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	<title>Manuel Ugarte archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Sat, 20 Jan 2024 16:00:37 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Manuel Ugarte archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La Independencia que nos falta. Tercera y última entrega &#8211; Por Mario de Casas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Mar 2018 21:42:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mario de Casas]]></category>
		<category><![CDATA[Burguesía]]></category>
		<category><![CDATA[Estado]]></category>
		<category><![CDATA[Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Ugarte]]></category>
		<category><![CDATA[Patria Grande]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No hay industrialización sin energía y sin petróleo, y no hay desarrollo ni transformación para una Nación sin el Estado como motor, conducido por los sectores populares y sus aliados con una amplia participación del capital nacional.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-independencia-nos-falta-tercera-ultima-entrega-mario-casas/">La Independencia que nos falta. Tercera y última entrega &#8211; Por Mario de Casas</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><strong><span style="color: #000000;">No hay industrialización sin energía y sin petróleo, y no hay desarrollo ni transformación para una Nación sin el Estado como motor, conducido por los sectores populares y sus aliados con una amplia participación del capital nacional.</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;"> Por Mario de Casas*</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Hay que realizar la segunda independencia, renovando el continente.</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Manuel Ugarte, en el Manifiesto a la juventud latinoamericana.</span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Habíamos dicho que el proceso de industrialización iniciado en los años 30 del siglo pasado en nuestro país vino impuesto por las circunstancias, y que no fue de inspiración nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El centro imperial descargó la crisis sobre la periferia, como puso en evidencia Scalabrini Ortiz en <em>“Política Británica en el Río de la Plata”.</em> Con el Estado en sus manos desde el golpe del ’30, la oligarquía implementó medidas como el control de cambios y la retracción de importaciones que configuraron un proteccionismo tendiente a equilibrar la balanza de pagos; así se generó un desenvolvimiento industrial que modificó la estructura socio-económica del país. Pero ese incipiente desarrollo de la industria no era consecuencia del proyecto de una clase burguesa que pretendiera hacer la revolución industrial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Había, sí, la participación de industriales cuya conciencia por el interés nacional y su propio interés de clase eran y siguen siendo sumamente precarios, reflejo de la enorme debilidad orgánica de la burguesía como clase, que era y es material pero también ideológica; su subordinación al pensamiento dominante de la oligarquía se materializa en la aplicación de excedentes a la compra de valiosas tierras, la forma de propiedad de la clase dominante, socialmente la más jerarquizada. Esos campos no son fábricas de vacas o de soja, suponen en cambio un cuasi monopolio sobre un bien natural: la característica sobresaliente de sus propietarios es el parasitismo, no la reinversión de las ganancias o las rentas que surgen de la gran diferencia entre los precios internacionales de los productos agropecuarios y los costos locales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En ese régimen de propiedad de la tierra hay que buscar el fundamento de esta lógica de funcionamiento y de la naturaleza del poder político en períodos como el actual. Todos factores convergentes en el desvío del excedente nacional fuera del circuito interno de la reinversión, del desarrollo de la ciencia y la tecnología y de la redistribución progresiva del ingreso; en parte absorbido por las metrópolis imperialistas y en parte por el consumo suntuario, la valorización financiera del capital y la fuga de divisas de los sectores dominantes domésticos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es esta cualidad fundamental la que distingue a la clase dominante autóctona de la burguesía que, ya en su rol hegemónico, impulsó la unificación o la independencia nacional en Europa y los Estados Unidos en el siglo XIX; determinante además de la condición dependiente de nuestro país y, por lo tanto, de la cuestión nacional y la inalcanzada independencia real. Causa que determina el desplazamiento de la tarea central de la liberación nacional a otros sectores sociales, que para llevarla a cabo están obligados a conformar un frente nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La historia enseña