a Lugones, no a Leopoldo, sino a su hijo Polo, comisario policial encargado de la tortura al militante de izquierda. A página entera, Botana denuncia a Polo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Periodismo acorazado</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como podemos ver, en esta sucinta mención de un puñado de hechos, la gran prensa se inmiscuye en los hechos políticos y jurídicos, pero conserva una posición anterior a ellos, no necesariamente los anticipa ni planifica previamente las acciones. Desde luego, es posible decir, como afirmó la ex presidente Cristina Kirchner, que “antes intervenían militares en los golpes y ahora una coalición de la prensa con la justicia”, pero a estas afirmaciones fundamentales se les pueden hacer algunas puntualizaciones, que acentúan aún más su importancia. Nunca los periódicos, desde en siglo XVII, dejaron de intervenir en las campañas políticas y millares, incluso orientándolas. Daré tres ejemplos que nos competen totalmente. 1806: el diario que salía en Montevideo financiado por la fuerza inglesa de ocupación que había tomado la ciudad ese año, no era un simple boletín. <em>La Estrella el Sur</em> (<em>The Souhtern Star</em>) era un periódico moderno para la época, propagaba la libertad de comercio y de culto, glorificaba a la Almirante Nelson, y combinaba relatos históricos con propaganda comercial. Había poesías de jóvenes montevideanas. Era un órgano militar, pero redactado por civiles y encuadrado en lo que hoy llamaríamos con cierta ligereza la “Batalla cultural” para tomar Buenos Aires.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la guerra Española-Norteamericana de fin del siglo XIX, final del Imperio español en América, ocurrió la explosión del Acorazado Maine en el Puerto de La Habana, probable maniobra norteamericana, igual que la que se empleó para iniciar la guerra de Vietnam seis décadas después; fue cubierta de inmediato por la cadena Hearst de periódicos, quitando toda duda de que fuera casualidad o autoatentado. Ese episodio, seguramente calculado, precisaba complementarse con la capacidad de brindar una narración coherente, patriótica, sensacionalista de lo sucedido, incitando a la guerra. Todos los hechos se habían producido bajo inducción norteamericana, faltaba que la fábrica retórica hilara los sentimientos populares. La Cadena Hearst sigue actuando en Estado Unidos, con canales de televisión, decenas de diarios digitales, y revistas de todo tipo, con <em>Mecánica Popular, Harper´s Bazaar, Esquire</em>, donde escribieron Truman Capote, Norman Mailer, Scott Fitzgerald y fotografió Man Ray. Gravedad histórica y delicada inocencia de las más relumbrantes escrituras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Claro que ninguna de ellos tiene que ver con la guerra como no lo tendría que ver algún un artículo de o sobre Ricardo Piglia publicado en la <em>Revista Ñ</em> de <em>Clarín</em>. Un suplemento cultural nada tiene que ver con las políticas de difamación y acciones denigrantes planificadas y revestidas de “aparentes noticias” por el cerebro central del “Multimedio”, pero algún historiador de la antigua escuela de las “mentalidades” francesa, hurgaría incómodas relaciones sin que deje de reinar cierta inocencia, material indispensable de toda historia. Pero aquí tenemos un principio de cómo las viejas normas republicanas de la partición reequilibrada y el control mutuo entre los poderes de estado han quedado sin efecto o librados a su suerte durante todo el siglo XX y hacia adelante. ¿Cuándo sucedió lo que llamaríamos el punto nodal de esa sustitución de la voz en última instancia en una sociedad, antes confiada y basada jurídicamente en la interrelación de la Corte, el Debate Parlamentario y la decisión Presidencial? No es fácil la respuesta pero es necesaria y se puede arriesgar una hipótesis basada en el colapso de un cuerpo institucional que asegura tener sus partes ensambladas equilibradamente -sea concebido como organismo, estructura, o constitución-, y de repente una de las partes, que por comodidad numérica u ociosidad teórica se había desbocado, se la llamó <em>cuarto poder</em> -lo que hubiera aterrorizado a Montesquieu, o a Tocqueville-, sin dejar de reírse por lo bajo de la equívoca denominación de lo que lejos de ser de “cuarta”, adquiría primacía en los usos de imágenes y lenguajes de la vida cotidiana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>¿Cuarto poder?</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ese Cuarto Poder, con su facilonga enumeración, tomó a su cargo todos los elementos de juicio, los que ya tenían la crítica literaria, el idolatrisimo moralista, las noticias de turf, las recetas de cocinas y el horóscopo, pero asumió también funciones inquisitoriales que llamó “investigación periodística”, con un sentido diferente, más bien lo contrario, de lo que había hecho Walsh pensando que el escritor desnuda la tramas secretas del Estado, primero con el propósito de asentar un reclamo de justicia que el Estado inhibe, segundo para inscribir un documento perdurable en el tiempo que ligue justicia a escritura. En cambio, cuando aquella investigación ya no era hecha por un individuo solitario que debía cambiar su identidad porque también era perseguido, se llamó “operación periodística” y una que otra corporación -sea judicial, sea mediática, sea empresaria-, la sostenía. Con la revolución de las redes de internet toda comunicación ya nace como una escucha clandestina o una operación de prensa, a pesar de ella misma, pues también contiene principios altruistas, una y otra vez sofocados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero me apercibo ahora que me falta otro ejemplo de los tres que enumeré más arriba, tratándose este caso, ahora, de la gran disputa entre Sarmiento y Alberdi inmediatamente después de la batalla de Caseros (1852). Creo que es la polémica más importante de la historia nacional, que es corta en sí misma pero larga en este tipo de disputas. Los temas allí tratados son muchos, pero interesa uno en particular. ¿Cómo y quién ganó la batalla de Caseros? Como se sabe fue un enfrentamiento con veinticinco mil hombres de cada lado. Urquiza tenía detrás el Ejército Brasilero, bajo la mirada del astuto Duque de Caxias. Un cansado Rosas, tenía una tropa desorganizada, y sin acuerdo entre sus principales generales. La disputa no es sobre esta cuestión, que desveló a rosistas, antirrosistas, nacionalistas y liberales. No, Sarmiento decía que la batalla la ganó la Prensa. Alberdi lo llamaba a la realidad. ¿Cómo despreciar un Ejército activo, mayormente compuesto por gauchos, en nombre de la acción de las letras? ¿No son siempre, en última instancia, las armas? Es que Sarmiento, que desde el comienzo intriga contra Urquiza, dirige el Boletín de Ejército, narra con toda clase de intrigas las acciones militares, adjudicándose triunfos parciales. Para Sarmiento eso era crear “sentido común” en la campaña, adicta a Rosas, sin lo cual el ejército invasor de Buenos Aires no hubiera podido prosperar. La actualidad del debate entre ambos escritores no se puede negar, en su importancia añeja y en su decidida oportunidad. Pocos años después, Alem diría “la batalla la hicimos con la prensa y un fusil”. Se refería al levantamiento cívico militar de 1890, la famosa “Revolución del Parque”. La prensa a la que se refería era el periódico humorístico <em>El Mosquito</em>, que con sus grandes caricaturistas desprestigiaba sistemáticamente al gobierno de Juárez Celman.