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	<title>izquierda archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>izquierda archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>El prestigio moral de la crítica &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Nov 2018 19:28:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[Kant]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La crítica se vuelve el refugio de las almas bellas donde se mira desde las alturas a aquellos que por acción y responsabilidad están atrapados en el telar contradictorio de la realidad y lo real ingobernable.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-prestigio-moral-de-la-critica-por-jorge-aleman/">El prestigio moral de la crítica &#8211; Por Jorge Alemán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La crítica se vuelve el refugio de las almas bellas donde se mira desde las alturas a aquellos que por acción y responsabilidad están atrapados en el telar contradictorio de la realidad y lo real ingobernable.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es bastante lógico que la palabra Crítica tenga un gran prestigio «moral» en las izquierdas. Una gran tradición ilustrada la precede. Desde Kant a Marx, la crítica en su sentido formal es lo que establece el Límite de un discurso en la construcción de su saber. Luego, esto se ha traslado al léxico de las izquierdas ya que la misma lleva en su génesis la crítica al sistema de dominación imperante. El problema surge a partir del psicoanálisis, experiencia «contra ilustrada», que indicó dos cuestiones claves. En primer lugar, la Crítica a veces refuerza lo criticado. En segundo, criticar, como lo hace el alma bella hegeliana, es muchas veces lo que oculta cómo se participa en lo criticado y funciona de coartada para «lavarse las manos». De esto se infiere que en muchas ocasiones, la crítica para librarse de estos impases se erija en un bien supremo, trascendental, y a-histórico. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No importa ni el peso de la coyuntura, ni las tensiones y antagonismos que la atraviesan, lo importante es el prestigio de la Crítica como operación que muestra que nunca se ha hecho lo suficiente, o que se ha hecho mal o que se ha colaborado con aquello que se proponía transformar. Así la crítica se vuelve el refugio de las almas bellas o del delirio de presunción, donde se mira desde las alturas a aquellos que por acción y responsabilidad están atrapados en el telar contradictorio de la realidad y lo real ingobernable. En otros términos, la crítica en algunas ocasiones, es la represión del momento partisano. El que asume que su implicación está en la coyuntura y desde la coyuntura sabe que está irremediablemente expuesto a la crítica. No hay un punto exterior, afuera de la realidad, más allá de las coyunturas y al margen de los antagonismos, que nos permita ejercer la crítica sin tener muy en cuenta  el momento, el lugar, el medio en que la misma se realiza. Vaya esto por Boaventura de Sousa «criticando» a Lula en el País de España. Acto, decisión, precipitación en la urgencia, imprevisibilidad, juegan de un modo más determinante que la crítica en el momento de la decisión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El horror que prepara el neofascismo se detiene construyendo la fuerza política que lo confronte y no la actitud «moral» (no ética) de los que de inmediato señalan las fallas o imperfecciones como si encarnaran el tribunal de la Historia. Así como hay almas que ya sienten su propia bondad consagrada por el sólo hecho se ser de izquierdas, están los que se sienten moralmente superiores refugiándose en el prestigio eterno de la Crítica. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Madrid, 25 de noviembre de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*<em> Profesor honorario de la UBA, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (España) y de la Escuela de Orientación Lacaniana (Argentina). Poeta.</em></span></p>
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		<title>Izquierdas y derechas &#8211; Por Adolfo Adorno</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Dec 2018 23:00:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adolfo Adorno]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Adolfo Adorno realiza en esta nota una reflexión acerca de los aportes que Atilio Borón hizo en el primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico, organizado por CLACSO, donde el sociólogo y ex secretario de la institución polemiza con los conceptos sobre la pertinencia de las izquierdas y derechas y la reformulación de la categoría Pueblo que Cristina Fernández de Kirchner esbozó durante su exposición en el Foro.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Adolfo Adorno realiza en esta nota una reflexión acerca de los aportes que Atilio Borón hizo en </em></strong><strong><em>el primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico, organizado por CLACSO, donde el sociólogo y ex secretario de la institución polemiza con los conceptos sobre la pertinencia de las izquierdas y derechas y la reformulación de la categoría Pueblo que Cristina Fernández de Kirchner esbozó durante su exposición en el Foro.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Adolfo Adorno*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En oportunidad de realizarse en Buenos Aires el primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico, organizado por CLACSO, el sociólogo Atilio Borón  &#8211; él mismo ex secretario general de la institución &#8211; hizo dos aportes jugosos al evento bajo los títulos: <em>“Pensamiento crítico recargado en Buenos Aires, y las tareas necesarias para pasar a la contraofensiva”</em> y “<em>Pensamiento crítico recargado.2, o sobre la continuada vigencia de la distinción entre derecha e izquierda”.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me interesa comentar el último, ya que polemiza con ciertos conceptos de Cristina Fernández de Kirchner durante su participación en el mismo Foro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El discurso de Cristina, en la parte pertinente, expresa:</span></p>
<ol style="text-align: justify;">
<li><span style="color: #000000;">El neoliberalismo es una construcción política.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">(Esta construcción política genera sus propias categorías de pensamiento).</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><em>Tenemos que generar las nuestras.</em></span></li>
<li><span style="color: #000000;">Una de las categorías de pensamiento que debe ser superada es la de izquierda versus derecha (como explicativa del conjunto de los conflictos de la sociedad), porque está perimida.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Debemos reformular la categoría “Pueblo”.</span></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El compañero Borón sostiene la vigencia de aquella dicotomía teórica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La discusión, que para nada es nueva y sobre todo en la Argentina, tiene carácter teórico en principio, y sin embargo, como todo disenso en el campo de las ideas, puede tener consecuencias políticas, esto es, colaborar a que el Pueblo construya poder o alejarlo de él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ello elijo concentrarme en la asociación que hace Borón entre la propuesta de renovación teórica de Cristina con la de Francis Fukuyama en los 90.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fukuyama no quedará en la historia de las ideas como un filósofo de lectura obligatoria, sino como un lúcido agente de marketing. Funcionario del Departamento de Estado, su misión consistía en difundir para las elites intelectuales del primer mundo la justificación en el campo de las ideas del fin del mundo bipolar, proceso que ocupó prácticamente todo el siglo XX, desde Yalta hasta la caída de la Unión Soviética como potencia “socialista”. (Perdón por las comillas, pero no tengo más remedio).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tengo la impresión de que los períodos de restauración conservadora no se caracterizan por la profundidad de su pensamiento, sino todo lo contrario. Por eso, y con el apoyo de los medios masivos de difusión de consignas, un funcionario como Francis saltó a una fama conveniente para él y para quienes le pagaban el sueldo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todos sabemos sin embargo que el devenir no se detiene porque lo anuncie un vocero rentado. No ocurrió con Hegel, menos podría este personaje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En todo caso, la suya será la suerte de los abogados de Alejandro Magno, cuya tarea se reducía a explicar a los pueblos conquistados el porqué de la llegada del emperador. Nadie recuerda sus nombres.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No era pues, el fin de la historia, sino el de la Unión Soviética. No era el fin de las luchas cruentas por el poder mundial, sino el de aquéllas en las que estaba involucrado el Kremlin. No fue el fin de las “ideologías”, sino el supuesto certificado de defunción del marxismo teórico, y su reemplazo por el credo político y económico del Consenso de Washington.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tampoco fue el fin de la dualidad entre izquierda y derecha en el plano teórico. Es verdad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cristina destaca el origen fortuito de la categorización como para recordarnos que nada tuvo que ver el rigor conceptual sino la ubicación física casual de los concurrentes en relación al presidente de la Asamblea en 1789. Esto es historia y no una versión antojadiza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si habrá sido poderosa Europa que desde entonces se asoció izquierda con cambio más o menos drástico del status quo y derecha con su conservación. Naturalmente, la distinción &#8211; por más ambigua que fuere &#8211; se impuso hasta en los pueblos conquistados, es decir, entre nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El problema se agravó para el mundo civilizado cuando Carlos Marx desnudó de un modo implacable las claves de funcionamiento del joven sistema capitalista, la plusvalía y el rol de la burguesía: el impacto que produjeron sus escritos fue como el de un “fantasma recorriendo Europa”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Poco faltaría para que “izquierda” se asociara fundamental &#8211; sino exclusivamente &#8211; a marxismo, con lo cual la falta de rigor del concepto original se solucionaba por advenimiento de un pensador genial &#8211; naturalmente europeo &#8211; cuyo propósito estaba muy por encima de intrigas semánticas previas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ni qué decir que Latinoamérica importó el hallazgo, incluyendo los debates teóricos al interior del marxismo; no sólo las preguntas sino también las respuestas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para agregar historicidad a esos debates: sucede la Revolución Rusa, Yalta y la bipolaridad, Cuba pero también China, Praga y luego el eurocomunismo, Argelia, los marxistas franceses y Viet Nam. Los marxismos “nacionales” y los aún internacionalistas. Y finalmente los escombros del muro de Berlín.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Izquierda” se empezó a asociar no ya con el marxismo, sino con “algún” marxismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La intelectualidad europea tuvo expresiones críticas al corpus teórico de la obra de Marx en consonancia con la falta de una homogeneidad en los “socialismos reales” que denotara contundencia universal. No podemos abordar ahora la sustancia de esas críticas, pero vale mencionar que cualquier experiencia política de enfrentamiento con el status quo y con protagonismo popular en Latinoamérica que no reconociera al marxismo como inspiración teórica, era calificada “de derecha” por aquella izquierda. En cambio las críticas al marxismo teórico eran tomadas con un respeto casi reverencial si provenían de un Sartre, de un Lacan o de un Benjamin.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En todo caso, la categoría “izquierda”, que había cobrado un significado absoluto casi por casualidad y devenir históricos, empieza a adquirir una ambigüedad que la experiencia de los pueblos y las naciones no hace más que acentuar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si la dualidad izquierda &#8211; derecha se aplica a expresiones como el partido demócrata y el republicano en EEUU, la democracia cristiana y la socialdemocracia en Alemania, el PSOE y el PP en España… ¿qué es, pues, la izquierda?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y esto nos conduce, como no podía ser de otro modo, al Peronismo, un fenómeno único, cuyo desarrollo es observado con mucha atención por la academia la mayor parte de las veces como enigma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los movimientos políticos que han encabezado &#8211; y siguen protagonizando &#8211; procesos de transformación social y de cuestionamiento efectivo del poder, ¿son de derecha o de izquierda?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me apresuro a afirmar que esa dualidad abstracta no los contiene. Más bien los limita. Y he aquí el desafío teórico que propone Cristina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Borón comprende a la perfección la lógica del “enemigo” cuando señala que elige como blanco a los gobiernos populares. Ya había sucedido con el primer gobierno peronista, con el tercero de Perón y con los de Néstor y Cristina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Disiento no obstante con la explicación de esa coherencia. No es el “potencial” lo que los inquieta, sino sus realizaciones. No es la latencia de algo superior que vendrá, sino el esmerilamiento cotidiano de su poder lo que los une ante el peligro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En otras palabras, no es que el poder de la oligarquía en sus formas actuales se ocupe más del peligro peronista porque algún día puede convertirse en izquierda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Diría yo por el contrario que su verdadera preocupación es que las expresiones políticas que aún prefieren mantener su “izquierdismo nominal” (la evocación de aquél diagnóstico de Lenin al respecto es pertinente) abandonen su condición purista y se comprometan con el Movimiento Nacional Popular Democrático y Feminista, que sigue siendo el Hecho Maldito de la sociedad neoliberal en nuestra región.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gran peligro de que no lo asumamos así es que persista la división entre las fuerzas populares. No es ya una cuestión de términos sino un proyecto político.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Creo que en este sentido la de Cristina es una convocatoria inédita desde 1974, con el antecedente de la transversalidad de hecho que intentó Néstor Kirchner: es hora de generar nuestras propias categorías y de reformular etiquetas sospechosamente antiguas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sería  una reedición del proceso de nacionalización de las clases medias durante los 60, a una distancia suficiente que nos permita no repetir errores, por sectarismo o por estupidez, si es que hay alguna diferencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">O vendrán “ellos” a explicarnos por qué somos una colonia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 4 de diciembre de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Abogado. Miembro del equipo de asesores de Emanuel Álvarez Agis (viceministro de Economía) durante 2014 y 2015. Ex docente de la Universidad de la Matanza. Coeditor del blog <a style="color: #000000;" href="http://gatosporliebres.blogspot.com/" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?q=http://gatosporliebres.blogspot.com&amp;source=gmail&amp;ust=1544060091918000&amp;usg=AFQjCNENomK0spk4b8JyM1CuxfBurbQwWA">gatosporliebres.blogspot.<wbr />com</a></span></p>
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		<title>Un tiempo para las preguntas &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Aug 2019 14:41:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[UBA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan sostiene que en la facultad de filosofía y letras de la UBA se suele dar por sentado que allí se es de izquierda. El problema sobreviene cuando hay  que enfrentar argumentos de derecha que son, por cierto, los que bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Martín Kohan sostiene que en la facultad de filosofía y letras de la UBA se suele dar por sentado que allí se es de izquierda. El problema sobreviene cuando hay  que enfrentar argumentos de derecha que son, por cierto, los que bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Uno de los problemas que, a mi entender, afrontamos habitualmente en la facultad de filosofía y letras de la UBA es que solemos dar por sentado que ahí somos todos, de una u otra forma, de izquierda. De una u otra forma, pero de izquierda, siempre de izquierda, todos de izquierda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A menudo, probablemente, puede que en efecto sea así, que lo seamos; pero no es una eventual comprobación empírica lo que me interesa, sino las condiciones discursivas que tal premisa (justificada o no) establece de hecho (aunque de todos modos, basta con que uno solo de los presentes asuma otra perspectiva ideológica, para que dicha premisa se torne, no sólo falsa, sino también prepotente y mortificante).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las condiciones generales de nuestros intercambios nos entrenan pues hasta la experticia para debatir cuestiones de izquierda en todas sus variantes y en todos sus matices (izquierda y peronismo, desde ya; pero también proletariado y campesinado, vanguardia y revolución, redefiniciones de la noción de trabajo, foquismo y obrerismo, etc., etc., etc.).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora bien, somos también, y por las mismas razones, bastante ineptos, o enteramente ineptos, para enfrentar argumentos de derecha. Que son, por cierto, los que, fuera de la facultad y su notorio microclima, bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general. Ante posturas netamente reaccionarias, las que en ese afuera abundan, no sabemos discutir tan bien, no estamos tan bien preparados para hacerlo, por la sencilla razón de que no forma parte de nuestros hábitos de polémica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso me resultó más que significativo un hecho que aconteció el otro día, en una de las sesiones de unas jornadas sobre cuerpo y violencia. En una de las aulas de la facultad, y en el tramo dedicado a preguntas y comentarios al cabo de una de las mesas de ponencias, una de las asistentes desplegó con marcado énfasis varios de los criterios que se reconocen como propios de la derecha: la percepción de que la inseguridad cunde sin control, la plena justificación de un estado de miedo respecto del delito, el reclamo de mano dura, la protesta porque los delincuentes son liberados de inmediato, la defensa de la justicia por mano propia y la suspensión de las garantías constitucionales. Algo hubo de Blumberg en su planteo, algo de Patricia Bullrich y algo de Eduardo Feinmann. La intervención casi no recibió objeciones. Me pareció incluso que se la daba por buena. Pienso que habría que preguntarse por qué.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 3 de agosto de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>El tabú de la correlación de fuerzas &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Jul 2020 01:57:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[correlación de fuerzas]]></category>
