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	<title>mentira archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>mentira archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La relación del poder político con la verdad (presidentes que mienten) &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Dec 2019 20:42:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[Cadena Nacional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El presidente argentino se retira mintiendo para los  que disfrutan de esa mentira aunque les haya ido muy mal con esta administración. El sacrificio que en otros tiempos se podía hacer por la verdad, ha metamorfoseado en un masoquismo de la mentira y un odio de PlayStation donde el Neoliberalismo ha encontrado una de las claves mayores de su reproducción.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-relacion-del-poder-politico-con-la-verdad-presidentes-que-mienten-por-jorge-aleman/">La relación del poder político con la verdad (presidentes que mienten) &#8211; Por Jorge Alemán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El presidente argentino se retira mintiendo para los  que disfrutan de esa mentira aunque les haya ido muy mal con esta administración. El sacrificio que en otros tiempos se podía hacer por la verdad, ha metamorfoseado en un masoquismo de la mentira y un odio de PlayStation donde el Neoliberalismo ha encontrado una de las claves mayores de su reproducción.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Siempre la política en el ejercicio de su poder encontró argucias, estrategias retóricas, para intentar con su discursos maquillar a la realidad según los intereses dominantes. Para ello necesitaba pensar en sus estrategias discursivas, determinar claramente hacia dónde dirigir la atención y saber muy bien lo que debería en el caso ser evitado. En el siglo XXI ha surgido un fenómeno distinto que debe ser reconocido en su propia lógica. Por ejemplo, un presidente saliente como el argentino, Macri, despide su mandato sin maquillar nada y mintiendo en todo. Antes el maquillaje nunca era total, siempre guardaba cierta relación verosímil con la realidad. Ahora, y esto no sucede sólo en Argentina, se puede mentir en todo, se pueden de un modo radical invertir todos los datos de la realidad. Es la época donde la mentira total ha irrumpido en la escena de la política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para que este nuevo fenómeno pueda cumplimentarse tiene que haber habido un cambio de época, un cambio tan determinante que afecta a la propia relación del sujeto con sus propios modos de representarse la realidad. Si es cierto que esos modos, de una manera u otra, siempre fueron atravesados por una distorsión (a eso es a lo que se suele llamar Ideología) que impedía un acceso total a lo real, en estos tiempos se podría considerar que la distorsión ya puede ser integral. Se puede estar incendiando todo y decirnos que nos esperan días hermosos en el mar. Describir las técnicas que intervienen para que semejante distorsión, para que semejante mentira sea efectiva para unos cuantos, demandaría un pormenorizado análisis de los rasgos más específicos y constitutivos de esta época. Capitalismo y Técnica vendrían a darnos el horizonte histórico donde estos procedimientos que promueven está mutación deben ser pensados. No pretendemos entrar en ello en este breve texto. Pero sí señalar con énfasis que vivimos una época donde se desea mucho más escuchar aquello que nos brinde un lugar al que nos podamos identificar dentro de un círculo que optar por la verdad. El presidente argentino miente pero dice aquello que quieren escuchar los que se identifican con los rasgos que conforman y dibujan el círculo social al que creen pertenecer. Porque también aquello a lo que creen pertenecer forma parte, en muchas ocasiones, de la mentira. Es necesario aclarar aquí que esa identificación no responde a ningún interés económico especial ni está regida por el Principio de Placer. Siempre el sujeto paga un precio por las mismas a cambio del odio que podrá ejercer como ganancia gracias a esa identificación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es esta una mutación antropológica de tal magnitud la que abre un serio interrogante sobre la relación de los sujetos con la verdad en el mundo contemporáneo. De hecho, para muchos sujetos, la política es ya de entrada una mentira, no puede para ellos ser otra cosa que una mentira y por tanto adhieren, sin mucho afecto, al que les miente descaradamente. Porque miente descaradamente, dice la verdad de la política: todo es y tiene que ser mentira. El presidente argentino se retira mintiendo para los suyos, esos que disfrutan de esta mentira aunque incluso les haya ido muy mal con esa administración. El sacrificio que en otros tiempos se podía hacer por la verdad, se ha metamorfoseado en un masoquismo de la mentira y un odio de PlayStation. Un odio hacia el otro y hacia sí mismo donde se deben buscar por dónde el Neoliberalismo ha encontrado una de las claves mayores de su reproducción.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Madrid, 6 de diciembre de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Psicoanalista, escritor y poeta. Su último libro publicado es «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación».</em></span></p>
