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	<title>Kafka archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Kafka archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>LO SINIESTRO NUESTRO DE CADA DÍA &#8211; POR EDUARDO GRÜNER</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Jun 2024 13:09:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Grüner]]></category>
		<category><![CDATA[Freud]]></category>
		<category><![CDATA[Hitler]]></category>
		<category><![CDATA[Kafka]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Eduardo Grüner aborda el concepto de lo siniestro, trabajado por Freud desde el psicoanálisis y también, desde la literatura, por Kafka, para tratar de entender lo que nos sucede hoy como sociedad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/lo-siniestro-nuestro-de-cada-dia-por-eduardo-gruner/">LO SINIESTRO NUESTRO DE CADA DÍA &#8211; POR EDUARDO GRÜNER</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-32e3118c859a2b4a341a9bb8e8ecbc82"><strong><em>Eduardo Grüner aborda el concepto de lo siniestro, trabajado por Freud desde el psicoanálisis y también, desde la literatura, por Kafka, para tratar de entender lo que nos sucede hoy como sociedad.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ee5bcdbeb43ec55d1b649d1e55c37cd9"><strong>Por Eduardo Grüner*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c5bc65b6c88e5b5815d0fae8ba9a6e69">Muchas nociones se han propuesto, en los últimos meses, para tratar de entender lo que nos sucede: se nombraron cosas como “crueldad”, “sadismo”, “perversión”, etcétera. No nos conforma esa cierta psicologización de la política, y entonces, paradójicamente, para corrernos de ella vamos a proponer un término psicoanalítico: lo <em>siniestro</em>. Estamos aquí, entonces, para hablar, como podamos, de lo siniestro. Y de su amenaza. Que hayamos elegido este momento, esta época, para hablar de eso, cada quien lo interpretará como quiera.&nbsp; El verbo “querer”, asociado a lo siniestro, invoca sin duda un deseo, más la advertencia de cuidarse de su satisfacción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce1287209af2260111d16d636c169b56">Lo siniestro, es archisabido, es un concepto, o categoría, o noción, o intuición, que Sigmund Freud hizo notorio en el campo del psicoanálisis. Como quien les habla no es psicoanalista, se siente lo suficientemente irresponsable como para borronear su extensión a otros registros discursivos, como el literario, e incluyendo, nada menos, el de <em>lo</em> político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-032e07a54e9e11f96d780826a36172ae">La palabra alemana que usa Freud -también es algo conocido- es <em>UnHeimlich</em>, de prácticamente imposible traducción precisa: habrá que conformarse con rodearla de aproximaciones. <em>Heimlich</em> remite a lo familiar, lo cotidiano, lo íntimo, lo ya conocido que se da por sentado, lo “hogareño” en el sentido estricto, pero también en el amplio del espacio en el que el sujeto se siente seguro, confortable, protegido. Un espacio que puede incluir a la propia familia, al grupo de amigos, al equipo de fútbol, al partido o movimiento político si se lo tiene, a la clase social, al sistema democrático, a la propia patria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-836f7a43fa6e358f665e0feb4218cc7a">El prefijo <em>Un</em>, obviamente, es la negación de todo eso. Negación, pero no supresión ni borradura: lo que Freud llama el “núcleo” del espanto en lo <em>UnHeimlich </em>tiene que ver, justamente, con esa ambigüedad inquietante: lo familiar, cotidiano, etcétera, <em>sigue presente</em>, pero ahora como amenaza terrorífica; no hay sustitución, sino superposición: lo <em>UnHeimlich</em> no es una metáfora, es la otra cara o el reverso de lo <em>Heimlich</em>, como las horripilantes serpientes de la cabeza de la Medusa asomando entre los pliegues de las rubias y serenas trenzas de la Venus de Botticelli, analizadas por ese gran estudioso de lo <em>UnHeimlich</em> en el arte que es Aby Warburg.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e9744fa3f792a22406613f92b4e8a4d">Todo esto hace a la dificultad de la traducción que mencionábamos. Limitarse a decir “lo siniestro” es una cierta tachadura de la ambigüedad: lo siniestro es <em>siempre y solamente</em> horroroso, y entonces perdemos uno de los componentes del “núcleo” que menciona Freud. Lo mismo sucede con otras acepciones que se han ensayado: “inquietante extrañeza”, “ominoso”, “perturbante”, y así. Lo <em>in-familiar</em> es tentador porque guarda fidelidad literal al original, y porque conserva la ambivalencia, pero en castellano tiene el inconveniente de que pueda confundirse con lo “novedoso”, lo “inesperado”, lo “sorpresivo”, ahora sí pudiendo perder el aspecto amenazante y terrorífico, ya que algo nuevo o inesperado podría ser asimismo y únicamente una agradable sorpresa. Más importante aún, el significante “novedad” es sumamente engañoso: en la lengua freudiana se incluye, en el núcleo de lo <em>UnHeimlich</em>, lo que se denomina el <em>automatismo de repetición</em>, en una acepción que ya antes del médico vienés había aparecido en la pluma de ese pensador danés que Lacan llama “el más grande explorador del alma humana antes de Freud”, Sören Kierkegaard, que escribía que la condición de una verdadera repetición es que <em>aparezca</em> como novedad. Es decir, que el <em>asalto de lo