que en países dependientes como el nuestro, tal transformación tendrá por motor al Estado, conducido por los sectores populares y sus aliados con una amplia participación del capital nacional, o no será; y que consiste en consolidar un patrón de acumulación que desarrolle el mercado interno y promueva la industrialización como orden socio-económico dominante, para lo cual es fundamental la apropiación social de las extraordinarias rentas agropecuarias. Se generan así las condiciones necesarias para un adelanto tecnológico propio y un elevado nivel de empleo, tanto general como calificado, que equivale a decir mejores salarios y redistribución progresiva del ingreso. En tal situación, el Estado puede garantizar la ampliación continua del régimen de acumulación reteniendo el excedente dentro de las fronteras nacionales; y evitar la depredación de los recursos naturales, muchos de los cuales son no renovables, escasos y revisten un valor estratégico: no hay industrialización sin energía y sin petróleo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Éste es el gran desafío pendiente y no son pocos los requisitos que la hora nos exige para realizarlo. Uno de ellos es la recuperación de nuestras palabras y nuestros símbolos, como proponía Gramsci.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La madre de esas palabras es <em>patria</em>. Ya nuestros escritores del siglo XVIII invocaban la patria, y la palabra aparecía en el discurso colonial, sobre todo en protestas contra la situación de marginación con que la Metrópoli mantenía a sus colonos; se trataba de una patria invocada desde una voluntad de autonomismo e implicaba una crítica al poder metropolitano. Más tarde la patria adquirió un sentido distinto en el discurso revolucionario, claramente separatista; tal el uso de la palabra en Simón Bolívar, en San Martín y en todos los libertadores de ayer y de hoy.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero la semántica de las palabras que tienen connotaciones políticas ofrece distintos significados, que suelen corresponderse con la ideología de quien las emplea. Si los autonomistas del siglo XVIII y los independentistas del XIX le dieron los usos señalados, en el siglo XX la oligarquía autóctona hizo de la palabra una pieza ideológica de su propio discurso, que fue más “patriótico” cuanto más reaccionario y antipopular. Basta con tener una idea de lo que fue la llamada “Liga Patriótica Argentina” para saber de ese “nacionalismo”. Y fue por eso, porque fue arma de la oligarquía, que los obreros de fines del siglo XIX, en particular los anarquistas y socialistas pero en general todos modestos inmigrantes, rechazaron el uso del término; y tenían razón, había sido infectado y no servía a la causa de la integración social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La patria en manos de la oligarquía que disponía de toda la fuerza del Estado, que controlaba la historia nacional como algo de su exclusiva incumbencia, que se subordinaba y sometía el país a los intereses imperialistas, era una patria que excluía calificando a los sectores sociales: frente a la “patria” estaba la “antipatria”, los anarquistas, socialistas y comunistas; y los obreros en general en tanto luchaban por su inserción social y formas plenas de reconocimiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Marx había dicho que los proletarios no tienen patria, y esta afirmación fue usada para justificar y fundar el rechazo del término. Pero las palabras del autor de <em>El Capital </em>debieron tener otra interpretación: simplemente quiso decir que los proletarios no tenían patria porque los burgueses se la habían apropiado. Se trataba pues de rescatarla. El internacionalismo unía patrias, no las negaba, pretendía integrarlas sobre otras bases. Frente a él, los nacionalismos de derecha, de los amos de la tierra, atomizaron las patrias y las prepararon para su recolonización, porque si hay una tradición de independencia inconclusa es porque hay otra de recolonización que intenta convertirnos para siempre en neocolonia.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las invocaciones a la patria y sus símbolos estuvieron ausentes durante años en algunos sectores sociales pertenecientes al campo popular, tal vez por temor a incurrir en patrioterismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es importante nombrarla y ver en esta patria real, tal como la sufrimos en nuestros días, la patria de la exclusión; en la que el neoliberalismo disfrazado de democracia repite las políticas que antes se sustentaron con la muerte de una generación en los campos de concentración de la última dictadura, y años después con el desempleo masivo que impide construir a cada uno su identidad y apaga la protesta social, que ahora es ahogada en sangre. Es necesario nombrarla y reconocerla para redimirla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para