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	<title>neoliberalosmo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>neoliberalosmo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Proyecto de psicología para políticos &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Dec 2019 19:48:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[Freud]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Ele]]></category>
		<category><![CDATA[neoliberalosmo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[populismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Restituir el sujeto en el análisis de los fenómenos sociales es el gran acierto de la piscología aplicada. Eros y ananké - amor y necesidad-, dijo Freud, son los progenitores de la cultura humana, de modo que cuánto un gobierno disminuye el hambre de la población y cuánto incita a la ternura son las dos variables fundamentales y que nunca podrán reducirse a un consenso.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Restituir el sujeto en el análisis de los fenómenos sociales es el gran acierto de la piscología aplicada. Eros y ananké &#8211; amor y necesidad-, dijo Freud, son los progenitores de la cultura humana, de modo que cuánto un gobierno disminuye el hambre de la población y cuánto incita a la ternura son las dos variables fundamentales y que nunca podrán reducirse a un consenso.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>I-</strong> Cuando Freud sostuvo que la sociología es psicología aplicada, en tanto trata la conducta humana en sociedad, restituyó al sujeto en el análisis de los fenómenos sociales. Este aserto permite delimitar la contribución del psicoanálisis a la política, sobre todo en virtud de las expectativas que se crean a partir de un nuevo gobierno y sobre la base de lo que se reinstaló en cuatro años de neoliberalismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dicha delimitación deslinda, pese a sus zonas de intersección, cuatro grandes sectores: la economía, la justicia, el pensamiento y el afecto. En todos ellos la ciencia freudiana tiene algo que decir, pues la subjetividad está en el fundamento de las decisiones que se tomen en uno u otro terreno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>II-</strong> Aquello a lo que un grupo político, y en particular su líder, aspira como posible, como deseable y como imperativo, y a su vez, las estrategias a las que apela para lograr una mayor conciliación entre esas tres exigencias, determinará los desenlaces.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III.</strong> En el análisis de un caso del siglo XVII Freud afirmó que <em>“se obtienen dos explicaciones que rivalizan entre sí sin excluirse”</em>. Esta conclusión puede ser inaceptable para ciertas epistemologías, no obstante la jerarquizamos y la juzgamos fundamental para un proyecto político. Ya desarrollamos en otras páginas dos hipótesis freudianas que tenemos por centrales: la del antagonismo como expresión de un conflicto irreductible y la de la insuficiencia esencial de todo código normativo. Digamos ahora que para entendernos mejor y para disminuir la violencia no hallaremos una vía ni en la proclama de falsos consensos ni en las figuras de presuntas normalidades que solo crean estigmatizaciones. Por el contrario, rivalizar sin excluirnos será el único camino fecundo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IV-</strong> Lo que nace para eslogan nunca llega a ser proyecto y así ocurrió con la repetida frase que Mauricio Macri se ocupó de balbucear desde el inicio de su gobierno: “unir a los argentinos”. Como con la mayoría de las promesas de la alegría, Macri no cumplió con aquel propósito. Por un lado, pues promovió todo lo contrario, en una gestión que no ahorró persecuciones políticas, estigmatización, represión, cinismo y una verba de indudable cuño hostil. Sin embargo, la segunda razón por la cual no acertó en su empresa de unir a los argentinos fue porque se trataba de una aspiración imposible, más aun, de un plan falso propio de la banalización política que padecimos estos últimos cuatro años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La fragmentación, la heterogeneidad de deseos y tradiciones, la diversidad de significaciones de la realidad y la pluralidad de singularidades es, en rigor, lo que caracteriza a los sujetos y a los colectivos. Resulta