<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>moral archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
	<atom:link href="https://lateclaenerevista.com/tag/moral/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://lateclaenerevista.com/tag/moral/</link>
	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Sat, 23 May 2026 15:54:03 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/12/cropped-favicon-32x32.png</url>
	<title>moral archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
	<link>https://lateclaenerevista.com/tag/moral/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes? &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/</link>
					<comments>https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 May 2026 15:52:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[casta]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia liberal]]></category>
		<category><![CDATA[disciplina]]></category>
		<category><![CDATA[doctrina]]></category>
		<category><![CDATA[Estado ausente]]></category>
		<category><![CDATA[insulto]]></category>
		<category><![CDATA[moral]]></category>
		<category><![CDATA[Odio]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lateclaenerevista.com/?p=19843</guid>

					<description><![CDATA[<p>Apuntes dispersos sobre las sociedades sin doctrina.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/">¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes? &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-508200d1a1001086341e893e5eb25c9b"><strong><em>Apuntes dispersos sobre las sociedades sin doctrina.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc0a880bb4a438b020997e6c3afdbac"><strong>Por Bruno Carpinetti</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db6913349aa1e79d5177fb88cd35b100"><em>“No puedes comprar la revolución. No puedes hacer la revolución. Sólo puedes ser la Revolución. Está en tu espíritu o no está en ninguna parte.”</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eb05f2d8f0a857c484ad260df0cd2c8c">Los Desposeídos, de Ursula K. Le Guin</p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cdce518c6a2ac45155aaac024044a6c1">¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c8485cf53ee5994bcda9496ec79ccfd">La pregunta resulta incómoda porque obliga a discutir algo que la política contemporánea intenta evitar desde hace tiempo: la relación entre conducta y poder. Pero también obliga a revisar otra cuestión todavía más profunda: la relación entre el individuo y la comunidad que lo forma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-52981c110928c0c27cf105997a2623a8">Porque ninguna persona existe completamente separada del ambiente moral, cultural y afectivo que la rodea. Las personas no nacen con una ética completamente formada ni con una identidad cerrada. Aprenden a ser quienes son dentro de una trama de vínculos, instituciones, ejemplos, límites y valores compartidos. Aprenden qué conductas son admirables y cuáles resultan vergonzosas. Aprenden qué puede hacerse y qué no debería hacerse. Aprenden, en definitiva, qué tipo de ser humano vale la pena intentar ser.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-812c71aa8188a07a46bd3494c2b1aa23">Y ahí aparece un problema central de esta época: la destrucción progresiva de toda idea de comunidad moral compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df14a76b6e4efd6857ae0d5327d42466">Antes incluso de responder qué entendemos por “mala persona”, quizás convenga preguntarse otra cosa: ¿qué tipo de sociedad produce determinadas conductas? Porque existe una percepción marcada por el sentido común, bastante transversal a distintas culturas y épocas, sobre aquello que solemos considerar moralmente degradado. Una mala persona suele ser alguien incapaz de reconocer límites frente al propio interés. Alguien que humilla sin culpa, que disfruta del daño ajeno, que manipula permanentemente, que traiciona con facilidad, que nunca asume responsabilidades y que considera a los demás apenas como instrumentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d43ddfdf8cbef44a064e31a3263aefbb">Pero ninguna sociedad produce masivamente ese tipo de subjetividad por accidente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5c02668ce06e6c86c69ab9704285c93d">Las conductas individuales no surgen en el vacío. Se moldean dentro de sistemas de premios y castigos culturales. Cuando una comunidad admira exclusivamente el éxito personal, la acumulación individual, la capacidad de imponerse sobre otros o la destrucción del adversario, termina produciendo personas entrenadas para sobrevivir en ese ecosistema moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4249fa37819f901b6c07e114e87f22d2">Por eso