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	<title>izquierdas archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>izquierdas archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Alberto y nuestra izquierda &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Jul 2020 19:01:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
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		<category><![CDATA[populismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El apoyo al gobierno de Alberto Fernández, la percepción del avance de las ultraderechas mundiales, la opinión crítica y las diferencias con las izquierdas testimoniales.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/alberto-y-nuestra-izquierda-por-jorge-aleman/">Alberto y nuestra izquierda &#8211; Por Jorge Alemán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El apoyo al gobierno de Alberto Fernández, la percepción del avance de las ultraderechas mundiales, la opinión crítica y las diferencias con las izquierdas testimoniales.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando digo nuestra izquierda considero que formo parte de la misma. Sea cual sea el problema que esta definición conlleva, me considero un kirchnerista de izquierdas o un (esto es más problemático) un populista de izquierda. No pretendo callar ninguna opinión crítica, tampoco podría apoyar ciegamente nada. Cuando los otros días, Gustavo Sylvestre habló de «fuego amigo» en el marco de una entrevista, corregí su expresión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mi percepción diferente con respecto a otr@s compañeros de la izquierda que si bien apoyan el Frente de Todos lo hacen de un modo crítico, unos más enconados que otros, es mi lectura del avance de las ultraderechas en el mundo, la presencia de dispositivos técnicos que vinieron para quedarse y que condicionarán la vida social de un modo inédito y la soledad evidente del proyecto del Frente de Tod@s en el contexto mundial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un ejemplo de lectura diferente que por ejemplo se me impone con algunos compañer@s, es que ven en el descenso en puntos del gobierno de Fernández una prueba de su tibieza. Por el contrario, a mí me preocupa observar lo que observo en otros lugares del mundo, no una derecha acorralada por sus escándalos sino un inesperado giro de la sociedad hacia la derecha imputándole a Fernández un giro «filocomunista» y chavista. A diferencia de ellos, no pienso que la sociedad espera más «izquierda» sino que cada vez es más fuerte un giro transversal, antipolítico y neofascista, incluso en sectores populares, promovido por un nuevo tipo de aparatos ideológicos que aún están por pensarse. Como no me interesan las izquierdas testimoniales que se conforman con el sector del núcleo duro, con el cual comparto el ideario, pero no quieren ganar, siempre me enrolo con  quienes quieren construir un bloque cultural y político que  pueda a través de distintas mediaciones apoderarse, tarea lenta y ardua, del Estado. En esto, y en esta coyuntura, es donde reside mi apoyo a este gobierno.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Madrid, 17 de julio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Psicoanalista, escritor y poeta. Autor del libro<em> «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación».  </em>Su último libro publicado es <em><i>Pandemónium, notas sobre el desastre,</i></em> ediciones NED.</span></p>
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		<title>Anarquistas y Política &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Apr 2021 18:17:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Estado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jorge Alemán sostiene en este artículo que el espíritu anarquista siempre se encuentra con la siguiente encrucijada: diluye las fuerzas de la contienda, borra las fronteras del antagonismo. En este sentido, comparte un mismo punto de vista con la vieja tradición liberal  y con cierta izquierda que se considera a sí misma radical. De este modo, el anarquismo es un liberalismo clásico que se imagina revolucionario y que apela a formas de vida singulares sin dar cuenta de su posible traducción política.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/anarquistas-y-politica-por-jorge-aleman/">Anarquistas y Política &#8211; Por Jorge Alemán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Jorge Alemán sostiene en este artículo que el espíritu anarquista siempre se encuentra con la siguiente encrucijada: diluye las fuerzas de la contienda, borra las fronteras del antagonismo. En este sentido, comparte un mismo punto de vista con la vieja tradición liberal  y con cierta izquierda que se considera a sí misma radical. De este modo, el anarquismo es un liberalismo clásico que se imagina revolucionario y que apela a formas de vida singulares sin dar cuenta de su posible traducción política.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Siempre he sentido simpatía por los anarquistas. Uno de mis primeros encuentros más determinantes en España fue con el gran Agustín García Calvo, quién practicaba un anarquismo de la lengua que remontaba sus raíces en los presocráticos. Para Agustín, la lengua era portadora de una Razón común de la que ninguna representación podía apropiarse. Era, por otra parte, el último pensador de una tradición anarquista que tuvo sus momentos gloriosos en España. Una de las cosas que más me sorprendía en aquellas épocas de amigos anarquistas, era que en lo referido a las imposiciones, en mi vida personal yo era mucho más anarquista que ellos. Desde niño nunca supe que hacer con obligaciones, deberes, consejos médicos, disciplinas escolares, leyes, trámites,  etc. Si tengo un estatuto civil lo debo a la generosidad de amigos y amigas que me salvaron de la deriva. Por ello, siempre simpatizo con los reclamos anarquistas que celebraban  «lo que viene de abajo «, «lo incalculable», lo que hace obstáculo a la captura de lo institucional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, existía