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	<title>Militancia revolucionaria archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Sun, 19 Jul 2026 04:35:01 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Militancia revolucionaria archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Mario Roberto Santucho, medio siglo después &#8211; Por Daniel Cecchini</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jul 2026 03:11:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Cecchini]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura Militar]]></category>
		<category><![CDATA[ERP-PRT]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Roberto Santucho]]></category>
		<category><![CDATA[Militancia revolucionaria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poco después del mediodía del lunes 19 de julio de 1976, un grupo de tareas del ejército mató en combate al líder del PRT-ERP, figura central de la política y los proyectos revolucionarios de los ’60 y los ’70. El autor de estas líneas, en las que también hay recuerdos personales, se propone rescatar su dimensión como militante revolucionario y su contraste con las prácticas políticas de estos tiempos.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/mario-roberto-santucho-medio-siglo-despues-por-daniel-cecchini/">Mario Roberto Santucho, medio siglo después &#8211; Por Daniel Cecchini</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2da949104deab35c320cee6da50a8fab wp-block-paragraph"><em><strong>Poco después del mediodía del lunes 19 de julio de 1976, un grupo de tareas del ejército mató en combate al líder del PRT-ERP, figura central de la política y los proyectos revolucionarios de los ’60 y los ’70. El autor de estas líneas, en las que también hay recuerdos personales, se propone rescatar su dimensión como militante revolucionario y su contraste con las prácticas políticas de estos tiempos.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-146ac64d371bf09d11598b54ae6e9dc5 wp-block-paragraph"><strong>Por Daniel Ceccnini</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2b5859a2a7f570d851e8f226ecc74e96 wp-block-paragraph">Figura ineludible cuando se trata de analizar y debatir la realidad política de la Argentina en las décadas de los ’60 y los ’70, a 50 años de su muerte, la imagen de Mario Roberto Santucho -secretario general del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y comandante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)- corre el riesgo de quedar cristalizada en el confuso territorio del relato heroico, una de cuyas posibles consecuencias es el desdibujamiento de su producción teórica y su pensamiento político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b5df4c22e297e5dfcf6fb79378de8b5b wp-block-paragraph">También en estos tiempos donde la política se nutre y se motoriza de simplificaciones banales, de buenos y de malos, de héroes y demonios, se hace difícil calibrar su verdadera dimensión como hombre comprometido con su país y con su época, su estatura como militante revolucionario. Por eso tecleo estas líneas, que van a empezar con un recuerdo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-63b5e18c69afd1af35b3f1d2a3bea271 wp-block-paragraph">El titular de <em>La Gaceta</em> de La Plata, leído así, de sopetón, en las manos del canillita que lo exponía sabiendo que iba a vender en esa esquina, fue una patada –no, patada no: un tiro– en las bolas. «Mataron a Santucho», decía la portada del diario, a seis columnas, con letras obviamente catástrofe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c538d82e61ffef37f7ca0b2ac899d8ca wp-block-paragraph">Venía caminando por la calle 1, desde 53 hacia 47, cerca de las tres de la tarde para encontrarme con Beto (Alberto Peón, desaparecido) para que me llevara tabicado a una reunión. El canillita me puso en la cara el titular en 1 y 50 -frente al ex comedor universitario, casi llegando a mi colegio Nacional– y, casi al mismo tiempo que el tiro en las bolas, o apenas después, me dije que era mentira, que no podía ser.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8a2b475bdcb18e0f00c2011c6231fad2 wp-block-paragraph">En 1 y 48 la cara de Beto me dijo todo. Es mentira, insistí, desde el optimismo voluntarioso de mis veinte años apenas cumplidos, pero anclado en el pesimismo de la 45 que llevaba calzada atrás, en la cintura, entre el culo y la espalda, para hacer la contención si se daba el caso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-49a593f42d8b56077a7881a69390b42a wp-block-paragraph">No, es cierto, me dijo Beto, ahí, parados en 1 y 48, casi congelados, mirándonos. Y recuerdo cómo lo miré. Lo vi con su cara un poco colorada en los cachetes, su bigote rubio que avanzaba sobre los labios y su incipiente pancita que a mí me parecía condenable para un militante revolucionario, aunque ya tuviera 27 años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00b071c571c49d0fdff1cf54af29f90c wp-block-paragraph">No, es cierto, me dijo Beto y yo no contesté. <em>La Gaceta</em> –que él tenía en sus manos– decía que habían caído o matado también a Benito Urteaga, a Domingo Menna y al Pelado Gorriarán Merlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-76d8bd5c9b5839ded13e1c25d52a7e2f wp-block-paragraph">No puede ser, dije. Todos juntos en un departamento sin escape. No puede ser, repetí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b7ae84c997d5a74b0cd66cb0434062d wp-block-paragraph">Beto no me contestó eso; sólo me dijo: El Pelado no cayó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce0e851241c975991e2c938d73face1a wp-block-paragraph">Y ahí Beto me puso un brazo sobre los hombros, yo bajé la mirada y cerré los ojos, y me empezó a llevar caminando, tabicado, a la casa donde íbamos a tener la reunión, guiándome con su brazo, sin hablar. Había que seguir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e141cff11965bc00d8458a0b62e26c0b wp-block-paragraph">No