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	<title>Oscar Steimberg archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Oscar Steimberg archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Sobre diferentes definiciones de la campaña &#8211; Por Oscar Steimberg</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Aug 2019 13:33:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Oscar Steimberg]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[Campaña elecciones 2019]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el peronismo hubo nacionalismos, laborismos, socialismos, radicalismos… Puede que entre lo novedoso de sus presentes se encuentre la posibilidad  de apelar a esa pluralidad para combatir la generalización también contemporánea de las legitimaciones de la explotación social.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/sobre-diferentes-definiciones-de-la-campana-por-oscar-steimberg/">Sobre diferentes definiciones de la campaña &#8211; Por Oscar Steimberg</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>En el peronismo hubo nacionalismos, laborismos, socialismos, radicalismos… Puede que entre lo novedoso de sus presentes se encuentre la posibilidad  de apelar a esa pluralidad para combatir la generalización también contemporánea de las legitimaciones de la explotación social.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Oscar Steimberg*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se cierran las campañas políticas. Aunque no se trate todavía del cierre, y aunque ni las PASO ni las que siguen prometan completarse nunca del todo, porque cada uno podrá, querrá seguir hablando, de su voto y del ajeno, discutiendo la memoria de la campaña en su conjunto o algún (ese) recuerdo puntual. Como si ese pasado siguiera presente: como suelen discutirse los momentos políticos que estuvieron ligados al discurso propio de cada cual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero cada corriente diferirá de todas las otras, por ejemplo, en el quantum de insistencias lingüísticas habilitadas por el discurso que se le reconoce en tanto tal. Aunque se trate de un discurso como el del peronismo, con su tradición de acciones y de comienzos y  recomienzos sociales y culturales que estallaron como descubrimientos en distintas etapas políticas. En asociaciones con corrientes, líneas y trayectorias ya asentadas en la historia política argentina, que paradójicamente contribuían, en cada caso a partir de sus diferentes basamentos históricos, a mantener la amplitud de la propuesta general del movimiento, aun  insistiendo en la diversidad de nombres, formulaciones e interpretaciones de la historia provenientes de las corrientes comprometidas en cada nueva articulación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y, como se sabe y se vuelve a saber (cada vez con variantes de lenguaje que forman parte de la cuestión), entre los componentes insoslayables de cada una de esas formulaciones e interpretaciones se encontró siempre el decir novedoso que da cuenta, en cada nueva confrontación,  del contenido de saberes y destrezas que la palabra política contemporánea no puede no prometer. En Cristina Fernández no pudo no reconocerse la permanente novedad de la articulación entre un levantado estilo parlamentario y unas cercanías afectivas, de placer y dolor, que solieron irrumpir en los espacios discursivos a transitar. La convocación de esas cercanías ha sido tomada con deliberado distanciamiento por usuarios o usuarias de la crítica política metasociopsicológica; pero la fluida y serenamente pertinente continuidad de lo dicho, en ese convocativo estilo parlamentario, de proposiciones e informaciones reconocedoras y definitorias de cada instancia política del momento, no fueron en general contestadas ni siquiera por los practicantes del vocabulario más actualizado de ese retratismo político individualista.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el peronismo hubo nacionalismos, laborismos, socialismos, radicalismos… Puede que entre lo novedoso de sus presentes se encuentre la posibilidad  de apelar a esa pluralidad para combatir la generalización también contemporánea de las legitimaciones de la explotación social. Con ese combate el peronismo siempre tuvo también que ver, y sus pluralidades lo tuvieron como recurso para el establecimiento de sus confluencias, vueltas a entender en la campaña presente en tanto (A. Fernández) múltiple “ejercicio hacia adelante” de la política de hoy.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 2 de agosto de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Semiólogo y poeta</em></span></p>
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		<title>De aplaudir o cacerolear &#8211; Por Oscar Steimberg</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Aug 2020 23:17:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Oscar Steimberg]]></category>
