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	<title>Maidan archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Maidan archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>De padres terribles y dioses muertos &#8211; Por Hernán Sassi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Feb 2022 03:08:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Sassi]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro y Cine]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[Sergei Loznitsa]]></category>
		<category><![CDATA[Ucrania]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En 2014 Sergei Loznitsa presentó Maidan, registro documental de la resistencia de parte del pueblo ucraniano a Putin, también fallido voto de confianza al peor padre terrible, el mercado.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/de-padres-terribles-y-dioses-muertos-por-hernan-sassi/">De padres terribles y dioses muertos &#8211; Por Hernán Sassi</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>En 2014 Sergei Loznitsa presentó Maidan, registro documental de la resistencia de parte del pueblo ucraniano a Putin, también fallido voto de confianza al peor padre terrible, el mercado.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por </strong><strong>Hernán Sassi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>I.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Manco Cápac, Shih Huang Ti, Augusto o Pedro “el grande”: a un imperio lo sueña un hombre, pero lo forjan, y padecen a intramuros, muchos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En Rusia esos muchos son eslavos, rusos, indo-europeos, caucásicos; <em>mélange</em> cultural aglutinada, borgeanamente, por ese hombre que sueña.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un día ese hombre se muere o lo asesinan, un final esperable, este último, para quien sueña imposibles entre insomnes sin sueño alguno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Cuando eso ocurre, ya en plaza pública, ya a escondidas, los muchos lloran.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Salidos de <em>Las 1001 noches</em>, con mechones mongoles o caritas de Mamushka, unos, otros y otras, lloran desconsoladamente al padre terrible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Se murió Stalin y ahí está Sergei Loznitsa para hacer, de incontables horas de archivo lacrimógeno, una pieza memorable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esta es una de las señas particulares de <em>Funeral de Estado</em> (2019), documental, que hasta hace poco estaba disponible en Mubi, que vale la pena ver en estos tiempos neoliberales y progres en que huelgan padres terribles, o mejor dicho, en que queda uno solo en pie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>II.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Muerto Stalin, pasaron décadas hasta que Rusia volvió a tener un padre terrible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En Rusia se alegraron cuando ese astuto oficial de la KGB, ese Vicealcalde de San Petesburgo que nunca traicionó al líder que confió en él como delfín, luego de una carrera que nadie puede tildar de meteórica, se convirtió en el Zar del Siglo XXI.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Envenenar a un opositor, enviar a Siberia a un escriba díscolo, pactar y hasta encauzar a ese corcel indomable, la oligarquía, son gajes del oficio para los que se entrenó Putin desde el primer día en que soñó con lo imposible, conducir un imperio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">También se entrenó para mover fichas a su favor en la política internacional, que es la verdadera política, como dijo un padre terrible en la Argentina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un día Ucrania coqueteó con la Unión Europea. El rumor crecía: había un acuerdo en ciernes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">A Putin no le cayó simpático ese coqueteo y menos un posible acuerdo. Letonia, Lituania y Estonia ya habían dado el paso a una occidentalización que venía de Pedro “el grande”. Temía que ese país, que había sido parte de la URSS y a él le dolía que no estuviera bajo su dominio, diera un paso más, y con ello, hiciera posible que misiles estadounidenses estuvieran a tiro de Moscú como lo estaban los de la URRS de Nueva York cuando la “crisis de los misiles”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hizo a un lado el judo y el esquí, dos de los pasatiempos predilectos, y viajó Ucrania. Conversó con el presidente de entonces y hasta recitó unos versos del mayor poeta ucraniano; después de todo, no había que convencer sólo al circunstancial presidente, también al pueblo. Su mensaje fue: para padres terribles, “mejor malo conocido que bueno por conocer”.&nbsp; Lo dijo en ruso porque no habla de corrido el ucraniano. También lo dio a entender con hechos, que a veces son más efectivos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Vuelto a casa, prohibió la importación de no pocos productos venidos de Ucrania, decretó sólidas barreras arancelarias entre estos dos países y ordenó al ministro del área que a los ucranianos les suban el precio del gas, el “oro traslúcido” ruso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Fin del cuento, o mejor dicho, de una parte de esta historia de la que ahora, a inicios del 2022, conocemos otra: Ucrania dio marcha atrás con el acuerdo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ante esta decisión, parte del pueblo (dividido: unos añoran ser parte de Rusia; otros, se aliviaron cuando dejaron de serlo) salió a las calles a protestar. Palabras y hechos de Putin habían hecho recrudecer el espíritu nacionalista ucraniano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El pueblo se manifestó en Maidan, plaza de la independencia. Y ahí estuvo Loznitsa para retratarlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Eso sí, cuando Putin se entrevistó con el presidente ucraniano, visitó no cualquier sitio, sino un lugar sagrado para la ortodoxia cristiana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Putin sabe que la política es, entre tantas cosas, un acto de fe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Lo sabe Loznitsa, quien vio que, por entonces, no solo recrudeció el espíritu nacionalista, también los valores de la Iglesia ortodoxa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>III.