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		<title>El caos como modelo &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2021 14:29:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El psicoanalista Sebastián Plut afirma en esta nota que el neoliberalismo impone un mundo de sujetos irreflexivos, desconectados entre sí, desligados de su propio contexto inmediato que los habilita a exponerse sin pudor y a desarrollarse sin freno. La escena donde dirigentes del macrismo  primero repudiaron y denunciaron la vacuna Sputnik V, y luego reclamaron por la falta de dosis suficientes, es un ejemplo, entre otros tantos, de esa arrolladora exposición sin freno.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El psicoanalista Sebastián Plut afirma en esta nota que el neoliberalismo impone un mundo de sujetos irreflexivos, desconectados entre sí, desligados de su propio contexto inmediato que los habilita a exponerse sin pudor y a desarrollarse sin freno. </em></strong><strong><em>La escena donde dirigentes del macrismo  primero repudiaron y denunciaron la vacuna Sputnik V, y luego reclamaron por la falta de dosis suficientes, es un ejemplo, entre otros tantos, de esa arrolladora exposición sin freno.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1. La escena, una más entre muchas del mismo tipo, se conoció y se subrayó. Dirigentes del macrismo que, primero, repudiaron y denunciaron la vacuna rusa, que exigieron que se la apliquen solo los funcionarios del Gobierno Nacional, luego reclamaron por la falta de dosis suficientes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La gravedad de aquella conducta se hizo pública, por ejemplo, cuando nos enteramos de una médica que falleció pues, inicialmente, se había sumado a la desconfianza y, lamentablemente, cuando decidió vacunarse fue tarde. Con efectos menos dramáticos, la inconsecuencia neoliberal se replicó en miles de sujetos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A mí me sucedió, en mis vínculos cotidianos, que aún no terminaba de salir de mi asombro al escuchar las mayores invectivas contra la Sputnik, cuando de las mismas bocas oí la urgencia por disponer de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sería tan fácil como desacertado suponer que sencillamente ocurrió un saludable cambio de opinión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿En qué difieren los errores que todos podemos cometer de la conducta descripta? De entrada, digamos que dos rasgos estuvieron ausentes en el pasaje desde la denuncia hasta el reclamo por mayores dosis. Primero, la rebeldía contra la Sputnik no tenía ningún fundamento consistente, se exhibía como un rechazo irracional. Luego, el cambio de posición no incluyó en ningún caso una autorectificación. En efecto, no escuchamos de los detractores una reflexión sobre por qué habían tenido una impresión inicial negativa y cómo o por qué posteriormente pudieron transformarla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">2. Pese a que en la historia reciente del macrismo, funcionarios y votantes nos colmaron de escenas semejantes, no deja de producir asombro que puedan afirmar una incoherencia mayúscula y a posteriori lleguen a expresar todo lo contrario cual si nunca se hubiesen manifestado en otro sentido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Analizar este tipo de episodios tiene relevancia no solo para comprender la peculiar retórica de un grupo de dirigentes, sino sobre todo por su eficacia en la subjetividad de sus propios votantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La cifra es la irracionalidad, el caos cognitivo que habilita a formular asertos insostenibles y, luego, abandonarlos sin que, en apariencia, dejen marca alguna en quien los profirió. Sin embargo, hay un tercer rasgo que no se hace esperar, el estado de urgencia y desamparo en que los deja la primera parte de la secuencia, orfandad que resulta no sólo de la irracionalidad desplegada sino de la violencia que aquélla contiene. Para decirlo según el episodio de mediados del siglo pasado: si proclaman <em>“¡Viva el cáncer!”