		<category><![CDATA[críticas]]></category>
		<category><![CDATA[fuego amigo]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio González responde en este artículo a Jorge Alemán, y abre el debate en torno a la cuestión de las izquierdas en el mundo, las críticas al gobierno nacional y la correlación de fuerzas. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-tabu-de-la-correlacion-de-fuerzas-por-horacio-gonzalez/">El tabú de la correlación de fuerzas &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Horacio González responde en este artículo a Jorge Alemán, y abre el debate en torno a la cuestión de las izquierdas en el mundo, las críticas al gobierno nacional y la correlación de fuerzas. </strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quisiera cruzar algunas líneas con Jorge Alemán respecto a la cuestión de las izquierdas, no solo en la Argentina sino en el mundo. Como serán breves, es evidente que habrá un contraste entre la enorme dimensión del problema y la rápida atención que le dedicaré. Tan solo para establecer una respuesta que ojalá anime un debate fructífero. No pienso que debamos ser exclusivamente los hijos de un pensamiento que se basa en la correlación de fuerzas, tal como la pueda establecer algún extraño aparato de medición de energías sociales consolidadas. No puede nadie ignorar la situación que atravesamos, primero, una enfermedad globalizada que inmoviliza a las sociedades y difunde un sentimiento de autoprotección desconfiado y huraño -desde luego en medio de muestras generosísimas de solidaridad -, sumada a una inédita paralización de las formas clásicas de la economía que por tener dimensiones catastróficas, hace temblar al gran concepto humanista de “primero la vida”. Además, el sigiloso pensamiento político de grandes multitudes inconfesables, adquiere peligrosas notas de resentimiento en procura de amos payasescos, como Bolsonaro o Trump, en tanto que lo que antes hubiéramos llamados “socialdemocracias”, ensayan jugadas de memoria que tenían escondidas en su pecho egoísta y conservador, intentando protegerse con medidas de derecha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Llamamos así el previo acatamiento de los gobiernos -antes de cualquier reunión, discusión o disputa- a lo que proponen las grandes empresas que ya tienen computado su cálculo de sacrificados que marchan a la pira del contagio, para que se lancen a jugar más brutalmente los letales algoritmos financieros. Abrir las compuertas de la producción se convirtió en una consigna contra los gobiernos que habían postulado la “primacía vital” -unos pocos, entre ellos el de la Argentina-, para hacerlos ceder en vista de que tampoco era posible reconstruir una economía de otro tipo, al margen de la estructura financiera que no cesa de retozar con la quiebra de las naciones, de las que ni quisiera podrían hacerse cargo, pero no lo quieren, pues es engorroso pagar el sueldo de médicos, maestros y empleados del estado. Solo quieren saborear el jugo que sigue goteando del pago de las viejas y nuevas deudas, asfixiando a los pueblos con sus reclamos de usura, que son la ruta paralela al virus. Las industrias de la conversación presencial, con sus finas tecnologías y las clases a distancias, marcarían nuestro horizonte. Escribió Ezra Pound: “Sientan cadáveres a su banquete por mandato de usura”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jorge Alemán, a cuya obra no le escatimamos la lectura ni la merecida valoración de sumo aprecio, deduce que alguien que sea de izquierda debe poner al resguardo toda una memoria social militante, en los galpones de lo poco que reste de buenas intenciones en el mundo. La crítica a la que estábamos acostumbrados no sería conveniente. Nos convertiríamos en cuidadores de póstumos mendrugos de lo que ya fue. Con un pensamiento así dispuesto, correríamos siempre el riesgo de contraer el virus de una “enfermedad infantil” de párvulos izquierdistas, profesionales imprácticos que marcamos cuestiones y señalamos falencias. Solo por tener el goce de hacernos los niños rebeldes en medio de la tempestad que carcome al barco. Ante esta eclosión de neonazis, amenazas guerreristas, metrópolis descorazonadas, profusión de cálculos pesimistas sobre el uso ultraderechista de la pandemia, quienes saben lo que es una vida de izquierda, deben replegarla ante el sórdido espectáculo de los poderes desnudos que acechan por doquier.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Banqueros desaforados, amenazas de invasiones a Venezuela, trolls desbocados que siguen tecleando excrecencias, utilización de consignas de “libertad y derechos humanos” para enmascarar un nuevo golpismo que establezca el gobierno del Capitalismo y de la Muerte a Crédito. Todo esto lo sabemos. Pero Jorge se suma a los que muestran enojos diversos, ante situaciones que merecen una crítica sensata y que muchos elegimos hacer con voz propia, no sin respeto ni prudencia. Llama, equivocándose, “vanidosos” a estos críticos que no sabrían soportar el peso de las obligaciones que implica apoyar sin más al Gobierno. Pero debemos saber que un gobierno efectivo es también la suma de las críticas que salen de su propio cuerpo de electores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya sé que Jorge no concedió al desdichado concepto de “fuego amigo”, pero concede situar su palabra siempre incisiva, en lugares donde se manejan esas hipótesis desagradables. “Fuego amigo”, el oxímoron dedicado al infeliz. Ojalá que el debate y la opinión sobre cómo mantener la democracia en la Argentina, sostener alianzas viables y denunciar la conspiración en marcha de los necios, sea un compromiso tan importante como el que permita dirigirse con medidas más enérgicas hacia las grandes concentraciones de poder, que en nuestro país todos sabemos cuáles son.  Si eso lo reclama un conjunto movilizado de personas que compensen en el sentimiento público las tantas manifestaciones adversas del prediseño golpista, nada sería más inconveniente que pararlas diciéndoles que antes deben sacar el “medidor de las relaciones de fuerza”. Sería festejar la inmovilidad y llamarla movilización. No lo pienso así Jorge. Quedamos amigos.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 17 de julio de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Sociólogo, escritor y ensayista. Ex Director de la Biblioteca Nacional. </em></span></p>
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		<title>SILBIDOS DE UN VAGO 13 – Declaracionismo y descontento &#8211; Por Noé Jitrik</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Jul 2021 19:38:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noé Jitrik]]></category>
		<category><![CDATA[descontento]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Castillo. declaracionismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pedro Castillo ante los desafíos de gobernar frente a una derecha primitiva, el declaracionismo de izquierda y el descontento de las clases medias.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Pedro Castillo ante los desafíos de gobernar frente a una derecha primitiva, el declaracionismo de izquierda y el descontento de las clases medias.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Noé Jitrik*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">I</span></strong>ncreíble la imagen de Pedro Castillo, elegido presidente del Perú. Arduo camino le espera por otra situación igualmente increíble, la cantidad de votos que consiguió la Fujimori: ¿qué les pasa a sus votantes? Ella va a patalear un tiempito pero pronto comprenderá que el único camino que le queda es actuar en adelante como Patricia Bullrich, no porque sea mujer, como ella, aunque ninguna de las dos lo parecen; Bullrich tiene como meta impedir, corroer, destruir, lo demás no importa, para la Fujimori será lo mismo, peor porque no podrá sacar de la cárcel a su papá y porque, si Castillo no afloja, ella misma puede ir a acompañar a su progenitor en la lóbrega soledad de una mazmorra peruana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero esa perspectiva desencadena una pregunta más importante: ¿cómo hará Castillo para enfrentar, y derrotar, a esa derecha primitiva y salvaje y numéricamente importante, eso que calificaba como increíble? Si un “esclarecido” Vargas Llosa, que ya no puede pensar, apoyó a la Keiko ¿qué se puede esperar de los que no piensan pero actúan cuando apunta un político popular, salido de la gleba, impoluto e instruido? No es difícil imaginar que la oligarquía peruana empiece a prepararse para socavar su escaso poder, otro presidente sustituido o suicidado mucho no le afecta, semejante a lo que hacen todas las oligarquías, la que hizo la alemana cuando el payaso de Hitler apuntaba y la débil socialdemocracia intentaba sobrevivir. Terrible amenaza que, ciertamente, Castillo tendrá que enfrentar. ¿Podrá solo? ¿Quiénes lo están respaldando, apoyando, ayudando? Lo veremos, pero si algo se puede desearle es que se cuide, que mida cada paso y, sobre todo, que se cuide del mal que aqueja a los políticos que se atreven, o sea, las excesivas declaraciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es decir algo en el aire: no hay que esforzarse demasiado para considerar que el declaracionismo ha sido una constante en América Latina, no sé desde cuándo: Yrigoyen casi no hablaba, irrumpía, Vargas era contenido, Perón contundente, pero otra cosa inauguró Fidel Castro, sus tres o cuatro horas de micrófono casi todos los días al principio eran sorprendentes y hasta seductoras, sobre todo porque explicaba, era docente, pero luego volvía sobre sí mismo y ya no era lo mismo, sus enemigos aprovechaban la facundia para hacer olvidar la revolución. Chávez siguió por ese sendero pero era diferente, el poder de la palabra desaparecía en la sobreabundancia, el desafío y la presencia, para quienes lo odiaban era ruido, sólo oían eso y no que hacia girar la estructura. El hecho es que cada político de izquierda que gana un espacio, cuanto más importante es, más notorio es el deseo de declarar, propósitos, intenciones, propuestas, desafiantes los tonos o lo que venga. López Obrador declara la “Cuarta transformación” y como lo hace constantemente la derecha mexicana se agrupa, no se convence y quienes lo escuchan ya estaban convencidos, no necesitaban que se les repitiera tantas veces. Morales no era ni es lo mismo, su parquedad es ejemplar y si lo voltearon no fue porque hablara demasiado sino porque hacía mucho. Y por casa ¿cómo andamos? Los voceros de la izquierda, fuera del poder, invocan infatigablemente a los “trabajadores” que, quizás rumiando el futuro del socialismo, callan. Fernández, por su lado, es tranquilo, no promete sangre, sudor y lágrimas, como lo hacía el mitológico, y bombardeado, Churchill, sino algo razonable, se detiene al borde del precipicio de la exasperación y vaya si tiene motivos para estar exasperado, yo lo estoy y agradezco que él no. Quisiera que se apreciara esa economía discursiva, para los enemigos es letal mientras que el declaracionismo es pasto para las fieras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La derecha no es declaracionista, es simplemente gruñona, in–argumentativa, repetitiva y criticona, no sabe lo que es la crítica en ninguno de sus aspectos, sobre todo respecto de sí misma y en eso reside en ocasiones su éxito: ser de derecha es devolver en el espejo del discurso ese no-lenguaje, muchos lo compran como quien adquiere dos televisores al precio de uno en Miami; no le dura demasiado ese éxito pero el fracaso no la destruye, regresa, se asemeja, pero al revés, al eterno regreso del lenguaje poético. Ni siquiera necesita creer en sus sonsonetes, le basta con excretarlos y tan felices y contentos cuando verifican que hay quienes los reproducen, desde legisladores hasta filósofos pasando por abundantes mediócratas. Pero no producen reacciones como las que producen las de los declaracionistas de izquierda o más o menos: es como si se aceptara que la vaciedad es un requisito para tener un lugar en el mundo y un elemento componente de lo humano. ¿Qué hacer con eso?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Encontrábame, como se dice en las novelas, hace unos años en un banco esperando meter mi tarjeta de débito en la ranura –no como González Tuñón que escribió que si uno ponía una moneda en una ranura/ vería la vida color de rosa- cuando un señor algo mayor, no sé si que yo, pero mucho mejor vestido, empezó a emitir ardientes invectivas contra Cristina Fernández de Kirchner, a la sazón presidente de este país. Le parecía una burla el aumento que había percibido en su jubilación, que no parecía, por su pinta, que fuera tan magra: le parecía poco. Pensé, en ese momento, que no pensaba en sus compañeros de infortunio, millones de jubilados a quienes ese aumento, algo inesperado, les venía bien, era un respiro. Pensé que el ser humano es un insatisfecho, no sabe recibir, nunca es suficiente lo que le toca y, por consecuencia, siempre está con bronca; si hasta el amor de que es objeto le parece poco, como le va a parecer bastante lo que venga del gobierno, en  el caso de la Presidente. Pensé que se me estaba ocurriendo algo original, una explicación de vastos comportamientos políticos: en el Brasil Lula logró mediante algunas leyes sacar de la pobreza a cuarenta millones de personas. ¿No era algo? ¿Cómo reconocieron este cambio de situación, de indigencia a pobreza quizás o de pobreza a algo más? No hice la cuenta pero la respuesta ahí está, votando a Bolsonaro y abandonando a Lula a su suerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vaya con la naturaleza humana, nunca es suficiente lo que me dan. Descubro, verificando que todo está ya pensado y escrito, que Kant, el mismísimo Kant, se refirió a este asunto: “El hombre (¡pobre! no sabía que debía haber dicho, y la mujer) no está nunca contento con lo que posee, y ambiciona siempre otra cosa”, le contó a un remoto Nikolai Karamsian, en junio de 1789 (tampoco se imaginó que un mes después, ese descontento cambiaría muchísimas cosas en el mundo, la revolución llamada francesa, de los puros descontentos, con justa razón). Añado: esa “otra cosa”, nadie que aspira a ella sabe qué es, burros que persiguen ilusorias zanahorias, siempre falta, nadie puede decir que está satisfecho con lo que le toca porque a muchos no les toca casi nada. “El descontento y la promesa” escribió Pedro Henriquez Ureña refiriéndose a la literatura del continente: sigue resonando la expresión, ese descontento, que es malestar en los bien alimentados de las clases medias y altas, produce, en literatura. ¿No producirá igualmente en lo político y lo social? ¿No será que el descontento es el punto de partida de la idea de la lucha de clases?   </span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 24 de julio de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.</em></span></p>