real</em> amenazador que nos golpea ahora como caído del cielo (y es difícil resistir la tentación de decir “de las <em>fuerzas</em> del cielo”), ese asalto de lo real y esa amenaza ya tenían sus condiciones inscriptas en la “familiaridad” democrática anterior, solo que en estado de lo reprimido ahora retornante. Y el propio Freud nos señala que en ciertas regiones de habla alemana no es necesario decir <em>UnHeimlich</em>, porque ya la palabra <em>Heimlich</em> contiene la posibilidad de aquella ambivalencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-88556d088f6c7f6d588245be9289b684">Bien. Balbuceemos un poco esas hipótesis de extensión a otros terrenos que insinuábamos hace un momento. En verdad es algo que hace el propio Freud, quien toma sus ejemplos fundamentalmente de la literatura, analizando situaciones “siniestras” como las del <em>doble</em>, o los objetos o seres inanimados que cobran vida (como si dijéramos perros muertos hace mucho, pero que no solo hablan, sino que dan consejos políticos a altos mandatarios). Se le ha criticado mucho a Freud esta actitud, digamos, <em>estetizante,</em> que investiga su concepto en el arte en lugar de en el sufrimiento humano. Bueno, salvando las debidas distancias, yo debo estar muy identificado con Freud porque voy a hacer exactamente lo mismo, aunque no sin recordar que él mismo aclara que su abordaje “estético” lo es en el sentido de la <em>Aisthasis</em> de los antiguos griegos; vale decir (cito textualmente), de “todas las cualidades de nuestra sensibilidad”, incluidas las físicas del goce de los sentidos, de tal modo que en lo “estético”, <em>todo</em> el cuerpo -comprendido su sufrimiento- está comprometido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b81b7e2b670955a6747c9911709a0a5f">En fin, me gustaría referirme a un escritor judío praguense que escribía mayormente en alemán, fallecido en 1924, de nombre Franz Kafka. Es el mismo Franz Kafka del cual Borges afirmaba que el secreto de su literatura no es que sus relatos se parezcan a pesadillas, sino que <em>son</em> pesadillas. O sea que Kafka -que en una página de sus extraordinarios diarios dice también él “desesperar de las metáforas”- escribe directa y literalmente esos sueños ominosos, y lo hace (al menos en las buenas traducciones) con un lenguaje absolutamente transparente y cotidiano, “<em>familiar”</em>, diríamos: como si ya su estilo mismo fuera la práctica de lo <em>UnHeimlich </em>siempre presente en su narrativa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f3f98f64a80194a092402f24f45c359">El caso es que, sobre Kafka, ya se sabe, se han escrito bibliotecas enteras de interpretaciones de sus textos desde cualquier perspectiva, de la sociológica a la metafísica, de la psicoanalítica a la teológica, de la jurídico-política a la del delirio surrealista. No habría por qué privarse de una más: la de suponer que todo el mundo kafkiano es el de lo “siniestro familiar” puesto en acción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a3477ba0b54acbcaf978f91e34ee4e7">Tomemos, por ejemplo, las tribulaciones del señor K -que ni apellido tiene- en esa novela de título nada indiferente para los argentinos, <em>El Proceso</em>. Como se recordará, una mañana se le informa al señor K que ha sido acusado de un delito grave. Allí comienzan sus peregrinaciones laberínticas por los pasillos de la burocracia jurídico-estatal, hasta que finalmente se lo encuentra culpable, se lo condena a muerte, y efectivamente en la última página se lo ejecuta. Todo ello sin que nunca el señor K, ni ninguno de los otros personajes (incluidos jueces y abogados), ni por supuesto nosotros los lectores, nos enteremos jamás de qué se lo acusaba, ni si realmente era culpable o inocente. Porque lo único que importa es que la maquinaria <em>funcione</em>, como si tuviera una vida propia para cuyo metabolismo los sujetos humanos fueran un alimento circunstancial. Es esa “vida propia” maquínica, con sus rutinas de automatismo repetitivo, lo que se vuelve de repente aterrorizante, precisamente <em>en tanto</em> es la Ley más “familiar”, haciendo lo que corresponde desde el punto de vista formal o instrumental.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/12/3852600.jpg" alt=""/></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1a1a76defea0a42175d2f61211a27416">Porque, entendámonos. Lo que Kafka nos hace presenciar es la “figuración” del Terror <em>por</em> la propia Ley, no por su abuso, su mal uso o su ausencia. La de Kafka es una hazaña filosófica inaudita. Si <em>El proceso </em>es (entre infinitas otras cosas) la intuición anticipada de los totalitarismos modernos -como muchos han querido entenderlo-, lo es en la medida en que su Terror es la <em>normalidad</em>. No hay allí –al menos no se hace alusión explícita a esas cosas– dictaduras ni “estados de excepción”: hay, simplemente, la Ley funcionando <em>comme il faut</em>: como maquinaria anónima e impersonal, cuyos engranajes deben mantenerse aceitados sin preguntas por la ética o la justicia de los hechos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4723077d53cf26bda6ba8c9b6f818098">De manera que aquí tenemos un primer síndrome de lo <em>UnHeimlich</em>: la Ley “normal”, con su pretensión de universalidad abstracta, que desconoce la amenaza <em>particular</em> que podría representar para cada sujeto en determinadas circunstancias. El Terror perfectamente legalizado, y