la pregunta sobre las malas personas nunca es solamente individual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37806ffd797a69671f0049b6c860698c">También es social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5216bbfc54c47cd9cf4ba3301cab4c0e">Porque resulta difícil construir individuos solidarios en sociedades organizadas alrededor del cinismo. Del mismo modo que resulta difícil sostener una comunidad sana cuando quienes la conducen naturalizan la crueldad, la humillación o la mentira como herramientas legítimas de ascenso y conservación del poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b07bf115bc2b9b3ebd8f22957661e3b3">Sólo podemos ser mejores personas en una sociedad mejor. Y una sociedad solamente puede mejorar cuando produce individuos capaces de reconocer límites frente a sí mismos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-944d4f75f6a6ff2af75ea29eaa77ec2d">Ambas cosas se construyen mutuamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14c7ebf583998b226b7a8912e99b223b">No se trata de exigir santidad ni pureza moral. Todas las personas son contradictorias, egoístas o mezquinas en alguna medida. Pero existe una diferencia bastante intuitiva entre alguien que conserva ciertos frenos internos y alguien para quien toda relación humana queda subordinada a la ambición, el narcisismo o la necesidad de poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73040ce079113c42850ba2ff2b977ec2">Y esos frenos internos no aparecen espontáneamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2f531be04c80595be2fc58b037371778">Necesitan comunidad, educación moral, vínculos estables, instituciones respetadas y narrativas colectivas capaces de darle sentido a algo más grande que el deseo individual inmediato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-892b8db34817853838050e919a669553">Durante décadas, buena parte de los teóricos modernos de la democracia intentó convencerse de que la eficacia institucional era más importante que las virtudes personales. Que los sistemas podían funcionar incluso administrados por dirigentes cínicos, narcisistas, corruptos o moralmente miserables, siempre y cuando existieran controles, reglas y equilibrio entre poderes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef9eaff163c5fa9b5a4b552d08cf2048">La vieja fantasía liberal consistía en creer que las instituciones podían domesticar indefinidamente cualquier degradación humana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c01afdcb30beebd30e906c6fa7b10fe6">Pero quizás el gran problema contemporáneo sea precisamente el agotamiento de esa separación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a1da52af8a595b797ff49c6167037963">Porque hay algo nuevo en la escena política de esta época. Y no tiene que ver solamente con la inflación, el colapso de los partidos tradicionales o el avance de las derechas radicales. Lo verdaderamente novedoso —y quizás lo más inquietante— es otra cosa: la crueldad dejó de tener costo político para convertirse en virtud pública.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ab3ae97b861650fd136e218cf9bdee6">Y ahí la pregunta inicial deja de ser filosófica para volverse urgente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-095f9164d69e8f4c74af4c99a6c2218d">Porque si las malas personas pueden ser buenos gobernantes, entonces la degradación personal de los dirigentes sería apenas un problema secundario. Pero si la conducta termina moldeando inevitablemente el modo en que se ejerce el poder, entonces la crisis contemporánea es bastante más profunda de lo que parece.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-545b4be3571bfdd9fc30bc16cc699412">Después de todo, gobernar no consiste solamente en administrar recursos o diseñar políticas públicas. También implica decidir constantemente cómo se trata a otros seres humanos, qué sufrimientos resultan tolerables, qué límites no deberían cruzarse y qué tipo de vínculos se construyen entre poder y sociedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5446705b57ddcc7fbdcd93cc6e784896">Por eso resulta difícil creer que alguien cruel en lo personal pueda ejercer indefinidamente un poder humanizador en lo político. Tarde o temprano, la personalidad termina filtrándose en la forma de gobernar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-090b6615386f0e146079c4f971d233e2">Durante décadas, incluso los dirigentes más brutales necesitaban cierta escenografía moral. Había protocolos, moderación discursiva, formas mínimas de pudor institucional. Aun cuando gobernaban ajustando, reprimiendo o negociando privilegios obscenos, necesitaban disimularlo detrás de palabras nobles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-685b846ea575a1e7f4ae2602ff42ba27">Eso