un inconveniente serio para entregarme al anarquismo y especialmente a su pureza evidente. Había conocido desde muy temprano, como una marca subjetiva irreductible, el sentimiento del rechazo, de estar excluido, del reverso oscuro que conlleva no aceptar las órdenes para sentirme único en mi exclusión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sentirme afuera de todo era un combustible perfecto para el narcisismo del que paga todo para sentirse especial .Y, finalmente el psicoanálisis me donó la clave preciosa, el sujeto no puede vivir sin aquello que lo representa aunque esa representación sea frágil, evanescente y absolutamente inestable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ello, más allá de mis avatares con las imposiciones molestas, he optado por evitar el costado sacrificial o inoperante de las mismas y acepto los desafíos de la representación fallida .Todo mi amor por aquello que es instituyente, pero  sólo si  deja de ser una coartada elitista, si acepta pasar por la criba de los antagonismos y las instituciones populares que anuden comunidad, sociedad y estado. Si el «Dios ni Amo» posee su atractivo singular, el verdadero asunto siempre será construir un orden no represivo. Si existe una posición que rechaza de entrada la maldecida correlación de fuerzas y las tensiones de la coyuntura, es la posición anarquista. También la que se considera a sí misma izquierda revolucionaria lo intenta, pero a medias, ya que depende actualmente del proceso electoral.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este punto también es atractivo, pero con esta salvedad, lo que autoriza a desconocer la fastidiosa correlación de fuerzas es cuando está en juego una situación pre-revolucionaria. En ese caso se trata de apostar sin hacer cuentas, sin asegurarse por ningún cálculo previo, como lo ilustran las grandes revoluciones del siglo XX. Pero cuando no es el caso, estos anarquistas juegan el papel de una crítica que vale más como una autodescripción de sí que una lectura política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Finalmente, el espíritu anarquista (digo espíritu porque el mismo incluso está presente en aquellos que no profesan la fe anarquista) siempre se encuentra con la siguiente encrucijada: diluye las fuerzas de la contienda, borra las fronteras del antagonismo. Para  la pureza del anarquista todos son lo mismo. En esto comparte un mismo punto de vista con la vieja tradición liberal (seamos justos, no con el neoliberalismo depredador) El espíritu anarquista y cierta izquierda que se considera a sí misma radical, observa desde el exterior a las fuerzas que se disputan el Estado, todas están contaminadas por las representaciones espurias del Capital. De este modo, el anarquismo es un liberalismo clásico que se imagina revolucionario. Apela a formas de vida singulares sin dar cuenta de su posible traducción política. En cierto modo fue lo que sucedió con Heidegger, pasó de la extrema singularidad del <em>«ser ahí»</em> a un orden de representación asesino como el nacional socialismo para luego retornar a un pensamiento del ser y el acontecimiento desprovisto de toda representación política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De todos modos, parafraseando a Masotta, un cierto anarquismo siempre será pertinente si no se olvida que sólo un populismo de izquierdas, una izquierda que nunca podrá ser antiperonista, un movimiento nacional y popular articulado al feminismo y a la izquierda lacaniana, es la realidad política donde puede tener lugar el sujeto que no quede congelado en la representación, pero que tampoco las rechace con el espejismo que implica creerse Amo de uno mismo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Madrid, 22 de abril de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Psicoanalista, escritor y poeta. Autor de los libros<em> «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación» y </em><em><i>Pandemónium, notas sobre el desastre. </i></em>Su último libro publicado es <em><i>Ideología.</i></em></span></p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>¿Es antipolítica la izquierda? &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/es-antipolitica-la-izquierda-por-diego-sztulwark/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Apr 2022 11:33:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark sostiene que las izquierdas en Argentina expresan a su manera la existencia de colectivos sociales organizados cuyas estrategias se encuentran ante el desafío de la crisis. Sztulwark afirma que el motor de la antipolítica es la interpretación que la ultraderecha da a la evolución subjetiva de la crisis social.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Diego Sztulwark sostiene que las izquierdas en Argentina expresan a su manera la existencia de colectivos sociales organizados cuyas estrategias se encuentran ante el desafío de la crisis. Sztulwark afirma que el motor de la antipolítica es la interpretación que la ultraderecha da a la evolución subjetiva de la crisis social.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>00.</strong> Escuchamos hace tiempo, y ahora es ya un estruendo, que lo que crece en la opinión pública es la “antipolítica”, entendida por lo general como una capitalización ultraderechista de una bronca extendida con el régimen político calificado como tradicional.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>01.</strong> Por ultraderecha hay que entender varias cosas a la vez. Por un lado, es un dispositivo de orden social que desea reestablecer las jerarquías sociales -toda clase de supremacía: de clase, sexual y hasta étnica- en condiciones de desmovilización popular, en la que la sobredimensión de lo mediático no encuentra el contrapeso de la calle. Por otro, una táctica neoliberal para reencauzar el resentimiento social creciente con el propio neoliberalismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>02.