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		<title>A la izquierda de lo posible &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Aug 2021 23:50:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark retoma la pregunta que se hiciera Daniel Bensaid con relación a qué tipo de posición es la que se sitúa “a la izquierda de lo posible” y desarrolla la idea de que esa expresión remite a la reacción ante el ataque neoliberal a toda mediación popular democrática. Sztulwark sostiene que quizá se trate de una inesperada vigencia de la tradición de los oprimidos, un tipo de presencia cuya única existencia consiste en el hecho de ser continuamente conjurada.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Diego Sztulwark retoma la pregunta que se hiciera Daniel Bensaid con relación a qué tipo de posición es la que se sitúa “a la izquierda de lo posible” y desarrolla la idea de que esa expresión remite a la reacción ante el ataque neoliberal a toda mediación popular democrática. Sztulwark sostiene que quizá se trate de una inesperada vigencia de la tradición de los oprimidos, un tipo de presencia cuya única existencia consiste en el hecho de ser continuamente conjurada. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“Moscú, tal como se presenta ahora, por el momento, reducidas a un esquema, todas las posibilidades: sobre todo, las del fracaso y del éxito de la revolución”</em>.</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Walter Benjamin, carta a Martin Buber</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1. Geopolítica</strong>. Las ciudades ya no aspiran a realizar ciertas ideas, sino a corporizar la dinámica de los capitales. Lo que fue Moscú para el comunismo o Jerusalén para el sionismo es algo que pertenece, en cierto modo, al olvido. No hay más ciudades capitales de ideas, sino ciudades del capital. Jun Fujita Hirose ha escrito, en un libro reciente de filosofía política, que el Partido Comunista Chino es hoy el partido del capital global. El único partido que, por razones geopolíticas, es capaz de pensar una temporalidad que trascienda el corto plazo y una espacialidad que articule la polaridad norte-sur. El estado chino no es un estado más. Sino el que mejor efectúa la conversión de un tipo de modelo de acumulación de capital fundado en el petróleo, a otro fundado en metales raros. China se ha situado a la vanguardia de la articulación entre neoextractivismo sobre tierras raras e infocapitalismo, las grandes operaciones actuales del capital global. En contacto con las capitales, las ideas del siglo XX se disipan. Beijín, en cambio -en este nuevo siglo- parece ser otra cosa: la ciudad capital del capital.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2. Centinela</strong>. Del otro lado se encuentran las ideas tal y como han sabido preservarse del contacto con las instituciones estatales. Se trata de otro régimen de existencia. Daniel Bensaid se refiere a cierto régimen de cuidado de esa existencia frágil, que son las ideas que no aspiran a realizarse en ningún tipo de poder. Los cuidadores de esas ideas, que viven entre los libros y los sueños, en un estado puramente narrativo: los “centinelas”. Ellos asumen la función de preservar ese tesoro vulnerable, en atenta vigilancia. Conservan aquello que Walter Benjamin llamaba “la tradición de los oprimidos”. Una tradición que no cabe ni se resume en institución alguna, ni se “territorializa” del todo en ningún país. Walter Benjamin es un buen ejemplo de este régimen de existencia. La “tradición de los oprimidos”, formada por todos aquellos posibles que no fueron nunca realizados, que quedaron desplazados y olvidados en cada triunfo “en el prostíbulo de la historia”, tiene en las <em>Tesis sobre el concepto de historia</em>, un principio de escritura. Es pensando en Benjamin, que Bensaid habla de un “centinela mesiánico”. Se trata de una figura de rasgos precisos. Un marxismo que conserva los textos originales ante la malversación burocrática, un “comunismo marrano”, que no se confunde con las izquierdas modernizantes. Materialismo histórico y misticismo. Eso es Benjamin para Bensaid: un judaísmo “no religioso” y un comunismo “no estalinista”. La preservación de la tradición tiene un enemigo declarado: el conformismo. Así lo explica Bensaid en su libro <em>Walter Benjamin, centinela mesiánico. A la izquierda de lo posible</em> (Cuenco del plata, Bs-As, 2021) ¿Qué tipo de posición es ésta que Bensaid sitúa “a la izquierda de lo posible”?</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3. Percepción</strong>. Decir que algo está “a la izquierda”, supone un espacio convencional (originalmente un cuerpo legislativo) visto en perspectiva. Es evidente que la expresión “a la izquierda de lo posible” no se refiere a este tipo de espacio, al menos no inmediatamente. Y por tanto apela a alguna forma especial de la percepción. Según John Berger, la percepción se constituye en una tensión entre la mirada, que viene siempre antes, y la palabra que trae siempre una creencia que la condiciona. Sin que se alcance nunca una adecuación entre lo que miramos y lo que decimos. La percepción ocurre en el mutuo relevo del mirar y del decir. En su bellísimo libro <em>Modos de ver</em> (GG, Barcelona, 2019), Berger da cuenta de cómo funciona la percepción: jamás capta un objeto aislado, siempre establece una relación entre una pluralidad de cosas. Pero, además, produce una relación entre esas cosas y nosotros mismos. Y entre nuestra percepción y el hecho de ser percibidos, lo cual, en el mundo de las palabras, conlleva una cierta tendencia a la conversación, y a la esfera pública. De hecho, leyendo a Berger alcanzamos a comprender con claridad el modo en que la percepción da paso a la representación, cuando las imágenes se autonomizan de la visión, volviéndose signos de otra cosa, presencia de una ausencia. Lo visto sustituido por su reproducción. A la larga, se asiste a un cierto poder -que Guy Debord llamó “espectáculo”- de la representación sobre lo representado, dando lugar a problemas fundamentales de la política. Lo político mismo se sitúa -muere y renace- en el juego de relevos y desfasajes que operan en la percepción, la creencia y la representación.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://i.vimeocdn.com/video/613636161?mw=900&amp;mh=507&amp;q=70" alt="La mirada masculina de John Berger -" /></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>4. Experiencia</strong>. La idea misma de experiencia, sobre la que trabaja Walter Benjamin en <em>El narrador</em>, supone un juego atento sobre estas secuencias de percepciones, creencias y representaciones. Narrador es quien por medio de la oralidad y la memoria, torna comunicable el acontecimiento, hace de la experiencia algo transmisible entre generaciones. De la que dependen la trama interna y artesanal de la huelga y, a la larga, de todo desvío de los tiempos (verdarero objetivo de la política). Benjamin sitúa la narración en el anuncio mismo de una prosecución incesante, resistente al flujo de la información, del mundo tal como queda prefigurado por la industria capitalista de la comunicación. Hay una cierta relación necesaria, entonces, entre narración y tradición de los oprimidos, puesto que ambos recurren a la experiencia como momento de la interpretación, frente a la circulación infinita del dato, palabra sin saber vital.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>5. Izquierda</strong>. Volvamos entonces al problema de percepción que plantea la expresión “a la izquierda de lo posible”, y al extraño lugar ubicado en la ostensible no coincidencia entre la mirada y las palabras. La expresión “a la izquierda de lo posible” remite a coordenadas espacio temporales que carecen de sentido por fuera de la memoria de la tradición. Ni fuera ni dentro, ni manifiesto, ni latente: “a la izquierda” nombra una existencia cuya posición resulta inasignable por fuera del desplazamiento que introduce. Un tipo de presencia cuya única existencia consiste en el hecho de ser continuamente conjurada.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>6. Límite</strong>. Algo de esto parece intuirse en la actividad política. Ernesto Sanz, uno de los fundadores de la alianza UCR-PRO-CC, declaró hace unos días en una entrevista con <a style="color: #000000;" href="eld://action/navigate?type=Article&amp;params=https%3A%2F%2Fwww.eldiarioar.com%2Fapi%2Fv4%2Fnews.json%3Fid%3D8182266%26signature%3De6fa8dae8b833afcaf7396deb743d39d75eff80a"><strong>elDiarioAR</strong></a> lo siguiente: “La única manera de resolver el problema del conurbano es con una gran alianza de construcción de poder con las organizaciones sociales y las pymes. No se puede seguir estigmatizando a los Grabois, a los Pérsico y a los padres Pepe Di Paola (&#8230;) Hoy la emergencia es el empleo y hay que trabajar con las organizaciones sociales que están administrando con mucha eficacia, en cuanto a que <em>están evitando</em> el estallido social”. La cita no dice nada que no sepamos. Aunque se mueve en el terreno de lo que venimos argumentado. Porque aunque lo sepamos, es preciso preguntarnos por esta clase de saberes. Según Sanz, las organizaciones sociales están “evitando el estallido”. Desde ya que la política agradece esta acción, de la que ella por sí misma sería del todo incapaz. No es esto lo que llama la atención, aunque es de agradecer que la labor de las organizaciones sociales no sea siempre y cada vez criminalizada. Lo que cuenta es el tipo de actualidad que le confiere al estallido. Presente y precariamente aplazado. El estallido ya casi existe. Es importante el “casi”, porque designa practicamente la dirección de concreción de una tendencia apenas postergable. Sanz dice algo al borde de lo que sabemos: que la política, gracias a las organizaciones sociales, logra por el momento contener (o posponer) algo que apenas si logramos imaginar. Porque: ¿qué sería ese estallido? ¿sería un 2001? ¿Pero, qué sería hoy un 2001? El 2001 vuelve a presentarse como límite. Límite de la política. Del otro lado del límite se encuentra lo que los políticos llaman la “antipolítica”. Ese lugar al que se arriba cuando la política de los políticos fracasa en sus términos.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>7. Antipolítica</strong>. El 19 de diciembre de 2001 una multitud de personas coreó una consigna recurrente: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Muy distinta -que duda cabe- del “vamos a volver”, vigente en las movilizaciones populares de los años 2015 y 2019. Como señaló en su momento Horacio González, las calles de aquel diciembre se detenían en la plaza sin expectativas de una palabra que pudiera bajar desde el balcón de la rosada. Aquella marea ponía los pies del otro lado del límite: nada que proponer, nada que reponer. Visto retrospectivamente, esa situación contrasta con el uso del “Que se vayan todos” en boca de los reaccionario-libertarios. Las consignas funcionan en contextos concretos. No suena igual ese cantito en boca de los desposeídos, que en boca de los poseedores. Aunque vale la pena preguntarse, cómo es que las consignas pegan toda la vuelta entera antes de volverse neutras. ¿O alguien puede creer que esa consigna decía lo mismo en boca de movimientos piqueteros y asamblearios, contra el ministro Cavallo, que en boca de una nueva derecha que piensa como él? “Vamos a volver”, en cambio, fue una consigna que evitaba acercarse al límite. El antimacrismo tenía una memoria inmediata. Tenía a donde regresar, una meta próxima. Desde ahí se resistía. A diferencia del “Que se vayan todos”, había un desde donde tangible en el tiempo y en el espacio. Como lo tiene hoy esa derecha que se presenta como antipolítica. “Vamos a volver” trama e imagina una actividad estatal que aspira a condicionar en lo posible a los mercados. La derecha antipolítica, en cambio, imagina un mundo de mercado sin mediaciones, y procura controlar de modo directo el estado a esos fines.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://werkenrojo.cl/wp-content/uploads/2019/10/Chile-Rebeli%C3%B3n-700x400.jpg" alt="werken rojo – narco politica" /></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>8.</strong> <strong>Escena</strong>. A la izquierda de lo posible se dan escenas como las que vimos durante fines de 2019 en las calles de Chile, y hace unas semanas, durante la apertura de la Convención Constituyente. No son escenas habituales, porque no son escenas neoliberales (aun cuando no alcancen, desde ya, para acabar con el neoliberalismo). Tampoco es una escena típicamente populista (no parece ser éste el tipo de articulación que el populismo piensa y desea). No es una escena típicamente “política” (mas bien se presenta como un inmenso cuestionamiento a dichas coordenadas). Menos aún una escena “antipolítica” (sino una escena de antagonismo directo a los poderes que sueñan con liquidar las mediaciones democráticas y populares). Se trata, sí, quizás de una escena atípica. En la que se activan percepciones, creencias y representaciones de otro orden. “Revés de trama”, diría David Viñas, para mostrar la emergencia de lo sujetos explotados en un cierto período. No es sólo Chile. Es algo más extendido e inasible, que no deja de aparecer un poco por todas partes. Es la reacción ante el ataque -lo que solemos llamar neoliberalismo- a toda mediación popular democrática. Una inesperada vigencia de la tradición -de los oprimidos-, sería otro modo de pensarlo.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>9. Amargura</strong>. En Moscú, Benjamin se irrita con la “nueva burguesía” y con la nueva religiosidad del estado y su estética monumental. La “santificación de la técnica en detrimento del erotismo”, comenta Bensaid. El paso de los años y la burocratización desarticulan la relación entre consignas y experiencia. La política cívica que surge desde abajo resulta adulterada por la que viene de arriba. Benjamin abandona Moscú en febrero del 27. Marcha llorando a la estación de trenes. Su amargura proviene de la enfermedad de Asja Lacis. Pero hay algo más. Esa amargura –“metódica”, agregaría Christian Ferrer- concentra una “lucidez histórica en alerta”. Una lucidez que actúa una y otra vez recorre la concatenación entre percepciones, creencias y representaciones, y una disposición en alerta -que define al centinela- y recuerda -de otra forma, en otro mundo- una de las imágenes que proponía Horacio González en uno sus últimos textos, publicado en <a style="color: #000000;" href="https://lateclaenerevista.com/llorar-para-adentro-por-horacio-gonzalez/"><em>La Tecl@ Eñe</em></a>: un “llorar hacia adentro”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 9 de agosto de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política. </span></p>
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		<title>Números y narraciones &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Nov 2021 23:03:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis electoral]]></category>
		<category><![CDATA[golpe blando]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[legislativas 2021]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark sostiene en este artículo que el análisis electoral sin cifras es impracticable al tiempo que afirma que es necesario preguntarse sobre el tipo de vínculo que tenemos con las posiciones que adoptamos – el tránsito del número al problema - para no incurrir en la redundancia, como análisis político, de lo que antes pusieron a circular los operadores comunicacionales y políticos. El avance del fascismo y la legitimación del “terrorismo blanco”; la deuda y la idea de golpe, y el rol de la izquierda representada por el FIT, son los tópicos que Sztulwark desarrolla en esta nota.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/numeros-y-narraciones-por-diego-sztulwark/">Números y narraciones &#8211; Por Diego Sztulwark</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Diego Sztulwark sostiene en este artículo que el análisis electoral sin cifras es impracticable al tiempo que afirma que es necesario preguntarse sobre el tipo de vínculo que tenemos con las posiciones que adoptamos – el tránsito del número al problema &#8211; para no incurrir en la redundancia, como análisis político, de lo que antes pusieron a circular los operadores comunicacionales y políticos</em></strong>. <strong><em>El avance del fascismo y la legitimación del “terrorismo blanco”; la deuda y la idea de golpe, y el rol de la izquierda representada por el FIT, son los tópicos que Sztulwark desarrolla en esta nota.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">00. <strong>Redundancia</strong>. El análisis electoral sin cifras y porcentajes es impracticable, aún si nos queda la sensación de que los diversos modos de leer los datos no alcanzan para abrir eso que la política llama «la escucha». Por sí misma, la interpretación cuantitativa suele repetir en el grupo amigo lo que antes pusieron a circular los operadores comunicacionales y políticos: la lectura política como redundancia. Por eso es tan interesante el tránsito del número al problema, del guarismo a la pregunta, de la estadística a la investigación sobre el tipo de vínculo que tenemos con las posiciones que adoptamos. No solo el voto, sino lo que lleva a él. No solo lo que afirmamos políticamente, sino el tipo de política que ponemos en juego en los modos de afirmar. Sin recoger esta compleja trama narrativa la cantidad ordena sin escucha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">01. <strong>Terrorismo blanco</strong>. La llamada ultra derecha no se reduce al 3% de los votos a que escala el voto a los llamados “libertarios”. Algo más reaccionario (profundo, arcaico y fascista) recorre el país haciendo asociaciones del tipo mapuche igual a terrorismo. La paranoia es tal que se llevan la mano al arma en cuestión de segundos. La obsesión tiñe el campo social. Para comprender lo que está en juego alcanza con sustituir el nombre “mapuche” por el de “palestino”: todo tratamiento reaccionario de poblaciones neofascistas comienza por ser hábito del lenguaje. ¿No es este otro nuevo momento adecuado, por tanto, para recordar que el terrorismo en la Argentina fue, es y será terrorismo de Estado? Podemos presentir, entonces, lo que este modo del verbo prepara. Santiago Maldonado y Rafael Nahuel son tragedia y alarma. Por el contrario, podemos asociar “mapuche” a “plurinacionalidad”, lo que nos ayudaría a revisar esa cosa roquista que bajo el nombre Estado Nación subordina la tierra de modo directo e infame al mercado global. ¿Se objeta que la lucha de ciertas comunidades mapuches es violenta? Pero ¿hasta dónde se pretende llegar con esa caricatural aprehensión pro-represiva? No es terrorista una nación en resistencia, que pelea por la tierra, y que peleando por ella crea una nueva perspectiva sobre esta tierra sobre la que nuestra vida se prolonga: no valor-capital, sino premisa material de la vida agobiada, acosada, agredida por un cierto modo civilizatorio. Una nación condenada a la traducción no hace terrorismo sino pluralidad. Una nación que renace a partir de prácticas de descolonización no crea violencia sino que la desactiva. Una nación que como la mapuche encabeza hoy en Chile un movimiento democrático que busca sacudirse los restos constitucionales del pinochetismo, no es terrorismo sino multiplicidad. Una nación que buscando su territorio choca con la economía concentrada, trasnacionalizada, es por naturaleza antiterrorista. Se prepara una acción represiva (terrorismo legal, blanco, propietario): es preciso desarmarla por todos los medios posibles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">02.