parece haber terminado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-147f77b5de6d44b70bd74216a9401047">Hoy la agresividad funciona como prueba de autenticidad. El insulto se volvió sinceridad. La humillación pública se transformó en liderazgo. Cuanto más brutal parece un dirigente, más “real” resulta para sociedades agotadas por años de hipocresía política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b871bb8b460ff707b1f6e2a7a2ec529f">Donald Trump no modera porque no necesita moderar. Benjamin Netanyahu endurece porque la guerra permanente ya forma parte de la lógica de supervivencia de su liderazgo. Javier Milei grita, ridiculiza y degrada a sus rivales porque esa violencia no es un exceso temperamental: es el corazón mismo de su construcción política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-215d9d0024aecaafcb9902bd64e0cd73">No gobiernan a pesar de la crueldad. La crueldad es instrumental a su gobierno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b5d8c376571f93829f72f4a196bb854">Y quizás ahí aparezca una primera respuesta incómoda a la pregunta inicial: tal vez las malas personas sí puedan conquistar el poder, ganar elecciones e incluso administrar coyunturas. Lo que resulta mucho más difícil es construir una política sana cuando la degradación moral deja de ser un límite y se transforma en identidad.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-28a85890ce97b827e1b8125664bd0eff"><strong>El fin de la vergüenza</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f003ae917f60d47b447f27cd2bcb292a">La democracia liberal siempre convivió con hipocresías. Los dirigentes hablaban de igualdad mientras acumulaban privilegios, defendían la república mientras negociaban impunidad y prometían transparencia mientras construían sistemas enteros de favores, cajas y lealtades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff96db26038c5b17cd07f8184281da61">Pero existía al menos una frontera simbólica. Había cosas que convenía ocultar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-23353ddb8a3ec6bb4ae05634c8795305">Hoy esa frontera parece rota.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0f55f9703d179844a3d8dd36d510457f">La política contemporánea ya no necesita coherencia moral para sostener legitimidad. Necesita impacto emocional. Necesita fabricar enemigos, organizar frustraciones y producir identificación afectiva inmediata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3686e1b354e6ef9817f38e7e536a3e86">Por eso, durante mucho tiempo, el dirigente exitoso solía ser aquel que demostraba templanza, disciplina, capacidad de interpretación histórica y vocación de construir algo que sobreviviera a su propia figura. Se esperaba de él no solamente carisma, sino también formación, autoridad moral, sentido estratégico y cierta disposición al sacrificio personal en función de un proyecto colectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1bf6ff26561becc27a64d0ab6d0e3f92">Hoy, en cambio, el triunfo político parece depender cada vez menos de esas cualidades. Gana quien consigue ocupar el centro emocional del conflicto, administrar la atención pública y convertir su presencia en un acontecimiento permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6d8e6753ff2dea6097e464c79581c385">La política se volvió un dispositivo de intensidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a08228d432193beda3a572efaca239fd">Y en ese escenario el mileísmo expresa bastante más que un experimento económico libertario. Expresa una sensibilidad histórica nueva: la reivindicación abierta de la crueldad social como forma de sinceridad política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4cad43a3ae4c641f9bd138c85addfb56">El ajuste deja de narrarse como tragedia y empieza a presentarse como limpieza moral. El sufrimiento aparece legitimado porque antes se construyó al otro como culpable: el empleado público, el periodista, el investigador, el militante, el sindicalista, el pobre asistido, el “ñoqui”, el “parásito”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2f92bfa93610020b95c3c832487c04ea">La violencia verbal no es un desborde. Es una tecnología de poder.