notable cómo los autoproclamados republicanos ensalzan la diferencia, pero no demoran en soltar su grito sofocador ante la expresión de los desacuerdos. Podemos decirlo de otro modo: mientras el neoliberalismo instala la dispersión de los idénticos (suprimiendo a quienes no adhieren a dicha identidad) el populismo estimula la reunión de los diferentes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>V-</strong> Las leyes, sostuvo Freud, son tan necesarias como insuficientes, aunque dicha insuficiencia no consiste en un déficit particular, contingente, sino en un límite esencial, un límite que, necesariamente, le impide a cualquier código normativo recubrir y resolver la conflictividad intersubjetiva. Sin embargo, para Freud el problema es que los seres humanos nos negamos a admitir aquella insuficiencia. Si el conflicto es irreductible, la omnipotencia legislativa es imposible, mera ilusión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es esta una de las razones por la cual entendemos que la política, otro imposible según Freud, es la actividad que desplegamos para afrontar la inevitable insuficiencia del sistema legal. Lo judicialización de la política, extremada por el gobierno que ahora llegó a su fin, sirvió para la persecución política, para la estigmatización del adversario, pero también para socavar la política, toda vez que intentó encender la ilusión de que el sistema legal puede agotar la regulación de los vínculos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VI-</strong> El derecho, según Freud, se desarrolló a partir de la unión de muchos débiles y de potencia desigual, en contraposición a la arbitrariedad del más fuerte. Cuanto menos dos consecuencias se derivan de ese origen; por un lado, se advierte allí que unidad y diferencia coexisten, no son términos mutuamente excluyentes. Por otro lado, será necesario que las leyes y su aplicación expresen de algún modo la debilidad y la desigualdad de origen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Estado cumple dos funciones constitucionales, la protección y la prohibición; debe ser el garante ante los riesgos de la existencia y, también, el agente de las sanciones. El populismo se plantea cómo pensar un problema que, por su parte, el neoliberalismo omite brutalmente: ¿qué hacer cuando un sujeto que ha estado excluido de la protección debe ser sancionado por la prohibición estatal?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VII</strong>. ¿Por qué Freud entendió que los hallazgos de Darwin configuraron una herida narcisista? Precisamente, porque los descubrimientos del naturalista inglés pusieron en cuestión no solo el afán humano por dominar a las otras especies sino, sobre todo, su pretensión de interponer un <em>abismo</em> entre unos y otros. Hacia el final de su obra Freud retoma la figura del <em>abismo</em> y, especialmente, la importancia de salvarlo. De hecho, sostuvo que si admitimos la herencia de la especie “<em>habremos tendido un puente sobre el abismo entre psicología individual y de las masas”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VIII</strong>. <em>Rivalizar sin excluirse</em> y un <em>puente sobre el abismo</em> son las dos figuras freudianas que recuperamos y subrayamos aquí. Freud también se refirió al encuentro de la afinidad en la diferencia. La eliminación de uno de esos términos siempre será un riesgo, ya sea la supresión de la afinidad, de lo cual resulta la exclusión absoluta del otro; ya sea la supresión de la diferencia, de lo cual resulta una homogeneización empobrecedora. Un signo de cualquier gobierno autoritario será la pérdida de la diferencia hacia el interior del propio grupo y la pérdida de la afinidad con el grupo adversario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IX</strong>. ¿Qué nexos posibles hay entre un discurso presidencial o las medidas de un gobierno y la subjetividad de los ciudadanos? El político podrá incitar determinados pensamientos, favorecer ciertos afectos, promover un conjunto de acciones o bien estimular a sus destinatarios. En tal caso, el discurso resultará representativo de ciertas subjetividades en tanto respete las legalidades psíquicas. Sin embargo, el discurso también podrá resultar disruptivo, intrusivo respecto de tales legalidades, en cuyo caso serán afectadas. Así ocurre cuando un gobierno transgrede la prohibición