</em> deberán saber que la metástasis también los alcanzará a ellos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">3. Gritan hasta el cansancio que CFK responda ante la justicia, y lo mencionado en los párrafos previos se cumple punto a punto. Si las denuncias contra la actual vicepresidenta tienen o no algún asidero importa poco y nada; la gravedad institucional que implica el <em>lawfare</em> no los inquieta en absoluto (pese a que por cualquier otro motivo cuestionan a “los jueces”); que CFK se hubiera presentado antes los tribunales en cada ocasión que se lo demandaron (no sin una mezcla de crueldad y absurdo) no les modifica el supuesto de que evade la justicia. Y el corolario dijo presente: cuando la ven responder ante cada expediente, la agravian diciendo que <em>“sólo le preocupan sus problemas con la justicia”</em>.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">4. Recordemos que Freud distinguió dos tipos de juicios, el de atribución y el de existencia. El juicio de atribución permite juzgar algo como bueno o malo, útil o perjudicial, en tanto el juicio de existencia decreta si aquello que tengo en mi mente coincide (o no) con la realidad. Puedo decir que un libro es muy bueno o muy malo, pero siempre bajo la condición de que el libro al que me refiero exista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, si tal como señaló Freud, el juicio de atribución es anterior al juicio de existencia, no se trata únicamente de un dato del desarrollo evolutivo, sino que nos indica que un sujeto puede juzgar algo negativamente (o positivamente) sin preguntarse si aquello existe. Por esta vía, la exageración neoliberal, su desmesura, excluye toda coherencia, desiste de todo rastro de objetividad y abomina de la complejidad de toda singularidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nada quedará de la representación política en la medida en que tampoco emplean un lenguaje que los represente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">5. Cuando Freud indagó el pensamiento infantil y la génesis de la pulsión de saber señaló que resulta determinante un conjunto específico de tres teorías, a las que denominó <em>premisa universal del falo</em>, <em>parto por deposición</em> y <em>concepción sádica del coito</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La primera conduce a la construcción de los particulares modos de clasificar realidades internas y externas; la segunda supone la admisión o rechazo de ciertas identificaciones; la última por fin, implica la creación de diversos códigos de intercambio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cada uno de estos sectores es atacado por la infatuada verba neoliberal. Rompen toda clasificación de la realidad y, sobre todo, imponen una severa confusión entre pensamiento y percepción. Asimismo, descalifican y encienden el odio sobre cualquier identificación (por eso se presentan diciendo lo que no son, <em>“no soy de izquierda ni de derecha”</em>, <em>“soy apolítico”</em>, etc.). Por último, tornan imposible cualquier intercambio, sobre lo cual ya expusimos previamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">6. Cuando nos esforzamos por evidenciar sus mentiras nos estallan las categorías. No solo porque mienten mucho, sino porque sus falsedades son de todo tipo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Disfrazan pensamientos y deseos crueles, encubren sus deseos vengativos, ocultan cómo inducen acciones en sus votantes, manipulan afectivamente, disimulan cómo introducen creencias falsas en sus destinatarios o cómo se apropian del pensamiento ajeno, encubren la propia falta de subjetividad por vía de un discurso inconsistente que no los representa, y explotan cruelmente la ingenuidad de muchos de sus votantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">7. <em>“¿Quién puede prever el desenlace?”</em>, se preguntó Freud, en la década del ’30, con inocultable pesimismo. Hoy tampoco lo podemos prever, pero ello no nos exime de pensar e interrogarnos. El neoliberalismo impone su fuerza económica, comunicacional y judicial. Cuando gobierna no duda en emplear la represión así como imponer las más severas restricciones al horizonte vital de la mayoría de los ciudadanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo, nos preguntamos si los modelos con que pensamos el imperio del poder siguen vigentes. ¿Se trata de la sociedad de control? ¿Queda algo de la llamada sociedad disciplinaria?