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> <img decoding="async" class="aligncenter" src="https://i0.wp.com/distintamirada.com/wp-content/uploads/2015/07/CIUDADANO-KANE-PRINCIPAL-DEF.jpg?fit=1600%2C800&amp;ssl=1" alt="Ciudadano Kane – distintamirada.com" /></em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El periódico como “organizador colectivo”</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como se percibe, es antiguo el problema. Pero sería adecuado, en una suerte de genealogía vecinal, apreciar cuándo la prensa comenzó a asumir más visiblemente su función judicativa, su función educativa y su función parlamentaria. Para eso hay que dar varios pasos más, que exigen un estudio de pormenores y detalles que aquí no sabríamos comprimir de modo más útil o provechoso. Diremos unas pocas cosas más. Tomando experiencias que antes habían pertenecido a las izquierdas (“el periódico como organizador colectivo” o “como andamio del partido político”) las instituciones que producen escrituras podían disputar con las instituciones con reglamentos escritos. La Radio, partir de los años 30, parecía amenazar menos a la política parlamentaria y de plaza pública, porque en su fondo último, colaboraba y le daba mayor envergadura a algo conocido desde los más lejanos estratos políticos de la antigüedad clásica: el tribuno de la plebe, el encanto de las voces que debían adquirir los distintos tonos de alegatos en el ágora -tal como sucedía en los foros judiciales-, y así, pasados los siglos, triunfaba en la radiofonía un hallazgo: “el amigo invisible”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jugando con el misterio de la voz, aun cuando las revistas ilustradas contrapesaban esa invisibilidad satisfaciendo la necesidad de dar a conocer los rostros asociados a esas voces en revistas eufóricamente llamadas <em>Radiolandia</em>, en una de cuyas famosas tapas sale una “estrellita en ascenso” -según la lengua que narraba los avatares de un ídolo-, de nombre Eva Duarte. El filósofo Carlos Astrada saludó la Radio porque permitía volver al Tribuno de la Plebe, a la fenomenología de la voz, y la rivalidad entre la voz y la escritura fue un gran tema filosófico en la segunda mitad del siglo XX. Ya en los años 30 había comenzado a desdibujarse la membrana tan frágil que, pareciendo lo contrario, separaba la noticia efectiva de la invención ficcionalizada de la noticia. Ocurre notoriamente con la transmisión de la radionovela <em>La Guerra de los Mundos</em> con la cual Orson Welles logra quizás involuntariamente, fusionar relato radial y realidad, intuyendo que ese efecto se produciría a pesar de que se advirtió desde el comienzo de la transmisión que se trataba de una ficción. El “radioescucha” quiso sentirse de verdad invadido por marcianos, hecho que aun parece que faltan varios años para que suceda, aunque los medios de comunicación persisten en ese juego, gracias a la Nasa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este hecho es una tendencia que se sigue manifestando de diversas formas, ya mucho más despojadas del efecto artístico que procuró Welles, al igual que <em>Ciudadano Kane,</em> el director del periódico que oníricamente trataba de instalar la omnipresencia de la meta ficción periodística en todo el mundo real. Con la Televisión y con las ahora llamadas redes, la fragmentación, la superposición, el recorte, la multiplicidad caótica de montajes, la atemporalidad de las imágenes, el ambiente irreal del “piso”, las pantallas divididas con título en los jubilosamente llamados zócalos, que anulan en muchos casos lo que se escucha, los avisos de último momento, que trituran el tiempo y esa es quizás la función principal de los “medios”-, un desquicio que es el verdadero espectáculo, si se quiere, un formalismo inadvertido. Consiste éste en una inyección tras otra de suero icónico, que pueden contrastar lo que un personaje dijo días pasado, o hace 20 años, con lo que opina hoy, todo lo contrario de la ilación anterior. Este puede ser un momento culminante del juicio por jurados -vieja institución jurídica-, que la televisión representa cuando juzga a los concursos de baile, de gastronomía, “de preguntas y respuestas”, o de interrogatorio a los políticos, que cambian su rol de “diputados” por el de “panelistas” con total felicidad. Las frases son medidas tanto por su tiempo de duración como por la audiencia que generan. La audiencia o “tendencia del tema” no existe de antemano, es un sistema de captaciones capilares, momentáneas y subrepticias, a las que un conocido cómico de antaño sintetizaba en uno de los tantos momentos en que la televisión se burla de sí misma para desnudar su mecanismo y proseguir con más ahínco su faena. Ese recordado personaje usaba la expresión “no toca botón”.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>No toca botón</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, está previsto tocar el botón, pues el llamado zapping -todo comportamiento fijo y todo intento de burlarlo ya está previsto-, permite que se obtenga una multiplicación de los montajes y los ritos verbales, produciendo el <em>maremagnum</em> con los desfiles de modelos entremezclados de publicidad de latas de conservas y la publicidad de cerveza con modelos entremezclados a un editorial político punzante o vituperante, dentro del régimen de fiscalía acusatoria. La falta de cualquier consistencia ontológica hace que la repetición etérea de arquetipos termine siendo atractiva, porque en el fondo, lo que se está haciendo es juzgando un conjunto muy amplio de hechos, en principio, juzgando a las mismas instituciones de juzgamiento, sean científicas, académicas o judiciales. El sistema es más complejo, al asociarse el periódico (que sigue manteniendo el prestigio no agotado de la escritura), con televisión, internet, redes, radiofonía, en un par de monopolios, con ramificaciones internacionales, y donde “usted también puede ser periodista”. Hay diarios que ponen imágenes para que millares de comentaristas anónimos las injurien, como en los parques de diversiones con el tiro al blanco, o que triunfe una suerte de intimidad que deja de serlo cuando una serie de “feliz cumpleaños” atosiga los mecanismos de recolección de datos. Una suerte de oficio de cartonería digital donde todos los días un caleidoscopio propone nuevos “formatos” que no son otra cosa que un reciclamiento permanente y abismal de residuos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como todo esto es un simulacro doble del funcionamiento de las finanzas -el nerviosismo del tiempo futuro- y de la justicia -el juicio instantáneo-, es lógico que las antiguas y húmedas paredes de los sistemas institucionales estén todas penetradas por lo que se va erigiendo en la voz del enjuiciamiento real, que no deja otro remedio a las milenarias institucionales políticas, que se dedican en buena parte de su tiempo a golpearse a sí mismas, que acomodarse a la nueva situación, basando su nuevo poder en la misma medida en que pueden disputar -con el porcentaje que les resta-, los esquemas de verdecito que surgen del formateo visual o de las tendencias dominantes que crea la televisión (que no es una “paleo televisión” como creía Eliseo Verón) desde sus gradas tribunalicias. Claro que hay excepciones, pero nada impide que hoy deban pensare nuevas formas de uso de las herencias y legados de las prácticas en la universidades y escuelas de todo tipo, en especial las de comunicación social. La “Ley” ha mutado su llamado a la interpretación por un uso específico tomado de las comedias de la industria cultural de masas, donde el tiempo televisivo al promover la pérdida de todo peso existencial, permite desdecirse, juzgar con un menú a la carta y forjar declaraciones fraguadas, que pasan a ser ciertas a pesar de que quien las fraguó confiese haberlo hecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay mucho más para decir de todo esto, que es un abandono al consumo masivo de signos a las instituciones políticas -por más desfallecientes que estén- y la sustitución del juicio arbitrado por argumentos que se abren a la discusión a través de una comicidad denigrante, llamándose a esas prácticas como “Intratables”, “Imperdonables” o “Impertinentes”, según el publicista que se tenga a mano. Lo que ha sido vulnerado por las nuevas tecnologías de información -aun con los nuevos nombres que les infringe, como “economía del comportamiento”, que es lo último que he escuchado-, implica la creación de una sociedad donde lo humano es un factor experimental donde el reemplazo de la política por la ciencia como espectáculo, presenta un panorama desolador.