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46e04ca79052c02854a3e6020691ea1b"><strong>La moral del castigo</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-963ef470d86fe55041f43433c32ec13d">Una parte importante de la sociedad argentina no votó solamente un programa económico. Votó también una fantasía punitiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1c678ff7ff81bc1ccff6b80d374d75ad">Después de años de inflación crónica, deterioro material, frustración política y agotamiento emocional, el mileísmo ofreció algo extremadamente potente: una forma de canalizar el resentimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7c91d9309711511f01f67797bbac7fbd">La “casta” funcionó menos como categoría política que como figura sacrificial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e231ee306f42e990cbb9750abd1ceaea">Ahí reside buena parte de la eficacia del fenómeno. No organiza solamente preferencias económicas. Organiza emocionalmente el odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8a7ac5be2d0f64d23f09ad12e5466a5">Y eso explica la centralidad permanente del insulto, la degradación pública y el lenguaje bélico. La política deja de ser administración del conflicto para transformarse en caza de brujas y en puesta en escena de enemigos permanentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6824eb0ef1aea54fe2d0d3e3b5310232">Pero sería demasiado cómodo creer que todo empezó con Milei.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4db17cfe9056a74bf2ee8f1b41173bb5">El problema es bastante más profundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1b017607d0b472bda4099a632ed96867">Porque si Milei expresa la brutalidad reivindicada, el gobierno de Alberto Fernández terminó encarnando otra forma de degradación contemporánea: la hipocresía convertida en método político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1624e8b8842b27bf8ee2fa1466fd9f7">Durante años el Frente de Todos intentó sostener una narrativa basada en la moderación republicana, el progresismo institucional y cierta superioridad ética frente al macrismo. Pero el derrumbe terminó siendo devastador precisamente porque la distancia entre discurso y conducta se volvió obscena.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-97d461592a8410a123349fb26d7cc76d">No fue solamente el fracaso económico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aec7316d5255d57915f62ae3336de457">Fue algo más corrosivo: dirigentes que hablaban permanentemente de cuidado, responsabilidad y perspectiva de género mientras reproducían prácticas profundamente contradictorias con aquello mismo que proclamaban defender.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f8dab65b152d73d4d43b859be3c99b2">Y cuando esa distancia se vuelve demasiado grande, el problema deja de ser moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-569ea744262bbf9719684af16432647c">Se vuelve político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d810f4517a2b307df5488393b9b59c5c">Porque la autoridad empieza a vaciarse desde adentro.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="353" height="386" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che.jpg" alt="" class="wp-image-19849" style="width:444px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che.jpg?v=1779551051 353w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che-274x300.jpg?v=1779551051 274w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che-134x146.jpg?v=1779551051 134w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che-46x50.jpg?v=1779551051 46w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che-69x75.jpg?v=1779551051 69w" sizes="(max-width: 353px) 100vw, 353px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración: Grupo Crónica.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6cccecacc1b9b5ff43497ae18e5d5cc3"><strong>Lo que la política perdió</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-08a4e3ad6d59ebf62aecc7382b56dafe">Quizás la discusión más importante de esta época ya no pase por las identidades políticas tradicionales ni por las etiquetas con las que durante décadas se ordenó el debate público.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac430ccfb4dbf8c906888e20b2c44108">La pregunta más profunda parece ser otra: si todavía existen límites capaces de ordenar la conducta del poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-feaa190b1bab76965e69f13b56d8a0cf">Porque en el fondo, preguntarse si las malas personas pueden hacer buena política es preguntarse si la política puede sobrevivir sin alguna forma de ética compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8fb08cdbdf4296944abb295fff5c3750">Las ideologías todavía sirven para construir relatos, generar pertenencias y movilizar emociones. Lo que ya casi no hacen es imponer frenos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62e75f7e86ec635ffa8562d8d8f6c93c">Las doctrinas, en cambio, cumplían otra función.