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La hipótesis que resulta de las conjeturas expuestas, y sobre la que invito al lector a reflexionar, es que si bien aún persisten y coexisten fragmentos de cada modelo, si bien cada uno de ellos tiene actualmente sus zonas de ejercicio y vigencia, el neoliberalismo hoy ha impuesto otro modelo que difiere del control y que, más bien, corresponde al caos. El neoliberalismo impone un mundo de sujetos dispersos, irreflexivos, desconectados entre sí, desligados de su propio contexto inmediato. En suma, su retórica arenga una irracionalidad obscena, habilitada a exponerse sin pudor y a desarrollarse sin freno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Su objetivo es la ganancia económica; la persecución judicial es su arma; sus estrategias combinan la pasión egoísta y hostil con el caos cognitivo. Por nuestra parte, el objetivo será el bienestar económico de las mayorías; nuestras armas se construyen sobre la ampliación de derechos; mientras las estrategias serán el afecto solidario y la coherencia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de marzo de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Director de la Diplomatura en el Algoritmo David Liberman (UAI).</span></p>
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		<title>La seducción de la mentira &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Jan 2022 17:43:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Posverdad]]></category>
		<category><![CDATA[Verdad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El escritor Martín Kohan advierte en esta nota que el viraje fundamental al que estamos asistiendo es el de una nueva articulación entre creencia y mentira,y afirma que las consecuencias de esta alteración radical se extienden sobre el periodismo, la historia, la literatura, la política, y sobre el plano de la vida misma.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>El escritor Martín Kohan advierte en esta nota que el viraje fundamental al que estamos asistiendo es el de una nueva articulación entre creencia y mentira, y afirma que las consecuencias de esta alteración radical se extienden sobre el periodismo, la historia, la literatura, la política, y sobre el plano de la vida misma.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Martín Kohan*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un hecho determinante de mi infancia vuelve a mí cada tanto bajo la forma regular de los recuerdos estables. Ocurrió en el Luna Park, yo tendría unos siete años. Calzado en los hombros de mi papá, asistí a una velada completa de “Titanes en el ring”. La pelea final, la más esperada, correspondía ni más ni menos a que Martín Karadagián enfrentándose con la Momia. A los motivos que todos los niños tenían para preferir a Karadagián, se agregaba en mi propio caso una doble asociación: la del nombre y la de las iniciales. Esa noche, sin embargo, para sorpresa de todos, Martín Karadagián perdió. Hubo una toma algo brusca, Karadagián voló y cayó, y ya no pudo levantarse: tuvieron que subir al ring y retirarlo en una camilla, en medio de un estupor general que parecía abarcar también al árbitro (presumo que William Boo), al relator (sin dudas, Rodolfo Di Sarli), acaso al hombre de la barra de hielo, diría que incluso a la Momia (más allá de su expresividad tan reducida). Todo parecía indicar que acababa de ocurrir una cosa <em>no prevista</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El catch tiene una lógica específica de ficción, de simulacro (cfr. Roland Barthes, “El mundo del catch”, <em>Mitologías</em>). En un sentido puede decirse que el “como si” hace posible el espectáculo y en un sentido puede decirse que el espectáculo mismo no es otro que el “como si”. Nos dan a ver la simulación y es eso lo que nos maravilla, un poco como en el número del mago que con un serrucho corta a la mujer por la mitad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora bien: los niños creen. Creen y no sospechan; o sospechan pero al final prefieren creer (al igual que en esa etapa intermedia en que empiezan a darse cuenta de que los reyes magos no existen, que no existen y son los padres, pero mantienen de todos modos el rito fraguando su propio candor). Se prestan felices a que el juego de la verosimilitud traspase a la condición de verdad. Y al hacerlo, de alguna manera, aciertan; porque, en efecto, para que el verosímil funcione, algo del orden de la verdad tiene que activarse también. La pelea es ficcional, pero involucra una verdad, que no es sino verdad de los cuerpos. Karadagián, José Luis, el Caballero Rojo, el Mercenario Joe (lo mismo que, muchos años después. Vicente Viloni, La Masa): no se pegan de verdad, no se ahorcan de verdad, no se patean de verdad; pero cuando trepan a las cuerdas y saltan hasta la otra punta, lo hacen de verdad, cuando vuelan por el aire y caen fuera del ring, lo hace de verdad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con el tiempo comprendí lo que había pasado aquella noche del Luna Park: en el desarrollo de la ficción de pelea, Karadagián cayó mal <em>de verdad</em>. Karadagián se lastimó <em>de