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://notasperiodismopopular.com.ar/wp-content/uploads/2021/03/Dise%C3%B1o-sin-t%C3%ADtulo-2021-03-04T194522.326.jpg" alt="Puntos clave del alegato de Cristina Fernández de Kirchner | Notas" /></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El discurso de Cristina</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quedan afectadas al mismo tiempo la política, la ciencia, la vida en común, al arte, la lengua. Contra todo esto, nos parece, se dirigió el discurso de Cristina Kirchner mirando a los ojos a un denominado “Juez Petrone”. En realidad, le estaba mirando los ojos a todos los aparatos de comando de una grave anomalía que afecta la sociedad, el deterioro institucional, la creación de nuevos estados materiales de agresividad sistemática con los restos del antiguo estado, y el ultraje hacia la verdad, que es el profundo acontecimiento que sucede en el interior del lenguaje. El último discurso de Cristina Kirchner, sin dejarse de mencionar el anterior de Alberto Fernández, pertenecen a un género que todavía nos hace pensar que es posible desligar el juego institucional (que hay que renovar) de estas cárceles conceptuales mediáticas, de simulacro y aturdimiento. Lo que se llamó controles cruzados es apenas un comienzo. La mirada fija, el alegato condenatorio a los jueces en las sombras, constituye también una forma de cuestionar el peso inútil del papelerío fraudulento con la gravidez de la voz del tribuno de la plebe, Cristina hablando desde el Monte Aventino del Senado de la República.  </span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 8 de marzo de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional.</span></p>
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		<title>Poder y democracia &#8211; Por Ricardo Rouvier</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Apr 2021 23:00:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Rouvier]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El sociólogo y analista político Ricardo Rouvier afirma que con el neoliberalismo la democracia está en cuestión ya que es una institucionalidad que cohabita con mayor o menor compromiso con el poder formal y también con el poder real, al que oculta mientras deja que la política sea comprendida sólo por la legalidad.  </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El sociólogo y analista político Ricardo Rouvier afirma que con el neoliberalismo la democracia está en cuestión ya que es una institucionalidad que cohabita con mayor o menor compromiso con el poder formal y también con el poder real, al que oculta mientras deja que la política sea comprendida sólo por la legalidad.  </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Rouvier*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De lo que se trata es de comprender el mundo contemporáneo, especialmente si lo que uno quiere es transformarlo. El peso del siglo XX sobre nuestras espaldas es muy potente y cuesta avanzar con la deconstrucción que requiere definir una visión. Además, la historia sigue mostrando una dinámica de espiral ascendente en que cada etapa tendría elementos de la anterior, y otros que anuncian lo nuevo. La evolución se hace palpable en la materialidad de la innovación, si dejamos de lado aspectos que tienen que ver con la subjetividad en materia de felicidad colectiva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El corazón del sistema es aquella vieja institución conocida como la propiedad privada de los medios para generar riqueza, que desde su origen ha fundado la desigualdad, que se mantiene y se ahonda al punto que según la ONG británica Oxfam dedicada a la caridad, afirma que las ocho personas más ricas del mundo acumulan más riqueza que la mitad de la población del mundo más pobre, unos 3.600 millones de personas. No es exagerado señalar esto como un desastre humanitario, del cual la cultura ha creado la filantropía como una forma de que los ricos agraden a los dioses.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Uno de los aspectos destacados en Occidente es la democracia tal cual la conocemos, destinada a armonizar los intereses del mercado y la supervivencia del  Estado. Se expande desde la segunda guerra mundial, y funciona para el orden del espacio público, que pertenece a  un sistema más complejo, en el que se cruzan luchas por el sentido y determinaciones entre lo económico, lo jurídico y lo  político. El Estado no es el reflejo idéntico del poder real, pero afirma su existencia en la ley y la fuerza mientras subterráneamente la competencia y la concentración se realizan por detrás de la democracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La metáfora arquitectónica marxista de infra y superestructura ya no es un instrumento pedagógico eficiente (Gramsci la abandonó en 1931), pero eso no significa que no  se tengan en cuenta, en estas reflexiones, algunas categorías de análisis y relaciones intrasistema que provengan de esa fuente. El objetivo es lograr un diagnóstico profundo y objetivo, que no prescinda de la ideología del observador pero que haga un esfuerzo por lograr una mayor aproximación. Decimos ideología como proyecto del mundo, como destino; evitando acomodar la realidad a nuestras ideas previas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El desafío del siglo XXI obliga a otros mecanismos, otros dispositivos para entender la actualidad; y debería fundar una nueva praxis política. Las preguntas por la lucha de clases o  por el sujeto de la emancipación, son categorías en estado de problema, y  que son planteadas por el posmarxismo. En los casos de Laclau y Dussel, retornan al concepto pueblo desalojando la lucha de clases como motor principal. Emerge también  un conocido interrogante: ¿El uso de la democracia formal permite un escalamiento reformista a partir de la participación y las organizaciones populares? ¿La lucha democrática es insuficiente? ¿Y si lo es,  cuál es el camino?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La crisis democrática en todo Occidente supone la desilusión de una de las obras más preciadas de la civilización, al punto que por agotamiento dentro del subsistema político se alzan voces desde la extrema derecha. Aparece algo llamado, por algunos analistas, como “Autocracia Electiva”, que supone un fuerte centralismo, continuismo y un debilitamiento de las instituciones para el debate. Sospechamos que detrás de esta novedad se preparan nuevos ataques contra el populismo progresista en América Latina. Hoy, en Europa, la ultraderecha está presente en cinco gobiernos y 22 parlamentos de la alianza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por debajo de lo político &#8211; como administración del Estado y posicionamiento de fuerzas sociales y políticas &#8211; está  el poder real no visible, y el poder real maneja el mecanismo de creación de riqueza ampliada, y eso surge de la propia inmanencia del capitalismo.  Una de las promesas incumplidas de la democracia liberal según Norberto Bobbio, es la eliminación del poder invisible, o también llamado doble Estado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A pesar de esto, la democracia es preferida por la gran mayoría, pero no logra que los ciudadanos se entusiasmen con ella al punto de participar. Al contrario, la norma tácita es que cuando los hombres y mujeres ganan la calle e intervienen, la democracia está en peligro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No cabe duda que una sociedad desigual y la sospecha colectiva de la existencia de otros poderes distintos a los que aprendemos en la escuela, llena de desconfianza el vínculo del ciudadano/a con la sociedad política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En nuestro análisis, si bien tratamos de evitar el determinismo económico, no se puede negar que la modalidad de creación de riqueza es el motor dinamizador de todo el sistema, y también su incidencia en el subsistema político. A partir de las acciones de presión de los grupos concentrados destinadas a maximizar las ganancias, minimizar los impuestos y proteger la propiedad, el orden político condiciona la libertad de sus ciudadanos a aceptar el reinado del mercado.