<strong> Implicancias</strong>. En ocasiones votar puede ser un acto político. En otras, se vota como se pagan impuestos o se respetan los semáforos, es decir, como implícitos de la vida colectiva. ¿Será que un acto se vuelve político cuando se carga de implicancias y sentidos, y que deja de serlo apenas se vacía de ellas? Votar en las PASO de 2019 fue un acto político en la medida en que permitió constituir una acción defensiva eficaz de rechazo al programa del macrismo, pero no ocurrió lo mismo con las recientes PASO de 2021. Sin la pandemia no se explica, pero con la pandemia no alcanza para comprender tan veloz despolitización. Falta agregar esa dosis de trivialidad que contribuyó a disolver aquel mínimo político obtenido por votantes kirchneristas, peronistas y/o de la izquierda contra el programa del macrismo del 2019. Al calor de la crisis, el propio sistema político ha perdido en estos años parte de su eficacia conductora, porque no alcanza a procesar tanto malestar y empobrecimiento. Con lo cual se impone una pregunta que va más allá de las recientes elecciones (¿ir a votar?, ¿votar por quién?): ¿cómo recuperar ese mínimo político defensivo ante lo que se nos vino encima?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">03. <strong>La deuda y el golpe</strong>. El entusiasmo que exibieron los principales dirigentes del Frente de Todos la nohe del 14 se explica de un modo no tan diferente al que experimentaron los líderes de Juntos por el Cambio al recibir los resultados de septiembre. Si a estos últimos les volvió el alma al cuerpo al enterare que podían recuperar en sólo dos años un cierto poder de veto sobre el Frente de Todos, el alivio de la militancia cristinista consiste en haber eludido el escenario catastrófico que se hubiera activado con toda probabilidad si no se hubiera manifestado una recuperación, sobre todo en ciertos distritios claves del conurbano (claves por densidad poblacional, pero también por la densidad de una extensa y precarizada clase trabajadora, y también porque anida allí una fuerza plebeya cuya reacción al descontento -como se hizo explicito hace dos décadas- es capaz de hacer volar por los aires la tarea de conservar el sistema político). Festejos y estados de ánimo, sin embargo, duran cada vez menos, sobre todo porque en ningún caso logran taducirse en lienas de avance concretas con relación al problema de la deuda, que es, en realidad, el problema de la soberanía. Cuando a fines del año 2017 el presidente Macri se mostró impotente para avanzar con su programa de reformas, se produjo una falta ostensible de apoyo de los dueños de los flujos de inversión de capital que terminó en el acuerdo con el Fondo que hoy es monotema. El problema del peronismo de Cristina, entonces, se plantea en los siguientes términos: ¿cómo se conserva el imaginario según el cual la figura de la jefa es garante de un cierto límite a la voracidad del capital en un contexto en el cual la movilización popular no se presenta como contrapoder eficaz a las exigencias del Fondo? Sin el 2001 -o al menos el 2019- atrás, el progresismo político podría llevar al extremo la rerpesentación de ese triste papel que León Rozitchner atribuía a aquellos que sueñan con hacer política sin fuerzas reales que los sostengan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">05. <strong>Izquierda sin sujeto</strong>. Y hablando de Rozitchner, hay izquierda. No sólo la que está dentro del kirchnerismo. La tercera fuerza electoral del país, el FIT, duplica a la ascendente ultraderecha. Como decíamos al inicio, lo que los números no muestran es el tipo de vinculo o de compromiso que el votante tiene con aquello que vota. De la impresionante elección en Jujuy al elevado caudal de votos en el conurbano, la izquierda de bandera roja es un sugerente síntoma de una tranformación en curso: allí donde el peronismo retrocede en su capacidad de presentarse como defensor de salarios e ingresos -barrios, gremios-, hay núcleos militantes dispuestos a construir una alternativa de organización popular. A la vista de lo que esa fuerza ha votado en el Congreso, da la impresión de que tarde o temprano esa izquierda deberá advertir que por mas que el peronismo sea su aguerrido competidor histórico, y por momentos su enemigo más inmediato, será preciso poner fecha y hora para el encuentro de una más amplia convergencia de las más amplias resistencias a los dispositivos mismos del orden bélico del llamado neoliberalismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">06.<strong> Pandemia</strong>. Hubo una pandemia catastrófica. Quienes hechan culpas o desestiman lo sucedido incurren en negacionismo. Casi no hace falta decirlo, de tan presente que lo tenemos. Dolor, miedo, destrucción; imposible desestimar semejante conmoción. La pandemia alteró tiempos y velocidades. Aceleró la instalación de dinámicas telecapitalistas y elevó la cantidad de población que sobrevivie a la intemperie a niveles incompatibles con cualquier discurso democrático. Aumentó la opacidad, aturdió los sentidos y destruyó los ánimos. La Pandemia, como parte de la crisis, demanda, por tanto, disposiciones particulares. No hay ofensiva sensible en torno al mundo de la vida sin una nueva concepción de la economía y de la política. Y esa concepción no está en la agenda del poder.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 16 de noviembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política. </p>
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		<title>AUTOMATISMO DEL LUCRO O PORVENIR &#8211; POR PEDRO KARCZMARCZYK</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jul 2024 17:08:58 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Transformación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pedro Karczmarczyk intenta discernir en este artículo las condiciones en las que la “revolución” dejó de tener una gramática política y analiza algunas condiciones del desarrollo y ocaso de la así llamada “nueva izquierda”. Entre el tiempo prometeico del siglo XX que tuvo su epicentro en el “proyecto”, y la temporalidad en curso del XXI con eje en la “autonomización del lucro”, Karczmarczyk plantea la necesidad de disputarle al lucro la definición de nuestro futuro y la posibilidad de construir un horizonte de transformación radical de la sociedad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/automatismo-del-lucro-o-porvenirpor-pedro-karczmarczyk/">AUTOMATISMO DEL LUCRO O PORVENIR &#8211; POR PEDRO KARCZMARCZYK</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e407aa084b4634b20aad513b6f911f8 wp-block-paragraph"><strong><em>Pedro Karczmarczyk intenta discernir en este artículo las condiciones en las que la “revolución” dejó de tener una gramática política y analiza algunas condiciones del desarrollo y ocaso de la así llamada “nueva izquierda”. Entre el tiempo prometeico del siglo XX que tuvo su epicentro en el “proyecto”, y la temporalidad en curso del XXI con eje en la “autonomización del lucro”, Karczmarczyk plantea la necesidad de disputarle al lucro la definición de nuestro futuro y la posibilidad de construir un horizonte de transformación radical de la sociedad.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-293cbe430a3f3d14b67e2d442b24c395 wp-block-paragraph"><strong>Por Pedro Karczmarczyk*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4c4894217d8d1744ecd50c2c89f0656 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em><em></em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af7fc14d6c84810fc648ee444877d8c3 wp-block-paragraph">El paso vertiginoso de los acontecimientos políticos de los últimos largos años, tan inclinado a la barbarie, deja siempre en el aire la pregunta por una política de izquierda. No se trata sólo de que con la pérdida de la gramática política de la palabra “revolución” la política de la izquierda se ha corrido irremisiblemente a la derecha, asumiendo como todo su horizonte gestionar de la mejor manera la desposesión capitalista, no se trata sólo de que la palabra “revolución” ha quedado asociada a otra gramática que ya no es política, la de una “ética” de la militancia, valiosa y respetable, pero que no acierta a configurar un horizonte político, condenándose a ser una oposición eterna y sin destino a la desposesión capitalista, sino que se trata, sobre todo, de que los esperpentos de la nueva derecha nacen de las entrañas de aquella izquierda corrida hacia el centro. No es este el lugar para explicar cómo la gestión de la desposesión capitalista concebida como ala izquierda (opuesta a la promoción de esta desposesión, que sería su ala derecha) ha chocado con límites que provienen de la fragmentación de las relaciones laborales, de un discurso y una práctica política que, sustentada en una serie de éxitos momentáneos que creía que podían durar para siempre, no quiso pensar las condiciones sociales de los derechos. Ya Wittgenstein señalaba, con lucidez, que es un error grave creer que lo que ocurre una vez puede, sólo en virtud de su acaecer, ocurrir siempre. Y ya sabemos que, así como para un individuo existir es subsistir, durar, reproducirse, vincularse con sus condiciones de existencia, para formas sociales complejas, y los derechos lo son, su existencia, su vigencia, también se remonta a sus condiciones de existencia, que en lo fundamental no tienen que ver con las instancias jurídicas (pensemos por ejemplo en el derecho a la educación, a la salud, a la alimentación, a participar en las ganancias de las empresas).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0b5180211e6ebb8945d428e172375f9 wp-block-paragraph">Me gustaría por ello remontarme un poco en el tiempo para examinar si los problemas de la política de izquierda son hoy, en un sentido, tan distintos de lo que lo fueron en otros momentos históricos, o para decir desde ya una obviedad, en qué sentido lo son y en qué sentido no son tan distintos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-592d2e7db82c22a59b505748dae23cd8 wp-block-paragraph">Comencemos por la ausencia de la revolución en la gramática política. ¿Qué significa esto? Lo que queremos decir es que, o bien “revolución” no se conjuga con ninguna acción política alineada en un horizonte discernible, o bien que su sentido se banaliza. Lo primero pasa, por ejemplo, cuando “revolución” se transforma en un adjetivo que califica una actitud subjetiva, la militancia “revolucionaria”, que viene a designar una actitud de compromiso inclaudicable. La dificultad con esta transformación radica en que el horizonte de la “revolución” sólo puede verse desde el interior de esa actitud. La promesa o el horizonte no puede discernirse sino desde la creencia de que ya se sabe el final de la novela. Se puede argumentar que, en los 1840s, cuando apareció el <em>Manifiesto</em> de Marx y Engels, el sentido de los acontecimientos era tan confuso como hoy, tal vez así sea, o argumentar que toda serie de significantes ofrece un sentido frágil, vulnerable a la aparición del siguiente significante. Sea como sea, la gramática de la revolución estaba instalada ya desde 1789 y el significante que podría hoy venir a trastornar el sentido de la serie, para llevar de la revolución en sentido subjetivo a la revolución en sentido objetivo, dotado de una gramática política, está tan lejos de nuestras esperanzas como un ladrón en la noche, muy lejos del voluntarismo con el que la revolución se aloja en el reducto de la ética “revolucionaria”. La banalización, por su parte, ocurre cuando se atribuye carácter “revolucionario” a acontecimientos políticos importantes, como lo fueron la nacionalización de las AFJP, de YPF o la asignación universal por hijo, en los últimos años en nuestro país, cuando lo cierto es que su importancia, incuestionable, no implica transformaciones estructurales y ni siquiera abre un horizonte de cuestionamiento de la desposesión capitalista. En el medio de su banalización, la revolución no logra delinear un horizonte discernible porque lo que se nos dice, poco más o poco menos, es que estos estertores son todo lo que podemos esperar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1eb1503d288470aa154b4d2c9bba1857 wp-block-paragraph">La idea de una “transformación estructural radical de la sociedad” piensa a veces adecuadamente su contenido, lo hace, creemos, cuando alude a la reversión de la desposesión generalizada, que no es otra cosa que la reversión de la división de la sociedad en clases, pero su gramática no es política, sino teórica, es decir posee un horizonte, se conjuga con otros problemas, conceptos, operaciones, mediciones, etc. No se entienda por esto una actitud derogativa, que no la hay, la teoría tiene su valor singular, pensar adecuadamente lo que hay que pensar es una tarea compleja, es una práctica, tanto como lo es su articulación con otras dimensiones de la práctica social, entre ellas la política.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.casamerica.es/sites/default/files/styles/articulo_cab_1270x460/public/19/Sep/hometiempos.jpg?itok=Fdfkabq3" alt="" style="width:843px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración de portada del libro Tiempos recios, de Mario Vargas Llosa.</em></figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-06395b423c2c8265735e2120a29c9b2e wp-block-paragraph">Remontémonos un poco en la historia política latinoamericana, en particular al rol que tuvo Cuba para la “nueva izquierda”, aquella que se caracterizó como tal, como “nueva”, justamente porque dotó, durante un tiempo, a “revolución” de una gramática política en el sentido al que aludimos. Aprovechemos para ello la provocación que lanzó, como un brulote, Mario Vargas Llosa en su excelente novela <em>Tiempos recios</em>. La novela trata de la caída de Jacobo Árbens en Guatemala, donde Vargas Llosa devela cuidadosamente la trama subterránea que llevó a la misma: la acción de guerra ideológica desatada por la United Fruit, los servicios prestados por el sobrino de Freud, Edward Bernays, la intervención de la CIA y del gobierno de los Estados Unidos. El viejo Vargas Llosa parece por momentos estar atravesando un atracón de nostalgia de su juventud novoizquierdista, pero no hay tal cosa. Se trata de un ejercicio de denuncia ideológica de otra índole, con un sentido y un propósito precisos y ajenos al horizonte de la nueva izquierda. Vargas Llosa apunta en realidad a la línea de flotación de la nueva izquierda, ya que le achaca a Estados Unidos y a la United Fruit el “error cognitivo” de haber visto, en las mínimas reformas de Árbenz, el fantasma del comunismo, desplegando una acción proporcional a su creencia, pero desproporcionada respecto a los hechos históricos. En consecuencia, Vargas concluye que de no haber sido por tal “error cognitivo”, o “ideológico”, no habría&nbsp;habido revolución cubana, y en consecuencia tampoco «nueva izquierda». La fábula nos toca de cerca, ideológicamente, si consideramos que Carlos Nino, el jurista alfonsinista, había planteado que la creencia en la inminencia de la revolución convirtió a Argentina en una sociedad anómica, a unos los impulsaba a hacer la revolución a expensas de las normas, a otros los impulsaba a detenerla, también a expensas de las normas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-913c82c2a8e8cb50037c7f1029b3d7c1 wp-block-paragraph">Hay ahí, evidentemente, una ilusión acerca del funcionamiento del capitalismo, de la lógica del capital, que puede explotar la tierra fértil hasta su agotamiento, o incluso llevar a la clase trabajadora hasta su extenuación, si no a su extinción. El capital librado a su lógica no ve más que beneficios. Es cierto que la lógica del capital siempre se realiza en entramados estructurales donde la lógica puramente económica no reina sola, y así encontramos en muchos casos cruciales de la historia la acción coordinada de la clase capitalista jerarquizando sus intereses y sus tareas. Pero, evidentemente, el cortoplacismo es una de las dificultades del funcionamiento del capitalismo, y exagerar los riesgos para obtener ganancias mínimas, presentar una batalla cualquiera como la batalla final, está en la lógica del capital. Recordemos a aquel bufonesco propagandista inglés, Senior, que en las horas críticas de las luchas por la reducción de la jornada de trabajo en Inglaterra argumentaba que cualquier reducción de la jornada laboral ponía fin a la ganancia del capitalista, puesto que ésta se obtenía sólo ¡en “la última hora” del día de trabajo! Si los capitalistas ingleses hubieran decidido encarar una campaña de exterminio contra la clase trabajadora en pie de lucha, <em>post festum</em> tendríamos a un Vargas Llosa que nos explique el error fatal de Senior, que el último obrero no produce la totalidad del valor del producto, que hay que distinguir entre el capital variable, el valor que se añade en el proceso de trabajo, y el capital constante, el valor ya producido antes del proceso de trabajo (medios de trabajo, herramientas y materia prima) que se incorpora en cierta proporción, de acuerdo a su desgaste o consumo en el proceso laboral, a los productos que salen al mercado luego del proceso de trabajo. Ahora bien, en la noche del desconocimiento de la lógica del capital, todas estas cuestiones pueden muy bien aparecer, <em>post festum</em>, y así lo hacen habitualmente, como “errores cognitivos”. La posibilidad de esta jugada ideológica, que transmuta una lógica objetiva en una decisión subjetiva, tiene su asiento en la naturaleza de las cosas. El capitalismo sobrevivió muy bien, <em>pace</em> Senior, al establecimiento de un límite a la jornada de trabajo, y el capitalismo seguramente no se habría visto desestabilizado si se hubiera dejado a Árbenz llevar adelante sus reformas. La equivocación consiste en creer que tal error cognitivo es una mera ilusión y no un fenómeno material, es decir, prácticas sociales. En el primer caso bastaría un argumento claro para exponer su carácter ilusorio, en el segundo caso, donde el error es un fenómeno material, corregirlo implica oponerle una fuerza material de carácter inverso. En este sentido, Vargas Llosa tiene razón al creer que sin Árbenz no habría tal vez habido Fidel. Pero Fidel, o Cuba, no serían el nombre de un error cognitivo, en el sentido de que Estados Unidos sí habría permitido en Cuba en 1958 las reformas que no permitieron en Guatemala unos años antes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-257b098ab8063a5e483301c14286c27c wp-block-paragraph">En resumidas cuentas, Vargas Llosa construye su tesis, que versa sobre la ilusión de alguien más, sobre un hecho: Árbenz proponía unas reformas mínimas y no tenía inclinaciones marxistas. Para el escritor peruano la intervención norteamericana desató un fantasma que no tenía un fundamento en la naturaleza de las cosas. Ya hemos indicado cómo el señalamiento de una ilusión o “error cognitivo” por Vargas Llosa supone una ilusión, suya esta vez, sobre la manera en la que las ilusiones ejercen su poder en la realidad social. No son como fantasías o ensoñaciones que se disipan cuando en su lugar colocamos la verdad, sino que poseen una lógica propia, son un fenómeno material, prácticas sociales articuladas, como hemos dicho. Es importante comprender que esta ilusión de segundo grado, que es tal porque se hace ilusiones sobre la naturaleza de la ilusión, nos escamotea la comprensión de la realidad social, para dejarnos con un entendimiento meramente superficial, juridicista, de la misma. Este es el suelo ideológico de lo que viene después de la nueva izquierda. Este tuvo como su condición de emergencia que la lógica del funcionamiento del capital desparezca de la escena política. Los cuarenta años de democracia en nuestro país, por ejemplo, estuvieron signados por la creencia, confesada o no a viva voz, de que la democracia nacía de la derrota del brazo ejecutor militar, sin pensar que ésta es una con la victoria del “proceso de reorganización nacional”.</p>



