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	<title>Menem archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Menem archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>MENEM &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Dec 2020 22:08:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dos veces negado, en el nombre y en el voto, creador junto a Cavallo de una de las más potentes ficciones de Estado de la historia política argentina: el uno a uno, persiste como presente y a la vez ausente en su burbuja de irrealidad que alguna vez abarcó el país entero. Martín Kohan interroga ese acontecimiento que nos pasó pero como pueden pasarnos tantas cosas que suceden y se van: ¿Qué hará la muerte con él, cuando le llegue? ¿Lo devolverá, para nosotros, a la nitidez tangible de la realidad del mundo o profundizará la irrealidad y la asentará en él para siempre?</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/menem-por-martin-kohan/">MENEM &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Dos veces negado, en el nombre y en el voto, creador junto a Cavallo de una de las más potentes ficciones de Estado de la historia política argentina: el uno a uno, persiste como presente y a la vez ausente en su burbuja de irrealidad que alguna vez abarcó el país entero. Martín Kohan interroga ese acontecimiento que nos pasó pero como pueden pasarnos tantas cosas que suceden y se van: ¿Qué hará la muerte con él, cuando le llegue? ¿Lo devolverá, para nosotros, a la nitidez tangible de la realidad del mundo o profundizará</em></strong> <strong><em>la irrealidad y la asentará en él para siempre?</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dos veces lo negaban: en el nombre y en el voto. En el nombre, porque le decían “Méndez”, evitando ese capicúa real al que temían por ominoso. Y en el voto, no porque no lo votaran, sino porque luego pretendían no haberlo votado. Dos veces lo negaban, pero tres veces lo afirmaron. Lo afirmaron en la oscuridad del cuarto, lo afirmaron en las urnas. Y tres veces, sí, porque sumó el mayor caudal de sufragios no solamente en 1989 y en 1995, cuando ganó, sino también en 2003, aunque al final perdió. También en 2003, aun después de la debacle ruinosa de Cavallo y la convertibilidad, su gran creación, una de las más potentes ficciones de Estado de la historia política argentina: el uno a uno, el peso que equivalía al dólar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No lo nombraban, pero lo votaban; decían no haberlo votado, pero lo votaban. Y acaso así se forjó una cierta entidad del menemismo en la memoria del pasado reciente: pasó, pero como si no hubiese pasado; pasó, pero como una alucinación o como un sueño. Pasó, o nos pasó, pero como pueden pasarnos tantas cosas que acontecen y se van: catástrofe natural, contingencia inevitable, algo que sencillamente se dio sin que nadie lo decidiera, sin que nadie lo avalara, lo hiciera posible, lo impulsara y además lo ratificara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso, de ahí en más, Menem persistió como persistió: presente y a la vez ausente, ausente aun estando ahí; un fósil de sí mismo, una momia sin pirámide, la cita distorsionada de un texto original ya perdido. Estaba ahí, en su banca o en algún acto, tan sólo para testimoniar que ya no era, y así contribuir a esa sugestión colectiva de que en verdad nunca había sido. El salariazo, la revolución productiva, los indultos, la Ferrari, la incautación matrimonial del bastón de mando, el cohete estratosférico a Japón, el peloteo a un set con Bush, el traslado de Rosas por Facundo, los picos con Zulemita, el merodeo sinuoso de sinuosas odaliscas, ¿en qué tiempo, que no es este tiempo, pasaron todas estas cosas? ¿En qué dimensión de la realidad, que no es la nuestra, tuvieron lugar alguna vez? ¿Y con qué entidad? ¿Con qué entidad?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fue Fogwill quien, en un momento dado, compitiendo, como solía, con Ricardo Piglia, declaró que se proponía escribir la gran novela del menemismo. Escribió <em>Vivir afuera</em> y atinó con precisión realista a plasmar algunas claves. Pero a mi entender el escritor que verdaderamente acertó a definir el menemismo no fue Fogwill sino Juan Filloy, y a través de este prodigioso palíndromo: “Allí, tápase Menem esa patilla”. Acertó, por empezar, al señalar un repliegue notorio de esa pilosidad que David Viñas antes había escrutado (en la línea de la barbarie temida en Facundo Quiroga); pero también, y sobre todo, en la forma, en el capicúa, en lo capicúa. Esa verdad, la de esa inmanencia, la de ese girar en sí mismo; esa verdad, la del fenómeno que podía recorrerse de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, <em>y daba lo mismo</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A Menem nada parecía inmutarlo (me impresionan las personas así), y eso que no faltaron desgracias mayores en su vida. En pocas circunstancias, que yo recuerde, lo vimos desencajado. Una fue cuando aparecieron en los medios ciertas fotos de Cecilia Bolocco tomando sol junto a un empresario europeo. Otra fue cuando le retiraron la Ferrari (no sin un detalle sádico: después de habérsela dejado manejar), y entonces él remedó, con otro objeto, al coronel de “Esa mujer” de Walsh. Y otra fue cuando se instaló en la sociedad que él era yeta, que era mufa, que traía mala suerte, y eso además se acompañó con una lista pormenorizada en la que constaban, entre otros, y siempre para la desgracia, el Checho Batista, Daniel Scioli, Hugo del Carril.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces sí, Carlos Menem se sacó. Y es que no se trataba de una argumentación en su contra (ese paradigma en el que, por convicción y en contraste, se mantenía obstinadamente Raúl Alfonsín, a Menem le era indiferente); tampoco se trataba de un cuestionamiento ideológico (del “fin de los ideologismos” habló Menem pioneramente). Nada de eso podía hacerle mella. Pero la fama de mufa sí, y en alto grado. Porque la fama de mufa se inscribía fuertemente en esa clase de pensamiento mágico, en ese juego de creer porque sí, en los que Menem se consolidaba, de los que obtenía su capital político más sustancial; no era del orden de la fundamentación ni, por ende, de la refutación, sino del orden del creer por creer (no muy lejos de la paridad peso / dólar, no muy lejos del primermundismo argentino). ¿Qué podía hacer frente a eso? ¿Cómo podía contrarrestarlo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La fama de mufa operaba sobre un salto mágico entre el supuesto sustento real (la lista de desgracias que se invocaba) y la creencia irreductible (causa y efecto, por descontados) en el poder fulmíneo del jettatore. El daño político era mayúsculo, porque tocaba las fibras sensibles de ese halo de irrealidad que fortalecía la realidad del menemismo. Pasado el poder, fue ahí donde se refugió: en el efecto de irrealidad, un poco como en la quinta de Gostanián (otro refugio) cuando se sentó a leer un libro (a dar a ver que lo leía). Efecto de irrealidad retroactivo, en la manera en que evocamos aquellos tiempos, “los 90”. Y efecto de irrealidad en el presente: la existencia en la inexistencia de ese remanente de Menem, que no deja de ser Menem, que vota como si fuera otro la reversión de las nefastas privatizaciones, que asiste como si fuera otro a las novedades judiciales sobre la voladura de Río Tercero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La burbuja de irrealidad menemista alguna vez abarcó el país entero; ahora alcanza para que se guarezcan ahí el propio Menem, sus secuaces más próximos, el núcleo de sus seres queridos. ¿Qué hará la muerte con él, cuando le llegue, como a todos nos ha de llegar? ¿Lo devolverá, para nosotros, a la nitidez tangible de la realidad del mundo o profundizará la irrealidad y la asentará en él para siempre?</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 22 de diciembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.</em></span></p>