</strong> La mayor fuerza de la antipolítica neofascista es funcionar como una política de la verdad: al denunciar como falsa y eufemística la lengua políticamente correcta de las políticas convencionales, que hablan de igualdad pero generan desigualdad, se sitúan por medio de la desinhibición discursiva -y con relativa facilidad- en el inverosímil sitio de la transgresión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>03.</strong> La antipolítica nos muestra una división en la propia derecha política y social, puesto que una parte de ella sigue apostando a los pactos de dominación vigentes, mientras que otra parte lo considera insuficiente y radicaliza su posición en la lucha de clases para asegurar -desde el lenguaje mismo- lo que, según creen, ya no garantiza el pacto tradicional de dominación. Veremos a dónde cae la apuesta política de las burguesías y sus socios mayores del mercado mundial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>04.</strong> El motor de la antipolítica es la interpretación que la ultraderecha da a la evolución subjetiva de la crisis social. Esa evolución puede rastrearse sin problemas a partir de la convulsión de 2001, que mostró que el pleno empleo de calidad era una ilusión en la fase neoliberal del capitalismo, y que no cabía ya deducir ciudadanía de empleo. Diciembre del ‘17 (las toneladas de cascotes arrojadas desde Plaza de los dos Congresos a quienes aprobaban la reforma previsional, o el comienzo del fin del reformismo macrista en el gobierno) constituyó el último aviso sobre la imposibilidad de resolver esas crisis con políticas abiertamente neoliberales. Al no leer la pandemia como desastre capitalista, los políticos tradicionales se pusieron del lado errado de la mecha: cuidando las vidas en el estrecho espacio que dejan las incuestionadas relaciones sociales en crisis. Lo mismo se pretende con la actual espiral inflacionaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>05.</strong> La izquierda política en la Argentina no tiene expresión unitaria. Una parte significativa esta en el kirchnerismo -el kirchnerismo no sería lo que es sin esa izquierda- y otra parte (creciente) se ve representada por el Frente de Izquierda y los diversos partidos de izquierda no peronista. Pero hay más: porque una parte importante de la izquierda argentina actúa autónomamente, es decir, a partir de acciones organizativas y verbales no alineadas desde lo partidario ni lo electoral. Esas izquierdas (peronistas y no peronistas, autónomas) expresan a su manera la existencia de colectivos sociales organizados -sindicales, territoriales, de intelectuales, de género- cuyas estrategias se encuentran ante el desafío de la crisis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>06.</strong> La crisis desmadrada tiene dos destinos extremos. La antipolítica reaccionaria o una reconfiguración de las izquierdas, de la radical a la tibiamente progresista. Sólo que los movimientos son inversos. Ahí donde las derechas se amalgaman, verticalizan y endurecen, las izquierdas solo podrían actuar eficazmente revisando sus premisas identitarias, abriéndose a la acción virtuosa de la movilización popular, dispuesta a reconfigurarse para viabilizar pulsiones igualitarias actualmente pospuestas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>07.</strong> La izquierda progresista se equivoca al llamar anti-política a las subjetividades de la crisis. Por el contrario, la antipolítica es la lectura antidemoctática y reaccionaria de las pulsiones igualitarias que la crisis podría adoptar. Sólo que la igualdad de la que tanto se habla, no cabe en las actuales relaciones sociales neoliberales de existencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>08.</strong> La izquierda es y no es una antipolítica. Es una antipolítica convencional, y de no serlo deja de ser de izquierda. Y esto por la sencilla razón de que en la izquierda late el saber sobre la correspondencia orgánica entre forma política y modo de acumulación y de explotación social. Pero es también su contrario antagónico, porque sólo la reacción a esa relación entre política y economía actúa como cuestionamiento político -si, propiamente, noblemente político- a un sistema que la antipolítica neofascista defiende de modo abierto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>09.</strong> Lo único que le falta a la izquierda -a las izquierdas todas, por separadas ya que no podrían unirse por libre iniciativa- para disputar la crisis con la antipolítica reaccionaria es una política de la verdad a la altura de las circunstancias. Ya que si las fuerzas políticas convencionales son cínicas al afirmar que la igualdad es posible por la vía de los votos -y no de una radical movilización de cuerpos, instituciones y lenguajes- la política de la verdad neofascista es sincera en su cinismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>10.</strong> La política de la verdad de la izquierda no vendrá de arriba, ni como táctica electoral ni como acierto en el plano de la gestión. Todo eso podría ayudar y mucho, pero no sustituye el impulso que viene de abajo. La izquierda no es antipolítica, ni política del sistema. Incluso la palabra izquierda podría aquí estar sobrando. Lo que falta, en cambio, es un tipo de pragmatismo de la radicalidad capaz de enhebrar una narración popular de y para la crisis, sin la cual las fuerzas democráticas quedan estructuralmente a la defensiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>11.</strong> La izquierda -las izquierdas todas- derrocha su propia posibilidad si se acomoda en un lugar interpretativo racionalista y sensato, cuando se trata de hacer de la interpretación la dimensión meditante de un acto de transformación.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 19 de abril de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Investigador y escritor.&nbsp;Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>