verdad</em>. Cabría formularlo así: en el espacio del verosímil y del hacer creer, irrumpió de pronto una verdad, irrumpió la verdad del cuerpo (agreguemos de paso: así también está construido “Emma Zunz” de Borges. Cfr. Beatriz Sarlo, “El saber del cuerpo”, en <em>Escritos sobre Literatura argentina</em>). Ese deslizamiento, esa interferencia singular entre verosimilitud y verdad, es crucial en muchos sentidos. Toca ni más ni menos que ese punto (o esos puntos, en rigor; porque no es uno solo, son varios) en el que se tocan la producción de creencias y la realidad de los hechos. Porque existe una producción social de creencias. Y existe la realidad de los hechos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El viraje fundamental al que parece que estamos asistiendo es el de una nueva articulación entre creencia y mentira (o en todo caso un aumento). Porque antes, para creer una mentira, era preciso suponer que esa mentira era verdad. Se la tomaba por una verdad y en consecuencia se la creía. Es distinto lo que ocurre con la mentira que consigue ser creída sin precisar para eso hacerse pasar por verdad: quien la cree la sabe mentira y, pese a eso, la asume y la cree. No finge, no lo imposta, no enmascara: la cree en serio. Sabiendo que es una mentira, la cree <em>de verdad</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Va en otra dirección lo que sabemos por Nietzsche y por Michel Foucault acerca de la relación entre verdad y poder. Y presumo que va en otra dirección lo que se ha postulado últimamente en términos de “postverdad” (esa forma del cinismo por la cual la verdad o la mentira ya no importan como tales). Se dispone de la creencia como un acto de voluntad: se decide creer en algo y entonces se lo cree. O se responde en cierto modo al impulso de un deseo: se desea fuertemente que ese algo sea verdad y se lo toma como verdad más allá de que se lo sepa falso (la falsedad en su evidencia no deja de suponer un escollo, pero no es un escollo insalvable).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las consecuencias de esta alteración radical se extienden sobre el periodismo, la historia, la literatura, la política. Y sobre el plano de la vida misma. Porque hay un aspecto que me intriga especialmente, y es ese en el que el dispositivo de la creencia entra en fricción con las vivencias personales concretas, con la evidencia de una constatación empírica. Un ejemplo: el de la cuarentena más larga del mundo. Los medios y las redes repiten y repiten esa formulación. El mundo es grande y por ende la comprobación puntual puede llegar a complicarse. Pero llama la atención, en todo caso, que personas que desde abril o mayo de 2020 salieron a pasear por la calle, o que a partir de junio o julio de 2020 se sentaron en una vereda de bar a tomarse una cerveza o un café, asuman como verdad fehaciente, a despecho de lo que efectivamente vivieron, que pasaron un año encerrados, todo un año metidos en sus casas. Otro ejemplo: personas que, en una tarde de tormenta en la ciudad, pueden asomarse y verificar que el agua sube sobre las veredas o que se anegan los túneles que pasan debajo de las vías del tren, se suman fervorosos, con genuina convicción, al grito desencajado de que “¡No se inunda más!”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las verdades pueden llegar a dirimirse en dimensiones más complicadas, entreveros de hilos ocultos, tramas más sofisticadas que precisan interpretación. Me remito por eso mismo a estos casos que en definitiva no van más allá de una estricta comprobación inmediata, algo del orden de lo visto y vivido. Porque entonces resulta más claro este fervor de creer mentiras (no el de hacerlas creer, sino el de creerlas). Fervor que, irradiado hacia lo colectivo con tanta potencia y con tanta eficacia, no puede sino alterar profundamente las condiciones de circulación social de los discursos políticos (que de por sí siempre pusieron en juego diversas combinaciones de mentiras, verdades y ficciones). La seducción de la mentira (justo ahí donde, por tradición, seducía la verdad) arranca a la creencia de sus espacios más habituales: la persuasión, la demostración, la prueba, el convencimiento; para arrojarla resueltamente a un espacio diferente: el de la necia obstinación, la repetición mecánica, la chicanita agresiva, la emisión unidireccional, la estulticia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo no sé cuándo empezó entre nosotros esta tendencia que visiblemente hoy tanto se expande. Pero tiendo a rememorar aquella vez que Carlos Menem, presidente de la Nación por entonces, emitió aquel llamativo dislate sobre el cohete a Japón, la salida a la estratósfera, las dos horitas de viaje. Lo dijo tan campante, ¿y qué pasó? ¿Se creyó como verdad? ¿Se rechazó como mentira? ¿O se creyó como mentira? Nada sustancialmente distinto, en definitiva, a la extendida disposición a creer, en un grado de inverosimilitud no muy mayor, que un peso equivalía a un dólar, que se había dado un salariazo, que una revolución productiva se iniciaba, que la Argentina había alcanzado por fin su destino inexorable de país del primer mundo.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 1 de enero de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Escritor. Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.</p>