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		<title>Lamelas, anomia y sodomización &#8211; Por Marcelo Brignoni</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Jul 2025 23:33:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La relación de sometimiento de nuestro país con Estados Unidos siempre ha sido un mal negocio para nuestro pueblo y una gran oportunidad para dirigentes al servicio del Departamento de Estado.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-57d3176d2d4dddf4dfd386f217eb488d wp-block-paragraph"><strong><em>La relación de sometimiento de nuestro país con Estados Unidos siempre ha sido un mal negocio para nuestro pueblo y una gran oportunidad para dirigentes al servicio del Departamento de Estado.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9080a116d1f6a3a381500056177fffa wp-block-paragraph"><strong>Por Marcelo Brignoni*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:66px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac9cd1a228d04fca1da571485f9f28ca wp-block-paragraph"><em>Váyanse al carajo, yanquis de mierda,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3eb22917114194f2b5a4a6bbeb0a3ca8 wp-block-paragraph"><em>que aquí hay un pueblo digno,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3eac7a8c3fb4d0997504c2149c126dfa wp-block-paragraph"><em>aquí estamos los hijos de Bolívar y de Tupac Amaru,</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cbb2b5bb43a281c78718e663145a4d76 wp-block-paragraph"><em>y estamos resueltos a ser libres</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fc768eaae5060805f64b446f333cfad wp-block-paragraph">Hugo Rafael Chávez Frías</p>



<div style="height:65px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a4b4e89d5c454e439721c0979d6b98e wp-block-paragraph">De alguna manera el cipayo cubano impulsado como futuro embajador de Estados Unidos en Argentina, puso blanco sobre negro en su paso reciente por el Senado Estadounidense. Lo que todos sabemos hace mucho tiempo ha quedado explicito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-debea160c122a6f499d9855e5cbad756 wp-block-paragraph">Salvo muy elogiables excepciones, la política exterior argentina, desde hace 40 años, y aun antes, ha estado sometida a la colonización de la embajada norteamericana sobre el conjunto de la dirigencia política, social, judicial y empresaria de nuestro país.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-691a710df33ae6970ff3e251a27d8e52 wp-block-paragraph">Las dinámicas antiimperialistas que intentaron pervertir el <em>statu quo</em> del orden de sometimiento establecido, han sido absorbidas por la política de cooptación del Departamento de Estado y presentadas luego en un escenario que las banaliza y las despoja de todo potencial de cambio. El peronismo, que había surgido como una manifestación contracultural, soberana y antiimperialista, se transformó, Menem mediante, en un objeto comercial reducido a remeras con la cara de Evita, pero con comportamientos que hicieron ver a los cipayos de la India como gente con autonomía y convicciones nacionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e11cdc63eb9e6d884cffac1e8930e6f6 wp-block-paragraph">La lógica imperial de Estados Unidos y “su” globalización, asimila las críticas y las neutraliza vaciándolas de cualquier contenido peligroso hasta convertir la imagen del Che Guevara o de Evita en un símbolo de moda inofensivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a395d8893753ac48d51e83c402b086f wp-block-paragraph">Estas prácticas reflejan las capacidades de un sistema, el <em>soft power</em> estadounidense, preparado para la reabsorción, cooptación y neutralización de las fuerzas hostiles. Un sofisticado aparato ideológico lo vuelve impermeable y hace posible la adhesión de las mayorías a su propio martirio. Pero su mayor éxito, fracaso de esta última versión del peronismo mediante, es propiciar un escenario de individualismo depresivo asociado con un fatalismo anclado en los sentimientos de incertidumbre respecto al futuro, generando niveles de ansiedad y de violencia intrafamiliar y social que impiden la percepción de cualquier ser colectivo que esperance un futuro mejor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e7cad72a32c56c9b2d324304954c2017 wp-block-paragraph">En este estanque de desilusión y desesperanza pesca la ultraderecha, al ver la pérdida de conciencia de lo que fuimos alguna vez y la imposibilidad de una salida colectiva, inhibida en un ámbito laboral y político frágil, donde nuestros derechos pueden ser flexibilizados o desaparecidos, y donde cualquier señal de protesta o utopía de cambio será condenada. Son señales que propician la ansiedad, la insatisfacción, el estrés y la frustración, y aunque parezcan problemas individuales, en realidad los padecemos colectivamente en el resultado de sus comportamientos sociales y sobre todo electorales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d386f2a07e52f86aac2770f34de7d31e wp-block-paragraph">En este presente aparece la llegada del señor Peter Lamelas, delegado imperial de turno que a diferencia de embajadores anteriores que operaban con igual injerencia, pero con más discreción, no solo pretende humillarnos, sino y centralmente que se vea cómo lo hace.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f81dcf0c7dd3c94e102909505d839bc wp-block-paragraph">Mientras tanto la patética dirigencia argentina protesta por las formas, pero no por el contenido de la misión de Lamelas. Es muy difícil encontrar dirigentes políticos sociales o empresariales, e incluso miembros del Poder Judicial, que no tengan en su haber un pedido de entrada para poder asistir a la reunión de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham), una visita a besar la mano a la Embajada, un pasaje pago a Estados Unidos para hablar bien de ellos, un subsidio recibido de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para alguna organización de la que participan o un pedido de adscripción a la Red Internacional de Cooptación conocida como Red de Acción Política (RAP).