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a48839d494f72c17bf49273e402d518">No eran solamente programas políticos ni plataformas de gobierno. Eran sistemas de valores que pretendían moldear conductas individuales, disciplinar ambiciones y establecer una ética de pertenencia colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-475fb4e377a6d541e973fd2de868944b">La importancia histórica de las doctrinas no residía únicamente en su capacidad para organizar modelos económicos o construir identidades políticas. Su función más profunda era actuar como mecanismos de formación moral. Le decían a las personas no solamente qué pensar sobre el mundo, sino también cómo comportarse dentro de él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-36c37171a80823b2ef0371099bb0d1bc">Durante buena parte del siglo XX, las grandes tradiciones políticas todavía conservaban esa pretensión pedagógica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5be1c0b3f8982a798051ab81e7863d07">La doctrina peronista, por ejemplo, no se limitaba a proponer un modelo económico o una forma de organización social. También buscaba definir virtudes personales: la lealtad, el sentido de comunidad, la responsabilidad social, cierta idea de austeridad y de subordinación del interés individual a un destino colectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-607633ddcfa4795a3506db596e3b2603">Algo similar ocurría en otras experiencias revolucionarias del continente. El guevarismo imaginaba al “hombre nuevo” como una transformación moral antes que solamente política: alguien capaz de sacrificar comodidad, prestigio o beneficio personal en nombre de una causa común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6fd51a4db16b2b8f7c18c7a7c1735559">Podrá discutirse cuánto de esas aspiraciones se cumplió en la práctica. Pero incluso sus contradicciones revelaban algo importante: existía la idea de que la política debía imponer obligaciones morales sobre quienes ejercían representación o militancia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4860b0ac96ddb02d337abea776732a0c">La doctrina funcionaba así como un límite interno frente al oportunismo absoluto. Introducía la noción de que no todo deseo era legítimo, no toda ambición era honorable y no toda acción eficaz resultaba moralmente aceptable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c23a71d943abd5b11f7974f234e30a66">Y ahí aparece uno de los grandes vacíos contemporáneos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d561ea7c8e67f70c4a254a2171b39a45">La política todavía discute ideas y consignas. Lo que perdió fueron los límites internos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e36dcd8318dcb044ed8975fbeab6e9b">Todo queda subordinado a la eficacia comunicacional, el algoritmo, el impacto emocional, la lógica electoral o la supervivencia inmediata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e66e13fab1000011415474ce3d799a3f">Por eso el cinismo dejó de ser una excepción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60b2fc22714ec2980d79a19e74339579">Se convirtió en método.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1548f9a8f37ea916899901a7ef33a548"><strong>Religión, disciplina y sociedades resistentes</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-68553a2004479904fa3e3de0beae5b01">Tal vez por eso algunas tradiciones religiosas siguen resultando tan incómodas para la sensibilidad política contemporánea.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a24d3afff3cb5856adf00c32c9f3924">Porque recuerdan algo que las democracias liberales muchas veces prefieren olvidar: ninguna comunidad se sostiene solamente mediante derechos abstractos, administración técnica o incentivos materiales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-edff9d825020c3c080b0113ac627f632">Toda sociedad necesita reglas sobre la conducta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa68b13bc7e5c6650c79dbb323016f19">El Islam quizás sea uno de los ejemplos más visibles de esa lógica porque articula fe, práctica cotidiana y pertenencia colectiva dentro de una misma estructura doctrinaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bdec754bfd7c075c6b69e8b051cff15c">La oración organiza el tiempo. El ayuno introduce disciplina. El zakat —la caridad obligatoria— transforma la solidaridad en mandato concreto y no en gesto ocasional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-313069ca7d1babbf59a87b3ac2f7ecd2">La religión aparece así no solo como sistema espiritual sino también como estructura de cohesión social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-697b84e56c3d3803b648f373baec7bff">Y eso ayuda a entender parcialmente algo que desconcierta a gran parte de los análisis occidentales: la persistencia de la República Islámica de Irán incluso después de décadas de sanciones, aislamiento, deterioro económico y conflicto permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0701820f3ef28b37a17ecec3e37e23c1">Más allá de las diferencias internas, el