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.hoyesarte.com/wp-content/uploads/2014/01/Los-senores-del-poder-y-la-democracia-en-Espana.jpg" alt="Los señores del poder y la democracia en España - hoyesarte.com" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la  base del dispositivo hegemónico está también la  cultura correspondiente a una etapa civilizatoria que antes era considerada una superestructura determinada por lo económico, y ahora es considerada una parte indispensable del poder real que naturaliza y otorga justificación al sistema. El sentido común es una parte central de la cultura que produce consensos y reproduce cotidianamente la legitimidad del vencedor. Si no hubiera subjetividad colectiva cooptada por el poder, no habría poder efectivo. El  poder formal  está fundado en el voto universal, en la relación de mayorías y minorías y la alternancia. Y el poder oculto que no va a elecciones necesita también de un consenso que no se expresa en los mecanismos electivos sino en la aceptación por parte de la gran mayoría, de la sociedad civil como connatural. Ahí la cultura, la educación y la comunicación juegan su papel para acondicionar la subjetividad colectiva a los patrones del capitalismo y la meritocracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, produce creencias, relatos e impone costumbres sociales. Inclusive despliega, últimamente, un formidable aparato de servicios de entretenimiento. Se conjugan, se estimulan, todas estas conductas para que la hegemonía se eternice. Antes de llegar al monopolio u oligopolio mediático, el sujeto es reclutado por la sociedad a partir de su domesticación. Y en la socialización primaria se genera que el sujeto crea en su libertad más de lo que realmente tiene. Como el sistema es abierto y cambia (es un error creer que la hegemonía es sólo representada por conservadores. Esa es una tendencia más que integra el bloque dominante, también están los modernizadores) se verifica un notable incremento de las libertades civiles, y una mayor integración social en el mundo. Paradoja entre desigualdad e integración. Sí, es una paradoja de las tantas que presentan las hegemonías en la historia de la humanidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la otra punta del planeta emerge una potencia mundial fundada en el desarrollo económico de Oriente, favorecido por una avalancha inversionista proveniente del capitalismo más avanzado.  Pero hoy dentro de la competencia bipolar mundial, hay en juego dos sistemas políticos diferentes y antagónicos. Así como decimos que la democracia formal no cumple sus promesas, que fracasan los modos de representación, también nos planteamos varios interrogantes respecto al futuro del modelo político asiático a partir del protagonismo creciente de su mercado interno y su incidencia en las relaciones sociales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La actual pandemia y las crisis de las deudas externas de muchos países indican que, a pesar de la grave afectación de los sectores de los trabajadores y pobres, de las mujeres y de los jóvenes y los jubilados, la situación social irá a la cola de la recuperación económica. Hay que restablecer el consumo, y el Estado se ocupará de eso y los oferentes privados presionarán para que ocurra en los países capitalistas de mercado, y en forma mixta en la República Popular.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta no es una época revolucionaria, los caminos están bloqueados y la hegemonía económica mundial hoy transcurre con contradicciones y conflictos, con una competencia bipolar entre las superpotencias. Si cabe la posibilidad de un destino bélico, no lo sabemos, porque el entrelazamiento de intereses entre ambos es también una condición. Otra paradoja: son enemigos y son socios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este escenario plantea a los países periféricos nuevos desafíos para posicionarse en el mundo, ya que no se plantean opciones polares entre capitalismo y comunismo, o entre Occidente y Oriente. Todavía la contradicción entre la República Popular China y los EE.UU, se dirime en el plano más comercial que militar, y no hay desembarcos ideológicos por parte de los asiáticos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La contemporaneidad se estructura en la convergencia de desarrollos históricos globales que abarcan desde la biopolítica hasta la cultura digital. Los países centrales de Occidente siguen ostentando: la libertad de expresión, de prensa, el respeto por los derechos humanos, la defensa de la democracia formal. Son valores constitutivos de las naciones neoliberales; y  EEUU vuelve a enarbolarlos para su posicionamiento estratégico mundial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se dirá que hay falsedades detrás de estos valores; claro que las hay. No hay hegemonía, ni la del siglo XII o del XXI, sin adulteración. La propiedad privada de los medios de producción es anterior a los seis siglos de  capitalismo y es, como dijimos, el núcleo central del sistema y encuentra en la economía moderna la posibilidad de su máximo desarrollo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El individualismo triunfante propulsado por el neoliberalismo desplaza a lo colectivo como sujeto de transformación. La democracia formal sin participación, y en la soledad del cuarto oscuro, realiza este ideal de ciudadano libre y no de comunidad libre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La ideología dominante es el neoliberalismo, una de las identidades que se le asigna es la desaparición del Estado. Cosa que no es tan así porque recurre a él, sobre todo cuando se produce el incendio como en la crisis petrolera de los ´70,  o en la crisis de las hipotecas del  2008 o ahora con la pandemia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Estado ha sido y es un actor principal durante los seis siglos de capitalismo, pero los sectores dominantes no quieren un Estado intervencionista, tanto como que no quieren una comunidad participativa. Ambas cosas reducen el rango del individuo, aunque diría mejor: reducen el margen de maniobra del capital.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La democracia está en cuestión. Es una institucionalidad que cohabita con mayor o menor compromiso con el poder formal y también con el poder real. A este último lo oculta, hace como si no existiera, y deja que la política sea comprendida sólo por la legalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ahora, no hay una alternativa global al sistema sino intentos de reformas para mejorar su desempeño. Hay que decidir si se va a aprovechar la democracia para profundizarla.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 5 de abril de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier &amp; Asociados.</span></p>
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		<title>Democracia y poder &#8211; Por Ricardo Rouvier</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Nov 2021 00:14:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Rouvier]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones legislativas 2021]]></category>
		<category><![CDATA[gobiernos populares]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[poder]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El gobierno no es el poder, esto está claro. Pero, con localizar dónde está el poder no alcanza para transformar la realidad. Ricardo Rouvier sostiene en esta nota que un gobierno de contenido nacional y popular tiende, y eso lo diferencia, a darle lugar a la intervención del Estado, como máxima institucionalidad de la sociedad política, para  atacar o limitar los procesos de concentración y centralización del capital que incrementan las desigualdades y afectan el patrimonio nacional. Pero, además, debe poner en marcha la organización democrática de los sectores populares con el objeto de anteponer poder frente al poder instituido.  Son dos tareas: gestión y construcción política.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El gobierno no es el poder, esto está claro. Pero, con localizar dónde está el poder no alcanza para transformar la realidad. Ricardo Rouvier sostiene en esta nota que un gobierno de contenido nacional y popular tiende, y eso lo diferencia, a darle lugar a la intervención del Estado, como máxima institucionalidad de la sociedad política, para  atacar o limitar los procesos de concentración y centralización del capital que incrementan las desigualdades y afectan el patrimonio nacional. Pero, además, debe poner en marcha la organización democrática de los sectores populares con el objeto de anteponer poder frente al poder instituido.  Son dos tareas: gestión y construcción política.