quizá en democracia, puesto que no se nos dice lo contrario. Retengámoslo, por favor, por unos minutos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e3691ce3b2846088e7aa2491cc7352be">Siempre sin salirnos de Kafka, nos asomamos a otra pequeña parábola. Se trata del brevísimo cuento titulado “Ante la Ley”. Allí, en efecto, un campesino llega ante las puertas del majestuoso edificio de la Ley, seguramente con la intención de ser recibido para reclamar sus derechos. El portón está entreabierto, pero custodiado por un guardia fuertemente armado en su garita. El campesino se sienta, esperando que el guardia le franquee la entrada. Pasan las horas, los días, las semanas, los años, las décadas. El campesino, ya muy anciano, está agonizando. El guardia se inclina sobre él y le dice: &#8211; ¿Por qué nunca entraste? Esta puerta estaba abierta para ti. Ahora que vas a morir, la cierro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e24539a51bdd5fcfa5e61c19bb608895">Tenemos aquí una segunda figuración de lo <em>UnHeimlich</em>: la de la “normalidad” de una espera paciente que conduce a la muerte. Podríamos haber citado muchos otros textos que ilustran ese drama de la espera inútil: ahí está <em>Esperando a Godot</em> de Samuel Beckett, o <em>El Desierto de los tártaros</em> de Dino Buzzatti. El cuento de Kafka, además de la contundencia de su brevedad, tiene la ventaja de que el objeto de deseo, el motivo de la espera, no está eternamente <em>ausente </em>como en Beckett y en Buzzatti: al contrario, es una presencia física, masiva, material, que está perfectamente al alcance de la mano. Es solo el sometimiento del campesino al Poder lo que impide que el contacto se realice. El efecto de lo siniestro-familiar es precisamente ese: la cercanía del edificio, el portón acogedoramente abierto, son lo mismo que aplasta y finalmente mata al paciente trabajador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9b78589dd8eba501f884129cae9c79d">Permítanme ahora correrme de la ficción y hacer un poco de historia, sin ninguna sorpresa, ya que se trata de cosas muy conocidas. En enero del año 1933, en Alemania, la mayoría del pueblo, entusiasmada por lo que se les aparecía como una inédita <em>novedad</em>, eligieron como Canciller (en ese entonces la máxima autoridad institucional del Reich) a un personaje grotescamente payasesco, ex cabo del ejército, pintor de tercera categoría, grosero y gritón, pero que prometía una radical refundación nacional que produciría un <em>mileinio</em>, perdón, un <em>milenio</em> de felicidad teutónica. Bien; a las pocas semanas de gobierno ya era completamente claro que la política del obsceno aullador solo podía conducir, a la corta o a la larga, a la catástrofe. Sin embargo, tanto aquellos que lo sostenían con convicción, como aquellos que lo habían votado quizá con reservas, pero con grandes esperanzas, esgrimieron básicamente dos argumentos para no cuestionar activamente su poder despótico: primero, que el Führer había sido consagrado mediante elecciones irreprochablemente legales y formalmente democráticas; segundo, que el gobierno aún llevaba poco de andar, que había que darle tiempo, tener paciencia, <em>esperar</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aad0f5bc62dbeba3896554d991b80c7e">No necesito aclarar que al menos los sectores más instruidos del pueblo alemán conocían algo de la obra de Freud, y ni qué hablar de la literatura de Kafka. De ambos, tanto como de la historia, podían haber aprendido algo sobre el funcionamiento de lo <em>UnHeimlich</em>. Por ejemplo, que décadas de democracia no son garantía alguna para evitar el retorno del Terror que habíamos creído poder sepultar tan solo por el recurso instrumental a la Ley, puesto que a veces es justamente ese recurso, abstraído de las circunstancias sociales y políticas concretas, el que puede producir la Repetición disfrazada de Novedad. Como si hubiéramos olvidado aquello de que todo documento de cultura lo es también de barbarie, o que, en la sociedad de clases, para citar a un amigo, la lógica de la Ley es menos neutral que un fusil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8dadc654459d6b5d44c10afcaafd5e52">Y del campesino kafkiano podían haber aprendido que la resignación paciente, la esperanzada espera para que finalmente el Poder nos entreabra alguna puerta para reclamar nuestros derechos, es una actitud que solo puede conducir a la Muerte, a la que por supuesto basta esperarla. Un final que el campesino podía haber evitado con un poco menos de sometimiento a la Ley vigente y un poco más de resolución para refundar la Ley si fuera necesario, y con un poco más de impaciencia, al menos la suficiente como para juntarse con una multitud de otros campesinos que, haciendo caso omiso del guardián, abrieran la puerta a patadas, y no se limitaran a reclamar, sino a <em>reapropiarse</em> de sus derechos secuestrados.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9e031cacdcfbd21206b5620de2d3e72">Buenos Aires, 6 de junio de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0db1bc6ee4405fd5ed44747757b707f2">*Sociólogo, ensayista y crítico cultural. Doctor en Ciencias Sociales de la UBA.</p>
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		<title>ANTE LA LEY &#8211; POR FLAVIO CRESCENZI</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/ante-la-ley-por-flavio-crescenzi/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Aug 2024 12:48:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Flavio Crescenzi]]></category>