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		<title>POSMENTIRA LA POSVERDAD &#8211; POR LUCIANO RODRÍGUEZ COSTA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 May 2025 11:37:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Luciano Rodríguez Costa]]></category>
		<category><![CDATA[IA]]></category>
		<category><![CDATA[mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Posverdad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El autor de este artículo sostiene que la posmentira de la posverdad supone ese “después de” donde lo político espera producir el engaño más peligroso de los que se han llegado a concebir: uno más allá de la humana necesidad de la verdad como organizadora de la realidad, de la legalidad y del amor.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0d763cce62533af8f9de5f1d1062bd7a"><strong><em>El autor de este artículo sostiene que la posmentira de la posverdad supone ese </em>“después de”<em> donde lo político espera producir el engaño más peligroso de los que se han llegado a concebir: uno más allá de la humana necesidad de la verdad como organizadora de la realidad, de la legalidad y del amor.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b16374ade0c6fa46696c66106a6a9d6d"><strong>Por Luciano Rodríguez Costa*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4c4894217d8d1744ecd50c2c89f0656"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em><em></em></p>



<div style="height:61px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b118ebf29a2add8a8f3e976e06179ec7">Una discusión con un comerciante amigo, defensor no del actual presidente sino de sus políticas (para mayores perplejidades), me dejó algunas sorpresas. Él entendía que era preciso un cambio estructural en la política, porque desde hace tiempo todos los partidos venían siendo más o menos lo mismo en materia de economía y de corrupción. No negaba la dictadura, no negaba la crueldad hacia los jubilados, no negaba los recortes en discapacidad (donde había trabajado como transporte especial), no negaba que su presidente fuera “un loco”, no negaba la desvalorización del dinero ni la crisis económica. Atribuía a los sindicalistas las desgracias de los destinos del país y creía que gracias a este gobierno es que no están más en las calles -lo cual es cierto-. No era negacionista, sino renegacionista (aquel que niega y niega que niega, diría Fernando Ulloa). Le pregunté si no pensaba que el poder empresarial nacional y multinacional no tenían más influencia que los sindicalistas. También le pregunté si había leído a Osvaldo Bayer, que investigó cómo ciertas grandes familias se repartieron el país, las mismas que siguen digitando los destinos nacionales. No había leído a Osvaldo, pero le parecía que lo de las familias era también un factor. Me invitó a continuar esta discusión, ya extendida sobre el tiempo de cierre del local, cuando quisiera porque sentía que lo enriquecía.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-771504639cdf5c6952076c27371b92d0"><strong><em>La posmentira de la posverdad</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37f0d2de48a2dbe14db8b2bfc550c354">La sensación que me quedó de este intercambio es que todas las líneas informativas podían entrar en un mismo plano de igualdad. Las típicas que se ven en los medios hegemónicos, reproducidas al pie de la letra, y las que aportaba yo en el momento. Todo entraba en un mismo plano de creencia. Pero los fundamentos de las creencias aparecían como algo indiferente: era, igual, algo escuchado en un noticiero o diario digital, que la investigación de toda una vida; igual que lo diga un cliente, a que lo diga un periodista, un economista o un historiador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e8119eab247385363c52e5d47996cb2">Pensé entonces en esta palabra, “posverdad”, esa manipulación de la realidad con el fin de crear nuevas “verdades”. Pero si el prefijo latino <em>post</em> nomina un “después de” ¿hay en esto que describimos una forma que “trascienda” la verdad? Podría uno imaginar que el post tenga sentido cuando las IA se independicen de los controladores humanos y, si a alguna de ellas aún le interesara comunicarse con nosotros, nos ofreciera respuestas que