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Ricardo Rouvier*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El camino democrático implica aceptar sus reglas, entre otras, someterse al veredicto de los electores que otorgan legitimidad y continuidad al régimen. El pueblo no gobierna sino a través de sus representantes, reza el distanciamiento propio de la democracia indirecta, que se convierte en una oportunidad de grieta entre las necesidades de las sociedades y su realización. Prueba de este distanciamiento fue expresado por el ausentismo en las PASO; luego, en menor medida en la elección general, y el voto a posiciones iconoclastas de derecha o de izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La escasez no solo define a la economía como ciencia sino también a la política. Las elites políticas se han convertido en una nueva aristocracia en paralelo con la evolución de la acumulación desigual de la riqueza. Y esas élites aportan a la construcción de la&nbsp; subjetividad, que separó masa de pueblo, pueblo de clase, y clase de individuo. Convirtió al sujeto de cambio, en sujeto de consumo, y generó millones de descartados. Para los cuales creó la seguridad social para mantenerlos como tales, y salvar el alma sistémica. ¿Dónde está la escasez, entonces? Está en la insuficiente satisfacción de la sociedad civil con la sociedad política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El Estado y su burocracia dominan los dispositivos de ejecución, aprobación y aplicación de las leyes, y la elección y el procedimiento de los jueces. Este modelo político se estructura en la sociedad civil sobre la base de un contrato implícito, que supone, entre otras cosas, legalizar el triunfo de unos sobre otros. Desde la modernidad, el propósito es evitar la guerra entre todos, por lo tanto la ley es privativa del vencedor. Esto es el gobierno, y como sabemos el poder es otra cosa. Esa otra cosa está en la sala de máquinas del sistema, que asegura la base material, la reproducción y la evolución de cada época: la continuidad hegemónica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por ahora, no hay asalto al Palacio de Invierno, ni Comuna de París (decimos por ahora debido a la posibilidad desconocida del retorno en espiral de la historia). Ese cambio no ha sido aún metabolizado por sectores reformistas que le imprimen revolución a lo que es transformación democrática, y que incluye la posibilidad de construir alternativas intrasistémicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pero, localizar dónde está el poder no significa que la política, la economía, las ideologías, la cultura, la comunicación son un mero reflejo de su causa. Pero su margen de innovación tiene un límite: dichos órdenes no deben poner en cuestión el latido del corazón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El músculo representa la propiedad de los procedimientos de la producción y reproducción de riqueza y ese es el punto vital. La política como las otras estructuras tienen autonomía relativa, como diferenciación de épocas anteriores, lo que permite un juego entre instituciones que es más complejo que antes. Y más complejo que cuando comenzó la etapa burguesa en la historia. La ciencia y la tecnología están a la cabeza del desarrollo y logran satisfacer&nbsp; las demandas de dominación que garantiza los procesos de reproducción ampliada del capital, y los límites de ese conocimiento se extienden según el ritmo de las necesidades. La tecnocracia no es otra cosa que la respuesta desde el conocimiento aplicado a la resolución de los problemas que surgen de la autoproducción del sistema. Los mecanismos de dominación son siempre los mismos: consenso y coerción; pero varían sus modalidades, lo que permite verificar que el progreso existe, usufructuado por algunos y nunca por todos, pero ahí está a la vista de los que no pueden ingresar al sistema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es imprescindible que esta dialéctica entre super e infra, metáfora del marxismo, sea revisada evitando el determinismo, y el economicismo; y avanzando hacia un más profundo conocimiento del poder. Hay una base indudable, inamovible que hemos llamado la sala de máquinas; pero en la cubierta del barco ocurre la conquista o no del gobierno y sus posibilidades actuando dentro de la democracia en que se puede facilitar u obstaculizar el &nbsp;dispositivo de creación de riqueza, que produce y se reproduce sin fin. Si se limita la especulación financiera, si se adoptan posturas autonómicas, se estimularán las distancias entre lo que el sistema promete y&nbsp; el colectivo reclama. O sea, la hegemonía no es el paraíso: hay luchas, disputas, competencia, pero lleva seis siglos de existencia.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Siguiendo con este esquema señalamos el error que iguala a Macri, con Alberto Fernández, o a Cristina en función de la prevalencia del sistema económico de base. Es una ingenuidad suponer que la concentración económica se detiene porque asume tal o cual Partido o Coalición. Sí; hay prevención o resistencia respecto del populismo por parte del poder económico, porque no se abandona el territorio de la ganancia así porque sí.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un gobierno de contenido nacional y popular tiende, y eso lo diferencia, a darle lugar a la intervención del Estado, como máxima institucionalidad de la sociedad política, para&nbsp; atacar o limitar los procesos de concentración y centralización del capital que incrementan las desigualdades y afectan el patrimonio nacional. &nbsp;Pero, además, debe poner en marcha la organización democrática de los sectores populares con el objeto de anteponer poder frente al poder instituido. Son dos tares: gestión y construcción política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hay que construir otro poder instituyente para la toma de conciencia de las energías del país que se encuentran ahogadas (la desigualdad y la pobreza frenan los procesos productivos) por la forma que van adoptando los mercados si uno los deja en estado espontáneo. Eso agudiza la situación de dependencia, gobierne quien gobierne. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es necesario advertir que un peligro real en la evolución reformista es que las instituciones de cambio como las centrales de trabajadores, los movimientos sociales, las organizaciones estudiantiles, culturales, etc., puedan mimetizarse con el desenvolvimiento adecuado de las superestructuras a la telaraña del poder. El límite entre la reforma y la nada es angosta, y esto es peligroso porque la conducta de uno puede ser funcional a su adversario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La derecha o centro derecha se siente mucho más cómoda con el esquema de poder existente, y los mecanismos de construcción de la realidad. La tarea mayor, el esfuerzo mayor, es el de los reformistas y no de los que se sienten en el umbral de su casa a mirar el automatismo sistémico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es un error muy extendido creer que porque accede al poder Alberto Fernández o Néstor o Cristina Kirchner, el modelo neoliberal deja de existir en el país, sin comprender que la sala de máquinas sigue funcionando, y que se detiene si uno rompe las máquinas o les corta la energía que determinan su funcionamiento. Se difunde la idea que la época del neoliberalismo se agota en los cuatro años de Macri, confundiendo lo que es soporte o plataforma del sistema con su producido. Este error subestima al sistema hegemónico, y sobreestima la potencia del subsistema político en el alcance de la transformación. Por eso, es necesario profundizar el estudio del vínculo entre infra y superestructura, discordancia de la historia, lo inarmónico y las contradicciones en los procesos en las fuerzas políticas y sus fracciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un buen ejemplo de la&nbsp; relación entre lo estructural con el subsistema político lo encontramos en “El 18 brumario de Luis Bonaparte” de Marx cuando dice que la Revolución Francesa fue la “<em>gran revolución política de la burguesía que abrió paso al despliegue sin trabas de las relaciones sociales capitalistas, un cambio social cualitativo, determinante, del que ya no se podía volver atrás. Por eso cuando vino la restauración monárquica, no pudieron cambiar las relaciones sociales de producción.” </em><em></em></p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://img2.rtve.es/v/4043368?w=1600&amp;preview=1496274598210.JPG" alt=""/><figcaption><em>Imagen: Liliana Porter.