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	<title>Multitud archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Multitud archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La espera y la multitud &#8211; Por Conrado Yasenza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Jul 2026 14:55:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>No somos un conjunto homogéneo de fachos racistas y libertarios, tampoco de confesionalismos políticos. Somos hombres y mujeres comunes, mejores o peores, parecidos a una muchedumbre, con el ojo y el oído afinados para detectar el canto de sirenas y la lengua extrema de la traición.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-espera-y-la-multitud-por-conrado-yasenza/">La espera y la multitud &#8211; Por Conrado Yasenza</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-19ec9a5b3b88de189a3b57b4fd968b6c wp-block-paragraph"><strong><em>No somos un conjunto homogéneo de fachos racistas y libertarios, tampoco de confesionalismos políticos. Somos hombres y mujeres comunes, mejores o peores, parecidos a una muchedumbre, con el ojo y el oído afinados para detectar el canto de sirenas</em></strong> <strong><em>y la lengua extrema de la traición.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-33b6449551a60370979a1fb3d0d6629c wp-block-paragraph"><strong>Por Conrado Yasenza*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:71px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5c4199c1827c26709c9e47691b74b233 wp-block-paragraph">La angustia nos rodea, como nos cerca la agresión incesante. Los chamanes de la técnica dominan el territorio de la materia, pero también de nuestras emociones, esa metafísica de la tierra fundada en el encuentro entre la palabra y los cuerpos, digamos, mitos y relatos que no se encuentran alrededor del fuego robado a los dioses porque han sido engrilletados al océano del soliloquio. La llanura de este tiempo es de una literalidad aplastante, peor que el mal que aqueja a la nación. Los mares desembocan en el río y las lagunas alimentan sus caudales, la meseta que se refleja en el estanque vacío de la metáfora. Ni siquiera los pueblos florecen condicionados ya por la metrópoli, porque esa gran capital yace bajo el trato carnal con un imperio – las palabras nunca se limpian por el desuso – decadente pero aun feroz y codicioso. Riquezas naturales, sí, pero el vampirismo no se agota allí, succiona y se alimenta de ánimas que penan sin saber por qué, aturdidas en la noche cerrada de un remolino de siglos que regresa bajo las formas extractivas que vacían la potencia de una mirada, un gesto, una palabra dicha sin especulación ni malicia, creada para el bien, que no vamos a definir, pero que nos imaginamos como algo parecido a esa cita bíblica que remite a la lucha eterna entre la oscuridad y la luz.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f126da8f1ccdc1176384e70dadfab103 wp-block-paragraph">Somos como ese hombre que está solo y espera sin saber bien qué y a quién. Ni balcones lejanos, ni el&nbsp;bonito sonido de alguna música. Se nos filtra por la loza el moho de reyertas chiquitas, muy alejadas del padecimiento cotidiano de esos hombres que de tan solos tampoco ansían el cobijo de la madre protectora, una naturaleza alejada de la tierra diaria, del trabajo mal pago y la falta de sueño, de la falta de trabajo, del trabajo en negro, del trabajo esclavo, del boleto del transporte público, del hospital derruido, de la espera por un turno en las madrugadas fieras del invierno, del precio de los alimentos y del Estado que no supimos cuidar y tanta falta nos hace.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b280471898d4cc9065ccd5a38fc3d60 wp-block-paragraph">Ese hombre, esa mujer, tampoco espera que sigamos destruyendo instituciones. Valoran mucho más de lo que creemos la identificación de un ser sumado al conjunto, a un espíritu colectivo que se hace presente más allá de la coyuntura, habitado por sensibilidades y voluntades históricas, por deseos de algún tipo de orden – no le temamos al uso de las palabras – donde la experiencia solidaria que existe más allá del Estado no sea fagocitada por burócratas ordinarios, sino abrazada como una voz que viene del barrio para hacerlo más humano, menos degradado, y, tal vez, más cercano y eficiente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-236a26053a375b644a127645edadc34c wp-block-paragraph">No somos un conjunto homogéneo de fachos racistas y libertarios; tampoco de confesionalismos políticos, aunque abunde la lengua extrema de la traición. Somos hombres y mujeres comunes, mejores o peores, parecidos a una multitud, a una muchedumbre, con el ojo y el oído afinados para detectar el canto de sirenas, antes o después de caer adormecidos justo allí donde se confunden los límites entre lo real y lo irreal. También somos ese gigante que de tan extenso cuesta reconocerlo, ese que alberga la vastedad en su extensión. Somos ese cielo profundo que nos conecta a la vida y el tiempo, que es devenir, y que contiene en su claridad las palabras que alegran y angustian: vida y muerte. Somos como la música de un tango, no su letra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-488082c99f2f55fa419fe67eebea8a0c wp-block-paragraph">Tal vez todo esto contiene una suerte de sabiduría popular que alguna clase de políticos desconoce: Ese individuo que se busca, que espera y se siente acompañado en la muchedumbre, es aquel que confía en sus pálpitos y por ello es la desgracia de los que no lo pueden predecir. Esos hombres y mujeres aman la letra extraída de la vivencia, de la experiencia; aborrecen las abstracciones surgidas de la absoluta conceptualización; se ofuscan cuando algo surgido del ámbito vivo de sus barriadas &#8211; permeable, móvil y sentimental &#8211; es encerrado en un programa elaborado en gabinetes tabicados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f77c55a99fcb24af7925523e7fabe6cc wp-block-paragraph">Esos hombres y mujeres que están solos esperan porque nunca pierden la esperanza, metida en la entraña del alma junto al sentimiento de fragilidad. Por eso también son torvos a la hora de la decepción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3d3dc28793756d173133bd6621cc787 wp-block-paragraph">Mujeres y hombres solos, pero solos dentro del conjunto, dentro de las raíces de una comunidad que rehumaniza la vida en el lenguaje íntimo de la conversación acechada por el algoritmo y sus redes. Tiene la certeza de que está solo, y también la intuición de que su soledad y angustia sólo se aplacan cuando la vida se conjuga en la fraternal convicción de una historia compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-de14bfe1645bd727d7218691e2715d00 wp-block-paragraph">Esperemos, junto a otros hombres y mujeres, una estación más benigna para ser juzgados. Aceptar la incertidumbre de la época requiere de valor político ante la imposibilidad de una transformación radical, revolucionaria, y demanda paciencia, en términos reformistas, para no minar por completo la oportunidad de alguna nueva utopía donde el peso del deseo sea la única esperanza posible ante esta temporada de malas noticias y regiones tan poco atrevidas, tan poco dispuestas a reincidir en la palpitación de un intento, sin mendigar permisos para que la vida no se nos escape.</p>



<div style="height:49px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-286a565b224cd4fdf97c29a61fb878ad wp-block-paragraph">21 de julio de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="924" height="1024" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/Designer-924x1024.png?v=1784639222" alt="" class="wp-image-20854" style="aspect-ratio:1;object-fit:cover;width:149px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/Designer-924x1024.png?v=1784639222 924w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/Designer-271x300.png?v=1784639222 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/Designer-768x851.png?v=1784639222 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/Designer-68x75.png?v=1784639222 68w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/Designer-480x532.png?v=1784639222 480w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/07/Designer.png?v=1784639222 1021w" sizes="(max-width:767px) 480px, (max-width:924px) 100vw, 924px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-61595148c5b71e02807f78f328c1b8ce wp-block-paragraph">*Periodista. Docente en la Universidad Nacional de Avellaneda.</p>



<div style="height:29px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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