		<category><![CDATA[Ante la ley]]></category>
		<category><![CDATA[Decreto 70/2023]]></category>
		<category><![CDATA[Kafka]]></category>
		<category><![CDATA[Ley de Bases]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nueva entrega de POSTALES DEL DERRUMBE, Flavio Crescenzi, mediante una serie de referencias literarias y culturales, nos invita a reflexionar sobre lo que representa o simboliza la ley para los que deben acatarla, aun cuando la sospechan injusta.  </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/ante-la-ley-por-flavio-crescenzi/">ANTE LA LEY &#8211; POR FLAVIO CRESCENZI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-319005cc80fcef9264542022f9123172"><strong><em>En esta nueva entrega de POSTALES DEL DERRUMBE, Flavio Crescenzi, mediante una serie de referencias literarias y culturales, nos invita a reflexionar sobre lo que representa o simboliza la ley para los que deben acatarla, aun cuando la sospechan injusta. &nbsp;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9fb1767b6055bd8a39e2b5b4f122475f"><strong>Por Flavio Crescenzi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



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<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ffacd671a244022408f2b6bcd10853f">No recuerdo bien dónde leí (creo que fue en un libro de Camus o, quizá, en un libro de Rabanal en el que lo citaba) que, para los chinos, los imperios que se están aproximando a su ruina crean una enorme cantidad de leyes con el casi siempre fallido propósito de consolidar su poder y postergar así lo inevitable. Esta afirmación, independientemente de su temeridad (y de lo impreciso de su fuente), suena bastante convincente, sobre todo si se tiene en cuenta que una civilización joven no necesita de una gran legislación para dar sus primeros pasos como sociedad, entre otras cosas, porque un <em>corpus</em> jurídico solo puede construirse a la luz de esa misma marcha civilizatoria, es decir, con cada necesidad, con cada nuevo desafío, con cada experiencia común que logre sentar un precedente. Si admitimos tamaño argumento, podríamos concluir en que las leyes de las sociedades jóvenes no le deben tanto a sus legisladores como sí al nunca del todo mensurable porvenir, incluso cuando este decide disfrazarse de presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b25b69ac0597c08048b82db96d2e9f15">El Gobierno de Milei, digno ejemplo de esto que glosamos, inició su mandato con un hecho inédito en nuestra joven e imperfecta democracia, me refiero al descomunal DNU 70/2023, que, pese a las muchas vestiduras que se rasgó la oposición en su momento, sigue tan vigente como el primer día. A este primer episodio podemos añadirle el intento de promulgar la famosa «ley ómnibus», un enorme paquete de leyes que pretendía hacer borrón y cuenta nueva con la mayoría de los derechos y deberes que, más o menos, nos mantenían cohesionados; vale decir que esta ley no se aprobó en su totalidad, pero sí consiguió un porcentaje mínimo de aceptación en ambas cámaras, el suficiente como para que terminara validándose, ya como Ley Bases, y entrara en vigencia hace unos días. Pero la cosa no termina aquí: mientras trabajo este texto, me llegan noticias de que Federico Sturzenegger (el hombre que se ocupó de redactar ambos bodoques) está preparando otro paquete de leyes que tiene como fin «desregular y transformar el Estado», que es una sofisticadísima manera de decir que van a continuar con su desguace.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://humanidades.com/wp-content/uploads/2018/08/guerreros-terracota-1-e1575838275949.jpg" alt=""/></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a4599b530a1f423b2505c2c77dd3f547">Como señalaban los chinos, los imperios que se están aproximando a su ruina crean una enorme cantidad de leyes con el casi siempre fallido propósito de consolidar su poder y postergar así lo inevitable; sin embargo, por ahora, esas leyes tienen validez, y los ciudadanos de a pie, «los de abajo» (parafraseando a Azuela), no sabemos qué hacer ante semejante aluvión de inequidades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14a5dc4435a114277583e115eaaa3cdf">Luego de releer todo lo expuesto hasta este párrafo, no puedo evitar que me venga a la mente «Ante la ley», esa inquietante parábola escrita por Franz Kafka, que algunas ediciones de <em>El proceso </em>la incluyen como apéndice. En ella, un hombre del campo se encuentra frente a una puerta que representa la ley. Aunque la puerta está abierta, un guardián le impide el paso. El hombre espera pacientemente, pero nunca obtiene el permiso para entrar. La historia nos invita a reflexionar sobre el acceso a la justicia y la frustración de no poder comprender ni superar las barreras legales, barreras que la mayoría de las veces se reducen a ratificar la autoridad de quienes las crean y, por consiguiente, a someter a la ciudadanía a la espera y la impotencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-acb3daf42c1c98c0a5b04d9faa0a2346">¿Acaso es ese nuestro destino como pueblo? ¿Millones de hombres y mujeres sometidos a la espera y la impotencia? ¿A la espera de qué? ¿De un héroe todopoderoso que venga a liberarnos? Me temo que la democracia y los héroes son incompatibles. No obstante, la democracia tuvo héroes en su fundación, y fue romántica, pero ahora se ha atascado, se ha obstruido, como una víctima más de la entropía. Esa ausencia de héroes ha sido sustituida por un sentimentalismo desbordado, lo que facilitó la aparición de falsos mesías, tan desbordados como la gente que, todavía hoy, los aviva y empodera. Ya no hay certezas. No hay piedras ni tierra, solo agua y viento. Lo sólido le ha dejado paso a lo líquido, como bien explicaba Zygmunt Bauman. Sí, esta es la edad del agua, que no tiene sabor ni solidez, y del viento, que no tiene rostro ni arrugas. La decadencia occidental tiene forma de río, de un río que, como aquellos que evocaba Manrique, va «a dar en la mar /, que es el morir».