desgaste generacional y las tensiones sociales, el régimen iraní conserva una capacidad de resistencia que no puede explicarse solamente por coerción estatal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ea41977449f381a65e5d3c936d80d72">Existe allí una estructura cultural, religiosa y moral capaz de producir liderazgos múltiples, disciplina colectiva, sentido histórico y disposición al sacrificio incluso en contextos extremos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-75cfdfd41f8f581f2c39f99c9c710607">En sociedades profundamente individualizadas, sostener esfuerzos prolongados se vuelve cada vez más difícil. Todo aparece fragmentado: las identidades, las lealtades, incluso la idea misma de comunidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df30b5d09d46cbcb0180a6895788ed22">Irán muestra algo que la política liberal contemporánea suele subestimar: los órdenes más resistentes suelen ser aquellos capaces de articular poder, conducta y sentido dentro de una misma narrativa colectiva.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98af9be6f1db802c1784abbcc7338ed3"><strong>El Estado ausente y las experiencias incómodas</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9c5ebe071be492783a50e3c33f93787e">En Argentina esa discusión aparece con especial crudeza en lugares donde el Estado fracasa sistemáticamente: cárceles, consumos problemáticos, exclusión extrema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bb809cc2a3883d280a5534ef27f627e">Y es precisamente ahí donde emergen experiencias incómodas para buena parte del progresismo contemporáneo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-495d7e210594a8f1a9a6cea08f5c7698">Los pabellones evangélicos dentro de las cárceles argentinas suelen mostrar menores niveles de violencia y mayores procesos de reorganización personal que muchos dispositivos estatales tradicionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-991ea372f96fcbcbac9e38b4beff0369">Lo mismo ocurre con numerosas comunidades religiosas de recuperación de adicciones en barrios populares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fd89092956969027ec858aafb8ba8d2">No porque posean tecnología sofisticada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-09b630cf4f91b20841f241c1e08ccbbe">Sino porque trabajan sobre algo que gran parte de la política moderna dejó de saber nombrar sin incomodarse: disciplina, rutina, límite, responsabilidad, conducta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce1b10a11bbc8496aac125b1277c09a9">Entienden que recuperar a alguien no consiste solamente en reconocer derechos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c5ab98ffc0a6bcefdda054cb621a1f20">También implica reconstruir hábitos, vínculos y sentido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5a18077d801687108e423eb2b9acf8d">Y ahí aparece una tensión profunda de las democracias contemporáneas. Temen —muchas veces con razón histórica— que toda exigencia moral derive en autoritarismo. Pero al mismo tiempo tienen enormes dificultades para reconocer el problema inverso: cuando ninguna conducta puede exigirse, el tejido colectivo empieza lentamente a desintegrarse.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="538" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-1024x538.jpg" alt="" class="wp-image-19851" style="width:773px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-1024x538.jpg?v=1779551175 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-300x158.jpg?v=1779551175 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-768x403.jpg?v=1779551175 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-260x137.jpg?v=1779551175 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-50x26.jpg?v=1779551175 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-143x75.jpg?v=1779551175 143w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin.jpg?v=1779551175 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración: El Acorazado Potemkin. Grupo Crónica.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f1e1a957a3887bc89086d77af2baeea"><strong>La política sin doctrina</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c684f878324660a55baf3490e8f7ace1">Tal vez el problema contemporáneo no sea solamente la corrupción económica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40cda0f1ffc8b0fa1112e5c62c4a5565">Tal vez el problema más profundo sea la destrucción progresiva de todo horizonte ético compartido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46f6597be112c9f6a679f1e789675487">Porque las sociedades pueden tolerar inflación, deterioro material e incluso largos períodos de decadencia. La historia está llena de pueblos que sobrevivieron guerras, hambrunas y crisis devastadoras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-25f79b1f8b49e5b5954573a274cec991">Lo que resulta mucho más difícil de sostener es la sensación de que nadie cree realmente en aquello que dice defender.