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f92393060e209e52af29883124e1ae84 wp-block-paragraph">El informe anual regular que el Departamento de Estado envía al Congreso de Estados Unidos cada año sobre el accionar de su representación en la Organización de Naciones Unidas ante el &nbsp;comportamiento de los 192 países que la integran, muestra que en 2024 Argentina acompañó el 82% de las votaciones impulsadas por Washington, solo por debajo de Israel, pero en lo referido a lo que Estados Unidos considera las 19 votaciones más importantes, Argentina alcanzó un récord del 97% de coincidencias, incluso superior al de Israel, que voto un 92% de las veces lo peticionado por Estados Unidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-23a3b1e71afa935d63334279e612bdb6 wp-block-paragraph">Es bueno recordar que las coincidencias de nuestro país con Estados Unidos en votaciones en Naciones Unidas, en tiempos del cipayo riojano creador de las relaciones carnales, fueron de “tan solo” el 70%.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-edbdd9bdbcd89ee8988eab3c79e514b1 wp-block-paragraph">El mismo informe indica que analizando el comportamiento del resto de los 32 países de América Latina, coincidieron en promedio con Estados Unidos en las votaciones de Naciones Unidas en un 41%.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-75ee8fb821e6a8505b79ec33aa48dcd3 wp-block-paragraph">Aun en tiempos de Biden -el informe referido data de 2024 cuando Linda Thomas-Greenfield estuvo al frente de la USUN- se señala que “los ocho países con la mayor coincidencia con los Estados Unidos” fueron, en orden decreciente, Israel, Argentina, Hungría, Reino Unido, República Checa, Micronesia, Canadá y Lituania. Es muy elocuente lo de Hungría, sobre todo para desmitificar el “antiimperialismo” de Víctor Orban.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-76ac8927c8ba355666620dbcb4141607 wp-block-paragraph"><a>La relación de sometimiento de nuestro país con Estados Unidos siempre ha sido un mal negocio para nuestro pueblo, y una excelente oportunidad para nuestros patéticos dirigentes, de transformarse en mercenarios a sueldo, buenos sueldos, del Departamento de Estado. </a>Ejemplos sobran. No alcanzaría el texto de este articulo para enumerarlos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f8de1fdacd0eb6aecd777df3ab00a68 wp-block-paragraph">Si bien este señor Lamelas cree ser el gerente designado en una franquicia de su empresa madre, es necesario reflexionar sobre los supuestos beneficios de la sodomización de Argentina ante Estados Unidos. Con solo cotejar algunas cifras resulta imprescindible abogar por la autonomía estratégica que nuestro país debe tener en política exterior. Un solo ejemplo para no aburrir; en materia de inversiones solo en Jujuy, Salta y Catamarca, en el capítulo de minería, hay en desarrollo proyectos de empresas chinas con aportes que superan los 3200 millones de dólares. Además, a mediados de abril, Beijing aceptó renovar por otros doce meses el tramo activado en 2023 por 5 mil millones de dólares del swap de monedas, destinado a reforzar las reservas del Banco Central.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5814f48309e39ec5aa2e956d6b3310ed wp-block-paragraph">Mientras tanto, y a pesar de la genuflexión del presidente Milei ante Estados Unidos, más allá de quien lo gobierne, que incluso motivó la reciente compra de chatarra aérea incapaz de operar en materia disuasiva con la base que la OTAN tiene en nuestro territorio de Malvinas, ni siquiera ha logrado morigerar el inmodificable arancel de 50% impuesto por Trump al acero y al aluminio, dos productos estratégicos que Argentina vendía hasta no hace tanto a Estados Unidos. El Biodiesel argentino, con aranceles impuestos por Trump del orden del 74%, también ha perdido ese mercado de forma definitiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8397ab24b2b5b80b396654769fb997c6 wp-block-paragraph">En este 2025 lo que queda claro es que de nuevo tenemos un Spruille Braden en Argentina, lo que lamentablemente no tenemos es un Perón y gran parte de quienes dicen ser sus herederos no son más que aspirantes a mercenarios y cabilderos, que exhiben una supuesta admiración por Perón y Evita que solo da asco de escuchar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dce8d26fd0adc2823b10710c05c54d7d wp-block-paragraph">No se puede ser admirador de Perón y de los Estados Unidos a la vez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-86e449612636a51d422484cb9a1b142e wp-block-paragraph">Ya es hora de que dejen de mentirnos.</p>



<div style="height:66px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e0b5cf21988f275e4889c3ac9c15e91 wp-block-paragraph">Viernes 25 de julio de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-027d5fed0fb907bac8b7f1b2af88c551 wp-block-paragraph">*Analista político.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17cac7462bc470e79b4fd179499d4275 wp-block-paragraph">La Tecl@ Eñe viene sosteniendo desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe.Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;o&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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		<title>«Yo entrevisté a Cristina Kirchner sin pedirle permiso a la Justicia o Carlos Heller para la transición presidencial en las elecciones de 2027» &#8211; Por Adrián Desiderato</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/yo-entreviste-a-cristina-kirchner-sin-pedirle-permiso-a-la-justicia-o-carlos-heller-para-la-transicion-presidencial-en-las-elecciones-de-2027-por-adrian-desiderato/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Jul 2025 14:15:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adrián Desiderato]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Heller]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[Evita]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Menem]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Un sueño?, extraño, sorpresivo y secreto en el porvenir, casi como "una lúcida noche fundamental".</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/yo-entreviste-a-cristina-kirchner-sin-pedirle-permiso-a-la-justicia-o-carlos-heller-para-la-transicion-presidencial-en-las-elecciones-de-2027-por-adrian-desiderato/">«Yo entrevisté a Cristina Kirchner sin pedirle permiso a la Justicia o Carlos Heller para la transición presidencial en las elecciones de 2027» &#8211; Por Adrián Desiderato</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-25572396259420f3a5eae277ecd4bef5 wp-block-paragraph"><em><strong>¿Un sueño?, extraño, sorpresivo y secreto en el porvenir, casi como «una lúcida noche fundamental».</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8145fb4c2490eb9bca39955529d39120 wp-block-paragraph"><strong>Por Adrián Desiderato*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