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6841592fad0e11ca9feb91b2751994f5">Todo indica que la impotencia es lo único que queda. Sin embargo, prefiero pensar que el mundo no fue siempre de este modo ni tendrá por qué ser así hasta el fin de los tiempos. No, al menos, mientras perduren en algunas pocas almas la dignidad y la nobleza, el ánimo para luchar contra las mezquindades del espíritu, la tan justa como necesaria voluntad de resistencia.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3659675de29a68e833606a892110023d">Buenos Aires, 7 de agosto de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af109293c4c44a27184d6ba70fd5d94f">*Escritor, docente, asesor lingüístico y literario</p>
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		<title>Ángel para un final. Apuntes sobre la última gira de Silvio Rodríguez &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Oct 2025 14:40:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[Kafka]]></category>
		<category><![CDATA[Kaloian Santos Cabrera]]></category>
		<category><![CDATA[Necedad]]></category>
		<category><![CDATA[revolución]]></category>
		<category><![CDATA[Silvio Rodríguez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark asistió al último recital de Silvio Rodríguez en Buenos Aires y escribió estos apuntes sobre el gran trovador cubano, siempre lejos de la perfección y cerca de lo necesario, como las revoluciones. Si el trovador puede seguir maravillando con sus canciones de siempre, escribe Sztulwark, es por su saber sobre la esperanza (el mundo aún no está maduro para ella) y sobre la necedad (un rechazo a las promesas de felicidad que se nos ofrecen). La esperanza y la necedad así entendidas, colocan a Silvio en un lugar distinto, a salvo del oportunismo, de la desilusión y de la decadencia.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/angel-para-un-final-apuntes-sobre-la-ultima-gira-de-silvio-rodriguez-por-diego-sztulwark/">Ángel para un final. Apuntes sobre la última gira de Silvio Rodríguez &#8211; Por Diego Sztulwark</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d2aea6b97948260afee5f98b07fc469c"><strong><em>Diego Sztulwark asistió al último recital de Silvio Rodríguez en Buenos Aires y escribió estos apuntes sobre el gran trovador cubano, siempre lejos de la perfección y cerca de lo necesario, como las revoluciones. Si el trovador puede seguir maravillando con sus canciones de siempre, escribe Sztulwark, es por su saber sobre la esperanza (el mundo aún no está maduro para ella) y sobre la necedad (un rechazo a las promesas de felicidad que se nos ofrecen). La esperanza y la necedad así entendidas, colocan a Silvio en un lugar distinto, a salvo del oportunismo, de la desilusión y de la decadencia.</em></strong></p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db18b655b59a7e79e8ebfd37812bb151"><strong>Por Diego Sztulwark</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f293b5c985672d213a6d7f543152df71"><em><strong>(para La Tecla Eñe)</strong></em></p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4e7a784414faf37940dcc566d0d6f1c7"><em><strong>Fotos: Kaloian Santos Cabrera.</strong></em></p>



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<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9eeba987830d3f5ebffb52e3e5e95366"><br><em>Óyeme, tú sabes que yo soy malo para recetas, no creo en las recetas. Que cada cual sea como le dé la gana de ser. Esa es la receta verdadera, esa es la verdad de la vida<br><br>Soy más de hacer preguntas que emitir respuestas:&nbsp;¿pa’ qué sirven las respuestas? Pa’ hacerse nuevas preguntas<br><br></em>Silvio Rodríguez, 21 de octubre de 2025</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46bb953b78bfa5da1a9151b78dfb59d6"><strong>1. </strong>Cuando supe que Silvio Rodríguez iniciaba una gira que pasaba por Buenos Aires tuve una reacción más bien distante. No exactamente indiferente, sino algo perturbadora. Una reacción dirigida a moderar y reprimir un afecto temible al que podríamos llamar “nostalgia de izquierda”. Quiero decir, la tendencia a amar símbolos que nos reconfortan en la medida en que nos recuerdan un tiempo en el que creer en lo que queríamos nos hacía mejores. Esa nostalgia impudorosa, que contrasta con las impotencias políticas del presente, es una dulce cápsula monomaníaca que acompasa una incapacidad de pasar del duelo a la actividad. Si esto puede sucedernos a quienes jamás compusimos canciones revolucionarias –pensé–, cómo le pasará a Silvio. Cómo hará él para sobreponerse a este sentimiento patológico del pasado.<br><br><strong>2.</strong> Esta hubiera sido mi actitud definitiva si no hubiera reparado en las crónicas e imágenes que publicó el gran fotógrafo cubano <a href="https://www.facebook.com/KaloFOTOian?