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		<title>Des/igualdad &#8211; Por Rocco Carbone</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Aug 2025 12:10:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[COMINTERN]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La desigualdad es una amenaza para la igualdad en todas partes. Este texto mira más allá de los confines nacionales. Las expresividades tanáticas del capitalismo financiero requieren que el campo de la emancipación cultive una igualdad radical.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/des-igualdad-por-rocco-carbone/">Des/igualdad &#8211; Por Rocco Carbone</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c4347109b7e8648ae2720dfe87bb7f43 wp-block-paragraph"><strong><em>La desigualdad es una amenaza para la igualdad en todas partes. Este texto mira más allá de los confines nacionales. Las expresividades tanáticas del capitalismo financiero requieren que el campo de la emancipación cultive una igualdad radical.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-173bfd1482c7da3a50ec4458c5b855be wp-block-paragraph"><strong>Por Rocco Carbone*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:65px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d81f165d8eed6feecc7d31d4fb1aa6a wp-block-paragraph">En nuestra época se organizó una escena política singular alrededor de la palabra <em>fascismo</em>. Existen organizaciones políticas que se hicieron del Estado -o que están en su dintel: el caso de España- que rechazan con fiereza la categoría para sí; pero no pueden encubrir la operatividad política inherente al poder fascista que les es propia. Algunas vertientes de las izquierdas, en cambio, debaten si es <em>neo</em>, <em>post</em> o <em>pre</em> como si la cuestión -en realidad, el problema- fuera de incumbencia teórica, a tratarse en un gabinete, escrutarse en un aula o argumentando en alguna revista politizada, próxima a una publicación referateada. Por último, hay también una línea del progresismo que ha optado por el negacionismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7cbb786bf4aa0cdfc30fe6983620eb0c wp-block-paragraph">Interesa socializar aquí alguna reflexión teórica como guía para la acción. Deberíamos plantearnos una serie de preguntas acerca de esas afirmaciones que limitan el fascismo a una experiencia histórico-política europea, que apuntan su irrepetibilidad, que indican su carácter específico como formación política acotada a una nación y que muy a menudo presentan una “tesis” consoladora: luego de 1945 los pelos de Mussolini desaparecieron y no volvieron (ni volverán) a crecer. O sea: el poder fascista desapareció. En este punto se me ocurre la máxima: <em>lo conocido con frecuencia es reprimido</em>. Una oración de esta índole podemos dedicársela sin duda al campo de la reacción toda vez que rechaza para sí la categoría de fascismo. Pero, ¿esa máxima sólo le cabe al campo de la reacción? Pensar el fascismo como un fenómeno histórico-político único lo ayuda a pasar desapercibido cuando resurge o retorna.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7c80eab7cd5d34f4a3481531f4a47d84 wp-block-paragraph">En su momento, la COMINTERN llegó a una expresión sintética para calificar el fascismo arqueológico: “brazo armado del capital”. Ese diagnóstico sigue siendo aceptable. “Para el gran capital -o más bien para una parte de él- el fascismo solo puede ser útil en ciertas situaciones peligrosas; pero cuando ya no es necesario lo <em>desecha</em>” (2004: 76). Esta línea aparece en las páginas finales de <em>El fascismo nunca ha estado muerto</em>, un librito abigarrado de ideas y arborescente de un viejo profesor italiano: Luciano Canfora. El fascismo sigiloso del siglo XXI es la expresión política del capital financiero <em>glocal</em> (global y local). Una de las expresiones del capitalismo financiero extorsivo y cada vez más internacional es el FMI; otra: las aristocracias tecnológico-financieras glocales: Galperin -criticado recientemente por Mindlin (“Mindlin cuestionó a Galperin por haberse mudado a Uruguay para pagar menos impuestos”, <em>LaPolíticaOnline</em>, 5/8/2025)-, por ejemplo, es una expresión a escala de Amazon; otra más: los monopolios corporativos globales absolutistas totalitarios. Las expresiones del capitalismo financiero centralizan en pocas manos -Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Larry Ellison, Bernard Arnault, Elon Musk, el puñado más conocido- las acciones de las empresas más dispares; las coordinan, las controlan y, a través del crédito, convierten a países enteros -y también a sus industriales- en subalternos, atentos a cualquier gesto de mando. El caso local es elocuente. Todo fascista sigiloso (m./f.) del siglo XXI tiene siempre una selfie con Elon Musk o Donald Trump.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5cd4d1e8c08ee882bcacf2814a5100e7 wp-block-paragraph">Que el fascismo sea expresión del capitalismo financiero no es una novedad. En 1934, Mario Missiroli, cuando aún era fascista, en “L’economia corporativa”, una parte del libro <em>Studi sul fascismo</em>, escribía: “El capital productivo ha sido sustituido, en la jerarquía de los valores económicos, por el capital financiero. La especulación amenaza con matar a la empresa [&#8230;], prospera en el comercio de valores, se aprovecha de las tarifas arancelarias, se enriquece con la inflación que, en cambio, empobrece a la comunidad. Es una monarquía absoluta, omnipotente e invisible, que desafía al Estado, a las autoridades fiscales, a los consumidores y a los trabajadores al mismo tiempo” (Zanichelli: Bologna, 1934, pp. 277-278). De esto desciende que como todo fenómeno político proteico puede repetirse, sobre todo si nexado con el devenir del capitalismo. Claro: con los necesarios ajustes que derivan de los cambios de costumbre, de los usos del lenguaje, de las transformaciones de la vida capital y de la geografía en la que se verifica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-231c60d5cac8cbdcbea4ba362fa77216 wp-block-paragraph"><em><strong>La historia y sus leyes</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00b43b5530093cd06a86df02a37c2f39 wp-block-paragraph">En las primeras páginas del librito de Canfora leemos que el fascismo “mucho después de su colapso político y militar, continuó alimentando el debate historiográfico, como también, y, sobre todo, político, tan animado que se convirtió, a su vez, en parte de la realidad política. Durante la segunda mitad del siglo XX y más allá. Nunca abandonó la escena. <em>Como es normal es un movimiento derrotado, operó entre bastidores</em>” (p. 10). Puesto que la historia se repite dos veces, una entre bastidores y otra en el centro de la escena, y puesto que el poder fascista salió de detrás de bambalinas, vamos a organizar y ejemplificar algunas modalidades o comportamientos para reconocer algunas manifestaciones <em>públicas</em> de ese poder. Guiados por Cánfora podemos decir que: “En rigor basta un poco de esfuerzo mental para comprender [esas modalidades públicas]. Si podemos hablar legítimamente de mafia ‘nigeriana’, ‘chechena’, ‘marsellesa’, etc., sabiendo muy bien que la mafia, tal como surgió y se desarrolló en Sicilia, tiene sus propias peculiaridades históricamente identificables y determinadas por un entorno específico, igualmente legítimo, y sobre todo útil a nivel cognitivo, será suficiente hablar de ‘fascismo español’ o ‘báltico’, etc., para hacer referencia a territorios distintos de Italia y a períodos posteriores a 1922-1945. Lo mismo se aplica a categorías interpretativas como ‘jacobinismo’, ‘reformismo’, ‘maximalismo’, ‘cesarismo’, etc. Adelante, avancemos” (pp. 37-38). Este viejo historiador me gusta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5f1e8163668139972ccce5f20c3ea9c4 wp-block-paragraph">Veamos algunas de esas modalidades (puede haber otras, desde ya) o comportamientos:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0e47e012350a80bd86af22b906d5e213 wp-block-paragraph">&#8211;<strong><em>Indigencia de la lengua</em>.</strong> Roberto Calderoli, político que revista en la Liga Norte, se refirió a una diputada italiana de origen africano (nacida en la República democrática del Congo), Cécile Kyenge, calificándola de “orangután”; en esta misma línea “argumental” insiste el presidente Milei cuando se refiere a los “mandriles”. Esta pobreza lingüística se debe a que el fascismo del siglo XXI recluta “medianías”, figuras políticas rastreras: a la altura de la degeneración del capitalismo en su momento financiarizado o algorítmico (me gusta/no me gusta). Esta pobreza conceptual e intelectual se verifica también a través de modos de la inversión. Un ejemplo: Galezzo Bignami entre 2018 y 2024 fue jefe de bancada de Fratelli d’Italia (el partido de Giorgia Meloni) en la Cámara de Diputados del Parlamento italiano. Este señor de casi 50 años, cuando era más joven, apareció en varias fotos vestido de jerarca nazi. En una se lo ve con una esvástica en el brazo izquierdo impresa en una faja roja. En julio de 2025, Francesca Albanese, relatora especial de Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados y una de las voces internacionales que denuncia el genocidio en curso en Gaza, fue invitada al Parlamento italiano a presentar un informe a partir de su propia experiencia en norte de África (lo que en lengua colonial llamamos “Oriente medio”). Bignami firmó un petitorio en el que se decía: es “irresponsable hospedar en lugares institucionales a sujetos que vehiculan ideas antisemitas”. Subvertir el propio devenir identitario (lo que se es), asignándoselo a otrx, es una práctica usual del poder fascista. ¡Lxs zombis son siempre lxs demás!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa3f5657ceecdf28902910fcde12c5a2 wp-block-paragraph">Esta indigencia intelectual concierne también a la interpretación de la historia, siempre capciosa. Lo que ayer fue declaradamente fascista hoy suele presentarse como una expresión política democrática y republicana. En 1987 en Sorrento, ciudad del sur de Italia cercana a Nápoles, se llevó a cabo el XV Congreso del Movimento Sociale Italiano. El MSI fue el heredero explícito del fascismo arqueológico luego de la Segunda Guerra Mundial. Fue el aparato político del fascismo dentro del nuevo contexto democrático. Pues bien, en 1987, el secretario político, Giorgio Almirante, dijo que el fascismo era “el destino” del MSI. Palabras dichas 41 años después de la fundación de ese aparato político. De hecho, el propio nombre del movimiento (MSI) es un calco de la Repubblica Sociale Italiana. La RSI, también conocida como Repubblica di Salò, fue un estado títere creado por la Alemania nazi en el norte de Italia en septiembre de 1943. Actuó como instrumento de la política de ocupación alemana. Fue dirigida por Mussolini y se trató de un estado colaboracionista que operó bajo el control alemán hasta la liberación de Italia en 1945. Su objetivo consistió en gobernar los territorios italianos ocupados por los alemanes, reprimir la resistencia partisana, perseguir a judíxs y a los opositorxs antifascistas. Respecto al XV Congreso Canfora sostiene que “quienes entonces [1987] militaban en el MSI o incluso lo dirigían -ya fueran maduros o jóvenes o muy jóvenes- eran y conscientemente se proclamaban, o en todo caso se sentían, ‘fascistas’, o al menos -variante proactiva y voluntarista- ‘neofascistas’” (p. 60). El MSI mantuvo su nombre hasta 1994, cuando se transformó en Alleanza Nazionale y entró a formar parte del primer gobierno del autoproclamado “liberal” Berlusconi, un Menen italiano sin patillas. Hoy, los herederos del MSI, orgullosos de “no renegar” del pasado del movimiento, están en la cima de la República Italiana, con Giorgia Meloni, quien, en diciembre de 2022, sostuvo públicamente que “[el MSI] ha llevado hacia la democracia a millones de italianos derrotados por la guerra. [&#8230;] se puede estar de acuerdo o no, pero ha sido un partido de la derecha democrática, de la Italia democrática y republicana. Ha desempeñado un papel en la lucha contra el terrorismo”. “Terrorismo” allí quiere decir <em>comunismo</em>. Poco antes, en octubre del mismo año, en el discurso de investidura ante las Cámaras, sostuvo: “Provengo de una historia política que a menudo ha sido relegada a los márgenes de la historia republicana” (Canfora, p. 60). Meloni se refiere a la historia política del MSI, que <em>no </em>ha sido relegada a los márgenes de la historia republicana, como sostiene ella, sino que ha estado <em>siempre al margen</em> de la historia republicana de Italia. Así debe ser leído el pasaje del presidente del Consejo.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://s1.elespanol.com/2022/09/26/mundo/europa/706189630_227478318_1706x960.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Giorgia Meloni. Foto:&nbsp;Reuters.</em></figcaption></figure>