finalizar, considero oportuno transcribir partes del Manifiesto de Ugarte, olvidado mensaje cuya principal convocatoria elegí como epígrafe de esta nota:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span><span style="color: #000000;"><strong>Manifiesto a la juventud latinoamericana</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Tres nombres han resonado estos últimos meses en el corazón de América latina: México, Nicaragua, Panamá. En México, el imperialismo se afana por doblar la resistencia de un pueblo indómito que defiende su porvenir. En Nicaragua, el mismo imperialismo desembarca legiones conquistadoras. En Panamá, impone un tratado que compromete la independencia de la pequeña nación. Y como corolario lógico cunde entre la juventud, desde el río Bravo hasta el Estrecho de Magallanes, una crispación de solidaridad, traducida en la fórmula que lanzamos en 1912: <em>´La América Latina para los latinoamericanos´</em>. Es indispensable que la juventud intervenga en el gobierno de nuestras repúblicas, rodeando a hombres que comprendan el momento en que viven, a hombres que tengan la resolución suficiente para encararse con las realidades. [&#8230;]. <em>Y es contra todo un orden de cosas que debemos levantarnos. Contra la plutocracia que, en más de una ocasión, entrelazó intereses con los del invasor. Contra la politiquería que hizo reverencias ante Washington para alcanzar el poder. Contra la descomposición que, en nuestra propia casa, facilita los planes del imperialismo</em>. <em>Nuestras patrias se desangran por todos los poros en beneficio de capitalistas extranjeros o de algunos privilegiados del terruño, sin dejar a la inmensa mayoría más que el sacrificio y la incertidumbre</em>. […]. Si no renunciamos a nuestros antecedentes y a nuestro porvenir, si no aceptamos el vasallaje, hay que proceder sin demora a una renovación dentro de cada república, a un acercamiento entre todas ellas. Entramos en una época francamente revolucionaria por las ideas. <em>Hay que realizar la segunda independencia</em>, renovando el continente. Basta de concesiones abusivas, de empréstitos aventurados, de contratos dolorosos, de desórdenes endémicos y de pueriles pleitos fronterizos. Remontémonos hasta el origen de la común historia. Volvamos a encender los ideales de Bolívar, de San Martín, de Hidalgo, de Morazán….” (Las cursivas son mías).  </span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mendoza, 14 de marzo de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em style="font-weight: inherit;"><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;"> </span></em></span><span style="color: #000000;"><em>*Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – UNCuyo</em><em>. </em></span></p>
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		<title>MANUEL UGARTE: ¿UN DESAPARECIDO? &#8211; POR E. RAÚL ZAFFARONI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jan 2024 15:57:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Ugarte]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Zaffaroni]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Raúl Zaffaroni rescata del eterno presente propuesto por la historia oficial argentina, sustentado en la fake new de un pasado neocolonial glorioso, la figura de uno de los más importantes intelectuales de nuestra Patria Grande: Manuel Ugarte.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/manuel-ugarte-un-desaparecido-por-e-raul-zaffaroni/">MANUEL UGARTE: ¿UN DESAPARECIDO? &#8211; POR E. RAÚL ZAFFARONI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-66a1be7273c52ae7c89e6b6d2c39a683 wp-block-paragraph"><strong><em>Raúl Zaffaroni rescata del eterno presente propuesto por la historia oficial argentina, sustentado en la fake news de un pasado neocolonial glorioso, la figura de uno de los más importantes intelectuales de nuestra Patria Grande: Manuel Ugarte.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a6644aad569b14774455ac04fc54f1c1 wp-block-paragraph"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40b3cc1b3d39c520acc4b5a764fa2f97 wp-block-paragraph">Se dice que “la historia la escriben los vencedores”, frase de dudoso origen que suele atribuirse a George Orwell&nbsp;en plena Segunda Guerra. Sea quien haya sido el autor, lo cierto es que suele reflejar la realidad, por lo menos, en lo que hace a las historias “oficiales”, que se sintetizan en pequeños resúmenes aburridos, destinados a ser embutidos como la única realidad del pasado en la cabeza de millones de niños y adolescentes, a fin de domesticarlos para el presente y condicionarlos para el futuro en base a un pasado falso. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d3afb16fd2d572e00491e1358e36922 wp-block-paragraph">Si es verdad que fue Orwell quien lo dijo y en referencia a la historia del “norte”, cabe preguntarnos aquí, en el “sur”, quiénes escribieron la historia –o las historias- de nuestra América; dicho de otra manera, quiénes fueron los “vencedores” que escribieron nuestros relatos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d2975426e45b8d96c15474fa994be1cf wp-block-paragraph">Ya entrado el siglo XXI -que cada vez se presenta como más complicado- pocas dudas nos van quedando acerca de que llevamos más de quinientos años de sucesivas formas de colonialismo y, por ende, está claro que los relatos “oficiales” provinieron de las plumas de los colonizadores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-764c8ea121d6ef0803a2d4def21693aa wp-block-paragraph">Por cierto, no fueron Cortés ni Pizarro –que solo se ocupaban de robar oro-, sino que el colonialismo originario se limitó a proveer a los europeos las materias primas y los medios de pago para que extendiesen sus masacres por todo el planeta, con el llamado “neocolonialismo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-75c511e77b23e05f03ef637809a64c9c wp-block-paragraph">El genocidio de nuestros originarios y la esclavización de millones de africanos fue la fuente de financiación de la genocida empresa “neocolonial” europea, con sus millones de muertos en Asia (las guerras del opio, Indonesia, la colonización brutal de la India), África (el Congo belga, los hereros, el “apartheid”) y Oceanía (la casi extinción de la población australiana).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ad906467e4bbf48cf0109943b2b8b96 wp-block-paragraph">¿Y en nuestra América? Las historias “oficiales” las escribieron hombres –creo que ninguna mujer- nacidos en nuestros suelos. Los “neocolonizadores” no tuvieron necesidad de mandarnos virreyes y tampoco autores de relatos, pues de todo eso se ocuparon nuestros obedientes procónsules de los intereses de esa etapa neocolonial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-90b46e0f1f70fd49e9d71fad7e5a8d4e wp-block-paragraph">Nuestras oligarquías vernáculas del siglo XIX se libraron de los libertadores: a algunos los mataron (Sucre y Monteagudo), otros se salvaron por poco (Bolívar), otros debieron tomar el camino del exilio (San Martín). Consumada esta tarea, asumieron la función de procónsules del neocolonialismo, desde el “porfiriato” mexicano hasta la oligarquía vacuna argentina, desde el patriciado peruano hasta la “República Velha” brasileña.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3ff72538477b4549c5137cef81b26aaf wp-block-paragraph">Fueron los “ilustrados” de estas oligarquías quienes se encargaron de escribir nuestras historias “oficiales”, pero no lo hicieron por mero entretenimiento de holgazanes, sino porque es bien sabido que a todo ejercicio del poder le es indispensable un discurso que lo legitime: no basta con las armas para sostener el poder, sino que también le es imprescindible el discurso y, sobre todo, uno que pretenda legitimar el presente, mostrándolo como la continuación de un pasado luminoso, al que se debe retornar, como al paraíso perdido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5bd2aa71acd3ce31629317853e40eff7 wp-block-paragraph">Por supuesto que siempre hubo plumíferos dispuestos a escribir las historias “oficiales”, en especial si son bien retribuidos, no necesariamente con dinero, sino –a mucho menor costo-, con cátedras y honores académicos que resalten sus coloridos plumajes. Y los hubo a montones: elitistas, racistas, despreciadores de nuestros pueblos, que describieron a las oligarquías como adelantadas de la civilización y del progreso, en lo que –por descontado- se montaban ellos mismos, como su más fina y delicada expresión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d84ddd9f883c22e91afa96180d795633 wp-block-paragraph">Es muy claro que, para escribir las historias “oficiales”, los “vencedores” se vieron obligados a ocultar y deformar no solo hechos, es decir que no les bastaba con mentir, sino que también debieron acallar o ignorar todo personaje, relato o perspectiva discordante. La historia escrita por los vencedores es –como la música- no solo una sucesión de sonidos, sino también de silencios. Pero es inevitable que alguno de estos silencios sea demasiado prolongado y hasta el oído menos sensible y habituado reconozca que falta algo o alguien.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="559" height="882" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/01/galasso_norberto-ugarte_eudeba_73.jpg" alt="" class="wp-image-12266" style="width:418px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/01/galasso_norberto-ugarte_eudeba_73.jpg?v=1705673444 559w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/01/galasso_norberto-ugarte_eudeba_73-190x300.jpg?v=1705673444 190w" sizes="(max-width:767px) 480px, 559px" /></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1d66ac4bbe7eac88a70d0e38138f532 wp-block-paragraph">Eso suele suceder cuando las historias “oficiales” tratan de hacer desaparecer a algún personaje molesto, pero de mucho volumen. Galasso llama a estos desaparecidos “los malditos” y, por cierto, desde hace muchos años se convirtió en el más ávido e inteligente recuperador de “malditos”, que gracias a sus investigaciones vuelven para seguir poniendo nerviosos a los repetidores de los relatos aptos para la “gente de bien”.