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db8198c5847693972ce315e1c483dc05">Ese es quizás el verdadero núcleo del malestar contemporáneo: no solamente la pobreza, la inseguridad o el fracaso económico, sino la percepción creciente de que la política se convirtió en un espacio completamente separado de cualquier obligación moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d9e0261f2a6540d462ea05657a43256">Cuando la política pierde toda relación con la conducta, todo se vuelve táctica, algoritmo, comunicación instantánea y administración emocional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-457df88569a6d97ca7310a28be5344c4">Ya no importa la verdad sino el impacto. Ya no importa la coherencia sino la capacidad de dominar la conversación pública durante algunas horas. La política deja de organizar proyectos colectivos y pasa a gestionar estímulos, indignaciones y enemigos transitorios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec90018149b4b7a352abe5dc449717b5">Las redes sociales terminaron acelerando brutalmente ese proceso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73d793e6d58f11da3698e46d363c20d3">Gobernar empieza a parecerse cada vez más a producir contenido. El dirigente exitoso ya no es necesariamente el más preparado ni el más honesto, sino el que logra monopolizar la atención, humillar mejor al adversario o convertir cada conflicto en espectáculo permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-011a2ec235658577f1887920ccee1ead">La indignación se monetiza. El escándalo genera centralidad. La agresión produce identidad grupal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-69c71d547494d5243f2fcd5c2b6a0d46">Y entonces aparece una mutación cultural extremadamente peligrosa: la sociedad empieza lentamente a admirar rasgos que antes consideraba degradantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1061bf91a9a85cee573d8901aa339de5">La crueldad se interpreta como fortaleza. La falta de empatía se vuelve signo de carácter. El cinismo pasa a confundirse con lucidez. La vulgaridad aparece como autenticidad. Y la capacidad de destruir emocionalmente al adversario comienza a percibirse como liderazgo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-11e96bbd7bb2aaf2cdb1ba3ed3cb819a">No se trata solamente de un problema ideológico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d09c57787a9bab37129c35e789b164b1">Es algo más profundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9b90f5792ea455bada93411768e3a12">Es una transformación antropológica de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3e4c4d9396acf58fdebe374ad0233e78">Porque cuando una sociedad naturaliza que sus dirigentes mientan sistemáticamente, humillen públicamente, disfruten del daño ajeno o gobiernen desde el resentimiento, el problema deja de pertenecer únicamente a quienes ejercen el poder. Empieza a modificar también los vínculos sociales, las conversaciones cotidianas y la forma en que las personas aprenden a relacionarse entre sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b91e0d46d2d79cd1b81bfedaffc7f69a">La degradación política nunca permanece encerrada dentro de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ecb7cd0aa25b4bfe7a50535b6cbb7683">Desciende.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb75c1c0cb47ef6098ea3a6fe01338bb">Se filtra en las familias, en las escuelas, en los medios, en las redes, en el lenguaje público y finalmente en la vida cotidiana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-55a30214ee8b217fced611256554fa22">Por eso las sociedades sin doctrina terminan volviéndose sociedades sin límites internos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39dc50b8dff2f6391ca1c868efc91711">Ya no existe una ética compartida capaz de ordenar conductas más allá de la conveniencia inmediata. Todo queda subordinado a la lógica de la eficacia, el beneficio individual o la supervivencia tribal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f472e79626cf9b6b8efa7929b7820d04">Y cuando eso ocurre, incluso las democracias conservan apenas su superficie institucional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-452479593fb7e5374b5ba09004787b1b">Siguen existiendo elecciones, congresos, tribunales y discursos republicanos. Pero lentamente desaparece aquello que permitía que las instituciones funcionaran: cierta idea de responsabilidad, de autocontención y de obligación moral frente al otro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-20ee45c4d9b5b899c8090c2daef0174a">Ningún sistema político puede sostenerse indefinidamente si sus élites pierden toda noción de límite.