</div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7cda6b4d1bebfd0ccc25f742c8ce394c wp-block-paragraph">Meloni conoce bien la historia del neofascismo posterior al fascismo arqueológico -post 1945- pues a los 15 años se unió al Fronte della Gioventù, la organización juvenil del MSI, y también participó en el FUAN (Fronte Universitario d’Azione Nazionale), la organización universitaria del Movimento, que tenía una ideología neofascista y anticomunista (se organizó en 1950 y se disolvió en 1996). Ocupó también el cargo de coordinadora regional del Fronte della Gioventù en la región del Lazio. Esta es la amiga Giorgia, la que regala pasaportes. “A instancias de Palazzo Chigi [sede del gobierno y residencia del presidente del Consejo de Ministrxs], el presidente argentino ha obtenido la nacionalidad del país de tres de sus cuatro abuelos. Una sorpresa en la que Giorgia Meloni venía trabajando desde hace algunos meses. [&#8230;] Una historia que [&#8230;] se asemeja a la de millones de ciudadanos argentinos, entre ellos el otro ex presidente del país sudamericano Mauricio Macrì. Una historia que [&#8230;] comenzó en Calabria, en uno de los innumerables pueblos diseminados entre Cosenza y Rosarno, de donde Francesco Milei, conocido como “Ciccio”, partió con su madre y sus tres hermanos en 1926. El abuelo de Javier (Francesco Malfetano, “A Milei la cittadinanza italiana: ‘Uno dei nonni partì dalla Calabria’”,<a href="http://www.ilmessaggero.it/politica/a_milei_la_cittadinanza_italiana_nonni_parti_dalla_calabria-8535704.html?refresh_ce">www.ilmessaggero.it/politica/a_milei_la_cittadinanza_italiana_nonni_parti_dalla_calabria-8535704.html?refresh_ce</a> (13/12/2024).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e7d4b9e9167043de043c2e87fabb7333 wp-block-paragraph">&#8211;<strong><em>Ideas primitivas y supremacistas</em>.</strong> “Argentinos de bien” es una evidente idea primitivamente supremacista pues implica una simetría inversa o especular: la existencia de <em>los</em> argentinos de mal. “Somos estéticamente superiores”: esta oración sintoniza con un pensamiento racista y el racismo es la forma típicamente occidental de supremacismo blanco. Estas cuestiones no pasan solo en nuestro país. En Finlandia, por ejemplo, están los “verdaderos finlandeses”. Esta es una de las consignas de un partido <em>ultra</em> que en junio de 2023 ganó las elecciones, conocido como Partido de los finlandeses. E él revista Wille Rydman, quien, en julio de 2023, en referencia a los judíos, dijo: “A los nazis no nos gusta esta mierda” (Canfora, p. 7). En la línea del primitivismo supremacista podemos ubicar tanto a <em>Alternative für Deutschland</em> (Alternativa por Alemania), que tiene un claro sesgo xenófobo y antisemita, o al segundo gobierno Trump, que hace fortuna con una consigna de impacto seguro: MAGA &#8211;<em>Make America Great Again</em>&#8211; ¡y con lxs migrantes latinoamericanxs deportadxs!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-190f15c9423884720b909e35bb827c4a wp-block-paragraph">&#8211;<strong><em>Medianía</em>.</strong> El fascismo suele (re)surgir en momentos de crisis o ante ciertas situaciones peligrosas. La Patria Grande -idea y organización- fue un entramado <em>peligroso</em> para la vida capital en América Latina, pues movimientos plebeyos se hicieron del poder público para conducir la estatalidad. Y la pandemia, que afectó la acumulación sin fin del capital también constituyó un momento de peligro. A eso llamo crisis. En la clave clasista, el fascismo “tiene un horizonte fundamentalmente nacional y se apoya en las clases medias” (Canfora, p. 76). El horizonte “nacional” de Milei se verifica en la sacralización de la propiedad privada, de lo propio, y el nacionalismo es eso: lo propio. En este sentido, el (re)surgimiento del fascismo se vincula con los comportamientos de la clase media. La experiencia de gobierno actual empezó a organizarse en un momento absoluto -global- de crisis: la pandemia. En los instantes históricos críticos, la clase media suele dirigir su atención a la clase que le inspira confianza, sea por narrativa o por acción o por ambas: la clase propietaria. Sin embargo, cuando las grandes-mayorías-que-dependen-de-su-trabajo-para-vivir tienen nitidez acerca de <em>su</em> proyecto de clase, cuando cuentan con una dirección perspicaz, firme, audaz, pueden inspirar confianza -y hasta entusiasmo- en las capas medias. En la pandemia la clase media volvió a referenciarse en la clase que concentra la propiedad en sus manos. Me refiero a la <em>gran propiedad</em>, a las grandes fortunas acumuladas por sustracción de la riqueza producida por la clase trabajadora. Puesto que el presidente Milei sostiene y es sostenido por ese poder clasista no puede ser considerado un <em>outsider </em>de la política: surgió del corazón del capital, de la clase que detiene en sus manos la gran propiedad. La idea de gran propiedad remite a poseer grandes capitales, múltiples saberes, controlar la mediaticidad monopólica, contar con una red nacional e internacional de puntos de apoyo, con una jerarquía tupida de instituciones, tener una cantidad indeterminada de privilegios sociales, estar sostenido por una parte conspicua del poder judicial, etc. “El capitalismo no es una abstracción: es un sistema vivo de relaciones de clase que, ante todo, tienen necesidad del poder estatal” (Trotsky, <em>Historia de la revolución rusa</em>, pp. 813-814). Ante la crisis o ante un momento de peligro, ese