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<figure class="aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="620" height="349" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/Arbenz.jpg" alt="" class="wp-image-13280" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/Arbenz.jpg?v=1720717121 620w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/Arbenz-300x169.jpg?v=1720717121 300w" sizes="(max-width:767px) 480px, 620px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Raúl Castro junto al depuesto presidente de Guatemala Jacobo Arbenz durante un acto en La Habana en 1960.</em></figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-92a4115cb117dee35b83b42327bcbd5a wp-block-paragraph">Frente a Vargas Llosa uno puede concluir que Cuba sacó las conclusiones correctas de Guatemala, pero aprovechar su argumento para preguntarse si la nueva izquierda argentina, colombiana, chilena, uruguaya, etc., sacaron las conclusiones&nbsp;correctas de Cuba. Para abonar la lectura de que sí sacaron las consecuencias correctas están las experiencias de Gaitán en Colombia en 1948, donde un proceso de reformas se ve frustrado en el momento mismo de su emergencia electoral, o el derrocamiento de Perón en Argentina en 1955, o el de Allende en 1973. La categoría de la «pedagogía del millón de muertos”, acuñada por Santiago Alba Rico, destaca con cuánta frecuencia los ensayos de reformas a favor de los sectores populares por parte de gobiernos constitucionales en Latinoamérica desembocaron en masacres sangrientas. O se podría hacer una reseña de las intervenciones norteamericanas en nuestro continente, copiosas ya antes de la caída de Árbenz. Pero quizá sea oportuno tomar nota del golpe recibido e intentar aprovechar la conmoción, no tanto para asegurar viejas certezas, identidades y posiciones, sino para intentar pensar la situación desde su raíz.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b5c32599cf4bd46d7ff9d65f375b3638 wp-block-paragraph">La nueva izquierda sufrió una transformación en los años 80s del siglo pasado, aunque acaso sea mejor caracterizarla como una mutación, ya que se convirtió en otra cosa. Tiempos convulsos de las revoluciones en Latinoamérica (Nicaragua 1979, El Salvador 1980), que mostraban que la “guerra fría” estaba todavía lejos de apagarse, tiempos de la conversión de la izquierda del cono sur al discurso de los derechos humanos como efecto de las persecuciones de las salvajes dictaduras que asolaron a la región, tiempos de la adopción de políticas neoliberales por las socialdemocracias europeas, tiempos de una Perestroika de la que no podía vaticinarse el final pero de la que era difícil predecir que desembocaría en una feroz acumulación originaria capitalista (concentración de unos pocos y desposesión de las grandes masas) en los países de lo que pronto iba a ser la ex URSS.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-335388a66ec74823492dee2c92bbe1e2 wp-block-paragraph">Este contexto tan complejo apuró las tomas de posición e hizo que su sistematización quedara de alguna manera relegada a un momento posterior. Una problemática emerge siempre en estado práctico, es producida en un conjunto de decisiones asociadas a la coyuntura, pero sus contornos no se pueden discernir inmediatamente, es necesario verla funcionar, desarrollar o incluso ganar su coherencia. Ha llegado el momento de comenzar a sacar las cuentas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3d7a1f6b32f7e67f5e62becddc9218e0 wp-block-paragraph">Recoger el guante del brulote de Vargas Llosa, preguntarse si la nueva izquierda leyó bien el acontecimiento histórico de Cuba no es tanto una pregunta histórica como una pregunta acerca del presente, preguntar si es posible sacar a la revolución de su encierro en la lámpara en la que duerme como en los genios de las <em>Mil y una noches</em>, en la lámpara de la moral revolucionaria o de su banalización progresista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2af17d32c5d04f35114aedbeb7786733 wp-block-paragraph">Ahora bien, formular la pregunta, dada la incomodidad que genera su mera formulación, parece ya indicar que vamos en la dirección correcta. Desde ya que no vamos a responder más que superficialmente a la pregunta que planteamos, ya que a nadie se le escapa que ello es una tarea colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5cd6141865ecb7e4d0015ffe07f61490 wp-block-paragraph">Veamos entonces, decimos por un lado que Cuba sacó las conclusiones correctas del episodio de Árbenz, es decir, que hay una lógica del capital, y que los “errores”, que son una fuerza material, no se corrigen con argumentos, sino con otra fuerza material de signo inverso. Por otra parte, decimos, implícitamente, que sacar las consecuencias no es un mero proceso intelectual, sino un fenómeno material, hecho de prácticas sociales articuladas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c3376c19116a6ddf307174fb61fe95e7 wp-block-paragraph">Bajo estas dos condiciones, la pregunta introduce una cuña en las posiciones que quedaron luego de los años 80s, en lo que podríamos llamar “post-nueva izquierda” y revela la rigidez de una izquierda que, o bien se hizo “juridicista”, como si la ilusión de doble grado, donde se desconoce primero la lógica de funcionamiento del capital, y se construye luego en su lugar una lógica política autonomizada, una lógica donde sujetos presuntamente ajenos al proceso socioeconómico del capital corrigen los “errores” con “verdades”; o bien se volvió “nostálgica”, la metáfora de los “quebrados” con la que desde la izquierda se referían, primero, a aquellos que habían hablado bajo tortura, y luego, a aquellos que abandonaban el credo revolucionario, es elocuente acerca de lo que esto implica: los “enteros”, a los que se remite por contraste, son toda una figura de la moral militante. La experiencia de los grupos de izquierda, políticos, culturales, intelectuales, etc., en los años 80s. nos ofrece el espectáculo de la transposición de viejas lógicas a un nuevo escenario en el que no logran encajar, dando a veces la idea de un engranaje que gira “loco”, sin relación con el resto del mecanismo. Algunos intelectuales al retornar del exilio nos dejaron pinturas magníficas de los primeros años de democracia donde se percibe la extrañeza de quien no sólo no encuentra los viejos lugares en el mapa, sino que sospecha que no es sólo el propio mapa, sino también el territorio, lo que ha sido transformado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-010215f0f96a8aac53fe2d1216a9d30b wp-block-paragraph">Esta experiencia nos ha dejado toda una vía de indagaciones, cuyo meollo está en la pregunta por la derrota, ¿cómo ocurrió?, ¿por qué?, ¿cómo comprender la derrota ayuda a entender el presente?, ¿qué tareas surgen de esa comprensión? Esta vía prosigue hasta el presente, transfigurada apenas como la lectura del momento actual en términos de “desarme”, de disgregación de los vectores que ya dejan de componerse en un paralelogramo, pero también del desarme como “deposición de las armas”, de la voluntad de luchar, de resistir, de ofrecer batalla. Riesgosa como estrategia, porque su luz puede enceguecer y porque tal vez su punto ciego sea el de otra idealización ineludible: antes sí que estábamos armados, bien pertrechados…, ¡qué lástima que nos toque batallar ahora! Caricaturizamos un poco esta posición, que realiza un trabajo de clarificación necesario, con el propósito de destacar que el desarme es siempre la construcción de nuevas relaciones. Si focalizar en el desarme tiene la virtud de destacar cómo las viejas concepciones, como el instinto ante un estímulo falso, se desarrollan incluso en ausencia del objeto que las convoca, dando el triste espectáculo de un ritual vacío, no habría que olvidar que desarmar algo es, necesariamente, armar otra cosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4cbb44c21a01643c8ee2d0438fcaff15 wp-block-paragraph">El recientemente fallecido Oscar del Barco planteó a su manera una pregunta que nos parece adecuada a nuestra coyuntura con su «no matar», pregunta que resulta adecuada sobre todo en una lectura diagonal, que la convierte en una pregunta justa a pesar de su autor, a pesar de sus intenciones, en la que domina, a nuestro entender, una moralización estéril de la lectura de la historia y de la política. El no matar de del Barco puede, el tiempo transcurrido lo permite, leerse como un «no matar<em>nos</em>”. Leído de esa manera nos parece traer un soplo de aire fresco. Si esto, la muerte, es lo real de la política, lo que no puede ser de otra manera, lo ineludible, es urgente pensar si lo podemos taponar con una salida imaginaria, del tipo «la muerte individual no existe, sólo hay la vida del pueblo”.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://latinta.com.ar/wp-content/uploads/2016/11/maxresdefault-2.jpg" alt="" style="width:745px;height:auto"/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab9cc945aefb73acae52ee894a15d25e wp-block-paragraph">Silvia Schwarzböck, en su proteico ensayo <em>Los espantos,</em> encontró una cifra en esta expresión, que había sido recogida por León Rozitchner de un amigo suyo que la profirió al salir de la cárcel de Devoto vitoreado por una masa popular que fue al encuentro de los presos políticos en 1973. Schwarzböck encontró en la frase la cifra de una época. La frase es cifra, según la autora, porque la misma surge de un juicio estético, donde el individuo que sale de la cárcel vitoreado por las masas queda conmocionado, estéticamente, por el pueblo irrepresentable, por aquello sin medida ni término que, sin ser representado, era siempre ya oscuramente presentido, sublime, sugiriendo la pequeñez de toda representación, experiencia y empeño, configurando así aquello ante lo cual el individuo se subsume: una vida de izquierda. Schwarzböck precisa, una vida de izquierda es la disposición a morir por un pueblo que no reclama ese arrojo. Ahora bien, sustraídas las condiciones de dicho juicio estético en la dialéctica de la postdictadura, en los reclamos de una “aparición con vida” que reponía desde la izquierda a la vida en su dimensión individual originaria, la “vida de izquierda” se hace imposible y sólo queda la “vida de derecha” que es la vida restringida a la supervivencia porque está asolada por la fantasía de un terror inconmensurable tan pronto como se aventura más allá de esta condición mínima.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a38f986fe84c3640af302a4d4a04940 wp-block-paragraph">La presentación de Schwarzböck tiene una incuestionable fuerza retórica, y aunque es una buena aproximación fenomenológica a la ética de la nueva izquierda, que sobrevive hasta nuestros días en la forma del engranaje suelto de la “ética militante” que hemos descripto, nos parece que padece de un historicismo desembozado, ya que no habría nada que haya sido pensado por las subjetividades de izquierda, es decir pensamientos, ideas. Estas subjetividades, con todo su arrojo, no serían sino meras “vidas de izquierda” frente a las que no podríamos sino, del otro lado del mojón histórico que ellas presuntamente marcan, limitarnos a comprender por qué ya nos resultan inaccesibles, qué condiciones históricas se han esfumado, sin poder esbozar siquiera un ejercicio de reflexión o pensamiento crítico respecto de las mismas, serían figuras de un pasado sepultado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c6ef9697d790b1c4b32db3b094cb6f66 wp-block-paragraph">Nos permitimos dudar de que haya un tiempo de la historia tan abusivo, hecho de cortes tan tajantes y de experiencias esenciales coextendidas a esos cortes. Alain Badiou no estaría de acuerdo seguramente con nosotros, ya que hacia los años 1999-2000 se propuso pensar el siglo que estaba concluyendo, o que quizá había concluido algunos años antes, el siglo XX. Sin embargo, si bien Badiou se propone pensar una época histórica como algo concluido, su manera de abordarlo lo pone relativamente a resguardo de la clausura historicista. En efecto, Badiou quiere capturar la singularidad del siglo XX recuperando aquello que este siglo pudo pensar más allá de la mera rumiación de un pensamiento transmitido, ya pensado. Badiou quiere capturar la invención específica del siglo y más particularmente comprender cómo este pensamiento singular pensó su relación singular con la historia. Estos pensamientos, refiere Badiou, son los que testimonian que el siglo XX ha sucedido, que no es lo inenarrable, sino algo dotado de contornos definidos. Dicho de otra manera, sólo si los identificamos como pensamientos y como políticas podemos sacarlos de la existencia pétrea o del limbo espectral a los que los condena la consideración de que son impensables o inabordables porque son como pensamientos tan terribles como el siglo en el que ocurrieron. No podemos detenernos ahora en detalle en este libro extraño y magnífico, por lo cual nos limitaremos a extraer algunas ideas que nos sirven para avanzar en el hilo de nuestra reflexión. Badiou emplazó las coordenadas para pensar no sólo la subjetividad militante como un asunto de la izquierda, sino también como un asunto caro a la derecha. La vida de derecha, incluso la del nazi, es también una vida de ideas y de pensamientos. Ante la evidencia que expone estas ideas como tales (y Badiou recurre a una serie profusa de documentos y testimonios) queda claro que la única acción posible es en el nivel propio de los pensamientos, ya que de otro modo las ideas impensadas continuarán su vida de ideas, imperturbables, indestructibles, prestas a retornar cuando las circunstancias les sean propicias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cd99dc93dab4e4f08274241dc610dce7 wp-block-paragraph">¿Qué es lo que el siglo XX trajo de novedoso? ¿Qué es lo que en el siglo XX se pensó que no se había pensado antes? ¿Cuál es la relación singular con la historia de esta singularidad pensante? Si el siglo XIX consistía, en términos hegelianos, en dejar que la historia haga de las suyas para llegar a buen puerto, en “entregarse a la vida del objeto”, en el siglo XX, luego de la primera guerra y de la revolución rusa, sorpresiva como una tormenta en la noche, ya nadie podía confiar en la historia. El siglo XX va a tener que enfrentarse con la historia, va a intentar dominarla, es decir, pasamos de la “dialéctica de la naturaleza”, de la idea de progreso, a la “dialéctica de la historia”, que le reserva un lugar destacadísimo, clave, al heroísmo. Silvio Rodríguez captó muy bien esta singularidad cuando cantaba, en una canción tremenda, bella y lacerante, que apresa precisamente el sentido de la urgencia histórica: “La era está pariendo un corazón / No puede más, se muere de dolor / Y hay que acudir corriendo pues se cae, el porvenir / En cualquier selva del mundo / En cualquier calle / Debo dejar la casa y el sillón / La madre vive hasta que muere el sol / Y hay que quemar el cielo / Si es preciso, por vivir”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-44ebffbb4fb86c9a9a8c8dcbb9a92e9f wp-block-paragraph">El siglo XX estuvo dominado por ese gesto de recoger el porvenir antes de que se cayera, sabiéndolo frágil, por el intento de dominar la historia, por las ideas de hombre nuevo, de una sociedad nueva, en resumidas cuentas, estuvo atravesado por un impulso prometido, por la idea de la historia como un proyecto que llega a ser anatema hacia fines del siglo, en un estado que se continúa con toda probabilidad hasta el día de hoy.