</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El consenso del sistema no es el mismo que el consenso de una propuesta política de una coalición o Partido. Esto último otorga razón al voto; a su encierro superestructural. El voto no es revolucionario, queda dentro de la cárcel de cristal de los consensos de superficie, pero es una parte imprescindible de la democracia, desde donde se puede contar con los dispositivos para acceder al poder subterráneo. Ese es el camino del poder de la democracia hacia el poder real, en tiempos pasivos de la historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por ejemplo: la Economía Solidaria que comprende el cooperativismo y el mutualismo, en alianza con las pymes y las empresariales de origen nacional, pueden constituirse como una fuerza social destinada a evitar la propagación de la que son víctimas: la concentración económica. Este es un interés sectorial que rápidamente adquiere la lógica del interés general. Impulsan la extensión del empleo formal y el desarrollo de las fuerzas productivas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Según información de la agencia oficial <em>Télam</em> (2 de julio del 2021), el cooperativismo representa el 10% del PBI. Sin embargo, no tiene equivalencias en el discurso público, y no solo desde la centro derecha, sino tampoco, en forma suficiente, en el Frente de Todos. Y es una herramienta de acumulación social de poder contra la concentración y la centralización factible de impulsar alternativas dentro de este régimen. Cuando se habla de la Economía Solidaria se la entiende mal como sinónimo de seguridad social, y se está evitando considerar la alternativa de producción y empleo, bajo el cuidado ambiental. Esta inhibición no es casual, es parte de una subjetividad subordinada a la deificación del interés individual. Y verificamos, como si fuera casualidad, que la praxis de cualquier fuerza política va en paralelo con su fuerte personalización. O sea, que la política también se concentra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nos asomamos a las jornadas electorales recientes sabiendo, por lo que hemos dicho, que el camino de las urnas separa al gobierno de los factores de poder que están exentos del veredicto electoral. Esto no impide que muchos votantes concurran a las urnas a elegir un cambio radical hacia la justicia social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El peronismo, con sus variantes, que integra el Frente, es la fuerza política más poderosa que fundó la Argentina moderna, y qué desde la política, dio lugar a la expansión económica y la integración social, a través de la industrialización, empoderamiento de la clase trabajadora, la urbanización; en definitiva, la superación del modelo agroexportador. Generó un sueño revolucionario que todavía se mantiene (aunque su compromiso y nivel merece otra nota) De allí que buena parte del discurso público desde los dirigentes, pero sobre todo de sus militantes, refieren a un Perón propio y amenazan con el trasplante del sistema. Pero, en realidad, el peronismo conlleva en su impronta la promesa transformadora&nbsp; y el desmentido de la misma. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El voto peronista del 14 de noviembre fue el más bajo de su historia. Su componente principal fue el voto kirchnerista que explica el 33,87%. El voto duro ha resistido la avanzada de Juntos y el descenso propio, pero no ha impedido, salvo en la tercera sección electoral, desbordar hacia el interior, incluidos los distritos en que no ganó. Esto pone en peligro el dominio de los dirigentes locales sobre sus territorios y aleja la posibilidad de reforma. El continuo éxito del kirchnerismo en la populosa región bonaerense, ratifica su geopolítica del conurbano, pero también reitera su dificultad para crecer en la olvidada clase media. El peronismo más ideologizado es el que más inhibiciones presenta en pescar en la laguna de al lado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Entre la elección presidencial del 2019 y la elección legislativa del Frente, se registraron cinco millones cien mil votos menos. Más allá que ambas elecciones no son completamente equivalentes, sí se puede decir que la pareja presidencial no pudo retener una parte importante de los votos. Si el peronismo mantiene el 30% es competitivo, pero tiene pocas posibilidades de acceder al gobierno el 2023, excepto si se da una recuperación muy significativa de la gestión del gobierno de AF. Recuperación sería restaurar la actividad productiva, disminuir la desocupación, bajar la pobreza, disminuir la inseguridad y parar la inflación. Todo eso durante los próximos dos años. ¡!Nada menos!!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si volvemos a leer los resultados desde el esquema histórico que hemos desplegado en esta nota, decimos que hubo un voto antisistema que quedó refugiado, como pasa en otros países, en la derecha de corte liberal y autoritaria; con un moderado crecimiento de las fracciones de izquierda. A eso hay que agregarle el significativo ausentismo que expresa la desilusión de parte de la ciudadanía sobre el subsistema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hubo ausencias de propuestas de cambio profundo, porque el escenario estuvo dominado por la coyuntura, y &nbsp;la orientación dominante se focalizó en la gestión y disparó el voto castigo. Hace dos años apuntó a Macri y ahora giró la sentencia hacia el gobierno de A. Fernández. El poder siguió inaccesible y seguro; le alegraron los resultados que ponen más lejos a los que quieren meter las narices donde no deben.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sin duda hay inquietudes de las multinacionales sobre la situación de nuestro país en el marco de la dependencia y post-pandemia; por la reducción del mercado interno, la presión impositiva, la normalización macroeconómica, para mantener o recuperar la tasa de ganancia. La experiencia histórica indica que se hacen negocios con las guerras, con las pandemias y con la recesión de los países también; aunque esos negocios tengan la forma de enclaves acotados para algunos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es indudable que la concentración achica la oferta horizontal de los mercados favoreciendo el avance vertical, por eso muchos países cuentan con una legislación que sanciona los monopolios u oligopolios, de dudosa aplicación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Otra consecuencia de la proyección electoral es que un retorno de la coalición Juntos al gobierno en el 2023 retrasaría las reformas que debe emprender el actual gobierno nacional. Ahora, el Frente que ha estado ocupado en la lucha antipandémica y en la resolución de la situación financiera y económica, y en sus disputas internas, todavía no ha convocado, si retóricamente, a transitar contra la concentración y a favor de la producción nacional, y a una democracia que cumpla sus promesas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Con todo por hacer, el Presidente ha prometido una larga deuda que tiene el peronismo con sus afiliados: el voto. La dedocracia, como el clientelismo y el nepotismo, son modalidades del subsistema político, copiada de la etapa oligárquica que dominaba la superficie de la política antes que llegara el vendaval del ´45.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 26 de noviembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Lic. en Sociología. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier &amp; Asociados.</p>