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-356622544126fc53cdd1102b05b815e3 wp-block-paragraph">Nuestras oligarquías –como todo grupo humano- no dispusieron de un sistema de matricería humana perfecto, porque por fortuna no existe: se dice con acierto que al anarquista le puede salir un hijo policía y viceversa. Y por eso, a nuestras oligarquías, algunos hijos les salieron “fallados”. Entre ellos hay dos “Manueles” que es necesario recordar en nuestra América: el peruano Manuel González Prada (1844-1918) y el argentino Manuel Ugarte (1875-1951).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b851fe2ab9ed829a9165290a2bb693e4 wp-block-paragraph">Sobre el pensamiento y la personalidad de González Prada se ha escrito mucho en Perú y lo reivindicaron como precursor e inspirador Mariátegui y Haya de la Torre, entre otros. Este hijo de la oligarquía devenido anarquista y defensor de trabajadores y pueblos originarios, no es un “maldito” en la historia peruana. Por cierto –y al margen- cuando releo el prólogo de Sartre al libro de Fanon, creo que lo podría haber escrito González Prada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e68fbee45adda4bfba29e3fc027d9a18 wp-block-paragraph">Pero con nuestro Manuel Ugarte no pasó lo mismo, pese a haber pertenecido a una generación posterior, de la que nos separa una distancia de menos de un siglo. Ugarte sigue siendo un “maldito” para nuestra historia “oficial”, uno de los “rescatados” por el infatigable Galasso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0fc32aac7f377194d5eb35993277a775 wp-block-paragraph">No me extenderé en detalles sobre su vida, pero llama mucho la atención que los más exquisitos y refinados eurocentristas de nuestro medio cultural hayan ignorado nada menos que a un intelectual, hijo de la oligarquía, cuyos primeros esfuerzos estuvieron dedicados con mayor énfasis a la literatura, a cuyas obras escribieron prólogos Unamuno, Rubén Darío y Amado Nervo, que fue amigo y elogiado por los más reconocidos escritores epocales de nuestra América y de España y Francia, incluso tildado a veces de “afrancesado”, lo que negaba rotundamente. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-09a8e0509cd57dfcdbf2801258137c55 wp-block-paragraph">Esto se explica porque este personaje, a caballo de los siglos XIX y XX, fue descubriendo nuestra América en sus largas giras de incansable viajero. Desde muy temprano, en las primeras décadas del siglo pasado, advirtió el peligro que implicaba el “destino manifiesto” asumido por Estados Unidos, el desplazamiento del poder planetario de Europa a Norteamérica, las primeras bravuconadas en México, Cuba y el Caribe. Comenzó a hablar contra el imperialismo y a pensar en lo que hoy se suele repetir sin cita de autor: “la Patria Grande”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9ad0bbc4cd3333742cca3fa5d2d8e09 wp-block-paragraph">Ugarte se afilió al socialismo argentino, que seguía los pasos del gradualismo de Jean Jaurés, y fue el único representante de nuestra América en la Internacional de Amsterdam, donde molestó a los socialistas europeos con sus planteos anticoloniales, en apoyo a una minoría de ellos, pues la mayoría separaba el colonialismo del capitalismo y lo consideraba una “misión civilizadora”, mientras los mercenarios de Leopoldo II, para extraer más caucho, cortaban manos y pies y asesinaban a dos millones de africanos en el Congo. Lógicamente, cuando volvió a la Argentina lo expulsaron del abstracto socialismo teórico local, que nunca logró ver al pueblo que le pasaba por delante.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-47dace27bfa1fb4401f8fa48afed84e7 wp-block-paragraph">Las posiciones de Ugarte se inclinaron cada vez más hacia la esperanza en el surgimiento de un socialismo con ribetes nacionales, no locales sino regionales, de la “Patria Grande”. Eso determinó que fuese paulatinamente ignorado en nuestro medio, que su nombre dejase de ser mencionado, hasta que –también empobrecido- pasó la década infame olvidado por todos, aunque nunca abjuró de sus propósitos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98a1341e91cfef08fd5a9b0d83a74cf3 wp-block-paragraph">Para colmo, finalmente volvió a la Argentina para votar al peronismo, siendo embajador en México y en Cuba, hasta que, por desavenencias con la cancillería después del desplazamiento de Bramuglia, renunció a sus funciones diplomáticas, aunque no por eso dejó de apoyar al movimiento nacional. En 1951 regresó a Francia, donde falleció en ese mismo año, como resultado de un accidente, aunque se sospecha que fue un suicidio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a807edc4d555872231f0a12230f12ca4 wp-block-paragraph">La figura de Ugarte fue rescatada en los años sesenta por Jorge Abelardo Ramos, en una serie de pequeños libros publicados con el pie de imprenta “Coyoacán” y, finalmente, magistralmente recuperado por Galasso, en una obra en dos tomos publicada por EUDEBA. Pero como eso no podía ser tolerado por la historia “oficial”, en 1976, el director ejecutivo de EUDEBA en tiempos de la dictadura –que parece haber sido un socialista del sector más antipopular- le entregó a Suárez Mason miles de libros que fueron quemados y, entre ellos, por supuesto, la edición de la investigación de Galasso sobre Ugarte.