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.historionauta.com/wp-content/uploads/2019/11/izquierda-latinoamericana.jpg" alt="" style="width:518px;height:auto"/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03f813c48f8c0cee600fbf6528fe263a wp-block-paragraph">Badiou consigue plantear un dilema a propósito de la historia que nos gustaría recoger a nuestro modo. La “crisis de la historia como proyecto” es tanto más aguda cuánto más factible o comprensible resulta una transformación genuinamente radical de la sociedad. En su factibilidad, esta transformación resulta hoy como nunca comprensible, al menos en la medida en que el incremento de la productividad del trabajo permite pensar una liberación creciente del yugo de las labores tediosas, rutinarias y embrutecedoras. Por otra parte, justamente debido al tipo de problemas sociales que suscita el incremento exponencial de la productividad del trabajo (desempleo, bajas generalizadas de salarios, etc.) nos vemos en la posición de pensar la necesidad de dicha transformación, como la manera de mostrar que aquello mismo que es un problema (el incremento de la productividad del trabajo) puede ser visto también como la solución al problema cuando cambiamos el ángulo desde el cual lo miramos. Tenemos por otra parte, las cuestiones cada vez más agudas que plantea la agenda ecológica. Pero sin embargo parece tratarse de una necesidad extraña, de una interpelación que resbala, tal vez porque resulta claro que las premisas de su realización conciernen al capitalismo como un todo, es decir, aluden a un acontecimiento que debe tener lugar a nivel global o internacional. Es decir, esta condición lo sitúa en un futuro incierto, y entre este futuro incierto y nosotros se interpone toda una serie de mediaciones que pasan por el ámbito de lo local o nacional. Dicho en otros términos, estas coordenadas que sitúan la necesidad de una transformación radical de la sociedad, de una “revolución” en las condiciones sociales de vida, no definen, paradójicamente, el espacio inmediato en el que debe moverse la política de lo que ampliamente podemos definir como izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab828a51bc5b8ab65905cd8ac3f97e3e wp-block-paragraph">No se trata de un problema nuevo. A comienzos del siglo XX, Sorel pensaba que la “huelga general” era un mito, un mito indispensable porque sin él la clase trabajadora quedaría dispersa, fragmentada en los intereses&nbsp;individuales inmediatos de sus integrantes, con la huelga general como horizonte, en cambio, se abre una perspectiva de acción mancomunada. En el otro extremo, Althusser (insertándose en una línea inaugurada por Kautsky) llamaba a la ciencia a cumplir la misma función, superar los intereses inmediatos y articular el horizonte de una política de transformación radical. Evidentemente, cumplir la misma función no implica cumplirla de la misma manera. La diferencia entre un tacticismo que lo devora todo y la posibilidad de un horizonte estratégico es una de las maneras en las que hoy en día se juega la vieja antinomia entre el mito y la razón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-192d76ca43b1d451beb82638606fabfb wp-block-paragraph">En este sentido es que, creemos, cabe insistir en que una política de izquierda no puede renunciar al proyecto, y para ello debe reconstruir una agenda racionalista. Comprendemos perfectamente los temores al dogmatismo que esta palabra, también devenida anatema puede suscitar. Para precisar la cuestión en el plano filosófico, ya que por algún lugar hay que comenzar, es preciso reconocer que el cuestionamiento del sujeto como una instancia fundante ha dejado de ser hace tiempo, desde la segunda posguerra, con la excepción tal vez de algunos momentos de la confrontación entre fenomenología y estructuralismo, una línea de clivaje segura para organizar la disputa en el terreno filosófico. El cuestionamiento del sujeto como una instancia fundante es un filamento compartido por posiciones tan distintas como las de Althusser, Foucault o Levinas y Marion. El punto de clivaje se ha corrido, a nuestro entender, a la cuestión de si, y hasta qué punto, las fuerzas a las que se subordina el sujeto son accesibles a una elucidación racional. La respuesta afirmativa a esta cuestión es a lo que llamamos agenda racionalista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f874c73468c92cfb1f42b9dbebb77233 wp-block-paragraph">Desde el siglo XX al siglo XXI pasamos del orden del proyecto al orden de los automatismos de la ganancia. Está claro que la diferencia entre un orden y otro no se verifica en términos de las muertes que producen, el orden del automatismo no es, lamentablemente, menos sangriento de lo que ha sido el orden del proyecto, lo que no es decir poca cosa. La muerte, que antes designamos como lo real de la política, lo ineludible en ella, no ha disminuido porque el orden del automatismo del lucro reine indiscutido, que es lo que presuponía Vargas Llosa, sino que el único confort que alcanzamos es, quizá, que no quepa discernir un responsable. En una muestra extraordinaria de síntesis conceptual, los teólogos de la liberación forjaron la expresión “violencia estructural” para pensar precisamente este punto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2c0f89c30ad5c36fa7763c3e272c16ab wp-block-paragraph">Son, evidentemente, enormes las dificultades que quedan abiertas. Me gustaría concluir, sin embargo, con una simple reflexión, probablemente vaga e ingenua, recordando algunas ideas de Georges Canguilhem a propósito de las normas sociales. El filósofo francés nos recordaba, en efecto, la situación muy diferente en la que se encuentran los problemas y los trastornos cuando se refieren a un organismo o cuando se refieren a una sociedad. En efecto, en el caso de un organismo enfermo la cura no se presta a confusión, el ideal de un organismo enfermo es un organismo sano de la misma especie. Es decir que, aunque puede haber incertidumbre acerca de cuál es el trastorno orgánico, y en consecuencia acerca de la naturaleza del tratamiento y de los remedios que es necesario aplicar, el efecto que se espera de los mismos no está sometido a discusión. En el caso de las sociedades nos encontramos con una relación muy diferente entre los males y las reformas, porque aquí lo que está en cuestión, siempre, es el estado ideal. La finalidad de la sociedad es uno de los problemas cruciales de la existencia humana y en consecuencia de la existencia de la propia sociedad, e incluso, como lo indica Canguilhem, “uno de los problemas fundamentales que se plantea la razón”. De ello se sigue una situación inversa a la de los trastornos orgánicos: los seres humanos se ponen de acuerdo con más facilidad sobre la caracterización de los males sociales que sobre los remedios que se deben aplicar a los mismos. Incluso coincidiendo acerca de cuáles son los males que aquejan a una sociedad dada, lo que a algunos les parece un remedio a otros les parece un estado peor que el mal. El hecho de que la locura sea en, el orden social, más sencilla de discernir que la razón, no nos dispensa de la tarea de encontrar a esta última, al contrario, debería convocar lo mejor de nuestros esfuerzos.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1e7bcb4740819fa59af20740c84b6db wp-block-paragraph">Buenos Aires, 11 de julio de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e3487f594e8baed618583df5945d5505 wp-block-paragraph">*Docente UNLP. Investigador en CONICET.</p>
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		<title>SOBRE LA EFICACIA POLÍTICA &#8211; POR RICARDO ARONSKIND</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Mar 2025 17:13:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Aronskind]]></category>
		<category><![CDATA[eficacia política]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ricardo Aronskind propone en este artículo pensar los instrumentos políticos de oposición al modelo neoliberal autoritario del gobierno de Javier Milei, para evaluar en qué medida son útiles para revertir la ofensiva de las fuerzas regresivas y minoritarias que están en el poder. Un intento por llamar la atención sobre un punto específico, que no parece estar presente en las organizaciones populares: la eficacia de la acción política.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/sobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind/">SOBRE LA EFICACIA POLÍTICA &#8211; POR RICARDO ARONSKIND</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9c58c2f0b178da0551623fdf2b4d3b8b wp-block-paragraph"><strong><em>Ricardo Aronskind propone en este artículo pensar los instrumentos políticos de oposición al modelo neoliberal autoritario del gobierno de Javier Milei, para evaluar en qué medida son útiles para revertir la ofensiva de las fuerzas regresivas y minoritarias que están en el poder.</em></strong> <strong><em>Un intento por llamar la atención sobre un punto específico, que no parece estar presente en las organizaciones populares: la eficacia de la acción política.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-afbad5b88b78c2656f2920b806d300d9 wp-block-paragraph"><strong><em>Por Ricardo Aronskind*</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:61px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79a5b030e8f7c609a19a2356a727ebca wp-block-paragraph"><em><strong>¿Qué era la política?</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a175dbbb3cc29e8ec765d2d18c7fd14b wp-block-paragraph">Escribimos este texto en 2025, sufriendo uno de los gobiernos más agresivos y hostiles a los sectores populares desde la última dictadura, más depredadores de los logros históricos del país, y más sometidos a los intereses del gran capital local y extranjero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a5af43ef00f9b9741fff15a3b5c2f1b4 wp-block-paragraph"><br>Por ahora, las capacidades sociales de frenar y revertir este escenario lamentable no son suficientes. Sin duda, confluyen en la coyuntura procesos internacionales y nacionales muy variados y complejos que afectan a todos los actores, potenciando a unos y debilitando a otros. Queremos enfocarnos en pensar los instrumentos políticos que tenemos a mano los que nos oponemos completamente al modelo neoliberal autoritario, para evaluar en qué medida son útiles para revertir la ofensiva de las fuerzas regresivas y minoritarias que están en el poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc4ac96d220f90964ece010029ef78b7 wp-block-paragraph"><br>La política trata sobre cambiar (o no cambiar) la realidad en un sentido deseado.<br>Qué es la realidad no es algo simple, requiere aclaraciones. Nos referimos aquí al ordenamiento de la vida en sociedad, cómo está organizada, qué proporción de acuerdos, de coerción y de inercia lo explican, y cómo se establece esa ecuación en forma dinámica. Y qué poder tiene cada fracción para incidir en el resultado político final.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f0319140de7463fce285e2b9df48c30 wp-block-paragraph"><br>En estos 41 años de democracia, las expectativas de vivir en un país mejor que el de la dictadura, sólo se verificaron en cuanto a no estar sometidos a asesinatos, torturas y desapariciones por disposición de las autoridades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f52cbf8d458057de02b6f929efd3c68 wp-block-paragraph"><br>Pero desde el punto de vista económico y social, la tendencia de largo plazo fue el progresivo deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, el aumento del desempleo y la pobreza, el angostamiento de los canales de ascenso social, la pérdida de poder del Estado nacional para imponer la ley y regular la economía, y un acostumbramiento general a metas cada vez más limitadas como país y cómo sociedad. En vez del desarrollo, venimos recorriendo el camino al subdesarrollo. El nivel cultural general se fue empobreciendo, y la discusión política fue bastardeada y transformada en una ciénaga en la cual no se entiende nada, lo que es funcional a la derecha dominante. Ésta logró en estas décadas que el ingreso se concentrara en capas cada vez más reducidas de la sociedad, que incrementaron su desafección hacia la sociedad en la que viven, mientras volvían al país cada vez más dependiente en términos productivos, financieros y culturales.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://bcn.gob.ar/images/contenido/202309/64f9caa86cccc_asuncion-raul-alfonsin-baja.png" alt="" style="width:735px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto: Biblioteca del Congreso de la Nación.</em></figcaption></figure>
</div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb548b9e11e20484f1838b1db463a87c wp-block-paragraph"><strong><em>Avatares políticos e impacto regresivo en los partidos políticos</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-de6bdfff375c5f915c3babee649adce8 wp-block-paragraph"><br>La vuelta a la democracia mostró a los dos grandes partidos tradicionales, el justicialismo y el radicalismo, ocupando el centro de la escena. Ambos contaban con programas económicos sociales que hoy calificaríamos como progresistas. Los secundaban partidos más a la izquierda (el Partido Intransigente parecía promisorio) y más a la derecha, la Unión de Centro Democrático, cuyo líder, Álvaro Alsogaray, representaba la tradición histórica de la derecha liberal antipopular.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a7e921c8685a3b3d2496910ac0353cf wp-block-paragraph"><br>El final hiperinflacionario del gobierno de Alfonsín llevó a la casi desaparición de su partido, la UCR. Esa frustración no llevó a incrementar la fuerza de la izquierda, sino al crecimiento de la UCD. El peronismo y parte de la izquierda votaron por Carlos Menem, que, en vez de enfrentar las presiones de la derecha privatizadora, implementó uno de los experimentos neoliberales más extremos de América Latina. Ese experimento, sin embargo, no generó ni la fractura del peronismo, ni el crecimiento de la izquierda, a pesar de la desindustrialización y el aumento del desempleo, la pobreza y la marginación social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b443013af07e17f0f4178c22a12cb16 wp-block-paragraph"><br>Hubo un intento de crear una fuerza progresista en los ´90, que inició Carlos Auyero y que finalmente lideró Chacho Álvarez, el FREPASO. Pero en vez de fortalecer esa opción, se optó por aliarse con la conservadora UCR, para “ganarle al menemismo”. Así se instaló la gestión continuista encabezada por Fernando de La Rúa. A él le estalló el legado económico menemista, al que había respetado en su totalidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ea42de93556140e5e382ca4cc099791 wp-block-paragraph"><br>La grave crisis económica y social del 2001-2002 generó una enorme irritación en amplias masas, que se condensó en el muy equívoco “que se vayan todos”. La izquierda creyó que ese era su momento para lograr un avance significativo en su influencia política, pero eso no ocurrió. El peronismo, gran responsable del desastre de los ´90, no sólo no se fracturó, ni se radicalizó, sino que asumió con Duhalde, exvicepresidente con Menem. Para evitar una crisis de ingobernabilidad, convocó a nuevas elecciones, donde los candidatos neoliberales (Menem y López Murphy) obtuvieron en conjunto el 42% de los votos en 2003, ¡a favor de una propuesta idéntica a la que había llevado a la catástrofe de un año atrás! Kirchner salió segundo, después de Menem.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa738d6d18b7de1d2086e165e0d98c81 wp-block-paragraph"><br>El kirchnerismo fue, en ese contexto, un gobierno que con sus políticas públicas produjo un giro hacia la izquierda en lo económico-social, hacia los derechos humanos, asumiendo posiciones más soberanas en lo internacional. A pesar de esos lineamientos, o precisamente por ellos, sectores del peronismo fueron abandonando el gobierno a medida que se desplegaban los ataques del sector agrario, los grandes empresarios, y los medios influyentes contra las políticas oficiales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e3d4ae62c3228a3fd0fbf1b2c3a3f3fc wp-block-paragraph"><br>Desgastado el kirchnerismo luego de 12 años, y con una creciente oposición externa e interna, resurgió electoralmente la derecha en su versión macrista, que se presentó como “el cambio” frente a la gestión saliente. No hubo en ese momento ninguna propuesta de profundización progresista con posibilidades de generar apoyo masivo. El candidato oficialista Scioli representaba un giro hacia la “moderación”, o sea, hacia algún tipo de acuerdo con la derecha económica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9394eb20aaf61e1b2183ed17a21ffc1d wp-block-paragraph"><br>El macrismo encaró el desmantelamiento gradual de los logros kirchneristas, pero fue devorado políticamente por la crisis que generó su propia política económica. Nuevamente la izquierda no captó las expectativas populares y el kirchnerismo optó por ofrecer una propuesta más conservadora y contemporizadora con el gran empresariado, propuesta que era precisamente aceptada para el resto del peronismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa4048d17d13777d17bd3049973fb02d wp-block-paragraph"><br>El gobierno de Alberto Fernández fue decepcionante, conservador, y generó impotencia y desorientación en los sectores que esperaban retomar las reformas progresistas del kirchnerismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38fa64c7f271576a5188e6263d045673 wp-block-paragraph"><br>Y así llegamos hasta Milei, con un kirchnerismo cada vez más debilitado y desorientado, mirando hacia el pasado, y una izquierda que, a pesar de las reiteradas crisis económicas y políticas y los sufrimientos populares, no ha logrado incrementar sus apoyos y su influencia social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-33f0d031547c5bd2e15c189576e92035 wp-block-paragraph"><br>Por el contrario, lo “nuevo” en 2023 estuvo representado por el mileísmo, que se presentó como una negación violenta de todo lo progresista, con apelación al voto más joven y de sectores sociales muy diversos. Milei embiste de frente contra la idea de la justicia social, del Estado benefactor, para no hablar de los derechos de los trabajadores, o de las conquistas en materias de derechos civiles o democráticos básicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f20dff6865f562e7bf4d0404fa7b9561 wp-block-paragraph"><br>Su programa de gobierno es la continuidad y profundización de las políticas que se iniciaron bajo la dictadura militar, fueron profundizadas por el menemismo, retomadas transitoriamente por Macri. En un momento de crisis de la globalización versión neoliberal, el mileísmo, secundado por la elite argentina, promueve el desmantelamiento de cualquier proyecto nacional viable, y de las instituciones sociales protectores creadas a lo largo de décadas que hicieron de la sociedad argentina una realidad menos injusta y salvaje que en otros parajes de América Latina.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.rionegro.com.ar/wp-content/uploads/2024/12/milei-macri.png" alt="" style="width:785px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Javier Milei y Mauricio Macri, durante la asunción presidencial.</em></figcaption></figure>