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		<title>RAYO FASCISTIZADOR &#8211; POR ROCCO CARBONE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Feb 2024 12:05:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[autoritarismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La pandemia creó la condición de posibilidad de esta experiencia lóbrega de gobierno al masivizar la experiencia de sujetos aislados y rodeados de pantallas. Soledades que Milei congregó en una masa políticamente relevante. El poder que nos gobierna anida en la máquina: en la crisis.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/rayo-fascistizador-por-rocco-carbone/">RAYO FASCISTIZADOR &#8211; POR ROCCO CARBONE</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e7c48fe97696bc0ea8f28d611e2fd07f wp-block-paragraph"><strong><em>La pandemia creó la condición de posibilidad de esta experiencia lóbrega de gobierno al masivizar la experiencia de sujetos aislados y rodeados de pantallas. Soledades que Milei congregó en una masa políticamente relevante. El poder que nos gobierna anida en la máquina: en la crisis.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-173bfd1482c7da3a50ec4458c5b855be wp-block-paragraph"><strong>Por Rocco Carbone*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ac25f1ae52eaf65b99d6479b904067f wp-block-paragraph"><strong><em>Sorpresa y pausa</em>.</strong> Nos vimos obligadxs a hacer una pausa de absoluto asombro ante la perseverancia enloquecida, aunque calculadora, paciente y al mismo tiempo cruel, con que se configuró un gobierno de destrucción de lo popular y de la historicidad inherente a la condición nacional. Esa perseverancia es propia de Javier Milei, que logró expandir un poder peculiar debido a circunstancias históricas extraordinarias -la pandemia y la crisis perceptiva que sobre determinó ese momento singular- que le dieron a su ambición un alcance sorprendente -sospecho, suponiendo acertar- también para él mismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6c54180263e1676338ff3a94249f0e23 wp-block-paragraph"><strong><em>Viejo</em>.</strong> Ese poder es una idea viejísima -más antigua incluso que la experiencia europea clásica- que ahora reaparece hegemónica y debe ser entendida como la alternativa más experimentada a la idea de democracia. Remite a una operatividad política que consiste en la banalización de la complejidad. <em>Banalización</em> no significa simplificación. Simplificar -paradójicamente y no tanto- implica complejas operaciones cognitivas y pragmáticas para identificar lo superfluo y discriminarlo de lo esencial, que es lo que se retiene. Banalizar alude a la misma discriminación, pero lo que se retiene es lo superfluo. La simplificación es inherente a la democraticidad. Ante toda situación compleja, este poder habilita múltiples posibilidades de resolución porque suele convocar ideas concurrentes en estado de disenso y disidencia. Toda situación compleja supone un temor vibrante para el sujeto que la experimenta. Identificar ese temor y convertirlo en mensaje, <em>banalizarlo</em>, es más eficaz que simplificar múltiples ideas para resolverla. La pandemia expandió un enorme sentido de fragilidad: el temor de perder la libertad: la propia libertad inmanente al existir. El poder que ahora gobierna tuvo la perspicacia de poner en palabras ese temor, banalizándolo, y en esa banalización se propagó “Viva la libertad, carajo”, una de las consignas más pegadizas del gobierno “libertario” que insiste menos en la singularidad de esa virtud (la libertad) que en su expresión en singular. El poder del que hablamos puede ser entendido entonces como el exacto reverso de la complejidad inherente a la democraticidad. <em>Complejidad</em> en el orden democrático quiere decir dotar al mayor número posible de personas de una condición ciudadana: de herramientas interpretativas para comprender los núcleos magmáticos de la escena contemporánea -en su perspectiva histórica- y de instrumentos de participación para sofisticar los modos de vida en común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-50037e80498dc08e916eef3fdfc13ce6 wp-block-paragraph"><strong><em>Motivos de ese poder</em>.</strong> Mostrarse generoso con su riqueza o con el producto de su trabajo y propagandear sus actividades filantrópicas (rifar el salario, por ejemplo). No acogerse a privilegios, sacrificar algún beneficio público que se percibe como superfluo. Los cultores del poder del que hablamos saben que deben hacer gestos simbólicos para demostrar que son personas “comunes”. Es muy eficaz declarar que este poder viaja a pie, en transporte público, en bicicleta o en un avión de línea (el alarde con que se comunicó el viaje a Davos). Lo mismo sucede con el sacrificio de la provisión de medialunas y tostados de la Casa Rosada. Es un modo sencillo para marcar la diferencia con el “derroche” democrático. Además, para destruir al <em>enemigo</em> político, el sujeto que detenta el poder del que hablamos sabe que debe señalarlo como ricx privilegiadx que no entiende los problemas de la gente “común”, porque vive en un departamento lujoso de la ciudad, viste joyas, relojes o ropa cara, tiene propiedades inmobiliarias que ningún sueldo podría comprar y ni siquiera sabe cuánto cuesta un kilo de pasta en el chino de la esquina. Estos son puntos débiles para avergonzar a lxs políticxs democráticxs acomodadxs; no porque sean acomodadxs sino precisamente porque son democráticxs. Se trata de una estrategia para asociar el status social del enemigo a su <em>credibilidad</em>. Las masas deben pensar que cuanto más dinero tiene el/la políticx democráticx, menos derecho tendrá a representar a otrxs, porque por definición las masas no tienen dinero. De hecho: “No hay plata”, ¿para quién? Además, en una sociedad cuyo orden político anterior ha tratado de ofrecer a todxs la oportunidad de lograr cierto bienestar material, cualquiera que sienta -más allá de su situación real- no haberlo alcanzado percibirá frustración y bronca. Y estos sentimientos se transforman fácilmente en instrumentos políticos. ¿Ellxs inventaron el fetiche de la igualdad? Y entonces las masas esperarán que sólo esxs políticxs tengan un estilo de vida acorde.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-174642861b83211c56ff79bc9fed0666 wp-block-paragraph"><strong><em>Guerra</em>.</strong> La memoria es un hecho político -lo sabemos- y la memoria del genocidio (de la última dictadura) tiene una politicidad aún más espesa. Por eso vuelven al legado memorial del setentismo, para contrabandear la idea de una “memoria completa” (idea expandida en la figura del vicepresidente) que borre las huellas del horror: que es lo que ellos son. Le han declarado la guerra al presente popular, a los años de la democratización kirchnerista -esto es: culpabilizan a la democracia y a esa estatalidad popular- y a la memoria del horror. El poder en examen así quiere volverse aceptable y disputar el lugar del mayor articulador de la vida política nacional: el peronismo revolucionario. O más bien su legado.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.lanacion.com.ar/resizer/v2/la-legislatura-portena-vallada-ante-protestas-RZCYCCCMSZF3NAWXXIHIADVQ54.JPG?auth=7e3a29473bed8676426565d8aaf1e6ef9bc528c3e846db5254e513aa84ea15b0&amp;width=420&amp;height=280&amp;quality=70&amp;smart=true" alt="" style="width:530px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>La Legislatura porteña: Victoria Villarruel para homenajea a las víctimas del terrorismo. Foto: Pablo Aharonian.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d41e84a0b1f8d63252127ef6174e3f43 wp-block-paragraph"><strong><em>Vicepresidente</em>.</strong> Al configurar el concepto de “memoria completa” -que lingüísticamente parece una pincelada de relleno pero con los matices empieza la contaminación- contamina la memoria popular en procura de deconstruirla y finalmente reescribirla. Esa operación turbia se está expandiendo en un momento muy específico de la vida política nacional y popular: las Madres -ese magno símbolo <em>libertario</em> de la Argentina para América Latina y el mundo- nos están dejando. El poder actual lo sabe. Las portadoras vivas de la memoria del horror antes o después -¡ay!