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Para Fukuyama el “Dios ha muerto” tenía gusto a poco y decretó, de un plumazo, “el Fin de la Historia”. Tal dictamen, que prendió como reguero de pólvora, hablaba menos de un final que del comienzo de una nueva Era abierta poco antes con la caída de un muro. Desde ese derrumbe, bajo el arbitrio del dogma triunfante, el del capitalismo zombie, financiero y trasnacional, al globo se le hizo creer que a las ideologías les había llegado su hora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Llevando al extremo a Adam Smith, repuesto más que nunca Darwin (el darwinismo social es cada vez más feroz), vivito y coleando el lobo de Hobbes, todo marchaba sin sobresaltos bajo la hipnosis del consumo y la depredación neoliberal hasta que dos aviones dieron en el blanco del corazón financiero del Imperio, que primero tembló y luego se prendió fuego a la vista del mundo y a ritmo de <em>thriller</em> de Hollywood.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Aún con cenizas humeantes se desató la última (¿última?) guerra santa para civilizar a los bárbaros con turbante que se habían atrevido a volar suelo americano con licencia para matar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">De esas cenizas que quemaron el libreto del Fin de la Historia, como Fénix, renació un gran relato, el de la religión; con él reapareció Dios, que ya extrañaba darse una vuelta por la tierra desde que se lo había dado por muerto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El Dios que llena los corazones de musulmanes decididos a la inmolación y el de protestantes dispuestos al escarmiento no volvió solo, también lo hizo el del pueblo de la Europa bizantina, de esa Europa del Este que hacía no mucho se había obsesionado con una comunidad de iguales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Este Dios sobrevuela como un ángel de Wenders en <em>Maidan</em> (2014) de Loznitsa, documental que retrata, desde la toma pacífica de la plaza a la ceremonia por los muertos caídos pasando por cruentos pasajes de batalla campal, la resistencia de la población de Kiev en la toma de la plaza de la independencia de Ucrania a fines de 2013 y principios de 2014 en reclamo menos de una autonomía que de la libertad de ser sometidos por el peor padre terrible, el que digita la mano impiadosa del mercado.</p>



<div style="height:34px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://kanopy.com/cdn-cgi/image/fit=cover,height=900,width=1600/https://static-assets.kanopy.com/video-images/8cea0d3c-4487-42ff-84cb-7327d8e80323.jpg" alt=""/></figure></div>



<div style="height:34px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>IV.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No es la toma de la Bastilla, tampoco de la intendencia de París, mucho menos del Palacio de Invierno. En la plaza de Kiev no hay avance y salto mortal, hay recule y resistencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En <em>Maidan</em> Loznitsa pone a prueba aquello que decía Godard en <em>Pierrot el loco,</em> que “una película es un campo de batalla”. Dos decisiones de puesta en escena son las dominantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La primera: la cámara está apostada en el núcleo del conflicto junto a los manifestantes y no abandona la protesta por más que la lluvia de piedras y el humo que la rodea –que no es la niebla de Tarkovsky, Angelopoulos o Solanas, sino gas lacrimógeno– la inviten a hacerlo. Más aún, acompaña las acciones ubicándose agazapada en la retaguardia –tan atrás está que incluso, por momentos, no vemos contra quién pelean los que acudieron a la plaza a dar batalla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La segunda: con tomas fijas y abiertas pero lo suficientemente estrechas como para ver solo parcialmente lo que ocurre (en el film no hay una sola toma panorámica completa de la plaza), Loznitsa explora las múltiples voces que resuenan en fuera de campo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>V.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La primera decisión, aquella que exige mantener la cámara en el centro de los acontecimientos, delinea un escenario bíblico. Es la eterna lucha entre David y Goliat. A este último responden camiones hidrantes que, escupiendo agua a raudales, remedan los elefantes del ejército de Cartago. Suyos son los escuadrones de policía que avanzan en formación tortuga como se les enseñó desde que Craso exterminó Espartaco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">David, encarnado por un pueblo henchido de fervor nacionalista, sólo cuenta con un ejército improvisado: una piedra, un poste o un trasto es valiosa munición de su tropa; toda madera o chapa, un escudo; y cada casco –de obrero, de soldado, de moto y hasta de bicicleta–, un módico seguro de vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por altoparlantes se pregona el “entrenamiento para activistas civiles dado por un miembro de la revolución naranja”. Se resiste al son de bombos, tambores y de “¡Muerte a la pandilla, gloria a la Nación!”