recuerdo mucho de esa reunión. Estábamos los responsables políticos de los diferentes frentes (en mi caso, el universitario), creo que también estaba Federico (Carlos Martínez, también desaparecido) con su mirada clara y ese día húmeda. Sí me acuerdo de que lo que estaba planificado cambió de repente. Y lo que sí recuerdo claramente es que esa noche, esa misma noche, la tarea fue salir a pintar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13ecaf2c9585f038f4220a39f45d4e5f wp-block-paragraph">Las pintadas no fueron todas iguales. Del Frente Universitario salieron cinco o seis grupos, por facultad. El grupo del Museo estaba a cargo del Nene (Alberto Farías, desaparecido); el de Medicina lo armó Lucía, La Cuñata (Marlene Kreguer Krug, desaparecida); el responsable de Ingeniería era Le Duan (que sobrevivió y le decíamos así porque se parecía a lo que creíamos que era un vietnamita); del resto no me acuerdo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-05ea2d46114ec0b67b5642b3303cab4d wp-block-paragraph">En la reunión previa, Le Duan propuso pintar «Comandante Carlos, hasta la victoria siempre» (Lo de Carlos venía por Carlos Ramírez, el nombre de guerra que Robi Santucho había utilizado en el libro del IV Congreso del PRT). Le dije que no, que eso no lo sabía nadie, y que había que pintar «Mario Roberto Santucho, hasta la victoria siempre. AVOMPLA».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a6e00a2cf95606049f94f4489de9d22 wp-block-paragraph">Para terminar con ese día, todos pintamos eso (yo salí con un grupo de Arquitectura) menos los compañeros que salieron con Le Duan, que pintaron como veinte «Comandante Carlos» sobre las paredes de la calle 2. Al día siguiente lo acusé de cortarse por la libre y llegué a putearlo, lo que era un exceso para el estilo respetuoso que cultivábamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8824f2d0f8e6433e3ee26a26a26238bb wp-block-paragraph">Pero eso no importa. Lo que importa es que esa noche, la noche del día que mataron a Santucho, en un momento en que la represión era terrorífica en todo el país y alcanzaba niveles extremos en La Plata, nadie dejó de salir a pintar, con apenas unos cuantos aerosoles y unas pocas armas que de poco podían servir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a482d2bfb1d9edd30acb29809fde7fa6 wp-block-paragraph">Lo que acabo de contar es apenas una anécdota, una de las tantas que pueden contar todos y cada uno de los militantes del PRT-ERP que sobrevivimos al terrorismo de Estado peronista y a la dictadura que lo continuó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e85e9be373c54fc68c968b1e5281bda wp-block-paragraph">Cincuenta años después de la muerte de Mario Roberto Santucho, sólo quiero interrogarme sobre su legado. Para tener una idea de la centralidad de su pensamiento en la línea política del PRT-ERP basta un dato: de los 130 editoriales existentes en los archivos de <em>El Combatiente</em>, el órgano de prensa del partido, 76 llevan su firma, es decir, el 58 %.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d482ae8d69d3560e0c17b693d08faccc wp-block-paragraph">Pero cuando aquí hablo de legado no me refiero a su capacidad de análisis político, ni a su (a veces de manera excesiva) indiscutible liderazgo, ni a sus decisiones político-militares. Con el diario de medio siglo después, no es un asunto que me den ganas de explorar en el aniversario de su caída en combate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9788d214d0dda9ce4dec1d473be32e4c wp-block-paragraph">Me refiero a su figura como militante revolucionario. A lo que su ejemplo –el ejemplo que imprimió en cada uno de los integrantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores y de los combatientes del Ejército Revolucionario Pueblo– nos dejó, aún a los militantes más jóvenes en aquel entonces. Y nos lo dejó para siempre, como una manera de posicionarse y actuar en la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-45586e238fac220d110f1a2a04b47a49 wp-block-paragraph">Santucho nos enseñó que la política es una herramienta revolucionaria; y con su ejemplo nos mostró que se puede y se debe entregar la vida a la política revolucionaria. Que se estudia, se trabaja y se vive para esa militancia política. Que se entrega todo sin esperar nada para sí. Que se vive y se muere para la política revolucionaria, pero que jamás se vive de la política como lo hacen los políticos burgueses. Porque un militante revolucionario jamás vive ni saca beneficios personales de ella.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b9614012ea1e061bcbb91cb07d60417 wp-block-paragraph">Medio siglo después de la muerte de Mario Roberto Santucho, sus restos siguen desaparecidos. Como también los de los compañeros que cayeron ese triste 19 de julio de 1976 en el departamento de Villa Martelli o en otros lugares: Benito Urteaga, Domingo Menna, Ana María Lanzilloto, Liliana Delfino y Fernando Gertel.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9df3ad0d949e11f8f2ae5d7e7151bfc4 wp-block-paragraph">No es una casualidad, tampoco una simple revancha de los genocidas civiles y militares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd0ce62d9d1cfea964fb3b992b9c3cc5 wp-block-paragraph">Es un intento –que les ha resultado, pero que a la larga será fallido– de hacer desaparecer también su ejemplo. Un modelo de militante revolucionario que hoy hace mucha falta.</p>



<div style="height:55px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-098d8840212dfc5b0e6a1f51b97feca9 wp-block-paragraph">19 de julio de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://www.elcohetealaluna.com/wp-content/uploads/2018/09/Daniel-Cecchini-by-Marti%CC%81n-Katz.jpg" alt="" style="width:144px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-082baa2fe05f63bfe2f9a96fb0ae997c wp-block-paragraph">*Periodista.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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