		<category><![CDATA[aplausos]]></category>
		<category><![CDATA[cacerolas]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué diferencia el acto de aplaudir al de cacerolear? Oscar Steimberg lo aclara en esta nota. Con el aplauso se comunica la vigencia de algún tipo de producción de sentido que podría crecer o cambiar; con el cacerolazo se reitera un rechazo o, más genéricamente, una manifestación de indignación.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>¿Qué diferencia el acto de aplaudir al de cacerolear? Oscar Steimberg lo aclara en esta nota. Con el aplauso se comunica la vigencia de algún tipo de producción de sentido que podría crecer o cambiar; con el cacerolazo se reitera un rechazo o, más genéricamente, una manifestación de indignación.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Oscar Steimberg*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estar frente a pantalla, en diálogo televisual, y encontrarse con la imagen de la silla sola del interlocutor, que acaba de avisar que va a buscar café. Y descubrir otra vez que hay sillas, sobre todo las ergonómicas, que en ausencia del usuario asumen características exitosamente homoicónicas: el respaldo remite cada vez más al torso, los soportes laterales a los brazos y, sobre todo, el soporte superior a la cabeza… ¿Como si en la silla llegara a verse también un rostro? No. Pero esa cumbre de silla recuerda a una cabeza no solo por su emplazamiento sino también por su tamaño, por su conformación general…  o por ese afinamiento de la parte inferior en relación con la superior. O por la curvatura de los bordes, o por la de los ángulos… El parecido se logra, claro, con la sencillez de la repetición. Y si en la conversación se había estado hablando precisamente de frases hechas, de reiteraciones conceptuales con altos grados de formalización…, puede que el mueble-máquina empiece a aparecer como representación, deliberadamente dejada por el ausente, de proposiciones o comparaciones presentes en la conversación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se podría haber estado hablando precisamente de eso, del descubrimiento en algún discurso de la frecuencia de sus reiteraciones. De la insistencia de las comparaciones, a las que podría haberse apelado también en simples minimizaciones o ampliaciones elegidas para que no cambien nada… O de otras reiteraciones, por ejemplo en la elección de temas, como el de los delitos económicos en las denuncias del debate político, o en la de las frases conocidas en las tomas de posición  para el debate (de ataque, o de defensa, o de propuesta inicial o final de discusión).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Después del retorno a su silla del interlocutor, claro, podrán irrumpir otra vez las novedades: cada uno de los sujetos de la conversación tratará de apurar e intensificar los efectos retóricos de su decir, desaparecerá la previsibilidad del silencio adosado al esquema de sujeto sentado convocado por la silla ergonómica cuando quedó sola. ¿En todos los casos? No. Hay previsibilidades, en primer lugar determinadas por estilos discursivos compartidos, y en ciertos universos del intercambio verbal en mayor medida que en otros; y en algunos, de manera poco soportable para los ajenos a la conversación. Suele haber niveles elevados de repetición en las conversaciones entre gente cercana cuando se habla de deportes, de política… A veces parece ocurrir que los conversadores estén tratando de que las repeticiones aparezcan como eso, como reiteraciones convocadas para que el otro esté seguro de que se quiere facilitar el retorno de un intercambio habitual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero las reiteraciones amigables, bienvenidas por los allegados habituales a la charla, pueden ser, por supuesto, todo lo contrario para el resto de la gente. Con el deporte eso ocurre con un alto nivel de intensidad, y con la política también. Los estallidos de violencia pueden parecerse, y a veces podría pensarse, por ejemplo en finales de fútbol, que la violencias de cancha no llegan a las de la confrontación política apenas por carencias circunstanciales de poder de los involucrados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sólo que las diferencias enunciativas, entre ambos estallidos, pueden ser también importantes. En el fútbol, la pertenencia a una hinchada puede relacionarse con cualquier fundamentación de la adhesión, que puede abandonarse (el tipo de fundamentación elegido) apenas ocurra algo que complique la continuidad de algún tipo de argumentación o de énfasis. Puede haberse sostenido –siempre- que en los desempeños de un equipo se cultiva un estilo de juego cuidadoso e inteligente, sin que eso dificulte la defensa eventual de un comportamiento de brutal violencia en alguna circunstancia de confrontación; y viceversa. Mientras que en la política esos sacudimientos de límites están siempre hasta cierto punto dificultados por la necesidad de una continuidad de discurso; no puede no defenderse una nueva variante en la concesión o limitación de poderes o derechos, cuando afecta las anteriores, permanentes asunciones y políticas del enunciador. Aunque siempre haya modos de manejar o actualizar los modos de esa obligación: el discurso político tiene siempre modos y recursos múltiples, que a veces hasta pueden bordear la palabra o reiterarla o adornarla hasta llegar a las instancias de una producción artística, en todas las maneras del arte, como las de la danza o la música.