- morirán. Así que ese poder se dispone a esperar y mientras tanto se prepara para recuperar la “verdad” de su pasado. Ya ha empezado retomando la duda instalada por la discursividad macrista acerca del número de compañerxs desaparecidxs. Emponzoñar la memoria popular es el gesto incipiente para purificar la memoria del genocidio, de los vuelos de la muerte, de los campos de exterminio, del robo de bebés, del horror que fue. Y que ahora ha vuelto. El vicepresidente abre entonces una grieta en la narración democrática de la memoria, que es en la democracia misma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-861177e82b4a00977d362282c3666987 wp-block-paragraph">¿A la base de sustentabilidad <em>juvenil</em> del proyecto del presidente Milei la democraticidad logró inculcarle la eticidad inherente a Memoria, Verdad y Justicia? <em>Eso</em> debería ser motivo de una reflexión autocrítica. Aquellxs que insisten en la berretización de la “autocrítica”, solo exhiben su concepción de pensamiento culpabilizador. El fascismo surge del corazón de la crisis. En la escena contemporánea, de la pandemia, cuando el limitado gobierno que sostuvimos estuvo en su momento de mayor esplendor. Ante el temor de la pérdida de la libertad por las justas políticas de cuidado ellos banalizaron una antigua virtud (que tiene expresiones individuales y colectivas) con una consigna terraplanista. El terraplanismo también es fascismo, además de ser un modo del negacionismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-526407a378b592c2b41b4a2dff3ec944 wp-block-paragraph"><strong><em>El método</em>.</strong> El poder en examen es una tenaza lógica. Y la tenaza es un instrumento visual conceptual que nos permite graficar un método. Para hacer lo que se pretende -copar el Estado para expandir la politicidad fascista sobre la sociedad- es preciso proceder hacia un flanco y sustraerse, para avanzar y sustraerse mejor por el flanco opuesto. El vínculo entre un flanco y su opuesto es íntimo, infraccionable y recíproco. Ambos flancos están soldados a una conciencia activa, que aún pareciendo enloquecida, no lo es. La unidad indudable de este proceder le otorga a esa conciencia un <em>gran poder</em>. Cuando esa conciencia se expande sobre otrxs a través de un aparato colosal de propaganda -mediaticidad monopólica más redes asociales, que producen información delirante (funcional al poder que propaga)- sus acciones se vuelven las de esxs otrxs, son apropiadas por esxs otrxs, se vuelven propias y el sujeto tocado por ese poder (semejante al gas pimienta de la Plaza de los dos Congresos) es fascistizado. No todxs nos fascistizamos: si somos capaces de sostener una actitud crítica, pluralizar las fuentes de información, ubicar la conversación más allá del muro de la palabra monopólica de un universo político <em>cerrado</em>, si militamos, estamos a resguardo. La manifestación popular en la Plaza es un emergente de los modos comunes de existencia en disidencia respecto de la vida-capital.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ae8839f802cc60b3321f1a911cc550e wp-block-paragraph"><em><strong>Fascistizar(se)</strong> </em>implica disociar la conciencia propia de la propia condición clasista. Hablamos de una desgarradura, un corte, un punto hemorrágico, que si no es suturado por un poder reparador, aumentará con el tiempo. El fascismo puede ser entendido como un poder clivante, un desfasaje, entre la conciencia y la clase. La poli en la Plaza de los dos Congresos padece ese poder clivante. Puesto que lo sufre, también puede liberarse de él y devolverle la ignominia al ministro que la elaboró. La poli puede sacarse el birrete: puede decir no. Es por eso que tantxs trabajadores han sido abducidxs por el rayo fascistizador. El corazón del método es entonces la afirmación simultánea con la negación. El 29 de enero, el ministro del Interior, Guillermo Francos, y el vicejefe de Gabinete, José Rolandi, se reunieron en el Consejo Federal de Inversiones (CFI) con un grupo de gobernadores del PRO, la UCR, con Martín Llaryora de Córdoba, con representantes de los gobernadores peronistas de Tucumán y Catamarca y con los presidentes de los bloques de la UCR, Rodrigo De Loredo, de Hacemos Coalición Federal, Miguel Ángel Pichetto y de Innovación Federal, Pamela Calletti, entre otrxs diputadxs. En el encuentro los gobernadores solicitaron a los representantes del Ejecutivo que el 30% del impuesto País (administrado por Nación y ejecutado por las organizaciones sociales a través del Renabap) pasara a ser controlado por las provincias. Según circuló en distintas versiones periodísticas (menos en <em>Pravda </em>que en <em>La Nación</em>), el ministro del Interior dio su acuerdo y encaminó las negociaciones. Un puñado de horas después del encuentro <a href="https://twitter.com/OPRArgentina">@OPRArgentina</a> emitió este mensaje: “La Oficina del Presidente reitera que el Impuesto PAIS y el resto del paquete fiscal, anteriormente incluido en la Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos, se discutirá más adelante” (29/1/2024, 10:08 PM). Afirmación y negación, pinza, clivaje.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://minutosantafe.ar/wp-content/uploads/2024/01/web-foto-20230929-marcha-cgt-2-767x511-1.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Movilización del 24-1-24 a Plaza Congreso.</em></figcaption></figure>
</div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5befec7f575b5d359bcb4618dd0060b9 wp-block-paragraph"><strong><em>Audacia para el campo propio</em>.</strong> Las épocas reaccionarias son de retracción ideológica. El pensamiento audaz -revolucionario- en la época de la reacción sólo puede abrir el camino para el futuro, preparando la perspectiva futura en la conciencia de una nueva base de sustentabilidad política: una nueva gran mayoría, cuyo corazón debería ser, si no me engaño, el trabajo informal. El martes 30 de enero en el playón del CONICET, en el barrio de Palermo, se llevó a cabo una concentración para protestar contra un nuevo y más profundo cientificidio. En un momento por la bicisenda de Godoy Cruz pasó un trabajador rappi y vociferó algo que sonó a “¡Viva la libertad, carajo!”. ¡No puede ser! Esta informalidad -que posiblemente dará forma al porvenir social por muchos años- deberá ser religada con lo que quede de la formalidad laboral. Será un modo de (pre)ocuparnos por nuestras existencias, nuestras condiciones de vida ante la fragmentación clasista buscada, también, por el poder que tratamos de pensar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73c36a924966f0d999a0f8af69838c2b wp-block-paragraph">El campo propio <em>precisa</em> (que se acepte como hipótesis) un nuevo aparato de poder -que no sea ya un efímero frente de coyuntura- para imaginar todo lo que debe ser pensado en el siglo XXI y elaborar una disputa por la estatalidad. De manera sintética esta idea nombra dos cuestiones: derrotar a la <em>derecha monstruosa</em> -relegarla a sus criptas: limitar la irradiación de su poder- y resolver los problemas vitales de las grandes mayorías populares. De manera agregada, la idea de Estado, en su declinación nacional y popular, puede constituirse en un poder frenante a lo insaciable del capital y a su gobierno desnudo. Reconocer una operatividad fascista en el gobierno Milei responde menos a “una etiqueta fácil” que a tratar de comprender la realidad política que vivimos en procura de transformarla, ocupando de nuevo el Estado, interpelando los sedimentos histórico-culturales de una politicidad nacional y popular que afronte y resuelva los núcleos espesos del presente: las angustias que atraviesan a las clases trabajadoras (formales e informales) pues las clases ociosas siempre tendrán a disposición el mercado y sus rapiñas histórico-coloniales. La forma de ese nuevo aparato de poder será definido por nuestro campo, pero podemos aventurar que deberá ser <em>de confluencia</em> de las grandes fuerzas emancipatorias de tradición peronista y de izquierdas (de sensibilidad nacional y popular <em>con audiencias</em>). Esto contempla los modos plurales de la disidencia, el cristianismo popular, el movimentismo. Ese aparato convoca también a la configuración de un nuevo sujeto ciudadanx y políticx, dotadx de firmeza, tenacidad, perseverancia, persistencia, astucia, ideas independientes, iniciativa militante e imaginación creativa. La inspiración de ese sujeto magmático está en la geografía inestable de la Plaza.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bda9b3bf226f597859b1597d34b44d6f wp-block-paragraph"><em><strong>Este texto contiene lenguaje inclusivo por decisión del autor.</strong></em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ba02764458d5dc0492e91bc327c7cf59 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 8 de febrero de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b3c6ce346dc475127c91c3017dbc3d6 wp-block-paragraph">*CONICET</p>
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