__cft__%5b0%5d=AZVXAk60HsLOI8_64ED-bAWHJ_WTxCWBJl7_2LLAmAE1ZRMc3ZvTiZfc9LOIlB4QBvZ61e_f3WgZrKGGHjXd1ZrJRm8nn2TfRyjqt6MoaOd3btxKHn_h77eDmqoX01AoGs9wYAI_NxdYckQc4ZQPms6xMH9PWGdGAq98ay431WSTR1c5YCYS5UP7Za37kh5o9fA&amp;__tn__=-%5dK-R">Kaloian Santos Cabrera</a> del primer recital de la gira, realizado en la Escalinata de la Universidad de La Habana, en el Vedado, Cuba. De inmediato me llamó la atención la actitud algo esquiva de Silvio ante lo que a todas luces parecía una escena consagratoria. Ya casi octogenario, amado hasta la histeria por caribeñxs de todas las edades, y en presencia del presidente Díaz Canel, se presentó con un gorro oscuro portador de una inscripción epigramática: “aprendiz”.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="681" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3-1024x681.jpg" alt="" class="wp-image-17702" style="width:750px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3-1024x681.jpg?v=1761402565 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3-300x200.jpg?v=1761402565 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3-768x511.jpg?v=1761402565 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3-1536x1021.jpg?v=1761402565 1536w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3-220x146.jpg?v=1761402565 220w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3-50x33.jpg?v=1761402565 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3-113x75.jpg?v=1761402565 113w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio3.jpg?v=1761402565 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd528b74888699077c99a8306b9ac495"><strong>3.</strong> Esa aparente evitación de Silvio capturó mi curiosidad. No pude sino seguir cada vez más de cerca su tour por Santiago, Buenos Aires y Montevideo. Me mantuve al tanto de su comportamiento dentro y fuera del escenario. El gorro y la guitarra siempre juntos, ausencia de pantallas que agiganten su figura en los conciertos, renuencia a dar entrevistas en medios locales (ni siquiera a los amigxs). Observé con interés cómo, si bien se fotografió con las principales figuras políticas del progresismo de cada ciudad que visitó (dos presidentes en ejercicio y una ex presidenta detenida perseguida), se ocupó ante todo de visitar a la familia de Víctor Jara en Chile, el barrio Cuartel V en Moreno, y a Lucia Topolansky en Uruguay. Asombra la serenidad de sus movimientos, de sus palabras. Sorpresa, entonces: el viejo izquierdista no se avergüenza, no hay patetismo en sus gestos. Silvio puede cantar “en este tiempo y en este instante” y “soy feliz porque soy gigante” (Pequeña serenata diurna, 1974) porque puede ser parte de este momento del mundo, llevándose razonablemente bien consigo mismo.<br><br><strong>4.</strong> ¿Qué hay en su trabajo que pueda ponerlo a salvo de esa nostalgia? Encontré en Kafka una luz para aproximarme a lo que llamaría el pensamiento artístico de Silvio. Un pensamiento sobre el amor en el que coexisten dos actitudes y que podrían parecer excluyentes: “la esperanza” y la “necedad”. En carta a Max Brod, Franz Kafka cita un pasaje de Kierkegaard que dice así: “En cuanto aparece un hombre que trae consigo algo primitivo y, en consecuencia, no dice: &#8216;hay que tomar el mundo tal cual es&#8217;, sino: &#8216;sea como sea el mundo, yo me quedo con la naturalidad original que <em>no pienso cambiar</em> en aras del bienestar del mundo&#8217;; en el mismo instante en que es oída esta palabra comienza a producirse una <em>transformación en toda la existencia</em>. Lo mismo que en la fábula: cuando se pronuncia la palabra y se abren las puertas del castillo encantado desde hacía cien años y todo cobra vida, la existencia se vuelve toda atención. Los <em>ángeles</em> empiezan a tener trabajo y se interesan en ver qué resultará de todo aquello, pues es ésta su ocupación”. (Las marcas en itálica son mías).&nbsp;Basta entonces con que alguien, un <em>necio</em>, se rehúse a adaptar su modo de vida a las exigencias de los tiempos para que el fantasma de la transformación asome y los ángeles, cuasi seres que custodian los posibles, se alboroten.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2184465b950ede10dac85b8483f7492e"><strong>5. </strong>Reparemos en los ángeles (entiendo que se trata de una fuente de inspiración importante para Silvio: el ángel “que pasa”, el “querube” de Rabo de Nubes). Emanuel Taub explica que los ángeles interactúan a la vez con Dios y con los humanos siguiendo ciertas jerarquías burocráticas. Ellos toman parte en la revelación como mensajeros y como traductores, y su ámbito de existencia es el espacio entre lo celeste y lo terrestre. Su función, mediadora, abarca tareas tales como custodiar las <em>puertas</em> del cielo y ser testigos de lo que ocurre en la tierra.