sistema trata de ubicar alguna modalidad del poder fascista en el corazón de la estatalidad con el propósito de descargar las patologías del poder capital sobre los hombros de la clase trabajadora y cuidar de la clase de la gran propiedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f0b703339de85fd944242608f0c58b5c wp-block-paragraph">La clase media es una medianía: capaz de fuertes -y aceleradísimos- impulsos, pero, a la vez, una clase sin resistencia. Ante el fracaso siente miedo, se espanta, pierde valor. Y cuando sobreviene una crisis puede perder las esperanzas en la emancipación. Entonces desborda de desilusión, tristeza, apatía, descontento, frustración. Además, sus estados de ánimo son muy cambiantes, suelen ser rápidos y violentos, condición que le imprime inestabilidad al impulso emancipador. De todas las condiciones que se requieren para afirmar la emancipación, la más inestable es el estado de ánimo de la clase media. Esto que describo suele o puede acontecer cuando la herramienta de la emancipación titubea, se inclina hacia la socialdemocracia y no es lo suficientemente decidida para guiar las expectativas y las esperanzas del movimiento elemental de las grandes mayorías -de las clases trabajadoras (bajas y medias). La reacción sobrevine si la emancipación no se mantiene firme, si no mantiene su propio <em>número</em>, es decir, <em>su cohesión de clase</em>; si sus cuadros se distraen del proyecto de poder y de estatalidad plebeya y pierden perspicacia, firmeza, audacia. En ese instante se precipita un reflujo que contrarresta la amplificación democratizadora. En este instante la clase media suele o puede distraerse de la emancipación y buscar su “salvación” en el campo opuesto: el de la reacción. Cuando la marea es ascendente y la ola emancipadora, expansiva, las grandes mayorías trabajadoras arrastran a la clase media. En el momento del reflujo, sucede el movimiento inverso: la clase media arrastra a grandes sectores de las mayorías trabajadoras hacia la reacción, <em>que es su propia perdición</em>.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://s1.elespanol.com/2023/04/20/omicrono/defensa-y-espacio/757685033_232572846_1706x960.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Elon Musk, CEO de SpaceX.&nbsp;Foto: Reuters | M. Fernández.</em></figcaption></figure>
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<div style="height:24px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ad06b128e74c94a057fe28cb73fe6930 wp-block-paragraph">&#8211;<strong><em>Lanzallamas</em>.</strong> Esta palabrita refiere a una comunicación política incendiaria, propia de cierta familiaridad con el fuego. El fascismo sigiloso del siglo XXI tiende a la monopolización de la información. En la Argentina estamos ante una escena de mediaticidad monopólica reforzada por el algoritmo de lo que banalmente aceptamos con el nombre de redes sociales y que son en verdad aparatos del capitalismo digital, que responden a la gran propiedad privada concentrada (por caso, X es de propiedad de Elon Musk) y que nos instruyen en los modos cognitivos achatados, deshistorizados y homologados de la glocalidad del capital. Esta situación es muy problemática porque no deja espacios a las voces de minorías y además genera cierta disposición a la censura y hasta a la autocensura, idea que podría expresarse así: “para qué voy a hablar si nadie me escucha”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cd901f47e90ad2d3100f56bf072192ea wp-block-paragraph">&#8211;<em><strong>Tecnicismos incom-probables-prensibles</strong></em>. “La inflación anual que viaja” a no sé qué velocidad y que según ellos es menos expresión de la lucha de clases y más parecida a un tren bala. Un ejemplo. Otro emergente conspicuo se lo escuchamos en la cena organizada por la Fundación Faro, el <em>think tank</em> que dirige Laje, Agustín. En la ciudad menemista de Puerto Madero, el presidente sostuvo: “La canasta básica viaja a menos del 10% y los salarios crecen sistemáticamente desde abril. Sacamos a 12 millones de personas de la pobreza y a 2.5 millones de chicos de la pobreza”. Economicismo que encubre a esas personas que se arrojan con toda su humanidad en los tachos de basura para comer o hacerse de una prenda de ropa. La “novedad” del fascismo sigiloso del siglo XXI, concediéndosela, es una alarmante fuerza político-estatal destituyente de la estatalidad y encaminada a afirmar sus intenciones de dominación, basada en teorías económicas. Éstas -empalmadas con la sacralidad de la gran propiedad privada, el poder de las aristocracias tecnológico-financieras, la fuerza expansiva de los monopolios corporativos globales absolutistas totalitarios- ha tomado el lugar que las teorías raciales tenían en el fascismo arqueológico. De ahí que los pueblos considerados “inferiores” -en el siglo pasado: “latinos”, “eslavos”, “judíos”- hayan devenido clases: trabajadoras, construidas como “inferiores” -por eso se las puede despojar de su condición existencial- en tanto carentes de (gran) propiedad. De otro modo, esto quiere decir alejar lo más posible del Estado y del ejercicio del poder a esas clases. En esta serie de cosas, al pueblo palestino -mano de obra del Estado de Israel en tiempos de no exterminio de masas- se le quiere negar el lazo social con su tierra. Esto es: con la soberanía, lo propio, la existencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ff0d7820ac13011bf2f8087e7bdabc4 wp-block-paragraph">&#8211;<em><strong>Arte de la guerra/represión</strong></em>. Estas modalidades de la violencia devuelven protagonismo e infunden autoestisma a grupos políticos y sociales reaccionarios. En la penúltima marcha por Palestina (julio 2025), sobre Corrientes y 9 de Julio, a metros del Obelisco, un grupo conspicuos de automovilistas se bajaron de sus autos con actitud agresiva para increpar menos a la militancia que a la policía: los invitaban a reprimir la manifestación contra el genocidio. Un policía en moto se alejó y allí empezaron los improperios de los automovilistas. Quedó reverberando en