de abusar injustamente del poder sobre el otro, cuando impone afectos y los manipula, cuando perturba el pensamiento del otro o cuando intrusa el organismo o la economía del otro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>X-</strong> A muchos asombró –pese a no ser un fenómeno nuevo ni exclusivamente argentino- que millones de ciudadanos voten por un gobierno que hambrea al pueblo. Más aun, escuchamos a tantos sujetos decir “voy a votar a Macri aunque me cague de hambre” (si bien podemos dudar que quienes así hablaron efectivamente padezcan hambre). Ahora deseo solamente señalar que el hambre (o la situación económica) corresponde a ese sector que Freud llamó <em>realidad</em>, y es solo uno de los <em>amos</em> a los que responde el yo. En efecto, y Freud lo señaló a comienzos de la década del ’30, cuando luego de elogiar las bonanzas que derivaron de las transformaciones económicas en Rusia sostuvo que el superyó fue desestimado por los marxistas, especialmente en cuanto a la eficacia del pasado que pervive y no se modifica fácilmente en el curso de pocas generaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XI- </strong><em>Consenso</em> y <em>antagonismo</em> son dos modos, no equivalentes, de entender la diferencia. El consenso –que es el nombre que el neoliberalismo le da a la democracia- presupone que todos podríamos estar de acuerdo, en cuyo caso no habría órdenes ni determinaciones exógenas al sujeto. Tal como ocurre en la retórica inconsistente del <em>management</em> se instala una creencia ficticia: “lo hago porque yo quiero”. La banalización implícita en el llamado <em>trabajo en equipo</em>, en la infatuada autoafirmación del “yo soy mi propio patrón”, pretende desconocer que hay otro que me ordena hacer, y se sustituye por una acción realizada por presunto deseo del sujeto. Allí es donde el consenso se enlaza con la meritocracia cuya gravedad, además de encubrir las desigualdades sociales, resulta de trasladar la escenografía del conflicto, desplazándolo del campo social, intersubjetivo, al terreno intrapsíquico. Si alguien me da una orden, yo podré oponerme, rebelarme o discutirla. En cambio, si creo que lo que <em>debo hacer</em> en realidad es lo que <em>quiero hacer</em>, ya no habrá un otro al cual oponerme, pues solo podré oponerme a mi supuesta motivación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el populismo las determinaciones políticas son manifiestas, expresas, y por eso generan, en quienes no están de acuerdo, un marcado sentimiento de injusticia que conduce a una oposición también evidente. En cambio, al neoliberalismo se lo describe como un gobierno de CEO’s, precisamente, porque trasladaron aquella lógica empresarial al ámbito de la política. De hecho, los votantes del macrismo nunca hablaron de las medidas de su gobierno pues lo vivieron como un gobierno que no intervino, que no determinó nada y que, a lo sumo, no pudo resolver los problemas económicos. Esto es, no lo observan como un gobierno que tomó medidas concretas que hundieron la economía del país.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo ello es lo que está incluido en la fraseología del “sí, se puede”, una retórica vacía de la motivación que al promover la creencia de que yo hago lo que quiero, no solo enciende un individualismo atroz, sino que concluye, invariablemente, en un estado de desgano y desvitalización en tanto, como señalamos más arriba, la única salida es la oposición no a un otro sino a mi propio deseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XII.</strong> Hay dos componentes de la subjetividad que el populismo, por sus propias cosmovisiones, suele dejar de lado: por resaltar el valor de lo colectivo y la solidaridad no suele expresar un discurso que represente al egoísmo. Asimismo, por jerarquizar las garantías constitucionales, no encarna el sadismo que puja en gran parte de la sociedad. No se entienda que invito a los líderes populares a fogonear ya sea el individualismo, ya sea la crueldad que pueda anidar en cada quien, pero sí es necesario hallar alguna figurabilidad para representar esas pulsiones que, de lo contrario, quedarán siempre a la espera de un dirigente que las encienda y aproveche.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XIII.</strong> Eros y ananké (amor y necesidad), dijo Freud, son los progenitores de la cultura humana, de modo que cuánto un gobierno disminuye el hambre de la población y cuánto incita a la ternura son las dos variables fundamentales y que nunca podrán reducirse a un consenso.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 23 de diciembre de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Psicoanalista. Doctor en Psicología. Autor de <em>El malestar en la cultura neoliberal </em>(Ed. Letra Viva) y <em>Escenas del neoliber-abismo</em> (Ed. Ricardo Vergara).</span></p>