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38920e6d366b9bdc1b8b6f574debd0f6">Porque el problema de las malas personas no es solamente que puedan llegar al poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff4eb65f965008f4683c2ee98f766f7e">El problema es que, una vez allí, tienden a reorganizar toda la cultura política a su propia imagen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d2e012fd07b49c272fef6f794e629774">Y quizás ahí pueda ensayarse una respuesta final a la pregunta inicial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6aedf4d6d1fc94dd93058502e937973">Sí, probablemente las malas personas puedan conquistar el poder, ganar elecciones e incluso administrar coyunturas favorables. La historia demuestra que muchas veces pueden hacerlo con enorme eficacia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f28121f61e18c3f47f3220c4c652ffff">Lo que difícilmente puedan construir es una comunidad política sana, estable y duradera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b6ef945096fb66794b4bb130d05e156f">Porque tarde o temprano el poder termina pareciéndose a la moral de quienes lo ejercen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73c178b3e95a857be347ab7be3fe9629">Y cundo la crueldad deja de ser un límite para transformarse en virtud, la política deja gradualmente de producir ciudadanía y empieza a producir otra cosa: sociedades resentidas, fragmentadas, emocionalmente agotadas y cada vez más incapaces de distinguir entre liderazgo y destrucción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-084a5cb87ca7b9ac48a563086a742df8">Ahí empieza el verdadero peligro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6829770d7dde50493d3d409bd0d1d2f">No cuando aparecen dirigentes brutales, oportunistas o cínicos —eso existió siempre—, sino cuando las sociedades empiezan a percibir esa degradación como algo normal, inevitable o incluso admirable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40df29ee185ad692f65f87b69ad78ea6">Porque en ese momento la crisis deja de ser solamente política y se vuelve civilizatoria.</p>



<div style="height:55px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2dd694f2c94710f17ae90422caa2cb2a">Sábado, 23 de mayo de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://panamarevista.com/wp-content/uploads/2026/03/img_1773775149_6032.webp" alt=""/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3afecb1ad371fd27b92f4300a9b5886f">Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Seguí acompañándonos:</strong>&nbsp;<strong>Sumate a la campaña «Colaborá con La Tecl@ Eñe».</strong></h2>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fpueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti%2F&amp;linkname=%C2%BFPueden%20las%20malas%20personas%20ser%20buenos%20gobernantes%3F%20%E2%80%93%20Por%20Bruno%20Carpinetti" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fpueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti%2F&amp;linkname=%C2%BFPueden%20las%20malas%20personas%20ser%20buenos%20gobernantes%3F%20%E2%80%93%20Por%20Bruno%20Carpinetti" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fpueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti%2F&amp;linkname=%C2%BFPueden%20las%20malas%20personas%20ser%20buenos%20gobernantes%3F%20%E2%80%93%20Por%20Bruno%20Carpinetti" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fpueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti%2F&amp;linkname=%C2%BFPueden%20las%20malas%20personas%20ser%20buenos%20gobernantes%3F%20%E2%80%93%20Por%20Bruno%20Carpinetti" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fpueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti%2F&amp;linkname=%C2%BFPueden%20las%20malas%20personas%20ser%20buenos%20gobernantes%3F%20%E2%80%93%20Por%20Bruno%20Carpinetti" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fpueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti%2F&amp;linkname=%C2%BFPueden%20las%20malas%20personas%20ser%20buenos%20gobernantes%3F%20%E2%80%93%20Por%20Bruno%20Carpinetti" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fpueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti%2F&#038;title=%C2%BFPueden%20las%20malas%20personas%20ser%20buenos%20gobernantes%3F%20%E2%80%93%20Por%20Bruno%20Carpinetti" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/" data-a2a-title="¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes? – Por Bruno Carpinetti"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/">¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes? &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