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sabemos que en el discurso político siempre se incluye la repetición, aunque se reconozca la importancia de la novedad. Pero también que hay diferentes tipos de repetición, como hay diferentes proyectos políticos y diferentes modos de plantarlos frente a los que se quiere convocar. Y tal vez podríamos coincidir también en que en las corrientes o momentos internos a cada partido político en los que se promueva un compartir la palabra entre tendencias y corrientes internas, debe acompañar a ese reconocimiento el de la legitimidad de las propuestas para su continuidad o reformulación. Y más: que en los modos de esos planteos puede advertirse la presencia o ausencia de esas aceptaciones o negaciones. En modos que pueden manifestarse hasta en el tipo de las expresiones de apoyo o rechazo empleadas por los adherentes a cada tendencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las diferencias pueden desplegarse a través de distintas señales; por ejemplo, en el modo de cada corriente de hacerse ver. De hacerse ver u oír en las manifestaciones o los actos públicos. Últimamente fue notable, para los habitantes de distintos barrios de la capital, una diferencia ¿instrumental? entre modos de hacerse oír de manifestantes en tanto defensores o enemigos de actuales políticas o ejercicios de funciones de Estado en el país. Se sabe: durante un período extenso, los que en esas manifestaciones expresaban su apoyo a lo que enfermeros y médicos estaban haciendo contra la pandemia aplaudían, insistentemente a determinada hora de la noche temprana, mientras los del lado contrario arrancaban en otra hora también cercana al comienzo de la noche, pero con una diferencia notable en el modo o el recurso de la manifestación: los que querían comunicar su apoyo aplaudían, mientras que los que rechazaban toda política oficial del momento (esa u otras) reiteraban cada noche un cacerolazo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Creo que es útil comentar la diferencia: el aplauso muestra apoyo a las particularidades de aquello por lo que se está tomando partido; se está señalando <em>especialmente </em>un hecho que puede aprobarse más o aprobarse menos como ocurre en los diferentes niveles de aplauso a conciertos o conferencias; mientras que el cacerolazo repite una manifestación de apoyo o repudio (principalmente repudio) ya cerrada, ya última. La cacerola te remite, como en las socialidades organizadas en torno a los rituales de comidas, a lo ya elegido, que se quiere ya definido y aceptado; las manos que aplauden, en cambio, hablan de una realización que se está en ese preciso momento definiendo y comentando; que puede tener algo de nuevo a aprobar o discutir. Las cacerolas pueden ser algo querible y entrañable, pero solas no traen novedad; sólo insisten, persisten, repiten lo que para tener algún sentido específico debió haberse ya terminado de definir en otro lado. Mientras que los que aplauden muestran que están asumiendo también un rol de calificadores, y no únicamente de partidarios; con los caceroleros suele ocurrir más bien que sólo aporten a una escenificación del repudio o el rechazo. Podría no importar, por ejemplo, que junto a la expresión de rechazo no aparezca ninguna propuesta sustituyente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Resumiendo?: con el aplauso se comunica la vigencia de algún tipo de producción de sentido que podría crecer o cambiar; con el cacerolazo se reitera un rechazo o, más genéricamente, una manifestación de indignación; no necesariamente, en cambio, una proposición alternativa… Podría pensarse también que si en una instancia política triunfa un discurso en que los cacerolazos invisten una condición de palabra central o mayor, un cambio de poder que continúe o represente a los sujetos del ruido podría parecérseles por su condición de manifestación simple, genérica, oscura y absoluta.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 6 de agosto de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Semiólogo y poeta.</span></p>
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