podríamos considerar posverdaderas, en tanto corresponderían a un orden de verdad no humano. Pero en estos casos de demagogia, manipulación, sofismo, etc., lo que tenemos son maniobras ya conocidas: el cohete menemista que se iba a elevar a la estratósfera, el ajuste que va a traer bonanza económica, luego la búsqueda de poblaciones que tendrían la culpa de que la bonanza no llegara, etc. Sin embargo, a estas operaciones se les llama ahora “posverdades”. Y eso sí es una diferencia respecto de lo conocido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fea46c313f8cb027b67bb2bfe0af14a">Pareciera un término que viniendo a echar luz, más bien oscurece las realidades que quería develar, dejándolas cómodamente camufladas. Lo que tenemos como post más verdadero es, en todo caso, <em>un</em> <em>“después de” la mentira</em>: la idea de una “verdad” entre comillas que vale lo mismo que cualquier otra porque lo fundamental es que no nos interese la veracidad de la verdad, o bien, dicho más precisamente, se trata de la creencia sin el ancla de la verdad. El estadío más evolucionado del engaño es aquello que viene después de la mentira: la indiferencia a la realidad de las cosas y al modo en que estás me implican y tienen consecuencias en mi vida. Hablar de “posverdad”, a mi modo de ver, es encubridor de las nuevas formas de la mentira, porque aludiría a algo nuevo en materia de verdad, mientras que de lo que estamos hablando acá es de la disolución misma de la función de la verdad. Y es precisamente por eso que la reconocemos como un fenómeno que oculta la verdadera operatoria: la posmentira.&nbsp;</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://mirada21.es/wp-content/uploads/2017/12/ilustraci%C3%B3n_posverdad-e1513872445824.jpg" alt=""/></figure></div>


<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3b1f37a77a11d3a4f42251edfc9518c6"><strong><em>¿Cómo engañar sin mentir?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-532277eb032d0116f9b7fceb01f1dcf3">Ahora bien, ¿qué es lo nuevo en materia de engaño, qué es lo <em>post</em>, aquello que vendría después de la mentira? Que la mentira tiene patas cortas significa que es desentramable, que nuestra búsqueda de la verdad se desplaza más rápido que lo que permiten las pequeñas patas de la mentira. El punto débil de la mentira es la verdad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ecf5d73a99d93010e22e5817487ddda3">Lo que vemos en la discusión con el comerciante es lo mismo que vemos anunciar al pobre Zuckerberg -ese pibe con problemas para hacer lazos que terminó haciendo esa fenomenal formación de compromiso llamada <em>facebook</em>, cuyas repercusiones y utilización política nunca habría sospechado cuando su esfuerzo era crear una plataforma para hacer amigos sin tener que exponerse- en relación a que levantará las regulaciones que verificaban la veracidad de las noticias en su medio: la posverdad hecha política cotidiana. ¿Qué significa esta operación? Primero que nada, que no hay método ni reglas para verificar la veracidad de las noticias. Y adentrándonos más aún en las entrañas de esta nueva bestia voraz de la posmentira, significa que el nexo mismo de la afirmación respecto de sus fundamentos, debe ser indiferente. Que interese cada vez menos saber de dónde proviene. El objetivo es la ruptura total respecto de cualquier nexo entre la palabra y su fundamento. El segundo aspecto a considerar, que se interdetermina con el anterior, es la masividad de las noticias sin referentes claros, de modo que no se trate solamente de la repetición hipnotizante de la misma idea que se quiere instalar sino de la saturación que lleva al agotamiento cognitivo y afectivo. No existe resto para intentar saber si algo es real o no, cuando la excitación constante sostenida en un tiempo sin tiempo, termina por condenarnos al agotamiento. Lo <em>post</em> (en inglés) del posteo, reemplazó al <em>post</em> de la publicación periodística, poniendo cualquier palabrerío en igualdad de condiciones, y eso es parte del post (ahora en latín) de la posverdad a la que aspira la silenciosa política de la posmentira.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-08b6ee0da8a85b91d5af2589f312626d">¿Por qué sostener entonces la noción de posmentira? Porque en el fondo del agotamiento, como en el fondo de la tortura, hay una intención de imponer el poder en contra de todas las verdades que nos harían rechazar esa imposición. En el fondo sigue siendo una forma de engaño, pero una que intenta trascender a la lógica de la verdad o reto, mentira la verdad, verdadero-falso. No es la promesa, no es la mentira vestida de verdad; es el exceso de información, es la manipulación y explotación de pequeñísimos fragmentos de realidad, es la instantaneidad pasional por sobre la temporalidad del pensamiento, es la renuncia al esfuerzo de búsqueda de la verdad y el silenciamiento de la alegría y la sorpresa de lo verdadero, de su capacidad pacificante, deseante, identitario. Se sigue tratando de un engaño a los fines de malherirnos, saquearnos, estafarnos, explotarnos, pero no necesariamente a través de la mentira.