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<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cbd15bdcef9caa707f115f887129e967 wp-block-paragraph">Todo fue muy raro, como en un sueño, y nos sorprendió. Primero, el timbrazo en el portero eléctrico y la mención de «correo», porque ya no llegan cartas, salvo las estúpidas de los bancos inventando tarjetas, y no menos misterioso fue bajar sin encontrar a nadie. Ni allí ni a lo largo de la cuadra, a derecha o izquierda, pues nos asomamos buscando al cartero. Había un sobre, eso sí, color madera, pegado al costado de la puerta de vidrio, sujeto por arriba y abajo con cinta de embalaje, de la opaca, marrón, como si nada fuese transparente en el mundo. A nuestro nombre estaba, dejado por quien había tocado timbre, quién si no, y desapareció. No somos de esas personas curiosas e impacientes que se desesperan por saber qué les llegó en una encomienda o en un sobre, como una novia que tuvimos, o se comen las uñas ante un interlocutor que los intriga amenazando contar algo y se demora en ampulosidades y rodeos, tipo aquel charlatán que en un sainete de los años cuarenta, desgraciadamente perdido en un incendio, prometía al auditorio desde el volante de un descapotado súper sport, en su español riojano (de La Rioja, Logroño, vecindades de las montañas de Cantabria): «Seguidme, no os voy a defraudar». Carlos Saúl no sé cuánto, el cocoliche. Por eso, lo del sobre, lo tomamos con calma. La vida es un grotesco. ¿Dos ejemplos de hoy? La chica esa con apellido de limones que saltó, gracias a otras virtudes que saltaban, de la limonada a la política o el panelista que, cuando se sulfura, en lugar de hablar, ladra y la cabeza se le infla más de lo que la tiene. La dramaturgia recoge todo eso y lo devuelve en forma de sainete, entremés, farsa, ópera bufa, teatro del absurdo y hasta de la crueldad. En una sala de Congreso, por caso, fueron suceso «Pregúntenle a Diputo» y «La momia de gabinete», y otras lo fueron en la pantalla chica, como «Gran Cuñado» o «Pequeño Sobrino», mientras que en escenarios de revista hizo furor «Perros ensobrados y pichichas en Sobrades (la ciudad turca del placer)», todos y todas en slips y tangas y, ya sin el adminículo, en el clímax, con bozal y atados a cuchas o camas o sobre laxos almohadones, en escenas de política explícita. Lo novedoso en la tevé fue que, a un costado al pie de la pantalla, el lenguaje de señas estuvo a cargo de perros o perras, no de personas. La culminación victoriosa, se diría, del espectáculo que el falso japonés Fukuyama montó en su puesta de «El fin de la historia». Pero bueno, de retorno, tras despegar el sobre y volver al departamento, hicimos lo que estábamos por hacer cuando sonó el timbrazo, es decir, cargarle yerba al mate para una segunda tanda de cebadas, y después, tranquilos, arrellanados en el sillón plegable, con termo y calabaza a mano en una mesita, disponernos a leer lo que portaba el sobre. Era de suponer que sería algo para leer; de ser un objeto, hubiera venido en caja. Y supusimos bien, lo que no suponíamos, pues no nos lo esperábamos, era lo que decía. El tipo se presentaba: «Mi nombre es Pínzel Áterfer». No se precisa ser un sabueso para deducir que era un seudónimo porque… quién puede llamarse así. O el tipo es nulo de inteligencia o demasiado inteligente, que es lo que pensamos, ya que nos sirve en bandeja su ambigüedad, para que la degustemos. Vean mi trampa, sería. Uno leyó una que otra novela policial o de espionaje y nunca encontró un delincuente o un agente secreto que pretenda esconderse tras un nombre estrafalario, al contrario, lo ideal son nombres vulgares, como González, Smith, Wang, Cohen y otros. También hay apellidos de moda y apellidos de mierda, como «Microbio» o «Marmota». Y hablando de la «M», hubo un caso famoso, pero por deformación o error, que involucró a un filósofo y una ciudad, Mileto, cuna de Tales, uno de los padres del pensamiento occidental, cuyo verdadero lugar de nacimiento no fue Mileto, sino Taleto, un villorrio un poco más al norte, ya desaparecido –a buscarlo, arqueólogos–, donde lo parió su madre, una taletana de aquéllas, pero la posteridad, como suele hacer, confundió todo y así pasó a la historia como Tales de Mileto en vez de Tales de Taleto; si, por lo menos, hubiera pasado como Miles de Mileto, se verificaría una concordancia. «Miles» lleva a «Millones», con «M» buena, como la de «Mamá» o «Mermelada», y acá podemos empezar a rastrear la clave del título que Pínzel Áterfer puso a su nota: <strong>«Yo entrevisté a Cristina Kirchner sin pedirle permiso a la Justicia o Carlos Heller para la transición presidencial en las elecciones de 2027»</strong>. ¡Sorpresa! ¡Estupor! Por lo inesperado de correr por fuera de los nombres en circulación habitual por el peronismo para otra etapa de «capitalismo bueno», como la llamaría algún diputado de balde o un fabricante de baldes de apellido Valdés, que no escapa a su sino. Nombres que otrora tuvieron el rostro de un motonauta intrépido, de un abogado sexualmente excitado o de un experimentado masoterapista que ora lo puede volver a tener, como lo tuvo, más lejano en el tiempo, un «tío» bonachón que usaba la zurda para escribir a la derecha, espejado en el rostro de Jano de su líder, que siempre buscaba el equilibrio de la línea central de la nariz para dividir en dos su boca, como en el flor de chupón que se dio con Balbín cuando los chinos no eran lo que son y Beatriz Sarlo sí era lo que después dejó de ser y nosotros, justamente, estamos siguiendo las andanzas del veterano detective Etchenique en la última novela de Juan Sasturain, titulada, casualmente, <em>Tinta china</em>. Esa «M» buena, decíamos, nos remite de inmediato a otra «M»… no, calma, radicales (los que queden) no a la de Montoneros, Güemes ya hizo lo suyo… sino a la de Evita: <strong>«Volveré y seré millones»</strong>. Millones que se tocan con miles y miles con Mileto y Mileto con Tales y Tales con Los Toldos, donde nació esa chica María Eva, que murió a los 33, como Cristo, uno que se volvió millones antes. Aunque el más grande hallazgo de la literatura policial no se halla en las novelas de los maestros del género ni en sus discípulos, sino en un inspector anónimo del más extraordinario poema policial que se haya escrito jamás, si alguno se escribió además de éste, obra del cubano Luis Rogelio Nogueras, que describe un «crimen pasional», lo que hoy sería un «femicidio», no una vez que se cometió ni en el momento de cometerse, sino en el instante previo a que se cometa, suspendiéndolo en el aire de modo magistral y demostrando que, si la realidad es la realidad, el arte es la quintaesencia de esa realidad y <em>«el ser humano está en la Tierra sólo para crear obras de arte»</em>, al decir de Tarkovski. El poema sufrió distintas correcciones porque el arte, pese a su sacralidad, es construcción, no rapto, y tuvo un par de títulos: el original y perfecto «El último caso del inspector» y el «Detection Club» con que lo publicó una revista literaria argentina que dirigía Abelardo Castillo. No lo lean, óiganlo:</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef19789bd1941a5965391a6127e402ff wp-block-paragraph"> <em>«El lugar del crimen / no es aún el lugar del crimen; / es sólo un cuarto donde dos sombras / se murmuran, se besan. / El asesino / no es aún el asesino; / es apenas un hombre que sube lentamente / las escaleras de su casa, / después de un largo viaje. / La víctima / no es aún la víctima; / es solamente una mujer desnuda sobre un lecho, / en otros brazos. / El testigo de excepción / no es aún el testigo de excepción; / es nada más que un hombre osado, / que goza de la mujer del prójimo sobre las / sábanas del prójimo. / El arma del crimen / no es aún el arma del crimen; / es únicamente una lámpara de bronce, apagada, / tranquila sobre una mesa de caoba».