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-06e80658b5201fcf476ee4d9e476e818 wp-block-paragraph">Si bien pocos saben quién fue Manuel Ugarte, cuyo nombre recuerda solo una calle en el barrio de Núñez, cuyo nombre, salvo algún curioso que aburrido lo busque en su celular, pasará por alto incluso a quienes caminan por allí todos los días, pues ni siquiera es el barrio de Ugarte, que había nacido en Flores. Pero, a pesar de todo, los grandes silencios no se sostienen, y el libro de Galasso volvió de las cenizas, reeditado también por EUDEBA.</p>



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<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="1000" height="541" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/01/z-ugarte-1w.jpg" alt="" class="wp-image-12267" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/01/z-ugarte-1w.jpg?v=1705673604 1000w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/01/z-ugarte-1w-300x162.jpg?v=1705673604 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/01/z-ugarte-1w-768x415.jpg?v=1705673604 768w" sizes="(max-width:767px) 480px, (max-width:1000px) 100vw, 1000px" /></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb055c8fd68c6dff01a1564348e63b58 wp-block-paragraph">Ahora, un recientísimo documental de Felipe y Martín Pigna, con la participación de Leo Sbaraglia y Natalia Oreiro, resucita nuevamente su figura. Algunos más sabrán quién fue y tal vez no falten quienes echen un vistazo a sus libros, donde se sorprenderán por la extraña actualidad de textos centenarios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f26163981220059bc1cb0b2b9b120593 wp-block-paragraph">En el siglo transcurrido desde sus más importantes y pioneros trabajos, se multiplicaron los estudios decoloniales y las visiones históricas desde el sur; se distingue ahora entre el colonialismo como fenómeno de poder y la “colonialidad” como captación y penetración ideológica en las mentes de los colonizados; se habla de una “epistemología del sur”; Enrique Dussel acaba de marcharse, pero deja un legado que ya nadie podrá borrar con silencios desacompasados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f122e3d4f5e152cef36d89e9d21f8d6 wp-block-paragraph">No obstante, la historia “oficial” no se rinde y pretende glorificar los tiempos neocoloniales como los más esplendorosos de nuestro pasado. Ahora –hasta el momento al menos- no queman libros, porque les basta con borrar figuras y hechos de nuestra historia, explotar la idea de que todo es un eterno presente, para que nadie se pregunte por el pasado y, por ende, se lo pueda relatar con todas las mentiras que al actual colonialismo tardío se le ocurran.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ba058577bf9028344abe02b3607078ae wp-block-paragraph">Es más que obvio que las “fake news” no se refieren solo al presente, sino también al pasado, porque para postular una vuelta al pasado neocolonial, es necesario mostrarlo como un paraíso perdido: esta es la “fake new” más grosera de nuestro tiempo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-366a3b766a788aa61669c7a6bc0fe18b wp-block-paragraph">Por eso, nada parece ser más oportuno en este momento que volver a dar vida a la historia “no oficial”, la de los pueblos y su resistencia, devolviendo o poniendo en sus pedestales las figuras de los grandes precursores de nuestro pensamiento decolonial, en especial cuando la mentira se convierte en estridente silencio en torno de un personaje tan singular y de enorme volumen intelectual como fue Manuel Ugarte.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a416aa0233c69c0885eb603850c2184 wp-block-paragraph">Ha habido desapariciones forzadas en forma de crímenes contra la humanidad, pero también hubo desapariciones históricas, cuando para justificar las desapariciones físicas, los “vencedores” creyeron necesario eliminar a algunos del pasado. &nbsp;</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-08c1c2424130208d719695f75190227d wp-block-paragraph">Buenos Aires, 20 de enero de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51660a567d11775c4ab543ed501bcc5a wp-block-paragraph">*Profesor Emérito de la UBA &nbsp;</p>
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