</div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cae562ffbd136dc559cd013d897c93d9 wp-block-paragraph"><strong><em>Efectividad política</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ed991cd40d0ccb4ae470877a65879580 wp-block-paragraph"><br>Un repaso acelerado de estos 41 años nos arroja la imagen de una derecha argentina que hace política en serio, con vocación transformadora, usando todos los medios, legales o ilegales, transparentes o turbios, institucionales o extrainstitucionales, para modificar la realidad en el sentido deseado. Conoce los mecanismos reales del poder, y no se confunde entre las formalidades institucionales y discursos de ocasión que pregona, con las metas muy precisas que tiene en materia del orden social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fbacdcb043d23313458d639e5627eb98 wp-block-paragraph"><br>Usamos la palabra “derecha” no en un sentido partidario, sino como un conglomerado social, cuyo centro organizador son los intereses de los grandes empresarios. Es un espacio que, a partir de los intereses puntuales de ese núcleo de negocios, articula partidos políticos, medios de comunicación, instituciones diversas y embajadas, que están de acuerdo en un proyecto de negocios a costa de la Argentina. La destrucción del país es, para este sector, sólo un daño colateral de estos proyectos corporativos. No tiene importancia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aeb7f44a338235cc333f5640ac5af0ad wp-block-paragraph"><br>A pesar de sus reiterados fracasos políticos para extender su hegemonía hacia todos los sectores de la sociedad -como lograron las clases altas de Chile durante largas décadas-, el timón se mantiene firme a lo largo de los sucesivos experimentos neoliberales contra las clases subalternas, el estado benefactor, la industria y la tecnología, y a favor de una alianza subordinada con el capital global.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39bd7e5ee1ee2f969639fc705515e5a1 wp-block-paragraph"><br>Las diversas fuerzas que proponen la necesidad de un cambio progresivo no han podido torcer la larga marcha hacia un país bananero, empobrecido material y espiritualmente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e98464d2ce32597bbc349d5365caa2d wp-block-paragraph"><br>En vez de que los gobiernos de derecha generen reacciones políticas en la sociedad, que lleven a un crecimiento cuantitativo y cualitativo de la consciencia y la organización de los sectores políticos populares, pareciera que la degradación general provocada por el empobrecimiento neoliberal desemboca en nuevos avances electorales de las fuerzas culpables del retroceso.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://assets.diarioconcepcion.cl/2021/09/arte-y-pol%C3%ADtica.jpg" alt="" style="width:768px;height:auto"/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d141fb9cb020fb22cba287c3443531b5 wp-block-paragraph"><strong><em>Sin copiar ni repetir</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d3f4f7538379321946ab773c4a97da5 wp-block-paragraph"><br>El “centro democrático” en otro momento podía ser representado por los radicales, los demócratas cristianos y demócrata progresistas, los socialistas moderados de diversos pelajes y fracciones de peronismo “renovador”, y hasta conservadores civilizados, ha terminado convergiendo abiertamente con la derecha, tanto en el odio antikirchnerista irracional, como en el apoyo “en lo económico” al liberalismo extremista. Hoy, las únicas fuerzas políticas de las cuales se puede esperar la impugnación del actual gobierno y del actual modelo económico y social son el kirchnerismo y la izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f83944a1a2a5799dd99e8070077f4c5a wp-block-paragraph"><br>Ambos espacios tienen problemas políticos serios en cuanto a su capacidad para incidir en la realidad. Vienen asumiendo posturas defensivas, buscando sostener los logros y conquistas, ante un embate incesante de la derecha, que actúa sobre cuestiones estructurales desde hace décadas, creando hechos consumados que le hacen muy cuesta arriba la lucha a los diversos sectores que están a favor de la igualdad social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bdb0d69e906c593ed5e65b5564567bc3 wp-block-paragraph"><br>Se reiteran acciones que parecen no tener efecto. Se reiteran documentos, se firman petitorios, se realizan declaraciones, se convocan manifestaciones, se denuncia y se repudia, sólo para ver la reiteración de acciones estatales brutalmente antipopulares, y votaciones calamitosas en el Congreso. La máquina destructiva no acusa recibo de las acciones políticas populares.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2b37065761ba38909ea132df0c02c9fd wp-block-paragraph"><strong><em>Revisar lo que se hace</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb9c945d9a65df0429f8c47c0841a2b0 wp-block-paragraph"><br>Muy lejos de intentar aquí decir qué tiene que hacer cada sector político del campo popular para mejorar su impacto sobre la realidad, me interesa llamar la atención sobre un punto específico, que no parece estar presente en las organizaciones populares con la debida importancia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60a6e27c1677158494172fa3b597526c wp-block-paragraph"><br>Me refiero al tema de la eficacia de la acción política. Seguramente todos dirán que la eficacia política no depende sólo de la propia voluntad, sino de complejos elementos donde juegan la voluntad del enemigo, las estructuras económicas, sociales y políticas, los medios, las mentalidades, etc. Pero, ¿seguro que se está haciendo lo que hace falta, y no lo que las rutinas aprendidas que se cristalizaron en otra época, donde resultaban útiles, pero ya no?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6cee6adf5d294076308c983cd327c294 wp-block-paragraph"><br>La izquierda, en sus diversas variantes, tiene una tradición de militancia muy intensa. No le falta la disposición a “hacer”, pero muchas veces ese hacer es infructuoso. Una de las organizaciones muy antiguas de la izquierda trotskista, el Partido Obrero, se creó en 1963 bajo el nombre de “Política Obrera”. Es decir, que es con todos sus devenires, una organización que tiene más de 60 años. El morenismo, corriente fundado por Nahuel Moreno y que originó varias organizaciones trotskistas, no es menos joven. El Partido Comunista fue fundado en Argentina hace 107 años, pero su línea actual proviene de los años 90. Variantes maoístas tienen su origen en los años 60. La izquierda nacional tiene también muchas décadas de existencia. Todos tienen “tradiciones” para reivindicar. ¿Eso alcanza hoy para incidir sobre la realidad política?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d4411c283011ddaba3d17e990b71603e wp-block-paragraph"><br>Estas “edades” de partidos de izquierda -que no se consideran reformistas del sistema, sino impugnadores radicales del mismo-, deberían llamar la atención sobre qué se ha logrado en tanto tiempo. ¿Son adecuadas las prácticas que tienen y la forma en que intervienen en la escena pública? ¿Alcanza con la voluntad y sacrificio de los militantes, cuando no hay impacto real, o se diluye rápidamente?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df687d6f1dc29ceffade449ec88b5d66 wp-block-paragraph"><br>De ninguna forma se puede negar la influencia que la izquierda en general tuvo para que esta sociedad no sea tan brutal, tan despiadada o desigual. La impugnación social del capitalismo fue conocida ampliamente en Argentina en otra época. Parte de la dirigencia política “reformista” aceptaba en su momento varios de las críticas al sistema, promoviendo cambios dentro del mismo. Irigoyen y Perón entendían muchos de los puntos de vista del sindicalismo y de las corrientes de izquierda sobre las inequidades e injusticias que había en el país.<br>Pero hoy ¿no habría nada para cambiar en la izquierda, en su forma de expresarse, de intervenir, en los actores a los que les hablan, en el tipo de propuesta que hacen, en cómo comunican?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4838a1df64db26c2a123eeaa930bdd19 wp-block-paragraph"><br>La ruptura epocal que significó la instauración del neoliberalismo a nivel global, como un gran artefacto económico, pero también político y cultural, obliga a pensar respuestas creativas que tengan impacto sobre la realidad. Las tecnologías que están impactando sobre la subjetividad requieren nuevos abordajes. La crisis actual del sistema internacional llama a repensar formas de intervención y a lanzar nuevas propuestas a futuro.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://i.pinimg.com/originals/e0/b3/0f/e0b30f16d961403ee348b362b096ee4e.jpg" alt="" style="width:674px;height:auto"/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8282e1d3347c2b85da5ddd2ba7589e28 wp-block-paragraph"><em><strong>El kirchnerismo</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00fa9398097abf5a9c3acb0e4b715d87 wp-block-paragraph"><br>Luego de parecer un potente potro al que la clase dominante argentina no lograba domesticar, el kirchnerismo viene achicándose con el paso del tiempo, desde que abandonó el gobierno nacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3d20d8bf0e4ef5f7d16c0b9d47c3e274 wp-block-paragraph"><br>No acertó políticamente con sus modestos candidatos a presidente, Scioli y Alberto Fernández. Se fue desmovilizando y replegando a la vida político-parlamentaria. Continuó insistiendo en una conducción unipersonal y vertical, desperdiciando decenas de miles de simpatizantes en todo el país dispuestos a participar y aportar, con sus conocimientos y convicciones. No se les otra tarea que apoyar pasivamente y aplaudir acríticamente lo que hiciera la conducción.<br>El kirchnerismo es reacio al debate sobre sus prácticas, su experiencia de gobierno, y sus sucesivos problemas políticos. Esa actitud bloquea la posibilidad de aprender de los errores, rescatar los logros y renovar sus métodos y propuestas. No alcanza con centrarse en la maldad –real- de sus enemigos y la perversidad de sus medios de comunicación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d2bee27846577785c6a54124e608b2d3 wp-block-paragraph"><br>Sólo el hecho de haberse convertido en la “bestia negra” para el poder real en la Argentina, debió haber propiciado una revisión sobre los supuestos tradicionales del peronismo: un proyecto de crecimiento con inclusión social era violentamente rechazado por la “burguesía nacional”. Algo había que ponerse a pensar. El kirchnerismo tampoco fue amigo de la organización –cosa que sí caracteriza a la izquierda tradicional-, pero no para respetar a una vida movimientista rica y activa, sino preservar mecanismos internos muy limitados de elaboración y decisión política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1b20f901cbaeb591a3f96e56949da24 wp-block-paragraph"><br>La deriva hacia un parlamentarismo sin otras dimensiones de lucha social también le quitó potencia a un espacio que supo dar esperanzas a grandes mayorías. Aquí también la revisión de caracterizaciones, prácticas políticas, discursos, formas organizativas y el propio concepto de “militancia” –básicamente adhesión acrítica y la repetición de consignas sin profundización de su significado- debería abrir paso a una búsqueda de la acción política efectiva del espacio.<br>Sólo pensar en la consigna “Si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar” debería desatar una profunda y necesaria revisión de lo que se pensaba y de lo que se era.</p>



<div style="height:16px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bac1d522a4262ccd2674925112f55da7 wp-block-paragraph"><strong><em>Fin y principio</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5b969694bb3d80f3e9b57f704290e620 wp-block-paragraph"><br>Nos hemos acostumbrado en las últimas décadas, o nos han acostumbrado, a ver en películas y series innumerables distopías en las que se nos muestra un futuro horrible, con el mundo arrasado, con masas bestializadas y con puñados de buenas gentes defendiéndose a tiros simplemente para sobrevivir en las peores condiciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6b5862ab4d52c570a4c00773f2097f3 wp-block-paragraph"><br>Dado el carácter industrial y masivo de estas propuestas de imaginario colectivo, es evidente que no son otra cosa que la instalación de un imaginario catastrófico, producto de que el capitalismo realmente existente está cada vez peor, más agresivo, más irracional y autoritario, generando miedo y conservadorismo individualista en relación con el futuro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2906adb7040d2b0860c47cd21639635e wp-block-paragraph"><br>No es casual que el fenómeno de un capitalismo sin horizonte se replique en nuestro país, donde venimos soportando hace décadas a una élite tan reaccionaria en lo social como incompetente en el escenario capitalista global. Esa clase es la madre de todos los experimentos neoliberales que degradaron a la sociedad argentina, antes y después de la vuelta de la “democracia”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e4d36fc8738e883779f9a8653212ffd3 wp-block-paragraph"><br>Se puede comprender el tradicionalismo de las diversas corrientes políticas populares. En momentos lúgubres puede servir aferrarse a imágenes, cantos, consignas que hablan de la gloria de un pasado más o menos remoto. Pero El 17 de Octubre cumple, en 2025, 80 años. Y la Revolución Rusa, 108.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51b1a7af42dd7e0e1a9299ea4c2aa8aa wp-block-paragraph"><br>El pasado puede servir como inspiración, recordarnos que hay momentos de fractura en la historia donde los poderes opresores pueden ser demolidos por acción de las organizaciones, de los hombres excepcionales y de las masas que cada tanto cambian la historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aefa457a43feb2f8bf28ebe934f26ef7 wp-block-paragraph"><br>Pero nada nos libera de nuestra obligación de buscar en nuestro tiempo histórico las respuestas efectivas a los problemas concretos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef0f52110c7352a537813d90b402ffdd wp-block-paragraph"><br>Volvemos al principio. Efectividad es lograr que las cosas cambien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e993bcc53c4940102d16bdd23a792dcb wp-block-paragraph"><br>No debería alcanzar con hacer los gestos aprendidos, cristalizados en otras épocas y repetidos con fidelidad reverencial, para sentir que se ha cumplido con el deber.</p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-02d2ea6d6d5c254c07ca3d7c26a8138a wp-block-paragraph">Buenso Aires, 4 de marzo de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4c3575f8e599b5438543fc5389a331ee wp-block-paragraph">*Economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fsobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind%2F&amp;linkname=SOBRE%20LA%20EFICACIA%20POL%C3%8DTICA%20%E2%80%93%20POR%20RICARDO%20ARONSKIND" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fsobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind%2F&amp;linkname=SOBRE%20LA%20EFICACIA%20POL%C3%8DTICA%20%E2%80%93%20POR%20RICARDO%20ARONSKIND" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fsobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind%2F&amp;linkname=SOBRE%20LA%20EFICACIA%20POL%C3%8DTICA%20%E2%80%93%20POR%20RICARDO%20ARONSKIND" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fsobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind%2F&amp;linkname=SOBRE%20LA%20EFICACIA%20POL%C3%8DTICA%20%E2%80%93%20POR%20RICARDO%20ARONSKIND" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fsobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind%2F&amp;linkname=SOBRE%20LA%20EFICACIA%20POL%C3%8DTICA%20%E2%80%93%20POR%20RICARDO%20ARONSKIND" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fsobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind%2F&amp;linkname=SOBRE%20LA%20EFICACIA%20POL%C3%8DTICA%20%E2%80%93%20POR%20RICARDO%20ARONSKIND" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fsobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind%2F&#038;title=SOBRE%20LA%20EFICACIA%20POL%C3%8DTICA%20%E2%80%93%20POR%20RICARDO%20ARONSKIND" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/sobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind/" data-a2a-title="SOBRE LA EFICACIA POLÍTICA – POR RICARDO ARONSKIND"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/sobre-la-eficacia-politica-por-ricardo-aronskind/">SOBRE LA EFICACIA POLÍTICA &#8211; POR RICARDO ARONSKIND</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>Interrogantes sobre realidad y cavernas &#8211; Por Mario Elffman</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Nov 2025 16:02:45 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Mito de la caverna]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mario Elffman recurre a la alegoría de la caverna de Platón para pensar este presente no sólo desde la comprensión de saber qué es lo que se ve, sino desde cuál es el modo de proyectar esa visión para empezar a liberarnos y a ayudar a liberar a otros sin que nos inmolemos en un esfuerzo estéril.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/interrogantes-sobre-realidad-y-cavernas-por-mario-elffman/">Interrogantes sobre realidad y cavernas &#8211; Por Mario Elffman</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-32bf7ed16b3dcf4549578f2ef6a1ffe8 wp-block-paragraph"><strong><em>Mario Elffman recurre a la alegoría de la caverna de Platón para pensar este presente no sólo desde la comprensión de saber qué es lo que se ve, sino desde cuál es el modo de proyectar esa visión para empezar a liberarnos y a ayudar a liberar a otros sin que nos inmolemos en un esfuerzo estéril.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-857dc09d84c0fe448265e645644c9535 wp-block-paragraph"><strong>Por Mario Elffman*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7804a5a94573e3f756759506af0f3f23 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ E</em><em>ñ</em><em>e)</em></p>