</em> </p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2013/03/tyr.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Fotograma de la película «Stalker» de Andrei Tarkovski.</em></figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3233ad16bb0cd60d2e521e494938a51b wp-block-paragraph">Pero paremos de hablar de bueyes perdidos y literatura, que es, precisamente, donde se encuentran los bueyes perdidos y no los idiotas de las redes sociales, y preguntémonos cómo este Pínzel Áterfer vino a enterarse de que un humilde jubilado había sido no digamos periodista, sino simple escriba en uno que otro medio durante su periplo laboral. Lo ignoramos, permanece en la nebulosa, lo que no permanece en ella es que el tal Áterfer vino a valerse de nosotros para canalizar sus fines, ignorando, seguramente, que uno fue un periodista del montón y no de los trascendentes, como Émile Zola, José Martí, John Reed, Homero Alsina Thevenet, Gabriel García Márquez, Oriana Fallaci, Ryszard Kapuściński o, entre los autóctonos, Mariano Moreno, Sarmiento, Juana Manso, Fray Mocho, Rodolfo Walsh, Héctor Ricardo García, Rogelio García Lupo, o los más recientes Jorge Asís, Vicente Muleiro, Blanca Rébori… Nada que ver con la mediocridad reinante, de los que Pínzel tira nombres: ese Fiambrínn, que se la pasa arreglándose el pelito; el tal Manjele, que cada dos o tres palabras alterna con un tic; hay otro que anda por las nubes y comparte apellido, Lajas o Lages, con uno que habla pelotudeces, hablamos de Antonio, el aviador, no Agustín, el cómico; también el chico Vitriólico, que Charlie o Johnny le dicen, por rubiecito, quizá, con cara de <em>marine</em>; o el que tiene apellido de Trabuco o algo así y se peina como el diputado que dijo «cárcel o caca » o «bosta o bala «, una de esas metáforas, el que en público dijo de una chica que su madre era «puta» y se rio, le causó gracia… Hay una parva, dice Áterfer, también mujeres, por la igualdad de géneros, como esa entrada en años a la que bañan en maquillaje para que parezca una muchacha; que la defienda otro o se defienda sola. Pero bueno, tampoco nos importa demasiado lo que este Áterfer tire sobre periodismo en general, imagínense que diga que hasta fuimos «ensobrados», cuando el «ensobramiento» no existía o sí, pero sin fama, pues no estaba a la vista. «Pregúnteme esto. O preguntame. ¿Cuánto cuesta?» Uno fue un «ensobrado», no es vergüenza confesarlo, todas las noches, tras volver de una redacción y picar algo, se metía «en el sobre», porque había que madrugar, tres laburos entonces, dos fijos y uno como colaborador, para sobrevivir, magros salarios. El otro «sobre» que nunca nos faltaba era el de los archivos, esencial en la profesión para después no andar diciendo disparates ni preguntando boludeces. Marrones eran, ampulosos, y, aun así, no daban abasto con tanto recorte. Distintos en tamaño y formato al que nos pegaron en la puerta, «porque los actos son nuestro símbolo», diría Borges mirando a Tadeo Isidoro Cruz a punto de ayudar a Martín Fierro. Pínzel Áterfer vino a canalizar por intermedio de nosotros lo que, suponemos, no puede canalizar por él, al no ser del ambiente. Eso que nos dejó puede ser un tesoro o puede ser basura; a nosotros nos parece un tesoro. Por intuición, nomás. Es que hacerle una entrevista a Cristina, en las circunstancias imperantes y «sin someterse a los filtros de la Justicia», como se le llama a esta cosa, no es moco de pavo. Hay un halo de misterio, no obstante, porque, en su transcripción de la entrevista, faltan los guiones de diálogo y, a cada una de las preguntas que le hace, Áterfer dice que Cristina la contesta con gestos, de aprobación o negación, sin que Áterfer nos los especifique. ¿Es su magia? ¿Una magia? A la par, hay algo inédito y es que el secreto, el gran secreto de esta nota, es que las respuestas ya están en las preguntas, a las que el gesto ambiguo de Cristina no responde y, sin embargo, quedan rotundamente respondidas. Nosotros no tomamos partido. Que lo tome <em>Perfil</em>, a la que, por un contacto indirecto, aunque seguro, haremos llegar esta entrevista. Para qué meternos nosotros en camisa de once varas, ya bastante con nuestra propia vida. Y que Áterfer nos agradezca internamente, ya que los medios no suelen agradecer. Todo parece un sueño y nosotros, los soñadores. No tenemos nada que perder. Qué podría perder un jubilado más de lo que ya pierde, en este país al revés y reino de los ex: un experiodista, un extrabajador, una exesposa, un exmarido, una expareja, un exradical, una exjueza, un exclase media, una expresidenta que zafó de la muerte y debería pensar en la posteridad y no en la coyuntura y, sobre todo, un exabrupto que se cree presidente. Cómo Áterfer consiguió esta «entrevista», cómo logró filtrarse sin el permiso judicial, cómo le franquearon la puerta, quién le abrió, cómo armó las preguntas para que ya sean en sí respuestas… No nos incumbe. Lo concreto es que está, acá la tenemos, más allá de la verba envolvedora o escondedora o acomodaticia de Cristina y hasta por encima de ella misma. ¿Protagonista de la historia, como Evita, eje fundamental, o sólo dato aleatorio, detritus, como Isabelita, estribación, sobrante? &nbsp;</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://laopinionaustral.com.ar/media/uploads/2023/08/evita-y-cristina-d0239dj2039dj203d.webp" alt=""/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-04164e166808cea9a4a3d2ea1cf80f4a wp-block-paragraph">El nombre de Carlos Heller salta por todas partes en la entrevista como el más lúcido exponente de todo ese espacio o amontonamiento o «movimiento» –el impecable eufemismo de su líder–, más quienes se acoplen desde fuera, para encabezar la transición en 2027 bajo la consigna de Evita: «revolucionario o nada». La nada misma, el peronismo, otro radicalismo, sin un golpe de timón. Heller, un ex-Partido Comunista, un es-Partido Solidario, «ex» y «es» a los que cuesta rasparles su pátina socialdemócrata, progresista, «correcta», esa mano de cal «buena» en la fachada siempre tramposa del capitalismo. La pátina está ahí, en detalles, como la publicidad del banco cooperativo que supo crear Heller y el usufructo que se hace, para ganar clientes, del concepto «credinautas», aprovechándose del tubo de oxígeno provisorio que trajeron el Eternauta y Oesterheld. Pero bueno, es un pecado menor en un desafío mayor. Lo que no sería menor es que, como Constantino halló en el cielo la señal que dio resuello al Imperio, Cristina halle en Evita la señal para ser, no sólo parecer, porque parece que no alcanza con la mujer del César nombrando en la <em>Via Appia</em> de vez en cuando a Gramsci. Revolucionario o nada. Si en Evita fue inconsciente, hoy es consciente, como cuando Cooke le dijo a Perón: «Venite a Cuba», y Perón le respondió: «Estoy bien aquí, con Franco». Eso que presentían en 1974 los expulsados de la Plaza, cuando aún había margen para que retozase la derecha dentro de un movimiento que se sentía invencible y hace rato que lo dejó de ser, pese a esporádicas victorias. «Justicia Social, Soberanía Política, Independencia Económica» sólo serán