el aire el pedido de uno de ellos dirigido a un policía: “laburá, limpiá la calle”. En otro orden de cosas: la represión de los miércoles en plaza Congreso presenta un proceso social degenerativo insoportable. Habla de la fuerza del Ejecutivo, que se expresa por la intimidación con medios siempre más o menos legítimos, de opaca legalidad. Un freno a tiempo puede sobrevenir de una oposición solvente, dotadas de ideas claras y convincentes, representación a religarse con el movimentismo social en conflicto con el poder de gobierno y que en nuestro país no ceja pese al arte de la guerra; y a las amenazas: una reciente la escuchamos con motivo de la última cadena nacional: “<strong>Si ustedes quieren volver atrás, me van a tener que sacar con los pies para adelante</strong>”. Con esta oración, de sesgo mortuorio, el presidente se dirigió a ese segmento del Congreso que trata de sostener dos instituciones al borde del abismo: una educativa -la universidad- y otra sanitaria -la del Hospital Garrahan-.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-982d2fd2bfd0337fdd805dcb5b70b636 wp-block-paragraph">&#8211;<strong><em>Detención</em>. </strong>Una tarea del poder fascista es la detención. Tiene distintas expresiones: exilio-persecución-muerte (Julio A. Mella, Severino Di Giovanni), persecución y asesinato (Giacomo Matteotti), persecución y cárcel (Gramsci, Cristina Fernández), campo de concentración/desaparición y genocidio en los momentos de mayor radicalización reaccionaria. La función de la detención es uniformar las sociedades: lograr la homologación absoluta de sus miembros. Y suele ser concurrente con la intimidación: “intimidar a partidos contrarios con acusaciones inverosímiles o a opositores individuales con aluviones de querellas [&#8230;], demonizar a gobiernos anteriores anunciando ‘comisiones de investigación’ de manera constante” (Canfora, p. 24), vituperar a los otros poderes del Estado: si una rata aparece en su casa, señor/a lector/a, usted tratará de desalojarla. A eso invita el presidente Milei a la sociedad cuando equipara el Congreso con un “nido de ratas”: inhibir el poder más plural, clasista y federal del aparato liberal republicano democrático.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db804dabf0a84c8adf096f874c4cd19d wp-block-paragraph">&#8211;<em><strong>Corrupción (choreo)</strong></em>. “Con la tuya” puede traducirse como “eso que vos no tenés, te lo robó alguien”. Y ese <em>alguien</em> tiene nombre y apellido. En Europa son los colectivos extracomunitarios (la ola imparable de migrantes procedentes de mundos ex coloniales). En EE.UU. son los colectivos migrantes latinoamericanos, deportados, y encerrados por el carcelero salvadoreño. Los judíos del siglo XX han sido reemplazados por lxs inmigrantes como blanco del odio de las masas descontentas. En la Argentina esa identidad tiene una declinación política: es el K y, más generalmente, la emancipación. La idea que expresan pobremente con la frase “con la tuya”, sin embargo, no es del todo errónea: lo que socialmente nos falta es la igualdad que nos expropió la clase de la <em>gran</em> propiedad, que sostiene el poder teratológico de gobierno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3af148759c18490c0a711ac6deac4244 wp-block-paragraph"><em><strong>Propuesta</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-76447781d1fa17a5fe5ee54d633e3bd3 wp-block-paragraph">Es legítimo alarmarse, <em>ocuparse</em> en vez de preocuparse (la indignación es una cosa inútil si no se ordena políticamente), y no pecar de estupidez cuando observamos que se repiten estos comportamientos, que son propios del poder fascista: “Se trata de un sistema de autoridad que podría definirse como ‘reaccionarismo capilar de masas’, que gira en torno a clases medias empobrecidas, antipolíticas y vagamente xenófobas” (Canfora, p. 24). Todo esto que tratamos de interpretar ha fallado, ha encontrado un límite ante la organización de esa fuerza que en otros momentos de la historia llamamos revolución. Último: el fascismo es una latencia en la historia de los pueblos que se ofrece como apoyo a todo poder interesado en obstaculizar la <em>emancipación</em>. Es ésta sin embargo la potencia que logrará disputarle el consenso al poder anfibio que por ahora se ha hecho del Estado. Esa disputa no será sencilla dada la naturaleza ambigua, contradictoria, dual del poder fascista, que combina la agitación con la represión, la memoria del neoliberalismo del menemato con la “memoria completa” del horror, junto con las modalidades serviciales del poder mafioso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-809592851dd443dc27d2cd2c40330dba wp-block-paragraph">Las <em>izquierdas</em> -revolucionarias y nacional-populares-, que tienen como horizonte y tarea la emancipación, deben enfrentar y resolver, teóricamente, desde el movimiento, y operativamente, desde la parte de la estatalidad que aún ocupamos, el problema más acuciante del momento actual: las crecientes desigualdades (que estallan con peculiaridades estrictamente nacionales en cada país).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d9245ea3042884bff11220996f6c0f7f wp-block-paragraph"><strong>Igualdad es una de nuestras consignas. </strong>Esa antigua virtud en clave popular quiere decir: reciprocidad social, voz pública, poder dentro del Estado, dignidad, participación en la toma de decisiones.</p>



<div style="height:65px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4c77086bf9f5353393529301b8b1750b wp-block-paragraph">Viernes 22 de agosto de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-605a43227e1a74da2762b65f3f122017 wp-block-paragraph">*Filósofo y analista político. CONICET.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17cac7462bc470e79b4fd179499d4275 wp-block-paragraph">La Tecl@ Eñe viene sosteniendo desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe.Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;o&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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