<div style="height:67px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a9d5be4a4d37ea3e887f7b4444a0992e wp-block-paragraph">Tras la sorpresa que nos deparó el resultado de las elecciones de medio término, los argentinos y quienes nos observan, estamos buscando explicaciones, generalmente bastante simplificadoras, del inesperado fenómeno observado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-024df94128a8426b281f41bedd991be4 wp-block-paragraph">Que funcionó el terror al terror, a raíz de las manifestaciones del padre amenazador Donald Trump. Que lo que predominó fue el temor de una brusca aceleración de un proceso interno caótico. Que, por el contrario, se vio renacido o fortalecido un singular estado de esperanza en algún gran milagro que, con las mismas políticas empleadas hasta aquí, pueda mejorar en algo las condiciones de vida de la ciudadanía y hasta de su parte más sufriente. Que desde la oposición real a este modelo protofascista y ultra dependiente, no se ha ensayado siquiera la difusión de un proyecto alternativo, distinto, generador de nuevas expectativas. Que hay tantas divisiones en esos espacios que son las que dominaron e impidieron la uniformidad de sus mensajes. Que lo decisivo fue la carencia de una «conducción» unificada y unipersonal. Que esa oposición carecía del «know-how» para generar un lenguaje comunicacional competitivo y con aptitud de difusión y penetración, siquiera remotamente similar al del gobierno, y con la inmensa mayoría de los medios a su disposición. Que faltó, falta, y probablemente siga faltando por mucho tiempo, un estadio de creación o recreación de estados de conciencia colectivos, de unificación de las luchas reivindicativas aún parciales, y de eventual aparición o presencia destacada de quienes representen ese posible futuro emergente de toda esta destrucción nacional. O todo junto, superpuesto y, por lo tanto, confuso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-494071c8801f03897c40825604ec04e7 wp-block-paragraph">Puede haber muchas razones más, todas tan a lo mejor ciertas y tan posiblemente insuficientes. Todas, o al menos las contestatarias respecto de esta «etapa superior del neoliberalismo» de ultraderecha unida por un cordón umbilical al imperio de EE. UU., demandantes de la formulación de proyectos superadores; diferenciándose nítidamente quienes creen que eso puede lograrse desde un conglomerado que tenga por eje hegemónico al pan/peronismo, y quienes esperan que, de alguna otra manera, sin excluir a parte de esa fuerza popular, lo nuevo, como un árbol, «crezca desde el pie».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a9aeb22f66f133a333a62910c87e711 wp-block-paragraph">¿Qué cabe esperar, en ambos supuestos, del papel de las versiones orgánicas o inorgánicas de la izquierda?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-279f2a3c2dc38eed17f264173bde4c88 wp-block-paragraph">Un reportaje de Daniel Gatti a Ricardo Antunes, profesor de Sociología en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la universidad brasileña de Campinas, que transcribe una publicación de FiSYP del 8 de noviembre, a su vez tomada de «Huellas del Sur» de unos días antes, tiene un título de apariencia demoledora: <em>“La izquierda no reflexiona sobre el mundo del trabajo porque ha dejado de pensar en la transformación del mundo.”.<br></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-70e38ebab3e5a3395bd40821d529afe6 wp-block-paragraph">¿Se trata de una verdad, de una actitud defensiva frente al avance de la transformación cultural e ideológica del fascismo del siglo XXI, tan estrechamente ligado a las técnicas de dominación de la maﬁas? ¿Se trata de un acostumbramiento a la idea de que el capitalismo, a través de esta etapa de degradación humana terminal, puede seguir adecuándose a tutelar su permanencia como sistema de explotación &#8211; o, como suele decir un amigo español, que el capitalismo parece tener los siglos contados?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f71f07e3e5f1577f768c70b3aa3500c7 wp-block-paragraph">¿Es producto de un análisis consciente de que una transformación revolucionaria es necesaria pero remota en el tiempo, y que en ese tiempo la recuperación de lo destruido en el combinado patriótico, social, económico e ideológico-político, ha de derivar en una era de reformas mínimas posibillistas, sin tocar la esencia del sistema que produce esa destrucción en grado de shock? ¿O estriba en algún grado de reconocimiento de la impotencia para impulsar las acciones reivindicativas sociales, y transformarlas progresivamente en las otras dos formas de la lucha de clases, la ideológica y la política concreta?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c88c77de1f260b1a5952ef084eef6c78 wp-block-paragraph">Puede que todo eso, y aún otros supuestos no descartables, especialmente los ligados a una llamada «batalla cultural» dedicada al anticomunismo, al antisocialismo y a ver a cualquier fenómeno colectivo de rechazo o rebeldía como el enemigo a eliminar por los medios que fueren. La versión actual del macartismo, más elemental, más difusa, y al mismo tiempo mucho más profunda &#8211; ver, por ejemplo, los epítetos de Trump contra un representante de la limitada socialdemocracia en los EE.UU. que triunfó por paliza en las elecciones para la Alcaidía de Nueva York, o aquellos con los que lo acompaña su sirviente en el gobierno argentino-, contribuyen, sin duda, a poner serios obstáculos a la izquierda genérica para la elaboración y puesta en debate de un proyecto propio que dispute desde la concepción del presente hasta la noción y dimensión de un futuro superador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-12b1b3fb5013cebeadf97071f22f4d95 wp-block-paragraph">Todos, o casi todos los esquemas orgánicos que se reconocen como izquierda, ya sean los marxistas en sus diversas tendencias tácticas y estratégicas, o los sectores social-demócratas o social-cristianos que pretenden o consideran pertenecer a esos espacios, carecen en el fenómeno de ensayo argentino actual, de un nivel mínimo aceptable de eco social: al menos, medido por la aptitud para convocar a una porción significativa de un electorado en este último reducto mínimo o rescoldo de lo que alguna vez se llamó democracia. Eso, aun cuando sean reconocidos por estar presentes en aquello que se concreta en las calles, en las luchas reivindicativas populares de los sectores más afectados: apremiados y excluidos de lo indispensable para una vida digna. Pero hasta allí llegan, y les es muy problemática la construcción más allá de eso y de tal reconocimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a0c6a60be2bec2248f20c6420600ffa4 wp-block-paragraph">Tanto es así, (repito, en la singularidad del caso argentino) que durante algún tiempo era creíble, para buena parte del pueblo, que a la izquierda del peronismo en su versión kirchnerista solo estaba la pared. Esa falsedad o deformación ideológica prendió, y tanto, como para que quienes pretendían, y aún pretenden, formar parte de esa versión peronista de la izquierda, no solo no reparaban en el carácter pendular constante de ese movimiento y de su expresión política, sino incluso del simple dato de la realidad de que sus líderes intocables se manifestaban, y se siguen manifestando, como defensores del capitalismo: por mayor «rostro humano» que pretendan asignarle o sostener dentro de su sistema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-086d52ffdc5508d71a228b3540e5c7cd wp-block-paragraph">¿Existió un John William Cooke? Por supuesto que sí, como existieron tantos otros ejemplos, tal vez no tan lúcidos como él, de lo que en otros tiempos dábamos en denominar «entrismo»; o que no sin ingenuidades como la de los comunistas hacia 1962, cuando se caliﬁcaba a un fenómeno circunstancial como si representara un verdadero y profundo giro a la izquierda de las masas peronistas. Claro que también existieron los Invanissevich, los López Rega, los Menem, los Herminios, los Duhalde, los Moreno, para limitarnos a algunos ejemplos en distintos períodos históricos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b789ed162b3fb91ee0337b88885e63c9 wp-block-paragraph">En un trabajo reciente cité aquella aﬁrmación de Andrés Rivera en el sentido de que podemos estar reconﬁgurando una ciudad que ha perdido la utopía aún sin perder la memoria de ella. Pero me parece que es hora de comenzar a relativizar los alcances de esa memoria de la utopía, tan presente en el desconocimiento, especialmente el juvenil, de que existió otro tiempo pasado mejor, menos peor o antipatriótico, antisocial y ultra reaccionario que el actual. Que conduce a las alternativas del «es lo que hay» o del «que se vayan todos», siendo que ambas tienen en común manifestaciones como las de la abulia e indiferencia medidas en el ausentismo electoral progresivo y aceptado como un dato objetivo en un sistema de voto legalmente obligatorio o formalmente compulsivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-06fe03fa68f6daa1aad9519b3d5b7ebc wp-block-paragraph">¿Cuáles son los otros límites para la penetración de las ideas de un cambio que implique transformación, y de una transformación que sea revolucionaria, en un país que no podrá emerger de los efectos perdurables de un paleoliberalismo sin afectar profunda y radicalmente los sistemas tributarios, ﬁscales, económicos, sociales y políticos subsistentes, más allá de sus aparentes derrotas políticas y circunstanciales?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cf2ba8a155d11b63e8201215aa3163db wp-block-paragraph">Porque no puede no haberlos. Porque no puede admitirse que toda propuesta alternativa a crearse tenga por frontera infranqueable la impermeabilidad del sistema y de sus mecanismos de reproducción. Porque el pensamiento de izquierda puede dispersarse y hasta desorientarse, pero nunca suicidarse.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://pymstatic.com/46488/conversions/disciplinas-filosoficas-small-4_3.jpg" alt="" style="width:686px;height:auto"/></figure>
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<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-613b9442ac730bf1024a1a4dc5700e3b wp-block-paragraph">Quizás sea hora de penetrar desde la izquierda en lo esencial del mensaje de la alegoría de la caverna de Platón. En ella, la escena es la de un conjunto de prisioneros encadenados desde su nacimiento, de modo que no pueden desviar su mirada de la pared del fondo, pero teniendo detrás un pasillo, una hoguera y la entrada de la cueva, cuya luminosidad remota permite proyectar sombras de hombres y objetos en esa única pared visible para los sujetados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb5c4870f7e6641c0508d18455354ca1 wp-block-paragraph">Su única verdad no es «la realidad» sino las sombras proyectadas, desde las que les está vedado cuanto ocurre o se podría contemplar a sus espaldas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-44716a54d3d28217dc70e938eab5c0bd wp-block-paragraph">¿Qué ocurriría, nos dice Platón, si uno de los prisioneros fuese liberado y puesto hacia la luz de la hoguera, viendo una realidad distinta, más allá de sus sombras? ¿Y si fuera compelido a salir de la caverna por una senda escarpada para VER una nueva realidad de tierras, plantas, hombres, cielos, aguas, animales, y hasta el sol? (punto máximo de la experiencia, la metáfora platónica del bien)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec4bc78a88164d0f7d5edbaff83b4570 wp-block-paragraph">Ese individuo descubridor de la realidad y de las ideas que encierra es luego obligado a reingresar a la caverna para liberar a sus viejos compañeros de martirio. Primero, cegado por la brusca transición de la luz del sol a la penumbra cavernosa, es motivo de escarnio porque ellos lo ven como a un ciego. Pero cuando intenta desatarlos comprueba que antes que obtener acceso a la verdad, o a la otra verdad que les está oculta, optarán sin vacilar por eliminarlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b8baf6c5349be058c75c4f73f18138e8 wp-block-paragraph">Probablemente, la visión más actualizable del llamado mito de <em>los mitos de la Caverna</em>, en su versión literaria, nos la proporciona, con un estilo de clara remembranza kafkiana, José Saramago en su obra «La caverna» &#8211; la última novela que cierra una trilogía junto a «Ensayo sobre la ceguera» (1996), y «Todos los nombres»(1997) -, con esta conclusión: <em>“En breve, apertura al público de la caverna de Platón, atracción exclusiva, única en el mundo, compre ya su entrada”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3c52b6398b49c92337e8f480765a9e1f wp-block-paragraph">Lo sé, hay otras muchas perspectivas desde las que se puede abarcar y aprovechar, debatir y obtener conclusiones diversas de la alegoría o el mito platónico, y su proyección a la realidad visible contemporánea, desde la televisión hasta la inserción de los individuos «sujetos» en la polis. Y, fundamentalmente, la crítica de sus principios ideológicos. Siempre estaremos a tiempo de encontrarle nuevas perspectivas, y tal vez conclusiones menos dramáticas que las que resume esa frase de cierre en Saramago.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e6e63b8a0afd6f5fa5fa6acb68653f77 wp-block-paragraph">Cuando se nos habla, y cuando hablamos, de un proceso de toma de conciencia (las siempre mentadas aproximaciones simplistas de las condiciones objetivas y la maduración de las subjetivas), y su posible aceleración producto de acontecimientos, crisis, guerras, angustias colectivas, sometimientos extremos; o aún del papel de liderazgo que en su aparición casi explosiva puede producir un individuo o un conjunto de ellos, puede que nos convenzamos de que ese proceso necesario desmitifica la resistencia a lo nuevo, a lo no conocido, o a lo que no estamos preparados para reconocer. Pero también nos aproxima a la verificación de que ese proceso tomará elementos de la experiencia previa, pero esencialmente para la construcción de otra novedosa y profundamente diversa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8cc84eb8a1d3362b4d6a6bde278aef9 wp-block-paragraph">Y aún habría algo más, para que ese proceso de conocimiento llegue a transformarse en conciencia plena: saltar de la visión de la fenomenología a la proyección de los nuevos elementos a crear en el universo de lo real, a través del <em>u topos</em>, ese lugar que no existe y que aún pende de un diseño presente compartido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-89526e949602ac712f153a75e7836b23 wp-block-paragraph">No se trata de una cuestión de denominaciones, que en general son tan polisémicas como para que, en sí, acaben siendo poco representativas como indefinidas: tales las de «comunismo» o «socialismo» prospectivos, basados hoy en consignas elementales y de trazo grueso. Porque no se trata solamente de saber qué es lo que se ve sino cuál es el modo de proyectar esa visión para empezar a liberarnos, y a ayudar a liberar a otros sin que nos inmolemos en un esfuerzo estéril.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1c745a92d76dbe921359d96cb8a8ebf1 wp-block-paragraph">Forma parte de aquello que no se puede dejar de ver que se naturalizan, aunque nos burlemos de ellas, expresiones tan cavernícolas como las que en el momento de estar escribiendo estas líneas leo en una manifestación pública de una conocida diputada vocera de la barbarie cultural, que transcribo no sin algo de espanto: <em>“Los zurdos son anormales, les falla, algo no les anda bien en la cabeza”. </em>U otro ejemplar que confiesa que no ha leído el reglamento de la Cámara de Diputados a la que accede porque no le gusta leer y, además, porque tiene letra chica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1ce02170dea2bc95517294934a753080 wp-block-paragraph">Esto, ligado a la alegoría de Platón, sería lo que podría pronunciar uno de los prisioneros, de aquellos que elegirían sin vacilar matar a quien pretendiera introducirles o inducirlos al conocimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7cc8b43d74764b2b648e4f2c6e74e87f wp-block-paragraph">Volviendo a Saramago, la caverna ya está abierta al público hace un buen tiempo, y se anuncian nuevas visitas guiadas con entradas disponibles por pro-ticketek, alternativa provincial y en boleterías libertarias. No deja de ser un espectáculo de crueldad a la moda.</p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-67b571d5bc59303cc9537cd2c2702965 wp-block-paragraph">Viernes, 21 de noviembre de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0e41ae7cb5557c9940c5e377634727d8 wp-block-paragraph">*Profesor consulto de la Facultad de Derecho de la UBA, ex juez nacional de trabajo y abogado laboralista y de DDHH.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Sumate a la campaña «Colaborá con La Tecl@ Eñe».</strong></h2>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-141e8d406a446fd9062e5c0700781f60 wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;<strong>Para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;al mes ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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