posibles en una sociedad de otro orden. Dado lo que es el mundo, puede cumplirse o no. De no, se retrocederá a la barbarie. De sí, se ignora si a corto o largo plazo. Sólo queda avanzar, o tratar de avanzar, así sea a pequeños pasos, si nada estalla antes. No aquí, en el orbe. Construir para las presidenciales de 2027 esa alternativa posible, a través de alguien que pueda representar el camino. Áterfer cuenta todo esto en párrafos, sin líneas de diálogo, por lo que nunca queda claro qué está en sus preguntas y qué, en la gestualidad de Cristina. Fue intencional, sin duda. ¿Tendrá un video escondido con la imagen y el audio? Es la pregunta que nos carcome. Quizá hayan concordado en algo, quizá en todo, quizá en nada. De lo que no hay «quizá» es del descascaramiento peronista, de su decadencia irrefrenable, por no decir de su demolición. Sólo la consigna de Evita posibilitará que perviva. Y volvemos a los apuntes de Áterfer, los finales, cuando nos propina su último golpe de efecto, al asegurarnos que él «jamás fue peronista, pero dentro de dos años, por qué no, tal vez lo sea», y suelta suposiciones improbables, frases deshilachadas, pronósticos bizarros, que Cristina debe ser revolucionaria y dejar de ser burguesa, camine con la tobillera electrónica por su departamento de San José al 1100 para estirar las piernas o se recuerde caminando por las calles con los tobillos libres y su cartera Louis Vuitton. No aguardar a que «los ricos la vuelvan a buscar». No pensar que «ya vamos a volver». Cris, ¿buscarte para qué? ¿Volver a qué, Cris? El único que le daba sentido a algún «volver» era Perón cuando amagaba hacerlo desde Puerta de Hierro, Madrid, España, y después habría que ver hacia dónde disparaba cuando estuviera en Argentina, Buenos Aires, Gaspar Campos. Porque buscar no es volver ni volver es buscar. Así, en abstracto. «volver» es Alberto Fernández con expresión feroz, de revolucionario inexorable, tocándole el hombro por detrás a Vicentín y, al tornarse éste, espetarle: «Vicen, mancha»», y «buscar» es terminar en una novela de Roa Bastos, pero pésima, «Yo, el Vocero», o sea, Marlon Adorni protagonizando «Ese tranvía llamado tuíter» y reposteado por el español Ténesi de la Huerta del Choto. Lo que nos extrañó, y mucho, fue eso de llamarle «Cris». ¿Qué expresa ese grado de confianza? ¿De dónde? ¿Pínzel Áterfer quién es? ¿Y qué piensa, usted, vecina de Constitución o el conurbano (en su parte paqueta), que, con tanta inseguridad suelta en la calle, encima tiene que convivir con «la chorra» y el fantasma de aquella otra a la que hasta las paredes le gritaban «¡Viva el cáncer!»? Un puente se tiende entre ambas, ¿similar al tendido entre aquel Perón en que creyó la Resistencia y luego la «juventud maravillosa» y resultó que no era ninguno de los dos, o quizá promisorio éste, el supuesto, entre aquella Evita y esta Cristina? Se verá porque, si un puente no se cruza, ¿para qué sirve? Imagínense, de una orilla el capitalismo, de la otra el socialismo y, en medio, el <em>Puente del Mientras Tanto</em>. Inaugúrenlo o dinamítenlo, de una vez, peronistas, porque hartan. El afiche que Pínzel Áterfer propone, en un tosco dibujo, tiene, de un lado, escrito en vertical, CAPITALISMO, y del otro, escrito igual, SOCIALISMO, mientras arriba, sobre una línea horizontal, figura ¿OCTUBRE? (mes de la votación) y abajo, en paralelo, 2027, en tanto, todo el rectángulo central, erguido, no acostado, está ocupado por la foto y una leyenda que la cruza: <em>HELLER, LA TRANSICIÓN</em>. Ínsito, el sueño de una segunda transición, en 2031, la de Cristina, más setentona ella y no con la cartera Louis Vuitton, sino con una como la que llevaba Norma Plá, calco de aquella otra que llevaba la chica de Los Toldos que quería ser actriz y fue, más que una actriz, la protagonista de la historia. Pe… pero tranquilos, «chicos», treintañeros, cuarentones, cincuentones, grandulones al pedo, manga de millonarios, terratenientes, chupasangres, usureros del mercado, bazofia menemista, inmundicia macrista, mierda libertara, no se alteren, fue un sueño. Sólo un sueño. Es nada más que un sueño. El que pidan, acaso, de regalo en sus cartitas a los Reyes Magos para esa noche mágica de 2027, los niños y las niñas que nacieron sin conocer el mundo que hubieran debido conocer. Esa noche <em>«secreta en el porvenir»</em>, al decir de Borges, <em>«una lúcida noche fundamental»</em>. Como el verso final en un poema de Mario Benedetti que cualquiera confundiría con <em>Utopías</em>, pero no es ése, es otro, el que concluye: <em>«… y desde allí los años y quién sabe»</em>.</p>



<div style="height:63px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8cc734b3f2e84e83db029c00ddb99502 wp-block-paragraph">Viernes 26 de julio de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1aa3375ea11748d42015d63b38371e9e wp-block-paragraph">*El escritor en su torre de marfil. </p>
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		<title>El deber de comprender &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Dec 2025 22:17:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Tatián]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonsin]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe de Estado 1976]]></category>
		<category><![CDATA[Insurgencia]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchner]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A meses de conmemorarse los cincuenta años del golpe de 1976, Diego Sztulwark señala que la polémica en torno al balance de la política de derechos humanos de los gobiernos kirchneristas, abierta por el gobierno actual, no puede ser afrontada desde la nostalgia alfonsinista como tampoco desde la impunidad menemista. La denuncia del carácter de clase del golpe nos compromete en relación a las injusticias derivadas de la estructura social del presente.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-deber-de-comprender-por-diego-sztulwark/">El deber de comprender &#8211; Por Diego Sztulwark</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-77b14954a29db7671284089f3149b1d4 wp-block-paragraph"><strong><em>A meses de conmemorarse los cincuenta años del golpe de 1976, Diego Sztulwark señala que la polémica en torno al balance de la política de derechos humanos de los gobiernos kirchneristas, abierta por el gobierno actual, no puede ser afrontada desde la nostalgia alfonsinista como tampoco desde la impunidad menemista. La denuncia del carácter de clase del golpe nos compromete en relación a las injusticias derivadas de la estructura social del presente</em></strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec4f457d9f2007e1367739f2dfffa082 wp-block-paragraph"><br><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17bc3d5ea84753a187f7e3995dca02e0 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)<br></em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5d404afa9e6682022c25d099c6dab377 wp-block-paragraph"><a href="https://lamesa.com.ar/memoria-justicia-y-politica-en.../..."