&nbsp;</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="711" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2-1024x711.jpg" alt="" class="wp-image-17698" style="width:756px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2-1024x711.jpg?v=1761402371 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2-300x208.jpg?v=1761402371 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2-768x533.jpg?v=1761402371 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2-1536x1067.jpg?v=1761402371 1536w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2-210x146.jpg?v=1761402371 210w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2-50x35.jpg?v=1761402371 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2-108x75.jpg?v=1761402371 108w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio2.jpg?v=1761402371 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-967332b24246a914927e4f5d8e8fdc15"><br><strong>6. </strong>En 1934, una década después de la muerte de Kafka, y cuando ya Hitler gobernaba Alemania, Walter Benjamin y su amigo Gershom Scholem mantuvieron una correspondencia sobre la obra del judío-checo. En una carta del 11 de agosto, Benjamin escribe a su amigo: “yo parto de la <em>pequeña y absurda esperanza</em>, así como de las criaturas para las que, por una parte, vale esta esperanza, y en las que, por otra parte, se <em>refleja</em> este <em>absurdo</em>”. Y el 14 de abril de 1938 Benjamin le confiesa a Scholem que ha hecho suya la “formulación kafkiana del imperativo categórico” de la que se ha apropiado: “actúa de tal forma que los ángeles tengan qué hacer”. Extraigo de estas citas de Kafka y Benjamin las siguientes concusiones provisorias: no hay esperanza para nosotros, sino como reflejo que ilumina el rostro de los condenados; los ángeles, por su parte, sólo se interesan por los necios, seres que tienen su propia relación con las cosas. De algún modo, es la necedad la que alborota y señala otro camino.<br><br><strong>7.</strong> A la luz de estas conclusiones vuelvo a Silvio. En cuanto a la esperanza dice: “Cuando niño yo saque la cuenta/De mi edad por el año 2000/ El 2000 sonaba como puerta abierta/A maravillas que silbaba el porvenir/Pero ahora que se acerca saco en cuenta/Que de nuevo tengo que esperar/Que las maravillas vendrán algo lentas/Porque el mundo tiene aún muy corta edad”. (Venga la esperanza, 1991). En cuanto a la necedad, basta recordar su célebre manifiesto contra el convite imperial al arrepentimiento, “a que no pierda” y a la indefinición ético-política. La necedad se afirma como “necedad de asumir al enemigo” y “de vivir sin tener precio” (El necio, 1994). Si el trovador puede seguir maravillando con sus canciones de siempre es, en buena medida por este saber sobre la esperanza (el mundo aún no está maduro para ella) y sobre la necedad (un rechazo a las promesas de felicidad que se nos ofrecen). Estas actitudes, pienso, colocan Silvio en un lugar distinto, a salvo del oportunismo, de la desilusión y de la decadencia.<br><br><strong>8.</strong> Hace ya unos años circula un libro magnífico titulado «Melancolía de izquierda». Su autor, el historiador Enzo Traverso, afirma allí que esta melancolía –a diferencia de la nostalgia paralizante– “envuelve una transición” y “una renovación de la izquierda” como “empatía con los vencidos”. Traverso trabaja ligando “imágenes que piensan” una exploración de “un paisaje de la memoria multiforme y a veces contradictoria”. El pasado así evocado, en Traverso, retorna como inspiración para sacudirse el conformismo siniestro que nos atasca y nos fija a un tiempo en el que el enemigo no deja de triunfar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-58767a6ad67f48bc41edce741cd06c7b"><strong>9. </strong>Hace unos años se hizo evidente un potencial expresivo surgido de poderosas <em>anacronías</em> que –al fragor de las circunstancias– crean nuevas alusiones en sus viejos temas. Silvio canta “La ciudad se derrumba y yo cantando” (Te doy una canción, 1970). Cinco décadas después, la misma frase permite iluminar la crisis descomunal de un mundo que no sabe dar respuesta a casi ninguno de sus problemas. Y a una Cuba que ha sobrevivido huérfana a la implosión del socialismo soviético. Para profundizar este ejercicio de anacronía poética basta con volver a leer «Silvio, que levante la mano la guitarra», ese libro extraordinario escrito por los poetas Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras, cuya primer edición es de 1984.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="764" height="1024" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio-764x1024.jpg" alt="" class="wp-image-17700" style="width:580px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio-764x1024.jpg?v=1761402447 764w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio-224x300.jpg?v=1761402447 224w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio-768x1030.jpg?v=1761402447 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio-1145x1536.jpg?v=1761402447 1145w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio-109x146.jpg?v=1761402447 109w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio-37x50.jpg?v=1761402447 37w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio-56x75.jpg?v=1761402447 56w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/10/silvio.jpg?v=1761402447 1193w" sizes="(max-width: 764px) 100vw, 764px" /></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d5042c8faf3b439f07d9094cbef32c8"><strong>10.