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		<title>Se hace lo que se puede &#8211; Por Noé Jitrik</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Sep 2021 22:49:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noé Jitrik]]></category>
		<category><![CDATA[Cambios de ministros]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Derrota Paso 2021]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Noé Jitrik afirma que los cambios de comportamiento electoral están íntimamente ligados a cambios en las estructuras: ¿no ha modificado ciertas subjetividades lo que se denomina “neoliberalismo”? Jitrik sostiene que hay que comprender estos cambios no para conceder sino para neutralizar su efecto narcotizante y el avance de nuevas formas de la derecha.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Noé Jitrik afirma que los cambios de comportamiento electoral están íntimamente ligados a cambios en las estructuras: ¿no ha modificado ciertas subjetividades lo que se denomina “neoliberalismo”? Jitrik sostiene que hay que comprender estos cambios no para conceder sino para neutralizar su efecto narcotizante y el avance de nuevas formas de la derecha.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Noé Jitrik*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Al día siguiente de las PASO, y haciéndose cargo de la resonante reaparición del macrismo y la irrupción de la más que derecha, <em>Página1 12</em> tituló “Alerta amarilla”, supongo que en cuerpo catástrofe. Yo habría sugerido una variante: “Fiebre amarilla” o, mejor “Peste amarilla”, considerando que ese extraño fenómeno de haber votado a alguna de las versiones del macrismo o al mileismo, se explica a causa de una grave enfermedad, una especie de pandemia del pensamiento y la voluntad, que afectó, paralelamente a la otra, a gran parte de la población. ¿Estarán los científicos preparando una vacuna para detenerla? Digo detenerla porque no creo que se quede en su reaparición, creo que tendrá otras manifestaciones me temo que más graves todavía aunque espero, sin muchas esperanzas, que sean pasajeras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿Qué consecuencias? En cuanto a Fernández, que parece el principal afectado –digo “parece” porque el principal afectado somos nosotros y el país, como promesa, como esfuerzo, como lugar para vivir- podrá decir y con razón a mi juicio, recordando a Rimbaud, “Perdí mi vida por delicadeza”, bello verso que no sé si compensará el tiempo perdido. ¿Qué hará? Creo que de nada vale hablar de ”errores” ni de poner plata en el bolsillo de la gente,&nbsp; porque el hecho, como dicen algunos, ahínca sus raíces en lo más profundo del terreno: ignoro cómo podría resolver el resentimiento, por ejemplo, gran motor de la decisión de millones, que es una planta mefítica que no hace más que crecer. Pero hay más, de otro orden: una, que Macri saldrá indemne en el asunto del correo y en los juicios que, de ejecutarse, lo llevarían a la cárcel; la segunda es que los delirantes mileistas pueden estar soñando con un desarrollo como el que tuvo el nazismo –“de la bravuconada a la Casa Rosada” podría ser el lema de esa novedad-; la tercera, que los pobres y resentidos que votaron en esa dirección la pasen peor que hasta ahora. ¿Y la vacuna?