><strong>Claudia Hilb</strong></a> sostiene que su generación debe comprender lo que sucedió durante los años setenta, y que quienes tuvieron cualquier participación en la insurgencia armada deben ser críticamente valorados de acuerdo con su contribución objetiva al desenlace del horror desencadenado, sobre todo a partir de 1976. Explica que ese proceso comprensivo desemboca –al menos para ella– en una posición de defensa de la demarcación -alfonsiniana– entre democracia/dictadura, simbolizada en los juicios de 1985, y en una toma de compromiso en solidificar, desde esas bases, las instituciones democráticas. A partir de esas premisas rechaza como partidista la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad ocurridas durante el kirchnerismo con argumentos jurídicos, históricos, políticos e ideológicos, aclarando que la actual descomposición de ese movimiento político, y la ofensiva de la ultraderecha en el gobierno, constituyen una ocasión propicia para insistir en la senda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5f2279d9f6c95f3b6e78d7b99a1e706c wp-block-paragraph">Luego de leer y meditar sus argumentos –y adhiriendo a la oportuna acotación que le hizo <strong><a href="https://x.com/LaInca_/status/2004632570861158403/photo/1">Sebastián Lacunza</a> </strong>sobre el papel del progresismo no kirchnerista frente a la política de derechos humanos abierta luego de 2003– creo posible agregar brevemente, desde otro punto de vista –etario y político–, una observación que pretende ampliar ese «deber de comprender» que rige el razonamiento de la autora, introduciendo la plena legitimidad de la lucha por hacer de la democracia algo más que una deducción de esquemas normativos e institucionales adecuados a un contexto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d964d82948f843e771674cd2cf4eed8 wp-block-paragraph">La disputa por el significado de la democracia en momentos políticos diversos, es parte inherente del juego democrático mismo, y es por eso que la democracia resulta inseparable de la discusión política por sus sentidos, siendo el más radical de ellos el que proporciona el derecho y la ocasión para pronunciar aquellas palabras que, debidamente articuladas en estrategias multitudinarias, permitan reconstituir la capacidad de ruptura con las estructuras de un capitalismo dependiente por medio de estrategias claramente discutidas por los muchos, y actualizadas a los grandes dilemas del presente. En otras palabras: el problema del kirchnerismo y las políticas de derechos humanos de las décadas pasadas no fue el no haber sido lo suficientemente apegada a narraciones consensuadas durante la llamada transición democrática, sino –en todo caso– el no haber llevado adelante, en el terreno de la economía, las conclusiones necesarias que derivaban de sus propias premisas. Quiero decir: una vez establecido que el terror estatal no obedeció a un mero acto de autoritarismo ni a un genérico proyecto totalitario, sino a un diseño preciso de reestructuración del dominio social jamás revertido (el Estado Terrorista, tal y como lo estudió para el caso argentino Eduardo Luis Duhalde, es una forma específica de institución anti-insurreccional), no es posible limitar las prácticas democráticas a los límites que ese proyecto de dominación instaura, ni eludir la necesidad de transformar las estructuras económicas que esa dominación impuso. De igual modo, una indispensable meditación sobre nuestra historia reciente que reivindique escenas de palacios de justicia y tribunales será siempre insatisfactoria si relega el aporte decisivo de las luchas por la memoria, la verdad y la justicia desarrolladas en las calles, en las marchas, en las asambleas, en los libros y en fotos internacionales. Fue una sociedad crítica y movilizada la que hizo, una y otra vez, inviable la reducción de la memoria, la verdad y la justicia a documentos oficiales, escenas estatales y rituales consolidados. Si se omite esa historia complementaria e incesante, se corre el riesgo de desvincular la lucha por la memoria de las injusticias sociales, de las del presente (desvinculación imposible, puesto que las causas estructurales de una situación y otra se enlazan). Hace unos días circularon las imágenes de vecinos repudiando el asesinato policial de un vecino de Lugano. Allí se escuchaba a personas cantando «yo sabía que a Gabriel lo mató la policía», y «como a los nazis les va a pasar». Las conexiones están vivas, y son esas napas subterráneas, debidamente despertadas a partir de la conflictividad social actual, las que podrían ayudarnos a quebrar el proyecto en curso que aniquila todo contra-poder colectivo por medios «democráticos». Este proyecto en curso se nutre, por cierto, del proceso histórico argentino, pero lo hace en consonancia con proyectos globales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-310f2a6c13d47f9bd513b8fa995a2a1f wp-block-paragraph">A cincuenta años del golpe de 1976, nos cabe a todos la responsabilidad de preguntar de nuevo qué cosa nos unen a aquellos proyectos insurreccionales, cuya represión explica la ferocidad del horror aplicado, y cómo retomar fuerzas en nuevas condiciones para reemprender una lucha cultural y política contra quienes se proclaman vencedores de ayer y de hoy.</p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5c52c3674981c3cd8b6b2d2cf64a6e2d wp-block-paragraph">Lunes, 29 de diciembre de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51599abf75d4a9c990701bf8d00a305e wp-block-paragraph">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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		<title>Titiriteros impunes &#8211; Por  Jorge Elbaum</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:31:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuánto de lo que padecemos en la actualidad, inscripto en el gobierno de Javier Milei, es tributario de antecedentes no saldados del ejercicio de terror estatal instituido en 1976? Responder a este interrogante implica hacer visible la responsabilidad de los dos actores centrales que estructuraron el golpe militar de 1976, y que permanecieron ocultos eludiendo tanto la justicia como el escarnio público: los grandes empresarios argentinos —que en la década del '80 fueron catalogados como los Capitanes de la Industria— y el Departamento de Estado. </p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0b57ee672f70ed6125b2a781fe8c5a8d wp-block-paragraph"><strong><em>¿Cuánto de lo que padecemos en la actualidad, inscripto en el gobierno de Javier Milei, es tributario de antecedentes no saldados del ejercicio de terror estatal instituido en 1976? Responder a este interrogante implica hacer visible la responsabilidad de los dos actores centrales que estructuraron el golpe militar de 1976, y que permanecieron ocultos eludiendo tanto la justicia como el escarnio público: los grandes empresarios argentinos —que en la década del &#8217;80 fueron catalogados como los Capitanes de la Industria— y el Departamento de Estado. </em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e98c5c03784495a820f84e7b73a9fa92 wp-block-paragraph"><strong>Por Jorge Elbaum*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d37531ee817c78cf4ada4113cfe0f7d wp-block-paragraph"><em>¿Con qué derecho definía yo la Patria, bajo un cielo en pañales y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a87ce13f3b9621c22a0fb148eeb38c39 wp-block-paragraph">Leopoldo Marechal</p>