</strong> Estas anacronías son posibles porque Silvio nunca fue un intelectual oficialista. Si reparamos en algunas de las letras que compilan Casaus y Nogueras, encontraremos temas como «Playa Girón» y «Debo partirme en dos» (ambas del 1969). La primera, compuesta en un barco pesquero que lo alejó de la isla por un tiempo, ante el malquerer que le profesaban sectores de la autoridad política que tampoco veían bien que la juventud cubana escuchara a los Beatles. La segunda, más explícita, dice: “no voy a repetir ese estribillo/algunos ojos miran con mal brillo/Y estoy temiendo ahora no ser interpretado/casi siempre sucede que se piensa algo malo”. Evidentemente no se es poeta por recitar palabras bellas, sino por el modo en el que esas palabras hacen pasar afectos y aspiran a ventilar una época irrespirable, a escapar de ella. Cinco décadas después de aquellas canciones, Rodríguez canta: “Dijo Guevara el humano/que ningún intelectual/debe ser asalariado/del pensamiento oficial” (Tonada del libre albedrio, 2007). En una entrevista reciente vuelve sobre sus recuerdos de disidencias a propósito de la grabación en Madrid de su gran disco «Al final de este viaje» (1978) con estas palabras: “Canté algunas que estaban medio prohibidas aquí en Cuba. Dije, “Voy a cantar lo que me da la gana”, “Canta lo que tú quieras”. Y gracias a eso salieron algunas canciones”.<br><br><strong>11.</strong> El día 21 de octubre fui a ver su último concierto en Buenos Aires. No pude conseguir entradas, pero tengo la inmensa suerte de tener una “amiga común”, mi antigua amiga María Santucho, que me hizo ingresar cuando ya parecía imposible lograrlo. ¿Qué ocurrió allí? Mas allá de las promesas que la política argentina vino haciendo sobre la necesidad de “nuevas canciones”, el concierto nos transportó hacia el arroyo límpido y maravilloso de temas extraordinariamente viejos. Acompañado por todo tipo de excelencias acústicas –quizás obstaculizado por empedernidxs nostálgicos de izquierda que cantándole encima impedían que se escuchase la sutileza de alguna variación–, las claves del trance volvieron a ser las de siempre, aquellas singularidades que permiten reconocer a este trovador en cualquier lugar del mundo: el modo suelto de rasguear la guitarra, la cadencia angelical de su lengua caribeña y los versos inspirados –“a tu viejo gobierno de difuntos y flores” (Ojalá, 1969), “una mujer con sombrero/como un cuadro del viejo Chagall/corrompiéndose al centro del miedo/Y yo, que no soy bueno me puse a llorar” (Óleo de una mujer con sombrero, 1970). Sólo que en esta gira –en esto quisiera reparar– Silvio introduce ciertos gestos que renuevan la potencia política de canciones provenientes de –y referidas a– un pasado ya mítico. Eso ocurrió de modo eminente cuando cantó, envuelto en una <em>kufiya</em> o <em>keffiheh</em><a href="https://www.google.com/aclk?sa=L&amp;pf=1&amp;ai=DChsSEwiXj6611LiQAxXTUEgAHdO-FIMYACICCAEQBRoCY2U&amp;co=1&amp;ase=2&amp;gclid=CjwKCAjwgeLHBhBuEiwAL5gNEZ-0B853YDGuSGSS0fiJsgF33Y6dw63YuFInIbuf-Wg3ZlZfByYkOBoCx-QQAvD_BwE&amp;ei=YkD5aIWhDOzf1sQPjr3wuQo&amp;cid=CAASlwHkaJHuC04bsa06Wwnuf6IUkxePwxFlH9BN7d7IG0JmWtYgRRUN2p2APh0pEiV-iepD1XiEfGFRl90ZKyPAkeESilz5HksdIh28WXuPA0a8uWuFrzCzvsXYj2F__ACIhhD1ekZU1wFhmj1bVTqr1OqKm88iQX2v76fhKv0VnOOiKnCn7QUZUp19sre3baGsJLdIooSOgRL5&amp;cce=2&amp;category=acrcp_v1_32&amp;sig=AOD64_26PsoygmQvzIzyyyptKvHpKRdWgw&amp;q&amp;sqi=2&amp;nis=4&amp;adurl=https://www.amazon.com/s/?ie%3DUTF8%26keywords%3Dpalestinian%2Bkeffiyeh%26index%3Daps%26tag%3Dtxscdpesrow-20%26ref%3Dpd_sl_6wzxoj8fry_e%26adgrpid%3D152082039057%26hvpone%3D%26hvptwo%3D%26hvadid%3D690390479270%26hvpos%3D%26hvnetw%3Dg%26hvrand%3D4415757256277905657%26hvqmt%3De%26hvdev%3Dc%26hvdvcmdl%3D%26hvlocint%3D%26hvlocphy%3D9186399%26hvtargid%3Dkwd-307670421248%26hydadcr%3D13882_13587217%26mcid%3Da2225650425239679e94d424fb9e92fb%26language%3Des_US&amp;ved=2ahUKEwiF2qm11LiQAxXsr5UCHY4ePKcQ0Qx6BAgMEAE"></a> (pañuelo palestino), “mi sombra dice que reírse/es ver los llantos, como mi llanto/y me he callado desesperado/y escucho entonces:/la tierra llora. (La era está pariendo un corazón, 1968). El gesto fue más allá cuando recitó un poema del ya citado Nogueras, compuesto en Auschwitz, en el que hablando a los judíos israelíes sobrevivientes del nazismo dice: Pienso en ustedes/y no acierto a comprender/cómo olvidaron tan pronto/el vaho del infierno (<em>Halt</em>, 1979). Y hubo más de esos gestos. El homenaje a sus compañeros de generación (Vicente Feliú, Noel Nicola y Pablo Milanés) junto con la celebración del cumpleaños número 100 años de Celia Cruz (Kaloian, irónico, posteó: “La ovación fue tan grande que los censores debieron escucharla en La Habana. Honrar, honra”), la invitación a cantar al jovencísimo Milo J, y la dedicada interpretación de «Unicornio azul» a Tati Almeida. Gestos que hacen de viejas inspiraciones interpelaciones fuertemente actuales. Un rato antes del concierto, se conoció una entrevista brindada a la revista <em>Rolling Stone</em> titulada <a href="https://es.rollingstone.com/silvio-rodriguez-las-revoluciones-no-son-perfectas-son-necesarias/">“Las revoluciones no son perfectas, pero son necesarias”</a>. Eso mismo podemos decir de Silvio: lejos de la perfección, y cerca de lo necesario. Salí del recital cantando: “Ahora comprendo/Cuál era el ángel/Que entre nosotros pasó/Era el más terrible, el implacable, el más feroz”.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4d5db496447ae04d8629e7147753b601">Sábado, 25 de octubre de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51599abf75d4a9c990701bf8d00a305e">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-728660d7e0a0ee2dad0dd80ad96c4a85"><br></p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="auto, (max-width: 271px) 100vw, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f912799eed3948c95d37c57a13078931"><br><br><br></p>
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