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pues la vacuna reside en la inteligencia de quienes quieran revertir estos resultados: serán discursos, serán acciones, serán voceros, serán advertencias, serán medidas, no lo sé y no está en mis posibilidades dar consejos, no soy Durán Barba ni Cristina Fernández. Pero, en mis posibilidades será “darse cuenta”. ¿De qué? De que los cambios de comportamiento electoral están íntimamente ligados a cambios en las estructuras: ¿no ha modificado ciertas subjetividades lo que se denomina “neoliberalismo”? Si es así, y lo es, hay que comprenderlos no para conceder sino para neutralizar su efecto narcotizante. Por otra parte, en cuanto a lo político mismo habrá que considerar que, por ejemplo, el viejo caudillismo cedió el paso; la mera invocación a las glorias del peronismo no alcanzan para seducir a los que no son peronistas, la cultura del país avanzó y el lenguaje debe poseer la virtud de atravesar los muros de la ignorancia y el encierro; la apelación a la verdad debe ser sincera y agresiva, se debe recuperar la fuerza y renunciar a los acuerdos convencionales y equívocos, en fin, tratar de manejarse en el mundo en el que estamos, los viejos remedios no sirven para los nuevos males. Y esto que ha pasado electoralmente lo es. Nuevas formas de derecha, lo electoral es la novedad, han avanzado en el mundo entero, la derecha no es un proyecto, es un estado del alma, contaminada o no, así, torcidamente, construye su imperio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Releo lo precedente y me suena a débil, me da la impresión de que no considera factores reales, de peso, que estarían determinando lo que pasó y lo que va a pasar. ¿Qué? ¿Vivimos en la inocencia? ¿Nos saca brutalmente de ella esa primera respuesta oficial que hace de los ministros los responsables del resultado electoral y, por eso, presentan su renuncia –siempre es así aunque no tengan que ver en una crisis de gobierno-? Pero no todos, suena a poco real e inconvincente porque un voto tan masivo algo significa, no una mera respuesta a una gestión, siempre insuficiente, siempre cuestionable, que yo sepa jamás ha habido gestión perfecta en ninguna parte de la tierra. Por otra parte, en cuanto a este drama de palacio, no habrá que preguntarse si todos los renunciantes pertenecen a un grupo y los no renunciantes a otro y, en consecuencia, que los renunciantes son los perdedores. ¿Quiénes serían unos y quienes los ganadores? No lo sospechábamos; ahora nos desayunamos con que unos eran no incompetentes sino “kirchneristas”, y otros, opuestos, vaya uno a saber en qué, los porteños y, piensan algunos, si los primeros son sustituidos, por los del otro grupo naturalmente, el electorado remiso e ingrato, pero “que tiene razones para haberse apartado”, quedará satisfecho y regresará al cálido hogar del que no debió haberse ido. Un tanto mecánico y un mucho de ilusorio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y luego, otro argumento, la política económica: no logró detener los precios de los bienes indispensables ni la inflación que se presentan como una explicación terminante y terminada, pero pocos consideran que no haber reformado la justicia ni nombrado al Procurador, ni liberado a Milagro Sala, ni terminado con Stornelli y sus acompañantes, ni recuperado el Paraná, ni cobrado la deuda del Correo, ni solucionado lo de los peajes, sea suficiente como para cuestionar la eficiencia del gobierno y, peor aún, su credibilidad. Que, al parecer, es lo que hay que considerar y comprender. ¿Qué importa, dicen, que se haya solucionado el tema de las vacunas, como si eso fuera poca cosa, que se hayan abierto posibilidades latinoamericanas, que la vida democrática funcione y no haya censura ni persecuciones, frente a un cumpleaños? Para muchos, calentados por los medios, el “cumpleaños” de Fabiola ha sido decisivo, y si eso es un argumento estamos realmente en problemas porque indica que millones de personas pueden dar importancia a nimiedades como ésa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Que el voto ha sido “castigo” es innegable pero reina alguna confusión acerca de qué se ha castigado. Quizás que no se haya satisfecho lo que es casi imposible satisfacer. No lo puedo afirmar pero me resisto a creer que la insatisfacción, justificada –los despojados de futuro, los sin casa, los pobres, los desalojados de la esperanza- o no –las clases medias que comen bien y que se sienten atragantadas cuando escuchan el nombre de Cristina- sea un monstruo de tal magnitud como para darle una oportunidad a los proto fascistas del esperpento mileico o reponer en la dirección del país a los filo financistas y ladrones de guante blanco que ya se llevaron casi todo y tendrán la oportunidad de llevarse lo que queda.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 18 de septiembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.</em></p>
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