<div style="height:49px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d9098b78b1df5578a8d47c1a5e3fa81 wp-block-paragraph">Pensar los 50 años del golpe genocida exige pensar en las consecuencias de su ejercicio represivo y, sobre todo, en la deriva de sus efectos políticos y culturales posteriores. ¿Cuánto de lo que padecemos en la actualidad, inscripto en el gobierno de Javier Milei, es tributario de antecedentes no saldados del ejercicio de terror estatal instituido en 1976? Responder a este interrogante forma parte de la tarea de quienes atravesamos estas cinco décadas con el desafío de ser coherentes con aquellos que fueron perseguidos, encarcelados, desaparecidos, torturados y exiliados durante la noche más negra de la historia argentina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0be323d801d0bca8609a7185a86fe9bd wp-block-paragraph">Toda historia social y política es atravesada por el tamiz de una interpretación. La historiografía supone un método. No una mirada unívoca ni neutral. Historiadores y analistas cargan con sus prenociones a la hora de mirar el pasado. Todos examinamos desde alguna perspectiva sin que eso habilite a tergiversar o falsear los datos, los documentos o los testimonios. La realidad suele ser esquiva. Pero hay que asumirla con honestidad retrospectiva. La memoria, cuando se ejerce con valentía y lucidez, tiene el deber de asumir esta complejidad. No alcanza con la tranquilidad que brinda la comodidad autocomplaciente. El castigo macri-mileísta está enraizado en la omisión inexcusable de dos indulgencias sociales imperdonables que habilitaron una impunidad que terminó siendo estratégica para los sectores concentrados. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-92772779b8c7614e8f04d1966b63a714 wp-block-paragraph">Quienes apostamos por mirar al mundo desde un punto de vista emancipatorio, debemos ser capaces de percibir las continuidades y las rupturas que se sucedieron a partir de los ejercicios criminales liderados por Videla, Viola y Galtieri, los sanguinarios fundadores del programa neoliberal en nuestro país. Sus herederos políticos, Carlos Menem, Mauricio Macri y Javier Milei, fueron epígonos de una continuidad larvada, que logró filtrarse en la cotidianidad económica y cultural de las últimas cinco décadas, sin hacer visible a los dos actores centrales que habían estructurado el golpe militar de 1976, que permanecieron ocultos, eludiendo tanto la justicia como el escarnio público. Esos vectores fueron los grandes empresarios argentinos —que en la década del &#8217;80 fueron catalogados como los Capitanes de la Industria— y el Departamento de Estado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-80400c638dfc7836ea237e7e843668f4 wp-block-paragraph">Mientras los Grupos de Tareas hacían el trabajo sanguinario y truculento en los Centros Clandestinos de Detención y Exterminio, se instituían reglas de procedimiento que se convirtieron en sentido común empresario: la desinversión productiva, la financiarización, la desregulación del comercio exterior, la desindustrialización, la fuga de capitales, la evasión fiscal autorizada, la reducción salarial, la dolarización de las tarifas y servicios públicos, la precarización laboral y el desprestigio de las organizaciones sindicales. El gobierno dictatorial fue derrotado por la combinación de las luchas populares, el agotamiento del programa financiarista y la derrota de la Guerra de Malvinas. Pero su impronta quedó instalada gracias a una institucionalidad normativa inscripta en el código corporativo doméstico, avalada por la delegación diplomática estadounidense. Dicho entramado logró debilitar a los trabajadores mediante la amenaza perpetua de la pérdida de los puestos de trabajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-90856fac61667cd9910a3fac34a60a93 wp-block-paragraph">Sólo durante los dos años iniciales de Raúl Alfonsín, bajo la conducción económica de Bernardo Grinspun, y el período de doce años de Néstor y Cristina Kirchner, esquivaron los protocolos ortodoxos impulsados por la asociación de esos dos actores, que salieron indemnes de la dictadura. Su vocería institucional fue asumida por el FMI y durante las cinco décadas siguientes fueron consolidando su poder y su capacidad de presión, aumentando su legitimidad y su influencia político-cultural. La impunidad con la que fueron premiados -sostenida por los medios de propaganda corporativos &#8211; se amplió a partir del siglo XXI gracias al control algorítmico de los flujos narrativos difundidos por las redes sociales, convertidos en baluartes de la fragmentación identitaria de los trabajadores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b179e47904afd40f8e8db6dca57f8982 wp-block-paragraph">La candidez que acompañó la recuperación democrática sólo señaló a los peldaños manchados del horror. Su inocencia prefirió describir el compromiso por los Derechos Humanos de Patricia Derian, durante la presidencia de Jimmy Carter, antes que detectar el Deep State, que continuaba tramando la extorsión futura, coherente con la lógica imperial que se había impuesto desde la Guerra Fría, luego de la década del &#8217;40. En ese marco, se decidió no denunciar internacionalmente el Plan Cóndor, bajo la creencia ilusoria de que Washington iba a cooperar con la recuperación democrática.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-828fd6abc4a14908c726a93bccc04278 wp-block-paragraph">Esa falacia contribuyó a desmantelar cualquier atisbo de imputación, en foros internacionales, decidiendo el ocultamiento de los cercanos vínculos de los militares latinoamericanos con la Escuela de las Américas. Se abandonó toda investigación pública y/o parlamentaria sobre los efectos de la Guerra Fría en el subcontinente y se evitaron las desclasificaciones de documentos que ponían en evidencia el rol central de las agencias de inteligencia extranjeras en el ocultamiento de los crímenes y las desapariciones forzadas. Las corporaciones domésticas, por su parte, fueron absueltas porque se consideró imprescindible su desempeño futuro en el relanzamiento del proyecto de sustitución de importaciones. La impunidad de la que gozaron ambos actores fraguó el regreso del neoliberalismo criminal una y otra vez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1701fb11b5cf0b558c2066d5e8b3e95b wp-block-paragraph">El desafío del futuro es asumir la peligrosidad de ambos pilares del neoliberalismo doméstico. Si nos negamos a desenmascararlos y continuamos contribuyendo a su legitimidad, inventarán una y otra vez a los Milei de turno. Hasta que no seamos capaces de disciplinarlos, seguirán produciendo las condiciones de posibilidad para impedir la plena soberanía que nos merecemos. Esa debe ser la tarea imprescindible para ser coherentes con el legado de los 30 mil compañeros y compañeras.</p>



<div style="height:51px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3595d9843bcdded2c638c6823791c07e wp-block-paragraph">*Sociólogo, Periodista, Escritor, Dr. en Ciencias Económicas.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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