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div style="height:24px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.memo.com.ar/files/image/53/53844/6473445421a07_600_315!.png?s=e1968b6e452e4e277405e588580f2259&amp;d=1685242800" alt=""/></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39851b75d7d904268e8f4a84b45fb048"><strong><em>¿Puede el ser humano vivir en la posmentira?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c10018b16fed16c5f09020133d9d0ce1">El objeto de la posmentira es la confusión, la exaltación pasional y, como resultante de las anteriores, la indiferencia a la verdad. ¿Puede el ser humano vivir con indiferencia hacia la verdad?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-95464b62aa62a2dc3ef5ffedc00c9d96">Es insólito cómo la adultez a veces nos hace perder la dimensión de la realidad de nuestros orígenes, olvidándonos de dónde venimos, qué nos humanizó y nos hizo sentir seguros en este mundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6da2a461983becfc2116648dbdc16147">Cualquier persona que haya tenido padres y cualquier adulto que haya tenido hijos, sabe que la verdad es parte de la nutrición. Nuestros cuerpos se desarrollan no sólo de leche materna sino también de verdad. Mamamos verdad cada vez que nos dicen que el dolor duele, que el fuego quema, que el frío enfría, que no hay que mentir porque eso supone un riesgo para el cuidado y la crianza. En un comienzo, diría Freud, lo bueno y lo malo coinciden con aquello por lo que se es amado o por lo cual se retira ese amor. Y un adulto ama bajo ciertas verdades ideales y ama la verdad de ese otro que es como uno pero siempre diferente. Ama incluso la verdad de la alteridad irreductible de ese nuevo ser.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a5ab144f6ef8ae13a3d80e7757b01e5">La verdad en los orígenes es lo que nos permite construir la realidad: la verdad del abismo es su profundidad, que anticipa la belleza de su masividad y lo insondable de una posible caída interminable; la realidad es que las personas no tenemos una segunda y tercera vida como en los videojuegos; y también es verdad que no somos de goma como los dibujos animados. Toda verdad remite a un código legal: mentir está mal porque traiciona la confianza del adulto que nos ama y a quien amamos, y la culpa es el indicador de la traición a sus valores amorosos. Y es por este motivo que el amor, la construcción de la realidad y la legalidad psíquica, están siempre vinculadas a la verdad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bba735d4d58e7b6906586f24d3f56390">Incluso la mentira, que es una adquisición posterior en el desarrollo, y que permite al niño poder recortar un espacio de intimidad privada de la mirada del adulto, descubriendo que puede resguardar en secreto ciertas verdades, es algo que las políticas de la posmentira apuntan a desintegrar, de modo tal que seamos transparentes, como sucede con la <em>big data</em> que recopilan las redes antisociales: que todo pueda saberse y no haya una posibilidad de sustraernos a la inteligencia de la posmentira.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc254599dd2435c2e726151aa6317984">La posmentira de la posverdad supone ese “después de” donde lo político espera producir el engaño más peligroso de los que se han llegado a concebir: uno más allá de la humana necesidad de la verdad como organizadora de la realidad, de la legalidad y del amor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8336789ebd0c543b98e51867583aebf0">Nuevamente, esa aspiración canalla, no tiene que ver con quienes somos, con lo que necesitamos para sentirnos reales, existentes y valiosos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5db71c4d153260bfe40cc2172182f09d">No seremos poshumanos. Si lo deviniéramos, ya estaríamos muertos.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f1f01e2d297e3e4cb7a68f5661877fb6">Rosario, 13 de mayo de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ccba646e879e321be44e802d97c18789">*Psicólogo (UNR), Prof. en Psicología (UNR), Mg. en Salud Mental (UNR). Psicoanalista. Escritor. Investigador. Psicólogo en Minist. de Desarrollo Social. Autor de <em>La violencia en los márgenes del psicoanálisis</em> (Ed. Lugar) y de <em>Los procesos de subjetivación en psicoanálisis: el psicoanálisis ante el apremio de una revolución paradigmática</em> (Ed. Topía).</p>
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