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En su retorno, Dios se deja ver en emblemas y talismanes: la fina cruz bermellón sobre los escudos recuerda a las cruzadas, aunque estos guerreros estén aquí menos para cristianizar a otros que para entregarse con fervor a la evangelización de Occidente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En la batalla de posiciones la lucha se vuelve cruenta. Llega el momento de improvisar un quirófano. “¡Se necesita un médico, urgente!”, se escucha por altoparlantes. Mientras se hacen cadenas de pasamanos para rearmar las barricadas, por los parlantes se escucha: “¡Es una victoria táctica! ¡No se muevan de sus posiciones!”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La <em>terra trema</em> y la plaza bulle; se vea este <em>film</em> en sala o en casa, butaca o sillón huelen a quemado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El logro es de Loznitsa, que sabe ubicar la cámara como Tarkovsky, como Angelopoulos, como Solanas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El paisaje es por momentos lunar, por otros el de un basural y hasta el de nuestro Parque Lezama, al que se parece muy lejanamente esa plaza en su extensión y accidentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pasan días, meses, y la escena se repite hasta el fin de la batalla: renuncia el primer ministro, acuerdo de formación de un gobierno de coalición, elecciones anticipadas, promesas de reforma constitucional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">A veces, muy contadas veces, Dios guiña un ojo a David y deja que una piedra voltee a un gigante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No ocurre muchas veces.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Y muchas de esas veces, como en este caso, el triunfo es efímero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nada que un feligrés no sepa, y aún así, lucha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hasta hace poco al menos.</p>



<div style="height:34px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://images.mubicdn.net/images/film/114097/cache-99767-1500880406/image-w1280.jpg" alt=""/></figure></div>



<div style="height:34px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>VI.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La segunda decisión, aquella que restringe el cuadro y aguza nuestros oídos, obliga a escuchar voces y melodías venidas del fondo de los tiempos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Con planos de manifestantes en inactividad o aprestándose para la batalla, suena <em>La Marsellesa</em> en solo de flauta, también un villancico del Medioevo acuñado a campanadas; una gaita entona una melodía de resonancias religiosas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hay palabras en el viento: “El pueblo es el dueño de la tierra”; “Ucrania, ¡llegó la hora de la resurrección!”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Entre esas voces sobresale una y llama la atención su omnipresencia durante los largos días y noches que acarrea la protesta. Es el fuera de campo existencial de millones que se plasma en la voz de los patriarcas y feligreses de la iglesia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Desde el comienzo, la plaza es, más que un volcán o basural, un templo en el que oímos: “Señor, bendice nuestros actos”, “Los sacerdotes se unirán a nosotros para orar”, “Olvidaron su naturaleza humana”, “Nuestro arrepentimiento nos lleva a la salvación”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Teléfono para Nietzsche: Dios no ha muerto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Todavía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>VII.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Desde que lo dijo Margaret Tatcher, e incluso antes, “no hay alternativa”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La cruzada triunfadora es la del “capitalismo o muerte”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hasta hace poco había algo llamado multitud, un puñado de indignados que irrumpieron en la Puerta del Sol, en un parque de Wall Street y en la ladera del Partenón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Toni Negri, David Hardt y Paolo Virno estaban exultantes. Había un sujeto histórico que detendría el avance del capitalismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pero dura poco la maravilla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hoy no hay resistencia al único credo en pie, el que destruye todo lazo, incluido el que aglutinó a una nación como la ucraniana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En 2014 hubo presión de un padre terrible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hubo desacato de parte del pueblo ucraniano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hubo también un registro de esa épica en la que se mezclaba fervor nacionalista, pero también un sentimiento religioso que parecía perdido cuando no caricaturizado a sabiendas por Occidente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hoy caen bombas sobre Ucrania y hay condena mundial a un padre terrible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Mientras tanto, el verdadero titiritero, el ubicuo e impiadoso mercado, se ríe a carcajadas.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Lomas de Zamora, 27 de febrero de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Docente de Historia Social Argentina (UNDAV), de cine (FLACSO) y de distintas materias del profesorado de lengua en instituciones del Conurbano. Autor de «Cambiemos o la banalidad del bien» (Red Editorial) y de «La invención de la literatura. Una historia del cine», entre otros libros.</p>
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